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  • Después, de Nurit Kasztelan (Ed. Liliputienses, 2019)

    Después, de Nurit Kasztelan (Ed. Liliputienses, 2019)

    Nurit Kasztelan (Buenos Aires, 1982) es una matemática que escribe versos y que tiene una librería en su propia casa de Buenos Aires.

    Ha publicado Movimientos incorpóreos (Huesos de Jibia, 2007), Teoremas (La propia cartonera, Montevideo, 2010), Lógica de los accidentes (Ed. Liliputienses, 2014, 2015) y en agosto de 2019, Después, también en la editorial extremeña de José Mª Cumbreño, Ediciones Liliputienses.

    Después es un poemario en el que la madre de la poeta es la protagonista de los primeros poemas.

    … La dureza de una madre a medias

    una familia a medias y yo

    qué.

    Cuál es mi pérdida

    Poemas llenos de miedo y gritos ante los que Kasztelan cierra los ojos.

    …y le hubiera cosido los labios

    para que se callara.

    El alhajero

    El resto de temas que se pueden leer en las páginas del poemario también están dañados, no solo la relación con su madre: la infancia, los viajes, el amor… y otros temas secundarios más del día a día.

    … Cada vez hay más distancia

    entre lo que contás

    y lo que en realidad querés decir.

    Después de ver el Monte Fuji

    … Cambiaría tanto

    por tan poco:

    unas horas más de sueño

    que se arregle el calefón

    seguir el orden natural de las cosas

    congelar los recuerdos…

    Intento inútilmente congelar los recuerdos

    No enamorarse.

    Lo sabíamos y jugábamos

    a creer en otra cosa…

    Una sola regla

    En definitiva, Después es un libro lleno de emociones con poemas y versos finales que golpean al lector. Versos de un pasado nublado que han llevado a la poeta a un presente incierto que se encuentra ante un futuro insondable.

    Después es una reflexión a cámara lenta sobre el paso de los años para anunciar ese futuro lleno de caballos galopando que solo será posible si somos capaces de olvidar mucho de lo que aprendimos para confiar en lo que vendrá más tarde, después.

    Me nubla el exceso de paisaje, lo visual

    funciona como un grafismo.

    Hay una sensación de ajenidad

    no en mí

    sino en las cosas.

    El presente es un todavía incierto

    y me imagino un futuro

    lleno de caballos galopando.

    Recuerdos que solo funcionan en formato polaroid

    Un poemario inteligente y emocionante. Aquí lo podéis comprar.

  • Soplo de ceniza, de Eduardo Cerecedo (Unam-Dirección de Literatura)

    Soplo de ceniza, de Eduardo Cerecedo (Unam-Dirección de Literatura)

    La maestría en cuanto al oficio poético que Eduardo Cercedo despliega una y otra vez en cada una de sus obras es cosa aceptada y harto sabida. Por ello, lo primero que me atrevo a celebrar de este su más reciente volumen es la contundencia que despliega desde el título: la concentración del tema resuelto en una sola volátil pero, a la vez, aprehensible metáfora (soplo de ceniza). Si bien la noche unívoca y diversa, esa que es por todos conocida, no dejará de ser galaxia difusa por sí misma y significado del todo múltiple e inasible, por subjetivo y personal, a la vez que universal e infinitamente actualizable.

    Cuando duermo

    huir

    de esta manera

    sucede al sueño la piedra

    al agua,

    suena en equivalencia, la noche

    mi escritura.

    Así, una y otra vez, (y nuevamente) la entidad nocturna vuelve a ser ese todo ambiguo e inabarcable que desde siempre ahí está, y que restituye y complemente la naturaleza de las naturalezas (es decir, de la Creación toda) o de más de unas que otras esencias oscilantes entre el blanco y el negro, la luz y la oscuridad, la hondura y la superficie, el dolor y la muerte, pero siempre en aras de un re-nacimiento.

    Golpea la noche con su aroma mi sangre, en ella canta un caracol a la lluvia, es marzo.

    Ya en otras alocuciones, Arturo Trejo Villafuerte ha indicado que Soplo de ceniza sorprende por su gran complejidad metafórica, pues Cerecedo nos obliga a dialogar poniendo en juego siempre dicotomías plenas, como, por ejemplo, lo físico frente a lo espiritual o lo tangible frente a lo intangible. En tanto que Hans Giébe indica que en este trayecto, este poeta se empeña en evocar lo efímero, la finitud e incluso nuestra mortalidad… Y dicta: «Es este un Soplo de Ceniza que no se va con el viento, sino que se queda entre nosotros como las palabras mágicas que hay que repetir, sobretodo cuando queremos que los hechos prodigiosos sucedan y vuelvan a suceder.»

    El pájaro

    hizo

    canto,

    aquí

    la luz de la flecha,

    la imaginación es parte del reino.

    Armando Oviedo no se queda atrás e incluso destaca las muchas maneras en que la noche de este poeta es plurívoca (como por necesidad y por su naturaleza ha de serlo): noche oscura proclive al descanso y al encuentro (pero también y principalmente al reencuentro, el fundamental con uno mismo), o bien penumbra en la que incluso se pueden evocar todo tipo de seres, éteres o fantasmas (es decir, no necesariamente terroríficos), en tanto que este mismo comentarista, con agilidad pone sobre la mesa o sobre el tapete nocturnal las cuatro emes definitorias con la que Cerecedo crea y se re-crea: la noche mítica (diría incluso que se remonta al científico Big Bang), la noche mitológica (que por lo demás no deja de ser biológica o bien deviene siempre en anecdótica), la noche mística (la del encuentro con uno mismo, con el destino y hasta con el presunto responsable de la creación universal), y la noche mágica (esta infinita también, inagotable, indomeñable, festiva y libérrima)

    La luna nada el pensamiento, aclara el color de las hormigas y la sangre recupera su marea con la luna en la lengua del lagarto.

    Dulces y reparadores vinos y una que otra vianda hay sobre la mesa, dispuestos al lado de todas las historias, añoranzas, remembranzas y fatigas posibles, con una veladora y Vivaldi, y la lluvia u otros resabios de humedades de fondo (mares primigenios inclusive), estaciones que no son, al mismo tiempo, un solo largo poema, y el poeta evoca entonces a la noche y/o sus múltiples momentos, aquellos que, acumulados, trazan el camino hacia el yo más hondo, hacia la iluminación del ser, en tanto que tal noche (noctívaga y vaga), se nos despliega muralmente a fin de que advirtamos sus muchas esencias, fragancias, vericuetos, destellos, deslices, mareos, temperaturas, contextos, musicalidades y murmuraciones.

    Beber la noche significa

    aspirar un puñado de plomo, agujas

    sobre la lengua, tinta, pulpo herido en el cabalgar de las horas vacías;

    de ellas nace ese gusto por deletrear un movimiento,

    el segundo.

    Algo por demás curioso, pero natural también, es que aunque se nos relata incluso con insistencia que el poema se gesta en la ciudad, esta viene a ser casi un mero referente mítico, cuyos espacios y enunciaciones se tornan muy alejados de lo que comúnmente ciframos como urbano. Esto porque Cerecedo, fiel a su estilo ya su esencia de origen, por una parte todo lo ennoblece, mistifica y metaforiza, y por otra parte, porque en cuento a la enunciación opta siempre por buscar vida y revelación en cada espacio (o ser) del entorno. Nos entrega así un poemario pleno de naturaleza, incluso dentro de la urbe –que nunca es del todo (o no sólo) México/Tenochtitlan– y, mejor dicho, de su o sus suburbios; solares y solarios plenos de vida que anima en la sombra (al igual que sucede en los únicamente aparentes desiertos geográficos, donde la actividad a la luz de la luna es mucho más viva que la aparente y cansina calma diurna), y tenemos así una urbe de todos, pero individualizada, persona y también difuminada o diseminada; urbe rural o ciudad invisible o imaginaria, e incluso ciudad imposible a la manera de Ítalo Calvino.

