Aprovechamos la semana del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, para recordar lo mucho que el mundo todavía ha de trabajar y esforzarse para conseguir la equiparación en igualdad de derechos, deberes y oportunidades entre hombres y mujeres. Y los hombres, principalmente, tenemos una asignatura pendiente en este tema.
IV Concurso de Graffitis con motivo del Día Internacional de la Mujer (Quito, Ecuador). Foto: Micaela Ayala V./ANDES (CC BY-SA 2.0)
Retrato de la poeta argentina Alfonsina Storni (1892-1938).
Hablar de Alfonsina Storni es hablar de sensibilidad pura, de anhelo, de la esencia del ser plasmada en letras.
Alfonsina fue una dama fina y delicada, de una exquisita sencillez, según relatan algunos autores que le conocieron, que nos traslada hacia un sentir puramente femenino, a ese lado de mujer que muchas veces no es comprendido por el varón en una época machista. Así, escribe y se da a conocer en un medio dominado en gran parte por varones poetas, por ejemplo de la altura de Amado Nervo, y se desenvuelve de forma majestuosa y única destacándose por la sensibilidad de sus versos.
Nos pasea por paisajes de ternura, pasión, y nostalgia. Sus letras nos llevan melancólicamente a la reflexión y erizan la piel por la delicada forma en que aborda de forma directa su sentir:
Huye hacia los bosques, Vete a la montaña; Límpiate la boca; Vive en las cabañas; Toca con las manos La tierra mojada; Alimenta el cuerpo Con raíz amarga; Bebe de las rocas; Duerme sobre escarcha; Renueva tejidos Con salitre y agua; Habla con los pájaros Y lévate al alba. Y cuando las carnes Te sean tornadas, Y cuando hayas puesto En ellas el alma Que por las alcobas Se quedó enredada, Entonces, buen hombre, Preténdeme blanca, Preténdeme nívea, Preténdeme casta.
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Etiquetada como una escritora feminista, Alfonsina rompe con varios estilos de poesía y trae a la época algo más fresco, que destaca por mover las fibras en su género y ser reconocida y escoltada por varios Poetas de su tiempo. Su vida amorosa fue un misterio, tanto así que nunca se reveló la paternidad de su hijo. Fue, una mujer que guardó para sí mucho y que mostraba ese paraíso interno, melancólico y cristalino a través de sus letras; que revelan su personalidad y su encanto:
Mariposa triste, leona cruel, Di luces y sombra todo en una vez. Cuando fui leona nunca recordé Cómo pude un día mariposa ser. Cuando mariposa jamás me pensé Que pudieras un día zarpar o morder.
Finalmente, sabida de que era víctima de cáncer mamario y del poco avance en la época en cuanto a tratamientos, no quiso vivir con ese sufrimiento a cuestas:
Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco. Esta cabeza mía se parece al crisol, Purifica y consume. Pero sin una queja, sin asomo de horror.
Alfonsina decide terminar con su vida, de una forma discreta, durante la noche en uno de sus descansos en Mar del Plata. Una de sus sandalias se halló en uno de los peñascos de la costa y su cuerpo fue encontrado flotando de mañana cerca de la playa.
Para Alfonsina el suicidio era algo que podía decidirse a voluntad. Ella tomó esa opción y nos dejó su legado en letras, como una delicada brisa.
Animal cansado
Quiero un amor feroz de garra y diente Que me asalte a traición en pleno día, Y que sofoque esta soberbia mía, Este orgullo de ser todo pudiente. Quiero un amor feroz de garra y diente Que en carne viva inicie mi sangría, A ver si acaba esta melancolía Que me corrompe el alma lentamente. Quiero un amor que sea una tormenta, Que todo rompe y lo remueve todo Porque vigor profundo la alimenta. Que pueda reanimarse allí mi lodo, mi pobre lodo de animal cansado, Por viejas sendas, de rodar, hastiado.
Alma desnuda
Soy un alma desnuda en estos versos, Alma desnuda, que angustiada y sola, Va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, Que puede ser un lirio, una violeta, Un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta, Y ruge cuando está sobre los mares, Y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora, sobre sus altares, Dioses que no se bajan a cegarla; Alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla Con sólo un corazón que se partiera Para en su sangre cálida regarla Alma que cuando está en la primavera Dice al invierno que demora: vuelve, Caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva, se disuelve En tristezas, clamando por las rosas Con que la primavera nos envuelve. Alma, que a ratos, suelta mariposas A campo abierto, sin fijar distancia, Y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia, De un suspiro, de un verso en que se ruega, Sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega. Y negando lo bueno el bien propicia, Porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia Palpar las almas, despreciar la huella, Y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, Como los vientos vaga, corre y gira; Alma que sangra y sin cesar delira Por el oro precioso de una estrella.
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Un sol
Mi corazón es como un dios sin lengua, Mudo se está a la espera del milagro, He amado mucho, todo amor fue magro, Que todo amor lo conocí con mengua. He amado hasta llorar, hasta morirme. Amé hasta odiar, amé hasta la locura, Pero yo espero algún amor natura Capaz de renovarme y redimirme. Amor que fructifique mi desierto Y me haga brotar ramas sensitivas, Soy una selva de raíces vivas, Sólo el follaje suele estarse muerto. ¿En dónde está quien mi deseo alienta? ¿Me empobreció a sus ojos el ramaje? Vulgar estorbo, pálido follaje Distinto al tronco fiel que lo alimenta. ¿En dónde está el espíritu sombrío De cuya opacidad brote la llama? Ah, si mis mundos con su amor inflama Yo seré incontenible como un río. ¿En dónde está el que con su amor me envuelva? Ha de traer su gran verdad sabida… Hielo y más hielo recogí en la vida: Yo necesito un sol que me disuelva.
Soy
Soy suave y triste si idolatro, puedo bajar el cielo hasta mi mano cuando El alma de otro al alma mía enredo. Plumón alguno no hallarás más blando. Ninguna como yo las manos besa, Ni se acurruca tanto en un ensueño, Ni cupo en otro cuerpo, así pequeño, Un alma humana de mayor terneza. Muero sobre los ojos, si los siento Como pájaros vivos, un momento, Aletear bajo mis dedos blancos. Sé la frase que encanta y que comprende Y sé callar cuando la luna asciende Enorme y roja sobre los barrancos.
Voy a dormir
Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados. Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera; una constelación, la que te guste; todas son buenas: bájala un poquito. Déjame sola: oyes romper los brotes… te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que olvides… Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…