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  • Sábado con una librera: Carola Martínez (Lib. Donde viven los libros)

    Sábado con una librera: Carola Martínez (Lib. Donde viven los libros)

    Hoy vamos a charlar con Carola Martínez Arroyo, formadora de lectoras y lectores, librera, editora y escritora. Nació en Santiago de Chile en 1972. Estudió Psicología y trabaja como especialista en literatura infantil y juvenil. Autora del blog www.dondevivenloslibros.com, recibió el Premio Pregonero a Publicación Digital en 2012. Es una activa promotora del libro y la lectura y coordinó el Plan de Lectura de la ciudad de Buenos Aires durante seis años.

    ¿Cómo decidiste hacerte librera?, ¿acaso eres una romántica sin esperanza como el protagonista de Farenheit 451?

    Decidir, creo que no decidí. Me pasó. Y fui siguiendo ese destino. Cuando llegué a Argentina mi segundo trabajo fue hacerme cargo de una librería pequeña en Palermo. Así que casi diría que me ocurrió. De todas maneras es un oficio que me fascina. 

    Cuéntanos brevemente la historia de tu librería, ¿qué tiene de especial?

    La librería Donde viven los libros nació naturalmente de un recorrido personal. Fui librera y luego comencé a trabajar de mediadora, más tarde empecé a trabajar en gestión de políticas públicas, tenía un blog y un grupo con el que reflexionamos sobre los libros para niños y niñas y naturalmente necesité poner a disposición de otros esos libros que seleccionaba y recomendaba todo el tiempo.

    Nació como una librería online en el 2016, una de las primeras que era en la nube y que por el público al que estaba orientada necesitó tener un lugar físico para que las clientas (son mayoritariamente mujeres y mayoritariamente docentes, maestras, bibliotecarias) pudieran tocar el material. Así que físicamente está en el garaje de mi casa. Y es por eso que no publicamos la dirección por todos lados y hacemos citas con las clientas. Pasamos por momentos en los que creímos que no daba para más. Comercialmente las librerías tienen muy poco margen de ganancias. Pero la pandemia nos dio un nuevo aire. Al contrario de las librerías físicas que se tuvieron que adaptar a las nuevas condiciones, teníamos la expertis de la venta online, de la virtualidad, del envío a domicilio, así que rápidamente pudimos ponernos a trabajar.

    Y ¿qué tiene de especial? Es hermosa (y no solo porque es mía) es hermosa y tiene un acervo muy cuidado, elegimos cada libro. Es una librería especializada en libros para niños, niñas y adolescentes. Tenemos mucho material para docentes y bibliotecarios/as y mucho material para pensar la didáctica y la pedagogía de la lectura. Todo el tiempo estamos pensando en lo que Genevieve Patte llama “los libros imprescindibles para crecer”.

    ¿Cuántos títulos tenéis aproximadamente?

    Es una librería mediana, tenemos unos 1500 títulos. Y manejamos mucho material de fondo de las editoriales. No ponemos especial atención en las novedades.

    ¿Cómo es el cliente tipo de la librería?

    Acá va a responder Javiera que es quién hace esta tarea cotidianamente.

    Con el tema de que es online tenemos muy claro cuál es el perfil de nuestras clientas. Son mujeres de entre 30 y 50 años. Por un lado nuestras clientas son docentes, bibliotecarias, mediadoras de lectura. Y por otro, somos la librería de la familia que acompaña a los niños y niñas mientras crecen. De hecho conocemos a los niños y niñas y guardamos sus preferencias que cuando llega un libro que puede que les guste les escribimos. Son esas clientas a las que todo el tiempo les estamos hablando.

    Hay un montón de librerías especializadas que surgieron con la pandemia y que están pensando en otros públicos. Nosotros con el tipo de curación que tiene nuestro material podemos llegar a una clienta que quiere comprar los regalos para los cumpleaños y también a una biblioteca escolar que necesita libros para ampliar su acervo.

    ¿Cuánto tienes de comerciante y cuánto de agente cultural?

    0% comerciante. Creo que haría todos los cursos que existen que puedan convencerme de que esto tiene que ser un negocio.

    Dime tres requisitos imprescindibles para ser librera.

    Imprescindible solo uno: Leer. Y ¿puede ser uno más? Leer críticamente.

    Más allá de las dotes comerciales lo más importante es conocer el material que estamos ofreciendo.

    ¿Cómo haces para recomendar libros?, ¿tus gustos?, ¿la vestimenta de quien te pregunta?, …

    Hago una pregunta que para mí siempre ilustra qué tipo de lectora es la persona: ¿Qué fue lo último que leíste y te gustó mucho?

    Y yo hago de recomendar una parte de mi trabajo. Yo recomiendo lo que me gusta y dejo de recomendar lo que me parece olvidable. Creo que no recomendar también es decir algo al respecto.

    ¿Tienes alguna receta para incentivar la lectura?

    No hay recetas para incentivar la lectura. Tampoco es un hábito. Si me siguen en Instagram van a encontrar varios post sobre el tema. Lo mismo si leen mi último libro que es sobre selección de libros que publicó la Biblioteca Nacional del Perú. Porque otra de mis tareas es trabajar con políticas públicas de lectura y escritura.

    Pero volviendo, no hay recetas. Quizás forzándome a decir algo al respecto pueda señalar que lo más importante es el acceso. Poner a disposición.

    ¿Crees que los libros digitales están cambiando el mercado?

    Sí, totalmente. Y somos lentísimas para entender el cambio. Creo que lo único que realmente me preocupa es que los libros en papel se conviertan en un lujo. El resto que cada uno encuentre el soporte que lo acomode.

    ¿Cuál es el rasgo diferencial de tu librería respecto a otras de la ciudad?

