Jorge Sosa (Ciudad de México, 1981). Fundador del colectivo de arte multimedia y banda de spoken word Los KFGC. Cocreador de la serie web de poesía Los Fotocopiadores.
Nos encontramos ante un poeta que no se complica la vida buscando en el más allá algo sobre lo que escribir. Jorge Sosa consigue hacer poesía de lo cotidiano que le rodea. Es un poeta de la calle que acompaña aquello considerado normal y vulgar mucho más allá. Una poesía que deja constancia de quienes somos y dónde estamos; el poeta mexicano consigue dar una mirada diferente al caótico y, a veces decepcionante, mundo que nos rodea.
Aquí una muestra de su poesía.
Los viejos en el casino
me piden ron con coca
y margaritas
dan buenas propinas
cuando la suerte les devuelve
un porcentaje mínimo
de lo que han perdido aquí
en sus casas
o en la calle
el neón de las máquinas
ilumina sus rostros
hace ver las arrugas
profundas como heridas abiertas
(cuando era niño
pensaba que tragaperras
era un insulto
para los apostadores)
entre un juego
y el siguiente
imaginan lo que harán
con el dinero que vomite el aparato
cocaína
cirugías
extraños animales dentro de jaulas
se parece mucho a una biblioteca
un lugar oscuro
donde nadie nos ve
ser lo que realmente somos.
La edición de la colección proscrita de Pony / Yoghurt con cenizas, de Jorge Sosa, se puede obtener aquí.
Tocarnos en nuestra profundidad es un acto heroico y revolucionario hoy en día. Nos sana, nos cura, nos libera de la falsedad, la superficialidad y el absurdo. Nos revela lo cierto, lo auténtico, devolviéndonos al sentido profundo de la vida y de nuestra existencia. Recordando lo esencial, Michel Orban nos ofrece en el recorrido por su exquisita obra “Profundidad”, una brújula de gran valor para orientarnos en tiempos de cambios e incertidumbre. De una manera cálida a la vez que contundente el autor va penetrando capa a capa en lo más profundo del Ser. Cada poesía es como una gota de agua que cae en el océano y se reconoce en él, disolviéndose en la unidad que es.
“La luz del verbo se esconde en la profundidad del silencio”
Con la cualidad única de su estilo, profundamente honesto y directo, al tiempo que discreto y sutil, el autor nos lleva en cada uno de sus poemas, dulcemente y con firmeza a explorar un lugar hondo e inalterable de nuestra interioridad. Conduciéndonos a la puerta hacia nosotros mismos.
“Cultiva el perdón para que el amor florezca. Moja tus labios al cáliz de su belleza, Y perfuma tu aire con las palabras de tu alivio. Estréchate contra tu corazón. Nútrete de tu calor. la luz de tu conciencia te cuida. Entonces, crece! Tu vida es un jardín, tu jardín Extraordinario, no?”
El lector se sumerge inevitablemente en su propia profundidad. Adentrándose casi alquímicamente en un silencio imperturbable, en una sensación de hogar entrañable, una especie de santuario que recuerda a Hridayam; como refieren en sánscrito a “la morada del corazón y la conciencia pura”. Michel nos permite descansar allí gracias a su sentido ético y estético de la belleza y la armonía en su escritura, y experimentar en cada fragmento la eternidad de lo que somos y la infinitud de nuestra presencia. «Profundidad» contiene algunos poemas cortos que son como flechas:
“Deja a la angustia mojar tus ojos. la lluvia no permite a las flores crecer?”
Mensajes directos al centro del corazón que unen el mundo personal e íntimo del lector con el universo mismo y la perfección de la creación.
“Antes de estar sembrada, La tierra se remueve.”
A través de la poesía como puente el autor conecta a todos los seres en el amor y el espíritu, en un fuerte abrazo existencial. Mostrándonos un camino simple y posible para volver a sentir la profundidad que soy, que somos y celebrar la paz, el encuentro y el goce verdadero.
