Reseñas

  • Cuadernos de soledades, de Isabel García Díaz (Huerga & Fierro ed., 2023)

    Cuadernos de soledades, de Isabel García Díaz (Huerga & Fierro ed., 2023)

    Isabel García Díaz (Barcelona-1958). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Se dedica a la docencia y a la escritura. Ha escrito microrrelatos, de los que ya hemos hablado en la Revista y cuentos (Revista Nagari, 142 Revista Cultural y Almiar). También ha realizado varios trabajos monográficos (UB/AEN) y ha impartido conferencias sobre literatura y cine. La última de ellas titulada “La lengua de las mariposas: del libro al cine” (ICAIC y Embajada de España en Cuba). Hoy vamos a hablar de su reciente obra, Cuadernos de soledades, publicada por Huerga & Fierro.

    Cuadernos de soledades es una obra que consta de tres cuadernos: el 63, el 64 y el 65. El primero de ellos empieza con la declaración de la pandemia el 12 de marzo de 2020 y va hasta el 29 de julio del mismo año. El segundo se inicia el 3 de agosto de 2020 hasta el 7 de abril de 2021. Para finalizar, el tercer cuaderno va desde el 17 de abril de 2021 hasta el 5 de diciembre del mismo año.

    El cuaderno 63, el primero, empieza fuerte, el día en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia por el Covid-19. Con un ritmo trepidante nos encoge el corazón, a pesar de que ya sabemos lo que ocurrió, a las primeras de cambio: angustia, escasez, muertes, aislamiento, reclusión. A ese pánico inicial le añade un comentario de sentido común que muchos pensamos en su momento:

    Me produce desolación que algunos partidos políticos aprovechen la ocasión para echar más leña al fuego. Creo que la unión de todos sería más beneficiosa en estos momentos tan críticos. Sin embargo, hay quien todo se lo plantea como una eterna campaña electoral para alcanzar el poder.

    Isabel García consigue, con su fluida prosa, desentrañar lo que será el corazón de su novela: la protagonista no consigue leer los sesenta y dos cuadernos con sus diarios personales guardados en tres cajas porque volver al pasado le produce una profunda angustia y, por ese motivo, se resigna a continuar escribiendo su día a día sobre la soledad, los afectos desaparecidos, la muerte de seres queridos, la docencia, el desengaño, la vejez y la permanente incertidumbre en tiempos de una pandemia que parece no tener fin.

    Diarios que muestran soledad y son un desahogo para Elisa, la protagonista y narradora, que desnuda sus sentimientos más íntimos ante el lector, su cómplice. Solo descansa por la noche.

    Me voy a dormir. Es un alivio desaparecer durante unas horas y olvidarse de uno mismo.

    Tres ideas se van repitiendo a lo largo de este cuaderno 63: miedo, soledad y muerte. Muerte de su prima, sus abuelos, sus padres, las innumerables víctimas del Covid-19, …

    El cuaderno 64 empieza pensando en la vejez, sin que le abandone el sentimiento de soledad, de orfandad. No deja de ser una ironía, por el tono del libro hasta el momento, que el primer libro que se compre en esta etapa sea Alegría de Manuel Vilas. Aunque unas pocas páginas después se puede leer:

    Manuel Vilas dice en su libro Alegría que uno triunfa en la vida, cuando alguien le espera. Está claro que yo no he triunfado.

    Hay que reconocer que este segundo cuaderno retrata con una prosa llena de registros emocionales la agonía del profesorado de secundaria en los centros públicos durante la pandemia. Un personal que tenía no solo el virus en su contra, sino también la política errática del Departamento de Educación, algunas actitudes de padres y madres, …

    En este segundo cuaderno, la narradora sigue buscando ese amor verdadero que la vida, hasta el momento, parece negarse a ofrecerle. De todas formas, hay ciertos destellos de optimismo que nos acompañan hasta el cuaderno 65.

    En el tercer cuaderno, la protagonista de los diarios va al psiquiatra. La soledad, la congoja y la depresión la atenazan. Cada entrada del diario retrata las semanas que ha pasado de baja hasta que consigue el alta con el nuevo año.

    Cuadernos de soledades es una obra de prosa envolvente, abundante en matices emocionales, impregnada de una narrativa y dinámica. No puedes dejar de leerla sin parar. Una cautivadora novela que no solo se centra en la búsqueda incansable del amor auténtico y leal, sino también en la dura vida de una profesora de secundaria en soledad durante la pandemia. La escritura, estilo y trama de la obra mantienen un ritmo constante y acelerado que hace que no puedas dejar de leer hasta llegar al final.

    Una buena compra: aquí.


  • “El relámpago mudo” de Raúl de Armas (Luis Felipe Capriles Ed.)

    “El relámpago mudo” de Raúl de Armas (Luis Felipe Capriles Ed.)

    Raúl de Armas

    Raúl de Armas nos sorprende con su primer libro de cuentos. 10 maravillosas historias ambientadas en diferentes zonas de Venezuela. 

    La selva virgen, mezclando la investigación científica, con costumbres indígenas que van más allá de lo imaginable, evocando el realismo mágico. Nos presenta relatos que parecen comunes y se mezclan con situaciones inexplicables.

    “En frente y a los lados se erguía un teatro de piedras bañadas por cascadas blancas. Era una escena magnífica… El joven admiró la vida cuando vio al pueblo. Sintió como nunca su existencia irrepetible y común… Las quinientas voces aumentaron con este nuevo sacrificio…” (El río de las quinientas voces)

    Así como actos del ser humano que te dejan reflexionando hasta donde somos capaces de llegar. Lo cerca que estamos de la agresión y de la muerte. 

    Como las circunstancias pueden cambiar nuestro plan de vida y qué somos capaces de hacer para recuperar el camino perdido. Tantas interrogantes. ¿Estamos preparados para hacer lo que sea? Porque seamos capaces de planearlo ¿seremos capaces de llevarlo a cabo? Y si lo hacemos ¿cómo nos sentiremos luego?

    “…«Todos tienen secretos». Este sería el de ella… Tuvo que lavarse las manos… No quería dejar rastros… Jamás pensó que sería tan sencillo… El pulso le temblaba… Tenía que limpiar todo…” (Un mundo sin sol)  

    Una de las historias, iniciando con la mención de un fenómeno meteorológico emblemático del país, más específicamente de Maracaibo, el “Relámpago del Catatumbo”, nos lleva lentamente, paso a paso, por el oscuro comportamiento, tristemente común, de la mayoría de la milicia y el gobierno del país, más aún en zonas apartadas: 

    “–El ingenuo Ramírez creyó que Darwin no era amigo del Gobernador. El dinero persigue al dinero, Omaña, y la afinidad se reconoce entre sí… La jugada le salió mal… En este país mandan pocos y los de abajo tenemos que cumplir, bregar o morir. ” (El relámpago mudo)   

    La ingenuidad, mezclada, una vez más con la magia, tan presente en nuestro pueblo. Y que nos llega de la mezcla de tantas etnias. Un cuento específico, me hizo recordar una canción española que amo: “quedó un  taxista que pasaba mudo al ver como empezaba la Cibeles a llorar”. Y es que ¿cómo sabemos nosotros lo que hacen las estatuas cuando no estamos mirando?

