Categoría: Poemas

  • El habla extremeña en la poesía: «El miajón de los castúos» de Luis Chamizo

    El habla extremeña en la poesía: «El miajón de los castúos» de Luis Chamizo

    “Porque semos asina, semos pardos,
    del coló de la tierra”

    Mi primer contacto con este hermoso libro, tuvo lugar en la clase de Lengua y Literatura Española en el instituto de Enseñanza Media de Badajoz, donde cursaba el bachillerato. Y fue el profesor que impartía esta asignatura, el que me enseñó a amarlo, a entenderlo, a descubrir la ternura, la belleza y el lirismo que encerraban sus poemas, escritos en ese habla o dialecto extremeño que a mí no me sonaba extraño, por haber nacido y transcurrrido mi infancia, en un pequeño pueblo del sur de la provincia. Desde entonces, lo conservo como si fuera un pequeño tesoro que releo de vez en cuando para no olvidarme de mis raíces castúas.

    Corrían los primeros años del siglo XX cuando este poeta extremeño, Luis Chamizo Trigueros, trasladó al papel las vivencias, costumbres y sentimientos de la gente de su tierra, reproduciendo en sus poemas el habla popular característica y propia de aquella época en un entorno campesino y humilde. Con ello inauguraba un nuevo estilo de belleza en las letras con el decir de la gente de Extremadura. Volcó en sus poemas todo un caudal de ideas, sueños, sentimientos… Y nos dejó escrito en verso, un patrimonio lingüístico que de otra manera hubiera quedado en el olvido.

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    Luis Chamizo nació en1894 en Guareña (Badajoz) en el seno de una familia humilde y trabajadora de Extremadura. Muy joven se trasladó a Madrid para cursar el bachillerato. Se licenció en Derecho en la Universidad Central de Madrid y en la de Murcia. En esos años de estudiante, asistió con asiduidad a las numerosas tertulias literarias de los cafés y dio sus primeros e importantes pasos en el mundo de la poesía.

    Contactó con el movimiento modernista a través de algunos poetas como Salvador Rueda, Francisco Villaespesa o Amado Nervo. Conoció a Federico García Lorca, probablemente a Rafael Alberti y a otros intelectuales y poetas de entonces. Coetáneo de la generación del 27 prefirió quedarse en el camino de la poesía regionalista, siguiendo los pasos del poeta José María Gabriel y Galán.

    En 1818, la muerte de su padre, tinajero en su pueblo natal, le obligó a volver a su tierra de origen para proseguir con el negocio familiar y ese contacto con la gente humilde de su tierra le hizo profundizar en el conocimiento de la idiosincrasia y la forma de hablar extremeña.

    En 1921 publica el libro de poesía por el que fue más conocido: “El Miajón de los Castúos”, en el que intentaba reflejar y transcribir el habla rural. Pronto, el libro se convirtió en un verdadero fenómeno literario y Chamizo en un poeta de referencia en el mundo literario de Extremadura.

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    El poeta llama al conjunto de sus versos “el miajón de los castúos”.

    Dos vocablos muy característicos de la tierra:

    “Miajón”: la esencia, la miga, el jugo…del pueblo extremeño.

    “Castúo”: voz derivada de “castizo”, lo genuino, lo más auténtico.

    A partir de su publicación, se generalizó la palabra “Castúo”. Y con el tiempo, dicha denominación, se hizo popular para denominar las hablas regionales extremeñas en general.

    (…) Vusotros qu’atendéis a las lerturas
    y séis tan sabijondos de las cencias
    que quizás nus larguéis de carrerilla
    y en romances jazañas extremeñas
    que los nuestros ejaron sin contaglas
    endispués de jaceglas.


    Y sus dirá tamién cómo palramos
    los hijos d’estas tierras,
    porqu’icimos asina: jierro, jumo
    y la jacha y el jigo y la jiguera.(…)

    En esta obra, supo trasladar al verso toda la fuerza expresiva del lenguaje autóctono, que transmite el saber popular de generación en generación. Y en sus versos, canta a la vida cotidiana del hombre extremeño, que habita un medio rural, que ama y a la vez le condiciona. Todo ello en medio de difíciles circunstancias, avatares políticos y sociales y unas duras y precarias condiciones de vida propias de los comienzos del siglo XX, con el campo extremeño en manos de las oligarquías terratenientes y caciquiles. Sin embargo en sus versos, no hay una denuncia social explícita como tal, seguramente por la censura de aquellos años, más bien llevan implícitos cierta resignación y fatalismo vital.

    (…)“Y tamién sus dirá que semos güenos,
    que nuestra vida es güena
    en la pas d’un viví lleno e trebajos
    y al doló d’un viví lleno e miserias:
    ¡el miajón que llevamos los castúos
    por bajo e la corteza!”(…)

    Los temas del libro son los propios del regionalismo: la nostalgia de un pasado mejor, la vida rural y campesina, los oficios tradicionales, las costumbres de los ancestros, la vivencia de la naturaleza y el paisaje sometido por la mano del hombre…Y dan lugar a descripciones de gran lirismo y fuerza expresiva.

    Las características de su poesía se corresponden con la Extremadura que él redescubre al volver: sencillez, austeridad, gravedad, reciedumbre, ternura y sentido dramático.

    Según el académico José Ortega Bonilla, que escribe el prólogo “Todo es grande, fuerte, potentísimo…El libro de Chamizo no es de los que se dejan dormir en la estantería de la biblioteca. Quien comience la lectura, la continuará y la dará fin y no se olvidará más de ella.”

    El libro está integrado por once extensos poemas y uno inicial que hace de introducción: “Compuerta”

    Dada su larga extensión, solo dejo de muestra este poema sobre el nacimiento de un hijo de un matrimonio de campesinos, en mitad del campo. Todo un bello canto lírico a la Vida, a la Madre Naturaleza, que aunque sea recia, hostil, dura…también es acogedora y muy hermosa.

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    Monumento a La Nacencia. Parque de la Legión. Badajoz.

    LA NACENCIA

    I
    Bruñó los recios nubarrones pardos
    la lus del sol que s’agachó en un cerro,
    y las artas cogollas de los árboles
    d’un coló de naranja se tiñeron.

    A bocanás el aire nos traía
    los ruíos d’allá lejos
    y el toque d’oración de las campanas
    de l’iglesia del pueblo.
    Íbamos dambos juntos, en la burra,
    por el camino nuevo;
    mi mujé, mu malita,
    suspirando y gimiendo.
    Bandás de gorrïatos montesinos
    volaban, chirrïando, por el cielo,
    y volaban pal sol, qu’en los canchales
    daba relumbres d’espejuelos.

    Los grillos y las ranas
    cantaban a lo lejos,
    y cantaban tamién los colorines
    sobre las jaras y los brezos;
    y, roändo, roändo, de las sierras
    llegaba el dolondón de los cencerros.

    ¡Qué tarde más bonita!
    |Qu’anochecer más güeno!
    ¡Qué tarde más alegre
    si juéramos contentos!…


    —No pué ser más —me ijo—, vaite, vaite
    con la burra pal pueblo,
    y güérvete de prisa con l’agüela,
    la comadre o el méico.
    Y bajó de la burra poco a poco,
    s’arrellanó en el suelo,
    juntó las manos y miró p’arriba,
    pa los bruñíos nubarrones recios.


    ¡Dirme, dejagla sola,
    dejagla yo a ella sola com’un perro,
    en metá de la jesa,
    una legua del pueblo…
    eso no!   De la rama
    d’arriba d’un guapero,
    con sus ojos reondos
    me miraba un mochuelo;
    un mochuelo con ojos vedriaos
    como los ojos de los muertos…

    ¡No tengo juerzas pa dejagla sola;
    pero yo de qué sirvo si me queo!


    La burra, que roía los tomillos
    floridos del lindero,
    careaba las moscas con el rabo;
    y dejaba el careo,
    levantaba el jocico, me miraba
    y seguía royendo.
    ¡Qué pensará la burra
    si es que tienen las burras pensamientos!


