Yeşim Ağaoğlu es una poeta y artista turca. Obtuvo su licenciatura de la Universidad de Estambul en Historia del Arte y Arqueología, y luego una maestría en radio, televisión y cine. Sus poemas han aparecido en varias antologías y su libro de poesía publicado ha sido traducido a diferentes idiomas. Ha participado en festivales internacionales de literatura y poesía. Como artista ha obtenido diversas distinciones y reconocimientos a nivel internacional. Ganadora del Premio del día internacional de los poetas de Azerbaiyán (2013). Fue Nominada al Premio Coburg Rückert (2015-2016), Coburger, Alemania.
Para escribir poesía
Rothko en las cortinas
Turner en el mar
Gauguin en las palmeras
viendo a las mujeres,
a las isleñas con grandes senos
Matisse en el sofá rojo
y en la silla Van Gogh
poniendo sus orejas en un sobre
que gotea sangre
en la cama como si fuera pintada por Modigliani
un poeta está escribiendo un poema
contra el entero y ancho mundo, contra todo
a pesar de todo
escribiendo poesía.
Mujer verde
Mujer verde
¿Quién te colgó dentro de esta soledad?
te dejé sola en medio del mar
expuesta a la nieve, a la lluvia, al calor
estás esperando un barco que nunca llega
este orgullo, este poder, esta emoción
inverosímil
mujer verde
eres una esclava por la libertad, qué extraño
es la primera vez que veo una mano iluminada
y es tuya
mujer verde
no esperes mas
no creo que tu barco
llegue jamás.
Corona de espinas
en memoria de frida kahlo
así que tú también has llevado la corona de espinas
en medio del bosque
tu cuello está sangrando
te recuerdo usando el vestido verde
flores salvajes de todos los colores
en tu cabello negro
ahora llevas una mano sangrante
en lugar de tu arete
la noche casi está aquí
pronto saldrán los chacales
e incluso los buitres
tú, ¿por qué llevas la corona de espinas?
ahora tu vestido verde está empapado de rojo.
He muerto en ti
Subí las escaleras paso a paso
lentamente, como dijo el poeta
a veces subí en ascensores de rascacielos
otras veces me convertí en el hombre araña
y me desplacé usando mis fuertes y poderosas ventosas
o me transformé en un cuervo y volé sobre los tejados
Milagro Haack es escritora y artista visual. Nació en Valencia, Estado Carabobo, Venezuela, un 29 de noviembre de 1954. Ha publicado varios libros de poemas, entre los que destacan: “Puertas que no me Pertenecen” (Mención Honorífica Bienal Latinoamericana José Rafael Pocaterra 1987–1988, Ediciones Piedras Vivas, 1991), “Cinco mañanas juntas” (Fondo Editorial de la Secretaría de Cultura del Estado de Aragua, 2002), “Lo callado del silencio” (Ediciones Actual. Colección Poesía. Universidad de los Andes. Mérida, 2004). Aparece también en el «Diccionario general de la literatura venezolana» (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2013). Sus textos han sido publicados en revistas y diarios a nivel nacional, e internacional y aparece en varias antologías. Gran parte de su obra permanece inédita.
La poeta venezolana Milagro Haack. Fotografía: Catherine Haack.
II
Pasa
aleteando la vida
corta la hoja que lo recibe
marca un remolino
desde la puerta hacia el patio
campanea
sobre la mata de jazmín
repleta de blanco.
V
Vence la madruga
entra
se estanca
sobre la piel del viento
Es fría
cuando cae
adormece los pies.
XXI
Camino
por la orilla del dique
rodeando el monte
recién nacido por los chaparrones
dentro
comparo el color de agua
con el dedo la giro hasta volverla
redonda en su silencio
Nadie siente
el paso del otro
nadie muere
con el traje del otro
Textos del libro inédito: Redonda en su silencio (2018)
Ahmad Al-Khatat es un poeta iraquí con residencia en Canadá. Su poesía ha sido publicada tanto en la prensa como en revistas literarias y antologías internacionales. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas. Ha publicado dos libros de poesía: The Bleeding Heart Poet y Love On The War’s Frontline.
El espíritu invisible
La noche es larga, larga como
estrellas cayendo a pedazos
y entonces mis lágrimas son como la
lluvia en las mejillas de un niño
Pensé que el amor nos haría
venturosos y dichosos
hasta que me di cuenta de que uno de nosotros
debía fingir que estoy muerto
La confianza fue la más hermosa
palabra que hemos mencionado en nuestras conversaciones.
Desgraciadamente, fue reemplazada con una
traición y peligrosa fe
El espíritu invisible se olvidó de
enseñarme a morir sin un
arma, ni una caja de doce.
cervezas, todavía, la noche sigue siendo larga.
Lee mis heridas
No merezco vivir en este mundo
esencialmente, porque mis sueños están ocultos
y mis pies descalzos están encadenados
Tal vez mi tiempo debería haber terminado como
cada noche, mis ojos comienzan a llorar,
ella se desvaneció de mi cigarrillo
fumaba y era difícil hasta beber sólo agua.
Mis esperanzas son los graffitis en las paredes
después del fuego, nada queda más que mis cenizas.
mantén mi historia lejos de los seres que amas
solo recuerda que has leído mis heridas
Haz la paz con amor desde el cuerpo
de alguien en quien confíes, para compartir algo más
que unos labios besándose, mientras mis errores son mis mentiras cotidianas
Al borde del primer tarro de café dominical se van escurriendo estas letras, evocando la ansiedad de un domingo de otro tiempo, cuando nos precipitábamos con impulsos casi adictivos sobre las páginas de los “suplementos culturales” o “papel literario” encartados dentro de los tirajes de los diarios, para abordar las trémulas revelaciones que nos permitían el acceso a la poesía, dentro de las limitaciones de nuestro diminuto universo.
