Estaba escribiendo la reseña del poemario de Albert Planelles, La fortalesa del gram, cuando topé con el nombre de Marta Pérez i Sierra por primera vez. Ella era la autora del prólogo. Semanas después presenté una novela maravillosa situada en la época de la Generación poética Beat, del escritor mallorquín Josep Manual Vidal Illanes, Hereus de la penombra. Ahí conocí a uno de los responsables de la Editorial Gregal cuyos libros de poesía son muy interesantes y pensé que teníamos que reseñarlos en la revista. Entre medio una amiga me recomendó a Marta Pérez i Sierra, como «una poeta con una fuerza vital que deberías invitar al recital de #PoémameBcn», dijo, incluso me dio su correo electrónico. Todo lo anterior me llevó contactarla. Pérez i Sierra me envió un par de poemarios suyos y el destino hizo que fueran de la editorial Gregal.
Estaba claro que el destino se había confabulado para que conociese a esta poeta y por todo ello, decidimos entrevistarla y disfrutar de su vitalidad y de su poesía.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?
Aquest passat 2019 ha estat, literàriament parlant, un any ple de satisfaccions. He rebut dos premis literaris: el Premi Manuel Rodríguez Martínez – Ciutat d’Alcoi (2019) amb el recull Escorcoll (Ed. Del Buc) i el Premi de Poesia Agustí Bartra – Ciutat de Terrassa amb el recull Punta de plom que per Sant Jordi publicarà Pagès editors. En aquests moments em dedico a escriure i a organitzar activitats culturals. Tinc un blog 4lletres.cat en que recullo les meves activitats.
¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?
Quan era una nena llegia Federico Garcia Lorca. Després, amb 15 anys, em va fascinar la Generación del 27, sobretot Pedro Salinas. Amb 17 anys vaig començar a llegir poetes catalans, Vicenç Andrés Esteller crec que va ser el primer.
¿Cómo definiría a su poesía?
Vital. Vull que les paraules toquin al lector i que encomanin l’alegria de viure. Dir molt en poques paraules. Fugir de les obvietats.
¿Cree que la poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
Sí! I tant que sí! Escriure és un ofici i només pel fet d’escriure cada dia ja aprens i millores. Llegir, llegir molt. Dubtar i no tenir por a equivocar-te. Fent i desfent aprèn l’aprenent, diu la dita. En el meu cas, crec que he madurat, que ara la meva poesia és més sòlida. O almenys ho intento.
¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?
En el meu cas un poema passa per moltes fases, el treballo molt. És l’instint qui em guia. És com polir i tornar a polir. Arriba un moment que sento que ja està, que ja he dit el que volia dir. El que faig és connectar amb una part de mi que només existeix quan escric.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
M’agradaria ser màgica.
¿Qué lugar ocupa, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?
Son molt i molt importants. M’agrada escoltar i llegar poesia en viu. Em sento trobairitz. És comunicar al moment, crear art fungible.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc?
Tot el que sigui comunicar, difondre sentiments i opinions, establir vincles, em sembla perfecte. Una altra cosa és que el resultat es pugui dir literatura.
¿Podría recomendarnos un poema de otro/a autor/a que le haya gustado mucho?
Qualsevol poema del llibre I Déu en algun lloc de la poeta Sònia Moll. Recentment s’ha editat bilingüe per Godall edicions (Y Dios en algun lugar).
Us en regalo un:
La mare és petita
I tu no saps com créixer
per sostenir-la.
Fer-se gran, Sònia Moll
Mamá es pequeña
Y tu no sabes cómo crecer
para sostenerla
Hacerse mayor, Sònia Moll
¿Qué libro está leyendo en la actualidad?
La novel·la Ciutat de Mal (Angle editorial) de Jaume Pons Alorda. La novel·la Els Dits dels arbres (Bromera edicions) d’Anna Maria Villalonga i rellegint el llibre de poemes Boscana (Lleonard Muntaner Editor) de Laia Llobera. En el meu blog 4lletres.cat tinc una secció “T’he llegit” on acostumo a escriure 4 ratlles sobre el que llegeixo.
¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?
Que llegeixi molta poesia i que investigui. Que contacti amb les i els grans poetes vius i aprengui d’elles i ells.
¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
Per sort hi ha gent que s’arrisca per amor a la cultura i s’atreveix a editar poesia. La poesia té pocs lectors, però les editorials no es rendeixen i segueixen impulsant-la.
¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?
Si la poesia pot fer riure. El públic en general creu que un escriptor treu el millor que hi ha dins seu quan escriu des de la tristesa. I no és cert. Quan millor s’escriu és quan es té l’ànima en pau i s’està equilibrat, aleshores, l’escriptor utilitzarà el sentiment que li calgui en cada cas. I sí, la poesia també pot fer riure. Igual que pot provocar, escandalitzar, acaronar…
Muchas gracias Marta por haber accedido a la entrevista y por este último regalo sorpresa que nos haces, ¿nos lo puedes explicar?
Sí, Lizza i Vedettes són poemes del llibre «Gàngsters, ploma i vaudeville» i Àcid és el primer poema d’Escorcoll, un llibre que parla de dones a la presó.
LizzaVedettesÀcid
A vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado. Gracias por haber llegado hasta aquí.
Debido al COVID-19 hemos tenido que suspender el recital poético #PoémameBcn en su emisión presencial que debía celebrarse hoy 19 de marzo. Lo hemos substituido por #PoémameViral.
Durante una semana nos habéis estado enviando grabaciones con vuestros poemas y las hemos subido al canal de Youtube que tiene Poémame. También las podéis encontrar en Twitter bajo la etiqueta #PoémameViral.
Ya que hoy es el día previsto para el recital, esperamos que lo podáis disfrutar. Hemos decidido prorrogar una semana más la recepción de poemas. Para ello, tenéis que seguir las indicaciones que ya publicamos hace unos días en las páginas de la revista: #PoémameViral: Poesía contra el COVID19
La poesía vencerá al Coronavirus.
