Categoría: Reseñas

  • Haiku desde la trinchera: «Cien visiones de guerra», de Julian Vocance (Renacimiento)

    Haiku desde la trinchera: «Cien visiones de guerra», de Julian Vocance (Renacimiento)

    A veces, al leer a un autor desconocido, nos impacta desde las primeras líneas. Me ha sucedido con muchos autores de haiku clásicos y actuales, pero deseo referirme ahora de un caso particular, el de Julien Vocance (cuyo nombre auténtico era Joseph Seguin, 1878-1954), a quien descubrí a través de la obra de Fernando Rodríguez-Izquierdo “El haiku japonés”, editado por Hiperión. Él cita a Vocance en el capítulo 9 titulado “Fortuna del haiku en la literatura universal”, dentro del subtítulo: “El haiku en francés”.

    Cien visiones de guerra, de Julian Vocance, trad. Susana Benet (Renacimiento, 2017)

    Pero ¿qué tiene de particular este autor?, ¿lo que escribe son haikus en el sentido más puro? , ¿la traducción debe ser literal?

    Trataré de responder a estas cuestiones desde mi modesto punto de vista. En primer lugar me impresionó leer sus “Cien visiones de guerra” porque nunca había leído haikus dedicados a este difícil tema. Pero lo que más me admiró fue la sencillez y naturalidad con que Vocance nos muestra el terrible escenario de la Gran Guerra, los acontecimientos dramáticos que contempló y que, con serenidad y concisión, fue trasladando al papel como breves instantáneas poéticas. ¿Y por qué se valió del haiku para hacerlo? Vocance formaba parte de un grupo de poetas franceses que a principios del S. XX se interesaron por la estrofa oriental. De este grupo formaban parte Paul Louis Couchoud, Paul Éluard y Jean Paulhan. Habiendo descubierto el haiku, se valió de la breve estrofa para componer un relato sobre sus vivencias en las trincheras. Estos haiku, o haï-kaï como los llamaban en Francia, fueron posteriormente publicados en la Grande Revue (París, 1916) con gran éxito de crítica.

    Cuando leemos a los autores clásicos, no nos encontramos habitualmente con temas bélicos, aunque existen ejemplos. Recientemente, la editorial Hiperión ha publicado “Haikus de guerra” de Seiko Ota y Elena Gallego. Desde una postura ortodoxa, estos tercetos no son haikus a la manera tradicional, son poemas impregnados de sabor a haiku porque nos relatan de manera sencilla y directa sucesos, vivencias, observaciones basados en la propia experiencia, sin añadir elementos artificiales.

    Sabía que el tema era arriesgado y que mi conocimiento del francés es muy básico, pero sentí la intensa necesidad de traducirlos, de dar a conocer este testimonio que, más o menos fiel a los principios de haiku tradicional, trata de relatar, denunciar y poner ante nuestros ojos la crueldad que supone cualquier enfrentamiento bélico. De este modo me comprometí emocionalmente con este soldadito desconocido, casi anónimo, cuyo coraje me conmovió. Y, además, conté con el apoyo de la editorial Renacimiento, que decidió publicar el libro dentro del centenario de la Primera Guerra Mundial.

    En cuanto a la forma, he procurado transmitir con la mayor fidelidad las terribles visiones, sin apartarme demasiado de la forma literal, pero modificando a veces el contenido para poder ajustarlo lo más posible a la métrica tradicional del haiku, aunque en muchas ocasiones esta tarea me ha resultado imposible.

    En cuanto a lo que el haiku trata de transmitir, es decir, las impresiones captadas por los sentidos, hay una buena cantidad de ejemplos en este libro, apuntes de lo que sucede en torno al observador, aquello que irrumpe de una forma violenta, amenazante.

    Encontramos imágenes visuales que describen el panorama siniestro que el ojo contempla desde su escondite.

    Quince días a ras de suelo,
    mi ojo conoce los más leves montículos,
    las mínimas hierbas.

    Si ves en el cielo copos de humo
    busca el avión…
    Por otro lado.

    Una ametralladora ensangrentada,
    antes de morir, esparció
    su abanico de cadáveres.

    Cuando se trata de sensaciones auditivas, estas llegan a ser inquietantes y brutales, tal como él las experimenta.

    A ras de las trincheras
    los bufidos de gato furioso
    de los Minenwerfer*.

    * Mortero, lanzador de minas alemán

    Mi oído inquieto analiza los sonidos:
    nuestros… de los Boches… 77… 120*
    a la derecha… enfrente… arriba… ¡Tocado!

    * Cañón alemán de calibre 120

    Perros lejanos aúllan a la muerte…
    Se acercan…
    Y pasan de largo…

    En otros momentos lo que Vocance nos muestra es la vulnerabilidad de los cuerpos, sometidos a duras condiciones físicas, a la enfermedad, a las heridas, a los parásitos.

    En su franela
    sus uñas van picoteando
    a los bichitos.

    Con la tierra
    sus cuerpos celebran
    nupcias sangrientas.

    A trocitos,
    un abanico en torno a él,
    su carne esparcida.

    Sin embargo, aun enfrentado a la amenaza continua, contemplando a su alrededor las terribles secuelas de cada bombardeo, los cuerpos abatidos sobre el barro, el dolor y la fatiga de los que sobreviven, el poeta es capaz de encontrar un breve espacio para el humor o la observación banal, tal vez como única manera de sobrellevar el espanto.

    A mí me dio en la nalga,
    a ti en el ojo.
    Tú eres un héroe, yo casi.

    Si doy mi pellejo por ti
    -campesino rapaz-
    dame leña para mi sopa.

    La tez rubicunda,
    el vientre desabrochado:
    cocinero de oficiales.

    Vocance sobrevivió a la guerra, fue condecorado por su valor. Perdió un ojo.

