Reseñas

  • En este tiempo prolongado, de Silvia López Ripoll (Ed. Cuadranta, 2021)

    En este tiempo prolongado, de Silvia López Ripoll (Ed. Cuadranta, 2021)

    Silvia López Ripoll, licenciada en Filología Hispánica y máster en Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera, es profesora en Estudios Hispánicos de la Universidad de Barcelona desde 1992 y autora de diversos manuales para el aprendizaje de la lengua. En este tiempo prolongado es su primer libro de poemas.

    En un momento en que la poesía urbana gira dentro de nuevas órbitas experimentales, a veces cercanas a un prosaísmo confesional, la poesía de Silvia López Ripoll se planta y se aleja al mundo de la naturaleza con una visión trascendente del paisaje donde busca el respiro de lo humano y lo vital lejos de la claustrofobia de la ciudad, como si el exterior fuera también un marco o espejo de lo interior. Una poesía sencilla, directa, meditativa, de retorno a las raíces más hondas. Poesía del tiempo, de la memoria, de la vivencia; un paisaje a veces cercano al románico, de salmos, oraciones, códices, con una espiritualidad también cercana a los eremitas y monjes de los monasterios del pasado, “con horizonte antiguo”, como dice. La esencia perdura en lo que vive, canta, sueña, duerme o respira.

    La poeta, en un poema pórtico, “Frontera”, abre una puerta-bisagra donde una figura humana como en el Vitruvio de Leonardo extiende sus brazos y mira a sus espaldas y de frente para ver entre “dos mundos”: de espaldas, la noche que duerme –el bosque-; de frente, “un camino que incita a despertar”, y, entre ambos, en la frontera, la palabra creadora, luminosa. El tema de la escritura reaparece a lo largo del libro: “la mano que escribe”, “el cobijo en la palabra”, “la niebla es una frase”, “nosotros intentamos la palabra”…, y al mismo tiempo se asevera que “un poema es un producto inacabado”. Los títulos de los poemas, compuestos por un solo sustantivo, se enfocan también a condensar sentido y a plasmar la inmediatez de un mundo cotidiano a menudo envuelto en la atmósfera de la memoria y el sueño. Lo que es y lo que ya no es, pero está; lo que fue, pero permanece bajo un trazo o un símbolo; lo que se renueva y vive y deja una realidad que persiste.

    La poeta da rienda a sus versos que recuerdan la distribución de ciertas líneas de William Carlos Williams, Robert Creeley o Louise Glück, y se orienta por rutas del paisaje y la memoria donde las colinas, la piedra, la ermita, las campanas, los pájaros, los árboles, el agua, el aire, son motivos de reflexión y meditación; una meditación que surge del silencio y vuelve a él mientras el lenguaje va modelándose con una adjetivación de tono machadiano o becqueriano: el olivo viejo, el vuelo breve, las áridas tierras, los caminos nuevos, los atardeceres claros, el campo baldío, el destello amargo, las barcas lentas, las torres derrumbadas. Un paisaje otoñal, crepuscular, sereno. Y lucen entonces los semas del cuerpo y sus vivencias y sus metáforas, con su ritmo lento: del corazón, del sueño, de lo dormido, de la ruta, del amor, del vacío, de la infancia, del recuerdo. Y el tiempo aparece dilatado, como si fuera elástico, lento, el silencio alargado, el tiempo prolongado. Algo que se refleja también en las segmentaciones de elementos que se enlazan como cuentas: “un día y luego otro”, “gota a gota”, “gira y avanza”, “va y viene”, sin dejar de lado cierto regusto por la definición y la aseveración: “nada es definitivo”, “la vida es honda compañía”, “Hoy el bosque es un desierto”, “viajar hacia los otros es / alterar el silencio”, “el viaje es real”, “no puedes huir”, “la felicidad se desmorona”, “La eternidad abre la puerta al caminante”. Se va creando así un paisaje suave como las acuarelas, a veces incluso como una fotografía o un bodegón, o una instantánea fílmica, donde las vivencias retornan de nuevo, encadenadas a la luz serena del día o al “guiño” de las estrellas. Silvia López Ripoll va nombrando un mundo, poniendo lindes a un área propia en la que nos adentra.

                Al mismo tiempo que otras poesías se dilatan con los ruidos de la ciudad o se rompen en sus abismos interiores o aúllan en su temblor cósmico o con la violencia relampagueante de los magmas, Silvia López Ripoll ensaya en una forma propia la palabra serena, tranquila, tocada por el silencio ancestral y la gracia: el silencio de los eremitas y los contempladores, los meditadores, los que caminaron por el paisaje y encontraron en él ciertos tintes emotivos, imaginativos: Bashô, Whitman, Rosalía, Machado o Wordsworth. No solo para ver, sino para hacer memoria. “Poesía es recordar en tranquilidad”, había escrito el gran maestro inglés. El libro y su ritmo, creado cuando se ha realizado ya un gran tramo del camino, no se ancla en el atrás, sino que busca tras las huellas su futuro. No es el “tiempo postergado” o aplazado de Bachmann, sino un tiempo en un silencio dilatado, prolongado.

    Frontera

    Como una puerta abierta

    que escribe en sus aristas

    la línea de dos mundos

    así los brazos se extienden

    de espaldas

    la noche que duerme

    en la profundidad del bosque

    de frente

    un camino que incita

    a despertar paisajes

    y en la frontera

    la palabra

    bisagra de amor

    y de horizonte.

    Guiño

    De día

    bajo las esferas

    las palabras cantan

    su movimiento

    un sí y un no

    y en el péndulo

    tu decir

    sombra sol sol sombra

    es una palabra

    de noche

    bajo las esferas

    el péndulo duerme

    su hilo desciende

    sobre móviles ondas

    de palabras errantes

    nadie dice completamente

    la verdad

    y la estrella te guiña el ojo.

    Memoria

    Largo pasillo de piedra

    como tiempo inmóvil

    y en la ventana

    fino alabastro

    traspasa la luz

    tan nítida

    que extiende por los muros

    la memoria

    ábside

    donde danzan

    las aves

    y en nosotros

    quién sabe quién danza

    en nosotros

    qué códices secretos

    qué salmos y antífonas

    in saecula saeculorum.

