Mónica Hernández (Guadalajara, México, 1994) es Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Ha publicado sus textos en algunos fanzines y revistas como Pliego 16, de la Fundación para las Letras Mexicanas, Metrópolis y La Cigarra. Le gusta caminar sin rumbo y tomar fotos de naranjas en la calle para postearlas en @poemasnaranjas. Siempre lo necesariamente perdida.
Hematoma es un poemario que contiene 19 poemas, cuyas voces provienen del universo cotidiano y particular de Mónica Hernández, así como de las voces de sus autores favoritos: el historiador de arte y ensayista francés Georges Didi-Huberman, el poeta, dramaturgo y crítico literario británico-estadounidense T.S.Eliot, que representó una de las cumbres de la poesía en lengua inglesa del siglo XX y el cuentista y poeta estadounidense Raymond Carver, considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Incluye una foto y diversas tipologías textuales como en El mundo.r.e.l.u.c.i.e.n.t.e, resiste. Así como mezcla el inglés y castellano en diversos momentos.
Este poemario es un ejemplo más de la novísima poesía lationamericana que llega a nuestro país de la mano deEdiciones Liliputienses en su colección Proscrita.
Scrolling (V2)
La pantalla parpadea
con miles de ventanas
abiertas y sólidas.
Expectantes de algún suicida que desee pararse,
jabonosamente sudoroso,
en el borde, y caiga
dentro.
No quiero estar ahí si te matas. Sigo scrolleando.
Veo plantas en los balcones,
suculentas que ahora son enredaderas en mi panza.
Ahora no son intestinos, son suculentas que ahora son enredaderas.
Se enrollan en mí porque la semilla germinada de sandía a los 12 años,
cuando supe que mi abuelita iba a morir.
Las plantas ya no caben porque mi piel las riega todos los días.
Ya no las riegues, crecieron y me salen por el ombligo.
Conectan las ventanas con sus ramas, sin ninguna lógica
como sillas plegables.
Las desdoblo poco a poco, son servilleta bordada,
y por sus vidrios veo casas, piscinas y paisajes montañosos.
La gente que ahí vive quiere entrar.
Es una pantalla, tontos. Ni siquiera existen.
Prueben por la puerta.
No quiero estar ahí.
Sigo scrolleando.
Hay películas reproduciéndose en las ventanas.
Aumentan exponencialmente
y ya no me hacen llorar. Hitchcock no es el mismo,
dice el profe de Rawson.
Arrojó una semilla y mi cerebro es tierra fértil.
Sigo scrolleando.
Entre advertencias de virus,
tocan la puerta.
No sé quién es, pero
podo poquito la enredadera para estar presentable.
Cueva de Thánatos hace pensar inevitablemente en la muerte; Thátanos, dios griego de la muerte no violenta. Y a medida que me he ido adentrando en el poemario de Carmen, me he dado cuenta que, en cierto modo, podría ser un camino a la cueva de Thánatos.
Es un gran pequeño poemario que contiene poemas y pequeños retales de textos en prosa, que destacan por su profundidad. De hecho, me atrevería a decir que es un libro emocionalmente reflexivo.
En esas letras encuentro el análisis emocional del dolor, a través de la voz de una mujer profundamente herida, pero que ha aprendido a convivir con esas heridas. Con cierta inquietud desconcertada, (que vemos en las numerosas y acertadas preguntas sin respuesta que pueblan el poemario), con la aceptación del camino que le toca recorrer; podrían ser las limitaciones humanas ante la fuerza de los sentimientos y los recuerdos, y esas limitaciones nos llevan a aceptar ese dolor, pero casi por obligación, con cierta resistencia que se canaliza a través de estos textos y poemas.
La memoria es un notario implacable que recuerda fechas, sentimientos, aconteceres…
-Nos resistimos
Como reza este verso del poema Nos resistimos, no podemos huir de lo que nos configura, de lo que puebla nuestra casa, la memoria, los recuerdos… siempre aparecen en algún momento.
Cueva de Thántos, Carmen Pérez-Seoane Cullen
En el poemario de Carmen se nos hacen muy patentes el desamor, la ausencia, y los recuerdos o el olvido, y en cierta manera están asociados a la muerte; caer en el desamor es como ir lentamente hacia una muerte tranquila, aceptada, resignada:
desamorada me voy por el camino del morir
-Desamor
Me parece maravillosa la manera en que Carmen profundiza en el dolor y los sentimientos; como desgrana esas emociones para hacerlas llegar más allá de nuestros ojos; sentimos el dolor, sentimos el desconcierto, sentimos el miedo, sentimos la pena. La conexión que se crea entre los poemas y el lector es impresionante, gracias a la intensidad de los versos, a la austeridad de sus palabras, que lejos de sonar rimbombantes, son directas, claras, transparentes.
Esta idea la veo reflejada magistralmente en los versos finales de Hipótesis:
Cuando vuestros bisturíes
hayan diseccionado la vida
tendréis en vuestras manos el enigma
que nos hizo vivir
¿Con qué sustituiréis la vida?
Una lee estos versos e inevitablemente siente ese temblor frío mezcla de miedo y realidad, y se da cuenta que este poemario está lleno de sentimientos que son verdades, y quizás por ello es capaz de atravesarnos de esta manera.
Carmen, en este poemario, nos muestra la madurez y la profundidad de sus letras. El arte de saber plasmar y traspasar emociones, heridas; una manera de afrontar la vida.
El claro poder de los sentimientos, la firmeza humana que a menudo por ello se debilita, la vulnerabilidad para vencer las emociones y, a su vez, la fortaleza de enfrentarse a ellas con aceptación.
Quisiera terminar esta reseña con el poema Tristura. Quizás no sea el poema que resumiría toda la temática de todo el libro, pero creo que es una clara muestra de la intensidad, la profundidad y la belleza que sí son un resumen de Cueva de Thánatos.