    Pero además del tiempo lejano y cercano, hay aquí la palabra fluida que en todo momento deviene oración y canto; instantáneas que aun así (en su brevedad) aspiran a la permanencia; todo ello configurado, trazado, confinado en también un abierto e infinito triángulo dialéctico, cuyos vértices opuestos vienen a ser la alegría y el sueño, frente al dolor, el cansancio o la realidad, pero como síntesis (y después de gozar lo más larga y plenamente posible a la noche-mujer) nos conducen indefectiblemente hacia la luz y la esperanza.

    Aquí la aventura,

    el camino convierte en río al mismo costado.

    Aquí blancura,

    haz que el sueño admita este ramo de tulipanes en el temblor de la carne. Allegro con fueco ma non tropo.

  • La idea es vivir cerca, pero no encima (Sofía de la Vega -Ed. Liliputienses)

    La idea es vivir cerca, pero no encima (Sofía de la Vega -Ed. Liliputienses)

    Ediciones Liliputienses, que intenta la cuadratura del círculo en sus publicaciones, dirigida por José María Cumbreño nos presenta su vigesimosegundo número de la Colección de poesía de la Fundación Obra Pía de los Pizarro, La idea es vivir cerca, pero no encima, de la poeta argentina Sofía de la Vega.

    Sofía de la Vega

    Sofía de la Vega nació en San Miguel de Tucumán, en la provincia de Tucumán en 1993. Es organizadora del Festival Internacional de Literatura Tucumán (FILT) y trabajó como editora en Culiquitaca Ediciones. Ha participado de la residencia para poetas jóvenes en el Festival Internacional de Poesía de Rosario (FIPR) en el 2017. Publicó su primer poemario en 2018 Blancas y plateadas, editorial Neutrinos.

    …Me gustan los icebergs porque fueron gotas

    de lluvia o algo así que se volvieron gigantes donde

    está el futuro del agua potable….

    Iceberg

    La idea es vivir cerca, pero no encima es el segundo libro de Sofía de la Vega. A través de su prosa poética, nos habla del miedo a las relaciones estables, al autoconocimiento o a la armonía, la soledad.

    De la Vega, esté donde esté, es una persona que se encuentra fuera de sí misma. Es un poemario triste y solitario

    Me entristecí pero hablé mucho con un amigo que también estaba triste pero siempre lo oculta y también con un amigo que nunca oculta lo que siente pero sí que yo le gusto….

    A la gente la pone triste las cosas tristes, a mí me angustia no distinguirlas.

    Rompecabezas

    Pero me encanta decir que el chocolate no me gusta y que mi gusto favorito de helado es el de chocolate. Es igual a cuando te gusta mucho una persona y te hace daño, entonces, consumís todo lo que la rodea tipo los amigos y sus bares o cafés pero odiás cruzártela o que te cuenten cosas de ella. La idea es vivir cerca pero no encima.

    Conocer cuando va a llover no es lo mismo que salir sin paraguas.

    Helado de chocolate

    Las charlas a miles de kilómetros son la excusa para imaginarse otros mundos a los que no puede llegar …. todavía.

    Estoy hablando por teléfono con un amigo. No hay nadie en casa, puedo escucharlo bien….

    Siento la caída de vajilla amontonada que seguramente no lava hace días. Comenzamos a hablar de la teoría del caos en un sentido romántico….

    Lo que no esperamos parece hostil

    si no tenemos fe en la ciencia.

    Curva de Lorenz

    Se entretiene más con los recuerdos del pasado que con un futuro desconocido que le lleva a encontrarse sola.

    La incomodidad del amontonamiento

    se hace parte de tu vida.

    Como el día que estaba sola con vos

    pero al final nunca te diste cuenta.

    Animales que se arrastran

    Acabaré este repaso al poemario de Sofía de la Vega con una reivindicación a la fuerza de la feminidad.

    …A veces, no sé si mi deseo

    de maternidad es real o es sólo el deseo egoísta

    de sentir un amor inconmensurable….

    …si pensáramos tanto quizás

    la gente dejaría de tener hijos,

    el mundo desaparecería

    o todos nos formaríamos in vitro

    y ni siquiera haríamos el amor para tener un bb.

    Todo hecho en compu parece el futuro.

    Lo bueno es que depende de nosotras.

    Cumpleaños número 2
    Ediciones Liliputienses

    Libro de poemas interesante de una joven poeta que nos dará más alegrías. Las alegrías que ya nos da Ediciones Liliputienses, editorial independiente que difunde en España la mejor poesía latinoamericana actual junto con textos de antropología y feminisno.
    La editorial se encuentra en la Isla de San Borondón, un lugar que existe solo a veces, aunque, como el nulo sentido del humor de las administraciones no admite las identidades intermitentes. Cuenta con una humilde morada en Cáceres, ciudad fantasma que los mapas sitúan en ese atolón interior llamado Extremadura.

    Aquí es donde podéis comprar esta pequeña joya poética de Sofía de la Vega, La idea es vivir cerca, pero no encima.

  • Mujeres, género y poesía en la Generación Beat: Female Beatness

    Mujeres, género y poesía en la Generación Beat: Female Beatness

    Desde las páginas de la revista, siempre hemos tenido muy presentes a las mujeres de la Generación Beat. En enero de 2019 os recomendamos una antología poética de mujeres Beat: Beat Attitude.

    Meses después entrevistamos a la poeta española Beat, Mónica Caldeiro que nos adentró en su obra poética.

    Sabemos que hubieron varias mujeres dentro de la Generación Beat. Pero ¿qué implicó realmente ser Beat en clave femenina?¿Cómo fueron las vidas bohemias y la literatura transgresora de estas mujeres? ¿Quiénes fueron Elise Cowen, Diane di Prima, ruth weiss y Denise Levertov y cómo convulsionaron su contexto sociohistórico?

    Acaba de salir Female Beatness, el nuevo libro de Isabel Castelao-Gómez y Natalia Carbajosa Palmero que retoma el legado de las voces femeninas esenciales en el desarrollo de este movimiento artístico de vanguardia, silenciadas durante décadas. 

    Female Beatness es una monografía en español que apunta a la relación directa entre las trayectorias vitales, sumamente transgresoras, y las aportaciones creativas de las mujeres poetas al universo Beat. 

    Este libro es un necesario e interesante acercamiento crítico, en el mundo académico hispano, a las poetas y artistas de la generación Beat que, junto con los componentes masculinos conocidos del grupo (Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Snyder) revolucionarion la escena literaria urbana en la década de los 50 en los EEUU, adelantándose así al cambio de mentalidad que colonizó el mundo de los 60 y los 70. Female Beatness ubica en el canon literario y el devenir histórico a las mujeres que participaron de la efervescencia del excepcional momento creativo Beat y rompieron las barreras, con sus vivencias y sus obras, del papel subsidiario para el que a priori habían sido educadas. Dentro de un enfoque amplio que aúna contexto socio-histórico, teorías de género y análisis textual, el libro pone en el punto de mira a las poetas Elise Cowen, Diane di Prima, ruth weiss y Denise Levertov, explorando de este modo todas las formas posibles, muy diferentes entre sí, de ser Beat… en femenino. Hoy día, más de medio siglo después, su influencia y predicamento siguen absolutamente vigentes.

    Queda mucho por hacer para dar visibilidad a las mujeres en cualquier ámbito de la vida, en el poético también. Un ejemplo de recuperación de la población femenina artística Beat es Female Beatness, así como en su momento lo fue el libro Las SinSombrero respecto a las mujeres poetas españolas de la generación del 27. Desde nuestro recital poético #PoémameBcn también hemos denunciado este olvido de las poetas irlandesas: Fired! Irish Women Poets and the Canon. Antes de acabar no podemos dejar de mencionar el nuevo grupo de mujeres poetas contemporáneas desde el entorno digital a las que se menciona en el libro Decir mi nombre, al cual le dedicamos tres artículos en esta revista.

    Female Beatness está editado por Publicacions de la Universitat de València y disponible desde su página web.