    Vaivén

    De piedra y de campana es la ermita

    con tejado gris

    de piedra y de campana

    con un olivo

    de bronce y de reflejo es su péndulo

    con lágrima suspendida

    de bronce y de silencio

    con vaivenes quietos

    péndulo pesado y denso

    hecho de oscura respiración

    tan completamente solo

    que está dispuesto a caer

    si pudiera moverse por la tierra

    descendería desde lo alto

    como el alma que no quiere tener miedo

    pero aún no

    no mientras su agitación no sepa

    si es por felicidad o por tristeza

    o por una larga espera

    de piedra y de péndulo es la ermita

    y de un olivo viejo que sacude las hojas

    bajo el vuelo de las aves

    allí los solitarios llegan

    despacio

    porque el sendero es empinado.

    Bodegón

    Maduran las uvas en la parra

    cambiando en formas y color                                      

    sin repetirse

    crecen ajenas al destino

    que la mano del hombre les aguarda

    entregándose a matices sin lamentos

    acaso una

    dando sustento al pájaro o al suelo

    deja caer el peso de su brote

    no hay dos exactas

    tan solo se asemejan

    van inhalando la vida mutuamente

    sin preguntarse por el vacío que inició

    su movimiento

    y en vino convertidas

    ceden de nuevo al hombre sus virtudes

    uniéndose una a otra en su esencia

    así comprende la tierra

    entre los frutos de su reino

    sin encerrar

    como labriego o místico bodegón

    imágenes estáticas de un mundo interpretado

    aun así

    qué desconcertante es la naturaleza

    cuando cautiva

    como el arte

    se refleja encadenada a sus estrellas.

  • Trifulca en la azotea, de Irene Zalba Cabanillas (Ed. Autografía)

    Trifulca en la azotea, de Irene Zalba Cabanillas (Ed. Autografía)

    Tras esa portada colorida y viva nos encontramos una serie de poemas, textos en rima, algún relato e incluso ilustraciones realizadas por la propia autora, en los que se nos desgranan diversas emociones, sensaciones y sentimientos.

    Desde un punto de vista interior y subjetivo, Irene deja pequeños textos en los que se cuentan vivencias y sentimientos de una manera clara y cercana. Algo curioso es que el libro no tiene índice, los escritos, salvo alguna pequeña excepción, no llevan título, y no hay un orden marcado o establecido de lectura. Eso nos lleva a que el lector pueda encontrar una emoción, una sensación, y que pueda leer los textos de manera independiente.

    Tanto la ilustración de la portada como el título Trifulca, ya nos lleva a pensar en una mezcla de cosas en cierto desorden; vendría a ser un reflejo de libro: ideas expuestas de manera consecutiva, pero independientes entre ellas, dejando pequeñas perlas de sentimiento en cada página.

    Así, nos encontramos con poemas de amor y ausencia

    Entre pared y pared dejé mi sonrisa

    para que, al pasar, mirarla consigas.

    Déjate ver con el alma rota,

    trozos enlazados, besos en tu boca.

    Poemas que nos hablan de pasión:

    lo que hemos vivido, nadie lo va a tener,

    como ese doble golpe que das a mi corazón

    cuando aprietas mi piel con tanto furor.

    Nostalgia, soledad y tristeza

    Aun dejándolo marchar, mi corazón sangra cada vez más.

    Respiro, recuerdo, intento contener mi más triste aliento.

    Huellas secas en mi piel,

    labios hartos de esperar

    lágrimas dibujadas con pincel,

    es un recuerdo, nada más.

    En el fondo, es un poemario vital, en el que se reivindica el amor, el buen hacer, la luz… las cosas positivas, a pesar de exponer en muchos de sus textos, emociones cercanas al dolor, la soledad, el vacío, el olvido o la pena, siempre siempre ofrecen ese contrapunto que reclama más dedicación y más sentimiento en todas las cosas que se hacen y viven:

    Demos más abrazos sinceros, más besos mojados,

    cuidemos de los nuestros, y amemos lo que hacemos.

    Sintamos ese primer café de la mañana, esa brisa lejana

    miremos a la luna, como si de una extraña se tratara

    rompamos barreras impuestas al amor

    sellándolas con nuestro más puro valor.

    Como opinión personal, decir que me ha parecido un libro luminoso y esperanzador. Expone instantes o emociones tristes, ciertamente, pero en líneas generales, me parece que siempre hay un pequeño rescoldo de luz que aporta esa esperanza tan necesaria. Es un libro que, además, se puede abrir por cualquier página y encontrar un escrito con el que, seguramente, el lector se sentirá identificado, porque si algo prima en este libro de Irene es, sin duda, que los escritos tocan prácticamente todas las emociones humanas.

    Trifulca en la azotea es un libro diverso, cercano y escrito con una sencillez que hace que su lectura sea tranquila agradable y plácida.

  • Sodio, de Rebeca Tejedor (Ed. Platero, 2022)

    Sodio, de Rebeca Tejedor (Ed. Platero, 2022)

    Después de haber leído y releído Sodio, he llegado a la conclusión que voy a hablar poco de Sodio, porque creo que no le haría justicia, y lo mejor que podría deciros es que leáis este libro, porque de él se aprende, con él se siente, se llora, se teme, se vive, se explota, se cede.

    Crudeza, belleza, vida y dolor. Sodio nos abre las puertas a una intimidad herida pero valiente, a una fuerza innata que se coloca frente al espejo y se atreve a seguir e insistir, aunque se sienta en pedazos, porque, aunque sea en pedazos, sigue siendo. Y sabe que ha de ser.

    Carente de género literario, casi me atrevería a decir que Sodio es un género en sí mismo, este libro es un camino vital con todas sus vertientes, desde el ámbito emocional. Sodio duele; despierta un llanto amargo que se oculta en la garganta, porque el sol brilla fuera, más allá de esta sala fría, y los días se siguen sucediendo sin pausa, y quizás no es el momento para que salga, pero ahí está, clavado como la flor que se deshoja antes de tiempo, pero que nunca llega a perder el último pétalo.

