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  • Los versos de papá, de Ferran Planàs (Ed. Olé Libros, 2022)

    Los versos de papá, de Ferran Planàs (Ed. Olé Libros, 2022)

    Los versos de papá son una serie de poemas inspirados y dedicados a los propios hijos. Un poemario lleno de imaginación, ternura, miedo, y mucho amor

    Iniciamos el camino con Romances. Con algunos poemas siguiendo la métrica del Romance, otros más enmarcados en el verso libre, esta serie de primeros poemas nos sitúa: nacimiento e inicio de la paternidad. Son poemas impregnados de dulzura, con un vocabulario llano que acerca a los cuentos y poemas infantiles.

    La protección se enaltece en los poemas, mostrando la fragilidad y delicadeza de un niño-bebé, y el sentimiento de protección del padre, cuidándola de las tormentas, acunando y aportando calma y tranquilidad.

    Me parece de una hermosura tremenda el Romance de la cigüeña; cómo Ferran nos narra el nacimiento de su hija:

    Agarrada al dulce monte

    bebes la vida y nos sueñas.

    Mientras en trance confundo

    de mis entrañas poemas

    quieren reunirse contigo,

    ¡buenos días, mi princesa!

    La hora del cuento nos introduce en la magia de los cuentos y, en cierto modo, nos acerca a ese instante precioso en el que los padres leen un cuento a los hijos. Peter Pan, Alicia, e incluso la malvada madrastra cobran protagonismo; estos poemas van plagados de alusiones a cuentos y personajes infantiles sobradamente conocidos, pero escritos de otra manera, dando otro punto de vista y en cierto modo mezclando el cuento con la realidad.

    Los versos de papá, de Ferran Planàs (Olé Libros, 2022)

    Vocecitas de papel se presenta, a mi parecer, como la parte más íntima y emotiva del poemario. Es la parte que más poemas contiene y casi la más intensa.

    La vida es todo aquello que acontece

    desde que naces

    hasta que muero.

    -Respuestas I

    Son poemas en su mayoría breves, verso libre con algún soneto intercalado, algunos con instantes cotidianos que traspasan la piel y se convierten en una emoción inmensa. Desde la ternura a la cabecita apoyada en el regazo a la, por decirlo de algún modo, rabia, por verlos crecer, por ver que se hacen mayores y uno piensa que esos instantes en los que el niño quiere agarrar la mano del padre acabarán por desaparecer.

    Poemas que se ven muy trabajados, sencillos pero con mucha profundidad, diciendo mucho en pocas palabras. Muestran la plenitud de la paternidad, el no desear nada más que una tarde en silencio con los hijos. El sentirse lleno por una tarde en el parque o un beso pequeño en la mejilla. Muestran la grandiosidad emocional de los padres ante un amor tan incondicional e infinito como el amor de los padres a los hijos.

    Aun así, no puedo evitar que me quede en los labios un sutil sabor agridulce, porque esa plenitud tiene fecha de caducidad, porque sabemos que, con los años, los hijos crecen, y esa relación cambia y se convierte en algo muy distinto. No cambian los sentimientos, pero sí las relaciones, y en cierto modo, eso puede provocar cierta tristeza o desazón.

    Tu mano en la mía,

    solo quiero eso.

    Momento fugaz,

    eterno en un verso.

    -Sencillez

    La última parte del poemario, Retratos. Aquí nos encontramos con nueve relatos, líricos y sencillos, que dejan ternura y amor en los labios. Momentos vividos que quedan eternizados en los textos. Recuerdos que cobran vida, vida eterna, a través de las imágenes que los textos configuran en nosotros al leerlos.

    Textos de una ternura exquisita, cuentan una pequeña historia y acaban con una especie de resumen breve, de apenas tres líneas, donde el padre se abre para mostrar la huella que esa historia ha dejado en él.

    Debo decir que los poemas que configuran Los versos de Papá me han sorprendido para bien. Poemas bien escritos, con un lenguaje acertado para padres e hijos, con instantes que cualquier familia puede haber vivido. Los niños pueden entender mucho a los padres con la lectura de un poemario así, cualquier padre o madre podría hacer suyo este libro, y lo que más me gusta, es que está hecho para que lo lean juntos, padres e hijos, para decirse que se quieren sin decírselo.

    Poemas maduros y a su vez con un toque infantil que los hace absolutamente aptos para esa lectura conjunta. Un pequeño gran libro lleno de ternura y, como he dicho al principio, mucho amor.

    Mencionar también que, tanto la portada como las ilustraciones que completan el libro han sido realizadas por Escarlata Fernández García.

    Los versos de papá es el primer poemario de Ferran Planàs, editado por Olé Libros, 2022, y, sinceramente, espero que no sea el último. Un libro precioso que recomiendo, tanto si sois padres, para leer con vuestros hijos, como si no lo sois, para daros cuenta de lo que os pueden llegar a querer vuestros padres.

  • los árboles – les arbres, de Alain Rivière (Ed. ExLibric, 2022)

    los árboles – les arbres, de Alain Rivière (Ed. ExLibric, 2022)

    los árboles, de Alain Rivière, es mucho más que un poemario. Es un libro de imágenes que hablan, un libro de poemas, finalmente un libro de imágenes poemadas o poemas ilustrados. Aunque he de decir que cobra mucha más fuerza tomando ambas cosas, texto e imagen, en conjunto, que no por separado, por lo que me parece un tremendo acierto la edición de este libro, poniendo en una página la imagen y en la de al lado el texto.

    Aun así, me temo que hablaré poco del libro, porque creo que es un libro que ha tenerse entre las manos, ha de tocarse, verse en conjunto, y es muy difícil explicar en palabras toda la magnitud de estas imágenes y sus textos que, por cierto, están escritos en francés, lengua materna del autor, y con su traducción en español.

    Me llaman la atención las fotografías; son imágenes tomadas por el propio autor en un parque al Este de Berlín. Árboles cubiertos de hiedra, ligeramente antropomórficos, en blanco y negro, y jugando mucho con la luz, dotando a las siluetas de los árboles de una vida extraña e interna, de una expresión casi onírica, como si dijeran sin acabar de decir.

    Como he comentado al principio, se podría tomar como un libro de fotografías, o un libro de poemas, pero a mí me ha gustado mucho entrelazarlos. Como si la pequeña reflexión que aparece al lado de cada imagen viniera dictada por el árbol en cuestión.

