En el panorama poético actual, a veces saturado de estruendos y grandilocuencia, el poemario Más que palabras, de José Molina Melgarejo, aparece como un oasis de paz, un lugar en el que una puede refugiarse para disfrutar de un rato emotivo y calmo, dejando una estela de paz una vez se han cerrado sus páginas.
Es un poemario que ya desde su inicio nos lleva de la mano hacia un camino de introspección; explorar esos instantes y esas emociones para los que el lenguaje a veces se hace insuficiente, y nos invita a ir más allá de lo que nuestros ojos perciben en los versos.
Con un puñado de palabras se pueden tejer versos y trazar poemas. Pero las palabras no siempre bastan para que los versos o los poemas cobren vida. En muchas ocasiones se necesitan más que palabras; se requiere un bramido de pasión, una ráfaga de emoción contenida o sin contener.
Cuando una se introduce en los poemas de José Molina, se da cuenta, poco a poco, que el autor no busca describir la realidad, sino más bien evocarla a través del hilo invisible del sentimiento; la poesía se convierte en una ventana desde la que se observan las distintas emociones: melancolía y memoria, dolor, amor…
La importancia de las palabras como camino para desgranar las emociones es innegable en este poemario. Pero ya no sólo de las palabras; sino también de todo aquello que de ellas se desprende y que no podemos llegar a percibir simplemente con nuestra mirada, sino que hay que ir un poco más allá, abrir el alma y darse cuenta de que todo lo que nos cuentan va un paso por delante de las propias palabras.
El poemario aborda temas recurrentes en la poesía; el amor, la guerra, la muerte, el dolor, el recuerdo… la vida en general, pero tratados de una manera tan sutil, tan suave, que sin darnos cuenta va adentrándose en nosotros hasta llegar, si se lo permitimos, a ser parte de nosotros mismos. El autor ahonda en estos temas de una manera profunda y madura, que “obliga” en cierto modo al lector a poner de su parte para poder sentirlos en su absoluta plenitud.
Se diluye el tiempo,
el que volaba a corazón abierto
a cualquier lugar del universo
y ahora vuela a ras del suelo,
sin poder batir sus alas,
que un soplo de aire punzante
laceró sus plumas a medianoche
y ahora se arrastra de día.
He de decir que, en mi opinión, Más que palabras es un poemario muy humano y sentido, y no solamente por las emociones y por esa incesante búsqueda del yo, de la esencia, sino también por la denuncia y la pena de ciertos temas, como desastres naturales o guerras, que convierten el poema en un grito que resuena dentro.
Quizás sea por eso que a veces se leen los poemas tras un velo de desesperanza o pesimismo, como si una negrura asediara los días, la vida, el mundo, y las palabras solas no son capaces de disipar.
Más que palabras es un poemario maduro y profundo que requiere que el lector ponga de su parte para dejarse penetrar por los poemas, y llegar a su fondo, aquel fondo que no se solamente en las palabras, sino que requiere de la pasión, del bramido, del sentimiento.
Os invito a entrar en el poemario y dedicarle el tiempo que merece; uno no puede abrir el libro, leer un poema y cerrarlo. Debemos adentrarnos y dejar que el poemario nos entre, hasta hallar esa conexión emocional que nos hará abrir los ojos, pero por dentro.
José Molina Melgarejo es miembro de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, y colaborador de la revista Entreletras. Es autor de libros de relatos y cuentos, así como de novela y poesía. Tiene numerosa obra publicada que, dicho sea de paso, os recomiendo que investiguéis, porque no os dejará indiferente. En definitiva, un autor consagrado de gran talento, con una obra limpia y despojada de innecesidades, para traernos lo más pudro del sentimiento, de la palabra.
Ercilia Brito Letelier, Iquique 1899, conocida en sus primeras publicaciones como Tilda Brito, y posteriormente adoptando el nombre por el cual se la conocería ampliamente en el mundo literaio, María Monvel, nombre que empieza a usar en la correspondencia que mantuvo, cuando era joven, con el poeta Julio Munizaga Ossandón, fue una de las voces literarias más destacadas de Chile.
Empezó publicando poemas en folletines y revistas, pero un hecho importante es su carrera como poeta fue su aparición en la recopilación de poesía chilena editada en el año 1917, Selva Lírica, contando Tilda con solamente 18 años, y apareciendo a lado de autores como Pedro Pardo o Vicente Huidobro.
Cuando se trasladó a Santiago, siendo poco más que adolescente, acabó siendo directora de la revista Para todos, editada por la Editorial Zig-Zag. Era una mujer que destacaba por su cultura y empuje, y por sus ideas, consideradas adelantadas a su tiempo, defendiendo los derechos y las libertades de la mujer y atacando, abiertamente, las actitudes machistas.
En su labor de traductora, destaca por la traducción de obras de Goethe o los sonetos de Shakespeare, los cuales tradujo estando ya enferma, y que publicó en un libro llamado Últimos Poemas
Publicó seis libros de poesía, el primero en el año 1918, Remansos de ensueño, y una antología que ella misma preparo, llamada Sus mejores poemas, que incluye su obra poética a lo largo de diez años.
Según Gabriela Mistral, tenía un estilo donde destacaba el “verso fácil que rebalsa la copa llena de sentimiento”, usando un lenguaje claro y directo, pero con intensidad y cierto punto introspectivo y reflexivo.
Falleció en Santiago, en 1936, después de una larga enfermedad.
Fuego, agua, tierra y aire. Estos son los cuatro pilares que, en su debido equilibrio, sostienen los poemas de este libro de Rosa Frías; un camino claro por diferentes etapas y emociones que, dejando atrás todo aquello que enturbia la vista, se queda con lo esencial de la vida y de los sentimientos. Aquello que nos conduce a la pureza de nosotros mismos.
