Etiqueta: reseñas

  • Jagger, de Carol G. Jagger (Ed. Multiverso)

    Jagger, de Carol G. Jagger (Ed. Multiverso)

    He leído y releído varias veces el poemario de Carol, y con cada lectura he tenido la misma sensación: entrar en un universo de drogas, música y algún que otro delirio, en el que me cuesta situarme; el mundo parece ser el propio mundo de la escritora, y no hay nada más allá, porque todo fuera es podredumbre y oscuridad.

    El libro, según se nos indica en la contraportada, versa sobre un período de la vida de una mujer con sus adicciones y pensamientos propios. Unos meses en su vida con sus amores, sus ideas, sus enfermedades y sus peculiaridades, comunes. En cierto modo, eso puede ser cierto: quién no ha coqueteado con las drogas alguna vez, quién no ha sentido que no encaja en este mundo. Y quizás por eso, se busca el falso paraíso de las pastillas, la cocaína, las drogas en general, para vivir en otro mundo alejado de la realidad.

    tapada con una toalla

    escuchando a Mason

    solo la cocaína me ayuda

    estoy tan mal

    he dormido tanto

    la cabeza me va a estallar

    no sé cómo he aguantado tanto

    El libro, en cierto modo, recuerda el estilo de Bukowski o Houellebecq, como artistas a la hora de retratar el dolor o el sufrimiento de los más desesperados, de los perdedores, de los marginados, hablando abiertamente de y desde sus adicciones, rozando la provocación, con un lenguaje directo y a veces quizás hasta soez, rompiendo ciertos moldes de la poesía. Así, Carol intenta llegar a ese punto provocativo, sin caer en adornos de «belleza»; con crudeza y sin eufemismos, desnuda un interior maltratado y narcotizado, que hace sentir casi en la piel el desengaño por el mundo, la maldad y la fealdad de las personas y de la humanidad en general.

    Carol G. Jagger

    No sé de este miedo a la locura

    si los veis cerca

    si os asomáis un poco

    veréis tremenda locura vestida de traje de ideas y de paganismo

    todo falso

    todo mierda

    todo personas contra personas

    lobos que no saben aullar

    Fragmento poema 20

    Más allá de ciertas palabras que pueden llegar a desconcertar, hay un trasfondo triste en todo el poemario. Un trasfondo de soledad extrema, de desesperación y de no saber hallar la salida adecuada. Así, todo ese vestido de drogas, música y festivales no parece más que una cortina de humo para esconder la verdadera vulnerabilidad de la autora, si inmensa tristeza y desesperanza. Como el que busca en la una raya de cocaína, la sonrisa que no es capaz de dar por sí misma.

    El desengaño me parece el denominador común en todos los poemas, un desengaño que se convierte en una herida perenne que nunca encuentra su cura. De ahí que la música y las adicciones se transformen en una tirita, un parche, para tapar ese dolor. Pero no nos engañemos: el dolor seguirá ahí cuando la noche termine, cuando el concierto se acabe. Es tal el descontento y la frustración, que ni en el amor puede ya creer.

    A mí con las palabras me basta

    con las frases de aquellos que no quieren decir

    pero lo dicen

    y bajo el siguiente escalón

    y es más jodido

    Llegará el punto que te enamores

    y te mueras

    Ciertamente, detrás de estos poemas que de entrada pueden parecer fríos, duros, soeces o vulgares, hay sentimiento, y eso es valorable. Se ve tras los versos un pequeño corazón quebrado que cree necesitar ayuda química para poder resistir la vida. Sólo con el uso de drogas y música parece estar bien, pero se sigue sintiendo el sufrimiento, si cabe aún más intenso, a pesar de recurrir a ayudas externas para poder seguir dando latidos.

    En esa espiral de conciertos, enfermedades y adicción, hay algunos poemas que dejan entrever cierta sensatez, abatimiento y fragilidad.

    en mi pelo cano no veo madurez

    sólo años

    no veo aliento ya de ninguna clase

    me deprimo cada vez con menos fuerza

    y nunca lloro

    yo soy el cartón que hace la casa

    soy aquel momento que tu salud se quebró

    y no le puedes pedir a alguien como yo

    que se cuide

    es incapaz

    en eso sé

    que estoy enferma

    Basándome en mis lecturas del poemario, me quedaría con la idea que hay madera para hacer un buen libro de poesía; pero a este poemario le falta cierto recorrido. Y es que a pesar de algunos poemas que parecen aportar más bien poco, hay otros que destacan por su profundidad, por su sentimiento puro; e incluso me atrevería a decir que es en esos poemas donde encontramos a la verdadera Carol, sin artificios, sin substancias que adulteran su visión de sus propios sentimientos.

    Él ha sido la frontera entre tu [sic] y yo

    y rezaré por todo el mundo

    menos por ti

    se acabó

    y no es porque tu pelo ya este [sic] trenzado de blanco

    y tos ojos discutan con el papel

    es porque ya no te quiero

    y tuvieron que pasar cientos y cientas

    miles de días a solas

    y el hundimiento

    porque lo siento

    En definitiva, el que se adentre en Jagger encontrará una serie de poemas envueltos en una neblina de drogas, descontrol, delirios y música que quizás pueden dejar un poco fríos, despertar cierto rechazo por el lenguaje tan crudo y directo que se usa, puede que porque no estamos del todo acostumbrados. Si bien algunos versos pueden llegar a emocionar, el sabor general que me queda en los labios después de leerlo y profundizar en él, es el de una soledad extrema, un desengaño cruel, y ganas de sobrevivir, pero sin saber muy bien cómo, cosa que puede llevar a la resignación, a aceptar las cosas como son y tomar el camino fácil de la evasión artificial para no ser consciente de los males reales del mundo y de la humanidad.

    Hay que tener ganas de superar la indiferencia inicial que el poemario puede despertar, para llegar a ver que, escondidas entre esas líneas a priori carentes de sentido y que poco tienen que aportar, algo más que poemas depresivos e intoxicados; emociones que también puede doler y eso, en un poemario al que parece faltarle cierta madurez y camino, es de agradecer.

    Jagguer se publicó en el año 2017, en versión Kindle. Multiversos se ha hecho cargo se la edición del poemario en papel, este mismo año 2020. Carol G. Jagger (Valencia, 1982) ha publicado recientemente su segundo poemario Catarsis.

  • Las 48 recomendaciones de Poémame durante el año 2020

    Las 48 recomendaciones de Poémame durante el año 2020

    A continuación tenéis la relación de poemarios que hemos reseñado a lo largo del año.

    La clasificación es alfabética por nombre del autor o autora de la reseña.

    • Albert Planelles

    Catalán

    1. ‘Un segon fora del dubte’ de Marta Pérez i Sierra (Editorial Gregal, 2016)
    • Carlos Asensio

    2. Manual para no invadir el cuerpo gestante

    • Hawa Morales

    3. Elegías de Duino o la terrible belleza del Ángel (Rainer Maria Rilke)

    • Hortensia Márquez

    4. Mercedes Halfon – Lámparas ideales (Ed.Liliputienses)

    • José Luis Regojo

    5. ‘¿Tienes quien te cuide la mula?’ de Thaís Espaillat (Ed. Liliputienses, 2020)

    6. ‘Botánica’ de Ashle Ozuljevic (Ed. Liliputienses, 2020)

    7. ‘Cosas comunes’ de Zel Cabrera (Ed. Liliputienses, 2020)

    8. ‘Curso práctico de invisibilidad (Casi poesía 2000-2020)’ de José María Cumbreño (Ed. Liliputienses, 2020)

    9. ‘Dafen: dientes falsos’ de Pierre Herrera (Ed.Liliputienses, 2020)

    10. ‘El vaquero sin agua en la cantimplora’ de Rafael Espinosa (Ed. Liliputienses, 2018)

    11. ‘Jardín interior’ de Claudia Campos (Ediciones Liliputienses)

    12. ‘La escuela, el castillo’ de Tamara Domenech (Ed. Liliputienses, 2020)

