Castellón de la Plana, 1989. Es titulada en estudios de Canto lírico por el Conservatorio Superior de Valencia Joaquín Rodrigo donde estudió con Gloria Fabuel y Charo Valles. También tiene formación en musicoterapia. Ha participado en numerosos festivales y encuentros poéticos. Compagina su dedicación a la poesía con la docencia como profesora de canto. En 2017 publicó su poemario Ombligo, mundo y raíz (Ed. Babilonia) con prólogo de Javier Gm. Recibió clases de poesía y oratoria por David Trashumante. Forma parte del coro sonoro Cantataticó. Además tiene el espectáculo de polipoesía «Sin anestesia» junto al músico Dani Odisseu. También es miembro del colectivo «Militancia poética».
En Erizo Púrpura, Iris Almenara personifica, literalmente, esa extrema y radical delicadeza del lenguaje poético, el que se inmiscuye en la reyerta relampagueante de las nubes, en la asamblea de truenos y de ecos de la historia, hasta hacerse vislumbre, reflejo y conjetura de otra mas alta e inaccesible semejanza, ante la intemperie y soledad de la persona, revelación de un secreto aún sin nombre que cobija su significante entre las mudas estratificaciones de lo yerto, la ceniza, la humareda de los viejos libros de la que algún día volverá a llover un juramento de palabras…
Erizo Púrpura de Iris Almenara cuenta con un prólogo de Juan Carlos Mestre y fotografías de Sisimiau. Forma parte de la colección dirigida por David Trashumante. El libro contiene un disco en código QR, Sin anestesia, de Iris Almenara y Dani Odisseu. Editado por El Petit Editor.
Antes de marcharnos, mira y disfruta del poema «Titulares» dentro del recital Sin Anestesia de Iris Almenara (poeta y soprano) y Dani Odisseu (músico). Recital de Polipoesía. Grabación y edición por Jorge García Guerrero. Peluquera:Ysa Cruz. Director de Escena y Manager : David Trashumante
Melisa Papillo nació en Buenos Aires en 1984. Es docente y librera en Mochila de libros, un proyecto enfocado a la difusión y distribución de literatura infantil; también colabora en El Tresdé, revista alternativa y feminista. Ha publicado los libros de poesía La mecánica de los días (Editorial Simulcoop, Argentina, 2012) y Paisajes con agua en movimiento (La Carretilla Roja, Argentina y Liliputienses editorial, España, 2020).
La cita de Werner Herzog del principio ya es una declaración de principios de lo que tenemos ante nosotros:
Tal vez yo quiero ser ese hombre que mira
al horizonte y decide salir a descubrir
por sí mismo la forma de la Tierra.
Un libro para viajeros inmóviles que viven la naturaleza desde los documentales de la televisión. Un libro escrito mientras Melisa criaba a su hija y desconectaba del agobio que la rodeaba mirando un documental tras otro. Sus sentimientos se conectaban con lo que iba pasando en la pantalla: ella, las plantas, la naturaleza, los animales eran una sola especie, la identidad desaparece para dar paso a lo animal, la poeta es una con el entorno. Así nació este poemario de Melisa Papillo.
Poemas que destacan el tornado que arrasó su ciudad o la ilusión y dolor de la inmigración. Algunos de los poemas que están en las citas son transcripciones literales, mayoritariamente. Según la autora, no hay un orden prefigurado de lectura, se puede leer antes el poema al pie o el del cuerpo.
Al final del libro nos encontramos un código QR con el que la poeta nos hace un regalo que no voy a desvelar. Si quieres saber qué nos dice, ya sabes lo que tienes que hacer. Melisa Papillo es una de las autoras más interesantes de la nueva poesía latinoamericana.