“Poco a poco, tu calor me invade. Mi cuerpo retira su guardia. Se acerca a ti Con el seguro de la entrega. Las barreras se caen. Y el amor se revela.”
«Profundidad» es un viaje comprometido con el amor, que nos ayuda a vivenciar nuestro centro y fortaleza, al tiempo que reconocer nuestra relación sagrada con el cosmos. Una propuesta vital para la época que vivimos como Humanidad.
“Olvida los ruidos del afuera Que nutren tus miedos. Escucha el silencio de tu profundidad, Eco de una inagotable felicidad.”
Esta es la segunda obra literaria de Michel Orban, poeta belga residente en España desde el año 2018, dentro de la trilogía de la que hacen parte sus obras «Renacimiento» y «Miradas».
Herida, belleza, derrumbe, resurgimiento, pureza, agua, fuego y/o luz. Si tuviera que definir en unas pocas palabras el poemario de Mariela, estas serían, sin duda, las elegidas. El poemario navega de la oscuridad a la luz, del frío al fuego, del derrumbe al resurgimiento.
Después de leído, me quedo con la sensación que a veces, se debe aceptar el dolor y la herida, y debemos ser conscientes, además, que son necesarios para curar y ser cicatriz; para poder llegar a ese lugar luminoso, tan nuestro y tan puro (a nosotros mismos). Esta idea hace que, tras la lectura, me quede un sabor esperanzador.
Se puede llegar incluso a amar la herida; la lanza vuela hasta partirnos en dos amados tajos. Sin posibilidad de huida, sin posibilidad de piedad. Aceptar la herida, transfigurarla, y acabar amando los restos. Como vemos en el poema Primera Pureza, por ejemplo, nos damos cuenta que el dolor, en cierto modo, nos puede llevar a renacer. Vaciarse, despojarse de todo lo anterior, y regresar de nuevo con la piel limpia, con absoluta pureza.
Como si de un diálogo interior se tratara, con un lenguaje nítido y conciso, la autora nos muestra que la vida son cambios constantes; que la vida pesa, nos hace arrastrar los pasos, pero el tiempo tiene el poder de renovar y restaurar las cosas; hacer que muten.
[…]
pese a los días que se repiten como ecos
todo va mudando impasible
el tiempo nos intercambia
nos vuelve agua
nos vuelve sed.
-A veces soy agua, a veces soy sed
Es un poemario altamente humano; las emociones más primarias y esenciales se dan cita en los versos, el amor, la vida, la pesadez, el dolor, la fuerza… para mostrarnos que, de algún modo, están conectados en un ciclo que se repite. Y entre ciclo y ciclo, persiste la búsqueda de la palabra definitiva, la palabra certera que precipita las mutaciones. La que nos lleva a poder amar/amarnos, para sentirnos en paz.
La importancia del fuego y la luz se puede ver muy remarcada en el poema Reconquista. Las penas se llenan de luz y de sol, y esplenden tan puras que casi vuelven a ser las mismas henchidas dichas antiguas. Es como si la luz fuera el nexo para retornar a la vida. Y en este sentido, su importancia es básica; como dice Odalys Interián en el prólogo del pomario, la luz, como símbolo transfigurable por excelencia, aparece como lo único que posee el poeta en su indefensión.
Mariela Cordero
Es un poemario que se centra en las esencias básicas, las más puras. La naturaleza, el agua, la humedad de la tierra, me trae una vez más a la mente la esencia primitiva, la comunión de la persona con la tierra, el contacto con la pureza. Así, en el poemario encontramos alta presencia de fuentes, accidentes hídricos, el llegar a la humedad de la tierra, a la esencia. Y renacer hasta volver al fuego, a la vida.
Nuestra única pulsión será hurgar en las faldas de la tierra
y la besaremos hasta la coyuntura de la humedad.
Esta estación florecerá como preludio del fuego.
-Un sueño para el verano.