    13. ‘Música para monstruos’ de Rafael García Godos Salazar (Ed. Liliputienses, 2020)

    14. ‘Norcorea’ de Kevin Castro (Ed. Liliputienses, 2018)

    15. ‘Ouija’ de Raciel Quirino (Ed. Liliputienses, 2020)

    16. ‘Perro de aeropuerto’ de Claudio Burguez (Ediciones Liliputienses)

    17. ‘Poemas idiotas’ de Ismael Velázquez Juárez (Ed. Liliputienses, 2020)

    18. «Escardillo» de Salo Mochon (Ed. Liliputienses)

    19. «La llama de la poesía quemarse» de Francisco Garamona (Ed. Liliputienses)

    20. «La muerte de la televisión no será televisada» de Emersson Pérez (Ed. Liliputienses, 2020)

    21. «Novedades: ayer» de Elena Román (Ed. Liliputienses 2020)

    22. «Vudú desde la habitación de al lado» de Mamen Solanas

    23. Colección Proscrita de poesía

    24. Disentimientos de la nación, Javier Raya ( Ed. Liliputienses, 2020)

    25. EL CANTO Y LA HERIDA. Aproximación a la poesía popular de la mujer iraquí (Abdul Hadi Sadoun, Ed. Verbum)

    26. Informe de logros (poemas 2000-2019), Guillermo Rebollo-Gil (Ed. Liliputienses 2020)

    27. Juan Romero Vinueza: ‘39 poemas de mierda para mi primera esposa’. Ediciones Liliputienses. 2020

    28. Sin más amigos que las montañas, de Behrouz Boochani (Rayo Verde ed.)

    Catalán

    29. Camí de Cavalls, de Noemí Morral (Voliana Edicions, 2019) 

    30. ‘La fortalesa del gram’ de l’Albert Planelles (Témenos edicions)

    31. ‘Gàngsters, ploma i vaudeville’ de Marta Pérez i Sierra (Ed.Gregal 2018)

    Inglés

    32. ‘Puntos para una rosa de los vientos’ (ed. bilingüe) de Evan S. Connell (Godall Ed. 2020)

    • María Prieto

    Gallego

    33. “Mar de chuvia seca” María José Viz Blanco (Editorial Neopatria. 2020)

    • Mercedes Gascón

    34. Palabras como vértebras, de Amanda Gamero, Ed.Oblicuas

    • Rafa Aranda

    35. «Recetas y relatos de un año bisiesto» (José L. Regojo y David Sadurní, Ed. Autografía)

    • Rebeca Tejedor

    36. PATRICK.M. 2019 BORIA EDICIONES

    • Unai Amundo

    37. Luz. Ahora y siempre, de Lucía González Gómez

    • Ze Pequeño

    38. Los versos de Rraffa: Poesía en sueños, sueños en poemas

    39. Reverso, de Neus Gili Massagué (Ed. Olé Libros)

    40. La Mala Sangre, Poe Afónico. (Letras Cascabeleras, 2018).

    41. Huir, de Xavi Rossell (Ed. Lastura)

    42. La luz y la tinta, de Angi Expósito (Ediciones Vitruvio)

    43. Pánico a las esferas invisibles, David Jiménez

    44. Sombra con dos cuerpos, de Rafa mellado (Ed. Multiverso, 2020)

    45. El Camino de Angi, Abel Santos (Poémame Editorial, 2020)

    Catalán

    46. Bacs de vidre, de Carles Alòs (Ed. Germania, 2012)

    47. Brodats de seda, de Júlia Badal (Comte d’Aure)

    48. Cinc Poemes de la Felícia Fuster

  • El Camino de Angi, Abel Santos (Poémame Editorial, 2020)

    El Camino de Angi, Abel Santos (Poémame Editorial, 2020)

    El Camino de Angi, el nuevo libro de Abel Santos, publicado por Poémame Editorial, nos abre la puerta a un registro distinto; si bien Abel es conocido por ser el creador del llamado «Realismo Bastardo», en este poemario nos muestra ese lado del corazón más personal, su lado más romántico y emocional; pues El Camino de Angi recoge en sus 51 poemas, una de las historias de amor más poéticas y preciosas:

    […]

    Te digo: -Mira el mar, amor,

    es casi tan hermoso como tus ojos, casi,

    porque lleva poco tiempo en esto,

    y está empezando a reflejarse en el infinito.

    Con la mirada me respondes:

    -Si abres así tu corazón

    es posible que la luz dure para siempre.

    -Hasta el miedo es hermoso desde que estamos juntos

    Con ese estilo tan característico de la poesía de Abel, tan cotidiano, siempre con las palabras justas, tan cercano, se abre antes nuestros ojos la historia de amor del poeta con Angi, su compañera, su amiga, su musa. A través de los poemas se van sucediendo episodios de su vida y, como si fueran puntos, los vamos uniendo página a página, de manera que el dibujo final es un camino recorrido de la mano. Y cerramos el libro sin que quede ningún punto suelto.

    El libro está tejido con momentos de esa relación. Instantes sencillos y cotidianos que devienen en poemas ordenados cronológicamente; 51 poemas que nos cuentan esa bonita historia a través de la percepción propia del poeta, la de su emoción y su amor.

    A Angi y a mí nos gusta

    ver películas de dibujos,

    la casa iluminada por la Navidad,

    sentirnos emperadores

    ante un plato de sopa caliente y una tortilla,

    o porque me emocioné

    cuando ella me escribió una carta

    el día que celebramos nuestro amor.

    -Nada tan tierno como la auténtica feurza.

    El Camino de Angi

    Siempre he pensado que la poesía de Abel, si es algo, es sincera y, a su vez, sencilla. Dos adjetivos que en parte lo definen también a él como persona. Y aquí la transparencia es, una vez más, absoluta, de manera que el lector siente esa sinceridad, ve que el poeta abre la puertas de su casa, de su intimidad, para mostrar al mundo que, de puertas para adentro, se puede ser inmensamente feliz si es el amor el que nos acompaña.

    La vida del poeta, su trabajo, su día a día, sus rutinas… todo aquí gira alrededor del amor y la devoción del poeta por su compañera, también por cierto, prologuista del libro.

    Así, el poemario se convierte en una especie de diario en verso en el que, a través de los poemas, vivimos la primera visita a los padres de ella, el primer malentendido de la pareja y la primera reconciliación, el primer piso juntos, la convivencia, el matrimonio… e incluso algún episodio difícil que hace todavía más fuerte la unión de ambos:

    Desde esa mañana

    somos dos poetas que van a quemar

    la esperanza, todas las opciones,

    hasta el último aliento.

    -Este sueño que somos

    No alejándose del todo de su línea poética habitual, Abel da cuenta en los poemas de cómo Angi también ha sido parte, y una parte básica, de su salvación:

    Si no fuera por ti

    que me salvas literalmente la vida

    manteniéndome sobrio,

    quizás pensaría que le vendí mi alma

    al nombre abstracto equivocado.

    […]

    Y la historia, mi vieja historia,

    ya sólo es una mancha en el asiento

    del tren del futuro.

    -Yo de ti mi sangre para que mi sangre sobreviva

    Abel Santos

    Igualmente, pasajes que nos abren la puerta a pequeños momentos de ternura que, siendo tremendamente sencillos, se convierten en momentos cómplices, eses momentos que nos hacen pensar que son dos personas en su propio mundo, que su amor es tan fuerte, que no importa lo que ocurra fuera, porque puede con todo:

    […]

    preparo unos bocadillos y algo de fruta

    y lo cargo todo en mi vulgar mochila de diario

    y espero a mi futura mujer

    a que salga de trabajar en la librería

    y comemos, sencillamente, tirados en la hierba,

    bajo la promesa del verano.

    -Te dirán que no te vayas los juglares

    Un detalle que me ha gustado mucho del libro, y creo que dice mucho sobre los sentimientos del poeta, es el círculo que configura con sus poemas, que acaba cerrado; una pregunta al principio del libro que el propio poemario nos contesta al final, demostrando que el amor está ahí, que empezó dudoso, pero que se ha ido haciendo más y más fuerte, disipando cualquier asomo de duda: es a ti a quien quiero, a ti.