    Sodio, de Rebeca Tejedor. (Ed. Platero)

    Desesperanza y esperanza se dan mano de una manera muy sutil, mostrando debilidades y a su vez coraje, aunque todo con un fino velo de desconcierto, que hace que una busque en las profundidades de su propio seno, la propia identidad antes de que se desvanezca.

    Trato de recomponer el fuego con las astillas dispersas, pretendo hacer que sobreviva la llama sobre un manto de agua dormida.

    A lo largo del libro a veces aparece una ventana a un pasado, a un tiempo lejano; como si revivir esos tiempos fuera una manera de, o bien aferrarse a la vida, o bien recordar y revivir lo que una ha sido o vivido, antes que se olvide del todo. Es una manera, en cierto modo, de saber que esa vida sigue en algún lugar, aunque haya cambiado el paisaje y el aspecto. Esa vida sigue ahí, aunque quizás esté algo dormida y sujeta por otras manos.

    Sodio es una palabra que no se nombra, pero que se clava; y una vez el lector ha descubierto esa cabeza de hormiga, el libro se convierte en un mar, en un oleaje de subidas y bajadas, en un ir y venir entre sillas naranjas y líquidos que se cuelan en el ánimo hasta empaparlo.

    Vuelvo a casa con el cuerpo lleno de líquido y un encuentro de almas que me hace pensar que hay algo más que carne en esta vida. Aprovecho para llenar el estómago antes que la propia boca me lo prohíba. /Tengo la cara cuarteada, las manos cruzadas y el pecho abierto/.

    La dicotomía negro-blanco se abre paso como emociones transitorias que no dejan de repetirse, como la vida misma. Todo es un vaivén sensitivo y emocional, que empieza siempre en el impulso de decir sin decir, pero diciendo todo con palabras veladas, preciosas metáforas, hirientes espadas que a veces se tornan de seda y en lugar de herir, acarician el alma, porque a veces la fuerza decae, y es entonces cuando es más necesario acariciarla, aunque sean las propias yemas las que lo hagan, o una mirada tras una bata blanca.

    El viaje me está resultando más intenso de lo que pensaba desde que empezó el trayecto tengo las profundidades del mar Egeo sobre las córneas y todo su absoluto velado en negro se me desborda. Mi absoluto es la cabeza de la hormiga, lo relativo es que ella vive y yo no estoy muerta.

    Rebeca Tejedor

    A veces, Sodio se intuye como una necesidad, para que pueda al fin vaciarse y dejar de ser sólo huesos; para soltar aquel peso negro que que cuando rueda siento su cosquilleo, pero nunca me río.

    /Camino en círculos sobre mi pecho, veo a Octubre deshecho entre mis pulmones, tengo un grito en los labios, pero ya no hay aire…/

    Son momentos concretos que responden a instantes que despiertan impulsos que han de soltarse, y lo hacen con una extrema sensibilidad y con hermosas imágenes que dejan un sabor a sal en la garganta; cosas tan propias del estilo de Rebeca que la hacen absolutamente inconfundible.

    Sodio es beso en la herida y sal en la cicatriz. Amarse a una misma a pesar de no sentirse (entera), como un amanecer que no encuentra el sol, aunque el calor empieza a hacer mella en la piel y la mirada.

    La fragilidad se muestra sobre el manantial de las venas que fluyen apartadas del riego para ser agua: tus ramas enredadas, mis hebras sueltas: tus nidos espesos, mis cantos vacíos. El mundo ha sido retenido en un suspiro…

    Sodio es la crudeza y la belleza; belleza que nos llega por ese lirismo delicado y mágico que escapa de la pluma de Rebeca sin apenas haber sido pensado o retocado; una vivencia que nos lleva al ámbito más íntimo de Rebeca, con su particular oleaje emocional y esa esencia de salitre.

    Exhalo, escribo y huyo. No quiero el aliento que bajo sus párpados trae dos ojos muertos.

    Sodio es uno de los libros más especiales que ha caído en mis manos. Aunque no lo parezca, la autora se abre en canal para mostrar su heridas más profundas, las que gritan a pleno pulmón con una voz que susurra, de manera casi imperceptible, pequeñas esperanzas en las que no se tiene demasiada fe, pero se quiere creer.

    Es un libro que se tiene que leer, despacio, con el pecho abierto, sintiendo en la piel cada aguja, cada destello de luz brillante y cada anochecer silente. Sodio es un libro magistral que marca un antes y un después en la trayectoria de Rebeca Tejedor; sin duda alguna, la autora ha cedido a sus impulsos más personales para regalarnos un libro que no deja indiferente a nadie, que atrapa para no soltar.

    Rebeca Tejedor vive en Madrid y es Sensei de poesía japonesa, poeta y redactora y editora de la Revista Abierta de Poesía Poémame. Con una escritura sensitiva e impulsiva, publicó su primer poemario en el año 2017, La esencia está en el aire. Cinco años después, nos sorprende y nos gana con Sodio; un libro que tardó años en tener la forma definitiva y, sin duda alguna, un libro que recomiendo indiscutiblemente.

    ¡IMPORTANTE SI VIVES EN MADRID O ALREDEDORES!

  • Barba azul, de Raquel Cané (Ed. Liliputienses)

    Barba azul, de Raquel Cané (Ed. Liliputienses)

    Hoy tratamos dos libros en uno. Por un lado, un poemario ilustrado; por el otro, una ilustración poemada. La autora es Raquel Cané, (Santa Fe, Argentina, 1974), diseñadora gráfica por la Universidad Nacional del Litoral, ha diseñado las revistas Humor y Sex Humor en La Urraca, asistido la dirección de Arte de Rolling Stone y dirigido el Arte de Ediciones B, Argentina. Desde 2001 ilustra y diseña de forma independiente portadas de libros para Random House Mondadori (Argentina y México), Lo que leo, V&R editoras, Capital Intelectual, Jus, Malpaso y La brujita de papel, entre otros…

    Este libro es una novedad de Ediciones Liliputienses, con él se inaugura la colección de Poesía ilustrada. No penséis que por ser un libro ilustrado, es un libro exclusivamente para niños, aunque cualquier niño puede acercarse a él. En Barba Azul, Cané logra combinar poesía e ilustración creando un nuevo idioma de comunicación entre la autora y los lectores y lectoras. Una historia que comienza con un ogro

    Hubo una vez un hombre que necesitaba una esposa.