Ligado a esto, me parece muy significativo el poema Cárcel. Aparece una vez más la mano en la sombra, que ya nos aparece en otro poema desprovista de clemencia. La misma mano que intenta insistente arrebatarnos justamente aquello que no puede, lo que más nos pertenece: nuestra resistencia, nuestro amor, nuestro fuego. El fuego deviene la esencia, la vida. Así lo vemos en Todas las miradas:
Todos los cuerpos se vacían
cenizas que giran con el viento.
Sólo un cuerpo arde
sin extinguirse.
Igualmente significativo aparece el poema Nacimiento. Cuando una logra cambiar, superar el miedo, ser puro y esencial, es cuando una vuelve a nacer.
Podríamos decir que Mariela nos revela que lo esencial es aquello que no te pueden arrebatar. Que el ciclo es duro, es herida, es dolor, pero poseemos esa fuerza inequívoca que es capaz de asumir ese dolor, acariciar esa herida, y hacer de la cicatriz, liberación y resurgimiento.
Es un poemario intenso, maduro y transparente que invita a la reflexión. Muestra, en cierto modo, que la esencia más básica, el amor, la luz, la naturaleza, son parte de un ciclo cambiante, y que en cierto modo, podemos manejar en nuestro interior, para renacer siempre.
Mariela Cordero, nacida en Venezuela, es abogada, poeta, traductora y artista visual. Ha recibido diversas distinciones en certámenes literarios. Su poesía ha aparecido publicada en diferentes revistas literarias y antologías. Es autora del poemario El cuerpo de la duda, Ediciones PublicArte, 2013, y en breve publicará otro poemario de la mano de la editorial de Poémame Poesía.
Martín Vázquez Grillé (Buenos Aires,1976) es docente y traductor. Ha publicado Pequeños Botes Cruzando lo Negro del Río (Viajero Insomne Editora) y Este año que se desvanece (Llantén). Ha traducido a Matthew Dickman, Mark Strand y Charles Simic, entre otros. Sus poemas y traducciones han aparecido en diversas antologías.
En Domino Dancing, se funden la poesía y la música pop de los 80 y 90 para hacer un homenaje poético a figuras imprescindibles de la música de aquel momento. Poemas que son un tributo a la memoria de David Gahan, Neil Tennant, Ian Curtis, David Sylvian, Elizabeth Fraser, Bernard Summer, Gwen Stefany, Tracey Thorn y Boy George.
Diego L. García (Berazategui, Buenos Aires, 1983) es Profesor en Letras por la UNLP. Escribe crítica y poesía. Entre sus libros figuran Fin del enigma (Ediber, Argentina, 2011), Esa trampa de ver (Añosluz, Argentina, 2016), Una voz hervida (Jámpster ebooks, Chile, 2017), Una cuestión de diseño (Barnacle, Argentina, 2018), (Fotografías) (Zindo & Gafuri, Argentina, 2018) y Las calles nevadas (Barnacle, Argentina, 2020). Forma parte de la antología de poesía latinoamericana País imaginario: escrituras y transtextos 1980-1992 (Ay del Seis, Madrid, 2018). Colabora en diversas revistas literarias con reseñas, traducciones y artículos críticos.
(Fotografías) es el cuarto libro del poeta Diego L. García. En él, el poeta reflexiona sobre el encuentro entre imagen y lectura. Es curioso ver cómo un mismo mensaje puede codificarse de diferentes formas dependiendo del lugar en el que te encuentres.
