Categoría: Reseñas

  • Zapatos azules de tacón alto, por Rosa Galdona

    Zapatos azules de tacón alto, por Rosa Galdona

    Rosa Galdona, Vicepresidenta de Acte Canarias desde febrero de 2024.

    Directora de las colecciones Taborno y Ayosa. Coordinadora del Taller literario de poesía Hiperbólica Letra», en Candelaria. Co-editora de la revista Tamasma Cultural donde lleva también la sección «Viajando por los versos».

    Rosa Isabel Galdona Pérez es natural de Güímar. Doctora en Filología, investigadora, docente y escritora. Ha impartido cursos en las universidades de Santander, La Laguna, Las Palmas de Gran Canaria y Alcalá de Henares. Su tarea investigadora ha abarcado la Semántica, la Teoría literaria y la Crítica feminista aplicada a la novela. Dejó huella de ello en publicaciones como Alaluz (Universidad de Riverside) o el Anuario de la Universidad de Extremadura, entre otras.

    Su tesis doctoral, Discurso femenino en la literatura española de posguerra: Carmen Laforet, Ana María Matute y Elena Quiroga, fue pionera en Canarias en utilizar el enfoque feminista para identificar las diferencias sociales por cuestión de género en la narrativa. Como reconocimiento, fue premiada por el Instituto Canario de la Mujer al mejor trabajo de investigación y publicada por la Universidad de La LagunaLa Real Academia de la Historia contó con ella para realizar la biografía de la escritora Elena Quiroga, incluida en el Diccionario Biográfico Español.

    Es autora de los poemarios: Algunos amaneceres deshabitados, Enllantecida Wendy, Reflexionario de mareas, Egográficas, Ablativa, La última esquina del viento, La grandeza de las simples cosas y del libro de relatos: Estampas de tinta.

    Debo reconocer que me sorprendió la invitación de Rosa Galdona para prologar su libro Zapatos azules de tacón alto. Un libro particularmente feminista que reivindica la figura de la mujer en la España del siglo XX, entre otras cuestiones. Me sorprendió porque me consta que la autora sabe de mi no posicionamiento en temas como el feminismo, pero tratándose de Rosa no pude negarme. Le debo mucho por todo su apoyo a mis proyectos culturales, pero sobre todo porque la considero una buena amiga a la que también intento apoyar en todo lo que emprenda. Así que… abrí el borrador que me había enviado y me sumergí con ojos de lectora empedernida y sin cortapisas en las palabras que tú descubrirás en un momento querido lector/a.

    Ya en las primeras líneas tenemos claro el enfoque del libro. Bajo el epígrafe ¿Por qué romper mordazas? Rosa nos impulsa a seguir leyendo para encontrar perlas literarias como esta: “El poder totalitario con el que la dictadura franquista instauró unos mitos femeninos ancestrales, visiblemente caducos y conservadores de la hegemonía masculina fue, durante años, incontestable”. O “Muchas fueron las mujeres que, de buen grado o a la fuerza, asumieron su papel de sumisión, pero muchas fueron, también, las que demostraron el coraje suficiente para romper el guion, actuando de acuerdo a los dictados de su propia razón”.

    En este capítulo nos habla de la sumisión de la mujer en la postguerra y de cómo se rebelaron aquellas que pudieron, sobre todo en el mundillo literario, en los años siguientes a la contienda que tanta sangre hermana derramó en España.

    En las siguientes páginas Rosa nos abre los ojos hablando de adolescencia, desviaciones, muerte, orfandad, confinamiento doméstico…  Sus reflexiones me hicieron volver a mi adolescencia.

    Y luego nos lleva de la mano en un paseo por los libros de las autoras que se impusieron a su época, y por las vidas de sus personajes que tan bien reflejaban la sociedad represiva que debían soportar las mujeres por entonces.

    En los capítulos siguientes, Rosa nos hace caer en la cuenta de la idiosincrasia de los distintos tipos de mujeres y sus circunstancias sociales, aunque sigue reflejándolo a través de la literatura femenina del siglo XX. Mujeres divorciadas, separadas, viudas, prostitutas, locas… Fiel reflejo de las realidades en las que tuvieron que vivir tanto las mujeres del pueblo llano como las de los altos estamentos de la sociedad.

    Cerré el archivo con dos sensaciones extrañas en mi mente. Por un lado, el agradecimiento por ese paseo por la literatura de postguerra que me permitió conocer autoras, libros y personajes que desconocía. Mis ojos de lectora empedernida hacían chiribitas ante cada descubrimiento. 

    Por otra parte, estuve largo rato reflexionando sobre mi visión del feminismo. Creo que tengo pendiente con Rosa una botella de vino y una larga charla que me acerque más a ese movimiento que con tan malas formas nos han hecho llegar los absurdos discursos de los medios de comunicación.

    De los personajes a los que Rosa hace alusión me enamoré de Frufru y su alegre y colorista locura, por lo que he decidido cerrar esta introducción a un libro, que todo el mundo debería leer, con sus propias palabras, puesto que me hicieron caer en la cuenta el porqué yo no daba mucho crédito a la necesidad de que existiera el movimiento feminista, porque yo siempre he vivido con el mismo pensamiento que Frufru: 

    “Las mujeres necesitamos libertad. Ah, sí. Necesitamos que nos dejen libres como el aire […] si yo quiero ir al pueblo voy al pueblo y si quiero un día coger la maleta y marcharme, pues me voy […] Si un día me canso de España me presento en el consulado y me voy. Ah, sí. Por eso me quedo, porque puedo irme…”.

    Ese debería ser el objetivo de cada mujer, sentirse libres de hacer y de decidir, lo demás… viene rodado. … y por eso me quedo.

  • Melchor López, Cuaderno de Cabo Verde (Ed. del Pampalino, 2021)

    Melchor López, Cuaderno de Cabo Verde (Ed. del Pampalino, 2021)

    Hoy vamos a tratar un poemario del poeta tinerfeño Melchor López (1965), que este verano nos trajo por casualidad, Cuaderno de Cabo Verde, una edición de lujo confeccionada por Ediciones del Pampalino.

    Melchor López se inició en la poesía en 1990. En 1994 fue incluido entre los siete poetas que conforman la antología poética ‘Paradiso’, preparada por Andrés Sánchez Robayna. A partir de aquí, publica ‘Altos del sol’ en 1995, un conjunto de haiku, tankas y poemas en prosa. A continuación, ‘El estilita’ en 1997. En 1998 se traslada a Fuerteventura para, seis años después, marchar a Lanzarote, donde reside en la actualidad. 