    “…estábamos en la Plaza Bolívar  del Hatillo… Hacía un sol lindo y los niños jugaban…decidimos comer  con las manos en un banquito de la plaza… veía el torso negro de Bolívar…y justo en el momento en que una brisa barrió la plaza, lo vi acomodarse mejor…” (Les juro) 

    La ciudad, con su desastroso tráfico, su impactante mezcla de pobreza extrema, de niñez sufriendo de hambruna y maltrato, conviviendo calle de por medio con personas adineradas, pero sin motivación para seguir adelante, que muestran una amplia gama de reacciones, desde la indiferencia, hasta el desprecio, desde la frustración hasta la caridad de corazón. Y como pueden mezclarse esas vidas, por azar, por destino o por misericordia divina.

    “…Era una viejita solitaria y acomodada, pues su esposo, un honorable abogado mercantil, le dejó un patrimonio suficiente para vivir sin apuros… cerca de la quinta una niña de trece años organiza una bandeja de chupetas caseras para vender… lleva unos pantalones rotos…Iba tarde… le tocó aguardar las mientras observaba a las grandes camionetas… recibió un codazo… la derribó al asfalto… Un comedor se alargaba a través del salón oscuro de los Wolhmar…Caía un aguacero… el timbre sonó… Casi no lo creía. Una niñita…” (Ailana)

    Cada uno de los 10 cuentos tiene su propia alma, su propio eje medular. 

    En fin, cada cuento es diferente, y sin embargo hay un hilo conductor que nos lleva por un intenso y trágico paseo por una Venezuela misteriosa, mágica, que sufre, que sobrevive, que tiene mucho que decir.

    Este libro me ha dejado con un sabor que recuerda a Rómulo Gallegos, a Quiroga, a Silvina Ocampo, incluso a Pablo Palacio. 

    Pero no se confundan Raúl de Armas tiene su propia voz, su estilo particular, reconocible y auténtico. Una voz ávida por contarnos sus historias  que nos hace llegar de la mano de Luis Felipe Capriles Editor. 

    Estoy segura que pronto escucharemos más sobre él. 

  • Las vidas que no viví, de Patricia Almarcegui (Ed. Candaya, 2023)

    Las vidas que no viví, de Patricia Almarcegui (Ed. Candaya, 2023)

    Patricia Almarcegui Elduayen (Zaragoza) es escritora y profesora de Literatura Comparada. Desde hace unos años vive en Ciutadella (Menorca). Ha publicado en revistas como Quimera, Jot Down, La revista de Occidente, Altaïr Magazine y es colaboradora del suplemento cultural del ABC, La Vanguardia, eldiario.es y “El viajero” de El País. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza, donde obtuvo el Doctorado Europeo en Filosofía y Letras. Ha sido profesora invitada en la Universidad Americana de El Cairo y la Sorbona (París IV). 

    Las vidas que no viví es una novela corta dividida en tres partes, la primera está dividida, a su vez, en cuatro capítulos; la segunda en 14 y la tercera en tres. Todos los capítulos son muy cortos y además, están divididos en pequeñas escenas de un único párrafo y algunas llegan a ser incluso de una o dos líneas. Un texto que en ocasiones se detiene en el presente y en una descripción de aquello que nos rodea, de aquello que hacemos. A veces, se asemeja a un diario personal.

    Por otro lado, también es una novela, en ocasiones, nostálgica, con una gran sensibilidad poética que se percibe en los pequeños detalles que va narrando entre las reflexiones y experiencias de sus dos personajes principales, Anna y Pari. Una escritura poética y delicada, sobre todo conceptualmente, que se apoya en un lenguaje preciso. Un texto muy visual que, como si fuera un poema, la autora construye con imágenes. Así, de esta manera, Almarcegui transmite muchas percepciones y sensaciones, entre ellas, una declaración de amor a la isla de Menorca, tal y como destacó el escritor Josep Masanés en la presentación que hizo de Las vidas que no viví el pasado 22 de septiembre en Maó. 

    No podemos obviar que el inicio del libro está entre el ensayo, la novela, la poesía y la crónica histórica. Estamos ante un libro híbrido que comienza con un hecho histórico, el naufragio, en Menorca, del buque correo transatlántico francés General Chanzy, que hacía el viaje entre Marsella y Argel el 10 de febrero de 1910. Una alegoría en relación con el pasado de Anna y Pari, dos mujeres que se encuentran en la isla, en torno a un hotel abandonado y ocupado, y un huerto rescatado del olvido. Anna, originaria de Menorca, regresa en medio de una crisis íntima, después de muchos años fuera. Pari llega desde Irán tras abandonar su vida anterior, y espera la posible llegada de un visitante. 

    Patricia Almarcegui introduce en la narración algunas palabras en menorquín de manera tan natural, que consigue que el lector se acostumbre a tener una percepción abierta ante lo diferente, e incorporarlas inconscientemente en su registro.

    Las vidas que no viví también es una novela femenina que Patricia Almarcegui empezó a escribir hace cinco años, escuchando a una treintena de mujeres que fue conociendo en diferentes viajes y les fue preguntando sobre esos momentos en los que se habían sentido ellas, como mujeres, en inferioridad de condiciones. De ahí fueron saliendo cosas absolutamente provocadoras e impresionantes, en palabras de la autora, sin importar las fronteras físicas o biológicas: jóvenes y mayores, incluso ancianas de Menorca, Irán, Japón, Francia, …. Por eso, este libro se puede definir como una novela femenina que habla de lo femenino y, por supuesto, feminista porque también tiene que ver con esa condición de la mujer y de las mujeres. 

    Respecto al título, Las vidas que no viví se refiere a las vidas que han elegido las dos protagonistas. Son dos mujeres que deciden lo que quieren vivir y por ello, se ganan el derecho a olvidar lo que han decidido no vivir. Almarcegui aboga por decidir y olvidar las cosas que queremos olvidar de nuestras vidas.

    En cualquier caso, la novela, por el tono y la temática, es una novela rigurosamente contemporánea, un canto de amor a la isla de Menorca y a la cultura iraní. Dos mundos, tal y como dijo Masanés, que han marcado la vida de la autora. Una novela que trata sobre qué significa ser un extranjero, un distinto, en una comunidad compuesta por multitud de historias. Dos mujeres que representan dos civilizaciones que se encuentran y que, en la medida en que toman decisiones, también pierden opciones de vidas que no vivirán.

    Podéis encontrar el libro aquí.