Así fue como descubrí a Hanni Ossot. —No voy mentir diciendo que recuerdo con exactitud lo que leí aquel domingo—, recuerdo el entorno, lo cual me da una vaga idea del año y debió haber sido un agosto, bajo la apócrifa quietud de unas vacaciones escolares.
Para alguien que todavía no gastaba fracciones de su mesada en afeitadoras, aquel hallazgo era todo un acontecimiento, puesto que ya andaba buscando el roce místico con esos símbolos que trae la poesía dentro de sí; para mí, connotaba otra dimensión de lo que hasta ese día había concebido como poesía. Se postulaba ante mi escasez de recursos una exposición nublada de la palabra, una borrascosa propuesta de un mundo interior ingente, rayando en lo incomprensible para mi estado incipiente de conciencia. Me perturbaba sobremanera aquella firma tan desprovista de un vínculo común con los nombres manejados por el léxico, que en mi caso particular, tenía al alcance inmediato. No se llamaba, Teresa, María ni Gabriela, se llamaba Hanni Ossott. Mi reacción orgánica de automatismo instó por otorgarle origen nórdico o escandinavo, tan misterioso como sus poemas, tan inalcanzable como ese presumible estado patológico al filo de angustias transmitido.
…La enfermedad es el vivir
la única
La enfermedad es el cuerpo
y las pastillas no sirven de mucho
…
Más tarde, con el transcurrir del inefable tiempo, y dentro del mismo plan indetenible de descubrimientos, pude enterarme de que había nacido en el valle septentrional que duerme a los pies del cerro el Ávila (Caracas) un 14 de agosto de 1946 y que sus progenitores eran de nacionalidad Alemana, asentados en la capital de Venezuela huyendo de los horrores que planteaban las secuelas de la segunda guerra mundial. También supe que fue huérfana de madre a los tres años, y que sus familiares decidieron ocultar durante algunos años la desaparición de doña Magdalena Lipfert de Ossott (su madre).
Sus poemas irrumpen en el espectro cultural de una convulsionada Venezuela: donde los beneficios de una aparente torrencial rentabilidad petrolera pavimentaban carreteras que no conducían a ninguna parte y extendía las celebraciones de los carnavales hasta que los elementos sacros implícitos en la conmemoración de la crucifixión cristiana, interrumpían los estados de embriaguez persistentes en la población y cesaban los desfiles de carrozas orquestadas a ritmos de hábitat tropical. Dentro de ese contexto, florece su primer poemario, a la conquista de tribunas que la vanguardia poética aspiraba para su indiscutible talento: «Espacios Para Decir lo Mismo» Un compendio de poemas estructurados en una prosa sorprendentemente madura para una “ópera prima”, absolutamente introspectiva que se daba el lujo de erigirse sobre un invisible triángulo atemporal, inmaterial y sin sujeto definible en el argumento verbal, donde el espacio es sugerido como una extensión del sentimiento y de allí devenga una imprevista ascensión con el cuerpo, con la identidad propia del fundamento del pensamiento germano, — quizás Nietzsche, quizás Heidegger—, pero al mismo tiempo, suscrito a esa flexibilidad que abría el ideal vanguardista en esta parte del hemisferio.
En virtud de los hechos, me tomo la atribución de transcribir un extracto de su estreno literario “Espacios Para Decir Lo Mismo” publicado en 1974:
«Y todos estos seres que hemos creído vivir los transformamos en espacios de verbos, y tejemos sus bordes con ese derecho a recuperar, en un espacio, otro que nunca había podido ser nuestro, en esa inútil tentativa de querer fijarlos definitivamente, asignarles propiedades, categorías, demarcarles el pedazo de aire respirable… Y nos acercamos entonces a otro, igual a uno, con el mismo oficio de querer fijar los cuerpos en páginas… y nos situamos en ese terror, en el horror de querer escapar a ese destino que nos fije, que limite nuestro esplendor y nuestra vacuidad, nuestra fluctuación y nuestro hallazgo…»
Confluíamos en aquellos años de esos hallazgos pertinentes al abstracto tema que para nosotros representaba la poesía, lector y poeta, en la misma necesidad de búsqueda, Hanni Ossott reiteraba la existencia de una continua búsqueda a través del espacio y una férrea vinculación con el cuerpo, ya que ambos representaban una unidad indivisible, —no tendría sentido el uno sin el otro — cuerpo y espacio como instrumento de conducción de la palabra hasta lograr un fin mucho más trascendente, donde “el universo del cuerpo lacera los soportes de que se vale la conciencia” y es entonces en ese espacio, donde se proyecta la palabra.