  • “Umbra”, la prosa poética hecha novela

    “Umbra”, la prosa poética hecha novela

    Descubrí  a Silvia Terrón por un programa de televisión (“Página 2”,la 2 de tv española), cuando en 2018 publicó su primera novela “Umbra” Caballo de Troya 2018. Me enamoró el planteamiento de su libro:

    “Umbra transcurre en un futuro en que los humanos ya no pueden emitir sonidos y el planeta ha quedado dividido en una región de luz y otra -llamada Umbra– de sombra. Los ecos de las voces de nuestro presente se fosilizaron en un mineral llamado «ecoral», que es la principal fuente de energía”.

    Silvia Terrón (Madrid, 1980). Poeta, periodista y traductora. Dirige la revista literaria bilingüe Alba Paris, dedicada a la difusión de la literatura hispanoamericana en Francia, donde reside y trabaja como especialista en diplomacia pública desde 2009. Sus poemarios son:

    • La imposibilidad gravitatoria, poemas, Ediciones Torremozas, 2009.
    • Doblez, poemas, Ediciones Liliputienses, 2014.
    • Las veces, poemas, La Isla de Siltolá, 2015.

    Invito a leer este poema suyo, que me parece una maravilla, con un lenguaje cuidado y unas hermosas metáforas.

    CIUDAD JARDÍN

    Así, por cabeza

    aprendes a crecer en ángulo.

    Tú, que construías ventanas

    para ahorrar metáforas

    presientes el nido.

    Todo lo que piensas emigra

    y vuelve cada invierno.

    De tanto ir ampliando

    te has vuelto pasillo,

    cada vez más cinturón.

    Alrededor, en tus afueras

    vive tu yo más reciente,

    el que trastoca

    sin decir.

    Sólo melodías y olores

    llaman hacia el centro.

    Buscas

    tu propia ruina, el resto

    del momento pretérito.

    Fantaseas con la Historia,

    mezclando minutos

    y almidón.

    Sólo tú sabes

    que un juguete de plástico

    made in China

    guarda tu alma.

    El imán que recoge

    toda proyección

    para estos años sin tacto.

        

    Pero en esta ocasión de lo que quiero hablar es de su primera novela “Umbra”.

    Adentrarse en “Umbra” es traspasar una barrera donde lo cotidiano se escribe en verso. Un mundo un tanto angustioso y asfixiante de un supuesto futuro oscuro, muy anclado en un pasado perdido.  Es ciencia ficción contada desde el universo lingüístico de una poeta, y eso hace que la novela adquiera una dimensión distinta de lo que el lector de este género, está acostumbrado…estamos acostumbrados.  

    Una novela llena de un lirismo exquisito y  una prosa que te engancha y envuelve:

    Al morir volvemos a la materia para convertirnos en otra cosa. Lo único que escapa a esa metamorfosis es la voz, que se repite y desaparece sin dejar rastro, eludiendo la transformación.

    Umbra es un  libro que no tiene diálogos, es una sucesión de hechos relatados, en una exquisita prosa poética. Los personajes (muy bien expuestos) te llevan de la mano por los acontecimientos de un mundo superficial y vacío, entre situaciones e imágenes que no te dejan indiferente. Todo el libro es rico en matices, que invitan al lector a sumergirse de manera profunda e intensa.

    En los “Coros” despierta una conciencia, en muchas ocasiones dormida, que te lleva a leer y releer, pensar y repensar.

    Coros

    ¡Viva la próspera industria de la voz vaciada! Contemplaos desde lo alto, resultáis admirables. Insectos incansables a los que se les ha confiado una misión: robar, falsificar, transportar, esconder. Cada uno repitiendo incansable el mismo gesto: la mano prensil que se alarga hasta la esfera valiosa y se cierne sobre ella…

       

    Para mí, un gran descubrimiento que seguiré explorando.

    NOTA: Datos biográficos sacados de su novela “Umbra”

           

  • «Ninfomántica», de Ana Beck y Rogervan Rubattino

    «Ninfomántica», de Ana Beck y Rogervan Rubattino

    Nos hallamos ante un poemario cuyas líneas tienen la intención de sumergirnos en un cóctel de sabores y reacciones. Por un lado, líneas de cognac, tejidos de finos trazos, y por otro esa belleza de una flor con pétalos de fuertes colores.

    Somos una salvaje y libre marea

    que no sabe de sueños o promesas.

    Somos un solo dios que, cual eco, reverbera

    en cada llama,

    en cada fuego.

    Y se reinvente tras las cenizas.

    Tras el profundo azul de las marismas.

    Tras el ocre de las tristezas.

    Somos la campana de horizonte

    que se quiebra

    y todavía suena.

    Somos grito ahogado de necesidad mutua.

    Reinos de silencios que amanecen a raudales.

    Somos nosotros con ese querer hecho a distancia

    floreciendo deseos.

    Al ritmo de breves sorbos, los autores nos llevan a apreciar los paisajes de sus tierras, nos colocan en sus parajes preferidos y nos empujan al vacío de los cielos de cada quien, regalándonos pronunciadas curvas en los latidos y dejando muchas veces al paladar palpando el sabor exacto de sus versos.

    Yo escribo a la muerte sin mirar hacia el amor

    sin ver sus senderos de traición

    sin oír sus gritos de fábulas

    y las vértebras horadadas

    de cadas grisácea estación

    Y apunto cada motivo bañado de luna,

    cada latido opaco de lluvia

    sobre la senda errática del caracol.

    […]

    Escribo para que tus ojos vivos lean esto

    antes de que se me olvide respirar bajo la sombra del ciprés enhiesto

    que colinda el huerto del más allá

    donde no te aman las horas Macilentas de la madre eternal

    Sus frases nos conducen del remanso de una melodía nocturna a la efervescencia de las aves al romper el alba.

    Ninfomántica es una fusión que nos pasea por senderos obtusos y nos lleva al borde de las sensaciones para soltarnos, motivándonos a abrirles las alas a los sentidos.

    Yo no sé si estuvimos siempre

    o nos fuimos bajo la senda de las polvorientas promesas.

    No sé si somos invisibles dioses,

    sedientos de azahar y de pretender nuestros huesos,

    en arcadias y hogueras

    Y me gusta pensarme como un libro abierto en una página cualquiera. Un libro buscando ser leído, un libro escrito por todas las manos que han cuidado mis días.

    Me habita la persistente necesidad de atrapar palabras que sirvan como puente. La búsqueda de ser un libro al que solo otros ojos puedan darle sentido.

    Por eso me siento y escribo.

    Existe, en esta alquimia, el efecto de una balsa navegando sobre el río manso y de pronto aparece el vértigo arrastrando el sentir, haciendo correr la adrenalina, dando un golpe seco y frontal al lector de una página a otra, colocándonos entre dos tierras: del Edén a la crudeza de la selva, de la plasticidad de un vuelo a la rebeldía de la fiera.

    El sabor de cada escrito proviene del sentir de cada poeta, la forma en que mira el mundo nos es transmitida mediante el canal de la palabra, es su esencia lo que plasma; Alfonsina Storni nos deja ver en uno de sus textos lo que para el alma es plasmarse en letras, ese sentir poético inexorable que poseen los seres sensibles, con la virtud de plasmar emociones a través de la tinta:

    Soy un alma desnuda en estos versos,
    alma desnuda, que angustiada y sola,
    va dejando sus pétalos dispersos.
    Alma que puede ser una amapola,
    que puede ser un lirio, una violeta,
    un peñasco, una selva y una ola.
    Alma que como el viento vaga inquieta,
    y ruge cuando está sobre los mares,
    y duerme dulcemente en una grieta.

    Alma desnuda, Alfonsina Storni

    Pues bien, Ninfomántica logra el ensamble de dos almas, que fusionan su néctar poético y logran un sabor original que pasea nuestras emociones, involucrando imágenes sublimes y tintes cotidianos, manejados con intención de descolocarnos, quizá un poco, y así apreciar desde otro punto la prosa y el verso.

    Veo en los ojos de la soledad la inquietud del mar,
    el tacto ocre de la muerte
    la melodía de plenilunios y tormentas
    contar con tus labios los dedos de la suerte

    Te brindo lo agridulce de mi lengua y un corazón a medio latir. Te ofrezco lo que pocos se atreven a regalar, lo que soy; la honestidad y la frialdad de mis momentos bajos, la marea roja de una herida que no sabe ser cicatriz, que sólo sabe doler.

