Tras esa portada colorida y viva nos encontramos una serie de poemas, textos en rima, algún relato e incluso ilustraciones realizadas por la propia autora, en los que se nos desgranan diversas emociones, sensaciones y sentimientos.
Desde un punto de vista interior y subjetivo, Irene deja pequeños textos en los que se cuentan vivencias y sentimientos de una manera clara y cercana. Algo curioso es que el libro no tiene índice, los escritos, salvo alguna pequeña excepción, no llevan título, y no hay un orden marcado o establecido de lectura. Eso nos lleva a que el lector pueda encontrar una emoción, una sensación, y que pueda leer los textos de manera independiente.
Tanto la ilustración de la portada como el título Trifulca, ya nos lleva a pensar en una mezcla de cosas en cierto desorden; vendría a ser un reflejo de libro: ideas expuestas de manera consecutiva, pero independientes entre ellas, dejando pequeñas perlas de sentimiento en cada página.
Así, nos encontramos con poemas de amor y ausencia
Entre pared y pared dejé mi sonrisa
para que, al pasar, mirarla consigas.
Déjate ver con el alma rota,
trozos enlazados, besos en tu boca.
Poemas que nos hablan de pasión:
lo que hemos vivido, nadie lo va a tener,
como ese doble golpe que das a mi corazón
cuando aprietas mi piel con tanto furor.
Nostalgia, soledad y tristeza
Aun dejándolo marchar, mi corazón sangra cada vez más.
Respiro, recuerdo, intento contener mi más triste aliento.
Huellas secas en mi piel,
labios hartos de esperar
lágrimas dibujadas con pincel,
es un recuerdo, nada más.
En el fondo, es un poemario vital, en el que se reivindica el amor, el buen hacer, la luz… las cosas positivas, a pesar de exponer en muchos de sus textos, emociones cercanas al dolor, la soledad, el vacío, el olvido o la pena, siempre siempre ofrecen ese contrapunto que reclama más dedicación y más sentimiento en todas las cosas que se hacen y viven:
Demos más abrazos sinceros, más besos mojados,
cuidemos de los nuestros, y amemos lo que hacemos.
Sintamos ese primer café de la mañana, esa brisa lejana
miremos a la luna, como si de una extraña se tratara
rompamos barreras impuestas al amor
sellándolas con nuestro más puro valor.
Como opinión personal, decir que me ha parecido un libro luminoso y esperanzador. Expone instantes o emociones tristes, ciertamente, pero en líneas generales, me parece que siempre hay un pequeño rescoldo de luz que aporta esa esperanza tan necesaria. Es un libro que, además, se puede abrir por cualquier página y encontrar un escrito con el que, seguramente, el lector se sentirá identificado, porque si algo prima en este libro de Irene es, sin duda, que los escritos tocan prácticamente todas las emociones humanas.
Trifulca en la azotea es un libro diverso, cercano y escrito con una sencillez que hace que su lectura sea tranquila agradable y plácida.
Después de haber leído y releído Sodio, he llegado a la conclusión que voy a hablar poco de Sodio, porque creo que no le haría justicia, y lo mejor que podría deciros es que leáis este libro, porque de él se aprende, con él se siente, se llora, se teme, se vive, se explota, se cede.
Crudeza, belleza, vida y dolor. Sodio nos abre las puertas a una intimidad herida pero valiente, a una fuerza innata que se coloca frente al espejo y se atreve a seguir e insistir, aunque se sienta en pedazos, porque, aunque sea en pedazos, sigue siendo. Y sabe que ha de ser.
Carente de género literario, casi me atrevería a decir que Sodio es un género en sí mismo, este libro es un camino vital con todas sus vertientes, desde el ámbito emocional. Sodio duele; despierta un llanto amargo que se oculta en la garganta, porque el sol brilla fuera, más allá de esta sala fría, y los días se siguen sucediendo sin pausa, y quizás no es el momento para que salga, pero ahí está, clavado como la flor que se deshoja antes de tiempo, pero que nunca llega a perder el último pétalo.
Sodio, de Rebeca Tejedor. (Ed. Platero)
Desesperanza y esperanza se dan mano de una manera muy sutil, mostrando debilidades y a su vez coraje, aunque todo con un fino velo de desconcierto, que hace que una busque en las profundidades de su propio seno, la propia identidad antes de que se desvanezca.
Trato de recomponer el fuego con las astillas dispersas, pretendo hacer que sobreviva la llama sobre un manto de agua dormida.
A lo largo del libro a veces aparece una ventana a un pasado, a un tiempo lejano; como si revivir esos tiempos fuera una manera de, o bien aferrarse a la vida, o bien recordar y revivir lo que una ha sido o vivido, antes que se olvide del todo. Es una manera, en cierto modo, de saber que esa vida sigue en algún lugar, aunque haya cambiado el paisaje y el aspecto. Esa vida sigue ahí, aunque quizás esté algo dormida y sujeta por otras manos.
Sodio es una palabra que no se nombra, pero que se clava; y una vez el lector ha descubierto esa cabeza de hormiga, el libro se convierte en un mar, en un oleaje de subidas y bajadas, en un ir y venir entre sillas naranjas y líquidos que se cuelan en el ánimo hasta empaparlo.
Vuelvo a casa con el cuerpo lleno de líquido y un encuentro de almas que me hace pensar que hay algo más que carne en esta vida. Aprovecho para llenar el estómago antes que la propia boca me lo prohíba. /Tengo la cara cuarteada, las manos cruzadas y el pecho abierto/.
La dicotomía negro-blanco se abre paso como emociones transitorias que no dejan de repetirse, como la vida misma. Todo es un vaivén sensitivo y emocional, que empieza siempre en el impulso de decir sin decir, pero diciendo todo con palabras veladas, preciosas metáforas, hirientes espadas que a veces se tornan de seda y en lugar de herir, acarician el alma, porque a veces la fuerza decae, y es entonces cuando es más necesario acariciarla, aunque sean las propias yemas las que lo hagan, o una mirada tras una bata blanca.
El viaje me está resultando más intenso de lo que pensaba desde que empezó el trayecto tengo las profundidades del mar Egeo sobre las córneas y todo su absoluto velado en negro se me desborda. Mi absoluto es la cabeza de la hormiga, lo relativo es que ella vive y yo no estoy muerta.
Rebeca Tejedor
A veces, Sodio se intuye como una necesidad, para que pueda al fin vaciarse y dejar de ser sólo huesos; para soltar aquel peso negro que que cuando rueda siento su cosquilleo, pero nunca me río.
/Camino en círculos sobre mi pecho, veo a Octubre deshecho entre mis pulmones, tengo un grito en los labios, pero ya no hay aire…/
Son momentos concretos que responden a instantes que despiertan impulsos que han de soltarse, y lo hacen con una extrema sensibilidad y con hermosas imágenes que dejan un sabor a sal en la garganta; cosas tan propias del estilo de Rebeca que la hacen absolutamente inconfundible.
