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  • «De profundis», de Juan Antonio Carrasco Lobo (Punto Rojo)

    «De profundis», de Juan Antonio Carrasco Lobo (Punto Rojo)

    «De profundis. Relatos y poemas de un hijo pródigo» (Punto Rojo, 2016), de Juan Antonio Carrasco Lobo, psicólogo, poeta y escritor gaditano, es un libro que a primera vista puede engañarnos. La edición está demasiado cuidada para lo que es habitual en las primeras publicaciones de quienes quieren abrirse paso en el reconocimiento como poetas. Hay un prólogo muy bien escrito por otra escritora, de Sevilla, que se enfrasca en una reseña no menos elaborada que ésta. Sin embargo, en un vistazo rápido, se ven muchas fotos del mar, de Cádiz, mucha prosa o poesía sin métrica ni rima, hecha con frases largas, sin aparente dificultad interpretativa. Últimamente, parece que muchos poetas, cuando se esfuerzan en acompañar sus textos de imágenes llamativas, suele ser porque el texto no es lo suficientemente bueno para llamar la atención por sí mismo. Teniendo en cuenta la cantidad de miles y miles de libros de poesía de calidad dudosa que se publican, los prejuicios podrían llevarnos a error en la calificación de este libro.

    «De profundis. Relatos y poemas de un hijo pródigo», de Juan Antonio Carrasco (Punto Rojo, 2016).

    La realidad es que a través de las líneas que Carrasco escribe, sin necesidad de encriptamientos ni artificios retóricos (que los hay en su justa medida, como veremos a continuación), se vislumbra una profunda experiencia vital y literaria. No dejan de compararlo con Bécquer -con ciertas razones-, cuando en realidad puede decirse, en la línea de la crítica postromántica de Croce, que se trata de una obra única e incomparable, en el sentido de que pertenece a un estilo personal, sin que siga claramente ninguna estela marcada.

    El libro De profundis hace honor a su título por la naturaleza profunda de lo que se cuenta en él, sin que por ello tenga que mostrar una apariencia oscura ni críptica. A Carrasco le interesa ser comprendido, como proponía Lope de Vega. Pero, además, en el intento (o logro) de comprenderse a sí mismo, expresa lo que retóricamente ha descubierto como “verdad” en el lenguaje plano y sencillo con que lo ha comprendido, es decir, deja caer sus pensamientos sobre el papel tal cual le salen. “Autenticidad”, que decía Salinas. No es escritura automática, pero sí que se otorga la licencia de priorizar el contenido frente a la forma. Por eso no hay ni una estrofa clásica, ni regularidad métrica en ningún poema. Lo cual no significa que no haya suficiente calidad retórica.

    Por ejemplo, en el nivel fónico, aparecen rimas internas, prácticamente ocultas, pero que producen cierta eufonía mientras lo leemos sin que nos demos cuenta. En el poema que abre el libro, “Confesiones del hijo pródigo”, los finales de párrafo tienen todos rima oxítona, aunque mezclando consonancia y asonancia: amistad, sal, falsedad, honestidad, mar. Hay rimas internas, como en “Divina poesía”: grandeza y reza, en el segundo párrafo, o profano y mundano, en el tercero. Hay que fijarse; pero esas rimas sutiles salpican muchos de sus poemas. Incluso hay algún acierto métrico que sólo captan lectores experimentados, como los endecasílabos de longitud oracional en el mencionado poema: “A lo bello le dicen poesía”; “Bendita esta traición a lo prosaico”.

    En el nivel morfológico, hay un gran dinamismo verbal y muy poca adjetivación, lo cual revela que su intención comunicativa tiene más que ver con acciones que con descripciones estáticas. Pero el género es lírico, en el que no cabe la narración, si no es para hechos breves, por lo cual estos verbos van a expresar más bien emociones, razonándolas (quizá por la faceta de psicólogo del autor), de ahí que se necesiten verbos. Llama la atención el uso en infinitivo, que hace que un verbo cobre la calidad de concepto: dormir, despertar. Pero más a menudo aparecen con un pronombre enclítico hacia un lírico, en una expresión autodiegética, que hace al lector partícipe ineludible de las emociones expuestas: …sentirte, olerte, escucharte… (“Inexplicable”); pensarte, soñarte, encontrarte, olvidarte… (“Tu recuerdo”); …no es lo mismo morir por amor que amar muriendo (“Prisas por amar”). Hay una larga tradición en el uso de pronombres en segunda persona, desde Garcilaso, pasando por los románticos y recuperada con vitalidad en el 27 con Salinas (La voz a ti debida). No hay yo lírico sin lírico, hecho que Carrasco ha sabido manejar al no ensimismarse demasiado en el “yo”.

    Juan Antonio Carrasco Lobo

    Otra forma verbal que llama la atención es el imperativo. Como decía Searle, hay una relación entre la forma lingüística de una expresión y la fuerza ilocutiva del acto de habla. El imperativo, junto con las interrogaciones o el futuro de hacer promesas, son actos puramente ilocutivos. Hay en el libro bastantes imperativos, como en “La fórmula de la felicidad”: apúntala, resta, multiplica… y precisamente hay un poema llamado “La promesa”, donde se emplea el futuro con toda la fuerza que implica en ese caso. El resto de los verbos está en presente, en muchos casos gnómico: Le dicen escalofríos cuando la piel se enerva (“Escalofríos”); A lo bello le dicen poesía (“Divina poesía”).

    En el nivel sintáctico, no construye oraciones demasiado enrevesadas, en su ánimo por ser comprendido, muy lejos del gongorismo y muy cerca del lenguaje corriente. En muchos poemas hay mayor parataxis que hipotaxis, al yuxtaponerse oraciones o sintagmas en sucesiones o enumeraciones, o bien con nexos coordinados: Te veo y te siento (“Génesis”); El alma llora, palpita, grita (“Heridas”). Pero depende del estilo de cada poema, ya que algunos cuyos conceptos trata de explicar precisan subordinadas de relativo: El ser que alaba su grandeza, que la adora

    Los recursos estilísticos que más resueltamente utiliza son las anáforas, con sus inseparables paralelismos. Los comienzos anafóricos de cada secuencia de oraciones (más que de versos, porque sus poemas son prácticamente prosa poética) inciden en el concepto o idea que se quiere remarcar, que ha de entrar en el lector con insistencia: El amor es… (“El amor es…”); Le dicen escalofríos… (“Escalofríos”), Te voy a… (“Besar a versos”), “El encuentro”, etc. Los paralelismos sintácticos a comienzo de verso, oración o párrafo son muy abundantes, creando un patrón fijo en la lectura que conduce al lector por el caudal de ideas que se expresa. Este frecuente uso de paralelismos nos lleva a la intertexualidad: ¿Bécquer? Sí, Carrasco Lobo adquiere estructuras de Bécquer: Rima LIII, “Volverán las oscuras golondrinas”; Rima XIII, “Tu pupila es azul”, etc. Pero las anáforas se han utilizado en numerosas épocas: Y paso largas horas… (Dámaso Alonso, “Insomnio”); Escribo… (José Ángel Valente, “Sobre el tiempo presente”), etc. Las estructuras paralelísticas existían ya en la Edad Media, en la lírica popular, recurso de la función poética del lenguaje de gran musicalidad y eficacia en cuanto a la recepción de la idea que se repite, presentada bajo distintas formas insistentemente. Es un recurso que nunca pasará de moda.

