Categoría: Poetas mujeres

  • 2 poemas de Verónica Forrest Thomson

    2 poemas de Verónica Forrest Thomson

    Veronica Elizabeth Marian Forrest Thomson (1947-1975) fue una poeta y teórica crítica inglesa. Una atmósfera de misterio envuelve a esta poeta, que creció en Glasgow (Escocia) pues quienes la conocieron guardaron siempre celosamente cualquier dato biográfico o personal acerca de ella. Estudió en la Universidad de Liverpool y en Girton College, Cambridge, y enseñó en las Universidades de Leicester y Birmingham.

    Será maldecida la raza de los poetas, porque ha herido.

    Veronica Forrest Thomson

    Veronica murió mientras dormía el 26 de abril de 1975 a la edad de 27 años, como resultado de una sobredosis de drogas recetadas y alcohol. Estuvo casada con el escritor y académico Jonathan Culler desde 1971 hasta 1974, quien gestionaría su patrimonio literario. En 2013, el poeta y académico Gareth Farmer organizó el establecimiento del Archivo Veronica Forrest Thomson en la Biblioteca de Girton College.

    La poeta inglesa Veronica Forrest Thomson
    La poeta inglesa Veronica Forrest Thomson

    Dos volúmenes publicados con posterioridad a su muerte, En la periferia (1976) y Artificio poético: una teoría de la poesía del siglo XX (1978) reúnen, respectivamente, su producción poética y sus trabajos teóricos.

    Comparto en este breve artículo dos de sus poemas: originalidad en El Libro Marrón y despliegue, derroche y amplio repertorio de sentires y sentimientos en el extenso Cordelia o «un poema no debería significar sino ser»


    EL LIBRO MARRÓN

    Pero en un cuento de hadas la marmita también puede oír y ver
    y ayudar al héroe en su tarea
    de alentar algo hasta convertirlo en sus propios pensamientos,
    Noms de Personnes, Noms de Pays

    como Proust enseñó le tout Paris
    su pequeña frase
    intentando conseguirlo entre el dolor y su expresión.
    La vida yace entre Combray y Illiers.

    No es imposible que las reflexiones en torno a una magdalena
    iluminen una mente,
    pero un hombre que quiere detalles concretos
    grita de dolor

    con la superficie afásica de los objetos y sucesos
    de un día,
    sólo puede elegir la boca con la que dice:
    debería haberme gustado escribir un buen libro.

    Eso no ha ocurrido
    pero ya pasó el tiempo en que podía mejorarlo.

    CORDELIA O «UN POEMA NO DEBERÍA SIGNIFICAR SINO SER»

