reseña

  • «El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes)

    «El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes)

    «El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes) es un poemario que definiría como profundidad en movimiento.

    Tanto camino que la voz,
    todo se ilumina y se oye 
    destapa soledades dormidas 
    busca su retrato la soledad del agua

    Al adentrarme en sus versos, siento una gran carga de introspección, que me invita a desnudarme, a despojarme de estereotipos y pensamientos banales para concederme el privilegio de ser.

    Tengo pensado a mi borde 
    todo lo que escucho y voy …
    nada tengo pensado sobre mi caminar 
    y mis lamentos,
    intento escribirme lo que dibuja 
    mi principio,
    intento cantarme solo mi miedo 
    y aclararme con esta nube gris,
    que me empapa los pies y se esconde detrás de unos talones,
    o una costilla, o un suspiro,
    que sin poder evitarlo se apropia de mis dedos…

    Me he permitido el atrevimiento de recitaros un fragmento.

    El alma despierta y amanece la vida, la naturaleza evoca su canto, el río fluye, el sonido bosteza, la tormenta de sensaciones alcanza al poeta, este se para, y es ahí donde nace la escucha íntima, la complicidad entre el origen y la causa, entre el concepto de lo que soy y lo que percibo.

     El autor convierte al paisaje que le rodea en un espejo, y por medio de la observación activa, estimula la imagen que una vez procesada, le devuelve el reflejo convertido en poema.


    …En lo salvaje me encuentro entre las hojas,
    me mantengo, me reflejo en ellas, y me veo a mí

    Es un gran privilegio poder contemplar a un poeta en el que la naturaleza  había echado semillas desde muy joven y en el que la experiencia poética como vivencia, a través de la voz y la presencia han sido determinantes.  

    Su técnica no tiene más método que el de vivir lo que habla y viviéndolo lo pone vivo también en los que están con él. Todas las cosas hablan en su silencio y él les pone voz al vivirlas.

    Muchas noches hay en una noche sola desairada
    con viento de lo profundo de la tierra,
    demasiada agua nos cae en la frente de la noche…

    Como en todas las cosas que nos rozan sin tocarnos, como en todo aquello que habitamos  y sabemos no tangible, la poesía de Jorge Pascual se deja llevar por y en libertad, dejando florecer lo esencial en cada verso; comulga  el misterio, azota el viento por fuera y el suspiro por dentro.

    …Hace daño la vida 
    en cada marca del cuerpo

    Lamento los cielos pesados y rotundos,
    profundo su bosque misterioso y horizontal distancia.
    Tan lejano su agua y su incendio mortal 
    se desprenden los cielos de sus ciclos rocosos y tan sentimentales …

    También encuentro un guiño muy bonito del poeta hacia el lector y hacia su obra, una coherencia indiscutible, para mí, entre la obra materializada y la vivencia. De ahí, la sencillez y la falta de una estructura guiada, ni siquiera un título, anticipándose al poema. En él late el desorden emocional y salvaje, en un perfecto y maravilloso equilibrio. 

    Diría que la poesía de Jorge Pascual es amamantada con el mismo aliento con el que las ramas de un árbol son azotadas, o como fluye el cauce de un río desembocando en el mar…

    …Cuánta soledad de latido 
    que llega danzando por los caminos cual espíritu
    que encuentra un árbol y se arrodilla…

    Cabe destacar que este libro es el trabajo de todo un año en el que el poeta se introduce y convive en plena naturaleza .

    Con su poesía, Jorge Pascual en definitiva nos lleva cogidos de la mano hacia el paralelismo del ser interior y la naturaleza que nos rodea, hacia el nacimiento de los sentidos, hacia el  espertar de un mundo fecundo, que solo es posible cuando nos adentramos con motivación y sin corazas, descalzos de cargas y de prejuicios, y sobretodo escuchamos con detenimiento, lo que tenemos que decirnos.

    Desconoce el fin y el principio
    desconoces tu pie y tu cielo
    qué hay del camino en el cielo 
    qué esconde el cielo en su propio camino .
    Lejanía incesante
    solo pasos como cuerpos alejados de ti.
    En tu propio rostro se deslumbra el camino.

    El viento está escrito se compone de poemas, manuscritos, dibujos, fotografías y materiales sonoros vinculados a una serie de caminatas realizadas por Jorge Pascual y comisariados por Bruno Marcos. Todos los materiales han sido recogidos o creados por el autor. Podéis acceder a parte de estos archivos en la web de Ediciones Menguantes.

    … Hay ramas a veces que nos tragan el tiempo 
    y nos recorren la muerte a soplos del viento 
    y llueve…
    llueve todo en silencio

    Jorge Pascual (León, 1981) es poeta y actor. Ha publicado los poemarios “Morir de viento“ (Leteo, 2001), “Manual de ultramarinos” (2015) y “Caminan las nubes descalzas” (Eolas, 2016). Recibió un accésit en el Premio Nacional de Poesía “Eugenio de Nora”.

    Para finalizar, os dejo un breve poema que nos da una adorable pincelada de la esencia que sustenta esta obra.

    Se ha ido el olvido 
    me cabe el recuerdo de ver, 
    si olvido el infinito.

  • Versos al margen, de Marta Garrós. (Punto Rojo Libros, 2019)

    Versos al margen, de Marta Garrós. (Punto Rojo Libros, 2019)

    Cuando el lector se introduce en Versos al margen, lo que realmente queda al margen es la vida. Uno entra en un mundo brillante de emociones y sentimientos que, de algún modo, envuelven y atrapan el alma para no soltarla.

    El poemario, en su mayoría poemas breves y concisos que concentran en pocas líneas una esencia pura y emotiva, está estructurado en tres partes o capítulos que la propia autora nos presenta al inicio del libro, en una breve introducción:

    I. Más que amor, donde los poemas se centran en amor y desamor.

    II. Inspiración, donde la poesía parece fluir por sí misma.

    III. Mis versos al margen, donde encontramos una parte más oscura, más esencial y quizás más íntima, son esos poemas que parecen salir desde algún recóndito pliegue del alma.

    I. MÁS QUE AMOR

    «Y es cuando sus palabras tropiezan

    con su corazón,

    que todo se derrumba…»

    Marta deja unos pequeños versos al inicio de cada capítulo a medida de introducción, que ya nos ponen en pre-aviso de lo que vamos a encontrarnos: palabras, corazón y derrumbe. Tres vocablos que marcan la línea de este primer capítulo.

    Veintiocho poemas, algunos de una intensidad abrumadora, y otros delicados como un susurro al oído, que nos muestran en pequeños matices todas las emociones que podría englobar el enamoramiento: fascinación, entrega, sentimiento y casi devoción. Pero también nos habla de tristeza, ausencias, e incluso de puede llegar a vislumbrar una parte oscura de la relación:

    En el vaivén del tiempo
    Calidez su dentellada
    Y tu esposa me resuelvo
    Frágilmente subyugada.

    -Fragmento del poema Mi Contraluz

    …el consuelo
    De esta tristeza
    Abrigándome
    Con tus frías ausencias

    -Fragmento del poema Zona de confort

    A su vez, y casi ligado al tema menos plácido del amor, el que conlleva heridas, en el que hay batallas, entrevemos ese lado positivo que a veces suele rodear la poesía de Marta, y podemos ver esa parte femenina más fuerte, la de la mujer incansable que ama con todas sus fuerzas, a pesar de las heridas; la que siempre renace y se sobrepone. Veamos, por ejemplo el poema Guerrera, donde a pesar de perder, de arder y reducirse a cenizas, siempre vuelve, con más fuerza si cabe, dándole la vuelta a la situación y acabando convertida en su heroína:

    Resurjo de sus cenizas
    En cada batalla perdida
    Anudando en mi brazo
    Las heridas recibidas
    Y aun dándome él
    Por vencida
    Siempre seré su heroína…

    La sensación de plenitud sentimental también tiene su espacio, más grande que el dolor si cabe en este primer capítulo, y nos llega casi acompañada de música y estrellas, pues el lenguaje que usa Marta nos acerca inevitablemente a una magnífica atmósfera de destelles y sueños, todo envuelto en un fino velo de delicadeza y suavidad:

    BESOS DE SEDA

    Vuelan sus besos
    Que en mí se quedan
     
    Como caricias
    Envueltas en seda
     
    Y evoco sus labios
    Prendidos en ella
     
    Arrullo de amante
    Para que duerma.

    Un poema que casi parece que lo podemos tocar, y sentir su tacto sedoso entre nuestros dedos.

    La intensidad en los versos de Marta es algo innegable; hay versos que son prácticamente sentencias, firmes sentencias-promesas que son absoluta entrega, amores que ni la muerte puede romper:

    Si has de hacerlo
    Muere en mí
    Y vivirás
    En mis adentros.

    -Fragmento del poema Eternidad

    Yo me quedaré en ti
    Apartando tus espinas
    Para que me hieran a mí.

    -Fragmento del poema Para los restos
    La poeta Marta Garrós.

    II. INSPIRACIÓN

    «Buscaba inspiración en las estrellas

    sin saber que ya era polvo de estrellas.»

    Los siguientes diecisiete poemas nos llevan a otro ámbito, otro tipo de emociones como la timidez, la resignación, y sensaciones como el tacto o el aroma, se dan cita y se entrelazan con elementos mágicos y estelares, creando un universo o un único mundo que une la emocional con lo real y el imaginario.