    Hay otro par de figuras retóricas muy presentes en todas las épocas que se echan en falta en Carrasco, debido a su declarado estilo libre, con sus pros y sus contras, que son el hipérbaton y el encabalgamiento. Como no escribe realmente en verso, sino en secuencias de oraciones a menudo largas, o en pequeños párrafos, no tiene sentido buscar sirremas ni pausas versales. En cuanto a hipérbatos, recurre a ellos con cautela para no caer en oscurantismos: de sentimientos es mi artillería (“Soldado de letras”). Carrasco decide apostar por un estilo de poesía moderno, una poesía que parezca lengua hablada.

    Sabe mantener el equilibrio entre el lenguaje poético y el lenguaje coloquial, natural, sin artificios lingüísticos ni complicadas metáforas. Son recursos cuyos nombres pocos conocen, pero que usamos en el habla sin darnos cuenta. Por ejemplo, en “El pretérito de amar” encontramos una elegante derivación, al reunir en el mismo contexto toda una serie de palabras derivadas de un mismo lexema, “amar, amor, amaba…”, más poderosa que un ocasional políptoton, al que también recurre: “Vuelve el caminante al camino”. En “Génesis”, tenemos una perfecta anadiplosis con concatenación, la repetición de una palabra o corta secuencia al final de un verso y principio del siguiente: “Te siento y te quiero. / Te quiero y te deseo”. De las enumeraciones ya hemos hablado, también muy frecuentes en su obra (“Poema inacabado”, “Una lágrima”, etc.) y en la tradición literaria, llegando a la música, que también bebe de la tradición y nos la ofrece revivida: “Nos sobran los motivos” y otras muchas canciones de Joaquín Sabina basadas en enumeraciones.

    Todo esto en cuanto a la forma, porque en cuanto a contenido el prólogo de Concha R. Worth nos describe un panorama bastante completo: reflexiones sobre el amor, sobre la poesía y sobre la nostalgia de Cádiz, básicamente. Dice el prólogo: “[…] es la manera, extremadamente personal, de entender la distancia, de abrazar lo nuevo, de comprender el amor, o el desamor, en un simple concepto […]”. Véase qué cantidad de isotopías relacionadas con el entendimiento: “entender”, “comprender”, “concepto”, lo que confirma esa actitud reflexiva del autor, que pretende comprender el mundo a través de la poesía, con una función más gnoseológica, incluso didáctica, que estética. Hay incluso algo de educación emocional en los poemas “imperativos”, como “La fórmula de la felicidad” o “Despierta”.

    Su tendencia a la prosa prácticamente preanuncia lo que va a ser la segunda mitad del libro: relatos cortos, también de gran presencia lírica. Al ceñirse a la brevedad, como es inherente a la lírica, mantienen unidad temática, hay poca polifonía y suelen tener finales intensos. Para ser breves, hay considerable abundancia de la descripción, que le sirve para delimitar, ralentizar y ornamentar. Incluso la descripción toma una formidable función simbólica en el relato homodiegético “Hojas”, cuyo decorado revela el estado anímico del narrador.

    De modo que, concluyendo, lo que podría decirse que determina al libro de Carrasco es la intención de comprenderse a sí mismo y, consecuentemente, hacer que los demás también lo intenten, que el lector participe en esas búsquedas, que las traslade a su experiencia. La poesía que por antonomasia surge de la posición más personal, si es realmente poesía, tiene que ser universal. La experiencia de Carrasco, con sus preguntas sin respuesta, al ser plasmada en forma de poesías o prosas poéticas nos lleva a preguntarnos qué pretende darnos este libro, qué nos dice realmente esa voz poética.

    Cuando un autor entra a plantear y describir razonamientos, como en este caso, a veces se le cataloga como “conceptista”, con lo que se distancia de la experiencia real para enfrascarse en pensamientos, con el riesgo de hacernos ver una realidad que sólo existe en su mente. Viene al caso una cita de González Muela en el prólogo de La voz a ti debida de Pedro Salinas, ed. Castalia: “No creemos que, como dice Spitzer, el poeta escruta a la amada “para conocerse a sí mismo”. No; eso se dará por añadidura; lo que está buscando el poeta es el poema”. De ahí que abarque también la metapoesía, reflexionando sobre la creación poética. La experiencia vital, con todos sus vaivenes, dolores, presagios, desastres, melancolía, no deja de ser un pretexto para lo que realmente le importa a un escritor, ya sea poeta, prosista, narrador o ensayista, y es hacer lo que Aristóteles llamaba “el arte que imita con palabras”, es decir, literatura.

  • Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos (Kriller71 ediciones)

    Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos (Kriller71 ediciones)

    China es todavía un país desconocido por occidente más allá de sus tópicos. Desde las páginas de la revista de Poémame hemos intentando acercarnos a su cultura poética a través de la caligrafía con dos entrevistas a las poetas calígrafas españolas: Tere Vila Matas y Paloma Fadón; esta última saldrá próximamente.  Hoy lo hacemos a través de la poesía escrita contemporánea gracias a la valentía de la editorial Kriller71 de Barcelona.

    ‘Solsticio de invierno’, Han Dong

    Alguien quema fajos de papel en la calle:
    es solsticio de invierno otra vez
    Las llamas iluminan los árboles de las veredas
    los vivos se transforman en sombras
    para acercarse a los muertos
    Al costado de la calle, al pie de un muro,
    en el patio donde vivieron los seres queridos
    la pérdida y la culpa nos dejan presentir otro mundo
    tan oscuro como este mundo
    tan flexible y cálido como las llamas

    Un país mental reúne 108 poemas de 19 poetas chinos contemporáneos, entendiendo por contemporáneos a los autores nacidos al menos una década después de la fundación de la República China y cuya producción está marcada, en relación a la milenaria tradición anterior, por nuevas maneras de expresar lo poético. Si bien el tema del budismo continúa apareciendo, se manifiestan en sus obras características esencialmente nuevas como el hermetismo, el absurdo, un marcado surrealismo, los modos coloquiales, y las tradiciones extranjeras.

    La magistral selección y traducción ha corrido a cargo del poeta y traductor Miguel Angel Petrecca (Buenos Aires, 1979), autor de los libros de poesía El gran furcio (Buenos Aires, Gog y Magog, 2004), El Maldonado (Gog y Magog, Buenos Aires, 2007), La voluntad (Bajo la luna, Buenos Aires,  20011) y El recuerdo de una pared (n direcciones, Buenos Aires, 2011). Es autor asimismo de un libro de ensayos y crónicas sobre Pekín (Pekín, Pre-textos, 2017). Como traductor de literatura china ha publicado, además de esta antología,  Murciélagos al atardecer (Xi Chuan, Bajo la luna, 2017),  El invisible (Ge Fei, Adriana Hidalgo, 2016) y Después de Mao. Narrativa china de hoy (AAVV, Adriana Hidalgo, 2015), entre otros. Un país mental se publicó primero en Gog y Magog (2011), y luego en Lom (Santiago de Chile, 2013). Actualmente vive en París, donde lleva adelante la librería Cien Fuegos, especializada en literatura hispanoamericana en castellano. Aquí os incluimos una entrevista con el traductor.