    Aunque conocido por estas visiones de guerra, que tan aplaudidas fueron por el público de su época y que ahora tratamos de rescatar del olvido, Vocance escribió otros tercetos sobre la guerra, así como poemas más extensos sobre temas variados, en un volumen publicado en 1983 por Les Compagnons du Livre bajo el título: “Le livre des Haï-Kaï” y “Le héron huppé”, También se han reeditado en Francia, recientemente, sus “Cien visiones de guerra”.

    Mi deseo, al realizar este proyecto, ha sido contribuir a la difusión de la obra de este poeta apenas conocido en nuestro país. Se trata de mi homenaje personal a este soldado, como a todos los que padecieron y padecen los horrores de la guerra.

  • L’ocell matiner i altres poemes, de Ted Kooser (El Gall Editor)

    L’ocell matiner i altres poemes, de Ted Kooser (El Gall Editor)

    L’ocell matiner i altres poemes es la primera traducción del inglés al catalán de una selección de treinta y un poemas de los dos libros más significativos de Ted Kooser (Iowa, 1939): Delights & Shadows (2004) y Splitting an Order (2014) publicada en 2017. Tanto la selección como la traducción ha corrido a cargo de los poetas y traductores Miquel Àngel Llauger (Palma, 1963) y Jaume Subirana (Barcelona, 1963).

    L’ocell matiner i altres poemes es una traducción hecha a cuatro manos, tal como nos informan los traductores en la introducción. Eso significa que no es una suma de versiones, lo cual nos asegura el éxito del resultado final. La editorial que se ha arriesgado a tal empresa es El Gall Editor, con sede en Pollença, Mallorca, una de esas pequeñas editoriales a las que queremos dar voz desde las páginas de la Revista Poémame. Editoriales que, de manera pausada y silenciosa, van ofreciendo pequeños grandes tesoros en forma de poesía que los grandes medios ignoran.

    Con Jaume Subirana, ya tuve el placer de trabajar en otra traducción al catalán de una selección de poemas de Gary Snyder, Les muntanyes són la teva ment, de Tushita edicions y no tengo la más mínima duda de su categoría como traductor. A Miquel Àngel Llauger no lo conozco personalmente, pero he leído parte de su obra poética y es de lo más interesante que se puede encontrar hoy en día en las islas Baleares.

    Ted Kooser representa al escritor arraigado a su pueblo, a su tierra. Es un poeta local y está orgulloso de ello. Nació en Iowa, como sus padres, donde pasó su infancia antes de trasladarse a Nebraska. Vive en Garland dedicado a sus libros e impartiendo todavía algunas clases universitarias. No ha viajado nunca a Europa. Desde Nebraska, y escribiendo sobre Nebraska y Iowa, Kooser hace poesía universal, sin fronteras. Vive en esa zona de los Estados Unidos que los norteamericanos solo conocen por verla desde la ventanilla del avión, los estados flyover. En la zona donde vivieron, antes de ser exterminados, los indios sioux y lakota.

    Kooser es el decimotercer poeta laureado por la Biblioteca del Senado de 2004 a 2006 y premio Pulitzer en 2005 con su poemario Delights and Shadows, que ha llegado a vender más de 100.000 ejemplares.

    La poesía de Ted Kooser está hecha de pequeñas historias accesibles al lector. Versos que nos hablan del amor, de la familia, del paso del tiempo con un lenguaje aparentemente sencillo, sin exceso de palabrería o de páginas innecesarias. Algunos lectores pueden llegar a creer que su poesía es fácil por esa aparente sencillez, pero nada más lejos de la realidad porque a veces un poema pasa, hasta darlo por terminado, por 40 o 50 borradores.

    Ted Kooser es el permanente asombro frente a lo aparentemente pequeño o insignificante: las cosas de la casa que nos hacen amable nuestro día a día o las personas sencillas que son el universo que nos rodea.

    La malalta mira sota la seva divertida gorra de llana com cada peu s’arrossega endavant, un darrere l’altre sota el seu pes.

    The sick woman peers from under her funny knit cap to watch each foot swing scuffing forward and take its turn under her weight.

    Los lectores de Kooser se encontrarán con poemas como ‘Tattoo/Tatuatge’, ‘Mother/Mare’, ‘A Jar of Buttons/Un pot de botons’, ‘Applesauce/Compota de poma’, ‘Mother/Mare’, ‘Father/Pare’… entre otros, que se mueven entre la anécdota contada, el ínfimo detalle y el golpe directo a la emoción del lector. Por ejemplo, los poemas dedicados a su madre y a su padre, el de ella escrito al mes de su fallecimiento y el del padre a los veinte años de su pérdida son de una intensa y contenida emotividad que me han transportado a la tierna canción de Pare Meu/Padre Mío de Silvia Pérez Cruz.

    Aquest dia, cada any, t’encantava contar
    que just quan vas néixer
    la teva mare va mirar per la finestra
    i va veure lilàs florits. (Pare)

    On this day each year you loved to relate
    that at the moment of your birth
    your mother glanced out the window
    and saw lilacs in bloom. (Father)

    La naturaleza también juega un papel importante en la poesía de Kooser; en el poema Mans que preguen / Praying hands es capaz de ligar detalles mundanos como el de unas manos que rezan con la imagen de una mariposa cerrando sus alas en el momento de descansar entre flores.

    D’aquesta forma tanca les ales una papallona
    quan descansa entre flors.

    A butterfly presses its wings like that
    as it rests between flowers.

    En otros poemas, Kooser ha visto historias de gente anónima, con una imagen de vulnerabilidad y de dignidad que ha querido plasmar en sus poemas para que no pasen desapercibidas y olvidadas por el paso del tiempo.