    En Lanzarote siguió publicando títulos como ‘Oriental’ (2003) y ‘Fama del día’ seguido de ‘Escrito en Arrieta’ (2006). Entre sus últimas publicaciones vamos a destacar ‘De la tiniebla’ en 2013, ‘Dos danzas’ en 2014, ‘Según la luz’ en 2019, ‘De vuelo’ en 2019, también, ‘Niño’ en 2020 y, por último, el libro que comentamos, integrado en una serie que el autor denomina «libros de viaje».

    Este poemario contiene un solo poema épico subdividido en una serie de poemas y fragmentos en prosa que se van intercalando. En ellos, el poeta narra las diferentes experiencias de viaje en una zona geográfica en particular. 

    Para un poeta canario, Cabo Verde es una prolongación de su geografía. Mediante el viaje, el autor ha querido realizar una «conversión del yo en otro», como él mismo afirma en una entrevista.

    Me gusta la forma que tiene de iniciar el poemario con su ‘Autoproclamación en la ciudad de Praia’.

    Reniego, sí, reniego, oigan,

    —definitiva piedra de fastidioso escándalo—

    de las playas de arena negra

    y las cuevas de guanches montaraces,

    del drago tutelar de los sonetos

    y del volcán nevado de los himnos.

    Reniego del honor escaso

    ganado por mi pluma ya extenuada

    y de los estilitas inflados de soberbia

    en las fatuas columnas

    alzadas contra el cielo.

    A lo largo del poemario, notamos que escribe un tipo de poesía seca y contundente que dirige directamente al lector, sin buscar intermediarios, como lo demuestra en los últimos versos del conjunto poético, que reflejan a este sentimiento que el autor expresa en ‘Vida retirada’. 

    Finalmente, amigos, sí,

    conseguí mi propósito 

    (también para esto, miren, 

    vale la despreciada poesía):

    vivir algunos años

    en una casa junto al mar 

    donde esperar la muerte

    sin temor o recelo.

    Cuaderno de Cabo Verde nos invita a conocer el paisaje transformador de la Macaronesia, que hermana a Canarias con Cabo Verde y a la vez con las Azores, Madeira e islas Salvajes. Espero que lo disfruten.

    
    
  • De cuarzo y verso, de Ángeles Hdez. Cruz (Ed. Escritura entre las Nubes, 2024)

    De cuarzo y verso, de Ángeles Hdez. Cruz (Ed. Escritura entre las Nubes, 2024)

    Ángeles Hernández Cruz De cuarzo y verso, publicado por la editorial Escritura entre las Nubes, Colección Tigaiga de poesía de ACTE Canarias.

    “Amontono fotos de amaneceres,

    hago acopio de instantes sosegados,

    atesoro minutos de sueño

    sisados al insomnio,

    junto abrazos de aquí y allá,

    acumulo el desorden de los versos

    y guardo restos del sonido

    de mis torpes gratitudes”

    Estos versos del poemario de Angie constituyen una presentación certera de lo que nos vamos a encontrar en él: un memorial poético de resistencia al caos. Si te acercas a este libro, lector, hallarás una declaración de intenciones contumaz de que pese a todo dolor, pese a toda muerte, pese a toda tiniebla, la vida decide erguirse recta y sólida cada día. Y lo hace coleccionando fotos de amaneceres, momentos de sosiego, abrazos, fidelidades… Porque la escritora sabe que nada más útil para la existencia que el agradecimiento a la existencia misma por ser. 

    Angie es hija de emigrantes gomeros a Venezuela, aunque ha vivido en Tenerife desde que tenía tan solo 3 meses de edad. Se licenció en Filología Inglesa por la Universidad de La Laguna y dedicó más de tres décadas a enseñar inglés en la Escuela Oficial de Idiomas de Santa Cruz de Tenerife. La docencia es una profesión que le apasiona y que le aportó muchas satisfacciones. Confiesa ser una lectora compulsiva y que desde que era muy pequeña le ha gustado escribir, sin embargo, fue en 2019 cuando comenzó su aventura literaria, fruto de la necesidad de contar sus propias vivencias y expresar sus ideas de una manera diferente. 

    Para ello, asistió a algunos talleres de escritura y se inscribió en el Taller internacional de perfeccionamiento literario Ultraversal, donde se formó en narrativa y poesía. Es miembro de la asociación ACTE Canarias y actualmente coordina el taller de escritura de poesía Entreversos, en el que este colectivo colabora junto con el ayuntamiento de Tacoronte.

    Entre los galardones que ha recibido posee:

    • 2º premio del Certamen de poesía Cueva de Unicornios 2020 por el poema Que la montaña explote.
    • 1er premio del Certamen de poesía Cueva de Unicornios 2021 por el poema Hacia la nada.
    •  Premio Amparo Walls Hernández de novela corta 2021 por Piedra y océano. 
    •  Accésit en el Certamen de Relatos Cortos 2021 convocado por AMULL (Asociación de mayores de la Universidad de La Laguna), por el relato Un tango para Esther.

    Ha publicado colaboraciones en revistas digitales como Ultraversal, Poesía y Métrica o Tamasma cultural. Ha participado en antologías como la Segunda antología Ultraversal, los Encuentros literarios AMULL 2020 y 2021, Voces de Mar y El Canto de la Alpispa.

    En solitario tiene la novela corta Piedra y Océano, publicada por Cursiva en 2022 y que, como ya dijimos, obtuvo el primer premio de narrativa corta Amparo Walls en 2021.

    Bien, pues fruto de esa trayectoria es De cuarzo y verso, un poemario maravilloso que llena el alma de sensaciones y conmociones. Sí. Es un conjunto de palabras, lo que Angie nos regala, que nos sacude el alma desde la autencidad de los sentires que plasma:

    “Vi caer mi fe en el ser humano.

    Caía hecha metralla de tal perversidad

    que mutilaba a la esperanza

    con hoces interrogativas”

    Tremenda esta afirmación, de una contundencia que huele casi a pánico de la poeta ante el panorama vital que la desarma y le desarticula la fe.

    Queremos destacar tres aspectos diferentes en esta obra, que a su vez se complementan: la universalidad, el diálogo intraliterario y la precisión del lenguaje.