    Me jui junt’a mi Juana,
    me jinqué de röillas en el suelo,
    jice po recordá las oraciones
    que m’enseñaron cuando nuevo.
    No tenía pacencia
    p’hacé memoria de los rezos…
    ¡Quién podrá socorregla si me voy!
    ¡Quién va po la comadre si me queo!


    Aturdío del tó gorví los ojos
    pa los ojos reondos del mochuelo;
    y aquellos ojos verdes,
    tan grandes, tan abiertos,
    qu’otras veces a mí me dieron risa,
    hora me daban mieo.
    ¡Qué mirarán tan fijos
    los ojos del mochuelo?


    No cantaban las ranas,
    los grillos no cantaban a lo lejos,
    las bocanás del aire s’aplacaron,
    s’asomaron la luna y el lucero,
    no llegaba, roando, de las sierras
    el dolondón de los cencerros…
    ¡Daba tanta quietú, mucha congoja!
    ¡Daba yo no sé qué tanto silencio…!

    M’arrimé más pa ella:
    l’abrasaba el aliento,
    le temblaban las manos,
    tiritaba su cuerpo…
    y a la lus de la luna eran sus ojos
    más grandes y más negros.
    Yo sentí que los míos chorreaban
    lagrimones de fuego.
    Uno cayó roando,
    y, prendió d’un pelo,
    en metá de su frente
    se queó reluciendo.
    ¡Qué bonita y qué güeña,
    quién pudiera ser méico!


    Señó: tú que lo sabes
    lo mucho que la quiero.
    Tú que sabes qu’estamos bien casaos,
    Señó, tú qu’eres güeno;
    tú que jaces que broten las simientes
    qu’echamos en el suelo;
    tú que jaces que granen las espigas,
    cuando llega su tiempo;
    tú que jaces que paran las ovejas,
    sin comadres ni méicos…
    ¿por qué, Señó, se va morí mi Juana,
    con lo que yo la quiero,
    siendo yo tan honrao
    y siendo tú tan güeno?…


    ¡Ay! qué noche más larga
    de tanto sufrimiento:
    ¡qué cosas pasarían
    que decilas no pueo!
    Jizo Dios un milagro;
    ¡no podía por menos!

    II

    Toíto lleno de tierra
    le levanté del suelo;
    le miré mu despacio, mu despacio,
    con una miaja de respeto.
    Era un hijo, ¡mi hijo!,
    hijo de dambos, hijo nuestro…
    Ella me le pedía
    con los brazos abiertos.
    ¡Qué bonita qu’estaba
    llorando y sonriendo!


    Venía clareando;
    s’oían a lo lejos
    las risotás de los pastores
    y el dolondón de los cencerros.
    Besé a la madre y le quité mi hijo;
    salí con él corriendo,
    y en un regacho d’agua clara
    le lavé tó su cuerpo.
    Me sentí más honrao,
    más cristiano, más güeno,
    bautizando a mi hijo como el cura
    bautiza los muchachos en el pueblo.


    Tié que ser campusino,
    tié que ser de los nuestros,
    que por algo nació baj’una encina
    del caminito nuevo.


    Icen que la nacencia es una cosa
    que miran los señores en el pueblo:
    pos pa mí que mi hijo
    la tié mejor que ellos,
    que Dios jizo en presona con mi Juana
    de comadre y de méico.


    Asina que nació besó la tierra,
    que, agraecía, se pegó a su cuerpo;
    y jue la mesma luna
    quien le pagó aquel beso…
    ¡Qué saben d’estas cosas
    los señores aquellos!


    Dos salimos del chozo;
    tres golvimos al pueblo.
    Jizo Dios un milagro en el camino:
    ¡no podía por menos!

    Aquí pueden ver y escuchar el poema, recitado en castúo por Fernando González:

    Espero que lo hayan disfrutado.

    REFERENCIAS:

  • 13 preguntas y una escritora: Begoña Ruiz  “Las montañas azules”

    13 preguntas y una escritora: Begoña Ruiz “Las montañas azules”

    Hoy quiero presentaros a una amiga y paisana que se llama Begoña Ruiz Hernández. Su primer libro, “Las montañas azules(Ed. Cuadernos del Laberinto), es un viaje por esa España de preguerra civil. Se ha convertido en uno de mis libros preferidos y os recomiendo su lectura. Es absolutamente precioso.

    No os hablaré  más de ella, prefiero que lo haga ella misma con este cuestionario.

    1 – ¿Podrías contarnos un poco de tu vida y actividad literaria?

    Nací en El Losar del Barco, un pueblo muy pequeño en la provincia de Ávila. En mi casa no había libros y en mi pueblo no había biblioteca, solo una escuela donde los alumnos estábamos mezclados desde párvulos a quinto de EGB. La maestra nos tenía copiando todo el día entero como si fuéramos amanuenses y al mínimo ruido nos castigaba sin comer. Nos dejaba encerrados, solos, en la escuela desde la una hasta las tres, que empezaban las clases vespertinas. En esos castigos descubrí unos cuentos intocables en el armario y empecé a leerlos clandestinamente. Nunca olvidaré ese placer prohibido.

    Poco tiempo después, me regalaron un libro de cuentos donde leí “la princesa triste” y pensé: “ojalá yo fuera capaz de hacer sentir lo mismo que yo he sentido”, entonces empecé a escribir historias que más tarde tiré a la basura.

    Durante la adolescencia y mis años de facultad leí mucho, pero me olvidé de escribir. Lo retomé cuando murió mi hermano, Ciri. Entonces, me di cuenta que la vida se acaba y es mejor dedicarla a hacer lo que realmente deseas.

    En 2013 gané un concurso de relatos y a partir de ahí ya no solo escribía para mí, sino también para el público. Gané otros concursos de relatos, empecé a escribir la columna “El reloj de arena” en El Diario de Ávila y en 2016 publiqué mi primera novela “Las montañas azules”.

    2 – ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas y qué autores te influyeron?

    Como ya he dicho anteriormente, los cuentos clásicos fueron mis primeras lecturas. En la adolescencia devoré las novelitas de Corín Tellado y luego, gracias a los profesores del instituto, conocí a los clásicos. Posteriormente, estudié filología inglesa y entonces empecé a leer autores que no olvidaré y a los que recurro con frecuencia: Las hermanas Brönte, Jane Austen, Orwell, Huxley… también me gusta la literatura Hispano-Americana: García Márquez, Juan Rulfo, Cortazar, Vargas Llosa, Isabel Allende…

    3.- ¿Cómo definirías a tu escritura? Háblanos un poco de tu último libro.

    Es difícil definirse a uno mismo, pero por si alguien quiere acercarse a mis libros, tratan de personajes que les ha tocado vivir en tiempos difíciles, atrapados en costumbres incomprensibles contra las que tienen que luchar. Los escenarios suelen ser pueblos pequeños, porque allí han ocurrido grandes historias que merecen ser contadas. También intento rescatar un vocabulario autentico que se está perdiendo.

    El último libro, publicado ha sido “Las montañas azules”. Ocurre en 1933, Dioni la  protagonista quiere estudiar, algo bastante difícil para una mujer en esa época. Al pueblo llegan unos alemanes que están haciendo un trabajo filológico y Dioni los ayuda a cambio de que ellos la lleven a hacer los exámenes de bachillerato. La novela tiene una parte histórica: a través de las cartas y conversaciones de los alemanes, el lector asiste a la llegada de Hitler al poder; al mismo tiempo, en España, están ocurriendo grandes cambios durante la 2ª República: reparto de tierras, derecho a voto para la mujer…

     El último libro escrito es otra novela que saldrá el año que viene.

    4 -¿Crees que el escritor “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado tu lenguaje a lo largo de los años?

    Sí, creo que evolucionamos en todos los aspectos de la vida, si no la existencia sería un “déjà-vu” absurdo. En la escritura crecemos. Espero que mi lenguaje sea más rico y creo que mis personajes van siendo más osados y complejos.

    5 – ¿Te gusta la poesía? ¿Has pensado en escribir poesía alguna vez? ¿Algún poeta preferido?

