Reseñas

  • «La larga noche de las jaurías» de Mariela Cordero (Nautilus Ediciones, 2023)

    «La larga noche de las jaurías» de Mariela Cordero (Nautilus Ediciones, 2023)

    Crónicas del Olvido

    LA LARGA NOCHE DE LAS JAURÍAS, DE MARIELA CORDERO

    **Alberto Hernández**

    1.-

    ¿Cuántas imágenes capacitan al lector a ser parte de aquella noche inicial, la que jamás será desprendida del origen, mientras otras sombras se combinan para ser ruidos, aullidos, soplo de sables, disparo o cuchillada? ¿Cuántas cicatrices cabalgan los versos que leemos mientras la realidad sucumbe y se hace añicos contra nuestros sueños? ¿En qué país o pesadilla se fecunda la sangre olvidada por quienes madrugan bajo el silencio o se revisten de arrogancias mientras las calles o las arterias del cuerpo son recorridas por las hienas del poder o por la fantasmagoría de logaritmos ideológicos?

    La poesía –ese asunto que muchas veces comulga con lo indeseable, porque ella es capaz de todo- se abre como una granada y estalla en la cara de los versificadores de escritorio, los que se remedan ante el espejo y pasan de largo mientras el espacio que ocupan se borra ante la fuerza de la brutalidad. La noche, entonces, es la proveedora de un geometría que culmina en un círculo vicioso: la sangre, la muerte, los últimos versos de cada discurso o la prominencia del golpe que recibe el rostro, el golpe adecuado según como se ha aprendido a abrir heridas e imaginar cicatrices.

    Los perros de la nocturnidad saben que serán parte de un poema. La jauría hará fila para el cuestionario, para el recuento de imágenes que cabalgarán la estructura del poema. La noche y su cuerpo hecho cuerpo en el humano recorrer de quien es víctima propiciatoria. Seguramente, eso no lo dice el poema, pero su trasunto enarbola la simbología, abre la granada para que explote con todas sus variantes dolorosas.

    Y si de la noche venimos y hacia ella vamos, como afirma Gerbasi en su universo poético, vale decir que la noche, la sombra de esa noche, hecha plural en la boca que aúlla, se hace jauría y arremete contra quien revela su desacomodo y se rebela contra su distópica algarabía bestial.

    La poesía, desvestida como debe andar, nos habla desde esa noche, la que Mariela Cordero nos arrima con sus adjetivos y su fuerza verbal. Digamos que estamos frente a una poética del desgarro, del dolor y de unos amores que se devuelven, que forman parte de esa larga y espesa huida de la jauría y sus noches. 

    2.-

    Don Alfonso Reyes, en La experiencia literaria, afirma que “Hay categorías de la lectura”, y cita a Heine y a Sor Juan Inés de la Cruz para sustentar que bien vale saber entrar en ésta, la lectura, para poderla decir en voz alta, como hacía el primero de los citados con Don Quijote de la Mancha, y la segunda, quien se quejaba de no tener más compañeros que el tintero y la pluma para escribir, para decir del mundo. En este sentido, una poesía que se formula como un deslave, ésta que nos entrega Mariela Cordero, precisa de una lectura en voz alta para que se oiga más que el aullido de la jauría, y que se haga de las herramientas para crear una poética que habrá de descubrir la sombra nocturna y revelarla a los lectores, quienes seguramente también son víctimas de esos peligrosos personajes que ambulan por las noches en búsqueda de heridas y sangre, los que han hecho de un país desolación y “flor difusa”.

    La lectura nos conduce por los “signos heredados” de la destrucción. Y de seguidas: “Seguiste el curso de las jaurías, Ahora/ no tienes nombre”. Esa segunda persona alude directamente a quien entra en el texto, a quien lo resume en su yo, que se hace plural en la desaparición de quien antes era un sujeto conocido, nombrado. El proceso de destrucción es perfecto, bien pensado, por eso “Sólo amas el círculo” hasta sentir que “Un cuerpo/ es ardor/ para morir”.

    He aquí la puesta en escena de la lectura en voz alta: quien enfrenta a la jauría sabe hacerlo, grita, también aúlla, se relame las heridas, y cree que “Los cazadores son engullidos/ por un brutal océano/ esplendente/ que los deja ciegos”. Sería, para consuelo, la derrota de quienes se han convertido en esos lobos que obedecen las órdenes de un poder oscuro, nocturnal. 

    Dice la voz de la poeta: “y fue tarde cuando descubrimos/ que también estábamos heridos de muerte”.

    Ya no es una segunda persona del singular, una sola persona: ahora es un plural que se abre como país en medio de tantos yos acosados. Desde esa perspectiva quien vive en el poema siente “la desquiciada praxis/ de pesar las almas”. 

    3.-

    Leo este poemario como un relato. Leo el relato de este poema que al ser convertido en uno vierte toda su fuerza en un tema: la muerte, la que aparece cuando la jauría hace de la noche su festín. No obstante, quien habla desde el texto afirma: “aspiras (a) gozar la definitiva e íntima desgarradura: // amar”. Amar duele, sobre todo si se ama en medio de un aullido. O en ausencia. 

    Una metáfora destaca en medio del bullicio y los gases:

    “El ligero roce de alas del colibrí

    se transforma

    en brutal

    tacto de relámpagos”.

    Insiste la voz: “…busca el dolor incrustado/ el brillo férreo/ de amar/ Ser herida”.

    (…) Ser gota, lluvia, diluvio”, mientras el cuerpo, todo, se disuelve. 

    De allí: “…un presagio// astillado/ de certeza”.

    4.-

    La imagen del otro: ser el otro en él mismo, su reflejo. Tesis que la transfiguración. En el poema ´Morir es cambiar´ esta idea frecuenta el poema: la otredad frente a las fisuras de la realidad. Y un sentimiento que sólo era referencia: la vergüenza aún/ no existía”, mientras ahora “sangran lo recuerdos” y se muestran “la arruga y la cicatriz (…) como quien se entrega/ a la muerte”.

    En el poema “El país y la sangre” la autora se abre más al tema:

    “Todo fue sangre (…) el tacto es sólo vehículo/ para la herida/ y el cuerpo/ es el recinto de los temblores (…) el aullido de libertad/ mudó en lamento/ y las risas se convirtieron en tumbas (…) Todo fue sangre en el país que amas”. 

    El poema, su materia, es la misma realidad que se relata. La poesía se asigna una responsabilidad: es una suerte de salvoconducto, de pasaporte para indagar en el territorio invadido, en el país donde la noche es el punto de arribo de la jauría: la noche es sólo una metáfora. No hay horario para esa noche. La sombra siempre está bajo el sol. 