Ya no me siento yo:
me sientes tú
¿por qué nacemos de dar muerte
a quién nos engendró?
Inexperto cirujano
que rajo al mundo
este hoy
en un doloroso parto
con el pasado:
sólo se hace el futuro
sobre el cadáver del presente:
no hay espejo
que no refleje
pasado o futuro
Presente inexistente
de recuerdos
configurado
de premoniciones
que buscan como intérpretes
al protagonista
que vivió la relación
que ahora autoriza
cuando el latido seco
entona la queumbre
de una tristura
de deshamor
hecha
voz
Carmen Pérez-Seoane Cullen es una gran pintora consagrada y amante de la cultura. Natural de Vitoria, estudió Bellas Artes en Madrid. Algunas de sus obras han sido la portada de sus libros. Cueva de Thánatos es el sexto libro que publica con la editorial Opera Prima.
Ingeborg Robles es una escritora de nacionalidad alemana y española. Creció en contacto con dos grandes ríos, el Guadalquivir de Sevilla y el Rin de Bonn, y dos mares, el mar del Norte de las islas Frisias y el océano Atlántico de Cádiz. Estas vivencias de un mismo elemento natural con expresiones tan diversas han marcado la evolución de su forma de pensar.
Ha obtenido un Master of Philosophy in European Literature de la University of Oxford, Queen’s College y un Doctorado en Filología Alemana de la Rheinische Friedrich-Wilhelms-Universität Bonn con una tesis sobre Thomas Mann. Ha estudiado Escritura Creativa en la University of Virginia con John Casey y Deborah Eisenberg. Tras unos años en Londres y enseñar literatura alemana en Oxford, se trasladó a Florencia, donde vivió durante ocho años al lado de la casa natal de Carlo Collodi, dedicada a publicaciones de diferentes géneros literarios. Desde el año 2014 vive en Berlín donde está activa en la escena literaria hispanohablante como autora, traductora y organizadora de eventos culturales.
Escribe poesía y prosa en alemán y español. Con Auriculares para Ulises ha sido finalista del premio de Poesía Pedro Lastra, del Premio Hermanos Argensola, del Premio Internacional De Poesía António Salvado y del Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro. Auriculares para Ulises se publicó en 2021 por Valparaíso Ediciones.
En 2021 el Senado de Berlín le otorgó la “Beca de investigación artística”.
Auriculares para Ulises es un poemario que consta de 31 poemas divididos en cuatro secciones con un prólogo y un epílogo. La atrevida poeta Robles refuerza las voces de la tradición de manera irónica e irreverente como una sardónica Santa Hildegarda de Bingen (una alemana Teresa de Ávila) que discute con un Tomás el Oscuro en un diálogo fulminante, o un Kavafis o Pessoa que de repente interactúan con la vida cotidiana. Las heroínas mitológicas, así como las mujeres desconocidas de los clásicos, reclaman su presencia, mientras sirenas transforman su seducción en desafío. Un desafío que Ingeborg Robles también plantea a sus lectores y lectoras. Ella misma se convierte en una de sus osadas sirenas para fundir misticismo con humorismo filosófico y sorprende con giros audaces y salpicones copernicanos que reflejan la dinámica complejidad de una realidad tan inmediata como histórica. El sujeto, y aún más el sujeto femenino, se crea y recrea en cada instante mediante un lenguaje renovado y un pensamiento parasítico y subversivo.
HELENA LAVA LOS PLATOS
Helena lava los platos
Eurídice el sótano.
Penélope cocina eternamente garbanzos
mientras Atenea se aburre
entre los frigoríferos abandonados.
Ni siquiera Europa
tiene ganas de jugar por la playa.
¡Cómo cambian los tiempos!
Su nombre, como su poesía, desconcierta. Una poeta y una poesía sin fronteras ni identidad y quizás, esa libertad (o tormento) es la que la hace más incomprensible para muchas personas: como su nombre, impronunciable para unos, y su apellido, para otros. Afortunadamente el amor y el humor de sus textos es lo que la distingue y los une.
Si esperas leer un libro de poesía clásico, te has equivocado de persona. Pero si buscas a una escritora con una poesía irónica, irreverente, desafiante, seductora, mística, compleja, femenina, subversiva sazonada con una pizca de humor es lo que encontrarás en los versos de esta filósofa-filóloga-poeta que tan gratamente nos ha sorprendido.
Reconozco que tras leer el poemario, me he quedado como la aufgewecktes eichhörnchen a la que ella hace referencia en su poema [ME GUSTARÍA VER]. ¡Ah!, ¿no lo entiendes?, pues haz como he hecho yo, busca su significado y verás cómo me he sentido en el momento de redactar esta reseña.
ANSIA DE APERTURAS
introduzco
lentamente
mis dos
dedos
pulgar
e
índice
abro la grieta
suave y caliente
entre las palabras
la fijo
con algodón en
los extremos
algo
va a pasar
algo siempre pasa
no se asusten
de los animales gemelos
u otros pasajeros carnavalescos
al borde de los caminos
es sólo lengua
lenguaje
no pasa nada…
Recuerda que, si has llegado hasta aquí, también puedescomprar el poemario aquí o en librerías y otros puntos de venta habituales.