    En este sentido, llama la atención del poema Hada Verde. Muchas veces, la poesía de Marta transmite ese ambiente mágico y como de fantasía y, en este poema, por primera vez nos aparece un ser mágico que esparce traviesa su narcótico elixir, la musa de la absenta, la poesía. Ahí es donde el lector, sin darse cuenta, se ve por un instante en la Francia del siglo XIX, y trae a la mente la imagen de Verlaine con su vaso de absenta entre las manos. Entonces se comprende que a menudo, lo que la autora intenta hacer en y con su poesía, es unir ese imaginario literario tan precioso con la realidad, la vida.

    HADA VERDE

    Esparce traviesa
    Su narcótico elixir
     
    Saciando poetas
    Malditos de ella
     
    Susurra en sus labios
    Ebrios de absenta
     
    Batiendo sus alas
    Sin dejar de reír.

    Sucede en este segundo Capítulo que nos aparece, al fin, la poesía japonesa, de la que Marta es Haijin y Senpai, en un Sedoka quem siguiendo la estructura de seis líneas seguidas 5-7-7-5-7-7, nos presenta un instante, como un cuadro, un sonrojo escondido detrás de un abanico y dedos temblorosos, en seis versos de gran belleza:

    SONROJO

    Un abanico
    Como frágil guardián
    Cubre su timidez
    La suave de seda
    Es baile entre los dedos
    Palpitando el sonrojo.

    Y le sigue otro llamado Shouganai, donde encontramos otro guiño hacia esa cultura en esa expresión japonesa que expresa la sensación de saber que hay cosas que no se pueden cambiar, y que son porque han de ser, ni más ni menos.

    Poeta retoma esa atmósfera suave y delicada, casi lírica podríamos decir, en un poema que se nos presenta como aromático.

    Y atesoran mis ojos
    Quimeras preciosas
    Cual rosa en un libro
    Perfumando sus hojas

    -Fragmento del poma Poeta

    Y eso se repite en otro poema de este Segundo Capítulo. Si en el capítulo anterior teníamos un poema que casi se podía tocar, Besos de seda, ahora nos encontramos un poema que casi se puede oler, Préndeme Claveles, y nos percatamos que definitivamente, la poesía de Marta tiene tintes sensoriales, haciendo de un sentido, el eje del poema junto con los sentimientos:

    Róndame con flores

    Que de penas voy sobrada

    Róndame esta noche

    En mi reja perfumada

    -Fragmento del poema Préndeme claveles

    Y de esa sensación empírica, volvemos de nuevo, entrelazando realidad e imaginación, a la fantasía con Ondida, que nos evoca aquellas perversas ninfas del mar, que son capaces de embrujar con su risa. Así lo cuenta Marta, casi ahogada en la inspiración:

    ONDINA

    Canto un canto de sirenas
    Me arrastró hacia su mar
     
    Embriagada por su esencia
    Besaba espumas y sal
     
    Y aun sabiendo
    Que me ahogaba
    Me olvidé de respirar.

    III. MIS VERSOS AL MARGEN

    “Sólo el loco en su cordura,
                    logra ver brillar,
                    el lado oscuro de la luna”

    Veintiún poemas que de repente oscurecen las estrellas anteriores. Se abre con Réquiem, un poema oscuro, lúgubre, que supone un alto contraste con la luz del capítulo anterior, las ninfas parece que se van apagando. Sería como entrar, quizás, en la parte más profunda del alma:

    RÉQUIEM

    Lágrimas muerde
    Tras las cortinas
     
    El borroso murmullo
    Por despedida
     
    Letras doradas
    En comitiva
     
    Perfilan el trono
    Con letanías

    Abunda en este Tercer Capítulo, un vocabulario que transporta a la oscuridad y a la tristeza: velas, cenizas, letanías, rosas negras, sangre, sombra, pozo, jirones, lluvia, duelo, llantos, lluvias, silencios… todo aparece un poco más crudo, un poco más áspero, un poco más triste.  

    Desde un corazón que se va diluyendo, a llantos que rompen –Me quedo como una nube que enjaulada va rompiéndose hasta llorar-, de tormentas que rugen a dolorosas despedidas:

    DESPIDIÉNDOTE

    Nunca sabré
    Dejarte ir del todo
    Mi amor
     
    Por eso
    Me despido de ti
    Poco a poco
     
    Para que no duela
    Tanto el adiós
     
    Prefiero ir
    Soltándote a trozos

    Danza Inmortal llama la atención en este tercer capítulo porque, en medio de tanta oscuridad y dolor y tristeza, aporta un punto de luz, la línea general del capítulo hace un giro puntual, y de repente se llenan los ojos de luz y brillos:

    Bailaré entre tules
    Vaporoso incienso
    Ritual de altares
    Donde está tu cielo

    -Fragmento del poema Danza Inmortal

    Para cerrar el poemario, Marta nos deja un poema precioso que aparece como el cierre de un círculo, es lluvia por dentro y parece que el alma anegada sólo desea volver a ser tierra, a la pureza, al origen:

    SOY LLUVIA

    Lluevo por dentro
    Y por fuera
    Quiero llover
    Esta nube
    Que se aferra
     
    Quiero llorar
    Y confundirme
    Hacerme agua
    De la Madre Tierra

    Versos al margen es el primer poemario de Marta Garrós Badal (Barcelona, 1966), publicado por Punto Rojo Editorial (2019). Sentimientos y emociones se entremezclan con esos tintes modernistas del imaginario y la realidad en más de sesenta poemas que configuran un poemario emotivo, mágico y auténtico.

  • Animalicémonos, de David G. Lago (Boria Ediciones)

    Animalicémonos, de David G. Lago (Boria Ediciones)

    Sólo con el título del libro, David G. Lago ya nos despierta; un título que sugiere un regreso a nuestro ser más primitivo; un título que nos pide, casi nos ordena, que volvamos a recuperar aquello más auténtico y más esencial de nuestro ser.

    Al ir adentrándose en la lectura, el lector se encuentra frente a un poemario fuerte, valiente e intenso que, con cierta crudeza, nos acerca y nos muestra la realidad de la forma más clara y directa. Nos pone de bruces frente a nosotros mismos, nos abre una ventana a la vida actual, a la frialdad a la que estamos sometidos sin darnos apenas cuenta. Y es que la jaula, a veces, somos nosotros mismos y el mundo que hemos y estamos construyendo.

    El libro se nos abre con una primera puerta, Animal Analítico, con una invitación a meditar y revisar en qué nos hemos ido convirtiendo, este animal analítico que cada vez tiene más de analítico que de animal.

    […]

    Nuestras manos crearon el planeta,
    tallaron herramientas fraternales,
    dieron luz al progreso
                                                   y dieron lumbre al arte.
                   
    Pero también crearon jaulas
    y campos de exterminio.
    Tallaron herramientas fratricidas.
    Sometieron a sus hermanos.
    Aquellas manos primitivas
    olvidaron de dónde venían.

    -Fragmento del poema Analicémonos.

    Una descripción de lo que los humanos habían sido y lo que son, lo que han sido capaces de hacer. Un valiente aviso donde se nos abren los ojos ya de entrada. Una advertencia directa de que estamos perdiendo, si no hemos perdido ya, lo más esencial. Hay que alzarse y ser capaz de regresar al origen.

    Animalicémonos. David G. Lago. Boria Ediciones

    Pasado este primer golpe/aviso, nos adentramos de lleno en el cuerpo del libro, el llamado De vestigios y olvido. Encontramos el punto de vista crítico y afilado, la degradación humana y perdición de la humanidad, que sigue avanzando sin saber hacia dónde camina, pero arrasando con ella misma y con su entorno.

    Me parece totalmente simbólico el poema con el que arranca, Poco a poco hundiremos el arca de Noé. Se nos coloca delante la pérdida, conscientemente inconsciente, de los sentidos, destacando el olfato. El olor es uno de los sentidos que más agudizan los animales para sobrevivir, para conseguir alimento, para conocer su entorno. Quizás como para hacernos recuperar ese sentido ya casi olvidado, en el poemario se destacan los aromas con mucha intensidad:

    […]

    Un olor putrefacto
    emana del asfalto.
    Las horas punta
    se volvieron aún más
    malolientes, si cabe.
    Colapsos, atascos
    frenando a los vehículos
    pero no a lo frenético.
     
    […]
    Ya nadie huele.

    Fragmento del poema Poco a Poco hundiremos el arca de Noé.

    A lo largo del libro van apareciendo diferentes animales, cigüeñas, perros, golondrinas, elefantes… como muestras de conductas, aquello que la razón nos ha ido acotando hasta hacernos parecer casi autómatas que no sienten apenas ni tienes instinto. Se sirve de sus maneras de vivir para mostrar comportamientos humanos que nos alejan de nuestra parte más natural y primitiva, como animales vivos que somos; se va sucediendo en el libro como una reivindicación de nuestra parte más animal, aquella que debemos recuperar. No está del todo perdido, más bien está olvidado.

    […]

    Vivamos
    con plena intensidad,
    con calma y embeleso.
    Vivamos plenamente.
    Vivamos
    como copulan los cochinos.

    -Fragmento del Poema Vivimos como copulan los conejos

    Incluso los cuervos, en un precioso guiño literario a Poe, aparecen para grabarnos a fuego su mensaje: <<Por favor: nunca más.>>

    Otro de los puntos que David nos muestra y destaca, en contraposición con la vida animal, es la pérdida de libertad. Algo que el propio ser humano ha ido provocando si darse cuenta (se supone…) desde que la humanidad existe. De hecho, uno de los poemas más impactantes de este poemario es Tendremos microchips bajo la piel, donde se pone de manifiesto esta falta de libertad, el control al que estamos sometidos (por la propia humanidad), la pérdida de esa concepción del ser y el libre albedrío para pasar a ser lo que quieran que seamos. Hay algo tremendamente doloroso en este pomea, y quizás sea la sensación que esta vida futura que nos plantea no está desencaminad, que este futuro que se augura no es algo tan alejado de la realidad.