    Mi librería es especial porque es fruto de un trabajo que vengo haciendo desde hace más de 20 años. Porque me dedico a esto desde muchos lugares. Soy escritora, formadora de lectoras y lectores, me dedico a las políticas públicas de lectura, estudio bibliotecología y la librería es un lugar natural en el que vuelco todo eso que hago. Es una librería donde quien la visita va a encontrar libros que realmente amamos y que estamos convencidas que pueden hacer una diferencia. 

    ¿Cuál ha sido tu momento más dulce o la anécdota más divertida que has vivido como librera?

    Los más dulces cuando nos piden elegir el primer libro para un/a bebé. O cuando en medio del aislamiento de 2020 nos mandaban los videos de las reacciones cuando llegaban sus libros. 

    ¿Qué es lo que más odias de un cliente y de tu profesión?

    Lo más difícil ahora es el impacto de los precios de los libros. Lo que más odio es el problema del acceso y cuántas personas, cuántos niños y niñas se quedan sin libros. No me gusta nada cuando el cliente o la cliente asume que los libros deberían tener descuento. Los descuentos están prohibidos por la ley del libro. Y cuando hacemos descuentos especiales estamos entregando al cliente nuestra ganancia. Y eso muy poca gente lo entiende.

    Y ya que me estoy quejando, aprovecho de quejarme de la carga administrativa que tiene una librería, entre ingresar, guardar, contar y devolver libros nos pasamos gran parte del tiempo.

    Para terminar me gustaría que nos recomendases los tres libros que más te han apasionado y el que nunca volverías a leer. 

    Los que más me han apasionado y que puedo decirle a todo el mundo que los niños y niñas deben leer son:

    Donde viven los monstruos

    En el arca a las ocho

    El verano que mi madre tuvo los ojos verdes.

    El que menos:

    El monstruo de los colores y las antiprincesas. No los vendemos en la librería y sí nos perdemos muchas ventas. Pero es así, tengo que ser fiel a lo que predico.

  • 13 preguntas y una poeta: Adriana Hoyos

    13 preguntas y una poeta: Adriana Hoyos

    © de la foto de portada Quintina Valero

    Conocí a Adriana Hoyos en un recital de poesía y pensé que tenía la obligación de compartir su poesía con los lectores y las lectoras de la Revista de Poémame. Adriana es una colombiana poeta, cineasta y gestora cultural que reside en Madrid. Antes de pasar a la entrevista y a leer algunos de sus poemas, os recomendamos una visita por su blog.

    ESCUCHA

    Mi gesto no alcanza
    Mi voz no se acerca
    Si el amor está lejos
    Sólo existe irredimible
    El instante insalvable

    Del otro lado, Huerga & Fierro Ed.

    1 – ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    Echo de menos esa época de mi adolescencia en que el tiempo transcurría lentamente, los años parecían ser eternos y en los veranos podía leer y dejarme llevar sin prisas por las historias, los personajes, las imágenes. Mi obsesión es el tiempo. Me faltan horas.

    Dirijo La Huella del Gato, productora de publicidad junto a David Egea. Hago rodajes. Conformo equipos, diseño ideas, historias, presupuestos. Escribo, leo, veo cine, publicidad y me comunico con otros escritores. Llevo una agenda donde se mezclan presupuestos, poemas, citas, listas de la compra, libros pendientes, actividades con mi hijo Mateo.

    Me encanta viajar en tren y en avión y cada vez que se presenta la oportunidad lo hago.

    Me gustan las estaciones, los aeropuertos, espacios anodinos, de tránsito. En los últimos años he estado en ciudades que me inspiran: Venecia, Macedonia, El Cairo, Copenhague, Belgrado, Estambul, Berlín, París. Casi siempre para acudir a un festival lo que me lleva a habitar la ciudad desde otra perspectiva, conozco su música, sus escritores, sus calles, hoteles, iglesias.


    2 – 
    ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

    Los libros que considero como una clara geografía sentimental de mi adolescencia son: Extraña fruta y Muerte en Beverly Hills de Pere Gimferrer, Ensayo de una teoría de la visión de Guillermo Carnero, Residencia en la tierra de Neruda, Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, La tierra baldía de T.S. Eliot y Las flores del mal de Baudelaire.


    3.- ¿Cómo definiría a su poesía?

    Como un paisaje que dibuja fragmentos de pensamientos y emociones que me turban y me dejan suspendida en un tiempo sin tiempo, donde se funden deseo, realidad, metafísica. Una forma de comunicarme con los otros, de conversar con los escritores que me anteceden y por supuesto con los contemporáneos. Un deseo de experimentar con las palabras, con el sonido, con la música y la imagen. Una manera de cuestionarme, de indagar, de asombrarme y atisbar el pensamiento y la belleza que nos rodea o de ir más allá de lo que se presenta a simple vista.

    ES TIEMPO DEPAZ en mi mente
    Aunque mi cuerpo invoque
    El deseo ardiente del verano

    Del otro lado, Huerga & Fierro Ed.


    4 -¿Cree que la poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años? 

    A veces me siento cangrejo, voy atrás y adelante, pero siempre estoy en movimiento.

    Soy persistente. La escritura es ejercitar un músculo, ahora quizás soy más flexible, las palabras se vuelven blandas y son más dúctiles, pero no menos complejas. Disfruto de la palabra, la busco. A veces huye, se esconde o se revela. La poesía va de palabras.

    5 – ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    Lo repaso una y otra vez y siento que no debo cambiar, ni borrar más. A veces con la intención de mejorar puedes empeorar el poema. Solo dejo de corregir cuando publico. Aunque hay poemas publicados que retocaría.

    6 – ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    No veo el fin, solo el camino. Avanzo con las palabras y la vida y ellas van más allá.