Julieta Marchant, Santiago, Chile, 1985. Editora · Escritora. Licenciada y magíster en Literatura y estudiante del Doctorado en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte en la Universidad de Chile. Ha publicado los libros de poesía Urdimbre (Ediciones Inubicalistas, 2009), Té de jazmín (Marea Baja Ediciones, 2010), El nacimiento de la hebra (Edicola Ediciones, 2015), Habla el oído (Cuadro de Tiza Ediciones, 2017), Reclamar el derecho a decirlo todo (Pez Espiral, 2017; Jámpster eBooks, 2019) y En el lugar de la mano el ímpetu de un río (Bisturí 10, 2020; Liliputienses, 2021; HD, 2021). Codirige los sellos editoriales Cuadro de Tiza y Bisturí 10, trabaja en J&P Editoras, donde ofrece servicios de diseño y edición, e imparte talleres de poesía. Como editora, ha estado a cargo de algunas compilaciones como Teoría de la noche de María Moreno (Ediciones Universidad Diego Portales, 2011), Cruce de peatones de Alejandra Costamagna (Ediciones Universidad Diego Portales, 2012), Diarios íntimos de Teresa Wilms Montt (Alquimia Ediciones, 2015), Poesía reunida de Teresa Wilms Montt (Alquimia Ediciones, 2016) y Pide la lengua de Soledad Fariña (Alquimia Ediciones, 2017). Dictó cursos en varias carreras de la Universidad Diego Portales del año 2010 al 2018 y trabajó en la revista Grifo del 2008 al 2012. El 2015 fue elegida como uno de los 100 jóvenes líderes de la revista Sábado por su labor editorial.
Ediciones Liliputienses nos vuelve a sorprender con el original diseño de formato de su colección Proscrita en este libro de prosa poética. En el lugar de la mano el ímpetu de un río, de Julieta Marchant es otro ejemplo de poesía viva, rompedora y valiente a la que ya nos tiene acostumbrado el editor José María Cumbreño que sigue intentando la cuadratura del círculo desde los talleres microscópicos de su editorial en el cacereño Valle de Valdeflores, amenazado, como toda la ciudad y su entorno natural, por una tóxica mina de litio a cielo abierto.
En este libro, la poeta chilena lleva el idioma hasta niveles que requieren que el lector, la lectora, se detenga a disfrutar y saborear el texto. Es un libro que no solo se tiene que leer, hay que releer y acariciar con la mirada mientras asistes al nacimiento de algo que está por venir. Tenemos el lujo, con la lectura de este libro, de ser testigos de un lenguaje nuevo que dará mucho que hablar en el futuro.
Por frío y humedad se descompone. El pasto bajo los pies, aproximarse al borde de piedra. Las piernas rectas, el tronco levemente inclinado, los brazos arriba, las manos se tocan. La espalda proyecta la extensión de una altura, los omóplatos se separan. Aguantar la respiración, el fuego en el abdomen desciende. Lanzarse y, en el espacio entre la orilla y el agua, perder el aliento. Nadar en un tiempo al que la letra no accede. Golpea un rostro el lenguaje y ya no es posible restaurar. Las palabras no restituyen. Elevación y retirada. Imagino que tomo tu mano, abro los ojos, en mis palmas un grupo de pequeños peces buscan calor en el frío. Mi mano impávida deja que el agua la queme. En el lugar de la mano, o donde debiera haber una mano, el ímpetu de un río. Se desgasta el ritmo en los pulmones. Consume la imagen de alguien en el aire.
Fa pocs dies he acabat de llegir el nou treball d’Antoni Garcia Iranzo, Relatari Caòtic, un llibre del qual us explico una mica les meves impressions:
Si bé, el terme caòtic designa tot allò que sembla desordenat, confús i incoherent, penso que també fa referència a un estat d’agitació dins el comportament humà, un sentir les emocions fortament, un cabdal d’idees dins la ment que necessiten esclatar…fins sorgir aquest Relatari Caòtic, segon llibre d’ Antoni Garcia Iranzo, cantautor i poeta nascut a Sant Andreu, amb un gran bagatge dins el món de la música i la poesia.
El llibre té 160 pàgines i és un recull de relats amb alguns poemes intercalats tot acompanyats per dibuixos i dissenys gràfics de l’autor inspirats en vivències personals. Hi trobem relats divertits, tendres, reflexius, on no falta un toc d’ironia i sobre tot on queda palesa la humanitat, el vitalisme i l’enginy de l’autor. Escrits amb un vocabulari exquisit i alhora planer arriben al lector i l’atrapen des del primer moment.
En definitiva, un llibre molt recomanable que no deixarà ningú indiferent.
Antoni Garcia Iranzo va nèixer a Sant Andreu, Barcelona, l’any 1960. Tota la vida ha viscut a Nou Barris. És cantautor, poeta i artista gràfic. Com a cantautor ha recorregut mitja Catalunya. També és compositor d’un munt de sintonies. El seu primer recull de poemes, en llengua castellana, Barcelona y despeinado, data de l´any 1978. Més tard, incorporaria la llengua catalana a la seva manera de fer.
Breu currículum creatiu: –El mar siempre comienza 1982 (poemari col·lectiu) català i castellà. Després d´un llarg parèntesi va publicar el seu Cd de cançons Camacu!! 2010. I més tard poesia a reculls com:
-En la senda de Orfeo.
-Brossa de Foc .
-Diverses publicacions de tipus solidari.
-Poemari Inconcret
– Relatari Caòtic.
Ha publicat també online:
-Poemari dispers 2020
-Cinc peces per a guitarra 2020
Col·labora habitualment amb revistes i publicacions com ara Òrbites existencials, Viladecans, Punt de trobada, Agràcia, etc. L´any passat va fer la primera exposició de la seva obra gràfica a l´Ateneu Llibertari de Gràcia.
Ernesto Suárez (Isla de Tenerife, 1963). Es psicólogo social, profesor e investigador en la Universidad de La Laguna. Como poeta es autor de seis libros: El relato del cartógrafo (Ediciones La Palma. Madrid, 1997. También editado por la colección Mucuglifo, Venezuela); Las playas -Cuadernos poéticos 1982-2002 (Editorial Baile del sol, Tenerife, 2002); La casa transparente (Colección La caja literaria, Tenerife, 2007), Spree (Cartonera Island, 2013); Rehacer el aliento (Editorial Baile del sol, Tenerife, 2016) y Arrecia (Ediciones La Palma, Madrid, 2017).