    […]
    cuando llegue el momento y nos desahucien
    de nuestros propios esqueletos
    y pasen el lector
    por lo que alguna vez
    fue nuestro cuello.

    El empobrecimiento de la vida se palpa verso a verso, de una manera fría y en parte, dolorosa; sobrevivir se ha convertido en un esfuerzo y eso, inevitablemente, acarrea cierta tristeza, pues en cierto modo se entrelaza, a través de precisas pinceladas poéticas en diversos poemas del libro, con la idea de un futuro arruinado y acabado por la evolución constante tan vacía a veces de emociones; se ha perdido lo esencial, el mundo está contaminado y el ser humano, cuanto más tiene, menos natural y más pobre es.

    […]

    Al margen de la lógica,
    fuera de lugar, como el látigo
    que azota al hipopótamo
    en el circo y su círculo cerrado.
     
    Pongamos cada cosa en su lugar:
    devolvemos al agua al hipopótamo;
    llevemos al destierro al que blande su látigo:
    dejemos al obrero libre como un animal.

    Fragmento del poema Cada cosa en su lugar.

    Vemos al final de este fragmento de poema que el libre no es el individuo, sino el animal.

    Sinceramente, creo que la mejor manera de aprender todo lo que este libro pretende enseñarnos es adentrándonos en él con todos nuestros sentidos despiertos, y preparados para aprender a vivir de nuevo. Pues página tras página, David y todo un grupo de animales que llegan de su mano nos dan pequeña lecciones que han de servir para que nuestra vida vuelva a ser vida y vuelva a ser nuestra; para que aprendamos a disfrutar y comprendamos que, tal como estamos viviendo y avanzando, nos estamos perdiendo las cosas más básicas y preciosas de la vida:

    […[
    El pájaro se ríe del avión
    pues sabe que es ilógico
    volar
    con la frente plagada
    de hojas de ruta.
     
    El vuelo nunca fue lo más valioso,
    sino poder girar el timón
    a voluntad.

    Fragmento del poema El pájaro no quema queroseno.

    Este poemario no es una caricia, es un puñetazo crítico sobre la mesa que, como mínimo a mí, ha conseguido agitarme la vida, las emociones y la conciencia.

    Altamente recomendable para no perdernos del todo.

    Analicemos las señales. Retomemos la cultura.
    Icémonos como animales.
    Animalicémonos.

    Animalicémonos es el cuarto poemario de David G. Lago (Córdoba, 1981), profesor de Geografía e Historia. Su primer poemario salió a la luz en el año 2016, 33 Reflexiones que Cristo haría en mi lugar (Esdrújula Ediciones). Luego llegó Corazón Inmueble (Lastura, 2017) y posteriormente Satán es un canalla despeinado (Canalla Ediciones, 2017).

  • La poesía de Juan Carlos Camarero: Pensamientos, deseos y promesas

    La poesía de Juan Carlos Camarero: Pensamientos, deseos y promesas

    El libro de Juan Carlos Camarero, Pensamientos, deseos y promesas (2019), es el fruto de un largo proceso del autor como lector y como escritor. Según expone en el prólogo redactado por él mismo, en su vida de corriente ciudadano -padre, trabajador y jubilado- consigue detenerse a escribir en los momentos en que se siente movido a ello. Pese a que alega escribir para sí mismo o para su círculo de amigos, ha decidido dar el salto para ser leído por desconocidos por medio de la publicación de su obra, este recopilatorio de poemas, en la editorial Edición Personal/Ópera Prima (Madrid).

    Pensamientos, deseos y promesas, de Juan Carlos Camarero

    En este paso del Juan Carlos Camarero-técnico de estadística al Juan Carlos Camarero-autor literario hay indudablemente algo de valor: lo principal es esa investidura, ese cambio o evolución de uno cuando consolida un logro en el que ha estado trabajando; pero, además, no se trata de uno de los muchos entusiastas jóvenes que se dan a conocer al mundo como poetas sin haber tenido tiempo de leer, ni de escribir ni de vivir, sino de un hombre en su madurez con una larga experiencia a sus espaldas. Aunque, como se dirá más adelante, sus poemas puedan considerarse demasiado sencillos, no hay que perder de vista este referente: siempre se dilucida la persona real tras la voz poética, la cual legitima lo que dice líricamente.

    El título es bastante acertado en cuanto a la temática: pensamientos, deseos y promesas. Abundan, más bien, las reflexiones, los recuerdos, los momentos inmortalizados en la lírica que se abstrae a la sucesión temporal, pero la expresión tripartita del título remite, junto con la tónica general de todo el libro, a un poeta principalmente: Antonio Machado, poniendo como ejemplo Soledades. Galerías. Otros poemas, si bien el autor prefiere imitar el verso corto de su modelo. No tiene reparo en ocultar esta fuente; de hecho, en el poema Sevilla, dice: “La del patio sevillano / que tanto amó don Antonio, / ¿por qué no traes tu sol / a mi pobre corazón?”

    En esta línea predominan los poemas de índole puramente machadiana, enmarcados en los ya consolidados tópicos del maestro de la generación del 98: el otoño (Otoño 94, 95 y 96; Canción a un otoño que no llegó, etc.); el recuerdo y la nostalgia (Recuerdos, Nostalgia); la tarde y el crepúsculo (Unidos, Saudades, Recuerdos…), el camino y la acción de caminar (Caminar, Caminante, Camino…), los sueños (Sueños, Sueño…) y la metapoesía (Poeta, Cantor, Canciones, Copla…), entre otros. No hay nada original, realmente, en nuestro autor, pero continuar la obra de un maestro de la literatura española no implica que esta nueva producción poética no tenga suficiente calidad. Hay que subirse a hombros de gigantes: siempre va a tener algo de bueno un poema que respire tradición; las raíces más profundas hacen la obra más alta.

    Esta será la tesis que sostendremos para legitimar la calidad de Camarero. Nuestro poeta segoviano ha leído hasta el punto de hacer suyos a los mejores poetas españoles, haciendo de ellos el armazón sobre el que construir su obra, o donde arraigarse para crecer. Como decía Salinas: “En historia natural se denomina hábitat, habitación, la zona donde se cría adecuadamente una cierta especie vegetal o animal. En historia espiritual la tradición es la habitación natural del poeta” (Jorge Manrique o tradición y originalidad, cap. IV). Así, nótese cómo Camarero brota de Machado incluso en el léxico:

    “Muchas veces he querido / […] / quemar mi vida, el destino, / […] / caminando tan tranquilo”.

    Caminar, J. C. Camarero.

    “Caminé hacia la tarde de verano / para quemar, tras el azul del monte…”

    Crepúsculo, A. Machado.

    “[…] escucha el rumor del viento / […] / deja que caiga la tarde / […] / desde allí verás el mar […]”.

    Caminante, J. C. Camarero.

    “Y me detuve un momento, / en la tarde, a meditar… / ¿Qué es esa gota en el viento / que grita al mar: soy el mar?”

    XIII, Soledades, A. Machado

    La recurrencia al léxico machadiano es constante, manteniendo así un imaginario común y el mismo código de símbolos y metáforas. No es casual que tanto uno como otro utilicen la tarde y otros elementos de la naturaleza como símbolo como medio de expresión de sus percepciones y sentimientos, ya que este fenómeno natural remite al hecho cronológico de la última etapa de la vida, la madurez. Igual sucede con el verano y el otoño (la mañana y la primavera siempre han simbolizado la juventud en la lírica tradicional). Esto sucede, por tanto, porque ambos poetas escriben en su madurez, con plena consciencia de ella y con la inexorable lejanía de la juventud, con lo que consecuentemente aparece la nostalgia, los recuerdos, los caminos (lo vivido como proceso diacrónico, lo recorrido, lo aún por recorrer…) y los sueños (lo deseado, no vivido, o bien lo vivido idealizado). Recuérdese el famoso poema de Machado: “Yo voy soñando caminos / de la tarde […]”.

    La naturaleza siempre aparece como reflejo del estado anímico del poeta, a veces en sintonía, otras veces en contraste. La naturaleza en Machado era la de los Campos de Castilla: austera, sosegada, humilde, la de una España vieja y reducida a sí misma tras el desastre del 98, hundida en sus propias raíces, cuyo paisaje humilde parece remitir a los vestigios de lo que fue. Así se ve uno mismo en su madurez: tras la larga carrera de la vida se contempla lo esencial, lo que siempre queda, como los atardeceres y como el mar. La emoción está, porque no hay lírica sin emoción, pero está abrazada al sosiego de espíritu, representado por los paisajes amplios y apacibles: “como el viento susurrante / que va camino del mar” (Cantor); “como el agua rumorosa / que va camino del mar” (ídem), “con las olas susurrantes” (Sentir en la playa), “cuando el manto de la noche / se adorna con mil estrellas” (La playa), etc.

    Guarda relación con este sosiego la presencia del tilo (La Fuente de los Tilos, Otoño 94). Los árboles son poderosos símbolos del inconsciente colectivo, presentes en la mitología y el arte de todas las culturas, representando cada especie un concepto. Como se sabe, este árbol, el tilo, es conocido por la infusión tranquilizante que se obtiene de sus flores. Sin embargo, hay algo más: es de los últimos en florecer, ya que lo hace prácticamente en julio (verano, ‘madurez’), en contraposición con el avellano o el almendro, que son los primeros (primavera, ‘juventud’). El tilo simboliza el ‘amor en la madurez’ y, como el símbolo en literatura nunca es monosémico, a ello se le suma el ‘sosiego, tranquilidad’. Que además el poeta mencione la fuente junto a este árbol refuerza aún más el componente amoroso, ya que la fuente, en lírica tradicional, al calmar la sed y refrescar, siempre ha simbolizado la ‘satisfacción amorosa’: “En la fuente del rosel / lavan la niña y el doncel…”, “Fontefrida, Fontefrida, / Fontefrida y con amor…”, etc.

