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Yolanda Pantin (1954) es una reconocida poeta venezolana, dramaturga, ensayista, autora de libros infantiles y editora. Cursó estudios de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Cofundadora del grupo literario Tráfico en 1981 y de la editorial de poesía Pequeña Venecia en 1991, en 1989 recibió el Premio Fundarte de Poesía. Ha sido becaria de la Fundación Rockefeller y de la Fundación Guggenheim.

Su obra poética comprende los libros Casa o lobo (1981), Correo del corazón (1985), La canción fría (1989), Poemas del escritor (1989), El cielo de París (1989), Los bajos sentimientos (1993), La quietud (1998), La épica del padre (2002), Poemas huérfanos (2002), El hueso pélvico (2002), País (2007), 21 caballos (2011) y Bellas ficciones (2016).

En el 2014, la editorial española Pre-Textos publicó País. Poesía reunida (1981-2011). Junto a Ana Teresa Torres, es coautora del libro El hilo de la voz. Antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX (2003), uno de los más importantes estudios que sobre literatura femenina se ha hecho en Venezuela.

HERENCIA

I
Pertenezco
a este pedazo de la tierra.
Reconozco como míos
el aire
que fue de mi infancia,
los relatos de mis padres
jóvenes y eternos,
cuanto su vista levantó
de estos valles
donde abreva el deseo.

II
Yo soy aquella en la fotografía,
de pie,
entre el miedo y el deslumbramiento.
Le he sido fiel a su memoria
a cuanto sus ojos recuerdan
de aquel cielo,
al lomo
de los caballos relucientes.
Pero vuelve el recuerdo
de aquella ocasión en que quise sustraerme,
y no hallé lugar que me resguardara
de mis despóticos fantasmas coloniales.
Así me hundo en esa putrefacción cálida,
Mientras manos que son de nadie me arrancan de cuerpo.
[de País, 2007]

Dioce Martínez (2017), investigadora en poesía venezolana, escribirá sobre Pantin: «Consciente de su «Herencia», quiere ser fiel a la memoria de los suyos, a los fantasmas, los mismos que se recostaban en su cama de niña y a los que perseguía hasta el patio: «Pertenezco/a este pedazo de tierra./Reconozco como míos el aire/que fue de mi infancia / los relatos de mis padres/jóvenes y eternos/cuanto su vista levantó/de estos valles (…) Le he sido fiel a su memoria/a cuanto sus ojos recuerdan/de aquel cielo (…)». Y «El mandato» de su abuela que venía de otros cielos (como aparece en el «Somebody Loves You in Turmero (Gottfried Been)») se hace claro y firme y nos dice cómo empezó todo su país: «Mientras registraba en el escaparate,/escuchaba el mandato. Estaba/dentro de las cajas, en esas cosas/que los viejos guardan (…) //Tú me escogiste para hablar por / nuestros muertos (…)»»

SOMEBODY LOVES YOU IN TURMERO (GOTTFRIED BENN)
La desdicha del amante es el engaño de lo que vive el
amor como un ilusión de presente, cuando todo es pasado.

Tomo un mapa y marco un ciego itinerario. Ayer caminé a lo largo de la avenida George Mandel hasta el bosque de Boloña. En esa ocasión quise creer que el goce se elige, como el sufrimiento.
                                                            *
Miré la fuente y sobre la terraza, la mancha de pálida luz. Sentada en un banco, percibí la voz de una mujer. Presté atención. Una madre reprendía al mayor de sus hijos ¡Philippe!, le decía. Yo escuchaba el mandato venido de otros cielos. Entonces recordé lo que había olvidado. Lo que no podía recordar porque no tenía rostro, ni tiempo, sólo la huella de lo que ha muerto en nosotros, pero está profundamente vivo. No del amor se enamora el amante, ni de nadie, sino de la nostalgia del amor.

Usted tiene que obedecerme, le dijo la madre al niño.

Yo miraba todo y sentía
la herida sobre el labio que ahora sangra.


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