Etiqueta: rebeca tejedor

  • Safo

    Safo

    Safo de Mitilene, también conocida como Safo de Lesbos o simplemente Safo, (en griego, Σαπφώ) ) (Mitilene, Lesbos ca. 650/610 -Léucade, 580 a. C.) Fue una poetisa griega de la época arcaica, más tarde los comentaristas griegos la incluyeron en la lista de los «nueve poetas líricos ». Platón la catalogó como «la décima Musa».

      Hay una leyenda, surgida a partir de algún fragmento de la propia poetisa, en donde narra la historia Faón un hombre bello del que se enamoró la propia Afrodita. Según esa leyenda, Safo, inducida por la diosa, se suicidó lanzándose al mar desde la roca  Léucade cuando su amor por Faón no se vio correspondido. Esta roca de la isla de Léucade era, al parecer, desde donde se lanzaban con frecuencia los enamorados para suicidarse. Otra versión afirma que Safo lo escribió como metáfora de una decepción amorosa, ya que en uno de sus fragmentos se describe como alguien que ya ha llegado a la vejez, y es «incapaz de amar». El tema fue popularizado por el poeta Ovidio. Así convirtió a Safo en una de heroínas  como autora de una carta de amor dirigida a Faón. De todas las heroínas de Ovidio, Safo es la única mujer cuya existencia se ha comprobado. Esta imagen de Safo atormentada por un amor no correspondido fue representada a menudo por los grandes pintores europeos del siglo XIX, que reflejan una visión romántica de Safo con el cabello suelto apoyada en la roca.

     “Me parece que igual a los dioses

    aquel hombre es, el que sentado

    frente a ti, a tu lado, tu dulce

    voz escucha

    y tu amorosa risa. En cambio,

    en mi pecho el corazón se estremece.

    Apenas te miro,

    la voz no viene más a mí,

    la lengua se me inmoviliza, un delicado

     incendio corre bajo mi piel,

    no ven ya mis ojos

    y zumban mis oídos,

    el sudor me cubre, un temblor

    se apodera de todo mi cuerpo y tan pálida

     como la hierba no muy lejana de la muerte

    me parece estar. . .

    Pero todo debe soportarse si así es”

    “. . .si viniere a mí

     iluminada

     al bello rostro

     ………………

     . . .penetrada”

    “Un gran viento huracanado

    y violento aterrorizó a los marinos

    que arrojaban la carga para acercar

    la nave a las playas.

    Y yo, que no prefiero el lugar donde estén los más

    asustados, ni el de los que, arrojada la carga,

    sin honra alguna se lancen a sí mismos

    al profundo mar”

    (Reconstrucción de EDMONDS)

    “44

    Como el viento desenfrenado que en las montañas

    cae sobre los bosques, el amor estremece mi ser.

    45

    No puedo decidir: hay en mí dos almas.

    46

    Hiciste bien en venir, pues te anhelaba

    y desfallecía por este deseo que incendia mi alma.”

    “Más blanca que la leche,

    más blanda que el agua,

    más melodiosa que las liras,

    más majestuosa que un potro,

    más florida que las rosas,

    más suave que una hermosa túnica,

    de más precio que el oro. . .”

    “Aunque vive Arígnota en la lejana Sardis,

    muchas veces vuelve acá en sus pensamientos.

    Cuando vivimos juntas siempre te consideró

     semejante a una diosa,

    y cuánto con tu canto gozaba.

    Ahora deslumhra entre las mujeres

    Lidias como a veces, ya puesto

    el sol, la luna de manos de rosas

    supera a todas las estrellas,

    cubre con su luz las saladas aguas del mar

    y los campos de abundantes flores,

    donde el bello rocío desciende, donde florecen

    rosas y tiernos botones

    silvestres

    y los tréboles se abren.

    Pero muchas veces, errabunda por el recuerdo

    de la dulce Athis, el anhelo en su alma delicada y la ansiedad en el corazón la devoran.

    Y con fuerza nos grita que vayamos con ella, y su grito,

    no inadvertido a nosotras, la noche populosa

    lo hace resonar a través de los mares.”

  • Sodio, de Rebeca Tejedor (Ed. Platero, 2022)

    Sodio, de Rebeca Tejedor (Ed. Platero, 2022)

    Después de haber leído y releído Sodio, he llegado a la conclusión que voy a hablar poco de Sodio, porque creo que no le haría justicia, y lo mejor que podría deciros es que leáis este libro, porque de él se aprende, con él se siente, se llora, se teme, se vive, se explota, se cede.

    Crudeza, belleza, vida y dolor. Sodio nos abre las puertas a una intimidad herida pero valiente, a una fuerza innata que se coloca frente al espejo y se atreve a seguir e insistir, aunque se sienta en pedazos, porque, aunque sea en pedazos, sigue siendo. Y sabe que ha de ser.