    Reflexiones ancladas a la naturaleza de los árboles, a la hiedra que los rodea, se enredan alrededor nuestro para abrirnos la mente de otra forma, para ver más allá de las puras imágenes que configuran el libro, aportan un complemento, si bien no estrictamente necesario, sí muy acertado, porque ayudan a dotar de vida esas fotografías, y hacen que el conjunto, imagen y letra, se vea inmenso y profundo.

    Es un poemario breve, de apenas sesenta páginas, pero puedo asegurar que en esas sesenta páginas hay mucho más de lo que puede parecer.

    Desde el paso del tiempo, la lucha, la observación, el esperar, el sentir, el seguir… todo ello aparece en estos textos, que se clavan en la retina a través de las maravillosas imágenes, ofreciendo un todo absolutamente profundo.

    Alain Rivière es escritor y artista nacido en París, pero afincado entre Venecia y Berlín. Ha publicado diversos libros de poesía como Huellas de la sombra, El rostro en llamas o Perros enamorados, libros que se han traducido a diversos idiomas. Igualmente, también a ha realizado diversas exposiciones con su obra pictórica y fotográfica. Los árboles es su último libro, donde aúna dos de sus facetas mejores como artista, y ha sido publicado por ExLibric, 2022.

  • El desamparo del tabú en flor, de José Siles (Verbum, 2022)

    El desamparo del tabú en flor, de José Siles (Verbum, 2022)

    Si tuviera que definir en pocas palabras este nuevo poemario de José Siles diría que es crudo, abierto y real.

    Se abre entre las manos como un baile entre la memoria y el olvido, donde se abren distintos cajoncitos de recuerdos, entremezclándose con emociones presentes, con la evocación y el recuerdo como base de los poemas.

    Esto hace que inevitablemente el poemario adquiera un aire confesional, íntimo y privado en el que se desgranan emociones de ahora junto con las de ayer. Por consiguiente, me atrevería a decir que es un poemario, como el título indica, desamparado; un poemario lleno de cicatrices que nacen de ese olvido.

    Según dice Nietzsche

    El olvido es justo y necesario

    pero condena las cicatrices

    a la nada

    a esa tierra baldía

    donde los recuerdos fueron expulsados

    en aras del establecimiento

    de una dictadura feliz e intratable:

    la del paraíso de las conciencias ingrávidas.

    Fragmento de Bellas Cicatrices

    Es un poemario complejo que hace reflexionar en cada uno de los poemas, acerca de la vida y los sentimientos, pasando por los recuerdos, el deseo, el anhelo y la vida más primaria de las personas.

    Un poemario crudo, desnudo y profundo, que arraiga en la memoria y, partiendo de ahí, analiza y expone las contradicciones a la que el humano suele estar sometido, resultando un poemario duro y herido, intenso y a veces doloroso, pero muy real.

    Taciturnos e inconfesables deseos ocupan los áticos

    erigidos en verticales ebriedades

    desde las simas de tu alma, que aun impura,

    te incomoda despertando remordimientos

    y vaticinando tiempos de oscuras penitencias.

    -Fragmento de La inapetencia del deseo.

    El desamparo del tabú en flor, José Siles

    Osaría decir que el alma y sus caminos inescrutables es la protagonista del poemario; ya dicen que la palabra del alma es la memoria, y por ahí nos lleva José, a través de una memoria clara, contrapuesta con un presente duro y difícil, a veces roto, donde incluso la crueldad parece ser el estandarte de los días.

    También encontramos la parte humana más pura, la esencia más animal, esa parte de nosotros que, sin florituras ni adornos, que cruda y desnuda se aparece, mostrando cierta vulnerabilidad, e incluso un sutil velo de resignación, porque así somos, así nos hemos hecho. Vemos la parte más humana, con esos tabúes en flor que son parte de nuestras vidas.

    Y desde ese viaje por la memoria, se abren ante nosotros transparentes, puros e insalvables.

    ¿Quién busca certezas

    observando la secular podredumbre

    que nos revela el final de nuestro origen?

    ¿Quién bebe a deshoras

    buscando las estrellas perdidas

    que se parapetan tras un sol resplandeciente?

    -Fragmento de la indigesta saciedad de la certidumbre

    A mí, y es una opinión personal, me hace sentir que el poemario está herido que muestra una realidad oscura. Y es muy probable que con esta reseña no sea del todo justa con el poemario de José Siles; es un poemario que me parece muy profundo, que precisa de diversas lecturas para poder leerlo de verdad. Un poemario intenso y muy maduro, que muestra (y demuestra) cómo la memoria y los recuerdos pueden enfrentarse en una eterna paradoja al ahora, a través de nosotros mismos.

    Un poemario que me atrevería a calificar “Poemario de culto” y a la que os invito a entrar, porque abre los ojos, el cuerpo y la mente y, a mí parece, quizás nos hace un poquito más humanos, nos regresa a esa “casa deshabitada” que abre y cierra el poemario, porque al final, la esencia de lo que somos, y de lo que hemos sido, no es más que un tabú en flor desamparado.

    José Siles es catedrático de la Universidad de Alicante, que tiene varios libros de relatos y novelas publicados, habiendo sido algunos de ellos galardonados en diversos certámenes literarios, como La última noche de Erik Bicarbonato, Premio de novela Iruñe Bake). Igualmente, tiene también diversos poemarios publicados, siendo este el más reciente, editado por Verbum, 2022.

  • Manual de modelado de corazones para hombres de hojalata, de Pablo Llanos. (Ed. Cuadranta, 2022

    Manual de modelado de corazones para hombres de hojalata, de Pablo Llanos. (Ed. Cuadranta, 2022

    ¿Las cicatrices unen o separan? Con esta pregunta se abre ante nosotros el Manual de modelado de corazones para hombres de hojalata, de Pablo Llanos. Una primera parte donde ya se nos avisa desde su título que parte de las heridas.

    De hecho, el poemario recoge cincuenta y seis poemas estructurados en cuatro bloques, donde se desgrana el amor, sentimiento principal y columna vertebral del poemario, con todo lo que al amor rodea, desde la pasión hasta la última herida y su último soplo de vida.

    Pensar que siempre

    hubo señales que indicaban

    que lo nuestro no iba a funcionar

    es como pensar

    que rompimos

    antes de empezar.

    -Había Señales

    En este primer grupo de poemas, Pablo nos hablan de una ruptura de una manera transparente y clara, y a pesar de que la entrada a este grupo de poemas nos habla de cicatrices, se intuye todavía una herida abierta, los sentimientos parecen hablar a través del dolor y, a veces, de la rabia que a menudo suele ser consecuencia de ese dolor.