Fuego – «La pasión que abrasa, pero también la chispa que nos empuja a ponernos en acción.»
La primera parte del poemario, Fuego, engloba diez poemas que nos lleva a la pasión, a la intensidad y al recuerdo vivo. Imágenes concretas, hechos específicos devienen símbolo de un tiempo en el que la pasión encendida se hacía sentir en cada gesto. Y no me estoy refiriendo a la pasión amorosa, sino a la pasión por la vida, a las ganas de sentir la intensidad de las emociones en todo su esplendor. Casi podríamos pensar en la juventud y esa fuerza irrefrenable que guía nuestros pasos cuando queremos comernos el mundo. Recuerdos de intensos pedacitos de vida.
Nos arrimamos a la intensidad
sólo para olvidar que un día
más tarde o más temprano
seremos sólo hueso,
para ignorar
que a veces resulta errático, inhabitable
eso que llaman realidad.
-Fragmento de El sueño de la vida.
Agua – «La emoción sanadora sin embargo las aguas desbordadas nos ahogan.»
En esta segunda parte, de algún modo, sentimos más dolor. El dolor de la pérdida, el dolor de perderse a uno mismo, el dolor de los recuerdos, el dolor de la realidad. El agua, personaje recurrente en los poemas que configura esta parte, aparece como aquello sanador, aquello que limpia y pule para dejar brillante la esencia y las emociones que ahora importan. Despojarse de lo que no es necesario y ver con claridad lo que de verdad tenemos entre las manos. Pero para ver, hay que cerrar los ojos antes, valorar, antes hay que perder, hay que llorar para limpiar. De ahí el camino en parte doloroso, que nos lleva a la pureza del agua y nos hace revivir de nuevo.
Y un día después de la tormenta
tendimos las mentiras al sol
sobre los juntos del delta,
y despojados de velos
nos adentramos en el océano.
-Fragmento de Aguas Sabias.
Tierra – «El silencio balsámico pero sin la palabra no hay diálogo ni entendimiento.»
Cierta paz asoma en esta tercera parte del poema. La paz del recuerdo, el Yoga, la figura del padre… pequeños elementos de la vida que la configuran y la hacen grande, entre silencios. El silencio es la columna vertebral de esta parte, el silencio que debemos aprender a escuchar, porque el él a menudo se encuentra la paz que tanto anhelamos.
Pasado el fuego y el llanto, nos queda ese silencio de tierra, ese espacio nuestro que nadie puede romper, donde nos encontramos con nosotros mismos y aprendemos que casi todo lo importante de la vida lo tenemos dentro, y nos ha sido dejado a través de los días, a través de los recuerdos preciosos que atesoramos. El estar en paz a menudo pasa por conocer, amar y abrazar ese silencio.
Pero el silencio,
sostenido en el tiempo
en terciopelo entre mis dedos,
suave brisa sobre mi pelo,
luz del ocaso en mi pecho.
Porque en nuestra guerra
las palabras eran cadena
y los minutos, hueca espera.
-Fragmento de El silencio de un imperio devastado.
Aire – «El poder de la libertad, no obstante, sin los límites de la responsabilidad destruye tanto como un incendio.»
Esta última parte me lleva inevitablemente a la libertad. Al vuelo libre y escogido. Despojados de todo aquello que nos llena de cosas innecesarias, darnos cuenta que tenemos una esencia libre que quiere se parte de nuestra vida. Aprender de lo que ocurre, vivirlo y sacar la enseñanza que nos permita ser libres de nuevo.
Que no se llenen tus alas
con el plomo del pesado sueño frustrado
sólo así podrás volar alto…
Sanando en verso, es un poemario que nos descubre el título una vez terminado. Podría considerarse una especie de guía poética para darnos cuenta que debemos descubrir lo que somos en realidad, quedarnos con lo bueno y ser libres dentro de nuestra propia esencia.
Es un poemario curioso que invita a la introspección, que enseña y acompaña. Creo que es un libro cuyos poemas deberían irse leyendo de vez en cuando, para no olvidar que todo lo que nos ocurre, a veces oscurece lo que realmente somos. Volver a la esencia, comprender el fuego, amar el agua, escuchar la tierra y alzar el vuelo.
Rosa Frías en ingeniera, inquieta, apasionada del conocimiento y con un alto interés en la psicología y la literatura. Estos dos intereses, en cierto modo, se traducen en este primer poemario que publica, convirtiéndose en una herramienta casi básica para comprender la vida, nuestra vida, y a nosotros mismos. Poemas y reflexiones en prosa que nos ayudarán a cerrar y abrir los ojos. Cuenta con unas hermosas ilustraciones hechas por Crisbel Robles, que reondean la belleza de libro.
Delante del libro cerrado, con la portada ante mis ojos y el título, tan claro y transparente, no puedo más que pensar que en este poemario voy a encontrar poemas que me ayudarán a entender, a comprender, a asumir y a seguir. Y sobre todo, a darme cuenta.
Me parece un poemario sincero, escrito a vida abierta, donde se nos confirma aquella premonición de que la vida es dura, complicada y hiere. Es un poemario que se centra en el paso del tiempo, en los cambios, que cuando suceden se ven esperados sin querer; aquella verdad que sabemos pero no queremos saber y al final, no queda otra opción que aceptarlo, porque lo intuíamos, aunque no creíamos que pudiera ser así.
