Juan Antonio Gallardo, poeta y también escritor de relatos, artículos y canciones, nos muestra en su libro “Correspondencias” una selección de poemas donde lo común se despliega y se exhibe. Poemas de palabras y versos sencillos, que te acercan a la cotidianidad del poeta. La cafetería de la esquina, el autobús de las 8, el bullicio de la vida y del día a día. Habla del mundo más próximo, del mundo inmediato y de los recuerdos que los momentos especiales van marcando en su rumbo y en su futuro.

«Correspondencias», de Juan Antonio Gallardo

Como indica el título, es como una correspondencia mantenida entre el autor, como poeta y el  autor, como hombre del día a día. Visión clara y transparente, sin florituras, de las inquietudes y vicisitudes de la vida.

Buen contador de pequeños momentos reales, más relatados que versados, es fácil ver las escenas que nos muestra en cada poema.

VISITA

«A veces miro las fotografías,

a mi hijo le encanta mirarla.

A mí no me gusta nada,

sólo lo hago porque cuando él viene

las deja desordenadas

y a mí me toca ordenarlas”.

Así se lo dijiste

y era casi una canción

involuntaria

y triste.

Se recrea en las pequeñas escenas del barrio, de los conocidos y vecinos que transitan y van a sus destinos diarios, o de esas caras anónimas con las que nos encontramos cada día.

POESÍA (fragmento)

Creo que ya he tenido

la oportunidad de escuchar,

tan temprano, el  poema

más hermoso de la jornada.

Ha venido este regalo de parte de un niño,

seis o siete años,

que iba de la mano de su padre,

cargado con la mochila

y rumbo al colegio

con esa cara de confusión

y de sueño que llevan los niños

a esas horas de la mañana.

Pasea por el tiempo y por los retratos de momentos vividos, desde la naturalidad y la prosa poética, haciendo bonitos guiños a la infancia y los recuerdos.

LA SILLA

Mi hermano dibuja un hombre

que trata de sentarse en una silla.

Ha convertido mi hermano

la delicada geometría de los cuerpos

(Uno inerte, el otro vivo;

los dos muertos sobre el folio dibujado)

en un estupor del espacio.

Mi hermano tiene ocho años y yo nueve,

ninguno de los dos ha sabido

dibujar a un hombre vivo.

Sin embargo, la silla

se retuerce sobre sí misma

y danza sobre sus cuatro patas.

En las sillas de aquella casa

jugábamos mi hermano y yo

a mirarnos fijamente el tiempo justo

hasta que la risa nos hechizaba

y el que antes se reía era

el paradójico perdedor.

No quiero pensar que hoy,

repitiéramos el reto de mirarnos

seriamente.

No sea que al final nadie gane.

No sea que al final nadie juegue.

No sea que al final nadie ría.

En otras ocasiones engalana un instante sencillo con versos dulces y suaves, dejándonos ver una poesía ligeramente adornada, que acaricia y motiva a seguir leyendo.

MADRE DEL AGUA (fragmento)

No romper este frágil equilibrio

que nos mantienen en pie y alertas

como los ejércitos en la tregua,

 dormitando en el vivac

con un ojo abierto y otro cerrado.

La higuera del campo al que vamos

estaba hace unos meses

cargada de frutos y de hojas,

engalanada y fértil y reservaba

de los rigores del sol de septiembre.

Es un libro especialmente recomendable para aquellas personas que aún no conocen demasiado la poesía, pues es una buena forma de acercarse a ella y encontrarán en él una bonita prosa poética y una poesía de matices suaves. También para los amantes de los relatos cortos de estilo realista y costumbrista, o aquellas personas a las que no les gusta la poesía demasiado cargada de metáfora o lirismo. En definitiva, un libro de agradable lectura.