Categoría: Poemas

  • 3 poemas de Zachariah Rapola, poeta sudafricano

    3 poemas de Zachariah Rapola, poeta sudafricano

    Zachariah Rapola es un escritor y cineasta sudafricano. Sus cuentos cortos y poemas han sido publicados en Tribute Magazine, The Boston Review, Serendipity, Opbrud, Witness y Discovering Home. Sus críticas de películas y libros aparecieron en los principales periódicos como Mail & Guardian, Sowetan, City Press.  Ha publicado literatura para jóvenes adultos: Stanza on the Edge, Stanza and the Jive Mission y Stanza’s Soccer World Cup, Maskew Miller Long Man. Su drama televisivo ¡Hola Mpiniji! fue inspirado en su serie de novelas Stanza. Obtuvo el Premio Noma de Publicación en África en 2008. Actualmente es mentor de jóvenes escritores emergentes en zonas rurales de Sudáfrica. «The Passport that does not Cross Boarder» una antología de viajes africanos que coeditó con la profesora Isabel Balseiro será publicada en el verano de 2020 por Michigan State University Press.

    Diálogo con el sol

    las lágrimas que derramo vienen

    menos saturadas de trazas de cloruro

    entre mis poros escapan del sudor

    rinden homenaje a la vejez

    nacemos cuando queremos

    y barajamos las sombras circundantes

    para perfeccionar nuestro diálogo con el sol

    el ciclo de la vida es tedioso

     el amanecer y el atardecer

    son sílabas monótonas.

    Sueños

    los soñadores han venido y se han ido

    mucho antes del alba del capital

    mucho antes de la marea de la servidumbre

    los soñadores han venido y se han ido

    campesinos soñadores de los sueños

     largos y fugitivos

    he compartido sus anhelos

    cuando las pesadillas sacudían sus pensamientos arrebatados

    campesinos soñadores de sueños largos y fugitivos

    los soñadores han venido y se han ido

    un compañero

    nutrido por el patriotismo

    he sido testigo de su

    viaje centenario   

    los soñadores han venido y se han ido

    yo también he llorado y anhelado

    cuando ellos soñaban con océanos y vientos

    porque yo también soy un soñador

    un soñador

    de sueños largos y fugitivos

    (Inspirado en el poema de Langston Hughes ‘El negro habla de los ríos’)

    El nacimiento es…

    los inicios de un sueño

    una postura meditativa sobre caballeros y  reinas

    esforzándose por interpretar el prodigio del hombre

    maravillas a través del laberinto del minotauro

    el nacimiento es

    una estrella fugaz que surca los cielos oscuros

    en una inmersión suicida para

    pronunciar el desenlace de una gran vida

    y luego ser suspendida en una amnesia perpetua

    el nacimiento es

    siluetas del tiempo que se extinguen

    con cada minuto que pasa

    cantando obituarios a ambiciones no alcanzadas

    y a corazones rotos por el amor no correspondido

    El nacimiento es

    una danza y fusión entre

    el esperma y el óvulo condenados a librar intensas

    batallas por el dominio

    para definir el género del feto.

    Traducción por Mariela Cordero.

  • ‘¿Tienes quien te cuide la mula?’ de Thaís Espaillat (Ed. Liliputienses, 2020)

    ‘¿Tienes quien te cuide la mula?’ de Thaís Espaillat (Ed. Liliputienses, 2020)

    Una de las voces más recientes y rompedoras de la poesía dominicana. Utiliza el sarcasmo y la simplicidad de las cosas sencillas. Mujer nacida el año 1994 y, como ella dice, varada en Santo Domingo, República Dominicana, una isla que por suerte tiene internet. Estudió Comunicación Publicitaria para no dedicarse a ello. 

    Es poeta, editora y artista visual. Su trabajo poético tiende a centrarse en documentar el mundo (interior y exterior) para luego digerirlo y entenderlo. Edita y diseña zines desde su pequeñísima editorial, Hacemos Cosas. Es una experta catadora de mandarinas que cuando tenía siete años casi se ahoga en el Atlántico y, según ella misma dice, la gota de agua salada que le entró por la oreja todavía le regala poemas. Publica intermitentemente en su blog, https://saltedeaqui.wordpress.com/

    Su poesía muestra su única filosofía de vida: el surrealismo punk. Así, este libro de poemas, ¿Tienes quien te cuide la mula?, es otra de esas gratas sorpresas con la que José María Cumbreño y su editorial Liliputienses nos deleita, esta vez desde la colección Fundación Obra Pía de los Pizarro. Poesía de alto voltaje que abarca desde la violencia machista y la sexualidad disidente, hasta la sororidad y la rabia. Unos poemas que nos despiertan las normalizadas neuronas a lo políticamente correcto.

    Thaís Espaillat es energía pura que pasa de la palabra y las normas escritas en sus poemas. En este, su tercer libro, no se pierdan los poemas que, en palabras de la propia poeta, nacieron de una serie de eructos en su hipocampo.

    Escribí esto ayer

    Hola mundo cruel,
    te escribo para decirte
    que te hice un bizcocho
    que le da vueltas a la Tierra
    aproximadamente tres veces y un cuarto
    con su suspiro de plata
    y su relleno de sal azul.

    Lo partí en veinte pedazos desiguales
    en forma de bote gris.
    Todos se llaman Dolores
    y cuentan hasta el Infinito

    Que es una ciudad
    que dejé en el horno

    También te escribo para decirte
    que todo se siente tan vacío
    como muela de cangrejo desmembrada
    que baila
    y baila en sol
    como edificio suicida.

    Ojalá no hayas cambiado de dirección
    porque esto es un secreto
    y de llegar a las manos equivocadas
    el bizcocho se comería todas mis playas.
    Y no quiero.

    Telegrama

    Pequeña lista de imágenes en orden aleatorio:

    Una fuente que se desborda
    en un parque con luces naranjas,

    una funda roja huyendo de los carros
    en medio de la carretera
    (nota al margen: parece un ramo de rosas),

    un jardín que crece
    en un techo rojo, al lado de una pared casi blanca,

    una muralla morada y verde
    del lado derecho, siempre del derecho,
    que no deja salir al Sol,

    unos insectos intentando besarse
    en la luz de una lámpara,

    unas manos que buscan algo
    en una mesa,

    unas alas cayendo
    en el agua,

    una mano que agarra un papel que dice:
    “esto todavía me hace sentir sola.”

    Esta almohada no es lo suficientemente grande para taparme toda la cara

    La brisa no hace otra cosa
    que no sea
    traerme preguntas
    que no puedo responder.
    Como, por ejemplo,
    por qué sigo
    haciendo estas cosas.
    No sé,
    si te soy sincera.
    Me gusta mirar
    las luces doradas en las hojas
    y pretender
    que tengo esas mismas luces dentro,
    que esas son las cosas que suben
    bajan
    van a todos lados.
    No sólo reacciones químicas
    malpuestas
    por la evolución,
    la falta de cueva,
    de fuegomaderaceniza,
    de autocontrol.

    Te pregunto, brisa
    viento sereno,
    ¿quién inventó el control?
    ¿Dónde hemos firmado todos
    para saber que hay cosas
    que sólo se hacen
    para poder sentirnos culpables?
    La culpa como recordatorio
    de que me siguen importando las cosas.
    ¿De que estoy viva?
    De que la crianza católica
    no se va jamás.