Es el paso de la vida, impertérrita y cruel, que hace que a veces añoremos la inocencia de la juventud, el desconocimiento, y nos centremos en las ganas de vivir. El camino, azaroso y desconcertante, hacia la madurez nos abre los ojos a la realidad; y la desesperanza llena lo que puede abarcar la vista, porque todo duele. Nada es luminoso ni claro, púas y cuchillos en las esquinas, de la piel, dolor en el alma. Desazón.
Soy otro figurante en otro andén,
soy la misma pregunta de las siete,
soy el no saber todavía
de qué muere exactamente una ilusión,
si se deshace en el vértigo
cuando nadie mira.
-Fragmento del poema Reflexión suburbana.
Los poemas están escritos de una manera muy directa, muy madura, con un lenguaje claro y conciso que plasma las emociones y los sentimientos de una manera muy certera, creando así una conexión con el lector que, sin duda, ha tenido esas emociones más de una vez a lo largo de su vida. Un poemario de color terroso, con lodo en las paredes, cicatrices en los ojos que se abren y se cierran como el día empieza y termina.
Un cielo hecho pedazos, una gallina muerta sustituida por otra igual, una lluvia ácida que nos empapa el alma con el pasar de los días… imágenes simbólicas de lo que es la vida cuando uno llega a la madurez; personas a la deriva que luchan, con el latido como arma, por sobrevivir, a pesar del dolor que eso supone.
La nostalgia abandera en cierto modo este poemario, la nostalgia de las noches luminosas y los amaneceres claros y vivos. Ahogados en un charco, intentamos sobrellevar la existencia entre las oscuridades y frialdades que nos rodean, sacándonos las espinas a base de música, versos y sueños que aún quizás podemos recuperar.
Excepcional el poema Tending Topic, que no reproduzco a aquí porque quiero que os hagáis con el libro, donde está toda la verdad de la vida actual concentrada en poco menos de 30 versos. No es que sea un poema que resuma la idea del libro, pero nos muestra la soledad real a la que estamos sometidos, la frialdad y la falsedad del mundo actual, tan rodeado de banalidades que nos parece básicas para vivir, cuando lo único que hacen es cerrarnos los ojos a la vida real.
Se nos va esto de vivir
en un abrir y cerrar de megas,
pero a nadie le importa nadie
que no sea trending topic.
-Fragmento del poema Trending Topic.
En definitiva, es un poema que recomiendo mucho, por cómo está escrito, por el lenguaje usado, que nos abre los ojos, por la añoranza que muestra y la realidad que plasma, verso tras verso, sin tapujos. Poemas de verso libre que se abren mostrando la percepción del mundo de la madurez; la resignación, la falta de esperanza y el pensar que si seguimos aquí es porque seguimos latiendo, a pesar de todo.
La vida continua -nuevamente-
entre el cielo y el barro.
-Fragmento del poema Extinguirnos
Pedro Antonio Sánchez es natural de Madrid (1977), suele publicar poemas en la web Letras &Poesía, e incluso ha sido parte de alguna de sus antologías. Latir a pesar de todo es su primer poemario y, mucho me temo, no será el último.
La Estela de la noche es un libro que recoge, en forma de diario, los días que se vivieron bajo la pandemia del coronavirus. Entremezclando prosa y poesía, el autor hace un trabajo introspectivo hacia la vida, las creencias, el amor, las persones y la muerte, tan presente en esos días que a nadie dejaron indiferente.
Se trata de un libro escrito con un lenguaje muy cercano, cosa que crea un lazo de empatía entre autor y lector, además de tratar sobre una época que todos vivimos, que todos sufrimos, y en la que todos buscamos la manera de mejorar, por dentro y por fuera.
El libro está formado por ocho partes siendo la primera Diario de un retiro en tiempos de pandemia.
Escritos en prosa en forma de diario, intercalando también algún poema, es una parte introspectiva de reflexión. El autor vive esta etapa de retiro analizando, quizás sin esa pura intención, sentimientos y emociones derivadas de esta época de aislamiento. Se suceden los pequeños detalles a los que quizás, en vida normal, no pararíamos atención a la vez que recuerda a personas que han sufrido las peores consecuencias de esta pandemia: fallecidos, personas que perdieron su negocio y, por extensión, su vida habitual, sin olvidar el homenaje a las personas, especialmente de ámbito sanitario, que lucharon para salvar el mayor número de vidas posible, exponiendo la suya propia.
Una parte íntima, escrita con el corazón, y en la que no falta la presencia reiterada de Dios, como apoyo y ayuda a la hora de superar estos días tan oscuros.
La segunda parte, Poesía del alma enamorada, recoge una serie de escritos y poemas recopilados del blog del autor, La estela de la noche. Son escritos de temática diversa, con el denominador común del sentimiento. En todos ellos el autor deja el alma de manera emotiva, hasta conseguir emocionar al lector. Siguen presentes los pequeños detalles, un río, una escoba, un árbol… cosas pequeñas que parecen sin importancia pero que en las manos de Genaro se convierten en todo un símbolo de la vida. Como si fueran las raíces que sustentan todo lo que hay encima, el amor, la vida en sí.
La tercera parte, Antología de la estela de la noche, según indica el autor, podría ser la continuación de Desde el corazón siento, su anterior obra publicada hace alrededor de un año. Una parte llena de escritos tiernos, sonrisas, poesía, amor y sentimiento. Los buenos deseos del autor, las ganas de que el mundo sea feliz y el querer aportar su granito de arena, el amar sin condiciones, y escribir este amor para regalarlo.
En esta parte encontramos también una serie de “cuentecitos con moraleja”, en palabras del propio autor. Pequeños textos que dejan una pequeña enseñanza o moraleja al final, que se intercalan con otros textos más personales.