    A aquellos que besan en el temor de no volver a besar nunca
    A aquellos que aman con el temor de no volver a amar nunca
    A ellos dedico esta rima y lo que tenga.
    Que ninguno de nosotros, nunca, cogerá el transiberiano
    Se resuelve, y me gusta, en refrán
    Sobre todo porque puedo, ahora y luego, repetirlo
    Que estribillo es el uso, sustancial, del refrán.
    Yo pretendo, sin vuelo medio, dejar clara la verdad
    De honor, verdad y amor trasnochado que resurge
    Es un hecho que el amor cuando vuelve aburre.
    Puede que yo no entienda de dioses pero sé
    Que Eros es dios, poderoso y púrpura.
    Y que llegando a un punto, el incesto se convierta en
    Traición. No lo digo de forma literal;
    No amo a mi hermano o él me ama.
    Hemos estado evitándonos mutuamente
    Durante años así seguiremos.
    Hasta sé de palabras cruzadas.
    Lo que necesitamos es Dante.
    Dijo que amaba a Beatriz. Hiciera lo que hiciere
    No amó a Beatriz. Al menos, no
    A la Beatriz Portinari que menciona la historia.
    La conocía. Y lo que ocurre con todos esos
    Florentinos es que todos se ocupaban en
    Matarse unos a otros o en morir de tuberculosis
    Galopante. Beatriz murió; Rosetti la pintó
    Omitiendo a Dante en la calle. Boticelli
    Pintó el resto: Simonetta Vespucci
    Murió de tuberculosis galopante (edad, 23)
    Giuliano Cavalcanti murió en el exilio (edad, 35)
    Dante dei Aligieri murió en el exilio (edad, 90)
    Lorenzo dei Medici, que vive para siempre
    Puesto que allí estuvo, encargando
    Cuadros, poemas y estatuas,
    Si también encargó muertes
    Yo no se lo reprocho. No se sintió
    Muy magnífico cuando su hermano
    Fue asesinado en el santuario.
    Hay que comprender que quien lo hiciere
    Había de ser excomulgado si, eso es, si
    No hubiere asesinado también al enviado pontificio,
    Su mejor amigo.
    He vivido lo suficiente para observar una cosa;
    Que el término tiene un final.
    Oscurecía en el andén de ninguna parte
    Cuando llegué a ti ansiosa y triste.
    Ajena a la lluvia. Ajena al sonido del frío
    Viento que sopla antes y después y
    Hasta en Provenza se conoce.
    Y por lo que respecta a esta línea, la robo de T.S. Eliot
    Y de Ezra Pound y de A.C.Swinburne. Todos excelentes
    Poetas para robar porque los tres han muerto.
    El amor que es siempre, ha de guardar
    Seña de amor que fue, fuera de su dolor cual fuere.
    Jugamos a encajar las piezas que embozan los desagües.
    Escúchame. Oh Mister Poster, yo sé
    Que me cociste demasiado oscura, que debes hervirme de nuevo.
    Ni noción tienes de la delicia que sería
    Que nos cogieran y arrojaran al mar con las langostas.
    Amor mío, es la alondra y no el ruiseñor.
    Que ninguno de nosotros, nunca, cogerá el transiberiano.
    Ella quiso y buscaba gente que quisiera
    Yo creía que quería y ahora sé que no quiero.
    Amor mío es la alondra y no el ruiseñor.
    Por cierto que nunca escuché a una ni a otro
    Pero la gente dice que suenan lo mismo o casi.
    De qué pasta hicieron a ese Romeo y a esa Julieta
    Que perdieron su postrer momento
    Escuchando a los pájaros. Ah
    A mí me gusta sorprender a las alondras.
    Sorprender los juegos. Así obran casi todos los poetas
    J.H Prynne incluso, el memorable poeta
    Que se alegra al decir que U.L.
    Tiene su apellido intermedio equivocado.
    Pretende que la H sustituye a Hola
    Pero todo tiene un límite. Y yo me las sé todas.
    Adivina adivinanza, en un mar
    Verde de mocos gira y rueda cuando
    Nos cogen, cuando nos echan a la mar
    Junto a los Joyces.
    Cuéntanos el cuento de la derrota de Troya.
    A todos nos habría gustado estar allí.
    Infernal Ulises. Él es, él era, hiel turbia
    de envidia y revancha, destruye
    A la diosa-madre de mujeres. y a Swinburne
    le chifló el dolor pero a mí no
    Porque a mí me pegan.
    Me gustaría no seguir sonando como Ricardo Tercero.
    Claro que, si no, tiendo a sonar
    Como Ricardo Segundo. Y quién quiere ese.
    Supongo que debo sonar como Ricardo Primero.
    ¿Y él, qué hizo?
    Nada, me imagino.
    Me divierte sorprender con el pie a los ruiseñores.
    Prynne dice que si no regreso
    A salvo a Sicilia para el treinta de abril
    Enviarán un destacamento.
    Marzo es la estación más cruel
    Para enfrentarte a los camorristas.
    ¿Te asustaba realmente que pudieran violarte?
    No. Pensé que habría serias dificultades.
    Y no sólo porque estuviera yo en franca oposición,
    Que así estaba cualquiera, hombre, mujer o niño,
    Que viajara en ese tren.
    Me asustaba que pudieran matarme.
    Puedo parecer estúpida pero no lo soy
    hasta el extremo de pensar que tu nombre
    Es Elisabeth Brown. Bueno. De acuerdo,
    Mi nombre es Verónica Forrest Thomson.
    Agamenón era rey de los aqueos por aquel entonces,
    Príamo de los troyanos, Teseo de los atenienses.
    Y están muertos, como todos los buenos reyes.
    En mis tiempos era costumbre tomar partido
    por los troyanos, por la simple razón de su
    Fracaso. Pero yo siempre apuesto por
    Los ganadores, cada vez.
    Mary Shelley podría irse al infierno
    Porque pensó que iba a ninguna parte
    Y se llevó consigo a Frankincienso.
    Quiero a su marido, vivito y coleando.
    También a él lo mataron, por supuesto.
    Casi ni extraña que él tuviera la costumbre
    De leer a Aiscylos mientras navegaba.
    No leía a Aiscylos cuando se ahogó
    Fue incinerado como un rey pagano.
    No así Agamenón, quien -como dije- era rey por entonces
    Y perdió, asesino de su hija
    Asesinado por su mujer y por su otra hija.
    Asesinado por su muerte asesina de su vida.
    Apuñalado por la espalda en su baño.
    Lo pienso cada vez que tomo un baño.
    Aunque no siento simpatía alguna
    Hacia esa hija y ese hijo.
    Pienso que no es justo que Helena
    Lo tuviera todo, belleza inmortal,
    Amantes, ciudades destruidas y batallas
    Libradas por su causa. Ni que volviera a casa
    Y pudiera pasearse tranquilamente como mujer de Menelao
    Mientras su hermana gemela, Clitemnestra
    Era asesinada por su hijo y por su hija.
    Y los atenienses los frecuentaban.
    Nación de sofistas, ¿por qué no habían de hacerlo?
    Perpetuos traidores de aliados, torturadores
    De mujeres y niños y esclavizadores de gentes
    Hasta a Sócrates mataron, su hombre bueno y sin par
    Entonces fue cuando platón intentó convertirse en un filósofo rey.
    Le esclavizaron a causa de sus dolencias.
    Desearía que le hubieran mantenido esclavizado.
    Escapó, claro está, y escribió libros
    Sobre cómo lo haría mejor,
    De ser él responsable. Todos los poetas hacen eso.
    Son tan incompetentes como el resto
    Si intentan poner orden en las cosas.
    Como testigo de mis esfuerzos en ese sentido
    O los de mi avatar, Agamenón,
    Quien, como dije, volvió a casa y fue asesinado en su baño
    Asesinando a su mujer y a su hija.
    Y si no conocéis la historia, debéis conocerla.
    Leedla en la Ilíada, leedla en la Odisea.
    No la leáis en Freud, se equivoca siempre
    Aunque ni Freud merecería un hijo como Lacán.
    Pero de comienzo y de final, leedme a mí, amada,
    Asesinada en la matanza general
    Pero revive de nuevo con John Donne
    (Leedle también) Yo, Helena, Isolda, Yo, Ginebra,
    Yo, Clitemnestra y otras muchas que están al llegar.
    Yo lo hice, yo misma, lo hice matando al rey mi hermano.
    Es la sorpresa, mi amor, y no el ruiseñor
    Que a mí me chifla sorprenderme
    Pero no me gusta dar coces.
    Ellos tienen la potestad de herir y hieren
    Sin que los maldiga Shakespeare u otro cualquiera.
    De todos modos será maldecida
    La raza de los poetas, porque ha herido. De todos modos
    Es productivo el lindo proceso
    Especialmente si uno puede ser fontanero a la vez que poeta
    Y desatasca al mismo tiempo poesía y sumidero
    Artificio Poético «El dolor detuvo el partido» y
    Otros muchos libros, incluso poemas
    1974 y Todo lo demás (lo digo en serio)
    Yo, Verónica, lo hice. Entrecortada, buscada verdad
    Hurgada en el estiércol consigue la victoria.
    Los guerreros se escondieron en un caballo, ¡claro!
    Pretendían traer la paz
    Y no quisieron dirigirme la palabra, emboscados en lo oscuro
    Como un puñado de necios que escucharan la voz de la diosa
    En una ciudad ajena, yo hablo tu lengua en mi ciudad
    Cambridge o Camelot, y no me escucharéis
    Prevenidos como estáis por Odioseo, pretendiente, traidor,
    Y cuando hubieron matado a todos los hombres,
    Violado a todas las mujeres… etc.
    Agamenón volvió a casa y, como dije, fue apuñalado por su mujer
    En su baño. De todos modos mi amor, es la alondra,
    Y no el ruiseñor. Sigo los sagrados pasos de
    Hipólita, bendita tú, lo mejor
    Que ha sido dicho o bien expresado en lengua alguna
    Leed a John Donne – el memorable acreedor
    No leáis a Mathew Arnold; es un estúpido
    Yo no soy el príncipe Tomás de Aquino F.H.Elliot
    Tampoco soy servidor de lores
    Yo soy el rey que vive.
    La primavera nos sorprendió atravesando la plaza del mercado
    Y al salir el sol seguimos hacia la biblioteca universitaria
    Y tomamos yogur y hablamos durante una hora.
    Tú, tú, coge las riendas.
    Bebe cuanto puedas y ama cuanto puedas
    Y trabaja cuanto puedas
    Que nada de esto podrás hacer cuando estés muerto.