    Pero aparece, nunca desaparece, la esperanza, esa suerte de muelle donde llegan los mensajes, los símbolos de otros designios: “La belleza/ sólo puede encenderla/ la pupila/ exacta (…) Nunca podrá ser devorada”. 

    Y un golpe cordial: “Tu amor es un festín/ irreductible/ en medio de la masacre”.

    5.-

    El comienzo, el amanecer de esa ´pupila exacta´: “El génesis/ revolotea/ sobre las ruinas…”, luego de la llegada de la jauría, de la larga noche de esa tiranía de lobos. 

    La voz de quien escribe se personaliza desde esa segunda persona cercana: “Tu cuerpo es un país lejano”. La metáfora confirma la ausencia, también la presencia de la desgracia, de la huida, de la diáspora, de la pérdida.

    Y por eso “Te derramabas como la lluvia”.

    Como cuerpo, como estigma público, la voz de la poesía se hace más personal: “Yo no habito un país, habito un cuerpo/ quebrado” por culpa de “la larga noche de las jaurías”.

    Ese génesis ya cantado, deviene apocalipsis, omega relatado desde un mapa destruido:

    “No retener nada, / lo vivo será lo muerto/ y nosotros sólo una pregunta/ esfumándose/ en el vacío (…) un país ensangrentado (…) sólo como que veas este cuerpo que soy…”.

    6.-

    Este libro/ desgarramiento de Mariela Cordero resultó finalista en el Premio Internacional de Poesía Aco Karamanov, en Macedonia, en el año 2022, y fue publicado por Ediciones Nautilus, España en el 2023, a través de la Colección Capitanas 7/10).

  • ‘El pino’, de José Luis Regojo (Ondina ediciones, 2023)

    ‘El pino’, de José Luis Regojo (Ondina ediciones, 2023)

    Luisa Chico, J.L.Regojo y Rosa Galdona. Presentación de ‘El pino’ en Candelaria (Tenerife)

    Cuando uno termina de leer El pino, se da cuenta, incuestionablemente, de que ha leído Literatura. ¿Por qué?, pues porque deja en el lector un regusto a pensamiento vivo y atemporal, pronunciado en un discurso que cuelga unas palabras en los ojos del lector que destilan humanidad. Decía Unamuno que “el escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad”. Y eso sucede con El pino. Es una obra que sobrevuela todo el tiempo y de tal manera lo humano (“si no sabemos orientarnos solos, ¿por qué nos extraña ir perdidos por la vida?”, pág. 29), que atrapa a quien se acerca a sus páginas.

    El pino es “el periplo de un hombre bisiesto” (des)contando los últimos meses de docente hasta su inminente jubilación. En ese viaje narrativo y reflexivo grita contra injusticias como el machismo, la homofobia, la xenofobia, la explotación de la clase obrera, los nacionalismos empobrecedores y ciegos, la burocracia, (burda y antropófaga), la monarquía, al inmovilismo del individuo… hay tanto en El pino que parece mentira que quepa tanto contenido en 163 páginas.

    El maestro está en cada página. Está donde se cuestiona la esencia misma de su profesión con paradojas como “he dedicado una vida a pasar lista, para anotar solo el nombre de los ausentes, (pág. 98). Está donde la ironía arremete contra la Administración educativa: “¿Cómo marcará las horas extras de reuniones y correcciones? Será interesante ver cómo lo gestiona el responsable del Departamento de Educación que tuvo la idea del reloj, debe haberse entrenado a fondo para llegar a ser tan inútil.” (Pág. 34). Está también, y quizá, sobre todo, en el educador empecinado en enseñar a su alumnado a ser crítico (“gracias por hacernos pensar”, pág. 148).

    Pero eso no es todo. Además, el narrador se divierte (eso se nota) amasando su discurso entre la ternura, el humor (que se lo pregunten, si no, a Agapito), la reflexión filosófica, la pasión, la admiración por lo cotidiano o lo efímero, el amor por la sencillez o la naturaleza, y todo ello con una prosa rica y fluida que, en ocasiones, en muchas ocasiones, es poética. El narrador habla siempre en primera persona. Nos cuenta su experiencia mientras el reloj de su vida laboral acelera hacia el final. No nos importa si lo que narra es verdad o verosímil. No buscamos al José Luis biógrafo, sino al orador. Al cronista de sucesos, de miedos y de sueños y de manías y de frustraciones que nos refleja, cual espejo, la vida de cada uno de nosotros en sus palabras.

    J.L.Regojo y Rosa Galdona

    Ahí, junto al pino, observo la naturaleza y reflexiono. Hoy, por ejemplo, al ver las golondrinas primaverales revolotear, he pensado en nuestra nula capacidad de volar debido, quizá, a que siempre nos están cortando las alas, cuando no nos las cortamos nosotros mismos. (Pág. 19).

    El pino protagonista es la imagen y el trasunto de la sencillez, de la naturaleza más esencial y austera, más auténtica. Por eso propicia el pensamiento y la reflexión del hombre sentado a su abrigo. Algo pasa cuando hombre y árbol, árbol y hombre se despiden tras el último día de clase. Y eso hará al lector reflexionar sobre aquello que de verdad incumbe al ser humano:

    Cuando acabamos de leer El pino, nos quedamos con la sensación de que el narrador era nuestro amigo y de que la conversación ha terminado: hablamos de activismo político, de un Sistema todopoderoso y alienante que nos lleva al precipicio; y hemos estado de acuerdo en una visión del amor que no tiene edad, pero sí perennes aderezos eróticos que nos hacen sentir vivos. Nos hemos hecho admiradores sibaritas de los pequeños detalles de la vida, el narrador de El pino y yo (“la mejor edad es la que tengo ahora”, pág. 14). Acérquese el lector a El pino y pruebe la experiencia.

    El pino se puede conseguir en este enlace.

  • RETAHÍLA, de Maigualida Pérez

    RETAHÍLA, de Maigualida Pérez

    Maigualida Pérez (Caracas- Venezuela 1960) Poeta, Narradora, Productora Radial, Promotora de Lectura para el Gabinete de Cultura- Yaracuy. Pertenece al Sistema Nacional de Cultura Popular (SNCP). Su trabajo ha sido publicado, entre otros, por el Taller Experimental de Literatura (TEL), Revista Vamos a Leer (convenio Venezuela-México).