    En uno de los primeros poemas del libro, Lo que hace el amor, donde es cierto modo se nos presentan a los ‘personajes’, nos cuenta lo siguiente:

    la dulce poeta que dudaba si su piel

    era mi libro favorito,

    y veía inalcanzable

    el momento que yo saborearía

    el perfume curativo de sus dedos.

    Yo

    el pobre poeta que sólo llevaba enicma

    la palabra esperanza, la palabra

    que no encontraba

    cuando creyó caer

    en el raro vacío de tu desamor.

    Al final del libro se nos confirma que cuando el amor llega, no hay manera de evitarlo, y cala tan hondo, que se convierte en todas las respuestas y da sentido a todo. El poema El principio de todo nos lo dice. Y no sólo eso, este último poema cierra un episodio de sus vidas y, a su vez, se convierte en el principio de todo, en el inicio de un nuevo camino juntos:

    Porque desde que aprendí

    en esta espiral sin más fuerza que la del crecimiento

    a leer y a escribir y a amar de verdad las palabras

    la soledad ya nunca puede ser

    el vacío

    o

    la nada.

    Sobre todo ahora, que tu piel

    se confirma para siempre como mi libro favorito

    al despertar el día de nuestro aniversario,

    cuando te acercas a mí y yo sé que sonríes,

    mientras levanto la mirada,

    dejo de revisar mis papeles,

    y nerviosa y feliz y dulce, por fin, me dices:

    -Amor.

    Estoy

    embarazada.

    Quiero terminar este pequeño artículo con unos versos que, para mí, son la conclusión del poemario; lo que Angi ha significado, y significa, para Abel, lo que su camino juntos ha sido y es para su corazón y para su vida.

    Si esto fuera un camino peligroso -te digo-

    tendría peligro, y me iría a beber

    (pese a que nunca me ha gustado el fútbol),

    pero esto es El Camino de Angi,

    y aquí los sueños se cumplen, estoy en París,

    contigo, soy feliz en el mundo,

    todo puede ser.

    -París es una fiesta

    El Camino de Angi es un libro perfecto para darse cuenta que el amor de verdad existe, que no hace falta mucho más que unos ojos enfrente que te miren, te amen y te comprendan, para que la vida se convierta en un viaje a París sin fecha de regreso.

  • Sombra con dos cuerpos, de Rafa mellado (Ed. Multiverso, 2020)

    Sombra con dos cuerpos, de Rafa mellado (Ed. Multiverso, 2020)

    Sombra con dos cuerpos es un poemario de desamor primero, de amor después. De desamor herido que parte en dos, y de amor a uno mismo después de ese desamor.

    De hecho, el primer poema, casi colocado a medida de introducción, nos proporciona una sutil pista: Léucade. Inevitablemente, viene a la mente el mito del Salto de Léucade. Afrodita, rota de dolor por la muerte de Adonis, su amado, fue a pedir consejo a la Pitia de Delfos. Esta le aconsejó que llevara a cabo el salto de Lécuade: lanzarse al mar desde uno de sus blancos acantilados. Así lo hizo Afrodita, saltó y poco después reapareció sobre el mar, curada del mal de amor. No fue Afrodita la única que curó su mal de amor en los acantilados de Léucade, pero muchos de los que lo intentaron, no sobrevivieron. Sobrevivir significaba olvidar a la persona cuya falta causa tanto dolor. Quizás también significaba empezar a aprender a amarse uno mismo.

    El poemario aparece dividido en cuatro secciones o partes: Serie B, Aquel juego, No quiero verte, y Los que fuimos.

    Para empezar, nos encontramos con Serie B; un conjunto de nueve poemas breves en los que se nos habla de un amor tóxico, de bajos deseos, de uso, de cierta perversión. En el amor no todo es bonito, hay esa parte oscura, esa parte de usar a la persona hasta, casi, llegar a absorberla y anularla

    De las cosas nimias que le oculto

    se ha formado la certeza

    de un amor voluble.

    Fragmento de Ha llegado.

    El amor no siempre es estable ni trae siempre cosas buenas. El autor nos muestra, en esos nueve poemas, de la parte más oscura del amor, su cara b, su lado oscuro.  Atracción, deseo sexual, decepción, dolor. Incluso podemos entrever cierta crueldad.

    que sus orgasmos son fingidos, y

    que le revienta el aire

    que respira.

    Fragmento de No la toco.

    Cobra protagonismo el físico, la piel, el cuerpo, el tacto. Esta segunda parte, igual que la anterior, conserva un tono como de reproche y herida hacia el amor. De hecho, se entrevé cierto halo de insatisfacción, de decepción. Esto hace pensar en alguna herida que no ha terminado de curar, y esos digamos recuerdos, esas experiencias primeras no dejan más que un mal sabor en la memoria; son el inicio de todo, el inicio del dolor y de la frustración. Es aquel juego en el que al final siempre suele haber un perdedor.

    Campamento de primeros besos

    Éramos jóvenes y etéreos. Dos semanas

    de campamento

    de primeros besos. Con la lima

    del cortaúñas acuñamos tus iniciales y las mías

    en su acorazonada corteza. La sombra del árbol

    no volverá a echar raíces. Los pájaros

    no tendrán casa.

    De algún modo, es como si el amor, las relaciones, fueran algo inestable que han aportado dosis de ira, de frustración y de desengaño. Hay que librarse de todo ello para sanarse. Hay que saltar por el acantilado para renacer siendo de nuevo uno mismo.

    Rafa Mellado

    Siguen diez poemas que, en cierto modo, siguen la línea de los anteriores con una sutil diferencia, que en cierto modo se desvela en el título de esta sección del libro No quiero verte. Aparece una voluntad del individuo; como si empezara a tomar conciencia que necesita estar consigo mismo, reencontrarse y empezar a cicatrizar de algún modo. Empezar a olvidar la otra persona para poder empezar a recordarse a sí mismo.

    Se acaricia

    El valor no es algo

    aleatorio,

    entrenable en el cuadrilátero de la esquina.

    El valor es algo

    que se acaricia como arma de filo

    que se acaricia.

    Cae luz sobre su imagen como una cacería:

    virgen negra tallada por un ciego, encarnado

    abismo.

    Las costillas de adán, la bilis

    vetean su piel. Surge

    su zarpazo.

    Es quizás la parte más humana del libro, la parte en la que el autor se desnuda y muestra lo que realmente siente y lleva por dentro, en cierto modo, como una penitencia.

    Finalmente llegamos al instante en que todo eso ya es pasado: Lo que fuimos. Cuarta y última parte del poemario. Doce poemas que aportan una sutil calma después de las batallas anteriores.

    Yacemos junto al mar. De fondo,

    lo oímos como un silencio

    en esta habitación amarga

    después de ti y de nosotros.

    -Fragmento de Compararnos con los que fuimos.

    Vemos en estos diez poemas que empieza a haber una cura, una despedida, un romper con lo anterior para volver a ser uno mismo, libre de ataduras y de cuerpos ajenos ensuciando nuestra propia sombra.

    Pienso en finales

    apocalípticos y en la tiranía de tu sujetador, que te

    cae del hombro. Te has puesto bocabajo: una

    plaga de langostas saliendo de tu nuca. Imagino

    como será sobrevivirte y caminar por los campos

    de cosechas arrasadas.

    -Fragmento de Sobrevivirte

    Al fin y al cabo, después de la intensidad de todo el poemario, de las luchas, de las heridas, el objetivo es sobrevivirte, salir vivo y continuar la vida siendo uno mismo, individual.

    En este sentido, quiero destacar uno de los poemas que corona todo el ciclo amoroso, de desamor, y de recuperación que nos narra el poemario:

    El beso

    Recordando el beso

    por una mujer aquí, antes

    de abrir los ojos.