    FOTOGRAFÍA DE CONJUNTO
    Estamos todos
    Por una vez
    Estamos todos
    Sin embargo
    Una sola mueca
    Revela la ausencia

    LA MIRADA DESOBEDIENTE, Devenir Ed.


    7- ¿Qué lugar ocupa, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?

    He sido más de lecturas íntimas, donde tres son multitud. Sin embargo, ahora me gusta la idea de los festivales y si son fuera de España, me emociono. Los festivales y los recitales me sugieren ideas para escribir y leer en público. A veces me sale una vena más rotunda, más histriónica, menos intimista o filosófica y todo gracias a ese salto a la plaza pública.


    8 – ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?

    Internet y los foros me han ayudado a conocer mejor el mapa literario iberoamericano actual. Investigar lo que se escribe en China, en Latinoamérica, en otros países, eso me gusta. Aunque también me causa cierto vértigo, me aturde tanto zoom y curso y lectura poética online y me dan ganas de volver a la época de las máquinas de escribir.

    A veces entro en una de esas salas virtuales y descubro que estoy sola, que me he equivocado de sala o de hora. Me entra un poco de inquietud, ¿me están mirando? -pienso- ¿quién es ese al otro lado? al otro extremo de mí. ¿Cuál es esta tierra virtual, saturada, ficticia?

    9 – ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor/a que le haya gustado mucho? 

    Yo, que fundé todos mis deseos bajo especies de eternidad” de Pere Gimferrer.

    “Migraciones” Gloria Gervitz.

    “Réquiem” de Anna Ajmátova.

    “Pandémica Celeste” de Jaime Gil de Biedma.


    10 – ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Varios y siempre a la vez. Mezclo las lecturas Poesía completa de Eugenio Montale y Sapiens de Yuval Noha Harari. Ahora leo también Autobiografía en rojo de Anne Carson. Tiempo sin claves de Ida Vitale, y La obra completa de Olga Orozco. Siempre leo varios poetas a la vez o los vuelvo a consultar y lo mezclo con otros libros o estudios. Mis lecturas muchas veces no tienen que ver con la poesía, me gusta la simbología, la filosofía, la ciencia y los ensayos sobre el tiempo y el espacio, me interesan mucho.


    11.-¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    Que lea, que se obsesione con la lectura, ahí surge la inspiración y el sueño de escribir. Sentir pasión por lo que haces, tener disciplina e investigar e indagar través de las lecturas. Luego escribir, escribir y escribir. Tirar, borrar, tachar, desechar y volver a escribir. Buscar tu paisaje, tu espacio y tu tiempo para la escritura.

    12.-¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    Me gustan las editoriales pequeñas que apuestan por una línea clara, que aman la buena literatura, cuidan a los autores y el libro como objeto de arte. Por otro lado, siento que no hay crítica literaria. Hay premios que se han dado no por la calidad, sino por la cantidad de seguidores que tenía su autor en las redes sociales. Todo eso confunde a los lectores y nos enajena aún más. Hay que estar alerta para no dejarnos embaucar por esa patrañas que quieren colarnos como literatura.

    MORDER EL POLVO


    Suben eléctricas las hormigas
    Por la espesura de mis nervios


    Quisiera morder el polvo
    Rascar la cal de las paredes
    Aferrarme con las uñas a la tierra
    Restregar mi espalda contra el árbol


    Arrancar las raíces y llenarme de barro
    En un grito desolador fundirme

    LA MIRADA DESOBEDIENTE, Devenir Ed.

    13.-¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    ¿Cómo serás los poemas escritos por robots? ¿jugaran ellos a hacer cadáveres exquisitos?  ¿harán escritura automática?

    Por último y fuera del cuestionario nos gustaría que se autograbase recitando un poema que usted haya escrito para nuestro canal de Youtube. 

    Gracias Adriana y gracias a vosotros y vosotras por haber llegado hasta aquí.

  • Auriculares para Ulises de Ingeborg Robles, (Valparaíso ed.)

    Auriculares para Ulises de Ingeborg Robles, (Valparaíso ed.)

    © foto: Ruthe Zuntz

    Ingeborg Robles es una escritora de nacionalidad alemana y española. Creció en contacto con dos grandes ríos, el Guadalquivir de Sevilla y el Rin de Bonn, y dos mares, el mar del Norte de las islas Frisias y el océano Atlántico de Cádiz. Estas vivencias de un mismo elemento natural con expresiones tan diversas han marcado la evolución de su forma de pensar.

    Ha obtenido un Master of Philosophy in European Literature de la University of Oxford, Queen’s College y un Doctorado en Filología Alemana de la Rheinische Friedrich-Wilhelms-Universität Bonn con una tesis sobre Thomas Mann. Ha estudiado Escritura Creativa en la University of Virginia con John Casey y Deborah Eisenberg. Tras unos años en Londres y enseñar literatura alemana en Oxford, se trasladó a Florencia, donde vivió durante ocho años al lado de la casa natal de Carlo Collodi, dedicada a publicaciones de diferentes géneros literarios. Desde el año 2014 vive en Berlín donde está activa en la escena literaria hispanohablante como autora, traductora y organizadora de eventos culturales.

    Escribe poesía y prosa en alemán y español. Con Auriculares para Ulises ha sido finalista del premio de Poesía Pedro Lastra, del Premio Hermanos Argensola, del Premio Internacional De Poesía António Salvado y del Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro. Auriculares para Ulises se publicó en 2021 por Valparaíso Ediciones.

    En 2021 el Senado de Berlín le otorgó la “Beca de investigación artística”.