También participa en el libro de poemas Ruido o luz, obra en colaboración con Daniel Bellón y Carlos Bruno Castañeda (Editorial Amargord, Madrid, 2013). Dirigió la colección Atlántica de poesía para Ediciones Idea y coordinó, junto a Carlos Bruno Castañeda y Daniel Bellón, las ediciones de Cuadernos Insulares de Poesía y de La calle de la costa. Ha dirigido diferentes proyectos y festivales literarios en la isla de Tenerife. En la actualidad coordina, también con Carlos Bruno Castañeda y Daniel Bellón, Cartonera Island, proyecto literario de edición digital y cartonera.
La habitación china es una muestra de cómo un poeta como Ernesto Suárez busca nuevas vías poéticas que tanta falta hacen. Es un libro dividido en cinco secciones, que combina poesía, ensayo, diario y cuaderno de viajes dando a luz un objeto estético final que no os voy a desvelar para no hacer ‘spoiler’. Tendréis que leerlo vosotros y vosotras para llegar a vuestras propias conclusiones que, seguramente, serán de vuestro agrado. En definitiva, un buen poemario para iniciar el 2022 que no os decepcionará.
Entre todos los poemas hay uno (que no incluyo) al que le tengo especial cariño: Memoria o lugar (III). Un poema que se refiere a una foto de diciembre de 1961 de Gary Snyder, que yo también miré en su momento. Un poeta, Snyder, al que nos hemos referido algunas veces en esta revista y que Suárez vuelve a mencionar de pasada posteriormente en otro poema: Leer poesía en una edición bilingüe. Sin olvidar a la que fuera su mujer y gran poeta, Joanne Kyger, una de las poetas favoritas de Poémame.
Este poemario es otra pequeña gran joya de Ediciones Liliputienses y un ejemplo más del mérito y esfuerzo de sus talleres microscópicos del Valle de Valdeflores. Una editorial que sigue superando, libro tras libro, todas las andanadas en su contra que el ‘establishment’ burocrático-poético le va dando.
Casa o bosque
(1) Bajo el sol del verano, desde el centro del patio, el tilo da sombra a la mesa aún vacía. Todo es más terrible, temible, también habitual. Lejano el sonido del avión; apenas unos segundos y se desoye hasta el siguiente.
La casa, mañana se despertará poco a poco.
(2) Otro sonido, el de las ventanas de madera al abrirse. Se busca airear, que se ataje el tenso calor venidero. Antes. Un breve alivio.
(3) Tras las tapias o por encima, las aves.
(4) El zorro husmea pegado al muro. Busca acercarse al abrevadero, atento a quienes a su vez lo observan. Vuelve. El hocico gacho y encorvado el lomo. El murete blanco es una pantalla donde se proyecta su silueta. Todo sucede ahí, en la lejanía de un borde. Aunque no se vea.
(5) El portalón de la casa mira hacia el sur, apenas un grado de deriva.
Permanece la casa, aunque siempre es otra.
Hubo donde no.
(6) En la otra banda, pinos de Alepo. Vivirán doscientos años y algunos ya alcanzan los ochenta. Irán sus cortezas del blanco al pardo rojizo y, con el tiempo, se quebrarán. Aun así sus raíces aferran la poca tierra, las áridas laderas.
(7) El fin es ganar la umbría. Desde el muro atrás de la casa se alcanza a ver el mar.
(8) El zorro atacó a los jabatos más pequeños. Desde las ventanas de la casa, los chillidos alejándose allá del foco de la luz.
Este es un relato sobre lo que sucede fuera del foco.
Árbol oscuro. Decalcomanía
(1) Se podría elegir entre aquello oscurecido del árbol y su transparencia.
Una gota habrá de ser el espejo y espejo por ambas caras. Gota que se derrama sobre las hojas, aunque no las limpia: traza la línea de la sombra; traza igual la vereda de la luz.
(2) Hay un arquero que cierra los ojos para hacer el disparo. Ya quedó escrito el gesto del arquero, la puntería, la diana errada o no.
(3) Imaginemos que la diana ocupa el tronco transparente del árbol. La tensión sería desmedida. Pero, ¿y si el blanco se halla entre lo oscuro del árbol, justo ahí donde? Se dice entonces del gesto ciego que acoge la diana, ahora igual -blanco sobre negro y nunca al contrario- negación, sí. O vuelta.
(4) ¿Hasta dónde alcanza entonces aquella gota? Su trajín hasta. Una gota abriendo camino, cuando guía a la flecha tras su ceguera.
En el otoño de 2020, Luís Gilberto Caraballo, poeta y pintor venezolano, redacta un poemario muy original, La Gruta del Ávila que fue editado recientemente por Alberto Martínez Márquez para su sello editorial, Letras Salvajes. La esmerada edición de Martínez Márquez cuenta con un diseño de portada realizado por el propio Caraballo.
La portada representa 11 escritores varones, con los cuales Caraballo establece diálogos en la segunda parte de su libro y dos escritoras, Alejandra Pizarnik y Olga Orozco, quienes también se incluyeron en estos diálogos. El dibujo además representa las casas de techos rojos de la vieja Caracas y se ven los edificios modernos de la Caracas actual. Todo con una representación del Ávila, parque nacional venezolano. Este parque que Luis Gilberto Caraballo avista desde su edificio en Caracas, y que ha visitado, deviene en símbolo del corazón del poeta en este texto.
