Ícaro Carrillo nació en Cieza (Murcia) en 1984. En 2017 publicó su primer poemario, titulado Musas, blasfemias y trincheras con Zerkalo Ediciones, Un espejo para Medusa (Ediciones En Huida, 2018) y ha colaborado en antologías, revistas y fanzines poéticos de entre los que destacan: Versos de acogida (Barcelona Actúa/Poemame.com), Manifiesto Azul (Colectivo Iletrados), Poetry News, Bohemia revista de poesía crítica y La última resistencia fanzine.
La sed y el brindis marca, con línea dura y una voz poética muy potente, la división entre un pesimismo predominante y la esperanza «impuesta» por el nacimiento de las hijas del autor.
Al lector o lectora de este poemario le recomendaría que hiciera el ejercicio de leerlo al mismo tiempo que el poemario Lengua madre de Alicia Párraga. Ambos libros tienen una complicidad, un nexo en común que no voy a desvelar, pero que al leerlos en paralelo transmiten una imagen diferente a la lectura individual de cada uno por separado. Un ejemplo: ‘1ª cita’ (de Lengua madre) y ‘Candela’ (de La sed y el brindis). No digo más.
De vez en cuando conviene sacar el polvo a la librería e intentar ordenar los libros apilados que van quedando por los rincones de la casa. Eso tiene una ventaja increíble: encontrar pequeñas joyas que ya no recordabas que tenías en casa. Así ha ocurrido con la Guía del odio de Ferran Fernández, poemario editado por Luces de Gálibo en 2017.
Ferran Fernández lleva media vida publicando libros ajenos y ha estado enseñando periodismo en la Universidad de Málaga hasta hace bien poco. Su labor como editor independiente es impecable. Como poeta es una persona inteligente y con una obra muy sólida a sus espaldas. Si queréis saber más del poeta, podéis leer la entrevista que le realizamos en 2018.
La Guía del odio es un poemario inteligente y lleno de ironía impreso con la tipografía, diseño y calidad de papel a que nos tiene acostumbrados la editorial Luces de Gálibo.
Un libro repleto de inteligencia e ironía. Un libro de poesía necesaria.
Como suele pasar con los poemarios de Abel Santos, nos hallamos frente a una alta dosis de realidad, de humanidad y de vida. La primera bofetada de sinceridad arranca en el primer poema, donde nos habla claramente de un divorcio, de manera directa, como suele ser su estilo, sin dramas ni florituras, una verdad desnuda que se abre ante nuestros ojos para advertir que el poemario que tenemos entre manos se muestra como el contrario de su poemario anterior, El camino de Angi.
La vida tiene giros que a veces nos pueden llegar a sorprender, y Abel ha sabido sacar partido de esta nueva sorpresa que la vida le tenía preparada sin saberlo. Una manera de canalizar y superar las trabas que se ponen en nuestro camino. Un poemario que es a su ver herida y cura, hasta quedar en cicatriz.
El divorcio queda eclipsado por su hijo, por esa nueva luz que llena ahora su vida. Y nos lo presenta rápidamente, en su tercer poema, Un salto de fe. El autor ve la belleza de la vida en esos primeros gestos, en esas primeras expresiones que le colman a uno el corazón y disipan todas las penas.
Es un poemario, como suele pasar con los libros de Abel, escrito abriéndose en canal. Recuerdos e ilusiones se enfrentan, como dando una de cal y una de arena, frente a los ojos y el alma del autor
La lluvia,
que nunca falla,
que de nuevo
cae.
Así es
tu recuerdo.
-Fragmento del poema Tu nombre es canción.
Abel Santos
La lluvia nunca falla, porque siempre, en algún momento, acabamos diciendo adiós, y siempre duele.
En ciertos poemas, probablemente el dolor, la sorpresa, hace que Abel cuestione directamente a la vida. La vida, muchas veces, aparece como ese personaje que todo lo mueve a su libre antojo, sin tener en cuenta quién o quiénes la están viviendo:
que me pague al contado las ilusiones
que se perdieron en el camino,
toda esa bendita poesía amorosa
que me ofreció, y que me debe.
Pedírselo
a la vida. Sí…
A la vida…
Menuda mafia.
-Fragmento del poema Se acostumbra uno a caminar
El desencanto, el sentirse vapuleado, quizás incluso utilizado, hace que la vida aparezca como ruin y malévola, como decíamos anteriormente, ese boss que mueve los hilos impunemente. Que causa dolor y desamparo y desilusión.