    La identificación con la naturaleza a la manera machadiana -de emoción, de nostalgia y de calma- aparece a veces en forma de dialogismo con elementos de aquella. El poeta, en el pacto de ficción que sostiene toda obra literaria, y reconociéndose en el paisaje como espejo del alma, le habla atribuyéndole la posible animación de su propia alma, utilizando el recurso de la metagoge. Es curioso que los dos poetas utilicen el vocativo “viejo amigo”, Machado para la Sierra de Guadarrama (“¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo […]?”, en Campos de Castilla) y Camarero para el otoño (“Tú no cambias, viejo amigo, / siempre igual, tus hojas, / tus bosques, tu río, tu mar.”, Otoño 94).

    Pueden encontrarse en los poemas otros rastros de la tradición no directamente machadianos, por ejemplo:

    • La identificación del poeta-cantor con su instrumento musical, en una sinécdoque, presente en la Oda ad florem Gnidi de Garcilaso de la Vega: “Si de mi baja lira…” o en Bécquer, la Rima VII, “Del salón en el ángulo oscuro […] veíase el arpa”. Camarero repite este tópico en Canción nocturna (“Suena mi lira en la noche…”) y en Necesito (“Ya no sé si enterrar mi guitarra”).
    • La embarcación como símbolo de ‘esperanza en las pasiones amorosas’, las cuales se representan con el mar, por lo que, para navegarlo, necesitamos un vehículo, una barca. A veces una o más barcas que se divisan son esperanzas amorosas; otras veces, la barca representa la confianza en uno mismo para navegar por las pasiones (“Navega, velero mío, sin temor…”, Canción del Pirata, Espronceda). El referente claro y directo de Camarero en su poema Mi barquilla es Lope de Vega, con su célebre romancillo Pobre barquilla mía. Ambos comparten el estado de impotencia de la “barquilla” para navegar.
    • En Vida hay dos versos que combinan la escritura con el mar, señalando la imposibilidad de la tinta de marcar las vastas aguas: “porque mi pluma no sabe / abrir surcos en la mar”. Esto recuerda al poeta de cancionero Juan Rodríguez de Padrón, que ya decía en el siglo XV: “Bien amar, leal servir / […] / es sembrar en las arenas / o en las ondas escrevir”.
    • En Ven aparece el tópico de la lírica amorosa del apremio o la no tardanza del amado o la amada, muy presente en la Edad Media: “Ven pronto, amor, ven pronto”. En la poesía de cancionero, Juan del Encina dice así: “No te tardes, que me muero, carcelero…”, y Jorge Manrique, esto otro: “No tardes, Muerte, que muero” (con connotaciones eróticas). La lírica de tipo popular, anónima y todavía anterior, siempre apremiaba al encuentro amoroso: “Al alba venid, buen amigo…”. Cuanto más pronto, mejor. Y en el caso de los enamorados en la madurez, con más motivo.

    Otras veces Camarero retoma algún rasgo o vocablo de gran reminiscencia literaria en la lírica popular para alterar su significado, pero dejando entrever que se ampara en la tradición. Es el caso del uso de la palabra “amigo” o “amiga”. Desde los albores de la Edad Media el amigo era el amado, ya desde las jarchas (habib), con connotaciones amorosas y también eróticas. Sin embargo, los significados que Camarero atribuye a esta palabra oscilan entre ‘amada’ y ‘colega’: “Tendrás siempre mi cariño, / seré tu amigo leal” (Te esperaré), “Querida amiga, / cierra con fuerza tu mano, / cuando sientas la mía” (Amistad), “[…] teniendo siempre a tu lado / un amigo de verdad” (Mírame), y todo el poema Amiga. Siempre que el yo lírico se está dirigiendo a una mujer, el término “amistad” y la denominación de amigo o amiga conlleva matices amorosos.

    En relación con esto, en la lírica amorosa suele darse la llamada lírica del vocativo, la que se construye en torno al pronombre tú y todos los de segunda persona. Los mayores exponentes de esta lírica, por su intensidad y su belleza, son Garcilaso de la Vega y Pedro Salinas. En contraposición, la lírica también se define como la expresión del yo, de los sentimientos y emociones, partiendo de la primera persona (véase el Diccionario de términos literarios de Estébanez Calderón). Camarero se maneja con soltura en ambos polos: cabe la intensidad y el lirismo del yo lírico, y a la vez volcándose en el receptor, con el tú, en poemas como Recordar: “Te he buscado por los sitios / donde yo te conocí”, que coincide temáticamente con El amor difícil de Luis García Montero (“Si pudiera encontrarte…”), o en el poema Sentir (“Entre los arcos sonoros / te he sentido”), donde el amor corporal que parte del recuerdo vivido apunta a La voz a ti debida de Pedro Salinas.

    Sin embargo, el sujeto lírico, la voz que se filtra a través de la máscara del poeta, no es un ser insatisfecho. Recordemos lo dicho de emoción y sosiego en los versos de Machado. Los poemas amorosos de Camarero no claman a la desesperada (excepto Ven), sino que asumen la pérdida y meramente se dedican a pedir una tenue atención, invitando, quizá, pero no exhortando. Por eso se refiere a la amada como amiga, nada más, atenuando la aspiración amorosa y, quizá así, haciéndola más auténtica. Estos versos cargados de lirismo ilustran esta noble asunción de pérdida (Recuerdos):

    No quiero que mi canto

    llegue a tus oídos

    como un llanto,

    no es mi estilo.

    Prefiero hundir mi corazón

    en el olvido

    antes que llorar como la tarde,

    en estos versos que te escribo.

    A pesar de todo lo expuesto, podría decirse que los poemas de Camarero no son lo bastante complejos ni profundos. En cierto modo, así es. No ofrecen un desafío al lector, no se exige de él un gran esfuerzo de comprensión o de construcción de ideas, como pretende la poesía del silencio o de otras tendencias de los siglos XX o XXI. No hay metáforas difíciles ni el acostumbrado hermetismo de los poetas modernos, que en su discurso autológico sólo se comprenden a sí mismos. Pero un considerable sector de los lectores y de la crítica prefiere una poesía más impenetrable y más cargada de recursos, que ofrezca un reto al ingenio.

    Sin embargo, no hay que dejarse engañar por la poesía aparentemente tan sencilla como la de nuestro autor segoviano. Los temas que elige albergan suficiente riqueza, ya que algunos son eternos, como el amor. La forma otorga al contenido la adecuada disposición para que fluyan y suenen los versos en la mente del lector a través de una lectura íntima y silenciosa, que es precisamente lo que pretendía Machado (de acuerdo con Vicente Granados, profesor de la UNED). Camarero no abusa de la rima; deja numerosos versos sueltos. Cuando rima, lo hace sin regularidad, combinando asonante y consonante, lo que acerca la lengua poética a la lengua oral. Esta tendencia es muy común actualmente, a veces de manera intencionada y otras veces por desidia de los poetas, que prefieren no esforzarse en encajar las rimas (igual sucede con la métrica).

    Así que nuestro autor se centra en el ritmo y la musicalidad, bastante asequibles al utilizar el verso corto. Como decía Juan Victorio (UNED), en poemas polimétricos, los versos cortos sirven para concentrar y los versos largos para explayarse. La poesía de Camarero pretende ser lo más concisa e intensa posible, siguiendo quizá la estela de Bécquer; por eso los poemas nunca son largos y los versos suelen ser heptasílabos u octosílabos.

    La musicalidad la logra, a menudo, con constantes repeticiones: anáforas, paralelismos, estribillos, recurrencias léxicas… Consigue varios objetivos simultáneamente al hacer uso de distintas formas de repetición, que son: la musicalidad, la repetición de secuencias rítmicas utilizando las mismas palabras; la insistencia en los conceptos que se repiten, que quedan enfatizados al aparecer recurrentemente; y la referencia a la tradición, donde la lírica popular de las cantigas de amigo, de los villancicos y la poesía de cancionero repetían constantemente (también con función enfática y musical).

    Las preguntas retóricas también son un recurso muy sencillo que dinamiza enormemente el discurso, puesto que acoge en sí casi todas las funciones del lenguaje: expresiva, conativa, fática y poética. En poesía, a veces se afirma lo que se pregunta, otras veces se hacen preguntas sin respuesta: “¿Por qué lloras, mi barquilla, / teniendo al lado la mar?” (Mi barquilla).

    Estos recursos, junto a la claridad y a la sencillez, no estorban o incluso ayudan a la intensidad y fuerza ilocutiva de esta poesía. No hay nada desdeñable en poemas que se entienden a la primera como León Felipe, el ya citado Bécquer, el Neruda amoroso de sus inicios o de Los versos del capitán, o en el Miguel Hernández de El rayo que no cesa. Cuando Camarero dice “siento tu piel en mi piel, / en el corazón, mis penas”, queda todo dicho, con octosílabos, con repeticiones, elipsis, antítesis y el aroma de la tradición. Nada que reprochar, si lo que buscamos es compartir las emociones de una persona normal, madura, que vive y siente.

    Y es que, como decía Dámaso Alonso en Poesía española, “Las obras literarias han sido escritas para un ser tierno, inocentísimo y profundamente interesante: el lector”.