    La universalidad en los versos de Angie es evidente. Basta abrir el libro por cualquiera de sus páginas para encontrarse repetidamente uno de los grandes tópicos de la poesía de todos los tiempos: el dolor. Ese sentimiento (como el viaje o la muerte o el amor) tan humano que la literatura de todas las épocas rebosa cantos y llantos por él. Al dolor han cantado Shakespeare, Sylvia Plath, Virginia Woolf, César Vallejo, Blas de Otero… Ella también lo hace, canta al dolor de una existencia que siente hostil y ante la que alza la voz para buscarle sentido a través del lenguaje. Y lo hace de una forma tan desgarradoramente sincera que uno se siente parte de lo contado. Esa es la universalidad que quería destacar. Escuchen, si no:

    Me naufragó la vida en medio de la calma.

    Sin rayos ni tormentas,

    sin olas ni ventiscas,

    con su olor a tragedia me abordaron las rocas

    que viven en la isla del hastío.

    Y esta otra confesión:

    Me fallan las fuerzas para otra travesía,

    no caben tantas lágrimas

    en una sola casa.

    Temáticamente, pues, se puede afirmar que De cuarzo y verso es un poemario que busca la universalidad, el despliegue, el ensanche, la exhibición de un sentimiento tan humano, que creo que a todos nos es conocido: el dolor. El dolor en todas sus fases, pues de acuerdo a la estructura del poemario, aborda las sombras, la metamorfosis y la luz que llega tras las tinieblas (la propia Angie nos cita a este propósito a Jung: “nadie se ilumina fantaseando figuras de luz sino haciendo consciente su oscuridad”). Todo, como el proceso de un calvario personal y vital.  Pero es que, además, este grupo de poemas establece un diálogo literario sumamente prolijo y hasta lúdico, diría yo, con otras voces afines a su discurso. 

    Blas de Otero, Bukowsky, Pizarnik y otros portavoces universales del sufrimiento encabezan sus poemas, ¿no pensaremos que es casual, verdad? No. No lo hagamos porque pecaríamos de ingenuos. Angie busca siempre al aliado perfecto para suscribir e inscribir su sentir poético. Y no solo los cita, cuando se acerquen al libro hallarán también un juego de lo más original con Neruda. Está en el poema titulado Veinte estrellas desesperadas y un poema imposible. Léanlo, saboréenlo como un helado en agosto. Les calmará la sed de creación, porque realmente es un ejercicio metaliterario precioso.

    Por último, quiero hacer hincapié en el lenguaje utilizado en este libro. De cuarzo y verso está tallado con un vocabulario preciso a la vez que sencillo. Angie huye del artificio, de la expresión grandilocuente y de cualquier tipo de alambique verbal que distraiga al lector del mensaje de su discurso. La plasticidad del lenguaje utilizado es precisa, trabajada con delicadeza, pero fluye con una naturalidad tal, que parece casual. He ahí el valor poético. Aquel que Juan Ramón elogiaba al afirmar “no le toques más, que así es la rosa”. Esa sencillez minuciosa no está al alcance de todo el mundo, pero Angie lo hace fluir con una soltura asombrosa.

    Y no menos asombrosa es su capacidad para mezclar lo cotidiano con las imágenes más impactantes que pueda lector alguno tropezar. Pero, insisto, desde la naturalidad de un lenguaje diáfano, limpio, claro, a veces tan sincero que duele, que parece cotidiano, pero es poesía en su esencia:

    La rabia amontonada no sirvió para rasgar

    Doce capas de meses tan solo con mis manos.

    Quiero llevarte en el cuenco de las manos

    Pedacitos de furia.

    El lenguaje poético de Angie es una expresión del fondo que se plasma en una forma perfectamente equilibrada. Carente de aspavientos. Que busca la imagen perfecta en la unión original de dos palabras cualesquiera, pero concienzudamente emparejadas, en un ejercicio fiel a aquella idea lorquiana de que la poesía es la unión de dos palabras que uno no imaginaría que podrían juntarse. Esa es la premisa de este libro y la grandeza de su retórica.

    Y como tras cualquier fase de dolor y metamorfosis llega el resurgimiento. Ese que el lector espera tras cruzar tantas aguas amargas con la poeta. De cuarzo y verso verbaliza esa vuelta a la vida a través de la resistencia contumaz:

    Con la garganta llena de silencios

    (…)

    reptaré si es preciso,

    pero no seré esclava de una vida

    envuelta en el sarcasmo de ser superviviente

    con fobia a respirar.

    Y vuelve, también, a través del lenguaje, aferrada a las palabras que la ayudan a recomponeres de nuevo, como si se hubiese sentido un mecano roto y desarticulado que vuelve a erguirse con formas vivas y erectas. En otras palabras, Angie respira aire nuevo mediante la poesía:

    “hasta que llegó la poesía para enseñarme

    como alumbrar mis recodos,

    cómo elevar la frente y poner nombre

    a lo que tanto había temido pronunciar”.

    Este poemario, señores, es una pequeña joya para quienes aprecien el sentido de la vida. A través de sus páginas vemos el progreso vital de un ser fulminado por el miedo que se va rearmando muy despacio, vistiéndose con capas de esperanza de distintos colores y que acaba poniéndose en pie, flotando, incluso, y dejándonos a modo de declaración de principios este hermoso poema que cierra el libro:

    Enjambrada de arrugas

    ―huellas de sensatez

    en medio del desorden―,

    aquí sigues abierta 

    a dar y a recibir, 

    a ser arma y refugio,

    con ganas de mancharte una vez más

    con la tinta emoliente de unos versos.

    Acérquense a estos versos, amados lectores. Les esponjará el alma.

  • Desvestir el cuerpo de Jesús Cárdenas Sánchez 

    Desvestir el cuerpo de Jesús Cárdenas Sánchez 

    Proclama André Bretón en su manifiesto surrealista: «Devolvemos el talento que se nos presta. Habladme del talento de ese metro de platino, de ese espejo, de esa puerta… Nosotros no tenemos talento» 

      La poesía como espejo. Como espejo del talento de la tradición que ha formado al poeta. Un poeta que, a su vez, cuando crea, cuando devuelve la poesía al mundo, no hace más que desvestir su cuerpo y reflejarse de nuevo en un espejo. Desnudo.