Un libro escrito desde el dolor y el estupor que un hecho así en su vida le supuso; la pérdida inesperada de un ser tan querido, el enfrentarse a la soledad fría y blanca de un cuarto nuevo y distinto, el darse cuenta que el llanto no aligera, pero no cura ni trae de vuelta. Asumir y aceptar, aunque duela, mientras el lector es absoluto testigo mucho de lo que el poeta está sintiendo y viviendo en esta etapa de su vida.
En esta desnudez sentimental, Abel muestra claramente sus heridas a la vez que intenta aceptarlas y comprenderlas, enfrentándose a un recuerdo tenue que poco a poco va perdiendo terreno, mientras el frío acecha.
Retazos de vida ordinaria se agolpan en el poemario como recuerdos, como imágenes soñadas o imaginadas, como una manera de retener la vida que tendría que haber sido y que finalmente no ha sido. La necesidad de comprender pasa por la necesidad de revivir.
La realidad se muestra abierta y sin adornos en sus poemas como si nos estuviera contando todo lo que arde en su interior a través de su mirada más sincera y clara
Ya no me muero
por hacer tonterías.
Casado.
Y recién divorciado.
Y padre de un hijo.
Compartiendo ilusiones,
pero sobrio
desde hace una década.
Loco perdido
por mi exmujer y sus ojos
de aguamarina.
Peleando, a diario,
para que no falten
los garbanzos
en la mesa.
Vamos,
el auténtico
lado salvaje de la vida.
-Las horas más duras.
¿Puede haber poesía más cierta y humana que esta? Ahí donde el autor muestra sus miedos, sus debilidades, su lucha y su dolor. Algo tan característico en la poesía de Abel, se muestra en su esplendor en este poema, donde resume casi sus dos últimos libros, los últimos años que ha vivido. Y eso, al lector, le llega. Porque está casi escrito como si nos lo contara, porque se muestra claro y transparente y, por encima de todo, humano. La valentía de explicar su interior más íntimo es el sello de este poemario.
Pero en toda esa amalgama de dolor y lágrimas está la luz de una sonrisa, la sonrisa de su hijo, que le habla, que le da fuerzas y que lo lleva de la mano hasta un futuro prometedor. El tener a alguien a quien amar por encima de todas las cosas hace ver que el amor no ha muerto, sólo ha cambiado de traje, ha cambiado de destino, y la fuerza sigue viva en algún rincón de esa alma herida. Esa fuerza que llena todos los poemas de Algo te queda, por encima de un dolor insufrible y de una tristeza que abruma.
Hasta que llega la resignación, el saber que las cosas son como son, y aceptarlas, a pesar de todo y por encima de todo, aceptarlas.
Porque ya te prometiste
que no necesitar
ser feliz en la vida
es tu forma
de felicidad.
-Fragmento del poema Jazz en el agridulce blues de la vida.
Así, después del dolor y el estupor, viene esa aceptación, y el alzar la cabeza con lo que se es y lo que se tiene, porque es todo lo que hay en nuestro haber que, de algún modo, vale todavía la pena.
Y en dirección a la poesía,
vuelvo
a caminar.
-Fragmento del poema Estoy de paso en Vozkal.
Los momentos cotidianos cobran magnitud en los poemas de Abel, porque no es sólo el instante que se está viviendo, es la comunión del instante con las emociones y los sentimientos del autor, de manera que no es sólo un momento, es lo que este momento provoca en él; así, de un viaje en tren sale un mar que se ríe, o de una vídeollamada en una Nochebuena, a veces tan fría, sale la sonrisa de un niño que hace que vuelva a ser Navidad.
Y los recuerdos se agolpan a la vez que se difuminan casi a la fuerza, porque ahora el círculo se ha roto y el regreso no es a un hogar, a unos brazos, sino a una soledad fría donde uno casi se ve fantasma de esos días. Una vez más, la sinceridad y la humanidad del autor se muestran desnudas y claras, dejando ver que sufrimos, que lloramos, pero que también tenemos el poder de salir de esos agujeros tan profundos que parece que se nos tragan sin ningún tipo de piedad.
si estos últimos versos te dejan
con la miel en la boca,
si el poema ya no es un lugar seguro,
si ya
no quiero
hacer
juntos
algo
bonito.
-Fragmento del poema Boca Chiusa.
La presencia del tren, como a veces suele ocurrir en los poemas de Abel, cobra un significado especial; viajes en tren como etapas de la vida. Cada etapa un nuevo tren que a veces ni siquiera sabemos dónde parará.