Fotografía de un café leamos los (puntos suspensivos) como lo que completa la fotografía de un café y sus circunstancias. en el agua ondularon palabras y más. no habría forma más perfecta de seguir ese curso que nadie ha limpiado ni limpiará. la cercanía es impensada para aquello que acontece sin memoria de un trayecto. de todos modos basta con el relámpago de saberse en un lugar seguro. un refugio que el cuerpo reconoce más allá de toda referencialidad. las ventanillas del día hicieron un salto imposible. el punto de descenso nos podría causar gracia dentro de unos años. ahora no es otra cosa: la luz sobre el café contornea universos cerrados para el mundo
(Fotografía #6) Una taza dentro de una película ya estamos del otro lado de las primeras imágenes. lo que se esperaba no era sino un plano enfocado con la delicadeza de un arte más o menos conocido. nada de esto. hace unos días vi una película en la cual la chica dejaba al descubierto ciertos espacios fuera del juego trillado de actuar según una educación sentimental glamorosa. ella anteponía a todo discurso algo que no consentía lo esperable. y entonces todo era corrido hacia un estado demasiado valioso: encontrarse en esos pormenores en los que nada hay que cumplir más que lo natural de pasar por lo humano sin exponerlo al óxido que dejan las ficciones cada vez que sacamos un crédito en ellas. ya estamos lejos. la taza nada especial y sus personajes no nos deben explicaciones. posiblemente el tiempo les dé la razón
En definitiva, (Fotografías) de Diego L. García es un poemario que te lo puedes tomar como un álbum de fotos donde la poética te permite ver aquello que no está en el visor. Una reflexión sobre la realidad desde el vacío, como una foto en la que el valor le viene dado por lo que no aparece.
Verónica Yattah nació en 1987 en Buenos Aires, donde reside actualmente. Ha publicado Ella salta la espuma de las olas (2009), Allá es mañana (2013) Los perros también se van (2014) y Piedra grande sin labrar (primera edición en 2018 por Zindo & Gafuri). Es licenciada y profesora en Letras (UBA). Es tallerista desde hace años en la Universidad Nacional de las Artes y en distintos espacios. Realiza entrevistas y escribe reseñas especializadas en poesía contemporánea argentina. Poemas suyos integran antologías en Centro América. Hizo varias colaboraciones para muestras de fotografía y artes plásticas. En 2020 participó en charlas y lecturas de Ecuador y Brasil.
Piedra grande sin labrar es un poemario en el que la palabra es un ritual: pienso en la piedra donde imprimieron las manos de las antiguas pinturas rupestres, no para ganarle al tiempo sino para entrar en él. Para eso, su estilo es suave, preciso y sugerente: Los poemas se parecen más a una puerta entornada y quiero seguir mirando eso que apenas muestran.
Cada poema de Verónica Yattah es como una piedra que se encuentra a sí misma y confirma lo que los lectores ya sabemos, que estamos en su propio río.
Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986) ha ganado el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020 por El reino de lo no lineal, el Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal 2017 por Principia y el Premio Bellas Artes de Traducción Literaria 2019 por Cielo nocturno con heridas de fuego, de Ocean Vuong. Ha estudiado una maestría en Creative Writing en la Universidad de Nueva York y ha sido becaria del FONCA (Jóvenes Creadores), de la Fundación Para las Letras Mexicanas y de la Fulbright.
Principia es un poemario dividido en los apartados “Sobre el sistema del mundo” y “Sobre el movimiento de los cuerpos”. Elisa Díaz Castelo utiliza los lenguajes de la biología y de la física para construir un poemario íntimo y sensual, puesto que apela a lo sensitivo en el cuerpo y en la memoria. La terminología científica es la adecuada y se mezcla perfectamente con el lenguaje poético. Términos y referencias de diversas disciplinas, como la astrofísica, la biología y la medicina, se unen y abrazan en sus poemas.
Ahora, tocada por el diámetro del cañón imagino mi cuerpo encendido como una alberca en la noche. Sólo entonces, con la luz adentro, toma forma el agua, se sostiene a sí misma, es algo más que vidrio disuelto. Quizá solamente visto, desgranado en vericuetos y órganos, el cuerpo existe plenamente…
Radiografías
Exquisito poemario que encuentra lo sublime en la oscuridad. Poemas oscuros, cósmicos y deliciosos. que fluyen, aunque a ratos se entrecortan.