    Una dona jove en cadira de rodes,
    amb un ponxo de niló negre esquitxat de pluja,
    avança empenyent-se pel matí…
    Has vist els pianistes
    corbar-se de vegades endavant per tocar les tecles…
    És així com aquesta dona
    toca les rodes,i alça els dits blancs i llargs,
    els deixa flotar… (Un matí de pluja)

    A young woman in a wheelchair,
    wearing a black nylon poncho spattered with rain,
    is pushing herself through the morning…
    You have seen how pianists
    sometimes bend forward to strike the keys…
    Such is the way this woman
    strikes at the wheels, then lifts her long white fingers,
    letting them float… (A rainy morning)

    Ted Kooser, a su derecha Miquel Àngel Llauger y a su izquierda Jaume Subirana.

    El universo de Kooser son los sesenta metros cuadrados del local, una antigua tienda, donde trabaja: libros de poesía, fotografías de familia en blanco y negro, un caballete con pinturas, objetos de su entorno rural, todo en su sitio, como sus poemas. Mirando a través de la ventana se puede ver escrito: “Poetry made and repaired”. El sentido del humor que no falte.

    Lean a Kooser, merece la pena, denle una oportunidad. Lean a Kooser porque es un poeta oculto en el mundo rural, alejado de las élites literarias y que gracias a Jaume Subirana y a Miquel Àngel Llauger hemos descubierto y hemos disfrutado. Pero antes de acabar, les quiero dejar dos regalos por haber llegado hasta aquí, la voz de dos poetas:

  • «La luna siempre miente», de Sierra Castro (Séneca)

    «La luna siempre miente», de Sierra Castro (Séneca)

    Bien sabe quién escribe poesía que un libro debe guardar el punto y final cuando siente que han abandonado los actores el escenario, y un tupido telón se cierra para siempre tras una oleada de aplausos, llantos y sonrisas. Recorre entonces un rumor de conclusiones abiertas haciéndose notar por los silencios del poeta; todo lo anterior es, entonces, un libro cerrado. Y para eso escriben, para marcar de algún modo los ciclos señalados en un lírico y personal mapa astral. Al igual que la luna, epitafio de Heráclito y su cambio eterno, pasear por el cielo y ser, cada noche, una realidad distinta vista desde nuestros ojos.

    «La luna siempre miente» (2016), de Sierra Castro (Séneca)

    La poeta de Hornachuelos (Córdoba) nos brinda unos versos cargados de lucidez en su segunda antología ─previamente publicada en 2013, Paraísos perdidos─ con la que logra hablar de los grandes temas de la literatura dejando al lector con los pies en la tierra entre la magia de sus palabras y el orden perfecto que las articula.

    Sierra Castro (Foto: Editorial Séneca)

    La clarividencia del verso y la total armonía entre estructura, estética y relato, hacen de esta obra todo un ejemplo del desarrollo actual de la poesía urbana y de la experiencia.

    Es cierto que para hablar del tiempo, del amor y el desamor, de habitaciones vacías y sillas abandonadas hay que tener la cadencia y elegancia suficiente como para poder hablar de ello, pero más valor debe acumular quien empuña la pluma para escribir, por ejemplo, sobre economía. Sierra Castro logra así hacer poesía de la frialdad de los mercados y sus fríos movimientos estratégicos en el poema Sin seguro a todo riesgo. Este fragmento es útil para entender la madurez en cuanto a la cadencia. Se percibe el ritmo solo con leerlo; la rima interna se hace sentir como si naciera casi sin querer en el cuaderno de la autora. Aparece entonces la distinción respecto del resto de poemas publicados hoy, gracias, precisamente, al baile perfecto de palabras que permite hacer de estos poemas un agradable recital.

    Invierte en las acciones que te eleven.
    Procura los activos poderosos
    para que se dispare el interés
    y solo sea la piel letra de cambio.
    Gestionemos el fondo tuyo y mío.
    Y en los fondos
    que las manos liquiden el deseo,
    que solo sea tu tacto el incentivo,
    que se anude con vértigo a mi olfato.

    El anhelo de que todo lo pasado fue siempre mejor que lo vivido entonces también está presente en el poemario. Sin maquillaje, repleto de mesura y realidad, la poeta evoca el recuerdo del modo más bello posible en Encuentro.

    Encuentro

    Yo no sé si es amor pero te tuve.
    Yo no se si es amor y ya te has ido
    y no anestesia eso mi deseo
    de repetir contigo los vientos y el paisaje,
    el imantado espacio entre las bocas,
    la piscina cubierta de tus brazos,
    una noche cualquiera de este mundo
    ─aunque solo sea un día en esta existencia─
    que nos haga sentir que nos amamos.

    Accesible, de vanguardia, con voz propia… Así es la obra de Sierra Castro, unas confidencias que bien podrían ser cuidadas epístolas de un pasado vago al futuro que le sigue lento e inmortal. Encontramos en sus poemas un icono oculto en el panorama nacional de la poesía que, sin embargo, representa y está a la altura de lo que se ha llamado poesía de la experiencia y urbana. Por último, todos los beneficios que genere esta obra serán donados a la Fundación Dharana para colaborar con el proyecto O Couso en el mantenimiento y creación de casas de acogida, escuela y comunidad.

  • «Sueños y desvelos», de Raúl Carreras (Sar Alejandría Ed.)

    «Sueños y desvelos», de Raúl Carreras (Sar Alejandría Ed.)

    La poesía de Raúl Carreras es, esencialmente, una poesía sonora, una poesía de rima y métrica. Antes que por su contenido, su poesía destaca por su forma. Mantiene siempre la constante de la búsqueda de la rima ante todo lo demás, lo que le otorga una apariencia jovial y lúdica. El ingenio que requiere el artesonado de las rimas, tan intensamente marcadas en formas clásicas como sonetos, décimas, octavas, liras, quintillas, etc., no puede, cuanto menos, sorprender al lector. Es poco habitual en la poesía contemporánea, donde el verso libre tiene la supremacía. No obstante, la sonoridad de la rima remite más a la de poetas como José de Espronceda o Gloria Fuertes, cuya poesía es para ser leída en voz alta y escuchada por un público, que a la rima más callada y sutil, hecha para rimar en la mente al leerse en silencio, como ocurre con Antonio Machado. Sin quitarle valor, la poesía de Carreras destaca por su facultad para recitarse en público, ante un auditorio, con el consiguiente disfrute de tanto poeta como oyentes, donde resuena una ebullición de escogidas palabras en un complejo juego de coincidencias fónicas.