    Fragmento del poema ‘Consecuencia’, Sun Wenbo

    ¿Es lícito escribir poesía insípida?
    Podéis decir que no, pero yo digo: ¿por qué no?
    Y declaro que el canto no es ninguna obligación.
    Este poema es un método; su significado: el más superficial posible.

    Esta colección nos muestra una serie de poemas que no apelan a ningún mundo interior, a ninguna escuela poética específica; simplemente son poemas tiernos, simples, urbanos, humanos y terrenales.  Poemas con una pátina de poesía budista clásica y de realismo marxista sazonados con algo lejano de literatura occidental. De hecho lo maravilloso de estos poemas debe de estar en su lectura en el idioma original, teniendo en cuenta la sonoridad rítmica y tonal del chino: eso sí que debe de ser una experiencia poética.

    De los veintitrés poetas, destaco a Luo Fu, Duo Duo, Han Dong, Bai Hua, Zhai Yongming, Xiaoo Kaiyu, Sun Wenbo, Yang Jian, Lan Lan, Meng Jiasheng y Xi Chuan.

    La humildad es la única virtud incapaz de conquistar el amor. La paciencia termina por convertirse en un edificio deshabitado.

    Fragmento de ‘K01704’, Xi Chuan.

    Para finalizar, cabe destacar que esta antología consigue que podamos leer poesía china actual sin caer en el ‘chinerío’ del ‘Todo a 1€‘. Porque, tal y como dice Miguel Luis Álvarez, crítico de la revista literaria Oculta,  ‘la poesía china no necesita nada de eso para deleitarnos‘.

  • «Dejar de ser», de Carlos Asensio Alonso (Ed. Chiado)

    «Dejar de ser», de Carlos Asensio Alonso (Ed. Chiado)

    Mudar de piel siempre es una tarea compleja para el poeta, pues a diferencia del hombre moderno, sienta unos pilares a veces inamovibles construidos a base de versos. La dificultad reside en abandonar un pasado atemporal, un oxímoron en toda regla que genera una deriva de incertidumbre destinada a desembocar en un mar de vacío. A veces no se puede ser otra cosa, solo entonces queda dejar de ser, y que sea la propia contradicción la que genere un nuevo ser.

    Dejar de ser, poesía de Carlos Asensio (Chiado, 2017)

    «Dejar de ser» (2017), de Carlos Asensio Alonso (Ed. Chiado)

    Carlos Asensio (Mallorca, 1986) escribe entre los años 2012 y 2016 su primer poemario en un triángulo geográfico limitado por Londres, León y Madrid. Una obra llena de particularidades con la que el poeta saca a relucir un estilo propio, sólido y ameno. Sus largos versos en ocasiones pueden dar la sensación de estar ante un libro de prosa poética; de cualquier modo, Dejar de ser es un libro que guarda uno de los talismanes de la poesía: todo en él es armónico y nada entre sus páginas sobra.

    De este libro emana una lucha constante entre un pasado que no cesa en su intención de ser presente, y un futuro sobre el que no se tiene control. Hasta que el tiempo nos dé caza/ y nuestra voz ya no sea audible. La desnudez de estas palabras son probablemente la fuente de riqueza de la obra. Unos versos narrados en primera persona facilitan la lectura y comprensión, aunque sean necesarias segundas y terceras lecturas para poder extraer más belleza del papel, de esos poemas, de esas confesiones.

    Porque ahora, mientras rememoro escenas de una pasión al aire libre,
    comprendo que,
    en aquel mítico instante,

    yo no era.

    La estructura está compuesta por un prólogo a manos de Niño de Elche, una introducción del poeta (tal vez necesaria, dada la atmósfera ontológica en la que nos quiere introducir) y nueve poemas. Es justo destacar este aspecto por el orden y la pulcritud que transmite, no ya la edición, sino el trabajo del autor tras escribir la obra y decidir el lugar idóneo para dejar caer el punto y final.

    Era, de nuevo, el momento de las despedidas. Pero, antes de irte, jugamos por última vez a recoger hechos y sembrar palabras.

    Al tiempo, cuando regresábamos, encontrábamos que «miedo» había dado lugar a un arbusto magnífico, descomunal, atemorizante. Con forma de planta carnívora, nutriéndose del recuerdo y el olvido.

    Otras palabras, como «deseo», se erguían en voluptuosas ramas, que se entrelazaban de forma infinita en pliegues de una obscenidad impensable y artificial.

    En cambio, otras nunca llegaban a germinar.

    Ahora, mientras aguardo tu vuelta, yazco sobre un mausoleo de hayas centenarias.

    Brotadas de la palabra «espera».

  • Jócquei, de Matilde Campilho: Todo lo que respira, brota.

    Jócquei, de Matilde Campilho: Todo lo que respira, brota.

    Matilde Campilho (Lisboa, 1982), poeta portuguesa desconocida para el público hispano, pertenece al grupo de la «nueva poesía portuguesa». Vivió  en Rio de Janeiro desde el año 2010 hasta el 2013 cuando volvió a Portugal. Ha publicado diversos textos y poemas en diarios y revistas de Brasil, Portugal, Alemania y Estados Unidos de Norteamérica.

    El libro que tratamos hoy, Jócquei, fue publicado por primera vez en 2014 (Edições Tinta da China) y en Brasil en 2015 (Editora 34). Se podía encontrar alguna traducción al castellano por internet, pero hasta hoy no podemos tener el gusto de leer el libro completamente traducido por Aníbal Cristobo y publicado por Kriller71.

    Matilde Campilho, poeta medio portuguesa y medio carioca, huye en este poemario de las rigideces que imponen los signos de puntuación (los puntos, en muchos poemas, no aparecen hasta el final), no se ciñe a una sola lengua a la hora de escribir y las mezcla con naturalidad. Es una poesía valiente para lectores valientes, lectores que buscan nuevas formas de poesía, que no buscan clasicismo. Está en una línea similar a la de otro poeta que ya hemos conocido en Poémame como Luca Argel y de otro que conoceremos próximamente, Ricardo Domeneck.

    La poesía de Campilho no es para leer deprisa, hay que saborearla. Mi experiencia con la lectura de este poemario ha sido doble y he descubierto una faceta que no había experimentado antes: leerla y escucharla por Youtube. La lectura me fue gustando poco a poco, pero cuando compaginé la lectura en castellano con sus poemas leídos en portugués, fue tremendo, un éxtasis. Sentado en el sofá, solo, con el libro, los auriculares y el ordenador conectado a las lecturas de Matilde Campilho de Youtube. Probadlo, ha sido un descubrimiento, al menos para mi. ¡Impresionante! Poesía que te hace levitar.