    Auriculares para Ulises es un poemario que consta de 31 poemas divididos en cuatro secciones con un prólogo y un epílogo. La atrevida poeta Robles refuerza las voces de la tradición de manera irónica e irreverente como una sardónica Santa Hildegarda de Bingen (una alemana Teresa de Ávila) que discute con un Tomás el Oscuro en un diálogo fulminante, o un Kavafis o Pessoa que de repente interactúan con la vida cotidiana. Las heroínas mitológicas, así como las mujeres desconocidas de los clásicos, reclaman su presencia, mientras sirenas transforman su seducción en desafío. Un desafío que Ingeborg Robles también plantea a sus lectores y lectoras. Ella misma se convierte en una de sus osadas sirenas para fundir misticismo con humorismo filosófico y sorprende con giros audaces y salpicones copernicanos que reflejan la dinámica complejidad de una realidad tan inmediata como histórica. El sujeto, y aún más el sujeto femenino, se crea y recrea en cada instante mediante un lenguaje renovado y un pensamiento parasítico y subversivo.

    HELENA LAVA LOS PLATOS

    Helena lava los platos

    Eurídice el sótano.

    Penélope cocina eternamente garbanzos 

    mientras Atenea se aburre 

    entre los frigoríferos abandonados.

    Ni siquiera Europa 

    tiene ganas de jugar por la playa.

    ¡Cómo cambian los tiempos!

    Su nombre, como su poesía, desconcierta. Una poeta y una poesía sin fronteras ni identidad y quizás, esa libertad (o tormento) es la que la hace más incomprensible para muchas personas: como su nombre, impronunciable para unos, y su apellido, para otros. Afortunadamente el amor y el humor de sus textos es lo que la distingue y los une.

    Si esperas leer un libro de poesía clásico, te has equivocado de persona. Pero si buscas a una escritora con una poesía irónica, irreverente, desafiante, seductora, mística, compleja, femenina, subversiva sazonada con una pizca de humor es lo que encontrarás en los versos de esta filósofa-filóloga-poeta que tan gratamente nos ha sorprendido.

    Reconozco que tras leer el poemario, me he quedado como la aufgewecktes eichhörnchen a la que ella hace referencia en su poema [ME GUSTARÍA VER]. ¡Ah!, ¿no lo entiendes?, pues haz como he hecho yo, busca su significado y verás cómo me he sentido en el momento de redactar esta reseña.

    ANSIA DE APERTURAS

    introduzco

    lentamente 

    mis dos

    dedos

    pulgar

    e

    índice

    abro la grieta

    suave y caliente

    entre las palabras

    la fijo

    con algodón en 

    los extremos

    algo 

    va a pasar

    algo siempre pasa

    no se asusten

    de los animales gemelos

    u otros pasajeros carnavalescos

    al borde de los caminos

    es sólo lengua

    lenguaje

    no pasa nada…

    Recuerda que, si has llegado hasta aquí, también puedes comprar el poemario aquí o en librerías y otros puntos de venta habituales.

  • #PoémameBcn primavera 2022

    #PoémameBcn primavera 2022

    Tras el parón obligado por la pandemia, el 24 de febrero nos volvimos a reunir en el Ateneu Cooperatiu La Base para un nuevo recital multilingüe.

    Esta vez añadimos a las lenguas habituales, castellano, catalán e inglés, el esperanto como lengua invitada.

    En castellano recitó el poeta argentino residente en Barcelona Raúl Cristián Aguirre, a quien entrevistamos hace dos años en la revista.

    Siguió el recital con la poesía del periodista, escritor y traductor inglés, Michael Bunn. En tercer lugar, disfrutamos del cantautor, pintor y poeta Antoni G. Iranzo de quien publicamos recientemente una reseña de su último poemario, Relatari Catòtic.

    Por último, pudimos oír las anécdotas y poesías en esperanto de Maria Dolors Godoy quien nos deleitó con su sentido del humor y poesía.

    Acabamos con una breve sesión de micro abierto. Todo ello presentado y dinamizado por José Luis Regojo.

    Lo podéis recordar y disfrutar en el video que os mostramos a continuación gracias a la reportera de La Teva Televisió, Inés Encuentra.


  • #PoémameBcn primavera: 24 febrero, 19h.

    #PoémameBcn primavera: 24 febrero, 19h.

    Muy buenos días, Poemantes!


    Os invitamos al recital de poesía multilingüe que tendrá lugar el jueves 24 de febrero a las 19h en Barcelona. La lengua invitada será el esperanto.

    Ateneo La Base,
    C/ de les hortes 10
    Metro L2 L3 Paral.lel

    Lectura poética:
    – Raúl Cristián Aguirre (castellano)
    – Antoni G. Iranzo (català)
    – Michael Bunn (English)
    – M.Dolors Godoy (esperanto)

    + Micro abierto
    Nos encantará verte!

  • En el lugar de la mano el ímpetu de un río de Julieta Marchant (Ed. Liliputienses)

    En el lugar de la mano el ímpetu de un río de Julieta Marchant (Ed. Liliputienses)

    Crédito de la foto: Angelina Dotes 

    Julieta Marchant, Santiago, Chile, 1985. Editora · Escritora. Licenciada y magíster en Literatura y estudiante del Doctorado en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte en la Universidad de Chile. Ha publicado los libros de poesía Urdimbre (Ediciones Inubicalistas, 2009), Té de jazmín (Marea Baja Ediciones, 2010), El nacimiento de la hebra (Edicola Ediciones, 2015), Habla el oído (Cuadro de Tiza Ediciones, 2017), Reclamar el derecho a decirlo todo (Pez Espiral, 2017; Jámpster eBooks, 2019) y En el lugar de la mano el ímpetu de un río (Bisturí 10, 2020; Liliputienses, 2021; HD, 2021). Codirige los sellos editoriales Cuadro de Tiza Bisturí 10, trabaja en J&P Editoras, donde ofrece servicios de diseño y edición, e imparte talleres de poesía. Como editora, ha estado a cargo de algunas compilaciones como Teoría de la noche de María Moreno (Ediciones Universidad Diego Portales, 2011), Cruce de peatones de Alejandra Costamagna (Ediciones Universidad Diego Portales, 2012), Diarios íntimos de Teresa Wilms Montt (Alquimia Ediciones, 2015), Poesía reunida de Teresa Wilms Montt (Alquimia Ediciones, 2016) y Pide la lengua de Soledad Fariña (Alquimia Ediciones, 2017). Dictó cursos en varias carreras de la Universidad Diego Portales del año 2010 al 2018 y trabajó en la revista Grifo del 2008 al 2012. El 2015 fue elegida como uno de los 100 jóvenes líderes de la revista Sábado por su labor editorial.  