    Sueños y desvelos, Raúl Carreras (Sar Alejandría ed., 2017)

    Como sucede en los poetas que desean revitalizar las formas clásicas, las estructuras cerradas de métrica y rima, el lenguaje de muchas de las obras está limitado al artesonado de la forma. Rara vez se consigue que el lenguaje logre su máxima expansión. Pero el mérito está en que se trata, sin duda, de poesía, porque el verso es verso. No ocurre así con el lado opuesto de la poesía actual, el verso libre, que cae a menudo en la desgracia de ser una enumeración de frases o palabras sin fuerza y sin aquel requisito que decía Neruda, que cada verso sea un poema en sí mismo, una isla. La mala poesía en verso libre es, simplemente, prosa. Raúl Carreras sabe mantenerse alejado de este vicio, gracias a su incansable búsqueda de la forma.

    En cuanto al contenido, es destacable la gran diversidad de temas. No es un poeta que se ciña a un solo tema de preferencia o del que no sepa salir. El caso de Raúl Carreras es el de alguien que habla de todo lo que le gusta o le interesa. Entre sus temas, por tanto, podemos encontrar reflexiones sobre sentimientos (¿Qué es amor?, Miedos, Pasión apagada, Soneto a la alegría), el vínculo con su tierra, o con Castilla, con España en general (Bernardos, en un soneto no cabe; Camino de Santiago; Raso de Castilla; La octava… maravilla; Mi pueblo; Mi añorada infancia); tradiciones locales (Romería de la Virgen del Castillo, Subida 2010, a la Virgen del Castillo); denuncia de las tragedias de la Guerra Civil (Guernica, Memoria histórica); amor a la familia (Amor de madre, Alai, Hermanos); la belleza de ciertos fenómenos naturales (Nieva, Puesta de sol, Tormenta de verano), temas cotidianos como el fútbol, alimentos (Oda al chocolate, La Octava… Real, La Décima, Soneto a la cerveza, Soneto a la tortilla); reconocimiento y ensalzamiento de poetas (A Miguel Hernández, Soneto a Gloria Fuertes); sobre la propia composición poética (Palabras, Suspiros de la lira, Versos en almoneda); los pecados capitales (Seven); los cinco sentidos (Con sentido); reivindicaciones sociales de actualidad (Orgullo, In Memoriam); amor y desamor (En la noche de los sueños, Fue una noche fría, Cartas en el cajón, etc.), en incluso alguna composición erótica o pornográfica (En la hora de la siesta…).

    Merece atención aparte el área temática del amor, pues es un tema ineludible y el de mayor peso en la lírica, que sin duda Raúl Carreras sabe dominar, pues aúna sentimiento y expresión con gran intensidad, remitiendo a veces a la tradición. Por ejemplo, salta a la vista la clara alusión a la rima XXIV de Bécquer, Dos rojas lenguas de fuego, en el poema de Carreras Fundidos en un beso, manteniendo esa estructura anafórica del “dos” y campos semánticos líricos cada vez que se enuncia con ese numeral:

    Dos nubes algodonales
    en un cielo despejado.
    Dos estrellas celestiales
    en un ocaso dorado.
    Dos miradas pasionales
    de ojos que han amado.
    Dos imágenes frugales
    de futuros anhelados.

    La poesía de Carreras es clara y directa, sin demasiados ambages herméticos que suspendan al lector o receptor en esfuerzos de interpretación. Se deja procesar por su sencillez y su música, sin mayores complicaciones. Ahora bien, ocurre a veces que encierra alguna idea más sutil en imágenes metafóricas, casi simbólicas, como ocurre con El abrazo:

    En el fresco claustro, sobre la exedra,
    con suma destreza, rara pericia,
    por sus anchas paredes crece la hiedra.

    La sensación más profunda de un abrazo, en múltiples vertientes de interpretación, queda representada en esa imagen, tan bien expuesta en palabras, de la hiedra sobre la piedra labrada. La planta es algo vivo, la piedra es algo inerte. El claustro es un monumento, algo que debió ser imponente, construido por una institución humana, pero pasa a ser vestigia, recuerdo deteriorado de un esplendor pasado, al estar cubierto de hiedra. Pero todo ese contraste indica inexorablemente sentimientos amorosos, un abrazo. La imagen es genial, pero precisamente éste es un raro poema en la antología, al ser corto y de una forma poco habitual en Carreras: una sola octava anisométrica.

    Raúl Carreras

    El poeta no se priva de experimentar en diversas formas o saltarse alguna de sus normas si el efecto de lo que se transmite va a ser mayor. Ya no vivimos en una época de formas exquisitas: nuestros edificios tienen curvas, se tuercen y serpentean, ya no hacemos palacios herrerianos. La libertad de sentimiento y de expresión se permite todo; pero es de agradecer el cómplice guiño a nuestra tradición castellana el constante retomar de Carreras de las formas del Siglo de Oro.

    No todas esas referencias son a las formas cultas, porque también nos sorprende el poeta con sus romances, como el Romance de Eros y Psique y el Romance de un Quijote enamorado. Se puede decir que su pericia en el verso corto es, si cabe, aún mayor, y que maneja la asonancia a la perfección. En el contenido, combina con destreza la lírica y la narrativa, aunque siempre es la lírica el género dominante.

