Sombra con dos cuerpos es un poemario de desamor primero, de amor después. De desamor herido que parte en dos, y de amor a uno mismo después de ese desamor.

De hecho, el primer poema, casi colocado a medida de introducción, nos proporciona una sutil pista: Léucade. Inevitablemente, viene a la mente el mito del Salto de Léucade. Afrodita, rota de dolor por la muerte de Adonis, su amado, fue a pedir consejo a la Pitia de Delfos. Esta le aconsejó que llevara a cabo el salto de Lécuade: lanzarse al mar desde uno de sus blancos acantilados. Así lo hizo Afrodita, saltó y poco después reapareció sobre el mar, curada del mal de amor. No fue Afrodita la única que curó su mal de amor en los acantilados de Léucade, pero muchos de los que lo intentaron, no sobrevivieron. Sobrevivir significaba olvidar a la persona cuya falta causa tanto dolor. Quizás también significaba empezar a aprender a amarse uno mismo.


El poemario aparece dividido en cuatro secciones o partes: Serie B, Aquel juego, No quiero verte, y Los que fuimos.

Para empezar, nos encontramos con Serie B; un conjunto de nueve poemas breves en los que se nos habla de un amor tóxico, de bajos deseos, de uso, de cierta perversión. En el amor no todo es bonito, hay esa parte oscura, esa parte de usar a la persona hasta, casi, llegar a absorberla y anularla

De las cosas nimias que le oculto

se ha formado la certeza

de un amor voluble.

Fragmento de Ha llegado.

El amor no siempre es estable ni trae siempre cosas buenas. El autor nos muestra, en esos nueve poemas, de la parte más oscura del amor, su cara b, su lado oscuro.  Atracción, deseo sexual, decepción, dolor. Incluso podemos entrever cierta crueldad.

que sus orgasmos son fingidos, y

que le revienta el aire

que respira.

Fragmento de No la toco.

Cobra protagonismo el físico, la piel, el cuerpo, el tacto. Esta segunda parte, igual que la anterior, conserva un tono como de reproche y herida hacia el amor. De hecho, se entrevé cierto halo de insatisfacción, de decepción. Esto hace pensar en alguna herida que no ha terminado de curar, y esos digamos recuerdos, esas experiencias primeras no dejan más que un mal sabor en la memoria; son el inicio de todo, el inicio del dolor y de la frustración. Es aquel juego en el que al final siempre suele haber un perdedor.

Campamento de primeros besos

Éramos jóvenes y etéreos. Dos semanas

de campamento

de primeros besos. Con la lima

del cortaúñas acuñamos tus iniciales y las mías

en su acorazonada corteza. La sombra del árbol

no volverá a echar raíces. Los pájaros

no tendrán casa.

De algún modo, es como si el amor, las relaciones, fueran algo inestable que han aportado dosis de ira, de frustración y de desengaño. Hay que librarse de todo ello para sanarse. Hay que saltar por el acantilado para renacer siendo de nuevo uno mismo.

Rafa Mellado

Siguen diez poemas que, en cierto modo, siguen la línea de los anteriores con una sutil diferencia, que en cierto modo se desvela en el título de esta sección del libro No quiero verte. Aparece una voluntad del individuo; como si empezara a tomar conciencia que necesita estar consigo mismo, reencontrarse y empezar a cicatrizar de algún modo. Empezar a olvidar la otra persona para poder empezar a recordarse a sí mismo.

Se acaricia

El valor no es algo

aleatorio,

entrenable en el cuadrilátero de la esquina.

El valor es algo

que se acaricia como arma de filo

que se acaricia.

Cae luz sobre su imagen como una cacería:

virgen negra tallada por un ciego, encarnado

abismo.

Las costillas de adán, la bilis

vetean su piel. Surge

su zarpazo.

Es quizás la parte más humana del libro, la parte en la que el autor se desnuda y muestra lo que realmente siente y lleva por dentro, en cierto modo, como una penitencia.

Finalmente llegamos al instante en que todo eso ya es pasado: Lo que fuimos. Cuarta y última parte del poemario. Doce poemas que aportan una sutil calma después de las batallas anteriores.

Yacemos junto al mar. De fondo,

lo oímos como un silencio

en esta habitación amarga

después de ti y de nosotros.

-Fragmento de Compararnos con los que fuimos.

Vemos en estos diez poemas que empieza a haber una cura, una despedida, un romper con lo anterior para volver a ser uno mismo, libre de ataduras y de cuerpos ajenos ensuciando nuestra propia sombra.

Pienso en finales

apocalípticos y en la tiranía de tu sujetador, que te

cae del hombro. Te has puesto bocabajo: una

plaga de langostas saliendo de tu nuca. Imagino

como será sobrevivirte y caminar por los campos

de cosechas arrasadas.

-Fragmento de Sobrevivirte

Al fin y al cabo, después de la intensidad de todo el poemario, de las luchas, de las heridas, el objetivo es sobrevivirte, salir vivo y continuar la vida siendo uno mismo, individual.

En este sentido, quiero destacar uno de los poemas que corona todo el ciclo amoroso, de desamor, y de recuperación que nos narra el poemario:

El beso

Recordando el beso

por una mujer aquí, antes

de abrir los ojos.

Abrir los ojos y verse, ver la realidad, ver lo que uno es. Último recuerdo, aparcar el dolor, dejarlo atrás, antes de revivir.

Tomando un plano genérico del poemario, observamos que todo él es una herida que se hace, se le echa sal, se le clava el puñal hasta que sangra incluso la propia cordura y voluntad. Pero al final esa herida reconoce la cura: el olvido, el abrir los ojos. El abrazarse a uno mismo y recuperarse.

Es un poemario intenso repleto de metáforas que nos muestran la parte más oscura del amor, las espinas que esconde bajo los pétalos rojos (rojo sangre). Un poemario que cura; cualquier persona que haya amado podría sentirse identificada con muchos de los poemas y, gracias a eso, al proseguir con la lectura, se podría llegar a la sanación de la herida.

Una lectura que se clava en las entrañas, en parte quizás por el lenguaje visceral que se utiliza en muchos de los poemas, la fuerza de las palabras que parecen salir del fondo de la misma herida; un poemario que abre los ojos, y que puede incluso lograr arrancar la venda que a menudo nos cubre los ojos cuando se trata de amor.

Rafa Mellado está vinculado al mundo audiovisual, trabajando como camarógrafo en diferentes programas, ocupándose de la fotografía en diversas producciones, e incluso ha impartido cursos de iniciación cinematográfica. Sombra con dos cuerpos es su primer poemario.