También se incluyen aquí unos textos dedicados a su Granada natal, homenaje a la belleza de una tierra y su inigualable Alhambra, que marcan la importancia y la fuerza de las raíces, que nunca se olvidan.
La estela de la noche, de Genaro Martín Arroyo
A continuación, nos encontramos con la cuarta parte del libro, Oraciones, textos de temática religiosa, pequeñas plegarias donde se condensa la esperanza, la bondad, a lealtad, pero también tiene cabida las emociones, podríamos decir, más tristes, la pérdida, la ausencia, el recuerdo. Ciertamente, encontramos algunos textos ligeramente oscuros, pero no por eso faltos de verdad; son escritos muy puros que parten de un corazón y un sentimiento sincero.
La quinta parte, En el silencio de la noche, dos textos, La cruz compartida y Las piedras, constituyen esta parte del libro en la que reina la tierra, Dios, la creencia. Un diálogo con Dios se convierte en una reflexión sobre la realidad del “peso” que muchos llevamos en vida, una especie de lección que viene a decirnos que no estamos tan mal, que a menudo el ser humano tiene tendencia a quejarse sin un verdadero motivo, y que hay que estar agradecido, porque vivimos, porque estamos.
La sexta parte recoge algunos escritos publicados en el blog del autor Poesía del alma enamorada, bajo el título de Poesía eres tú, el cual nos trae a la mente inevitablemente, la poesía de Bécquer. Textos extremadamente sentimentales, un despliegue de emoción hacia las flores, Santa Gema, o una vez más la querida Alhambra. Son textos que parten de la pureza y el amor hacia las cosas sencillas. Entreveo cierta esperanza de que las cosas mejoren y cambien, puesto que el amor puede mover montañas, dicen, pero en el precioso poema final, La noche va llegando, hallamos un asomo de respuesta:
No, el mundo que gira en mi interior,
que parecía, pero no, no cambia.
Todo marcha igual.
Y así llegamos a la séptima parte de libro, Cartas. Textos que se me antojan ligeramente tristes y heridos, pero una vez más intuyo cierta entrega y mucho sentimiento sin condiciones.
La octava parte y última la forman textos íntimos y delicados, como Lucho, Lucho, el cual adjunta también una fotografía, donde nos habla de su perrito, un texto de una emotividad y un amor sin límites que toca el alma, así como El gato Félix, donde se nos habla del gatito que también partió, con su maleta vacía. Textos, como digo, extremadamente emotivos y cuidados.
En definitiva, se trata de un libro de temática variada, pero con el amor y el sentimiento como denominador común. Un libro puro, escrito a corazón abierto, que ayuda a canalizar y sobrellevar las emociones de la vida.
Genaro Martín Arroyo nació en Granada, y ha sido parte en diversos foros y páginas de poesía. Abogado en el ámbito profesional, espera, en sus propias palabras, tejer el futuro escribiendo. La Tiene publicado con anterioridad Desde el corazón siento, que vio la luz hace alrededor de un año. La estela de la noche es su segunda obra publicada.
La bella lejanía es un libro de pasos. No en vano algunas de las partes que lo configuran llevan el mismo título: El siguiente paso. El mismo título pero un paso más hacia esa luz, hacia esa paz, hacia ese nuevo día en el que las vistas son mejores y la lejanía es solamente temporal.
Tengo un bendito niño de tres años
y una preciosa hija recién nacida.
[…]
A él lo llamo
Eduardo, el Conquistador.
Y a ella
-a ella y la conocéis-;
La Poesía.
-Fragmento de Un hijo te vuelve a enseñar
A pesar de la alegría y la ilusión renovada de un hijo, La bella lejanía no deja de ser un poemario agridulce. Más dulce que agrio, cierto, pero presentes están el vacío y cierta tristeza de que quizás las cosas no han salido como uno soñaba, pero lo bonito ha regresado, en esos ojitos pequeños que miran a su padre con admiración, en esa sonrisa incondicional que mira a su hijo con todo el amor del mundo.
Sigue el estilo de una poesía desnuda y franca, donde Abel muestra sus debilidades humanas, su cansancio vital, su pereza a la hora de abrir la puerta para salir cada mañana. Sin embargo, la fuerza le viene dada por lo que tiene ahora, por esa personita que le hace seguir adelante, y darse cuenta que todo ocurre por algo, y que el valor está en reponerse por aquel a quien tanto ama, y en seguir adelante. Esa es la verdadera riqueza que la vida tenía reservada para él.
Nos presenta un recuerdo que se ha ido transformando en algo distinto, en algo que quizás duele un poco menos porque hay una nueva luz, un nuevo camino que seguir. Ha sido una lección de la que el poeta ha sacado frutos; como si de repente, después de la negrura de la última etapa, aparecieran unos nuevos pasos que llevan a algo mejor. Y ese algo mejor está, a menudo, dentro de nosotros mismos.
Pequeños hechos cotidianos de la vida de un padre divorciado se abren ante nuestros ojos de par en par, mostrando a su vez la repercusión emocional dentro del alma del poeta. A pesar de ser un libro en parte luminoso, no podemos evitar ver ese lado desolado, esa tristeza y ese dolor que el camino hasta aquí ha ido dejando en cada esquina de la vida de Abel.
Yo me pasaría lo que me queda de vida triste
en la luz y la sombra de las calles,
si la tristeza la retuviera conmigo,
si la tristeza me la trajera de vuelta.
-Fragmento de Pasando página
Abel ha tenido que pasar página, quizás forzado, quizás con las manos sangrando a la hora de pasarla, pero poco a poco la sangre se seca, y se desprende, y de nuevo esa luz que ha aparecido para no irse es la que dibuja la sonrisa, aunque sea pequeña, pero sonrisa al fin y al cabo, en sus labios.