Sodio es beso en la herida y sal en la cicatriz. Amarse a una misma a pesar de no sentirse (entera), como un amanecer que no encuentra el sol, aunque el calor empieza a hacer mella en la piel y la mirada.
La fragilidad se muestra sobre el manantial de las venas que fluyen apartadas del riego para ser agua: tus ramas enredadas, mis hebras sueltas: tus nidos espesos, mis cantos vacíos. El mundo ha sido retenido en un suspiro…
Sodio es la crudeza y la belleza; belleza que nos llega por ese lirismo delicado y mágico que escapa de la pluma de Rebeca sin apenas haber sido pensado o retocado; una vivencia que nos lleva al ámbito más íntimo de Rebeca, con su particular oleaje emocional y esa esencia de salitre.
Exhalo, escribo y huyo. No quiero el aliento que bajo sus párpados trae dos ojos muertos.
Sodio es uno de los libros más especiales que ha caído en mis manos. Aunque no lo parezca, la autora se abre en canal para mostrar su heridas más profundas, las que gritan a pleno pulmón con una voz que susurra, de manera casi imperceptible, pequeñas esperanzas en las que no se tiene demasiada fe, pero se quiere creer.
Es un libro que se tiene que leer, despacio, con el pecho abierto, sintiendo en la piel cada aguja, cada destello de luz brillante y cada anochecer silente. Sodio es un libro magistral que marca un antes y un después en la trayectoria de Rebeca Tejedor; sin duda alguna, la autora ha cedido a sus impulsos más personales para regalarnos un libro que no deja indiferente a nadie, que atrapa para no soltar.
Rebeca Tejedor vive en Madrid y es Sensei de poesía japonesa, poeta y redactora y editora de la Revista Abierta de Poesía Poémame. Con una escritura sensitiva e impulsiva, publicó su primer poemario en el año 2017, La esencia está en el aire. Cinco años después, nos sorprende y nos gana con Sodio; un libro que tardó años en tener la forma definitiva y, sin duda alguna, un libro que recomiendo indiscutiblemente.
Cueva de Thánatos hace pensar inevitablemente en la muerte; Thátanos, dios griego de la muerte no violenta. Y a medida que me he ido adentrando en el poemario de Carmen, me he dado cuenta que, en cierto modo, podría ser un camino a la cueva de Thánatos.
Es un gran pequeño poemario que contiene poemas y pequeños retales de textos en prosa, que destacan por su profundidad. De hecho, me atrevería a decir que es un libro emocionalmente reflexivo.
En esas letras encuentro el análisis emocional del dolor, a través de la voz de una mujer profundamente herida, pero que ha aprendido a convivir con esas heridas. Con cierta inquietud desconcertada, (que vemos en las numerosas y acertadas preguntas sin respuesta que pueblan el poemario), con la aceptación del camino que le toca recorrer; podrían ser las limitaciones humanas ante la fuerza de los sentimientos y los recuerdos, y esas limitaciones nos llevan a aceptar ese dolor, pero casi por obligación, con cierta resistencia que se canaliza a través de estos textos y poemas.
La memoria es un notario implacable que recuerda fechas, sentimientos, aconteceres…
-Nos resistimos
Como reza este verso del poema Nos resistimos, no podemos huir de lo que nos configura, de lo que puebla nuestra casa, la memoria, los recuerdos… siempre aparecen en algún momento.
Cueva de Thántos, Carmen Pérez-Seoane Cullen
En el poemario de Carmen se nos hacen muy patentes el desamor, la ausencia, y los recuerdos o el olvido, y en cierta manera están asociados a la muerte; caer en el desamor es como ir lentamente hacia una muerte tranquila, aceptada, resignada:
desamorada me voy por el camino del morir
-Desamor
Me parece maravillosa la manera en que Carmen profundiza en el dolor y los sentimientos; como desgrana esas emociones para hacerlas llegar más allá de nuestros ojos; sentimos el dolor, sentimos el desconcierto, sentimos el miedo, sentimos la pena. La conexión que se crea entre los poemas y el lector es impresionante, gracias a la intensidad de los versos, a la austeridad de sus palabras, que lejos de sonar rimbombantes, son directas, claras, transparentes.
Esta idea la veo reflejada magistralmente en los versos finales de Hipótesis:
Cuando vuestros bisturíes
hayan diseccionado la vida
tendréis en vuestras manos el enigma
que nos hizo vivir
¿Con qué sustituiréis la vida?
Una lee estos versos e inevitablemente siente ese temblor frío mezcla de miedo y realidad, y se da cuenta que este poemario está lleno de sentimientos que son verdades, y quizás por ello es capaz de atravesarnos de esta manera.
Carmen, en este poemario, nos muestra la madurez y la profundidad de sus letras. El arte de saber plasmar y traspasar emociones, heridas; una manera de afrontar la vida.
El claro poder de los sentimientos, la firmeza humana que a menudo por ello se debilita, la vulnerabilidad para vencer las emociones y, a su vez, la fortaleza de enfrentarse a ellas con aceptación.
Quisiera terminar esta reseña con el poema Tristura. Quizás no sea el poema que resumiría toda la temática de todo el libro, pero creo que es una clara muestra de la intensidad, la profundidad y la belleza que sí son un resumen de Cueva de Thánatos.
Ya no me siento yo:
me sientes tú
¿por qué nacemos de dar muerte
a quién nos engendró?
Inexperto cirujano
que rajo al mundo
este hoy
en un doloroso parto
con el pasado:
sólo se hace el futuro
sobre el cadáver del presente:
no hay espejo
que no refleje
pasado o futuro
Presente inexistente
de recuerdos
configurado
de premoniciones
que buscan como intérpretes
al protagonista
que vivió la relación
que ahora autoriza
cuando el latido seco
entona la queumbre
de una tristura
de deshamor
hecha
voz
Carmen Pérez-Seoane Cullen es una gran pintora consagrada y amante de la cultura. Natural de Vitoria, estudió Bellas Artes en Madrid. Algunas de sus obras han sido la portada de sus libros. Cueva de Thánatos es el sexto libro que publica con la editorial Opera Prima.
Tal como nos indica el autor, este poemario recoge poemas que ha ido publicando en diferentes portales y redes sociales, sin seguir una línea temática de unión, sino que se encuentran ordenados de forma cronológica.
Así, los poemas no tienen un hilo conductor por lo que hace a la temática, sino que son poemas que se suceden tratando diversos temas e inquietudes del autor.
Son poemas cercanos que, al no estar ligados entre ellos, tienen la particularidad que puedes abrir el libro por cualquier página y deleitarte con unos sencillos versos que aportan la visión del autor.
Todo ello nos lleva a un poemario que puede hacernos reflexionar en algunas ocasiones, e incluso empatizar, o simplemente aportarnos un rato de distracción con bonitos versos.
Aun así, si es cierto que hay algunos temas que se repiten en el poemario, como el amor, los sentimientos, casi tema universal en poesía, la soledad, la ausencia, la muerte, la música… si bien lo que tienen prácticamente todos en común es la emoción; poemas surgidos en su mayoría de las emociones del autor.