    Ambos autores buscan tocar sutilmente el sentimiento e intencionalmente dejan escapar lancetazos repentinos de realidad, consiguiendo clavar su aguijón.

    A los veintiuno me caí del mundo. Y en una edad en la que se supone que las cosas comienzan a asentarse, hurgue tras las verdades absolutas.


    Me perdí al menos setenta y cinco veces mientras quitaba capa a capa la imagen de un “yo” que otros habían modelado.

    Si bien el poeta refleja poco o mucho de sí mismo en un escrito, el lector puede encontrarse en una frase y hace un poema suyo en el mismo instante de la lectura.

    La poesía nos permite interiorizar y exteriorizar, es un portal hacia esas dos dimensiones, es el espejo, el túnel, un pasadizo donde uno puede ir y venir. Es la cuestión y la respuesta, la conexión, el puente.

    Pizarnik nos cuestiona acerca de ¿qué significa traducirse en palabras? y ¿para quién escribimos?

    Puertas del corazón, perro apaleado, veo un templo, tiemblo. ¿qué pasa? No pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores de órganos vivos, calor, corazón, reparación, todo musical y silencioso al mismo tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfección a largo plazo; medir cada día la probable elevación de mi espíritu, la desesperación de mis faltas gramaticales. Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar … ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado … Solamente tú sabes de este ritmo quebrantado.

    La piedra de la locura, Alejandra Pizarnik.

    La poesía es también una forma de situarnos en realidades o bien despegar los pies del suelo. Los autores juegan con esas cartas a lo largo de esta obra, regalando al lector ese ambiente de no saber el color ni el número de la próxima tirada.

    Nos regalan una obra donde el sabor del amor, de la vida y de la muerte se entrelazan y conforman un lienzo donde cualquier trazo puede iniciar ese viaje que sólo las letras nos pueden brindar. Sinfonías grises, rojas y azules que nos toman y nos conducen hacia senderos en donde, al final de cada uno, seguramente nos será revelado alguno de los tantos rostros de Ninfomántica.

  • «El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes)

    «El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes)

    «El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes) es un poemario que definiría como profundidad en movimiento.

    Tanto camino que la voz,
    todo se ilumina y se oye 
    destapa soledades dormidas 
    busca su retrato la soledad del agua

    Al adentrarme en sus versos, siento una gran carga de introspección, que me invita a desnudarme, a despojarme de estereotipos y pensamientos banales para concederme el privilegio de ser.

    Tengo pensado a mi borde 
    todo lo que escucho y voy …
    nada tengo pensado sobre mi caminar 
    y mis lamentos,
    intento escribirme lo que dibuja 
    mi principio,
    intento cantarme solo mi miedo 
    y aclararme con esta nube gris,
    que me empapa los pies y se esconde detrás de unos talones,
    o una costilla, o un suspiro,
    que sin poder evitarlo se apropia de mis dedos…

    Me he permitido el atrevimiento de recitaros un fragmento.

    El alma despierta y amanece la vida, la naturaleza evoca su canto, el río fluye, el sonido bosteza, la tormenta de sensaciones alcanza al poeta, este se para, y es ahí donde nace la escucha íntima, la complicidad entre el origen y la causa, entre el concepto de lo que soy y lo que percibo.

     El autor convierte al paisaje que le rodea en un espejo, y por medio de la observación activa, estimula la imagen que una vez procesada, le devuelve el reflejo convertido en poema.


    En lo salvaje me encuentro entre las hojas,
    me mantengo, me reflejo en ellas, y me veo a mí

    Es un gran privilegio poder contemplar a un poeta en el que la naturaleza  había echado semillas desde muy joven y en el que la experiencia poética como vivencia, a través de la voz y la presencia han sido determinantes.  

    Su técnica no tiene más método que el de vivir lo que habla y viviéndolo lo pone vivo también en los que están con él. Todas las cosas hablan en su silencio y él les pone voz al vivirlas.

    Muchas noches hay en una noche sola desairada
    con viento de lo profundo de la tierra,
    demasiada agua nos cae en la frente de la noche…

    Como en todas las cosas que nos rozan sin tocarnos, como en todo aquello que habitamos  y sabemos no tangible, la poesía de Jorge Pascual se deja llevar por y en libertad, dejando florecer lo esencial en cada verso; comulga  el misterio, azota el viento por fuera y el suspiro por dentro.

    …Hace daño la vida 
    en cada marca del cuerpo

    Lamento los cielos pesados y rotundos,
    profundo su bosque misterioso y horizontal distancia.
    Tan lejano su agua y su incendio mortal 
    se desprenden los cielos de sus ciclos rocosos y tan sentimentales …

    También encuentro un guiño muy bonito del poeta hacia el lector y hacia su obra, una coherencia indiscutible, para mí, entre la obra materializada y la vivencia. De ahí, la sencillez y la falta de una estructura guiada, ni siquiera un título, anticipándose al poema. En él late el desorden emocional y salvaje, en un perfecto y maravilloso equilibrio. 

    Diría que la poesía de Jorge Pascual es amamantada con el mismo aliento con el que las ramas de un árbol son azotadas, o como fluye el cauce de un río desembocando en el mar…

    …Cuánta soledad de latido 
    que llega danzando por los caminos cual espíritu
    que encuentra un árbol y se arrodilla…

    Cabe destacar que este libro es el trabajo de todo un año en el que el poeta se introduce y convive en plena naturaleza .

    Con su poesía, Jorge Pascual en definitiva nos lleva cogidos de la mano hacia el paralelismo del ser interior y la naturaleza que nos rodea, hacia el nacimiento de los sentidos, hacia el  espertar de un mundo fecundo, que solo es posible cuando nos adentramos con motivación y sin corazas, descalzos de cargas y de prejuicios, y sobretodo escuchamos con detenimiento, lo que tenemos que decirnos.

    Desconoce el fin y el principio
    desconoces tu pie y tu cielo
    qué hay del camino en el cielo 
    qué esconde el cielo en su propio camino .
    Lejanía incesante
    solo pasos como cuerpos alejados de ti.
    En tu propio rostro se deslumbra el camino.

    El viento está escrito se compone de poemas, manuscritos, dibujos, fotografías y materiales sonoros vinculados a una serie de caminatas realizadas por Jorge Pascual y comisariados por Bruno Marcos. Todos los materiales han sido recogidos o creados por el autor. Podéis acceder a parte de estos archivos en la web de Ediciones Menguantes.

    … Hay ramas a veces que nos tragan el tiempo 
    y nos recorren la muerte a soplos del viento 
    y llueve…
    llueve todo en silencio

    Jorge Pascual (León, 1981) es poeta y actor. Ha publicado los poemarios “Morir de viento“ (Leteo, 2001), “Manual de ultramarinos” (2015) y “Caminan las nubes descalzas” (Eolas, 2016). Recibió un accésit en el Premio Nacional de Poesía “Eugenio de Nora”.

    Para finalizar, os dejo un breve poema que nos da una adorable pincelada de la esencia que sustenta esta obra.

    Se ha ido el olvido 
    me cabe el recuerdo de ver, 
    si olvido el infinito.

  • Versos al margen, de Marta Garrós. (Punto Rojo Libros, 2019)

    Versos al margen, de Marta Garrós. (Punto Rojo Libros, 2019)

    Cuando el lector se introduce en Versos al margen, lo que realmente queda al margen es la vida. Uno entra en un mundo brillante de emociones y sentimientos que, de algún modo, envuelven y atrapan el alma para no soltarla.

    El poemario, en su mayoría poemas breves y concisos que concentran en pocas líneas una esencia pura y emotiva, está estructurado en tres partes o capítulos que la propia autora nos presenta al inicio del libro, en una breve introducción:

    I. Más que amor, donde los poemas se centran en amor y desamor.

    II. Inspiración, donde la poesía parece fluir por sí misma.

    III. Mis versos al margen, donde encontramos una parte más oscura, más esencial y quizás más íntima, son esos poemas que parecen salir desde algún recóndito pliegue del alma.