La primera parte del libro consta de 13 diálogos donde el poeta se encuentra con sombras de temas existenciales, como la muerte, el olvido, o el amor. En esta parte dialoga con las sombras de elementos naturales como el mar, la noche y la lluvia. La segunda parte, como señalé, cuenta diálogos con escritores que de algún modo rozan la sensibilidad de este poeta. Entre ellos, Octavio Paz, Vicente Gerbasi, Luis Cernuda, Andre Breton, las escritoras Pizarnik y Orozco. El texto contiene epígrafes de Caraballo y de los más diversos autores. Además, cuenta con poemas en verso y prosa bellísimos. Estos diálogos sean con elementos naturales, temas existenciales u otros escritores demuestran el deseo del autor de verse en espejos, sombras, sus dobles, para conocer más o autoconocerse, tal como se desvela al comienzo del libro cuando aparece el enigmático personaje del Visitante.
Por otro lado, los diálogos se producen de noche, en el espacio del sueño lo que apunta a la influencia del surrealismo en la escritura de Caraballo. Más que influencia se podría hablar del conocimiento profundo que tiene de dicho movimiento artístico. En su diálogo con Breton, el venezolano “hace juegos poéticos” con ese autor, usando la escritura automática y habla con el padre del surrealismo sobre lo lúdico y aleatorio en el arte de este movimiento. También el diálogo con los surrealistas se da en un restaurante que tiene la forma de una imagen en un cuadro de René Magritte, pintor belga que Caraballo admira. Las llamadas influencias literarias en este escritor son tan profundas que ahora el lector leerá con nuevos ojos a Garcia Márquez, a Pizarnik, Orozco y otros. Porque Caraballo recrea sus corpus poéticos de una manera magistral en La Gruta del Ávila
Este texto que leo como un poema largo, ha sido visto por el escritor y editor puertorriqueño, Alberto Martínez Márquez, como una especie de cartografía poética. Martínez Márquez ha vinculado este libro con la Divina Comedia de Dante y yo, con la Eneida de Virgilio.
En fin, La Gruta del Ávila es un retrato de un artista, un espejo de sus preocupaciones existenciales, sus sentimientos en torno a la naturaleza, una mirada profunda a sus afectos literarios y artísticos, una búsqueda del conocimiento a través de ese viaje por medio del sueño, un reflejo de sus emociones como hombre maduro. Abbas Kiarostami, el gran director iraní dijo: “Si no tengo nada en mi corazón, tengo poesía”. Yo diría, si no tenemos nada en el corazón, tenemos La Gruta del Ávila para leerla con la misma sensibilidad y pasión que fue escrita por Luis Gilberto Caraballo en el otoño de 2020.
La Gruta del Ávila se puede conseguir por Amazon.com
Paula Casal nos enamora con su Lagartija poeta; un poemario distinto, alegre, sencillo pero que a su vez, esconde podríamos decir moralejas, o enseñanzas.
Con los animales como protagonistas, la autora teje una serie de historias o cuentos en verso, orientados a niños (y no tan niños); de ahí que la mayoría de los poemas estén escritos con versos breves, mayoritariamente en rima consonante, con una sonoridad estudiada y fluida, con una armónica distribución de los acentos y sonidos, que hace que la lectura sea agradable, sencilla y amena. También, en este sentido, destacar las ilustraciones de la propia autora que acompañan los poemas, ilustraciones elaboradas y sensibles, que ayudan a que la idea del poema ‘cale hondo’ en el lector.
El poemario va mucho más allá de los cuentos que relata; todos y cada uno de ellos esconde un mensaje tras las líneas que, gracias a esta estructura de rimas sencillas y poemas-cuentos, resulta muy sencillo de captar y comprender.
Portada de La lagartija Poeta
Es realmente fascinante como Paula Casal consigue captar la atención del lector, adulto o infantil, dejando huella con cada uno de los poemas, y arrancando a veces una sonrisa. Su poesía parece casi musical, y eso hace que se adentre con facilidad.
Creo que es un libro muy adecuado para leer con nuestros pequeños, puesto que los poemas cuentan una historia a medida de cuento, y eso capta la atención y permite que la idea de trasfondo quedé:
Tomemos por ejemplo el poema que abre el libro, el Ratón Pérez:
Por si alguien le tima
él deja muy poco
al niño que miente
o que se hace el loco.
Y al niño que grita,
que escupe y que muerde,
le deja una piedra
para que se acuerde.
Pérez deja claro
a quién dará más:
al niño que ayuda y
piensa en os demás.
Como podéis ver, el Ratón Pérez deja mejores regalos a los niños que son buenos. Y esto motiva a los niños a portarse bien.
Iba al matadero,
directa a la muerte,
cuando un aldeano
le cambió su suerte.
<<Deme aquella vaca,
para mi sobrina,
que tiene una granja,
con playa y piscina>>.
Allí va a su aire:
corre, sube y baja,
pasea tranquila,
duerme sobre paja.
-Fragmento del poema La vaca que ríe
Aparte del buen comportamiento, que es el que consigue los mejores regalos, Paula no enseña que los animales son más felices en su hábitat y libres. De hecho, la idea de que los animales son más felices libres, se puede ver en diversos de sus poemas como La vaca que ríe, El asno de Buridán o El circo sin personas:
¿Y qué clase de amo deja
morir así a un asno sano,
teniendo tanto alimento
al alcance de la mano?
-Fragmento del poema El asno de Buridán
Una de las ilustraciones de Paula Casal
Uno de los poemas/cuento que más me han llamado la atención es Circo sin personas. En esta historia, escrita en diferentes partes breves, la historia radica en unos animales de un circo que deciden librarse de la mano humana que los esclaviza. Paula muestra los pensamientos de los animales, sus conversaciones, mostrándolos incluso más ‘humanos’ que los propios humanos. Me parece importante la idea que se desprende de este poema, y es que los animales no son objetos, los animales son seres vivos que sienten, y cuando son felices es cuando se les deja vivir la vida que merecen y que les pertenece, y necesitan de un trato de cariño, como cualquier ser vivo.