    Os dejo como ejemplo el poema ‘Cocotal’ y Campilho recitándolo aquí: Coqueiral.

    La nostalgia es un golpe que estalla así

    veintiocho veces desde mi hombro tatuado

    de desastre hasta la rosa colgada de tu boca

     

    Y el amor, en este caso específico, es una zambullida

    sin miedo que proviene casi siempre de una nota

    climática sólo para convergir en el hueso frontal

    del cráneo del rey de la ilusión – tierno es su rostro

     

    Señor, los huesitos del mundo son de miel y oro.

    Jócquei es muchas cosas a la vez: vida, música, melancolía, tragedia, belleza, trabajo, … como un poema de Whitman a quien se refiere en el poema ‘Paz, palabra útil’.

    En algunos de sus poemas, suponemos que Campilho juega con los silencios. De ahí la importancia de oírlos, de autoleerlos para escucharnos a nosotros mismos y así escuchar esos silencios que sólo con la lectura no aparecen.

    En otros poemas, la poeta mezcla dos niveles de ‘cultura’, la callejera y la burocrática, la popular y la oficial:

    Algunas veces, durante el cómputo de estrellas, pienso en los santos que protegen a los pilotos. Amelia Earhart dijo que no se casaría a no ser que se firmara una lista de condiciones y esas condiciones implicaban la posible fuga en cualquier momento: «I cannot guarantee to endure at all times the confinements of even an attractive cage.»

    ‘Noticias garabateadas al borde de la carretera’

    Es una poesía que no solo elimina los signos de puntuación, también elimina las fronteras:

    Ya no sé lo que cree el brasileño porque hoy creo que brasileño o argelino son precisamente la misma cosa: todo lo que respira, brota. Creo que la ternura es importante.
    ‘Tiger balm’

    Matilde Campilho

    Como joven poeta de su generación, no siente nostalgia de ningún tiempo pasado y por eso vive en un mundo multilingüe, multicultural y multicontinental.

    Aprenderé a amar las casas

    cuando entienda que las casas

    están hechas de gente

    que fue hecha por gente

    y que contienen en sí la posibilidad

    de hacer gente.

    ‘Two-lane blacktop’

    Finalmente, quiero destacar un comentario de Arancha Nogueira, quien firma el prólogo del libro que nos atañe: «Las voces de Jócquei son a veces perversas, malencaradas, superficiales; otras veces son únicas, generosas, estupendas. Son tan humanas que son a veces todo y otras veces nada, y se aburren… Nos incita a saber mirar todo lo que queda detrás de la sorpresa. También lo que hay detrás del tedio.»

  • Haiku desde la trinchera: «Cien visiones de guerra», de Julian Vocance (Renacimiento)

    Haiku desde la trinchera: «Cien visiones de guerra», de Julian Vocance (Renacimiento)

    A veces, al leer a un autor desconocido, nos impacta desde las primeras líneas. Me ha sucedido con muchos autores de haiku clásicos y actuales, pero deseo referirme ahora de un caso particular, el de Julien Vocance (cuyo nombre auténtico era Joseph Seguin, 1878-1954), a quien descubrí a través de la obra de Fernando Rodríguez-Izquierdo “El haiku japonés”, editado por Hiperión. Él cita a Vocance en el capítulo 9 titulado “Fortuna del haiku en la literatura universal”, dentro del subtítulo: “El haiku en francés”.

    Cien visiones de guerra, de Julian Vocance, trad. Susana Benet (Renacimiento, 2017)

    Pero ¿qué tiene de particular este autor?, ¿lo que escribe son haikus en el sentido más puro? , ¿la traducción debe ser literal?

    Trataré de responder a estas cuestiones desde mi modesto punto de vista. En primer lugar me impresionó leer sus “Cien visiones de guerra” porque nunca había leído haikus dedicados a este difícil tema. Pero lo que más me admiró fue la sencillez y naturalidad con que Vocance nos muestra el terrible escenario de la Gran Guerra, los acontecimientos dramáticos que contempló y que, con serenidad y concisión, fue trasladando al papel como breves instantáneas poéticas. ¿Y por qué se valió del haiku para hacerlo? Vocance formaba parte de un grupo de poetas franceses que a principios del S. XX se interesaron por la estrofa oriental. De este grupo formaban parte Paul Louis Couchoud, Paul Éluard y Jean Paulhan. Habiendo descubierto el haiku, se valió de la breve estrofa para componer un relato sobre sus vivencias en las trincheras. Estos haiku, o haï-kaï como los llamaban en Francia, fueron posteriormente publicados en la Grande Revue (París, 1916) con gran éxito de crítica.

    Cuando leemos a los autores clásicos, no nos encontramos habitualmente con temas bélicos, aunque existen ejemplos. Recientemente, la editorial Hiperión ha publicado “Haikus de guerra” de Seiko Ota y Elena Gallego. Desde una postura ortodoxa, estos tercetos no son haikus a la manera tradicional, son poemas impregnados de sabor a haiku porque nos relatan de manera sencilla y directa sucesos, vivencias, observaciones basados en la propia experiencia, sin añadir elementos artificiales.

    Sabía que el tema era arriesgado y que mi conocimiento del francés es muy básico, pero sentí la intensa necesidad de traducirlos, de dar a conocer este testimonio que, más o menos fiel a los principios de haiku tradicional, trata de relatar, denunciar y poner ante nuestros ojos la crueldad que supone cualquier enfrentamiento bélico. De este modo me comprometí emocionalmente con este soldadito desconocido, casi anónimo, cuyo coraje me conmovió. Y, además, conté con el apoyo de la editorial Renacimiento, que decidió publicar el libro dentro del centenario de la Primera Guerra Mundial.

    En cuanto a la forma, he procurado transmitir con la mayor fidelidad las terribles visiones, sin apartarme demasiado de la forma literal, pero modificando a veces el contenido para poder ajustarlo lo más posible a la métrica tradicional del haiku, aunque en muchas ocasiones esta tarea me ha resultado imposible.

    En cuanto a lo que el haiku trata de transmitir, es decir, las impresiones captadas por los sentidos, hay una buena cantidad de ejemplos en este libro, apuntes de lo que sucede en torno al observador, aquello que irrumpe de una forma violenta, amenazante.

    Encontramos imágenes visuales que describen el panorama siniestro que el ojo contempla desde su escondite.

    Quince días a ras de suelo,
    mi ojo conoce los más leves montículos,
    las mínimas hierbas.

    Si ves en el cielo copos de humo
    busca el avión…
    Por otro lado.

    Una ametralladora ensangrentada,
    antes de morir, esparció
    su abanico de cadáveres.

    Cuando se trata de sensaciones auditivas, estas llegan a ser inquietantes y brutales, tal como él las experimenta.

    A ras de las trincheras
    los bufidos de gato furioso
    de los Minenwerfer*.