    Hubo una vez una mujer que necesitaba un abrigo.

    ¿Y el amor? No sabía, sí conocía la carencia

    que domina a la princesa en una relación no igualitaria

    Todo lo mío será tuyo si no lo cuestionas, dijo él.

    Ella no tenía más que ofrecer que hacerlo feliz

    y que nos transporta a los clásicos cuentos infantiles. El final, bueno, eso os lo dejo a vosotros y vosotras.

    Las preguntas abundan, se pueden sentir en el viento.

    ¿Dónde conseguirlo? Aquí

  • Si em preguessin els àtoms, de Marc Freixas (El Petit Editor, 2020)

    Si em preguessin els àtoms, de Marc Freixas (El Petit Editor, 2020)

    Aquest poemari, que va veure la llum el passat Juliol de 2020, es mostra dividit en tres parts amb títols molt clars, que marquen el camí cap on ens duran els poemes. Només amb un cop d’ull, ens podem fer una petita idea que aquí trobarem foscor, però també llum i, com no, una cosa força habitual en la poesia d’en Marc Freixas, amor per la llengua i la terra. Però anem a pams.

    En línies generals, la poesia d’en Marc és una poesia viva, extremadament lligada als sentiments, a les emocions, al món interior. Sovint, els seus versos són finestres cap a un mateix, i això la converteix en una poesia profunda i intensa, que sap tocar precisament aquella tecla tan íntima i fer florir, així, les emocions més privades.

    En la primera part, Si em troba la foscor, l’autor ens acosta a la part més fosca, tan necessària a vegades per tal de trobar la llum:

    De vegades és necessari penetrar la pròpia llum que ve de dins per arribar a descobrir on s’amaga la foscor.

    Ens convida a fer un viatge interior, a través de les ombres que sovint ens poblen, però ens estén la mà de la tendresa; ens exposa, de manera directa, els temors i la tristesa que la foscor sol portar implícits. L’amor a les paraules, tan present en els versos del Marc, és el que ens pot ajudar a trobar el camí cap a la llum, la poesia, perquè el Marc creu en la poesia com allò que pot canviar-ho tot:

    Però també llegeixo sovint,

    i llavors la meva ànima

    s’eixampla i se’n va del cos,

    i després quan torna,

    ho fa tot per fer-me saber

    que és una mica més eterna.

    És una foscor dolorosa i intensa, que pren tot allò que deixem que ens prengui. El dolor, des d’aquesta foscor interna, és més intens, és més afilat, i així ens ho mostren els poemes que configuren aquesta primera part del poemari: poemes que traspuen tristesa, poemes que deixen ferida.

    Tanmateix, la foscor és part de la vida, i això l’autor ho sap, com sap que conviure amb ella és, de vegades, l’única manera d’arribar a convertir-la, mitjançant les paraules, l’amor o la tendresa, en aquella llum que s’amaga i que només cal saber trobar, en certa manera, en soledat; en un mateix. Perquè moltes vegades, si no la majoria, la foscor esdevé un viatge que cal fer en soledat, acceptant, sentint, i descobrint que al final, un serà capaç de trobar aquella tendresa, aquella claror, que ens han de ser amor i vida.

    Si no t’esperes,

    la llum fosca

    voldrà tenir-te.

    Només vull rebre’t

    amb la mà estesa…,

    amb la mà oberta, preparada,

    fins obrir la llum clara.

    Arribar al paradís

    després de tot.

    Una primera part consumida per la tristesa i el dolor. Tanmateix, el poeta sap, malgrat que potser ara no les pugui trobar, que hi ha aquella llum brillant que ens porta l’amor i la poesia, i sap que per arribar a aferrar-la amb tota l’ànima, s’ha de caminar per la foscor, per fer-la nostra, saber que és dins i anar a cercar-la. Encara que la derrota sembli eterna, la lluita no és acabada encara. Dins de les paraules, dins d’una mirada, en la bellesa intrínseca de les coses, en una mà estesa, també es pot trobar aquella llum que tanta falta ens fa per trencar el malefici de la tristesa i la soledat.

    La segona part, Si em ve la llum, inicia amb la idea que a través de la creació es pot arribar a sortir de la foscor; i qui diu creació, per extensió, també diu també poesia..

    Un to més esperançador se’ns obre en aquests poemes. Canviem la soledat per la companyia, la foscor per la lluentor. Ens adonem que veient, sentint i valorant les coses petites, també podem trobar aquell raig de llum que sovint creiem que ja no existeix. Són dues cares de la mateixa moneda, la foscor i la claror, la nit i el dia, el plor i el somriure. Dos antagonistes, i ambdós, tan protagonistes de la vida.

    M’agrada que siguis

    la casa, la bellesa, l’amor

    de la paraula per tots els poemes

    que busca, tossudament, la llibertat.

    Portada de Si em preguessin els àtoms, de Marc Freixas, il·lustrada per Grifoll.

    Saber-nos vius és, en certa manera, la raó per la qual no hem d’abandonar la lluita; saber-nos vius en el poema és la raó de fer-nos seguir en vida per aquest camí tortuós. Retrobar la màgia de la poesia, l’amor més pur, el ser conscients que som sabedors del secret dit a crits i vers a vers: que hi ha llum en la poesia, que hi ha llum a la vida, però que per arribar-hi, sovint hem de travessar els camins emocionals i vitals més foscos.

    Però retrobar

    també és tornar de l’amor,

    no només amb les paraules.

    En contrapunt a la part anterior, a la foscor, aquí trobem vers més lluminosos; si bé hi ha un cert vel gris, els poemes que configuren Si em ve la llum, deixen una petita marca d’esperança a l’ànim. L’amor (l’amor a la mare, la matriu d’aquest poema -un dels poemes més preciosos del llibre-, al pare, als fills, a l’art, a la vida) se’ns mostra com un origen, un camí, un recolzament a l’hora d’anar passant els dies. L’amor i la tendresa (i la poesia), pilars tan fonamentals per a nosaltres, se’ns mostren de manera subtil i delicada, i ens omplen l’esperit i la fe.