Y entre trenes y viajes nuevos e inesperados, transcurre esta nueva etapa de la vida de Abel Santos, que nos muestra, como siempre suele hacer, en lo que mejor se le da: en los poemas. Una vez más, Abel nos presenta un poemario magistralmente escrito, desnudo, directo y claro. La parte más humana de la poesía; en la poesía no todo es luz y estrellas; si la poesía relata las emociones y la vida, la poesía también es soledad y frío, y podredumbre y falta de todo.
Estoy completamente seguro
de que los dos
algo tenemos que ver:
yo
escribo
-te escribo-
para
salir
de la nada
sin
llegar
al
vacío.
Un muy buen poemario que abre al autor en canal, mostrando la cara oculta de amor, la desencajada, la inesperada.
Algo te queda es el último libro publicado de un autor tan prolífico como es Abel Santos, y fue finalista del XXIV Premio de Poesía Ciudad de Salamanca.
Alicia Párraga (El Esparragal, Murcia, 1985), licenciada en Filología Clásica por la Universidad de Murcia, trabaja como profesora interina en diversos institutos públicos desde 2009. Algunos de sus poemas fueron publicados en la revista digital Bohemia y en los fanzines Carne para el perro y Manifiesto Azul. En 2020 vio la luz su primer poemario, titulado Kairós (Boria Ediciones). Desde entonces ha participado en Los Lunes Literarios (Colectivo Iletrados) y Poetas En Cercanías (Letras de Contestania). Además ha sido traducida al italiano por el Centro Cultural Tina Modotti.
Lengua madre es testigo de cómo la vida y la muerte van de la mano, nos presenta una estirpe de mujeres hechas de hambre, ausencias y amor, mujeres que acompañan en el primer suspiro y en el último estertor. Estas páginas hablan de lo que el tiempo no puede borrar.
Nos encontramos ante un poemario en mayúsculas. Una poeta con voz propia y contundente. Un excelente dominio del léxico que hace que sus poemas nos lleguen al corazón, poemas con alma, no sintéticos como bastante de la poesía ‘influencer’ actual.
LA ESTIRPE DE LAS HOJAS
Una hoja en blanco. Virgen. Inmaculada.
Esos somos durante los 9 meses que ocupamos el sagrario
cálido, acuoso, frágil
de la mujer que acoge un caos como a su mesías particular.
En la primera cita,
sus lágrimas templadas lavan con infinita generosidad
la piel de la ciruela que aún conserva
el ardor de su sangre.
Ese primer vínculo, esa alquimia cotidiana
prepara la blancura del folio para un reciclado continuo,
adereza con sal la tinta
con la que se escriben las historias
que se escriben al margen de la Historia.
LA INMOVILIDAD NO TIENE ROPERO
Diez días de su muerte
y la penumbra sigue en el cuarto.
Años atrás, su armario
se convirtió en botica.
Los babis de faenar
y la camisa estampada de las bodas
cedieron su espacio a camisones de verano,
de entretiempo y de franela.
Donde antes hubo pañuelos
había gasas,
donde antes hubo ropa interior
había pañales,
donde antes hubo una piedra pómez
había crema para las escaras.
La resistencia al declive
la encarnaban un frasco de colonia
y la caja donde guardaba sus pendientes.
Puñetazos de coquetería
en tiempos de postración.
PASOS
Los primeros pasos tropiezan
con un manojo de ansias y titubeos
ante la incertidumbre
de una libertad incipiente.
Los últimos se enredan
con el miedo
a la pisada que convertirá
los huesos en polvo de arena.
Nadie puede guiar el devenir de esas huellas.
Confórmate con tender tus brazos
y ser sostén cuando sea preciso.
GUSANOS DE SEDA
La sangre nos salpica desde que nacemos.
Hinchazón y un coro de aleteos azulados
acompañan al solista en su debut.
¿Qué fue de esas mariposas?
¿Emigraron al abrigo de los pueblos del sur?
Nadie sabe dónde moran,
qué flores liban,
qué viento las mece.
Hay quien piensa que regresan al olor
de la muerte.
Se vuelven orugas
y abrigan con seda
el cuerpo
que un día albergó
su primer vuelo.
Lengua madre es un poemario para tener en la biblioteca personal, pero primero, hay que comprarlo.
María Laura Guisen, nació en la ciudad de Rosario, Argentina, en 1973. Psicoanalista de profesión, ejerce esa práctica en su ciudad desde hace muchos años.