Gracias por vuestra participación y por ayudar a mantener la moral en alto.
El próximo 19 de marzo teníamos previsto celebrar una nueva edición de nuestros recitales #PoémameBCN. Como tantas otras cosas, la pandemia del coronavirus, nos ha obligado también a cambiar los planes.
Pero hemos decidido que no va a poder con nosotros, no con la poesía.
Si no nos podemos reunir para escuchar y recitar poesía, lo haremos de manera virtual.
Para ello, os proponemos que os grabéis recitando DOS poemas en la lengua que queráis y nos lo enviéis al correo electrónico poemameviral@gmail.com.
Publicaremos vuestras grabaciones en nuestro canal de Youtube y haremos un gran micro abierto, global y sin fronteras con la etiqueta #PoémameViral.
El texto del mensaje debería indicar vuestro nombre o pseudónimo y la ciudad/país de residencia. El tiempo máximo de la grabación debe ser de un minuto y medio.
Conocí al poeta argentino Raúl Cristián Aguirre en el micrófono abierto de una de las sesiones de #PoémameBcn de la temporada 2018/19 en el Raval de Barcelona. Allí recitó un poema a su madre, la escritora Hebe Monges, que le recitaba poemas del romancero viejo español antes de dormir y nos dejó a todos encantados.
Es hijo del poeta argentino Raúl Gustavo Aguirre (1927-1983), creador de la emblemática revista Poesía Buenos Aires y traductor de Rimbaud y Apollinaire.
Raúl Cristián Aguirre, autor de a Sívori se lo comieron los escorpiones (Ediciones en Danza) y Mamá y otros poemas (Caro Kann), se define a sí mismo como un hijo ilegítimo, inmigrante ilegal, poetiso y dibujador de dibujitos. Entre otras cosas.
Recientemente participó como poeta de habla castellana en el recital #PoémameBcn que tuvo lugar el mes de noviembre de 2019 en Barcelona.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?
Me fui a inscribir a dos carreras humanísticas, pero en la primera me dijeron que no me aceptaban porque me faltaba un documento, y a la otra llegué un minuto tarde. Entonces me apunté a Sistemas, que no sabía muy bien qué era, y terminó siendo casi la antítesis de la poesía: informática. Por unos cuantos años me dediqué a eso, tratando de “humanizar” todo lo que tocaba y no deshumanizarme en el camino. No sé si lo logré. En 2016 dejé todo lo que era computación y empresa y me metí de lleno a hacer lo que más quería hacer: nada.
Pero la poesía me viene a buscar siempre, y acá estoy, publicando mi segundo libro, recitando por los rincones, haciendo un espectáculo unipersonal poético-divulgativo, y escribiendo aunque me lleven los demonios, como quería Bolaño.
¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?
Mi primera lectura poética no fue una lectura: fueron los romances que me recitaba mi madre para dormirme. Me encantaba escuchar el del enamorado y la muerte, el del Conde Niño, el del prisionero. Supongo que uno no queda muy normal después de eso: se te pega el romanticismo y el ritmo poético, y sobre todo se descubre la capacidad de emocionar de la palabra. Aún hoy me encantan esos romances y cada vez que puedo los incluyo en algún evento. Después, no sé cómo llegué a enamorarme de Tristan Tzara, abanderado del dadaísmo, que es quizás la voz que reconozco conscientemente, junto con la de mi padre, Raúl Gustavo Aguirre (que es un poeta de culto en Argentina) como influencia, o como objeto de admiración, que no sé si es lo mismo.
Mis primeros poemas eran algo dadaístas, y generaban más hilaridad entre mis amistades que otra cosa. Todavía mis amigos me recuerdan uno que empezaba: “las ratas, las ratas / por favor nunca más”. A mí me parece bastante trágico, y quizás ellos coincidirían: una tragedia de poema. También cayeron en mis manos siendo muy chico Neruda, Óscar Hahn, Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, Ernesto Cardenal y tantos otros. En realidad te influencia todo: salís a la calle, escuchás a una vecina, una charla en el metro, y terminás impregnado con la cadencia de una frase. O con la letra de una canción. Todo el día estamos expuestos a versos que vienen en forma de casi cualquier cosa. El oído te sirve para intentar diferenciar entre lo bello y lo descartable, con acento en intentar.
¿Cómo definiría a su poesía?
No sé. Horrenda, supongo. En todo caso, veo que tiende a la síntesis, que es una cualidad que aprecio enormemente en todo, menos en el sexo. Igual, no sé si existe la poesía, como decía mi padre: existen los poemas. Y es posible que algunos poemas míos me gusten un poquito: pareciera que no los escribí yo.
Más que nada, les estoy agradecido, porque sin duda me hicieron la vida mucho más soportable. No sólo por la escritura: tener una mirada poética es quizás mucho más importante. Apreciar la belleza que está en todo, ver el milagro que somos. ¿Qué regalo podría ser mejor? Aunque mi hija ante esa pregunta seguramente respondería: “un iPad nuevo”.
¿Cree que el poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
Yo, entre otros oficios improductivos, también dibujo, y estaba muy preocupado porque no veía un estilo claro en lo que dibujaba. Hasta que David Pugliese, ese enormísimo dibujante, me dijo: mejor, el estilo te congela, te impide seguir avanzando. Después de eso, mi anhelo es no tener un estilo en la escritura tampoco. Ojalá tuviera el don de la plasticidad, como para encarar cada poema de una forma totalmente nueva, o ajustada a lo que el poema me está pidiendo decir. Que muchas veces, tampoco estoy seguro de anticipar. Quiero decir que eso es lo maravilloso: cuando uno escribe y no sabe adónde va el poema y el poema se revela y es mucho más bello, más inteligente y visionario que uno mismo. (Lo cual, en mi caso, no es muy difícil.)
¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?
