Reseñas

  • Desvestir el cuerpo de Jesús Cárdenas Sánchez 

    Desvestir el cuerpo de Jesús Cárdenas Sánchez 

    Proclama André Bretón en su manifiesto surrealista: «Devolvemos el talento que se nos presta. Habladme del talento de ese metro de platino, de ese espejo, de esa puerta… Nosotros no tenemos talento» 

      La poesía como espejo. Como espejo del talento de la tradición que ha formado al poeta. Un poeta que, a su vez, cuando crea, cuando devuelve la poesía al mundo, no hace más que desvestir su cuerpo y reflejarse de nuevo en un espejo. Desnudo.

      Jesús Cárdenas asume este oficio del poeta, y en el primer verso del poema que da título al libro “Desvestir el cuerpo” avisa de qué va esto:

      “Mostrar no ya la piel, sino los huesos, esos huesos que quieren ser poemas” 

      “Desvestir el cuerpo” (Lastura, 2023) supone el octavo poemario para su autor en una breve pero prolífica trayectoria comenzada en 2012. En este cuerpo desvestido están marcados 67 poemas en tres partes: “Todos los espejos” (25 poemas), “Cristal Ahumado”, (22 poemas) y “Callada Ceniza” (20 poemas).

      En el prólogo se nos advierte de forma inmejorable: «este libro culmina una senda de  desaprendizaje en el aspecto formal, como de despojamiento de lo no esencial en los elementos». Así que tenemos en el poemario de Jesús Cárdenas un acto de sinceridad y que la sinceridad se confiesa. Tal y como aseguraba el nobel Octavio Paz. La poesía no se siente, se dice. 

      «A veces la poesía es […] la idolatría al yo y la execración al yo y la disipación del yo; la degollación de los epítetos, el entierro de los espejos; la recolección de los pronombres acabados de cortar en el jardín de Epicuro.»

      Y en este poemario Cárdenas desviste su cuerpo en un acto de sinceridad, de despojo, de reconocimiento de uno mismo y de sus fuentes.

      “Así desvisto muy despacio el cuerpo / hasta dejarlo en el acorde /donde acaba la tarde / y el abismo comienza”

      Tres claros campos semánticos van a servir de baldosas por las que pisar al lector:

      Los espejos: 

      Espejo curvado como el cosmos, espejos caducos, el azogue, la luna, el reflejo, el vidrio, vasos de duralex sin sed.

      “vidrio de la luna endereza la imagen que conservas”

      Espejos que reflejan el campo semántico de la luz, la oscuridad, la penumbra, la sombra, el fulgor. 

      Para enlazar entre ambos campos semánticos el poema, la palabra, el lenguaje, el rito: el yo.

      “En el rito germina este poema”

      Un poema, y más un poemario, sobre espejos, es un reto. En él debe reflejarse el poeta, pero también deben reflejarse quienes lo leen. Esa es una apuesta arriesgada. El autor debe prestarse a la construcción de un juego de espejos que lleva la luz al lugar donde sea necesaria y deja en la penumbra lo que debe quedar en ella. Así de sencillo. Así de complicado es lo que hace Jesús Cárdenas.

      ¿Los ojos son el espejo del alma? ¿El alma es el espejo del cuerpo? ¿El cuerpo es el espejismo del alma? Donde digo el alma puedo decir poesía, como en aquel poema de Claudio Rodríguez, A mi ropa Tendida, al que Aleixandre le invita a subtitular (El alma). «Esta es su camisa, aquella, la que era / sólo un remiendo y ya no le servía. / ¿Qué es este amor? ¿Quién es su lavandera?»

      A Jesús Cárdenas no le hacen falta subtítulos.

      Además de los espejos, el cuerpo y la ceniza, otros símbolos (porque este poemario está plagado de símbolos) solidarios al amor: candados en los puentes, nombres tatuados en el tronco de un árbol compiten en una fiesta significante con reflexiones sobre el lenguaje como signos, la luz, la liquidez, fuego y espejo que se mezclan en un cristal ahumado y: 

      «El poeta descubre / a tientas zonas de penumbra». 

      “Desvestir el cuerpo” es un libro de un poeta con oficio de poeta. Sencillo en apariencia, pero que podría leerse con el diccionario de símbolos de Cirlot a un lado de la mesa para llegar a una desnudez de significantes y sentidos en la que encontrar la que encontraremos la individualidad del poeta reflejado en la palabra, y el reflejo de la nuestra. 

      1. Sanando en verso, de Rosa Frías. (Ed. Autografía, 2023)

        Sanando en verso, de Rosa Frías. (Ed. Autografía, 2023)

        Fuego, agua, tierra y aire. Estos son los cuatro pilares que, en su debido equilibrio, sostienen los poemas de este libro de Rosa Frías; un camino claro por diferentes etapas y emociones que, dejando atrás todo aquello que enturbia la vista, se queda con lo esencial de la vida y de los sentimientos. Aquello que nos conduce a la pureza de nosotros mismos.

        Fuego – «La pasión que abrasa, pero también la chispa que nos empuja a ponernos en acción.»

        La primera parte del poemario, Fuego, engloba diez poemas que nos lleva a la pasión, a la intensidad y al recuerdo vivo. Imágenes concretas, hechos específicos devienen símbolo de un tiempo en el que la pasión encendida se hacía sentir en cada gesto. Y no me estoy refiriendo a la pasión amorosa, sino a la pasión por la vida, a las ganas de sentir la intensidad de las emociones en todo su esplendor. Casi podríamos pensar en la juventud y esa fuerza irrefrenable que guía nuestros pasos cuando queremos comernos el mundo. Recuerdos de intensos pedacitos de vida.

        Nos arrimamos a la intensidad

        sólo para olvidar que un día

        más tarde o más temprano

        seremos sólo hueso,

        para ignorar

        que a veces resulta errático, inhabitable

        eso que llaman realidad.

        -Fragmento de El sueño de la vida.

        Agua – «La emoción sanadora sin embargo las aguas desbordadas nos ahogan.»