    Poemas más bien breves, directos, con un lenguaje cercano y empático, donde el autor se centra en la ruptura y el sentimiento, sin adornos innecesarios.

    Intentando conseguir

    más espacio en la habitación,

    tiré las cosas que te habías dejado.

    Logré una habitación más vacía.

    -Vacío

    Pablo Llanos

    Seguimos con Ni todas las soluciones son una llave inglesa ni todos los problemas, una tuerca. Segunda agrupación de poemas donde la idea de la separación persiste, dando protagonismo a los recuerdos, a la memoria, al dolor y al vacío. La línea general de poemas más bien breves se mantiene, como pequeñas reflexiones que nacen del dolor de la separación, de lo que queda. Sigo sintiendo de algún modo la mezcla de dolor e ira, pero una ira no agresiva, una ira suave que parte del quizás no acabar de aceptar lo que ha ocurrido; el sentirse traicionado y herido es un sentimiento que se mantiene a lo largo de estos poemas.

    He sido joven

    y, como a todos,

    fueron muchas las chicas

    que me volvieron loco.

    Ahora que tengo una edad

    he de reconocerlo:

    sólo tú has sido capaz

    de volverme cuerdo.

    -Cuerdo por ti

    El tercer bloque de poemas, Breve recopilación de citas entre comillas, un ‘paseo’ por encuentros, distintos sentimientos. De hecho, esto, junto con la idea que el libro en sí explica una historia desde el punto de vista de los sentimientos, me hace pensar en otra fase de la ruptura, la del enamoramiento fugaz, el conocer otras personas, el creer que uno puede volver a amar y enamorarse sin remedio rápidamente, siendo al final solamente una manera de intentar poner un parche a la herida.

    Y esta idea me viene confirmada por los dos últimos poemas de la parte anterior y de esta tercera parte del poemario:

    Ambos finales parten de una misma pregunta: ¿Qué es amar? Que se repetirá un poco más adelante con distintas respuestas que, en cierta manera, marcan la línea del poemario.

    Amar es odiarte

    con todas mis debilidades.

    -Versos finales de la Segunda Parte.

    Amar es quererte

    con todas mis fuerzas.

    -Versos finales de la Tercera Parte

    Nótese que en vamos del odio herido al amor resignado, del n o querer, de la ira de la que antes hablaba, fruto del dolor, al darse cuenta que se sigue amando sin remedio.

    Manual de modelado de corazones para hombres de hojalata (2022, Cuadranta Editorial)

    Y enlazamos así con la cuarta parte del poemario Formas de lograr que aquello que no podía ser dure demasiado.

    Aunque no soy capaz

    de decírtelo a la cara,

    desde hace algún tiempo

    pienso que el amor dura tanto

    como el tiempo que logras

    sostener la mirada.

    -Sostener la mirada

    En mi opinión, me parece la parte más tierna del poemario. Aquí el autor se abre un poquito más; es como un paseo de instantes, de momentos vividos en compañía de la persona amada, con un velo de tristeza, como si el dolor y la ira anteriores se fueran difuminando poco a poco, dando lugar al recuerdo y a la añoranza. La sensación de soldad se confirma al final, otra respuesta a la misma pregunta, ¿Qué es amar?

    Amar es que me quieras

    con todas tus fuerzas.

    Como si ese amor que había existido ya no estuviera, como si ese amor se hubiera ido desvaneciendo poco a poco, día tras día, y quedara solamente esa sensación de frío y soledad.

    Y llegamos a la última parte del poemario, Instrucciones para aprender de los errores y conseguir cometerlos cada vez mejor.

    Tú siempre mirabas el futuro

    y yo no sabía cómo llegar tan lejos,

    nunca superé mi miedo

    a los lugares desconocidos.

    -Fragmento de Una velocidad pausada

    Se me antoja la parte más madura de toda la ruptura. Recuerdos que llevan a reflexiones sobre el amar y el ser amado. Podemos intuir una voz rota, una voz que sigue herida y se arrulla en los recuerdos y el amor infinito, como el de los abuelos, cuya historia aparece en uno de los poemas más bellos del poemario, Morir juntos.

    Terminamos con la última respuesta a la pregunta reiterada del poemario:

    Amar es que me quieras

    con todas mis debilidades.

    Un poemario sencillo pero profundo, que nos lleva de la mano por una ruptura y los sentimientos que engloban esa ruptura. Memoria, amor, instantes… todo ello configura en conjunto una preciosa exposición sentimental, cercana y muy humana con la que todos nos podemos sentir inevitablemente identificados.

    Pablo Llanos, donostiarra afincado en Barcelona, abre su corazón, y el de muchos de nosotros en este poemario. No sólo se enmarca en la poesía, sino que es escritor también de relatos, que han sido publicados en revistas como Orsai, Narrativas o Madera Berlín.

    Ha sido finalista en dos ocasiones del Certamen de Poesía de Fuentetaja, y su primer poemario, Causa y defecto, salió en el año 2021.  Manual de modelado de corazones para hombres de hojalata es su segundo libro, publicado en 2022 por la Editorial Cuadranta.

  • NoTempoEdiciones: un nuevo sello editorial

    NoTempoEdiciones: un nuevo sello editorial

    NoTempoEdiciones, nuevo sello editorial independiente nacido en Barcelona en mayo de
    2022 presenta: Paraíso mínimo de Berna Píriz Macías y La voz que me subleva de Juanse Chacón.

    Paraíso mínimo irrumpe salvaje, te saca del letargo y te lleva desde una experiencia
    íntima y reveladora hacia una visión genuina de la contemporaneidad cargada de crudeza
    y sensibilidad. Poemario con una propuesta valiente desde el inicio, rápido percibe el
    lector que ha de valerse de una inteligencia lírica para transitar junto a Berna el paraíso.
    Nos han robado el sentimiento poético, caminamos sin belleza hasta que una canción, un
    cuadro o en este caso un libro te resucita y eres más tú que nunca. ¿Cuál es tu paraíso
    mínimo que reivindicar? ¿Cuál tu línea roja que no permitirás sobrepasar?