    Sí, me gusta mucho la poesía. En Las Montañas Azules, hay un romance que escribí sobre unos enamorados que fueron devorados por los lobos.

    Me gusta Lorca y su romancero gitano, también Benedetti ahora que se han oído tanto sus poemas como “no te rindas” y Hortensia Márquez con su libro “Derramando palabras” que es muy variado en el que expresa diferentes sentimientos con los que coincido.

    6 – ¿Cuál es el fin que te gustaría lograr con tus novelas?

    Me gustaría que las leyera mucha gente y que les ayudara, de alguna manera, en su vida, como a mí me han ayudado otros libros. Los libros son muy buenos amigos. Al mismo tiempo los personajes resucitan cada vez que alguien los lee y me los imagino andando por otros mundos, entrando en las vidas de otras personas.

    7- ¿Qué lugar ocupa, para una escritora como tú, las presentaciones de libros y la firma de ejemplares?

    Cuando empecé con las presentaciones lo pasaba fatal, porque me sentía abrumada  delante del público, pero yo creo que ya lo he superado. El cara a cara tiene su parte buena, los lectores me comentan lo que han sentido al leer mi novela o incluso algunos me preguntan por personajes como si fueran de mi familia “¿Qué fue de Andresito?” “¿y de Flora?” y me cuentan historias similares que les han ocurrido a ellos. Por lo tanto, es una comunicación muy activa.

    8 – ¿Qué opinas de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc…?

    Me parece muy bien, los tiempos cambian y hay que adaptarse. La tecnología nos permite acercarnos a muchos autores que de otra forma no leeríamos, por ejemplo yo conocí a “poémame” a través de las redes; Julio Collado publica artículos y poemas en Facebook que leo con mucho gusto. Las redes sociales ofrecen una gran variedad y amplían nuestros círculos.

    9 – ¿Podrías recomendarnos un libro de otro/a autor/a que te haya gustado mucho?

    Poesía: Derramando palabras de Hortensia Márquez.

    Relatos: Mala baba de Pablo Garcinuño.

    Ensayo: Heterodoxos y olvidados de Adolfo Yáñez.

    Novela: Patria de Aramburu.

    10 – ¿Qué libro estás leyendo en la actualidad?

    Estoy leyendo “La madre de Frankenstein” de Almudena Grandes y al mismo tiempo releo a viejos amigos como El Gran Gatsby de Fitzgerald.

    11.-¿Qué consejos le darías a un/a joven escritor/a que se inicia en este camino?

    El único consejo que puedo darle es que escriba y no deje de hacerlo. A veces no sale el relato o el poema como lo hemos imaginado, pero la creación lleva un tiempo y hay que ser paciente.

    12.-¿Cómo ves tú actualmente la industria editorial?

    La industria editorial está como cualquier otra industria actualmente. Las grandes empresas o marcas, ya sean de comida, coches o libros, acaparan todos los negocios.

    Una pequeña empresa no puede alcanzar las mismas vías de distribución que una grande. Conseguir que una gran editorial publique un libro de autor desconocido es casi imposible, dado que su objetivo es mercantilista e invierten en algo seguro. Sin embargo, la calidad de un libro no depende de la editorial que lo publique, solo el tiempo es honesto con el arte.

    13.-¿Cuál es la pregunta que te gustaría que te hubiera hecho y no te la he hecho?

    Me has hecho muchas preguntas y muy interesantes todas. Muchas gracias, ha sido hermoso para mí rememorar mi amor por los libros en esta entrevista.

    ¡Muchas gracias Begoña!

  • 3 poemas inéditos de Mariela Casal #PoesíaVenezolana

    3 poemas inéditos de Mariela Casal #PoesíaVenezolana

    Mariela Casal, Caracas 1967. Poeta, compositora, intérprete, artista plástica. Ha publicado: La Fosa, Hábito Angularis, Almácigo, De-lirio, Curare-Curaré-Cantaré y Hotel. 

    Integra toda su creación como un sólo cuerpo lírico. Ofrecemos su poema: La piedad y su canción: El regreso. 

    III
    EL APRENDIZ REPITE SIEMPRE EL MISMO MANUSCRITO
    APRENDER
    ES UNA PRÁCTICA

    IV
    EL APRENDIZ VIVE EN SU CAVERNA
    EL VIAJE FIJA SU DIRECCIÓN

    V
    EL AMOR
    EL AMOR ES
    EL FIN
    DE LAS PALABRAS

    Del libro inédito
    EL ORO VIENTO DEL BAMBÚ
    Trilogía. Héroes míos, Dunas, Oro: Taller Aprendiz

  • ¿Viajamos a Pessoa? (III)

    ¿Viajamos a Pessoa? (III)

    ¿Viajamos a Pessoa? (I)

    ¿Viajamos a Pessoa? (II)

    Y así he llegado a mi vigésimo octavo cumpleaños sin haber hecho nada en la vida: nada en la vida, nada en las letras o en mi propia individualidad. Hasta el día de hoy, he probado el fracaso hasta sus últimas consecuencias. Ah, ¿hasta cuándo tendré que seguir probándolo?

    Lo habíamos notado: Pessoa tenía el fracaso adherido al paladar. Así lo demuestran estas frases de su diario, el 13 de junio de 1916, cuando cumplía veintiocho años. Ya había nacido Orpheus, su orgullo, su revista, la que trajo revuelo y escándalo y crítica y burla y… fugacidad, porque no olvidemos que solo se publicaron dos números y el intento del tercero fue fallido. Cuando escribe esa nota en el diario, acababa de suicidarse poco tiempo atrás su mejor amigo, Sá-Carneiro. Planificaba futuras ediciones de obras que no verían la luz sino póstumamente. Comenzaba a flirtear con la astrología y tenía la rutina diaria escrita en las calles de la Baixa, de oficina en oficina, de taberna en taberna. ¿Y el amor, dónde quedaba? 

    No veremos en su imagen al típico poeta enamorado que despliega sus versos para hablar de pasión. De hecho, solo se le conoce la relación que mantuvo con Ophélia Queiroz, desde finales de 1919 a finales del 20 y nueve años después, en el verano de 1929, para durar solo unos meses. Fue un intercambio de cartas amorosas donde prima lo extravagante de sus formas. Me habría gustado tener acceso a las que escribió ella. De solo un vistazo a las firmadas por Fernando, me queda en los ojos un mundo de horarios y frases empalagosas que suenan ridículas en un hombre tan serio. Él lo sabía. De ahí el poema de Álvaro de Campos:

    Todas las cartas de amor son 

    ridículas.

    No serían cartas de amor si no fuesen 

    ridículas.

    También en mi tiempo escribí cartas de amor,

    como las demás, 

    ridículas.

    Las cartas de amor, si hay amor,

    tienen que ser 

    ridículas.

    Pero, al final,

    solo las criaturas que nunca escribieron

    cartas de amor

    son las que son

    ridículas.

    No sabemos por qué dejó a Álvaro de Campos ser protagonista de parte de la correspondencia con Ophélia. Así de complejo resultaba el poeta. Y cómo me gusta una frase de la carta que escribiera el 28 de mayo de 1920: El Destino es como una persona y deja de molestarnos si mostramos que no nos importa lo que nos haga.

    Para los románticos (o los cotillas) diré que la relación no llegó a más, según las fuentes, porque el poeta no quiso. Los motivos verdaderos no los sé. Parece que la escritura copaba su existencia, era su savia, pero también su obsesión. Por encima de todo, hasta de sí mismo. Y puede que, también, algún fragmento de una de sus cartas, nos aclare un poco más: “La mayoría de la gente […] considera que aún ama porque contrajo el hábito de sentir que ama. Si así no fuera, no habría gente feliz en el mundo. Las criaturas superiores, sin embargo, están privadas de la posibilidad de esa ilusión, porque ni pueden creer que el amor dure, ni cuando lo sienten acabado, se engañan confundiéndolo con la estima o la gratitud que él dejó”. ¿Pertenecería él a ese grupo de criaturas superiores?