    I. MÁS QUE AMOR

    «Y es cuando sus palabras tropiezan

    con su corazón,

    que todo se derrumba…»

    Marta deja unos pequeños versos al inicio de cada capítulo a medida de introducción, que ya nos ponen en pre-aviso de lo que vamos a encontrarnos: palabras, corazón y derrumbe. Tres vocablos que marcan la línea de este primer capítulo.

    Veintiocho poemas, algunos de una intensidad abrumadora, y otros delicados como un susurro al oído, que nos muestran en pequeños matices todas las emociones que podría englobar el enamoramiento: fascinación, entrega, sentimiento y casi devoción. Pero también nos habla de tristeza, ausencias, e incluso de puede llegar a vislumbrar una parte oscura de la relación:

    En el vaivén del tiempo
    Calidez su dentellada
    Y tu esposa me resuelvo
    Frágilmente subyugada.

    -Fragmento del poema Mi Contraluz

    …el consuelo
    De esta tristeza
    Abrigándome
    Con tus frías ausencias

    -Fragmento del poema Zona de confort

    A su vez, y casi ligado al tema menos plácido del amor, el que conlleva heridas, en el que hay batallas, entrevemos ese lado positivo que a veces suele rodear la poesía de Marta, y podemos ver esa parte femenina más fuerte, la de la mujer incansable que ama con todas sus fuerzas, a pesar de las heridas; la que siempre renace y se sobrepone. Veamos, por ejemplo el poema Guerrera, donde a pesar de perder, de arder y reducirse a cenizas, siempre vuelve, con más fuerza si cabe, dándole la vuelta a la situación y acabando convertida en su heroína:

    Resurjo de sus cenizas
    En cada batalla perdida
    Anudando en mi brazo
    Las heridas recibidas
    Y aun dándome él
    Por vencida
    Siempre seré su heroína…

    La sensación de plenitud sentimental también tiene su espacio, más grande que el dolor si cabe en este primer capítulo, y nos llega casi acompañada de música y estrellas, pues el lenguaje que usa Marta nos acerca inevitablemente a una magnífica atmósfera de destelles y sueños, todo envuelto en un fino velo de delicadeza y suavidad:

    BESOS DE SEDA

    Vuelan sus besos
    Que en mí se quedan
     
    Como caricias
    Envueltas en seda
     
    Y evoco sus labios
    Prendidos en ella
     
    Arrullo de amante
    Para que duerma.

    Un poema que casi parece que lo podemos tocar, y sentir su tacto sedoso entre nuestros dedos.

    La intensidad en los versos de Marta es algo innegable; hay versos que son prácticamente sentencias, firmes sentencias-promesas que son absoluta entrega, amores que ni la muerte puede romper:

    Si has de hacerlo
    Muere en mí
    Y vivirás
    En mis adentros.

    -Fragmento del poema Eternidad

    Yo me quedaré en ti
    Apartando tus espinas
    Para que me hieran a mí.

    -Fragmento del poema Para los restos
    La poeta Marta Garrós.

    II. INSPIRACIÓN

    «Buscaba inspiración en las estrellas

    sin saber que ya era polvo de estrellas.»

    Los siguientes diecisiete poemas nos llevan a otro ámbito, otro tipo de emociones como la timidez, la resignación, y sensaciones como el tacto o el aroma, se dan cita y se entrelazan con elementos mágicos y estelares, creando un universo o un único mundo que une la emocional con lo real y el imaginario.

    En este sentido, llama la atención del poema Hada Verde. Muchas veces, la poesía de Marta transmite ese ambiente mágico y como de fantasía y, en este poema, por primera vez nos aparece un ser mágico que esparce traviesa su narcótico elixir, la musa de la absenta, la poesía. Ahí es donde el lector, sin darse cuenta, se ve por un instante en la Francia del siglo XIX, y trae a la mente la imagen de Verlaine con su vaso de absenta entre las manos. Entonces se comprende que a menudo, lo que la autora intenta hacer en y con su poesía, es unir ese imaginario literario tan precioso con la realidad, la vida.

    HADA VERDE

    Esparce traviesa
    Su narcótico elixir
     
    Saciando poetas
    Malditos de ella
     
    Susurra en sus labios
    Ebrios de absenta
     
    Batiendo sus alas
    Sin dejar de reír.

    Sucede en este segundo Capítulo que nos aparece, al fin, la poesía japonesa, de la que Marta es Haijin y Senpai, en un Sedoka quem siguiendo la estructura de seis líneas seguidas 5-7-7-5-7-7, nos presenta un instante, como un cuadro, un sonrojo escondido detrás de un abanico y dedos temblorosos, en seis versos de gran belleza:

    SONROJO

    Un abanico
    Como frágil guardián
    Cubre su timidez
    La suave de seda
    Es baile entre los dedos
    Palpitando el sonrojo.

    Y le sigue otro llamado Shouganai, donde encontramos otro guiño hacia esa cultura en esa expresión japonesa que expresa la sensación de saber que hay cosas que no se pueden cambiar, y que son porque han de ser, ni más ni menos.

    Poeta retoma esa atmósfera suave y delicada, casi lírica podríamos decir, en un poema que se nos presenta como aromático.

    Y atesoran mis ojos
    Quimeras preciosas
    Cual rosa en un libro
    Perfumando sus hojas

    -Fragmento del poma Poeta

    Y eso se repite en otro poema de este Segundo Capítulo. Si en el capítulo anterior teníamos un poema que casi se podía tocar, Besos de seda, ahora nos encontramos un poema que casi se puede oler, Préndeme Claveles, y nos percatamos que definitivamente, la poesía de Marta tiene tintes sensoriales, haciendo de un sentido, el eje del poema junto con los sentimientos:

    Róndame con flores

    Que de penas voy sobrada

    Róndame esta noche

    En mi reja perfumada

    -Fragmento del poema Préndeme claveles

    Y de esa sensación empírica, volvemos de nuevo, entrelazando realidad e imaginación, a la fantasía con Ondida, que nos evoca aquellas perversas ninfas del mar, que son capaces de embrujar con su risa. Así lo cuenta Marta, casi ahogada en la inspiración:

    ONDINA

    Canto un canto de sirenas
    Me arrastró hacia su mar
     
    Embriagada por su esencia
    Besaba espumas y sal
     
    Y aun sabiendo
    Que me ahogaba
    Me olvidé de respirar.

    III. MIS VERSOS AL MARGEN

    “Sólo el loco en su cordura,
                    logra ver brillar,
                    el lado oscuro de la luna”

    Veintiún poemas que de repente oscurecen las estrellas anteriores. Se abre con Réquiem, un poema oscuro, lúgubre, que supone un alto contraste con la luz del capítulo anterior, las ninfas parece que se van apagando. Sería como entrar, quizás, en la parte más profunda del alma:

    RÉQUIEM

    Lágrimas muerde
    Tras las cortinas
     
    El borroso murmullo
    Por despedida
     
    Letras doradas
    En comitiva
     
    Perfilan el trono
    Con letanías

    Abunda en este Tercer Capítulo, un vocabulario que transporta a la oscuridad y a la tristeza: velas, cenizas, letanías, rosas negras, sangre, sombra, pozo, jirones, lluvia, duelo, llantos, lluvias, silencios… todo aparece un poco más crudo, un poco más áspero, un poco más triste.  

    Desde un corazón que se va diluyendo, a llantos que rompen –Me quedo como una nube que enjaulada va rompiéndose hasta llorar-, de tormentas que rugen a dolorosas despedidas:

    DESPIDIÉNDOTE

    Nunca sabré
    Dejarte ir del todo
    Mi amor
     
    Por eso
    Me despido de ti
    Poco a poco
     
    Para que no duela
    Tanto el adiós
     
    Prefiero ir
    Soltándote a trozos

    Danza Inmortal llama la atención en este tercer capítulo porque, en medio de tanta oscuridad y dolor y tristeza, aporta un punto de luz, la línea general del capítulo hace un giro puntual, y de repente se llenan los ojos de luz y brillos:

    Bailaré entre tules
    Vaporoso incienso
    Ritual de altares
    Donde está tu cielo

    -Fragmento del poema Danza Inmortal

    Para cerrar el poemario, Marta nos deja un poema precioso que aparece como el cierre de un círculo, es lluvia por dentro y parece que el alma anegada sólo desea volver a ser tierra, a la pureza, al origen:

    SOY LLUVIA

    Lluevo por dentro
    Y por fuera
    Quiero llover
    Esta nube
    Que se aferra
     
    Quiero llorar
    Y confundirme
    Hacerme agua
    De la Madre Tierra

    Versos al margen es el primer poemario de Marta Garrós Badal (Barcelona, 1966), publicado por Punto Rojo Editorial (2019). Sentimientos y emociones se entremezclan con esos tintes modernistas del imaginario y la realidad en más de sesenta poemas que configuran un poemario emotivo, mágico y auténtico.