    Podría el autor haber comenzado con lo concreto, con la evidencia de lo que nos hace
    vulnerables, pero nos reta desde los primeros compases con la imaginación. Nos eleva e
    invita a su vuelo surrealista: un deleite para los sentidos sin una sola imagen estéril. Todo
    misterio esconde un significado y cuando lo desvelas a través de estos versos cunde una
    fascinación más allá del mero entretenimiento. Un éxtasis placentero.


    Paraíso mínimo poco a poco va virando hacia la atroz concreción del punto de mira de un
    francotirador, hacia la crueldad del destino con los que han sido humillados o hacia la
    decadencia implacable de lo efímero. La vida sin el erotismo y ritual del comienzo. Una
    vez mostradas las dos caras, que pese a todo tienen elementos comunes, el poeta las
    funde y nos brinda en los últimos poemas una realidad maravillosa donde se entabla un
    diálogo sensual hasta con la propia muerte. Un final estimulante para una obra
    arrebatadora repleta de musicalidad y simbolismo.


    Testamento
    Hierven mis pestañas sobre el folio
    con mis versos cosidos por estigmas
    de la tinta que mana sin cesar
    una herida que no nos pertenece
    ni siquiera nos posee.

    Desearía soltarme
    caerme
    desprenderme
    de este vuelo que consume
    ¡De esta carne!
    Fundir mis alas ante la inmensidad
    de cualquier océano
    y que el fuego no yerre en su misión
    hacia la emancipación redentora de la culpa
    por querer y haber nacido
    por sentirme de este cuerpo
    apenas verbo
    soledad
    y espíritu.

    Basta la levedad de un instante en mis pupilas
    para que mis ojos dibujen
    corazones desbocados
    como cuadras de gigantes
    que galopan salvajes
    con sus crines de sangre derramada
    sobre el perfil cristalino de la aurora
    tras la coronación mineral del pensamiento
    en el rostro anunciado
    de un nuevo amanecer.

    El gallo vestido de laureles
    canta un sueño de siglos que despiertan
    entre flores de jara y elixires de seda
    donde mis hermanos juegan
    en la plenitud frugal del bosque.
    Cuando la arena apague el reloj de esta batalla
    y el sol abra con sus llaves la gran puerta
    mostraré a mi madre las cicatrices
    de cuantos rayos me atravesaron en la tormenta
    y susurraré callado a mi padre:
    “ lo recordé todo
    yo soy”


    Éxtasis
    Si un cuchillo te anudara la garganta
    y se abriera ante tus ojos
    un sinfín de melodías
    que conducen todas
    a un mismo lugar
    repleto de diamantes
    y esmeraldas
    sería esta una bella historia
    para escribir un poema
    o hacer con ella
    otra manida canción al desamor.
    Si ese cuchillo
    comienza a derramar sangre
    y tus ojos se pierden
    en un torbellino
    incontrolable
    de recuerdos
    ese poema
    o esa canción
    se irán contigo para siempre
    porque allá donde vas
    no hay verso posible
    ni canto más hermoso
    que la balada sublime de la muerte.


    La voz que me subleva es la lucha del espíritu, lo que realmente importa cuando nos
    escuchamos por dentro. Desde un lenguaje directo y cargado de sensibilidad Juanse se
    enfrenta a la muerte, transita miedos y traumas, alterna con la locura ganando siempre la
    vida y nos enseña la grandeza del amor más allá de lo efímero del cuerpo y la finitud de la
    pasión. Se rebela ante la rutina y el acoso laboral desde la desidia, la sospecha o una
    mañana ante el espejo cuadrándose como un boxeador dispuesto a matar a su jefe.

    Las imágenes se suceden con delicada precisión y conforman un libro donde la plenitud
    teatral de algunos poemas alcanza momentos sublimes. De repente se siente el vértigo
    de interpretarse a uno mismo, de enfrentarte a tu asesino o de ser el espectador de las
    múltiples voces que te asaltan. La realidad se confunde con la ficción como dos gemelas
    indistinguibles.

    Si en la primera parte nos encontramos una poesía más realista y en la segunda se nos
    muestra a un autor escénico, hacia el final el autor despliega su paleta de colores e irradia
    al poemario de una luz onírica, plena de misterio, donde transitan buques que se pierden
    en la noche, cráneos que golpean contra el suelo en la fortaleza interior del poeta o una
    revuelta en las aldeas donde animales mitológicos aparecen sublevados contra la gran
    urbe.


    El viaje del héroe
    Aún quedan muchas horas hasta el amanecer
    en las que sientes la opresión en tu pecho
    como una llamada a destiempo
    de la madrastra locura.


    No se trata de zarpar a lugares remotos
    los tétricos pasajes están en tu cabeza
    y la lucha es contra uno mismo
    contra las pupilas desorbitadas del espejo.


    Tiemblas.


    Temes deshacerte en la nada
    y ser un segundo en pausa dentro del manicomio.


    Empotrados los ojos a la ventana
    todavía duermes con el flexo encendido
    llorando por el verso que te acune
    por la respuesta de algún ángel de Alberti
    que ronde despierto y se apiade
    de unas manos frías de pánico.


    Quién iba a pensar que te levantarías aterrado
    cuando alguien volteó las patas de la cama
    y tirándote de los dientes te sentó en la poesía
    para que en vez de un canto vitalista
    sea un canto a la camisa de fuerza
    a la inesperada desconexión de lo existente.


    Calma.


    Al cabo del rato el sueño
    gracias al psiquiatra, un folio sacado del cajón.


    Ni tan siquiera Dios,
    que andaba fumando por el pasillo,
    se ha dado cuenta de la guerra silenciosa.


    Mañana nadie te lo notará en la cara
    cuando el profesor de escritura dramática
    ponga en la pizarra los pasos de Campbell
    en el viaje del héroe.


    Y ahora a dormir para siempre.



    Equis
    Alguien golpeó en mi puerta de madrugada
    pero no me dio tiempo a regresar del sueño
    solo dejó un cofre vacío y perturbador
    para que sea yo quien construya el significado.


  • Adrenaluna, Anabel C. Huertas (Ed. Talón de Aquiles, 2021)

    Adrenaluna, Anabel C. Huertas (Ed. Talón de Aquiles, 2021)

    Cuando una se introduce en los poemas de Anabel sabe que está a punto de entrar en otro mundo; en el mundo oculto, mágico y soñador que existe, pero que no solemos percatarnos de que está.

    Este poemario desgrana las cuatro fases lunares a través de versos oníricos y plenos; un viaje hacia las partes más vistas y, sobretodo, las más ocultas de la luna, o de nosotras mismas.