    Libros Publicados:

    Declaraciones (Editorial El Perro y la rana 2009), Cuadernos Promocionales- Poesía (Casa del Poeta Peruano 2013), Confesiones- Poesía (SurEditores 2014), Ocaso-Poesía-Digital (SurEditores 2015) Cuento Circulares-Narrativa (Editorial Giraluna 2016), Hojas Sueltas-Poesía (Editorial Giraluna 2016), Rondas para Paula Poesía Infantil (Editorial Giraluna 2017), Retahíla (Editorial el perro y la rana 2018), Nirgua… Tierra de Magia (Editorial El perro y la rana 2019). Postulada al Premio Nacional de Cultura 2014 y 2018.

    Explica Maigualida Pérez que “RETAHILA “ nace para hilvanar la multiplicidad de voces contentivas de todos los elementos a explorar en diversos ámbitos del existir, donde se pone de manifiesto, no solo lo creativo sino –también- lo político.

    Según sus propias palabras: «En éste trabajo me enfoco en ir más a fondo en el CONTRAPUNTO  en un  lenguaje sencillo y diáfano. Los matices que derivan del mismo, la independencia de sus voces, la identidad que alcanza cada cual, como se completan, se necesitan y se vinculan…»

    Expresa el portal de la Editorial El perro y La Rana, del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, que “los versos escritos de Maigualida, son una forma de demostrar el amor, el sentimiento y sobre todo la ternura, que con sus pensamientos nos regala estas hermosas poesías”

    El libro digital de la Colección hecho en casa, de la serie poesía, en unas 96 páginas contiene 34 Manifiestos, con entrada de Mariela Lugo, presidenta de la Asociación de Poetas y Escritores de Yaritagua. Aquí, más.

    RETAHÍLA  VII   

    Quisiera extraviarme en una calle desconocida

    desconocida ella, desconocida yo…

    Quisiera volver a ser óvulo y esperma… 

    Quisiera tomar la mano de Hesse, de Lorca 

    Gallegos y Márquez. 

                                                                             Frontera de mi sombra…

    Que mis cenizas las lleve el temporal

    desde El Picacho hasta donde alcance

    la serpentina arrolladora

    del invierno a destiempo

    y que en la tarde vaporosa

    deje la estela sonora en el territorio 

    oculto y profundo. 

                                                                            Frenesí solitario entre recuerdos…

    Extraviada en el camino

    me desplazo en círculos

    persiguiendo el aroma perdido

    en la humedad de mi memoria 

    y mis pensamientos de sal constituidos

    en adicción primitiva 

    que promueve revoluciones… 

                                                                              Material Estelar…

  • LA MÚSICA CALLADA, LA SOLEDAD SONORA

    LA MÚSICA CALLADA, LA SOLEDAD SONORA

    LA MÚSICA CALLADA, LA SOLEDAD SONORA: La poesía de lo inefable de Luís Gilberto Caraballo, libro publicado por Grupo Ígneo, junio 2023. 

    La reciente publicación del libro, La Música Callada, La Soledad Sonora: la poesía de lo inefable de Luís Gilberto Caraballo de Diana   Guemárez Cruz, catedrática jubilada, de la Universidad de Montclair State de New Jersey (USA), poeta y crítica literaria, es una reflexión profunda sobre el poeta, narrador y pintor venezolano, Luís Gilberto Caraballo. Desde el principio  la autora ha captado totalmente mi interés con un estilo literario ameno y su encomiable capacidad didáctica, propia de una profesora experimentada.

    Con estos recursos,  el lector se puede ilustrar de la extensa obra poética  de una de las voces más relevantes de Venezuela: Luís Gilberto Carballo (1962). La autora de este monográfico, Diana Guemárez Cruz, no se detiene solamente a aportarnos su valoración crítica sobre la obra poética del poeta, sino que se hace eco de la universalidad de sus versos y, al mismo tiempo, de su amplio reconocimiento nacional e internacional como lo evidencian los múltiples reconocimientos y premios entre los que a modo de ejemplo destacamos: Premio Internacional de Poesía en Soau Paulo (2004) y el máximo galardón  del Premio Mundial de Poetas en los Ángeles en EE.UU (2005). Al mismo tiempo, este estudio, nos aporta un gran número de referencias de críticos y estudiosos de reconocido prestigio en el campo de la crítica literaria como Antonio Miranda,  Mery Sananes, M. Eugenia Caserio etc.  Así pues, partiendo de estas premisas, entendemos la dimensión Universal de la obra literaria del poeta Luís Gilberto Carballo. 

    Diana Guemárez Cruz,  con su experimentada mente crítica, analiza en detalle aquellos primeros poemarios donde el motivo del viaje es el hilo conductor  como Encuentro con el Sur (2007), que es memoria de sus viajes a Chile y a Argentina. En estos versos, el poeta plasma auténticas huellas autobiográficas que  reflejan, al igual que espejos, sus preocupaciones existenciales.  Es lógico que en sus versos bailen al ritmo del tango después de la visita a estos lugares. Tal es la capacidad de análisis de Guemárez Cruz que se esfuerza en visualizar y estudiar todos aquellos paisajes descritos por el poeta,  desde el punto de vista humano. 

    En el poemario, Es tiempo de volver; destellos de un regreso, escrito en 2006 y publicado en 2021, la pequeña ciudad de  Loja, Ecuador, es el espacio que se recrea. Guemárez Cruz destaca el aspecto humano de sus versos al hacer referencia a la figura del niño o los niños, desde la realidad del presente y la de un futuro incierto aún por descubrir. A modo de ejemplo, la estudiosa  hace referencia al poema: El verbo en sus ojos, la nostalgia que siente el poeta al describir a los niños. El oído sin fin es otro de los poemas donde el poeta no encuentra respuestas: 

    Alguien me pregunta adónde vas

    Y nadie sabe

    no hay voz…

    En “Quise”, Diana Guemárez Cruz subraya la enérgica interrelación entre el paisaje y el poeta. Tema  que se repite a lo largo de la extensa obra poética de Caraballo.  A su vez, la autora destaca aquellos símbolos que caracterizan y surgen también a lo largo de su obra como el mar,  los sueños, el viaje, el reflejo inspirador de la naturaleza, el tren, el templo o la morada. Todos ellos desde una perspectiva humana, trascendental y  universal, es decir, busca una realidad inmanente y trascendente. Es evidente, según se desprende del estudio de esta profesora, que el poeta busca el sentido de la vida como un presente eterno y para ello prescinde  de los relojes y los números que los fragmentan. En todos ellos el poeta está obsesionado en entender el origen de la vida, la eternidad y nuestro lugar en el mundo. 

    La obra poética de Caraballo trasciende los personajes  y paisajes concretos vividos a los paisajes soñados como se refleja en Moradas y Templos (2004) y El árbol de las casas vacías (2006). En estos poemas, en opinión de la profesora, los templos son los símbolos que el poeta utiliza para expresar su morada interior y esto es parte del misticismo que Guemárez Cruz ve en la poesía de Caraballo.  