El amor no se ha marchado,
a mi vera ha quedado,
aunque no estás a mi lado.
-Fragmento del poema Me faltas
O el poema Música, que describe el proceso de creación de un disco
Una nota tras otra.
Ahora un acorde, luego otro.
De fondo se oyen golpes,
unos altos, otros bajos.
A veces das con la tecla,
o soplas, y qué bien queda.
-Fragmento del poema Música
Todo aparece escrito desde una visión interior del autor; cada poema podría ser casi una pequeña reflexión y exposición sobre algo, sin dejar de lado la introspección.
La actualidad y la realidad del mundo en que vivimos no escapa de este poemario y nos aparece, de manera sutil, en algunas de las reflexiones que el autor comparte, alguna pequeña crítica a lo que somos hoy en día los humanos, crítica que se extiende, por ejemplo, en el poema La gente de enfrente
Cuando a ti nos acercamos
y de nosotros nos olvidamos,
nos vemos como hermanos
y de uno a uno hablamos
y todos nos respetamos.
Así somos más humanos.
-Fragmento del poema Hermanos Humanos
En otras ocasiones, nos encontramos con poemas cotidianos, pequeñas escenas hechas poema de instantes rutinarios en la vida
Salgo del coche.
Ya se ha hecho de noche.
¡Ya era hora, qué hambre!
Abro la puerta con la llave.
¡Ay, la discusión de ayer!
Ya mismo voy a ducharme.
-Fragmento del poema Por la noche
Porta de Un día cualquiera
A pesar de que podemos encontrar poemas que son simples explicaciones de un hecho, de un instante, también podemos hallar algunos poemas que cuentan con un ligero plus de profundidad, que van un poquito más allá de lo que cuentan las letras a primera vista. Así, por ejemplo, encontramos el poema Qué ha pasado, donde la reflexión va un poco más allá, y gira en torno al paso del tiempo, a los cambios que ese paso provoca en las personas y, por consiguiente, a veces también en las relaciones personales
Tengo sentimientos encontrados,
que me están haciendo daño,
y me pregunto en este estado
por qué intentamos negarlo.
-Fragmento del poema Qué ha pasado.
Y algo parecido nos ocurre con, pongamos como ejemplo, el poema Una historia más, donde la reflexión gira en torno a la vida y la muerte, al cambio y la trascendencia
y así vamos avanzando
por los altos y los bajos
sembrando y cosechando,
y en algún momento dado,
sin saber si hay otro lado,
dejamos todo y nos vamos.
-Fragmento del poema Una historia más
En este sentido, encontramos también poemas que profundizan en el interior del autor, en sus emociones quizás más privadas e íntimas, especialmente en la parte final de poemario, donde los poemas ganan un poquito en profundidad y reflexión:
Ahí mismo estaba la salida,
la propia entrada al abismo.
Así de cerca la tenía,
yo mismo la he elegido
al cerrar los ojos míos.
-Fragmento del poema Laberinto
En definitiva, se trata de un poemario con gran diversidad temática; poemas sencillos y cercanos, escritos en un lenguaje muy coloquial, que explican y exploran, en cierto modo, la realidad en todas sus vertientes, así como las emociones más características del ser humano: amor, soledad, vida y muerte, paso del tiempo, ausencias…
Óscar Antuñano es natural de Santurtzi, Bizkaia, y esta es la primera obra escrita que publica.
En una placa colocada en la sección de español de la Universidad de Rennes, se puede leer que Antonio «murió en 1970 de nostalgia y lejanía«. Y es que Antonio marchó exiliado a Francia, en 1947, nunca pudo regresar a España, y esa pena y nostalgia quedaron en su vida y su poesía como una marca imborrable.
Antonio nació en Cabeza de Buey, un pueblito de la provincia de Badajoz, el año 1905. Estudió Derecho y Filosofía en las universidades de Sevilla, Granada y Madrid. Desde muy joven, ya colaboró con diversas revistas y periódicos tales como El Correo extremeño, La libertad, Estampa o El Heraldo de Madrid entre otros. Asimismo, a los 25 años, ya había publicado cuatro novelas.
Cuando su familia familia se traslada de Extremadura a Madrid, muy a principios de los años 30, Antonio Otero se vincula activamente con la lucha por mantener la República. Una de sus vocaciones más destacadas, el periodismo, lo lleva a viajar como corresponsal por Europa y Marruecos. De esta época y estos viajes surgen los poemas recogidos en Viaje al Sur, que configuran la primera parte de esta antología.
Al estallar la Guerra Civil (1936-1939), Antonio sigue dedicándose al periodismo y publica, junto con un comandante de milicias, un texto defendiendo y alabando el trabajo de las Milicias (Gavroche en el parapeto).
Al terminar la guerra, es procesado y condenado a muerte; pena que fue conmutada por treinta años de cárcel, siendo puesto en libertad vigilada dos años después. A consecuencia de esto, Antonio no puede seguir ejerciendo el periodismo, pero se mantiene en contacto con la resistencia antifranquista, hecho que le suponen nuevas detenciones, hasta que finalmente logra llegar a París en el año 1947 y, aun desde París, sigue vinculado siendo secretario de Alianza Republicada, y del Comité Nacional de Resistencia, a la vez que colabora con Ibérica, revista neoyorquina dirigida por Victoria Kent. Su familia no consigue llegar a Francia hasta el año 1956.
Ejerce de profesor en la Universidad de Rennes, a la vez que hace de traductor para la ONU y la UNESCO, y publicando artículos en gran cantidad de revistas tanto de Europa como de América del Sur, y ejerció también crítico literario en Le Monde des Livres. Durante todo ese tiempo, fue un gran embajador de la literatura y la cultura española, nunca olvidando su tierra, y siempre con un asomo de nostalgia.
De ideología claramente republicana y masón, amigo de Miguel Hernández, fue el último periodista que entrevistó a Lorca en Madrid, antes que este fuera a Granada para no salir jamás.
Por primera vez se edita su poesía completa, Poemas de Ausencia y Lejanía, editada por Libros de la Herida, en su colección Poesía en Resistencia. Cuenta con un prólogo de Juan Manuel Bonet, y un emocionante epílogo escrito por Mariano Otero San José, hijo de Antonio.
Poemas de ausencia y lejanía agrupa sus poemas en diferentes apartados o secciones, recogiendo así toda su obra desde sus primeros poemas, pero son una clara prueba de quién fue Antonio, de sus sentimientos y sensaciones a lo largo de su vida, y de la profunda marca que dejó en él el hecho de tener que abandonar su país para no regresar jamás. A su vez, se va viendo, a medida que avanza el libro, la evolución de él como persona, así como los primeros poemas, por ejemplo, nos hablan de lugares, y se convierten en pequeñas instantáneas de lugares como Andalucía, Elche, e incluso Marruecos, fruto de sus viajes como corresponsal, hasta la nostalgia más profunda, palpable en numerosos versos.