    A lo largo de esos años y siguientes, participará en distintas revistas: Portugal futurista, Athena, Contemporânea, Presença… y no dejará de escribir, nunca, ni silenciará todas las voces que habitan su persona; tampoco buscará reconocimiento o fama, no era ambicioso ni codiciaba riquezas. Cuanto más lo estudio, más incógnitas surgen entorno a su silueta sombría. ¿Qué esperaba de una vida que no espera nada?

    A los veinte años yo creía en mi destino funesto, hoy conozco mi destino banal. 

    Un corazón latiendo en la literatura. Un espejismo de persona en la vida real. Puso en la boca de otros, inventados para esconderlo a él, las palabras que a diario se callaba un Pessoa reservado. 

    Hice de mí lo que no supe,

    y lo que podía haber hecho de mí no lo hice.

    Vestí un disfraz equivocado.

    De primeras me tomaron por quien no era y no lo desmentí, 

    y me perdí.

    Cuando quise quitarme la máscara

    la tenía pegada a la cara.

    Cuando me la quité y me vi en el espejo

    ya había envejecido.

    Estaba borracho, ya ni sabía llevar el disfraz que no me 

    había quitado.

    No he hablado de la bonita guia que escribió sobre la ciudad de Lisboa, ni de que su ingenio heterónimo llegó a tener nombre de mujer. Tampoco de sus manías (como escribir de pie, apoyado en una cómoda) o sus adicciones (fumaba muchísimo, a la par que bebía). Tendríamos por delante muchos viajes a Pessoa, estudiando a todos los seres que inventó y ni por esas lograríamos sabernos al poeta. ¿Cómo fueron sus últimos años de vida? ¿Cuál fue la causa de su fallecimiento? ¿Qué quedó de él entre nosotros? Intentaremos descubrirlo en el próximo y último artículo.


    Lecturas consultadas:

    • Fernando Pessoa (traducción de Alejandro García, 2016). Cartas a Ophélia. Libros del zorro rojo.
    • Fernando Pessoa (traducción de Martín López-Vega, 2015). Un disfraz equivocado. Nórdica Libros.
    • Fernando Pessoa (traducción de Juan José Álvarez Galán, 2008). Diarios. Gadir editorial S.L.
    • Fernando Pessoa (traducción de Ángel Campos Pámpano, 2013 ). Un corazón de nadie. Antología poética (1913-1935). Galaxia Gutenbert.
    • García Martín, José Luis (2002). Fernando Pessoa, sociedad ilimitada. Llibros del pexe.
  • 3 poemas de Ann Christine Tabaka, poeta estadounidense.

    3 poemas de Ann Christine Tabaka, poeta estadounidense.

    Ann Christine Tabaka es una poeta y escritora estadounidense con residencia en Delaware. Su obra poética ha sido premiada en varias ocasiones  y sus poemas han sido publicados en diversas revistas literarias y antologías internacionales. En 2017 fue nominada para el Premio Pushcart de Poesía. Obtuvo el premio Spillwords Press 2020 Publicación del Año (Poética). Es autora de 10  poemarios.  Recientemente ha sido publicada en varias antologías de micro-ficción y de narrativa breve (cuentos). Su trabajo literario ha sido publicado recientemente en: The American Writers Review; The Phoenix; Burningword Literary Journal; Muddy River Poetry Review; The Write Connection; Ethos Literary Journal, North of Oxford, Pomona Valley Review, Page & Spine, West Texas Literary Review, The Hungry Chimera, Sheila-Na-Gig, Foliate Oak Review, The Stray Branch, The McKinley Review, Fourth & Sycamore.

    La inmortalidad está escrita en papel, no en las estrellas

    Mi alma es de papel.

    Mi sangre es tinta.

    Escribo las historias de mi corazón.

    El día se hace largo

    y la noche despierta

    los misterios de mi mente.

    La oscuridad llama,

    mi bolígrafo está listo,

    el cuaderno está sobre mis rodillas.

    El papel es mi salvación

    mientras las imágenes se despliegan sobre sus hojas.

    Página tras página

    el drama se profundiza,

    hasta que logra liberarse.

    Cada hoja blanca, se rasga y sale volando,

    como una paloma a la luz de la luna

    buscando una morada para descansar.

    Para legar mis palabras al universo,

    y así seguir viviendo cuando deje de existir.

    ¿De qué color es el viento?

    ¿De qué color es el viento?

    Azul, con olor a sal que viene del mar.

    Púrpura, como la lavanda que florece en el jardín.

    Verde, cuando los pinos adornan mi paseo por el bosque.

    Negro, como la noche se extiende por el cielo.

    Naranja, cuando el sol del atardecer se hunde en el horizonte.

    Oro, cuando cruje a través de los altos juncos.

    Rojo, cuando estás cerca de mí,

    Y me abrazas 

    El viento es el color de mis pensamientos,

    mientras baila detrás de mis ojos cerrados. 

    Procesión

    Junio, julio, agosto,

    el verano aquí y allá.

    Septiembre, octubre, noviembre,

    en la cúspide del invierno.

    Lluvia gélida de diciembre

    cae de un cielo color pizarra.

    Tocado por el frío del invierno,

    el ruiseñor canta

    su estribillo chillón.

    Un  trance profundo supera

    un mundo durmiente sepultado

    en un cristal luminoso.

    Enero, febrero,

    aguardan el regreso del calor.

    Ciclos de arrepentimiento

    aceleran la época de la creación.

    Marzo, Abril, Mayo

    ver más allá del deseo,

    para llevarnos a casa de nuevo.

    * Publicado por Raven Cage, Diciembre 2018

  • Cinco poemas de Patti Smith

    Cinco poemas de Patti Smith

    Cuando uno oye el nombre de Patti Smith, no puede evitar asociarlo con el mundo de la música, pero lo cierto es que puede ser considerada una artista tremendamente completa, puesto que aparte de la música, ha cultivado géneros como la pintura, la fotografía y la literatura. Hoy nos vamos a dar un pequeño paseo por ese lado suyo quizás menos conocido. Hoy nos adentramos un poquito en la poesía de Patti Smith.

    Nació en Chicago, en el año 1946, en el seno de una familia religiosa (su madre era testigo de Jehová), cosa que hizo que recibiera una educación basada en fundamentos religiosos; sin embargo, acabó por abandonar la religión, puesto que le parecía, y más teniendo en cuenta que Patti siempre fue una mujer de mente abierta, demasiado restrictiva y encorsetada.

    Patti Smith y Robert Mappelthorpe, en el Chelsea Hotel

    Se graduó en 1964, pero debido a dificultades económicas familiares, se puso a trabajar en una fábrica y, poco después, se mudó a Nueva York, donde conoció al que sería su amante, su pareja y su amigo hasta el momento de su muerte, Robert Mappelthorpe, fotógrafo con el que convivió una temporada en el mítico Chelsea Hotel. De hecho, las fotos de las portadas de sus discos fueron hechas por Mappelthorpe. Fue en el Chelsea Hotel donde también se produjo su acercamiento a la llamada Generación Beat, donde conoció los poemas de Ginsberg, que a su vez se convirtió también en uno de sus autores favoritos.

    Es a principios de los años 70 que se introduce en el panorama musical, escribiendo como periodista sobre rock en algunas revistas del género.

    Paralelamente, ya cultivaba su faceta literaria, ofreciendo lecturas públicas de sus poemas en el mítico barrio Greenwich Village, de Nueva York, en clubs y en alguna iglesia incluso, a la vez que, de manera esporádica, realizaba las funciones de redactora para publicaciones como Rolling Stones o Cream. De hecho, Patti no tenía intención de dedicarse a la música como cantante, le atraía más el tema de la escritura, y durante esa época se editaron sus primeros libros: Seventh Heaven, Useless Death (un poema largo publicado en capítulos) o Kodak. Sin embargo, su primer disco, Horses, no apareció hasta el año 1975, y fue el que la catapultó a la fama, aunque el año anterior ya hizo algunas actuaciones con la que entonces era su banda, la llamada Patti Smith Group.