    Carente de género literario, casi me atrevería a decir que Sodio es un género en sí mismo, este libro es un camino vital con todas sus vertientes, desde el ámbito emocional. Sodio duele; despierta un llanto amargo que se oculta en la garganta, porque el sol brilla fuera, más allá de esta sala fría, y los días se siguen sucediendo sin pausa, y quizás no es el momento para que salga, pero ahí está, clavado como la flor que se deshoja antes de tiempo, pero que nunca llega a perder el último pétalo.

    Sodio, de Rebeca Tejedor. (Ed. Platero)

    Desesperanza y esperanza se dan mano de una manera muy sutil, mostrando debilidades y a su vez coraje, aunque todo con un fino velo de desconcierto, que hace que una busque en las profundidades de su propio seno, la propia identidad antes de que se desvanezca.

    Trato de recomponer el fuego con las astillas dispersas, pretendo hacer que sobreviva la llama sobre un manto de agua dormida.

    A lo largo del libro a veces aparece una ventana a un pasado, a un tiempo lejano; como si revivir esos tiempos fuera una manera de, o bien aferrarse a la vida, o bien recordar y revivir lo que una ha sido o vivido, antes que se olvide del todo. Es una manera, en cierto modo, de saber que esa vida sigue en algún lugar, aunque haya cambiado el paisaje y el aspecto. Esa vida sigue ahí, aunque quizás esté algo dormida y sujeta por otras manos.

    Sodio es una palabra que no se nombra, pero que se clava; y una vez el lector ha descubierto esa cabeza de hormiga, el libro se convierte en un mar, en un oleaje de subidas y bajadas, en un ir y venir entre sillas naranjas y líquidos que se cuelan en el ánimo hasta empaparlo.

    Vuelvo a casa con el cuerpo lleno de líquido y un encuentro de almas que me hace pensar que hay algo más que carne en esta vida. Aprovecho para llenar el estómago antes que la propia boca me lo prohíba. /Tengo la cara cuarteada, las manos cruzadas y el pecho abierto/.

    La dicotomía negro-blanco se abre paso como emociones transitorias que no dejan de repetirse, como la vida misma. Todo es un vaivén sensitivo y emocional, que empieza siempre en el impulso de decir sin decir, pero diciendo todo con palabras veladas, preciosas metáforas, hirientes espadas que a veces se tornan de seda y en lugar de herir, acarician el alma, porque a veces la fuerza decae, y es entonces cuando es más necesario acariciarla, aunque sean las propias yemas las que lo hagan, o una mirada tras una bata blanca.

    El viaje me está resultando más intenso de lo que pensaba desde que empezó el trayecto tengo las profundidades del mar Egeo sobre las córneas y todo su absoluto velado en negro se me desborda. Mi absoluto es la cabeza de la hormiga, lo relativo es que ella vive y yo no estoy muerta.

    Rebeca Tejedor

    A veces, Sodio se intuye como una necesidad, para que pueda al fin vaciarse y dejar de ser sólo huesos; para soltar aquel peso negro que que cuando rueda siento su cosquilleo, pero nunca me río.

    /Camino en círculos sobre mi pecho, veo a Octubre deshecho entre mis pulmones, tengo un grito en los labios, pero ya no hay aire…/

    Son momentos concretos que responden a instantes que despiertan impulsos que han de soltarse, y lo hacen con una extrema sensibilidad y con hermosas imágenes que dejan un sabor a sal en la garganta; cosas tan propias del estilo de Rebeca que la hacen absolutamente inconfundible.

    Sodio es beso en la herida y sal en la cicatriz. Amarse a una misma a pesar de no sentirse (entera), como un amanecer que no encuentra el sol, aunque el calor empieza a hacer mella en la piel y la mirada.

    La fragilidad se muestra sobre el manantial de las venas que fluyen apartadas del riego para ser agua: tus ramas enredadas, mis hebras sueltas: tus nidos espesos, mis cantos vacíos. El mundo ha sido retenido en un suspiro…

    Sodio es la crudeza y la belleza; belleza que nos llega por ese lirismo delicado y mágico que escapa de la pluma de Rebeca sin apenas haber sido pensado o retocado; una vivencia que nos lleva al ámbito más íntimo de Rebeca, con su particular oleaje emocional y esa esencia de salitre.

    Exhalo, escribo y huyo. No quiero el aliento que bajo sus párpados trae dos ojos muertos.

    Sodio es uno de los libros más especiales que ha caído en mis manos. Aunque no lo parezca, la autora se abre en canal para mostrar su heridas más profundas, las que gritan a pleno pulmón con una voz que susurra, de manera casi imperceptible, pequeñas esperanzas en las que no se tiene demasiada fe, pero se quiere creer.