El universo es una alberca vacía, forma en descanso, cuatro esquinas falsamente azules que no contienen nada. En resumen, un despropósito, eso, y un querer estar ahí, pero en otro sitio, adentro, pero bajo otras reglas…
Alberca vacía
Vamos a finalizar con el poema “Acta de defunción”. En él, un documento burocrático se transforma en una exploración interior entre el yo poético y la muerte, en este caso la de su abuela:
Marcamos tu muerte con su momento dado referimos los datos de fallecida y fallecimiento hora y minuto como se escriben las coordenadas de una tierra fantástica una isla a la deriva
Elisa Díaz Castelo nos susurra al oído que ‘cada minuto ha sucedido sin sucederse’, como la lectura de este poemario que se lee sin haber sido leído. ‘El espacio es tiempo que no pasó en ningún sitio’ y este es un libro que está sin ocupar, llena sin desbordare interroga sin cuestionar.
Principia es un viaje arriesgado en el que el lector se estrella contra las palabras y se encuentra frente a una verdad revelada que de pronto se transforma en otra cosa y te lleva a cuestionarlo todo. Un poemario que se aprovecha de la belleza de los conceptos científicos para enmarcarlos en versos que abrazan ciencia y poesía, como ya hicieran en una foto para la historia, Einstein y Chaplin.
En la búsqueda de la forma se me distrajo el cuerpo. Es eso, nada más, asimetría. La errata vertebral, el calibraje óseo, la rotación espinada. Es el hueso mal conjugado. Es una forma de decir que a los doce años ya se ha cansado el cuerpo. Es la puntería errada de mis huesos, la desviada flecha. No es lo que debiera, mi esqueleto quiso escapar un poco de sí mismo. Se le dice escoliosis a esa migración de vértebras, a estos goznes mal nacidos, hueso ambiguo. A esa espina dorsal bien enterrada. A los doce años se me desdijo el cuerpo. Porque árbol que crece torcido, nunca. Porque mis huesos desconocen el alivio de la línea, su perfección geométrica.
Me creció adentro una curva, onda, giro de retorcido nombre: escoliosis. Como si a la mitad del crecimiento dijera de pronto el cuerpo mejor no, olvídalo, quiero crecer para abajo, hacia la tierra. Como si en mi esqueleto me dudara la vida, asimétrica, desfasada de anclas o caderas, mascarón desviado, recalante.
Mi columna esboza una pregunta blanca que no sé responder. Y en esta parábola de hueso. De esta pendiente equivocada. De lo que creció chueco, de lado, para adentro. Se me desfasan el alma y los rincones. Mi cuerpo: perfectamente alineado desde entonces con el deseo de morir y de seguir viviendo. Si las vértebras, si la osamenta quiere, se desvive, rota por no dejar el suelo. Si se quiere volver o se retorna, retoño de la tierra rancia, deseo aberrante de dejar de nacer pronto, de pronto, con la malnacida duda esbozada bajo la piel, reptante. Paralelamente. No es eso, no es eso no eso no, no es ahí, donde ahí acaba, donde empieza el dolor empieza el cuerpo. Si se duele, si tiembla, al acostarse un dolor con sordina, un daltónico dolor vago. Si el agua tibia y la natación, si la faja como hueso externo, cuerpo volteado. Si los factores de riesgo y el desuso, si el deslave de huesos. Es minúsculo el grado de equivocación, cuyo ángulo. A los doce años se me desdijo el cuerpo, lo que era tronco quiso ser raíz. Es eso, el cuarto menguante, la palabra espina, la otra que se curva al fondo: escoliosis. Es el cuerpo que me ha dicho que no.
He leído y releído varias veces el poemario de Carol, y con cada lectura he tenido la misma sensación: entrar en un universo de drogas, música y algún que otro delirio, en el que me cuesta situarme; el mundo parece ser el propio mundo de la escritora, y no hay nada más allá, porque todo fuera es podredumbre y oscuridad.