    Centrándonos, pero, en su faceta literaria, diremos que Patti adora la poesía desde bien joven. «Escribimos porque no podemos limitarnos a vivir», afirma. La literatura, según ella misma afirma, ha sido siempre el eje principal en el que su vida se sostiene; de muy joven ya devoraba los libros de poesía, y se dice que se introdujo en este género gracias en parte a un libro de Rimbaud llamado Les Iluminations, que recoge diversos poemas del poeta francés; un libro que le trajo en parte cierta salvación, y marcó de algún modo sus letras, introduciendo elementos de la poesía francesa en las almas estadounidenses. De hecho, Rimbaud es un autor que la acompañó toda su vida y el que más la marcó.

    Manuscrito del poema Devotions, de Patti Smith

    No en vano hay numerosas influencias literarias en su música, como por ejemplo su disco Banga (2013), llamado así por el perro que aparece en la novela El Maestro y Margarita, de Mikhaïl Bulgàkov. O el personaje de Jo, de la novela Mujercitas, de Louisa May Alcott, que le llama la atención por ser distinta a sus hermanas, por su sed ávida de literatura y su apariencia, menos femenina de lo que era habitual en la época en la que se centra la novela.

    Cabe destacar un momento importante en la trayectoria de Patti Smith que tuvo lugar durante su estancia en París, con su hermana, antes de instalarse en el Chelsea Hotel, a principios de los 70, y es que en una visita al cementerio de Père Lachaise, estuvo dos horas sentada frente a la tumba de Jim Morrison, y allí, afirma, tuvo una especie de revelación que le descubrió su ritmo e universo interior, y le marcó hacia dónde quería dirigirse. (Fuente: Jotdown Magazine).

    La producción literaria de Patti está constituida por más de una veintena de libros, de entre los que destaca Just kids, editado en el año 2010, donde relata la etapa, a modo de memorias, en la que convivió con Mappelthorpe.

    En su mayoría libros de poemas, sus libros también recogen, en algunos casos, relatos, dibujos e incluso pequeñas autobiografías, como sería el caso de Woolgathering, de la década de los 90, o Devotion, publicado en el 2017, o recopilaciones de letras (Patti Smith Complete, 1998).

    Son tantos los matices que engloba su poesía, que toda su obra constituye un universo propio e inmenso. En cierto modo, la poesía de Patti es luchadora, humana y justa, basándose en una realidad escrita que busca abrir los ojos y causar un golpe de efecto en el lector.

    Pero también cuenta con un lado fantástico. De joven, tuvo varias temporadas de enfermedad con altas fiebres, que le provocaban alucinaciones. Esto quedó, de algún modo, en su modo poético, junto con su desbordante imaginación, de manera que a veces sus poemas pueden verse como ensoñaciones oníricas, basadas en realidad.

    Transmite con gran maestría el dolor del mundo y la humanidad, marcada por hechos concretos que se expanden en el poema, tocando las emociones y provocando, en cierto modo, una reflexión íntima en el lector.

    […]

    Así es como

    vagamos por el campo helado

    descalzos y con las manos vacías

    apenas humanos.

    Sorteando un desierto

    que aún no conocemos;

    aquí es donde el tiempo se detiene

    y no tenemos adónde ir.

    Pero también se muestra su faceta más tierna. La poesía de Patti Smith es potente en cuanto a sentimiento y emoción se refiere, pasional e intensa, especialmente en los poemas que dedicó a su amigo Mappelthorpe:

    ¿Pero quién cantará de él?

    ¿Quién cantará su bienaventuranza?

    El ojo irreverente, la sonrisa radiante.

    Porque él, su propio mensajero, se ha ido.

    Ha saltado a través del cristal órfico

    para vagar eternamente

    en busca de la pefección.

    Sus tobillos azules tatuados con estrellas.

    Por otro lado, su poesía tiene el poder de ser vital, defiende la juventud como una actutid, no como una etapa de la vida; una postura, puesto que la juventud no tiene que ver con la edad, sino con el espíritu.

    Patti, fotografiada por Sara Kulwrich

    En sus poemas, se puede sentir la influencia de algunos de su autores favoritos, como el ya mencionado Rimbaud, quizás su influencia más notable y el autor que más la ha marcado, pero también Blake, Bolaño, Wilde o Parra entre muchos otros. Sus versos no escapan de esa etiqueta que suele caracterizar la poesía más ‘oscura’, el llamado malditismo, pero lo cierto es que su poesía, a pesar de parecer críptica y oscura, puede llegar a ser transparente y convertirse en una ventana a través de la cual, en ocasiones, podemos ver el lado más oscuro del mundo y la humanidad, en versos de gran belleza.

    Poesía marcada, también, en algunos casos por la muerte de personalidades influyentes para ella, e incluso amigos, como Janis Joplin con la que coincidió en el Chelsea Hotel, Jim Morrison, para ella inspirador y revelador, Frida Kahlo o Jimy Hendrix.

    […]

    Diario. Domingo. 8 de abril. 1973.

    Muere Picasso

    Abril es el mes más cruel etc. ¿Qué queda?

    Los husos de Brian Jones. El amigo Jim Morrison. La bandana

    de Jimy Hendrix. El ángel de la cinta de la frente. La guirnalda de Judie.

    El cuello almidonado de Baudelaire. El birrete

    esculpido de Voltaire. El yelmo de los cruzados como

    un templo en sí mismo. El bolso de viaje de Rimbaud. Su genuflexión

    artificial. Espacio surrealista. Cerebro de pájaro de Brancusi.

    Fragmento de Picasso riendo.

    En líneas generales, es una poesía descarnada y cruda, que no tiene tendencia a dar rodeos, sino que tiene un mensaje directo, con un lenguaje desnudo que deja al descubierto emociones y heridas, sentimientos y vida.

    Para terminar esta pequeña introducción a su poesía, os dejo cinco poemas de Patti. Espero que los disfrutéis y os abra la puerta, si no la conocéis, a su amplio universo poético. Hay mucho, muchísimo por descubrir y disfrutar.

    El muchacho que amaba a Miguel Ángel (A Robert Mappelthorpe)

    El muchacho que amaba a Miguel Ángel

    decían tenía el rostro de un Dios

    otros veían un demonio con sandalias de esparto

    y un zarcillo de vid enredado en los rizos

    venas fluían por su brazos de mármol que cantaban

    esculpiendo montañas como niebla cubriendo

    una grieta en el corazón y la áurea honda

    creaba de una manera que ni soñamos

    cuchilla que raspa el dorso del deseo

    músculo expuesto de un amor no cosechado

    somos el búfalo una raza moribunda

    remolcados en carros huesos augustos

    vergüenza un éxtasis que nadie puede poseer

    esclavos abrazados mientras clama la sapiencia

    volúmenes de nada escritos en piedra

    Al Dalai Lama

    Una pequeña súplica

    puede que no sea nada

    excepto la cáscara de un loto

    llenando de papel la distancia

    para la planta de tus pies

    una piel solitaria

    para levantar y transformarse

    en una gorra para acunar

    tu cabeza reverente

    un oído para oír

    el gran cuerno

    una zapatilla para montar

    los escalones del templo

    una piel solitaria

    desnudando este deseo

    que tus manos

    se llenen de nada

    que tu juguete

    se esparza por el cielo

    pequeños ramilletes amarillos

    explotando estrellas

    como sonrisas

    y la risa de una campana

    Mariposas

    No puedo caminar

    no puedo ver

    más allá de lo que está

    frente a mí

    me recuesto

    pero no lloro

    transportada en el espacio

    por las mariposas

    Sobre mi cama

    otro cielo

    con las alas que enviaste

    a mi vista

    todo el dolor se disuelve

    en otra luz

    transportada a través del tiempo

    por la mariposa

    Me llegó esta cancioncita

    como un pequeño regalo

    mientras me paré

    junto a la cama de Frida

    se las regalo

    con mucho

    amor

    Escrito en su visita a la casa de Frida Kalho

    Arte en el cielo

    Navegando por el terreno cubierto de plumas dejando caer frases como

    he estado en sitios peores

    he estado en mejores

    he andado por ahí…

    Y todo lo que deseas es una mano amiga

    que te saque del lodazal,

    de la belleza,

    que te levante…

    Dejo que las ventanas vuelen, sobre los ríos, el campo y la rama que se dobla.