Mi proyección de palabra se proyecta en ti, objeto Revelo tus deseos, esas tristes pasiones que te contienen Nombre deseado por tus formas revés de todos tus planos desde los puntos de vista imposibles desde esa amalgama que intentas en esta palabra realizar Soy la palabra y me devuelvo en ti para darte esos límites devuelvo entonces esas tensiones para distraer a los hombres construyo y enhebro los hilos tejedores de tu fortuna de una mirada indiferente una respuesta Y ellos se sentarán seguros en razón de esta impotencia por este fracaso con que suelo abrazar el mundo Palabra verso sobre mi infinito la extensión de todos los sueños ellos saben mecerse salvan en el tiempo la creencia
Bajo el ambiente de una época de bonanza económica, por los efectos de la nacionalización petrolera y una tasa de desempleo cercana al 4%, en el año 1976 se imprimen dos nuevas ediciones maravillosas con la firma de Hanni Ossott, la primera de ellas resulta distinguida con el premio de la Bienal de Poesía Antonio José Ramos Sucre: “Formas Que en los Sueños figuran infinitos”. De esa obra, nos complace reproducir el siguiente poema :
“Sobre mi cuerpo, sobre estas estructuras concebidas por manos ingenieras fabricantes de nuevos espacios, han sido muchas las palabras nombradas. La cal y la arena. Luego, el tiempo. Rasgaduras en estos planos que me conforman, en los techos y en mis ventanas. Algunos han dicho de mis ventanas: «Son tristes porque no miran fijamente y quien acude a ellas provoca el sueño». Ellos atribuyen a mi tiempo sus tiempos y asignaron a mi indiferencia sus pasiones. Hablaron de casas tristes olvidando a sus habitantes… Los contengo en mis resquicios, en los rincones abandonados y en mis habitaciones solitarias. También provoco sus llantos y soy testigo de esos suicidios. Ellos le asignan a mis rincones una propiedad que desconozco: la memoria. Sometida a sus arbitrios me vuelvo cruel y desproporcionada. Mi cuerpo se vuelve recuerdo. Sus ojos me miran para hacer permanentes otros ojos, otros habitantes. Les revelo esta apatía y me maravillo de sus poderes de desplazamiento, de sus transformaciones orgullosas. Mi ojo está hecho sólo para el silencio, para la apertura hacia la confesión inocente, la que se ha creído sola frente a la dureza de mi cuerpo de cal y cemento”.
En «Espacios En Disolución», publicado en el mismo año (1976), prevalece la noción de intimidad expuesta entre la nube excelsa e insinuante de la poesía. Exhibe en ellos la aprensión por lo desvanecido en los laberintos de la realidad, de la consumación de los hechos donde “La casa”, adquiere un sentido metafísico alejado de lo arquitectónico, otorgándole el inmenso valor que tienen los recuerdos, que permite deludir en asuntos no cuantificables. Hay una codificación entrañable, una escasa validez de la experiencia mística, la descalifica y asume el valor de la “experiencia interior” ante la disolución del yo.
Esa mi casa. Ya no ésta. Durante muchos años sirvió de caja negra. Ellos la mantenían y nos mantenían dentro. Hay un olor no el de ella. Hoy se disuelve, Y velo la película para recordar ayer.
Antes de proseguir con el segundo tarro de café y esta necesaria y fructificante redacción, debo pedir disculpas a los distinguidos lectores que abordan estas líneas, por tomar esta alocución tan personal, y pido perdón si piso los límites del hedonismo.
El cuarto libro de Hanni Ossot, «Memoria en Ausencia de Imagen, Memoria del cuerpo» fue el primero de sus libros que tuve ocasión de tener en mis manos. Su edición data de 1979, yo la obtuve tres años después en 1983, —un par de meses antes de enrolarme en el ejército—, recuerdo habérsela cambiado a Bachaco (no recuerdo su nombre legal) por un ejemplar de Cincuenta Vacas Gordas, de Isaac Chocron. El libro me perturbó, era un libro de ensayos, desarrollado (a mi parecer para esa época) con una profundidad abismal. Quizás, no estaba preparado para semejante caudal de impresiones filosóficas y una prosa tan ilustre, me imbuí en aquella lectura día y noche. A través de sus líneas y por medio de sus citas descubrí a Thomas Mann, a Rilke, a Virginia Woolf, Artaud, Blanchot y hasta el mismísimo Nietzsche (Heidegger, Kafka, Borges y Holderlin era lo poco que conocía).
En 1982 se había editado “Espacios de Ausencia y De Luz”. Muchos años después, cuando pude encontrar el libro, todavía no lograba desprenderme de la sensación de desequilibrio emocional desbordante como producto de esa palabra que no cerraba la expectativa, que no cancelaba la incesante búsqueda, sino al contrario abría nuevos surcos donde encontrar aquello que no estaba pautado en el itinerario. Agotando ya el tercer tarro de café, me dispuse a transcribir el siguiente inciso de ese poemario.
Atracción de lo vasto
Ese canto resonante de Cuerpo esa expectoración primera inicialmente contenida bufido o eructo desarticulado
Ese pujar vocal
Estertor físico del soy que se busca
Y esa primera abolición del ser en la palabra inicial
Ah voz en ahogo violencia y voluptuosidad cercada Ah tránsito de ser a mí
Ah gorgojeo rasgadura de garganta ruido pobladura de lo vasto
Eco Inserción de lo inmenso en lo breve Imagen Consecución Y esto: lo que puedo decir desde mí mismo hoy ahora que he aprendido a articular mi discurso Esto, para decir: Oh escena terrible para espectáculo Oh espantosa contemplación de lo solo No calma desde esta calma No suficiente sin sentido desde esta ausencia
Desierto y ruina –y decirlo se torna ridículo– Ah, mira la contorsión del cuerpo, la siempre en oposición Pero me contorsiono y profiero sólo yo puedo hacerlo desde lo que me cerca y me abre Ah canto siempre devuelto Siempre no nacido todavía o a destiempo Tajada, sí…
Y muero por lo vasto que cercena como los dioses mueren por la nada y se levantan contra ese soy que en extensión cubre
