He leído y releído varias veces el poemario de Carol, y con cada lectura he tenido la misma sensación: entrar en un universo de drogas, música y algún que otro delirio, en el que me cuesta situarme; el mundo parece ser el propio mundo de la escritora, y no hay nada más allá, porque todo fuera es podredumbre y oscuridad.

El libro, según se nos indica en la contraportada, versa sobre un período de la vida de una mujer con sus adicciones y pensamientos propios. Unos meses en su vida con sus amores, sus ideas, sus enfermedades y sus peculiaridades, comunes. En cierto modo, eso puede ser cierto: quién no ha coqueteado con las drogas alguna vez, quién no ha sentido que no encaja en este mundo. Y quizás por eso, se busca el falso paraíso de las pastillas, la cocaína, las drogas en general, para vivir en otro mundo alejado de la realidad.


tapada con una toalla

escuchando a Mason

solo la cocaína me ayuda

estoy tan mal

he dormido tanto

la cabeza me va a estallar

no sé cómo he aguantado tanto

El libro, en cierto modo, recuerda el estilo de Bukowski o Houellebecq, como artistas a la hora de retratar el dolor o el sufrimiento de los más desesperados, de los perdedores, de los marginados, hablando abiertamente de y desde sus adicciones, rozando la provocación, con un lenguaje directo y a veces quizás hasta soez, rompiendo ciertos moldes de la poesía. Así, Carol intenta llegar a ese punto provocativo, sin caer en adornos de «belleza»; con crudeza y sin eufemismos, desnuda un interior maltratado y narcotizado, que hace sentir casi en la piel el desengaño por el mundo, la maldad y la fealdad de las personas y de la humanidad en general.

Carol G. Jagger

No sé de este miedo a la locura

si los veis cerca

si os asomáis un poco

veréis tremenda locura vestida de traje de ideas y de paganismo

todo falso

todo mierda

todo personas contra personas

lobos que no saben aullar

Fragmento poema 20

Más allá de ciertas palabras que pueden llegar a desconcertar, hay un trasfondo triste en todo el poemario. Un trasfondo de soledad extrema, de desesperación y de no saber hallar la salida adecuada. Así, todo ese vestido de drogas, música y festivales no parece más que una cortina de humo para esconder la verdadera vulnerabilidad de la autora, si inmensa tristeza y desesperanza. Como el que busca en la una raya de cocaína, la sonrisa que no es capaz de dar por sí misma.

El desengaño me parece el denominador común en todos los poemas, un desengaño que se convierte en una herida perenne que nunca encuentra su cura. De ahí que la música y las adicciones se transformen en una tirita, un parche, para tapar ese dolor. Pero no nos engañemos: el dolor seguirá ahí cuando la noche termine, cuando el concierto se acabe. Es tal el descontento y la frustración, que ni en el amor puede ya creer.

A mí con las palabras me basta

con las frases de aquellos que no quieren decir

pero lo dicen

y bajo el siguiente escalón

y es más jodido

Llegará el punto que te enamores

y te mueras

Ciertamente, detrás de estos poemas que de entrada pueden parecer fríos, duros, soeces o vulgares, hay sentimiento, y eso es valorable. Se ve tras los versos un pequeño corazón quebrado que cree necesitar ayuda química para poder resistir la vida. Sólo con el uso de drogas y música parece estar bien, pero se sigue sintiendo el sufrimiento, si cabe aún más intenso, a pesar de recurrir a ayudas externas para poder seguir dando latidos.

En esa espiral de conciertos, enfermedades y adicción, hay algunos poemas que dejan entrever cierta sensatez, abatimiento y fragilidad.

en mi pelo cano no veo madurez

sólo años

no veo aliento ya de ninguna clase

me deprimo cada vez con menos fuerza

y nunca lloro

yo soy el cartón que hace la casa

soy aquel momento que tu salud se quebró

y no le puedes pedir a alguien como yo

que se cuide

es incapaz

en eso sé

que estoy enferma

Basándome en mis lecturas del poemario, me quedaría con la idea que hay madera para hacer un buen libro de poesía; pero a este poemario le falta cierto recorrido. Y es que a pesar de algunos poemas que parecen aportar más bien poco, hay otros que destacan por su profundidad, por su sentimiento puro; e incluso me atrevería a decir que es en esos poemas donde encontramos a la verdadera Carol, sin artificios, sin substancias que adulteran su visión de sus propios sentimientos.

Él ha sido la frontera entre tu [sic] y yo

y rezaré por todo el mundo

menos por ti

se acabó

y no es porque tu pelo ya este [sic] trenzado de blanco

y tos ojos discutan con el papel

es porque ya no te quiero

y tuvieron que pasar cientos y cientas

miles de días a solas

y el hundimiento

porque lo siento

En definitiva, el que se adentre en Jagger encontrará una serie de poemas envueltos en una neblina de drogas, descontrol, delirios y música que quizás pueden dejar un poco fríos, despertar cierto rechazo por el lenguaje tan crudo y directo que se usa, puede que porque no estamos del todo acostumbrados. Si bien algunos versos pueden llegar a emocionar, el sabor general que me queda en los labios después de leerlo y profundizar en él, es el de una soledad extrema, un desengaño cruel, y ganas de sobrevivir, pero sin saber muy bien cómo, cosa que puede llevar a la resignación, a aceptar las cosas como son y tomar el camino fácil de la evasión artificial para no ser consciente de los males reales del mundo y de la humanidad.

Hay que tener ganas de superar la indiferencia inicial que el poemario puede despertar, para llegar a ver que, escondidas entre esas líneas a priori carentes de sentido y que poco tienen que aportar, algo más que poemas depresivos e intoxicados; emociones que también puede doler y eso, en un poemario al que parece faltarle cierta madurez y camino, es de agradecer.

Jagguer se publicó en el año 2017, en versión Kindle. Multiversos se ha hecho cargo se la edición del poemario en papel, este mismo año 2020. Carol G. Jagger (Valencia, 1982) ha publicado recientemente su segundo poemario Catarsis.