    Es un libro que se tiene que leer, despacio, con el pecho abierto, sintiendo en la piel cada aguja, cada destello de luz brillante y cada anochecer silente. Sodio es un libro magistral que marca un antes y un después en la trayectoria de Rebeca Tejedor; sin duda alguna, la autora ha cedido a sus impulsos más personales para regalarnos un libro que no deja indiferente a nadie, que atrapa para no soltar.

    Rebeca Tejedor vive en Madrid y es Sensei de poesía japonesa, poeta y redactora y editora de la Revista Abierta de Poesía Poémame. Con una escritura sensitiva e impulsiva, publicó su primer poemario en el año 2017, La esencia está en el aire. Cinco años después, nos sorprende y nos gana con Sodio; un libro que tardó años en tener la forma definitiva y, sin duda alguna, un libro que recomiendo indiscutiblemente.

    ¡IMPORTANTE SI VIVES EN MADRID O ALREDEDORES!

  • Alda Merini, poeta italiana

    Alda Merini, poeta italiana

    Alda Merini (Milán, 21 de marzo de 1931 – Milán, 1 de noviembre de 2009)  fue una escritora y poeta italiana.

    Tras Tu sei Pietro comienza un periodo de silencio y aislamiento, debido a su internamiento en el Hospital Psiquiátrico Paolo Pini, que dura hasta 1972 (con periodos en los que volvía a la casa familiar, durante los cuales nacieron otros tres hijos, entre otros su predilecta hija Barbara).

    «Cuando sale el sol lamento amargamente no haber pecado»

    Hasta 1979 se alternaron los periodos de salud y enfermedad. En 1979 Merini vuelve a escribir: nacen en este momento sus textos más intensos, en los que narra sus experiencias en el hospital psiquiátrico. El libro se titulará La Terra Santa y será publicado en 1984 por Vanna Scheiwiller.

    «Se va a un manicomio para aprender a morir»

    En 1981 muere su marido y la poeta se queda sola. En este periodo entabla una relación telefónica con el poeta Michele Pierri que, en aquel momento difícil de su retorno a la literatura, había demostrado apreciar su poesía. Se casa con él en octubre de 1983 y se traslada a Tarento, donde vive durante tres años. En este periodo escribe los veinte poemas-retrato de La gazza ladra (La urraca ladrona, alusión a una famosa ópera homónima de Rossini); también escribió numerosos textos para Perri. También en Tarento terminó L’altra verità. Diario di una diversa (La otra verdad. Diario de una distinta). Siempre frágil, en Tarento también tuvo problemas psiquiátricos.

    «Dormí Soñé que no estaba en este mundo»

    En 2000 aparece Superba è la notte (Soberbia es la noche, Einaudi) con el conjunto de poemas escritos entre 1996 y 1999 que la autora envió al editor Einaudi y a Ambrogio Borsani. Al no ser posible ordenarlos cronológicamente (las obras no estaban fechadas), los editores decidieron publicarlos por afinidad temática y estilística.

    «Eres en verdad un manto poderoso una playa inmensa»

    La obra de Merini deriva a partir de estos años hacia una profunda religiosidad de carácter místico, alentada por su trato con Arnoldo Mosca Mondadori, quien editó los versos de la poeta en la editorial Frassinelli: a L’anima innamorata (2000) le siguen otros libros con este carácter, tres de los cuales tienen un prólogo de monseñor Gianfranco Ravasi: Corpo d’amore (2004), Poema della croce (2005) y Francesco, canto di una creatura (2007). Todos los textos de carácter religioso de Merini se publicaron en la editorial Frassinelli y estuvieron al cuidado de Arnoldo Mosca, estrecho colaborador de la poeta a partir de 2000.

    «Señor debes devolverme lo que te he dado mi dimensión de mujer mi desconfianza»

    El pájaro de fuego

    El pájaro de fuego

    de mi mente enferma,

    este gorrión gris

    que habita en lo profundo

    y con su pío

    siempre me hace temblar

    porque parece indefenso,

    necesitado de amor,

    a veces tiene una voz

    tan tierna y nueva

    que bajo su triunfo

    dicto el poema.

    Hay noches que no ocurren nunca

    Hay noches

    que no ocurren nunca

    y tú las buscas

    moviendo la boca.

    Después te imaginas sentada

    en el lugar de los dioses.

    Y no sabes decir

    dónde está el sacrilegio:

    si en el repudio

    de la edad adulta

    —que nada perdona—

    o en el afán

    de ser inmortal

    para vivir infinitas

    esperanzas de noches

    que no ocurren nunca.

    Huida de loba

    A quien me pregunta

    cuántos amores he tenido

    le respondo que mire

    en los bosques para ver

    en cuántas trampas ha quedado

    mi pelo.