    La tercera part, Si em pren la meva llengua i la meva terra, em porta inevitablement, a la part més humana de l’autor, les seves arrels, la seva identitat, representada per una llengua, la seva llengua i la seva cultura

    He de parlar-te de viure.

    He de parlar de tu,

    llengua meva.

    Estima tota la poesia

    i abraça-ho tot.

    i la seva terra

    Però estimo aprendre cada dia a parlar

    amb la gent de prop de casa,

    que és la gent del meu poble,

    la gent de les arrels.

    És una tercera part intensa on, d’alguna manera, s’uneixen la foscor i la llum per retrobar la veritable essència del que som. El que ens fa ser és la identitat, i això ens ve donat, en part, per la cultura d’una terra i d’una llengua que és la nostra; en Marc ens parla de la seva essència, les seves arrels, el seu origen. El vol cuidar, preservar, protegir i estimar. Tanmateix, l’estima i la passió que l’autor desplega en aquests poemes duu un subtil vel de tristesa i de rebel·lia que es contagia i encén l’ànima del lector: tots tenim una terra i una llengua, i tots som part d’una cultura que ens fa ser com a poble.

    Però si hi ha un sentiment que a mi m’omple en aquesta tercera part de Si em preguessin els àtoms, és l’amor; és cert que l’amor és molt present en la poesia d’en Marc, però la força amb què l’autor ens parla d’aquesta identitat és la força d’un amor incondicional amb un bri de preocupació i desesperança.

    Som batec i som amor.

    Som la casas plena

    i la metàfora per dir.

    […]

    Qui vetllarà per salvar-nos

    de la mort de la cultura?

    Qui estimarà la poesia?

    però ai, que tampoc no hi manca cert esperit de lluita, sa i valent, per la salvació d’un poble i tot el que un poble com a tal significa:

    Salvar la llengua.

    No només per parlar-la,

    no no´mes per escriure-la.

    Salvar la llengua,

    com d’un futur que ens ve

    per alliberar-nos.

    En Marc Freixas és un poeta que estima les paraules, que creu en la poesia i el poder de les lletres per fer una vida millor, tant a nivell individual com a nivell col·lectiu. D’aquí que, en els seus poemes, el respecte cap els mots i la poesia és absolutament innegable; i això, en aquests temps que corren dins del món de la poesia, és totalment preciós i d’agrair.

    La senzillesa i la tendresa, l’amor i la poesia, són aquelles coses que poden arribar a salvar-nos d’una caiguda irremeiable; potser és dins nostre la sortida… La poesia d’en Marc és una branca on aferrar-se quan la vida ens tanca els ulls de tanta obscuritat al voltant.

    Si em prenguessin els àtoms és el seu cinquè poemari, i té la fortuna de comptar amb el pròleg de la Laia Llobera, l’epíleg d’en Jordi valls i una meravellosa coberta de Grifoll.

  • Fungifuturismo de Jimena Jurado (Ed. El transbordador)

    Fungifuturismo de Jimena Jurado (Ed. El transbordador)

    Jimena Jurado © Ed. El transbordador

    Jimena Jurado, Cuernavaca, Morelos, 1991. Es autora del poemario Fungifuturismo (2022) y Confín de nadie (FEDEM, 2018), obra ganadora del certamen de publicación de obra inédita del Fondo Editorial del Estado de Morelos 2018. Participa en la antología poética Desde el contorno (Ediciones Simiente, 2019). Cursa la carrera de Escritura creativa. Fue becaria en el programa Under the volcano 2019, en la Master Class de David Huerta. Su ventana virtual es The PoemTube (YouTube, IG y TikTok). Forma parte de Librosb4tipos, colectivo que visibiliza el trabajo intelectual femenino.

    En este poemario cohabitan organismos atravesados por el contagio. Un patógeno comienza a extenderse por México, en busca de distintas especies vivas que garanticen su existencia. Su depredación provoca en ellas quiebres inesperados, cambios de visión, delirios. Una voz huésped los altera, los distancia de sí mismos, pero los une también: el Fungifuturismo.

    Por medio de la intertextualidad y la apropiación, este poemario está dividido en cinco partes, puesto que una está subdividida en dos secciones:

    1. La carne que palpita (parte 1)
    2. ¿Sueñan las hormigas con amantes fotosintéticos?
    3. Los colores que cayeron de los tallos
    4. La noche en que las tumbas florecieron
    5. La carne que palpita (parte 2)
    6. La piel de la palabra

    Jurado nos seduce y aterra con una distopía micótica, con ecos de un gótico botánico. Su lectura coincidió con mi visionado de una serie que tiene mucho en común con el poemario: Station Eleven. Fungifuturismo es un juego lingüístico donde la biología, el contagio, los recuerdos, el futurismo y el amor juegan un papel principal. Fungifuturismo integra un diálogo entre lenguaje científico, la voz propia de poetas de siglos pasados y refranes, canciones, juegos infantiles… Esta mezcla se une en una voz colectiva para formar una horda, una poética zombi que nos devora… y solo hay un antídoto: lo tienes aquí.

    «Primero fueron las hormigas, después
    las flores, luego: la osamenta:
    muertos de alma y hueso.
    Personas cuyo nombre ya había sido besado por las larvas.»

  • Celajes de la noche: Poética para un poeta

    Celajes de la noche: Poética para un poeta

    Luis Gilberto Caraballo

    Paul Auster, el cineasta y escritor estadounidense expresó: “La experiencia del poema no reside en cada una de las palabras, sino en la interacción de esas palabras, la música, los silencios y las formas”.  Se podría decir que Luis Gilberto Caraballo (Caracas, 1962), adhiere su praxis poética a esta máxima de Auster. En su obra poética de más de tres décadas, Caraballo muestra la interacción de las palabras a través de imágenes muy elaboradas; sabe qué la poesía es música, eufonía; aprecia el silencio o los silencios como contrapeso de las palabras; y cultiva las diferentes formas de expresión poética.