La poesía de Abel sigue teniendo su sello indiscutible, la humanidad, la sinceridad y la transparencia. Pequeños detalles cotidianos se convierten en hechos poéticos que configuran la fuerza que hace falta para dar el siguiente paso.
La lucha entre la melancolía y el seguir se hace patente en estos versos, pero lo mágico es que, a pesar de estar ahí la tristeza, de tener un vacío en el pecho que quizás nunca se llegue a llenar, porque el vacío es también parte de la vida, la fuerza que muestra el poeta es admirable; sabe alzarse de nuevo, enfrentarse al dolor y alzar el rostro para mirar ese precioso cielo que es la mirada de su hijo. Y ahí es donde la felicidad toma forma, donde la ilusión vence a la lágrima y el camino se abre de nuevo. Hay dolor, es cierto, pero los pasitos pequeños de su hijo son capaces de pisarlo. En el fondo, la poesía y Eduardo se convierten en la salvación del poeta. Ahí nace la fuerza y el querer continuar. Hay dolor, sí, pero hay un fondo positivo que ilumina.
Ha sufrido, ha llorado, ha tenido la sensación que estaba perdido y no había más puertas por abrir. Sin embargo, de todo ese dolor surgió algo bonito; ahora, el camino de Abel son los pasos de su hijo.
Como bien nos indica Manuel López Azorín en el prólogo, este libro se aleja un poquito de ese “bastardismo” que Abel suele dejar siempre en sus poemarios, para dar paso a algo más íntimo; más privado y más emocional. Es un poemario escrito con las ventanas abiertas, pero desde dentro, desde muy adentro, y eso lo transforma en un camino de emociones, desde la añoranza al recuerdo, de la oscuridad a la luz, del dolor a la esperanza luminosa.
Todo se pasa, corazón roto, todo se pasa.
Y enciendo un cigarrillo, por no gritar.
-Fragmento de El hombre más poderoso sobre la tierra.
Debo decir que La bella lejanía me ha parecido un poemario precioso, con sombras y luces, con dolor y esperanza. Un poemario abierto que enseña, que explica que con un corazón roto se puede seguir, se debe seguir, porque siempre hay un pedazo que lo cose y le tapa el agujero. Un poemario muy en la línea de la poesía de Abel, sincero, duro, abierto y, aunque no lo pueda parecer en una primera lectura, lleno de amor.
Quiero terminar esta pequeña reseña con un poema que me ha cautivado, que creo es altamente significativo:
Este hermoso punto de no retorno
Y con gratitud abrazar
los instantes de este mundo
-con alimentos, bebida y encantamientos-
antes de que la memoria
desaparezca por completo
en la terrible eternidad.
Ah, qué hermoso punto de no retorno.
Yo no creo en el futuro.
Yo creo ahora.
Y ahora es él, con su hijo de la mano, haciendo un nuevo camino entre los dos.
En cuanto una entra en este poemario, Rosario nos recibe con una escopeta y el dedo en el gatillo. Esa imagen tan abrumadora e intensa será la que marcará el libro entero. Una imagen pequeña, un gesto mínimo, un dedo en un gatillo, una escopeta apuntado. El lector se siente abrumado y atrapado de manera inevitable por Rosario; la Tía Rosario. Una mujer que podría ser cualquier mujer que vivió y sintió el dolor en sus propias carnes de una guerra y una postguerra que dejó huella en sus ojos. En ella están todas, las vivas, las muertas. Las que a día de hoy todavía lloran y recuerdan, haciéndose llagas en la memoria, el dolor y el vacío que quedó tras el paso poderoso de una guerra. La Tía Rosario, o tu tía, o la abuela, o tu abuela.
Es un poemario ensangrentado y, sin embargo, lleno de vida. El dolor y las heridas reinan sobre los versos, como amenazas oscuras, como recuerdos llagados de una época y de la huella que esa época dejó en los ojos, las manos y el gesto de las mujeres. De las mujeres de Blanca y, por extensión, de las mujeres de esta tierra.
Es un poemario que sabe a barro, a almas, a armas, a dolor y a vida. Cobran mucha importancia las miradas, los ojos, ese lugar que va más allá de un simple globo ocular, que es la ventana a través de la cual se ve lo que se ha vivido, lo que se ha sentido, donde las heridas bailan sin conseguir hacerse jamás cicatrices definitivas.
y mis mujeres con los ojitos hundidos en sus cuencas
me observan
postradas frente la muralla del lavadero
vestidas e luto
pisando la uva en el lagar
me observa
mi bisabuela
con sus ojitos rasgados
-Fragmento de poema Mis Mujeres
Es un poemario que es como un disparo que nunca termina, que hiere, que duele, que abre la carne hasta llegar al alma para desollarla. Esa tristeza, ese dolor y esa desolación van más allá del alma, se extrapola al exterior, se ve, se siente y se palpa en los paisajes que Blanca nos describe con un doloroso acierto
Las Sindicales
proyectos de casas vacías
donde anidan las palomas a sus anchas
donde todavía los portales ostentan
aquella placa metálica
de tétricas flechas negras
-Fragmento del poema Una ramita de laurel
Paisajes que parten de un lodazal, que son barro, que están vacíos, heridos también, como la tierra misma, faltos de interés, pero tan llenos de historia, que uno quisiera detenerse en ellos. Son las marcas que deja una época cruda y cargada de dureza, la que hace más fuerte la vida, más intensa, la que hace que la memoria nos haga volver a ser aquella niña que jugaba en del salón a la cocina.