    ¿Eres tú, Dios, el que me habla
    en la brisa?
    El Papa manda un fax
    en una nube
    desde tan lejos
    hasta aquí.
    Las luces doradas
    son reflejos de su trono.

    No vuelvo a mirar por la ventana.

  • Hambre sucia: la poesía salvaje de Guillem Gavaldà

    Hambre sucia: la poesía salvaje de Guillem Gavaldà

    Guillem Gavaldà (Cerdanyola del Vallès1997) es un joven escritor, autor de dos celebrados libros de poesía en catalán: Fam bruta (AdiA Edicions, LaBreu Edicions y Cafè Central, 2016) y Brànquies (AdiA Edicions, 2017). Graduado en Estudios Clásicos por la Universitat Autònoma de Barcelona, su poesía está muy influida por la lectura de autores universales como Homero, Safo o Hesíodo, además de clásicos catalanes como Mercè Rodoreda, Víctor Català o Blai Bonet.

    La calidad y originalidad de su poesía ha sido reconocida de forma unánime: ambos libros publicados por Gavaldà han sido premiados con dos relevantes galardones de la poesía catalana: el Premi Francesc Garriga, por Fam bruta, y el Miquel Bauçà, por Brànquies.

    Su poesía también ha aparecido en la antología de poesía LGTB+ catalana Amors sense casa (Angle Editorial, 2018), coordinada por Sebastià Portell, donde comparte espacio con poetas tan relevantes como Maria Mercé Marçal, Blai Bonet, Francesc Garriga, Mireia Calafell o Pau Vadell. Poemas suyos han sido traducidos al castellano, al inglés, al turco y al griego.

    Ofrecemos aquí la traducción al castellano* de varios poemas de su primer libro, Fam bruta (Hambre sucia):

    Se sacian las raíces
    sobre el bocado llenísimo de nuestros
    cuerpos               que han crecido
    cuando tú te doblegas. La hiedra trepa por la espalda
    escapando de la sequía.
    Dame sed a este apetito
    y déjame morir

    deshidratado.

    ***

    Vibro dentro de la cueva
    violenta de los
    cuerpos; las rocas,
    los fósiles,
                 el sexo:
                             el estómago.

    ***

    Vacíame la tierra
    umbría del tórax, las entrañas
    que han carcomido tus labios en mitad de la
    comida. Aquí en el invierno;

    mi piel, sangrándote
    polen.

    ***

    SÍSMICO

    Y estamos
    así, embistiéndonos,
    abiertos, de golpe; dos bestias
    vulnerables.
    Muriendo.

    ***

    DERIVA

    Aprietas
    las ortigas
    contra tus mejillas, te masticas las
    encías. Mi cuerpo
    son baldosas que en las manos
    se te agrietan.

    ***

    Que tu vientre
    lleno de insectos
    sea perforado por las langostas. Que
    te habiten todo el hígado, como
    quien habita una cueva.

    * Traducción de Carlos Asensio.

  • Una poeta romántica olvidada: 5 Poemas de Carolina Coronado

    Una poeta romántica olvidada: 5 Poemas de Carolina Coronado

    “Yo de niña en mi espíritu sentía

    vaga melancolía

    de secreta ansiedad, que me agitaba;

    mas, al romper mi canto,

    cien veces, con espanto,

    en la mente infantil lo sofocaba.

    Que entonces, en mi tierra, parecía

    la sencilla poesía

    maléfica serpiente cuyo aliento

    dicen, que marchitaba

    a la joven que osaba

    su influjo percibir sólo un momento.”

    Nació el 2 de diciembre de 1820 en Almendralejo (Badajoz), en una familia adinerada y de ideología progresista. Su padre y su abuelo fueron perseguidos por el régimen a causa de sus ideas políticas. Su vida transcurrió en uno de los periodos históricos más convulsos de la historia de España, en poco menos de 100 años la política, la economía y la sociedad experimentaron grandes cambios.

    A la edad de 4 años, su familia se trasladó a Badajoz y allí fue educada según la tradición de las niñas de su época: costura, labores del hogar… Pese a lo cual, ya desde pequeña muestra un acusado interés por la literatura, lee libros de cualquier género u obra que podía conseguir y de manera autodidacta, comienza a componer versos con mucha facilidad, pero con errores léxicos.

    Mis estudios fueron todos ligeros porque nada estudié sino las ciencias del pespunte y del bordado y del encaje extremeño…” (Fragmento de una carta escrita en 1909.)

    Sin conocer el castellano, aprendí, sola, el francés y el italiano, y subí de un vuelo a leer a Tasso, Petrarca y Lamartine”.

    Con esta temprana afición literaria, escribió su primer poema a los diez años y tenía trece cuando Espronceda le dedicó unos versos:

    “Dicen que tienes trece primaveras

    y eres portento de hermosura ya,

    y que en tus grandes ojos reverberas

    la lumbre de los astros inmortal…”

    Se casó con Justo Horacio Perry, diplomático norteamericano, secretario de la embajada de su país. Su casa en la calle de Lagasca se convirtió en lugar importante de la vida literaria madrileña, famosa por las tertulias de escritores que en ella se realizaban y fue también refugio de políticos en esos años convulsos del XIX.

    Fue una mujer apasionada, con una elocuencia e intensidad poco frecuentes entre las damas de aquella época. Desarrolló una gran actividad como anfitriona, primero en Madrid, después en Lisboa, adonde se trasladaron a vivir. Por su salón pasaron personalidades progresistas de la altura del Duque de Rivas, Quintana, Zorrilla o Castelar.

    Es muy probable que influyera en su temperamento romántico la afección de catalepsia crónica que padecía, llegando a «morir» varias veces, lo que hizo que se obsesionase con la idea de poder ser enterrada en vida.

    En 1844 se publica la noticia de su falsa muerte. Entonces escribe “Dos muertes en una vida”, que se publicaría tras su fallecimiento. Ya entonces había sido admitida en el Instituto Español y en casi todos los Liceos de España.

    Carolina falleció el 15 de enero de 1911 en Lisboa. Y su cuerpo, junto con el de su marido, fue trasladado y enterrado en Badajoz.

    Escritora y poeta, dejó su impronta en el siglo XIX pues fue pionera de la igualdad y abrió las puertas del mundo intelectual a las mujeres. Amante del progreso y de los inventos, amiga de la reina Isabel II y cortejada por la élite política y literaria. Famosa por su belleza y elegancia (lo prueba el retrato que le pintó Federico Madrazo y que se conserva en el Museo del Prado), su talento y sus ideas anticonformistas. Con sus escritos y con la denuncia de sus versos, se rebeló ante las injusticias. Y su voz pudo oírse al otro lado del océano cuando, simpatizando con la causa del presidente Lincoln, abanderó la abolición de la esclavitud en América.

    Junto a Gertrudis de Avellaneda, fue representante de la poesía femenina de la segunda oleada del Romanticismo en España en el siglo XIX, en unos años en que el espacio poético femenino lo llenaba una figura de tanta fuerza como la de Rosalía de Castro, que casi no deja sitio para ninguna más.

    La producción más importante de Coronado es la poética. Sus poemas fueron recogiéndose poco a poco en revistas, y más tarde, en 1843, se recopilaron en un volumen (Poesías) con prólogo de Hartzenbusch. En las posteriores ediciones de 1852 y 1872 se incorporaron nuevos poemas. Sin embargo, hasta hace poco no se ha podido conocer la totalidad de su obra.