  • Adrienne Cecile Rich

    Adrienne Cecile Rich

    Adrienne Cecile Rich (16 de mayo de 1929, Baltimore, Maryland-27 de marzo de 2012, Santa Mónica, California), más conocida como Adrienne Rich, fue una poeta, intelectual, crítica y feminista estadounidense. Recibió numerosas distinciones desde el principio y a lo largo de su carrera. W. H. Auden elogió y prologó su primer libro de poemas en 1951.

    Algunos de estos premios fueron incluso rechazados por ella: en 1974 cuando le otorgaron el Premio Nacional del Libro, Rich rehusó recibirlo de forma individual y se unió a otras dos poetas feministas nominadas, Alice Walker y Audre Lorde, para aceptarlo en nombre de las mujeres “cuyas voces aún no se han escuchado en un mundo patriarcal”. En 1997 lo mismo, rechazó la Medalla Nacional de las Artes como protesta contra el gobierno de Bill Clinton, porque la poesía y la lucha fueron, para ella, una misma cosa.

    A lo largo de seis décadas de producción incesante, Rich atravesó un camino de exploración poética y autorreflexión, cuestionando el modo en que la tradición literaria masculina y el patriarcado habían dejado a las mujeres.

    «Puesto que no somos jóvenes, las semanas tienen que contar

    por los años que perdimos. Así y todo, solamente esta peculiar distorsión

    del tiempo me dice que no somos jóvenes.

    ¿Acaso a los veinte alguna vez caminé por la calle a la mañana

    con los miembros flameando de la más pura alegría?

    ¿O me incliné desde una ventana sobre la ciudad

    a escuchar el futuro

    con los nervios afinados, como escucho tu llamada ?

    Y tú, tú te acercas a mí con la misma cadencia.

    Tus ojos son inmortales, la chispa verde

    del lirio a principios del verano,

    el berro verdeazul que lavó la primavera.

    A los veinte, sí: pensábamos que íbamos a vivir para siempre.

    A los cuarenta y cinco, quiero conocer incluso nuestros límites.

    Te toco sabiendo que no nacimos ayer,

    y de algún modo, cada una va ayudar a la otra a vivir,

    y en algún lugar, cada una va a ayudar a la otra a morir.»

    «Si has creído que este escombro es mi pasado

    hurgando en él para vender fragmentos

    entérate de que ya hace tiempo me mudé

    más hondo al centro de la cuestión

    Si crees que puedes agarrarme, piensa otra vez:

    mi historia fluye en más de una dirección

    un delta que surge del cauce

    con sus cinco dedos extendidos»

    «El grito

    de una voz ilegítima

    Ha dejado de escucharse, por ende

    se pregunta a sí mismo

    ¿Cómo es que existo?

    Éste era el silencio que quería romper en vos

    Tenía preguntas pero no ibas a responder

    Tenía respuestas pero no podías usarlas

    Esto es inútil para vos y quizás para los otros.»

    «Mientras en esta ciudad parpadean las pantallas

    con pornografía, vampiros de ciencia ficción

    y asalariados doblándose bajo el látigo,

    también hay que caminar… nada más, caminar

    entre la basura mojada, con las crueldades

    de nuestros barrios en primer plano.

    Tenemos que entender que nuestras vidas son inseparables

    de esos sueños rancios, del borboteo del metal, de esas desgracias

    y de la begoña roja que destella peligrosamente

    en la cornisa de un edificio de seis pisos

    o de las chicas de piernas largas que juegan a la pelota

    en el patio de la escuela.

    Nadie nos imaginó. Queremos vivir como árboles,

    sicomoros llameantes en el aire sulfúrico,

    moteados de cicatrices, pero floreciendo con exuberancia,

    con nuestra pasión animal enraizada en la ciudad.»

    «Me despierto en tu cama. Sé que estuve soñando.

    Mucho antes nos separó la alarma, y estás

    desde hace horas en tu escritorio. Sé lo que soñé:

    nuestra amiga, la poeta, entra en mi cuarto

    donde llevo días escribiendo, hay borradores,

    carbónicos y poemas desparramados por todas partes,

    y quiero mostrarle un poema

    que es el poema de mi vida. Pero dudo,

    y me despierto. Me besaste el pelo

    para despertarme. Soñé que eras un poema,

    te digo, un poema que le quería mostrar a alguien…

    me río y vuelvo a soñar otra vez

    con el deseo de mostrarte a todos los que amo,

    de andar juntas sin reservas

    con el impulso de la gravedad, que no es simple,

    que arrastra un largo trecho al plumerillo en el aire exhalado.

