Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986) ha ganado el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020 por El reino de lo no lineal, el Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal 2017 por Principia y el Premio Bellas Artes de Traducción Literaria 2019 por Cielo nocturno con heridas de fuego, de Ocean Vuong. Ha estudiado una maestría en Creative Writing en la Universidad de Nueva York y ha sido becaria del FONCA (Jóvenes Creadores), de la Fundación Para las Letras Mexicanas y de la Fulbright.

Principia es un poemario dividido en los apartados “Sobre el sistema del mundo” y “Sobre el movimiento de los cuerpos”. Elisa Díaz Castelo utiliza los lenguajes de la biología y de la física para construir un poemario íntimo y sensual, puesto que apela a lo sensitivo en el cuerpo y en la memoria. La terminología científica es la adecuada y se mezcla perfectamente con el lenguaje poético. Términos y referencias de diversas disciplinas, como la astrofísica, la biolo­gía y la medicina, se unen y abrazan en sus poemas.

Ahora, tocada
por el diámetro del cañón
imagino mi cuerpo encendido
como una alberca en la noche.
Sólo entonces, con la luz adentro,
toma forma el agua, se sostiene a sí misma,
es algo más que vidrio disuelto.
Quizá solamente visto,
desgranado en vericuetos y órganos, el cuerpo
existe plenamente…


Radiografías

Exquisito poemario que encuentra lo sublime en la oscuridad. Poemas oscuros, cósmicos y deliciosos. que fluyen, aunque a ratos se entrecortan.

El universo es una alberca vacía,
forma en descanso, cuatro esquinas
falsamente azules que no contienen
nada. En resumen,
un despropósito, eso,
y un querer estar ahí,
pero en otro sitio, adentro,
pero bajo otras reglas…

Alberca vacía

Vamos a finalizar con el poema “Acta de defunción”. En él, un documento burocrático se transforma en una exploración interior entre el yo poético y la muerte, en este caso la de su abuela:

Marcamos
tu muerte con su momento dado referimos los datos
de fallecida y fallecimiento hora y minuto
como se escriben las coordenadas
de una tierra fantástica una isla
a la deriva

Elisa Díaz Castelo nos susurra al oído que ‘cada minuto ha sucedido sin sucederse’, como la lectura de este poemario que se lee sin haber sido leído. ‘El espacio es tiempo que no pasó en ningún sitio’ y este es un libro que está sin ocupar, llena sin desbordare interroga sin cuestionar.

Principia es un viaje arriesgado en el que el lector se estrella contra las palabras y se encuentra frente a una verdad revelada que de pronto se transforma en otra cosa y te lleva a cuestionarlo todo. Un poemario que se aprovecha de la belleza de los conceptos científicos para enmarcarlos en versos que abrazan ciencia y poesía, como ya hicieran en una foto para la historia, Einstein y Chaplin.


En la búsqueda de la forma
se me distrajo el cuerpo. Es eso,
nada más, asimetría.
La errata vertebral,
el calibraje óseo,
la rotación espinada. Es el hueso
mal conjugado.
Es una forma de decir
que a los doce años
ya se ha cansado el cuerpo.
Es la puntería errada de mis huesos,
la desviada flecha.
No es lo que debiera, mi esqueleto
quiso escapar un poco
de sí mismo. Se le dice escoliosis
a esa migración de vértebras,
a estos goznes mal nacidos,
hueso ambiguo.
A esa espina
dorsal
bien enterrada.
A los doce años se me desdijo el cuerpo.
Porque árbol que crece torcido, nunca. Porque mis huesos desconocen
el alivio
de la línea,
su perfección geométrica.


Me creció adentro una curva,
onda,
giro
de retorcido nombre: escoliosis.
Como si a la mitad del crecimiento
dijera de pronto el cuerpo mejor no,
olvídalo, quiero crecer para abajo,
hacia la tierra. Como si en mi esqueleto
me dudara la vida, asimétrica,
desfasada de anclas o caderas,
mascarón desviado, recalante.


Mi columna esboza una pregunta blanca
que no sé responder. Y en esta parábola de hueso. De esta pendiente equivocada. De lo que creció
chueco, de lado, para adentro.
Se me desfasan
el alma
y los rincones. Mi cuerpo:
perfectamente alineado desde entonces
con el deseo de morir y de seguir viviendo.
Si las vértebras, si la osamenta quiere, se desvive,
rota por no dejar el suelo. Si se quiere volver
o se retorna, retoño de la tierra rancia,
deseo aberrante de dejar de nacer
pronto, de pronto, con la malnacida duda
esbozada bajo la piel, reptante.
Paralelamente.
No es eso,
no es
eso
no
eso no,
no es ahí, donde ahí acaba,
donde empieza el dolor empieza el cuerpo.
Si se duele, si tiembla, al acostarse
un dolor con sordina, un daltónico dolor vago.
Si el agua tibia y la natación, si la faja
como hueso externo, cuerpo volteado.
Si los factores de riesgo y el desuso,
si el deslave de huesos. Es minúsculo
el grado de equivocación, cuyo ángulo.
A los doce años se me desdijo el cuerpo,
lo que era tronco quiso ser raíz.
Es eso, el cuarto menguante,
la palabra espina, la otra que se curva
al fondo: escoliosis. Es el cuerpo
que me ha dicho que no.

Escoliosis

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