¿Lo signo, lo fijo, lo canto? lo dilatado ineludible? Lo canto, lo signo porque también habita en mí el deseo de su posibilidad en franca oposición a lo permanente en rechazo al borde demasiado preciso y a la costumbre de esta piel en distancia de mi propio cuerpo hacia la instauración de lo breve por atracción a la ausencia erguido el canto en regreso al soy
Para el año de 1983. Caracas celebraba el bicentenario de su máximo héroe, el libertador Simón Bolívar y en otro sentido, la economía del país se enfrentaba a una abrupta devaluación de su moneda, generando un clima inestable en contraposición con los cincuenta años precedentes. Entre los discursos históricos y las justificaciones de los tecnócratas el pulso de Hanni Ossott mantuvo el ritmo para la publicación de su sexta obra, « Hasta Que llegue El Día y Huyan Las Sombras». En ella, persiste en sus indagaciones, en su centro gravitatorio como tiempo de establecer rotundas decisiones en defensa de lo intimo, en condenar una vacuidad secundaria en todos los objetos, en todos los cuerpos, discrepancias que abrazan los antiguos espacios, la materialización de imágenes en el subconsciente, la predisposición a un pánico subyacente en los efectos producidos por “La Noche y La Luz”
La Noche se va haciendo en mí profunda revocable como una estación La oscura esfera de lo oscuro ha inundado mi ámbito y se cierra como el beso de dos cúpulas Ya yo no sé cuál es mi fondo Soy ahora noche entera Conservo palabras pero hoy ellas no son lo suficientemente diurnas no pueden guiarme no son linterna ni lamparita de media noche Pienso en Delfos, debo recordar Delfos cóncava iluminada abierta
Debo pensar en el espacio más luminoso del mundo Delfos, lugar nocturno hecho luz Es preciso es preciso realizar de la noche la Luz
Para 1986, cuando las imprentas colocan en los anaqueles de las librerías la Antología de Poemas de Hanni Ossott, Titulada, «Plegarias y Penumbras», sus traducciones de las obras de Reiner Maria Rilke y Emily Dickinson eran punto de referencia en el continente. Fue docente en la escuela de letras de la Universidad Central de Venezuela durante veinte años. Esa profundidad didáctica y su autonomía creativa se manifiestan en los cuatro volúmenes de ensayo escritos en su trayectoria, siempre percibí en ellos un fin bien intencionado de retar la agudeza del lector ante el valor y el peso del arte, la definición de ese objetivo supremo que abarca la poesía desde el rapto al conocimiento. Ese aprendizaje que se expresa por medio del dominio del lenguaje y que trasciende a niveles de sensibilidad intrincados dentro del ser:
«No se trata de hacer un arte «curado». El arte no es necesariamente sano. La belleza de la Venus de Milo no es sana. Detrás de ella hay una larga tradición de convulsiones. Esa belleza surgió de la conciencia del horror. Hay pues un equilibrio entre belleza y horror que solo dos ejemplos podrían explicarlo por ahora. Rilke dice: «todo Ángel es terrible». Rodin esculpió dos manos en tensión acercándose y nunca se acercan. Él las llamó La catedral. También Venecia es muy bella, alberga la podredumbre con equilibrio. La vulgaridad nunca ha pertenecido al arte. Veo al fondo de mí, el azul de Florencia y los rosados de Perugia. Pero también veo lo que se hace sin fuerte conciencia de alma y sin guía.»
«Imágenes voces y visiones», «El Reino Donde La Noche Se
Abre», «Cielo, Tu Arco grande», «El Circo Roto» y «Casa De Agua y De Sombras» completan el
compendio de sus publicaciones poéticas, las cuales han sido traducidas al inglés y publicadas en 2017.
Su enorme legado, siempre nos remitirá a ese misterioso
instinto de búsqueda que palpita dentro de
cada ser, sobre todo en los primeros años de vida. Hanni Osoott dejo de existir
un 31 de diciembre de 2002, en un hogar de reposo de San Antonio de los Altos, en el mismo país
donde nació. Su obra deja una huella que trataremos de seguir para buscar la
presencia de su luz dentro de su nocturnidad y lograr que “la gramática del
cuerpo” agilice nuestros sueños.
Para este instante, he concluido el último tarro de café de
este segundo domingo de junio de 2019.
Bengt Berg (1946) es un poeta, escritor, editor y traductor sueco. Estudió alemán y lenguas nórdicas y estudios literarios y artísticos en la Universidad de Uppsala. Berg fue miembro del Parlamento sueco de 2010 a 2014. Desde 1990, dirige la editorial, Heidruns Förlag. Su primer poemario Where the Dream Ends, fue publicado en 1974; y desde entonces ha escrito más de 35 libros, en su mayoría poesía. Sus poemas han sido traducidos a diferentes idiomas: árabe, hebreo, inglés, alemán, holandés, griego, rumano, español, turco, polaco, ruso, letón, vietnamita, bengalí, hindi y malayalam.
Ha participado en numerosos festivales de poesía, entre ellos: Medellín (Colombia), Granada (Nicaragua), Struga (Macedonia) y Druskininkai (Litauania), Nisan (Israel), Jan Smrek Festival (Eslovaquia), Kritya (India), Târgul Festival de Poezie (Rumania), Poetry on the Road (Bremen, Alemania), Kathak International Poets Summit (Bangladesh), el 5º Festival Internacional de Poesía del Lago Qinghai, FIP-LIMA (Perú), 3er Festival Internacional de Poesía en Hanoi, Vietnam, entre otros. Berg ha ganado varios premios literarios suecos, entre ellos algunos de la Academia Sueca.
De origen ucraniana y nacionalizada brasileña Clarice Lispector fue una mujer que sufrió en carne propia el sabor cortante del exilio y la persecución judía. Su niñez en una tierra extraña dejan una marca inevitable en su pecho:
En una tierra de morenos, ser pelirrojo es una rebelión involuntaria. ¿Qué importaba si en un día futuro su marca iba a hacerle erguir, insolente, la cabeza de mujer?
Vivencias traumáticas cómo el contagio de sífilis de su madre, (producto de una violación a manos de soldados rusos), marcaron el amanecer de su vida, quedando a sus 9 años huérfana. El reflejo gris de estos parajes quedaron impregnados en sus líneas, en donde hace alusión a todo lo vivo, pero también da ese sorbo al misterio de los silencios o lo que hay más allá.