  • Animalicémonos, de David G. Lago (Boria Ediciones)

    Animalicémonos, de David G. Lago (Boria Ediciones)

    Sólo con el título del libro, David G. Lago ya nos despierta; un título que sugiere un regreso a nuestro ser más primitivo; un título que nos pide, casi nos ordena, que volvamos a recuperar aquello más auténtico y más esencial de nuestro ser.

    Al ir adentrándose en la lectura, el lector se encuentra frente a un poemario fuerte, valiente e intenso que, con cierta crudeza, nos acerca y nos muestra la realidad de la forma más clara y directa. Nos pone de bruces frente a nosotros mismos, nos abre una ventana a la vida actual, a la frialdad a la que estamos sometidos sin darnos apenas cuenta. Y es que la jaula, a veces, somos nosotros mismos y el mundo que hemos y estamos construyendo.

    El libro se nos abre con una primera puerta, Animal Analítico, con una invitación a meditar y revisar en qué nos hemos ido convirtiendo, este animal analítico que cada vez tiene más de analítico que de animal.

    […]

    Nuestras manos crearon el planeta,
    tallaron herramientas fraternales,
    dieron luz al progreso
                                                   y dieron lumbre al arte.
                   
    Pero también crearon jaulas
    y campos de exterminio.
    Tallaron herramientas fratricidas.
    Sometieron a sus hermanos.
    Aquellas manos primitivas
    olvidaron de dónde venían.

    -Fragmento del poema Analicémonos.

    Una descripción de lo que los humanos habían sido y lo que son, lo que han sido capaces de hacer. Un valiente aviso donde se nos abren los ojos ya de entrada. Una advertencia directa de que estamos perdiendo, si no hemos perdido ya, lo más esencial. Hay que alzarse y ser capaz de regresar al origen.

    Animalicémonos. David G. Lago. Boria Ediciones

    Pasado este primer golpe/aviso, nos adentramos de lleno en el cuerpo del libro, el llamado De vestigios y olvido. Encontramos el punto de vista crítico y afilado, la degradación humana y perdición de la humanidad, que sigue avanzando sin saber hacia dónde camina, pero arrasando con ella misma y con su entorno.

    Me parece totalmente simbólico el poema con el que arranca, Poco a poco hundiremos el arca de Noé. Se nos coloca delante la pérdida, conscientemente inconsciente, de los sentidos, destacando el olfato. El olor es uno de los sentidos que más agudizan los animales para sobrevivir, para conseguir alimento, para conocer su entorno. Quizás como para hacernos recuperar ese sentido ya casi olvidado, en el poemario se destacan los aromas con mucha intensidad:

    […]

    Un olor putrefacto
    emana del asfalto.
    Las horas punta
    se volvieron aún más
    malolientes, si cabe.
    Colapsos, atascos
    frenando a los vehículos
    pero no a lo frenético.
     
    […]
    Ya nadie huele.

    Fragmento del poema Poco a Poco hundiremos el arca de Noé.

    A lo largo del libro van apareciendo diferentes animales, cigüeñas, perros, golondrinas, elefantes… como muestras de conductas, aquello que la razón nos ha ido acotando hasta hacernos parecer casi autómatas que no sienten apenas ni tienes instinto. Se sirve de sus maneras de vivir para mostrar comportamientos humanos que nos alejan de nuestra parte más natural y primitiva, como animales vivos que somos; se va sucediendo en el libro como una reivindicación de nuestra parte más animal, aquella que debemos recuperar. No está del todo perdido, más bien está olvidado.

    […]

    Vivamos
    con plena intensidad,
    con calma y embeleso.
    Vivamos plenamente.
    Vivamos
    como copulan los cochinos.

    -Fragmento del Poema Vivimos como copulan los conejos

    Incluso los cuervos, en un precioso guiño literario a Poe, aparecen para grabarnos a fuego su mensaje: <<Por favor: nunca más.>>

    Otro de los puntos que David nos muestra y destaca, en contraposición con la vida animal, es la pérdida de libertad. Algo que el propio ser humano ha ido provocando si darse cuenta (se supone…) desde que la humanidad existe. De hecho, uno de los poemas más impactantes de este poemario es Tendremos microchips bajo la piel, donde se pone de manifiesto esta falta de libertad, el control al que estamos sometidos (por la propia humanidad), la pérdida de esa concepción del ser y el libre albedrío para pasar a ser lo que quieran que seamos. Hay algo tremendamente doloroso en este pomea, y quizás sea la sensación que esta vida futura que nos plantea no está desencaminad, que este futuro que se augura no es algo tan alejado de la realidad.

    […]
    cuando llegue el momento y nos desahucien
    de nuestros propios esqueletos
    y pasen el lector
    por lo que alguna vez
    fue nuestro cuello.

    El empobrecimiento de la vida se palpa verso a verso, de una manera fría y en parte, dolorosa; sobrevivir se ha convertido en un esfuerzo y eso, inevitablemente, acarrea cierta tristeza, pues en cierto modo se entrelaza, a través de precisas pinceladas poéticas en diversos poemas del libro, con la idea de un futuro arruinado y acabado por la evolución constante tan vacía a veces de emociones; se ha perdido lo esencial, el mundo está contaminado y el ser humano, cuanto más tiene, menos natural y más pobre es.

    […]

    Al margen de la lógica,
    fuera de lugar, como el látigo
    que azota al hipopótamo
    en el circo y su círculo cerrado.
     
    Pongamos cada cosa en su lugar:
    devolvemos al agua al hipopótamo;
    llevemos al destierro al que blande su látigo:
    dejemos al obrero libre como un animal.

    Fragmento del poema Cada cosa en su lugar.

    Vemos al final de este fragmento de poema que el libre no es el individuo, sino el animal.

    Sinceramente, creo que la mejor manera de aprender todo lo que este libro pretende enseñarnos es adentrándonos en él con todos nuestros sentidos despiertos, y preparados para aprender a vivir de nuevo. Pues página tras página, David y todo un grupo de animales que llegan de su mano nos dan pequeña lecciones que han de servir para que nuestra vida vuelva a ser vida y vuelva a ser nuestra; para que aprendamos a disfrutar y comprendamos que, tal como estamos viviendo y avanzando, nos estamos perdiendo las cosas más básicas y preciosas de la vida:

    […[
    El pájaro se ríe del avión
    pues sabe que es ilógico
    volar
    con la frente plagada
    de hojas de ruta.
     
    El vuelo nunca fue lo más valioso,
    sino poder girar el timón
    a voluntad.

    Fragmento del poema El pájaro no quema queroseno.

    Este poemario no es una caricia, es un puñetazo crítico sobre la mesa que, como mínimo a mí, ha conseguido agitarme la vida, las emociones y la conciencia.

    Altamente recomendable para no perdernos del todo.

    Analicemos las señales. Retomemos la cultura.
    Icémonos como animales.
    Animalicémonos.

    Animalicémonos es el cuarto poemario de David G. Lago (Córdoba, 1981), profesor de Geografía e Historia. Su primer poemario salió a la luz en el año 2016, 33 Reflexiones que Cristo haría en mi lugar (Esdrújula Ediciones). Luego llegó Corazón Inmueble (Lastura, 2017) y posteriormente Satán es un canalla despeinado (Canalla Ediciones, 2017).