Rosario, de Blanca Berjano. Valparaíso Ediciones, 2023
Creo que las piedras tienen una gran importancia en este poemario y un gran simbolismo. Las piedras se me atojan como los estratos de los años que se han ido acumulado y han configurado el hoy como lo que es; una realidad hecha sobre esas piedras de color fango, a veces amorfas, estáticas, pero convirtiéndose casi en la raíz y el sustento de lo que una es:
aprehender el color de la piedra
sus diferentes estratos que eran mi carne
hasta llegar a la grasa
de mi cuerpo de niña
-Fragmento del poema Quise
A pesar que podría parecer un poemario oscuro, frío, de plomo y cargado de odio, en el fondo tiene una calidez y que sorprende. Hay amor en Rosario, mucho amor. Mucho amor por esas mujeres anteriores que lucharon y soportaron lo mejor que pudieron (no que supieron, sino que pudieron) todo lo que devino a raíz de la guerra. La fortaleza de estas personas hizo posible la existencia del mundo y de lo que somos ahora. Su memoria, un tesoro que quieren difuminar, la memoria que cuenta lo que ocurrió y cómo la sangre poco a poco teñía el paisaje para acabar en cualquier cuneta o fosa. Los restos de vida que se han unido para crear otra vida más fuerte todavía. Es un poemario lleno de amor hacia esas manos que a pesar de sostener un arma por un lado, por el otro abrazaban con todas sus fuerzas su propia esencia y la de los suyos, que hicieron de un lugar en ruinas un hogar. Y en cierta forma, nos salvaron.
hundo los brazos en las aguas
de este pantano espeso
a tientas busco a mis muertas
-Fragmento del poema Mis Muertas
Encuentro entre los poemas una conexión sutil que hace que todos formen un todo inseparable. Cada uno vive independiente, pero se sostiene en el poema anterior, en el siguiente, tal como las mujeres se sostienen en sus antepasadas, para proteger la vida de sus descendientes. Es un poemario que forma un todo que es una losa que pesó en el corazón de todas esas mujeres, de las niñas que vivieron la guerra a través de sus madres, o sus abuelas. Ese peso horrible y frío de la violencia, de los gritos. Pero no hay miedo; el miedo retrocede ante la valentía de unas manos y una mirada que luchan. Unas manos o cientos. Una mirada o miles. El miedo queda arrinconado por la fuerza y la valentía. El único miedo que vive es el miedo a no recordar.
En algún poema Blanca cede su voz a Rosario, y es ella misma, esa mujer que vivió esos horrores, la que cuenta el sentimiento de dureza y crueldad que la rodean
estoy como el país partida en dos
qué suplicio este silencio
así me dobla la cintura,
y me queda qué lengua
si me arrebataron
la voz
y mi hermana no es mi hermana
ni mi casa es ya mi casa
-Fragmento del poema Rosario
Este hecho aporta un plus de fuerza a las palabras de Blanca. Duele sentir casi la propia voz de esas mujeres narrando el horror, las pérdidas, mostrando sin reparo sus heridas, su desconcierto, su desencanto y su dolor que sintió en sus propias carnes causado por los que hacían la guerra. La guerra transforma; de algún modo, Tía Rosario nunca volvió a ser la misma. Ellas nunca volvieron a ser las mismas.
A medida que nos acercamos al final del libro, nos damos cuenta de la guerra palpita todavía; que algunos de esos mismos siguen ahí, protegiendo el camino del que no quieren que nadie se salga. Esa desesperanza por la violencia legitimada, en forma de ley, en forma de gobernante, marca la mirada de estos versos finales en el presente.
a esos que hoy alzan su brazo impunemente
quiero increparles
que me dejen hacer memoria
la memoria de mis mujeres
que solo escribo estos versos
para reconciliarme con mis muertas
-Fragmento del poema La memoria de mis muejres
Rosario es un poemario duro, vivo, afilado, que muestra ante nuestros ojos la crudeza de una época y todo su legado, que todavía persiste. Con un lenguaje estudiado y acertadísimo, Blanca rinde un homenaje doloroso, imposible huir del dolor de una guerra, a sus mujeres, a todas las mujeres, y reivindica el poder de la memoria, el existir de esos recuerdos que, al fin y al cabo, son parte de nuestras vidas.
Un poemario que recomiendo sin ninguna duda, porque está excelentemente escrito, porque transmite el dolor muy de cerca; una no puede más que cerrar los ojos de vez en cuando para soportar esa crudeza poética que viste el poemario de principio a fin. Un poemario que marca y hiere, pero que enseña y muestra que el olvido, a veces, es el peor de los males. Este poemario es un pedacito de historia, de su historia; de nuestra historia.
Blanca Berjano es Doctoranda y profesora de español en la Universidad de Boulder, en Estados Unidos. Tiene publicados Ratas en el Alféizar (Ménades, 2019), y La Barrera más bonita del mundo (Luces de Gálibo, 2021.), del cual podéis encontrar la reseña en esta misma revista (La barrera más bonita del mundo). Así mismo, ha escrito numerosos artículos en diversos medios literarios y es colaboradora de la revista digital Aullido, donde se ocupa de la sección de poesía escrita por mujeres “Alguien se acordará de nosotras”.
Los versos de papá son una serie de poemas inspirados y dedicados a los propios hijos. Un poemario lleno de imaginación, ternura, miedo, y mucho amor
Iniciamos el camino con Romances. Con algunos poemas siguiendo la métrica del Romance, otros más enmarcados en el verso libre, esta serie de primeros poemas nos sitúa: nacimiento e inicio de la paternidad. Son poemas impregnados de dulzura, con un vocabulario llano que acerca a los cuentos y poemas infantiles.