    «Este departamento lleno de libros podría partirse en dos

    bajo las mandíbulas gruesas y los ojos saltones

    de los monstruos: una vez que abres un libro, te tienes que enfrentar

    al lado oscuro de todo lo que amaste–

    el estante y las pinzas listos, la mordaza

    con la que hasta las mejores voces tuvieron que mascullar,

    el silencio que entierra en la arena del desierto

    a los niños no deseados —mujeres, desviados, testigos.

    Kenneth me cuenta que ordenó los libros de modo

    que mientras escribe puede ver a Blake y a Kafka;

    sí, y todavía hay que ajustar cuentas con Swift,

    que aborrece la carne de las mujeres pero les alaba la mente,

    con el terror de Goethe por las madres, con Claudel vilipendiando a Gide

    y con los fantasmas —sus manos entrelazadas por siglos—

    de las artistas que murieron en el parto, de las sabias calcinadas en la hoguera,

    siglos de libros sin escribir, apilándose detrás de estos estantes;

    y todavía nos tenemos que quedar mirando la ausencia

    de los hombres que no debieron, y de las mujeres que no pudieron, hablarle

    a nuestra vida— este hoyo aún sin excavar

    llamado civilización, este acto de traducción, este medio-mundo.»

  • María Zambrano Alarcón

    María Zambrano Alarcón

    María Zambrano Alarcón (Vélez-Málaga, Málaga, 22 de abril de 1904 – Madrid, 6 de febrero de 1991) fue una intelectual, filósofa y ensayista española Su extensa obra, entre el compromiso cívico y el pensamiento poético, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX, tras un largo exilio. Ya anciana, recibió los dos máximos galardones literarios concedidos en España: el Premio Príncipe de Asturias en 1981, y el Premio Cervantes en 1988.

    «(…)Yo no sabía

    que una persona pudiera ser así,

    al modo de la música,

    que posee porque penetra

    mientras se desprende de su fuente,

    también en una herida.

    Se abre la música sólo en algunos lugares

    inesperadamente, cuando errante el alma sola,

    se siente desfallecer sin dueño.

    En esta soledad nadie aparece,

    nadie aparecía cuando me asenté en mi soledad última;

    el amado sin nombre siquiera.

    Alguien me había enamorado allá en la noche,

    en una noche sola, en una única noche hasta el alba.

    Nunca más apareció. Ya nadie más pudo encontrarme.»

    DELIRIO INCRÉDULO

    «Bajo la flor, la rama;

    sobre la flor, la estrella;

    bajo la estrella, el viento.

    ¿Y más allá?

    Más allá, ¿no recuerdas?, sólo la nada.

    La nada, óyelo bien, mi alma:

    duérmete, aduérmete en la nada.

    Si pudiera, pero hundirme…

    Ceniza de aquel fuego, oquedad,

    agua espesa y amarga:

    el llanto hecho sudor;

    la sangre que, en su huida, se lleva la palabra.

    Y la carga vacía de un corazón sin marcha.

    ¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.

    Y que no lo recuerdes. Era tu gloria.

    Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha

    en el soplo de tu aliento.

    Mira en tu pupila misma dentro,

    en ese fuego que te abrasa, luz y agua.

    Mas no puedo.

    Ojos y oídos son ventanas.

    Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;

    no llego hasta la Nada.»

    EL AGUA ENSIMISMADA

    «El agua ensimismada,

    ¿piensa o sueña?

    El árbol que se inclina buscando sus raíces,

    el horizonte,

    ese fuego intocado,

    ¿se piensan o se sueñan?

    El mármol fue ave alguna vez;

    el oro llama;

    el cristal, aire o lágrima.

    ¿Lloran su perdido aliento?

    ¿Acaso son memoria de sí mismos

    y detenidos se contemplan ya para siempre?

    Si tú me miras, ¿qué queda?”

  • Thèrése Wilms Montt

    Thèrése Wilms Montt

    María Teresa de las Mercedes Wilms Montt, también conocida como Thèrése Wilms Montt (Viña del Mar, 8 de septiembre de 1893 – París, 24 de diciembre de 1921), fue una escritora chilena de principios del siglo XX. Considerada una precursora feminista. Rebelde a los valores burgueses de su sociedad, fue internada a la fuerza en un convento; sin embargo, con la ayuda de su amigo Vicente Huidobro, huyó a Buenos Aires. Amiga también de los escritores Gómez de la Serna, Enrique Gómez Carrillo, Joaquín Edwards Bello, Víctor Domingo Silva y Ramón María del Valle-Inclán. Y siendo este último, autor del prólogo del poemario editado en 1928 «Anuarí», dedicado a un muchacho de diecinueve años, enamorado de Teresa, que se suicidó delante de ella.

    «Se ahogó mi risa en el espejo.

    Largo crujido siniestro lanzó a la noche el cristal de plata.

    Una, dos… calló la hora, metal frío de planeta en la rigidez del páramo.