      Jesús Cárdenas asume este oficio del poeta, y en el primer verso del poema que da título al libro “Desvestir el cuerpo” avisa de qué va esto:

      “Mostrar no ya la piel, sino los huesos, esos huesos que quieren ser poemas” 

      “Desvestir el cuerpo” (Lastura, 2023) supone el octavo poemario para su autor en una breve pero prolífica trayectoria comenzada en 2012. En este cuerpo desvestido están marcados 67 poemas en tres partes: “Todos los espejos” (25 poemas), “Cristal Ahumado”, (22 poemas) y “Callada Ceniza” (20 poemas).

      En el prólogo se nos advierte de forma inmejorable: «este libro culmina una senda de  desaprendizaje en el aspecto formal, como de despojamiento de lo no esencial en los elementos». Así que tenemos en el poemario de Jesús Cárdenas un acto de sinceridad y que la sinceridad se confiesa. Tal y como aseguraba el nobel Octavio Paz. La poesía no se siente, se dice. 

      «A veces la poesía es […] la idolatría al yo y la execración al yo y la disipación del yo; la degollación de los epítetos, el entierro de los espejos; la recolección de los pronombres acabados de cortar en el jardín de Epicuro.»

      Y en este poemario Cárdenas desviste su cuerpo en un acto de sinceridad, de despojo, de reconocimiento de uno mismo y de sus fuentes.

      “Así desvisto muy despacio el cuerpo / hasta dejarlo en el acorde /donde acaba la tarde / y el abismo comienza”

      Tres claros campos semánticos van a servir de baldosas por las que pisar al lector:

      Los espejos: 

      Espejo curvado como el cosmos, espejos caducos, el azogue, la luna, el reflejo, el vidrio, vasos de duralex sin sed.

      “vidrio de la luna endereza la imagen que conservas”

      Espejos que reflejan el campo semántico de la luz, la oscuridad, la penumbra, la sombra, el fulgor. 

      Para enlazar entre ambos campos semánticos el poema, la palabra, el lenguaje, el rito: el yo.

      “En el rito germina este poema”

      Un poema, y más un poemario, sobre espejos, es un reto. En él debe reflejarse el poeta, pero también deben reflejarse quienes lo leen. Esa es una apuesta arriesgada. El autor debe prestarse a la construcción de un juego de espejos que lleva la luz al lugar donde sea necesaria y deja en la penumbra lo que debe quedar en ella. Así de sencillo. Así de complicado es lo que hace Jesús Cárdenas.

      ¿Los ojos son el espejo del alma? ¿El alma es el espejo del cuerpo? ¿El cuerpo es el espejismo del alma? Donde digo el alma puedo decir poesía, como en aquel poema de Claudio Rodríguez, A mi ropa Tendida, al que Aleixandre le invita a subtitular (El alma). «Esta es su camisa, aquella, la que era / sólo un remiendo y ya no le servía. / ¿Qué es este amor? ¿Quién es su lavandera?»

      A Jesús Cárdenas no le hacen falta subtítulos.

      Además de los espejos, el cuerpo y la ceniza, otros símbolos (porque este poemario está plagado de símbolos) solidarios al amor: candados en los puentes, nombres tatuados en el tronco de un árbol compiten en una fiesta significante con reflexiones sobre el lenguaje como signos, la luz, la liquidez, fuego y espejo que se mezclan en un cristal ahumado y: 

      «El poeta descubre / a tientas zonas de penumbra». 

      “Desvestir el cuerpo” es un libro de un poeta con oficio de poeta. Sencillo en apariencia, pero que podría leerse con el diccionario de símbolos de Cirlot a un lado de la mesa para llegar a una desnudez de significantes y sentidos en la que encontrar la que encontraremos la individualidad del poeta reflejado en la palabra, y el reflejo de la nuestra. 

      1. Sanando en verso, de Rosa Frías. (Ed. Autografía, 2023)

        Sanando en verso, de Rosa Frías. (Ed. Autografía, 2023)

        Fuego, agua, tierra y aire. Estos son los cuatro pilares que, en su debido equilibrio, sostienen los poemas de este libro de Rosa Frías; un camino claro por diferentes etapas y emociones que, dejando atrás todo aquello que enturbia la vista, se queda con lo esencial de la vida y de los sentimientos. Aquello que nos conduce a la pureza de nosotros mismos.

        Fuego – «La pasión que abrasa, pero también la chispa que nos empuja a ponernos en acción.»

        La primera parte del poemario, Fuego, engloba diez poemas que nos lleva a la pasión, a la intensidad y al recuerdo vivo. Imágenes concretas, hechos específicos devienen símbolo de un tiempo en el que la pasión encendida se hacía sentir en cada gesto. Y no me estoy refiriendo a la pasión amorosa, sino a la pasión por la vida, a las ganas de sentir la intensidad de las emociones en todo su esplendor. Casi podríamos pensar en la juventud y esa fuerza irrefrenable que guía nuestros pasos cuando queremos comernos el mundo. Recuerdos de intensos pedacitos de vida.

        Nos arrimamos a la intensidad

        sólo para olvidar que un día

        más tarde o más temprano

        seremos sólo hueso,

        para ignorar

        que a veces resulta errático, inhabitable

        eso que llaman realidad.

        -Fragmento de El sueño de la vida.

        Agua – «La emoción sanadora sin embargo las aguas desbordadas nos ahogan.»

        En esta segunda parte, de algún modo, sentimos más dolor. El dolor de la pérdida, el dolor de perderse a uno mismo, el dolor de los recuerdos, el dolor de la realidad. El agua, personaje recurrente en los poemas que configura esta parte, aparece como aquello sanador, aquello que limpia y pule para dejar brillante la esencia y las emociones que ahora importan. Despojarse de lo que no es necesario y ver con claridad lo que de verdad tenemos entre las manos. Pero para ver, hay que cerrar los ojos antes, valorar, antes hay que perder, hay que llorar para limpiar. De ahí el camino en parte doloroso, que nos lleva a la pureza del agua y nos hace revivir de nuevo.

        Y un día después de la tormenta

        tendimos las mentiras al sol

        sobre los juntos del delta,

        y despojados de velos

        nos adentramos en el océano.

        -Fragmento de Aguas Sabias.

        Tierra – «El silencio balsámico pero sin la palabra no hay diálogo ni entendimiento.»