El libro, según se nos indica en la contraportada, versa sobre un período de la vida de una mujer con sus adicciones y pensamientos propios. Unos meses en su vida con sus amores, sus ideas, sus enfermedades y sus peculiaridades, comunes. En cierto modo, eso puede ser cierto: quién no ha coqueteado con las drogas alguna vez, quién no ha sentido que no encaja en este mundo. Y quizás por eso, se busca el falso paraíso de las pastillas, la cocaína, las drogas en general, para vivir en otro mundo alejado de la realidad.
tapada con una toalla
escuchando a Mason
solo la cocaína me ayuda
estoy tan mal
he dormido tanto
la cabeza me va a estallar
no sé cómo he aguantado tanto
El libro, en cierto modo, recuerda el estilo de Bukowski o Houellebecq, como artistas a la hora de retratar el dolor o el sufrimiento de los más desesperados, de los perdedores, de los marginados, hablando abiertamente de y desde sus adicciones, rozando la provocación, con un lenguaje directo y a veces quizás hasta soez, rompiendo ciertos moldes de la poesía. Así, Carol intenta llegar a ese punto provocativo, sin caer en adornos de «belleza»; con crudeza y sin eufemismos, desnuda un interior maltratado y narcotizado, que hace sentir casi en la piel el desengaño por el mundo, la maldad y la fealdad de las personas y de la humanidad en general.
Carol G. Jagger
No sé de este miedo a la locura
si los veis cerca
si os asomáis un poco
veréis tremenda locura vestida de traje de ideas y de paganismo
todo falso
todo mierda
todo personas contra personas
lobos que no saben aullar
Fragmento poema 20
Más allá de ciertas palabras que pueden llegar a desconcertar, hay un trasfondo triste en todo el poemario. Un trasfondo de soledad extrema, de desesperación y de no saber hallar la salida adecuada. Así, todo ese vestido de drogas, música y festivales no parece más que una cortina de humo para esconder la verdadera vulnerabilidad de la autora, si inmensa tristeza y desesperanza. Como el que busca en la una raya de cocaína, la sonrisa que no es capaz de dar por sí misma.
El desengaño me parece el denominador común en todos los poemas, un desengaño que se convierte en una herida perenne que nunca encuentra su cura. De ahí que la música y las adicciones se transformen en una tirita, un parche, para tapar ese dolor. Pero no nos engañemos: el dolor seguirá ahí cuando la noche termine, cuando el concierto se acabe. Es tal el descontento y la frustración, que ni en el amor puede ya creer.
A mí con las palabras me basta
con las frases de aquellos que no quieren decir
pero lo dicen
y bajo el siguiente escalón
y es más jodido
Llegará el punto que te enamores
y te mueras
Ciertamente, detrás de estos poemas que de entrada pueden parecer fríos, duros, soeces o vulgares, hay sentimiento, y eso es valorable. Se ve tras los versos un pequeño corazón quebrado que cree necesitar ayuda química para poder resistir la vida. Sólo con el uso de drogas y música parece estar bien, pero se sigue sintiendo el sufrimiento, si cabe aún más intenso, a pesar de recurrir a ayudas externas para poder seguir dando latidos.
En esa espiral de conciertos, enfermedades y adicción, hay algunos poemas que dejan entrever cierta sensatez, abatimiento y fragilidad.
en mi pelo cano no veo madurez
sólo años
no veo aliento ya de ninguna clase
me deprimo cada vez con menos fuerza
y nunca lloro
yo soy el cartón que hace la casa
soy aquel momento que tu salud se quebró
y no le puedes pedir a alguien como yo
que se cuide
es incapaz
en eso sé
que estoy enferma
Basándome en mis lecturas del poemario, me quedaría con la idea que hay madera para hacer un buen libro de poesía; pero a este poemario le falta cierto recorrido. Y es que a pesar de algunos poemas que parecen aportar más bien poco, hay otros que destacan por su profundidad, por su sentimiento puro; e incluso me atrevería a decir que es en esos poemas donde encontramos a la verdadera Carol, sin artificios, sin substancias que adulteran su visión de sus propios sentimientos.