Ha participado sistemáticamente y también en la actualidad, de diversos Cursos, Talleres de Poesía y de Escritura Narrativa, dictados por docentes y escritores de la ciudad de Rosario y Buenos Aires.
Ha publicado Relatos y Poesías en medios digitales: Revista Burak, Revista Ají, Emma Gunst.
Poeta y escritora novel que se estrena con Defensa personal. Poemario que podéis comprar aquí.
A continuación, tenéis una muestra de su poesía:
Parece
Parece una mujer
que toma sol
en el borde de la pileta.
Se acomoda los lentes
con una mano,
y desliza
delicadamente
la otra,
rozando el agua.
Parece una mujer
que lee un libro,
hay un movimiento
imperceptible
de los labios,
o quizás
es un temblor ligero
en el mentón.
Parece una mujer
que está pensando,
tiene los ojos
cerrados,
el ceño inquieto,
y los pies
apenas encogidos.
Parece una mujer
que habla por teléfono,
mientras acaricia
la cabeza tibia
de su perro,
que mueve el rabo
pidiendo atención.
Parece una mujer
contrariada,
lo revela
un titubeo sutil
en el cuerpo,
y la tensión
evidente
de la mandíbula.
Parece una mujer
que camina
decidida
hacia la puerta
de calle,
apretando un teléfono
entre los dedos.
Parece una mujer
que sale de su casa
y se aleja,
escoltada
por un perro
triste
que aúlla.
Parece una mujer
que aúlla
también.
ESA PARTE Con frecuencia
sospechosa,
olvido los platos sucios,
y dejo crecer el pasto
en el jardín de atrás.
Conservo
sin explicación,
frascos de perfume
vacíos,
biromes gastadas,
y una colección
de medias solitarias,
perdidas para siempre
de su par.
Camino desafiante
debajo de escaleras
abiertas.
Miento
sobre el estado civil
y rezo sin convicción,
ante una posible
fatalidad.
Me gusta esa parte
que, cómodamente
instalada
en un sillón,
acepta
sin reproches,
la desazón inquieta
de los domingos
y el malhumor
silencioso
de los lunes
que llegarán.
Poeta detallista en todo aquello que la rodea y en la descripción de lo que la gente a su alrededor va haciendo. Me ha gustado un poema en especial, El nombre. Empieza así:
Guardo
tu nombre
en el hueco
de mi garganta…
Sigue ‘acariciando vocales con la punta de la lengua’, una imagen muy bonita del mismo poema. No desvelo más porque no quiero hacer ‘spoiler’.
La descripción de las huellas de los caracoles sobre la arena de la playa, los movimientos en sentido contrario a las agujas del reloj, la presencia de la madre a través de la imagen de Gala Dalí, la gota que horada la piedra, el caminar paralelo a sus finales, … y muchos versos más que muestran, con gran manejo del lenguaje, cómo la cotidianeidad es también poesía.
María Laura Guisen nos enseña que Defensa personal es el ‘pistoletazo de salida’ de un gran futuro presente de la joven poesía argentina.
Con un gran dominio del lenguaje, Carlos Huerga nos abre una puerta a la reflexión a través este poemario; poemas de cierta brevedad la mayoría, algunos incluso de un solo verso, que condensan en pocas líneas instante de observación, sentimiento y meditación.
El poemario se encuentra salpicado de elementos naturales que nos lleva a un juego de luz y oscuridad, a un pasar de los años siempre en el mismo lugar. En cierto modo, me ha llevado como al origen y, a su vez, a darme cuenta de cuántos destrozos hay alrededor… ese agujero que habitamos, en el que nacemos y en el que morimos, tan seco, tan oscuro, tan dañado.
La primera parte del poemario, Estar, aglutina una serie de poemas que plasman, en cierto modo, el caos, la frialdad e incluso me atrevería a decir que también la podredumbre del mundo en general. A mí, personalmente, su lectura me arrastra hacia aquella parta más oscura de la vida y del mundo: el hambre, el frío, el cemento que se contrapone a la naturaleza, la crueldad.
Hay cierto vocabulario que se repite en esta primera parte que nos marca un poco el camino de lo que está contando: ceguera, frío, nieve, hueco, arder… palabras que crean una atmósfera casi en ruinas y seca, mostrando un entorno cruel y hostil que puede venir de nosotros mismos; ¿somos acaso nosotros la causa y el efecto de esta desolación?