“No la toques ya más que asi es la rosa”, dijo Juan Ramón Jiménez en uno de los aforismos que definen su poética. Para Juan Ramón, el poema por sí mismo llega a un momento de perfección o como Luis Gilberto Caraballo diría a un momento de “cocción” cuando el poeta intuye que no se debe trabajar más sobre él. Pues bien, comencé a leer a través de las páginas de FaceBook poemas breves, aforísticos o epigramáticos de Luis Gilberto Caraballo. Y vi allí poemas tan perfectos, que “no había que tocarlos más” o tan “cocidos”, que le dije ahí tienes todo un libro de poesía breve o aforística. Publica ese libro.
Luis Gilberto fue afortunado al conseguir un editor en Letras Salvajes, Alberto Martínez Márquez, que apostó a publicar este libro, Arpa Invisible, que ahora reseño. Arpa Invisible tiene un título tan sugerente y paradójico como la bella canción de Paul Simón y Art Garfunkel, “The Sound of Silence”. Arpa Invisible me parece también un título afortunado porque el arpa es un instrumento musical y la poesía no es otra cosa que música. La poesía tiene ritmo interno, cadencia, sonidos como esta. Cuando me fijo en un libro puedo ser tan obsesiva como Juan Ramón, y me fijo en la forma y el fondo de dicho libro como haría el maestro español. Arpa Invisible no solo tiene un título afortunado, sugerente, irónico, al cual volveremos, pero cuenta con un diseño de portada exquisito que reproduce el grabado de Robert Fludd, “The Harmony of the Spheres”, de 1617 que apunta a la idea pitagórica de la música de las esferas. Esto es, el creer que las esferas del universo al moverse producen sonido. Esta idea, dicho sea de paso, ha sido comprobada recientemente por los físicos que han descubierto que los planetas, estrellas, universos al moverse, por su fuerza de gravedad, producen sonidos.
Qué afortunado el grabado que capta lo que este escritor venezolano nos comunica en su libro. Hay que escuchar y ver esa “Arpa Invisible” para ver qué sonidos emite, y poder trasladar esos sonidos, esa música en palabras que a pesar de ser diferentes, contradictorias, como las esferas, están en armonía.
En estos poemas breves, epigramas o aforismos el poeta presenta un Ars Poética a través de un temario amplio: visión de la vida, del vivir , el dolor, la muerte, la visión de la mujer, el papel del lector. Voy a citar ciertos poemas de Arpa Invisible que captaron mi atención pero no muchos porque quiero dejar al lector con un buen sabor de boca, quiero tentarlos para que vayan a comprar este libro.
Unos de los poemas que inicia el libro es toda una definición existencial: “Moverme en lo incierto/me da certeza de que sigo vivo”. En otro, la imagen de la vida y el recuerdo que dejamos en otros parecen ser signos positivos:
Abandonada estación de Paris Por donde pasaron sueños Por donde pasamos en silencio Aún florecen fucsias Aún sueña por nosotros Aún se oyen tus voces.
El siguiente aforismo es amoroso o quizás, no: “En la estrofa de tu risa/yace el poema de tu vida”. Este aforismo hace la conexión que hacían los románticos entre poesía, amor, mujer y creación. Sin embargo, no veo en él la imagen mistificada de la mujer que se puede ver en esos autores.
El próximo texto que quiero citar ubica al poeta como lector y el poema como una entidad, que se modifica con cada lectura. Luis Gilberto es como un Pier Menard, autor del Quijote. Poema, poeta y lector son partes dinámicas de una misma experiencia artística.
Acostumbro a leer El mismo poema Todos los días, Lo encuentro diferente Y no sé si soy yo O el poema El que está vivo.
Pero la palabra no sólo basta para la comunicación: el lenguaje escrito que siempre es polivalente, equívoco, no basta para entender la realidad. Luis Gilberto Caraballo lo expresa de manera irónica en los siguientes versos:
Lo que decimos Con las palabras no siempre Es lo que decimos con el rostro El alma tiene rostros Voces que nos sonríen.
Es tarea del poeta indagar en el signo lingüístico y el lenguaje corporal para captar o entrever la realidad.