La protección se enaltece en los poemas, mostrando la fragilidad y delicadeza de un niño-bebé, y el sentimiento de protección del padre, cuidándola de las tormentas, acunando y aportando calma y tranquilidad.
Me parece de una hermosura tremenda el Romance de la cigüeña; cómo Ferran nos narra el nacimiento de su hija:
Agarrada al dulce monte
bebes la vida y nos sueñas.
Mientras en trance confundo
de mis entrañas poemas
quieren reunirse contigo,
¡buenos días, mi princesa!
La hora del cuento nos introduce en la magia de los cuentos y, en cierto modo, nos acerca a ese instante precioso en el que los padres leen un cuento a los hijos. Peter Pan, Alicia, e incluso la malvada madrastra cobran protagonismo; estos poemas van plagados de alusiones a cuentos y personajes infantiles sobradamente conocidos, pero escritos de otra manera, dando otro punto de vista y en cierto modo mezclando el cuento con la realidad.
Los versos de papá, de Ferran Planàs (Olé Libros, 2022)
Vocecitas de papel se presenta, a mi parecer, como la parte más íntima y emotiva del poemario. Es la parte que más poemas contiene y casi la más intensa.
La vida es todo aquello que acontece
desde que naces
hasta que muero.
-Respuestas I
Son poemas en su mayoría breves, verso libre con algún soneto intercalado, algunos con instantes cotidianos que traspasan la piel y se convierten en una emoción inmensa. Desde la ternura a la cabecita apoyada en el regazo a la, por decirlo de algún modo, rabia, por verlos crecer, por ver que se hacen mayores y uno piensa que esos instantes en los que el niño quiere agarrar la mano del padre acabarán por desaparecer.
Poemas que se ven muy trabajados, sencillos pero con mucha profundidad, diciendo mucho en pocas palabras. Muestran la plenitud de la paternidad, el no desear nada más que una tarde en silencio con los hijos. El sentirse lleno por una tarde en el parque o un beso pequeño en la mejilla. Muestran la grandiosidad emocional de los padres ante un amor tan incondicional e infinito como el amor de los padres a los hijos.
Aun así, no puedo evitar que me quede en los labios un sutil sabor agridulce, porque esa plenitud tiene fecha de caducidad, porque sabemos que, con los años, los hijos crecen, y esa relación cambia y se convierte en algo muy distinto. No cambian los sentimientos, pero sí las relaciones, y en cierto modo, eso puede provocar cierta tristeza o desazón.
Tu mano en la mía,
solo quiero eso.
Momento fugaz,
eterno en un verso.
-Sencillez
La última parte del poemario, Retratos. Aquí nos encontramos con nueve relatos, líricos y sencillos, que dejan ternura y amor en los labios. Momentos vividos que quedan eternizados en los textos. Recuerdos que cobran vida, vida eterna, a través de las imágenes que los textos configuran en nosotros al leerlos.
Textos de una ternura exquisita, cuentan una pequeña historia y acaban con una especie de resumen breve, de apenas tres líneas, donde el padre se abre para mostrar la huella que esa historia ha dejado en él.
Debo decir que los poemas que configuran Los versos de Papá me han sorprendido para bien. Poemas bien escritos, con un lenguaje acertado para padres e hijos, con instantes que cualquier familia puede haber vivido. Los niños pueden entender mucho a los padres con la lectura de un poemario así, cualquier padre o madre podría hacer suyo este libro, y lo que más me gusta, es que está hecho para que lo lean juntos, padres e hijos, para decirse que se quieren sin decírselo.
Poemas maduros y a su vez con un toque infantil que los hace absolutamente aptos para esa lectura conjunta. Un pequeño gran libro lleno de ternura y, como he dicho al principio, mucho amor.
Mencionar también que, tanto la portada como las ilustraciones que completan el libro han sido realizadas por Escarlata Fernández García.
Los versos de papá es el primer poemario de Ferran Planàs, editado por Olé Libros, 2022, y, sinceramente, espero que no sea el último. Un libro precioso que recomiendo, tanto si sois padres, para leer con vuestros hijos, como si no lo sois, para daros cuenta de lo que os pueden llegar a querer vuestros padres.
Laisvė, libertad, es un poemario íntimo, pero colectivo. Dividido en cinco partes, cada una de ellas se centra en una emoción y todo lo que esa emoción puede abarcar, desde un punto de vista individual.
Así, en la primera parte, introspección, ver el mundo desde dentro, un mundo que ha perdido sus principios, su unión, al tiempo que nos hace ver que hay otro camino, otra luz que debemos encontrar, y quizás debemos empezar a buscarla en nosotras mismas. El mundo, y cuando digo el mundo me refiero a la humanidad, debe cerrar los ojos para ver de verdad. Me hace pensar en la pérdida de los buenos valores, los valores reales y esenciales que son los que realmente sostienen el mundo.
Me parece una primera parte muy reflexiva, con sentencias sencillas pero brillantes
el prejuicio mata
y el desprecio entierra.
-Versos de Prejuicios
Llegamos a la segunda parte, enamoramiento. Conocer a esa persona especial nos puede hacer muy felices, pero siempre se sufre. Siempre hay esa duda, el pensar si el sentimiento será correspondido. En estos poemas, la autora empieza a sentir ese enamoramiento, y en los versos casi se puede tocar esa incertidumbre que a la par duele e ilumina, porque una empieza a sentir cosas bonitas, pero
¿Resultará?, ¿querrá el destino vernos juntas?
¿Será nuestro camino el eterno encuentro?