    Ediciones Liliputienses nos vuelve a sorprender con el original diseño de formato de su colección Proscrita en este libro de prosa poética. En el lugar de la mano el ímpetu de un río, de Julieta Marchant es otro ejemplo de poesía viva, rompedora y valiente a la que ya nos tiene acostumbrado el editor José María Cumbreño que sigue intentando la cuadratura del círculo desde los talleres microscópicos de su editorial en el cacereño Valle de Valdeflores, amenazado, como toda la ciudad y su entorno natural, por una tóxica mina de litio a cielo abierto.

    En este libro, la poeta chilena lleva el idioma hasta niveles que requieren que el lector, la lectora, se detenga a disfrutar y saborear el texto. Es un libro que no solo se tiene que leer, hay que releer y acariciar con la mirada mientras asistes al nacimiento de algo que está por venir. Tenemos el lujo, con la lectura de este libro, de ser testigos de un lenguaje nuevo que dará mucho que hablar en el futuro.

    Por frío y humedad se descompone. El pasto bajo los pies, aproximarse al borde de piedra. Las piernas rectas, el tronco levemente inclinado, los brazos arriba, las manos se tocan. La espalda proyecta la extensión de una altura, los omóplatos se separan. Aguantar la respiración, el fuego en el abdomen desciende. Lanzarse y, en el espacio entre la orilla y el agua, perder el aliento. Nadar en un tiempo al que la letra no accede. Golpea un rostro el lenguaje y ya no es posible restaurar. Las palabras no restituyen. Elevación y retirada. Imagino que tomo tu mano, abro los ojos, en mis palmas un grupo de pequeños peces buscan calor en el frío. Mi mano impávida deja que el agua la queme. En el lugar de la mano, o donde debiera haber una mano, el ímpetu de un río. Se desgasta el ritmo en los pulmones. Consume la imagen de alguien en el aire.

    Antes de finalizar, aquí podéis ver a la poeta leer un fragmento de su libro. ¡Ah! No os olvidéis de visitar la web de Liliputienses y comprar su libro, aquí.

  • La habitación china de Ernesto Suárez (Liliputienses)

    La habitación china de Ernesto Suárez (Liliputienses)

    Ernesto Suárez (Isla de Tenerife, 1963). Es psicólogo social, profesor e investigador en la Universidad de La Laguna. Como poeta es autor de seis libros: El relato del cartógrafo (Ediciones La Palma. Madrid, 1997. También editado por la colección Mucuglifo, Venezuela); Las playas -Cuadernos poéticos 1982-2002 (Editorial Baile del sol, Tenerife, 2002); La casa transparente (Colección La caja literaria, Tenerife, 2007), Spree (Cartonera Island, 2013); Rehacer el aliento (Editorial Baile del sol, Tenerife, 2016) y Arrecia (Ediciones La Palma, Madrid, 2017).

    También participa en el libro de poemas Ruido o luz, obra en colaboración con Daniel Bellón y Carlos Bruno Castañeda (Editorial Amargord, Madrid, 2013). Dirigió la colección Atlántica de poesía para Ediciones Idea y coordinó, junto a Carlos Bruno Castañeda y Daniel Bellón, las ediciones de Cuadernos Insulares de Poesía y de La calle de la costa. Ha dirigido diferentes proyectos y festivales literarios en la isla de Tenerife. En la actualidad coordina, también con Carlos Bruno Castañeda y Daniel Bellón, Cartonera Island, proyecto literario de edición digital y cartonera.

    La habitación china es una muestra de cómo un poeta como Ernesto Suárez busca nuevas vías poéticas que tanta falta hacen. Es un libro dividido en cinco secciones, que combina poesía, ensayo, diario y cuaderno de viajes dando a luz un objeto estético final que no os voy a desvelar para no hacer ‘spoiler’. Tendréis que leerlo vosotros y vosotras para llegar a vuestras propias conclusiones que, seguramente, serán de vuestro agrado. En definitiva, un buen poemario para iniciar el 2022 que no os decepcionará.

    Entre todos los poemas hay uno (que no incluyo) al que le tengo especial cariño: Memoria o lugar (III). Un poema que se refiere a una foto de diciembre de 1961 de Gary Snyder, que yo también miré en su momento. Un poeta, Snyder, al que nos hemos referido algunas veces en esta revista y que Suárez vuelve a mencionar de pasada posteriormente en otro poema: Leer poesía en una edición bilingüe. Sin olvidar a la que fuera su mujer y gran poeta, Joanne Kyger, una de las poetas favoritas de Poémame.

    Este poemario es otra pequeña gran joya de Ediciones Liliputienses y un ejemplo más del mérito y esfuerzo de sus talleres microscópicos del Valle de Valdeflores. Una editorial que sigue superando, libro tras libro, todas las andanadas en su contra que el ‘establishment’ burocrático-poético le va dando.