Sobre sí este libro está constituido por poemas cortos, o son aforismos, o son epigramas, esto no importa. Los géneros literarios son textos fluidos y se confunden desde la antigüedad. Hay quien ha dicho que son haikus como me ha comentado Luis Gilberto. Lo importante para mí es en la brevedad de estos poemas este gran autor y pintor venezolano expone una visión de mundo y una poética con un amplio temario como he dicho antes. Y Luis Gilberto Caraballo une su nombre al de escritores de la talla de Juan Ramón, que se piensa escribió más de mil aforismos, a Maria Zambrano, a Miguel Catalán, a Clarise Lispector, Antonio Ramírez Cordoba, Daniel Torres Rodriguez, Carmen Caner, a Mario Pérez Antolín y a poetas clásicos, griegos y romanos que cultivaron estas modalidades poéticas.
Otra cosa, estos poemas se cuajaron en medio de una de las pandemias más graves de la humanidad. En vez, de comprar libros de autoayuda, invirtamos en el arte y la poesía. Quiero parafrasear un pensamiento de Karl Marx contenido en su libro La Ideología alemana: lograr la justicia social no es un fin en sí mismo, es un principio para que los hombres y mujeres empiecen a crear según las leyes del arte y la belleza. Felicidades a Luis Gilberto Caraballo que ha dedicado su vida a crear según estas leyes. Arpa Invisible es un ejemplo de ello. Arpa Invisible se publicó en septiembre de 2020 en Letras Salvajes, que dirige el intelectual, poeta y editor puertorriqueño, Alberto Martínez Márquez. Se puede conseguir a través de Amazon.com.
Tierra de esparto y fuego es una antología poética que recoge poemas de entre los años 1998 y 2019, y está estructurado en cinco partes: las dos primeras recogen poemas de los dos libros escritos conjuntamente por Águeda Molina y Francisco Javier Alonso, En la vera de un desierto y Vera del mar. La tercera parte recoge poemas de Tierra de Esparto, poemario ya escrito por Águeda en solitario. La cuarta parte nos acerca Tierra de fuego, escrito también en solitario por Águeda, y, finalmente, nos encontramos con una curiosa quinta parte llamada Clásica, donde se recogen poemas que se corresponden con las estructuras clásicas tales como sonetos, coplas, versos leoninos, zéjel…
EN LA VERA DE UN DESIERTO
En esta primera parte nos encontramos una selección de poemas pertenecientes al primer poemario escrito a dos manos entre Águeda Molina y Francisco Javier Alonso, en el año 1998. Poemas en su mayoría en verso libre, aunque se intercala alguna estructura clásica como podría ser la copla castellana.
Se trata de dieciséis poemas, con un estilo y ligero, agradable de leer, y que parten de la parte más emocional e íntima de los autores.
Tierra que naces a la vida
yerta triste y solitaria
tierra de fuego y pasión, ¡de sangre y dolor
-A mi tierra
El amor a la tierra de los autores, Vera, en la provincia andaluza de Almería y, por extensión, a Andalucía, se hace patente en algunos de los poemas de esta selección. Versos luminosos y de dolor, casi como cantos populares, hablan de una tierra herida pero, a su vez, rica y preciosa. Para acercarnos más, aparecen personajes propios de la zona, pescadores… dando el toque costumbrista a estos poemas.
El amor, como no, tiene cabida también en esta sección, destacando en este sentido el poema Gitano (Francisco), donde la autora estalla dando rienda suelta al profundo amor que siente:
Tu cara morena, tus ojos profundos.
De noche y de día,
tu porte arrogante enciende mi sangre.
Por ti mi vida daría
por ti mi alma vendería.
-Gitano (Francisco)
Podríamos decir que en esta parte encontramos sentimientos profundos y puros hacia la tierra, cierta añoranza, el dolor de la ausencia y el esplendor del amor.