Muy pocos poemas me parecen un círculo perfecto, inmejorable. Amo aquellos que fluyeron solos, al dictado, y no necesitan retoque. Por desgracia son los menos. Al resto, los abandono, como los pintores abandonan los cuadros, cuando siento que cada nuevo retoque lo empeora. Algunos necesitan reposo. A veces una palabra tarda décadas en llegar. Tal vez porque el poeta no había madurado lo suficiente. Mi segundo libro, “A Sívori se lo comieron los escorpiones” lo escribí en un 99% a los veinte años, pero lo publiqué recién ahora, y creo que le hice un favor eliminando muchos y retocando (apenas) algunos. Ese uno por ciento es importante. En todo caso, sólo me parece válido publicar lo que me emociona. Si no me dice nada a mí ¿cómo voy a esperar que le diga algo a los demás?
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
Yo recuerdo versos de poemas casi desconocidos, de poetas más desconocidos aún. Si alguien decidiera, entre billones de versos, recordar con amabilidad alguno mío, sentir que es calor o compañía o consuelo o una forma de amor, o incluso de furia si fuera inspiradora, eso me haría (acaso bobamente) feliz. Uno nunca sabe qué revolución puede empezar con una chispa, pero eso está en un segundo plano. Escribo porque no podría no hacerlo, es mi catarsis, mi terapia, mi espejo, mi brújula, mi pobre justificación. Y porque no sé tocar el piano.
También recuerdo que García Márquez decía que escribía para que lo quisieran. Supongo que yo también. Es lindo que a uno lo quieran. Y es tarde para aprender a tocar el piano.
¿Qué lugar ocupa, para un poeta como usted, las lecturas en vivo?
Antes que nada permítaseme anunciar que me divierte ser llamado “un poeta como usted”. Bueno, la lectura en vivo es la forma más directa (y antigua) de intento de conexión, y es enormemente placentera cuando esa conexión parece ocurrir. Ahora bien: creo que hay poemas que son más adecuados para una lectura silenciosa. Y muchos otros, lamentablemente, para ninguna lectura.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?
Bueno, son todas formas de llegar al otro. Y si alguien lee un poema significa que no está viendo un reality o un programa de chismes en la tele.
¿Podría recomendarnos un poema de otro autor que le haya gustado mucho?
Lo difícil es recomendar uno solo. Elijo uno de Manuel Bandeira, poeta brasileño, quizás por no ser tan conocido. “Estrella de la mañana” es un lamento desesperado que me encanta y me destroza. En una buena traducción, claro, si no, el destrozado es el poema. La de Rodolfo Alonso es de las mejores. Por cierto: Bandeira también es una influencia en mi escritura y ojalá se pudiera decir reconocible.
¿Qué libro está leyendo en la actualidad?
Leo de a decenas, indisciplinadamente y a trozos. Una biografía de Leonard Cohen (otro gran poeta) y las obras completas de Gonzalo Rojas. La pasión de los poetas, un hermoso memento del contexto de grandes obras poéticas. Libritos de poemas de Ferran Fernández y el último de Edgar Morisoli. Y relecturas, siempre: Borges, Cortázar, Jorge Wagensberg, Porchia. Entre otros muchos. Les dedico el poco tiempo que me queda después de ver los realitys y los programas de chismes en la tele.
¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?
Ya se los dio el gran Bukowski: no lo hagan. A no ser que no puedan evitarlo. Y que lean, que hagan mucho el amor y que coman aguacate, que es muy rico.
¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
Languidece con la poesía y parece floreciente con algunas obras que distan de ser, digamos, floridas. Pero el problema no es de la industria, es de nosotros, los lectores. Que miramos muchos realities.
¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?
Me gustaría que me hubieran preguntado cuál era la pregunta que me habría gustado que me hubieran hecho. Les hubiera dado una respuesta magnífica. Lástima.
A continuación podéis disfrutar de tres poemas de Aguirre elegidos por él mismo:
Muchas gracias Raúl Cristián Aguirre por haber accedido a la entrevista y por este último regalo que nos haces: un fragmento de tu unipersonal «Poesía, ¿estás ahí?«.
A vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado. Gracias por haber llegado hasta aquí.
Hace unas semanas, en el segundo recital de la temporada de #PoémameBcn, José Luis Regojo me obsequió con su nueva propuesta literaria, de la que ya tenía noticias y que esperaba con impaciencia.
David Sadurní y José L. Regojo
En este caso, y de la mano de Editorial Autografía, que también publicó su poemario Fronteras, José Luis Regojo (director de Poémame Revista Abierta de Poesía) junto a David Sadurní (Chef del restaurante Piccata de Barcelona), nos ofrecen una fórmula ingeniosa y entretenida que combina relatos escritos por Regojo con recetas explicadas por Sadurní. Recetas, dicho sea de paso, que hasta un inexperto como yo se atrevería a hacer, por la sencillez de la explicación y los consejos que acompaña.
El libro está organizado en cuatro capítulos, uno por estación. A su faceta de escritor y poeta, José Luis incorpora la de aficionado a la caligrafía china; ese es el motivo por el que ha invitado a cuatro calígrafas para que le acompañen con algunas de las ilustraciones: Tere Vila Matas, Lali Font, Alicia Promio y Mercè González. Pinturas con tinta china sobre papel de arroz que aparecen al inicio de cada uno de los capítulos junto a un pequeño poema en forma de haiku y en la narración final del 29 de febrero.
Los trece relatos que componen esta obra son un regalo para la imaginación. El autor, en la mayoría de ellos, nos mantiene absortos desde el inicio para acabar con un desenlace inesperado.
En algunos, como en el titulado “El
traductor”, ya en el primer párrafo nos despierta una curiosidad que mantiene
hasta el final.
“Él sabía en su fuero interno que el secreto que no había contado a nadie y del que nadie se había percatado era lo que no le dejaba dormir.”