    La profesora Guemárez Cruz estudia los pormenores literarios atribuidos a los espacios concretos y soñados como se pueden apreciar en: Moradas y Templos (2004) y El árbol de las casas vacías (2006). En estos las moradas y templos son los símbolos que el poeta utiliza para expresar su hogar. En ellos resalta el sentimiento del ser o de los seres humanos. 

    El  espacio soñado, no todo es real. Al igual que: En los caminos  y el Mar infinito   el poeta se embarca en un viaje imaginario a través de cronos. En esos viajes, el poeta busca otros lugares, otras utopías y culturas que no sean occidentales. Es indudable que el poeta busca una realidad infinita y trascendente. En realidad, según  la crítica, busca un presente y un mundo eterno sin fronteras. Es inevitable nos puntualiza la autora que al ser un poeta autodidacta recurre a aquellos poetas que le suministran los conocimientos apropiados para su creación, entre otros, destaca poetas del nivel de  Octacio Paz Arthur Rimbaud, André Breton, Luis Cernuda, Federico García Lorca  etc

    La Gruta del Ávila (2020) es un poemario extenso  que lo define como un viaje a lo más íntimo y profundo del ser humano: su corazón. El hi Ávila es un parque nacional en Caracas que el poeta puede visualizar desde su casa. Y es un texto híbrido entre prosa y verso. Nuevamente el poeta vuelve a los temas que más le preocupan como la vida, la muerte, el tiempo, la oquedad, la naturaleza, la lluvia, el viento. En la segunda parte, el poeta mantiene unos diálogos con autores que son de su agrado como André Breton, Olga Orzoco, José Antonio Ramos, Federico García Lorca, Luís Cernuda, Watt Whitman, entre otros. Nos recuerda el mundo platónico de las cavernas donde ven sombras que no son reales, dialoga con ellas en busca la verdad.  A su vez, nos lleva por paisajes realistas y surrealistas. No se olvida en este libro recordarnos sus símbolos como el mar, no solo la lengua sino el lenguaje, la calma, la muerte, el reloj implacable del paso del tiempo. Además la Gruta del Ávila es el espejo donde se refleja su interés en buscar su realidad existencial. 

    También se detiene  a darnos un estudio generoso sobre la poesía breve, es decir el epigrama o aforismo que el poeta Caraballo cultiva en textos  como   Arpa  Invisible, “Neblinas del sueño”  o “Temblores de piel”.  En ellos se detiene nuevamente al sueño como reflejo de la realidad. El Arpa como la musicalidad invisible en la naturaleza.  De hecho es un libro de aforismos que busca esos símbolos que impregnan su obra literaria. Y no olvida el libro, “Iluminaciones de un lienzo”, libro homenaje a la figura inmensa del pintor venezolano, Armando Reveron. 

    A través de su  libro, Guemarez Cruz ve la poesía Caraballo como una de gran reflexión en el lenguaje, y la lengua. Como el lenguaje racional le parece insuficiente para hablar de lo trascendente, el poeta desdobla el lenguaje y lo convierte en un universo simbólico nuevo. Cada signo tendrá múltiples significados en un afán de ensanchar la lengua y convertirla en una flexible que le permita acceder a lo inasible. Tal como San Juan de la Cruz hizo en el siglo XVI. Y en este sentido ella puede distinguir símbolos místicos y religiosos del poeta, aparte de las moradas y templos: la  llama, la noche, las lámparas, las aves,  incluso la música y el baile. 

    Para concluir, la profesora Guemarez Cruz, nos define la obra poética de  Caraballo como una poesía flexible, ágil y no está condicionada a temas concretos, sino que muestra una gran generosidad temática. Además,  es sensible a cualquier tema humano y enfatiza, que el motivo  del viaje en Caraballo, es un motivo de búsqueda de lo transcendental. Insiste, la autora que a pesar de las lecturas de grandes poetas a los que hemos hecho referencias anteriormente,  la poesía de Caraballo  es de gran originalidad creativa y ante todo es un poeta que nos hace reflexionar. Para finalizar,  subraya que para el poeta, la poesía puede ser un transitar doloroso centrado en la vida. 

  • EXs, 50 escalones hacia el olvido, de Luisa Chico

    EXs, 50 escalones hacia el olvido, de Luisa Chico

    En el silencio de la madrugada

    Me derramo irremediablemente.

    Estas palabras de Luisa Chico, incluidas en el poemario Exs, 50 escalones hacia el olvido representan, acaso, un paradigma del conjunto del libro; porque de silencio omnipresente, de madrugadas solitarias, de fatalidades vestidas de pérdida y de llantos derramados está impregnada hasta la médula de la última letra esta obra de Luisa. La escritora brinda en estas páginas el regalo de la conciliación desde la ausencia a los hombres que han significado algo importante en su vida. Sus palabras son un canto cadente de concordia para aquellos que escribieron pasión y vida en sus días. Y también lo son para ella misma, puesto que verbalizar su dolor, su sentir de pérdida, de engaño, de añoranza o de ocasos del corazón la eleva a un estado de bienestar que solo alcanzan los espíritus en calma.

    Leer a Luisa Chico hoy es escuchar una voz reposada que mira atrás desde el sosiego que recuerda con afecto y alguna lágrima díscola las andanzas vitales en las que el amor la hizo vibrar de pasión. No es común este ejercicio. Cantar en primera persona aquello que te ha dejado vacío o abandonado es propio solo de almas libres, libres de pensamiento, libres de acción y sobre todo libres de rencor. Hacer las paces con el pasado, por muy aciago que haya sido, puede ser una gran lección de vida y este libro nos lo ofrece danzando en una métrica a veces con olor a romance popular y otras con un verso libre y anárquico que pretende romper fondos y formas. El léxico preciso y lúcido se mueve por expresiones apelativas llenas de incertidumbre, decepción o añoranza. Es su manera de leerse a sí misma en la memoria y escribirse poniendo sin miedo el dedo en la llaga, su llaga. Y nada de esto es casual, es todo absolutamente deliberado porque lo que ella quiere es esculpir un punto y final lírico a un tramo de su trayectoria vital que se le antoja necesario cerrar. 