    Casa o bosque

    (1) Bajo el sol del verano, desde el centro del patio, el tilo da sombra a la mesa aún vacía. Todo es más terrible, temible, también habitual. Lejano el sonido del avión; apenas unos segundos y se desoye hasta el siguiente.

    La casa, mañana se despertará poco a poco.

    (2) Otro sonido, el de las ventanas de madera al abrirse. Se busca airear, que se ataje el tenso calor venidero. Antes. Un breve alivio.

    (3) Tras las tapias o por encima, las aves.

    (4) El zorro husmea pegado al muro. Busca acercarse al abrevadero, atento a quienes a su vez lo observan. Vuelve. El hocico gacho y encorvado el lomo. El murete blanco es una pantalla donde se proyecta su silueta. Todo sucede ahí, en la lejanía de un borde. Aunque no se vea.

    (5) El portalón de la casa mira hacia el sur, apenas un grado de deriva.

    Permanece la casa, aunque siempre es otra.

    Hubo donde no.

    (6) En la otra banda, pinos de Alepo. Vivirán doscientos años y algunos ya alcanzan los ochenta. Irán sus cortezas del blanco al pardo rojizo y, con el tiempo, se quebrarán. Aun así sus raíces aferran la poca tierra, las áridas laderas.

    (7) El fin es ganar la umbría. Desde el muro atrás de la casa se alcanza a ver el mar.

    (8) El zorro atacó a los jabatos más pequeños. Desde las ventanas de la casa, los chillidos alejándose allá del foco de la luz.

     Este es un relato sobre lo que sucede fuera del foco.

    Árbol oscuro. Decalcomanía

    (1) Se podría elegir entre aquello oscurecido del árbol y su transparencia.

    Una gota habrá de ser el espejo y espejo por ambas caras. Gota que se derrama sobre las hojas, aunque no las limpia: traza la línea de la sombra; traza igual la vereda de la luz.

     (2) Hay un arquero que cierra los ojos para hacer el disparo. Ya quedó escrito el gesto del arquero, la puntería, la diana errada o no.

    (3) Imaginemos que la diana ocupa el tronco transparente del árbol. La tensión sería desmedida. Pero, ¿y si el blanco se halla entre lo oscuro del árbol, justo ahí donde? Se dice entonces del gesto ciego que acoge la diana, ahora igual -blanco sobre negro y nunca al contrario- negación, sí. O vuelta.

    (4) ¿Hasta dónde alcanza entonces aquella gota? Su trajín hasta. Una gota abriendo camino, cuando guía a la flecha tras su ceguera.

    Lo podéis comprar aquí.

  • El mar de Victoria Cóccaro (Ed. Liliputienses, 2020)

    El mar de Victoria Cóccaro (Ed. Liliputienses, 2020)

    Victoria Cóccaro es poeta, investigadora, traductora y Doctora en Letras (Universidad de Buenos Aires). Ha publicado los libros de poesía: El plan (Colección Chapita, 2009), Hotel (Colección Chapita, 2011; Gigante, 2013); Eléctricos de sombra (Fadel&Fadel, 2016), El mar (Lomo, 2018) y Decir (Slimbooks, 2020). Sus poemas fueron traducidos al inglés por Rebekah Smith y publicados en The Brooklin Rail como adelanto de la antología It’s in the Future. Actualmente, da clases de Teoría y Análisis de las Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes. Es curadora del ciclo Procesadores de Textos (procesadoresdetextos.com). Como bajista, formó parte de la Orquesta Atípica Catalinas Sur y los grupos musicales El pony infinito, Laboratoriosdelfín y Agua Viva, entre otros. Desde 2016 realiza performances sonoras junto a Matías Laje que consisten en lecturas intervenidas y procesadas en vivo de sus propios textos. En 2019 estrenó, junto al compositor Francisco del Pino, la obra multimedial Decir en el Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata (TACEC). 

    Solo iniciar el poemario, nos encontramos ante un largo poema que da título al poemario con unos versos que marcan el camino y muestran que estamos ante una poeta con mayúsculas:

    el mar

    convence a unas olas

    después otras olas

    se borran y

    escribir es borrar…

    Uno ha de estar concentrado en la lectura para captar las similitudes que nos ofrece Victoria Cóccaro entre «un cerebro y un árbol / o entre un cerebro y el fondo del mar», por ejemplo. Afortunadamente, no todo el libro nos obliga a tener ese alto nivel de concentración.

    A la poeta le gusta jugar con el lector utilizando las palabras:

    si entre la endogamia de goma

    la goma endomingada

    la doma engomada

    de los conferencistas

    hubiese habido agujeros 

    o millones de huevos

    como túneles de topo

    para escapar o al menos

    una gruta o aunque sea

    un puente que nos haga

    recorrer la novedad

    pero no hay…

    En definitiva, El mar de Victoria Cóccaro supone una nueva demostración del vigor y la originalidad de la poesía argentina actual. Lo puedes comprar aquí.

    Diagrama

    desde el cielo verde porque es verde como el pasto

    que se curva sobre él al final del campo

    de prácticas de polo con caballos

    vendados en las patas

    escucho que alguien llama

    no a mí

    si no al nombre

    que con el paso de los años

    como el pasto roba al cielo su contorno

    me llegó

    con la célula mínima

    de sentido o de sonido pronunciable

    alguien llama desde atrás

    desde el fondo esa voz sobre la espalda sobre el pasto sobre el campo

    de polo verde y caballos vendados

    corren y las patas

    se cruzan y descruzan

    en distintos

    tonos de blanco

    según el barro de la cancha

    alguien llama desde atrás

    ¿fue la ilusión de un nuevo amor

    lo que produjo un olvido en la costumbre

    o la voluntad

    de inventar un nuevo corte?