Solo a una mente imaginativa como la suya se le puede ocurrir que el Papa Francisco pasee por las calles de Barcelona, o que “el silencio” sea contratado para acabar con Manolo ‘el del bombo’. Y los relatos transcurren con la habilidad propia del autor que consigue que todo parezca creíble.
Como buen poeta José Luis sabe jugar con
las sensaciones. En “Las mujeres mulas” nos muestra la peor cara de la miseria.
“Pasaban junto a mí, todas juntas como hormigas, chorreando sudor y con la cara gris del polvo del camino.”
En “La paga de Navidad”, nos muestra esa misma miseria en forma de desigualdad social y en otros como en el titulado “El niño”, llega a un delirio abstracto que nos conduce desde el asco a la sorpresa.
Por último, el relato titulado “El espejo”,
que consta de once capítulos y en el que el protagonista es incapaz de …, pero mejor
será que lo descubráis vosotros.
Mientras escribo esta reseña, me informan que ya está a la venta la segunda edición, y no me extraña. Podéis encontrarla en el restaurante Piccata de Barcelona en la Gran Via de les Corts Catalanes 489 de Barcelona y en la web de la Editorial Autografía.
A José Ramón Ayllón le conocí recitando en uno de nuestros recitales organizados en #PoémameBcn el pasado 24 de febrero. Posteriormente volvimos a coincidir en el micro abierto de otro #PoémameBcn posterior. Ayllón es un zaragozano residente en Barcelona, amante de los viajes, del paisaje humano, del tiempo compartido con los amigos, de los gatos y de todo tipo de manifestación artística. Por todo esto y, además por su poesía, decidimos entrevistarle.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?
Nací en Zaragoza porque, en aquella época
–hablo de los años 50-, la mayoría de mujeres que vivían en pueblos pequeños
tenían que bajar sí o sí a la capital para dar a luz, pero pasé mi infancia en
un pueblecito cercano a la capital, que es donde vivían mis padres, y creo que
eso se traduce todavía hoy en muchos aspectos de mi escritura, sobre todo en la
prosa. Posteriormente estudié Magisterio en Zaragoza y me vine después a Barcelona,
que es donde vivo en la actualidad, para estudiar Periodismo.
Siempre me recuerdo vinculado a la literatura, leyendo y escribiendo y, desde mis inicios, más interesado en expresarme a través de la poesía. Obtuve mi primer premio de poesía en 1981 y posteriormente el Internacional de Poesía Juan Bernier en 1992. Eso me permitió contactar con el mundillo “literario” para, de rebote, descubrir que no era precisamente el lugar donde quería vivirme ni como persona ni como poeta. Hace unos tres años, y a la par que intentaba poner en orden poemas y libros almacenados en cuadernos y cajones durante todo este tiempo, me decidí a salir a la luz nuevamente, animado por mi pareja y mis amigos, y me he sorprendido viendo premiados varios poemarios inéditos de los años 80, así como un libro más reciente que me supuso el Premio de Poesía Miguel Labordeta.
¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?
Pues hablamos de un momento histórico en que en este país estaban prohibidos muchísimos autores, así como cineastas, músicos y demás elementos vinculados a la cultura. Me recuerdo leyendo el Romancero y a Bécquer, Machado, Neruda, Lorca, Alberti, Cernuda, Miguel Hernández, Aleixandre y ese tipo de poesía. Hasta qué punto me han influido o no sería algo que deberían considerar mis lectores.
¿Cómo definiría a su poesía?
Creo que fundamentalmente practico lo que yo llamo pornografía emocional. En su mayor parte es una poesía lírica e intimista, fundamentada en las vivencias que me han ido, a su vez, construyendo como persona. Quizá temáticamente el amor y los sentimientos, en todas sus manifestaciones y momentos, ocupan un lugar importante en mi obra.
¿Cree que el poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
Creo que, a base de trabajo, vas depurando tu lenguaje y, a su vez, vas descubriendo quizá caminos nuevos para abordar la construcción del poema. Aunque, como dicen muchos poetas, igual en el fondo, y sin apenas darnos cuenta, le estamos dando vueltas y vueltas siempre a la misma raíz y al mismo esqueleto. Yo particularmente, no obstante, procuro que cada libro obedezca a un concepto y tenga una cierta unidad. En ese sentido, cuando considero acabado un poemario, le dedico un tiempo de duelo hasta abordar algo distinto. Y pueden pasar meses sin escribir. No me obligo. Para mí sigue siendo muy importante el ritmo interno del poema y, con el tiempo, he ido aprendiendo a sintetizar, a intentar eliminar todo aquello que no aporta nada a lo que quieres decir y que lo único que hace es producir ruido. El hecho de que mi marido, Craig Martin Getz, también escriba poesía, pero en inglés, me ha acercado también al modo más narrativo-descriptivo de la poesía anglosajona y, seguramente, me ha influido/ayudado a salir a veces de zonas de confort. Supongo que ha sido determinante para, a su vez, haber escrito una novela, cuando yo en prosa no había ido nunca más allá de algunos relatos cortos.
¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?
Es curioso. A veces escribes un boceto sobre el que vuelves y vuelves una y otra vez y que, finalmente, abandonas porque no acabas de encontrar la manera de definirlo o de hacerlo avanzar. Otras veces, el poema surge al primer intento y tienes poco o nada que retocar. Yo, de todas formas, siempre los dejo respirar un poco y es cuando vuelvo a ellos cuando el poema me dice si ha llegado a buen puerto o no. No deja de ser una sensación absolutamente subjetiva, cierto, pero al final se trata de ser autoexigente y autocrítico contigo mismo y de no olvidar que el poema, como cualquier otra manifestación artística o no, exige trabajo.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
Estos últimos años he tenido ocasión de recitar en pueblecitos o ámbitos con audiencia no familiarizada con la poesía; para gente, en algunos casos, que me ha confesado no haber abierto nunca un libro de poesía… ver a esta gente emocionarse con un poema, pedirte más y querer seguir escuchando, es muchísimo más gratificante que cualquier finalidad que hubiera podido marcarme.