        Cierta paz asoma en esta tercera parte del poema. La paz del recuerdo, el Yoga, la figura del padre… pequeños elementos de la vida que la configuran y la hacen grande, entre silencios. El silencio es la columna vertebral de esta parte, el silencio que debemos aprender a escuchar, porque el él a menudo se encuentra la paz que tanto anhelamos.

        Pasado el fuego y el llanto, nos queda ese silencio de tierra, ese espacio nuestro que nadie puede romper, donde nos encontramos con nosotros mismos y aprendemos que casi todo lo importante de la vida lo tenemos dentro, y nos ha sido dejado a través de los días, a través de los recuerdos preciosos que atesoramos. El estar en paz a menudo pasa por conocer, amar y abrazar ese silencio.

        Pero el silencio,

        sostenido en el tiempo

        en terciopelo entre mis dedos,

        suave brisa sobre mi pelo,

        luz del ocaso en mi pecho.

        Porque en nuestra guerra

        las palabras eran cadena

        y los minutos, hueca espera.

        -Fragmento de El silencio de un imperio devastado.

        Aire – «El poder de la libertad, no obstante, sin los límites de la responsabilidad destruye tanto como un incendio.»

        Esta última parte me lleva inevitablemente a la libertad. Al vuelo libre y escogido. Despojados de todo aquello que nos llena de cosas innecesarias, darnos cuenta que tenemos una esencia libre que quiere se parte de nuestra vida. Aprender de lo que ocurre, vivirlo y sacar la enseñanza que nos permita ser libres de nuevo.

        Que no se llenen tus alas

        con el plomo del pesado sueño frustrado

        sólo así podrás volar alto…

        Sanando en verso, es un poemario que nos descubre el título una vez terminado. Podría considerarse una especie de guía poética para darnos cuenta que debemos descubrir lo que somos en realidad, quedarnos con lo bueno y ser libres dentro de nuestra propia esencia.

        Es un poemario curioso que invita a la introspección, que enseña y acompaña. Creo que es un libro cuyos poemas deberían irse leyendo de vez en cuando, para no olvidar que todo lo que nos ocurre, a veces oscurece lo que realmente somos. Volver a la esencia, comprender el fuego, amar el agua, escuchar la tierra y alzar el vuelo.

        Rosa Frías en ingeniera, inquieta, apasionada del conocimiento y con un alto interés en la psicología y la literatura. Estos dos intereses, en cierto modo, se traducen en este primer poemario que publica, convirtiéndose en una herramienta casi básica para comprender la vida, nuestra vida, y a nosotros mismos. Poemas y reflexiones en prosa que nos ayudarán a cerrar y abrir los ojos. Cuenta con unas hermosas ilustraciones hechas por Crisbel Robles, que reondean la belleza de libro.

      2. «Panorama» de David Monteira Arias

        «Panorama» de David Monteira Arias

        David Monteira nos trae un libro formado por sonetillos. Una bella estructura de 4 estrofas, 14 versos, que podríamos considerar «el hermano menor del Soneto».

        Su obra es muy interesante. Incluye desde temas asociados al amor, la religión, la mitología, el desamor, pasando por poemas llenos de melancolía, reflexiones, abordando la naturaleza, las ciudades que ha conocido, con cierta añoranza, también la historia, los clásicos y mucho más.

        Se podría temer cierta monotonía al utilizar una sola estructura a lo largo del poemario, pero no es así. Porque la variedad mantiene el interés en todo momento. 

        Es un libro que se lee rápido, que se devora. Reviste un estilo y una musicalidad que enamoran. Como su nombre indica, puede verse como una mirada panorámica del mundo a través de los ojos del autor

        Su vocabulario es tan rico como su temática, sin pecar de pretencioso. Es pulcro, variado, al pasar de un poema a otro descubres un nuevo mundo y, aun así, se reconoce su estilo.

        Llama la atención la fluidez con la que aborda una estructura que no deja de ser compleja y exquisita por ser de arte menor. Si se quiere, hay más poetas que escriben sonetos, endecasílabos o alejandrinos, que sonetillos.

        David Monteira Arias, nació en Madrid. Estudió Filología en la Universidad Complutense de Madrid. También estudió en Bruselas e Italia. Por un tiempo fue profesor en EE. UU. y ha escrito artículos para diferentes revistas universitarias. 

        No quiero finalizar sin compartir algunos de sus poemas:

        Cansancio

        Se han desatado los lazos

        que te atan a lo que quieres,

        y entre agotados placeres

        la vida cumple sus plazos…

        Dejas que caiga en tus brazos

        sombra de ayer, menesteres,

        ruina de oscuros poderes

        que no consiente remplazos…

        Cierra el silencio tus labios,

        mientras va abriéndose al llano

        la tarde sobre el sendero.

        Canta al morir los agravios

        del tiempo que pasa en vano,

        en tu ventana el jilguero…

        Nacimiento 

        Llena al soñar las primeras

        tinieblas del desconcierto,

        ahora que estás despierto,

        y en el camino prosperas…

        Mil nebulosas, fronteras

        ponen un límite incierto

        a un panorama en que, abierto,

        ondea el mar sus banderas.

        Surte el vivir aluviales,

        inagotables esteros,

        tejidos sentimentales…

        Cubre hemisferios enteros

        hacia los nunca triviales

        retornos hoy verdaderos…

        El Templo de la Concordia de Agrigento 

        A la concordia Afrodita

        canta en un harpa rosada

        de piedra dulce y labrada,

        sobre los montes inscrita.

        Dejando el templo que habita

        mira hacia Grecia, a la honrada

        península atravesada

        por la llanura infinita…

        Aire de un siglo modela

        las nubes en la tribuna

        que al fin la tarde desvela…

        Diosa que, un día, oportuna,

        tomaste la ciudadela,

        soldado de alta fortuna…

      3. Latir a pesar de todo, de Pedro Antonio Sánchez (Olé Libros, 2023)

        Latir a pesar de todo, de Pedro Antonio Sánchez (Olé Libros, 2023)

        Uno

        llega a cierta edad como un proscrito

        como el que ha escapado con vida

        de un accidente

        -Fragmento del poema Uno

        Delante del libro cerrado, con la portada ante mis ojos y el título, tan claro y transparente, no puedo más que pensar que en este poemario voy a encontrar poemas que me ayudarán a entender, a comprender, a asumir y a seguir. Y sobre todo, a darme cuenta.