  • Un hotel de cinco estrellas sobre un cementerio, de Ale Oseguera

    Un hotel de cinco estrellas sobre un cementerio, de Ale Oseguera

    El pasado 15 de mayo, fuimos invitados a asistir a la entrega de premios de los XII Premios literarios de ediciones Oblicuas que tuvo lugar en El Rouge de Barcelona. Estos premios tienen dos categorías:

    NARRATIVAS OBLICUAS:
    (Novela, novela corta o conjunto de relatos)

    LA NUNCA POESÍA:
    (Poesía maldita y de la frontera: postromanticismo, decadentismo, simbolismo,vanguardias, deconstrucción, postestructuralismo, etc.)

    En la categoría de narrativa, el ganador fue el relato LA CIENCIA DEL VACÍO, de Javier Barraca. Relato escrito casi como un tratado en que se hubieran insertado, de forma calculada, unos puntos de fuga poéticos que dan sentido a toda la narración, tal como indicó el editor.

    En la categoría poética, UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO, de Ale Oseguera fue el poemario ganador. Según el presentador, «el poemario está escrito desde los aledaños del lenguaje, desde ese lugar limítrofe en que las palabras coquetean con el más allá de sí mismas para acabar devorando el propio espacio que habitan. Es un poemario escrito desde las entrañas con sorprendentes metáforas que buscan iluminar una certeza que se sabe perdida«.

    Ale Oseguera. Foto de Víctor Hondartzape.

    Somos inciertos.

    Los únicos infalibles

    son los muertos.

    La poeta Ale Oseguera ya fue entrevistada en estas páginas como integrante y cofundadora del grupo de poesía musicalizada Las Hermanas del Desorden y posteriormente cuando asistimos a una de sus actuaciones de Polipoesía & Rock’n’roll . Ale Oseguera nació en México y vive en Barcelona desde 2006, donde ha trabajado como periodista, locutora de radio y gestora cultural. Es autora de Tormenta de Tierra (Neopàtria, 2016, España), (La Zonámbula, 2017, México). Sus textos han sido publicados en diferentes antologías y ha colaborado como articulista en diferentes revistas como Quimera o Replicante.

    Javier Barraca, Ale Oseguera y Alberto Trinidad (Ed.Oblicuas)

    UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO es un poemario que explora emociones y sentimientos que no son disfrutables. Poemas que surgen del duelo por la muerte del padre de la poeta.

    Abrazo tus anchas camisas de cuadros

    colgadas una tras de otra en el armario,

    lloro sobre lo que sería tu hombro y dejo

    la marca pesada de mis lágrimas…

    Camisas

    Poemas que hablan solos y nos muestran de su dolor un lugar habitable del que saca belleza. Son metáforas en construcción y muchas de las imágenes que se pueden ver entre las líneas de sus versos tienen que ver con el hecho de que su padre se había dedicado al mundo de la construcción.

    He llorado sobre la cama

    hasta que las sábanas

    han podido apagar el incendio.

    La poeta ha hecho un esfuerzo de saber vivir en el sufrimiento puesto que a la muerte de su padre se añadió que un año antes había muerto el padre de su compañero. Dos muertes seguidas que le obligaron a descubrir cómo vivir con esas ausencias. Lo descubrió explorando su dolor a través de la poesía, de metáforas, de palabras, no con pastillas. La poesía como herramienta no como el resultado de una espera a la presunta visita de la ‘musa’.

    … Y nada se compara

    con el invierno eterno

    que arrastras tú pegado a los huesos.

    Este tobogán nevado que es la soledad

    Hay que reconocer que tenemos ante nosotros un buen poemario con unos textos que están muy trabajados y que no se han improvisado en una noche de dolor.

    ¡Y cuán hermosa es la esquina rota de mi tristeza!

    Tan salvaje, tan indómitamente hilvanada

    con las venas lianas de todos mis muertos.

    La belleza de un cementerio

    Ale Oseguera y José L. Regojo. El poeta Rafa Aranda al fondo. Foto de Víctor Hondartzape

    UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO es fiel reflejo del empeño de Ediciones Oblicuas por estar a la vanguardia de lo que acontece literariamente hablando en la realidad que nos circunda, una editorial que tiene la vocación de estar en permanente contacto con sus lectores y con posibles autores noveles con dificultades para publicar. Por esta razón, la editorial pone a su disposición todos los medios de contacto posibles para mantener esa comunicación indispensable. Por cierto, si queréis participar en los XIII premios literarios de ediciones Oblicuas, tenéis tiempo hasta el 21 de octubre de 2019.


  • «Hábitats», de Belén Olavarría (Ed. CatorceBis)

    «Hábitats», de Belén Olavarría (Ed. CatorceBis)

    Todos tenemos lugares, ambientes donde nos sentimos seguros, ese lugar donde nos quedamos y desde el que establecemos lazos hacia otros espacios. Nuestro hábitat conecta con los hábitats de nuestros semejantes para configurar lo que podríamos llamar nuestro mundo. Estos lugares, instantes, sentimientos y emociones se dan cita en Hábitats (Belén Olavarría, Editorial CatorceBis, 2018) para ofrecernos una visión más profunda de todos los pequeños mundos que configuran el mundo, desde uno mismo en su propio hábitat, hasta diferentes y diversos habitantes, con sus emociones y sus suertes.

    El poemario se nos presenta dividido en tres partes, Nuestro Hábitat, Habitantes de un lugar llamado Tierra y Un habitáculo para el romanticismo.

    PRIMERA PARTE: ESTE ES NUESTRO HÁBITAT

    […]

    Y la niebla,

    que anega el paisaje con su tupido manto,

    sólo recula ante la insistencia

    de la luz,

    el brillo,

    el sol,

    esa alegría inesperada

    que te sobrecogió por un instante.

    (Fragmento del poema Niebla en el Camino)

    Esta primera parte parece querer acercarnos al hábitat personal, donde quizás se encuentra la esencia de la persona. Es como si fuera nuestro primer período, nuestra introducción a la vida y las emociones que ello conlleva. Se nos presenta un lugar lleno de brillos, sonidos y cierto asomo de alegría mezclado con tintes nostálgicos de recuerdos. La brisa suave del verano parece abrir la cortina de flecos que nos da acceso a ese hábitat íntimo y personal:

    CORTINAS DE PLÁSTICO

    ¿Te acuerdas de cuando las puertas eran de flecos de

    plástico?, ¿y el aire caliente tocaba la escala completa

    de notas musicales sobre ellas? Esa era la brisa de la

    siesta.

    Luego estaba el viento del atardecer, nada que ver

    tenía con el anterior,

    cuando las cortinas eran atravesadas por una

    corriente melancólica y reconfortante

    que anunciaba el final del verano.

    Una brisa descarada, que penetraba por unas ventanas

    de cielo violáceo

    y jugaba a abombar solamente los flecos del centro,

    como si una señora encinta

    fuera a entrar de improviso.

    No puedo evitar leer este poema y pensar en el origen, la llegada al mundo, la naturaleza de nuestro nacimiento. Como si a partir de ese momento, entráramos en lo que será nuestro propio e íntimo hábitat y, día a día, empecemos a construir, mediante experiencias, instantes, emociones, el que será nuestro lugar en el mundo.

    Paralelamente, nos encontramos con cierta calma, con la pereza propia de las tardes calurosas, donde el aire caliente mece con calmada quietud los flecos de cualquier cortina de cualquier hogar, de nuestro hogar, para quebrarse de improviso por la entrada de una mujer encinta; quizás nuestro propio nacimiento.

    A lo largo de los poemas de esta primera parte, nos encontramos con variedad de emociones, de sentimientos, pero la gran mayoría aparecen arropados por el calor y la luz del sol, de destellos; eso la convierte en brillante, le da luminosidad y fuerza, pero de manera magistral, Belén de repente nos adentra en cierta tristeza, la melancolía de un ocaso en el que una se convierte, de nuevo, en charco en la arena.

    FUI CASTILLO DE ARENA

    Fui castillo de arena.

    En un corolario naviero

    una mañana de junio

    tuve forma de agujero.

    Una zanja anti-invasores

    de crecidas que uno no espera,

    mejor preverse ante cambios en los corazones.

    Y piscina instantánea,

    poza,

    o enterradora de los que se dejan.

    Pero al caer la tarde

    volví a ser charco de arena.

    Este poema, uno de los más preciosos del libro, creo que engloba emoción, sentimientos, imaginación, tristeza, recuerdos… es casi como una vida condensada en unas pocas líneas.

    SEGUNDA PARTE: HABITANTES DE UN LUGAR LLAMADO TIERRA

    […]

    Ahora que lo pienso

    creo haberte visto antes, allá por mi adolescencia.

    Puede que fuéramos grandes amigas

    de esas que comparten confesiones.

    Salimos a la luz del día,

    pero tú te has marchado ya.

    (Fragmento del poema El Reflejo.)

    En esa segunda parte, quizás la más intensa del libro, salimos de nuestro hábitat particular para adentrarnos en el mundo. Perdemos nuestro ‘yo’ más puro y avanzamos hacia adelante. Quizás es esa la manera de adentrarnos en la madurez, pero inevitablemente, combatiendo a veces ese deseo de mirar hacia atrás para ver si logramos vernos de nuevo.

    Es en esta parte central del libro donde encontramos poemas que presentan una mayor profundidad. Se adentra en diferentes universos o pequeños hábitats que configuran el mundo, regalándonos pequeñas ventanas desde las que podemos observar -y sentir- otros hábitats, otras emociones diferentes, más adultas, más maduras, más intensas, más fuertes.

    Vemos, por ejemplo, el poema Hábitats, que precisamente da nombre el libro; un poema intenso, con una profundidad densa que, a su vez, mezcla fuerza y ternura, y que Belén nos presenta Dedicado a todos aquellos que tienen Síndrome de Asperger, a los que tienen cualquier discapacidad y, en especial, a Laura.