        En esta segunda parte, de algún modo, sentimos más dolor. El dolor de la pérdida, el dolor de perderse a uno mismo, el dolor de los recuerdos, el dolor de la realidad. El agua, personaje recurrente en los poemas que configura esta parte, aparece como aquello sanador, aquello que limpia y pule para dejar brillante la esencia y las emociones que ahora importan. Despojarse de lo que no es necesario y ver con claridad lo que de verdad tenemos entre las manos. Pero para ver, hay que cerrar los ojos antes, valorar, antes hay que perder, hay que llorar para limpiar. De ahí el camino en parte doloroso, que nos lleva a la pureza del agua y nos hace revivir de nuevo.

        Y un día después de la tormenta

        tendimos las mentiras al sol

        sobre los juntos del delta,

        y despojados de velos

        nos adentramos en el océano.

        -Fragmento de Aguas Sabias.

        Tierra – «El silencio balsámico pero sin la palabra no hay diálogo ni entendimiento.»

        Cierta paz asoma en esta tercera parte del poema. La paz del recuerdo, el Yoga, la figura del padre… pequeños elementos de la vida que la configuran y la hacen grande, entre silencios. El silencio es la columna vertebral de esta parte, el silencio que debemos aprender a escuchar, porque el él a menudo se encuentra la paz que tanto anhelamos.

        Pasado el fuego y el llanto, nos queda ese silencio de tierra, ese espacio nuestro que nadie puede romper, donde nos encontramos con nosotros mismos y aprendemos que casi todo lo importante de la vida lo tenemos dentro, y nos ha sido dejado a través de los días, a través de los recuerdos preciosos que atesoramos. El estar en paz a menudo pasa por conocer, amar y abrazar ese silencio.

        Pero el silencio,

        sostenido en el tiempo

        en terciopelo entre mis dedos,

        suave brisa sobre mi pelo,

        luz del ocaso en mi pecho.

        Porque en nuestra guerra

        las palabras eran cadena

        y los minutos, hueca espera.

        -Fragmento de El silencio de un imperio devastado.

        Aire – «El poder de la libertad, no obstante, sin los límites de la responsabilidad destruye tanto como un incendio.»

        Esta última parte me lleva inevitablemente a la libertad. Al vuelo libre y escogido. Despojados de todo aquello que nos llena de cosas innecesarias, darnos cuenta que tenemos una esencia libre que quiere se parte de nuestra vida. Aprender de lo que ocurre, vivirlo y sacar la enseñanza que nos permita ser libres de nuevo.

        Que no se llenen tus alas

        con el plomo del pesado sueño frustrado

        sólo así podrás volar alto…

        Sanando en verso, es un poemario que nos descubre el título una vez terminado. Podría considerarse una especie de guía poética para darnos cuenta que debemos descubrir lo que somos en realidad, quedarnos con lo bueno y ser libres dentro de nuestra propia esencia.

        Es un poemario curioso que invita a la introspección, que enseña y acompaña. Creo que es un libro cuyos poemas deberían irse leyendo de vez en cuando, para no olvidar que todo lo que nos ocurre, a veces oscurece lo que realmente somos. Volver a la esencia, comprender el fuego, amar el agua, escuchar la tierra y alzar el vuelo.

        Rosa Frías en ingeniera, inquieta, apasionada del conocimiento y con un alto interés en la psicología y la literatura. Estos dos intereses, en cierto modo, se traducen en este primer poemario que publica, convirtiéndose en una herramienta casi básica para comprender la vida, nuestra vida, y a nosotros mismos. Poemas y reflexiones en prosa que nos ayudarán a cerrar y abrir los ojos. Cuenta con unas hermosas ilustraciones hechas por Crisbel Robles, que reondean la belleza de libro.

      2. «Panorama» de David Monteira Arias

        «Panorama» de David Monteira Arias

        David Monteira nos trae un libro formado por sonetillos. Una bella estructura de 4 estrofas, 14 versos, que podríamos considerar «el hermano menor del Soneto».

        Su obra es muy interesante. Incluye desde temas asociados al amor, la religión, la mitología, el desamor, pasando por poemas llenos de melancolía, reflexiones, abordando la naturaleza, las ciudades que ha conocido, con cierta añoranza, también la historia, los clásicos y mucho más.

        Se podría temer cierta monotonía al utilizar una sola estructura a lo largo del poemario, pero no es así. Porque la variedad mantiene el interés en todo momento. 

        Es un libro que se lee rápido, que se devora. Reviste un estilo y una musicalidad que enamoran. Como su nombre indica, puede verse como una mirada panorámica del mundo a través de los ojos del autor. 

        Su vocabulario es tan rico como su temática, sin pecar de pretencioso. Es pulcro, variado, al pasar de un poema a otro descubres un nuevo mundo y, aun así, se reconoce su estilo.

        Llama la atención la fluidez con la que aborda una estructura que no deja de ser compleja y exquisita por ser de arte menor. Si se quiere, hay más poetas que escriben sonetos, endecasílabos o alejandrinos, que sonetillos.

        David Monteira Arias, nació en Madrid. Estudió Filología en la Universidad Complutense de Madrid. También estudió en Bruselas e Italia. Por un tiempo fue profesor en EE. UU. y ha escrito artículos para diferentes revistas universitarias. 

        No quiero finalizar sin compartir algunos de sus poemas:

        “

        Cansancio

        Se han desatado los lazos

        que te atan a lo que quieres,

        y entre agotados placeres

        la vida cumple sus plazos…

        Dejas que caiga en tus brazos

        sombra de ayer, menesteres,

        ruina de oscuros poderes

        que no consiente remplazos…

        Cierra el silencio tus labios,

        mientras va abriéndose al llano

        la tarde sobre el sendero.

        Canta al morir los agravios

        del tiempo que pasa en vano,

        en tu ventana el jilguero…

        “

        Nacimiento 

        Llena al soñar las primeras

        tinieblas del desconcierto,

        ahora que estás despierto,

        y en el camino prosperas…

        Mil nebulosas, fronteras

        ponen un límite incierto

        a un panorama en que, abierto,

        ondea el mar sus banderas.

        Surte el vivir aluviales,

        inagotables esteros,

        tejidos sentimentales…

        Cubre hemisferios enteros

        hacia los nunca triviales

        retornos hoy verdaderos…

        “

        El Templo de la Concordia de Agrigento 

        A la concordia Afrodita

        canta en un harpa rosada

        de piedra dulce y labrada,

        sobre los montes inscrita.