¿Qué lugar ocupa, para un poeta como usted, las lecturas en vivo?
Pues estos últimos años he podido participar en diferentes espacios o escenarios y ha sido muy enriquecedor. Te permite conocer gente que, en teoría, tiene ya la proximidad de andar embarcada en tu misma nave y también comprobar cómo llega tu poesía a diferentes audiencias en vivo y en directo. Pero también me ha servido para reconectar con aspectos de ese mundillo literario del que hablaba al principio que siguen sin gustarme. En mi modesta opinión, faltan muchas veces curiosidad, autoexigencia y trabajo serio y sobra mucho ego. Hay poetas que solo entienden ser escuchados, pero que no han aprendido todavía ni siquiera algo tan elemental como es escuchar a los demás.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?
Me alegra por una parte que haya un abanico tan amplio de escaparates donde poder mostrar el trabajo de la gente que escribe; pero, por otra, me sorprende esta tendencia hoy en día tan generalizada de querer ser “artista” por encima de todo, que es algo que no entiendo mucho. Pienso en la realidad que me vincula con pueblecitos aragoneses, por ejemplo: mujeres y hombres que hacían auténtico arte en sus quehaceres cotidianos, bien fuera haciendo pastas artesanales para chuparte los dedos –hoy que agonizamos con tanta pasta industrial-, o mermeladas o encajes de bolillo o colchas o cinturones y accesorios de piel o mil formas de expresión como mínimo tan válidas como las de la palabra; pues resulta que no, que quieren ser “poetas” y colgar aunque tan solo sea en el programa de las fiestas sus poemas. Me parece muy válido, pero es un poco el reflejo del tema sobre el que me preguntas. Hoy tengo la sensación de que cuelgas una foto en Instagram y eres fotógrafo; escribes un twitter o algo en Facebook y ya eres escritor. Creo que no se persigue tanto el intento de trabajar seriamente y construir con las palabras, como el tener acceso al micro, el foco y el famoseo. Forma parte, de alguna manera, de esta frivolización con la que se abordan hoy en día tantos temas, incluso los más serios.
¿Podría recomendarnos un poema de otro autor que le haya gustado mucho?
Afortunadamente podría decir muchos, pero sin duda uno sería Si el hombre pudiera decir lo que siente de Luis Cernuda.
¿Qué libro está leyendo en la actualidad?
Ordesa, de Manuel Vilas. Ando también leyendo poemas de poetas que he tenido la oportunidad de conocer recientemente: Carlos Vaquerizo, Cecilia Álvarez y la mexicana Sonia Jiménez
¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?
No creo ser la persona más adecuada para dar consejos, pero le diría lo mismo que me digo a mí mismo: que lea mucho, que aprenda, que escuche y que se escuche, que se autoexija en su trabajo y que aprenda a distinguir lo que es un acto de pura masturbación personal, de simple exhibicionismo –que, en mi opinión, donde mejor está es en un cuaderno, en el ordenador, en el móvil o en la mesilla-, de ese otro acto -llamémoslo poema, por ejemplo- que realmente pretende aportar algo al lector o al oyente.
¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
Sin comentarios. Las grandes editoriales tienen
compradas hasta las estanterías de las librerías y las editoriales pequeñas o independientes
se las ven y se las desean para materializar sus proyectos que, de rebote,
tienen poca salida. Súmale que luego, como dice uno de mis editores, en esas
mismas estanterías te puedes encontrar el Ulises
de Joyce, por ejemplo, al lado de 50 sombras
de Grey, como si estuviéramos hablando de lo mismo; y súmale que, como
comentaba antes, cada vez hay más personas queriendo publicar. Es complicado.
Acabo de conocer a un poeta que fue ya Premio Adonais a comienzos de siglo y
que luego ha tenido problemas mil para poder seguir publicando. Frente a eso,
te encuentras con escritores que, sin saber cómo ni por qué ni tener una
calidad incuestionable, encuentran siempre salida a sus productos.
¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?
No sabría decirte, jejeje. Suficientes creo con las que ya me has hecho.
Muchas gracias por las respuestas, ahora solo nos queda escucharte en vivo aquí. Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado y gracias por haber llegado hasta aquí.
Hace unos meses conocí a Martin Getz cuando participó en el micro abierto de nuestras sesiones de #PoémameBcn (antes #PoémameEnElRaval). Posteriormente le invitamos a ser el poeta de habla inglesa que participó en la sesión de abril de #PoémameBcn. Su interpretación no pasó desapercibida y le propusimos una entrevista. Aquí la tenéis.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?
Escribir poesía en inglés y
tener prácticamente todo mi círculo social e íntimo de vida en castellano me ha
significado cierto dilema, la verdad. Lo llamo mi “síndrome de isla”. Aquí en
Barcelona, donde resido desde 1989, muy pocas veces he tenido aquellos oyentes
dispuestos, esos amigos, esa gente (con bastante dominio de inglés)
dispuesta/interesada en escuchar/leer mi poesía. Estoy convencido, sin embargo,
que este síndrome tiene su lado positivo, eso sí, después de haber sufrido esta
falta de audiencia y la correspondiente falta de feedback. Yo, al fin y al
cabo, soy la audiencia principal de mi propia poesía; si en este bucle cerrado
no encuentro satisfacción íntima real, si dependo de la confirmación desde
fuera del valor de mis poemas, pues pienso que no voy por buen camino. No
obstante, vaya, allí está la voz de la duda que dice, ¿Alguien me entiende?