    Presta atención al refrán de este poema
    Y ponlo en práctica:
    Mientras estés aquí, no desperdicies y no eches en falta
    Los posibles júbilos.


    Datos biográficos extraídos del libro “Antología de poetas suicidas (1770-1985)» de  árdora ediciones, libro de mi biblioteca personal y de Wikipedia.

  • Un hotel de cinco estrellas sobre un cementerio, de Ale Oseguera

    Un hotel de cinco estrellas sobre un cementerio, de Ale Oseguera

    El pasado 15 de mayo, fuimos invitados a asistir a la entrega de premios de los XII Premios literarios de ediciones Oblicuas que tuvo lugar en El Rouge de Barcelona. Estos premios tienen dos categorías:

    NARRATIVAS OBLICUAS:
    (Novela, novela corta o conjunto de relatos)

    LA NUNCA POESÍA:
    (Poesía maldita y de la frontera: postromanticismo, decadentismo, simbolismo,vanguardias, deconstrucción, postestructuralismo, etc.)

    En la categoría de narrativa, el ganador fue el relato LA CIENCIA DEL VACÍO, de Javier Barraca. Relato escrito casi como un tratado en que se hubieran insertado, de forma calculada, unos puntos de fuga poéticos que dan sentido a toda la narración, tal como indicó el editor.

    En la categoría poética, UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO, de Ale Oseguera fue el poemario ganador. Según el presentador, «el poemario está escrito desde los aledaños del lenguaje, desde ese lugar limítrofe en que las palabras coquetean con el más allá de sí mismas para acabar devorando el propio espacio que habitan. Es un poemario escrito desde las entrañas con sorprendentes metáforas que buscan iluminar una certeza que se sabe perdida«.

    Ale Oseguera. Foto de Víctor Hondartzape.

    Somos inciertos.

    Los únicos infalibles

    son los muertos.

    La poeta Ale Oseguera ya fue entrevistada en estas páginas como integrante y cofundadora del grupo de poesía musicalizada Las Hermanas del Desorden y posteriormente cuando asistimos a una de sus actuaciones de Polipoesía & Rock’n’roll . Ale Oseguera nació en México y vive en Barcelona desde 2006, donde ha trabajado como periodista, locutora de radio y gestora cultural. Es autora de Tormenta de Tierra (Neopàtria, 2016, España), (La Zonámbula, 2017, México). Sus textos han sido publicados en diferentes antologías y ha colaborado como articulista en diferentes revistas como Quimera o Replicante.

    Javier Barraca, Ale Oseguera y Alberto Trinidad (Ed.Oblicuas)

    UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO es un poemario que explora emociones y sentimientos que no son disfrutables. Poemas que surgen del duelo por la muerte del padre de la poeta.

    Abrazo tus anchas camisas de cuadros

    colgadas una tras de otra en el armario,

    lloro sobre lo que sería tu hombro y dejo

    la marca pesada de mis lágrimas…

    Camisas

    Poemas que hablan solos y nos muestran de su dolor un lugar habitable del que saca belleza. Son metáforas en construcción y muchas de las imágenes que se pueden ver entre las líneas de sus versos tienen que ver con el hecho de que su padre se había dedicado al mundo de la construcción.

    He llorado sobre la cama

    hasta que las sábanas

    han podido apagar el incendio.

    La poeta ha hecho un esfuerzo de saber vivir en el sufrimiento puesto que a la muerte de su padre se añadió que un año antes había muerto el padre de su compañero. Dos muertes seguidas que le obligaron a descubrir cómo vivir con esas ausencias. Lo descubrió explorando su dolor a través de la poesía, de metáforas, de palabras, no con pastillas. La poesía como herramienta no como el resultado de una espera a la presunta visita de la ‘musa’.

    … Y nada se compara

    con el invierno eterno

    que arrastras tú pegado a los huesos.

    Este tobogán nevado que es la soledad

    Hay que reconocer que tenemos ante nosotros un buen poemario con unos textos que están muy trabajados y que no se han improvisado en una noche de dolor.

    ¡Y cuán hermosa es la esquina rota de mi tristeza!

    Tan salvaje, tan indómitamente hilvanada

    con las venas lianas de todos mis muertos.

    La belleza de un cementerio

    Ale Oseguera y José L. Regojo. El poeta Rafa Aranda al fondo. Foto de Víctor Hondartzape

    UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO es fiel reflejo del empeño de Ediciones Oblicuas por estar a la vanguardia de lo que acontece literariamente hablando en la realidad que nos circunda, una editorial que tiene la vocación de estar en permanente contacto con sus lectores y con posibles autores noveles con dificultades para publicar. Por esta razón, la editorial pone a su disposición todos los medios de contacto posibles para mantener esa comunicación indispensable. Por cierto, si queréis participar en los XIII premios literarios de ediciones Oblicuas, tenéis tiempo hasta el 21 de octubre de 2019.


  • 5 poemas de María Elena Walsh

    5 poemas de María Elena Walsh

    Si tu nacionalidad es argentina asumo que ya sabes quién es María Elena, como también lo sabe tu mamá y tu abuela, ya que el nombre de esta artista es emblema de la bella nación celeste y blanco.

    Por otra parte si no lo eres, bienvenido a este pequeño homenaje a una de las mejores artistas que ha pisado la tierra argentina, María Elena Walsh: escritora, compositora, cantautora, poetisa y  dramaturga.