        Dejando el templo que habita

        mira hacia Grecia, a la honrada

        península atravesada

        por la llanura infinita…

        Aire de un siglo modela

        las nubes en la tribuna

        que al fin la tarde desvela…

        Diosa que, un día, oportuna,

        tomaste la ciudadela,

        soldado de alta fortuna…

      3. Latir a pesar de todo, de Pedro Antonio Sánchez (Olé Libros, 2023)

        Latir a pesar de todo, de Pedro Antonio Sánchez (Olé Libros, 2023)

        Uno

        llega a cierta edad como un proscrito

        como el que ha escapado con vida

        de un accidente

        -Fragmento del poema Uno

        Delante del libro cerrado, con la portada ante mis ojos y el título, tan claro y transparente, no puedo más que pensar que en este poemario voy a encontrar poemas que me ayudarán a entender, a comprender, a asumir y a seguir. Y sobre todo, a darme cuenta.

        Me parece un poemario sincero, escrito a vida abierta, donde se nos confirma aquella premonición de que la vida es dura, complicada y hiere. Es un poemario que se centra en el paso del tiempo, en los cambios, que cuando suceden se ven esperados sin querer; aquella verdad que sabemos pero no queremos saber y al final, no queda otra opción que aceptarlo, porque lo intuíamos, aunque no creíamos que pudiera ser así.

        Es el paso de la vida, impertérrita y cruel, que hace que a veces añoremos la inocencia de la juventud, el desconocimiento, y nos centremos en las ganas de vivir. El camino, azaroso y desconcertante, hacia la madurez nos abre los ojos a la realidad; y la desesperanza llena lo que puede abarcar la vista, porque todo duele. Nada es luminoso ni claro, púas y cuchillos en las esquinas, de la piel, dolor en el alma. Desazón.

        Soy otro figurante en otro andén,

        soy la misma pregunta de las siete,

        soy el no saber todavía

        de qué muere exactamente una ilusión,

        si se deshace en el vértigo

        cuando nadie mira.

        -Fragmento del poema Reflexión suburbana.

        Los poemas están escritos de una manera muy directa, muy madura, con un lenguaje claro y conciso que plasma las emociones y los sentimientos de una manera muy certera, creando así una conexión con el lector que, sin duda, ha tenido esas emociones más de una vez a lo largo de su vida.  Un poemario de color terroso, con lodo en las paredes, cicatrices en los ojos que se abren y se cierran como el día empieza y termina.

        Un cielo hecho pedazos, una gallina muerta sustituida por otra igual, una lluvia ácida que nos empapa el alma con el pasar de los días… imágenes simbólicas de lo que es la vida cuando uno llega a la madurez; personas a la deriva que luchan, con el latido como arma, por sobrevivir, a pesar del dolor que eso supone.

        La nostalgia abandera en cierto modo este poemario, la nostalgia de las noches luminosas y los amaneceres claros y vivos. Ahogados en un charco, intentamos sobrellevar la existencia entre las oscuridades y frialdades que nos rodean, sacándonos las espinas a base de música, versos y sueños que aún quizás podemos recuperar.

        Excepcional el poema Tending Topic, que no reproduzco a aquí porque quiero que os hagáis con el libro, donde está toda la verdad de la vida actual concentrada en poco menos de 30 versos. No es que sea un poema que resuma la idea del libro, pero nos muestra la soledad real a la que estamos sometidos, la frialdad y la falsedad del mundo actual, tan rodeado de banalidades que nos parece básicas para vivir, cuando lo único que hacen es cerrarnos los ojos a la vida real.

        Se nos va esto de vivir

        en un abrir y cerrar de megas,

        pero a nadie le importa nadie

        que no sea trending topic.

        -Fragmento del poema Trending Topic.

        En definitiva, es un poema que recomiendo mucho, por cómo está escrito, por el lenguaje usado, que nos abre los ojos, por la añoranza que muestra y la realidad que plasma, verso tras verso, sin tapujos. Poemas de verso libre que se abren mostrando la percepción del mundo de la madurez; la resignación, la falta de esperanza y el pensar que si seguimos aquí es porque seguimos latiendo, a pesar de todo.

        La vida continua -nuevamente-

        entre el cielo y el barro.

        -Fragmento del poema Extinguirnos

        Pedro Antonio Sánchez es natural de Madrid (1977), suele publicar poemas en la web Letras &Poesía, e incluso ha sido parte de alguna de sus antologías. Latir a pesar de todo es su primer poemario y, mucho me temo, no será el último.

      4. «La larga noche de las jaurías» de Mariela Cordero (Nautilus Ediciones, 2023)

        «La larga noche de las jaurías» de Mariela Cordero (Nautilus Ediciones, 2023)

        Crónicas del Olvido

        LA LARGA NOCHE DE LAS JAURÍAS, DE MARIELA CORDERO

        **Alberto Hernández**

        1.-

        ¿Cuántas imágenes capacitan al lector a ser parte de aquella noche inicial, la que jamás será desprendida del origen, mientras otras sombras se combinan para ser ruidos, aullidos, soplo de sables, disparo o cuchillada? ¿Cuántas cicatrices cabalgan los versos que leemos mientras la realidad sucumbe y se hace añicos contra nuestros sueños? ¿En qué país o pesadilla se fecunda la sangre olvidada por quienes madrugan bajo el silencio o se revisten de arrogancias mientras las calles o las arterias del cuerpo son recorridas por las hienas del poder o por la fantasmagoría de logaritmos ideológicos?

        La poesía –ese asunto que muchas veces comulga con lo indeseable, porque ella es capaz de todo- se abre como una granada y estalla en la cara de los versificadores de escritorio, los que se remedan ante el espejo y pasan de largo mientras el espacio que ocupan se borra ante la fuerza de la brutalidad. La noche, entonces, es la proveedora de un geometría que culmina en un círculo vicioso: la sangre, la muerte, los últimos versos de cada discurso o la prominencia del golpe que recibe el rostro, el golpe adecuado según como se ha aprendido a abrir heridas e imaginar cicatrices.

        Los perros de la nocturnidad saben que serán parte de un poema. La jauría hará fila para el cuestionario, para el recuento de imágenes que cabalgarán la estructura del poema. La noche y su cuerpo hecho cuerpo en el humano recorrer de quien es víctima propiciatoria. Seguramente, eso no lo dice el poema, pero su trasunto enarbola la simbología, abre la granada para que explote con todas sus variantes dolorosas.