  • La bella lejanía, de Abel Santos (Ed. Garúa, 2023)

    La bella lejanía, de Abel Santos (Ed. Garúa, 2023)

    La bella lejanía es un libro de pasos. No en vano algunas de las partes que lo configuran llevan el mismo título: El siguiente paso. El mismo título pero un paso más hacia esa luz, hacia esa paz, hacia ese nuevo día en el que las vistas son mejores y la lejanía es solamente temporal.

    Tengo un bendito niño de tres años

    y una preciosa hija recién nacida.

    […]

    A él lo llamo

    Eduardo, el Conquistador.

    Y a ella

    -a ella y la conocéis-;

    La Poesía.

    -Fragmento de Un hijo te vuelve a enseñar

    A pesar de la alegría y la ilusión renovada de un hijo, La bella lejanía no deja de ser un poemario agridulce. Más dulce que agrio, cierto, pero presentes están el vacío y cierta tristeza de que quizás las cosas no han salido como uno soñaba, pero lo bonito ha regresado, en esos ojitos pequeños que miran a su padre con admiración, en esa sonrisa incondicional que mira a su hijo con todo el amor del mundo.

    Sigue el estilo de una poesía desnuda y franca, donde Abel muestra sus debilidades humanas, su cansancio vital, su pereza a la hora de abrir la puerta para salir cada mañana. Sin embargo, la fuerza le viene dada por lo que tiene ahora, por esa personita que le hace seguir adelante, y darse cuenta que todo ocurre por algo, y que el valor está en reponerse por aquel a quien tanto ama, y en seguir adelante. Esa es la verdadera riqueza que la vida tenía reservada para él.

    Nos presenta un recuerdo que se ha ido transformando en algo distinto, en algo que quizás duele un poco menos porque hay una nueva luz, un nuevo camino que seguir. Ha sido una lección de la que el poeta ha sacado frutos; como si de repente, después de la negrura de la última etapa, aparecieran unos nuevos pasos que llevan a algo mejor. Y ese algo mejor está, a menudo, dentro de nosotros mismos.

    Pequeños hechos cotidianos de la vida de un padre divorciado se abren ante nuestros ojos de par en par, mostrando a su vez la repercusión emocional dentro del alma del poeta. A pesar de ser un libro en parte luminoso, no podemos evitar ver ese lado desolado, esa tristeza y ese dolor que el camino hasta aquí ha ido dejando en cada esquina de la vida de Abel.

    Yo me pasaría lo que me queda de vida triste

    en la luz y la sombra de las calles,

    si la tristeza la retuviera conmigo,

    si la tristeza me la trajera de vuelta.

    -Fragmento de Pasando página

    Abel ha tenido que pasar página, quizás forzado, quizás con las manos sangrando a la hora de pasarla, pero poco a poco la sangre se seca, y se desprende, y de nuevo esa luz que ha aparecido para no irse es la que dibuja la sonrisa, aunque sea pequeña, pero sonrisa al fin y al cabo, en sus labios.

    La poesía de Abel sigue teniendo su sello indiscutible, la humanidad, la sinceridad y la transparencia. Pequeños detalles cotidianos se convierten en hechos poéticos que configuran la fuerza que hace falta para dar el siguiente paso.

    La lucha entre la melancolía y el seguir se hace patente en estos versos, pero lo mágico es que, a pesar de estar ahí la tristeza, de tener un vacío en el pecho que quizás nunca se llegue a llenar, porque el vacío es también parte de la vida, la fuerza que muestra el poeta es admirable; sabe alzarse de nuevo, enfrentarse al dolor y alzar el rostro para mirar ese precioso cielo que es la mirada de su hijo. Y ahí es donde la felicidad toma forma, donde la ilusión vence a la lágrima y el camino se abre de nuevo. Hay dolor, es cierto, pero los pasitos pequeños de su hijo son capaces de pisarlo. En el fondo, la poesía y Eduardo se convierten en la salvación del poeta. Ahí nace la fuerza y el querer continuar. Hay dolor, sí, pero hay un fondo positivo que ilumina.

    Ha sufrido, ha llorado, ha tenido la sensación que estaba perdido y no había más puertas por abrir. Sin embargo, de todo ese dolor surgió algo bonito; ahora, el camino de Abel son los pasos de su hijo.

    Como bien nos indica Manuel López Azorín en el prólogo, este libro se aleja un poquito de ese “bastardismo” que Abel suele dejar siempre en sus poemarios, para dar paso a algo más íntimo; más privado y más emocional. Es un poemario escrito con las ventanas abiertas, pero desde dentro, desde muy adentro, y eso lo transforma en un camino de emociones, desde la añoranza al recuerdo, de la oscuridad a la luz, del dolor a la esperanza luminosa.

    Todo se pasa, corazón roto, todo se pasa.

    Y enciendo un cigarrillo, por no gritar.

    -Fragmento de El hombre más poderoso sobre la tierra.

    Debo decir que La bella lejanía me ha parecido un poemario precioso, con sombras y luces, con dolor y esperanza. Un poemario abierto que enseña, que explica que con un corazón roto se puede seguir, se debe seguir, porque siempre hay un pedazo que lo cose y le tapa el agujero. Un poemario muy en la línea de la poesía de Abel, sincero, duro, abierto y, aunque no lo pueda parecer en una primera lectura, lleno de amor.

    Quiero terminar esta pequeña reseña con un poema que me ha cautivado, que creo es altamente significativo:

    Este hermoso punto de no retorno

    Y con gratitud abrazar

    los instantes de este mundo

    -con alimentos, bebida y encantamientos-

    antes de que la memoria

    desaparezca por completo

    en la terrible eternidad.

    Ah, qué hermoso punto de no retorno.

    Yo no creo en el futuro.

    Yo creo ahora.

    Y ahora es él, con su hijo de la mano, haciendo un nuevo camino entre los dos.

  • Rosario, de Blanca Berjano (Valparaíso Ediciones, 2023)

    Rosario, de Blanca Berjano (Valparaíso Ediciones, 2023)

    En cuanto una entra en este poemario, Rosario nos recibe con una escopeta y el dedo en el gatillo. Esa imagen tan abrumadora e intensa será la que marcará el libro entero. Una imagen pequeña, un gesto mínimo, un dedo en un gatillo, una escopeta apuntado. El lector se siente abrumado y atrapado de manera inevitable por Rosario; la Tía Rosario. Una mujer que podría ser cualquier mujer que vivió y sintió el dolor en sus propias carnes de una guerra y una postguerra que dejó huella en sus ojos. En ella están todas, las vivas, las muertas. Las que a día de hoy todavía lloran y recuerdan, haciéndose llagas en la memoria, el dolor y el vacío que quedó tras el paso poderoso de una guerra. La Tía Rosario, o tu tía, o la abuela, o tu abuela.

    Es un poemario ensangrentado y, sin embargo, lleno de vida. El dolor y las heridas reinan sobre los versos, como amenazas oscuras, como recuerdos llagados de una época y de la huella que esa época dejó en los ojos, las manos y el gesto de las mujeres. De las mujeres de Blanca y, por extensión, de las mujeres de esta tierra.