    La poeta argentina María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía (Buenos Aires, Argentina) y falleció el 10 de enero del año 2010. Escribió su primer libro de poesía a la edad de 17 años, titulado “Otoño imperdonable” con el cual fue ganadora del premio municipal de poesía, cuyo jurado no le otorgó el primer premio por ser demasiado joven. No obstante fue reconocida en los círculos literarios de la época por dicha obra, siendo éste el inicio de lo que sería su legado. También es necesario mencionar que María Elena Walsh ha sido icono de obras de teatro y canciones para niños. Muchos de sus títulos y versos son metáforas de distintos momentos políticos de Argentina.

    María Elena Walsh
    La poeta argentina María Elena Walsh

    Entre estas obras se encuentran: «El país jardín de infantes», «El reino del revés», «El país de no me acuerdo» y «Novios de antaño». Se pueden leer sus versos en la web A media voz.

    Walsh toca temas sociales de la época de la dictadura militar en sus canciones infantiles como:

    El reino del revés

    Me dijeron que en el reino del revés 
    nadie baila con los pies, 
    que un ladrón es vigilante y otro es juez 
    y que dos y dos son tres. 

    Vamos a ver cómo es 
    el reino del revés. 

    Me dijeron que en el reino del revés 
    cabe un oso en una nuez, 
    que usan barbas y bigotes los bebés 
    y que un año dura un mes. 

    Vamos a ver cómo es 
    el reino del revés. 

    Me dijeron que en el reino del revés 
    hay un perro pekinés 
    que se cae para arriba y una vez 
    no pudo bajar después. 

    Vamos a ver cómo es 
    el reino del revés. 

    Me dijeron que en el reino del revés 
    un señor llamado Andrés 
    tiene 1.530 chimpancés 
    que si miras no los ves.

    Vamos a ver cómo es 
    el reino del revés. 

    Me dijeron que en el reino del revés 
    una araña y un ciempiés 
    van montados al palacio del marqués 
    en caballos de ajedrez. 

    Vamos a ver cómo es 
    el reino del revés. 

    Vamos a ver cómo es 
    el reino del revés.

    Menciono este poema ya que sus rimas traen recuerdos de mi niñez. Sus letras disparatadas y absurdas invitaban a los niños  a recrear un mundo imaginario y poner a jugar la imaginación y la creatividad. El tema de esta canción es un mundo donde las cosas y las personas tienen capacidades opuestas al nuestro.

    Era una fuerte crítica del estado en el que se encontraba el país a través de sus versos, como lo podemos ver en esta obra titulada “Eva”. En ese poema nos hacía reflexionar sobre como se vivía en esa época; fue censurada.

    Eva

    Calle Florida, túnel de flores podridas.
    Y el pobrerío se quedó sin madre
    llorando entre faroles sin crespones.
    Llorando en cueros, para siempre, solos.
    Sombríos machos de corbata negra
    sufrían rencorosos por decreto
    y el órgano por Radio del Estado
    hizo durar a Dios un mes o dos.
    Buenos Aires de niebla y de silencio.
    El Barrio Norte tras las celosías
    encargaba a París rayos de sol.
    La cola interminable para verla
    y los que maldecían por si acaso
    no vayan esos cabecitas negras
    a bienaventurar a una cualquiera.
    Flores podridas para Cleopatra.
    Y los grasitas con el corazón rajado,
    rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
    Calles de invierno donde nadie pregona
    El Líder, Democracia, La Razón.
    Y Antonio Tormo calla «amémonos».
    Un vendaval de luto obligatorio.
    Escarapelas con coágulos negros.
    El siglo nunca vio muerte más muerte.
    Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
    visones ofrendados por el pueblo,
    sandalias de oro, sedas virreinales,
    vacías, arrumbadas en la noche.
    Y el odio entre paréntesis, rumiando
    venganza en sótanos y con picana.
    Y el amor y el dolor que eran de veras
    gimiendo en el cordón de la vereda.
    Lágrimas enjuagadas con harapos,
    Madrecita de los Desamparados.
    Silencio, que hasta el tango se murió.
    Orden de arriba y lagrimas de abajo.
    En plena juventud. No somos nada.
    No somos nada más que un gran castigo.
    Se pintó la República de negro
    mientras te maquillaban y enlodaban.
    En los altares populares, santa.
    Hiena de hielo para los gorilas
    pero eso sí, solísima en la muerte.
    Y el pueblo que lloraba para siempre
    sin prever tu atroz peregrinaje.
    Con mis ojos la vi, no me vendieron
    esta leyenda, ni me la robaron.
    Días de julio del 52
    ¿Qué importa donde estaba yo?


    II
    No descanses en paz, alza los brazos
    no para el día del renunciamiento
    sino para juntarte a las mujeres
    con tu bandera redentora
    lavada en pólvora, resucitando.
    No sé quién fuiste, pero te jugaste.
    Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
    metiste a las mujeres en la historia
    de prepo, arrebatando los micrófonos,
    repartiendo venganzas y limosnas.
    Bruta como un diamante en un chiquero
    ¿Quién va a tirarte la última piedra?
    Quizás un día nos juntemos
    para invocar tu insólito coraje.
    Todas, las contreras, las idólatras,
    las madres incesantes, las rameras,
    las que te amaron, las que te maldijeron,
    las que obedientes tiran hijos
    a la basura de la guerra, todas
    las que ahora en el mundo fraternizan
    sublevándose contra la aniquilación.
    Cuando los buitres te dejen tranquila
    y huyas de las estampas y el ultraje
    empezaremos a saber quién fuiste.
    Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
    única reina que tuvimos, loca
    que arrebató el poder a los soldados.
    Cuando juntas las reas y las monjas
    y las violadas en los teleteatros
    y las que callan pero no consienten
    arrebatemos la liberación
    para no naufragar en espejitos
    ni bañarnos para los ejecutivos.
    Cuando hagamos escándalo y justicia
    el tiempo habrá pasado en limpio
    tu prepotencia y tu martirio, hermana.
    Tener agallas, como vos tuviste,
    fanática, leal, desenfrenada
    en el candor de la beneficencia
    pero la única que se dio el lujo
    de coronarse por los sumergidos.
    Agallas para hacer de nuevo el mundo.
    Tener agallas para gritar basta
    aunque nos amordacen con cañones.