    La introspección, el poema reflexivo, tiene una de sus más altas representaciones en el soneto Dentro del laberinto, cuyos cuartetos guardan admirable métrica y ritmo, con el magistral acento heroico en la sexta sílaba en muchos casos: ¿Dónde está la salida al laberinto, / dónde encuentro la puerta principal? […] ¿Acaso no hay un camino distinto / del obstinado impulso irracional? […]

    En definitiva, es un placer poder contar con la poesía de Raúl Carreras, cuya carrera, jugando con las palabras como tan bien sabe hacer él, no acaba más que de empezar. No es, por ahora, el poeta que vaya a sorprender a los críticos y los maestros, no, ni falta que hace, sino que hace la poesía que hay que hacer verdaderamente: la de los amigos, la familia, los sentimientos vividos, los amores sufridos, los gustos personales…, todo ello para las personas que nos quieren y que nos conocen. Y si algunos no conocemos aún a Raúl, podemos verle a través de su poesía. Podemos ver a un poeta cercano, humano, un poeta del pueblo.


    La presentación de «Sueños y desvelos» tendrá lugar el jueves 21 de septiembre a las 19 horas, en el Centro Cultural Matadero de Madrid.

  • «Alas del sur», de Pedro Garfias (Renacimiento)

    «Alas del sur», de Pedro Garfias (Renacimiento)

    La historia la escriben los vencedores; llenan con los colores de sus banderas todo un relato, inundan memorias, en ocasiones con mentiras, el recuerdo de un país, y para hacer de contrapoder a esto, nacen los poetas. Uno de los más conocidos casos podemos verlo en la generación del 27 y los poetas de la Guerra Civil. Más de sesenta, de los cuales apenas una larga docena son conocidos; es por eso que hoy os descubrimos a Pedro Garfias, nacido en Salamanca, criado en Sevilla y exiliado en México.

    «Alas del sur», Antología poética de Pedro Garfias (Renacimiento)

    Esta antología reúne una muestra completa de las etapas, estilos y temas centrales del poeta durante los años comprendidos entre 1926 y 1967 dividida en cinco capítulos: «Hoy que llevo mis campos en mis ojos» es el primero de ellos. Aquí el estilo descriptivo, junto a una lírica muy personal (es sencillo darse cuenta de su única autenticidad), nos hace ver el perfecto encaje que tiene en la generación del 27. Suena a Campos de Castilla, solo que hablando de Andalucía, patria y ciudad.

    Yo te puedo poblar, soledad mía,
    igual que puedo hacer rocas y árboles
    de estas oscuras gentes que me cercan.

    Cómo su gracia y limpidez los ojos
    me abrasan con su luz… No lo soñara
    la torpe mano que me arrebata
    mi blanca Andalucía.

    «Hambre de pan y horizontes» es, estrictamente, el capítulo que se ciñe a los años de la Guerra. Memoria y dignidad que inmortalizan al miliciano muerto, a las Brigadas Internacionales, a Federico García Lorca, a generales y capitanes, a José Díaz y a Dolores Ibárruri, a los Héroes del sur. 

    A la muerte de José Díaz
    Desde nieves con sangre
    y cosechas ardidas,
    desde esqueletos pálidos de fábrica
    y casas en ruinas,
    nos llegan las palabras:
    Ha muerto José Díaz.

    Allí donde la muerte tenazmente labora
    la piedra y la sonrisa
    y clava a hachazo limpio en el paisaje
    el duro ceño de la nueve fría,
    José Díaz ha muerto rodeado
    de claras formas rígidas,
    de voces con espanto y duras manos
    fraternas conmovidas.

    Hombres, titanes, dioses
    vieron correr su vida,
    romperse, despeñarse
    por la fijeza atroz de sus pupilas
    vieron morir su cuerpo
    ardiendo en sus cenizas.

    La muerte trabaja infatigable.
    Aquí una pobre aldea en carne viva,
    aquí una presa levantada a pulso
    y a pulso sostenida,
    toda una historia y una aurora a punto
    echada atrás, hacia la noche lívida.
    Y José Díaz muerto, muerto y vivo,
    porque la guerra dura todavía.

    «Dejadme saber mi sueño» es el tercer capítulo de esta antología, que recoge la versión más íntima del poeta. Romances, canciones y sonetos componen en la armonía del exilio este tercer título.

    Guadalquivir
    El espejo de tus aguas
    sabe del rodar suave
    de las tardes sevillanas.

    Ay, río que se me va.
    Ay, tarde que se me escapa.

    A cada paso del río
    va adelgazando la noche
    y las estrellas menudas
    ya nos parecen enormes.

    Capitán, pronto, la brújula.
    Que este río no va al mar.
    Que va a la luna.

     

    El cuarto capítulo, Llevar la vida a cuestas, es sin duda ese conjunto de glosas, sonetos y poemas de los que hablamos cuando mencionamos el hastío y la apatía de la posguerra, el exilio y la profunda crisis existencial en la que muchos autores de la época cayeron.

    III
    Debió ser un hombre fatigado
    de tanto buscar luz entre la noche oscura.

    IV
    La soledad que uno busca
    no se llama soledad;
    soledad es el vacío
    que a uno le hacen los demás.

    El último capítulo recoge siete poemas dedicados al mundo de la tauromaquia, muy popular, extendida y aceptada en la época por todo el Estado español y, posteriormente, en México, donde se exilió el poeta hasta su muerte. Desde allí nos llegaron sus glosas, sonetos y poemas que componen esta antología .

  • «Cábala: Amor», de Elena Flores (Ed. La Calle)

    «Cábala: Amor», de Elena Flores (Ed. La Calle)

    No había día mejor para terminar de leer este libro que el 28 de junio. Tuve el gusto de compartir con Elena Flores un café con hielo en la plaza donde suelo hablar de poesía eventualmente con un gran amigo. Allí, la autora me dio unas pinceladas sobre su obra, y me advirtió, siendo certera, que es un libro que exige segundas y terceras lecturas. Por placer, o por comprender mejor cada palabra.