¿Gusta lo que hago? ¿Comunico algo más allá de la mera contemplación de mi propio
ombligo, mis pajas personales? Durante varios años, estas preguntas me han
llevado a buscar cierta aprobación en lectores ajenos responsables de
publicaciones, revistas, antologías sobre todo en mi país (EE.UU) y sí he
tenido la gratificación de que varios me hayan publicado. También, hace unos
5-6 años, decidí “salir del armario poético” y busqué un grupo de escritores
angloparlantes que se reunían una vez al mes en un local, Collage, en el barrio
de Gràcia. Por fin, poco a poco, encontré oyentes dispuestos y además
escritores geniales como Emelie Delcourt (fundadora de Collage), Edward
Smallfield, Valerie Coulton, y Harriet Sandilands que me han brindado ya dos
participaciones en su antología maravillosa internacional “Parenthesis” y, por
supuesto, su amistad.
También gracias a mi
síndrome de isla, desde hace años compro una antología anual, The Best
American Poetry (Scribner Poetry) para mantener una especie de puente con
lo que está pasando en mi país. Conforme voy leyendo, pongo uno o dos
asteriscos al lado de los que conectan conmigo y pido un libro por Amazon. A
veces pienso si viviera allí, tendría mi ojo más echado hacia la literatura que
pasa afuera, pero con llevar ya 30 años en España, necesito mantener una
conexión con mi lengua —específico y idiosincráticamente estadounidense— que,
reconozco, forma una enorme parte de mi forma de abordar la poesía, de mi
equipaje cultural, que no lo niego nunca.
¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?
Las primeras lecturas “serias/que me marcaron” de poesía fueron gracias a una profesora lesbiana en la universidad (Cal State University, Northridge). Aparte de unas novelas que nos hizo leer (me acuerdo de “Surfacing” de Margaret Atwood), también la poesía de Audre Lourde, Adrienne Rich (he vuelto a leer su “Diving Into the Wreck” varias veces) y Frank O’Hara. El libro “Lunch Poems” de O’Hara fue como una especie de plato enigmático que no estaba preparado para digerir —ojalá pudiera decir que lo entendí del todo o que flipé realmente o que me identifiqué totalmente con su estilo en aquel entonces, pero no. La profesora me plantó una semilla y, solo últimamente, me he puesto a revisitarlo y ¡ahora me entra mejor! Más de una persona me ha dicho que mi poesía tiene algo de la suya. Hace poco compré su obra completa y está actualmente en mi mesilla de noche… ¡unos deberes un poco tardíos! Luego, por nombrar uno, me enganché a la poesía del estadounidense Mark Doty, que amo. Tengo todos sus libros.
Reconozco que hubo una
especie de antes y después de leer al poeta y novelista estadounidense Dennis
Cooper. Cooper es una voz ferozmente franca y directa tratando temas de sexo y
relaciones gay con cierta agresividad, ¡hasta un punto gore! Consigue un
extraño lirismo, en mi opinión, siendo tan directo sin tapujos. Mi primer poema
publicado en los EE.UU, “The New Models” empieza con la primera frase de una
novela suya: “We’re parked in the hills overlooking the town.”
Todas las novelas de Michael Cunningham y Tom Spanbauer me han gustado mucho, por nombrar un par de novelistas más. ¡Casi todos lesbianas y gays y estadounidenses! Prometo que he leído muchos heterosexuales también, jeje. Pero oye, ya que tengo el micrófono, una cosa que los heterosexuales no se plantean nunca: ¿cuántos libros o cuántas pelis han visto de temática homosexual? Una sorprendente mayoría dice que nunca. Imagina entonces el mundo al revés, o sea, la cantidad de libros y pelis de temática heterosexual que los homosexuales hemos consumido, historias que no tienen nada directamente que ver con nuestra historia. Vale, vale, las cosas están cambiando pero el status quo de las artes mainstream sigue siendo abrumadoramente heterosexual. Bueno, dicho lo dicho, paradójicamente, diría que la mayoría de mi poesía no es “gay” en absoluto.
¿Cómo definiría a su poesía?
Uff. Confesional, terapéutica, amiga. Para mí es muy importante que mi poesía sea muy amiga íntima, como un consuelo, como un abrazo. “Yuxtaposicional”, si se puede decir, también. Muchas veces soy consciente de que tengo un concepto en la cabeza, en espera digamos. Luego tengo otro, que no tiene nada que ver, que sencillamente aparece por circunstancias aleatorias, en espera digamos. Y entonces, un tercer concepto aparece y sirve como puente o catalizador de una especie de unísono de los tres. Y entonces me pongo a buscar la relación entre los tres como un desafío personal, en forma de poema. OK, a veces mi marido (el poeta y novelista José Ramón Ayllón Guerrero) dice que soy muy barroco. Murakami una vez dijo que tiene dos tipos de novelas: bosques y árboles. De mis poemas podría decir lo mismo. Los poemas “yuxtaposicionales” son mis bosques. Pero tengo también muchos árboles singulares.
¿Cree que el poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
Tal y como decía sobre los poemas bosques y poemas árboles, creo que me planteo cada vez más escribir más de tipo árbol. Quiero decir, procuro enfocar mis meditaciones, desarrollar una idea hasta el fondo y no distraerme entre las ramas, tanta yuxtaposición. Aparte de esa evolución en mis poemas, ya no quiero escribir nada que quede en la pura abstracción, que a veces lo hacía. Tiene que haber un componente de historia emocional e íntima o incómoda, fuera de mi zona de confort. En general, siempre he contado historias; al final reconozco que vengo de la escuela anglosajona, que es muy narrativa, descriptiva; que sean historias que conmuevan, que toquen el tuétano, primero a mí (que al final soy mi principal audiencia, jeje) y luego, ojalá, a otros.
¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?
Hay poemas que me salen muy rápidos, en una sentada; otros, en varios días. Rápidos o no, tengo una primera intuición de que ya están, que hacen una especie de click. Con eso y todo, por experiencia, los dejo un tiempo, los revisito después, ya pasado ese subidón (siempre hay) por sentir ese click que digo y, con un poco de distancia, procuro mirarlos con más frialdad para asegurarme de que no haya cosas superfluas. Y si me siguen conmoviendo, siento satisfacción de verlo allí, escrito fuera de mí, con cuerpo, en un documento, y lo coloco en su sitio, normalmente cronológico, en la serie/concepto que esté escribiendo.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
Quiero poder mirar atrás cuando sea mayor (ok, más mayor) y reconocer los pequeños testimonios que he ido dejando por el camino. No soy padre. A lo mejor mis colecciones son una especie de hijos. Por más que pueda cambiar en mi vida hacia ese hipotético futuro, sabré que cada hijo que he dejado fue un proyecto sincero en su momento de creación.