    Epiléptica de calentura la luna se dio a los balcones.

    Y el cadáver de mi risa es una esmeralda blanda que al deshacerse vuelve en la superficie argollas y cruces brillantes.»

    «Reposa tranquilo, Anuari. Seré siempre tuya. He hecho de rni cuerpo un templo, donde venero tus besos y tus caricias, con la más honda adoración.

    Llevo clavada, como un puñal, tu sonrisa en el punto donde se posan mis ojos; esa sonrisa con los dientes apretados, que hacian de tu boca un capullo sangriento, repleto de blancas, relucientes semillas.

    Anuari. Tu sonrisa es una obsesión destructora que mata todas mis risas, tu sonrisa provoca en mi mente la inquietud del relámpago en medio de la noche. Es veneno de nácar que destila en mi corazón hasta paralizarlo.»

    «(…) Cuando comprendo que no te veré jamás, una onda de angustia me sale del corazón, envolviendo mi cerebro en un vértigo de catástrofe, en un ansia de masacrar la belleza de la vida»

    «Cuántas veces he estrujado sobre estas páginas hasta la esencia de mi espíritu,  y después en el lánguido agotamiento, he esperado, la cabeza  entre las manos, el llamado alontanado de tu voz adorada, viniendo de un más allá brumoso, vedado para las almas que habitan todavía cuerpos mortales… «

  • Louise Elisabeth Glück: poeta estadounidense

    Louise Elisabeth Glück: poeta estadounidense

    Louise Elisabeth Glück (Nueva York, 22 de abril de 1943) es una poeta estadounidense en lengua inglesa. Fue la duodécima poeta laureada (2003-2004) por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. El 8 de octubre del 2020 se anunció que ganó el Premio Nobel de Literatura.

    «Por su característica voz poética, que con su austera belleza hace universal la existencia individual».

    Su primer libro de poemas, Primogénito, tuvo una recepción favorable. Su creciente prestigio hizo que en 1984, se incorporara a la facultad de Williams College en Massachusetts como profesora. Al año siguiente, la muerte de su progenitor la impulsó a la escritura de una de sus obras cumbre, Ararat. A este le siguió otro de sus libros más importantes, El iris salvaje, por el que ganó el Premio Pulitzer.

    MENSAJEROS

    «Sólo la espera es necesaria, te hallarán.

    Los gansos que vuelan bajo sobre la ciénaga,

    brillantes en el agua negra.

    Te hallarán. 

    Y los venados:

    qué bellos son,

    como si no les estorbaran sus cuerpos.

    Despaciosamente llegan al claro

    a través de lienzos de sol.

    ¿Por qué estarían así, tan callados,

    si no estuvieran esperando?

    Casi inmóviles, hasta que sus tiestos

    enmohecen, los arbustos tiemblan al viento,

    rechonchos y sin hojas.

    Sólo es preciso dejar que suceda:

    aquel grito —desátate, desátate—

    como luna que se arranca de la tierra

    y se alza llena en su círculo de dardos,

    hasta que ellos aparecen delante

    como cosas muertas que la carne agrava,

    y tú sobre ellas, herida y dominante.»

    LAGO EN EL CRÁTER

    «Entre el bien y el mal hubo una guerra.

    Decidimos que el cuerpo fuese el bien.

    Eso hizo que el mal fuese la muerte,

    que el alma se volviera

    completamente en contra de la muerte.

    Como un soldado que desea

    servir a un gran señor, el alma

    desea cerrar filas con el cuerpo.

    Se puso en contra de la oscuridad,

    en contra de las formas de la muerte

    que reconocía.

    De dónde viene la voz

    que dice: y si la guerra

    fuese el mal, que dice

    y si fue el cuerpo el que nos hizo esto,

    nos hizo tener miedo del amor.»

    EL LÍMITE

    Una y otra vez, una y otra vez, ato

    mi corazón a la cabecera de la cama

    mientras mis acolchonados lamentos

    se endurecen contra su mano.

    Está aburrido,

    me doy cuenta. ¿Acaso no me trago sus engaños,

    no pongo sus flores en agua? Lo miro cortar los trozos de carne

    sobre el encaje de mamá,

    distribuir magras porciones piadosamente… Puedo sentir sus muslos

    contra mí por amor a los niños.

    ¿La recompensa? Por las mañanas, destrozada

    por esta casa, lo miro tostar su pan

    y probar su café, evadiéndose.

    Las sobras son mi desayuno.

  • Marina Ivánovna Tsvetáyeva: poeta rusa

    Marina Ivánovna Tsvetáyeva: poeta rusa

    Marina Ivánovna Tsvetáyeva 1892,  Moscú, fue una escritora rusa, que destacó como poeta y prosista. Es una de las poetas más originales del siglo XX. Su poesía proviene de lo más profundo de su personalidad, de su excentricidad y de su uso muy preciso del idioma.