    HÁBITATS

    Habitas en la luz de personas dormidas,
    ciudadanos de un hogar, llamado Tierra,
    que siempre sujetan una mano amiga.

    Habitas en los dientes de león propulsados por el aire,
    en las lanas tejidas por insectos
    que resplandecen al sol,
    en el agua de lluvia que recogen las aceras
    y que no es más que un espejo,
    en las fórmulas complejas que recoge tu libro
    y que tan poco te cuestan recordar.

    Habitas en tu armario y en tu ropa,
    la que odias elegir cada día,
    en el cepillo que peina tu pelo y al que tampoco
    gustas visitar.
    Habitas en tus virtudes y flaquezas,
    en la fragilidad de tus evidencias,
    en la posibilidad de que yo también tenga debilidades,
    en el ocultismo de mi realidad.

    Compañero incansable que devora mis días,
    soy habitante de tu reino.

    Habitas en la luz de personas dormidas.

    Diferentes hábitats nos son expuestos, enseñándonos que hay muchos mundos que confluyen en ese lugar llamado Tierra. Sin embargo, son poemas que no escapan del realismo y de la actualidad, tocando temas tan en auge hoy como la inmigración; en el poema ¿Dónde está mi hogar?, un poema desgarrador, sutil e intenso, expone la soledad, el dolor, la valentía y a menudo el desconcierto que supone el verse sin hogar, en lugares extraños y con gente extraña:

    […]

    Sin embargo, el tiempo pasó

    y en las pieles de otros observé la soledad.

    Crecía como una ortiga en un arriate de petunias,

    y me pregunté cómo ellos sobrevivían a aquello,

    dónde estaría su hogar;

    si ya no les quedaba nada en este mundo,

    si no había un espacio,

    un momento, persona o rutina

    que el tiempo no les hubiera arrebatado.

    <<Sólo se tienen a sí mismos>>, pensé.

    Y ese es su verdadero hogar.

    (Fragmento del poema ¿Dónde está mi hogar?)

    TERCERA PARTE: UN HABITÁCULO PARA EL ROMANTICISMO

    LA CUEVA

    Debajo de tus hombros hay una cueva.

    Justo entre tu nuca y tu columna,

    donde sólo a media tarde accede el sol

    y el color de una toalla turquesa bajo tu piel

    imita los reflejos que el agua cubierta proyecta sobre

    la piedra,

    y la piedra eras tú.

    Esta tercera parte se nos presenta más suave y más, quizás, emocional que las otras dos. Sentimientos como la identidad, la memoria, la nostalgia más tierna, se encuentran en estos poemas para, como dice el título, constituir un habitáculo para el romanticismo. Y es que sentimientos los hay casi en todas partes, en todas las emociones, y a veces quizás sólo debemos querer sentirlos:

    […]

    A veces la felicidad se encuentra en los momentos,
    en las circunstancias que les dieron paso:
    una ilusión,
    un pensamiento,
    un deseo.

    (Fragmento del poema Veinticuatro de Diciembre)

    Encontramos recuerdos, encontramos princesas, encontramos poesía, encontramos fecha navideñas, encontramos alma, aromas, sentimientos… ganas de sentir, de vivir, de amor:

    HABLÁBAMOS DE AMOR

    Algún día hablábamos de amor
    y fue primavera,
    que abandonó la estación
    más lúgubre del año.

    Estábamos en plena era del milenio,
    veríamos los vientos por ser diferentes y peculiares,
    adorábamos perdernos entre la gente desconocida
    y ser “otros”,
    beber del cielo
    que nació fundente en la mañana con carne de juerga,
    desplomarse en la piel del sofá,
    y robar momentos a la vida
    perenne por llegar.

    Hablábamos de amor
    y el futuro era presente.
    Lo único que amé en la vida eras tú,
    la única razón de existencia
    que encontré para quedarme.

    Dijimos que brindaríamos
    por nuestra permanencia al momento,
    por no sucumbir al instante,
    al miedo fugaz que a veces nos amenaza.

    Tuve que amar antes la idea de mi vida
    para encontrar en ti la paz,
    y fue tan cierto como bello
    que cuando más me quise a mí misma
    más difícil me supo amar.

    Este pequeño habitáculo para el romanticismo esconde aquellas cosas que, aun sin poderse ver ni tocar, casi sostienen el mundo. Es un final emotivo, sentido y bonito para un libro que nos pasea por multitud de emociones, de personas, de lugares, de hábitats que, al final, configuran el mundo.

    «Hábitats» (Editorial CatorceBis, 2018), es el segundo poemario de la sevillana Belén Olavarría. Y lo recomiendo.

  • «Correspondencias», de Juan Antonio Gallardo

    «Correspondencias», de Juan Antonio Gallardo

    Juan Antonio Gallardo, poeta y también escritor de relatos, artículos y canciones, nos muestra en su libro “Correspondencias” una selección de poemas donde lo común se despliega y se exhibe. Poemas de palabras y versos sencillos, que te acercan a la cotidianidad del poeta. La cafetería de la esquina, el autobús de las 8, el bullicio de la vida y del día a día. Habla del mundo más próximo, del mundo inmediato y de los recuerdos que los momentos especiales van marcando en su rumbo y en su futuro.

    «Correspondencias», de Juan Antonio Gallardo

    Como indica el título, es como una correspondencia mantenida entre el autor, como poeta y el  autor, como hombre del día a día. Visión clara y transparente, sin florituras, de las inquietudes y vicisitudes de la vida.

    Buen contador de pequeños momentos reales, más relatados que versados, es fácil ver las escenas que nos muestra en cada poema.

    VISITA

    «A veces miro las fotografías,

    a mi hijo le encanta mirarla.

    A mí no me gusta nada,

    sólo lo hago porque cuando él viene

    las deja desordenadas

    y a mí me toca ordenarlas”.

    Así se lo dijiste

    y era casi una canción

    involuntaria

    y triste.

    Se recrea en las pequeñas escenas del barrio, de los conocidos y vecinos que transitan y van a sus destinos diarios, o de esas caras anónimas con las que nos encontramos cada día.

    POESÍA (fragmento)

    Creo que ya he tenido

    la oportunidad de escuchar,

    tan temprano, el  poema

    más hermoso de la jornada.

    Ha venido este regalo de parte de un niño,

    seis o siete años,

    que iba de la mano de su padre,

    cargado con la mochila

    y rumbo al colegio

    con esa cara de confusión

    y de sueño que llevan los niños

    a esas horas de la mañana.

    Pasea por el tiempo y por los retratos de momentos vividos, desde la naturalidad y la prosa poética, haciendo bonitos guiños a la infancia y los recuerdos.

    LA SILLA

    Mi hermano dibuja un hombre

    que trata de sentarse en una silla.

    Ha convertido mi hermano

    la delicada geometría de los cuerpos

    (Uno inerte, el otro vivo;

    los dos muertos sobre el folio dibujado)

    en un estupor del espacio.

    Mi hermano tiene ocho años y yo nueve,

    ninguno de los dos ha sabido

    dibujar a un hombre vivo.

    Sin embargo, la silla

    se retuerce sobre sí misma

    y danza sobre sus cuatro patas.

    En las sillas de aquella casa

    jugábamos mi hermano y yo

    a mirarnos fijamente el tiempo justo

    hasta que la risa nos hechizaba

    y el que antes se reía era

    el paradójico perdedor.

    No quiero pensar que hoy,

    repitiéramos el reto de mirarnos

    seriamente.

    No sea que al final nadie gane.

    No sea que al final nadie juegue.

    No sea que al final nadie ría.

    En otras ocasiones engalana un instante sencillo con versos dulces y suaves, dejándonos ver una poesía ligeramente adornada, que acaricia y motiva a seguir leyendo.

    MADRE DEL AGUA (fragmento)

    No romper este frágil equilibrio

    que nos mantienen en pie y alertas

    como los ejércitos en la tregua,

     dormitando en el vivac

    con un ojo abierto y otro cerrado.

    La higuera del campo al que vamos

    estaba hace unos meses

    cargada de frutos y de hojas,

    engalanada y fértil y reservaba

    de los rigores del sol de septiembre.

    Es un libro especialmente recomendable para aquellas personas que aún no conocen demasiado la poesía, pues es una buena forma de acercarse a ella y encontrarán en él una bonita prosa poética y una poesía de matices suaves. También para los amantes de los relatos cortos de estilo realista y costumbrista, o aquellas personas a las que no les gusta la poesía demasiado cargada de metáfora o lirismo. En definitiva, un libro de agradable lectura.

  • Decir mi nombre: mujeres poetas nativas digitales (3/3)

    Decir mi nombre: mujeres poetas nativas digitales (3/3)

    El pasado 10 de marzo publicamos el primero de los tres artículos dedicados a la antología poética Decir mi nombre editado por la Editorial Milenio y el segundo una semana más tarde. Con este de hoy acabamos la serie de tres artículos que le hemos dedicado a esta interesante muestra de poetas nativas digitales.

    Entre los dos artículos hemos repasado el trabajo de Cherie Soleil, Sandra Santana, Silvia Nieva, Camino Román, Uxue Juárez, María Sotomayor, Mónica Caldeiro, Lola Nieto, Blanca Llum Vidal y Berta García Faet.

    Hoy vamos a ver el trabajo del resto de poetas, experimentales y respetuosas de la tradición, investigando también la obra y la memoria de sus maestras o antecesoras, tan larga e injustamente soterradas, en palabras del antólogo Martín Rodríguez-Gaona.

    María Yuste (Murcia, 1988) es una poeta que rechaza definir su poesía y que intenta ser sincera y honesta a través de sus poemas. Sus poemas son un interesante conjunto de relatos. Aquí Verano.