    Sus poemas más conocidos fueron recogidos en Poesías (1843) o Poesías de la señorita Carolina Coronado (1850).

    Su talento como escritora, no estuvo exento de sinsabores por su condición de mujer, en una época en la que las poetas eran consideradas poco menos que “trastornadas”. Fue una figura relevante en su tiempo a la que se le asignó la incómoda etiqueta de miembro del grupo de “poetas menores”.

    En su poema, “La poetisa en el pueblo”, recoge las burlas y el sentimiento de rechazo que genera en una sociedad provinciana el hecho de que una mujer escriba poesía:

    “¡Ya viene, mírala! ¿Quién?

    – Esa que saca coplas.

    –Jesús que mujer más rara.

    –Tiene los ojos de loca (…)”.

    “Más valía que aprendiera

    a barrer que a decir coplas.

    -Vamos a echarla de aquí.

    -¿Cómo? -Riéndonos todas.”

    En prosa escribió un total de quince novelas y algunas obras teatrales.

    Desde el punto de vista temático, su obra poética es muy diversa: la contemplación e interpretación subjetiva de la naturaleza, el amor, la religión, el compromiso cívico, social e incluso político, y un naciente feminismo, que es uno de los temas más personales y constantes en su obra.

    Hay una secta de hombres implacables que con su odio colectivo a todas las mujeres ilustres, antiguas y modernas, se han armado de la sátira, del desprecio y de la calumnia”.

    (Fragmento de La Sigea.)

    Según el profesor y filólogo, Juan Senís, su historia no brilla en los manuales literarios y la apasionada Carolina es una gran desconocida para el gran público, a pesar de que muchos de sus poemas son de una indiscutible calidad. Rosalía de Castro dominando el panorama literario del siglo XIX, casi no deja sitio para ninguna más. Quizás en otra situación su obra hubiera tenido otra suerte…

    Estos 5 poemas que he elegido de su obra tienen una marcada afinidad con el romanticismo y el naturalismo. No solo están impregnados de una enorme sensualidad y belleza, sino también de compromiso social y reivindicación. La mayoría de sus poemas son muy extensos, por lo que algunos de los seleccionados son fragmentos.

    Que disfruten estos versos de su hermosa y apasionada poesía.

    “CANTAD, HERMOSAS”

    Las que sintáis, por dicha, algún destello

    del numen sacro y bello,

    que anima la dulcísima poesía,

    oíd: no injustamente

    su inspiración naciente

    sofoquéis en la joven fantasía.

    Si en el pasado siglo intimidadas

    las hembras desdichadas,

    ahogaron entre lágrimas su acento,

    no es en el nuestro mengua,

    que en alta voz la lengua

    revele el inocente pensamiento.

    Do entre el escombro de la edad caída,

    aun la voz atrevida,

    suena, tal vez, de intolerante anciano,

    que en áspera querella

    rechaza de la bella

    el claro ingenio, cual delirio insano.

    Mas ¿qué mucho que sienta la mudanza

    quien el recuerdo alcanza

    de la edad en que al alma femenina

    se negaba el acento,

    que puede, por el viento,

    libre exhalar la humilde golondrina?

    Aquellas mudas turbas de mujeres,

    que penas y placeres

    en silencioso tedio consumían,

    ahogando en su existencia

    su viva inteligencia,

    su ardiente genio, ¡cuánto sufrirían!

    ¡Cuál de su pensamiento la corriente,

    cortada estrechamente

    por el dique de bárbaros errores,

    en pantano reunida,

    quedara corrompida

    en vez de fecundar campos de flores!

    ¡Cuánto lozano y rico entendimiento,

    postrado sin aliento,

    en esos bellos cuerpos juveniles,

    feneció, tristemente,

    miserable y doliente–,

    desecado en la flor de los abriles!

    ¡Gloria a los hombres de alma generosa,

    que la prisión odiosa

    rompen del pensamiento femenino!

    ¡Gloria a la estirpe clara

    que nos guía y ampara

    por nuevo anchurosísimo camino! (…)

    “LA ROSA BLANCA”

    Antes que por la lluvia fecundada

    arde la tierra al sol de primavera,

    que apresurando su veloz carrera,

    muestras la luz de mayo anticipada;

    queda la yerba mísera abrasada

    antes de desplegarse en la pradera

    y, como niño que en la cuna muere,

    seco el pimpollo al rayo que lo hiere.

    Para su breve curso el arroyuelo:

    la fuente agota su caudal mezquino;

    de la desnuda acacia al muerto espino

    lleva la joven mariposa el vuelo;

    el polvo lame del estéril suelo

    la oveja hambrienta, y fijo en el camino.

    A lo lejos contempla los sembrados

    el labrador con ojos desolados…

    ¿A qué viene la niña de la aldea

    a recorrer los campos cuidadosa

    si no ha de hallar en ellos ni una hermosa

    flor, que de su cabello ornato sea?

    Siempre cuando la mansa luna ondea,

    al acabarse el día, presurosa

    desciende murmurando a la ribera

    y se mira en el agua placentera.

    Y alza de entre los juncos de su orilla

    una flor de blancura reluciente

    y una por una cuenta ansiosamente

    las hojas de su corola sencilla:

    y cuantas menos son, más gozo brilla

    en la faz de la niña, más latiente

    siente su pecho, y en el onda pura

    mira con más cuidado su hermosura. (…)

    “A UNA GOTA DE ROCÍO”

    Lágrima viva de la fresca aurora,

    a quien la mustia flor la vida debe,

    y el prado ansioso entre el follaje embebe;

    gota que el sol con sus reflejos dora;

    Que en la tez de las flores seductora

    mecida por el céfiro más leve,

    mezclas de grana tu color de nieve

    y de nieve su grana encantadora:

    Ven a mezclarte con mi triste lloro,

    y a consumirte en mi mejilla ardiente;

    que acaso correrán más dulcemente

    las lágrimas amargas que devoro

    mas ¡qué fuera una gota de rocío

    perdida entre el raudal del llanto mío…!

    “¡OH, CUÁL TE ADORO!”

    ¡Oh, cuál te adoro! Con la luz del día

    tu nombre invoco, apasionada y triste,

    y cuando el cielo en sombras se reviste

    aun te llama exaltada el alma mía.

    Tú eres el tiempo que mis horas guía,

    tú eres la idea que a mi mente asiste,

    porque en ti se encuentra cuanto existe,

    mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

    No hay canto que igualar pueda a tu acento

    cuando mi amor me cuentas y deliras

    revelando la fe de tu contento;

    tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,

    y quisiera exhalar mi último aliento

    abrasada en el aire que respiras.

    “EL MARIDO VERDUGO”

    ¿Teméis de ésa que puebla las Montañas

    turba de brutos fiera el desenfreno?…

    ¡más feroces dañinas alimañas

    la madre sociedad nutre en su seno!

    Bullen, de humanas formas revestidos,

    torpes vivientes entre humanos seres,

    que ceban el placer de sus sentidos

    en el llanto infeliz de las mujeres.

    No allá a las lides de su patria fueron

    a exhalar de su ardor la inmensa llama;

    nunca enemiga lanza acometieron,

    que otra es la lid que su valor inflama.

    Nunca el verdugo de inocente esposa

    con noble lauro coronó su frente:

    ¡Ella os dirá temblando y congojosa

    las gloriosas hazañas del valiente!

    Ella os dirá que a veces siente el cuello

    por sus manos de bronce atarazado,

    y a veces el finísimo cabello

    por las garras del héroe arrebatado.