    Todos mis cuerpos. Luna Nueva.

    no puedo ser tangible

    (ni real)

    sino certera

    La primera fase lunar, la que marca un comienzo, la que cierra una puerta y abre otra en la que ya empieza el mismo final. Anabel abre las compuertas del reino oculto en el alma y en el cuerpo, y muestra una verdad carnal y a su vez etérea de la persona:

    Que alguien nos muestre el rumbo de lo atávico

    allí donde un final nos da comienzo.

    Volver a los antiguos inicios es también una manera de recomenzar. Esta primera fase lunar se me antoja como cierta presentación, como mostrar esa cara oculta que, como decía Mark Twain, todos tenemos. Pero es una parte oculta onírica, distinta, mágica e inalcanzable. Más allá de la piel y los ojos hay un universo inmenso de luces y tactos que escapan a la realidad empírica. Se inicia un camino que no podemos ver, pero podemos sentir en nuestra propia carne y nuestra propia alma.

    Todo a través de un sentir acuoso que no se puede agarrar ni retener, pero que está, que nos llena y nos completa.

    Reinos de Saliva. Cuarto Creciente.

    Tú no lo sabes

    pero bajo los puentes

    de tus ojos rotos

    una gota de cielo

    remonta el río.

    Deseos y anhelos se dan cita en estos quince poemas que configuran el cuarto creciente. Los cuerpos celestes parecen conjugar para dar pie a una pasión y a una incertidumbre. Anhelos divinos que parten de la propia voz, de la saliva, y comulgan con una espera luminosa donde los cuerpos van más allá de cualquier roce, donde no dependemos de nuestra propia voluntad, sino de aquello divino que vive en nuestras entrañas.

    Querer domar lo indomable es un espíritu de rebeldía que se asocia, en estos poemas, con querer domar el aquello intangible que nos configura, que nos hace ser y, sobretodo, que nos hace elevarnos.

    Especial mención al último poema de esta fase creciente, donde se produce una unión, una comunión del anhelo intangible con el beso que todo lo desata. Y crece.

    Plenilunio. Luna Llena.

    Tenemos el don del mar,

    los de la plenitud del fuego

    los del querer de aire.

    El primer poema ya nos lleva a la plenitud: el don del mar, la plenitud del fuego…  Para mí, la parte más intensa del poemario, la más plena, donde los vuelos llegan más allá de la piel y de la carne, donde los deseos y las sombras se unen por un instante, y todo confluye en un lenguaje mucho mayor y que va mucho más allá de las palabras. Tiene un aire sagrado e íntimo que exalta el ánimo casi sin querer, y ahonda en nosotros mismos, en nuestros sentimientos, para lograr el amor más puro.

    Me parece una fase repleta de anhelos y deseos, de sueños vaporosos y de sombras que circundan las miradas, las almas, hasta dar con el centro más puro, el que late en la garganta, el que vibra en la mirada.

    Muy significativo el último poema de esta fase plena:

    El óxido me traba,

    me escupe, incertidumbre,

    en tu herrumbre

    y vomito tu epitafio,

    mi posdata de fuego

    blanqueando tu fragua.

    -Fragmento del Poema Hefesto.

    Malenconiria. Cuatro Menguante.

    La gota que hundió

    mi barco

    cayó de tus ojos.

    Última fase lunar, última parte del poemario. Poemas breves pero muy intensos, donde ausencias y vacíos se encuentran hiriendo los sueños, regreso al mar, regreso al lugar de origen de todas las emociones y todos los pálpitos.

    La estrella queda clavada en un costado, como el resto de un sueño que nunca olvidamos; la luna es la que lame las heridas, quizás por eso escribir es una manera de curarlas, de recordar ese sueño del que nunca hemos sido capaces de volver.

    La poesía de Anabel tiene un sello muy personal; entre elementos naturales y maleables, agua, estrellas, aire, cielo, barro… el poemario que casi se puede tocar; abre canales que no sabíamos ni que existían, ilumina la mirada y la embriaga. Un poemario que recomiendo para dejarse abrir a una misma, para dejar entrar todas las lunas en el pecho y hallar así la luz del sueño.

    Anabel C. Huertas es escritora y divulgadora. ha sido galardonada en diversos certámenes de poesía, participando a su vez en diferentes antologías de relato breve, relato erótico y poesía. Ha publicado e ilustrado el libro de poesía zen Semilla de Haiku para un tanka en flor, 2016. También es co-autora del precioso libro Hijo de la Luna Nueva, un cuento poético escrito para una serie fotográfica de la artista Irene Cruz, en una preciosa edición artesanal y limitada. Su último libro publicado ha sido la antología poética Ningún violín puede amarte, Editorial Balanceo, 2018.

  • Algo te queda, Abel Santos (Ed. Vitruvio, 2022)

    Algo te queda, Abel Santos (Ed. Vitruvio, 2022)

    Como suele pasar con los poemarios de Abel Santos, nos hallamos frente a una alta dosis de realidad, de humanidad y de vida. La primera bofetada de sinceridad arranca en el primer poema, donde nos habla claramente de un divorcio, de manera directa, como suele ser su estilo, sin dramas ni florituras, una verdad desnuda que se abre ante nuestros ojos para advertir que el poemario que tenemos entre manos se muestra como el contrario de su poemario anterior, El camino de Angi.

    La vida tiene giros que a veces nos pueden llegar a sorprender, y Abel ha sabido sacar partido de esta nueva sorpresa que la vida le tenía preparada sin saberlo. Una manera de canalizar y superar las trabas que se ponen en nuestro camino. Un poemario que es a su ver herida y cura, hasta quedar en cicatriz.

    El divorcio queda eclipsado por su hijo, por esa nueva luz que llena ahora su vida. Y nos lo presenta rápidamente, en su tercer poema, Un salto de fe. El autor ve la belleza de la vida en esos primeros gestos, en esas primeras expresiones que le colman a uno el corazón y disipan todas las penas.

    Es un poemario, como suele pasar con los libros de Abel, escrito abriéndose en canal. Recuerdos e ilusiones se enfrentan, como dando una de cal y una de arena, frente a los ojos y el alma del autor

    La lluvia,

    que nunca falla,

    que de nuevo

    cae.

    Así es

    tu recuerdo.

    -Fragmento del poema Tu nombre es canción.

    Abel Santos

    La lluvia nunca falla, porque siempre, en algún momento, acabamos diciendo adiós, y siempre duele.