Antonio Otero Seco, fotografiado por F. Buendía
Empezando con Viaje al Sur, se nos ofrecen una serie de poemas que nos hablan de lugares de manera muy concreta; pequeñas escenas o postales se abren frente a nosotros para descubrir lugares que conoció gracias a su faceta de periodista. Una poesía con ligeros toques que hacen recordar el ultraísmo, hay quien dice incluso a la greguería. Lo que sí se puede detectar en estos poemas es cierta influencia del estilo de Lorca, cierto aire de Romancero Gitano, de canción andaluza.
Raya de la lejanía
dormida en el horizonte.
Las casas son como espejos
que hacen más oscuro el ocre
de los corrales. La cal
alterna con el adobe,
ajedrez de plátano urbano
donde disputan dos torres.
(Fragmento de Andén de Marchena)
Vengo desde la plaza,
vengo desde la plaza
de San Francisco,
ay niña, de San Francisco,
vengo desde la plaza
para dormir contigo.
(Fragmento de Marisma)
Después de Viaje al Sur, encontramos seis poemas agrupados bajo el nombre de Con los ojos abiertos, que se abren con una bellísima elegía a Federico García Lorca (recordemos que Antonio Otero fue quien le realizó la última entrevista a Lorca, antes de su último viaje a Granada), así como poemas dedicados a su padre, Miguel Hernández, e incluso a ‘Martín Manzano, alcalde de Móstoles, fusilado en la cárcel de Porlier, donde Antonio cumplió parte de su condena).
Estos poemas toman un cariz distinto, una tristeza y a su vez una fuerza de alzar la voz contra la aberrante injusticia de la guerra y sus consecuencias. Poemas intensos y dolientes, contienen, a mí parecer, una importante carga emocional:
No cantes, que ya nos deja
al costado una lanzada
la frente cuadriculada
por la sombra de la reja.
No cantes, no cantes, ¡no!
En Alicante murió.
(Fragmento de Miguel)
Aunque todos estos poemas tienen ese carácter dolido y de lamento propio de una elegía, el poema llamado Padre es quizás el que se muestra más crudo, más intenso, más herido. Es un poema de una intensidad abrumadora.
Es muy definitoria la frase que abre este grupo de poemas, que proviene de una leyenda indígena de Guatemala: “Hay muertos enterrados con los ojos abiertos. Y sólo los cerrarán el día en que se les haga justicia”.
Los tres poemas que nos encontramos justo a continuación, bajo el título de Ausencia y Mirada Interior, encontramos poemas bastante desgarradores, como María, uno de los poemas que más me ha impresionado, dedicado a su mujer, escrito durante los primeros meses de su exilio en París. Es un poema intenso y triste, de añoranza, donde palpamos el dolor que le supone este exilio, tan lejos de su tierra y, especialmente, de su gente:
María: cuando vuelva te encontraré esperando
en la puerta de casa mi mano que falta-
Me ofrecerás tu risa clara de luna herida
y tus ojos de niña más abiertos que nunca.
(Fragmento de María)
Tanto en Ausencia como en Mirada interior, encontramos poemas que ‘van hacia adentro’, las emociones del autor, su pena, su tristeza, su añoranza y, en cierto modo la incapacidad de comprender el porqué de tanto dolor.
Se contraponen, en cierto modo, con los poemas agrupados bajo el título de Paréntesis sonriente, poemas fechados entre los años 1950 y 1952, fruto de algunos de los viajes que realizó. Son poemas algo más ligeros, siempre bajo un sutil velo de tristeza, que nos hablan de lugares como Estocolmo, Copnehague o Nueva York. También hay que decir que se siente cierto gracejo en estos poemas.
Lejanía son una serie de poema que acusan al dolor y la pena por la ausencia de sus seres más queridos. Así, se abre con un precioso poema llamado Madre, o los poemas dedicados a sus hijos. Y sigue ese aire de añoranza en los poemas recogidos en Con los ojos abiertos II, donde vuelve a aparecernos su amigo Miguel Hernández, su hermana Jacinta o de nuevo su madre. Personas que se han ido yendo, y estos poemas quieren ser, quizás, parte del duelo y de la despedida que Antonio no les pudo dar. Son poemas conmovedores en extremo, donde la tristeza se palpa en cada verso, junto con el dolor que estar lejos supone:
Llegarás, pero yo
habré dejado el lecho de tantos años tristes.
Sólo un hueco, una sombra, un molde, una canción.
Yo antes;
tú después.
¡Qué tarde ya para soñar!
¡Qué pronto aún para dormir!
Antes, después, siempre…
(Fragmento de Vendrás)
La antología se cierra con poemas que recogen otras versiones o variaciones de algunos de sus poemas.
Es indudable que la poesía de Antonio Otero es casi un diario emocional, salvando las distancias, de alguien que ha sufrido en sus propias carnes la crueldad de las cárceles franquistas, la pérdida, a menudo de manera injusta de familiares y amigos, el dolor por la lejanía de su tierra y de sus seres queridos. Una poesía que Libros de la Herida ha decidido recuperar y agrupar por primera vez, dentro de su colección Poesía en Resistencia, en un solo volumen, que configura una pequeña parte de la historia de este país, en la vida de un poeta, en cierto modo, injustamente olvidado, pero que creo que merece, como muchos otros, un reconocimiento. No fue el único que sufrió de ausencia, exilio y lejanía, por supuesto, pero sus poemas nos ayudan a entender y, lo que es más importante, a sentir lo que muchas personas sufrieron. Emoción y dolor a partes iguales, Poemas de Ausencia y Lejanía nos dejan un testimonio fiel y emotivo de lo que fue la vida de muchos durante la Guerra Civil y las décadas posteriores. De todo el poemario, hay una frase que me parece muy característica e importante porque podría resumir, a grandes rasgos, la esencia de la poesía de Antonio; aparece en su poema A los españoles muertos en el exilio, y me parece un buen resumen para cerrar esta reseña:
Amigos: Habéis muerto en olor de hombres solos
con un mapa de España en la pupila.
La documentación y selección de poema que configuran esta antología ha sido llevada a cabo por Juan Manuel Bonet, autor también del prólogo, Edouard Pons y Marino Otero San José, hijo de Antonio, que también es el auto del epílogo, donde además nos regala algunas fotografías familiares para el recuerdo.
Las nubes tienen cicatrices es el primer poemario de Pablo Rodríguez González; una recopilación de novena y ocho poemas en los que encontramos desde la ilusión del amor, la entrega, los sueños, las ganas, hasta la soledad más fría, las ruinas de lo que fue, el dolor y la tristeza.
Es un poemario apasionado, sentido, intenso… pero sobre todo, amoroso y doloroso. La ausencia, el frío y la nostalgia se abren camino página a página, para mostrarnos lo que queda después de una intensa historia de amor.