        Me parece un poemario sincero, escrito a vida abierta, donde se nos confirma aquella premonición de que la vida es dura, complicada y hiere. Es un poemario que se centra en el paso del tiempo, en los cambios, que cuando suceden se ven esperados sin querer; aquella verdad que sabemos pero no queremos saber y al final, no queda otra opción que aceptarlo, porque lo intuíamos, aunque no creíamos que pudiera ser así.

        Es el paso de la vida, impertérrita y cruel, que hace que a veces añoremos la inocencia de la juventud, el desconocimiento, y nos centremos en las ganas de vivir. El camino, azaroso y desconcertante, hacia la madurez nos abre los ojos a la realidad; y la desesperanza llena lo que puede abarcar la vista, porque todo duele. Nada es luminoso ni claro, púas y cuchillos en las esquinas, de la piel, dolor en el alma. Desazón.

        Soy otro figurante en otro andén,

        soy la misma pregunta de las siete,

        soy el no saber todavía

        de qué muere exactamente una ilusión,

        si se deshace en el vértigo

        cuando nadie mira.

        -Fragmento del poema Reflexión suburbana.

        Los poemas están escritos de una manera muy directa, muy madura, con un lenguaje claro y conciso que plasma las emociones y los sentimientos de una manera muy certera, creando así una conexión con el lector que, sin duda, ha tenido esas emociones más de una vez a lo largo de su vida.  Un poemario de color terroso, con lodo en las paredes, cicatrices en los ojos que se abren y se cierran como el día empieza y termina.

        Un cielo hecho pedazos, una gallina muerta sustituida por otra igual, una lluvia ácida que nos empapa el alma con el pasar de los días… imágenes simbólicas de lo que es la vida cuando uno llega a la madurez; personas a la deriva que luchan, con el latido como arma, por sobrevivir, a pesar del dolor que eso supone.

        La nostalgia abandera en cierto modo este poemario, la nostalgia de las noches luminosas y los amaneceres claros y vivos. Ahogados en un charco, intentamos sobrellevar la existencia entre las oscuridades y frialdades que nos rodean, sacándonos las espinas a base de música, versos y sueños que aún quizás podemos recuperar.

        Excepcional el poema Tending Topic, que no reproduzco a aquí porque quiero que os hagáis con el libro, donde está toda la verdad de la vida actual concentrada en poco menos de 30 versos. No es que sea un poema que resuma la idea del libro, pero nos muestra la soledad real a la que estamos sometidos, la frialdad y la falsedad del mundo actual, tan rodeado de banalidades que nos parece básicas para vivir, cuando lo único que hacen es cerrarnos los ojos a la vida real.

        Se nos va esto de vivir

        en un abrir y cerrar de megas,

        pero a nadie le importa nadie

        que no sea trending topic.

        -Fragmento del poema Trending Topic.

        En definitiva, es un poema que recomiendo mucho, por cómo está escrito, por el lenguaje usado, que nos abre los ojos, por la añoranza que muestra y la realidad que plasma, verso tras verso, sin tapujos. Poemas de verso libre que se abren mostrando la percepción del mundo de la madurez; la resignación, la falta de esperanza y el pensar que si seguimos aquí es porque seguimos latiendo, a pesar de todo.

        La vida continua -nuevamente-

        entre el cielo y el barro.

        -Fragmento del poema Extinguirnos

        Pedro Antonio Sánchez es natural de Madrid (1977), suele publicar poemas en la web Letras &Poesía, e incluso ha sido parte de alguna de sus antologías. Latir a pesar de todo es su primer poemario y, mucho me temo, no será el último.

      4. «La larga noche de las jaurías» de Mariela Cordero (Nautilus Ediciones, 2023)

        «La larga noche de las jaurías» de Mariela Cordero (Nautilus Ediciones, 2023)

        Crónicas del Olvido

        LA LARGA NOCHE DE LAS JAURÍAS, DE MARIELA CORDERO

        **Alberto Hernández**

        1.-

        ¿Cuántas imágenes capacitan al lector a ser parte de aquella noche inicial, la que jamás será desprendida del origen, mientras otras sombras se combinan para ser ruidos, aullidos, soplo de sables, disparo o cuchillada? ¿Cuántas cicatrices cabalgan los versos que leemos mientras la realidad sucumbe y se hace añicos contra nuestros sueños? ¿En qué país o pesadilla se fecunda la sangre olvidada por quienes madrugan bajo el silencio o se revisten de arrogancias mientras las calles o las arterias del cuerpo son recorridas por las hienas del poder o por la fantasmagoría de logaritmos ideológicos?

        La poesía –ese asunto que muchas veces comulga con lo indeseable, porque ella es capaz de todo- se abre como una granada y estalla en la cara de los versificadores de escritorio, los que se remedan ante el espejo y pasan de largo mientras el espacio que ocupan se borra ante la fuerza de la brutalidad. La noche, entonces, es la proveedora de un geometría que culmina en un círculo vicioso: la sangre, la muerte, los últimos versos de cada discurso o la prominencia del golpe que recibe el rostro, el golpe adecuado según como se ha aprendido a abrir heridas e imaginar cicatrices.

        Los perros de la nocturnidad saben que serán parte de un poema. La jauría hará fila para el cuestionario, para el recuento de imágenes que cabalgarán la estructura del poema. La noche y su cuerpo hecho cuerpo en el humano recorrer de quien es víctima propiciatoria. Seguramente, eso no lo dice el poema, pero su trasunto enarbola la simbología, abre la granada para que explote con todas sus variantes dolorosas.

        Y si de la noche venimos y hacia ella vamos, como afirma Gerbasi en su universo poético, vale decir que la noche, la sombra de esa noche, hecha plural en la boca que aúlla, se hace jauría y arremete contra quien revela su desacomodo y se rebela contra su distópica algarabía bestial.

        La poesía, desvestida como debe andar, nos habla desde esa noche, la que Mariela Cordero nos arrima con sus adjetivos y su fuerza verbal. Digamos que estamos frente a una poética del desgarro, del dolor y de unos amores que se devuelven, que forman parte de esa larga y espesa huida de la jauría y sus noches. 