En esta primera parte se es, se habita. Uno se encuentra en este mundo y narra lo que es y lo que siente. Podría ser incluso un punto descriptivo muy sutil de un entorno, como ya hemos dicho, hostil y maltratado.
En la segunda parte, Mirar, paradójicamente, se insiste en la ceguera, a pesar de estar viendo. Y es que una ceguera mucho mayor, una ceguera que no implica que no veamos, sino más bien que no miramos.
Referencias a elementos naturales, alimentos naturales, madera, agua, sol… pero sin abandonar ese punto oscuro de los anteriores poemas.
Sigue apareciendo la oscuridad, y la herida parece abrirse desde dentro y hacia adentro, a menudo causada por un grito que no se escucha, por una desesperación cansada; uno es consciente que el mal habita, que el mal está hecho, y no hay remedio.
Finalmente tenemos una tercera parte, Ver. Una parte que podria resumir con un verso:
los ojos son un corazón enfermo.
Vemos, pero lo que vemos no está bien y, incluso, no existe. Los cambios se han sucedido para dar lugar a un agujero sombrío y húmedo, donde todo termina y empieza en sí mismo, sin dar opción al crecimiento.
Las imperfecciones pueblan el mundo y la vida, los errores que conocemos, y debemos ser capaces de ver, de darnos cuenta que puede llegar un futuro, que quizás el agujero se puede salvar, aunque no alberga excesiva esperanza.
Realmente, este libro de Carlos Huerga me parece a la par complejo como transparente. Creo que nace de cierta desolación, e intenta ser una vía para abrir ojos, a pesar de decir que no vemos. Intenta mostrar que lo oscuro puede tener un lado de luz, si se enciende la palabra en el instante y el lugar correcto.
Es un libro que considero que se debe leer varias veces para llegar realmente a su fondo, y de hecho, termino esta pequeña reseña pensando que me quedan muchas cosas por descubrir de estos poemas, pero para eso os recomiendo que lo leáis y saquéis vuestras propias conclusiones.
Os aseguro que no os dejará indiferentes; remueve algo por dentro, no sé muy bien el qué, pero remueve. Casi duele.
Carlos Huerga es Doctor en Filología Hispánica por la UAM, licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la UCM. Trabaja como profesor, y da talleres de escritura y Clubs de Lectura. Escribe n blog de crítica literaria y cultura, y es autor de Un hombre en el umbral (2010, Amargord), Road Movie (2012, Amargord) y Habitar el aguejero, que es su tercer poemario.
Anaité Ancira García (México DF, 1980). Desde el 2010 ha publicado poemas en revistas digitales e impresas como errr magazine, dédalo revista, periódico de poesía de la UNAM, revista consideraciones, punto en línea, registro mx, revista trajín, el periódico de las señoras, revista el humo, Jerónimo MX, Hysteria Revista, Grafógrafxs y cartonera Puff.. Publicó el poemario “play, pausa, rec, mute” en 2018 con la editorial GRP, “Antidiario de un ama de casa” en 2019 con Editorial EL Humo y un fragmento de su poemario “fragmentitos de un discurso amorosito” en el número 6 de la revista Grafógrafxs en 2020. Hoy, presentamos «Fragmentitos de un discurso amorosito» publicado este año por la editorial Liliputienses.
Nos encontramos ante una obra difícil de definir, un poemario inusual, ecléctico, diverso, variado, curioso y único en su género. Precisamente por ello, vale la pena adquirirlo aquí y leerlo para que cada uno se haga una idea propia de lo que tiene entre manos.