        Y si de la noche venimos y hacia ella vamos, como afirma Gerbasi en su universo poético, vale decir que la noche, la sombra de esa noche, hecha plural en la boca que aúlla, se hace jauría y arremete contra quien revela su desacomodo y se rebela contra su distópica algarabía bestial.

        La poesía, desvestida como debe andar, nos habla desde esa noche, la que Mariela Cordero nos arrima con sus adjetivos y su fuerza verbal. Digamos que estamos frente a una poética del desgarro, del dolor y de unos amores que se devuelven, que forman parte de esa larga y espesa huida de la jauría y sus noches. 

        2.-

        Don Alfonso Reyes, en La experiencia literaria, afirma que “Hay categorías de la lectura”, y cita a Heine y a Sor Juan Inés de la Cruz para sustentar que bien vale saber entrar en ésta, la lectura, para poderla decir en voz alta, como hacía el primero de los citados con Don Quijote de la Mancha, y la segunda, quien se quejaba de no tener más compañeros que el tintero y la pluma para escribir, para decir del mundo. En este sentido, una poesía que se formula como un deslave, ésta que nos entrega Mariela Cordero, precisa de una lectura en voz alta para que se oiga más que el aullido de la jauría, y que se haga de las herramientas para crear una poética que habrá de descubrir la sombra nocturna y revelarla a los lectores, quienes seguramente también son víctimas de esos peligrosos personajes que ambulan por las noches en búsqueda de heridas y sangre, los que han hecho de un país desolación y “flor difusa”.

        La lectura nos conduce por los “signos heredados” de la destrucción. Y de seguidas: “Seguiste el curso de las jaurías, Ahora/ no tienes nombre”. Esa segunda persona alude directamente a quien entra en el texto, a quien lo resume en su yo, que se hace plural en la desaparición de quien antes era un sujeto conocido, nombrado. El proceso de destrucción es perfecto, bien pensado, por eso “Sólo amas el círculo” hasta sentir que “Un cuerpo/ es ardor/ para morir”.

        He aquí la puesta en escena de la lectura en voz alta: quien enfrenta a la jauría sabe hacerlo, grita, también aúlla, se relame las heridas, y cree que “Los cazadores son engullidos/ por un brutal océano/ esplendente/ que los deja ciegos”. Sería, para consuelo, la derrota de quienes se han convertido en esos lobos que obedecen las órdenes de un poder oscuro, nocturnal. 

        Dice la voz de la poeta: “y fue tarde cuando descubrimos/ que también estábamos heridos de muerte”.

        Ya no es una segunda persona del singular, una sola persona: ahora es un plural que se abre como país en medio de tantos yos acosados. Desde esa perspectiva quien vive en el poema siente “la desquiciada praxis/ de pesar las almas”. 

        3.-

        Leo este poemario como un relato. Leo el relato de este poema que al ser convertido en uno vierte toda su fuerza en un tema: la muerte, la que aparece cuando la jauría hace de la noche su festín. No obstante, quien habla desde el texto afirma: “aspiras (a) gozar la definitiva e íntima desgarradura: // amar”. Amar duele, sobre todo si se ama en medio de un aullido. O en ausencia. 

        Una metáfora destaca en medio del bullicio y los gases:

        “El ligero roce de alas del colibrí

        se transforma

        en brutal

        tacto de relámpagos”.

        Insiste la voz: “…busca el dolor incrustado/ el brillo férreo/ de amar/ Ser herida”.

        (…) Ser gota, lluvia, diluvio”, mientras el cuerpo, todo, se disuelve. 

        De allí: “…un presagio// astillado/ de certeza”.

        4.-

        La imagen del otro: ser el otro en él mismo, su reflejo. Tesis que la transfiguración. En el poema ´Morir es cambiar´ esta idea frecuenta el poema: la otredad frente a las fisuras de la realidad. Y un sentimiento que sólo era referencia: la vergüenza aún/ no existía”, mientras ahora “sangran lo recuerdos” y se muestran “la arruga y la cicatriz (…) como quien se entrega/ a la muerte”.

        En el poema “El país y la sangre” la autora se abre más al tema:

        “Todo fue sangre (…) el tacto es sólo vehículo/ para la herida/ y el cuerpo/ es el recinto de los temblores (…) el aullido de libertad/ mudó en lamento/ y las risas se convirtieron en tumbas (…) Todo fue sangre en el país que amas”. 

        El poema, su materia, es la misma realidad que se relata. La poesía se asigna una responsabilidad: es una suerte de salvoconducto, de pasaporte para indagar en el territorio invadido, en el país donde la noche es el punto de arribo de la jauría: la noche es sólo una metáfora. No hay horario para esa noche. La sombra siempre está bajo el sol. 

        Pero aparece, nunca desaparece, la esperanza, esa suerte de muelle donde llegan los mensajes, los símbolos de otros designios: “La belleza/ sólo puede encenderla/ la pupila/ exacta (…) Nunca podrá ser devorada”. 

        Y un golpe cordial: “Tu amor es un festín/ irreductible/ en medio de la masacre”.

        5.-

        El comienzo, el amanecer de esa ´pupila exacta´: “El génesis/ revolotea/ sobre las ruinas…”, luego de la llegada de la jauría, de la larga noche de esa tiranía de lobos. 

        La voz de quien escribe se personaliza desde esa segunda persona cercana: “Tu cuerpo es un país lejano”. La metáfora confirma la ausencia, también la presencia de la desgracia, de la huida, de la diáspora, de la pérdida.

        Y por eso “Te derramabas como la lluvia”.

        Como cuerpo, como estigma público, la voz de la poesía se hace más personal: “Yo no habito un país, habito un cuerpo/ quebrado” por culpa de “la larga noche de las jaurías”.

        Ese génesis ya cantado, deviene apocalipsis, omega relatado desde un mapa destruido:

        “No retener nada, / lo vivo será lo muerto/ y nosotros sólo una pregunta/ esfumándose/ en el vacío (…) un país ensangrentado (…) sólo como que veas este cuerpo que soy…”.

        6.-

        Este libro/ desgarramiento de Mariela Cordero resultó finalista en el Premio Internacional de Poesía Aco Karamanov, en Macedonia, en el año 2022, y fue publicado por Ediciones Nautilus, España en el 2023, a través de la Colección Capitanas 7/10).