    * Mortero, lanzador de minas alemán

    Mi oído inquieto analiza los sonidos:
    nuestros… de los Boches… 77… 120*
    a la derecha… enfrente… arriba… ¡Tocado!

    * Cañón alemán de calibre 120

    Perros lejanos aúllan a la muerte…
    Se acercan…
    Y pasan de largo…

    En otros momentos lo que Vocance nos muestra es la vulnerabilidad de los cuerpos, sometidos a duras condiciones físicas, a la enfermedad, a las heridas, a los parásitos.

    En su franela
    sus uñas van picoteando
    a los bichitos.

    Con la tierra
    sus cuerpos celebran
    nupcias sangrientas.

    A trocitos,
    un abanico en torno a él,
    su carne esparcida.

    Sin embargo, aun enfrentado a la amenaza continua, contemplando a su alrededor las terribles secuelas de cada bombardeo, los cuerpos abatidos sobre el barro, el dolor y la fatiga de los que sobreviven, el poeta es capaz de encontrar un breve espacio para el humor o la observación banal, tal vez como única manera de sobrellevar el espanto.

    A mí me dio en la nalga,
    a ti en el ojo.
    Tú eres un héroe, yo casi.

    Si doy mi pellejo por ti
    -campesino rapaz-
    dame leña para mi sopa.

    La tez rubicunda,
    el vientre desabrochado:
    cocinero de oficiales.

    Vocance sobrevivió a la guerra, fue condecorado por su valor. Perdió un ojo.

    Aunque conocido por estas visiones de guerra, que tan aplaudidas fueron por el público de su época y que ahora tratamos de rescatar del olvido, Vocance escribió otros tercetos sobre la guerra, así como poemas más extensos sobre temas variados, en un volumen publicado en 1983 por Les Compagnons du Livre bajo el título: “Le livre des Haï-Kaï” y “Le héron huppé”, También se han reeditado en Francia, recientemente, sus “Cien visiones de guerra”.

    Mi deseo, al realizar este proyecto, ha sido contribuir a la difusión de la obra de este poeta apenas conocido en nuestro país. Se trata de mi homenaje personal a este soldado, como a todos los que padecieron y padecen los horrores de la guerra.

  • L’ocell matiner i altres poemes, de Ted Kooser (El Gall Editor)

    L’ocell matiner i altres poemes, de Ted Kooser (El Gall Editor)

    L’ocell matiner i altres poemes es la primera traducción del inglés al catalán de una selección de treinta y un poemas de los dos libros más significativos de Ted Kooser (Iowa, 1939): Delights & Shadows (2004) y Splitting an Order (2014) publicada en 2017. Tanto la selección como la traducción ha corrido a cargo de los poetas y traductores Miquel Àngel Llauger (Palma, 1963) y Jaume Subirana (Barcelona, 1963).

    L’ocell matiner i altres poemes es una traducción hecha a cuatro manos, tal como nos informan los traductores en la introducción. Eso significa que no es una suma de versiones, lo cual nos asegura el éxito del resultado final. La editorial que se ha arriesgado a tal empresa es El Gall Editor, con sede en Pollença, Mallorca, una de esas pequeñas editoriales a las que queremos dar voz desde las páginas de la Revista Poémame. Editoriales que, de manera pausada y silenciosa, van ofreciendo pequeños grandes tesoros en forma de poesía que los grandes medios ignoran.

    Con Jaume Subirana, ya tuve el placer de trabajar en otra traducción al catalán de una selección de poemas de Gary Snyder, Les muntanyes són la teva ment, de Tushita edicions y no tengo la más mínima duda de su categoría como traductor. A Miquel Àngel Llauger no lo conozco personalmente, pero he leído parte de su obra poética y es de lo más interesante que se puede encontrar hoy en día en las islas Baleares.

    Ted Kooser representa al escritor arraigado a su pueblo, a su tierra. Es un poeta local y está orgulloso de ello. Nació en Iowa, como sus padres, donde pasó su infancia antes de trasladarse a Nebraska. Vive en Garland dedicado a sus libros e impartiendo todavía algunas clases universitarias. No ha viajado nunca a Europa. Desde Nebraska, y escribiendo sobre Nebraska y Iowa, Kooser hace poesía universal, sin fronteras. Vive en esa zona de los Estados Unidos que los norteamericanos solo conocen por verla desde la ventanilla del avión, los estados flyover. En la zona donde vivieron, antes de ser exterminados, los indios sioux y lakota.

    Kooser es el decimotercer poeta laureado por la Biblioteca del Senado de 2004 a 2006 y premio Pulitzer en 2005 con su poemario Delights and Shadows, que ha llegado a vender más de 100.000 ejemplares.

    La poesía de Ted Kooser está hecha de pequeñas historias accesibles al lector. Versos que nos hablan del amor, de la familia, del paso del tiempo con un lenguaje aparentemente sencillo, sin exceso de palabrería o de páginas innecesarias. Algunos lectores pueden llegar a creer que su poesía es fácil por esa aparente sencillez, pero nada más lejos de la realidad porque a veces un poema pasa, hasta darlo por terminado, por 40 o 50 borradores.

    Ted Kooser es el permanente asombro frente a lo aparentemente pequeño o insignificante: las cosas de la casa que nos hacen amable nuestro día a día o las personas sencillas que son el universo que nos rodea.

    La malalta mira sota la seva divertida gorra de llana com cada peu s’arrossega endavant, un darrere l’altre sota el seu pes.

    The sick woman peers from under her funny knit cap to watch each foot swing scuffing forward and take its turn under her weight.

    Los lectores de Kooser se encontrarán con poemas como ‘Tattoo/Tatuatge’, ‘Mother/Mare’, ‘A Jar of Buttons/Un pot de botons’, ‘Applesauce/Compota de poma’, ‘Mother/Mare’, ‘Father/Pare’… entre otros, que se mueven entre la anécdota contada, el ínfimo detalle y el golpe directo a la emoción del lector. Por ejemplo, los poemas dedicados a su madre y a su padre, el de ella escrito al mes de su fallecimiento y el del padre a los veinte años de su pérdida son de una intensa y contenida emotividad que me han transportado a la tierna canción de Pare Meu/Padre Mío de Silvia Pérez Cruz.

    Aquest dia, cada any, t’encantava contar
    que just quan vas néixer
    la teva mare va mirar per la finestra
    i va veure lilàs florits. (Pare)

    On this day each year you loved to relate
    that at the moment of your birth
    your mother glanced out the window
    and saw lilacs in bloom. (Father)

    La naturaleza también juega un papel importante en la poesía de Kooser; en el poema Mans que preguen / Praying hands es capaz de ligar detalles mundanos como el de unas manos que rezan con la imagen de una mariposa cerrando sus alas en el momento de descansar entre flores.

    D’aquesta forma tanca les ales una papallona
    quan descansa entre flors.

    A butterfly presses its wings like that
    as it rests between flowers.

    En otros poemas, Kooser ha visto historias de gente anónima, con una imagen de vulnerabilidad y de dignidad que ha querido plasmar en sus poemas para que no pasen desapercibidas y olvidadas por el paso del tiempo.