    Que a veces sobre el seno transparente

    cárdenas huellas de sus dedos halla;

    que a veces brotan de su blanca frente

    sangre las venas que su esposo estalla.

    ¡Y que ¡ay! del tierno corazón llagado

    más sangre, más dolor la herida brota,

    que el delicado seno macerado,

    y que la vena de sus sienes rota!

    Así hermosura y juventud al lado

    pierde de su verdugo; así envejece:

    así lirio suave y delicado

    junto al áspero cardo arraiga y crece.

    Y así en humanas formas escondidos,

    cual bajo el agua del arroyo el cieno,

    torpes vivientes al amor uncidos

    la madre sociedad nutre en su seno.

    REFERENCIAS:

    Datos de la biografía de la autora extraídos de:

    Wikipedia

    Un siglo de vida y poesía.

    EcuRed Carolina Coronado

  • La lata de gusanos llamada cultura y otras anarquías (Dambudzo Marechera) parte II

    La lata de gusanos llamada cultura y otras anarquías (Dambudzo Marechera) parte II

    Tras su expulsión, Marechera malvivió en Oxford durante unos años en casas de amigos, tiendas de campaña y comunas, rodeado de otros artistas, drogadictos y anarquistas. Es durante este período cuando escribe su primera y más aclamada obra, The House of Hunger, donde habla del contexto de pobreza, suciedad y hambre de su niñez. En esta obra habla sobre las brutales relaciones humanas llenas de soledad y de cómo los libros y el mundo de los sueños y la creatividad – el arte en definitiva – fueron su escapatoria. The House of Hunger ganó el Guardian First Book en 1979 convirtiendo a Marechera en el primer y único escritor africano en haber obtenido este prestigioso premio. Durante la ceremonia de recogida del premio y en un estado de embriaguez evidente, Marechera protagonizó una de sus más controvertidas apariciones públicas lanzando la vajilla contra las enormes lámparas de araña que decoraban el salón durante la recepción del premio. Marechera consideraba que toda la ceremonia era una farsa en la que el poder literario establecido esperaba de él que escribiera en calidad de escritor africano, mientras que él renegaba de cualquier poder establecido y no creía en el condicionamiento de su arte. A su vez veía muy hipócrita aclamar en semejante ceremonia una obra que hablaba de la hambruna social y real de su país Zimbawe mientras su gente seguía muriéndose de hambre allí.

    En esta misma línea de descontaminación de influencias tales como la experiencia colonial y en constante búsqueda de una verdad que, en definitiva, era la búsqueda de una identidad propia, Marechera publica su segunda obra, Black Sunlight. Esta novela pone en evidencia su creciente depresión y adicción al alcohol y su progresiva introspección literaria y filosófica.Tras ocho años en Inglaterra regresa a Zimbawe en 1982, de la que ya no saldría hasta su muerte en agosto de 1987. Vuelve con la excusa del rodaje para la BBC 4 de The House of Hunger, pero pronto se pelea con el productor y es expulsado del rodaje y del hotel en el que se aloja. Pasó sus últimos cinco años de vida viviendo en la calle, escribiendo de manera obsesiva y ganándose más y más enemigos en el poder debido a su escritura contestataria e inconformista. Cuando Marechera dejó su país todavía estaba en el poder el gobierno blanco racista de Ian Smith y al volver se encontró con un Zimbawe que, a pesar de haber obtenido la independencia, tenía un gobierno negro que seguía siendo corrupto y que continuaba una política de segregación social que favorecía las clases medias. Fue muy crítico con la clase dirigente en sus escritos, lo que le ganó antipatías desde sectores que consideraban que atacaba la imagen de Zimbawe como país africano independiente. Su visión cosmopolita y anarquista no encajaba en esta nueva identidad africana, pero él siguió fiel a su idea de libertad y rompió con las fronteras y limitaciones de una literatura africana que tenía la voluntad de ensalzar una identidad idealizada africana basada en mitos ancestrales y que huía de planteamientos psicoanalíticos e individualistas. Publicó en 1985 Mindblasts con la que, literalmente, quería reventar las mentes de los africanos desde una perspectiva diferente a la predominante, eso le ocasionó alguna paliza y seguir viviendo en condiciones pésimas. También son de esta época todos los poemas que aparecen en el libro Cemetery of Mind, muchos escritos en los bancos de un parque en Harare y en portales. Mientras tanto su alcoholismo y problemas de salud siguieron aumentando hasta su muerte por SIDA en 1987. La mayor parte de la producción de sus últimos años ha sido publicada póstumamente y recopilada en su mayoría por la fundación The Dambudzo Marechera Trust y su biógrafa Flora Veit-Wild.

    En la literatura postcolonial a partir de los años cuarenta y cincuenta, la mayoría de escritores escriben desde una perspectiva anticolonial de protesta y algo más tarde, a partir de los setenta, también desde una crisis identitaria en la diáspora europea y norteamericana. Si a pesar de todo quisiéramos clasificar a Dambudzo Marechera, lo haríamos en aquella generación perdida de escritores de Zimbawe que fueron oprimidos por un régimen colonial y que se alienaron de su propia cultura o estuvieron sujetos a una cultura ajena en el exilio. En la obra de Marechera no hay vestigios de la tradición africana y la lengua que utiliza es siempre el inglés, la lengua del colonizador, aunque su dominio de la misma, al igual que de la literatura inglesa, es muy superior a la de la mayoría de sus compañeros universitarios en Oxford. Para él el Shona, su lengua materna, representa su familia, ese doloroso pasado y los orígenes africanos que rechaza y odia y, por tanto, subyuga la lengua inglesa excolonial para que le sirva en sus propósitos. Marechera se emplaza en ese lugar incómodo del artista politizado que se educa en Europa. Influenciado por los años posteriores a la revolución intelectual europea del mayo del 68, una vez vuelve a África, pocos lo entienden o lo aceptan. Para la crítica africana Marechera es indiscutiblemente un talento único y posiblemente uno de los escritores más importantes del s. XX. Sin embargo, durante toda su vida, se consideró que su estilo era burgués, europeizado y que no correspondía ni encajaba con el proceso de independencia que Zimbawe estaba viviendo. El reconocimiento le ha llegado tras su muerte y mucho se ha escrito sobre su vida errática y su controvertida personalidad.

    Este novelista, narrador de historias, poeta y dramaturgo «vivió como escribió y escribió como vivió» tal y como afirma Musa Zimunya y, probablemente, su función como escritor sea la de perturbar, molestar y destruir a través de una poesía que crea imágenes inesperadas, sorprendentes y de una gran intensidad. Influenciado especialmente por T.S. Eliot, las palabras son escogidas minuciosamente y juega con el lenguaje buscando contrarios y giros en el registro que no dejan nunca indiferente al lector. Marechera afirmaba que uno no puede escapar de las palabras y que la lengua es como el agua, esencial e intrínseca al ser humano: para conocer al género humano, no hay que estudiar la evolución de las especies, sino su lengua. Marechera poeta escribe su poesía a partir del primer verso y domina esta lengua inglesa impuesta retorciendo sus significados y perpetrando imágenes imposibles. El amor aparece con una intensidad absolutista en su poesía, pero en vez de ensalzarlo e idealizarlo, lo dibuja siempre lleno de altibajos y contradicciones y con imágenes fuertemente erotizadas. También en su poesía Marechera es anárquico y raramente escribe con rima y siguiendo una composición poética prefijada. Sus sonetos no son tales y sus palabras van de lo más exquisito y formal a lo más soez y coloquial. Utiliza las palabras como un arma contra el poder. La literatura representa su supervivencia en un entorno que le era hostil tanto en Europa como en Zimbawe y, como artista,  permaneció íntegro y aferrado a su idea de libertad de espíritu, a su arte, y a su acción política hasta el final.