        2.-

        Don Alfonso Reyes, en La experiencia literaria, afirma que “Hay categorías de la lectura”, y cita a Heine y a Sor Juan Inés de la Cruz para sustentar que bien vale saber entrar en ésta, la lectura, para poderla decir en voz alta, como hacía el primero de los citados con Don Quijote de la Mancha, y la segunda, quien se quejaba de no tener más compañeros que el tintero y la pluma para escribir, para decir del mundo. En este sentido, una poesía que se formula como un deslave, ésta que nos entrega Mariela Cordero, precisa de una lectura en voz alta para que se oiga más que el aullido de la jauría, y que se haga de las herramientas para crear una poética que habrá de descubrir la sombra nocturna y revelarla a los lectores, quienes seguramente también son víctimas de esos peligrosos personajes que ambulan por las noches en búsqueda de heridas y sangre, los que han hecho de un país desolación y “flor difusa”.

        La lectura nos conduce por los “signos heredados” de la destrucción. Y de seguidas: “Seguiste el curso de las jaurías, Ahora/ no tienes nombre”. Esa segunda persona alude directamente a quien entra en el texto, a quien lo resume en su yo, que se hace plural en la desaparición de quien antes era un sujeto conocido, nombrado. El proceso de destrucción es perfecto, bien pensado, por eso “Sólo amas el círculo” hasta sentir que “Un cuerpo/ es ardor/ para morir”.

        He aquí la puesta en escena de la lectura en voz alta: quien enfrenta a la jauría sabe hacerlo, grita, también aúlla, se relame las heridas, y cree que “Los cazadores son engullidos/ por un brutal océano/ esplendente/ que los deja ciegos”. Sería, para consuelo, la derrota de quienes se han convertido en esos lobos que obedecen las órdenes de un poder oscuro, nocturnal. 

        Dice la voz de la poeta: “y fue tarde cuando descubrimos/ que también estábamos heridos de muerte”.

        Ya no es una segunda persona del singular, una sola persona: ahora es un plural que se abre como país en medio de tantos yos acosados. Desde esa perspectiva quien vive en el poema siente “la desquiciada praxis/ de pesar las almas”. 

        3.-

        Leo este poemario como un relato. Leo el relato de este poema que al ser convertido en uno vierte toda su fuerza en un tema: la muerte, la que aparece cuando la jauría hace de la noche su festín. No obstante, quien habla desde el texto afirma: “aspiras (a) gozar la definitiva e íntima desgarradura: // amar”. Amar duele, sobre todo si se ama en medio de un aullido. O en ausencia. 

        Una metáfora destaca en medio del bullicio y los gases:

        “El ligero roce de alas del colibrí

        se transforma

        en brutal

        tacto de relámpagos”.

        Insiste la voz: “…busca el dolor incrustado/ el brillo férreo/ de amar/ Ser herida”.

        (…) Ser gota, lluvia, diluvio”, mientras el cuerpo, todo, se disuelve. 

        De allí: “…un presagio// astillado/ de certeza”.

        4.-

        La imagen del otro: ser el otro en él mismo, su reflejo. Tesis que la transfiguración. En el poema ´Morir es cambiar´ esta idea frecuenta el poema: la otredad frente a las fisuras de la realidad. Y un sentimiento que sólo era referencia: la vergüenza aún/ no existía”, mientras ahora “sangran lo recuerdos” y se muestran “la arruga y la cicatriz (…) como quien se entrega/ a la muerte”.

        En el poema “El país y la sangre” la autora se abre más al tema:

        “Todo fue sangre (…) el tacto es sólo vehículo/ para la herida/ y el cuerpo/ es el recinto de los temblores (…) el aullido de libertad/ mudó en lamento/ y las risas se convirtieron en tumbas (…) Todo fue sangre en el país que amas”. 

        El poema, su materia, es la misma realidad que se relata. La poesía se asigna una responsabilidad: es una suerte de salvoconducto, de pasaporte para indagar en el territorio invadido, en el país donde la noche es el punto de arribo de la jauría: la noche es sólo una metáfora. No hay horario para esa noche. La sombra siempre está bajo el sol. 

        Pero aparece, nunca desaparece, la esperanza, esa suerte de muelle donde llegan los mensajes, los símbolos de otros designios: “La belleza/ sólo puede encenderla/ la pupila/ exacta (…) Nunca podrá ser devorada”. 

        Y un golpe cordial: “Tu amor es un festín/ irreductible/ en medio de la masacre”.

        5.-

        El comienzo, el amanecer de esa ´pupila exacta´: “El génesis/ revolotea/ sobre las ruinas…”, luego de la llegada de la jauría, de la larga noche de esa tiranía de lobos. 

        La voz de quien escribe se personaliza desde esa segunda persona cercana: “Tu cuerpo es un país lejano”. La metáfora confirma la ausencia, también la presencia de la desgracia, de la huida, de la diáspora, de la pérdida.

        Y por eso “Te derramabas como la lluvia”.

        Como cuerpo, como estigma público, la voz de la poesía se hace más personal: “Yo no habito un país, habito un cuerpo/ quebrado” por culpa de “la larga noche de las jaurías”.

        Ese génesis ya cantado, deviene apocalipsis, omega relatado desde un mapa destruido:

        “No retener nada, / lo vivo será lo muerto/ y nosotros sólo una pregunta/ esfumándose/ en el vacío (…) un país ensangrentado (…) sólo como que veas este cuerpo que soy…”.

        6.-

        Este libro/ desgarramiento de Mariela Cordero resultó finalista en el Premio Internacional de Poesía Aco Karamanov, en Macedonia, en el año 2022, y fue publicado por Ediciones Nautilus, España en el 2023, a través de la Colección Capitanas 7/10).

      5. ‘El pino’, de José Luis Regojo (Ondina ediciones, 2023)

        ‘El pino’, de José Luis Regojo (Ondina ediciones, 2023)

        Luisa Chico, J.L.Regojo y Rosa Galdona. Presentación de ‘El pino’ en Candelaria (Tenerife)

        Cuando uno termina de leer El pino, se da cuenta, incuestionablemente, de que ha leído Literatura. ¿Por qué?, pues porque deja en el lector un regusto a pensamiento vivo y atemporal, pronunciado en un discurso que cuelga unas palabras en los ojos del lector que destilan humanidad. Decía Unamuno que “el escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad”. Y eso sucede con El pino. Es una obra que sobrevuela todo el tiempo y de tal manera lo humano (“si no sabemos orientarnos solos, ¿por qué nos extraña ir perdidos por la vida?”, pág. 29), que atrapa a quien se acerca a sus páginas.