Los animales hablan, explican lo que sufren, conspiran y consiguen salirse con la suya sin hacer daño a nadie, mostrando así su nobleza:
<<¡El Circo de la Alegría!>>,
gritaba el payaso listo,
<<hagan cola que, esta tarde,
van a ver lo nunca visto>>.
<<Lo nunca visto sería
que nos dejasen en paz,
nos llevasen de paseo
o a merendar en un bar.>>
[…]
Y así fue como empezó
El Gran Circo Sin Personas,
cuya fama trascendió
más allá del Amazonas.
El circo se convirtió
en un modelo a seguir:
no hacen falta barrotes
sin nadie quiere salir.
Queda de manifiesto la crueldad, el uso y el abuso, que los humanos hacen de los animales, cosa que les hace sentir tristes y sin ánimo.
En este poema se ve muy claro algo que me gusta mucho del poemario, y es que nos muestra lo que piensan y sienten los animales; de este modo, es como si ellos mismos contaran lo que sienten, las cosas que les ocurren, y esto ayuda mucho a verlos como lo que son: seres vivos que también sienten igual que nosotros, y apela un poco a la sensibilidad.
Incluso tenemos un cuento que muestra que los animales son buenos, que si pueden nos ayuda, como le ocurre a Jonás en Jonás y la ballena, que es una ballena la que consigue que Jonás se libre de sus cadenas, lleve a cabo su mayor proeza y consiga ser feliz en libertad. Si ellos nos ayudan a conseguir eso, nosotros también podemos ayudarles a ellos.
Otra idea que me parece realmente interesante y querría destacar es la que se desprende del poema Un milmanos y un ciempiés. Estos dos animales se encuentran y hablan sobre lo complicado que debe ser tener cien pies y mil manos; pero con la particularidad que cada uno está feliz con lo que tiene, a pesar de que los dos podrían ser el mismo animal. Aceptarse y quererse como es uno y aceptar al que llaman diferente puesto que, en el fondo, somos iguales. Y me parece muy bonita esta enseñanza, más en estos mundos en los que vivimos, a veces tan cargados de prejuicios, que no aportan nada.
Bajaron primero al sueño,
para evitar los peligros,
y una vez en tierra firme,
se abrazaron como amigos.
Y ahora, siempre que un ciempiés,
se encuentra con un milmanos,
se dan un fuerte apretón,
como si fueran hermanos.
En definitiva, es un libro realmente interesante y totalmente aconsejable para niños (¡de todas las edades!); pues no sólo entretiene, sino que enseña y demuestra que hay otra manera de hacer las cosas, de tratar a los animales, de convivir en armonía haciendo el bien. Un libro muy trabajado, imaginativo y creativo, con unas rimas que hacen su lectura sencilla y agradable y cuyos poemas, apoyados en las ilustraciones de la propia Paula Casal, se convierten en pequeñas grandes enseñanzas que dejan huella.
Paula Casal es investigadora ICREA y profesora de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, habiendo trabajo con anterioridad en las universidades de Keele, Harvard, Oxford y Stanford, entre otras, obteniendo varios premisos de investigación, y está muy ligada a organizaciones y revistas por el buen trato y la ética animal.
Tal como nos indica el autor, este poemario recoge poemas que ha ido publicando en diferentes portales y redes sociales, sin seguir una línea temática de unión, sino que se encuentran ordenados de forma cronológica.
Así, los poemas no tienen un hilo conductor por lo que hace a la temática, sino que son poemas que se suceden tratando diversos temas e inquietudes del autor.
Son poemas cercanos que, al no estar ligados entre ellos, tienen la particularidad que puedes abrir el libro por cualquier página y deleitarte con unos sencillos versos que aportan la visión del autor.
Todo ello nos lleva a un poemario que puede hacernos reflexionar en algunas ocasiones, e incluso empatizar, o simplemente aportarnos un rato de distracción con bonitos versos.
Aun así, si es cierto que hay algunos temas que se repiten en el poemario, como el amor, los sentimientos, casi tema universal en poesía, la soledad, la ausencia, la muerte, la música… si bien lo que tienen prácticamente todos en común es la emoción; poemas surgidos en su mayoría de las emociones del autor.
El amor no se ha marchado,
a mi vera ha quedado,
aunque no estás a mi lado.
-Fragmento del poema Me faltas
O el poema Música, que describe el proceso de creación de un disco
Una nota tras otra.
Ahora un acorde, luego otro.
De fondo se oyen golpes,
unos altos, otros bajos.
A veces das con la tecla,
o soplas, y qué bien queda.
-Fragmento del poema Música
Todo aparece escrito desde una visión interior del autor; cada poema podría ser casi una pequeña reflexión y exposición sobre algo, sin dejar de lado la introspección.
La actualidad y la realidad del mundo en que vivimos no escapa de este poemario y nos aparece, de manera sutil, en algunas de las reflexiones que el autor comparte, alguna pequeña crítica a lo que somos hoy en día los humanos, crítica que se extiende, por ejemplo, en el poema La gente de enfrente
Cuando a ti nos acercamos
y de nosotros nos olvidamos,
nos vemos como hermanos
y de uno a uno hablamos
y todos nos respetamos.
Así somos más humanos.
-Fragmento del poema Hermanos Humanos
En otras ocasiones, nos encontramos con poemas cotidianos, pequeñas escenas hechas poema de instantes rutinarios en la vida
Salgo del coche.
Ya se ha hecho de noche.
¡Ya era hora, qué hambre!
Abro la puerta con la llave.
¡Ay, la discusión de ayer!
Ya mismo voy a ducharme.