  • 3 poemas inéditos de Luis Gerardo Mármol Bosch #PoesíaVenezolana

    3 poemas inéditos de Luis Gerardo Mármol Bosch #PoesíaVenezolana

     Luis Gerardo Mármol Bosch. Poeta venezolano (Caracas, 1966). PhD en matemáticas por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Es profesor de pregrado y postgrado en el Departamento de Matemáticas Puras y Aplicadas de la Universidad Simón Bolívar (USB), y fue así mismo miembro del Consejo Editorial de Equinoccio, casa editora de esta universidad. Es Director Asociado de la Editorial Eclepsidra, acompañando a su esposa, la también poeta Carmen Verde Arocha.  Ha publicado los poemarios Sueño de un día (Editorial Eclepsidra, 1997) y Purgatorio (Editorial Eclepsidra, 2012). Su tercer poemario, Entusiasmos, apareció en el segundo semestre del 2016, bajo el sello editorial Kalathos.  Tiene además dos libros inéditos de poesía cuyos títulos tentativos son La Venus del Espejo y otros poemas y Tercer libro de los Entusiasmos. Textos suyos han sido incluidos en Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI, El turno y la transición (compilación de Julio Ortega, Siglo XXI Editores, México, 1997) y en El salmo fugitivo: antología de la poesía religiosa latinoamericana (Leopoldo Cervantes-Ortiz, editor; Editorial Clie, México, 2009), así como en algunas revistas impresas y en medios electrónicos dentro y fuera de su país.


    *

    Alguna vez te dije

    que el alba parece no ser tuya;

    pero un poeta olvidado ha dicho

    que todo el río de la noche corre al este

    y desemboca en el alba, como en algún mar.

    Tú, vorágine,

    pareces a veces Simonetta Vespucci.

    Bajo tus pies hay nácar

    o ellos mismos lo son.

    Y una mujer desnuda, frente a nosotros,

    nos parece siempre más grande que nosotros.

    ¿Tuvo o no tuvo Venus, al nacer,

    mirada compasiva?

    La acedía del amor

    te criba desde siempre,

    enjambre de higos.

    ¿Podrá tanto río de noche, tú misma tal vez,

    no ser tu mayor desagravio?

    Todo el estro, tu aroma mismo y el don de cantar,

    (y también el recuerdo de tu pelo y tus ojos,

    que dan, todos, inicio a la noche, o a su desembocadura)

    se abisman con el presentimiento,

    con la ciruela de extrañar:

    son el sentido más alto, y el más bajo

    como la luna y las estrellas fijas,

    una sola esfera.

    Para lo que se oye, música o sonido,

    no hay traducción.

    ¿Y para lo que se toca o apenas se roza,

    por Dios?

    (Inédito)

     Íconos: habiendo contemplado tu resurrección

    La matutina contemplación ahoga en oros

    la niebla y la aspersión, el sueño del índigo;

    la blanca Fe, inmersa en la dorada bruma, ¿qué se hace?

    La Esperanza y el Amor rondan el plexo del sol,

    olas y olas, la dicha de los niños.

    ¿El vino es amargo por ser nuestra vida?

    Grana y verde miran los niños,

    y blanco que se esconde.

    Olas y olas en el plexo del sol.

    El mar es el gran mediador,

    dice mi amigo, muchos años después.

    Todos los ríos son el Tíber o su boca

    frente al gran mediador.

    ¿Cómo se comienza a soñar

    o recordar así? 

    La niebla, viola vieja,                

    ¿cuán lejos nos deja, o cuán cerca

    de los ríos,

    que tal vez son como el Tíber, tal vez son otros,

    como el caño desértico

    del solsticio estival?

    A este último sí que se entra desnudo.

    ¿Esta agua nace o no de nosotros mismos?

    ¿Y cuándo se hace música el aliento?

    Es honda, muy honda, nuestra entrada en la carne.

    ¡Cómo nos duele el pecho cuando de súbito sentimos que nos vamos!

    El pecho, no la consolación

    del pinar en mitad de los ojos;

    los campos, sí, del elíxir inferior.

    ¿No se estremecen el vientre, y el plexo del sol,

    cuando por caso contemplas

    figuras del Más Allá?

    Dicen que las exhalaciones son el otoño,

    pero aquí no lo eran.

    ¿No es siempre una mujer

    la que está en el último umbral?

    Un suspiro lo limpia todo.

    Niebla es música del Más Allá.

    Blanco que se esconde, templo blanco,

    pero un árbol escarlata y un monte verdeoro miran los niños.

    Los ángeles del sepulcro vacío inclinan la cabeza,

    monte y encina roja procuran el Debir

    con nostalgia contemplativa.

    (Del  libro El árbol del confín, inédito)

    *

    Si miro en torno a mí veo la hierba
    del paraíso, el río de Kucer,
    la llanura infernal se ha hecho celeste,
    descansa con beldades celestiales.
    Omar Khayyam

    El árbol del confín, ¿son unos pezones?

    ¿Difícil de pensar? Después de allí,

    es preciso andar solo.

    Los herejes somos los verdaderos ortodoxos.

    Como cientos de luces sobre los cerros,

    almas o lámparas o pinos, se acercan,

    y el aire suavísimo hace con nosotros el amor,

    no sabemos, dichosos,

    si contemplamos la fiesta o somos ya parte de ella.

    ¿Cuáles fiestas recordamos más?

    Cada estrella se agarra con las manos.

    La noche, un racimo de uvas o azufaifas.

    Nos hablan de un río confidente:

    ¿hay uno en especial?

    ¿Hay uno que no lo sea?

    Si hay uno en especial,

    ¿cómo haría para no recorrer todos los mundos?

    También, aquí, las llanuras infernales

    parecen páramos de ámbar

    donde crecen azufaifas.

    Las llanuras anticipan la inocencia o la nada

    que se hallan, según dicen,

    después de atravesar los ojos del demonio.

    Pero los juncos que, tras el retorno a la tierra, limpian nuestro rostro

    se cambian, aquí,

    por toda la piel de la ribera;

    y la feliz cabellera de los montes

    es ya la luz que se respira.

    La llaga es el presentimiento,

    pero cuando en medio de la presencia, y aún de la consumación, presentimos,

    esto es verdaderamente la llaga.

    ¿Son estas las palabras

    de un pobre hombre ignorante?

    Decir estas cosas sin conocer las entrañas de la tierra

    conduce sólo hasta los ojos tristes.

    Y aún entonces

    la nostalgia y la soledad salvan a los mejores,

    dice quien danza girando sobre sí mismo, sin morir.

    La hierba del Paraíso

    deja y no deja ver a las huríes:

    ¿qué luz o antorcha llega a ser?

    Y ellas preguntan: “el éxtasis, ¿es flor o fruto? Y tú, ¿qué eres?”

    La piel de la ribera, sonriente,

    ¿es columpio tal vez?

    Estos rastrojos cabrillean.

    ¿Por qué es tan melancólico el color del cielo

    cuando una flor lo tiene?