    Abrir los ojos y verse, ver la realidad, ver lo que uno es. Último recuerdo, aparcar el dolor, dejarlo atrás, antes de revivir.

    Tomando un plano genérico del poemario, observamos que todo él es una herida que se hace, se le echa sal, se le clava el puñal hasta que sangra incluso la propia cordura y voluntad. Pero al final esa herida reconoce la cura: el olvido, el abrir los ojos. El abrazarse a uno mismo y recuperarse.

    Es un poemario intenso repleto de metáforas que nos muestran la parte más oscura del amor, las espinas que esconde bajo los pétalos rojos (rojo sangre). Un poemario que cura; cualquier persona que haya amado podría sentirse identificada con muchos de los poemas y, gracias a eso, al proseguir con la lectura, se podría llegar a la sanación de la herida.

    Una lectura que se clava en las entrañas, en parte quizás por el lenguaje visceral que se utiliza en muchos de los poemas, la fuerza de las palabras que parecen salir del fondo de la misma herida; un poemario que abre los ojos, y que puede incluso lograr arrancar la venda que a menudo nos cubre los ojos cuando se trata de amor.

    Rafa Mellado está vinculado al mundo audiovisual, trabajando como camarógrafo en diferentes programas, ocupándose de la fotografía en diversas producciones, e incluso ha impartido cursos de iniciación cinematográfica. Sombra con dos cuerpos es su primer poemario.

  • Pánico a las esferas invisibles, David Jiménez

    Pánico a las esferas invisibles, David Jiménez

    Cuando una se halla ante este libro, no sabe muy bien qué se encontrará; poemas, relatos, cuentos. Y efectivamente, en este libro hay relatos, hay poemas… e historias. La idea que queda por encima de todo el libro, es que es un libro hecho de historias donde encontramos personajes más bien miserables, fracasados, algún triunfador asoma la cabeza, pero con un trasfondo translúcido y sospechoso.

    De hecho, lo primero que encontramos al abrir el libro es una cita de Moby Dick, de Hermann Melville: “Y si bien en muchos de sus aspectos este mundo visible parece hecho en el amor, las esferas invisibles fueron creadas en el terror.” Esta frase ya nos deja cierta inquietud y, a su vez, cierta tristeza. Así, nos adentramos en el libro con las emociones despiertas y los sentimientos atentos.

    Lo primero que llama la atención de este libro, una vez terminada su lectura, es la cantidad de referencias al mundo del cine y de la música. No en vano David es guionista de la Escuela de Cine Gonzalo Mejía, en Colombia, y un gran melómano. Personas como Leonard Cohen, Nick Drake, Bob Dylan, Nacho Vegas, Nick Cave, Davi Bowie, Nacho García, Joaquín Sabina, Jeanette, Christina Rosenvinge, Amy Winehouse, Jackson C. Frank y su Marlene o Gene Kelly, Jack Kevorkian, Jean Pierre Jeunet, películas como El Llanero Solitario, o El planeta de los Simios… todos se encuentran en algún momento del libro, ya sea a a través de sus canciones, sus discos, imágenes, frases… De hecho, muchos de estos personajes se dan cita en el relato Un Sueño. Donde muchos de ellos aparecen, desde el mismo Dios con un grupo de Jazz, hasta Sinatra o Cohen con su Lorca y su Suzanne.

    Aparte de estas referencias directas, encontramos guiños sutiles a autores y músicos: encontramos un claro recuerdo de los poemas de Raymond Carver en el poema titulado Miedo:

    Miedo al consumismo.

    Miedo a la revolución.

    Miedo al odio disfrazado de empoderamiento.

    Miedo a perder los sentidos.

    La vista:

    Cuando se contempla una injusticia.

    El oído:

    Negándose a oír una petición de ayuda ante un abuso.

    La voz:

    Si se deja morir en el silencio la verdad.

    Miedo a perder el miedo.

    David Jiménez

    Este podría ser quizás uno de los relatos más críticos de todo el libro, con una profundidad arrolladora que invita al lector a reflexionar casi de manera inconsciente; un poema de esos que quedan clavados por dentro, y van mordiendo poquito a poquito el corazón y la conciencia. Si perdemos el miedo, perdemos la consciencia, la realidad. Dejamos de ser sensibles a lo que nos aterra para pasar a ser indiferentes y, por ende, no darnos cuenta de lo que se debe cambiar.

    A lo largo de todo el libro, encontramos una mezcolanza de emociones intensas, desde el amor y la ternura,

    Y te quiero con una magnitud tan profunda

    como la del abismo del que me ayudaste a salir.

    -Fragmento de Marcela

    hasta el asco más profundo:

    Pienso en todo lo que escuché o vi durante el día y me invade un asco parecido al del hombre que limpiaba el vómito.

    Un alivio que el sueño venció al asco.»

    -Fragmento de Criaturas despreciables.

    Algo que llama la atención es que me ha parecido intuir un trasfondo crítico con la humanidad, con la manera de vivir. En el relato Sala X, por ejemplo, al autor nos viene a mostrar que los humanos, muy a menudo, no ponemos interés en las cosas que no nos afectan a nuestra vida o a nuestra persona de manera directa. Aunque sangre, no nos afecta. Simplemente lo tiramos, o miramos hacia otro lado, y seguimos con nuestra vida como si nada hubiera pasado.

    En general, son poemas y relatos que ponen de manifiesto la sordidez humana, la parte más oscura de las personas. Suelen aparecer personajes fracasados, con vidas duras y arrastradas, que intentan seguir con su vida casi sin ser conscientes del todo de la miseria que llevan consigo.

    Me llama mucho la atención en este sentido, el relato Anestésico. De entrada nos presenta una descripción magnífica de un parque, el Parque Berrio, con las personas que configuran el paisaje del parque y, entre ellos, un vagabundo que ha resultado herido. El hombre parece desangrarse en el centro de un grupo de curiosos, y lo que hace es sacar un bote de pegamento del bolsillo, esnifar, y ponerse a reír. Cuando uno pierde consciencia de lo que hay alrededor, es cuando sonríe; cuando se aleja de la realidad, es cuando sonríe.

    Esta visión, podríamos decir pesimista, de falta de esperanza, se extiende por muchos de los relatos y personajes que configuran el libro. En sentido amplio, desde la completa humanidad, hasta un sentido más concreto, su propia ciudad, Medellín, que casi nos sirve de escenario para los relatos del libro.

    De hecho, cobran mucha importancia las personas en toda la obra: las personas y sus vidas son la columna vertebral del libro, a partir de las que se nos muestran diferentes situaciones y emociones. En este sentido, es bastante fácil empatizar con ellos, y eso hace que el libro llegue a conmovernos realmente en varios fragmentos.

    Cada relato, cada poema, es una pequeña ventana desde donde podemos ver quizás la parte más oscura, más sórdida, más triste, de las personas y del mundo.

    El egoísmo se nos aparece en Gafas de sol, la decepción en 25, la demagogia toma forma en el poema Puedes decir, la fragilidad humana se asoma en el relato Espejo.  El asumir que muchas veces no nos damos cuenta de las cosas que realmente podrían hacernos felices, esa felicidad pequeña que a veces buscamos y no sabemos ver, aunque la tengamos delante, es una pequeña lección que aprendemos en el relato Una chica lleva un pastel.

    Pero no todo se queda ahí. En el libro, David encuentra la manera de mostrarnos que todavía hay amor, que todavía hay ternura, y que realmente, somos criaturas frágiles que necesitamos amar y ser amados, comprender y ser comprendidos y, por supuesto, no desfallecer en la lucha por la supervivencia, como podría ser el caso de Criaturas Apreciadas, poema que nos muestra la importancia cabal de superar los miedos, la incomprensión, el abandono, y ser capaz de reponerse y seguir luchando, con los recursos que nuestra propia persona nos proporciona.

    Poemas de una ternura infinita como es el caso del poema Kira:

    Kira descansa sobre mis muslos

    y respira de manera casi imperceptible,

    con el cabello negro disperso

    como una copa de oscuridad volcada sobre el cielo.