-Fragmento del poema Por la noche
Porta de Un día cualquiera
A pesar de que podemos encontrar poemas que son simples explicaciones de un hecho, de un instante, también podemos hallar algunos poemas que cuentan con un ligero plus de profundidad, que van un poquito más allá de lo que cuentan las letras a primera vista. Así, por ejemplo, encontramos el poema Qué ha pasado, donde la reflexión va un poco más allá, y gira en torno al paso del tiempo, a los cambios que ese paso provoca en las personas y, por consiguiente, a veces también en las relaciones personales
Tengo sentimientos encontrados,
que me están haciendo daño,
y me pregunto en este estado
por qué intentamos negarlo.
-Fragmento del poema Qué ha pasado.
Y algo parecido nos ocurre con, pongamos como ejemplo, el poema Una historia más, donde la reflexión gira en torno a la vida y la muerte, al cambio y la trascendencia
y así vamos avanzando
por los altos y los bajos
sembrando y cosechando,
y en algún momento dado,
sin saber si hay otro lado,
dejamos todo y nos vamos.
-Fragmento del poema Una historia más
En este sentido, encontramos también poemas que profundizan en el interior del autor, en sus emociones quizás más privadas e íntimas, especialmente en la parte final de poemario, donde los poemas ganan un poquito en profundidad y reflexión:
Ahí mismo estaba la salida,
la propia entrada al abismo.
Así de cerca la tenía,
yo mismo la he elegido
al cerrar los ojos míos.
-Fragmento del poema Laberinto
En definitiva, se trata de un poemario con gran diversidad temática; poemas sencillos y cercanos, escritos en un lenguaje muy coloquial, que explican y exploran, en cierto modo, la realidad en todas sus vertientes, así como las emociones más características del ser humano: amor, soledad, vida y muerte, paso del tiempo, ausencias…
Óscar Antuñano es natural de Santurtzi, Bizkaia, y esta es la primera obra escrita que publica.
En una placa colocada en la sección de español de la Universidad de Rennes, se puede leer que Antonio «murió en 1970 de nostalgia y lejanía«. Y es que Antonio marchó exiliado a Francia, en 1947, nunca pudo regresar a España, y esa pena y nostalgia quedaron en su vida y su poesía como una marca imborrable.
Antonio nació en Cabeza de Buey, un pueblito de la provincia de Badajoz, el año 1905. Estudió Derecho y Filosofía en las universidades de Sevilla, Granada y Madrid. Desde muy joven, ya colaboró con diversas revistas y periódicos tales como El Correo extremeño, La libertad, Estampa o El Heraldo de Madrid entre otros. Asimismo, a los 25 años, ya había publicado cuatro novelas.
Cuando su familia familia se traslada de Extremadura a Madrid, muy a principios de los años 30, Antonio Otero se vincula activamente con la lucha por mantener la República. Una de sus vocaciones más destacadas, el periodismo, lo lleva a viajar como corresponsal por Europa y Marruecos. De esta época y estos viajes surgen los poemas recogidos en Viaje al Sur, que configuran la primera parte de esta antología.
Al estallar la Guerra Civil (1936-1939), Antonio sigue dedicándose al periodismo y publica, junto con un comandante de milicias, un texto defendiendo y alabando el trabajo de las Milicias (Gavroche en el parapeto).
Al terminar la guerra, es procesado y condenado a muerte; pena que fue conmutada por treinta años de cárcel, siendo puesto en libertad vigilada dos años después. A consecuencia de esto, Antonio no puede seguir ejerciendo el periodismo, pero se mantiene en contacto con la resistencia antifranquista, hecho que le suponen nuevas detenciones, hasta que finalmente logra llegar a París en el año 1947 y, aun desde París, sigue vinculado siendo secretario de Alianza Republicada, y del Comité Nacional de Resistencia, a la vez que colabora con Ibérica, revista neoyorquina dirigida por Victoria Kent. Su familia no consigue llegar a Francia hasta el año 1956.
Ejerce de profesor en la Universidad de Rennes, a la vez que hace de traductor para la ONU y la UNESCO, y publicando artículos en gran cantidad de revistas tanto de Europa como de América del Sur, y ejerció también crítico literario en Le Monde des Livres. Durante todo ese tiempo, fue un gran embajador de la literatura y la cultura española, nunca olvidando su tierra, y siempre con un asomo de nostalgia.
De ideología claramente republicana y masón, amigo de Miguel Hernández, fue el último periodista que entrevistó a Lorca en Madrid, antes que este fuera a Granada para no salir jamás.
Por primera vez se edita su poesía completa, Poemas de Ausencia y Lejanía, editada por Libros de la Herida, en su colección Poesía en Resistencia. Cuenta con un prólogo de Juan Manuel Bonet, y un emocionante epílogo escrito por Mariano Otero San José, hijo de Antonio.
Poemas de ausencia y lejanía agrupa sus poemas en diferentes apartados o secciones, recogiendo así toda su obra desde sus primeros poemas, pero son una clara prueba de quién fue Antonio, de sus sentimientos y sensaciones a lo largo de su vida, y de la profunda marca que dejó en él el hecho de tener que abandonar su país para no regresar jamás. A su vez, se va viendo, a medida que avanza el libro, la evolución de él como persona, así como los primeros poemas, por ejemplo, nos hablan de lugares, y se convierten en pequeñas instantáneas de lugares como Andalucía, Elche, e incluso Marruecos, fruto de sus viajes como corresponsal, hasta la nostalgia más profunda, palpable en numerosos versos.
Antonio Otero Seco, fotografiado por F. Buendía
Empezando con Viaje al Sur, se nos ofrecen una serie de poemas que nos hablan de lugares de manera muy concreta; pequeñas escenas o postales se abren frente a nosotros para descubrir lugares que conoció gracias a su faceta de periodista. Una poesía con ligeros toques que hacen recordar el ultraísmo, hay quien dice incluso a la greguería. Lo que sí se puede detectar en estos poemas es cierta influencia del estilo de Lorca, cierto aire de Romancero Gitano, de canción andaluza.