¿Qué lugar ocupa, para un poeta como usted, las lecturas en vivo?
Tengo mis conflictos con este tema. Me sabe mal pero, cuando me toca leer o recitar en un micro abierto, tanto en Collage como en lo que era Cronopios, me cuesta disfrutar de los demás mientras espero que me toque, ya que los nervios me quitan concentración. Supongo que los demás funcionan de forma parecida, así que hasta cierto punto me pregunto si alguien realmente escucha. Bueno, quizá no es para tanto, porque siempre queda el después de recitar, que es cuando ya te puedes relajar.
Aparte de eso, también reconozco que tengo mis conflictos con eventos trilingües. A ver, me siento muy cómodo hablando en castellano, pero no me considero la audiencia más adecuada para escuchar poesía en castellano, y en catalán aún menos. Hombre, me ha tocado escuchar tantísimos recitales en castellano que, básicamente, puedo distinguir entre poesía que me gusta y que no me gusta, pero realmente apreciar todo lo que me gustaría que otros apreciaran cuando recito yo, pues no. Lo que consigo muchas veces es aquello de “Oye, muy bien, pero lo siento, mi inglés…” Pienso que soy bastante segregacionista en este sentido, ¡qué cada esté uno con su grupito, por favor! Eso sí, qué envidia a los realmente políglotas.
No obstante, viva la gente con el afán de organizar los encuentros de poetas, de músicos, de artistas del palo y del idioma que sea. Que no nos entendemos al 100%, pues nos entendemos en muchos otros sentidos. Se puede aprender y disfrutar mucho del cómo, no necesariamente del qué.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?
Gracias a los tiempos del Internet, he podido conectar con lectores y editores que, como comenté, me han brindado publicaciones. Gracias a Amazon, me he autopublicado mis libros. Tienen todo el software necesario y no requiere ninguna inversión; de hecho, se publica un ejemplar en el momento de pedirlo y, como todo el mundo sabe, llega donde sea en cuestión de días. Gracias a YouTube, tengo subido el video de la presentación de mi primer libro, “Suicide, 1964” que filmó Rubén Ramal y en el cual pude contar con la colaboración del cantante Alex Serra. Gracias a esta misma revista virtual, puedo copiar y pegar un https://www.youtube.com/watch?v=Rygh936ynqQe invitarte a ver el video en cuestión. O sea, estoy encantado.
¿Podría recomendarnos un poema de otro autor que le haya gustado mucho?
Como comenté, actualmente en mi mesilla está The Collected Poems of Frank O’Hara. Pesa mucho así que allí es donde se queda. La novela que actualmente llevo encima es Another Country de James Baldwin.
¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?
Escribe desde la tripa y desde el corazón. Escribe desde tu vida. Escribe para ti, íntimamente para ti, tu primera y última audiencia más importante. Hace años, y durante mucho tiempo, pensaba que yo no tenía nada que decir, que las vidas ajenas eran más interesantes, más “poéticas”.
¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
De cara a la poesía, pienso que está haciendo un gran favor sobre todo de cara a la difusión y las oportunidades de publicaciones. Y como hay tantos sitios, tantas revistas y antologías, se ve que muchos están cuidando mucho el cómo lo hacen, dada la competencia que hay, lo cual crea un “win-win”, una publicación bien cuidada tanto para ellos como para los escritores (y fotógrafos, dibujantes, pintores…).
¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?
¿Qué
otros géneros artísticos han influido en tu vida y qué papel han tenido en el
proceso de escribir poesía?
Desde las páginas de la revista, siempre hemos tenido muy presentes a las mujeres de la Generación Beat. En enero de 2019 os recomendamos una antología poética de mujeres Beat: Beat Attitude.
Meses después entrevistamos a la poeta española Beat, Mónica Caldeiro que nos adentró en su obra poética.
Sabemos que hubieron varias mujeres dentro de la Generación Beat. Pero ¿qué implicó realmente ser Beat en clave femenina?¿Cómo fueron las vidas bohemias y la literatura transgresora de estas mujeres? ¿Quiénes fueron Elise Cowen, Diane di Prima, ruth weiss y Denise Levertov y cómo convulsionaron su contexto sociohistórico?
Acaba de salir Female Beatness, el nuevo libro de Isabel Castelao-Gómez y Natalia Carbajosa Palmero que retoma el legado de las voces femeninas esenciales en el desarrollo de este movimiento artístico de vanguardia, silenciadas durante décadas.
Female Beatness es una monografía en español que apunta a la relación directa entre las trayectorias vitales, sumamente transgresoras, y las aportaciones creativas de las mujeres poetas al universo Beat.
Este libro es un necesario e interesante acercamiento crítico, en el mundo académico hispano, a las poetas y artistas de la generación Beat que, junto con los componentes masculinos conocidos del grupo (Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Snyder) revolucionarion la escena literaria urbana en la década de los 50 en los EEUU, adelantándose así al cambio de mentalidad que colonizó el mundo de los 60 y los 70. Female Beatness ubica en el canon literario y el devenir histórico a las mujeres que participaron de la efervescencia del excepcional momento creativo Beat y rompieron las barreras, con sus vivencias y sus obras, del papel subsidiario para el que a priori habían sido educadas. Dentro de un enfoque amplio que aúna contexto socio-histórico, teorías de género y análisis textual, el libro pone en el punto de mira a las poetas Elise Cowen, Diane di Prima, ruth weiss y Denise Levertov, explorando de este modo todas las formas posibles, muy diferentes entre sí, de ser Beat… en femenino. Hoy día, más de medio siglo después, su influencia y predicamento siguen absolutamente vigentes.