    Cábala: Amor (2016), de Elena Flores (Editorial La Calle)

    Antes de comenzar, tengo que hacer especial mención a la editorial. La Calle es la primera editorial LGTB de Andalucía. Si bien es cierto que en el resto del país hay otras casas editoriales especializadas en este colectivo, no cabe duda de que es una buena noticia que surjan otras que den visibilidad a autoras y autores LGTB.

    Lo profano y lo divino de la libre sexualidad se esconde en la voz de Elena Flores: esto es lo que encontramos en este libro. Una pura declaración de amor y erotismo, «un contraste sexual de cuerpos que por un segundo se intercambian y yuxtaponen en una retórica (anulada) del poder», como apunta Álvaro López Fernández en un prólogo que bien podría ser una reseña, o, como él mismo apunta, un manual de instrucciones para el libro que prologa. Y es que los poemas de Elena requieren más que un esfuerzo de introspección. Esto no quiere decir que de una primera lectura, los poemas no transmitan; todo lo contrario: es una lírica muy accesible a la par que intensa, rompedora con la corriente de la experiencia predominante en la actualidad.

    El homoerotismo es la clave en este poemario en el que critica a las etiquetas de generalización se hace eco a través de un ascenso a ese monte Sacrolujurio, en el que Lilith –como figura principal de reivindicación- da la bienvenida.

    Se indica en uno de los párrafos de la contraportada de Cábala: Amor.

    El relato es en sí mismo una puesta en cuestión, un discurso poético que, de no ser por el contexto, podríamos considerar inocuo para lo establecido: podríamos pensar, incluso, que es un libro de poemas de amor más. Respecto a este punto, señalaré una última cosa, y es la excelente habilidad que tiene Elena Flores para escribir mediante un juego de máscaras y bailar con la retórica de la voz poética.

    La estructura es perfecta, utiliza el verso libre entendiendo lo que significa. No son simples saltos de línea, cada verso tiene una función, nada sobra en un poema. Como apuntaba al comienzo, rompe con la poesía de la experiencia, pero mantiene la calidad en el verso libre. Nada es artificial ni suena forzado, y es algo muy positivo que la sinceridad de la poeta se perciba incluso en la estructura.

    Fragmento de «Goliat»

    Como un pavo real te luces,
    sabiendo que te miran los ojos
    de todos los que te rodean.
    Conoces tus cualidades:
    lo estético en ti es sobrenatural.

    Gustas un torso envidiable,
    en tus piernas la marca de Da Vinci
    se hace eco de Pitágoras.
    Todo tu cuerpo es, al fin y al cabo,
    un arte matemáticamente perfecto.

    Podemos decir que un texto es un buen poema cuando hay armonía entre estos tres elementos: relato, estructura, y, por último y muy olvidado en la actualidad (por desgracia), el ritmo. No es solo en este fragmento del libro de Elena donde vemos esta armonía lírica; es en todo el conjunto de su obra. El ritmo va de la mano de la estructura, y la unión resulta impecable.

    Nos deja con hambre de más, pero repito: nada sobra. Es un libro muy ameno, con un intenso e íntimo relato que guarda distintas capas de profundidad, pero es, sin duda, un libro con el que cualquiera que haya vivido las neuras del amor se puede sentir en la piel de la autora. Un título apropiado, un prólogo enriquecedor, y dos capítulos completamente líricos y universales.

  • «Las vueltas», de Félix Vera (Alas Ediciones)

    «Las vueltas», de Félix Vera (Alas Ediciones)

    El amor delante y detrás del Rock and roll. Esa es la forma más sincera en la que podría resumir este libro. Si tuviéramos que unir la imagen del poeta con la música, probablemente evocaríamos a Dylan, Cohen o Silvio Rodríguez; cantautores y baladas, guitarras y canciones. Muy lejos de lo que es el rock en castellano, al menos en cuanto a forma y estilo, y es aquí de donde nace la peculiaridad de Las vueltas.

    Las vueltas, de Félix Vera (1997, 2003) ALAS ediciones

    Poemario rock es el subtítulo de esta obra, una etiqueta que le permite al autor distanciarse un poco de la norma en la lírica. El músico decidió plasmar en un libro emociones y decisiones que tal vez no cabían en una canción, una faceta muy interesante del artista que no solemos ver. Antes mencionaba a Silvio Rodríguez, y es que sus cancioneros son muy conocidos en Cuba. Sin embargo, al otro lado del Atlántico apenas se sabe de ellos. No es que esta obra sea un cancionero, sino que es un nexo de unión entre el verso escrito y el que precede a un solo de guitarra.

    «Rebelde ante la rima, sumiso al ritmo», afirma Félix sobre su estilo.

    Presenta una edición muy visual: en contraste con los versos contemporáneos, el músico juega con la distribución de cada palabra, de cada punto. Si buscas un poemario que rompa con la estética normativa sin dejar a un lado la causa última de la poesía, este podría ser el tuyo. Y esa causa a la que me refiero, es, como decía Luis García Montero, la necesidad de estarle hablando a una silla vacía.

    Este libro guarda nombres de mujeres, finales trabajados y una orientación hacia la poesía de la experiencia. Es un paso más allá de las distintas influencias posmodernas que el autor confiesa haber recibido, sin dejar de ser conciso, certero y escueto a la hora de trabajar cada página. Estas características podemos verlas en La última cena, un poema recogido en este libro:

    La última cena

    Tu cara se distorsiona
    detrás de la copa de vino blanco
    que un camarero rubio,
    vestido con traje típico,
    nos acaba de servir.

    Estás muy guapa
    casi tanto como cuando te ríes
    y la línea de maquillaje
    que, excepcionalmente,
    te has puesto bajo los ojos
    me señalan el punto donde reside tu fuerza.

    Reímos mientras degustamos
    nuestra última gran cena juntos.
    No puedo creer que en unos días
    vayas a estar tan lejos
    que poco importen unos cientos de kilómetros
    arriba o abajo.

    Me mintieron,
    me dijeron que el amor todo lo podía
    y lo único que hará será
    hacer más difícil la despedida.