Él ha sido la frontera entre tu [sic] y yo
y rezaré por todo el mundo
menos por ti
se acabó
y no es porque tu pelo ya este [sic] trenzado de blanco
y tos ojos discutan con el papel
es porque ya no te quiero
y tuvieron que pasar cientos y cientas
miles de días a solas
y el hundimiento
porque lo siento
En definitiva, el que se adentre en Jagger encontrará una serie de poemas envueltos en una neblina de drogas, descontrol, delirios y música que quizás pueden dejar un poco fríos, despertar cierto rechazo por el lenguaje tan crudo y directo que se usa, puede que porque no estamos del todo acostumbrados. Si bien algunos versos pueden llegar a emocionar, el sabor general que me queda en los labios después de leerlo y profundizar en él, es el de una soledad extrema, un desengaño cruel, y ganas de sobrevivir, pero sin saber muy bien cómo, cosa que puede llevar a la resignación, a aceptar las cosas como son y tomar el camino fácil de la evasión artificial para no ser consciente de los males reales del mundo y de la humanidad.
Hay que tener ganas de superar la indiferencia inicial que el poemario puede despertar, para llegar a ver que, escondidas entre esas líneas a priori carentes de sentido y que poco tienen que aportar, algo más que poemas depresivos e intoxicados; emociones que también puede doler y eso, en un poemario al que parece faltarle cierta madurez y camino, es de agradecer.
Jagguer se publicó en el año 2017, en versión Kindle. Multiversos se ha hecho cargo se la edición del poemario en papel, este mismo año 2020. Carol G. Jagger (Valencia, 1982) ha publicado recientemente su segundo poemario Catarsis.
El canto de la mujer iraquí es un género poético que pertenece a la canción folklórica, de autor anónimo, y siempre ligado a la mujer iraquí. Es un canto melodramático, emocionante, está más cerca de un canto triste y melancólico. Los temas que destacan son los cantos de amor y el sufrimiento por el abandono y la dura vida social.
La poesía popular es un hecho real e influyente en la sociedad iraquí, igual o más que las letras clásicas, dependiendo de la situación y del nivel cultural de la sociedad. Es la mejor portavoz de la gente y la lengua de expresión a todos los niveles. La poesía de la mujer es una parte importante en este campo, y su estudio es clave para entender muchos aspectos de la vida de la sociedad iraquí tanto de ayer como de hoy.
Una larga tradición, ya con más de siglo y medio, nos hace identificar cultura popular con eso que los sabios llaman folklore, lo que supone que sus documentos y monumentos se transmitan por vía oral. Son de autores anónimos e implícitamente iletrados, que actúan cuando la inspiración los habita, por mera imitación de formas precedentes que, a lo sumo, varían con ligeras variantes; formas breves, se entiende, pues les falta la técnica, el hábito e incluso las ideas para desarrollar una obra larga y de gran aliento sostenido.
Por ese motivo, el estudio en El canto y la herida del canto popular de la mujer en todo Irak es una necesidad, ya que a pesar de su importancia, no encontramos estudios pormenorizados sobre este género poético que es el sello de la identidad de la mujer iraquí por excelencia. Son escasos los ensayos tanto en el mundo árabe como en Occidente que se han acercado a la poesía popular iraquí en general y a la de la mujer iraquí en particular. Prácticamente, apenas encontramos estudios en árabe o lenguas occidentales, por lo tanto se puede considerar que este libro es pionero en su campo.
También hay que recordar que toda poesía popular es un canto colectivo, en el sentido de que su texto, aunque se remite a un individuo, siempre está expuesto a sufrir cambios, rectificaciones y añadidos. Muchas de estas canciones populares son más bien melodramas, y en algunas resuena la dureza y la amargura de la vida, incluso sus miserias. Y sobre todo es profundamente emotiva, si bien tal característica se evidencia desde la simplicidad, libre de complejidades, con un estilo igualmente sencillo.