    En ciertos poemas, probablemente el dolor, la sorpresa, hace que Abel cuestione directamente a la vida. La vida, muchas veces, aparece como ese personaje que todo lo mueve a su libre antojo, sin tener en cuenta quién o quiénes la están viviendo:

    que me pague al contado las ilusiones

    que se perdieron en el camino,

    toda esa bendita poesía amorosa

    que me ofreció, y que me debe.

    Pedírselo

    a la vida. Sí…

    A la vida…

    Menuda mafia.

    -Fragmento del poema Se acostumbra uno a caminar

    El desencanto, el sentirse vapuleado, quizás incluso utilizado, hace que la vida aparezca como ruin y malévola, como decíamos anteriormente, ese boss que mueve los hilos impunemente. Que causa dolor y desamparo y desilusión.

    Un libro escrito desde el dolor y el estupor que un hecho así en su vida le supuso; la pérdida inesperada de un ser tan querido, el enfrentarse a la soledad fría y blanca de un cuarto nuevo y distinto, el darse cuenta que el llanto no aligera, pero no cura ni trae de vuelta. Asumir y aceptar, aunque duela, mientras el lector es absoluto testigo mucho de lo que el poeta está sintiendo y viviendo en esta etapa de su vida.

    En esta desnudez sentimental, Abel muestra claramente sus heridas a la vez que intenta aceptarlas y comprenderlas, enfrentándose a un recuerdo tenue que poco a poco va perdiendo terreno, mientras el frío acecha.

    Retazos de vida ordinaria se agolpan en el poemario como recuerdos, como imágenes soñadas o imaginadas, como una manera de retener la vida que tendría que haber sido y que finalmente no ha sido. La necesidad de comprender pasa por la necesidad de revivir.

    La realidad se muestra abierta y sin adornos en sus poemas como si nos estuviera contando todo lo que arde en su interior a través de su mirada más sincera y clara

    Ya no me muero

    por hacer tonterías.

    Casado.

    Y recién divorciado.

    Y padre de un hijo.

    Compartiendo ilusiones,

    pero sobrio

    desde hace una década.

    Loco perdido

    por mi exmujer y sus ojos

    de aguamarina.

    Peleando, a diario,

    para que no falten

    los garbanzos

    en la mesa.

    Vamos,

    el auténtico

    lado salvaje de la vida.

    -Las horas más duras.

    ¿Puede haber poesía más cierta y humana que esta? Ahí donde el autor muestra sus miedos, sus debilidades, su lucha y su dolor. Algo tan característico en la poesía de Abel, se muestra en su esplendor en este poema, donde resume casi sus dos últimos libros, los últimos años que ha vivido. Y eso, al lector, le llega. Porque está casi escrito como si nos lo contara, porque se muestra claro y transparente y, por encima de todo, humano. La valentía de explicar su interior más íntimo es el sello de este poemario.

    Pero en toda esa amalgama de dolor y lágrimas está la luz de una sonrisa, la sonrisa de su hijo, que le habla, que le da fuerzas y que lo lleva de la mano hasta un futuro prometedor. El tener a alguien a quien amar por encima de todas las cosas hace ver que el amor no ha muerto, sólo ha cambiado de traje, ha cambiado de destino, y la fuerza sigue viva en algún rincón de esa alma herida. Esa fuerza que llena todos los poemas de Algo te queda, por encima de un dolor insufrible y de una tristeza que abruma.

    Hasta que llega la resignación, el saber que las cosas son como son, y aceptarlas, a pesar de todo y por encima de todo, aceptarlas.

    Porque ya te prometiste

    que no necesitar

    ser feliz en la vida

    es tu forma

    de felicidad.

    -Fragmento del poema Jazz en el agridulce blues de la vida.

    Así, después del dolor y el estupor, viene esa aceptación, y el alzar la cabeza con lo que se es y  lo que se tiene, porque es todo lo que hay en nuestro haber que, de algún modo, vale todavía la pena.

    Y en dirección a la poesía,

    vuelvo

    a caminar.

    -Fragmento del poema Estoy de paso en Vozkal.

    Los momentos cotidianos cobran magnitud en los poemas de Abel, porque no es sólo el instante que se está viviendo, es la comunión del instante con las emociones y los sentimientos del autor, de manera que no es sólo un momento, es lo que este momento provoca en él; así, de un viaje en tren sale un mar que se ríe, o de una vídeollamada en una Nochebuena, a veces tan fría, sale la sonrisa de un niño que hace que vuelva a ser Navidad.

    Y los recuerdos se agolpan a la vez que se difuminan casi a la fuerza, porque ahora el círculo se ha roto y el regreso no es a un hogar, a unos brazos, sino a una soledad fría donde uno casi se ve fantasma de esos días. Una vez más, la sinceridad y la humanidad del autor se muestran desnudas y claras, dejando ver que sufrimos, que lloramos, pero que también tenemos el poder de salir de esos agujeros tan profundos que parece que se nos tragan sin ningún tipo de piedad.

    si estos últimos versos te dejan

    con la miel en la boca,

    si el poema ya no es un lugar seguro,

    si ya

    no quiero

    hacer

    juntos

    algo

    bonito.

    -Fragmento del poema Boca Chiusa.

    La presencia del tren, como a veces suele ocurrir en los poemas de Abel, cobra un significado especial; viajes en tren como etapas de la vida. Cada etapa un nuevo tren que a veces ni siquiera sabemos dónde parará.

    Y entre trenes y viajes nuevos e inesperados, transcurre esta nueva etapa de la vida de Abel Santos, que nos muestra, como siempre suele hacer, en lo que mejor se le da: en los poemas. Una vez más, Abel nos presenta un poemario magistralmente escrito, desnudo, directo y claro. La parte más humana de la poesía; en la poesía no todo es luz y estrellas; si la poesía relata las emociones y la vida, la poesía también es soledad y frío, y podredumbre y falta de todo.

    Estoy completamente seguro

    de que los dos

    algo tenemos que ver:

    yo

    escribo

    -te escribo-

    para

    salir

    de la nada

    sin

    llegar

    al

    vacío.

    Un muy buen poemario que abre al autor en canal, mostrando la cara oculta de amor, la desencajada, la inesperada.

    Algo te queda es el último libro publicado de un autor tan prolífico como es Abel Santos, y fue finalista del XXIV Premio de Poesía Ciudad de Salamanca.