    La vía seca no es para todos, no es seca nuestra vía;

    pero todos, sin excepción, mirando las chamizas,

    respirando un vino que sólo puede respirarse,

    aprendemos cómo se respira.

    Una pastoral del espíritu.

    El agua es carruaje, el fuego es un velo.

    Un desfiladero con ecos, como las huríes.

    Gracias a ellas

    ya no se respira melancólicamente.

    ¿Cómo las alas del silencio podrán amparar el entusiasmo?

    Las almenas son árboles o estrellas, que tal vez llueven.

    Quietud y golondrina son lo mismo, no hay que olvidarlo.

    Sólo un río de esmeralda, claro hasta el fondo,

    conozco sobre la tierra.

    ¿De un río, de un mar claros hasta su fondo,

    de una pera, de una naranja,

    viene nuestro amor?

    Más allá de la humana ciencia está eso,

    y sin embargo es sólo escarcha,

    súbitamente nada

    ante la suprema cercanía.

    Sólo un río de esmeralda conozco,

    y una aldea visionaria

    sobre un desfiladero siempre.

    ¿Es flor o fruto?

    Mi amor, tal vez pera, río de esmeralda,

    tal vez  naranja, mar.

    Y sin embargo, todo es escarcha,

    súbitamente nada.

    Tú le ves, y no sabes que le ves.

    (Del  libro El árbol del confín, inédito)

  • Día Internacional de la Poesía

    Día Internacional de la Poesía

    Para conmemorar el Día Internacional de la Poesía, este año nos ha parecido bonito hacer un pequeño homenaje a nuestros poetas favoritos. Para eso, hemos publicado la propuesta en la web de Poémame, solicitando a los poetas que nos dejaran sus dos o tres versos favoritos.

    Con todo esto, hemos tejido un precioso ‘hilo’ hecho con versos de diversos autores a quienes, en cierto modo, les debemos que hoy estemos aquí escribiendo y compartiendo poesía.

    Pasen, lean y disfruten

    Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

    Su lágrima inmensa delira

    y grita que algo se fue para siempre.

    Alejandra Pizarnik

    Desenlace

    Yo vivo solo

    al borde de un agua sin esposa ni hijos.

    Derek Wallcot

    Día uno sin ti; te echo tanto de menos, que en el reloj aún es ayer…

    Día siete sin ti: mi madre me ha besado las orejas y he salido del ataúd que es mi cama sin ti, dejando al lado de la almohada una nota de resurrección…

    Día once sin ti: no eres tú, es la poesía.

    Elvira Sastre

    Desperté de ser niño:

    nunca despiertes.

    Triste llevo la boca:

    ríete para siempre.

    Miguel Hernández

    Yo amo los mundos sutiles

    ingrávidos y gentiles

    como pompas de jabón.

    Antonio Machado

    Soy un alma desnuda en estos versos,

    alma desnuda que angustiada y sola

    va dejando sus pétalos dispersos.

    Alfonsina Storni

    Para saber de amor, para aprenderle,

    haber estado solo es necesario.

    Gil de Biedma

    Yo no sé de pájaros,

    no conozco la historia del fuego.

    Pero creo que mi soledad debería tener alas.

    Alejandra Pizarnik.

    Me espanta las palabras de los hombres.

    Dicen todo con harta claridad:

    esto se llama perro, aquello casa,

    y aquí está el principio y allí el fin.

    Rainer Maria Rilke

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

    Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

    Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

    Pablo Neruda

    Cuando contemplo el roble solitario,

    este patriarca de los bosques pienso

    sobrevivió al cruel siglo de mis padres

    y sobrevivirá a este siglo nuestro.

    Alexandr Pushkin

    Y la gente se quedó en casa.

    Y leyó libros y escuchó.

    Y descansó y se ejercitó.

    E hizo arte y jugó.

    Y aprendió nuevas formas de ser.

    Y se detuvo…

    K. O’Meara

    Cielo desnudo desde un navío. Campo desde los cerros.

    Tu recuerdo es de luz, de humo

    de estanque en calma!

    Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.

    Hojas secas de Otoño giraban en tu alma.

    Pablo Neruda

    No soy nada.

    Nunca seré nada.

    No puedo querer ser nada.

    Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

    Fernando Pessoa

    De la vida cotidiana

    de fuera a dentro

    penetra por mi piel

    cada momento.

    Gloria Fuertes

    Para mi corazón basta mi pecho,

    para tu libertad bastan mis alas.

    Pablo Neruda

    Dos cuerpos frente a frente

    son a veces navajas

    y la noche relámpago.

    Octavio Paz

    Muchas gracias a todos los que nos habéis ayudado a llenar de versos esta pequeña pantalla. Salud, poetas!

  • La lata de gusanos llamada cultura y otras anarquías (Dambudzo Marechera) parte I

    La lata de gusanos llamada cultura y otras anarquías (Dambudzo Marechera) parte I

    Cogí mis cosas y me marché.

    Así empieza la obra más significativa de Dambudzo Marechera, The House of Hunger, y así podría también resumirse su vida. En Marechera, su vida y su escritura son una misma cosa, breves pero intensas. En su viaje vital, Marechera pocas cosas tenía que coger y su camino siempre fue una huída hacia adelante intentando escapar de su estado de alienación y soledad. El autor zimbawés, considerado un genio o un profeta por escritoras como Doris Lessing o Angela Carter, revolucionó la literatura africana al escribir en un estilo que difería completamente de la escritura realista y social de autores como Chinua Achebe o Ayi Kwei Armah, centrados en la creación de una literatura africana nacionalista y anticolonial. La escritura de Marechera, influenciado por el modernismo europeo, es más reflexiva y utiliza técnicas como el discurso interior. Es un outsider, un pensador anarquista e individualista que no se puede encuadrar en ninguna categoría de la literatura africana moderna. Para él lo más importante no es identificarse con una raza o una nación sino la libertad del individuo y del escritor para crear su arte. Su biografía causa tanta impresión como su propia obra y a los 27 años ya era toda una estrella tanto literaria como mediática. Marechera simboliza la idea romántica del escritor vagabundo, siempre pobre, desposeído y solo. Un escritor que no se dejó influenciar por las corrientes literarias que pretendían rescatar a África del colonialismo, ni tampoco dejarse manipular por el canon o el establishment europeo y eurocéntrico del momento.

    Nacido en Vengere el 4 de junio de 1952 fue el tercer hijo de nueve hermanos y ya desde bien pequeño destacó como un niño especialmente talentoso que siempre estaba leyendo. Muy unido a su familia, ésta sufrió un duro revés cuando su padre fue atropellado por un camión y murió. Marechera describe la muerte de su padre en su primera novela diciendo que no quedó nada de él, «sólo manchas de sangre y trocitos de carne», lo mismo que su generación en Zimbawe, atropellada por el s.XX. La familia quedó así expuesta a una situación de pobreza y desamparo que les hizo mudarse a un barrio mucho más pobre y asolado por la delincuencia. Marechera, con trece años, empezó aquí su escapada de la pobreza, el caos y el dolor. Lo hizo a través de la educación y los libros. En 1966 fue aceptado en un prestigioso instituto católico (Saint Augustine), el primero en admitir alumnos negros en el país. Más tarde llegó a la entonces Universidad de Rhodesia* donde, a diferencia del instituto St. Augustine, el racismo era algo evidente. En los años que estudió en la universidad, Rhodesia y Sudáfrica eran los únicos países formalmente independientes que seguían gobernados por una minoría blanca racista. En aquel ambiente universitario Marechera se relacionó con movimientos nacionalistas africanistas impregnados por ideas marxistas y socialistas. Su aventura universitaria en Rhodesia acabó cuando Marechera y otros estudiantes negros fueron expulsados en 1973 por participar en una protesta contra las políticas racistas del sistema educativo. A partir de este momento, en Marechera comienza su creciente desconfianza del poder político, derivando hacia un pensamiento anarquista e incluso simpatizando con grupos armados como la Baader–Meinhoff.