  • La poesía de Juan Carlos Camarero: Pensamientos, deseos y promesas

    La poesía de Juan Carlos Camarero: Pensamientos, deseos y promesas

    El libro de Juan Carlos Camarero, Pensamientos, deseos y promesas (2019), es el fruto de un largo proceso del autor como lector y como escritor. Según expone en el prólogo redactado por él mismo, en su vida de corriente ciudadano -padre, trabajador y jubilado- consigue detenerse a escribir en los momentos en que se siente movido a ello. Pese a que alega escribir para sí mismo o para su círculo de amigos, ha decidido dar el salto para ser leído por desconocidos por medio de la publicación de su obra, este recopilatorio de poemas, en la editorial Edición Personal/Ópera Prima (Madrid).

    Pensamientos, deseos y promesas, de Juan Carlos Camarero

    En este paso del Juan Carlos Camarero-técnico de estadística al Juan Carlos Camarero-autor literario hay indudablemente algo de valor: lo principal es esa investidura, ese cambio o evolución de uno cuando consolida un logro en el que ha estado trabajando; pero, además, no se trata de uno de los muchos entusiastas jóvenes que se dan a conocer al mundo como poetas sin haber tenido tiempo de leer, ni de escribir ni de vivir, sino de un hombre en su madurez con una larga experiencia a sus espaldas. Aunque, como se dirá más adelante, sus poemas puedan considerarse demasiado sencillos, no hay que perder de vista este referente: siempre se dilucida la persona real tras la voz poética, la cual legitima lo que dice líricamente.

    El título es bastante acertado en cuanto a la temática: pensamientos, deseos y promesas. Abundan, más bien, las reflexiones, los recuerdos, los momentos inmortalizados en la lírica que se abstrae a la sucesión temporal, pero la expresión tripartita del título remite, junto con la tónica general de todo el libro, a un poeta principalmente: Antonio Machado, poniendo como ejemplo Soledades. Galerías. Otros poemas, si bien el autor prefiere imitar el verso corto de su modelo. No tiene reparo en ocultar esta fuente; de hecho, en el poema Sevilla, dice: “La del patio sevillano / que tanto amó don Antonio, / ¿por qué no traes tu sol / a mi pobre corazón?”

    En esta línea predominan los poemas de índole puramente machadiana, enmarcados en los ya consolidados tópicos del maestro de la generación del 98: el otoño (Otoño 94, 95 y 96; Canción a un otoño que no llegó, etc.); el recuerdo y la nostalgia (Recuerdos, Nostalgia); la tarde y el crepúsculo (Unidos, Saudades, Recuerdos…), el camino y la acción de caminar (Caminar, Caminante, Camino…), los sueños (Sueños, Sueño…) y la metapoesía (Poeta, Cantor, Canciones, Copla…), entre otros. No hay nada original, realmente, en nuestro autor, pero continuar la obra de un maestro de la literatura española no implica que esta nueva producción poética no tenga suficiente calidad. Hay que subirse a hombros de gigantes: siempre va a tener algo de bueno un poema que respire tradición; las raíces más profundas hacen la obra más alta.

    Esta será la tesis que sostendremos para legitimar la calidad de Camarero. Nuestro poeta segoviano ha leído hasta el punto de hacer suyos a los mejores poetas españoles, haciendo de ellos el armazón sobre el que construir su obra, o donde arraigarse para crecer. Como decía Salinas: “En historia natural se denomina hábitat, habitación, la zona donde se cría adecuadamente una cierta especie vegetal o animal. En historia espiritual la tradición es la habitación natural del poeta” (Jorge Manrique o tradición y originalidad, cap. IV). Así, nótese cómo Camarero brota de Machado incluso en el léxico:

    “Muchas veces he querido / […] / quemar mi vida, el destino, / […] / caminando tan tranquilo”.

    Caminar, J. C. Camarero.

    Caminé hacia la tarde de verano / para quemar, tras el azul del monte…”

    Crepúsculo, A. Machado.

    “[…] escucha el rumor del viento / […] / deja que caiga la tarde / […] / desde allí verás el mar […]”.

    Caminante, J. C. Camarero.

    “Y me detuve un momento, / en la tarde, a meditar… / ¿Qué es esa gota en el viento / que grita al mar: soy el mar?”

    XIII, Soledades, A. Machado

    La recurrencia al léxico machadiano es constante, manteniendo así un imaginario común y el mismo código de símbolos y metáforas. No es casual que tanto uno como otro utilicen la tarde y otros elementos de la naturaleza como símbolo como medio de expresión de sus percepciones y sentimientos, ya que este fenómeno natural remite al hecho cronológico de la última etapa de la vida, la madurez. Igual sucede con el verano y el otoño (la mañana y la primavera siempre han simbolizado la juventud en la lírica tradicional). Esto sucede, por tanto, porque ambos poetas escriben en su madurez, con plena consciencia de ella y con la inexorable lejanía de la juventud, con lo que consecuentemente aparece la nostalgia, los recuerdos, los caminos (lo vivido como proceso diacrónico, lo recorrido, lo aún por recorrer…) y los sueños (lo deseado, no vivido, o bien lo vivido idealizado). Recuérdese el famoso poema de Machado: “Yo voy soñando caminos / de la tarde […]”.

    La naturaleza siempre aparece como reflejo del estado anímico del poeta, a veces en sintonía, otras veces en contraste. La naturaleza en Machado era la de los Campos de Castilla: austera, sosegada, humilde, la de una España vieja y reducida a sí misma tras el desastre del 98, hundida en sus propias raíces, cuyo paisaje humilde parece remitir a los vestigios de lo que fue. Así se ve uno mismo en su madurez: tras la larga carrera de la vida se contempla lo esencial, lo que siempre queda, como los atardeceres y como el mar. La emoción está, porque no hay lírica sin emoción, pero está abrazada al sosiego de espíritu, representado por los paisajes amplios y apacibles: “como el viento susurrante / que va camino del mar” (Cantor); “como el agua rumorosa / que va camino del mar” (ídem), “con las olas susurrantes” (Sentir en la playa), “cuando el manto de la noche / se adorna con mil estrellas” (La playa), etc.

    Guarda relación con este sosiego la presencia del tilo (La Fuente de los Tilos, Otoño 94). Los árboles son poderosos símbolos del inconsciente colectivo, presentes en la mitología y el arte de todas las culturas, representando cada especie un concepto. Como se sabe, este árbol, el tilo, es conocido por la infusión tranquilizante que se obtiene de sus flores. Sin embargo, hay algo más: es de los últimos en florecer, ya que lo hace prácticamente en julio (verano, ‘madurez’), en contraposición con el avellano o el almendro, que son los primeros (primavera, ‘juventud’). El tilo simboliza el ‘amor en la madurez’ y, como el símbolo en literatura nunca es monosémico, a ello se le suma el ‘sosiego, tranquilidad’. Que además el poeta mencione la fuente junto a este árbol refuerza aún más el componente amoroso, ya que la fuente, en lírica tradicional, al calmar la sed y refrescar, siempre ha simbolizado la ‘satisfacción amorosa’: “En la fuente del rosel / lavan la niña y el doncel…”, “Fontefrida, Fontefrida, / Fontefrida y con amor…”, etc.

    La identificación con la naturaleza a la manera machadiana -de emoción, de nostalgia y de calma- aparece a veces en forma de dialogismo con elementos de aquella. El poeta, en el pacto de ficción que sostiene toda obra literaria, y reconociéndose en el paisaje como espejo del alma, le habla atribuyéndole la posible animación de su propia alma, utilizando el recurso de la metagoge. Es curioso que los dos poetas utilicen el vocativo “viejo amigo”, Machado para la Sierra de Guadarrama (“¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo […]?”, en Campos de Castilla) y Camarero para el otoño (“Tú no cambias, viejo amigo, / siempre igual, tus hojas, / tus bosques, tu río, tu mar.”, Otoño 94).