VERA DEL MAR
Esta segunda parte parte la encontramos, en cierto modo, ligada a la anterior: nos presentan lugares de su tierra, el Cerro del Espíritu Santo, la playa de Vera, el Mercado del pueblo, Garrucha… nos aparece la vida rutinaria, las costumbres, todo ello con un todo de cercanía y nostalgia que muestran el amor de los autores por su tierra natal.
Vera del Mar,
arena fina, turquesa
y pulidas piedras incrustadas de plata,
¡las moja y remoja!,
el paulatino
y sosegado movimiento de las olas.
Un pescador
cruza el hermoso e inmenso playazo,
¡en busca de su mar!
y de su barca, varada en la laguna.
– A la playa de Vera
La nostalgia más intensa nos aparece en el poema La casa de mi niñez, donde los versos destilan aromas que la memoria guarda en su parte más amable.
De hecho, en esta segunda parte de la antología, los recuerdos cobran importancia, la nostalgia por personas, por la tierra, el sentimiento desborda casi los poemas. Aun así, no deja de tener un tinte triste y doloroso, que se deja sentir especialmente en el poema Que el cielo me mire, donde se puede casi palar la cercanía de la muerte, y se enlazaría con el poema Un día:
¡Cuando la oscuridad eterna llegue a mis ojos!
quiero estar tumbado, en una lastra del desierto
mirando al cielo, ¡y que no me entierren!
-Que el cielo me mire
Llegará un momento
en que todo será nada
y dormiré y, en mis sueños
seré polvo y seré mar.
¡Llegará un momento!, no querré despertar
y abrazada a mi tierra solo querré soñar.
-Un día
En estos dos poemas la intensidad crece y se clava con tristeza y dolor, rompiendo un poco la serie de poemas más sosegados donde nos describen lugares y vidas cercanos de toda la zona de Vera del Mar.
TIERRA DE ESPARTO
Nos adentramos en la tercera parte del poemario, esta vez escrito en solitario por Águeda Molina. De entrada, las emociones que despierta esta tercera parte son algo distintas de las anteriores; siguen apareciendo pinceladas de su tierra, pero a nivel general, nos encontramos poemas más profundos, más íntimos, más del interior de la autora que del entorno.
En tus ojos yo vi, la pureza sin mácula
de tus labios oí, la franqueza sin fin;
en tu mente intuí, la niñez sin renuncia.
Contigo, mi amor, los momentos más tiernos apuré.
Sin ti, mi amor, los días más aciagos, penado he de vivir.
-Contigo, mi amor
Sigue habiendo homenajes a su tierra y a su gente, pero los versos esta vez llevan un velo algo más oscuro, algo más triste. Deseos de renacer, de reencontrar, de algo mejor.
si en el espacio, remontando,
a las almas destrozadas
con mi risa yo sanara…
si en una estrella,
convertirme yo pudira;
desintegrarme en ella
y volver a renacer.
¡Si yo pudiera!
-Renacer
En esta tercera parte del libro, encontramos cierto cambio en el vocabulario. Palabras que hablan de frío, erosiones, grietas, venganza, desierto, oscuridad e incluso ira… son las emociones quizás más frágiles de la autora, su tristeza, su añoranza, su dolor.
No más dulces ademanes
ni palabras delicadas,
no más meras ilusiones
es la flecha atravesada,
en el desgarro incesante.
¿Qué vida?… si ya solo queda la nada.
-Gemido del alma
Águeda Molina
TIERRA DE FUEGO
Llegamos la cuarta parte de esta antología, Tierra de fuego, que recoge poemas de Águeda de entre los años 2012 y 2019. Después del dolor y el grito de la tercera parte, empezamos a ver un asomo de luz. Los recuerdos, antes dolorosos, se tornan poco a poco en una memoria amable. Sigue presente la añoranza y la pena por la ausencia, pero el tono es más calmado, la ternura gana terreno a la rabia.
Ya no tengo a mi poeta
desgarbado, desarraigado,
desvergonzado, desganado.
Ya no está mi poeta
elocuente, enrevesado,
educado, enamorado.
Simplemente, ya no tengo poeta,
pero yo… ¡sigo siendo su poetisa!