Probablemente de este dolor nace la idea que se repite en algunos de los poemas, de la fragilidad y la necesidad de sentirse protegido. Especialmente, la fragilidad emocional. Esto lo vemos, por ejemplo, en el poema Lo que nos cubre nos hace más fuertes:
Tan fácil como despojarte
de todas esas capas
para ver un cuerpo frágil,
esquelético, vulnerable,
que tirita y se estremece
con los recuerdos de sus cicatrices.
-Fragmento Lo que nos cubre nos hace más fuertes
Nos cubrimos de cosas que nos tapan y protegen; el ser humano es frágil, necesita protegerse emocionalmente, necesita un refugio. A veces ese refugio puede ser la persona amada, pero cuando esta desaparece, cuando se va, el alma va a la desesperada buscando un refugio, algo que la haga sentir más protegida y menos vulnerable.
En muchos de los poemas, los recuerdos de la historia de amor que terminó configuran un camino de momentos felices, de instantes y vivencias, que se intercalan con el dolor y la tristeza de haberlos perdido. Todo regado por una hermosa dosis de nostalgia que se destila de las heridas en proceso de curación. Es un duelo que hay que pasar para superar.
Ligado a esto, nos encontramos la idea del futuro desvanecido; los sueños de un futuro, los planes, se van con la persona amada:
En tus manos sostienes
todos mis futuros que creí
eran contigo,
juegas con ellos entre tus dedos
con la agilidad de un malabarista
y la torpeza de quien confía demasiado.
-Fragmento de El chasquido entre tus dedos de mis futuros contigo
Ese futuro ahora está desaparecido y en su lugar, encontramos sólo los restos de lo que se construyó, las ruinas y el vacío de lo que será la vida a partir de ahora.
Foto de Jesús J. Matías
No hay desamor sin soledad. No podía ser de otra manera. La soledad nos aparece, ligeramente oculta tras los recuerdos y las ruinas, pero se nota, se palpa, al igual que esa ausencia que lo llena todo de recuerdos.
Sueños:
la mayor sensación de mi soledad
es soñarte y despertar,
ver un futuro contigo
y no tener un presente a tu lado.
-Fragmento de Despertar en un escalofrío
Y ella se trocó en el tictac
que marca el tiempo
a la soledad para evocarla
cada segundo sin su compañía.
Y ella es ahora
esa mirada que busco
al final de mis cajones
en lo cotidiano
de mi rutina.
-Fragmento de Ella es
También tiene cabida en este poemario las ilusiones, pero siempre bajo un velo de tristeza y desengaño. El poema Sacudida a ciegas es un buen ejemplo de que, a menudo, nos equivocamos en una relación, a la hora de buscar o satisfacer las emociones:
No podrá encontrar las suyas
y tampoco encontrará las mías
por más que las busquemos.
¿Sabes qué?
No buscamos bien,
no son las suyas
no las mías;
son las
NUESTRAS
Una relación ha de ser un proyecto común, basado en las ilusiones de ambos. El pensar o buscar solamente las de uno, sólo puede llevar, con el tiempo, a una inevitable ruptura.
Aquí veo claramente la desolación del autor; el sentimiento de tener las ilusiones rotas, la apatía vital que en cierto modo nos atrapa cuando perdemos a la persona con la que querríamos compartir la vida. El dolor se hace presente junto con la tristeza y el desánimo.
Un poema que me ha llamado mucho la atención es Las canciones que grabaste; creo que en él se conjuga la nostalgia en mayúscula. Las canciones suelen ser un elemento principal de la vida, nos acompañan en muchísimos momentos, y escucharlas es casi como revivirlos. El autor desgrana ese dolor y esa pena a través de las canciones que le hacen recordar preciosos momentos vividos.
Ahora no consigo quitarme
esas canciones,
y no consigo que no evoquen
los recuerdos que grabaste
en ellas.
Los diferentes planos de una relación los vemos plasmados en el poemario, desde el enamoramiento hasta la pasión.
Nunca pensamos que caminaríamos
por este camino,
el sendero del deseo,
de la pasión y la ternura
y nos hicimos compatibles
en nuestros cuerpos
cuidando nuestros rincones.
-Fragmento de Las ganas de mis labios de salir corriendo
Eso le da un plus de intensidad al poemario, que no sólo se basa en el ámbito emocional, sino en la importancia de los cuerpos, del deseo, de la piel.
En definitiva, un poemario intenso, de claroscuros, de amor-desamor, de dolor y sueño, de tristeza y nostalgia. Un poemario que desnuda el alma humana cuando ha perdido la persona amada, destapa todo el dolor, la muestra desamparada. Un poemario con el que muchos nos sentiremos identificados. Escrito en verso libre, los poemas se suceden como el que va contando poco a poco lo que tuvo y ya no tiene, lo que siente ahora, después de haber vivido y sentido tanto. Poemas cercanos, sencillos, sin florituras que estén de más.
Un poemario para darse cuenta que, al fin y al cabo, no somos tan distintos y todos, de algún modo, sufrimos por igual en ciertos momentos.
Blanca Berjano (Madrid, 1987) trabajó como profesora en la isla de Mayotte, antigua colonia francesa situada al Norte del canal de Mozambique, en el archipiélago de las Comoras. Este poemario está inspirado en esta isla, fruto del tiempo que la autora pasó en ella, usando la hermosísima barrera de coral, de más de 190 kilómetros de largo, formando una de las lagunas más grandes del mundo, como título del libro siendo, en cierto modo, un símbolo de algo que queda encerrado tras un muro: lo que ocurre en Mayotte no sale de Mayotte. Así, Blanca quiebra esta barrera para dar a conocer la realidad de la isla.
Explotación, violencia, hambre, turismo sexual, racismo, migrantes muertos en el mar… todo se une en este poemario, donde la autora muestra de manera abierta y sin tapujos, la realidad de la isla a veces injustamente olvidada o ignorada.
Blanca Berjano
Tres líneas principales marcan el orden del libro: la explotación de los Mzungú (colonos y, por extensión en el tiempo, turistas de piel blanca), la explotación de la mujer, los migrantes que fallecen en el mar intentado llegar a tierra.
la rabia ruge
es ella la que me colorea las mejillas y
me refuerza
hoy soy capaz de portar sobre mis hombros una cohorte
de señores cejijuntos
este es mi grito de guerra por mis hermanas muertas
Se trata de un poemario duro, crudo, directo, donde se exponen todas aquellas cosas que hieren la isla, su vida y su gente. Si bien Mayotte podría ser considerada un paraíso, de puertas hacia afuera, con sus aguas turquesas, su arena clara, su verde intenso… Blanca nos muestra aquello que queda oculto tras la barrera:
Escrito con absoluta libertad de métrica y técnica poética, mezclando juegos visuales, versos largos, versos partidos, versos breves, estrofas rotas… la densidad de los poemas no dan tregua y nos hacen ir de la explotación por parte de los Mzungú, al uso y abuso de la mujer, pasando por la muerte de personas que intentan (sobre)vivir; lo que convierte el libro en un poemario feminista, justo y guerrero.
ponme la mano aquí, Macorina, pareces una mujer
pero hablas como un hombre, Lololololola,
y no puedo comprenderlo
y he pagado por una malgache
un poco más bilateral o inocua?
indeleble o marchita?