«La palabra tiene su terrible límite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran alarido eterno»
Durante su juventud, fue visitante constante en los recintos bibliotecarios de los centros de estudios donde se formó. Lo que corría por sus venas en una prosa tremendamente vívida, tan rica en detalles como todo ese edén amazónico a su alrededor, su pluma nos regala hermosos vuelos y nos adentra en esos elementos que hacen al alma sobresaltarse. La fina forma en que nos relata los escenarios es un golpe directo a los sentidos, que causa una reacción de efervescencia ante sus letras:
Ese día, cuando el sol ya se estaba poniendo, el oro se extendió por las nubes y por las piedras. Los rostros de los habitantes quedaron dorados como armaduras y así brillaban los cabellos sueltos. Fábricas empolvadas silbaban continuamente avisando el fin del día de trabajo, la rueda de un carro adquirió un nimbo dorado. En ese oro pálido la brisa tenía una ascensión de espada desenvainada. Porque era así que se erguía la estatua ecuestre de la plaza en la dulzura del ocaso.
Paulo Francis escribió sobre Clarice que ‘se convirtió en su propia ficción’. Quizá era una forma de escapar de sus recuerdos duros y de una parte de su realidad. Después de algunos años en Brasil, ya casada, viaja a Europa y tiene una estancia allí como asistente voluntaria de enfermería durante la Segunda Guerra Mundial, su residencia se prolonga hasta 1959. Durante este tiempo nació su primogénito, quién a la postre manifestaría una enfermedad mental, esto sumado a su divorcio posterior y al incendio accidental (presumiblemente provocado por una colilla mal apagada) que la marcó de por vida, clavó una daga en la sensibilidad de Lispector, y parece también haber herido sus letras, que son también bálsamo:
La nieve es muda pero deja rastro, lo emblanquece todo, los niños ríen, los pasos resuenan y dejan huella. Hay una continuidad que es la vida. Pero este silencio no deja señales. «Cuidarse para no morir. No obstante, ya estoy en el futuro. Ese futuro mío que será para vosotros el pasado de un muerto. […] escribiendo me libro de mí y puedo entonces descansar»
Lispector plasma la calidez, cómo un sol en tarde de verano, logra integrarnos al escenario de sus obras, nos involucra, nos cuestiona y nos conduce hacia una posible respuesta.
Octavio Paz menciona en su ensayo ‘La llama doble’:
…aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu. La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio.
pues bien, Lispector logra a través de su prosa hacer que nuestro espíritu cobre la vista y vislumbre todo ese paisaje de su pluma a partir de esa luz que emanan sus líneas, y crea en uno, una sensación vivencial en cada uno de sus escenarios.
¿Cómo explicar que mi mayor miedo esté precisamente relacionado con el ser? Y, no obstante, es el único camino. ¿Cómo se explica que mi mayor miedo sea precisamente el de ir viviendo lo que vaya sucediendo? ¿Cómo se explica que no soporte yo ver, solo porque la vida no es la que pensaba sino otra?, ¡como si antes hubiese sabido lo que era! ¿Por qué el ver produce una desorganización tal?[…] Me pregunto: si miro la oscuridad con una lupa, ¿vería algo más que la oscuridad?
Es fatal no conocerse, y no conocerse exige valor.
Sin duda la vocación le llegó temprano y ella lo reconocía, sabía perfectamente que lo de ella era navegar y recorrer esos terrenos que le provocaban una exaltación a sus días, sabía que debía caminar, cómo quien conoce la ruta entre la selva espesa, sabía que lo de ella era plasmar el sentir y no negarse a ello:
A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. Ya no era una niña con un libro: era una mujer con su amante.
Deja éste mundo en diciembre de 1977, a causa de cáncer de ovario y hereda un legado que es referente en la literatura latina.
Clarice Lispector una mujer que tejió el fino telar del detalle, la Dama, el bello enigma ucraniano que conquistó la Amazonia.
Extractos de sus obras
La manzana en la Obscuridad (cuento)
La única ventaja del día era que bajo la luz extrema el coche se convertía en un pequeño escarabajo que fácilmente podría alcanzar la carretera. Pero mientras el hombre dormía el coche se volvía enorme como se vuelve gigantesca una máquina parada. Y de noche el jardín era ocupado por la secreta urdimbre que sostiene la oscuridad, con un trabajo cuya existencia las luciérnagas inesperadamente traicionan; cierta humedad también denunciaba la labor. Y la noche era un elemento en el que la vida, porque se había vuelto extraña, era reconocible. Esa noche, alcanzando el hotel vacío y adormilado, el motor del coche empezó a vibrar. Lentamente la oscuridad se había puesto en movimiento.