    Esto es lo que vengo a señalar en la reseña de su último libro publicado por la Sultana del Lago, Celajes de la noche (2022). Desde su título hay un juego o interacción con las palabras. Celajes son esas nubes tenues en el cielo pero en este título aparecen en la noche.

    En el lanzamiento virtual de Celajes de la noche, el 13 de febrero de este año, el propio Caraballo asigna valores simbólicos a estos términos, denotando la importancia de la interacción de las palabras en su poesía, como diría Auster. En ese lanzamiento y en esa entrevista con el editor del libro Luís Perozo Cervantes, el venezolano define el celaje como y cito: “un rapport, una conexión, un resplandor, un soplo”. Y apuntaba que la noche es de gran significado en el proceso creativo y que entendió esta importancia desde niño cuando visitó las ruinas mayas en México.

    Así pues Celajes de la noche, es para este autor “un rapport, una conexión, un soplo, un resplandor”, que él siente en la noche, que es tiempo privilegiado en su poesía para la creación. Algo que he visto en mis lecturas de su poesía a lo largo de año y medio.

    Citaré fragmentos de poemas de este maravilloso libro y los relacionaré con la poética de este autor. En el poema que abre el libro, “Celajes del mirar”, escribe: “Veo en la noche/celajes del canto de una memoria/boscosa, me persigue con los pasos”. Ya en estos exquisitos versos, Caraballo introduce el símbolo de la noche. También el tema de la memoria que es tan importante en su poesía. Para este escritor, la poesía es, entre otras cosas, memoria de algo trascendente que él intenta recordar, asir, plasmar por medio de la palabra. Y se ve en estos versos la importancia de los símbolos de la música. De hecho, en esa entrevista con Luis Perozo Cervantes, Caraballo definió la poesía “como una variante más de la música”. Es importante señalar que este prolífico escritor es, además, pintor y sabe música.

    Continúa el poema “Celajes del mirar”: “No siempre puedo ver todo/si se alza la mirada entre la/arboleda son algunas/de las hojas las que alcanzo./Si escucho las voces en el pasillo/del silencio./Si encuentro un jardín en aquella/nube abandonada, quieta en lamento”.

    Se puede ver ya en el poema que abre este libro la poética de este autor: el juego o la interacción con las palabras, la transmutación de esas palabras en símbolos o imágenes, la importancia de la música y el silencio en su lírica.

    En otro poema, “Atenazado de voces” se puede observar la brillantez de la imagen en la poesía de Caraballo. La concepción de la imagen en este autor venezolano ha llamado la atención de Antonio Miranda, de Juan Ramón Jiménez Sánchez, que habla de su imagen como rizoma, y de Gabriela Moreno, que ha visto su imagen como caleidoscopio o mosaico. Este autor engarza imagen con imagen como puede verse aquí: “Atenazado a las voces,/como solo el árbol a la medianoche/oye el murmullo de la savia/entre sus ramas, el Arpa/del viento sopla/sinfonía de nubes./Las hojas desnudan a la luna verde/risueña cuelga”. Crea casi una pintura con sus palabras.

    La importancia de la música en la poética de este autor se puede ver en su poema “Inhalo de todos”. En él alude al jazz, al joropo venezolano, al tango, al blues. Ya dejé sentado que Caraballo sabe de música pero hay que recordar que hizo estudios en el prestigioso colegio Emil Friedman de Caracas que daba un gran énfasis a este arte.

    Por otro lado, y con referencia a la importancia de la música en este libro, Caraballo escribe poemas o bien con un juego lúdico con las notas musicales o un poema dedicado al trinar de las aves. La música, el sonido, la eufonía son piezas imprescindibles en la poética de este autor.

    Citaré también un poema dedicado al silencio. Como Auster, como Caraballo, veo al silencio como un espacio entre las palabras que existe tanto para el lector como el autor. Expresa en “Celajes del silencio”: “Hay veces que miro/al silencio y busco/alguna puerta,/y busco en el aire/en la brisa anida en mi piel/Busco en la lluvia, en las gotas y el columpiar/alguna llave./Miro el celaje,/Otra vez el silencio dormita”. Qué poeta tan refinado que como Art Garfunkel y Paul Simon busca “The Sound of Silence”. No sólo lo qué hay detrás de la palabra sino lo que hay detrás o dentro del silencio.

    Finalmente, quiero aludir a la tercera sección de este libro titulada, “Celajes del tiempo”. La imagen principal que surge en esta sección es la mula verde. Tal como explicara Caraballo a Perozo Cervantes, la mula verde puede ser símbolo de la esperanza, la naturaleza, la paciencia, la tenacidad, el proceso creativo, el tiempo mismo, añadiría yo. Quizás esto tiene que ver también con la forma de la que hablaba Paul Auster. Dar imagen, forma a una idea: “De dónde vienes/mula verde si traes/los pergaminos de Ramses/sobre el lomo, se ve a Guiza/esculpida/rota en su imperfección”.

    Con este poema, este escritor venezolano no sólo da sentido al concepto de la forma sino que también apunta a algo muy propio de su poesía, a hacer un vínculo entre el presente y el pasado; tender ese puente que une a su poesía con el origen de esta, que ve en la poesía de Egipto. Un poeta que es tan venezolano como universal. Y está anclado tanto en las vanguardias poéticas de Latinoamérica y Europa (sobre las cuales demuestra un gran conocimiento) como en la poesía más antigua.

    Celajes de la noche es pues un libro con gran brillo en la imagen y la metáfora, con alusiones musicales, pictóricas e incluso arquitectónicas, como Guiza. Trae muchos de los símbolos de la poesía de Caraballo, símbolos con los que ha trabajado por más de treinta años como escritor. Trae la elaboración con las palabras, la música, el silencio y las formas. En este sentido y de acuerdo con Paul Auster, y con mi persona, trae la mejor poesía.

    ©️ Luis Gilberto Caraballo, Celajes de la Noche. Edición La Sultana del Lago: Maracaibo, Venezuela, 2022.

    Este libro se puede conseguir en Amazon.com.