    Yo la contemplo desde mi palco.

    Le susurro un te quiero

    casi tan bajo como su respiración.

    O la declaración de amor en el poema que ya hemos mencionado con anterioridad, Marcela.

    El alma del autor se deja ver en varios de sus poemas y relatos. Hay fragmentos en los que su interior asoma de una manera clara, perlas de una intimidad e intensidad emocional que no dejan indiferente al lector. En este sentido, quiero destacar uno de los, poemas, El Desencanto, que podría ser de los más íntimos, de los más dolidos y desgarrados, donde el autor muestra su caída frente a los recuerdos, al son de las canciones de Nacho García. Y es que, como buen melómano que David es, no puede evitar que mostrar que las canciones a menudo sean puertas hacia uno mismo.

    En definitiva, se trata de un libro tremendamente variopinto por lo que respecta a los personajes que protagonizan la mayoría de sus relatos, pero a su vez, hay una unión entre todos los textos, un hilo conductor que nos lleva desde el pesimismo por el mundo, por la humanidad y por su propia ciudad, Medellín, hasta un pequeño asomo de esperanza como sería Renacer; un texto donde una mujer con un pasado no muy afortunado, ha logrado ser feliz. La lección es importantísima: el pasado no tiene que marcar el presente y mucho menos el futuro. Estamos todavía a tiempo de hacer un pequeño cambio. Quizás es que realmente existe un pequeño rayo de luz que pueda colarse entre las grietas de la vida.

    Un conjunto de relatos y poemas, editado por Fredy Chaverra y Raúl García (2018, con una segunda edición de 2019)). Escrito en un lenguaje coloquial y cercano, nos lleva a sentir, a abrir los ojos, a darnos cuenta, a despertar, a creer, a pesar del áurea de pesimismo que en cierto modo rodea sus textos. Un libro recomendable para, a través de la desesperación, darnos cuenta que quizás no hay que desesperar todavía…

    David Jiménez (Medellín, 1993) es guionista de la Escuela de Cine Gonzalo Mejía, de Colombia. A su vez, es comunicador en Macondito, una organización para ayudar a los niños campesino hijos de excombatientes. Pánico a las esferas invisibles es su primer libro, pero me consta que ya está trabajando en un segundo que bien pronto verá la luz.

  • Luz. Ahora y siempre, de Lucía González Gómez

    Luz. Ahora y siempre, de Lucía González Gómez

    Lucía González Gómez (Tolosa, 1996) es poeta, estudiante y en sus ratos libres, toca el piano. Su primer libro de poesía lo publicó cuando contaba 23 años, de forma independiente y a los jóvenes amantes de la escritura, la poesía en general, nos llegó con una buena dosis de sorpresa y felicidad.

    Entrando en el poemario, cualquiera que lea el libro, como bien indica el título de la obra, se encontrará con algo impactante y poco común en la actualidad: luz. Una corriente de energía poética capaz de iluminar el alma y, por si fuera poco, también la mente.

    El poemario es un conjunto de setenta y nueve escritor breves que vienen a ser unas memorias de sus experiencias vividas, y consiguen atrapar y transportar al lector a su «yo» más íntimo, abriéndose así al mundo, mostrando sus sentimientos, sus sueños, sus pensamientos… dejando un claro mensaje: esto soy yo. De este modo, con esta cercanía y esa muestra de confianza, consigue que el lector se introduzca de lleno en su parte más íntima a través de versos, poemas, reflexiones e incluso algunos relatos, todos diferentes, y de diferente temática, pero con la propia autora como denominador común, cobrando mucho peso la idea de cómo es de necesario quererse a una misma.

    La revolución

    no es sino

    una manera de reivindicar el amor hacia una misma, entre otras cosas.

    Revolución

    La única esperanza para mí

    soy yo misma.

    Ni tú

    ni nadie,

    yo.

    Tal cual

    Cabe destacar que algunos de sus textos consiguen llamar la atención por el uso de un lenguaje que tiende a coloquial, cosa que no es muy frecuente en el mundo de la poesía en general. Con eso, consigue un efecto de impacto en el lector:

    Tengo tanta rabia dentro

    que sería capaz de reventar

    tu cámara acorazada de un sólo puñetazo

    y así llegar a tu jodido corazón.

    Sería capaz

    La ausencia de verdades en tus palabras,

    hicieron de este corazón un armageddon.

    Bom

    Lo que hace especial este libro y, por ende, a su autora, es la diversidad de temáticas que aparecen: se pueden encontrar textos de carácter social y reinvindicativos como No a la ignorancia, please, o Ni una más, también versos más filosóficos, Despierta o Sol(edad) en ti; de anhelos e inquietudes más profundas, No es real, A mi yo del mañana; y, por supuesto, de amor/odio, como podría ser Fuego en el alma o Bocas.

    Sólo cuando la soledad te abrace,

    sólo cuando mires alrededor

    y no veas más que el vacío

    y sólo te veas a ti,

    contigo mismo,

    sólo entonces apreciarás lo que tienes,

    sólo entonces apreciarás realmente la soledad,

    sólo entonces te apreciarás a ti mismo.

    Sol(edad) en ti

    Le dijeron que si seguía jugando se iba a quemar,

    y ella, brava,

    desafiante,

    jugó hasta que el fuego la consumió.

    Fuego en el alma

    En definitiva, adentrarse en Luz. Ahora y siempre es entrar en gran medida a uno mismo; la autora logra un efecto espejo para cualquier lector.

    Para terminar, dejo una pequeña muestra de lo que podréis encontrar en este poemario:

    Leer para saber,

    para no ser ignorantes,

    para conocer,

    para tener alas y ser libres.

    Leer para creer,

    para sentir,

    para vivir,

    leer para escapar y conseguir una historia más.

    Qué maravilla es leer y ser leído

    Tiene que haber un mar entero

    en esos ojos verde aguamarina

    salados

    que me curan tanto.

    Mares

    Calla y disfruta del silencio,

    calla y escucha,

    porque el silencio también nos habla,

    y nos dice más que nadie,

    más que nada.

    Escucha

    Los locos son,

    los únicos

    que nunca pierden

    (la cordura)

    Hay que estar muy loco

    para mantenerse cuerdo

    en este mundo tan absurdo.

    Nada más que añadir
  • Bacs de vidre, de Carles Alòs (Ed. Germania, 2012)

    Bacs de vidre, de Carles Alòs (Ed. Germania, 2012)

    Bacs de vidre és un poemari viu que alhora explica la vida de manera transparent i senzilla; cada poema, una petita perla quotidiana i interna que esdevenen, en conjunt, un paisatge global i únic que configura un mapa emocional i sensible, que arriba a tocar l’ànima amb una suavitat paradoxalment intensa i sacsejadora.

    Els instants s’asseuen amb calma en cadascun dels seus versos, mostrant diferents emocions que hom pot arribar a sentir al llarg de la vida, en cada vivència que potser podria passar desapercebuda en una rutina massa accelerada, però en Carles sap agafar aquests instants i eternitzar-los en el bagul de les emocions i els sentiments.

    XIX

    Els abellons regolfaven aigua.

    Duiem el parabrisa trencat.

    Arribaren els veïns amb una estranya tendresa.

    La pedra queia amb violència,

    el vent xiulava indecís.

    La porta estava junta,

    ens era difícil entrar.

    Dúiem les mans plenes de pecats;

    la luxúria i la ira destacaven.

    Les mans plenes de fang,

    quina gran dissort!

    No érem nosaltres els que reflectia l’espill.

    L’hivern arribava a la seua fi,

    el sol entrava amb timidesa.

    Posàrem unes flors a l’estació d’Algemesí,

    mai més no tornaríem a veure’t.

    Malgrat semblar potser a primer cop de vista un poemari de records o instants, les emocions en els poemes más molt més enllà; entren dins la pell fins arribart a acariciar l’ànima amb una suavitat serena i a la vegada intensa. Versos com Els teus cabells, els teus dits, els teus pits. Tot cabia a les meues butxaques, ens mostren una tendresa i una immensitat que apareix de manera recurrent en tot el poemari.