L’ amour pue
que te pares en un charco de agua puerca con tus tenis nuevos
que te machuques el dedo con la puerta del coche
que se te acabe el gas en pleno diciembre
que se te pegue la lengua a una paleta helada justo antes de ir
a conocer a los papás de tu
nueva novia y tengas que hablar en cámara lenta
que te pegues en el dedo chiquito del pie con la cama todas
las mañanas
que le salga humedad a todo el techo de tu casa en época de lluvia
que todos tus calcetines tengan hoyos
que te pique la nariz en las noches y no puedas dormir
que no puedas dejar de estornudar en público y todos
te quieran linchar
que te quemes con el primer trago de café todas las mañanas
que te salga un barro en la oreja y te siga saliendo por la eternidad
que se tape tu escusado y se inunde tu baño
que te corten otra vez la luz en fin de semana y no puedas
arreglarlo hasta el lunes
que no quieras saber nada de nadie
que te vuelvas daltónico
que se te rompan todos los espejos
que no te guste ninguna película que veas
que el vino te haga daño
que te vuelvas alérgico al mar
que tus libros se llenen de humedad y se hongueen
que tu sudadera favorita se manche de cloro
que sientas un constante nudo en la panza y no puedas
probar bocado
que la vecina te siga espiando por la ventana
que la gata de al lado viva en eterno celo
que nunca quiten la foto horrible del espectacular frente
a tu casa
que te toque siempre el metro lleno y que nadie lleve
cubre bocas puesto
que te cortes el dedo dándole la vuelta a una hoja
que te estrelles con una puerta de vidrio
que pises caca de perro cada vez que salgas a correr
que se te encarne la misma uña siempre
que te muerdas la lengua mientras comes tu comida favorita
Después de leer y releer el el poemario de Miguel, una se da cuenta que está ante una descripció abrumadora de la vida, escrito desde lo más hondo del ser. Partimos de un cero, de una nada, vivimos, batallamos, sufrimos, y volvemos a esa nada.
El poemario nos describe el pasar de la vida en su lado más oscuro; la falta de logros, la resignación, el dolor, la oscuridad, son las pautas que rigen ese camino. El tiempo nos mata, la lucha constante acaba incluso con los recuerdos, con los sueños… incluso rompe los versos, que podrían ser, quizás, la única tabla de salvación en este larguísimo naufragio.
Quiero vestir mis ojos
con la luz de unos versos
que azoten el rayo.
Fragmento de Poema IV.
Se entrevé cierto ardor de libertad, de claridad. De hecho, el poemario nos llega lleno de palabras que denotan ese oscuro camino que es la vida. Intentamos sobrevivir en un entorno hostil, donde las luces apenas iluminan, las palabras apenas dicen, el miedo reina, y las heridas están repartidas por doquier.
Forma parte de esta lucha diaria el estar sometido, el haber venido a un mundo donde casi se tiene que pedir permiso para vivir, donde nos ceden una parcelita para habitar, a cambio siempre de un precio.
Vagan por los andenes
perdidos en el vértigo
de la prisa, ahogados
por el grito salvaje
de estas ciudades. Títeres
movidos por los hilos
del poder de las élites
de estos nuevos imperios.
Poema XXXII
Se ve en este poema la crítica feroz a unas élites, a un sistema que nos marca la vida y no nos deja opción.
Es interesante la aparición de CERO a lo largo del poemario, como un recordatorio de que, al final, todo es CERO. Y aparece así, en mayúsculas, recordando que nunca nos abandona, porque CERO es CERO, nada es nada, CERO quizás somos nosotros; una nada que intenta ser algo en medio de esta descarnada lucha que son los días, y aunque gritamos, caminamos, luchamos, arañamos… siempre está CERO alrededor para hacernos saber que a él volveremos. Ese intento de salir a flote sin lograrlo, ese miedo del que a veces regresamos menos vivos que muertos.
Que la vida nos mata poco a poco, que el tiempo es un arma sutil que nos transforma, nos hiere, nos elimina los sueños, es una idea que planea por todo el poemario: la vida rompe, hace que lo perdamos todo sin quizás haberlo tenido, y esa lucha por seguir adelante, inevitablemente, aja el cuerpo y muerde las ilusiones:
Si bien es cierto que hay ciertas palabras que marcan la espina dorsal del poemario, palabras como oscuridad, espejo, roto… querría destacar el miedo. El miedo tiene una presencia constante, y me transmite la idea de que el ser se encuentra indefenso ante lo desconocido, ante la vida y el vivir sin saber qué ocurrirá, a sabiendas de que ocurrirá y, probablemente no será bueno. El verso como un alarido desesperado que busca aportar la luz entre tantas sombras, la belleza entre tanta atrocidad, la compañía ante tanta soledad.
Es el agotamiento de vivir, cuando casi la vida apenas depende de nosotros.
Sólo nombrar al viento
nos libera y nos da alas.
Esa necesidad de libertad, de la que hemos hablado al principio, reaparece en algunos versos, sutil, casi efímera, pero presente como contraste al agotamiento de vivir.
Es un poemario que, en cierto modo, se me antoja como algo que se abre y se cierra, y en el camino, esta batalla infinita, e invencible, que es el pasar de los días, la propia vida, entre gritos y oscuridades.