  • Hematoma de Mónica Hernández (Ed. Liliputienses)

    Hematoma de Mónica Hernández (Ed. Liliputienses)

    Mónica Hernández (Guadalajara, México, 1994) es Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Ha publicado sus textos en algunos fanzines y revistas como Pliego 16, de la Fundación para las Letras Mexicanas, Metrópolis y La Cigarra. Le gusta caminar sin rumbo y tomar fotos de naranjas en la calle para postearlas en @poemasnaranjas. Siempre lo necesariamente perdida.

    Hematoma es un poemario que contiene 19 poemas, cuyas voces provienen del universo cotidiano y particular de Mónica Hernández, así como de las voces de sus autores favoritos: el historiador de arte y ensayista francés Georges Didi-Huberman, el poeta, dramaturgo y crítico literario británico-estadounidense T.S.Eliot, que representó una de las cumbres de la poesía en lengua inglesa del siglo XX y el cuentista y poeta estadounidense Raymond Carver, considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Incluye una foto y diversas tipologías textuales como en El mundo.r.e.l.u.c.i.e.n.t.e, resiste. Así como mezcla el inglés y castellano en diversos momentos.

    Este poemario es un ejemplo más de la novísima poesía lationamericana que llega a nuestro país de la mano de Ediciones Liliputienses en su colección Proscrita.

    Scrolling (V2)

    La pantalla parpadea

    con miles de ventanas

    abiertas y sólidas.

    Expectantes de algún suicida
    que desee
    pararse,

    jabonosamente sudoroso,

    en el borde, y caiga

    dentro.

    No quiero estar ahí si te matas.
    Sigo scrolleando.

    Veo plantas en los balcones,

    suculentas que ahora
    son enredaderas en mi panza.

    Ahora no son intestinos,
    son suculentas que ahora son
    enredaderas.

    Se enrollan en mí porque la
    semilla germinada de sandía
    a los 12 años,

    cuando supe que mi abuelita iba a morir.


    Las plantas
    ya no caben porque
    mi piel las riega
    todos los días.

    Ya no las riegues,
    crecieron
    y me salen por el ombligo.

    Conectan las
    ventanas con sus ramas,
    sin ninguna lógica

    como sillas plegables.

    Las desdoblo poco a poco,
    son servilleta bordada,

    y por sus vidrios veo
    casas, piscinas y paisajes montañosos.

    La gente que ahí vive quiere entrar.

    Es una pantalla, tontos. Ni siquiera existen. 

    Prueben por la puerta.

    No quiero estar ahí.

    Sigo scrolleando.

    Hay películas reproduciéndose
    en las ventanas.

    Aumentan exponencialmente

    y ya no me hacen llorar.
    Hitchcock no es el mismo,

    dice el profe de Rawson.

    Arrojó una semilla y mi cerebro es
    tierra fértil.

    Sigo scrolleando.

    Entre advertencias de virus,

    tocan la puerta.

    No sé quién es, pero 

    podo poquito la enredadera para estar presentable.

    Apago la pantalla,

    y las ventanas líquidas
    se diluyen.

    No pensé que encontrarían la puerta, les digo.

    Las películas están arruinando mi vida, les digo.

    And then we drawn.

  • Cueva de Thánatos, de Carmen Pérez-Seoane Cullen (Ed. Opera Prima)

    Cueva de Thánatos, de Carmen Pérez-Seoane Cullen (Ed. Opera Prima)

    Cueva de Thánatos hace pensar inevitablemente en la muerte; Thátanos, dios griego de la muerte no violenta. Y a medida que me he ido adentrando en el poemario de Carmen, me he dado cuenta que, en cierto modo, podría ser un camino a la cueva de Thánatos.

    Es un gran pequeño poemario que contiene poemas y pequeños retales de textos en prosa, que destacan por su profundidad. De hecho, me atrevería a decir que es un libro emocionalmente reflexivo.

    En esas letras encuentro el análisis emocional del dolor, a través de la voz de una mujer profundamente herida, pero que ha aprendido a convivir con esas heridas. Con cierta inquietud desconcertada, (que vemos en las numerosas y acertadas preguntas sin respuesta que pueblan el poemario), con la aceptación del camino que le toca recorrer; podrían ser las limitaciones humanas ante la fuerza de los sentimientos y los recuerdos, y esas limitaciones nos llevan a aceptar ese dolor, pero casi por obligación, con cierta resistencia que se canaliza a través de estos textos y poemas.

    La memoria es un notario implacable que recuerda fechas, sentimientos, aconteceres…

    -Nos resistimos

    Como reza este verso del poema Nos resistimos, no podemos huir de lo que nos configura, de lo que puebla nuestra casa, la memoria, los recuerdos… siempre aparecen en algún momento.

    Cueva de Thántos, Carmen Pérez-Seoane Cullen

    En el poemario de Carmen se nos hacen muy patentes el desamor, la ausencia, y los recuerdos o el olvido, y en cierta manera están asociados a la muerte; caer en el desamor es como ir lentamente hacia una muerte tranquila, aceptada, resignada:

    desamorada me voy por el camino del morir

    -Desamor

    Me parece maravillosa la manera en que Carmen profundiza en el dolor y los sentimientos; como desgrana esas emociones para hacerlas llegar más allá de nuestros ojos; sentimos el dolor, sentimos el desconcierto, sentimos el miedo, sentimos la pena. La conexión que se crea entre los poemas y el lector es impresionante, gracias a la intensidad de los versos, a la austeridad de sus palabras, que lejos de sonar rimbombantes, son directas, claras, transparentes.

    Esta idea la veo reflejada magistralmente en los versos finales de Hipótesis:

    Cuando vuestros bisturíes

    hayan diseccionado la vida

    tendréis en vuestras manos el enigma

    que nos hizo vivir

    ¿Con qué sustituiréis la vida?

    Una lee estos versos e inevitablemente siente ese temblor frío mezcla de miedo y realidad, y se da cuenta que este poemario está lleno de sentimientos que son verdades, y quizás por ello es capaz de atravesarnos de esta manera.

    Carmen, en este poemario, nos muestra la madurez y la profundidad de sus letras. El arte de saber plasmar y traspasar emociones, heridas; una manera de afrontar la vida.