    Gracias a recomendaciones de sus profesores universitarios consiguió una beca para estudiar en el New College en Oxford en 1974. Al marchar de Rhodesia, y con esa cierta sensación de estar abandonando su hogar, tampoco tenía claro que se llevara con él nada más que su educación, y escribió, relacionado con eso, que «en su cabeza no tenía nada más que libros». Poco imaginaba el choque cultural que sufriría: Marechera había crecido en una sociedad postcolonial donde la educación formal era la única escapatoria de la pobreza y al llegar a Oxford se encontró con una actitud muy diferente en los estudiantes, mayoritariamente blancos, en New College. Marechera, que era un gran conocedor de la literatura europea, se encontró a sí mismo en un lugar que no correspondía con sus expectativas y con una sociedad donde la clase alta ociosa eran los estudiantes y la mayoría de la población constituía la clase trabajadora a su servicio. En cuanto a su integración como estudiante negro en Oxford, podría decirse que no encontró un racismo tan evidente como en Rhodesia, pero no dejó de ser considerado algo exótico por los otros estudiantes blancos y ricos. Sus años en Oxford fueron protagonizados por su disconformidad con el currículum académico y por su adicción al alcohol.
    Marechera leía lo que él consideraba oportuno y, a pesar de su genialidad y talento, acabó siendo expulsado también de New College debido a sus múltiples peleas y episodios alcohólicos. Era demasiado sensible y libre como para encajar en la sociedad británica del momento y con unas ideas demasiado arraigadas y anárquicas como para agachar la cabeza, acabar sus estudios y volver a su país tal y como muchos africanos hacían.

    • En este artículo me refiero al país natal de Marechera como Rhodesia hasta el momento de su independencia en 1980, en el que pasó a llamarse Zimbawe.
  • 3 poemas de Navil Naime #PoesíaVenezolana

    3 poemas de Navil Naime #PoesíaVenezolana

    Navil José Naime, Venezuela, 1961, médico pediatra, ganador de la mención honorífica “Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt” 2012 con “Viejos Sonetos y otros poemas”; mención poesía en el IX Concurso Literario Internacional Bonaventuriano 2013, Colombia, con “Mil Palabras para la Tristeza” ; segundo lugar poesía mención ‘DÉCIMAS” la I Bienal de Literatura Lydda Franco Farías 2014 con “Décimas de un Caminante”; segundo lugar poesía IV Concurso “Por una Venezuela Literaria “ 2014, con “ESCARCHA Y CENIZAS”; ganador de la IV Bienal “Julián Padrón”, 2015 con “LA MISMA SED”; ganador de la II Bienal “Manuel Felipe Rugeles”, 2016 con “REGRESOS”; finalista V Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”, España 2018 con “Retratos del Silencio”.

    .

    Olvido

    Elijo este lugar para olvidarte.

    No hay desechos de adiós

    sobre el pasto vacío.

    Cruje una hoguera

    de pequeñas cosas

    y en su loma de cenizas

    algo de ti

    se ríe de mi olvido.

    Mudez

    La voz que intenta

    lo que digo,

    trabada en el camino

    de mi sangre

    atrapada en el dolor que ostento.

    No fue posible urdirla

    con palabras.

    Esto que callo

    es todo lo que tengo.

    Nostalgia

    La memoria no encuentra su lugar.

    Herimos la casa

    persiguiendo un recuerdo.

    Alguien perdió la llave

    del último momento,

    el tiempo va horadando

    nostalgias movedizas.

    Madre zurce el abismo

    de sus sueños.

    Padre vuelve otra vez

    de su sonrisa.

    Estos poemas pertenecen al poemario La Misma Sed, NSB EDITORES, 2018

  • 8 poemas para el 8M, Día Internacional de la Mujer

    8 poemas para el 8M, Día Internacional de la Mujer

    Como todos los 8 de marzo, en Poémame nos hacemos eco del Día Internacional de la Mujer a través de la poesía.

    En esta ocasión, lanzamos un reto poético consistente en dar una réplica en forma de poema a otro poema que, obviamente, tratase sobre la mujer y hubiera sido escrito por una mujer.

    Como ejemplo, propusimos el poema «Y Dios me hizo mujer», de Gioconda Belli, pero las y los participantes también nos descubrieron poemas de otras poetas, como Rupi Kaur o Laura Casielles. ¡Incluso algunas poetas se dieron la réplica entre sí!

    Elegir 8 poemas de entre todos los enviados al reto no ha sido fácil, pero aquí os compartimos algunos de los más votados.

    ¡Muchas gracias por participar y, parafraseando a Gioconda Belli, levantaos orgullosas, compañeras!


    Y Dios nos hizo iguales, de AM

    (En respuesta al poema «Y Dios me hizo mujer», de Gioconda Belli)

    Y Dios me hizo mujer
    fruto del beso de una amapola
    con la caricia del viento
    que deshojó sus pétalos
    esta vez,
    con fragancia femenina.

    Y me dotaron,
    de robustos remos
    para navegar
    entre las brisas de la libertad
    con mi propio timón
    asumiendo mis mares,
    tanto por las cálidas aguas del sur
    como por las insondables
    galernas marinas.

    Y me esculpieron
    para amar a la vida
    con todos sus brazos
    y todos sus dedos
    con la mano siempre abierta
    enarbolando
    la bandera de la igualdad.

    Que nunca se olvide,
    que Dios me hizo mujer
    y que Dios te hizo hombre
    pintando con el mismo color
    los cimientos humanos.

    Una mujer habita mi piel, de Zenaida (Varimar)

    (En respuesta al poema «Y Dios me hizo mujer», de Gioconda Belli)

    Esculpida con cincel
    avezada llega al sol.
    En tierra estéril planta orquídeas
    de bondad y de bemol.

    En jardines plagados de espinas
    donde las rosas gimen dolor,
    cultiva otras de fragancia nueva
    y las riega con amor.

    En noches de frío invierno,
    llena de dulzura y fervor
    su tarareo musitado
    ocupa espacios con calor.

    Su canto un sirimiri
    riega con vehemencia la vida.
    En sembradíos inhóspitos
    nacen espigas y las cuida.

    Mujer que avanza decidida
    en busca de su condumio.
    Dama amable y virtuosa
    rocía campos con orgullo.

    Los brazos morenos de él
    son apoyo en mi quebranto,
    pañuelo enjuaga mi llanto.
    Con fortaleza y decisión,
    levantada me agiganto.

    Una mujer habita mi piel.
    Con la frente en alto convencida,
    orgullosa por la vida
    de mi existencia comedida.