Lazos de familia (cuento)
Todavía estaba bajo la impresión de la escena medio cómica entre su madre y su marido, a la hora de la despedida. Durante las dos semanas de visita de la vieja, los dos apenas si se habían soportado; los buenos días y las buenas tardes sonaban a cada momento con una delicadeza cautelosa que la hacía querer reír. Pero he ahí que a la hora de la despedida, antes de entrar en el taxi, la madre se había transformado en suegra ejemplar y el marido se tornaba en buen yerno. «Perdone alguna palabra mal dicha», había dicho la vieja señora, y Catalina, con algo de alegría, vio a Antonio, sin saber qué hacer con las maletas en las manos, tartamudear, perturbado con ser el buen yerno. «Si me río, ellos han de pensar que estoy loca», había pensado Catalina, frunciendo las cejas. «Quien casa a un hijo pierde un hijo, quien casa a una hija gana otro hijo», aseguró la madre, y Antonio había aprovechado su gripe para toser. Catalina, de pie, observaba con malicia al marido, cuya seguridad se había desvanecido para dar paso a un hombre moreno y menudo, forzado a ser el hijo de aquella mujercita grisácea…
La Pasión
Si me confirmo y me considero verdadera, estaré perdida, porque no sabría dónde encajar mi nuevo modo de ser; si avanzase en mis visiones fragmentarias, el mundo entero tendría que transformarse para que ocupase yo un lugar en él. He perdido algo que era esencial para mí, y que ya no lo es. No me es necesario, como si hubiese perdido una tercera pierna que hasta entonces me impedía caminar, pero que hacía de mí un trípode estable. He perdido esa tercera pierna. Y he vuelto a ser una persona que nunca fui. […] Estoy ganando tiempo. Sé que todo lo que estoy diciendo es solo para ganar tiempo, para retrasar el momento en que tendré que comenzar a decir, sabiendo que nada más me queda por decir. Estoy aplazando mi silencio. ¿He retrasado toda la vida el silencio? Pero ahora, por desprecio a la palabra, tal vez pueda por fin comenzar a hablar. Las señales telegráficas. El mundo erizado de antenas, y yo captando la señal. Solo podré hacer la transcripción fonética. Hace tres mil años me extravié, y lo que ha quedado son fragmentos fonéticos de mí. Estoy más ciega que antes. He visto, es verdad. He visto, y me ha asustado la verdad desnuda de un mundo cuyo mayor horror es que está tan vivo que, para admitir que estoy tan viva como él –y mi peor descubrimiento es que estoy tan viva como él–, tendré que elevar mi conciencia de vida exterior hasta el punto de atentar contra mi propia vida.
Ngozi Olivia Osuoha es una poeta, escritora y pensadora nigeriana.Es graduada en Administración de Hacienda con experiencia en Banca y Radiodifusión.Es autora de tres libros de poesía y coautora de uno. Sus poemas han sido incluidos en más de cuarenta antologías internacionales, y ha publicado más de doscientos treinta poemas en más de veinte países.
La poeta nigeriana Ngozi Olivia Osuoha
La voz de los antepasados
Niños, no se apresuren a morir
porque la muerte es vana,
en nuestro tiempo, vivíamos en paz y armonía
nos ligábamos y nos convertíamos en un lazo
hoy en día, prefieren la esclavitud
que provoca que se odien a sí mismos.
En nuestro tiempo, respetábamos a los ancianos y honrábamos a nuestros padres
hoy, tus mayores te respetan y tus padres te honran,
te aficionas a los problemas e incitas a la guerra,
y te preguntas por qué mueres joven.
En nuestro tiempo, no nos traicionábamos ni nos engañábamos unos a otros,
nos amábamos, confiábamos y nos sacrificábamos el uno por el otro.
Hoy en día, se hace de otra manera
y te preguntas por qué no prosperas.
Honestidad, humildad e integridad
disciplina, obediencia y unidad
la fidelidad y la verdad nos gobernaron,
hoy, el orgullo, la arrogancia, la lujuria y el odio te guían.
y te preguntas por qué no avanzas en la vida.
Rines culto al dinero y persigues la fama.
Derogas las normas y ordenas tabúes
Instituyes sacrilegios y abominaciones
Siembras maldiciones e inmoralidad en el agua
Entierras tradiciones y suprimes culturas
Predicas condones y eliminas costumbres
Sin embargo, te desconcierta el hecho de que no progresas
Carmen Verde Arocha (Caracas, Venezuela, 1967) es poeta, editora y gerente cultural. Licenciada en Letras (UCAB, 1991) y cursante de estudios de Maestría en Historia de Venezuela en la UCAB es también miembro fundador y directora de la Editorial Eclepsidra de Caracas (creada en 1994) y Profesora de la Universidad Metropolitana y de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.
Su obra incluye libros tanto de ensayo como de poesía:
Ensayo:
Cómo editar y publicar un libro.El dilema del autor (Caracas, 1° edición, 2013- 2° edición, 2017)
El quejido trágico enHerrera Luque (Caracas, 1992)
Poesía:
Cuira ((1° edición, 1997- 2° edición, 1998)
Magdalena en Ginebra (México, 1997)
Amentia (1999. Premio Contraloría General de la República)
Mieles (2003)
Mieles Poesía reunida (2005)
En el jardín de Kori (2015)
Canción gótica (2016)
Antología: Juan Liscano, Poesía selecta (1939-2000). Selección y prólogo de Carmen Verde Arocha y Rafael Arráiz Lucca. (España, 2015).
Hada tierra
¿De qué manera duele el vientre de una mujer que no ha parido?
Mi rostro mojado por el mar oculto entre los pechos de mi madre
Tristeza o fatiga en el centro del cielo y una melancólica hora que acobarda
Las manos enrojecidas de tanto trabajar la tierra El sabor a parir llega a través de la placenta Agrio como la orina de una cabra
La tierra bosteza siempre igual Lo distinto es cómo tocamos el vientre con los ojos la carne en los huesos la semilla en la vejez y a veces con las manos
Difícil hallar la llave materna ¿Me comprendes? Vivir tiene sentido y estar muerto también
– EN EL JARDÍN DE KORI. Caracas, 2015)
La concubina (segunda versión)
El amor siempre lo sueño con un pájaro en los dientes y el aire eleva una a una sus plumas
Esto ocurre en el alma
– CANCIÓN GÓTICA. Caracas, Gisela Cappellin Ediciones, 2017
(Fragmentos)
Tengo arenas en el iris
Vestida de novia o de siempre avanzo sin un velo que proteja los ojos del ayer de una niña de mármol y veo todo todo lo que es fábula con lágrimas de muerte de manos quemadas como quien avanza después de muchas leguas de fuego del fuego de mi infancia la infancia que soñó mi padre padre por eso el cielo es indiferente dime cómo debo recordar tus ojos de odios el jueves de un diciembre de lluvias dulces sin la invocación de un niño Jesús que vengara la tristeza
Nuestra infancia tiene algo de sepulcro y la adolescencia esa momia que halla una herida en la oración oración que evoco en este verde silencio de labios terracota plenitud de medias nylon en piernas de pétalos yermos
Andréi Antónovich Górenko, padre de Anna Andreevna Gorenko, se percató que su hija, ya de muy joven, tenía inclinaciones hacia la poesía, y decidió que no quería que hubiera ningún poema firmado con su respetable apellido, por lo que ella decidió adoptar el de su bisabuela materna y firmó toda su obra como Anna Akhmatova.