    Una dona jove en cadira de rodes,
    amb un ponxo de niló negre esquitxat de pluja,
    avança empenyent-se pel matí…
    Has vist els pianistes
    corbar-se de vegades endavant per tocar les tecles…
    És així com aquesta dona
    toca les rodes,i alça els dits blancs i llargs,
    els deixa flotar… (Un matí de pluja)

    A young woman in a wheelchair,
    wearing a black nylon poncho spattered with rain,
    is pushing herself through the morning…
    You have seen how pianists
    sometimes bend forward to strike the keys…
    Such is the way this woman
    strikes at the wheels, then lifts her long white fingers,
    letting them float… (A rainy morning)

    Ted Kooser, a su derecha Miquel Àngel Llauger y a su izquierda Jaume Subirana.

    El universo de Kooser son los sesenta metros cuadrados del local, una antigua tienda, donde trabaja: libros de poesía, fotografías de familia en blanco y negro, un caballete con pinturas, objetos de su entorno rural, todo en su sitio, como sus poemas. Mirando a través de la ventana se puede ver escrito: “Poetry made and repaired”. El sentido del humor que no falte.

    Lean a Kooser, merece la pena, denle una oportunidad. Lean a Kooser porque es un poeta oculto en el mundo rural, alejado de las élites literarias y que gracias a Jaume Subirana y a Miquel Àngel Llauger hemos descubierto y hemos disfrutado. Pero antes de acabar, les quiero dejar dos regalos por haber llegado hasta aquí, la voz de dos poetas:

  • «La luna siempre miente», de Sierra Castro (Séneca)

    «La luna siempre miente», de Sierra Castro (Séneca)

    Bien sabe quién escribe poesía que un libro debe guardar el punto y final cuando siente que han abandonado los actores el escenario, y un tupido telón se cierra para siempre tras una oleada de aplausos, llantos y sonrisas. Recorre entonces un rumor de conclusiones abiertas haciéndose notar por los silencios del poeta; todo lo anterior es, entonces, un libro cerrado. Y para eso escriben, para marcar de algún modo los ciclos señalados en un lírico y personal mapa astral. Al igual que la luna, epitafio de Heráclito y su cambio eterno, pasear por el cielo y ser, cada noche, una realidad distinta vista desde nuestros ojos.

    «La luna siempre miente» (2016), de Sierra Castro (Séneca)

    La poeta de Hornachuelos (Córdoba) nos brinda unos versos cargados de lucidez en su segunda antología ─previamente publicada en 2013, Paraísos perdidos─ con la que logra hablar de los grandes temas de la literatura dejando al lector con los pies en la tierra entre la magia de sus palabras y el orden perfecto que las articula.

    Sierra Castro (Foto: Editorial Séneca)

    La clarividencia del verso y la total armonía entre estructura, estética y relato, hacen de esta obra todo un ejemplo del desarrollo actual de la poesía urbana y de la experiencia.

    Es cierto que para hablar del tiempo, del amor y el desamor, de habitaciones vacías y sillas abandonadas hay que tener la cadencia y elegancia suficiente como para poder hablar de ello, pero más valor debe acumular quien empuña la pluma para escribir, por ejemplo, sobre economía. Sierra Castro logra así hacer poesía de la frialdad de los mercados y sus fríos movimientos estratégicos en el poema Sin seguro a todo riesgo. Este fragmento es útil para entender la madurez en cuanto a la cadencia. Se percibe el ritmo solo con leerlo; la rima interna se hace sentir como si naciera casi sin querer en el cuaderno de la autora. Aparece entonces la distinción respecto del resto de poemas publicados hoy, gracias, precisamente, al baile perfecto de palabras que permite hacer de estos poemas un agradable recital.

    Invierte en las acciones que te eleven.
    Procura los activos poderosos
    para que se dispare el interés
    y solo sea la piel letra de cambio.
    Gestionemos el fondo tuyo y mío.
    Y en los fondos
    que las manos liquiden el deseo,
    que solo sea tu tacto el incentivo,
    que se anude con vértigo a mi olfato.

    El anhelo de que todo lo pasado fue siempre mejor que lo vivido entonces también está presente en el poemario. Sin maquillaje, repleto de mesura y realidad, la poeta evoca el recuerdo del modo más bello posible en Encuentro.

    Encuentro

    Yo no sé si es amor pero te tuve.
    Yo no se si es amor y ya te has ido
    y no anestesia eso mi deseo
    de repetir contigo los vientos y el paisaje,
    el imantado espacio entre las bocas,
    la piscina cubierta de tus brazos,
    una noche cualquiera de este mundo
    ─aunque solo sea un día en esta existencia─
    que nos haga sentir que nos amamos.

    Accesible, de vanguardia, con voz propia… Así es la obra de Sierra Castro, unas confidencias que bien podrían ser cuidadas epístolas de un pasado vago al futuro que le sigue lento e inmortal. Encontramos en sus poemas un icono oculto en el panorama nacional de la poesía que, sin embargo, representa y está a la altura de lo que se ha llamado poesía de la experiencia y urbana. Por último, todos los beneficios que genere esta obra serán donados a la Fundación Dharana para colaborar con el proyecto O Couso en el mantenimiento y creación de casas de acogida, escuela y comunidad.

  • «Sueños y desvelos», de Raúl Carreras (Sar Alejandría Ed.)

    «Sueños y desvelos», de Raúl Carreras (Sar Alejandría Ed.)

    La poesía de Raúl Carreras es, esencialmente, una poesía sonora, una poesía de rima y métrica. Antes que por su contenido, su poesía destaca por su forma. Mantiene siempre la constante de la búsqueda de la rima ante todo lo demás, lo que le otorga una apariencia jovial y lúdica. El ingenio que requiere el artesonado de las rimas, tan intensamente marcadas en formas clásicas como sonetos, décimas, octavas, liras, quintillas, etc., no puede, cuanto menos, sorprender al lector. Es poco habitual en la poesía contemporánea, donde el verso libre tiene la supremacía. No obstante, la sonoridad de la rima remite más a la de poetas como José de Espronceda o Gloria Fuertes, cuya poesía es para ser leída en voz alta y escuchada por un público, que a la rima más callada y sutil, hecha para rimar en la mente al leerse en silencio, como ocurre con Antonio Machado. Sin quitarle valor, la poesía de Carreras destaca por su facultad para recitarse en público, ante un auditorio, con el consiguiente disfrute de tanto poeta como oyentes, donde resuena una ebullición de escogidas palabras en un complejo juego de coincidencias fónicas.

    Sueños y desvelos, Raúl Carreras (Sar Alejandría ed., 2017)

    Como sucede en los poetas que desean revitalizar las formas clásicas, las estructuras cerradas de métrica y rima, el lenguaje de muchas de las obras está limitado al artesonado de la forma. Rara vez se consigue que el lenguaje logre su máxima expansión. Pero el mérito está en que se trata, sin duda, de poesía, porque el verso es verso. No ocurre así con el lado opuesto de la poesía actual, el verso libre, que cae a menudo en la desgracia de ser una enumeración de frases o palabras sin fuerza y sin aquel requisito que decía Neruda, que cada verso sea un poema en sí mismo, una isla. La mala poesía en verso libre es, simplemente, prosa. Raúl Carreras sabe mantenerse alejado de este vicio, gracias a su incansable búsqueda de la forma.