-Mi poeta
La autora, a pesar de la ausencia, lanza poemas de amor a nuevos personajes que aparecen, Clara, la niña de sus ojos, a sus gemelos, e incluso a Turca, su perrita. Se entrevé más madurez en los poemas, cierto acercamiento a las formas clásicas y una rima más cuidada. Y este paso nos acerca la última parte de la antología.
CLÁSICA
De entrada, cabe destacar las estructuras de los poemas; en esta parte encontramos sonetos, Zéjel, coplas, ovillejos e incluso poemas con rima Jotabé. Sin duda, Águeda trabaja con considerable dominio las formas clásicas.
Los versos de esta quinta parte siguen la esencia de las anteriores, añoranza, sentimiento y emociones para con las personas y con la tierra natal de la autora se entremezclan en todos los poemas, con una intensidad quizás más remarcada, podríamos decir que hay poemas muy viscerales
Las voces del tiempo provocan cortejos
de luces, que al alba, producen reflejos
y en cálidas noches me ofrecen consejos.
Despacio, con calma, levanto mi vuelo
ya siento tus ansias, tu miedo, tu anhelo.
Te noto, te siento, te escucho, te huelo.
-Te noto (Zéjel)
En definitiva, esta antología contiene una amplia gama temática que llevará al lector a viajar por tierras andaluzas y conocer a su gente, en el corazón de la autora, sentirá el dolor de la ausencia, la añoranza y también su esplendor. Es un poemario cercano, sencillo, con toques costumbristas. Todo ello pasado por el filtro de las vivencias y las emociones de la autora.
Jorge Sosa (Ciudad de México, 1981). Fundador del colectivo de arte multimedia y banda de spoken word Los KFGC. Cocreador de la serie web de poesía Los Fotocopiadores.
Nos encontramos ante un poeta que no se complica la vida buscando en el más allá algo sobre lo que escribir. Jorge Sosa consigue hacer poesía de lo cotidiano que le rodea. Es un poeta de la calle que acompaña aquello considerado normal y vulgar mucho más allá. Una poesía que deja constancia de quienes somos y dónde estamos; el poeta mexicano consigue dar una mirada diferente al caótico y, a veces decepcionante, mundo que nos rodea.
Aquí una muestra de su poesía.
Los viejos en el casino
me piden ron con coca
y margaritas
dan buenas propinas
cuando la suerte les devuelve
un porcentaje mínimo
de lo que han perdido aquí
en sus casas
o en la calle
el neón de las máquinas
ilumina sus rostros
hace ver las arrugas
profundas como heridas abiertas
(cuando era niño
pensaba que tragaperras
era un insulto
para los apostadores)
entre un juego
y el siguiente
imaginan lo que harán
con el dinero que vomite el aparato
cocaína
cirugías
extraños animales dentro de jaulas
se parece mucho a una biblioteca
un lugar oscuro
donde nadie nos ve
ser lo que realmente somos.
La edición de la colección proscrita de Pony / Yoghurt con cenizas, de Jorge Sosa, se puede obtener aquí.
Tocarnos en nuestra profundidad es un acto heroico y revolucionario hoy en día. Nos sana, nos cura, nos libera de la falsedad, la superficialidad y el absurdo. Nos revela lo cierto, lo auténtico, devolviéndonos al sentido profundo de la vida y de nuestra existencia. Recordando lo esencial, Michel Orban nos ofrece en el recorrido por su exquisita obra “Profundidad”, una brújula de gran valor para orientarnos en tiempos de cambios e incertidumbre. De una manera cálida a la vez que contundente el autor va penetrando capa a capa en lo más profundo del Ser. Cada poesía es como una gota de agua que cae en el océano y se reconoce en él, disolviéndose en la unidad que es.