    La importància del tacte, dels sentits, pren forma de manera subtil però amb una magnificència que arribar a esborronar l’ànima: El collar era un pretexte per acaronar-te el coll, per afonar els dits al fang primigeni, perquè sovint el tacte gairebé imprecís pot arribar a eriçar la pell.

    Observem, per exemple, en el poema XXI, com un petit mos engloba la magnitud de l’amor en un gest, en un petit mos:

    XXI

    Em vaig pegar la volta, sense adonar-me em pegares un mos.

    Em xorrava un riuet de sang, símptoma de la meva vivesa.

    Els claudàtors s’obriren, la rosada fou molt suau.

    Em pegares un mos i et vaig demanar que me’n pegares un altre,

    tots els camins de la vida en un bri de sang.

    Tots els itineraris.

    Sensualitat, desig, tacte, sentits, amor… tot això es dóna cita en aquest poema de sis versos. Una mostra de la destresa del poeta a l’hora de mostrar els sentiments i les emocions.

    Bacs de vidre. Germania, 2012

    Una cosa que em crida l’atenció, i crec que cal destacar, és la barreja de temps que es produeix en alguns dels poemes; passat i present es donen la mà a través del vincle dels sentiments i la part més humana de la persona:

    […]

    La teua cara reflectia el pesar,

    l’enyorança,

    la por a la partida.

    Què m’espera més enllà,

    què ens espera a tots!

    (Fragment del poema XXII)

    […]

    El vespre estava a punt d’arribar,

    ens vàrem adormir.

    Sabíem que no estàvem destinats a estar junts,

    una llàgrima es vessava pel teu rostres.

    Mai tornarem a ser com abans.

    (Fragment del poema XVII)

    Temps en passat i temps en present es barregen en els poemes, marcant la continuïtat del sentiment. I afegiria aquí, la connexió entre l’autor i el lector, i la resta dels humans, que podria venir donada pel canvi de la primera persona del singular a la primera del plural: tots sentim, tots sabem què se sent, l’autor introduiex al lector en el poema. Potser això és part de la màgia de la seva poesia, que ens hi veiem identificats i, poc a poc, anem fent irremeiablement, una mica nostres els poemes.

    La bellesa dels versos és innegable, les paraules justes voltades d’un lirisme que no decau al llarg del poemari, ans al contrari, ens va captivant poema a poema, fent-nos entendre que la vida està feta de petits tresors emocinals que, a vegades, poden portar-nos un somriure melancòlic, però també un deix de tristor o amargura. Això ens ho mostra de manera magistral en el poema LII, el poema que tanca el llibre:

    LII

    El parabrisa s’havia trencat,

    els cristalls plens de petites gotes.

    La tronada ens engolia;

    l’aire humit, el cel tapat.

    Un presagi, tal volta?

    El nostre amor surava enlaire,

    anava avalotat, violent.

    Les sureres immòbils,

    la boira espessa.

    L’atmosfera carregada,

    les agulles elèctriques.

    On és tot el que he deixat enrere?

    Barrancas, verdolagues, mots, pitets.

    La meua mà s’acomiada.

    Adéu-siau. Camins, pedres,

    caixons, fanals, cistells.

    No me’n puc estar de tancar aquesta petita ressenya amb dos dels poemes que més m’han captivat del llibre on, d’alguna manera, es pot sentir lleugerament tot el que el poemari té per oferir.

    II

    Tenia molta febre,

    el metge no arribava.

    Estàveu tots al meu dormitori,

    una cerimònia de defunció.

    Era menut, pregava

    amb totes les meues forces.

    M’entrareu un got de llet calenta,

    algunes galetes.

    Aquell hivern

    la mort vingué a visitar-me.

    Els llavis unflats,

    la cara enverdida.

    No tot degué ser silenci,

    un fosc presagi,

    la tensió trepidant.

    Em vaig posar de costa

    perquè no m’abastaren

    els vostres ulls.

    La tensió es mastegava,

    ploraven les parets.

    Ni una pedra, ni un bagul,

    ni una espasa.

    Ningú a qui adreçar-me,

    ningú que m’eixugarà les llàgrimes.

    XXXVI

    Arribava la tardor,

    amb el su estol de fulles caigudes.

    Fórem els monarques dels carrers,

    els arbres ens guarien.

    Un dit sobre l’altre, un amor pagà.

    Les nostres passes espantaven els anhels

    (la foscúria dormitava)

    Una mà sobre un cor,

    una matança impune.

    Bacs de vidre, en definitva, és un poemari madur, sincer, obert, i sentit que recomano sense cap mena de dubte. No us quedeu amb aquest article, el llibre va molt més enllà.

    Carles Alòs és professor de valencià, poeta i traductor. Bacs de vidre va ser el seu primer poemari. Regularment publica interessants entrades sobre poesia en el seu blog. No deixeu de visitar-lo.

  • Parabellum en flor, de J.I. Pidal Montes (Versos y Reversos, 2017)

    Parabellum en flor, de J.I. Pidal Montes (Versos y Reversos, 2017)

    Parabellum, expresión latina que nos indica que hay que prepararse para la guerra. O bien Parabellum, tipo de munición, calibre 9mm, usada especialmente durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

    Sea como sea, se nos abre una puerta que ya nos pone alerta: esto es una guerra, gente, y está siempre en su máximo apogeo, pero ojo, admitimos que la vida es sinónimo de lucha, pero también hay paz, también hay flores. Y en este libro, vamos a encontrarlas entre toda la crudeza de una realidad expuesta en todo su esplendor, sin filtros, con su mala suerte, con sus cicatrices, con sus sueños, con su dolor… y con su fuerza. Sobretodo, con su fuerza.

    […]

    Alguien que nació limpio, y a quien

    con los años se le fueron adhiriendo

    a cada centímetro de piel

    capas y más capas de tragedias, nicotina

    y combates a muerte…

    Fragmento de Miradas.

    Parabellum en flor es un poemario escrito como el que libra una batalla consigo mismo y todos sus demonios internos. La fuerza, la derrota, la lucha, la caída, la remontada, se dan cita entre estos versos, aderezados con una buena dosis de sinceridad, de pasión y de sensibilidad.

    En la introducción, escrita por el propio autor, se nos indica que la heroína, lo mismo que el opio y la morfina, provienen de la planta de la amapola. No he podido evitar, después de haber leído y releído el poemario, ver que, tras la apariencia suave de una flor, se encuentra a veces esa bala que puede llegar a ser mortal. Ver que la hay una gran fuerza que se esconde a veces tras una aparente fragilidad. Y todo esto me dirige a la portada, y la concibo casi como un buen resumen: armas, flores, corazón – lucha, paz, sentimiento.

    Con esta idea en la mente, abrimos…

    ÉRASE UNA VEZ

    Érase una vez un yonki:

    muy gastado, trallado,

    terminal,

    que dijo

    <<La heroína cuando la tienes

    es como el abrazo de una madre.

    Cuando no la tienes,

    es como el puñetazo de un padre.>>

    Abrázame, madre,

    aunque tus manos hoy

    abracen como las de padre.

    Verso libre y desnudo que nos deja en bandeja la crudeza de la que hará gala en general el poemario. Tenemos la sinceridad, la vulnerabilidad y la fragilidad del ser humano en un breve ‘cuento’. Y a su vez, contamos con la cercanía, la complicidad de alguien que te cuenta algo, que a lo largo del libro explicará cosas que ha vivido, cosas que ha padecido, cosas que ha ganado, cosas que espera. Ese lenguaje coloquial, como ‘de la calle’, para mí, le da ese punto especial de cercanía y confianza entre autor y lector.