    Es un poemario que sabe a barro, a almas, a armas, a dolor y a vida. Cobran mucha importancia las miradas, los ojos, ese lugar que va más allá de un simple globo ocular, que es la ventana a través de la cual se ve lo que se ha vivido, lo que se ha sentido, donde las heridas bailan sin conseguir hacerse jamás cicatrices definitivas.

    y mis mujeres con los ojitos hundidos en sus cuencas

    me observan

    postradas frente la muralla del lavadero

    vestidas e luto

    pisando la uva en el lagar

    me observa

    mi bisabuela

    con sus ojitos rasgados

    -Fragmento de poema Mis Mujeres

    Es un poemario que es como un disparo que nunca termina, que hiere, que duele, que abre la carne hasta llegar al alma para desollarla. Esa tristeza, ese dolor y esa desolación van más allá del alma, se extrapola al exterior, se ve, se siente y se palpa en los paisajes que Blanca nos describe con un doloroso acierto

    Las Sindicales

    proyectos de casas vacías

    donde anidan las palomas a sus anchas

    donde todavía los portales ostentan

    aquella placa metálica

    de tétricas flechas negras

    -Fragmento del poema Una ramita de laurel

    Paisajes que parten de un lodazal, que son barro, que están vacíos, heridos también, como la tierra misma, faltos de interés, pero tan llenos de historia, que uno quisiera detenerse en ellos. Son las marcas que deja una época cruda y cargada de dureza, la que hace más fuerte la vida, más intensa, la que hace que la memoria nos haga volver a ser aquella niña que jugaba en del salón a la cocina.

    Rosario, de Blanca Berjano. Valparaíso Ediciones, 2023

    Creo que las piedras tienen una gran importancia en este poemario y un gran simbolismo. Las piedras se me atojan como los estratos de los años que se han ido acumulado y han configurado el hoy como lo que es; una realidad hecha sobre esas piedras de color fango, a veces amorfas, estáticas, pero convirtiéndose casi en la raíz y el sustento de lo que una es:

    aprehender el color de la piedra

    sus diferentes estratos que eran mi carne

    hasta llegar a la grasa

    de mi cuerpo de niña

    -Fragmento del poema Quise

    A pesar que podría parecer un poemario oscuro, frío, de plomo y cargado de odio, en el fondo tiene una calidez y que sorprende. Hay amor en Rosario, mucho amor. Mucho amor por esas mujeres anteriores que lucharon y soportaron lo mejor que pudieron (no que supieron, sino que pudieron) todo lo que devino a raíz de la guerra. La fortaleza de estas personas hizo posible la existencia del mundo y de lo que somos ahora. Su memoria, un tesoro que quieren difuminar, la memoria que cuenta lo que ocurrió y cómo la sangre poco a poco teñía el paisaje para acabar en cualquier cuneta o fosa. Los restos de vida que se han unido para crear otra vida más fuerte todavía. Es un poemario lleno de amor hacia esas manos que a pesar de sostener un arma por un lado, por el otro abrazaban con todas sus fuerzas su propia esencia y la de los suyos, que hicieron de un lugar en ruinas un hogar. Y en cierta forma, nos salvaron.

    hundo los brazos en las aguas

    de este pantano espeso

    a tientas busco a mis muertas

    -Fragmento del poema Mis Muertas

    Encuentro entre los poemas una conexión sutil que hace que todos formen un todo inseparable. Cada uno vive independiente, pero se sostiene en el poema anterior, en el siguiente, tal como las mujeres se sostienen en sus antepasadas, para proteger la vida de sus descendientes. Es un poemario que forma un todo que es una losa que pesó en el corazón de todas esas mujeres, de las niñas que vivieron la guerra a través de sus madres, o sus abuelas. Ese peso horrible y frío de la violencia, de los gritos. Pero no hay miedo; el miedo retrocede ante la valentía de unas manos y una mirada que luchan. Unas manos o cientos. Una mirada o miles. El miedo queda arrinconado por la fuerza y la valentía. El único miedo que vive es el miedo a no recordar.

    En algún poema Blanca cede su voz a Rosario, y es ella misma, esa mujer que vivió esos horrores, la que cuenta el sentimiento de dureza y crueldad que la rodean

    estoy como el país partida en dos

    qué suplicio este silencio

    así me dobla la cintura,

    y me queda qué lengua

    si me arrebataron

    la voz

    y mi hermana no es mi hermana

    ni mi casa es ya mi casa

    -Fragmento del poema Rosario

    Este hecho aporta un plus de fuerza a las palabras de Blanca. Duele sentir casi la propia voz de esas mujeres narrando el horror, las pérdidas, mostrando sin reparo sus heridas, su desconcierto, su desencanto y su dolor que sintió en sus propias carnes causado por los que hacían la guerra. La guerra transforma; de algún modo, Tía Rosario nunca volvió a ser la misma. Ellas nunca volvieron a ser las mismas.

    A medida que nos acercamos al final del libro, nos damos cuenta de la guerra palpita todavía; que algunos de esos mismos siguen ahí, protegiendo el camino del que no quieren que nadie se salga. Esa desesperanza por la violencia legitimada, en forma de ley, en forma de gobernante, marca la mirada de estos versos finales en el presente.

    a esos que hoy alzan su brazo impunemente

    quiero increparles

    que me dejen hacer memoria

    la memoria de mis mujeres

    que solo escribo estos versos

    para reconciliarme con mis muertas

    -Fragmento del poema La memoria de mis muejres

    Rosario es un poemario duro, vivo, afilado, que muestra ante nuestros ojos la crudeza de una época y todo su legado, que todavía persiste. Con un lenguaje estudiado y acertadísimo, Blanca rinde un homenaje doloroso, imposible huir del dolor de una guerra, a sus mujeres, a todas las mujeres, y reivindica el poder de la memoria, el existir de esos recuerdos que, al fin y al cabo, son parte de nuestras vidas.

    Un poemario que recomiendo sin ninguna duda, porque está excelentemente escrito, porque transmite el dolor muy de cerca; una no puede más que cerrar los ojos de vez en cuando para soportar esa crudeza poética que viste el poemario de principio a fin. Un poemario que marca y hiere, pero que enseña y muestra que el olvido, a veces, es el peor de los males. Este poemario es un pedacito de historia, de su historia; de nuestra historia.

    Blanca Berjano es Doctoranda y profesora de español en la Universidad de Boulder, en Estados Unidos. Tiene publicados Ratas en el Alféizar (Ménades, 2019), y La Barrera más bonita del mundo (Luces de Gálibo, 2021.), del cual podéis encontrar la reseña en esta misma revista (La barrera más bonita del mundo). Así mismo, ha escrito numerosos artículos en diversos medios literarios y es colaboradora de la revista digital Aullido, donde se ocupa de la sección de poesía escrita por mujeres “Alguien se acordará de nosotras”.