    Muestra un relato muy íntimo, lleno de viajes y confesiones, de distancias y silencios que el autor plasma en estos poemas. Con los pies en la tierra, romantiza la derrota y la combina con la personalidad atrevida del rockero; combinación que nos permite ver el lado humano, las cábalas, todo eso que, como decía al comienzo, tal vez no tenga espacio en una canción.

    Con referencias a otros músicos como Triana Blackie Lawless, y una «banda sonora» a final del libro con otros como Jimi Hendrix Paco Ibáñez, acaba Félix Vera esta obra tan ligada a la faceta lírica del músico, y más concretamente a quienes aman el rock y la poesía. Será toda una simbiosis leer este libro si la melodía de tu vida la marcaron grupos como Metallica AC/DC, aunque no sea un poemario estrictamente lírico, uniforme y cortés en cuanto a la norma, pero, ¿qué es si no el rock and roll?

  • «Cuaderno de campo», de María Sánchez (La Bella Varsovia)

    «Cuaderno de campo», de María Sánchez (La Bella Varsovia)

    Cuaderno de campo, de María Sánchez (La Bella Varsovia, 2017)

    María Sánchez (Córdoba, 1989) es veterinaria de campo y sus poemas han sido publicados en revistas, antologías y han sido traducidos a diversos idiomas. Cuaderno de campo (La Bella Varsovia, 2017) es su primer poemario.

    María pertenece a la hornada de nuevos (y jóvenes) poetas de nuestro país, y creedme cuando digo que es una suerte que la tengamos porque la calidad de sus versos es inmensa. Su escritura dista mucho de lo que se ha denominado como “nueva poesía” ya que sus poemas están libres de todo convencionalismo y banalidad, lo cual los hace tremendamente únicos, personales y, lo que es más importante, interesantes.

    Otro de los motivos que hacen distinto y llamativo este libro es su temática concreta: los animales, el campo y la familia. Sus poemas son una visión bella y desgarradora de la mezcla de estos tres temas, descrita desde lo más profundo del alma y las entrañas de la autora, y que no dejará a nadie indiferente:

    Instinto de

    Algunas enfermedades hacen perder el sentido
    de la huida al animal.
    no estoy enferma
    pero tampoco huyo
    a lo mejor es que simplemente
    quiero que me atrapen:
    ‘un cepo quizás es anestesia’
    luego vendrá
    la venda contra la herida

    María Sánchez. Fuente: María Sánchez/Twitter.

    Cuaderno de campo es un poemario fresco, muy visceral y repleto de hermosura. En él encontramos, desde la experiencia vital de la poeta, versos para la tierra, los animales, la vida, la muerte, la supervivencia, las costumbres, la medicina, los estudios, incluso los profesores… versos donde su herencia cultural y educacional familiar, y especialmente su abuelo, están muy presentes.

    Poema nº 2 del capítulo “La Segunda Mancha”

    Algo así tiene que ser el hogar:
    Oír fandangos mientras las ovejas van
    tras sus corderos
    Rebuscar con los dedos las raíces
    Ofrecer a los tubérculos los tobillos
    Convertir la voz en ternura
    y en presa
    Prometerme una y otra vez
    que nunca escribiré en vano
    un libro con las mismas
    manchas.

    En definitiva, el libro es una grandiosa oda a las especies, la naturaleza y la familia. He leído muchos y muy buenos poemarios en lo que va de 2017, pero pocos tienen la fuerza, originalidad e identidad propia que emanan de las páginas del Cuaderno de campo de María Sánchez.

  • «La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida», de Elvira Sastre (Visor)

    «La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida», de Elvira Sastre (Visor)

    Hay quien se empeña en encasillar a los autores en un único movimiento, generación o estilo. Sería como reducir todo el trabajo de Picasso en el modernismo y olvidar el resto de etapas por las que se deslizó el artista, dejando un gran rastro en forma de obras muy diversas. Sin embargo, esto suele ocurrir en la literatura, más aun en la actualidad. De guiarme por esa dinámica de la crítica inamovible, esta reseña no tendría en absoluto sentido.

    Elvira Sastre Sanz (1992, Segovia), La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida, 2016, Visor Libros

    Elvira Sastre (Fuente: Wikipedia)

    La producción literaria de Elvira es abrumadora: desde el año 2013 ha publicado 5 libros, y en 2016, año de publicación del que hoy traemos a la revista, sacó a la luz dos obras: Ya nadie baila (Valparaíso Ediciones) y La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida (Visor Libros). Sin embargo, no es esto lo que más llama la atención, sino la gran evolución que ha tenido en apenas un año. Puede dar la sensación de que la gran producción de la autora se deba a que publica todo lo que escribe; podría entender entonces que para esta última obra, Elvira reservase lo mejor. No obstante, son solo lucubraciones. Aferrándome a lo que cuentan las páginas, admito que estamos ante una voz que merece ser escuchada.

    Benjamín Prado comenta sobre la autora que es «la poeta que desde hace mucho tiempo estaba pidiendo a gritos la literatura española«. Lo cierto es que, al menos en esta última obra, surge una voz poética que parece relevar sutilmente las voces poéticas contemporáneas que hasta hace poco dominaban la escena. Me refiero a voces como la de Luis García Montero, Raquel Lasneros, Ángel González o el propio Benjamín Prado. De cualquier manera, y para excusarme de ponerla a la altura de estos magos del verso, es necesario destacar que tiene solo 25 años. Ahora vamos a lo importante: la forma y el relato, y como en las mejores obras, empezamos por lo último.

    Dime, mi amor,
    que nada de esto ha sucedido.