    En honor a la mujer, por Ana Barroso

    (En respuesta al poema «Y Dios me hizo mujer», de Gioconda Belli)

    Surgí en la vida siendo mujer,
    y entre vientos y mareas,
    me fui descubriendo
    Conocí mi lado más tierno,
    La entrega, el desvelo
    La generosidad y el sosiego
    Admire mis prodigios,
    vi que mis entrañas
    eran un campo de siembra,
    para otras vidas
    con sangre de mis venas
    Mi cuerpo estaba cincelado,
    formando curvas
    y surcos de vértigos,
    llanuras con fisuras
    Y un corazón bordado con sueños
    Surgí con una mente despierta
    Soy sensibilidad y lamento
    Soy mi propia guia
    Soy el valor con dolor tejido
    Soy el llanto silente
    Soy Lucha sin descanso
    Soy amor sin condiciones,
    ni precedentes.

    Y haciéndome Dios mujer, de Sinmi

    (En respuesta al poema «Y Dios me hizo mujer», de Gioconda Belli)

    Y haciéndome Dios mujer
    Como la guerra y como la paz,
    todo bajo un mismo faz.

    Como la tierra y como la mar
    reflejo de mi profundidad.

    Como la luz y la oscuridad
    una mujer con dualidad.

    Como la vida y como la muerte
    en mí todo está presente.

    Como la naturaleza
    con misterios y secretos,
    un ser muy discreto.

    Y en mi piel hay campos de trigo
    que no ofrecen pan ni abrigo.

    Mis labios color de rosas
    tienen espinas dolorosas.

    Mis ojos color miel
    pueden ser como la hiel.

    Y mis cadenas montañosas
    pueden tornarse peligrosas.

    Soy mujer en frasco pequeño
    que a nadie le quita el sueño.

    Y haciéndome Dios mujer,
    ¿Cuál será su querer?

    Me confieso mujer, de María Prieto

    (En respuesta al poema «Y Dios me hizo mujer», de Gioconda Belli)

    Me confieso mujer.

    Y no me hizo Dios…
    Pertenezco a la Tierra que habito.
    Tan solo soy una partícula,
    un elemento más del inmenso universo.

    Mujer hecha de carne
    y de silencios.
    De lluvias y de soles,
    de partes y de un todo.

    Mujer con cicatrices en los ojos,
    surcos labrados
    en la superficie inestable
    de los años.

    Soy de viento enardecido
    o de brisas apacibles.
    Cálida y fría.
    Fuego, agua, tierra.
    Mujer contradictoria e imperfecta.

    A veces muy presente, otras veces
    escondida entre la niebla.
    Como el aire, que fugaz desaparece
    y no se encuentra…
    pero siempre está ahí.

    Un halo de inseguridades me rodea
    y me hago la fuerte.
    Me rompo…
    recojo mis restos y me recompongo.

    Y no me arredro,
    ni me envuelvo en el manto negro
    de la pena doliente.

    Me declaro mujer, madre, amiga,
    compañera…
    Mis manos aúnan manos
    con la sangre de mi sangre.

    Río, siento, vivo, amo, sufro,
    pienso, sueño, canto, vuelo,
    me enfurezco… y por momentos,
    me invade la nostalgia y me llora la tristeza.

    Me confieso…
    mujer de alma agnóstica y pagana,
    subo al cielo y me paseo por el infierno.

    Escribo de mis días… y en mis versos
    procuro desprenderme
    de las pieles sobrantes,
    despojarme
    de la falsa humildad y la soberbia.

    Mis piernas firmes recorren sin respiro
    los caminos abruptos y escarpados
    recolectando la belleza increíble
    de las cosas pequeñas.

    Soy ave buscando su refugio
    en los atardeceres,
    pájaro libre de innecesarias ataduras
    que reivindica,
    que pide la palabra…

    La libertad de una cometa…
    con la cuerda ya suelta.

    No quiero dormitar
    entre barrotes de algodón.
    Ni sábanas de seda.

    Tan solo…
    la ternura de un momento.
    Tan solo necesito… quererme
    y que me quieran.

    Y en cuestiones de amor,
    sumamos uno y uno, y somos dos.
    Hombro con hombro. De igual a igual,
    mi compañero y yo.

    Me declaro mujer…

    Y todas las mañanas me levanto
    orgullosa de serlo.

    Benditas, de Delia Climent

    (En respuesta al poema «La naturaleza que me habita», de Hortensia Márquez)

    Y yo tampoco creo en Dios.
    Bendigo a la naturaleza
    que nos transmitió fuerza
    para cambiar la historia
    para alcanzar derechos.

    Benditas las mujeres
    que lucharon.
    Por ser visibles.
    Por ser iguales.
    Por ser libres.

    Benditas sus palabras.
    Sus ideas.
    Sus escritos.
    Sus poemas.
    Y teoremas.

    Y bendita es la
    magia del vientre
    de la madre
    que nos engendra.

    Mujeres valientes, de Isa García

    (En respuesta a un poema de Rupi Kaur)

    Viniste a esta vida
    para aprender, pero
    también, a enseñar…
    profesora quisiste ser…

    Viniste a esta
    vida, para aprender,
    pero también a
    curar…
    Enfermera quisiste ser…

    Viniste a esta vida,
    para aprender, pero
    también a dar sentido
    a esas palabras, que
    desde dentro de ti,
    nacían, y solas salían…
    Escritora quisiste ser…

    Y muchas profesiones más…

    Y ahora mira atrás,
    puedes ver, que aún quedan
    hilos que atar, aunque hay
    cosas que a lo largo de
    esta vida, han evolucionado,
    por la lucha de todas esas
    mujeres, que nunca han callado,
    que han gritado, que no
    han parado ni un segundo,
    en salir a las calles y luchar
    por nuestros DERECHOS…

    Y aún, queda mucho por hacer…

    Aunque no sea fácil,
    por ser MUJER, y
    te señalen y te juzguen..

    Sigue luchando
    para seguir haciéndote
    un hueco en esta vida.

    Aunque en esta
    vida, hemos
    venido a VIVIR, BAILAR,
    BRILLAR…
    Y no a hacer una
    guerra, de esas que
    acaban en tragedia.

    Hemos venido, a ser
    nosotras mismas, sin
    que nos juzguen, cada
    minuto, segundo, momento,
    por ser MUJER…

    Hay que seguir
    por eso que tanto
    llevan tantas
    mujeres de generaciones
    luchando, y nos han
    dejado ese legado, de
    seguir, sin parar, esta
    lucha, de salir a la calle,
    y gritar por nuestros
    derechos.
    Por una ¡ IGUALDAD!
    JUSTA…

    Mientras tanto, ¡VIVE!,
    sé tú misma,
    no lo estás haciendo
    mal, así qué, de vez
    en cuando, regálate
    flores, porque tú,
    ¡VALIENTE!, ¡LUCHADORA!
    Lo vales…

    Ellas lloran, de Carmen Cantos

    (En respuesta al poema «Homenaje a las hermanas» de Laura Casielles)

    Hay mujeres que admiro y no conozco
    que a veces lloran…

    lloran
    para ser más libres,

    lloran
    porque están despiertas,

    lloran porque
    en sus adentros
    pesan demasiadas guerras…

    lloran porque
    en sus miradas
    arden un sinfín
    de entregas
    y en sus vidas
    opacadas
    corren sueños
    por sus venas…

    lloran
    porque son sinceras…

    lloran
    porque son eternas…

    lloran porque son
    más fuertes
    que el peso
    de sus cadenas…

    lloran porque
    dan la vida

    lloran porque
    nada niegan…

    son mujeres
    que yo admiro,
    que me inspiran,
    que me enseñan…

    y en los cielos
    más oscuros
    brillan más
    que mil estrellas….

    Hay mujeres que yo admiro
    que a veces lloran sus penas.