  • “PORQUE NADIE SABÍA CÓMO LLAMARTE” DE IVAN NAVARRO

    “PORQUE NADIE SABÍA CÓMO LLAMARTE” DE IVAN NAVARRO

    «Porque nadie sabía cómo llamarte» es el segundo poemario de Iván Navarro. Este joven valenciano, psicólogo de profesión y fotógrafo y poeta de pasión, presenta su confirmación como escritor mediante esta publicación de Ole Libros.

    En este segundo poemario Iván Navarro avanza en la senda que comenzó con «Necesaria Subjetividad», sus libros aúnan todas sus facetas vitales arrastradas por la corriente de un rio que fluye como el pensamiento. Iván Navarro es, por encima de todo, un pensador.

    «Porque nadie sabía como llamarte» se compone de cuarenta poemas distribuidos en cien páginas, que además de versos, acogen fotografías del autor y aforismos. 

    La primera selección de poemas tiene como título: «Peripecias» una sucesión de poemas y fotografías tomadas por el propio autor. Toda una declaración de intenciones. Iván no renuncia a ese tira y afloja entre sus varios yos. Los poemas que componen esta parte están muy anclados a tierra, casi recreándose en los pequeños objetos y en los gestos más cotidianos. Además, están íntimamente ligados con las fotografías que los acompañan. Se puede asegurar que son écfrasis. 

    “Tengo un cajón que mantengo cerrado

    es pequeño

    y está en mi mesita de noche.

    Si fuese mesita de día,

    no tendría ese cajón.”

    El libro comienza con tres poemas Basura perfumada, Única opción y Mi pequeño cajón, después nos encontramos con La mujer es mirada que es el primer poema al que prosigue una fotografía titulada del mismo modo: La mujer es mirada.  El siguiente poema repite la combinación con una fotografía titulada de la misma forma: El invierno en la cota. Es aquí cuando nos damos cuenta de que el hilo conductor es la écfrasis, o cómo decía Roland Barthes, el “punctum”.

    El lingüista francés explicaba en su libro «La cámara lucida» que hay algo en las fotografías más allá de la técnica y la composición: algo que no buscas en la foto cuando la miras, si no que sale de la imagen y viene a punzarte. Y para definirlo utilizaba esta palabra latina – punctum – que significa pinchazo, pero que en otra acepción también significa casualidad. 

    Es aquí cuando el lector se detiene y vuelve atrás, revisa los tres primeros poemas, pensando en que probablemente han sido sacados de alguna fotografía que el autor nos ha escamoteado y, no sabemos si es así, pero los poemas cobran otra dimensión. Adquieren la capacidad de materializarse.

    Quiero volver a Barthes y a su Cámara Lúcida, libro en el que después de exponer su teoría sobre la semiótica de la fotografía, reflexiona sobre el tiempo y la muerte a partir de una fotografía de su propia madre en la que Barthes se expone con una escritura íntima al tiempo que muestra el esfuerzo por encontrar la esencia de esa fotografía de su madre. Es aquí donde viene el dato curioso que engrana con la poesía de Iván Navarro: Esa es la única fotografía que no se encuentra en el libro de Barthes y, sin embargo, la más recordada por sus lectores.

    Regresando a «Porque nadie sabía cómo llamarte», la secuencia de poemas, fotografías, y huecos donde debería haberlas se sigue repitiendo en todas estas Peripecias hasta la última imagen, titulada como el libro y que además es también la portada.

    Ella se da al cigarro, mirando a la vecina de enfrente
    mientras hablan de la vida,
    la ajena,
    y espero
    absorbiendo cada bocanada,
    con el deleite que envuelve su cara,
    y entonces pregunta sin mirar:
    «¿tú sabes por qué te llamas así?»
    Me mira sorbiendo la cerveza de lata verde
    mientras arrastra el silencio con una mueca:
    «Porque nadie sabía cómo llamarte».

    En resumen, el autor nos ha dado unas claras instrucciones de uso para entender que esta primera parte se asienta sobre dos figuras retóricas, la écfrasis y la elipsis, con la peculiaridad de que esta última la realiza no con las palabras, sino con las imágenes. 

    Iván Navarro ha puesto el listón alto y nos tememos que no pueda mantenerlo en la segunda parte, a la que titula: “Esbozo de una voz: Aforismos poéticos”.  Vemos aquí una decisión inteligente, el Iván fotógrafo da paso al Iván psicólogo, le cede la voz dándole un claro pie: el lenguaje. El testigo de Barthes lo recoge Wittgenstein para elaborar toda una gestación del lenguaje, desde la forma de la boca y su articulación, pasando por ser pensamiento, palabra, lenguaje, habla y voz. 

    Es un reto difícil el que afronta Iván en esta parte y decide sustentarlo en una estructura de poemas formados por aforismos que remite en su forma al “Tractatus Phillosophycus” de Wittgenstein.

    El Iván Navarro psicólogo sienta al filósofo  y lingüista austriaco en el diván, le dice: ¡Habla, te escucho!: 

    “ 2.15121 Sólo los puntos extremos de las marcas tocan el objeto a medir.” 

    Y de las notas de Iván se esboza una voz:

    “Formación de una boca

    Un agujero depende de los bordes que lo configuran. Para que se dibujen es necesario el roce o el tacto: es ahí cuando empiezan a perfilarse. Necesitan de un objeto externo que dé forma al vacío que contienen.” 

    Para acabar nos encontramos con una parte más similar a su primer poemario “Necesaria Subjetividad” (Cuadranta, 2021), que lleva por nombre Vértigo pero que bien podría haberse llamado Necesaria Ambigüedad. Aquí nos reencontramos con el Iván de su primer poemario, donde se esforzaba por poner en valor la subjetividad y encontrar las verdades objetivas que encierra. Siguiendo el hilo conductor de lenguaje, el autor es aquí un salmón que nada a contracorriente por el caudal de versos y palabras hasta llegar a su origen, a su primer poemario, en una suerte de poética circular.

    Escribe Vicente Luis Mora en su Circular 22:

    “El modo cámara es quizá el modo literario más complejo que existe. Es la subjetividad misma con la que el escritor, el cineasta, observan el mundo. ¿Objetividad? Bastará con que la tengáis los críticos. Además, el realismo no puede ser total, tiene que ser selectivo.”

    Imagino entonces lo que cuesta aplicar ese modo cámara a la poesía. Podría hablar del verso libre en el que se elabora el poema o alguna cuestión técnica, pero esto se quedará vano en la poesía de Iván. Si hay que hablar de sus recursos técnicos habría que acudir a términos cinematográficos como dónde ha puesto el objetivo, a qué plano corresponde el poema o la iluminación que ha utilizado. Una poética de profundidad de campo, esa es la poética de Iván

    Encuentro en tu mejilla,

    seguida por tus labios

    que se estiran con sutileza,

    algo cercano a la forma.