    Soledad fingía dormir junto al profesor de piano de Emma. Se habían conocido trabajando para la familia y habían salido juntos un par de veces. A las madres del vecindario les gustaba pensar que se parecía a Ashton Kutcher, pero no era cierto, y cuanto más vino había bebido la noche anterior, menos se lo había estado celebrando un cumpleaños mientras «Ashton» le había dado los peores besos de su vida. Ahora, tirada en una cama con la ropa de ayer y restos de semen resecos en el pelo pensaba en ello y en cómo habría preferido estar con Dolores en casa riéndose de alguna película cutre en vez de en medio de aquel intento desesperado y fallido por sentirse parte de la ciudad.


    Natalia Castro Picón (Menorca, 1989) es una poeta poco constante en su estilo pero en constante formación que elige lo plural y lo efímero como una vía de reparación y escape. Nada mejor que leer su Carta de presentación.

    Soy el gusano de la manzana que quiso saberse anaconda. Soy otro de los tantos hijos del desierto, sin raza ni leche ni nombre. Soy la sombra agotada del tren que me huye y arrastra. Soy la bombilla, mi fulgor fuerte temiendo su última hora. Soy los cinco sentidos del asco, sabor a muerte, olor a muerte, tacto de muerto, la imagen del abandono y la música que hace una puerta al cerrarse. Soy la figura del infeliz perfilada según la simbología de un artista borracho. Soy una uña larga rasgando un calcetín sucio, en el fondo del hombre, las bases del hombre, su raíz. Soy la flor que arrancaste para aquella chica, descompuesta, seca, ya marrón. Soy el dolor del parto que no recuerdas, tu primer alarido de odio. Soy la mueca del golpe en la frente, la mueca en la caída, la mueca espasmódica a la llegada inesperada de la piedra.

    Sara Torres (Gijón, 1991) escribe una poesía que celebra el deseo lesbiano. Sus poemas intentan representar la existencia del misterio.

    EL LENGUAJE ES UN ACTO CON CONSECUENCIAS. El éxito del hechizo no depende únicamente del sujeto que lo pronuncia. Existen unas condiciones de enunciación que se extienden en el tiempo y exceden el momento en el que el ritual está teniendo lugar.

    FUE entonces que

    llovió en la rosa

    sola del olivo

    claquetearon las cuentas

    del ábaco

    al caer y restarse

    miró al otro lado

    vacío de la mesa

    sin soltar su taza

    Dijo lagarto

    encogiendo los hombros

    y no ocurrió nada

    la voz le venía

    gota a gota

    entretanto…

    Emily Roberts (Ávila, 1991) es una poeta que está en el mundo escribiendo con un lenguaje sencillo y fluido. A través de su escritura se conoce a ella misma y al mundo que la rodea. Leamos Lugar de paso.

    Siempre se tarda en caer.

    El recorrido cambia entre el suelo

    y el bordillo.

    Todas las cosas que dijiste están ahí:

    arañando el viento.

    Todo el aire está aquí: entre esta mano

    y este colchón.

    Como un enfermo recitas

    cada parte de la cama.

    Gata Cattana (Córdoba, 1991) es una poeta, rapera y politóloga conocida también como Ana Sforza, aunque su nombre original es el de Ana Isabel García Llorente. Falleció en Madrid el año 2017 por una insuficiencia cardíaca. Fue una poeta rebelde que siempre buscó su independencia y que ahora es legendaria. Leamos un fragmento de Tu oficio.

    Tu oficio, poeta,

    no es almacenar palabras

    eruditas,

    rimbombantes,

    ornamentales.

    No es disponerlas en su

    orden yámbico,

    en perfecto soneto gongorino

    ni siquiera clasificarlas

    burdamente en función

    de la terminación

    y la rima.

    Porque tú nunca

    fuiste matemático, poeta.

    Tú nunca fuiste geógrafo ni físico

    y no entiendes de distancias

    ni unidades de medida

    y no entiendes de lógica pura

    ni de leyes invictas.

    Porque tú nunca

    fuiste científico, poeta,

    y por eso mismo

    no entiendes de estadística

    ni de cuántica avanzada

    ni de biopolítica

    y no es tu oficio

    establecer las fórmulas del cosmos.

    …

    Tu oficio, poeta,

    es dignificar la especie.

    Escoger las palabras

    que pondrías en tu lápida.

    Decir, por ejemplo:

    «No todos eran prescindibles».

    Merecerte la vida

    hasta tal punto,

    que tu muerte parezca

    una injusticia.

    Y dejarte ir,

    como si nada,

    como todos

    (poetas o no)

    hacia la larga

    y aburrida

    eternidad.

    Yasmín C. Moreno (Madrid, 1993) es una poeta que intenta escribir una poesía honesta, sincera, visceral y directa. En sus versos el silencio tiene un papel importante.

    PRIMERO hay que llenarse para vaciarse por dentro. El silencio purifica la garganta, como el hambre hace con los huesos.

    DOLOR de niño creciendo durante la fiebre

    así

    brotaban

    las hojas

    Antes de finalizar esta tercera entrega quiero volver a destacar el papel de Martín Rodríguez-Gaona, autor de los textos críticos que preceden a todos los poemas de las autoras, la selección final y el prólogo.

  • Decir mi nombre: mujeres poetas nativas digitales (2/3)

    Decir mi nombre: mujeres poetas nativas digitales (2/3)

    El pasado 10 de marzo publicamos el primero de tres artículos dedicados a la antología poética Decir mi nombre publicado por la Editorial Milenio.

    En aquel primer artículo comentamos cómo un grupo de mujeres poetas trabajan con riesgo y ambición la palabra escrita y la poesía oral con el fin de explorar y compartir sus intuiciones y proyectos sobre la identidad femenina. 

    Dimos un repaso a la obra de Cherie Soleil, Sandra Santana, Silvia Nieva y Camino Román. Hoy os vamos a presentar a seis mujeres poetas más.

    Uxue Juárez (Pamplona, 1981) es una poeta que ha jugado y disfrutado de la escritura hasta encontrar un estilo propio con un objetivo claro: alejarse de la imposición lingüística actual.

    ME sangra la nariz y siento que, por lo menos, algo cambia; esta vez el rojo alcanza el suelo.

    Me vacío. Nadie dice nada. Hunden la cabeza en los libros de texto. Fundido a rojo.

    Por la tarde, me siento en la cocina, abro la boca y engullo una falange. Después, otra y otra. Llego a la altura del codo y ahí me detengo. Un trozo de piel se me queda atrapado entre el canino y el incisivo lateral. Lo despego. Un tajo y alcanzo el húmero. Con la mano izquierda (aún ilesa) aparto los hilillos de carne que cuelgan de los premolares.

    Acto seguido, friego los platos y doy de comer a los peces.

    María Sotomayor (Madrid, 1982). Poeta íntima y feminista que indaga a través de su poesía en la belleza para decirla y contarla. Cree que hay una brecha generacional y trabaja con las palabras y las imágenes por su eliminación. Leed su poema De madera se hacen casas.

    Es una casa de pájaros de madera supongo que de golpe estoy

    sentada dentro

    y escucho el ruido que hacen las personas al andar la lluvia por la

    calle

    pero hace sol

    y yo solo quiero una casa de pájaros en el balcón

    después sería como todo

    dejar trocitos de pan y que ellos vinieran

    a taparse el hambre para luego irse

    y yo

    limpiaría los días

    como se limpian las cosas chiquitas de los jardines

    quiero morir en una casa de pájaros con un poco de sangre en las

    mejillas de tan feliz

    por eso conservo pan y un beso tapándome la cintura

    a ver cómo explico

    seguir sonriendo a los astros que se han cambiado de sitio para

    siempre

    en los balcones de la gente sin ojos.

    Mónica Caldeiro (Barcelona, 1984). Poeta beat a la que ya dedicamos un artículo en esta misma revista: Mujeres y generación Beat. Escribe una poesía pensada para ser recitada en voz alta y eso dificulta a veces su lectura. A pesar de ello, Caldeiro avanza hacia la experimentación con gran influencia norteamericana de la generación Beat y la escuela de Nueva York.

    +++

    poesía fértil de tierra donde los ángeles

    aran para buscar su sexo

    donde el verso ha conspirado para volverse

    L ABE R IN T O

    habitado en las motas de luz del etéreo

    esa luminosidad

    pasa por la boca / laringe

    dirigiendo del líquido seminal

    defecando

    más tarde

    el origen

    de la vida

    PASA POR EL CUERPO DICE EL BARDO

    NO PASA

    SINO POR EL CUERPO

    la Belleza objetiva

    habita la histeria encendida

    de un mordisco crudo/vivo/despierto

    sobre un pedazo de carne

    todavía más hambriento

    que la Belleza misma

    Lola Nieto (Barcelona, 1985) es una poeta de difícil adscripción. Creo que lo mejor es que ella misma se defina «intento acercarme a un animal cuando escribo. Vivir un atravesamiento de todos los sonidos y seres que me hacen y deshacen. Palpo acaso un agujero de voces y cuerpos cuando escribo. Pequeño monstruo.» Interesante escritora, ¿verdad? Aquí unas cuantas estrofas de uno de sus poemas.

    PERSÉFONE cajón adentro

    cuartea rastros

    come esquina don

    de

    dónde

    si persiste dónde animal y ternura

    para él

    *

    oblicua y persiana

    aclimatando ombligojo

    a la torcedura del cajón

    perséfone saliva a tierra

    minucia que a borbotones

    *

    perséfone/tiene mentira/

    mece oscura y/no decir/

    arranca lenta

    trocitos/supura/rodilla y late

    *

    mira y no se atreve ¿qué es

    salir?

    recupera postura anterior

    animalito bicho bola perséfone

    ovillo aguanta miedo

    – – – – –

    ¿qué es salir?