Nacida en Odessa, Uncraïna, en 1889, cursó estudios de derecho, historia y literatura y fundó, junto con otros poetas, el movimiento poético ruso llamado Acmeísmo, que básicamente consistía en huir del simbolismo y optar por la claridad y la realidad inmediata. Si bien es cierto que esta corriente duró unos pocos años, los poetas que la seguían mantuvieron las principales características en sus obra.
Los poemas de Anna, a pesar de tratar temas diversos, se ven bastante marcados por la situación política de su país y las experiencias y vivencias que tuvo que sufrir como consecuencia de ésta. Sus poemas publicados a continuación de la revolución de 1917, por ejemplo adoptan un toque patriótico y cívico. Posteriormente, seguirá manteniendo un toque político, sobretodo durante el régimen Stalinista, que Anna sufrió en sus propias carnes y en las de su familia: su primer marido acusado de traición, fue fusilado y tanto ella como su hijo fueron acusados de traición y deportados, y En 1924 sus obras fueron añadidas a la lista de libros prohibidos.
Anna Akhmatova
Anna vive unos años que inevitablemente marcarán su vida y su obra, hasta que finalmente logra regresar a Leningrado en el año 1944, pero la anhelada calma todavía tardaría en llegar, puesto que fue declarada reaccionaria apolítica junto con el escritor Mikhaïl Zósxenko , y expulsada de la Unión de Escritores Soviéticos, llegando a quitarles la tarjeta de racionamiento, en los años siguientes al fin de la Segunda Guerra Mundial.
Con la caída de Stalin, sin embargo, poco a poco Anna fue recuperando la vida; fueron publicadas de nuevo sus obras y algunas de las traducciones que había ido haciendo para sobrevivir durante el largo período de la posguerra, recibiendo incluso, con los años, merecidos reconocimientos.
De entre toda su obra, cabe destacar Réquiem, que es considerada como una obra maestra en honor al sufrimiento padecido por sus compatriotas.
Fallece en el año 1966, en un sanatorio en las afueras de Moscú. Actualmente, su apartamento de San Petersburgo se ha convertido en una casa-museu que se inauguró en el año 1989.
A continuación os invitamos a leer algunos de sus poemas más representativos.
LA TIERRA NATAL No la llevamos en oscuros amuletos, ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella, no perturba nuestro amargo sueño, ni nos parece el paraíso prometido. En nuestra alma no la convertimos, en objeto que se compra o que se vende. Por ella, enfermos, indigentes, errantes ni siquiera la recordamos.
Sí, para nosotros es tierra en los zapatos. Sí, para nosotros es piedra entre los dientes. Y molemos, arrancamos, aplastamos esta tierra que con nada se mezcla. Pero en ella yacemos y somos ella, y por eso dichosos la llamamos nuestra.
SÓTANO DEL RECUERDO Es pura tontería que vivo entristecida Y que estoy por el recuerdo torturada. No soy yo asidua invitada en su guarida Y allí me siento trastornada. Cuando con el farol al sótano desciendo, Me parece que de nuevo un sordo hundimiento Retumba en la estrecha escalera empinada. Humea el farol. Regresar no consigo Y sé que voy allí donde está el enemigo. Y pediré benevolencia… pero allí ahora Todo está oscuro y callado. ¡Mi fiesta se acabó! Hace treinta año se acompañaba a la señora, Hace treinta que el pícaro de viejo murió… He llegado tarde. ¡Qué mala fortuna! Ya no puedo lucirme en parte alguna, Pero rozo de las paredes las pinturas Y me caliento en la chimenea. ¡Qué maravilla! A través del moho, la ceniza y la negrura Dos esmeraldas grises brillan Y el gato maúlla. ¡Vamos a casa, criatura!
¿Pero dónde es mi casa y dónde mi cordura?
A LA MUERTE Si has de venir ¿por qué no ahora? Te espero. Me siento muy mal. He apagado la luz y te he abierto la puerta a ti, tan sencilla y asombrosa. Toma para esto cualquier forma, irrumpe como granada arrojada, o furtivamente, con una pesa, como un bandido experto. O envenéname con el tufo del tifus. O con un cuento inventado por ti, conocido por todos hasta la náusea, Para que yo vea la punta del gorro azul y al portero, pálido de terror. Todo me da igual ahora. Humea el Yenisei y resplandece la estrella polar, y el último horror vela el brillo añil de los ojos amados.
EL SAUCE Crecí en medio de un silencio de arabescos, en la habitación infantil y fría del joven siglo. No me era grata la voz de los hombres, sólo entendía la del viento. Yo amaba la ortiga y la bardana, pero por encima de todo el sauce plateado. (v.6) Agradecido, él vivió siempre junto a mí, sus ramas sollozantes cubrían de sueños, mi insomnio. Y, extrañamente, le he sobrevivido. Afuera el tronco cercenado permanece mientras otros sauces con voces alienadas algo dicen bajo nuestro cielo. Y yo guardo silencio….como si hubiera muerto un hermano.