    Lo efímero se vuelve íntimo

    que acaba convirtiéndose en inútil,

    necesariamente inútil.

    Lo bello se vuelve fútil,

    necesariamente fútil,

    para escapar del tiempo impropio.

    Así que siguiendo las palabras de Mora, me veo en la tesitura de ser objetivo y asegurar que Iván Navarro Lluesma es un escritor de trabajo duro, que pica en la piedra de su poética hasta tenerla moldeada. Transmite la sensación de que aún no hemos visto la obra terminada porque cada uno de sus poemarios son solo las marcas de los golpes de una obra total. 

  • Abyecciones y amores herejes, Karla Cifuentes Irigoyen (El Ángel ed. 2023)

    Abyecciones y amores herejes, Karla Cifuentes Irigoyen (El Ángel ed. 2023)

    Con “Abyecciones y amores herejes” nos encontramos con un libro poderoso e intenso que saca a relucir la fortaleza de la  mujer y su unión indivisible con la naturaleza y su poder. Explora la magia, tanto en el interior de la mujer como alrededor de ella. En cada sentimiento, en cada lugar. 

    Refleja, asimismo, la energía de una mujer joven, escritora reflexiva, genuina, determinada, que ha visto y ha vivido más de lo que muchas jóvenes de su edad. 

    En la obra destaca la prosa poética. Y una forma muy peculiar de presentar su obra. 

    El deber poético (fragmento)

           “Veo cuadrículas en el techo

     y me subsumo desde lo absurdo, sintiendo mi cara en otros cuerpos, desdibujados en lo transitorio. 

            Me cuestiono la vida 

    a carcajadas de la moralidad

    ¿tuve un amante un día,

    que me hizo abrazar a las caracolas hasta olvidar el tiempo?”

    Con una mezcla particular de encantador cinismo y mucha sinceridad, expone ideas muy variadas, cambiando el estilo de escritura y la forma de presentación. Establece, si se quiere, su sello personal, tanto en contenido, como en diseño visual.

    “Mientras los fonemas me quepan, los dedos no tienen permitido detener el baile.”

    ¡Entereza! ¡Seguridad! Un camino: ¡escribir!

    Tiene ideas precisas que sabe como transmitir. Su obra rezuma resistencia, perseverancia, a través de metáforas algunas veces y otras totalmente de frente. 

    “Soy la Niña que sobrevive el volcán y los truenos lavan mi calzada, porque tocó los cielos celestes desbordados de estrellas.” (Fragmento de: Regente)

    Es una escritora audaz, franca, atrevida. Aborda temas diversos, sensibles, que otros, quizás no se atreverían.

    Su estilo gráfico, la forma de exponer su obra, si bien no llega al nivel de caligrama, es sugerente. Cortar una idea con una palabra vertical u horizontal, en mayúsculas, con espaciado diferente, es un recurso que te mantiene atento, te hace pensar una segunda vez, te hace buscar un “por qué”.

    “…edifiqué caminos escondidos al Olimpo

    S O Y VIS -CE RAL 

    BI REAL 

    VÍC TI MA 

    de mi suerte cuadriculada pese mi corte oblicuo ondas de arcos…”

    Es, en definitiva, un poemario diferente, con un estilo muy particular. 40 poemas para disfrutar, para pensar, para ampliar nuestros horizontes literarios.

    Quiero compartir un poema que se convirtió en uno de mis favoritos:

    ¿Qué hay en la casa?

    Un sifón entre mis huesos, justo

    arriba de la doceava costilla,

    vertiginoso quemando desde la clavícula. 

    Hay lava fría colgando de mis órbitas, bañando mis pestañas algunas noches. 

    Cariño, ¿Cómo no se oyen los huracanados volcanes qué me rugen?

    ¿Cuándo va a detenerse la amenaza de sentirme diminuta? 

    Hay una gárgola que persigue mi sombra y graba el abandono en su temple.

    Tengo la baraja de las palabras que acentúan mi sensación de estorbo, y tus rosas marchitándose en la sala.

    Me voy quedando corta,

    con ganas de llorar repentinas

    con ganas de llorar constantes,

    con ganas de llorarnos al miedo.

    Es, en definitiva, un poemario fuerte, diferente y digno de explorar.

    Karla Cifuentes Irigoyen, nació en Quito, Ecuador, en 1999. Estudió abogacía, mediación y un minor de literatura en la Universidad San Francisco de Quito. 

    Es coautora del libro: Escrito en la piel: Historias de sobrevivientes a la violencia de género (Fundación Idea Dignidad y la Embajada de Francia, 2021). 

    Ha formado parte de agrupaciones de difusión política e información global. Escritora de ensayos de Crítica Social.

  • Los versos de papá, de Ferran Planàs (Ed. Olé Libros, 2022)

    Los versos de papá, de Ferran Planàs (Ed. Olé Libros, 2022)

    Los versos de papá son una serie de poemas inspirados y dedicados a los propios hijos. Un poemario lleno de imaginación, ternura, miedo, y mucho amor

    Iniciamos el camino con Romances. Con algunos poemas siguiendo la métrica del Romance, otros más enmarcados en el verso libre, esta serie de primeros poemas nos sitúa: nacimiento e inicio de la paternidad. Son poemas impregnados de dulzura, con un vocabulario llano que acerca a los cuentos y poemas infantiles.

    La protección se enaltece en los poemas, mostrando la fragilidad y delicadeza de un niño-bebé, y el sentimiento de protección del padre, cuidándola de las tormentas, acunando y aportando calma y tranquilidad.

    Me parece de una hermosura tremenda el Romance de la cigüeña; cómo Ferran nos narra el nacimiento de su hija:

    Agarrada al dulce monte

    bebes la vida y nos sueñas.

    Mientras en trance confundo

    de mis entrañas poemas

    quieren reunirse contigo,

    ¡buenos días, mi princesa!

    La hora del cuento nos introduce en la magia de los cuentos y, en cierto modo, nos acerca a ese instante precioso en el que los padres leen un cuento a los hijos. Peter Pan, Alicia, e incluso la malvada madrastra cobran protagonismo; estos poemas van plagados de alusiones a cuentos y personajes infantiles sobradamente conocidos, pero escritos de otra manera, dando otro punto de vista y en cierto modo mezclando el cuento con la realidad.

    Los versos de papá, de Ferran Planàs (Olé Libros, 2022)

    Vocecitas de papel se presenta, a mi parecer, como la parte más íntima y emotiva del poemario. Es la parte que más poemas contiene y casi la más intensa.

    La vida es todo aquello que acontece

    desde que naces

    hasta que muero.

    -Respuestas I

    Son poemas en su mayoría breves, verso libre con algún soneto intercalado, algunos con instantes cotidianos que traspasan la piel y se convierten en una emoción inmensa. Desde la ternura a la cabecita apoyada en el regazo a la, por decirlo de algún modo, rabia, por verlos crecer, por ver que se hacen mayores y uno piensa que esos instantes en los que el niño quiere agarrar la mano del padre acabarán por desaparecer.