Raya de la lejanía
dormida en el horizonte.
Las casas son como espejos
que hacen más oscuro el ocre
de los corrales. La cal
alterna con el adobe,
ajedrez de plátano urbano
donde disputan dos torres.
(Fragmento de Andén de Marchena)
Vengo desde la plaza,
vengo desde la plaza
de San Francisco,
ay niña, de San Francisco,
vengo desde la plaza
para dormir contigo.
(Fragmento de Marisma)
Después de Viaje al Sur, encontramos seis poemas agrupados bajo el nombre de Con los ojos abiertos, que se abren con una bellísima elegía a Federico García Lorca (recordemos que Antonio Otero fue quien le realizó la última entrevista a Lorca, antes de su último viaje a Granada), así como poemas dedicados a su padre, Miguel Hernández, e incluso a ‘Martín Manzano, alcalde de Móstoles, fusilado en la cárcel de Porlier, donde Antonio cumplió parte de su condena).
Estos poemas toman un cariz distinto, una tristeza y a su vez una fuerza de alzar la voz contra la aberrante injusticia de la guerra y sus consecuencias. Poemas intensos y dolientes, contienen, a mí parecer, una importante carga emocional:
No cantes, que ya nos deja
al costado una lanzada
la frente cuadriculada
por la sombra de la reja.
No cantes, no cantes, ¡no!
En Alicante murió.
(Fragmento de Miguel)
Aunque todos estos poemas tienen ese carácter dolido y de lamento propio de una elegía, el poema llamado Padre es quizás el que se muestra más crudo, más intenso, más herido. Es un poema de una intensidad abrumadora.
Es muy definitoria la frase que abre este grupo de poemas, que proviene de una leyenda indígena de Guatemala: “Hay muertos enterrados con los ojos abiertos. Y sólo los cerrarán el día en que se les haga justicia”.
Los tres poemas que nos encontramos justo a continuación, bajo el título de Ausencia y Mirada Interior, encontramos poemas bastante desgarradores, como María, uno de los poemas que más me ha impresionado, dedicado a su mujer, escrito durante los primeros meses de su exilio en París. Es un poema intenso y triste, de añoranza, donde palpamos el dolor que le supone este exilio, tan lejos de su tierra y, especialmente, de su gente:
María: cuando vuelva te encontraré esperando
en la puerta de casa mi mano que falta-
Me ofrecerás tu risa clara de luna herida
y tus ojos de niña más abiertos que nunca.
(Fragmento de María)
Tanto en Ausencia como en Mirada interior, encontramos poemas que ‘van hacia adentro’, las emociones del autor, su pena, su tristeza, su añoranza y, en cierto modo la incapacidad de comprender el porqué de tanto dolor.
Se contraponen, en cierto modo, con los poemas agrupados bajo el título de Paréntesis sonriente, poemas fechados entre los años 1950 y 1952, fruto de algunos de los viajes que realizó. Son poemas algo más ligeros, siempre bajo un sutil velo de tristeza, que nos hablan de lugares como Estocolmo, Copnehague o Nueva York. También hay que decir que se siente cierto gracejo en estos poemas.
Lejanía son una serie de poema que acusan al dolor y la pena por la ausencia de sus seres más queridos. Así, se abre con un precioso poema llamado Madre, o los poemas dedicados a sus hijos. Y sigue ese aire de añoranza en los poemas recogidos en Con los ojos abiertos II, donde vuelve a aparecernos su amigo Miguel Hernández, su hermana Jacinta o de nuevo su madre. Personas que se han ido yendo, y estos poemas quieren ser, quizás, parte del duelo y de la despedida que Antonio no les pudo dar. Son poemas conmovedores en extremo, donde la tristeza se palpa en cada verso, junto con el dolor que estar lejos supone:
Llegarás, pero yo
habré dejado el lecho de tantos años tristes.
Sólo un hueco, una sombra, un molde, una canción.
Yo antes;
tú después.
¡Qué tarde ya para soñar!
¡Qué pronto aún para dormir!
Antes, después, siempre…
(Fragmento de Vendrás)
La antología se cierra con poemas que recogen otras versiones o variaciones de algunos de sus poemas.
Es indudable que la poesía de Antonio Otero es casi un diario emocional, salvando las distancias, de alguien que ha sufrido en sus propias carnes la crueldad de las cárceles franquistas, la pérdida, a menudo de manera injusta de familiares y amigos, el dolor por la lejanía de su tierra y de sus seres queridos. Una poesía que Libros de la Herida ha decidido recuperar y agrupar por primera vez, dentro de su colección Poesía en Resistencia, en un solo volumen, que configura una pequeña parte de la historia de este país, en la vida de un poeta, en cierto modo, injustamente olvidado, pero que creo que merece, como muchos otros, un reconocimiento. No fue el único que sufrió de ausencia, exilio y lejanía, por supuesto, pero sus poemas nos ayudan a entender y, lo que es más importante, a sentir lo que muchas personas sufrieron. Emoción y dolor a partes iguales, Poemas de Ausencia y Lejanía nos dejan un testimonio fiel y emotivo de lo que fue la vida de muchos durante la Guerra Civil y las décadas posteriores. De todo el poemario, hay una frase que me parece muy característica e importante porque podría resumir, a grandes rasgos, la esencia de la poesía de Antonio; aparece en su poema A los españoles muertos en el exilio, y me parece un buen resumen para cerrar esta reseña:
Amigos: Habéis muerto en olor de hombres solos
con un mapa de España en la pupila.
La documentación y selección de poema que configuran esta antología ha sido llevada a cabo por Juan Manuel Bonet, autor también del prólogo, Edouard Pons y Marino Otero San José, hijo de Antonio, que también es el auto del epílogo, donde además nos regala algunas fotografías familiares para el recuerdo.