Es un poemario abrumador que atrapa y se clava. Describe el dolor, ya no de uno, sino de cualquier persona, de una manera magistral, con un vocabulario muy bien escogido, que se repite a lo largo del poema, dando todavía más énfasis al dolor y la lucha de la vida. Me ha parecido un poema muy maduro, muy afilado y muy doloroso, del cual recomiendo la lectura pausada, poco a poco, para darnos cuenta, para quizás espolearnos a abrir los ojos y ser capaces de tomar las riendas de la vida y hacerla un poco más amable. Aunque parezca prácticamente imposible.
Miguel Fernández RIvero (Morón de la Frontera, 1958), comenzó a escribir poesía desde muy joven, adquiriendo una madurez importante en su poética a lo largo de los años. Tiene diversos libros publicados, el primero en el año 186 (Imágenes de un espejo), hasta llegar a 2022, donde Opera Prima nos ha concedido el regalo de disfrutar de este su último libro, CERO.
A finales de julio de 1936, un conjunto de milicianos, guardias civiles y voluntarios procedentes de las comarcas de Castellón constituyó la denominada Columna Casas Sala. La finalidad de esta columna era revertir el golpe de Estado del 18 de julio en Teruel.
La columna estaba bajo el mando del diputado por Castellón Francisco Casas Sala y del coronel de carabineros Hilario Fernández Bujanda. Cerca de mil hombres partieron inmediatamente, sin apenas tiempo ni formación, hacia Teruel. Poco antes de su llegada, se precipitaron los acontecimientos y el golpe se transformó en una contienda sangrienta que serviría al mundo como pequeña muestra inicial de lo que iba a suceder en toda España a partir de ese momento.
Relato que mantiene la tensión desde el inicio escrito por Miquel Osset Hernández, poeta, escritor y fundador de la editorial Proteus Libros, además de doctor en bioquímica y filología hispánica y directivo en varias empresas internacionales del sector químico. En la actualidad reside en La Habana (Cuba).
Este libro tiene dos partes principales: el relato y un epistolario de María Zambrano.
El relato documentado, mantiene fielmente los nombres y apellidos de los principales protagonistas de la “Columna Casas Sala”: Francisco Casas Sala, el jefe político; Hilario Fernández Bujanda, el coronel de carabineros actuando de jefe militar; el capitán Luis Sirera y el teniente Joaquín Osset. Durante el trayecto relatado, se incorporaron fuerzas de la Guardia Civil de Castellón y Cuenca al mando del comandante Ríos Romera.
La segunda parte del libro son recreaciones más o menos verosímiles a partir de las relaciones entre sus protagonistas (Ferrater Mora, Herminio Almendros, José Mª González Porto, A. Rodríguez Aldave, Eduardo Ortega y Gasset, Antonio Ortega, Joaquín Xirau, López Collantes, Luis Amado Blanco, Concha Méndez, Fina García Marruz), excepto dos cartas originales de Gustavo Pittaluga a María Zambrano.
Acompaña a estas dos secciones, un índice biográfico de diversos personajes del exilio español en Cuba.
Hay que reconocer el inmenso trabajo de investigación y documentación hecho por Osset para poder seguir la historia de este acontecimiento y “dar vida a la literatura”, en palabras del autor. Personajes retratados con mucho detalle y realismo, así como una conversaciones que te introducen en ellas como si fueras un personaje más de la historia. Realidad y ficción entrelazadas en un relato que una vez que lo empiezas a leer, no puedes dejarlo.
Antes del amanecer es de esas pequeñas joyas que las grandes editoriales dejan pasar y no alcanzan a publicar por su burocracia interna. Vosotros y vosotras, lectores afortunados, podéis conseguirlo aquí.
Temas sugeridos:
Si quieres consultar la base de datos de víctimas de la Guerra civil española y el franquismo de la asociación sin ánimo de lucro Innovación y Derechos Humanos, haz click aquí.
Si quieres hacer un uso pedagógico de este libro, haz click aquí.
“Mi vida es tan sencilla que bastarían apenas unas líneas para haceros llegar esa “orilla de mi vida”, en la que veo fluir el río que nos cobija y las hojas que, como yo, buscan la calma de los meandros…”
Joseba Sasía Muñoz (Barakaldo, 1957) Estudió Derecho y Economía y ha sido premiado en numerosas ocasiones en el concurso Poemas del Mar que convoca el ayuntamiento de Castro Urdiales (Cantabria) donde reside. Ha publicado otros poemas en diferentes revistas literarias y en el ámbito profesional, dirigido publicaciones sobre Restauración y Patrimonio Histórico y también sobre Consumo.