    En cuanto al contenido, es destacable la gran diversidad de temas. No es un poeta que se ciña a un solo tema de preferencia o del que no sepa salir. El caso de Raúl Carreras es el de alguien que habla de todo lo que le gusta o le interesa. Entre sus temas, por tanto, podemos encontrar reflexiones sobre sentimientos (¿Qué es amor?, Miedos, Pasión apagada, Soneto a la alegría), el vínculo con su tierra, o con Castilla, con España en general (Bernardos, en un soneto no cabe; Camino de Santiago; Raso de Castilla; La octava… maravilla; Mi pueblo; Mi añorada infancia); tradiciones locales (Romería de la Virgen del Castillo, Subida 2010, a la Virgen del Castillo); denuncia de las tragedias de la Guerra Civil (Guernica, Memoria histórica); amor a la familia (Amor de madre, Alai, Hermanos); la belleza de ciertos fenómenos naturales (Nieva, Puesta de sol, Tormenta de verano), temas cotidianos como el fútbol, alimentos (Oda al chocolate, La Octava… Real, La Décima, Soneto a la cerveza, Soneto a la tortilla); reconocimiento y ensalzamiento de poetas (A Miguel Hernández, Soneto a Gloria Fuertes); sobre la propia composición poética (Palabras, Suspiros de la lira, Versos en almoneda); los pecados capitales (Seven); los cinco sentidos (Con sentido); reivindicaciones sociales de actualidad (Orgullo, In Memoriam); amor y desamor (En la noche de los sueños, Fue una noche fría, Cartas en el cajón, etc.), en incluso alguna composición erótica o pornográfica (En la hora de la siesta…).

    Merece atención aparte el área temática del amor, pues es un tema ineludible y el de mayor peso en la lírica, que sin duda Raúl Carreras sabe dominar, pues aúna sentimiento y expresión con gran intensidad, remitiendo a veces a la tradición. Por ejemplo, salta a la vista la clara alusión a la rima XXIV de Bécquer, Dos rojas lenguas de fuego, en el poema de Carreras Fundidos en un beso, manteniendo esa estructura anafórica del “dos” y campos semánticos líricos cada vez que se enuncia con ese numeral:

    Dos nubes algodonales
    en un cielo despejado.
    Dos estrellas celestiales
    en un ocaso dorado.
    Dos miradas pasionales
    de ojos que han amado.
    Dos imágenes frugales
    de futuros anhelados.

    La poesía de Carreras es clara y directa, sin demasiados ambages herméticos que suspendan al lector o receptor en esfuerzos de interpretación. Se deja procesar por su sencillez y su música, sin mayores complicaciones. Ahora bien, ocurre a veces que encierra alguna idea más sutil en imágenes metafóricas, casi simbólicas, como ocurre con El abrazo:

    En el fresco claustro, sobre la exedra,
    con suma destreza, rara pericia,
    por sus anchas paredes crece la hiedra.

    La sensación más profunda de un abrazo, en múltiples vertientes de interpretación, queda representada en esa imagen, tan bien expuesta en palabras, de la hiedra sobre la piedra labrada. La planta es algo vivo, la piedra es algo inerte. El claustro es un monumento, algo que debió ser imponente, construido por una institución humana, pero pasa a ser vestigia, recuerdo deteriorado de un esplendor pasado, al estar cubierto de hiedra. Pero todo ese contraste indica inexorablemente sentimientos amorosos, un abrazo. La imagen es genial, pero precisamente éste es un raro poema en la antología, al ser corto y de una forma poco habitual en Carreras: una sola octava anisométrica.

    Raúl Carreras

    El poeta no se priva de experimentar en diversas formas o saltarse alguna de sus normas si el efecto de lo que se transmite va a ser mayor. Ya no vivimos en una época de formas exquisitas: nuestros edificios tienen curvas, se tuercen y serpentean, ya no hacemos palacios herrerianos. La libertad de sentimiento y de expresión se permite todo; pero es de agradecer el cómplice guiño a nuestra tradición castellana el constante retomar de Carreras de las formas del Siglo de Oro.

    No todas esas referencias son a las formas cultas, porque también nos sorprende el poeta con sus romances, como el Romance de Eros y Psique y el Romance de un Quijote enamorado. Se puede decir que su pericia en el verso corto es, si cabe, aún mayor, y que maneja la asonancia a la perfección. En el contenido, combina con destreza la lírica y la narrativa, aunque siempre es la lírica el género dominante.

    La introspección, el poema reflexivo, tiene una de sus más altas representaciones en el soneto Dentro del laberinto, cuyos cuartetos guardan admirable métrica y ritmo, con el magistral acento heroico en la sexta sílaba en muchos casos: ¿Dónde está la salida al laberinto, / dónde encuentro la puerta principal? […] ¿Acaso no hay un camino distinto / del obstinado impulso irracional? […]

    En definitiva, es un placer poder contar con la poesía de Raúl Carreras, cuya carrera, jugando con las palabras como tan bien sabe hacer él, no acaba más que de empezar. No es, por ahora, el poeta que vaya a sorprender a los críticos y los maestros, no, ni falta que hace, sino que hace la poesía que hay que hacer verdaderamente: la de los amigos, la familia, los sentimientos vividos, los amores sufridos, los gustos personales…, todo ello para las personas que nos quieren y que nos conocen. Y si algunos no conocemos aún a Raúl, podemos verle a través de su poesía. Podemos ver a un poeta cercano, humano, un poeta del pueblo.


    La presentación de «Sueños y desvelos» tendrá lugar el jueves 21 de septiembre a las 19 horas, en el Centro Cultural Matadero de Madrid.

  • «Alas del sur», de Pedro Garfias (Renacimiento)

    «Alas del sur», de Pedro Garfias (Renacimiento)

    La historia la escriben los vencedores; llenan con los colores de sus banderas todo un relato, inundan memorias, en ocasiones con mentiras, el recuerdo de un país, y para hacer de contrapoder a esto, nacen los poetas. Uno de los más conocidos casos podemos verlo en la generación del 27 y los poetas de la Guerra Civil. Más de sesenta, de los cuales apenas una larga docena son conocidos; es por eso que hoy os descubrimos a Pedro Garfias, nacido en Salamanca, criado en Sevilla y exiliado en México.

    «Alas del sur», Antología poética de Pedro Garfias (Renacimiento)

    Esta antología reúne una muestra completa de las etapas, estilos y temas centrales del poeta durante los años comprendidos entre 1926 y 1967 dividida en cinco capítulos: «Hoy que llevo mis campos en mis ojos» es el primero de ellos. Aquí el estilo descriptivo, junto a una lírica muy personal (es sencillo darse cuenta de su única autenticidad), nos hace ver el perfecto encaje que tiene en la generación del 27. Suena a Campos de Castilla, solo que hablando de Andalucía, patria y ciudad.