    De hecho, el libro es como andar el camino tortuoso de la vida, que poco a poco el autor ha logrado ir allanando a base de esfuerzo, caídas, recaídas y no rendirse jamás. Los poemas aparecen, en su mayoría, introducidos por una cita, versos o fragmentos de alguna cación, a mdida de pequeña introducción. A menudo ocurre que el poema también aparece cerrado por una cita a modo de cierre. Personajes como Mijaíl Bulgákov, Leonard Cohen, José Ángel Buesa o Sofía Castañón aparece abriendo o cerrando poemas, redondeando el sentido del verso.

    Hay dos elementos que, a medida que voy adentrándome en sus poemas, se me van convirtiendo en más esenciales: la sinceridad y cierta sensación de desencanto. Pidal Montes nos habla sin tapujos de vivencias, algunas realmente dolorosas, como la pérdida de seres queridos, de las consecuencias que estas vivencias han tenido, de las ganas de calma, de la dificultad de algunas de las batallas libradas, y todo ello con una nobleza admirable. Por otro lado, el desencanto, quizás porque ha conocido uno de los lados mas oscuros de la vida, quizás porque no supo llorar cuando necesitaba hacerlo, quizás porque en algún momento de su vida alguien, o algo, se llevó sus sueños:

    […]
    Dicen que el hombre del saco
    no existe. Pues sí,
    lleva el saco lleno de sueños.
    Te arrebata las ilusiones
    por pequeñas que sean
    – incluso antes de que aprendas a soñar. –
    También dicen que los ángeles no existen:
    Yo doy fe que sí
    – todas las noches duermo con uno. –

    Fragmento de Si existen.

    A su vez, quiero destacar, como contraposición a ese desencanto, el deje de esperanza que asoma en algunos de sus poemas. Es verdad, hay que prepararse para la guerra si queremos la paz, hay que aprender a esquivar las balas que vuelan sin aviso (algunas incluso a veces disparadas por nosotros mismos), pero tarde o temprano uno se da cuenta que lo importante es ser capaz de seguir el camino, de no rendirse, aunque sea arrastrando las botas por el barro, pero seguir caminando.

    Hay rayos de sol que
    ni todos los inviernos del mundo
    lograrían nunca apagar.

    J. I. Pidal Montes

    Parabellum en flor es, sin duda alguna, un libro que emociona. Creo que es muy necesario profundizar en todos y cada uno de sus poemas para lograr sentir en la propia piel esa sensibilidad, esa ternura, que en parte son algunas de las emociones que sujetan los poemas. La parte más emocional del individuo se nos muestra tras versos que son auténticas declaraciones. Y ya no me refiero sólo al amor, que también,

    […]
    Luego, ya a salvo del peligro,
    hasta me sentí inmune a las balas:
    Aunque seguí sintiéndome vulnerable ante cualquier beso
    depositado con dulzura en mis sedientos labios.

    Fragmento de Lázaro.

    Son recurrentes en el poemario emociones tan intensas como la nostalgia, los recuerdos, la tristeza y la pérdida. Esa fotografía es uno de los poema más sinceros, más duros y más bellos del libro, en el que se conjugan todos estos elementos con tal perfección y a su vez, con tal cercanía, que es imposible no sentir cierta empatía:

    Me emociona recordar que
    en aquellos años de niñez
    éramos felices cabalgando
    en nuestras bicicletas <<BH>>.
    […]
    Recuerdo a nuestro amigo Eduardo
    aún vivo, con aquella facilidad
    de palabra con la que embelesaba
    a todas las niñas de vestidos
    de flores y pechos incipientes.
    […]
    Pero ahora a mis cuarenta
    me acuerdo casi a diario
    del bueno de Eduardo.
    Y me jode al mismo tiempo
    que me rompe por dentro,
    el recordar esos últimos días…

    Las imágenes juegan un importante papel en los poemas de Pidal Montes. A menudo nos encontramos fragmentos que dibujan en la mente del lector, paisajes, instantes, lugares, de una manera tan concreta y gráfica, que se hacen reales frente a nuestros ojos. La oscuridad desde la que a veces escribe es casi palpable, en parte, por un excelente uso del vocabulario, palabras que crean un ambiente, que visten el poema; observamos, por ejemplo, en su poema Ya estaré, un remarcado contraste entre el exterior, aquello que en cierto modo le es ajeno, y el interior, el lugar donde él se encuentra:

    …Si alguna vez pasas ante mi puerta
    ─ esa con el perpetuo cartel de Se vende ─
    mira hacia ella y levanta
    tu nívea mano para saludarme.
     
    Yo estaré tras las remendadas cortinas
    como siempre, borracho de ruina.
    Yo estaré tras los rotos cristales
    como siempre, embriagado de dolor.

    Me llama la atención la palabra nívea, que parece iluminar todo el exterior y, en cambio, en el siguiente párrafo, donde se encuentra él, se hace oscuro, ruinoso, desolado. Y desde ahí, desde esa parte quizás más oscura y herida, es desde donde suelen brotar los más preciosos y sinceros versos, como los que configuran este libro.

    Parabellum en flor es el tercer poemario del asturiano J.I. Pidal Montes (1970, el Fadiellu, Bimenes). Un libro intenso y emocional, escrito con el corazón y las venas abiertos, que enseña, golpea y abraza como la vida misma. Considero que es un libro que hay que leer, y releer, para poder llegar a su fondo y descubrir toda la emoción y belleza que esconde, para sujetarnos cuando creemos que estamos a punto de caer, y aprender que nunca es tarde para volver a alzarse.

  • Huelga Decir, de Abel Santos (Boria Ediciones)

    Huelga Decir, de Abel Santos (Boria Ediciones)

    Abel Santos no es un poeta social, es un poeta humano y con los ojos bien abiertos. Como tal, le es imposible dejar de lado el entorno en que vive, la situación que se da en su país, en su sociedad, las injusticias que afectan al ser humano.

    Abel ha conocido la parte más oscura de la vida, pero también la más clara, la del valiente que supera los peores tramos de una existencia y sale vencedor de una verdadera lucha de gigantes. Desde esa conocedora y amplia visión del mundo a pie de calle, nos ofrece un poemario donde presenta (y denuncia) la situación de un país, de una sociedad, en la década que va desde 2008 hasta el 2018, pero no una visión global, sino una visión al detalle, mediante pequeñas y punzantes verdades.

    Esos han sido años convulsos, se han producido movimientos sociales, crisis económica de la mano de una crisis laboral, degradación de los derechos humanos, miseria… y qué tiene esto de poético, diréis; pues mucho si tenéis en cuenta que la poesía es la vida y que, como decía Gabriel Celaya, es también un arma cargada de futuro que Abel pone en sus manos y sabe muy bien cómo usar.

    Creador del llamado Realismo Bastardo, y autor de una buena colección de poemarios, de entre los que destacan Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas (2016, Chaman Ediciones), o Demasiado joven para el Blues, Antología poética 1998-2014 (2014, Eirenen Editorial), en este último poemario no deja de lado su esencia más pura, esa manera cruda y directa de mostrar, denunciar y exponer situaciones y emociones que se dan en la vida diaria. Eso sí, todo son un pequeño bálsamo que es el amor; el amor suaviza, el amor ayuda, el amor alivia y casi cura. Abel viene a decirnos que, de entre todas les miserias que componen la vida humana, siempre hay un pedacito de amor para hacerlo todo un poco más liviano; usando la famosa fase de Cohen, podríamos decir que la realidad está agrietada en la poesía de Abel, pero nos dice a su vez que por esas grietas quizás pueda entrar la luz.

    Huelga decir se nos presenta dividido en tres partes o secciones que, si bien tienen una base común, se ven bien diferenciadas: Calle Abajo, Nocturnos y Calle Arriba.

    Primera parte: Calle abajo


    […]
    A veces, en la noche de mi cuarto alquilado,
    yo me revuelvo y me incorporo
    y voy de trabajo en trabajo por días sueltos,
    porque 190 pulsaciones
    no son bastantes para las 200 que requería
    el puesto de grabador de datos.