  • Habitar el agujero, Carlos Huerga. (Ed. Amaragord, 2021)

    Habitar el agujero, Carlos Huerga. (Ed. Amaragord, 2021)

    Con un gran dominio del lenguaje, Carlos Huerga nos abre una puerta a la reflexión a través este poemario; poemas de cierta brevedad la mayoría, algunos incluso de un solo verso, que condensan en pocas líneas instante de observación, sentimiento y meditación.

    El poemario se encuentra salpicado de elementos naturales que nos lleva a un juego de luz y oscuridad, a un pasar de los años siempre en el mismo lugar. En cierto modo, me ha llevado como al origen y, a su vez, a darme cuenta de cuántos destrozos hay alrededor… ese agujero que habitamos, en el que nacemos y en el que morimos, tan seco, tan oscuro, tan dañado.

    La primera parte del poemario, Estar, aglutina una serie de poemas que plasman, en cierto modo, el caos, la frialdad e incluso me atrevería a decir que también la podredumbre del mundo en general. A mí, personalmente, su lectura me arrastra hacia aquella parta más oscura de la vida y del mundo: el hambre, el frío, el cemento que se contrapone a la naturaleza, la crueldad.

    Hay cierto vocabulario que se repite en esta primera parte que nos marca un poco el camino de lo que está contando: ceguera, frío, nieve, hueco, arder… palabras que crean una atmósfera casi en ruinas y seca, mostrando un entorno cruel y hostil que puede venir de nosotros mismos; ¿somos acaso nosotros la causa y el efecto de esta desolación?

    En esta primera parte se es, se habita. Uno se encuentra en este mundo y narra lo que es y lo que siente. Podría ser incluso un punto descriptivo muy sutil de un entorno, como ya hemos dicho, hostil y maltratado.

    En la segunda parte, Mirar, paradójicamente, se insiste en la ceguera, a pesar de estar viendo. Y es que una ceguera mucho mayor, una ceguera que no implica que no veamos, sino más bien que no miramos.

    Referencias a elementos naturales, alimentos naturales, madera, agua, sol… pero sin abandonar ese punto oscuro de los anteriores poemas.

    Sigue apareciendo la oscuridad, y la herida parece abrirse desde dentro y hacia adentro, a menudo causada por un grito que no se escucha, por una desesperación cansada; uno es consciente que el mal habita, que el mal está hecho, y no hay remedio.

    Finalmente tenemos una tercera parte, Ver. Una parte que podria resumir con un verso:

    los ojos son un corazón enfermo.

    Vemos, pero lo que vemos no está bien y, incluso, no existe. Los cambios se han sucedido para dar lugar a un agujero sombrío y húmedo, donde todo termina y empieza en sí mismo, sin dar opción al crecimiento.

    Las imperfecciones pueblan el mundo y la vida, los errores que conocemos, y debemos ser capaces de ver, de darnos cuenta que puede llegar un futuro, que quizás el agujero se puede salvar, aunque no alberga excesiva esperanza.

    Realmente, este libro de Carlos Huerga me parece a la par complejo como transparente. Creo que nace de cierta desolación, e intenta ser una vía para abrir ojos, a pesar de decir que no vemos. Intenta mostrar que lo oscuro puede tener un lado de luz, si se enciende la palabra en el instante y el lugar correcto.

    Es un libro que considero que se debe leer varias veces para llegar realmente a su fondo, y de hecho, termino esta pequeña reseña pensando que me quedan muchas cosas por descubrir de estos poemas, pero para eso os recomiendo que lo leáis y saquéis vuestras propias conclusiones.

    Os aseguro que no os dejará indiferentes; remueve algo por dentro, no sé muy bien el qué, pero remueve. Casi duele.

    Carlos Huerga es Doctor en Filología Hispánica por la UAM, licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la UCM. Trabaja como profesor, y da talleres de escritura y Clubs de Lectura. Escribe n blog de crítica literaria y cultura, y es autor de Un hombre en el umbral (2010, Amargord), Road Movie (2012, Amargord) y Habitar el aguejero, que es su tercer poemario.

  • Cero, de Miquel Fernández Rivero (Ed. Opera Prima, 2022)

    Cero, de Miquel Fernández Rivero (Ed. Opera Prima, 2022)

    Después de leer y releer el el poemario de Miguel, una se da cuenta que está ante una descripció abrumadora de la vida, escrito desde lo más hondo del ser. Partimos de un cero, de una nada, vivimos, batallamos, sufrimos, y volvemos a esa nada.


    El poemario nos describe el pasar de la vida en su lado más oscuro; la falta de logros, la resignación, el dolor, la oscuridad, son las pautas que rigen ese camino. El tiempo nos mata, la lucha constante acaba incluso con los recuerdos, con los sueños… incluso rompe los versos, que podrían ser, quizás, la única tabla de salvación en este larguísimo naufragio.

    Quiero vestir mis ojos

    con la luz de unos versos

    que azoten el rayo.

    Fragmento de Poema IV.

    Se entrevé cierto ardor de libertad, de claridad. De hecho, el poemario nos llega lleno de palabras que denotan ese oscuro camino que es la vida. Intentamos sobrevivir en un entorno hostil, donde las luces apenas iluminan, las palabras apenas dicen, el miedo reina, y las heridas están repartidas por doquier.

    Forma parte de esta lucha diaria el estar sometido, el haber venido a un mundo donde casi se tiene que pedir permiso para vivir, donde nos ceden una parcelita para habitar, a cambio siempre de un precio.

    Vagan por los andenes

    perdidos en el vértigo

    de la prisa, ahogados

    por el grito salvaje

    de estas ciudades. Títeres

    movidos por los hilos

    del poder de las élites

    de estos nuevos imperios.

    Poema XXXII

    Se ve en este poema la crítica feroz a unas élites, a un sistema que nos marca la vida y no nos deja opción.

    Es interesante la aparición de CERO a lo largo del poemario, como un recordatorio de que, al final, todo es CERO. Y aparece así, en mayúsculas, recordando que nunca nos abandona, porque CERO es CERO, nada es nada, CERO quizás somos nosotros; una nada que intenta ser algo en medio de esta descarnada lucha que son los días, y aunque gritamos, caminamos, luchamos, arañamos… siempre está CERO alrededor para hacernos saber que a él volveremos. Ese intento de salir a flote sin lograrlo, ese miedo del que a veces regresamos menos vivos que muertos.