    El claro poder de los sentimientos, la firmeza humana que a menudo por ello se debilita, la vulnerabilidad para vencer las emociones y, a su vez, la fortaleza de enfrentarse a ellas con aceptación.

    Quisiera terminar esta reseña con el poema Tristura. Quizás no sea el poema que resumiría toda la temática de todo el libro, pero creo que es una clara muestra de la intensidad, la profundidad y la belleza que sí son un resumen de Cueva de Thánatos.

    Ya no me siento yo:

    me sientes tú

    ¿por qué nacemos de dar muerte

    a quién nos engendró?

    Inexperto cirujano

    que rajo al mundo

    este hoy

    en un doloroso parto

    con el pasado:

    sólo se hace el futuro

    sobre el cadáver del presente:

    no hay espejo

    que no refleje

    pasado o futuro

    Presente inexistente

    de recuerdos

    configurado

    de premoniciones

    que buscan como intérpretes

    al protagonista

    que vivió la relación

    que ahora autoriza

    cuando el latido seco

    entona la queumbre

    de una tristura

    de deshamor

    hecha

    voz

    Carmen Pérez-Seoane Cullen es una gran pintora consagrada y amante de la cultura. Natural de Vitoria, estudió Bellas Artes en Madrid. Algunas de sus obras han sido la portada de sus libros. Cueva de Thánatos es el sexto libro que publica con la editorial Opera Prima.

  • Auriculares para Ulises de Ingeborg Robles, (Valparaíso ed.)

    Auriculares para Ulises de Ingeborg Robles, (Valparaíso ed.)

    © foto: Ruthe Zuntz

    Ingeborg Robles es una escritora de nacionalidad alemana y española. Creció en contacto con dos grandes ríos, el Guadalquivir de Sevilla y el Rin de Bonn, y dos mares, el mar del Norte de las islas Frisias y el océano Atlántico de Cádiz. Estas vivencias de un mismo elemento natural con expresiones tan diversas han marcado la evolución de su forma de pensar.

    Ha obtenido un Master of Philosophy in European Literature de la University of Oxford, Queen’s College y un Doctorado en Filología Alemana de la Rheinische Friedrich-Wilhelms-Universität Bonn con una tesis sobre Thomas Mann. Ha estudiado Escritura Creativa en la University of Virginia con John Casey y Deborah Eisenberg. Tras unos años en Londres y enseñar literatura alemana en Oxford, se trasladó a Florencia, donde vivió durante ocho años al lado de la casa natal de Carlo Collodi, dedicada a publicaciones de diferentes géneros literarios. Desde el año 2014 vive en Berlín donde está activa en la escena literaria hispanohablante como autora, traductora y organizadora de eventos culturales.

    Escribe poesía y prosa en alemán y español. Con Auriculares para Ulises ha sido finalista del premio de Poesía Pedro Lastra, del Premio Hermanos Argensola, del Premio Internacional De Poesía António Salvado y del Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro. Auriculares para Ulises se publicó en 2021 por Valparaíso Ediciones.

    En 2021 el Senado de Berlín le otorgó la “Beca de investigación artística”.

    Auriculares para Ulises es un poemario que consta de 31 poemas divididos en cuatro secciones con un prólogo y un epílogo. La atrevida poeta Robles refuerza las voces de la tradición de manera irónica e irreverente como una sardónica Santa Hildegarda de Bingen (una alemana Teresa de Ávila) que discute con un Tomás el Oscuro en un diálogo fulminante, o un Kavafis o Pessoa que de repente interactúan con la vida cotidiana. Las heroínas mitológicas, así como las mujeres desconocidas de los clásicos, reclaman su presencia, mientras sirenas transforman su seducción en desafío. Un desafío que Ingeborg Robles también plantea a sus lectores y lectoras. Ella misma se convierte en una de sus osadas sirenas para fundir misticismo con humorismo filosófico y sorprende con giros audaces y salpicones copernicanos que reflejan la dinámica complejidad de una realidad tan inmediata como histórica. El sujeto, y aún más el sujeto femenino, se crea y recrea en cada instante mediante un lenguaje renovado y un pensamiento parasítico y subversivo.

    HELENA LAVA LOS PLATOS

    Helena lava los platos

    Eurídice el sótano.

    Penélope cocina eternamente garbanzos 

    mientras Atenea se aburre 

    entre los frigoríferos abandonados.

    Ni siquiera Europa 

    tiene ganas de jugar por la playa.

    ¡Cómo cambian los tiempos!

    Su nombre, como su poesía, desconcierta. Una poeta y una poesía sin fronteras ni identidad y quizás, esa libertad (o tormento) es la que la hace más incomprensible para muchas personas: como su nombre, impronunciable para unos, y su apellido, para otros. Afortunadamente el amor y el humor de sus textos es lo que la distingue y los une.

    Si esperas leer un libro de poesía clásico, te has equivocado de persona. Pero si buscas a una escritora con una poesía irónica, irreverente, desafiante, seductora, mística, compleja, femenina, subversiva sazonada con una pizca de humor es lo que encontrarás en los versos de esta filósofa-filóloga-poeta que tan gratamente nos ha sorprendido.

    Reconozco que tras leer el poemario, me he quedado como la aufgewecktes eichhörnchen a la que ella hace referencia en su poema [ME GUSTARÍA VER]. ¡Ah!, ¿no lo entiendes?, pues haz como he hecho yo, busca su significado y verás cómo me he sentido en el momento de redactar esta reseña.

    ANSIA DE APERTURAS

    introduzco

    lentamente 

    mis dos

    dedos

    pulgar

    e

    índice

    abro la grieta

    suave y caliente

    entre las palabras

    la fijo

    con algodón en 

    los extremos

    algo 

    va a pasar

    algo siempre pasa

    no se asusten

    de los animales gemelos

    u otros pasajeros carnavalescos

    al borde de los caminos

    es sólo lengua

    lenguaje

    no pasa nada…

    Recuerda que, si has llegado hasta aquí, también puedes comprar el poemario aquí o en librerías y otros puntos de venta habituales.