Todo el poemario es como un grito agudo y rabioso que sale de las entrañas, un rugido de denuncia y de queja, un grito que expone y muestra una realidad muy lejana de lo que podría ser ese Paraíso y, sin embargo, una realidad bien poco conocida.
En este sentido, La barrera más bonita del mundo, se convierte en un libro que debería leerse y releerse con las manos abiertas y el corazón abierto: la verdad no es lo comercial, la verdad se esconde tras cada uno de los versos de Blanca, que nos obligan a abrir los ojos, que os golpean directos en la conciencia.
Ruge, también, desde el feminismo hasta la libertad, de la muerte a su lucha. Un poemario que denuncia, que da un puñetazo sobre la mesa, abriendo en canal la situación real de la isla, lo que se vive, lo que se siente, lo que se ve.
me pregunto qué sentiste, turista de flores grises, al conocer el destino de otra
migrante ahogada en el paraíso.
quizá, por un instante, dejaste de lado las gambas flambeadas en aceite de coco y
cebolla caramelizada, y aprehensiva, le hablaste al horizonte:
por qué han venido otra vez a morir a estas aguas,
a teñir de rojo la barrera más bonita del mundo,
a empañarme las gafas
mientras buceas, ya no puedes ver más que muertos en el fondo de este mar
La crudeza de estos versos es tremendamente dolorosa y, a su vez, es un reflejo de lo que ocurre.
Las dos realidades se dan cita y se contrastan, especialmente en la tercera parte del poemario:
¿por qué vinieron a morir a estas cosas,
a enrojecer con su sangre la arena más beige del mundo?
Es un libro cruel, porque la realidad de la isla es cruel, es un libro transparente que muestra el agua turquesa manchada de sangre, la inocencia de las muchachas truncadas, el hambre de los niños, la pena.
La barrera más bonita del mundo es un libro que recomendaría abiertamente. No en vano resultó galardonado con el I Premio de Poesía Joven de la Fundación Caja Navarra. Deja en los labios un sabor a sal y una pequeña lágrima de conciencia en la mirada y, quizás, habría que darle las gracias a Blanca por mostrar y/o descubrir algo de lo que muchos no somos y/o no queremos ser consientes. Para un total entendimiento del poemario, al final, se nos ofrece un pequeño glosario de palabras en Shimaore, que se habla en la mayoría de la isla de Mayotte.
Blanca Berjano es filóloga clásica, con master en Enseñanza del Español como lengua extranjera en la Universidad de Sevilla. Es autora del poemario Ratas en el alféizar (Ménades, 2019). Ha colaborado como editora y coautora en la antología Relatos nada sexis (Ménades, 2020) y realiza artículos para diversas revistas culturares.
A primera vista, el arte y, por ende, el proceso creativo, parece el absoluto protagonista de este nuevo libro de David González Lago, sin embargo, a medida que vamos adentrándonos en los textos que lo configuran, nos encontramos un trasfondo inmenso: desde un paseo por la historia del arte, un museo de pintores, la creación artística, el exterior y el interior del artista/autor que narra la historia, la soledad del artista, la incomprensión, la introspección, la visión general del mundo del arte, incluso a veces, su poca o nula comprensión, desde la explosión de la creación hasta la exposición.
El libro nos viene dividido en cinco partes que exponen escenas que el lector contempla a través de los textos o monólogos del artista autor; escenas que configuran el proceso creativo, con una alta dosis de reflexión interior, un punto crítico, la intensidad del arte frente al terror del artista. De hecho, el libro en sí es una muestra de ese proceso creativo, visceral, intenso, y da la sensación de que, al terminarlo, es palpable el agotamiento y el instante pequeño de agotamiento y, aunque suene paradójico, de vacío y plenitud, que el autor percibe después de haber plasmado todo lo que lleva dentro.
I
La primera parte toma como entorno el proceso creativo; un proceso visceral que supone un esfuerzo casi titánico por parte del artista/autor (técnica mixta: acrílico y sudor, óleo y sudor, desazón y sudor). A menudo, una batalla contra uno mismo.
Por un lado, nos llega la percepción de que el arte es intenso y libre, no debe tener barreras, no debe frenarse, igual que la pasión es intensa, debería ser libre o no tener barreras. Pues el arte es, antes que nada, pasión. Quizás en cierto modo, en esta idea radica una parte de la batalla contra uno mismo que supone hacer arte, uno no tiene el control absoluto de su creación, de la realidad, de lo que le rodea. Y es muy posible que en esta batalla, el artista/autor siempre salga herido: trabajar a pecho descubierto implica dar todo lo que uno tiene, su máxima esencia, sin artificios ni decoraciones innecesarias: de la naturaleza del ser, a la máxima pureza.
Unas veces me entrego con delirio y otras muestro la frialdad de un apático reptil, pero siempre al terminar me siento vivo y renacido. Digamos que es motivo suficiente para seguir amando el arte, aunque me mate.
Llama la atención la referencia al tiempo de Planck: lo vital, que dura menos que un tiempo de Planck; la importancia del instante pequeño en que la inspiración, que es lo vital en el arte, brilla y nos deslumbra. Ahí es donde se produce el milagro, y uno ha de ser capaz de detectar ese mínimo instante en que todo florece, y captarlo, y hacerlo suyo para después plasmarlo.
De esta primera parte, me gusta la idea de la batalla interior que supone enfrentarse al arte, que a veces uno puede llegar a ser esclavo de una pasión y, aunque hiera, es imposible huir de ella. Extraigo esta idea de la fuerza del artista/autor, el ser capaz de enfrentarse a un lienzo/página en blanco, sabiendo que probablemente, ese proceso va a doler.
El artista/autor, su proceso de creación con su interior reflexivo, junto con el propio arte, aparecen como protagonistas de esta primera parte; la realidad se filtra por sus ojos y sale de sus manos, dando como resultado el artefacto que debe mover y conmover al espectador/lector.
II
En esta segunda parte, nos encontramos con diferentes ‘fases’ que configuran el arte y el proceso creativo: el trabajo, la crisis creativa… el proceso de creación.
El autor relaciona el proceso creativo con la propia vida, como si en él crear arte fuera algo inherente a su vida, yo nací artista, y no puede librarse:
Mano en la que siempre veré, aun lavándola a conciencia, ese mapa emborronado y colorido inherente al proceso de vivir.
Así como los colores y los lienzos toman protagonismo en esta segunda parte, cabe destacar también la inspiración, que aparece como una explosión, que llega y es imposible salir bien librado de ella. Relacionado con el pequeño instante que aparece en la primera parte (lo vital, que dura menos que un tiempo de Planck): el pequeño instante en que el artista/autor tiene la oportunidad de agarrar los restos de metralla que quedan suspendidos en el aire después de la explosión inspiradora.