    Poemas que se ven muy trabajados, sencillos pero con mucha profundidad, diciendo mucho en pocas palabras. Muestran la plenitud de la paternidad, el no desear nada más que una tarde en silencio con los hijos. El sentirse lleno por una tarde en el parque o un beso pequeño en la mejilla. Muestran la grandiosidad emocional de los padres ante un amor tan incondicional e infinito como el amor de los padres a los hijos.

    Aun así, no puedo evitar que me quede en los labios un sutil sabor agridulce, porque esa plenitud tiene fecha de caducidad, porque sabemos que, con los años, los hijos crecen, y esa relación cambia y se convierte en algo muy distinto. No cambian los sentimientos, pero sí las relaciones, y en cierto modo, eso puede provocar cierta tristeza o desazón.

    Tu mano en la mía,

    solo quiero eso.

    Momento fugaz,

    eterno en un verso.

    -Sencillez

    La última parte del poemario, Retratos. Aquí nos encontramos con nueve relatos, líricos y sencillos, que dejan ternura y amor en los labios. Momentos vividos que quedan eternizados en los textos. Recuerdos que cobran vida, vida eterna, a través de las imágenes que los textos configuran en nosotros al leerlos.

    Textos de una ternura exquisita, cuentan una pequeña historia y acaban con una especie de resumen breve, de apenas tres líneas, donde el padre se abre para mostrar la huella que esa historia ha dejado en él.

    Debo decir que los poemas que configuran Los versos de Papá me han sorprendido para bien. Poemas bien escritos, con un lenguaje acertado para padres e hijos, con instantes que cualquier familia puede haber vivido. Los niños pueden entender mucho a los padres con la lectura de un poemario así, cualquier padre o madre podría hacer suyo este libro, y lo que más me gusta, es que está hecho para que lo lean juntos, padres e hijos, para decirse que se quieren sin decírselo.

    Poemas maduros y a su vez con un toque infantil que los hace absolutamente aptos para esa lectura conjunta. Un pequeño gran libro lleno de ternura y, como he dicho al principio, mucho amor.

    Mencionar también que, tanto la portada como las ilustraciones que completan el libro han sido realizadas por Escarlata Fernández García.

    Los versos de papá es el primer poemario de Ferran Planàs, editado por Olé Libros, 2022, y, sinceramente, espero que no sea el último. Un libro precioso que recomiendo, tanto si sois padres, para leer con vuestros hijos, como si no lo sois, para daros cuenta de lo que os pueden llegar a querer vuestros padres.

  • Contrición bajo los signos, Jaime D. Parra (Libros del Innombrable, 2022)

    Contrición bajo los signos, Jaime D. Parra (Libros del Innombrable, 2022)

    Jaime D. Parra. Nacido en Huércal-Overa y residente en Barcelona. Interesado en las creaciones experimentales, la poesía de mujeres y el mundo de los símbolos. Autor de ensayos y antologías, como La simbología (2001), El poeta y sus símbolos (2001), Las poetas de la búsqueda (2002), Místicos y heterodoxos (2003), La poesía otra de Barcelona (con Carlota Caulfield, 2004), Poesía in-versa (con Amalia Sanchís, 2018), Claves de simbología (2018), Poéticas del origen (2019), Poéticas del caos (2019), Poesía bajo sospecha (2020) y Radical 3, I-II-III (2020, 2021,2022), que siguen siendo la base de su actividad ensayística y axiológica. En poesía ha escrito, expuesto o publicado obras como Contrición bajo los signos (1ª ed. 1978), Poemas gráficos (1994), La sombra y la nada (2003), Huellas vacías (2005), Escolium (2007), Dominós aperturas: Integral de Á má zú lat (2015), Éxodo y otros poemas (2021), Wyoming (2022) y Papeles del desierto (2022), que reunirá con Sueños, en Literatura no escrita. En la actualidad coordina el ciclo de lecturas poéticas Radical 3 de la Llibreria de la Imatge y colabora en las de Animal Sospechoso, ambas de Barcelona.

    En junio de 2022 entrevistamos a Jaime D. Parra sobre su trayectoria poética. Aquí tenéis la entrevista: La poesía es alquímica: una entrevista con Jaime D. Parra

    Ya en el prólogo, Carmen Borja nos informa que en mayo de 1978 aparecía la primera edición de Contrición bajo los signos. Se abría con una cita de la Ética de Spinoza («Contrito llámase al ser cuando está por debajo de sí por tristeza»), una «Invocación para que este libro concluya» y un prólogo manuscrito del autor, en el que exponía sus ideas sobre la vida en general, sus congojas en particular y los caminos por los que la poesía moderna podía rescatarse a sí misma. Había allí juventud, ingenuidad, ímpetu, autocompasión y un punto de jactancia, pero también ideas interesantes de cuño cernudiano —me refiero al Cernuda de la prosa crítica—, que en mi opinión no solo eran muy válidas sino imprescindibles. Aunque no aparezca en la nueva edición, sino un fragmento, no quería dejar de subrayar su valor.

    Contrición bajo los signos es un poemario que se nos presenta de la mano, no solo del prólogo que hemos mencionado, sino también por un epílogo de Gustavo Vega que nos informa que estamos ante un libro complejo en el que se dan cita diferentes recursos de la llamada vanguardia clásica con otros más recientes del experimentalismo de los 60 y la poesía visual. Fue una primera, juvenil, y fructuosa experiencia de búsqueda —dentro y fuera del lenguaje—, que acompañará a Jaime D. Parra a lo largo de toda su vida y obra.

    Tenemos entre manos un libro, publicado originalmente en 1978, que mantiene toda su frescura y personalidad. Tal como nos informa Miguel Ángel Ordovás en El Periódico de Aragón, Jaime D. Parra utilizó las técnicas de la vanguardia para amplificar la expresividad de la palabra, y no como un mero recurso decorativo o embaucador. Así, la introducción de dibujos y figuras, de números y figuras geométricas, de poemas escritos como un tebeo o un telegrama, lo que hacen es amplificar la intención del poeta para reflejar de manera extendida y poética “el vacío asfixiante en el que se vio y se movió”, como el propio autor indica en el currículum vitae que cierra el libro.

    Entre las páginas del poemario asistimos también a un diálogo entre Parra y otros poetas como Juan Larrea, Octavio Paz, García Lorca, Rimbaud, Francisco Pino, Nicanor Parra o Carlos Edmundo de Ory.

    Mientras que Contrición bajo los signos fue escrito entre los años 1974 y 1975, la edición que nos presenta Libros del Innombrable también recoge un segundo poemario, La contrición contrita, que fue escrito entre los años 1976 y 1977 del que destacamos el poema En el principio fue el caos.