Ah, el milagro de se produce, y entonces Natalia nos regala versos de gran intensidad, de pasión y de sentimiento, en su parte más sincera y pura.
El amor signo infinito sentir,
obedece a esa ternura y a ese fuego
que hace de dos.. uno,
que hace de vos mi espejo.
Amor, la tercera parte del poemario, quizás la parte más intensa en lo que a este sentimiento se refiere. Se produce la unión de los corazones, de los cuerpos, de las almas. Amor se asienta entre estas dos personas, y a pesar de los posibles temores de pensar si una estará a la altura, si se siente una preparada para amar, el sentimiento es tal, que todo queda relegado a un segundo plano y sólo existe la persona amada y el sentimiento en sí.
Esa noche desplomaste mi armadura,
como hace siglos no lo hacías.
Hoy te digo que tu libre latir
da sentido a mi vida.
Un amor incondicional al que la autora se entrega en cuerpo y alma, que aporta plenitud y sentido a la vida.
Después de esta exaltación amorosa llegamos a la cuarta parte del poemario, desamor.
Prefiero dejarte ir bonita.
Por mi entendimiento de humanidad.
Hoy me rindo ante los sucesos.
Ni una esperanza queda en libertad.
El amor se ha ido, la desazón y la culpa pueblan estas páginas en las que la autora nos muestra su herida abierta, su resignación. Denoto cierta crudeza en estos versos y a su vez, un asomo de aceptación; en cierto modo, se siente responsable de esta rotura; en cierto modo, a pesar del dolor, no tiene más remedio que resignarse y dejar ir, porque dejar ir también es una muestra de amor.
Y tras la herida, llegamos a la parte final del poemario, descubrimiento. Es la parte quizás más reflexiva de todo el poemario.
Cuando uno es solo sabe
que las tristezas no se comparten,
y piensa que la razón es su única compañera.
Cuando uno es solo…
El dolor y la tristeza dan paso a estos poemas en los que la autora reflexiona sobre el dejar marchar, sobre la soledad y la penumbra en la que queda el corazón cuando el ser amado desaparece. Es casi el darse cuenta que, al irse, el mundo ha quedado vacío, que no habrá otro amor igual.
Es un poemario altamente emocional donde cualquier persona puede sentirse identificada, puesto que el puntal de los poemas es el amor y los sentimientos que derivan de él. Un poemario que muestra todas las fases del corazón, desde que ve llegar hasta que ve marchar.
Un poemario escrito con sencillez, pero con cierta profundidad, donde el amor es el principal protagonista. El amor y la libertad para amar.
Natalia Piccinin es de Buenos Aires, pero residente en España desde 2018. Licenciada en economía, tiene también un Máster en Dirección Estratégica y Tecnológica, y cuenta con un postgrado en Growth Hacking en IEBS.
Respecto a su faceta literaria, tienen en su haber más de quinientos poemas escritos bajo el pseudónimo Mihi Lux, se erigió ganadora del concurso ROI con el poema Una historia (Letras del Face 10, Ed. Dunken, 2015, Buenos Aires).
los árboles, de Alain Rivière, es mucho más que un poemario. Es un libro de imágenes que hablan, un libro de poemas, finalmente un libro de imágenes poemadas o poemas ilustrados. Aunque he de decir que cobra mucha más fuerza tomando ambas cosas, texto e imagen, en conjunto, que no por separado, por lo que me parece un tremendo acierto la edición de este libro, poniendo en una página la imagen y en la de al lado el texto.
Aun así, me temo que hablaré poco del libro, porque creo que es un libro que ha tenerse entre las manos, ha de tocarse, verse en conjunto, y es muy difícil explicar en palabras toda la magnitud de estas imágenes y sus textos que, por cierto, están escritos en francés, lengua materna del autor, y con su traducción en español.
Me llaman la atención las fotografías; son imágenes tomadas por el propio autor en un parque al Este de Berlín. Árboles cubiertos de hiedra, ligeramente antropomórficos, en blanco y negro, y jugando mucho con la luz, dotando a las siluetas de los árboles de una vida extraña e interna, de una expresión casi onírica, como si dijeran sin acabar de decir.
Como he comentado al principio, se podría tomar como un libro de fotografías, o un libro de poemas, pero a mí me ha gustado mucho entrelazarlos. Como si la pequeña reflexión que aparece al lado de cada imagen viniera dictada por el árbol en cuestión.
Reflexiones ancladas a la naturaleza de los árboles, a la hiedra que los rodea, se enredan alrededor nuestro para abrirnos la mente de otra forma, para ver más allá de las puras imágenes que configuran el libro, aportan un complemento, si bien no estrictamente necesario, sí muy acertado, porque ayudan a dotar de vida esas fotografías, y hacen que el conjunto, imagen y letra, se vea inmenso y profundo.
Es un poemario breve, de apenas sesenta páginas, pero puedo asegurar que en esas sesenta páginas hay mucho más de lo que puede parecer.
Desde el paso del tiempo, la lucha, la observación, el esperar, el sentir, el seguir… todo ello aparece en estos textos, que se clavan en la retina a través de las maravillosas imágenes, ofreciendo un todo absolutamente profundo.
Alain Rivière es escritor y artista nacido en París, pero afincado entre Venecia y Berlín. Ha publicado diversos libros de poesía como Huellas de la sombra, El rostro en llamas o Perros enamorados, libros que se han traducido a diversos idiomas. Igualmente, también a ha realizado diversas exposiciones con su obra pictórica y fotográfica. Los árboles es su último libro, donde aúna dos de sus facetas mejores como artista, y ha sido publicado por ExLibric, 2022.