“La luz del verbo se esconde en la profundidad del silencio”
Con la cualidad única de su estilo, profundamente honesto y directo, al tiempo que discreto y sutil, el autor nos lleva en cada uno de sus poemas, dulcemente y con firmeza a explorar un lugar hondo e inalterable de nuestra interioridad. Conduciéndonos a la puerta hacia nosotros mismos.
“Cultiva el perdón para que el amor florezca. Moja tus labios al cáliz de su belleza, Y perfuma tu aire con las palabras de tu alivio. Estréchate contra tu corazón. Nútrete de tu calor. la luz de tu conciencia te cuida. Entonces, crece! Tu vida es un jardín, tu jardín Extraordinario, no?”
El lector se sumerge inevitablemente en su propia profundidad. Adentrándose casi alquímicamente en un silencio imperturbable, en una sensación de hogar entrañable, una especie de santuario que recuerda a Hridayam; como refieren en sánscrito a “la morada del corazón y la conciencia pura”. Michel nos permite descansar allí gracias a su sentido ético y estético de la belleza y la armonía en su escritura, y experimentar en cada fragmento la eternidad de lo que somos y la infinitud de nuestra presencia. «Profundidad» contiene algunos poemas cortos que son como flechas:
“Deja a la angustia mojar tus ojos. la lluvia no permite a las flores crecer?”
Mensajes directos al centro del corazón que unen el mundo personal e íntimo del lector con el universo mismo y la perfección de la creación.
“Antes de estar sembrada, La tierra se remueve.”
A través de la poesía como puente el autor conecta a todos los seres en el amor y el espíritu, en un fuerte abrazo existencial. Mostrándonos un camino simple y posible para volver a sentir la profundidad que soy, que somos y celebrar la paz, el encuentro y el goce verdadero.
“Poco a poco, tu calor me invade. Mi cuerpo retira su guardia. Se acerca a ti Con el seguro de la entrega. Las barreras se caen. Y el amor se revela.”
«Profundidad» es un viaje comprometido con el amor, que nos ayuda a vivenciar nuestro centro y fortaleza, al tiempo que reconocer nuestra relación sagrada con el cosmos. Una propuesta vital para la época que vivimos como Humanidad.
“Olvida los ruidos del afuera Que nutren tus miedos. Escucha el silencio de tu profundidad, Eco de una inagotable felicidad.”
Esta es la segunda obra literaria de Michel Orban, poeta belga residente en España desde el año 2018, dentro de la trilogía de la que hacen parte sus obras «Renacimiento» y «Miradas».
Herida, belleza, derrumbe, resurgimiento, pureza, agua, fuego y/o luz. Si tuviera que definir en unas pocas palabras el poemario de Mariela, estas serían, sin duda, las elegidas. El poemario navega de la oscuridad a la luz, del frío al fuego, del derrumbe al resurgimiento.
Después de leído, me quedo con la sensación que a veces, se debe aceptar el dolor y la herida, y debemos ser conscientes, además, que son necesarios para curar y ser cicatriz; para poder llegar a ese lugar luminoso, tan nuestro y tan puro (a nosotros mismos). Esta idea hace que, tras la lectura, me quede un sabor esperanzador.
Se puede llegar incluso a amar la herida; la lanza vuela hasta partirnos en dos amados tajos. Sin posibilidad de huida, sin posibilidad de piedad. Aceptar la herida, transfigurarla, y acabar amando los restos. Como vemos en el poema Primera Pureza, por ejemplo, nos damos cuenta que el dolor, en cierto modo, nos puede llevar a renacer. Vaciarse, despojarse de todo lo anterior, y regresar de nuevo con la piel limpia, con absoluta pureza.
Como si de un diálogo interior se tratara, con un lenguaje nítido y conciso, la autora nos muestra que la vida son cambios constantes; que la vida pesa, nos hace arrastrar los pasos, pero el tiempo tiene el poder de renovar y restaurar las cosas; hacer que muten.
[…]
pese a los días que se repiten como ecos
todo va mudando impasible
el tiempo nos intercambia
nos vuelve agua
nos vuelve sed.