    Los versos de Exs, 50 escalones hacia el olvido manan serenos entre efluvios de amores pasionales (“eres el único ser que hace que mi diapasón vibre hasta el infinito y más allá”), y maguas incurables (“yo te pienso envuelta en esta tristeza en la que me dejan tus recuerdos cuando no consigo desprenderme de ellos”). Los escalones hacia el olvido que la poeta traza en estas líneas no dejan indiferente a nadie. Sus versos gritan como gargantas desgarradas que buscan por un lado el sonido del portazo a un pasado que duele y por otro el abrazo afable de un adiós sin dramas. Toda una lección de sinceridad, sentimiento a toda vela y cordialidad sin ambages la de Luisa chico en estas páginas. Una hoja de ruta envidiable para cualquiera de nosotros, una ventana abierta a la paz con ella misma y con el mundo en la que ahora podemos entrar. Pasen y lean.

    Luisa Chico, nacida en Santa Cruz de Tenerife, es una escritora, etnógrafa, folclorista y gestora cultural de largo recorrido. Fundadora de Acte Canarias (Asociación Canaria de Escritores/as) en 2018, donde ejerció como presidenta hasta el año 2020. En la actualidad es Presidenta-fundadora de Tamasma Cultural, asociación cultural y literaria canaria.

    Si vives en Gran Canaria puedes asistir a la presentación de su libro el 24 en Las Palmas y el 25 en Arucas. Más información aquí:

  • La estela de la noche, de Genaro Martín Arroyo (Ed. ExLibric, 2022)

    La estela de la noche, de Genaro Martín Arroyo (Ed. ExLibric, 2022)

    La Estela de la noche es un libro que recoge, en forma de diario, los días que se vivieron bajo la pandemia del coronavirus. Entremezclando prosa y poesía, el autor hace un trabajo introspectivo hacia la vida, las creencias, el amor, las persones y la muerte, tan presente en esos días que a nadie dejaron indiferente.

    Se trata de un libro escrito con un lenguaje muy cercano, cosa que crea un lazo de empatía entre autor y lector, además de tratar sobre una época que todos vivimos, que todos sufrimos, y en la que todos buscamos la manera de mejorar, por dentro y por fuera.

    El libro está formado por ocho partes siendo la primera Diario de un retiro en tiempos de pandemia.

    Escritos en prosa en forma de diario, intercalando también algún poema, es una parte introspectiva de reflexión. El autor vive esta etapa de retiro analizando, quizás sin esa pura intención, sentimientos y emociones derivadas de esta época de aislamiento. Se suceden los pequeños detalles a los que quizás, en vida normal, no pararíamos atención a la vez que recuerda a personas que han sufrido las peores consecuencias de esta pandemia: fallecidos, personas que perdieron su negocio y, por extensión, su vida habitual, sin olvidar el homenaje a las personas, especialmente de ámbito sanitario, que lucharon para salvar el mayor número de vidas posible, exponiendo la suya propia.

    Una parte íntima, escrita con el corazón, y en la que no falta la presencia reiterada de Dios, como apoyo y ayuda a la hora de superar estos días tan oscuros.

    La segunda parte, Poesía del alma enamorada, recoge una serie de escritos y poemas recopilados del blog del autor, La estela de la noche. Son escritos de temática diversa, con el denominador común del sentimiento. En todos ellos el autor deja el alma de manera emotiva, hasta conseguir emocionar al lector. Siguen presentes los pequeños detalles, un río, una escoba, un árbol… cosas pequeñas que parecen sin importancia pero que en las manos de Genaro se convierten en todo un símbolo de la vida. Como si fueran las raíces que sustentan todo lo que hay encima, el amor, la vida en sí.

    La tercera parte, Antología de la estela de la noche, según indica el autor, podría ser la continuación de Desde el corazón siento, su anterior obra publicada hace alrededor de un año. Una parte llena de escritos tiernos, sonrisas, poesía, amor y sentimiento. Los buenos deseos del autor, las ganas de que el mundo sea feliz y el querer aportar su granito de arena, el amar sin condiciones, y escribir este amor para regalarlo.

    En esta parte encontramos también una serie de “cuentecitos con moraleja”, en palabras del propio autor. Pequeños textos que dejan una pequeña enseñanza o moraleja al final, que se intercalan con otros textos más personales.

    También se incluyen aquí unos textos dedicados a su Granada natal, homenaje a la belleza de una tierra y su inigualable Alhambra, que marcan la importancia y la fuerza de las raíces, que nunca se olvidan.

    La estela de la noche, de Genaro Martín Arroyo

    A continuación, nos encontramos con la cuarta parte del libro, Oraciones, textos de temática religiosa, pequeñas plegarias donde se condensa la esperanza, la bondad, a lealtad, pero también tiene cabida las emociones, podríamos decir, más tristes, la pérdida, la ausencia, el recuerdo. Ciertamente, encontramos algunos textos ligeramente oscuros, pero no por eso faltos de verdad; son escritos muy puros que parten de un corazón y un sentimiento sincero.

    La quinta parte, En el silencio de la noche, dos textos, La cruz compartida y Las piedras, constituyen esta parte del libro en la que reina la tierra, Dios, la creencia. Un diálogo con Dios se convierte en una reflexión sobre la realidad del “peso” que muchos llevamos en vida, una especie de lección que viene a decirnos que no estamos tan mal, que a menudo el ser humano tiene tendencia a quejarse sin un verdadero motivo, y que hay que estar agradecido, porque vivimos, porque estamos.

    La sexta parte recoge algunos escritos publicados en el blog del autor Poesía del alma enamorada, bajo el título de Poesía eres tú, el cual nos trae a la mente inevitablemente, la poesía de Bécquer. Textos extremadamente sentimentales, un despliegue de emoción hacia las flores, Santa Gema, o una vez más la querida Alhambra. Son textos que parten de la pureza y el amor hacia las cosas sencillas. Entreveo cierta esperanza de que las cosas mejoren y cambien, puesto que el amor puede mover montañas, dicen, pero en el precioso poema final, La noche va llegando, hallamos un asomo de respuesta:

    No, el mundo que gira en mi interior,

    que parecía, pero no, no cambia.

    Todo marcha igual.

    Y así llegamos a la séptima parte de libro, Cartas. Textos que se me antojan ligeramente tristes y heridos, pero una vez más intuyo cierta entrega y mucho sentimiento sin condiciones.

    La octava parte y última la forman textos íntimos y delicados, como Lucho, Lucho, el cual adjunta también una fotografía, donde nos habla de su perrito, un texto de una emotividad y un amor sin límites que toca el alma, así como El gato Félix, donde se nos habla del gatito que también partió, con su maleta vacía. Textos, como digo, extremadamente emotivos y cuidados.

    En definitiva, se trata de un libro de temática variada, pero con el amor y el sentimiento como denominador común. Un libro puro, escrito a corazón abierto, que ayuda a canalizar y sobrellevar las emociones de la vida.