      5. ‘El pino’, de José Luis Regojo (Ondina ediciones, 2023)

        ‘El pino’, de José Luis Regojo (Ondina ediciones, 2023)

        Luisa Chico, J.L.Regojo y Rosa Galdona. Presentación de ‘El pino’ en Candelaria (Tenerife)

        Cuando uno termina de leer El pino, se da cuenta, incuestionablemente, de que ha leído Literatura. ¿Por qué?, pues porque deja en el lector un regusto a pensamiento vivo y atemporal, pronunciado en un discurso que cuelga unas palabras en los ojos del lector que destilan humanidad. Decía Unamuno que “el escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad”. Y eso sucede con El pino. Es una obra que sobrevuela todo el tiempo y de tal manera lo humano (“si no sabemos orientarnos solos, ¿por qué nos extraña ir perdidos por la vida?”, pág. 29), que atrapa a quien se acerca a sus páginas.

        El pino es “el periplo de un hombre bisiesto” (des)contando los últimos meses de docente hasta su inminente jubilación. En ese viaje narrativo y reflexivo grita contra injusticias como el machismo, la homofobia, la xenofobia, la explotación de la clase obrera, los nacionalismos empobrecedores y ciegos, la burocracia, (burda y antropófaga), la monarquía, al inmovilismo del individuo… hay tanto en El pino que parece mentira que quepa tanto contenido en 163 páginas.

        El maestro está en cada página. Está donde se cuestiona la esencia misma de su profesión con paradojas como “he dedicado una vida a pasar lista, para anotar solo el nombre de los ausentes, (pág. 98). Está donde la ironía arremete contra la Administración educativa: “¿Cómo marcará las horas extras de reuniones y correcciones? Será interesante ver cómo lo gestiona el responsable del Departamento de Educación que tuvo la idea del reloj, debe haberse entrenado a fondo para llegar a ser tan inútil.” (Pág. 34). Está también, y quizá, sobre todo, en el educador empecinado en enseñar a su alumnado a ser crítico (“gracias por hacernos pensar”, pág. 148).

        Pero eso no es todo. Además, el narrador se divierte (eso se nota) amasando su discurso entre la ternura, el humor (que se lo pregunten, si no, a Agapito), la reflexión filosófica, la pasión, la admiración por lo cotidiano o lo efímero, el amor por la sencillez o la naturaleza, y todo ello con una prosa rica y fluida que, en ocasiones, en muchas ocasiones, es poética. El narrador habla siempre en primera persona. Nos cuenta su experiencia mientras el reloj de su vida laboral acelera hacia el final. No nos importa si lo que narra es verdad o verosímil. No buscamos al José Luis biógrafo, sino al orador. Al cronista de sucesos, de miedos y de sueños y de manías y de frustraciones que nos refleja, cual espejo, la vida de cada uno de nosotros en sus palabras.

        J.L.Regojo y Rosa Galdona

        Ahí, junto al pino, observo la naturaleza y reflexiono. Hoy, por ejemplo, al ver las golondrinas primaverales revolotear, he pensado en nuestra nula capacidad de volar debido, quizá, a que siempre nos están cortando las alas, cuando no nos las cortamos nosotros mismos. (Pág. 19).

        El pino protagonista es la imagen y el trasunto de la sencillez, de la naturaleza más esencial y austera, más auténtica. Por eso propicia el pensamiento y la reflexión del hombre sentado a su abrigo. Algo pasa cuando hombre y árbol, árbol y hombre se despiden tras el último día de clase. Y eso hará al lector reflexionar sobre aquello que de verdad incumbe al ser humano:

        Cuando acabamos de leer El pino, nos quedamos con la sensación de que el narrador era nuestro amigo y de que la conversación ha terminado: hablamos de activismo político, de un Sistema todopoderoso y alienante que nos lleva al precipicio; y hemos estado de acuerdo en una visión del amor que no tiene edad, pero sí perennes aderezos eróticos que nos hacen sentir vivos. Nos hemos hecho admiradores sibaritas de los pequeños detalles de la vida, el narrador de El pino y yo (“la mejor edad es la que tengo ahora”, pág. 14). Acérquese el lector a El pino y pruebe la experiencia.

        El pino se puede conseguir en este enlace.

      6. RETAHÍLA, de Maigualida Pérez

        RETAHÍLA, de Maigualida Pérez

        Maigualida Pérez (Caracas- Venezuela 1960) Poeta, Narradora, Productora Radial, Promotora de Lectura para el Gabinete de Cultura- Yaracuy. Pertenece al Sistema Nacional de Cultura Popular (SNCP). Su trabajo ha sido publicado, entre otros, por el Taller Experimental de Literatura (TEL), Revista Vamos a Leer (convenio Venezuela-México).

        Libros Publicados:

        Declaraciones (Editorial El Perro y la rana 2009), Cuadernos Promocionales- Poesía (Casa del Poeta Peruano 2013), Confesiones- Poesía (SurEditores 2014), Ocaso-Poesía-Digital (SurEditores 2015) Cuento Circulares-Narrativa (Editorial Giraluna 2016), Hojas Sueltas-Poesía (Editorial Giraluna 2016), Rondas para Paula Poesía Infantil (Editorial Giraluna 2017), Retahíla (Editorial el perro y la rana 2018), Nirgua… Tierra de Magia (Editorial El perro y la rana 2019). Postulada al Premio Nacional de Cultura 2014 y 2018.

        Explica Maigualida Pérez que “RETAHILA “ nace para hilvanar la multiplicidad de voces contentivas de todos los elementos a explorar en diversos ámbitos del existir, donde se pone de manifiesto, no solo lo creativo sino –también- lo político.

        Según sus propias palabras: «En éste trabajo me enfoco en ir más a fondo en el CONTRAPUNTO  en un  lenguaje sencillo y diáfano. Los matices que derivan del mismo, la independencia de sus voces, la identidad que alcanza cada cual, como se completan, se necesitan y se vinculan…»

        Expresa el portal de la Editorial El perro y La Rana, del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, que “los versos escritos de Maigualida, son una forma de demostrar el amor, el sentimiento y sobre todo la ternura, que con sus pensamientos nos regala estas hermosas poesías”

        El libro digital de la Colección hecho en casa, de la serie poesía, en unas 96 páginas contiene 34 Manifiestos, con entrada de Mariela Lugo, presidenta de la Asociación de Poetas y Escritores de Yaritagua. Aquí, más.