    A lo largo de la orilla del río unas mujeres cogen agua; otras golpean las camisas de sus maridos con una piedra. Niños medio desnudos muerden frutas extrañas, delicadamente dulces, y cantan.

    Un día todos estaremos muertos.

    Pero los que se siguen moviendo

    rastreando y volviendo sobre sus pasos

    nunca morirán

    Se llamarán

    Rembrandt, Colón,

    Soñé que era una misionera

    Soñé que era una mercenaria

    Mi mochila era un corte de lino

    atado como un globo a un palo.

    Arriba las nubes se forman una y otra vez. Parecen -un embrión, un amigo que se ha ido y descansa horizontal. Sobre un gran brazo, compasivo como un resorte que recibiera la orden de alcanzar y agarrar ese bolso de lino y todo lo que lleva dentro, aunque sólo fuera el alma de una idea- el color del agua, el peso de una colina.

    Devociones. A Arthur Rimbaud

    Él era joven. Él era muy joven.

    Era demasiado maldito.

    Se emborrachó con la sangre de jóvenes muñecas.

    Con el poder de esas risas locas.

    Corriendo codo a codo

    con la visión de su propio demonio.

    Rápidamente penetró a las jóvenes muñecas.

    Clavó alfileres en inocentes cabezas.

    Su tristeza dorada producía una mala semilla.

    Ja ja. Fue el último en reírse.

    Cabellos rubios enredados con tu aliento vital.

    Hidrógeno blanco. Rimbaud.

    Salvador de los científicos olvidados: los alquimistas.

    La alquimia de la palabra.

    El poder de la palabra.

    Los disparos de los rayos del amor

    en las ceremonias obscenas

    no dejan marcas doradas de prueba.

    Detrás, Rimbaud,

    bendito Rimbaud herido Rimbaud

    ángel con mangas de cabello azul (NO) luz sin sombra.

    Rimbaud,

    ¿fue una piedra rodante

    perseguida como todos los profetas?

    Fue un joven demasiado maldito.

  • 3 poemas de Georgina Ramírez #PoesíaVenezolana

    3 poemas de Georgina Ramírez #PoesíaVenezolana

    Georgina Ramírez, nació en Caracas Venezuela en el año 1972. Actualmente reside en Santiago de Chile. Creadora y directora del movimiento cultural LA PARADA POÉTICA. Sus poemas han sido publicados en las antologías poéticas: El Ojo Errante (Venezuela); La Mujer Rota (México); La voz de la ciudad (Venezuela); Miradas y palabras sobre Caracas, para bien o para mal (Venezuela); Arte Poética (Argentina); 102 Poetas Jamming (Venezuela); Cien mujeres contra la violencia de género (Venezuela); Aquel invierno que gritamos (España); La Mujer Rota (República Dominicana).Autora de: Piel de Durazno (plaquete de poesía) Taller Editorial El pez soluble; Lo que calla la noche, Ediciones del movimiento; Daño oculto, Oscar Todtmann editores.

    La guerra que no me contaron

    No es la guerra

    niño mío

    quien te borra

    Ese hueco en las entrañas

    no es la bala

    Caes

    con todas las preguntas

    en el rostro

    y todas tus mañanas

    cercenadas

    Es el hambre niño

    es el hambre quien te mata.

    Azores

    Esta isla que hoy habito

    tiene tu nombre

    llegué aquí de tanto naufragio

    contenido en el pecho

    primero fui sirena

    luego sal

    en mar también

    me convirtió tu partida

    un cuerpo

    vestido de ausencia

    de a poco

    el agua fue cesando

    y solo quedó este fragmento de tierra.

    Un poema llamado país

    No es solo partir

    y dejar el hambre en las esquinas

    Es escuchar en tu idioma

    palabras ajenas

    Explicar la miseria que te curte la piel

    y te inunda la mirada

    Defender la dignidad

    de las siete estrellas tatuadas

    partir es partirse

    van pedazos de ti

    sin ti

    recorriendo caminos

    que no conducen

    Partes con el hambre de todos

    en la espalda

    y cada bocado duele

    por el que nada

    lleva a la boca

    y buscas algún sabor

    que llene tanto vacío

    Así se parte

    así nos partimos

    mientras vamos en trenes

    que nunca llegarán a casa.

    Estos poemas son inéditos.

  • Angélica Liddell

    Angélica Liddell

    Angélica González más conocida como Angélica Liddell (Figueras, 1966), es una escritora, directora de escena y actriz española que ha recibido numerosos premios entre los que destaca el Nacional de literatura dramática, El León de Plata de la Bienal de teatro de Venecia 2012 y el premio Leteo 2016. En 2017 ha sido nombrada Chevalier de l’Ordre des Arts des Letres por el Ministerio de Cultura de la República Francesa.

    En vez de disparar a alguien, escribo, es una fortuna ¿no?

    En el escenario puedo asesinar con total libertad

    y también puedo suicidarme un millón de veces.

    Para Liddell, arte y vida es escritura y biografía, la creación poética mantiene nexos a la vez evidentes y complejos.

    El dolor es el informe puro , la única representación posible del dolor es el informe puro. El resto es espectáculo.

    Belgrado canta lengua el misterio del cuerpo glorioso

    La violencia tan explícita de sus obras, adquiere una dimensión mitológica, porque ahonda en lo más profundo de la condición humana y nos lleva directamente a nuestras pulsiones más innombrables.

    “No quiero ser hermoso quiero ser el hombre más horrendo sobre la tierra, quiero ser el peor, quiero destruirlo todo.”

    Mateo en el matrimonio palavrakis

    “Por lo tanto si lo convencional en esta sociedad es el sexo liberado, la rebelión llegará desde las cumbres del amor, (soy esclava del señor), desde la poesía de la sombra y el delirio, no desde la prosa en la convención plana y sin artistas”

    El sacrificio como acto poético

    De su libro «Los Deseos en Amhertst», ediciones Trashumante, 2008.

    Intento hacer una soga con las trenzas 

    las arañas me observan desde las esquinas sucias

    desde lo alto,

    nunca me importo tener la casa sucia

    Ni el corazón sucio

    Ni mi vagina sucia

    me duchaba con lejía para no sufrir demasiado

    De su libro «La casa de la fuerza», ediciones la uÑa RoTa, Premio nacional de literatura dramática 2012

    Te haré invencible con mi derrota/Anfaegtelse

    “Por qué esa es la pregunta del dolor

    Por qué

    Por qué  nos cargaste de sufrimiento,

    Si no nos diste  fuerza para soportarlo

    Por qué

    Por qué arrancaré mi carne con mis propios dientes y seguiré amándote

    Por qué

    Por qué no me quitas la rebelión si te has decidido a seguir jodiéndome la vida

    A seguir dándome por el culo

    A seguir humillándome

    A seguir haciéndome daño

    A seguir mintiéndome

    A seguir engañándome

    Porqué no me quitas la rebelión

    Hazme sumisa

    Quítame la rebelión

    Por qué cojones no me quitas la rebelión

    Por qué la gente quiere ayudarme a ser feliz

    No necesito ayuda para ser feliz

    necesito que me dejes en paz

    necesito que te vayas a la mierda

    necesito que dejes de joderme la vida

    eso es lo que necesito para ser feliz

    no necesito ayuda para ser feliz

    necesito la respuesta de Dios

    necesito pelear con Dios necesito los puños de Dios.

    Te haré invencible con mi derrota

    De su  libro Una costilla sobre la mesa marzo 2018. Ediciones La uÑa RoTa S.L

    -Rompimiento de Gloria-

    1.

    Cuando nacemos somos antiguos

    En cuanto nos lavan perdemos antigüedad

    La siguiente necesidad de quedar mudo para siempre.

    Eso es la poesía.

    2.

    Ahora tenemos una costilla sobre la mesa y esta creencia en la prehistoria.