    Así da comienzo la obra, podemos imaginar qué nos espera, pero no cómo. El libro bien podría haberse llamado La herida de una puerta abierta, ya que encontramos la metáfora constante a lo largo de todo el relato. La intensidad con la que narra y versa cada palabra es sublime, nada sobra en el poema, y es que nada debe sobrar. La emoción, la sensación de abandono, el recuerdo, las preguntas lanzadas al aire, la profunda fuerza de cada poema; en resumidas cuentas, el relato es impecable, aunque resulta extraño leer algunos poemas en primera persona en los que utiliza el masculino.

    Ahora vamos al cómo. La forma, en la parte técnica, es lo más arriesgado. Obviamente, la voz del poeta que trabaja con el verso libre está en el ritmo y en el relato principalmente, pero la estructura también juega un papel fundamental. Concretamente me refiero a alinear el poema a la derecha en alguna ocasión, o notar un uso extraño de los signos de puntuación. Nada importante que impida comprender el poema, pero llama la atención. A fin de cuentas, la obra es suya, ella decide cada coma y cada punto.

    Fragmento de «Lo peor del abandono no es el silencio, es la puerta abierta»

    Pienso en irme,
    en colocarte aquí en un rincón bajo la luz
    de otra memoria,
    allí donde los sueños que no suceden
    esperan su momento y el león
    descansa entre rugidos.

    ¿Pero a qué lugar te lleva la habitación
    que dejas atrás
    si la puerta se queda abierta?

    Este libro era necesario que apareciese en la escena. Tal vez sea una transición, una nueva voz que permita orientar los focos hacia otro escenario a la altura de los contemporáneos. Era necesario un libro lleno de lucidez y precisión, dos características que, sin duda alguna, parecen estar en un segundo plano actualmente, y eso no es nada bueno para la poesía y sus amantes.

    (Crédito de imagen de cabecera: Elvira Sastre/Instagram)

  • «Elecciones personales», de Rafael Pérez Estrada (Miguel Gómez Ediciones)

    «Elecciones personales», de Rafael Pérez Estrada (Miguel Gómez Ediciones)

    Hace pocos días fue La noche de los libros en Málaga, así que decidí darme un paseo por el lugar donde se celebraba para probar suerte y encontrar algo atractivo entre tantas estrofas vacías. Entonces, en un stand de la editorial Miguel Gómez Ediciones, me topé con las letras de Rafael Pérez Estrada. Los cinco euros que llevaba en la cartera fueron los justos y necesarios para poder llevármelo a casa.

    Rafael Pérez Estrada (1934-2000, Málaga), Elecciones personales, una antología de urgencia (1996), Miguel Gómez Ediciones

    Muchas obras hacen de algún modo referencia a la poesía. La metapoética es un tema que funciona como recurso; hablar de versos y estrofas, de palabras e incendios en el papel, se vuelve con cierta retórica a favor del yo poético. Esta, concretamente, empieza dando la mejor respuesta que he leído a la tan retorcida pregunta sobre, ¿qué es la poesía? Me gustaría compartir la página completa que Rafael utilizó de una forma tan certera: Conceptos para una poética.

    Conceptos para una poética

    Era de noche y me encontré al poeta: estaba tiritando de inédito.
    Le pregunté y me dijo: Me pesa mucho la realidad para no ser poeta.

    La poesía trasciende la condición del poeta.
    La poesía debe ser eléctrica e inesperada, inmediata y en vena.
    Un poema sólo debe oler a poema, nunca a limón.
    Ni tampoco deben oler los poemas a pan recién salido del horno.
    Ni a tierra mojada por la lluvia.
    Si olieran así, olerían a tópico, y el tópico es como un caracol haciendo eses con su baba de plata.

    El poeta: cómplice del silencio.

    Sólo sé que, si abro el poema, deberá sangrar.

    Me hablaron de un poema milagroso que, en su soledad, llovía abundantemente.
    Al final hubimos de convenir que no era un poema, sino una nube.

    Rafael fue dibujante, escritor y un gran poeta, aunque no solía escribir en verso. De hecho, esta primera página es lo más parecido a ello que encontraréis a lo largo del libro. Solía decir que el género literario, no es solo una clasificación, sino también una frontera. Su estilo es predominantemente prosaico, manteniéndose en la lírica, en la poesía. Puede sentirse el ritmo en las palabras, el cuidado en el relato y la intención de penetrar en el alma de quien tiene uno de estos párrafos entre sus manos.

    La obra en cuestión es una antología personal, una selección de prosa lírica bajo criterio del autor compuesta por poemas de algunas de sus obras, como Las horas crueles, Libro de Horas o El domador entre otras. Podemos encontrar también poemas inéditos que, hasta esta última edición, no habían visto antes la luz. Presentimiento es uno de ellos.

    Presentimiento

    De pronto se oyen gritos. Sombras de gente corren para evitar un suceso que parece terrible.
    No me opongo, lo que no acontezca en este sueño ocurrirá mañana.

    Es difícil saber cuál fue el criterio. ¿Por qué esos poemas? La temática constante recuerda un poco al discurso de Ángel González en su obra póstuma,  Nada grave.

    «El domador de lunas y de estrellas», una ilustración de Rafael Pérez Estrada

    Parece que el poeta sabe cuándo acecha la muerte, cuándo se aproxima el final, y le mira a los ojos sin inmutarse demasiado: sabe que ya lo ha escrito todo, solo queda decir adiós. Tal vez fuera esa la función de esta antología, hacer ver lo humano de la muerte, que la tragedia no lo es tanto si se aprende, así es como Rafael plasmó su futuro infranqueable.

    El poema que cierra el libro parece una suerte de desafío, abandera el coraje al mismo tiempo que teme el final de sus días, cuando deje de escribir, cuando ya no tenga destino. Se titula, Diario.

    Diario

    He leído en mi propio diario: Escribir es el destino del hombre (el silencio, su cómplice), y ahora tengo miedo a dejar de escribir. Es la pasión la que nos sostiene. Cada astro es una letra componiendo un verbo difícil. Cada luz, un signo del cosmos. Morir, quizá sea escribir la palabra muerte.