Me gusta especialmente el asomo de críticas a las etiquetas: partiendo de la base que el arte es algo libre y abstracto, las etiquetas limitan y acotan la creación:
No producen alimento ni riqueza porque carecen de imaginación. Porque no tienen alma. Porque no odian a muerte cualquier tipo de etiqueta.
Del mismo modo, nos aparece la importancia de la pasión en el juego del arte, algo que ya se deja ver en la primera parte:
Quizá la posteridad no diga de mí que fui un genio, pero nadie pondrá en duda mi pasión.
El arte va más allá de lo que tenemos ante nuestros ojos: se ha de ser capaz de dejar caer la venda, abrir el alma y sentir por dentro aquello sublime que destila el arte.
Ilustración de la portada por Marlem Cantón.
III
Avanzamos en todo el proceso artístico y llegamos a la fase en que se dan las exposiciones, el éxito, el fracaso, las preguntas…
Si el arte va dentro del artista/autor, lo que hace es perfeccionarlo, pero cabe tener en cuenta que el arte es algo abstracto que va mucho más allá del lienzo y, como nos recuerda el autor con la cita de da Vinci, el arte está siempre inacabado. En Horizonte a perseguir se ve muy claro que el artista puede sentir que su arte es el camino hacia ese horizonte, para jamás alcanzarlo y, quizás, ahí está lo sublime del arte, siempre avanzando, jamás llegando a una conclusión y dándose por terminado.
Hay una vez más cierta crítica hacia el mundo del arte como negocio: pintar los sueños de otro resta libertad a la creación, y al arte ha de ser libre. Las subastas tienen también su dosis de crítica, puesto que en estos eventos se pone una medida al arte, y el arte es invalorable; el arte es algo subjetivo cuyo valor es imposible de medir. No es viable medir la inspiración, las cosas abstractas. El arte debe estar por encima de todo eso.
IV
En esta parte, casi final del libro, llega el turno de las Ferias de Arte: el mercadeo del arte, de los artistas y de las obras como meros productos.
Es muy interesante el punto irónico que David pone en algunos textos de esta cuarta parte, los monólogos interiores del comprador de una galería, del soñador… que enlaza con la idea del valor que se le da al arte: justamente los que adquieren ese arte en cierto modo son los que menos capaces son de darle al arte la verdadera importancia y el verdadero valor (intangible) que tiene).
V
Un futuro epitafio: la búsqueda a través del arte no tiene final, pero por el camino se pueden llegar a encontrar algunas cosas…
Terminado el libro, una se da cuenta del paralelismo de las artes plásticas con la literatura:
El artista siempre crea usando sus órganos vitales.
En estas distintas disciplinas, el artista/autor toma la forma, como David nos indica al principio del poemario, de una alambique mediante el cual la realidad se transforma, pasando por sus ojos y su filtro, y deja la visión interior de aquello exterior reflejado en las obras.
Es un libro tremendamente interesante de leer, donde análisis, crítica, exposición, trabajo y pasión se ven plasmados, conjurando en un mismo proceso creativo la pintura, las artes plásticas, y la literatura, puesto que el proceso de hacer arte es el mismo.
Artefactum es el quinto libro de David González Lago, y su lectura es altamente recomendable para cualquier persona, y casi obligatoria para cualquier artista.
El Senryu es un tipo de poema japonés con una métrica 5-7-5, igual que el Haiku, pero con una temática distinta. Si bien el Haiku cuenta con la naturaleza como elemento principal, en este caso, se refiere a las relaciones humanas, la mayoría de las veces con humor negro y mucho juego de palabras. se centra en la existencia humana, sus miserias y su decadencia. Aunque la mayoría de los Senryu tienen un toque de cinismo, también se presentan serios y reflexivos, analizando las emociones humanas hacia la vida.
La modesta voz de las palabras es un poemario escrito únicamente con Senryu, pero con algunas variaciones de métrica: no todos los poemas tienen la forma métrica 5-7-5, como corresponde al Senryu puro, sino que algunos varían en el número de sílabas, cambiando la estructura, con combinaciones 5-8-5, 6-7-5 ó 4-7-5. Esto puede ser debido a que, al escribirse las palabras en japonés de manera distinta, el conteo de sílabas no siempre se corresponde. Sin embargo, por otro lado, también es posible que el autor haya optado por una métrica más algo más libre pero, en este caso, los poemas estarían alejados de la métrica tradicional.
Gestos fingidos
se mercadea con la piel
de seres vivos.
Si bien la temática podría encajar, encontramos variación métrica en el verso central.
Por lo general, el poemario, más que centrarse en un cinismo o humor sátiro, recurre más al desánimo; así, nos encontramos poemas que describen la percepción humana de la vida, del trabajo, del día a día, tintado de cierto desencanto. Esto nos lleva a la reflexión de la precaria situación del ser humano en muchos lugares, y las condiciones de vida.
Pablo Mata
Turno de noche
una ventana ilumina
negra fachada.
Este tipo de poesía japonesa se solía usar mucho para el tema laboral; las condiciones precarias y a veces abusivas del trabajo, especialmente en un lugar como Japón, se ven reflejadas en los poemas, transmitiendo soledad, infelicidad, tristeza y oscuridad.
Muchos de estos poemas llevan implícita una crítica hacia la sociedad y, en cierto modo, el progreso.
Llegan los robots
¿Qué será de los humanos
robotizados?
El poemario, en su mayoría, se convierte en una reflexión de la condición humana, pasando por el ámbito laboral, vital, emocional. Muestra la parte más fría del mundo y la vida, que contraste con la parte, podríamos decir, más cálida y humana de las personas.
También cabe destacar que hay algunos que difieren ligeramente de la temática tradicional del senryu pero, sin embargo, son poemas de gran belleza.
En el poeta
florece la palabra
en soledad.
Asomado a ti
el horizonte se volcó
en precipicio.
Pablo Mata nos muestra las miserias humanas, critica la situación actual en muchos ámbitos, injusticias, soledad… y nos hace ver que la reflexión es muy necesaria para poder cambiar las condiciones del juego.
Qué mala vida
con brasa incandescente
nos va forjando.
Me gustaría acabar esta reseña dando las gracias a la compañera y editora de esta revista, Hortensia Márquez, por su asesoramiento.
Tierra de esparto y fuego es una antología poética que recoge poemas de entre los años 1998 y 2019, y está estructurado en cinco partes: las dos primeras recogen poemas de los dos libros escritos conjuntamente por Águeda Molina y Francisco Javier Alonso, En la vera de un desierto y Vera del mar. La tercera parte recoge poemas de Tierra de Esparto, poemario ya escrito por Águeda en solitario. La cuarta parte nos acerca Tierra de fuego, escrito también en solitario por Águeda, y, finalmente, nos encontramos con una curiosa quinta parte llamada Clásica, donde se recogen poemas que se corresponden con las estructuras clásicas tales como sonetos, coplas, versos leoninos, zéjel…
EN LA VERA DE UN DESIERTO
En esta primera parte nos encontramos una selección de poemas pertenecientes al primer poemario escrito a dos manos entre Águeda Molina y Francisco Javier Alonso, en el año 1998. Poemas en su mayoría en verso libre, aunque se intercala alguna estructura clásica como podría ser la copla castellana.