    Pueden encontrarse en los poemas otros rastros de la tradición no directamente machadianos, por ejemplo:

    • La identificación del poeta-cantor con su instrumento musical, en una sinécdoque, presente en la Oda ad florem Gnidi de Garcilaso de la Vega: “Si de mi baja lira…” o en Bécquer, la Rima VII, “Del salón en el ángulo oscuro […] veíase el arpa”. Camarero repite este tópico en Canción nocturna (“Suena mi lira en la noche…”) y en Necesito (“Ya no sé si enterrar mi guitarra”).
    • La embarcación como símbolo de ‘esperanza en las pasiones amorosas’, las cuales se representan con el mar, por lo que, para navegarlo, necesitamos un vehículo, una barca. A veces una o más barcas que se divisan son esperanzas amorosas; otras veces, la barca representa la confianza en uno mismo para navegar por las pasiones (“Navega, velero mío, sin temor…”, Canción del Pirata, Espronceda). El referente claro y directo de Camarero en su poema Mi barquilla es Lope de Vega, con su célebre romancillo Pobre barquilla mía. Ambos comparten el estado de impotencia de la “barquilla” para navegar.
    • En Vida hay dos versos que combinan la escritura con el mar, señalando la imposibilidad de la tinta de marcar las vastas aguas: “porque mi pluma no sabe / abrir surcos en la mar”. Esto recuerda al poeta de cancionero Juan Rodríguez de Padrón, que ya decía en el siglo XV: “Bien amar, leal servir / […] / es sembrar en las arenas / o en las ondas escrevir”.
    • En Ven aparece el tópico de la lírica amorosa del apremio o la no tardanza del amado o la amada, muy presente en la Edad Media: “Ven pronto, amor, ven pronto”. En la poesía de cancionero, Juan del Encina dice así: “No te tardes, que me muero, carcelero…”, y Jorge Manrique, esto otro: “No tardes, Muerte, que muero” (con connotaciones eróticas). La lírica de tipo popular, anónima y todavía anterior, siempre apremiaba al encuentro amoroso: “Al alba venid, buen amigo…”. Cuanto más pronto, mejor. Y en el caso de los enamorados en la madurez, con más motivo.

    Otras veces Camarero retoma algún rasgo o vocablo de gran reminiscencia literaria en la lírica popular para alterar su significado, pero dejando entrever que se ampara en la tradición. Es el caso del uso de la palabra “amigo” o “amiga”. Desde los albores de la Edad Media el amigo era el amado, ya desde las jarchas (habib), con connotaciones amorosas y también eróticas. Sin embargo, los significados que Camarero atribuye a esta palabra oscilan entre ‘amada’ y ‘colega’: “Tendrás siempre mi cariño, / seré tu amigo leal” (Te esperaré), “Querida amiga, / cierra con fuerza tu mano, / cuando sientas la mía” (Amistad), “[…] teniendo siempre a tu lado / un amigo de verdad” (Mírame), y todo el poema Amiga. Siempre que el yo lírico se está dirigiendo a una mujer, el término “amistad” y la denominación de amigo o amiga conlleva matices amorosos.

    En relación con esto, en la lírica amorosa suele darse la llamada lírica del vocativo, la que se construye en torno al pronombre y todos los de segunda persona. Los mayores exponentes de esta lírica, por su intensidad y su belleza, son Garcilaso de la Vega y Pedro Salinas. En contraposición, la lírica también se define como la expresión del yo, de los sentimientos y emociones, partiendo de la primera persona (véase el Diccionario de términos literarios de Estébanez Calderón). Camarero se maneja con soltura en ambos polos: cabe la intensidad y el lirismo del yo lírico, y a la vez volcándose en el receptor, con el , en poemas como Recordar: “Te he buscado por los sitios / donde yo te conocí”, que coincide temáticamente con El amor difícil de Luis García Montero (“Si pudiera encontrarte…”), o en el poema Sentir (“Entre los arcos sonoros / te he sentido”), donde el amor corporal que parte del recuerdo vivido apunta a La voz a ti debida de Pedro Salinas.

    Sin embargo, el sujeto lírico, la voz que se filtra a través de la máscara del poeta, no es un ser insatisfecho. Recordemos lo dicho de emoción y sosiego en los versos de Machado. Los poemas amorosos de Camarero no claman a la desesperada (excepto Ven), sino que asumen la pérdida y meramente se dedican a pedir una tenue atención, invitando, quizá, pero no exhortando. Por eso se refiere a la amada como amiga, nada más, atenuando la aspiración amorosa y, quizá así, haciéndola más auténtica. Estos versos cargados de lirismo ilustran esta noble asunción de pérdida (Recuerdos):

    No quiero que mi canto

    llegue a tus oídos

    como un llanto,

    no es mi estilo.

    Prefiero hundir mi corazón

    en el olvido

    antes que llorar como la tarde,

    en estos versos que te escribo.

    A pesar de todo lo expuesto, podría decirse que los poemas de Camarero no son lo bastante complejos ni profundos. En cierto modo, así es. No ofrecen un desafío al lector, no se exige de él un gran esfuerzo de comprensión o de construcción de ideas, como pretende la poesía del silencio o de otras tendencias de los siglos XX o XXI. No hay metáforas difíciles ni el acostumbrado hermetismo de los poetas modernos, que en su discurso autológico sólo se comprenden a sí mismos. Pero un considerable sector de los lectores y de la crítica prefiere una poesía más impenetrable y más cargada de recursos, que ofrezca un reto al ingenio.

    Sin embargo, no hay que dejarse engañar por la poesía aparentemente tan sencilla como la de nuestro autor segoviano. Los temas que elige albergan suficiente riqueza, ya que algunos son eternos, como el amor. La forma otorga al contenido la adecuada disposición para que fluyan y suenen los versos en la mente del lector a través de una lectura íntima y silenciosa, que es precisamente lo que pretendía Machado (de acuerdo con Vicente Granados, profesor de la UNED). Camarero no abusa de la rima; deja numerosos versos sueltos. Cuando rima, lo hace sin regularidad, combinando asonante y consonante, lo que acerca la lengua poética a la lengua oral. Esta tendencia es muy común actualmente, a veces de manera intencionada y otras veces por desidia de los poetas, que prefieren no esforzarse en encajar las rimas (igual sucede con la métrica).

    Así que nuestro autor se centra en el ritmo y la musicalidad, bastante asequibles al utilizar el verso corto. Como decía Juan Victorio (UNED), en poemas polimétricos, los versos cortos sirven para concentrar y los versos largos para explayarse. La poesía de Camarero pretende ser lo más concisa e intensa posible, siguiendo quizá la estela de Bécquer; por eso los poemas nunca son largos y los versos suelen ser heptasílabos u octosílabos.

    La musicalidad la logra, a menudo, con constantes repeticiones: anáforas, paralelismos, estribillos, recurrencias léxicas… Consigue varios objetivos simultáneamente al hacer uso de distintas formas de repetición, que son: la musicalidad, la repetición de secuencias rítmicas utilizando las mismas palabras; la insistencia en los conceptos que se repiten, que quedan enfatizados al aparecer recurrentemente; y la referencia a la tradición, donde la lírica popular de las cantigas de amigo, de los villancicos y la poesía de cancionero repetían constantemente (también con función enfática y musical).

    Las preguntas retóricas también son un recurso muy sencillo que dinamiza enormemente el discurso, puesto que acoge en sí casi todas las funciones del lenguaje: expresiva, conativa, fática y poética. En poesía, a veces se afirma lo que se pregunta, otras veces se hacen preguntas sin respuesta: “¿Por qué lloras, mi barquilla, / teniendo al lado la mar?” (Mi barquilla).

    Estos recursos, junto a la claridad y a la sencillez, no estorban o incluso ayudan a la intensidad y fuerza ilocutiva de esta poesía. No hay nada desdeñable en poemas que se entienden a la primera como León Felipe, el ya citado Bécquer, el Neruda amoroso de sus inicios o de Los versos del capitán, o en el Miguel Hernández de El rayo que no cesa. Cuando Camarero dice “siento tu piel en mi piel, / en el corazón, mis penas”, queda todo dicho, con octosílabos, con repeticiones, elipsis, antítesis y el aroma de la tradición. Nada que reprochar, si lo que buscamos es compartir las emociones de una persona normal, madura, que vive y siente.

    Y es que, como decía Dámaso Alonso en Poesía española, “Las obras literarias han sido escritas para un ser tierno, inocentísimo y profundamente interesante: el lector”.