    Dejó unas obras muy vivas, de impresionante calor, intransigente y llenas de valentía, donde está el recuerdo de toda una serie de escritores y artistas de su época, así como el retrato de sus propias obsesiones, con una lengua entrecortada y agudísima. Su correspondencia cruzada con Pasternak y Rilke (sólo publicables desde 1979) nos da la media de su personalidad, su fuerza especial y la atracción de todo tipo que ella ejerció.

    «Abiertas las venas: imparable,

    irrecuperable, brota la vida.

    ¡Trae vasijas y cuencos!

    Cada cuenco será superficial

    la vasija -plana,

    sobre su borde -y más allá-

    fluirá hacia la negra tierra para alimentar la hierba.

    Irreversible, imparable

    irrecuperable, el verso brota.»

    «Rainer, quiero encontrarme contigo,

    quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir.

    Simplemente dormir. Y nada más.

    No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo

    y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más.

    No, algo más: aún en el sueño más profundo, saber que eres tú.

    Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo.»

    «Así como me gusta

    besar las manos

    y ofrendar nombres,

    también me gusta

    abrir las puertas

    -¡de par en par!- a la oscura noche.

    Apoyando la cabeza,

    oír los recios pasos

    hacerse más ligeros,

    y cómo el viento mece

    el bosque somnoliento

    y desvelado.

    ¡Oh noche!

    Van creciendo los arroyos

    que en el sueño desembocan.

    Ya se me cierran los ojos.

    en medio de la noche

    alguien se ahoga.»

    «El poeta trae de lejos la palabra.

    Al poeta lo lleva lejos la palabra.

    Entre sí y no, por baches indirectos

    de parábolas, signos, planetas,

    hasta lanzándose desde el campanario

    agarra un garfio, pues el camino del cometa

    es el camino del poeta. Casuales eslabones

    ese es su enlace. Mirar las estrellas

    de nada sirve! en el calendario

    no se pronostican los eclipses del poeta

    él es el que desordena los naipes,

    falsea el peso y las cuentas,

    el preguntón en el pupitre,

    el que a Kant para el arrastre deja.

    El que en el pétreo foso de la bastilla

    es como un árbol que crece en su belleza…

    aquél de huellas siempre desaparecidas,

    él que es el tren al que cualquiera

    llega tarde,

    su camino es el de los cometas.

    El camino del poeta arde pero no calienta,

    arranca pero no cría, estalla y se quiebra.

    Tu camino es el de enredadas cabelleras,

    no pronosticado en el calendario del poeta.»

  • Chantal Maillard: poeta española nacida en Bélgica

    Chantal Maillard: poeta española nacida en Bélgica

    Chantal Maillard (Bruselas, 1951) es una poeta y filósofa española nacida en Bélgica, Premio Nacional de Poesía (2004) y Premio de la Crítica (2007). Reside en Málaga desde 1963. En 1969 renuncia a la nacionalidad belga y adopta la española.

    Es autora de numerosos libros de poemas, ensayos y obra en prosa. Le fue concedido el Premio Nacional de Poesía (España) en 2004 por su obra Matar a Platón y, en 2007, el Premio de la Crítica de poesía castellana, así como el Premio Andalucía de la Crítica, por Hilos.

    Los trasvases entre su obra ensayística y poética son múltiples. Uno de sus temas principales, la observación de los procesos mentales, apuntado ya desde muy temprano en su producción ensayística y en la prosa de sus primeros diarios, Filosofía en los días críticos, se consolida en los sucesivos cuadernos —Diarios indios, Husos. Notas al margen, Bélgica y La mujer de pie— hasta indagar los límites del lenguaje en los poemas de Hilos.

    En [Daniel. Voces en duelo. Chantal Maillard y Piedad Bonnett. Barcelona: Vaso Roto, 2020.]

    Piedad Bonnet: Dice el psicoanalista que el salto hacia el vacío / es, en forma simbólica, / un regresar al vientre de la madre. / De otro modo me hubieras buscado. / De otro modo habría yo querido recibirte.

    Chantal Maillard: Tarde. Llegar / Tarde. / Cuando han entornado los párpados. / No saber interpretar el eco / Ángel aún sin hacer/.

    […] En el escenario a oscuras, dos sillas frente a frente. En medio, el abismo. Dos voces trazando puente sobre la nada. Proyectados, la pena es menos pena, el dolor menos propio. Al fin y al cabo ¿no habitamos todas el mismo cuerpo? Y allí donde la mente se resiste, el poema encuentra”.

    [En Husos. Notas al margen.]

    «El mí: husos. Un haz de husos tensos».