    una herencia al revés

    menos letras es más

    permiso de apropiarse del nombre

    que te dan cuando nacés

    una repetición que se interrumpe

    justo cuando el más marrón

    se aleja de la manada

    y encara para donde estoy yo que me doy vuelta

    y veo a quién llama desde el fondo

    pero no al caballo que al trote

    rompe el alambrado y me atraviesa

  • La única cosa que es probable que rompas es todo de Cristhian Briceño (Ed. Liliputienses, 2021)

    La única cosa que es probable que rompas es todo de Cristhian Briceño (Ed. Liliputienses, 2021)

    Cristhian Briceño (Lima, Perú) ha estudiado Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y una Maestría en Literaturas Extranjeras en la Universidad de Buenos Aires. Ha publicado los poemarios Breve historia de la lírica inglesa (Paracaídas Editores, 2012) y La trama invisible (Paracaídas Editores, 2013), y los libros de relatos La literatura en Alaska (Santuario Editorial, 2017) y Todo es demasiado (Emecé-Planeta, 2019). Sus trabajos de creación han aparecido en revistas nacionales y extranjeras como Buensalvaje, Lucerna, Caretas, Revista de Poesía y Luvina. Formó parte de la antología País imaginario: Escrituras y transtextos: Poesía Latinoamericana 1980-1992 (Ay del Seis, 2018). Briceño consiguió ex aequo, con este título, el III Premio Centrifugados de Poesía Joven 2021.

    Un poemario que está dividido por poetas más que por capítulos. Poetas nacidos o residentes en Alaska, cuyas sombras van acompañando a los poemas de Briceño. Empezamos descubriendo a Salomon Mars, poeta que posee «la acidez sutil de un perfume que ha caducado hace ya mucho», según palabras de Tom Sexton. A continuación, Briceño se refiere a la serbia exiliada en Alaska, Polina Sedakova. En tercer lugar, el poeta limeño menciona a Al Sobrante que obtuvo el premio Other Voices, Other Rooms concedido al mejor poemario de un poeta menor de 30 años. La penúltima influencia de Briceño es la de Rob ‘Burnt’ Norton y su poesía narrativa. Finalizamos con el poeta Woody Hamilton que aunque no publicó ningún poema en vida, sus poemas solían aparecer en diversas revistas escolares de Valdez, Alaska. La última parte del poemario es una serie de apuntes de Niisa Wallace bajo el título de Trece maneras de romper el hielo.

    Los vecinos deudores

    Súmales a su peso el peso de todas sus pulgas,

    Y no andarás ni por la mitad.

    Viven hacinados, él, ella, él-ella, él-otro,

    Ella-anciana, él-animal, la pequeña

    Que estrena mis mañanas

    Con un grito sin vocales, el que

    Salió a comprar el pan y regresó

    Con dos, idénticos a él, de la mano, el

    Que se parece a su padre

    Pero con menos cabello.

    Rezo para no topármelos en el pórtico,

    Ni en la estación del autobús.

    Mis sueños, al igual que los suyos,

    No me dan de comer.

     Lo que me dijo Esaú

    Una caja roja, y dentro una caja

    Negra, y dentro una caja verde, y dentro

    Una caja blanca, más grande que la caja

    Roja: ahí se encuentra mi odio por ti.

    Volví por el camino, y al final

    Había una casa sin puertas ni ventanas.

    Toqué, dos o tres veces,

    Con cada uno de mis huesos.

    Y al ver que nadie respondía, yo me fui.

    El camino, para entonces, ya era otro.

    No es que fuera otro, otro, era el mismo, y sin embargo.

    Como un atleta en mitad de la carrera,

    Iba feliz, pero cansado.

    Feliz por ir solo; cansado por ir solo.

    La lluvia no iba a tardar en caer:

    El cielo resplandecía como un fluorescente

    A punto de quemarse.

    Aquí puedes adquirirlo fácilmente.

  • Las niñas que no queríamos ir a la escuela de Alicia Louzao (Ed. Liliputienses, 2021)

    Las niñas que no queríamos ir a la escuela de Alicia Louzao (Ed. Liliputienses, 2021)

    © Foto:La Nueva España

    Alicia Louzao (Ferrol, 1987) es doctora y licenciada en Filología Hispánica y Filología Inglesa. Ha publicado los poemarios Manual para la comprensión del insomnio (El Transbordador, 2019) y El circo volador (Versátiles, 2020).

    Colabora en revistas como Quimera, Oculta LitLiberoamérica, etc.

    Uno de sus versos fue seleccionado para decorar la ciudad de Madrid (por iniciativa de Versos al paso). Su relato “Pausa para una tostada” fue seleccionado para su publicación en el número 5 de la revista La gran belleza; y ha ganado premios tanto de poesía como de relato (en castellano y en gallego).

    Finalista del XXXIII certamen Ana María Matute de narrativa (2021). Fue galardonada con el primer premio del VIII Certamen de Poesía Jovellanos al mejor poema del mundo (2021).

    Actualmente es profesora de lengua y literatura en un instituto público de Madrid.

    Las niñas que no queríamos ir a la escuela es un poemario inteligente y conmovedor, con una mirada original que hace que destaque entre otros poemarios. Observa la realidad de un modo diferente y con perspectiva y voz de mujer, lo cual, casi siempre, es garantía. Pasamos de la mirada desconcertante de una niña ante el mundo de los adultos a una visión nostálgica y adulta de la niñez. En el prólogo de Andrea Miceiras concluye, muy certeramente, que «el recuerdo sostiene lo efímero.»

    Tal como indica Tes Nehuén en su blog literario Bestia Lectora, «el gran tema de este libro es la pregunta de si se puede salir de la tierra de los fracasados. Las posibles respuestas se perfilan llenas de matices y significados. Esa tierra puede simbolizar la herida siempre abierta del desconcierto pero también puede estar enlazada a la dificultad de entender el mundo, de comportarse como un ciudadano del mundo.»