    Sus obras no solo eran para niños o con mensajes subversivos, también podemos encontrar su lado romántico, sentimental, fresco y apasionado como en los siguientes poemas.

    Canción

    Alma sin el amor, ave dejada
    en los terrenos de la maravilla:
    cuando no haya más hojas
    y se acaben los días
    yo seguiré buscando
    tu luz recién nacida
    -alma sobre rebaños levantada-
    para hacer las mañanas de mi vida.
    El enlutado mundo que habitaba
    ahora es el cielo que la frente pisa.
    (Si se apagaran todas
    las uvas de la viña
    o se muriera el pan
    en las espigas,
    este incendio frutal de mi esperanza
    en otra tierra se levantaría.)
    Tu mano era mi mano desde siempre,
    tu voz mi voz, y yo no lo sabía.
    Anduve con tu sombra
    al lado de la mía
    por mortales caminos
    y celestes orillas.
    Eras un sueño en busca de mi frente
    para nacer, y yo no lo sabía.
    Ya mis ojos usaron la belleza
    y fueron en sedienta cacería
    -con su lastimadura
    de límites y aristas-
    al pámpano desnudo
    y a la rosa vestida,
    buscándote desde los miradores
    con el Amor-Que-Todo-Lo-Imagina.
    Cuando tú fuiste la increíble imagen
    yo era la sed y el vaso y la bebida.
    Las puertas y los frascos,
    cubiertos de ceniza,
    guardaban el perfume
    de la melancolía,
    mientras los palomares te esperaban
    con el Amor-Que-Nada-Te-Imagina.
    Aunque la providencia me negara
    el alimento para la alegría,
    aunque me entristecieras
    la intemperie divina
    con pájaros callados
    y sombras pensativas,
    aunque olvidaras, aunque no existieras,
    mi corazón igual te cantaría.

    Balada del tiempo perdido
    «Yo dormía pero mi corazón velaba…»
    Cantares


    Como a sus vanas hojas
    el tiempo me perdía.
    Clavada a la madera de otro sueño
    volaban sobre mí noches y días.
    Poblándome de una
    nostalgia distraída,
    la tierra, el mar, me entraban en los ojos
    y por ociosas lágrimas salían.
    Cuántos papeles ciegos
    en la tarde vacía.
    Qué multitud de imágenes miradas
    como a través de una mortal llovizna.
    Entorpecidas sombras
    en vez de manos mías,
    de tanto enajenarse en los espejos,
    todo lo que tocaba se moría.
    Memorias y esperanzas
    callaban su agonía:
    un porfiado presente demoraba
    siempre las mismas ramas amarillas.
    Qué tiempo sin sentido
    el que mi amor perdía.
    Qué lamentable primavera inútil
    haciendo en vano flores que se olvidan.
    Pero mi corazón
    velaba y no sabía.
    Recuperada su pasión secreta
    ahora enamorado resucita.
    Y el tiempo que hoy me guarda
    entre sus hojas vivas
    es un tiempo feliz desde hace tantos
    sueños que nacerán en la vigilia

    María Elena Walsh, admirada por muchos escritores como Pablo Neruda, Jorge Luis Borges o Juan Ramón Jiménez, ha sido un emblema argentino que sigue trascendiendo con sus canciones y letras, transformándose en legado y patrimonio literario y poético argentino.

  • 5 poemas de Emily Dickinson, poeta estadounidense

    5 poemas de Emily Dickinson, poeta estadounidense

    Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, 10 de diciembre de 1830 – Ibídem, 15 de mayo de 1886) fue una prolífica y enigmática poeta americana.

    Proveniente de una prestigiosa y acomodada familia de Nueva Inglaterra vivió en un entorno de fuertes convicciones ideológicas y políticas en el que la severa religiosidad puritana aceptaba como única expresión artística la del coro de la iglesia. Por elección personal, pasó gran parte de su vida recluida en su casa, años en los que además de alejarse del mundo decidió vestir solamente de blanco («mi blanca elección» según sus palabras). En vida solamente publicó siete poemas bajo anonimato y no fue hasta transcurridos cuatro años de su muerte que se publicaría su primer poemario gracias a su hermana menor, Lavinia,  quien sentía una gran admiración por el talento poético de Emily y respetó  hasta su muerte su deseo de mantener ocultas sus obras.

    Emily Dickinson (1830-1886)

    En sus poemas se respira la soledad aunque también una fuerza excepcional, una exaltación privada sin límites… con una sensibilidad que se palma en cada uno de sus versos en los que le habla a Dios, a la muerte, a la belleza y al paso del tiempo… dejando entrever en muchas ocasiones una pasión o un casto sentimiento por un amor que se ve obligada a ocultar.

    Lo mismo que si el mar se retirase

    dejando ver un mar aún más lejano,

    y este a su vez igual con otro mar,

    siendo los tres tan solo conjeturas

    de otros mares posibles

    que no tiene orillas…

    Todos ellos al borde todavía

    de mares no nacidos.

    Eso es Eternidad.

    Emily escribía sin adornos ni reglas eliminando verbos, signos de puntuación y conectores. Sus mejores poemas son breves y poseen una concisión que es la condensación de un pensamiento que con medios muy simples logra los máximos efectos, pues es capaz de crear un lenguaje metafísico y emotivo. Es, sin duda, una de las grandes poetas en lengua inglesa de todos los tiempos.

    Durante un día o dos desconcertada,

    turbada aunque sin miedo,

    encontré en mi jardín

    a una doncella a la que no esperaba.

    Me hace señas y allí empiezan los bosques,

    me llama y todo empieza.

    Sé bien que en una tierra

    así jamás he estado.

    No habla nunca mi rey,

    y así con mis preguntas me abro paso

    penosamente hasta el final del día.

    Me conformo de noche, cuando duermo,

    si me es posible en sueños, con asomarme

    a salones cerrados por el día.

    De hacerlo, cuando llega la mañana

    es igual que si cientos de tambores

    en torno a mi almohada redoblasen,

    con mi cielo de niña hecho vítores,

    y cantasen victoria

    todos los campanarios de mi alma.