    Que la vida nos mata poco a poco, que el tiempo es un arma sutil que nos transforma, nos hiere, nos elimina los sueños, es una idea que planea por todo el poemario: la vida rompe, hace que lo perdamos todo sin quizás haberlo tenido, y esa lucha por seguir adelante, inevitablemente, aja el cuerpo y muerde las ilusiones:

    Si bien es cierto que hay ciertas palabras que marcan la espina dorsal del poemario, palabras como oscuridad, espejo, roto… querría destacar el miedo. El miedo tiene una presencia constante, y me transmite la idea de que el ser se encuentra indefenso ante lo desconocido, ante la vida y el vivir sin saber qué ocurrirá, a sabiendas de que ocurrirá y, probablemente no será bueno. El verso como un alarido desesperado que busca aportar la luz entre tantas sombras, la belleza entre tanta atrocidad, la compañía ante tanta soledad.

    Es el agotamiento de vivir, cuando casi la vida apenas depende de nosotros.

    Sólo nombrar al viento

    nos libera y nos da alas.

    Esa necesidad de libertad, de la que hemos hablado al principio, reaparece en algunos versos, sutil, casi efímera, pero presente como contraste al agotamiento de vivir.

    Es un poemario que, en cierto modo, se me antoja como algo que se abre y se cierra, y en el camino, esta batalla infinita, e invencible, que es el pasar de los días, la propia vida, entre gritos y oscuridades.

    Es un poemario abrumador que atrapa y se clava. Describe el dolor, ya no de uno, sino de cualquier persona, de una manera magistral, con un vocabulario muy bien escogido, que se repite a lo largo del poema, dando todavía más énfasis al dolor y la lucha de la vida. Me ha parecido un poema muy maduro, muy afilado y muy doloroso, del cual recomiendo la lectura pausada, poco a poco, para darnos cuenta, para quizás espolearnos a abrir los ojos y ser capaces de tomar las riendas de la vida y hacerla un poco más amable. Aunque parezca prácticamente imposible.

    Miguel Fernández RIvero (Morón de la Frontera, 1958), comenzó a escribir poesía desde muy joven, adquiriendo una madurez importante en su poética a lo largo de los años. Tiene diversos libros publicados, el primero en el año 186 (Imágenes de un espejo), hasta llegar a 2022, donde Opera Prima nos ha concedido el regalo de disfrutar de este su último libro, CERO.

  • Los ojos desdibujados, de Jorge López Llorente (Ed. Cuadranta, 2021)

    Los ojos desdibujados, de Jorge López Llorente (Ed. Cuadranta, 2021)

    Cuando nos miramos en un espejo, ¿nos vemos realmente a nosotros? ¿Qué es en verdad lo que vemos? Este poemario se centra en diferentes “yo”, que a lo largo del libro fluctúan para dar distintas voces de una misma realidad.

    Partiendo ya del título, y a medida que avanzamos por los poemas nos damos cuenta de la importancia cabal que tienen en estos poemas los ojos, las miradas.

    Un poemario que empieza en el espejo y termina en el espejo, dejando por medio miradas, ojos que miran y ojos que ven, los ojos míos, los ojos tuyos, cierto desdoblamiento y a su vez, la identidad de una mirada.

    El mismo autor nos explica en la nota introductoria que el poemario se encuentra dividido en dos partes, y marca esa separación Sombras, el poema más largo de todo el libro, un poema oscuro donde parece que se han perdido las miradas y todo es una oscuridad revuelta y caótica, casi apática y llena de olvidos. Incluso algunas sombras parecen cobrar vida, y ver, y hablar… para no reconocer. Es una pérdida de mirada, una pérdida de luz

    Una marea de siluetas ensombrecidas

    se bañan en mí y salen y vuelven,

    como en un río de fragmentos, cambiante.

    Me sale una medio sonrisa nerviosa. Me fundo en negro,

    me hago fondo de sombras chinas y oscuridades.

    Fragmento poema Sombras

    Los ojos desdibujados (Cuadranta, 2021)

    Los primeros trece poemas nos dan una visión algo genérica e indefinida, de algunas miradas, de instantes que esas miradas observan, o viven, o sienten. Podría ser cualquiera y, sin embargo, veo a alguien detrás, un yo que se dirige a un tú, aunque este yo y este tú podrían ser todos y nadie a la vez.

    Oscilando entre el verso blanco y el verso libre, estos poemas tienen un aire ligeramente oscuro, pero con asomos de claridad; las miradas pueden ser claras, pero esconden un rincón oscuro, que a veces va más allá de lo visto para adentrarse en uno mismo

    Eres tú, ¿verdad?

    No sé si esas imágenes de ti las imaginé,

    en otro tiempo, otro tú.

    ¿Dónde se esconde tu mirada?

    de la que se cayó con su destello, apenas sin rastro?

    ¿Dónde está esa luz que aletea y vuela

    en mi memoria pintándola de tu voz?

    Ahora son otras las pupilas huecas, sin parpadear

    Fragmento poema Virtualmente irreconocible

    Jorge López Llorente

    Los últimos trece poemas aparecen, en algunos poemas, personajes definidos, que poco a poco dejan de verse. Es como si en los primeros poemas los ojos estuvieran abiertos, y empiezan mirando en un espejo, introduciéndose en lo que se ve dentro de un espejo, y en esta segunda parte, los ojos se cerraran y todo terminara con la mirada del espejo hacia afuera: el poder del espejo es que tiene el dominio del reflejo, y es su venganza.

    A mi gusto

    te envanezco o te humillo, te reflejo y te empaño,

    dibujo y desdibujo tus rostros y cuerpos,,

    pero a ti te da miedo romperme, ja…

    Te muerdo. Te hundo, en frío, en mí,

    pues soy tu herida y tu cuchillo de cristal.

    (No es nada personal).

    Fragmento poema La venganza del espejo

    Los ojos desdibujados es un poemario muy bien escrito, con un gran dominio del lenguaje y mucha profundidad. Un libro que se abre y se cierra en sí mismo, como una mirada que se abre, ve, y acaba cerrada para ver más allá.

    Jorge López Llorente es graduado en Lengua y Literatura Inglesa por la Universidad de Oxford, donde recibió el premio Mason Lowance. Tiene diversas publicaciones en revistas en español e inglés y su relato “Igual que antes” fue merecedor del Premio Mordedores. Los ojos desdibujados es su primer poemario y es un libro que recomiendo leer con atención, para llegar a darse cuenta que todo en él está relacionado de algún modo, que las miradas esconden y ven mucho más de lo que creemos; este libro es una mordida que deja marca.