INTRODUCCIÓN RÉQUIEM (Fragmento) Si te hubieran dicho a ti, la jovial, la adorada de todos sus amigos, la alegre pecadora de Zárskoe Seló, lo que pasaría con tu vida! Que con el número trescientos y un presente, harías la fila ante Las Cruces y cómo con tus ardientes lágrimas fundirías el hielo de año nuevo.. El álamo de la prisión se balancea y nada se oye! Pero cuántas vidas inocentes allí acaban…
EPÍLOGO RÉQUIEM (Fragmento) Ahora sé cómo caen las personas, cómo, debajo de los párpados, asoma el miedo, cómo el sufrimiento pone en las mejillas duras páginas de escritura cuneiforme. Cómo los rizos negros o cenicientos se tornan plateados de repente, la sonrisa se desvanece en labios obedientes, y en la risa marchita tiembla el pavor. Y no ruego por mí sola, sino por todos los que allí estuvieron conmigo, en el frío glacial, y en el calor de julio en los ciegos muros de color rojo.
Hay cierta poesía que a veces puede pasar desapercibida a primera vista, que aparece discreta y sin hacer apenas ruido, pero que, sin darnos cuenta, nos queda resonando de algún modo, agujereando poco a poco la conciencia y el alma, y al final, nos hace regresar a ella de nuevo. Algo así me ocurrió con la poesía de Pablo Mata; empecé a leerla y me encontré en general con poemas breves, algunos casi como una fotografía de tan gráficos, y otros con una profundidad abismal. Entonces me di cuenta; si nos damos el tiempo de adentrarnos en ella, de quedarnos unos minutos en sus versos, encontramos un paraíso de emociones y una invitación a la reflexión (crítica en parte) que es imposible que dejen indiferentes.
Podemos encontrar pequeñas cápsulas que hacen que nuestra mente se detenga un instante para centrarse en las letras y llegar a preguntarnos si, estamos realmente viviendo nuestra vida, o estamos siguiendo lo que nos mandan seguir. Sus versos pueden abrirnos los ojos y obligarnos, aunque no queramos, a despertar y tomar conciencia de nuestros propios pasos:
Si andas el camino de otro,
a cada paso,
tu destino está más lejos.
Pero, a su vez, podemos encontrarnos con una poesía de instantes que quedan plasmados en breves poemas, como si de un cuadro se tratara, que crean una imagen muy clara en la mente del lector, una brevedad que condensa un momento, tanto física como emocionalmente:
Fumando solo
la madrugada me acoge
disfraz de noche.
A medida que una se va introduciendo en su poesía, se va dando cuenta de cuántos matices esconde, si hablamos de invitación a la reflexión, por ejemplo, lo podemos enlazar con ese punto de crítica hacia el mundo actual, hacia la sociedad que estamos construyendo poco a poco; una magistral denuncia en un pequeño poema que es como un puñetazo a nuestras propias conciencias, a través de un mensaje directo y claro que no necesita más que sus propias palabras:
SED
En este lado del mundo
la abundancia se desborda
y el estómago de la suculencia
no tiene fin.
Hay un paladar insaciable engullendo novedades
con dientes de acero.
Todo dura poco y lo nuevo ya es viejo.
¿No es abrumadora
esta continua sed de poseer?
Pero, dando un giro en la temática, si algo podemos destacar de los versos de Pablo es la variedad, pues después de un poema que nos hace pensar y analizar, de manera racional, hacía dónde estamos andando como humanos y como sociedad, nos podemos topar con poemas con cierto lirismo y un aire más etéreo; observamos, por ejemplo, su poema Poesía, donde el autor nos explica de manera emocional y visceral, no racional, qué es la poesía:
Poesía
cordón umbilical que une almas,
gotas de una lluvia
a veces sedientas
a veces heridas en su caída.
Poesía
el crepitar de un fuego,
la sutil caricia
de los dedos del viento,
un campo
aliviado por el sol.
Poesía
ladrón de blancos entre palabras,
lápiz que rompe texturas
y silencia paisajes.
Poesía
canción del insomne,
soledad salpicada de ausencias.
Del toro bravo
su querencia.
Poesía
la atroz caída de un dios
demasiado valiente para suplicar.
Avinagrada seda.
Poesía
el aplauso del corazón
a la vida.
o también dejarnos llevar por la delicadeza luminosa de unos breves versos que nos dibujan un precioso atardecer ante nuestros ojos:
ESTA LUZ
Es esta luz
esta inconfundible luz.
Luz que dibuja formas en su mirada,
luz que orilla
con dulzura
a un mar cansado.
Es en este atardecer de mayo
el sol bosteza
y en todas las cosas
esta luz.
Pues a pesar de la dureza que algunos de sus versos más reflexivos pueden mostrar, hay una parte tierna, emocional, que nos habla de sentimientos, de recuerdos y memoria y, si con algunos poemas nos abría los ojos a la realidad, con otros nos los cierra con una caricia.
Creo interesante, después de exponer a grandes rasgos su poesía más crítica y más lírica, nombrar las pequeñas perlas de poesía japonesa que Pablo nos regala. Es cierto que a veces se concede la licencia de modificar ligeramente la métrica, alterando el número de sílabas que estríctamente configurarían una poesía concreta japonesa, pero sí suele condensar en los tres versos exigidos por algunas estructuras, respetando la temática, incluso mostrando kireji si es necesario, como sería en el caso de los hokkus, o centrándose más en la existencia humana, como sería el caso de los Senryu.
HOKKU
El viento barre
añoranzas de otoño.
El bosque desnudo.
SENRYU
A ciertas horas
en el sol y sombra de la espesura
leo versos.
HOKKU
Risas lejanas
abanicadas al sol.
El verano vive.
SENRYU
Como un bocado
la palabra se adentra
y te alimenta.
Dicho esto, os dejo algunos de sus poemas que podéis encontrar, junto con otros, en su página de Poémame (elpableras), no sin antes recomendaros también que os dejéis caer por su cuenta de Twitter (dicenquetecalles), donde podréis encontrar pequeñas perlas poéticas, a veces incluso ilustrando imágenes, que os harán sentir y pensar.