        RETAHÍLA  VII   

        Quisiera extraviarme en una calle desconocida

        desconocida ella, desconocida yo…

        Quisiera volver a ser óvulo y esperma… 

        Quisiera tomar la mano de Hesse, de Lorca 

        Gallegos y Márquez. 

                                                                                 Frontera de mi sombra…

        Que mis cenizas las lleve el temporal

        desde El Picacho hasta donde alcance

        la serpentina arrolladora

        del invierno a destiempo

        y que en la tarde vaporosa

        deje la estela sonora en el territorio 

        oculto y profundo. 

                                                                                Frenesí solitario entre recuerdos…

        Extraviada en el camino

        me desplazo en círculos

        persiguiendo el aroma perdido

        en la humedad de mi memoria 

        y mis pensamientos de sal constituidos

        en adicción primitiva 

        que promueve revoluciones… 

                                                                                  Material Estelar…

      7. LA MÚSICA CALLADA, LA SOLEDAD SONORA

        LA MÚSICA CALLADA, LA SOLEDAD SONORA

        LA MÚSICA CALLADA, LA SOLEDAD SONORA: La poesía de lo inefable de Luís Gilberto Caraballo, libro publicado por Grupo Ígneo, junio 2023. 

        La reciente publicación del libro, La Música Callada, La Soledad Sonora: la poesía de lo inefable de Luís Gilberto Caraballo de Diana   Guemárez Cruz, catedrática jubilada, de la Universidad de Montclair State de New Jersey (USA), poeta y crítica literaria, es una reflexión profunda sobre el poeta, narrador y pintor venezolano, Luís Gilberto Caraballo. Desde el principio  la autora ha captado totalmente mi interés con un estilo literario ameno y su encomiable capacidad didáctica, propia de una profesora experimentada.

        Con estos recursos,  el lector se puede ilustrar de la extensa obra poética  de una de las voces más relevantes de Venezuela: Luís Gilberto Carballo (1962). La autora de este monográfico, Diana Guemárez Cruz, no se detiene solamente a aportarnos su valoración crítica sobre la obra poética del poeta, sino que se hace eco de la universalidad de sus versos y, al mismo tiempo, de su amplio reconocimiento nacional e internacional como lo evidencian los múltiples reconocimientos y premios entre los que a modo de ejemplo destacamos: Premio Internacional de Poesía en Soau Paulo (2004) y el máximo galardón  del Premio Mundial de Poetas en los Ángeles en EE.UU (2005). Al mismo tiempo, este estudio, nos aporta un gran número de referencias de críticos y estudiosos de reconocido prestigio en el campo de la crítica literaria como Antonio Miranda,  Mery Sananes, M. Eugenia Caserio etc.  Así pues, partiendo de estas premisas, entendemos la dimensión Universal de la obra literaria del poeta Luís Gilberto Carballo. 

        Diana Guemárez Cruz,  con su experimentada mente crítica, analiza en detalle aquellos primeros poemarios donde el motivo del viaje es el hilo conductor  como Encuentro con el Sur (2007), que es memoria de sus viajes a Chile y a Argentina. En estos versos, el poeta plasma auténticas huellas autobiográficas que  reflejan, al igual que espejos, sus preocupaciones existenciales.  Es lógico que en sus versos bailen al ritmo del tango después de la visita a estos lugares. Tal es la capacidad de análisis de Guemárez Cruz que se esfuerza en visualizar y estudiar todos aquellos paisajes descritos por el poeta,  desde el punto de vista humano. 

        En el poemario, Es tiempo de volver; destellos de un regreso, escrito en 2006 y publicado en 2021, la pequeña ciudad de  Loja, Ecuador, es el espacio que se recrea. Guemárez Cruz destaca el aspecto humano de sus versos al hacer referencia a la figura del niño o los niños, desde la realidad del presente y la de un futuro incierto aún por descubrir. A modo de ejemplo, la estudiosa  hace referencia al poema: El verbo en sus ojos, la nostalgia que siente el poeta al describir a los niños. El oído sin fin es otro de los poemas donde el poeta no encuentra respuestas: 

        Alguien me pregunta adónde vas

        Y nadie sabe

        no hay voz…

        En “Quise”, Diana Guemárez Cruz subraya la enérgica interrelación entre el paisaje y el poeta. Tema  que se repite a lo largo de la extensa obra poética de Caraballo.  A su vez, la autora destaca aquellos símbolos que caracterizan y surgen también a lo largo de su obra como el mar,  los sueños, el viaje, el reflejo inspirador de la naturaleza, el tren, el templo o la morada. Todos ellos desde una perspectiva humana, trascendental y  universal, es decir, busca una realidad inmanente y trascendente. Es evidente, según se desprende del estudio de esta profesora, que el poeta busca el sentido de la vida como un presente eterno y para ello prescinde  de los relojes y los números que los fragmentan. En todos ellos el poeta está obsesionado en entender el origen de la vida, la eternidad y nuestro lugar en el mundo. 

        La obra poética de Caraballo trasciende los personajes  y paisajes concretos vividos a los paisajes soñados como se refleja en Moradas y Templos (2004) y El árbol de las casas vacías (2006). En estos poemas, en opinión de la profesora, los templos son los símbolos que el poeta utiliza para expresar su morada interior y esto es parte del misticismo que Guemárez Cruz ve en la poesía de Caraballo.  

        La profesora Guemárez Cruz estudia los pormenores literarios atribuidos a los espacios concretos y soñados como se pueden apreciar en: Moradas y Templos (2004) y El árbol de las casas vacías (2006). En estos las moradas y templos son los símbolos que el poeta utiliza para expresar su hogar. En ellos resalta el sentimiento del ser o de los seres humanos. 