    (Fragmento del poema Cuentas la suerte a pulso)

    Son una serie de poemas directos que muestran sin tapujos ni ornamentos innecesarios, la realidad de la vida, su parte más oscura, la frialdad, la soledad, la misera… todo quizás reducido a un cansancio y una apatía vital que arrastran los días. Abel convierte sus poemas en una denuncia del poco valor que se le da al componente humano, pero a su vez, es consciente y da la clave y la transmite para que eso no siga así: las cosas, con esfuerzo y con amor, pueden llegar a cambiar, pero hay que hacerlo.

    […]
    Uno se da cuenta
    tras empaquetar decenas de miles de relojes caros
    (junto con tus emociones más profundas),
    que el cliente no apreciará en el pedido
    nada más que el lenguaje
    de una estúpida y perfecta maquinaria.

    Hay que seguir trabajando.

    (Fragmento del poema El Encargado)

    Extrapolemos el poema; no es sólo la maquinaria de un reloj, sino el día a día. Que a veces se nos olvida que detrás de todo, hay personas, y eso hace que el mundo se convierta en algo frío y deshumanizado. La sensibilidad del poeta se ve afectada, su visión se ve herida, ser poeta, a veces cansa, y duele. Pero no pierde fuerza en ningún instante, puede llegar a estar vencido, puede sentirse desfallecer de dolor, y llora… pero luego, sigue.

    […]
    Ahora que ya saben mil maneras de morir,
    sólo hace falta que la esperanza diga
    que hay una forma de vivir.

    (Fragmento del poema Jinetes en la tormenta)

    En esta primera parte del libro nos rodea una sensación de desamparo y desaliento, mezclada con cierta esperanza que asoma escondida, con cierto espíritu de resistencia y lucha, con una pequeña voz que nos dice que no debemos dejarnos llevar ni vencer, por muy oscuro que sea todo al rededor.

    Segunda parte: Nocturnos

    […]
    Estás y no estas,
    como está mi corazón descorazonado;
    un corazón partido
    es un corazón corriente,
    una pieza clásica
    en la lírica del enamorado.

    El mío, a veces se abre y
    ama, como un puño, valiente,
    simulando entereza
    con los pedazos que me has dejado.

    (Fragmento del poema Blue en Brokenhearted)

    Si algo hemos de destacar de esta segunda parte, es el corazón; nos expone realidades desde dentro, desde una zona más emocional y más sentimental. Me atrevería a decir que quizás es la parte más privada del libro, donde Abel, a pesar de dejar siempre en sus poemas rasgos autobiográficos, deja también rasgos de su alma, de su interior más emocional.

    EL VERDADERO CLIENTE


    Tener
    siempre la razón

    no nos convierte
    en seres
    racionales,

    dice el que todo lo paga

    -lluvias,
    canciones,
    amantes-

    el verdadero cliente,
    el corazón.

    Esta parte central parece que suaviza ligeramente la crudeza habitual con un pequeño toque de lirismo, pero eso no significa que los poemas pierdan fuerza, más bien al contrario: si los poemas que constituyen Calle Abajo se clavan directos sin previo aviso, estos entran más a base de roces y sentimiento.

    […]
    te busco por esta larga
    mundial ciudad
    que nada sabe de ti

    bajo este espacio que no siente
    tu respiración y sí mi desaliento

    tú más sueño para este sueño
    de incansable delirio
    yo sólo ausencia por perseguirte
    en tu difícil lejanía.

    (Fragmento del poema Manrique 2005)

    Tercera parte: Calle Arriba

    CIRCO EDITORIAL


    -La novatada la pagamos todos.
    En cambio, ha pasado mucho tiempo;

    yo no pago dinero
    por mis poemas. Ya me conozco
    bien este mundo.

    -Somos una editorial de prestigio,
    pero son tiempos de crisis para la lírica.

    -Bien, dame entonces
    un pequeño adelanto
    y quince ejemplares de cortesía
    en calidad de autor.

    -Vaya, me monto un circo
    y me crecen los enanos.

    -Bueno, es lo que tiene montarse un circo
    con vistas al futuro. ¿O no?

    No es igual
    la poesía continúa
    que el espectáculo
    debe continuar.

    Con este poema se nos abre la puerta a la tercera parte del libro, Calle Abajo. Recuperamos los poemas de denuncia y afilados y críticos, salimos un poco de dentro y nos centramos de nuevo en el mundo exterior, aunque este no deja de ser nuestro mundo.

    Toma protagonismo la poesía en su vertiente más ‘comercial’ o ‘simple’, poniendo en evidencia el negocio de las editoriales con la poesía que ayuda y colabora, en parte, a su degradación como disciplina literaria. Llama la atención el poema el Misionero, una especie de diálogo entre la poesía y el poeta (casi sería un monólogo de la poesía que el poeta nos cuenta); un poema que se ve como una dura crítica hacia cierto tipo de ‘poesía’.

    […]
    Estoy cansada de tu estilo,
    de tus predecibles duros poemas en postura del misionero,
    de tu monocorde solo de bebop para saxo
    que no se ríe de las normas,
    de esta partida de cartas románticas sobre la cama,
    de tanta sota, caballo y rey.
    Quiero que seas brutalmente sincero conmigo, y contigo,
    delante de todo el pueblo y para el pueblo…”

    (Fragmento del poema El Misionero)

    Es una tercera parte que parece preguntarse dónde está lo auténtico, parece querer ahondar mucho más allá de la mera superficialidad en la que parece que vivimos, y adentrarse en la realidad del mundo y de la vida, buscar lo esencial y primordial que tanto parece estar dejándose de lado, ignorándose.

    […]
    Quería volver a esa época en la que había
    algunas señales entre nosotros,

    ser
    un librepensador,
    un niño,
    un vitalista;

    formar parte de las criaturas del azar,
    del conjunto que da sentido
    a todas las cosas solitarias,
    y en la calle, toparme con el rostro del amor
    o el saludo de algún viejo amigo.

    (Fragmento del poema La máquina del tiempo)

    Nos hemos detenido un poco en cada una de las tres secciones que configuran el poemario, pero hay algunos rasgos que son la esencia de la poesía de Abel Santos, y que encontramos a lo largo de todo el libro. Estos rasgos son los que, a mi parecer, le otorgan la fuerza y marcan la personalidad de sus versos, y nos dicen que no podrían haber sido escritos por otra mano que no fuera la suya: la ternura, el amor y la supervivencia se juntan y se enfrentan a la más áspera realidad, con toda su crudeza y sus miserias, y todo aderezado con un trasfondo autobiográfico dándonos así, una vez más, el inconfundible sello de su poesía.

    El libro se cierra con una sentencia clara y firme, que se convierte en los últimos versos del último poema de libro Selfie:

    […]
    Mi enfermedad: la esperanza;
    por droga la rima,
    por arrogancia la búsqueda
    de un destino con amor
    y la buena conciencia
    como síntoma de autoestima.

    Casi podríamos reducir a estos seis versos la esencia básica del todo el poemario: esperanza, poesía, búsqueda, amor y buenos actos, para que el mundo cambie, la vida mejore y la humanidad acierte el camino. Y aunque se ponga poco en práctica, es cierto que esto es algo que Huelga decir, puesto que todos lo sabemos. Pero a veces es necesario que alguien nos lo recuerde.

    No quisiera terminar esta reseña sin hacer especial mención a todos los invitados ilustres que en algún momento asoman la cabeza por entre los versos de Abel, descubriéndonos, así, algúnos de los autores o músicos que más han marcado su vida y han colaborado en hacer de Abel el poeta que es: Plath, Bukowski, Whitman, Baudelaire, Poe, Pessoa, Antonio Machado,  Cernuda, Benedetti, Celaya, Carmen Jodra Davó, Alberto Tesán, Jim Morrison, Carver, Pedro Salinas, Chopin, Picasso,  Roman Polanski, Scott Fitzgerald, Balzac, Hemingway, Neruda, Benjamín Prado, Wolfe, Will Bill Davison, Enrique Urquijo, Manolo Tena, Sílvia Pérez Cruz, Miles Davis, Javier Colina Tío, José Agustín Goytisolo, la poesía, la música… y cómo no, la vida y el ser humano.