    Blanca Llum Vidal (Barcelona 1986). Es una poeta que intenta hacer mundo con sus poemas compartiendo experiencias y atando la memoria a la vida. Escribe en catalán. Los poemas en este libro han sido traducidos al castellano por Berta Garcia-Faet.

    Amigas del mundo, de la frontera,

    si os encontráis con la gacela, devolvedle el desierto

    y decidle que es ella

    quien multiplica el retiro y la reyerta.

    ¿Y qué tiene tu antílope

    de charca marinera, vuelta belicosa,

    que tiene la raíz tan extensa,

    que es mucho más que un amante,

    que con tan poco significa?

    Mi amigo hace triángulo con los dedos

    y me atalmuda la noche sin rito ni ruego.

    Si su cabeza regresa a la rosa, recupera a nadie.

    En sus rizos, que debían remover

    como insolente glicina o como cinco libros primeros,

    yo no estaba -y nacía.

    Berta García Faet (Valencia, 1988) es una poeta culta que va evolucionando según sus lecturas y sus experiencias. En estos momentos está dirigiendo sus esfuerzos poéticos en volver a producir una verdad íntima. Leamos Cortejo y sufrimiento.

    Anoche agonizaste, expiraste

    al depilarte las ingles. Torquemada en el bidet.

    Calma, hay talco. Luego vinieron las cejas,

    las axilas. También te rasuraste: pensaste

    intensamente en por si acaso…

    Y te flagelaste los muslos con crema hidratante

    de soja y, como es natural,

    llevas relleno. Enero. Tres grados. La mini

    te duele. Aún hay que llegar al restaurante Lucio.

    Te escuecen los ojos. Alergia. Se hinchan,

    granates. Pero el rímel los dignifica.

    Pestañeas despacio a lo Lauren Bacall,

    y las manos te sudan: te las secas en la trenca

    por si él decide darte alguna de las suyas…

    Y no te ríes: hay que esconder las encías

    y esas palas indomables desde siempre,

    y te obstinas en ponerte tú a la izquierda,

    para que no vea más que tu lado bueno,

    y si te pregunta algo te aclaras la voz

    y respondes débilmente. Tienes

    que ser femenina y tierna. Y los tacones

    de once centímetros (y cien unidades

    monetarias), esos fusiles de corazones,

    esos hijos de Dior, te pasean un puñal

    por los pies, sanguinarios y elegantes.

    Basta, piensas, basta. Y entonces te dice

    al oído: estás preciosa. Así que show

    must go on. Bella y ridícula, le das las gracias

    con el primer beso de la noche. El carmín

    no se ha borrado, tal y como prometía Yves Rocher.

    ¿Son o no son unas poetas que asumen riesgos lingüísticos, rompedoras? Os lo dije al principio y en la primera entrega de esta trilogía.

    Ahora os remito a la tercera parte de esta antología arriesgada y potente de jóvenes mujeres poetas contemporáneas desde el entorno digital.

  • Decir mi nombre: mujeres poetas nativas digitales (1/3)

    Decir mi nombre: mujeres poetas nativas digitales (1/3)

    Este es el primero de tres artículos en los que vamos a hablar de una antología de 16 poetas contemporáneas desde el entorno digital. La selección ha sido hecha por el poeta y ensayista Martín Rodríguez-Gaona en un volumen titulado Decir mi nombre publicado por la Editorial Milenio en la colección Nandibú dirigida por Alba Besora.

    Este libro desborda energía, ruptura y sorpresa. No es un libro al uso. De entrada, hay que felicitar a la editorial por el riesgo que comporta publicar un libro de estas características. El denominador común de todas las poetas es su independencia y valentía por asumir un estilo poético arriesgado y espontáneo. A través de esta antología, conocemos a un grupo de poetas que pueden ser la semilla de una renovación poética generacional liderada por mujeres.

    Son poetas que han vivido al margen de las grandes editoriales pero que han convertido las calles de sus ciudades en hervideros de poesía con los recitales que han organizado y las micro editoriales que han sacado adelante. Mientras leía el libro, recordé aquel grupo de mujeres poetas marginadas por los hombres de la Generación del 27 del cual ya hablé hace dos años en uno de mis dos blogs: Las sinsombrero. En este libro podemos intuir la que será la revolución que marcará el siglo XXI: el feminismo.

    Decir mi nombre, selección de poetas nativas digitales nacidas a finales de los años 70 presenta a cada autora con una foto y un breve currículum, a continuación cada poeta contesta un cuestionario seguido de una breve explicación de su poesía y una muestra poética de cada una de ellas. No hay que olvidar en absoluto el erudito ensayo de Martín Rodríguez-Gaona que prologa el libro y nos ayuda a ponernos en situación.

    Hemos creído conveniente escribir tres artículos de esta antología para no hacer una reseña extremadamente larga y así poder disfrutar de cada poeta con tranquilidad.

    La primera poeta de esta antología es Cherie Soleil (Madrid, 1977). Poeta impulsiva que escribe desde su posicionamiento como mujer en el mundo. Me llega de lleno al corazón, poeta universal al estilo ‘Whitman’ que ya con su primer poema Gleichnisse me subyuga y traslada a Hojas de hierba con su rebeldía sin límites. Una rebeldía que continúa en sus otros poemas. Destacamos unos versos de Retrato.

    Mi indocilidad no consistía en salirme del encuadre, en rechazar el foco, en no soportar la pose, en prender fuego al estudiado escenario, en el cual morir exacta y semejante a aquella otra que ya estaba en camino.

    Mi rebeldía no era esconder la sonrisa, ser la aberración que muta los colores y las sombras, escapar al barrido, no querer formar parte de aquel collage de muertos y tristezas…

    Sandra Santana (Madrid, 1978), poeta exigente consigo misma que va definiendo su escritura a medida que escribe. Es una funambulista entre la filosofía y la poesía. De ella destaco un poema con un título casi tan largo como el mismo poema: ZOILA AUGUSTA EMPERATRIZ CHÁVARRY DEL CASTILLO, MÁS CONOCIDA COMO YMA SUMAC, ALCANZA CINCO OCTAVAS Y ABRE UNA SELVA DONDE LOS PIES ADQUIEREN LIGEREZA Y BRÍO.

    Estar aquí y estar allí. Ese es el secreto de la gran pista de baile del espíritu: que donde el cuerpo no, allí sí. Allí, donde todo es verde y frondoso y no molestan los insectos, ni la lluvia acatarra, ni la tierra hiere la piel descalza. Liberarse de la cárcel del texto sin atravesarlo. Quedarse en él, bailando enloquecidamente y sin propósito en los cientos de caminos que lo cruzan a la vez en varias direcciones.

    La tercera poeta es Silvia Nieva (Madrid, 1979). Fundadora de Poetry Slam de Madrid. Poeta a la que no le gusta definir su poesía porque no quiere ‘dirigir’ al público lector, es la libertad que quiere dar a quien la lea. Esa negativa a definirse en su día a día, por imposición social, la lleva a cuestionar en sus poemas los roles materno-familiares. Su blog: http://silvianieva.wordpress.com.

    La cena.

    Despertar, preparar, y la cena.

    Hoy, después, y la cena.

    No preguntes más por el pasado de las moscas,

    la urgencia contenida en cinco calendarios.

    Mi miércoles lleva el acento,

    tardes de cine barato,

    ilusión entre las piernas.

    Recuérdame escribir en la lista de la compra

    que quiero gomas de bolígrafo.

    Recuérdame partir sin llorar las cebollas,

    plegar los dedos,

    acercarlos al cuchillo del miedo a otra vez.

    Puedo decir gafas, llámame, bastón y pelo.

    Puedo decir que no puedo,

    y diré solo palabras.

    Puedo pensar: difícil, silencio, luego,

    y seguir sonriendo en mi dureza de piel de caracola.

    Sueno como el mar

    para distraer tormentas creciéndome en los dedos,

    huelo como las flores y plantas

    que dejo sin regar en la escalera.

    Abro las puertas

    y te caes.

    Mi corazón es una fosa común

    de huesos y cabos sueltos

    sin religión ni santuario.

    Salvar la piel, es la propuesta,

    el pulso de la espera,

    coronar las noches, lo que pudo ser,

    y velatorio.

    Convocadas aquí todas las vecinas,

    inquilinas que comparten tus horas libres,

    clavadas las peinetas,

    los pañuelos llorarán.

    Al otro lado,

    colgarán llamadas.

    En un piso cuarto

    una de ellas ha escrito una línea

    que contiene la llave de las esposas,

    la tapa con la manga

    y duerme encima.

    La cuarta y última poeta de esta primera entrega es Camino Román (León, 1981). Poeta que se dedica a jugar con las palabras. Poemas que son simplemente un punto de vista más sobre el lenguaje y las cosas utilizando un estilo simple y coloquial. Veamos un ejemplo de su poesía en el poema ‘Desayuno‘

    Los sonidos que se producen mientras preparo

    el desayuno parecen una tormenta

    Es una composición sonora ensayada durante años

    Poco conocida eso sí

    Soy yo la que toca, soy yo el público

    Privada, íntima, ordenada, poco abierta a las

    emociones

    Lo novedoso como la leche que se derrama

    Está controlado.

    Por hoy lo dejamos aquí, aún nos quedan doce poetas más que vendrán en los próximos dos artículos. Os aviso con tiempo, ya podéis ir encargando este libro para el próximo 23 de abril en vuestra librería de barrio habitual.