        El  espacio soñado, no todo es real. Al igual que: En los caminos  y el Mar infinito   el poeta se embarca en un viaje imaginario a través de cronos. En esos viajes, el poeta busca otros lugares, otras utopías y culturas que no sean occidentales. Es indudable que el poeta busca una realidad infinita y trascendente. En realidad, según  la crítica, busca un presente y un mundo eterno sin fronteras. Es inevitable nos puntualiza la autora que al ser un poeta autodidacta recurre a aquellos poetas que le suministran los conocimientos apropiados para su creación, entre otros, destaca poetas del nivel de  Octacio Paz Arthur Rimbaud, André Breton, Luis Cernuda, Federico García Lorca  etc

        La Gruta del Ávila (2020) es un poemario extenso  que lo define como un viaje a lo más íntimo y profundo del ser humano: su corazón. El hi Ávila es un parque nacional en Caracas que el poeta puede visualizar desde su casa. Y es un texto híbrido entre prosa y verso. Nuevamente el poeta vuelve a los temas que más le preocupan como la vida, la muerte, el tiempo, la oquedad, la naturaleza, la lluvia, el viento. En la segunda parte, el poeta mantiene unos diálogos con autores que son de su agrado como André Breton, Olga Orzoco, José Antonio Ramos, Federico García Lorca, Luís Cernuda, Watt Whitman, entre otros. Nos recuerda el mundo platónico de las cavernas donde ven sombras que no son reales, dialoga con ellas en busca la verdad.  A su vez, nos lleva por paisajes realistas y surrealistas. No se olvida en este libro recordarnos sus símbolos como el mar, no solo la lengua sino el lenguaje, la calma, la muerte, el reloj implacable del paso del tiempo. Además la Gruta del Ávila es el espejo donde se refleja su interés en buscar su realidad existencial. 

        También se detiene  a darnos un estudio generoso sobre la poesía breve, es decir el epigrama o aforismo que el poeta Caraballo cultiva en textos  como   Arpa  Invisible, “Neblinas del sueño”  o “Temblores de piel”.  En ellos se detiene nuevamente al sueño como reflejo de la realidad. El Arpa como la musicalidad invisible en la naturaleza.  De hecho es un libro de aforismos que busca esos símbolos que impregnan su obra literaria. Y no olvida el libro, “Iluminaciones de un lienzo”, libro homenaje a la figura inmensa del pintor venezolano, Armando Reveron. 

        A través de su  libro, Guemarez Cruz ve la poesía Caraballo como una de gran reflexión en el lenguaje, y la lengua. Como el lenguaje racional le parece insuficiente para hablar de lo trascendente, el poeta desdobla el lenguaje y lo convierte en un universo simbólico nuevo. Cada signo tendrá múltiples significados en un afán de ensanchar la lengua y convertirla en una flexible que le permita acceder a lo inasible. Tal como San Juan de la Cruz hizo en el siglo XVI. Y en este sentido ella puede distinguir símbolos místicos y religiosos del poeta, aparte de las moradas y templos: la  llama, la noche, las lámparas, las aves,  incluso la música y el baile. 

        Para concluir, la profesora Guemarez Cruz, nos define la obra poética de  Caraballo como una poesía flexible, ágil y no está condicionada a temas concretos, sino que muestra una gran generosidad temática. Además,  es sensible a cualquier tema humano y enfatiza, que el motivo  del viaje en Caraballo, es un motivo de búsqueda de lo transcendental. Insiste, la autora que a pesar de las lecturas de grandes poetas a los que hemos hecho referencias anteriormente,  la poesía de Caraballo  es de gran originalidad creativa y ante todo es un poeta que nos hace reflexionar. Para finalizar,  subraya que para el poeta, la poesía puede ser un transitar doloroso centrado en la vida. 

      8. EXs, 50 escalones hacia el olvido, de Luisa Chico

        EXs, 50 escalones hacia el olvido, de Luisa Chico

        En el silencio de la madrugada

        Me derramo irremediablemente.

        Estas palabras de Luisa Chico, incluidas en el poemario Exs, 50 escalones hacia el olvido representan, acaso, un paradigma del conjunto del libro; porque de silencio omnipresente, de madrugadas solitarias, de fatalidades vestidas de pérdida y de llantos derramados está impregnada hasta la médula de la última letra esta obra de Luisa. La escritora brinda en estas páginas el regalo de la conciliación desde la ausencia a los hombres que han significado algo importante en su vida. Sus palabras son un canto cadente de concordia para aquellos que escribieron pasión y vida en sus días. Y también lo son para ella misma, puesto que verbalizar su dolor, su sentir de pérdida, de engaño, de añoranza o de ocasos del corazón la eleva a un estado de bienestar que solo alcanzan los espíritus en calma.

        Leer a Luisa Chico hoy es escuchar una voz reposada que mira atrás desde el sosiego que recuerda con afecto y alguna lágrima díscola las andanzas vitales en las que el amor la hizo vibrar de pasión. No es común este ejercicio. Cantar en primera persona aquello que te ha dejado vacío o abandonado es propio solo de almas libres, libres de pensamiento, libres de acción y sobre todo libres de rencor. Hacer las paces con el pasado, por muy aciago que haya sido, puede ser una gran lección de vida y este libro nos lo ofrece danzando en una métrica a veces con olor a romance popular y otras con un verso libre y anárquico que pretende romper fondos y formas. El léxico preciso y lúcido se mueve por expresiones apelativas llenas de incertidumbre, decepción o añoranza. Es su manera de leerse a sí misma en la memoria y escribirse poniendo sin miedo el dedo en la llaga, su llaga. Y nada de esto es casual, es todo absolutamente deliberado porque lo que ella quiere es esculpir un punto y final lírico a un tramo de su trayectoria vital que se le antoja necesario cerrar. 

        Los versos de Exs, 50 escalones hacia el olvido manan serenos entre efluvios de amores pasionales (“eres el único ser que hace que mi diapasón vibre hasta el infinito y más allá”), y maguas incurables (“yo te pienso envuelta en esta tristeza en la que me dejan tus recuerdos cuando no consigo desprenderme de ellos”). Los escalones hacia el olvido que la poeta traza en estas líneas no dejan indiferente a nadie. Sus versos gritan como gargantas desgarradas que buscan por un lado el sonido del portazo a un pasado que duele y por otro el abrazo afable de un adiós sin dramas. Toda una lección de sinceridad, sentimiento a toda vela y cordialidad sin ambages la de Luisa chico en estas páginas. Una hoja de ruta envidiable para cualquiera de nosotros, una ventana abierta a la paz con ella misma y con el mundo en la que ahora podemos entrar. Pasen y lean.