    Y de no ser así, aquel pajarillo

    que hay en el huerto no se puede oír,

    y dejo de rezar en aquel día

    «hágase tu voluntad»,

    porque mi voluntad es lo contrario

    y sería un perjurio.

    ¡Oh noches de locura!

    Si estuviera contigo

    serían esas noches

    nuestro gozo sin fin.

    ¡Qué inútiles los vientos

    si a su puerto ha llegado el corazón!

    ¿De qué sirven los mapas y la brújula?

    ¡Remando al Paraíso!

    ¡Oh este mar! ¡Si pudiera

    anclar en Ti esta noche!

    No es el morir lo que nos duele tanto,

    vivir sí que nos duele mucho más;

    pero morir es algo diferente,

    lo que está al otro lado de la puerta.

    Los pájaros se suelen ir al sur

    sin esperar que lleguen las heladas,

    van en busca de un clima más benigno.

    Los que se quedan son como nosotros.

    Ante la puerta de la granja esperan

    ateridos limosnas de migajas

    que concedemos… hasta que las nieves

    nos dicen compasivas que ya es hora

    de regresar a casa.

    Referencias

    Datos biográficos extraídos de Wikipedia y del libro «Morí por la belleza» (Poesía Portátil- Penguin Random House).

  • 5 poemas de Ángela Figuera Aymerich, poeta española

    5 poemas de Ángela Figuera Aymerich, poeta española

    Poeta española nacida en Bilbao en 1902, Ángela Figuera Aymerich estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, siendo Catedrática de Lengua y Literatura en los Institutos de Huelva, Alcoy y Murcia, trabajando también en la Biblioteca Nacional. donde realiza una importante labor en los denominados “bibliobuses”, servicio que trataba de llevar la literatura y los hábitos de lectura a los barrios marginales y periféricos de Madrid.

    Fue una mujer comprometida con su país y con su tiempo: antifranquista, escritora en un mundo dominado por hombres y defensora del papel social de la mujer. Se le considera parte de la generación de la posguerra. Amiga de poetas como Blas de Otero y Gabriel Celaya, no le gustaba que la encasillaran en un grupo poético. Nunca quiso definir su poesía, aunque se la etiquetó como poeta social. Afirmaba que en su obra se reflejaban todas sus lecturas, pasadas y presentes.

    Con sus poemas pretendía, según escribió, “crear belleza con la palabra […] acompañar, consolar, denunciar, protestar, gritar, dar fe de amor a las cosas grandes y pequeñas”. En ellos se interroga sobre su lugar en el mundo como mujer y como poeta, diciendo verdades, pegada a la gente y a la tierra. Y precisamente esa condición de mujer, unida a la circunstancia de encontrarse en el bando perdedor de la guerra civil, fue la causa de que no tuviera el reconocimiento público que se merecía por su obra.

    Sus poemas se caracterizan por su lirismo y su intensidad, con un lenguaje sencillo y llano, nada rebuscado.

    Publicó Mujer de barro (1948), Soria pura (1949), El grito inútil (1952), Los días duros (1953) y Víspera de la vida (1953), Belleza cruel (1958, Premio de Poesía Nueva España) y Toco la tierra (1962). Así como los poemarios dedicados al mundo infantil Cuentos tontos para niños listos (1980) y la póstuma Canciones para todo el año (1984).

    Murió en Madrid en 1984.

    He realizado esta selección de cinco de los poemas representativos de su pensamiento y su compromiso social, según mi criterio. Se desprende de ellos una gran honestidad y humildad consigo misma y con la vida que le tocó vivir.

    Como ella dijo: “Mi reino es de este mundo. Mi poesía / toca la tierra y tierra será un día”.

    NADIE SABE

    Abre tus ojos anchos al asombro
    cada mañana nueva y acompasa
    en místico silencio tu latido
    porque un día comienza su voluta
    y nadie sabe nada de los días
    que se nos van y luego se deshacen
    en polvo y sombra. Nadie sabe nada.

    Pisa la tierra, vierte la simiente,
    coge la flor y el fruto: sin palabras,
    pues nadie sabe nada de la tierra
    muda y fecunda que, en silencio, brota,
    y nadie sabe nada de las flores
    ni de los frutos ebrios de dulzura.

    Mira la llamarada de los árboles,
    bebiéndose lo azul: contempla, toca

    la piedra inmóvil de alma intraducible
    y el agua sin contornos que camina
    por sus trazados cauces, ignorándolos.
    Sueña sobre ellos. Sueña. Sin decirlo.
    Pues nadie sabe nada de los árboles
    ni de la piedra ni del agua en fuga.

    Mira las aves altas, desprendidas,
    limando el sol al golpe de sus alas;
    toma del aire el trino y el gorjeo,
    pero no quieras traducir su ritmo,
    pues nadie sabe nada de los pájaros.

    Mira la estrella, vuela hacia su altura,
    toma su luz y enciéndete la frente,
    pero no inquieras su remoto arcano
    pues nadie sabe nada de la estrella.

    Besa los labios y los ojos; goza
    la carne del amante sazonada
    secretamente para ti; acomete
    con decisión humilde la tarea
    del imperioso instinto: crece en ramas
    mas nada digas del tremendo rito
    pues nadie sabe nada de los besos,
    ni del amor ni del placer, ni entiende
    la ruda sacudida que nos pone
    al hijo concluido entre los brazos.

    Clama sin grito, llora sin estruendo
    pues nadie sabe nada de las lágrimas.

    Vete a hurtadillas. Con discreto paso.
    Traspasa quedamente la frontera.
    Pues nadie sabe nada de la muerte.

    DURAR

    Yo pasaré y apenas habré sido,
    -frágil destino de mi pobre arcilla-.

    Hijo, cuando yo no exista,
    tú serás mi carne, viva.
    Verso, cuando yo no hable,
    tú, mi palabra inextinta.

    EL GRITO INÚTIL

    ¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve
    una mujer viviendo en puro grito?
    ¿Qué puede una mujer en la riada
    donde naufragan tantos superhombres
    y van desmoronándose las frentes
    alzadas como diques orgullosos
    cuando las aguas discurrían lentas?

    ¿Qué puedo yo con estos pies de arcilla
    rodando las provincias del pecado,
    trepando por las dunas, resbalándome
    por todos los problemas sin remedio?

    ¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula,
    con sólo esta canción, esta porfía
    limando y escociéndome la boca?

    ¿Qué puedo yo perdida en el silencio
    de Dios, desconectada de los hombres,
    preñada ya tan sólo de mi muerte,
    en una espera lánguida y difícil,
    edificando, terca, mis poemas
    con argamasa de salitre y llanto?

    Volvedme a aquel descuido, a aquel sosiego
    en que era dable andar por los caminos
    pastoreando ensueños como ovejas.
    Volvedme al ruiseñor de aquel boscaje,
    al vuelo de aquel cisne por el lago
    bajo la planta azul de aquella luna.

    Volvedme a la andadura mesurada
    al trópico dulcísimo y sedante
    de un verso con timón y cortesía
    donde cantar cómo los bucles de oro
    son cómplices del pájaro y la rosa,
    porque eso, al fin, a nada compromete
    y siempre suena bien y hace bonito.

    Pero es vano, amigos, nos cortaron
    la retirada hacia seguras bases.
    Están rotos los puentes,
    los caminos confusos,
    los túneles cegados. No sabemos
    de cierto si avanzamos o si huimos
    dejando por detrás tierra quemada.

    Y yo pregunto, vadeando a solas
    un río de aguas turbias y crueles,
    ¿qué puede una mujer, para qué sirve
    una mujer gritando entre los muertos?

    MUJER DE BARRO

    Mujer de barro soy, mujer de barro:
    pero el amor me floreció el regazo.

    Mujer
    ¡Cuán vanamente, cuán ligeramente
    me llamaron poetas, flor; perfume!

    Flor; no: florezco. Exhalo sin mudarme.
    Me entregan la simiente: doy el fruto.
    El agua corre en mí: no soy el agua.
    Árboles de la orilla, dulcemente
    los acojo y reflejo: no soy árbol.
    Ave que vuela, no: seguro nido.

    Cauce propicio, cálido camino
    para el fluir eterno de la especie.

    NO QUIERO

    No quiero
    que los besos se paguen
    ni la sangre se venda
    ni se compre la brisa
    ni se alquile el aliento.
    No quiero
    que el trigo se queme y el pan se escatime.

    No quiero
    que haya frío en las casas,
    que haya miedo en las calles,
    que haya rabia en los ojos.

    No quiero
    que en los labios se encierren mentiras,
    que en las arcas se encierren millones,
    que en la cárcel se encierre a los buenos.

    No quiero
    que el labriego trabaje sin agua
    que el marino navegue sin brújula,
    que en la fábrica no haya azucenas,
    que en la mina no vean la aurora,
    que en la escuela no ría el maestro.

    No quiero
    que las madres no tengan perfumes,
    que las mozas no tengan amores,
    que los padres no tengan tabaco,
    que a los niños les pongan los Reyes
    camisetas de punto y cuadernos.

    No quiero
    que la tierra se parta en porciones,
    que en el mar se establezcan dominios,
    que en el aire se agiten banderas
    que en los trajes se pongan señales.

    No quiero
    que mi hijo desfile,
    que los hijos de madre desfilen
    con fusil y con muerte en el hombro;
    que jamás se disparen fusiles
    que jamás se fabriquen fusiles.

    No quiero
    que me manden Fulano y Mengano,
    que me fisgue el vecino de enfrente,
    que me pongan carteles y sellos
    que decreten lo que es poesía.

    No quiero amar en secreto,
    llorar en secreto
    cantar en secreto.

    No quiero
    que me tapen la boca
    cuando digo NO QUIERO…

    Referencias

    Datos biográficos extraídos del libro “Ser palabra desnuda” de Ángela Figuera Aymerich (Sabina editorial) y de la biografía “Ángela Figuera Aymerich” escrita por Francisco Arias Solís en la Revista Digital IslaBahía.com.


  • 2 poemas de Yolanda Pantin, poeta venezolana

    2 poemas de Yolanda Pantin, poeta venezolana

    Yolanda Pantin (1954) es una reconocida poeta venezolana, dramaturga, ensayista, autora de libros infantiles y editora. Cursó estudios de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Cofundadora del grupo literario Tráfico en 1981 y de la editorial de poesía Pequeña Venecia en 1991, en 1989 recibió el Premio Fundarte de Poesía. Ha sido becaria de la Fundación Rockefeller y de la Fundación Guggenheim.

    Su obra poética comprende los libros Casa o lobo (1981), Correo del corazón (1985), La canción fría (1989), Poemas del escritor (1989), El cielo de París (1989), Los bajos sentimientos (1993), La quietud (1998), La épica del padre (2002), Poemas huérfanos (2002), El hueso pélvico (2002), País (2007), 21 caballos (2011) y Bellas ficciones (2016).

    En el 2014, la editorial española Pre-Textos publicó País. Poesía reunida (1981-2011). Junto a Ana Teresa Torres, es coautora del libro El hilo de la voz. Antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX (2003), uno de los más importantes estudios que sobre literatura femenina se ha hecho en Venezuela.

    HERENCIA

    I
    Pertenezco
    a este pedazo de la tierra.
    Reconozco como míos
    el aire
    que fue de mi infancia,
    los relatos de mis padres
    jóvenes y eternos,
    cuanto su vista levantó
    de estos valles
    donde abreva el deseo.

    II
    Yo soy aquella en la fotografía,
    de pie,
    entre el miedo y el deslumbramiento.
    Le he sido fiel a su memoria
    a cuanto sus ojos recuerdan
    de aquel cielo,
    al lomo
    de los caballos relucientes.
    Pero vuelve el recuerdo
    de aquella ocasión en que quise sustraerme,
    y no hallé lugar que me resguardara
    de mis despóticos fantasmas coloniales.
    Así me hundo en esa putrefacción cálida,
    Mientras manos que son de nadie me arrancan de cuerpo.
    [de País, 2007]

    Dioce Martínez (2017), investigadora en poesía venezolana, escribirá sobre Pantin: «Consciente de su «Herencia», quiere ser fiel a la memoria de los suyos, a los fantasmas, los mismos que se recostaban en su cama de niña y a los que perseguía hasta el patio: «Pertenezco/a este pedazo de tierra./Reconozco como míos el aire/que fue de mi infancia / los relatos de mis padres/jóvenes y eternos/cuanto su vista levantó/de estos valles (…) Le he sido fiel a su memoria/a cuanto sus ojos recuerdan/de aquel cielo (…)». Y «El mandato» de su abuela que venía de otros cielos (como aparece en el «Somebody Loves You in Turmero (Gottfried Been)») se hace claro y firme y nos dice cómo empezó todo su país: «Mientras registraba en el escaparate,/escuchaba el mandato. Estaba/dentro de las cajas, en esas cosas/que los viejos guardan (…) //Tú me escogiste para hablar por / nuestros muertos (…)»»

    SOMEBODY LOVES YOU IN TURMERO (GOTTFRIED BENN)
    La desdicha del amante es el engaño de lo que vive el
    amor como un ilusión de presente, cuando todo es pasado.