        El pino es “el periplo de un hombre bisiesto” (des)contando los últimos meses de docente hasta su inminente jubilación. En ese viaje narrativo y reflexivo grita contra injusticias como el machismo, la homofobia, la xenofobia, la explotación de la clase obrera, los nacionalismos empobrecedores y ciegos, la burocracia, (burda y antropófaga), la monarquía, al inmovilismo del individuo… hay tanto en El pino que parece mentira que quepa tanto contenido en 163 páginas.

        El maestro está en cada página. Está donde se cuestiona la esencia misma de su profesión con paradojas como “he dedicado una vida a pasar lista, para anotar solo el nombre de los ausentes, (pág. 98). Está donde la ironía arremete contra la Administración educativa: “¿Cómo marcará las horas extras de reuniones y correcciones? Será interesante ver cómo lo gestiona el responsable del Departamento de Educación que tuvo la idea del reloj, debe haberse entrenado a fondo para llegar a ser tan inútil.” (Pág. 34). Está también, y quizá, sobre todo, en el educador empecinado en enseñar a su alumnado a ser crítico (“gracias por hacernos pensar”, pág. 148).

        Pero eso no es todo. Además, el narrador se divierte (eso se nota) amasando su discurso entre la ternura, el humor (que se lo pregunten, si no, a Agapito), la reflexión filosófica, la pasión, la admiración por lo cotidiano o lo efímero, el amor por la sencillez o la naturaleza, y todo ello con una prosa rica y fluida que, en ocasiones, en muchas ocasiones, es poética. El narrador habla siempre en primera persona. Nos cuenta su experiencia mientras el reloj de su vida laboral acelera hacia el final. No nos importa si lo que narra es verdad o verosímil. No buscamos al José Luis biógrafo, sino al orador. Al cronista de sucesos, de miedos y de sueños y de manías y de frustraciones que nos refleja, cual espejo, la vida de cada uno de nosotros en sus palabras.

        J.L.Regojo y Rosa Galdona

        Ahí, junto al pino, observo la naturaleza y reflexiono. Hoy, por ejemplo, al ver las golondrinas primaverales revolotear, he pensado en nuestra nula capacidad de volar debido, quizá, a que siempre nos están cortando las alas, cuando no nos las cortamos nosotros mismos. (Pág. 19).

        El pino protagonista es la imagen y el trasunto de la sencillez, de la naturaleza más esencial y austera, más auténtica. Por eso propicia el pensamiento y la reflexión del hombre sentado a su abrigo. Algo pasa cuando hombre y árbol, árbol y hombre se despiden tras el último día de clase. Y eso hará al lector reflexionar sobre aquello que de verdad incumbe al ser humano:

        Cuando acabamos de leer El pino, nos quedamos con la sensación de que el narrador era nuestro amigo y de que la conversación ha terminado: hablamos de activismo político, de un Sistema todopoderoso y alienante que nos lleva al precipicio; y hemos estado de acuerdo en una visión del amor que no tiene edad, pero sí perennes aderezos eróticos que nos hacen sentir vivos. Nos hemos hecho admiradores sibaritas de los pequeños detalles de la vida, el narrador de El pino y yo (“la mejor edad es la que tengo ahora”, pág. 14). Acérquese el lector a El pino y pruebe la experiencia.

        El pino se puede conseguir en este enlace.

      6. RETAHÍLA, de Maigualida Pérez

        RETAHÍLA, de Maigualida Pérez

        Maigualida Pérez (Caracas- Venezuela 1960) Poeta, Narradora, Productora Radial, Promotora de Lectura para el Gabinete de Cultura- Yaracuy. Pertenece al Sistema Nacional de Cultura Popular (SNCP). Su trabajo ha sido publicado, entre otros, por el Taller Experimental de Literatura (TEL), Revista Vamos a Leer (convenio Venezuela-México).

        Libros Publicados:

        Declaraciones (Editorial El Perro y la rana 2009), Cuadernos Promocionales- Poesía (Casa del Poeta Peruano 2013), Confesiones- Poesía (SurEditores 2014), Ocaso-Poesía-Digital (SurEditores 2015) Cuento Circulares-Narrativa (Editorial Giraluna 2016), Hojas Sueltas-Poesía (Editorial Giraluna 2016), Rondas para Paula Poesía Infantil (Editorial Giraluna 2017), Retahíla (Editorial el perro y la rana 2018), Nirgua… Tierra de Magia (Editorial El perro y la rana 2019). Postulada al Premio Nacional de Cultura 2014 y 2018.

        Explica Maigualida Pérez que “RETAHILA “ nace para hilvanar la multiplicidad de voces contentivas de todos los elementos a explorar en diversos ámbitos del existir, donde se pone de manifiesto, no solo lo creativo sino –también- lo político.

        Según sus propias palabras: «En éste trabajo me enfoco en ir más a fondo en el CONTRAPUNTO  en un  lenguaje sencillo y diáfano. Los matices que derivan del mismo, la independencia de sus voces, la identidad que alcanza cada cual, como se completan, se necesitan y se vinculan…»

        Expresa el portal de la Editorial El perro y La Rana, del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, que “los versos escritos de Maigualida, son una forma de demostrar el amor, el sentimiento y sobre todo la ternura, que con sus pensamientos nos regala estas hermosas poesías”

        El libro digital de la Colección hecho en casa, de la serie poesía, en unas 96 páginas contiene 34 Manifiestos, con entrada de Mariela Lugo, presidenta de la Asociación de Poetas y Escritores de Yaritagua. Aquí, más.

        RETAHÍLA  VII   

        Quisiera extraviarme en una calle desconocida

        desconocida ella, desconocida yo…

        Quisiera volver a ser óvulo y esperma… 

        Quisiera tomar la mano de Hesse, de Lorca 

        Gallegos y Márquez. 

                                                                                 Frontera de mi sombra…

        Que mis cenizas las lleve el temporal

        desde El Picacho hasta donde alcance

        la serpentina arrolladora

        del invierno a destiempo

        y que en la tarde vaporosa

        deje la estela sonora en el territorio 

        oculto y profundo. 

                                                                                Frenesí solitario entre recuerdos…

        Extraviada en el camino

        me desplazo en círculos

        persiguiendo el aroma perdido

        en la humedad de mi memoria 

        y mis pensamientos de sal constituidos

        en adicción primitiva 

        que promueve revoluciones… 

                                                                                  Material Estelar…