    Genaro Martín Arroyo nació en Granada, y ha sido parte en diversos foros y páginas de poesía. Abogado en el ámbito profesional, espera, en sus propias palabras, tejer el futuro escribiendo. La Tiene publicado con anterioridad Desde el corazón siento, que vio la luz hace alrededor de un año. La estela de la noche es su segunda obra publicada.

  • Cuadernos de soledades, de Isabel García Díaz (Huerga & Fierro ed., 2023)

    Cuadernos de soledades, de Isabel García Díaz (Huerga & Fierro ed., 2023)

    Isabel García Díaz (Barcelona-1958). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Se dedica a la docencia y a la escritura. Ha escrito microrrelatos, de los que ya hemos hablado en la Revista y cuentos (Revista Nagari, 142 Revista Cultural y Almiar). También ha realizado varios trabajos monográficos (UB/AEN) y ha impartido conferencias sobre literatura y cine. La última de ellas titulada “La lengua de las mariposas: del libro al cine” (ICAIC y Embajada de España en Cuba). Hoy vamos a hablar de su reciente obra, Cuadernos de soledades, publicada por Huerga & Fierro.

    Cuadernos de soledades es una obra que consta de tres cuadernos: el 63, el 64 y el 65. El primero de ellos empieza con la declaración de la pandemia el 12 de marzo de 2020 y va hasta el 29 de julio del mismo año. El segundo se inicia el 3 de agosto de 2020 hasta el 7 de abril de 2021. Para finalizar, el tercer cuaderno va desde el 17 de abril de 2021 hasta el 5 de diciembre del mismo año.

    El cuaderno 63, el primero, empieza fuerte, el día en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia por el Covid-19. Con un ritmo trepidante nos encoge el corazón, a pesar de que ya sabemos lo que ocurrió, a las primeras de cambio: angustia, escasez, muertes, aislamiento, reclusión. A ese pánico inicial le añade un comentario de sentido común que muchos pensamos en su momento:

    Me produce desolación que algunos partidos políticos aprovechen la ocasión para echar más leña al fuego. Creo que la unión de todos sería más beneficiosa en estos momentos tan críticos. Sin embargo, hay quien todo se lo plantea como una eterna campaña electoral para alcanzar el poder.

    Isabel García consigue, con su fluida prosa, desentrañar lo que será el corazón de su novela: la protagonista no consigue leer los sesenta y dos cuadernos con sus diarios personales guardados en tres cajas porque volver al pasado le produce una profunda angustia y, por ese motivo, se resigna a continuar escribiendo su día a día sobre la soledad, los afectos desaparecidos, la muerte de seres queridos, la docencia, el desengaño, la vejez y la permanente incertidumbre en tiempos de una pandemia que parece no tener fin.

    Diarios que muestran soledad y son un desahogo para Elisa, la protagonista y narradora, que desnuda sus sentimientos más íntimos ante el lector, su cómplice. Solo descansa por la noche.

    Me voy a dormir. Es un alivio desaparecer durante unas horas y olvidarse de uno mismo.

    Tres ideas se van repitiendo a lo largo de este cuaderno 63: miedo, soledad y muerte. Muerte de su prima, sus abuelos, sus padres, las innumerables víctimas del Covid-19, …

    El cuaderno 64 empieza pensando en la vejez, sin que le abandone el sentimiento de soledad, de orfandad. No deja de ser una ironía, por el tono del libro hasta el momento, que el primer libro que se compre en esta etapa sea Alegría de Manuel Vilas. Aunque unas pocas páginas después se puede leer:

    Manuel Vilas dice en su libro Alegría que uno triunfa en la vida, cuando alguien le espera. Está claro que yo no he triunfado.

    Hay que reconocer que este segundo cuaderno retrata con una prosa llena de registros emocionales la agonía del profesorado de secundaria en los centros públicos durante la pandemia. Un personal que tenía no solo el virus en su contra, sino también la política errática del Departamento de Educación, algunas actitudes de padres y madres, …

    En este segundo cuaderno, la narradora sigue buscando ese amor verdadero que la vida, hasta el momento, parece negarse a ofrecerle. De todas formas, hay ciertos destellos de optimismo que nos acompañan hasta el cuaderno 65.

    En el tercer cuaderno, la protagonista de los diarios va al psiquiatra. La soledad, la congoja y la depresión la atenazan. Cada entrada del diario retrata las semanas que ha pasado de baja hasta que consigue el alta con el nuevo año.

    Cuadernos de soledades es una obra de prosa envolvente, abundante en matices emocionales, impregnada de una narrativa y dinámica. No puedes dejar de leerla sin parar. Una cautivadora novela que no solo se centra en la búsqueda incansable del amor auténtico y leal, sino también en la dura vida de una profesora de secundaria en soledad durante la pandemia. La escritura, estilo y trama de la obra mantienen un ritmo constante y acelerado que hace que no puedas dejar de leer hasta llegar al final.

    Una buena compra: aquí.


  • “El relámpago mudo” de Raúl de Armas (Luis Felipe Capriles Ed.)

    “El relámpago mudo” de Raúl de Armas (Luis Felipe Capriles Ed.)

    Raúl de Armas

    Raúl de Armas nos sorprende con su primer libro de cuentos. 10 maravillosas historias ambientadas en diferentes zonas de Venezuela. 

    La selva virgen, mezclando la investigación científica, con costumbres indígenas que van más allá de lo imaginable, evocando el realismo mágico. Nos presenta relatos que parecen comunes y se mezclan con situaciones inexplicables.

    “En frente y a los lados se erguía un teatro de piedras bañadas por cascadas blancas. Era una escena magnífica… El joven admiró la vida cuando vio al pueblo. Sintió como nunca su existencia irrepetible y común… Las quinientas voces aumentaron con este nuevo sacrificio…” (El río de las quinientas voces)

    Así como actos del ser humano que te dejan reflexionando hasta donde somos capaces de llegar. Lo cerca que estamos de la agresión y de la muerte. 

    Como las circunstancias pueden cambiar nuestro plan de vida y qué somos capaces de hacer para recuperar el camino perdido. Tantas interrogantes. ¿Estamos preparados para hacer lo que sea? Porque seamos capaces de planearlo ¿seremos capaces de llevarlo a cabo? Y si lo hacemos ¿cómo nos sentiremos luego?