La poesía de la mujer iraquí anónima y no anónima jugó en la poesía popular iraquí un papel muy conmovedor y los ejemplos estudiados durante el largo análisis de este trabajo, acercan al lector más y más a la sociedad donde crecieron y dibujan escenas completas de emociones y testimonios vitales de la sociedad iraquí y su gente. En este aspecto nos encontramos con una tradición arraigada en la tradición popular iraquí. Muchos cantos escogidos y analizados en este ensayo lo demuestran.
Abdul Hadi Sadoun se ha centrado en el poema breve popularmente conocido con el Darmi. Las muestras estudiadas y escogidas, traducidas y analizadas para este trabajo son de máxima importancia. En primer lugar, por su novedoso alcance en el canto popular y en segundo lugar, por ser el punto de reflexión para entender a la mujer árabe, sus hábitos y sus formas de expresión en una sociedad estricta y un mundo versátil. Este ensayo, propone construir un primer paso, en el ámbito del arabismo español, hacia unos estudios en el tema de la literatura popular y la mujer árabe actual.
* Abdul Hadi Sadoun: El canto y la herida; aproximación a la poesía popular de la mujer iraquí
Editorial Verbum, 134 p., 2020.
10 cantos de la mujer iraquí (escogidos del libro 116-117p.)
En contra de mi voluntad
me trajo el alma a verte,
tú dale más y más golpes
ojalá se convenza de olvidarte.
Como una escalera es tu vida,
un peldaño siempre más alto que otro
¿Quien esté bajo el sol,
tendrá tiempo de estar en la sombra?
No creas que la muerte
es solo pisar fuerte,
¿Viste alguna vez a alguien muriendo
antes de que llegase su hora?
¿Qué más quieres de mí,
oh cuervo que graznas?
Nos dejaste solamente el recuerdo
ya que no podemos ver al amado.
¿Qué más quieres de mí
oh cuervo que graznas?
Ya que el funerario y el burro
se llevaron a mi amado.
Ojalá te quedases ciego, ay ojo mío
para que parases de parpadear,
deja que pase la tarde,
luego llora cuanto quieras.
Está defraudado con ellos
mi desesperado corazón,
acércame la tinta negra
para que tiña mi ropa.
Dime, ¿cómo estás? ¿Y nuestra casa?
¿Cómo están sus gentes?
Tristes todos, ¡oh amado!
Porque dejaste de visitarlos.
Me preguntaron quién es aquel.
Es mi amado, les dije,
qué señal lleva para distinguirle;
mis riñones y mi corazón tiemblan al verle.
Abdul Hadi Sadoun, (Bagdad – Irak, 1968). Escritor e hispanista. Doctor en filosofía y letras por la universidad Autónoma de Madrid. Es autor de una larga lista de libros, tanto en árabe como en castellano, entre sus últimas publicaciones en castellano destacan: Siempre Todavía (Zaragoza, 2010) Campos del extraño (Granada, 2011), Memorias de un perro iraquí (Barcelona, 2016) y Todos escriben sobre el amor menos tú (Madrid, 2018). Es traductor de más de 30 libros del español al árabe de destacados autores hispanos, entre ellos; Machado, Lorca, Borges, Alberti, Bécquer, Vila-Matas y Javier Marías. Es editor de las siguientes antologías de poesía iraquí en lengua español: La Maldición de Gilgamesh, Antología de poesía iraquí contemporánea (Tempestad, Barcelona, 2004). A las orillas del Tigris, Antología de poesía iraquí contemporánea (Caracas, 2005). Otros mesopotámicos raros, Antología de poesía iraquí contemporánea (Córdoba, 2009) y No son versos lo que escribo: Breve antología del canto popular de la mujer iraquí, (Zaragoza, 2018). Su trabajo poético ha sido reconocido de diversas maneras: II Beca Antonio Machado (Fundación Antonio Machado, Soria, España, 2009), Huésped distinguido de ciudad de Salamanca (2016), y IX Distinción Poetas de otros mundos (Fondo Poético Internacional, 2016).