Queda mucho por hacer para dar visibilidad a las mujeres en cualquier ámbito de la vida, en el poético también. Un ejemplo de recuperación de la población femenina artística Beat es Female Beatness, así como en su momento lo fue el libro Las SinSombrero respecto a las mujeres poetas españolas de la generación del 27. Desde nuestro recital poético #PoémameBcn también hemos denunciado este olvido de las poetas irlandesas: Fired! Irish Women Poets and the Canon. Antes de acabar no podemos dejar de mencionar el nuevo grupo de mujeres poetas contemporáneas desde el entorno digital a las que se menciona en el libro Decir mi nombre, al cual le dedicamos tres artículos en esta revista.
Female Beatness está editado por Publicacions de la Universitat de València y disponible desde su página web.
Conocí a la poeta Carla Fajardo en el primer recital #PoémameBcn de esta temporada. Allí nos leyó versos de su segundo poemario, Limítrofes (premio de poesía Martí Dot de Sant Feliu de Llobregat, Viena edicions 2019) y enamoró a la audiencia.
No pude resistirme y le pedí esta entrevista para que todos la podáis conocer un poco más en la intimidad poética.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?
Crecí en una casa-taller que compartían diversos estudiantes de la Escuela Massana, entre ellos mis padres. Hacían esculturas, pintaban, modelaban, diseñaban… Aunque lo intenté, pronto supimos que no era lo mío y que me encontraba más cómoda entre libros y escribiendo algo que se acercaba entonces muy remotamente a la poesía. Me acerqué a la escritura estudiando filología hispánica y periodismo, pero no fue hasta pasados los 25 años que me apunté a un taller de poesía para sacarme la espina. Hasta entonces escribía para mi desordenadamente, dejando poemas escritos en libretas y folios olvidados en cajones y no me atrevía a compartirlo. A partir de ese taller con Maria Antònia Massanet nació mi primer poemario Forats (Ed. Fonoll), con el que obtuve el premio Alella a Maria Oleart, y más tardé llegó Limítrofes (premió Martí Dot), publicado por Viena. También escribo textos dramáticos y he hecho incursiones en el mundo del teatro como ayudante de dramaturgia.
¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?
Mis primeras lecturas poéticas fueron inconscientes: en casa se leía a Joan Margarit, Jaime Gil de Biedma, Miguel Hernández… Luego estudié filología hispánica en la Universidad de Barcelona. Allí leí a Juan Ramón Jiménez y Victor Aleixandre. El último año descubrí a María Zambrano. Y más tarde, indignada por haber leído solo a hombres muertos, descubrí a Chantal Maillard, Mercè Rodoreda, Maria Mercè Marçal y Sylvia Plath. Pero no fue hasta que me apunté al taller de poesía que me interesé por la poesía actual y entonces me enganché a Maria Cabrera, Blanca Llum Vidal, Maria Sevilla, Mireia Calafell, y también a Luna Miguel y a Elena Medel.
¿Cómo definiría a su poesía?
Cercana, frágil pero punzante. Es difícil describirse a uno mismo.
¿Cree que la poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
Las personas cambiamos de un año para otro y también lo que escribimos. Por eso lo que escribimos ayer, a menudo, ya no nos gusta. Yo creo que mi primer poemario es más sencillo, más cercano y tiene más ritmo. El segundo tiene más lecturas, es más político, más narrativo y más descarnado. Y ahora escribiría una cosa totalmente distinta.
¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?
La mayoría de veces no los siento terminados. Creo que siempre están modificándose incluso después de ser publicados. Pero sí que a veces tengo la sensación de que está cerrado. Es como cuando acabas de comer. Lo sabes.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
No busco ningún fin, es un proceso en sí mismo, una forma de expresión.
¿Qué lugar ocupa, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?
Un lugar complicado y un reto que me ha enriquecido muchísimo. Me cuesta hablar en público pero es un esfuerzo que se ve sobradamente recompensado, para mi es casi terapéutico ponerme delante de los demás y compartir lo que escribo. También ver las conexiones emocionales que las palabras pueden despertar entre el público.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?
Me parece perfecto que existan todas las herramientas y plataformas participativas posibles para que la expresión poética pueda compartirse y tenga un retorno.
¿Podría recomendarnos un poema de otro autor que le haya gustado mucho?
Taronja borda, de Maria Cabrera.
¿Qué libro está leyendo en la actualidad?
El Calibán y la Bruja, de Silvia Federici.
¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?
Que crea en lo que hace y que se atreva a compartirlo con su entorno, en las redes, en concursos, donde sea. Siempre es una experiencia de aprendizaje.
¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
Creo que cada vez está más diversificada y celebro que haya editoriales pequeñas de poesía y certámenes que den la posibilidad de publicar a autores inéditos, pero creo que también se han ampliado ciertas formas de explotación ya que a menudo no ofrecen contratos y los derechos de autor no son claros o no existen.
¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?
Es una entrevista muy exhaustiva. No echo nada de menos.
Antes de marcharnos, queremos que disfrutéis de la voz de Carla a través de esta grabación del poema ‘Estimaràs així‘.
Estimaràs així, en masculí singular, amb el bronze d’origen —la moneda de canvi— en un pis unifamiliar. Estimaràs a la força, a les fosques, bullint grumolls en paper de plata. Embrions amb llistes d’encàrrecs als sacsons perquè els vincles fan vinclar. Lligaràs els nens perduts en centres comercials, els pares absents. I et faràs gran i t’estimaran així, rentant-te amb aigua freda les aixelles a la pica. S’ha despistat la llengua i la ciència se solidifica, però l’oració rebenta els altaveus. Estimaràs així com un pregó de camp de concentració. Si et pregunten digues que no en tens, que dels petons en fan propaganda.
Muchas gracias Carla por la entrevista. Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado y gracias por haber llegado hasta aquí.