    Yo te puedo poblar, soledad mía,
    igual que puedo hacer rocas y árboles
    de estas oscuras gentes que me cercan.

    Cómo su gracia y limpidez los ojos
    me abrasan con su luz… No lo soñara
    la torpe mano que me arrebata
    mi blanca Andalucía.

    «Hambre de pan y horizontes» es, estrictamente, el capítulo que se ciñe a los años de la Guerra. Memoria y dignidad que inmortalizan al miliciano muerto, a las Brigadas Internacionales, a Federico García Lorca, a generales y capitanes, a José Díaz y a Dolores Ibárruri, a los Héroes del sur. 

    A la muerte de José Díaz
    Desde nieves con sangre
    y cosechas ardidas,
    desde esqueletos pálidos de fábrica
    y casas en ruinas,
    nos llegan las palabras:
    Ha muerto José Díaz.

    Allí donde la muerte tenazmente labora
    la piedra y la sonrisa
    y clava a hachazo limpio en el paisaje
    el duro ceño de la nueve fría,
    José Díaz ha muerto rodeado
    de claras formas rígidas,
    de voces con espanto y duras manos
    fraternas conmovidas.

    Hombres, titanes, dioses
    vieron correr su vida,
    romperse, despeñarse
    por la fijeza atroz de sus pupilas
    vieron morir su cuerpo
    ardiendo en sus cenizas.

    La muerte trabaja infatigable.
    Aquí una pobre aldea en carne viva,
    aquí una presa levantada a pulso
    y a pulso sostenida,
    toda una historia y una aurora a punto
    echada atrás, hacia la noche lívida.
    Y José Díaz muerto, muerto y vivo,
    porque la guerra dura todavía.

    «Dejadme saber mi sueño» es el tercer capítulo de esta antología, que recoge la versión más íntima del poeta. Romances, canciones y sonetos componen en la armonía del exilio este tercer título.

    Guadalquivir
    El espejo de tus aguas
    sabe del rodar suave
    de las tardes sevillanas.

    Ay, río que se me va.
    Ay, tarde que se me escapa.

    A cada paso del río
    va adelgazando la noche
    y las estrellas menudas
    ya nos parecen enormes.

    Capitán, pronto, la brújula.
    Que este río no va al mar.
    Que va a la luna.

     

    El cuarto capítulo, Llevar la vida a cuestas, es sin duda ese conjunto de glosas, sonetos y poemas de los que hablamos cuando mencionamos el hastío y la apatía de la posguerra, el exilio y la profunda crisis existencial en la que muchos autores de la época cayeron.

    III
    Debió ser un hombre fatigado
    de tanto buscar luz entre la noche oscura.

    IV
    La soledad que uno busca
    no se llama soledad;
    soledad es el vacío
    que a uno le hacen los demás.

    El último capítulo recoge siete poemas dedicados al mundo de la tauromaquia, muy popular, extendida y aceptada en la época por todo el Estado español y, posteriormente, en México, donde se exilió el poeta hasta su muerte. Desde allí nos llegaron sus glosas, sonetos y poemas que componen esta antología .

  • «Cábala: Amor», de Elena Flores (Ed. La Calle)

    «Cábala: Amor», de Elena Flores (Ed. La Calle)

    No había día mejor para terminar de leer este libro que el 28 de junio. Tuve el gusto de compartir con Elena Flores un café con hielo en la plaza donde suelo hablar de poesía eventualmente con un gran amigo. Allí, la autora me dio unas pinceladas sobre su obra, y me advirtió, siendo certera, que es un libro que exige segundas y terceras lecturas. Por placer, o por comprender mejor cada palabra.

    Cábala: Amor (2016), de Elena Flores (Editorial La Calle)

    Antes de comenzar, tengo que hacer especial mención a la editorial. La Calle es la primera editorial LGTB de Andalucía. Si bien es cierto que en el resto del país hay otras casas editoriales especializadas en este colectivo, no cabe duda de que es una buena noticia que surjan otras que den visibilidad a autoras y autores LGTB.

    Lo profano y lo divino de la libre sexualidad se esconde en la voz de Elena Flores: esto es lo que encontramos en este libro. Una pura declaración de amor y erotismo, «un contraste sexual de cuerpos que por un segundo se intercambian y yuxtaponen en una retórica (anulada) del poder», como apunta Álvaro López Fernández en un prólogo que bien podría ser una reseña, o, como él mismo apunta, un manual de instrucciones para el libro que prologa. Y es que los poemas de Elena requieren más que un esfuerzo de introspección. Esto no quiere decir que de una primera lectura, los poemas no transmitan; todo lo contrario: es una lírica muy accesible a la par que intensa, rompedora con la corriente de la experiencia predominante en la actualidad.

    El homoerotismo es la clave en este poemario en el que critica a las etiquetas de generalización se hace eco a través de un ascenso a ese monte Sacrolujurio, en el que Lilith –como figura principal de reivindicación- da la bienvenida.

    Se indica en uno de los párrafos de la contraportada de Cábala: Amor.

    El relato es en sí mismo una puesta en cuestión, un discurso poético que, de no ser por el contexto, podríamos considerar inocuo para lo establecido: podríamos pensar, incluso, que es un libro de poemas de amor más. Respecto a este punto, señalaré una última cosa, y es la excelente habilidad que tiene Elena Flores para escribir mediante un juego de máscaras y bailar con la retórica de la voz poética.

    La estructura es perfecta, utiliza el verso libre entendiendo lo que significa. No son simples saltos de línea, cada verso tiene una función, nada sobra en un poema. Como apuntaba al comienzo, rompe con la poesía de la experiencia, pero mantiene la calidad en el verso libre. Nada es artificial ni suena forzado, y es algo muy positivo que la sinceridad de la poeta se perciba incluso en la estructura.

    Fragmento de «Goliat»

    Como un pavo real te luces,
    sabiendo que te miran los ojos
    de todos los que te rodean.
    Conoces tus cualidades:
    lo estético en ti es sobrenatural.

    Gustas un torso envidiable,
    en tus piernas la marca de Da Vinci
    se hace eco de Pitágoras.
    Todo tu cuerpo es, al fin y al cabo,
    un arte matemáticamente perfecto.

    Podemos decir que un texto es un buen poema cuando hay armonía entre estos tres elementos: relato, estructura, y, por último y muy olvidado en la actualidad (por desgracia), el ritmo. No es solo en este fragmento del libro de Elena donde vemos esta armonía lírica; es en todo el conjunto de su obra. El ritmo va de la mano de la estructura, y la unión resulta impecable.

    Nos deja con hambre de más, pero repito: nada sobra. Es un libro muy ameno, con un intenso e íntimo relato que guarda distintas capas de profundidad, pero es, sin duda, un libro con el que cualquiera que haya vivido las neuras del amor se puede sentir en la piel de la autora. Un título apropiado, un prólogo enriquecedor, y dos capítulos completamente líricos y universales.