        Luisa Chico, nacida en Santa Cruz de Tenerife, es una escritora, etnógrafa, folclorista y gestora cultural de largo recorrido. Fundadora de Acte Canarias (Asociación Canaria de Escritores/as) en 2018, donde ejerció como presidenta hasta el año 2020. En la actualidad es Presidenta-fundadora de Tamasma Cultural, asociación cultural y literaria canaria.

        Si vives en Gran Canaria puedes asistir a la presentación de su libro el 24 en Las Palmas y el 25 en Arucas. Más información aquí:

      9. La estela de la noche, de Genaro Martín Arroyo (Ed. ExLibric, 2022)

        La estela de la noche, de Genaro Martín Arroyo (Ed. ExLibric, 2022)

        La Estela de la noche es un libro que recoge, en forma de diario, los días que se vivieron bajo la pandemia del coronavirus. Entremezclando prosa y poesía, el autor hace un trabajo introspectivo hacia la vida, las creencias, el amor, las persones y la muerte, tan presente en esos días que a nadie dejaron indiferente.

        Se trata de un libro escrito con un lenguaje muy cercano, cosa que crea un lazo de empatía entre autor y lector, además de tratar sobre una época que todos vivimos, que todos sufrimos, y en la que todos buscamos la manera de mejorar, por dentro y por fuera.

        El libro está formado por ocho partes siendo la primera Diario de un retiro en tiempos de pandemia.

        Escritos en prosa en forma de diario, intercalando también algún poema, es una parte introspectiva de reflexión. El autor vive esta etapa de retiro analizando, quizás sin esa pura intención, sentimientos y emociones derivadas de esta época de aislamiento. Se suceden los pequeños detalles a los que quizás, en vida normal, no pararíamos atención a la vez que recuerda a personas que han sufrido las peores consecuencias de esta pandemia: fallecidos, personas que perdieron su negocio y, por extensión, su vida habitual, sin olvidar el homenaje a las personas, especialmente de ámbito sanitario, que lucharon para salvar el mayor número de vidas posible, exponiendo la suya propia.

        Una parte íntima, escrita con el corazón, y en la que no falta la presencia reiterada de Dios, como apoyo y ayuda a la hora de superar estos días tan oscuros.

        La segunda parte, Poesía del alma enamorada, recoge una serie de escritos y poemas recopilados del blog del autor, La estela de la noche. Son escritos de temática diversa, con el denominador común del sentimiento. En todos ellos el autor deja el alma de manera emotiva, hasta conseguir emocionar al lector. Siguen presentes los pequeños detalles, un río, una escoba, un árbol… cosas pequeñas que parecen sin importancia pero que en las manos de Genaro se convierten en todo un símbolo de la vida. Como si fueran las raíces que sustentan todo lo que hay encima, el amor, la vida en sí.

        La tercera parte, Antología de la estela de la noche, según indica el autor, podría ser la continuación de Desde el corazón siento, su anterior obra publicada hace alrededor de un año. Una parte llena de escritos tiernos, sonrisas, poesía, amor y sentimiento. Los buenos deseos del autor, las ganas de que el mundo sea feliz y el querer aportar su granito de arena, el amar sin condiciones, y escribir este amor para regalarlo.

        En esta parte encontramos también una serie de “cuentecitos con moraleja”, en palabras del propio autor. Pequeños textos que dejan una pequeña enseñanza o moraleja al final, que se intercalan con otros textos más personales.

        También se incluyen aquí unos textos dedicados a su Granada natal, homenaje a la belleza de una tierra y su inigualable Alhambra, que marcan la importancia y la fuerza de las raíces, que nunca se olvidan.

        La estela de la noche, de Genaro Martín Arroyo

        A continuación, nos encontramos con la cuarta parte del libro, Oraciones, textos de temática religiosa, pequeñas plegarias donde se condensa la esperanza, la bondad, a lealtad, pero también tiene cabida las emociones, podríamos decir, más tristes, la pérdida, la ausencia, el recuerdo. Ciertamente, encontramos algunos textos ligeramente oscuros, pero no por eso faltos de verdad; son escritos muy puros que parten de un corazón y un sentimiento sincero.

        La quinta parte, En el silencio de la noche, dos textos, La cruz compartida y Las piedras, constituyen esta parte del libro en la que reina la tierra, Dios, la creencia. Un diálogo con Dios se convierte en una reflexión sobre la realidad del “peso” que muchos llevamos en vida, una especie de lección que viene a decirnos que no estamos tan mal, que a menudo el ser humano tiene tendencia a quejarse sin un verdadero motivo, y que hay que estar agradecido, porque vivimos, porque estamos.

        La sexta parte recoge algunos escritos publicados en el blog del autor Poesía del alma enamorada, bajo el título de Poesía eres tú, el cual nos trae a la mente inevitablemente, la poesía de Bécquer. Textos extremadamente sentimentales, un despliegue de emoción hacia las flores, Santa Gema, o una vez más la querida Alhambra. Son textos que parten de la pureza y el amor hacia las cosas sencillas. Entreveo cierta esperanza de que las cosas mejoren y cambien, puesto que el amor puede mover montañas, dicen, pero en el precioso poema final, La noche va llegando, hallamos un asomo de respuesta:

        No, el mundo que gira en mi interior,

        que parecía, pero no, no cambia.

        Todo marcha igual.

        Y así llegamos a la séptima parte de libro, Cartas. Textos que se me antojan ligeramente tristes y heridos, pero una vez más intuyo cierta entrega y mucho sentimiento sin condiciones.

        La octava parte y última la forman textos íntimos y delicados, como Lucho, Lucho, el cual adjunta también una fotografía, donde nos habla de su perrito, un texto de una emotividad y un amor sin límites que toca el alma, así como El gato Félix, donde se nos habla del gatito que también partió, con su maleta vacía. Textos, como digo, extremadamente emotivos y cuidados.

        En definitiva, se trata de un libro de temática variada, pero con el amor y el sentimiento como denominador común. Un libro puro, escrito a corazón abierto, que ayuda a canalizar y sobrellevar las emociones de la vida.

        Genaro Martín Arroyo nació en Granada, y ha sido parte en diversos foros y páginas de poesía. Abogado en el ámbito profesional, espera, en sus propias palabras, tejer el futuro escribiendo. La Tiene publicado con anterioridad Desde el corazón siento, que vio la luz hace alrededor de un año. La estela de la noche es su segunda obra publicada.