    Sigues recortado en cristal negro sobre la gran página policromada del mundo.

    3.

    No me preocupa que las cenizas tóxicas oscurezcan el sol, no me preocupa que la luz ceda ante la oscuridad, puedo caminar en dirección al volcán hasta que el calor me abrase, ese viaje de ida y vuelta entre la vida y los símbolos no es nada más que la búsqueda instintiva de la fe, la carga del conocimiento enfrentada a la mística de los prodigios. Bajo el símbolo subyace el inconsciente sometido al rigor visible de la liturgia, cuyo resultado es la revelación. El volcán sometido al rigor de la poesía. En la proximidad del volcán, es la proximidad de la muerte lo que transforma nuestras acciones más triviales en símbolos de una fuerza superior al humano. Los hechos más cercanos a nuestra muerte son aquellos que más fuerza simbólica cobran. De ahí la importancia del peligro. Despertarme, acostarme, los alimentos que mi cuerpo rechaza, las aceras, la taza de café, esta vida religiosa, sin necesidad de dogmas y sin perspectiva de salvación, todo adquiere la fuerza sobrehumana  de los símbolos a causa de una proximidad insuperable con el peligro y por supuesto, con el final. El símbolo es libertad pura. Por ejemplo, desde la ventana de mi hotel en Nápoles saco el brazo y señalo el Vesubio, podría correr sin parar hasta la falda de la montaña, libertad pura. No somos capaces de admitir la libertad. SI admitiéramos la libertad, tendríamos que admitir el derecho natural a preferir el Mal al Bien. Precisamente, la tragedia de la libertad consiste en esto,en que se puede elegir entre el Bien y el Mal. De algún modo, pues, debe suceder lo prohibido: el símbolo.

    4.

    Las cenizas escupidas por el volcán oscurecieron el sol.

    Salimos del hotel a caminar bajo ese bautismo de signos.

    Era como si te hubieras esparcido

    en millones de partículas, paleolítico.

    Lo más bello siempre está en el cielo.

    El mundo es una enorme piel cubierta de llagas.

    Los dementes mueren de noche y nos dejan solos.

    No podremos escribir el relato de nuestra propia muerte.

    ¿Eras tú el profeta?

  • 3 poemas de Khosiyat Rustamova, poeta uzbeka

    3 poemas de Khosiyat Rustamova, poeta uzbeka

    Khosiyat Rustamova nació en 1971 en la aldea de Olmos, en el distrito de Chust de la provincia de Namangan. Estudió en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de Uzbekistán (1988-1993) y en la Universidad de Literatura Superior (2001-2004). Desde 2015 es jefa de redacción del periódico El mundo del libro. Ha publicado La casa en el cielo (1997), Rescate (2003), El manto (2004), Un muro (2006), Agosto (2008), Ocupación (2011), 40:0 (2011) , Consolación (2005) y Nubes descontroladas (2019). Sus poemas se han traducido al turco, azerbayano, ruso, alemán, kasajo e inglés. Ha traducido al idioma uzbeko poemas de Marina Tsvetaeva, Eugene Eutushenko, Anna Akhmatova, Boris Pasternak, Rasmiye Sabir, Ramiz Rovshen, Nigar Refibeyli, Riza Khalil, Neguib Fazil Kisakurak y Khusnu Daglarja. Ha recibido algunas distinciones como la medalla ShukhratFama (2004). Obtuvo el premio internacional de Azerbaiyán Mikail Mushfeek (2015). Es miembro de la Unión de Escritores de Uzbekistán.

    ¿Dónde estuviste en el curso de tantos años?

    ¿fue tu vida como un  sueño largo y terrible?

    ¿fue difícil para ti llamar 

    a mi puerta al menos una vez al pasar?

    ahora es arduo permanecer en este mundo,

    y mientras me visto y me preparo para irme,

    te quedas en algún lugar de mi vida

    como un anfitrión que sale a despedirme.

    ¡Me miras!

    ¿Quieres decirme algo?

    tu sombra está frente a mí,

    Luna, a pesar de que te esfuerzas,

    tu sombra se proyecta en mi ventana de todos modos.

    Esto pasa todos los días: antes del amanecer,

    antes de que se aproxime la brisa del alba,

    sin falta, el voluminoso rostro del

    toca todas las ventanas una por una.

    Los jardines comparten todo su amor

    con el mundo entero.

    La mancha del sol permanecerá

    en la ventana que limpié con esmero.

    ¿Te vas ahora?

    sería maravilloso que no lo hicieras.

    Si me dejas

    el mundo se colmará con mi dolor.

    Así que sería maravilloso que te quedaras,

    y hagas que el viento sople con fuerza en este mundo.

    Después de todo, ya está oscuro,

    los caminos están en penumbras.

    El cielo está nublado

    puede que pronto llueva.

    ¡Detente! ¿O quizás debería ir contigo

    para abandonar este mundo para siempre?

    Traducción del inglés al español por Mariela Cordero

  • 4 poemas de Paca Aguirre

    4 poemas de Paca Aguirre

    Francisca Aguirre Benito (Alicante, 27 de octubre de 1930-Madrid, 13 de abril de 2019), también conocida como Paca Aguirre, fue una escritora española, nombrada Hija Predilecta de Alicante en 2012 y Premio Nacional de las Letras en 2018.

    Francisca Aguirre Benito nació en el seno de una familia de artistas. Se formó de manera autodidacta.

    Al finalizar la Guerra Civil, tuvo que irse exiliada a Francia con su familia. Su padre, el pintor Lorenzo Aguirre, fue condenado a muerte por la dictadura franquista y ejecutado a garrote vil en 1942. Con quince años tuvo que empezar a trabajar de telefonista.

    En los años 50 comenzó a frecuentar las tertulias del Ateneo de Madrid y el Café Gijón, donde se relacionó con escritores y poetas como Luis Rosales, Gerardo Diego, Miguel Delibes, Antonio Buero Vallejo, Julio Cortázar, Juan Rulfo…En aquel ambiente literario conoció al poeta Félix Grande con quien se casó en 1963.​. Vivió la militancia política y el mayo del 68. ​Su hija es la poeta Guadalupe Grande.

    A partir de 1971, trabajó en el Instituto de Cultura Hispánica, ejerciendo de secretaria de Luis Rosales, hasta su jubilación en 1994.

    Francisca Aguirre empezó a escribir en la adolescencia. Con veinte años ya leía a Pablo Neruda, Miguel Hernández y Vicente Aleixandre.

    Buscábamos palabras en el diccionario

    con el afán de comprenderlo todo:

    necesitábamos hacer lenguaje.

     Llegó a sus manos una traducción del poema de Constantino Kavafis, “Esperando a los bárbaros”.

    -¿Qué esperamos congregados en el foro?

    Es a los bárbaros que hoy llegan.

    -¿Por qué esta inacción en el Senado?

    ¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?

    Porque hoy llegarán los bárbaros.

    ¿Qué leyes van a hacer los senadores?

    Ya legislarán los bárbaros, cuando lleguen.

    -¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto

    y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,

    está sentado, solemne y ciñendo su corona?

    Porque hoy llegarán los bárbaros.

    Y el emperador espera para dar

    a su jefe la acogida. Incluso preparó,

    para entregárselo, un pergamino. En él

    muchos títulos y dignidades hay escritos.

    -¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron

    hoy con rojas togas bordadas;

    por qué llevan brazaletes con tantas amatistas

    y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;

    por qué empuñan hoy preciosos báculos

    en plata y oro magníficamente cincelados?

    Porque hoy llegarán los bárbaros;

    y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.

    -¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores

    a echar sus discursos y decir sus cosas?

    Porque hoy llegarán los bárbaros y

    les fastidian la elocuencia y los discursos.

    -¿Por qué empieza de pronto este desconcierto

    y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)

    ¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían

    y todos vuelven a casa compungidos?

    Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.

    Algunos han venido de las fronteras

    y contado que los bárbaros no existen.

    ¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?

    Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.

    Según manifestó acerca de ese momento,

    «Quemé las cinco carpetas que tenía con mis anteriores trabajos y empecé con Ítaca».

