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  • Las mujeres de los ‘rojos’

    Las mujeres de los ‘rojos’

    La memoria histórica es Paquita Martín, de noventa y tantos años, recitando con una fuerza increíble el poema  ‘Las mujeres de los rojos‘ de Consuelo Ruiz.

    Decencia, dignidad, integridad y valentía de una vida en dos minutos que ponen los pelos de punta. No dejes de verlo.

    Por cierto, aquí os dejamos LA única base de datos unificada de víctimas del franquismo hecha a base de mucho esfuerzo y sin ayudas oficiales por la Asociación Innovación y Derechos Humanos.

    Quisiera escribir un himno

    a un pobre racimo humano:

    las mujeres de los rojos

    que en España nos quedamos,

    para las que no hubo escape,

    Para las que no hubo barco.

    Las que nos quedamos solas

    con sus niños en los brazos.

    Sin más sostén ni más fuerza

    que el que daba el estrecharlos

    como prendas de un amor

    contra nuestros pechos flácidos.

    Todos perdimos la guerra,

    todos fuimos humillados.

    Pero para las mujeres

    el trance fue aún más amargo.

    Largas colas en Porlier

    con nuestros pobres capachos.

    Caminatas bajo el sol

    con los pies semi descalzos.

    Caminatas sobre el hielo

    tiritando en los harapos.

    Largas, duras caminatas

    en busca de algún trabajo.

    Cansancio y humillación

    si lograbas encontrarlo.

    Y si no lo conseguías,

    humillación y cansancio.

    por el pan de nuestros hijos,

    siempre un combate diario.

    ¡Esos días siempre solas,

    esos días largos, largos,

    que fueron semanas, meses,

    que duraron tanto, tanto,

    que entre dolor y entre lágrimas,

    se convirtieron en años!.

    Nuestros hombres en la cárcel,

    nuestros hombres exiliados,

    nuestros hombres cada día

    cayendo como rebaños

    en manos de furia ciega

    de matarifes fanáticos.

    Y las mujeres seguimos,

    a nuestro modo luchando

    y esa guerra, sólo nuestra

    Esa guerra la ganamos.

    Los hijos de nuestros hombres

    Quedaron en nuestras manos

    Y supimos inculcarles

    un culto casi sagrado

    Por los nuestros, los ausentes,

    los padres que les faltaron.

    Se los pusimos de ejemplo

    porque siguieran sus pasos

    y logramos convencerles

    de que eran buenos y honrados,

    aunque en la calle, en la escuela,

    les dijeron lo contrario.

    Éramos pobres mujeres

    y supimos elevarnos

    sobre el dolor, sobre el miedo,

    sobre el hambre y el fracaso.

    Y criamos nuestros hijos

    dignos de sus padres, bravos,

    serios, dignos, responsables.

    Los íbamos cultivando

    pilares para un futuro

    que aún parecía lejano

    y en el que siempre creímos

    con los puños apretados.

    Quisiera escribir un himno,

    grande, estupendo, fantástico,

    de pobres mujeres débiles

    con heroísmos callados,

    de esfuerzos y sufrimientos

    que eran el vivir diario

    Y, a pesar de ello supieron,

    con un esfuerzo titánico

    ir manteniendo la llama

    de amor al padre lejano,

    al padre que estaba preso

    o al que habían fusilado.

    Yo quisiera a voz en grito

    poder entonar un cántico

    Que dijera todo eso,

    que bastante hemos callado.

    Las mujeres de los rojos

    que en España nos quedamos

    creemos tener, al menos,

    el derecho de contarlo.