    «[…] Se deslizan tus ojos por los caracteres impresos. Hay cierto placer en esa redundancia de lo escrito. Paradójico placer, cuando lo escrito, en vez de consolidar la superficie, la horada»

    En  [Hainuwele]

    «Anduve por el dorso de tu mano, confiada,

    como quien anda en las colinas

    seguro de que el viento existe,

    de que la tierra es firme,

    de la repetición eterna de las cosas.

    Mas de repente tembló el universo:

    llevaste la mano a tus labios

    y bostezando abriste la noche

    como una gruta cálida.

    Llevabas diez mil siglos despertando

    y el fuego ardía impaciente en tu boca.»

    En [La mujer de pie]

    «La palabra con la que definimos a una persona no es sólo una palabra, sino a la vez el centro y el punto de fuga de un haz de relaciones»

    «[…] —¡Están rompiendo puertas! ¡Me están rompiendo puertas !

    —¿Dónde, abuela?

    —Dentro… Sí, dentro de mí.

    —¿Quienes?

    —No sé

    Pocas horas más tarde, las puertas habían estallado.»

  • Unica Zürn

    Unica Zürn

    Unica Zürn escritora y pintora alemana famosa por su poesía anagramática. Comenzó su carrera como guionista para la compañía cinematográfica alemana UFA. Tras la guerra sobrevive vendiendo sus relatos y novelas por entregas.

    A partir de 1957 debió ingresar varias veces en centros psiquiátricos para superar sus crisis de esquizofrenia, especialmente tras ser fotografiada desnuda y encadenada por Bellimer para la portada del número 4 de surrealismo meme.

    La fama de Unica se debe sobre todo a sus dos novelas póstumas.

    El hombre jazmín y Primavera sombría.

    Primavera  sombría

    En Primavera sombría, nos encontramos con Unica Zürn niña, en la que ella aparece como el objeto de estudio, corporal y emocional.

    [… Ella piensa dónde puede encontrar su propio complemento. Se lleva a la cama todos los objetos duros y alargados que encuentra en su cuarto y se los introduce entre las piernas: unas tijeras frías y relucientes, una regla, un peine y el mango de un cepillo. Mirando la luz de la ventana, busca su propio complemento masculino .Se monta en la fría barandilla de metal de su cama blanca. Se quita la cadena de oro que lleva en el cuello y la pasa por entre las piernas. Se  frenéticamente hasta hacerse daño.]

    Confesiones, declaraciones de esta naturaleza en las que el secreto se comunica, sin asomo de pudor.

    [… El juego se hace peligroso, y eso es lo que a ella le gusta. Le vendan los ojos. Encienden fuego, tan cerca que su vestido empieza arder. Le tiran del pelo. La pellizcan y la golpean. Ella no deja oír ni una queja. Sufre en silencio, perdida en ensueños  masoquistas en los que no caben pensamientos de venganza o de desquite. Ella tira de sus ligaduras y siente con gusto cómo se le clavan en la carne.]

    Retrata su masoquismo, su papel de victima y Bellmer ejerce sobre ella su sádica creatividad.

    [La vida sin las desgracias es insoportable]

    Después de publicar El trayecto del destino y otros cuentos, y la estremecedora novela corta Primavera sombría, recupera el lugar que merece en la literatura del s.XX. Y como una delicada joya se recupera este sobrecogedor testimonio autobiográfico:

    El hombre jazmín

    [¡Oh, he oído a un gran poeta recitar una poesía dentro de mi vientre]

    De poesía están hechas las digestiones de Unica Zürn y solo con los poetas y a los poetas habla.

    El hombre jazmín es el diario de una poeta atrapada entre dos mundos, el de la vigilia y el sueño. Un espacio en el que todo es posible: lo  maravilloso y lo terrible, lo oscuro y lo luminoso, la vida creadora y la muerte

    [El que tema a la muerte que no juegue a ese juego. El que tema a la vida que no juegue a ese juego. El deseo de morir y la alegría de vivir se entremezclan de un modo horrible a los ojos de los enamorados sin futuro.]

    Unica Zürn se enamoró de la locura, de ese estado que le permitía tener tantas vidas, vivir en tantos cuerpos diferentes, ser mujer, nube o sonrisa pura.

    [Alguien me recorre en un viaje a través de mi ser. Me he convertido en su casa. Fuera en los negros paisajes en los que muge la vaca, alguien finge ser. Desde esta perspectiva, se cierra el círculo en torno a mí. El corre por dentro y me rodea desde fuera. Esta es mi nueva situación. Y me gusta]

    << yo deseaba seguir dibujando más allá de los límites del papel, hasta el infinito…>>

    Fuentes: Libro Primavera Sombría Ediciones Siruela Libro El hombre jazmín Ediciones Siruela