    Tomo un mapa y marco un ciego itinerario. Ayer caminé a lo largo de la avenida George Mandel hasta el bosque de Boloña. En esa ocasión quise creer que el goce se elige, como el sufrimiento.
                                                                *
    Miré la fuente y sobre la terraza, la mancha de pálida luz. Sentada en un banco, percibí la voz de una mujer. Presté atención. Una madre reprendía al mayor de sus hijos ¡Philippe!, le decía. Yo escuchaba el mandato venido de otros cielos. Entonces recordé lo que había olvidado. Lo que no podía recordar porque no tenía rostro, ni tiempo, sólo la huella de lo que ha muerto en nosotros, pero está profundamente vivo. No del amor se enamora el amante, ni de nadie, sino de la nostalgia del amor.

    Usted tiene que obedecerme, le dijo la madre al niño.

    Yo miraba todo y sentía
    la herida sobre el labio que ahora sangra.

  • 5 poemas de Karoline Günderrode, «Tian»

    5 poemas de Karoline Günderrode, «Tian»

    Caroline o Karoline Friederike Louise Maximiliane von Günderrode, que usó el pseudónimo de Tian (Karlsruhe, 11 de febrero de 1780 – Winkel, 26 de julio de 1806) fue una poeta alemana del Romanticismo.

    Hija de nobles, ingresa a los dieciséis años como pensionista en el convento de Cronstett. Cinco años después conoce a Bettina Brentano. La relación entre ambas dará lugar a una apasionada correspondencia y a una novela que Bettina escribirá años después, con aquellas cartas: Die Günderrode, 1840 (libro que Karoline nunca verá).

    Karoline Günderrode

    En el verano de 1806, el hombre al que ama, el filósofo Friedrich Karl von Savigny (1779-1861), decide regresar al lado de su esposa. Karoline, que tiene veintiséis años, se apuñala el corazón y deja su cuerpo a las aguas del Rhin. Como correspondía entonces a los suicidas, no fue enterrada en tierra sagrada.

    Como epitafio para su tumba, había dejado elegido unos versos hindúes que conociera por el poeta Herder.

    Tú, tierra, madre mía, y tú, soplo, mi nodriza.

    Sagrado fuego, amigo mío, y tú, oh hermano torrente.

    Y mi padre, el éter, a todos con veneración

    doy gracias; ahí he vivido con vosotros.

    Y ahora parto al otro mundo, con gusto os dejo.

    Adiós, hermano y amigo, padre y madre, adiós.

    Creuzer, un erudito renombrado en toda Europa, hizo todo cuanto pudo para evitar que se publicase su obra póstuma, Meleté (Μελετή), una mezcla de verso y prosa donde Karoline relataba su romance con Creuzer, que aparecía bajo el nombre de Eusebio. Hubo que esperar cien años para que su obra fuera publicada en 1906.


    ROJO VIVO

    Tú, rojo fuerte,
    hasta la muerte
    se te parecerá mi amor,
    no palidecerá el color,
    hasta la muerte,
    tú, carmín fuerte,
    se te parecerá mi amor.

    AMOR EN TODAS PARTES

    ¿Puedo guardar en mi corazón tan cálidos deseos?
    Contemplar las coronas de flores de la vida,
    y pasar frente a ellas sin llevar yo ninguna,
    ¿y no debo, además, despertar a la desesperación?

    ¿Renunciaré, orgullosa, al deseo más querido?
    ¿Debo, temeraria, entrar al reino de las sombras,
    implorar a otros dioses otros placeres,
    acaso pedir nuevas delicias a los muertos?

    Descendí, pero incluso en el reino de Plutón,
    en el lecho de las noches la pasión arde;
    anhelantes, las sombras se inclinan ante otras sombras.

    Pues perdido está aquel sin fortuna en el amor,
    e incluso aunque descendiera a la laguna Estigia,
    en el fulgor del cielo, seguiría sin olvidar.

    – Poema enviado a su amiga Bettina, antes de suicidarse.

    AMOR

    ¡Oh, rica pobreza! ¡Dichoso recibir que sólo da!
    ¡En el temor valentía! ¡Prisionera en libertad!
    En el silencio palabras,
    durante el día apocadas
    venciendo, vacilando sin paz.

    Viviente muerte que pasa en dichosa vida,
    leal en oponerse, en la necesidad sibarita.
    Disfrutando de languidecer,
    no terminar nunca de ver
    vida en el sueño, en doble vida.

    ANTES, Y AHORA

    Era Tierra un vericueto escabroso,
    sobre la montaña brillaba Cielo,
    a un lado un precipicio era Infierno,
    y a ellos conducían caminos rigurosos.
    Pero es distinto todo ahora, Cielo
    se ha derrumbado, el precipicio se llenó,
    es fácil de andar cubierto de razón.
    Se demolieron alturas sagradas,
    vence la razón en la tierra plana,
    todo lo mide, por pies y por yardas.

    A CREUZER

    Ay, amigo, la tarde veo enrojecer más hondo en el Oeste,
    con una sonrisa sería, irse apagando con triste sonrisa;
    Oh, debo entonces preguntar por qué se vuelve todo turbio y oscuro.
    Pero guarda silencio y llora en mí burbujas de rocío.


    Referencias

    Datos biográficos extraídos del libro “Antología de poetas suicidas (1770-1985)», de Árdora Ediciones, libro de mi biblioteca personal, y de la Wikipedia.