Se trata de dieciséis poemas, con un estilo y ligero, agradable de leer, y que parten de la parte más emocional e íntima de los autores.
Tierra que naces a la vida
yerta triste y solitaria
tierra de fuego y pasión, ¡de sangre y dolor
-A mi tierra
El amor a la tierra de los autores, Vera, en la provincia andaluza de Almería y, por extensión, a Andalucía, se hace patente en algunos de los poemas de esta selección. Versos luminosos y de dolor, casi como cantos populares, hablan de una tierra herida pero, a su vez, rica y preciosa. Para acercarnos más, aparecen personajes propios de la zona, pescadores… dando el toque costumbrista a estos poemas.
El amor, como no, tiene cabida también en esta sección, destacando en este sentido el poema Gitano (Francisco), donde la autora estalla dando rienda suelta al profundo amor que siente:
Tu cara morena, tus ojos profundos.
De noche y de día,
tu porte arrogante enciende mi sangre.
Por ti mi vida daría
por ti mi alma vendería.
-Gitano (Francisco)
Podríamos decir que en esta parte encontramos sentimientos profundos y puros hacia la tierra, cierta añoranza, el dolor de la ausencia y el esplendor del amor.
VERA DEL MAR
Esta segunda parte parte la encontramos, en cierto modo, ligada a la anterior: nos presentan lugares de su tierra, el Cerro del Espíritu Santo, la playa de Vera, el Mercado del pueblo, Garrucha… nos aparece la vida rutinaria, las costumbres, todo ello con un todo de cercanía y nostalgia que muestran el amor de los autores por su tierra natal.
Vera del Mar,
arena fina, turquesa
y pulidas piedras incrustadas de plata,
¡las moja y remoja!,
el paulatino
y sosegado movimiento de las olas.
Un pescador
cruza el hermoso e inmenso playazo,
¡en busca de su mar!
y de su barca, varada en la laguna.
– A la playa de Vera
La nostalgia más intensa nos aparece en el poema La casa de mi niñez, donde los versos destilan aromas que la memoria guarda en su parte más amable.
De hecho, en esta segunda parte de la antología, los recuerdos cobran importancia, la nostalgia por personas, por la tierra, el sentimiento desborda casi los poemas. Aun así, no deja de tener un tinte triste y doloroso, que se deja sentir especialmente en el poema Que el cielo me mire, donde se puede casi palar la cercanía de la muerte, y se enlazaría con el poema Un día:
¡Cuando la oscuridad eterna llegue a mis ojos!
quiero estar tumbado, en una lastra del desierto
mirando al cielo, ¡y que no me entierren!
-Que el cielo me mire
Llegará un momento
en que todo será nada
y dormiré y, en mis sueños
seré polvo y seré mar.
¡Llegará un momento!, no querré despertar
y abrazada a mi tierra solo querré soñar.
-Un día
En estos dos poemas la intensidad crece y se clava con tristeza y dolor, rompiendo un poco la serie de poemas más sosegados donde nos describen lugares y vidas cercanos de toda la zona de Vera del Mar.
TIERRA DE ESPARTO
Nos adentramos en la tercera parte del poemario, esta vez escrito en solitario por Águeda Molina. De entrada, las emociones que despierta esta tercera parte son algo distintas de las anteriores; siguen apareciendo pinceladas de su tierra, pero a nivel general, nos encontramos poemas más profundos, más íntimos, más del interior de la autora que del entorno.
En tus ojos yo vi, la pureza sin mácula
de tus labios oí, la franqueza sin fin;
en tu mente intuí, la niñez sin renuncia.
Contigo, mi amor, los momentos más tiernos apuré.
Sin ti, mi amor, los días más aciagos, penado he de vivir.
-Contigo, mi amor
Sigue habiendo homenajes a su tierra y a su gente, pero los versos esta vez llevan un velo algo más oscuro, algo más triste. Deseos de renacer, de reencontrar, de algo mejor.
si en el espacio, remontando,
a las almas destrozadas
con mi risa yo sanara…
si en una estrella,
convertirme yo pudira;
desintegrarme en ella
y volver a renacer.
¡Si yo pudiera!
-Renacer
En esta tercera parte del libro, encontramos cierto cambio en el vocabulario. Palabras que hablan de frío, erosiones, grietas, venganza, desierto, oscuridad e incluso ira… son las emociones quizás más frágiles de la autora, su tristeza, su añoranza, su dolor.
No más dulces ademanes
ni palabras delicadas,
no más meras ilusiones
es la flecha atravesada,
en el desgarro incesante.
¿Qué vida?… si ya solo queda la nada.
-Gemido del alma
Águeda Molina
TIERRA DE FUEGO
Llegamos la cuarta parte de esta antología, Tierra de fuego, que recoge poemas de Águeda de entre los años 2012 y 2019. Después del dolor y el grito de la tercera parte, empezamos a ver un asomo de luz. Los recuerdos, antes dolorosos, se tornan poco a poco en una memoria amable. Sigue presente la añoranza y la pena por la ausencia, pero el tono es más calmado, la ternura gana terreno a la rabia.
Ya no tengo a mi poeta
desgarbado, desarraigado,
desvergonzado, desganado.
Ya no está mi poeta
elocuente, enrevesado,
educado, enamorado.
Simplemente, ya no tengo poeta,
pero yo… ¡sigo siendo su poetisa!
-Mi poeta
La autora, a pesar de la ausencia, lanza poemas de amor a nuevos personajes que aparecen, Clara, la niña de sus ojos, a sus gemelos, e incluso a Turca, su perrita. Se entrevé más madurez en los poemas, cierto acercamiento a las formas clásicas y una rima más cuidada. Y este paso nos acerca la última parte de la antología.
CLÁSICA
De entrada, cabe destacar las estructuras de los poemas; en esta parte encontramos sonetos, Zéjel, coplas, ovillejos e incluso poemas con rima Jotabé. Sin duda, Águeda trabaja con considerable dominio las formas clásicas.
Los versos de esta quinta parte siguen la esencia de las anteriores, añoranza, sentimiento y emociones para con las personas y con la tierra natal de la autora se entremezclan en todos los poemas, con una intensidad quizás más remarcada, podríamos decir que hay poemas muy viscerales
Las voces del tiempo provocan cortejos
de luces, que al alba, producen reflejos
y en cálidas noches me ofrecen consejos.
Despacio, con calma, levanto mi vuelo
ya siento tus ansias, tu miedo, tu anhelo.
Te noto, te siento, te escucho, te huelo.
-Te noto (Zéjel)
En definitiva, esta antología contiene una amplia gama temática que llevará al lector a viajar por tierras andaluzas y conocer a su gente, en el corazón de la autora, sentirá el dolor de la ausencia, la añoranza y también su esplendor. Es un poemario cercano, sencillo, con toques costumbristas. Todo ello pasado por el filtro de las vivencias y las emociones de la autora.