Sencillamente, la vida, es su primer poemario, publicado por Septentrión Ediciones de Cantabria.
El poemario se estructura en cinco bloques, pero no son compartimentos estancos sin conexión, todos ellos llevan sus señas de identidad poéticas y son partes de un todo vital.
El primero, Cruzando la puerta de las palabras, comienza con el poema que da título a la obra.
“Sencillamente, la vida”
“Apetitos distintos
que nos disponen dispares
para alcanzar el umbral
de la tierra y de los mares.
Por la alcazaba quebrada
del vientre de una mujer,
sencillamente, la vida,
apenas el llanto es prisa,
y en los labios de un suspiro
se dibuja una sonrisa (…)”
Se compone de una miscelánea de poemas donde sobresalen los versos sobre el quehacer de la escritura y la poesía.
“Pliegos de prosa caliente,
plumas de soledad,
de versos blancos, tan blancos.
Pintor de folios callados,
escultor de los remansos,
dibuja las olas altas,
tan altas,
de versos blancos
tan blancos (…)”
“Musas que me inspiran
como me inspiran las barcas…
las gaviotas, los recuerdos,
los años que nunca vuelven,
las miradas que se pierden,
los matices que se estrechan,
como se estrecha la vida
por las calles del presente (…)”
“A las gentes de la mar”, va dedicada a su entorno, al modo de vida en la villa marinera de Cantabria donde vive, Castro Urdiales, y sobre todo al mar que le ha servido de gran fuente de inspiración…
“Barrio de los marineros,
bajamar de mis sueños,
sobre la barca varada,
siguen tendidos los remos.
Pleamar de esperanza.
¡A sotavento!
Por la acera de las nubes
caminamos al reencuentro (…)”
El poemario continúa con “Paisajes de juventud” que dedica a sus padres. Son poemas emotivos e íntimos en los que relata sus vivencias familiares de esta época de su vida.
Como estos, que dedica a su madre…
“Campos enteros de trigo,
redes enteras de peces,
besos que no dio nadie,
caricias que se estremecen.
Ni en los nidos en flor,
hay aves que tanto quieren (…)”
“Refugio de mí”, dedicado a su compañera, y “Retoños” reúnen bellos poemas en torno al amor, los hijos, los sentimientos y las vivencias familiares.
A su mujer:
“Destapas la arena tierna
de tu orilla mojada,
desnudez, de mar conforme
que te pliegas a mis aguas(…)”
“Bajamar que refluyes
embates de besos blancos (…)”
A sus hijos:
“Me llamas
y en tus metáforas
de lenguaje sin sentido,
entiendo las palabras de tus pupilas,
las miradas de tus labios,
el eco de tus silencios
y tus manos que me reclaman.
Recitas versos filiales,
poeta sin estatura
que me grabas en el alma (…)”
El último apartado, “Cuando se quiebran los rasgos, se compone de varios textos donde reflexiona sobre la vida que le tocó vivir, el camino recorrido, el paso del tiempo, el olvido, la vejez que se acerca…Todo ello envuelto en una hermosa melancolía.
Destaco este, a modo de despedida :
(A la vida que me cobija)
“¿Qué habría sido de mi vida
si en el cauce tortuoso
del río que me cobija,
hubiera sido otra orilla
más abajo o más arriba,
la que poniendo sus manos
de limo y de celosía,
me acogiera en su seno
y en su seno, mi porfía?(…)”
Como resumen, diría que, en un lenguaje conciso, sencillo, sin innecesarias estridencias, pero no por ello exento de un lirismo suave y hermoso, “Sencillamente, la vida”es un paseo por la existencia bien elaborado, una larga calle recorrida que desemboca en el mar de la palabra vivida y callada que sale a la luz pública después de un largo recorrido vital por el tiempo y los años.
Vivir, vivir es lo que importa. En sus palabras encontramos la respuesta:
“La vida es un sumatorio de tantas y tantas vidas…pasadas, presentes y futuras. Cuando unas se terminan, otras germinan de la nada para seguir creando vida. El olvido, es la antesala del recuerdo y el recuerdo, el jardín de los sueños; los que fueron y los que pudieron haber sido…”
Nunca es tarde para que brote de nuevo la poesía y siga dando sus frutos…
Joseba Saxia es miembro también de nuestra Comunidad Poética Poémame.
Allí lo conocí y allí ha publicado sus hermosos poemas bajo el seudónimo de “Txopo”.