    En primer lugar existió el Caos (…) Del caos surgieron Erebo y la negra Noche. De la Noche a su vez surgieron Éter y el Día (…) Después de ellos nació el más joven, Cronos.
    Hesíodo


    Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad (…) llegó aquí entonces la palabra
    Popol Vuh


    En el principio fue el caos, el torbellino esencial, la energía primera, la nada.
    Antes de la luz de la galaxia y el polvo de gas y azufre flotante.
    Luego vino la ráfaga de todo lo demás: el lado oscuro de la divinidad, negro total, la sustancia nebulosa. El sonido del resplandor.
    El caos como una sombra en espiral: aire y fuego girando en un vórtice.
    La palabra era esperada, como un teclado de sones y armonías.
    Pero el ruido la retrasaba.
    La onda expansiva fue jugando con lo líquido, lo gaseoso, lo terroso y lo ígneo;
    y del son surgieron las luminarias,
    la voz de los mundos, las estrellas chispeantes.
    Todo bello y terrible, como la visión de una roca en combustión.
    Nadie vino a saber en qué iba a terminar toda aquella conglomeración de materias
    convulsas, excesivas, diversas..
    Gracias a la pulverización y a la condensación fueron surgiendo formas
    al principio informes, vermiformes, pluriformes, enanas o tamañas.
    Y fue repitiéndose la consideración de los patrones, los fractales: redondo, cuadrado,
    alargado, pisciforme, ovalado, puntiagudo, lanceolado. Y combinándose todo
    con todo y todo, se fue generando este puzle de casos.
    Y mundos y mundos y trasmundos dentro de otros mundos que generan
    mundos y devoran mundos fueron generándose.
    Nacimientos y devoraciones y defunciones y nuevos nacimientos helicoidales.
    Las formas del caos.
    La palabra llegó por fin y se hizo hermosa, cuando todo ya estaba inventado,
    intentando reinventarlo todo de nuevo, recrearlo. Y con ella llegaron los porteadores
    de sintagmas, los palabreros,
    que empezaron a crear delirios de palabras, aguijones de palabras, figuras
    de palabras, mejoradas con cosas
    extrañas: labios en flor, globos del agobio, vasijas donde contener un poco de viento.
    Pensamientos, enredos pulverizados, vocales, deseos. Cosas: Casos: Caos.

    Recuerda comprarlo aquí.

  • Laisvė, de Natalia Piccinin (Ed. Ópera Prima, 2022)

    Laisvė, de Natalia Piccinin (Ed. Ópera Prima, 2022)

    Laisvė, libertad, es un poemario íntimo, pero colectivo. Dividido en cinco partes, cada una de ellas se centra en una emoción y todo lo que esa emoción puede abarcar, desde un punto de vista individual.

    Así, en la primera parte, introspección, ver el mundo desde dentro, un mundo que ha perdido sus principios, su unión, al tiempo que nos hace ver que hay otro camino, otra luz que debemos encontrar, y quizás debemos empezar a buscarla en nosotras mismas. El mundo, y cuando digo el mundo me refiero a la humanidad, debe cerrar los ojos para ver de verdad. Me hace pensar en la pérdida de los buenos valores, los valores reales y esenciales que son los que realmente sostienen el mundo.

    Me parece una primera parte muy reflexiva, con sentencias sencillas pero brillantes

    el prejuicio mata

    y el desprecio entierra.

    -Versos de Prejuicios

    Llegamos a la segunda parte, enamoramiento. Conocer a esa persona especial nos puede hacer muy felices, pero siempre se sufre. Siempre hay esa duda, el pensar si el sentimiento será correspondido. En estos poemas, la autora empieza a sentir ese enamoramiento, y en los versos casi se puede tocar esa incertidumbre que a la par duele e ilumina, porque una empieza a sentir cosas bonitas, pero

    ¿Resultará?, ¿querrá el destino vernos juntas?

    ¿Será nuestro camino el eterno encuentro?

    Ah, el milagro de se produce, y entonces Natalia nos regala versos de gran intensidad, de pasión y de sentimiento, en su parte más sincera y pura.

    El amor signo infinito sentir,

    obedece a esa ternura y a ese fuego

    que hace de dos.. uno,

    que hace de vos mi espejo.

    Amor, la tercera parte del poemario, quizás la parte más intensa en lo que a este sentimiento se refiere. Se produce la unión de los corazones, de los cuerpos, de las almas. Amor se asienta entre estas dos personas, y a pesar de los posibles temores de pensar si una estará a la altura, si se siente una preparada para amar, el sentimiento es tal, que todo queda relegado a un segundo plano y sólo existe la persona amada y el sentimiento en sí.

    Esa noche desplomaste mi armadura,

    como hace siglos no lo hacías.

    Hoy te digo que tu libre latir

    da sentido a mi vida.

    Un amor incondicional al que la autora se entrega en cuerpo y alma, que aporta plenitud y sentido a la vida.

    Después de esta exaltación amorosa llegamos a la cuarta parte del poemario, desamor.

    Prefiero dejarte ir bonita.

    Por mi entendimiento de humanidad.

    Hoy me rindo ante los sucesos.

    Ni una esperanza queda en libertad.

    El amor se ha ido, la desazón y la culpa pueblan estas páginas en las que la autora nos muestra su herida abierta, su resignación. Denoto cierta crudeza en estos versos y a su vez, un asomo de aceptación; en cierto modo, se siente responsable de esta rotura; en cierto modo, a pesar del dolor, no tiene más remedio que resignarse y dejar ir, porque dejar ir también es una muestra de amor.

    Y tras la herida, llegamos a la parte final del poemario, descubrimiento. Es la parte quizás más reflexiva de todo el poemario.

    Cuando uno es solo sabe

    que las tristezas no se comparten,

    y piensa que la razón es su única compañera.

    Cuando uno es solo…

    El dolor y la tristeza dan paso a estos poemas en los que la autora reflexiona sobre el dejar marchar, sobre la soledad y la penumbra en la que queda el corazón cuando el ser amado desaparece. Es casi el darse cuenta que, al irse, el mundo ha quedado vacío, que no habrá otro amor igual.

    Es un poemario altamente emocional donde cualquier persona puede sentirse identificada, puesto que el puntal de los poemas es el amor y los sentimientos que derivan de él. Un poemario que muestra todas las fases del corazón, desde que ve llegar hasta que ve marchar.

    Un poemario escrito con sencillez, pero con cierta profundidad, donde el amor es el principal protagonista. El amor y la libertad para amar.

    Natalia Piccinin es de Buenos Aires, pero residente en España desde 2018. Licenciada en economía, tiene también un Máster en Dirección Estratégica y Tecnológica, y cuenta con un postgrado en Growth Hacking en IEBS.

    Respecto a su faceta literaria, tienen en su haber más de quinientos poemas escritos bajo el pseudónimo Mihi Lux, se erigió ganadora del concurso ROI con el poema Una historia (Letras del Face 10, Ed. Dunken, 2015, Buenos Aires).