    “…«Todos tienen secretos». Este sería el de ella… Tuvo que lavarse las manos… No quería dejar rastros… Jamás pensó que sería tan sencillo… El pulso le temblaba… Tenía que limpiar todo…” (Un mundo sin sol)  

    Una de las historias, iniciando con la mención de un fenómeno meteorológico emblemático del país, más específicamente de Maracaibo, el “Relámpago del Catatumbo”, nos lleva lentamente, paso a paso, por el oscuro comportamiento, tristemente común, de la mayoría de la milicia y el gobierno del país, más aún en zonas apartadas: 

    –El ingenuo Ramírez creyó que Darwin no era amigo del Gobernador. El dinero persigue al dinero, Omaña, y la afinidad se reconoce entre sí… La jugada le salió mal… En este país mandan pocos y los de abajo tenemos que cumplir, bregar o morir. (El relámpago mudo)   

    La ingenuidad, mezclada, una vez más con la magia, tan presente en nuestro pueblo. Y que nos llega de la mezcla de tantas etnias. Un cuento específico, me hizo recordar una canción española que amo: “quedó un  taxista que pasaba mudo al ver como empezaba la Cibeles a llorar”. Y es que ¿cómo sabemos nosotros lo que hacen las estatuas cuando no estamos mirando?

    …estábamos en la Plaza Bolívar  del Hatillo… Hacía un sol lindo y los niños jugaban…decidimos comer  con las manos en un banquito de la plaza… veía el torso negro de Bolívar…y justo en el momento en que una brisa barrió la plaza, lo vi acomodarse mejor… (Les juro) 

    La ciudad, con su desastroso tráfico, su impactante mezcla de pobreza extrema, de niñez sufriendo de hambruna y maltrato, conviviendo calle de por medio con personas adineradas, pero sin motivación para seguir adelante, que muestran una amplia gama de reacciones, desde la indiferencia, hasta el desprecio, desde la frustración hasta la caridad de corazón. Y como pueden mezclarse esas vidas, por azar, por destino o por misericordia divina.

    …Era una viejita solitaria y acomodada, pues su esposo, un honorable abogado mercantil, le dejó un patrimonio suficiente para vivir sin apuros… cerca de la quinta una niña de trece años organiza una bandeja de chupetas caseras para vender… lleva unos pantalones rotos…Iba tarde… le tocó aguardar las mientras observaba a las grandes camionetas… recibió un codazo… la derribó al asfalto… Un comedor se alargaba a través del salón oscuro de los Wolhmar…Caía un aguacero… el timbre sonó… Casi no lo creía. Una niñita…” (Ailana)

    Cada uno de los 10 cuentos tiene su propia alma, su propio eje medular. 

    En fin, cada cuento es diferente, y sin embargo hay un hilo conductor que nos lleva por un intenso y trágico paseo por una Venezuela misteriosa, mágica, que sufre, que sobrevive, que tiene mucho que decir.

    Este libro me ha dejado con un sabor que recuerda a Rómulo Gallegos, a Quiroga, a Silvina Ocampo, incluso a Pablo Palacio. 

    Pero no se confundan Raúl de Armas tiene su propia voz, su estilo particular, reconocible y auténtico. Una voz ávida por contarnos sus historias  que nos hace llegar de la mano de Luis Felipe Capriles Editor

    Estoy segura que pronto escucharemos más sobre él. 

  • Las vidas que no viví, de Patricia Almarcegui (Ed. Candaya, 2023)

    Las vidas que no viví, de Patricia Almarcegui (Ed. Candaya, 2023)

    Patricia Almarcegui Elduayen (Zaragoza) es escritora y profesora de Literatura Comparada. Desde hace unos años vive en Ciutadella (Menorca). Ha publicado en revistas como Quimera, Jot Down, La revista de Occidente, Altaïr Magazine y es colaboradora del suplemento cultural del ABC, La Vanguardia, eldiario.es y “El viajero” de El País. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza, donde obtuvo el Doctorado Europeo en Filosofía y Letras. Ha sido profesora invitada en la Universidad Americana de El Cairo y la Sorbona (París IV). 

    Las vidas que no viví es una novela corta dividida en tres partes, la primera está dividida, a su vez, en cuatro capítulos; la segunda en 14 y la tercera en tres. Todos los capítulos son muy cortos y además, están divididos en pequeñas escenas de un único párrafo y algunas llegan a ser incluso de una o dos líneas. Un texto que en ocasiones se detiene en el presente y en una descripción de aquello que nos rodea, de aquello que hacemos. A veces, se asemeja a un diario personal.

    Por otro lado, también es una novela, en ocasiones, nostálgica, con una gran sensibilidad poética que se percibe en los pequeños detalles que va narrando entre las reflexiones y experiencias de sus dos personajes principales, Anna y Pari. Una escritura poética y delicada, sobre todo conceptualmente, que se apoya en un lenguaje preciso. Un texto muy visual que, como si fuera un poema, la autora construye con imágenes. Así, de esta manera, Almarcegui transmite muchas percepciones y sensaciones, entre ellas, una declaración de amor a la isla de Menorca, tal y como destacó el escritor Josep Masanés en la presentación que hizo de Las vidas que no viví el pasado 22 de septiembre en Maó. 

    No podemos obviar que el inicio del libro está entre el ensayo, la novela, la poesía y la crónica histórica. Estamos ante un libro híbrido que comienza con un hecho histórico, el naufragio, en Menorca, del buque correo transatlántico francés General Chanzy, que hacía el viaje entre Marsella y Argel el 10 de febrero de 1910. Una alegoría en relación con el pasado de Anna y Pari, dos mujeres que se encuentran en la isla, en torno a un hotel abandonado y ocupado, y un huerto rescatado del olvido. Anna, originaria de Menorca, regresa en medio de una crisis íntima, después de muchos años fuera. Pari llega desde Irán tras abandonar su vida anterior, y espera la posible llegada de un visitante. 

    Patricia Almarcegui introduce en la narración algunas palabras en menorquín de manera tan natural, que consigue que el lector se acostumbre a tener una percepción abierta ante lo diferente, e incorporarlas inconscientemente en su registro.

    Las vidas que no viví también es una novela femenina que Patricia Almarcegui empezó a escribir hace cinco años, escuchando a una treintena de mujeres que fue conociendo en diferentes viajes y les fue preguntando sobre esos momentos en los que se habían sentido ellas, como mujeres, en inferioridad de condiciones. De ahí fueron saliendo cosas absolutamente provocadoras e impresionantes, en palabras de la autora, sin importar las fronteras físicas o biológicas: jóvenes y mayores, incluso ancianas de Menorca, Irán, Japón, Francia, …. Por eso, este libro se puede definir como una novela femenina que habla de lo femenino y, por supuesto, feminista porque también tiene que ver con esa condición de la mujer y de las mujeres. 