-A veces soy agua, a veces soy sed
Es un poemario altamente humano; las emociones más primarias y esenciales se dan cita en los versos, el amor, la vida, la pesadez, el dolor, la fuerza… para mostrarnos que, de algún modo, están conectados en un ciclo que se repite. Y entre ciclo y ciclo, persiste la búsqueda de la palabra definitiva, la palabra certera que precipita las mutaciones. La que nos lleva a poder amar/amarnos, para sentirnos en paz.
La importancia del fuego y la luz se puede ver muy remarcada en el poema Reconquista. Las penas se llenan de luz y de sol, y esplenden tan puras que casi vuelven a ser las mismas henchidas dichas antiguas. Es como si la luz fuera el nexo para retornar a la vida. Y en este sentido, su importancia es básica; como dice Odalys Interián en el prólogo del pomario, la luz, como símbolo transfigurable por excelencia, aparece como lo único que posee el poeta en su indefensión.
Mariela Cordero
Es un poemario que se centra en las esencias básicas, las más puras. La naturaleza, el agua, la humedad de la tierra, me trae una vez más a la mente la esencia primitiva, la comunión de la persona con la tierra, el contacto con la pureza. Así, en el poemario encontramos alta presencia de fuentes, accidentes hídricos, el llegar a la humedad de la tierra, a la esencia. Y renacer hasta volver al fuego, a la vida.
Nuestra única pulsión será hurgar en las faldas de la tierra
y la besaremos hasta la coyuntura de la humedad.
Esta estación florecerá como preludio del fuego.
-Un sueño para el verano.
Ligado a esto, me parece muy significativo el poema Cárcel. Aparece una vez más la mano en la sombra, que ya nos aparece en otro poema desprovista de clemencia. La misma mano que intenta insistente arrebatarnos justamente aquello que no puede, lo que más nos pertenece: nuestra resistencia, nuestro amor, nuestro fuego. El fuego deviene la esencia, la vida. Así lo vemos en Todas las miradas:
Todos los cuerpos se vacían
cenizas que giran con el viento.
Sólo un cuerpo arde
sin extinguirse.
Igualmente significativo aparece el poema Nacimiento. Cuando una logra cambiar, superar el miedo, ser puro y esencial, es cuando una vuelve a nacer.
Podríamos decir que Mariela nos revela que lo esencial es aquello que no te pueden arrebatar. Que el ciclo es duro, es herida, es dolor, pero poseemos esa fuerza inequívoca que es capaz de asumir ese dolor, acariciar esa herida, y hacer de la cicatriz, liberación y resurgimiento.
Es un poemario intenso, maduro y transparente que invita a la reflexión. Muestra, en cierto modo, que la esencia más básica, el amor, la luz, la naturaleza, son parte de un ciclo cambiante, y que en cierto modo, podemos manejar en nuestro interior, para renacer siempre.
Mariela Cordero, nacida en Venezuela, es abogada, poeta, traductora y artista visual. Ha recibido diversas distinciones en certámenes literarios. Su poesía ha aparecido publicada en diferentes revistas literarias y antologías. Es autora del poemario El cuerpo de la duda, Ediciones PublicArte, 2013, y en breve publicará otro poemario de la mano de la editorial de Poémame Poesía.
Martín Vázquez Grillé (Buenos Aires,1976) es docente y traductor. Ha publicado Pequeños Botes Cruzando lo Negro del Río (Viajero Insomne Editora) y Este año que se desvanece (Llantén). Ha traducido a Matthew Dickman, Mark Strand y Charles Simic, entre otros. Sus poemas y traducciones han aparecido en diversas antologías.
En Domino Dancing, se funden la poesía y la música pop de los 80 y 90 para hacer un homenaje poético a figuras imprescindibles de la música de aquel momento. Poemas que son un tributo a la memoria de David Gahan, Neil Tennant, Ian Curtis, David Sylvian, Elizabeth Fraser, Bernard Summer, Gwen Stefany, Tracey Thorn y Boy George.