    Tardó seis años en finalizar  su ópera prima, que se publicó en 1972. Recibió el premio de poesía Leopoldo Panero. En este poemario dio voz a las mujeres de la posguerra y a las personas silenciadas.

    Viuda de certidumbres

    y comprendiendo que

    lo único posible

    es ir muriendo junto a ti

    en una cama o en cualquier lugar,

    y aceptando mi sueño y tu vigilia

    como el aprendizaje

    de un hondo prescindir

    que alguna vez será definitivo.

    Han sido múltiples los poemarios que nos ha dejado y muchos los premios recibidos a los largo de su trayectoria:

    Poemarios

    Ítaca (Premio “Leopoldo Panero” 1971), Cultura Hispánica, Madrid, 1972.

    Los trescientos escalones (Premio “Ciudad de Irún” 1976), Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, San Sebastián, 1977.

    La otra música, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1978.

    Ensayo General (Premio “Esquío” 1995), Sociedad de Cultura Valle-Inclán, Ferrol, La Coruña, 1996.

    Pavana del desasosiego (Premio “María Isabel Fernández Simal” 1998), Ediciones Torremozas, Madrid, 1999.

    Ensayo General. Poesía completa 1966-2000, Calambur, Madrid, 2000.

    Memoria arrodillada. Antología, Institució Alfons el Magnànim, Valencia, 2002.

    La herida absurda, Bartleby Editores, Madrid, 2006.

    Nanas para dormir desperdicios (Premio Alfons el Magnànim), Hiperión, Madrid, 2008.

    Historia de una anatomía, (Premio Internacional Miguel Hernández-Comunidad Valenciana, Premio Nacional de Poesía, 2011), Hiperión, Madrid, 2010.

    Los maestros cantores, Calambur Editorial, 2011.19​

    Conversaciones con mi animal de compañía (Ed. Rilke), Madrid, 2012.

    Ensayo general. Poesía reunida 1966-2017. Calambur Editorial, 2018.

    «Prenda de abrigo». Antología poética. Olé Libros, 2019.

    Prosa

    Espejito, espejito, libro de recuerdos, Universidad Popular José Hierro, San Sebastián de los Reyes, Madrid, 1995.

    Que planche Rosa Luxemburgo, relatos, (Premio “Galiana”, 1994), Germania, Alcira, provincia de Valencia, 2002.

    Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués y valenciano.

    Francisca Aguirre perteneció, por su fecha de nacimiento, a la generación del 50 (Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente…) pero la tardía publicación de su primer poemario supuso que su nombre se viera apartado de las antologías de su generación.

    Como la misma autora decía, “considero que pertenezco a esa Generación del 98 paciente, sin prisas, que como explicaba Antonio Machado, pensaba que el arte es largo y además no importa, porque lo único importante es la vida”.

    Si pudiera morirme sin matarte,

    si al acabarme tú no te acabaras,

    qué descanso esperar de este calvario.

    Ya ves dónde me lleva esto de amarte,

    a no poder morir aunque me odiaras

    y a aferrarme a este amor, a este sudario.

    ********************************************

    Os dejo cuatro poemas de esta magnífica poeta.

    Desmesura

    A Javier Statié

    Dijo que no. Y el Tiempo se quedó sin tiempo.

    Luego, la vida hizo una pausa

    y todo pareció recomponerse

    como esos acertijos infantiles

    en los que sólo falta una palabra,

    una palabra necesaria y rara.

    Pero dijo que no. Cerró los labios

    y escuchó el gorgoteo de las sílabas

    luchando por vivir a la intemperie.

    Dijo que no. Y el tiempo oyó el silencio.

    Luego, la vida hizo una pausa.

    Y todo fue distinto: el dolor fue

    más cauto, más sensato,

    la lujuria lloró en su madriguera.

    Y el tiempo inauguró sus máscaras:

    hubo un pequeño espanto en los rincones,

    temblaron los espejos agobiados

    defendiendo impotentes el azogue.

    Los pájaros callaron esa tarde

    y la luna brilló blanca y sin manchas.

    Ardió la noche como vieja tea

    con la absurda avaricia de la muerte,

    con su luto distante y pegajoso,

    y un rencor resabiado y carcomido

    descargó como lluvia en el desierto.

    Entonces, sólo entonces,

    oyó a su corazón ladrando

    y se volvió despacio a los espejos

    y los vio tiritar con mucho frío

    y pedir compasión desde su escarcha.

    Y no supo qué hacer con tanta desmesura:

    cerró los labios y escuchó al silencio.

    Desde fuera

    ¿Quién sería el extraño que quisiera

    conocer un paisaje como éste?

    Desde fuera, la isla es infinita:

    una vida resultaría escasa

    para cubrir su territorio.

    Desde fuera.

    Pero Ítaca está dentro, o no se alcanza.

    ¿Y quién querría descender al fondo

    de un silencio más vasto que el océano?

    Silencio son sus habitantes,

    silencio y ojos hacia el mar.

    Desde fuera

    las aguas son caminos

    desde la playa son sólo frontera.

    ¿Y quién sería el torpe navegante

    que entraría en un puerto sin faro?

    Desde fuera, los dioses nos contemplan.

    Desde aquí, no hay un pecho

    capaz de cobijarlos:

    los dioses son palabras; con el silencio, mueren.

    ¿Alguna vez la isla fue distinta?

    Quién lo puede saber desde el aturdimiento.

    Sin palabras, sin dioses, Ítaca es sólo el mar.

    Paisajes de papel

    A mis hermanas Suzy y Margara

    Aquella infancia fue más triste.

    Ser niño en el cuarenta y dos parecía imposible.

    Nuestra niñez era una mezcla de comprensión y aburrimiento.

    Éramos serios y aburridos.

    Recuerdo aquellas tardes; eran como el mundo era entonces:

    sin resquicios y tristes.

    Veo a mis pocos años observar con ahínco,

    tras el cristal opaco, la calle larga y gris;

    el sol estaba lejos y era lo único barato,

    lo único que traía alegría sin exigirnos nada.

    Veo a mi niña, adulta y consecuente

    con un programa bien trazado:

    crecer, crecer muy pronto, darse prisa

    —ser niño era una carga demasiado pesada

    para nosotros y para los grandes—.

    Sólo en verano el mundo parecía asequible,

    durante tres o cuatro meses saltar, correr, era la vida.

    Lo gris volvía siempre muy pronto.

    Un día amanecimos lentas, crecidas,

    llenas de miedo, de presente.

    Buscábamos palabras en el diccionario

    con el afán de comprenderlo todo:

    necesitábamos hacer lenguaje.

    Algunos nos miraron con asombro,

    decían que éramos inteligentes.

    Nosotras, durante los dolientes domingos

    dibujábamos inseguros paisajes.

    Durante mucho tiempo ésas fueron todas mis excursiones.

    Salir a un campo que no fuera pintado

    suponía gastar unos zapatos.

    Salir, salir, ése era el sueño,

    abolir a las trenzas, inaugurar la barra de labios:

    ¡mi reino por un trabajo!

    ¿Cómo rendir ahora un homenaje a aquellos días?

    ¿Cómo añorarlos sin desconfianza?

    Se arrugaron, igual que los paisajes de papel,

    mientras crecíamos hacia este desconsuelo que hoy nos puebla.

    Noviembre

    Si lo que un día fuimos ya no existe,

    si es mentira que un pecho salvaguarde,

    si después descubrimos que es tan sólo

    volcán en que se quema hasta la misma llama,

    si advertimos con ira que la vida

    nos asesina con su lóbrego aliento

    y recorre después nuestro cadáver

    con deslumbrante presunción,

    si comprobamos esta angustiosa realidad:

    guadañas hay donde hubo besos reales,

    crisantemos mezclados con las sílabas,

    anticipada muerte, estafa,

    ¿por qué no desprender el suave velo

    y dejarnos al aire toda la mortandad?

    Quizá arrancaríamos también la vida usada

    y empezaríamos a vivir como auténticos muertos.