    Capítulo I. Colegio. Lugar de sabiduría

    La tierra de los fracasados olía a col cuando la removías.

    Porque venía todo el mar a la nariz y frotaba las cejas y la frente.

    Las excavadoras procuraban desenterrar a los muertos con cuidado

    y la tierra abandonada por todos olía a col fuerte, a col en cucharadas, hirviendo en una cocina de azulejos oscuros y techo de madera.

    Una cocina rodeada de flores secas.

    La tierra de los fracasados despertaba cada vez que llegabas a la estación.

    Con una maleta de dos ruedas del tamaño de un puño de cría de ave y, dentro, las bragas descartadas, las cajas vacías, bolsas de plástico con restos de queso curado y una espina atravesada en la lengua y en la espalda.

    Una espina de ojos castaños que se volvían verdes con la luz solar.

    Que se volvían verdes con el flexo cuando en el salón solo estábamos los libros y nosotros y las migas de pan de unas piernas que estuvieron allí el último abril.

    La tierra de los fracasados albergaba un colegio pintado de verde.

    Cuando eligieron ese color, las monjas que lo habitaban sacaron sus palitos de madera para dar clase de gimnasia y aplaudieron con ellos, chocándolos ruidosamente, la decisión.

    Las cárceles más bellas se pintan de color verde y se les posan todas las gaviotas, extenuadas, sobre el tejado rojo sangre de rodilla de adolescente que corre hasta caer al suelo.

    El colegio verde llamaba por las mañanas a todos los infantes,

    que acudían arrastrando sus mochilas de colores hasta la puerta, esa boca que se los tragaba a todos, vigilados por Trinidad.

    Una, y tres veces,

    que contabilizada a los presos de colonia fresca y cuellos blancos y los saludaba con una sonrisa mientras, escaleras abajo, se iban cocinando las salchichas con las herramientas para cortar el pan.

    Había niñas de gordos gemelos capaces de tumbar a un camión. Y niñas que escondían Barbies bajo el abrigo. Y niñas que creían todavía en lo que soñaban en su cama, antes de leer las palabras prohibidas de una nota doblada en una papelera. Niños que tiraban pelotas a la pared y niños que fumaban en el baño.

    Y los había que escaparían de la ciudad de los fracasados burlando todas las sombras.

    Aunque nadie sabía nada.

    Todos eran una fila de fetos uniformados, con una maraña de ideas en la cabeza y aparatos dentales. Algunos llevaban maldiciones en los bolsillos. Tan pequeños. Y otros ya se querían morir.

    El colegio verde era un armario de cruces y de vírgenes y de rezos por la mañana y a la salida.

    Los rezos bailaban con las maldiciones que los niños lanzaban a los que no levantaban la cabeza.

    Había un pene cortado por la mitad en el libro de Coñecemento do medio. Y una vagina a su lado.

    Y alguien doblaba la hoja para que ambos aparatos se encon-traran y entender, así, el origen del mundo.

    Con estrépito.

    Los recreos eran el despuntar de las civilizaciones.

    Algunos los temían como se teme al monstruo que sabe dónde está tu herida. Ahí, justo debajo del calcetín rojo. Y se acerca con un palito largo dispuesto a indagar lo que hay debajo de la piel y abrir alguna que otra vena fina y transparente como la libélula en una mano.

    Otros corrían despavoridos huyendo del saber, de eso que era el saber, dispuestos a engullir bocadillos ajenos y lanzar la pelota bien alto hasta encontrar la cabeza perfecta.

    Y las chicas de pulseras de colores se situaban en su esquina, como las prostitutas de Montera se calientan en la calle. Y los chicos alimentaban sus fracasos riendo acerca de todas las niñas que les miraban y cuántos cigarrillos había en la mochila que sus padres no sabían que fumaban.

    Otros soñaban con las puertas rojas abiertas.

    Y Trinidad diciendo adiós.

    Una y tres a la vez.

    Que tengáis buena tarde, traed a vuestros hermanitos, aquí se come bien, esta vez aprobaréis, no recuerdo tu cara, tú no eres de este colegio, comprad flores a María.

    Cuidado con los extraños.

    Y todos los extraños de mi vida estaban en ese colegio de paredes verdes y presos incendiarios.

    Una vez un chico se volvió loco y subió por las escaleras insultando a una monja que parecía el maestro Yoda.

    Y otra vez sacó un paquete de galletas de limón y le ofreció a una niña que le miraba. Le miraba porque era malo, era alto, y era un auténtico cliché que acabó sirviendo en una gasolinera.

    La tierra de los fracasados estaba habitada por chicos largos, altos, que ofrecían galletas de limón y se encerraban en sus casas frente al televisor encendido.

    Un gato comiéndoles los pies.

    Unas migas en el regazo.

    Una ventana de acceso a la calle con cristales finos como un corazón.

    Y todo el polvo acumulado en las chaquetas que caían en las camas como un pensamiento que nadie tuvo. El sol sobre la cabeza como una premonición. Solo cuando la lluvia lo permite.

    Y chicos que conducen rápido porque quieren morir pronto.

    Y te llevan en el asiento y no te ven porque solo quieren clavar sus ojos en el lugar donde acabe todo.

    La tierra de los fracasados acumula chicos rotos.

    Chicos piedra.

    Chicos de ojos verdes que alguien extrajo de los mares lejanos y los dejó volcarse en unas cuencas vacías para llevar algo bonito en la cara.

    Chicos sin nada debajo de la piel.

    Quizá un avión perdido dando vueltas eternas.

    Y fui testigo de que

    la tierra de los fracasados olía a col cuando la removías.

    Lo puedes encontrar aquí.