    Respecto al título, Las vidas que no viví se refiere a las vidas que han elegido las dos protagonistas. Son dos mujeres que deciden lo que quieren vivir y por ello, se ganan el derecho a olvidar lo que han decidido no vivir. Almarcegui aboga por decidir y olvidar las cosas que queremos olvidar de nuestras vidas.

    En cualquier caso, la novela, por el tono y la temática, es una novela rigurosamente contemporánea, un canto de amor a la isla de Menorca y a la cultura iraní. Dos mundos, tal y como dijo Masanés, que han marcado la vida de la autora. Una novela que trata sobre qué significa ser un extranjero, un distinto, en una comunidad compuesta por multitud de historias. Dos mujeres que representan dos civilizaciones que se encuentran y que, en la medida en que toman decisiones, también pierden opciones de vidas que no vivirán.

    Podéis encontrar el libro aquí.

  • La bella lejanía, de Abel Santos (Ed. Garúa, 2023)

    La bella lejanía, de Abel Santos (Ed. Garúa, 2023)

    La bella lejanía es un libro de pasos. No en vano algunas de las partes que lo configuran llevan el mismo título: El siguiente paso. El mismo título pero un paso más hacia esa luz, hacia esa paz, hacia ese nuevo día en el que las vistas son mejores y la lejanía es solamente temporal.

    Tengo un bendito niño de tres años

    y una preciosa hija recién nacida.

    […]

    A él lo llamo

    Eduardo, el Conquistador.

    Y a ella

    -a ella y la conocéis-;

    La Poesía.

    -Fragmento de Un hijo te vuelve a enseñar

    A pesar de la alegría y la ilusión renovada de un hijo, La bella lejanía no deja de ser un poemario agridulce. Más dulce que agrio, cierto, pero presentes están el vacío y cierta tristeza de que quizás las cosas no han salido como uno soñaba, pero lo bonito ha regresado, en esos ojitos pequeños que miran a su padre con admiración, en esa sonrisa incondicional que mira a su hijo con todo el amor del mundo.

    Sigue el estilo de una poesía desnuda y franca, donde Abel muestra sus debilidades humanas, su cansancio vital, su pereza a la hora de abrir la puerta para salir cada mañana. Sin embargo, la fuerza le viene dada por lo que tiene ahora, por esa personita que le hace seguir adelante, y darse cuenta que todo ocurre por algo, y que el valor está en reponerse por aquel a quien tanto ama, y en seguir adelante. Esa es la verdadera riqueza que la vida tenía reservada para él.

    Nos presenta un recuerdo que se ha ido transformando en algo distinto, en algo que quizás duele un poco menos porque hay una nueva luz, un nuevo camino que seguir. Ha sido una lección de la que el poeta ha sacado frutos; como si de repente, después de la negrura de la última etapa, aparecieran unos nuevos pasos que llevan a algo mejor. Y ese algo mejor está, a menudo, dentro de nosotros mismos.

    Pequeños hechos cotidianos de la vida de un padre divorciado se abren ante nuestros ojos de par en par, mostrando a su vez la repercusión emocional dentro del alma del poeta. A pesar de ser un libro en parte luminoso, no podemos evitar ver ese lado desolado, esa tristeza y ese dolor que el camino hasta aquí ha ido dejando en cada esquina de la vida de Abel.

    Yo me pasaría lo que me queda de vida triste

    en la luz y la sombra de las calles,

    si la tristeza la retuviera conmigo,

    si la tristeza me la trajera de vuelta.

    -Fragmento de Pasando página

    Abel ha tenido que pasar página, quizás forzado, quizás con las manos sangrando a la hora de pasarla, pero poco a poco la sangre se seca, y se desprende, y de nuevo esa luz que ha aparecido para no irse es la que dibuja la sonrisa, aunque sea pequeña, pero sonrisa al fin y al cabo, en sus labios.

    La poesía de Abel sigue teniendo su sello indiscutible, la humanidad, la sinceridad y la transparencia. Pequeños detalles cotidianos se convierten en hechos poéticos que configuran la fuerza que hace falta para dar el siguiente paso.

    La lucha entre la melancolía y el seguir se hace patente en estos versos, pero lo mágico es que, a pesar de estar ahí la tristeza, de tener un vacío en el pecho que quizás nunca se llegue a llenar, porque el vacío es también parte de la vida, la fuerza que muestra el poeta es admirable; sabe alzarse de nuevo, enfrentarse al dolor y alzar el rostro para mirar ese precioso cielo que es la mirada de su hijo. Y ahí es donde la felicidad toma forma, donde la ilusión vence a la lágrima y el camino se abre de nuevo. Hay dolor, es cierto, pero los pasitos pequeños de su hijo son capaces de pisarlo. En el fondo, la poesía y Eduardo se convierten en la salvación del poeta. Ahí nace la fuerza y el querer continuar. Hay dolor, sí, pero hay un fondo positivo que ilumina.

    Ha sufrido, ha llorado, ha tenido la sensación que estaba perdido y no había más puertas por abrir. Sin embargo, de todo ese dolor surgió algo bonito; ahora, el camino de Abel son los pasos de su hijo.

    Como bien nos indica Manuel López Azorín en el prólogo, este libro se aleja un poquito de ese “bastardismo” que Abel suele dejar siempre en sus poemarios, para dar paso a algo más íntimo; más privado y más emocional. Es un poemario escrito con las ventanas abiertas, pero desde dentro, desde muy adentro, y eso lo transforma en un camino de emociones, desde la añoranza al recuerdo, de la oscuridad a la luz, del dolor a la esperanza luminosa.

    Todo se pasa, corazón roto, todo se pasa.

    Y enciendo un cigarrillo, por no gritar.

    -Fragmento de El hombre más poderoso sobre la tierra.

    Debo decir que La bella lejanía me ha parecido un poemario precioso, con sombras y luces, con dolor y esperanza. Un poemario abierto que enseña, que explica que con un corazón roto se puede seguir, se debe seguir, porque siempre hay un pedazo que lo cose y le tapa el agujero. Un poemario muy en la línea de la poesía de Abel, sincero, duro, abierto y, aunque no lo pueda parecer en una primera lectura, lleno de amor.

    Quiero terminar esta pequeña reseña con un poema que me ha cautivado, que creo es altamente significativo:

    Este hermoso punto de no retorno

    Y con gratitud abrazar

    los instantes de este mundo

    -con alimentos, bebida y encantamientos-

    antes de que la memoria

    desaparezca por completo

    en la terrible eternidad.

    Ah, qué hermoso punto de no retorno.

    Yo no creo en el futuro.

    Yo creo ahora.

    Y ahora es él, con su hijo de la mano, haciendo un nuevo camino entre los dos.