Diego L. García (Berazategui, Buenos Aires, 1983) es Profesor en Letras por la UNLP. Escribe crítica y poesía. Entre sus libros figuran Fin del enigma (Ediber, Argentina, 2011), Esa trampa de ver (Añosluz, Argentina, 2016), Una voz hervida (Jámpster ebooks, Chile, 2017), Una cuestión de diseño (Barnacle, Argentina, 2018), (Fotografías) (Zindo & Gafuri, Argentina, 2018) y Las calles nevadas (Barnacle, Argentina, 2020). Forma parte de la antología de poesía latinoamericana País imaginario: escrituras y transtextos 1980-1992 (Ay del Seis, Madrid, 2018). Colabora en diversas revistas literarias con reseñas, traducciones y artículos críticos.
(Fotografías) es el cuarto libro del poeta Diego L. García. En él, el poeta reflexiona sobre el encuentro entre imagen y lectura. Es curioso ver cómo un mismo mensaje puede codificarse de diferentes formas dependiendo del lugar en el que te encuentres.
Fotografía de un café leamos los (puntos suspensivos) como lo que completa la fotografía de un café y sus circunstancias. en el agua ondularon palabras y más. no habría forma más perfecta de seguir ese curso que nadie ha limpiado ni limpiará. la cercanía es impensada para aquello que acontece sin memoria de un trayecto. de todos modos basta con el relámpago de saberse en un lugar seguro. un refugio que el cuerpo reconoce más allá de toda referencialidad. las ventanillas del día hicieron un salto imposible. el punto de descenso nos podría causar gracia dentro de unos años. ahora no es otra cosa: la luz sobre el café contornea universos cerrados para el mundo
(Fotografía #6) Una taza dentro de una película ya estamos del otro lado de las primeras imágenes. lo que se esperaba no era sino un plano enfocado con la delicadeza de un arte más o menos conocido. nada de esto. hace unos días vi una película en la cual la chica dejaba al descubierto ciertos espacios fuera del juego trillado de actuar según una educación sentimental glamorosa. ella anteponía a todo discurso algo que no consentía lo esperable. y entonces todo era corrido hacia un estado demasiado valioso: encontrarse en esos pormenores en los que nada hay que cumplir más que lo natural de pasar por lo humano sin exponerlo al óxido que dejan las ficciones cada vez que sacamos un crédito en ellas. ya estamos lejos. la taza nada especial y sus personajes no nos deben explicaciones. posiblemente el tiempo les dé la razón
En definitiva, (Fotografías) de Diego L. García es un poemario que te lo puedes tomar como un álbum de fotos donde la poética te permite ver aquello que no está en el visor. Una reflexión sobre la realidad desde el vacío, como una foto en la que el valor le viene dado por lo que no aparece.
Verónica Yattah nació en 1987 en Buenos Aires, donde reside actualmente. Ha publicado Ella salta la espuma de las olas (2009), Allá es mañana (2013) Los perros también se van (2014) y Piedra grande sin labrar (primera edición en 2018 por Zindo & Gafuri). Es licenciada y profesora en Letras (UBA). Es tallerista desde hace años en la Universidad Nacional de las Artes y en distintos espacios. Realiza entrevistas y escribe reseñas especializadas en poesía contemporánea argentina. Poemas suyos integran antologías en Centro América. Hizo varias colaboraciones para muestras de fotografía y artes plásticas. En 2020 participó en charlas y lecturas de Ecuador y Brasil.
Piedra grande sin labrar es un poemario en el que la palabra es un ritual: pienso en la piedra donde imprimieron las manos de las antiguas pinturas rupestres, no para ganarle al tiempo sino para entrar en él. Para eso, su estilo es suave, preciso y sugerente: Los poemas se parecen más a una puerta entornada y quiero seguir mirando eso que apenas muestran.
Cada poema de Verónica Yattah es como una piedra que se encuentra a sí misma y confirma lo que los lectores ya sabemos, que estamos en su propio río.