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  • Medidos Desvaríos, Etienne Demerson Ramos (Ed. Opera Prima)

    Medidos Desvaríos, Etienne Demerson Ramos (Ed. Opera Prima)

    Medidos desvaríos, a pesar de la juventud del autor, es un poemario bastante maduro e intenso. Está distribuido en cinco partes, que parece estar organizadas de manera cronológica y, a su vez, en función de su estructura.

    Son poemas con una rima y una métrica cuidados, que se abren ante nuestros ojos como mensajes directos y claros.

    Primeros Poemas, 2015-2017, recogen básicamente poemas de adolescencia; reflexiones de juventud acerca de diversos temas como son la poesía, el entorno, la familia, la juventud.

    Es errar en intento,

    es proseguir con la acción,

    es constancia.

    -Fragmento del poema La hermosa mocedad

    La segunda parte, Chupitos de poesía, son poemas breves numerados. El autor sigue la tónica reflexiva ya marcada en la primera parte. El amor, la juventud, la soledad,… se dan cita en estos poemas breves, como cápsulas de pensamientos que invitan al lector, una vez más, a reflexionar ante el mundo y la vida.

    A su vez, los poemas van atados a su experiencia y sus vivencias personales, dejando ver pinceladas de su personalidad, su mente y su alma. En cierto modo, el autor nos muestra su manera de ver la vida, su manera de vivirla y de sentirla.

    Esa intensidad furtiva

    a la soledad responde.

    Un anciano es narrativa.

    -Fragmento del Poema XII

    Cual vinimos, marcharemos

    de este mundo de beldad.

    En sagrada soledad,

    descubriendo cuanto vemos.

    -Fragmento del Poema XX

    Flora fauna es la tercera parte del poemario. Engloba solamente cuatro poemas, y se abre con unos versos realmente potentes, con una crítica directa y concisa al ser humano; como si este fuera el que rompe el equilibrio natural de los elementos

    Todos son equilibrio natural:

    agua y luz, la tierra, el aire y el fuego.

    Más la función de los seres humanos

    debiera ser, ser pasto para los gusanos.

    -Elementos naturales

    Me han parecido casi los poemas más intensos de todo el libro; en ellos se intuye cierta madurez, pero a su vez, ciertos miedos y cierto desencanto.

    La cuarta parte del libro, Sonetos, está configurada por ocho sonetos que siguen un poco la línea del soneto inglés, en el que los dos tercetos están formados por un serventesio, acabando con un pareado, con rima distinta en ambas estrofas (ABBA ABBA CDCDEE). Son sonetos endecasílabos, aunque de manera puntual nos encontramos con algún verso decasílabo.

    La idea genérica que se desprende estos poemas es de desencanto con el mundo, insatisfacción resultado de la observación y el análisis del entorno.

    Por último nos encontramos con Demás poemas, donde encontramos poemas con un cariz ligeramente distinto y más variedad temática; historias, un toque de fábula que guardan detrás cierta enseñanza o moraleja.

    Etienne Emeris, nacido en Madrid en 2003, nos sorprende con un poemario variado, maduro, reflexivo, que no deja indiferente al lector en el sentido que remueve la conciencia.

  • Tierra de esparto y fuego, antología poética de Águeda Molina y Francisco Javier Alonso (Ed. Dulce Lectura)

    Tierra de esparto y fuego, antología poética de Águeda Molina y Francisco Javier Alonso (Ed. Dulce Lectura)

    Tierra de esparto y fuego es una antología poética que recoge poemas de entre los años 1998 y 2019, y está estructurado en cinco partes: las dos primeras recogen poemas de los dos libros escritos conjuntamente por Águeda Molina y Francisco Javier Alonso, En la vera de un desierto y Vera del mar. La tercera parte recoge poemas de Tierra de Esparto, poemario ya escrito por Águeda en solitario. La cuarta parte nos acerca Tierra de fuego, escrito también en solitario por Águeda, y, finalmente, nos encontramos con una curiosa quinta parte llamada Clásica, donde se recogen poemas que se corresponden con las estructuras clásicas tales como sonetos, coplas, versos leoninos, zéjel…

    EN LA VERA DE UN DESIERTO

    En esta primera parte nos encontramos una selección de poemas pertenecientes al primer poemario escrito a dos manos entre Águeda Molina y Francisco Javier Alonso, en el año 1998. Poemas en su mayoría en verso libre, aunque se intercala alguna estructura clásica como podría ser la copla castellana.

    Se trata de dieciséis poemas, con un estilo y ligero, agradable de leer, y que parten de la parte más emocional e íntima de los autores.

    Tierra que naces a la vida

    yerta triste y solitaria

    tierra de fuego y pasión, ¡de sangre y dolor

    -A mi tierra

    El amor a la tierra de los autores, Vera, en la provincia andaluza de Almería y, por extensión, a Andalucía, se hace patente en algunos de los poemas de esta selección. Versos luminosos y de dolor, casi como cantos populares, hablan de una tierra herida pero, a su vez, rica y preciosa. Para acercarnos más, aparecen personajes propios de la zona, pescadores… dando el toque costumbrista a estos poemas.

    El amor, como no, tiene cabida también en esta sección, destacando en este sentido el poema Gitano (Francisco), donde la autora estalla dando rienda suelta al profundo amor que siente:

    Tu cara morena, tus ojos profundos.

    De noche y de día,

    tu porte arrogante enciende mi sangre.

    Por ti mi vida daría

    por ti mi alma vendería.

    -Gitano (Francisco)

    Podríamos decir que en esta parte encontramos sentimientos profundos y puros hacia la tierra, cierta añoranza, el dolor de la ausencia y el esplendor del amor.

    VERA DEL MAR

    Esta segunda parte parte la encontramos, en cierto modo, ligada a la anterior: nos presentan lugares de su tierra, el Cerro del Espíritu Santo, la playa de Vera, el Mercado del pueblo, Garrucha… nos aparece la vida rutinaria, las costumbres, todo ello con un todo de cercanía y nostalgia que muestran el amor de los autores por su tierra natal.

    Vera del Mar,

    arena fina, turquesa

    y pulidas piedras incrustadas de plata,

    ¡las moja y remoja!,

    el paulatino

    y sosegado movimiento de las olas.

    Un pescador

    cruza el hermoso e inmenso playazo,

    ¡en busca de su mar!

    y de su barca, varada en la laguna.

    – A la playa de Vera

    La nostalgia más intensa nos aparece en el poema La casa de mi niñez, donde los versos destilan aromas que la memoria guarda en su parte más amable.

    De hecho, en esta segunda parte de la antología, los recuerdos cobran importancia, la nostalgia por personas, por la tierra, el sentimiento desborda casi los poemas. Aun así, no deja de tener un tinte triste y doloroso, que se deja sentir especialmente en el poema Que el cielo me mire, donde se puede casi palar la cercanía de la muerte, y se enlazaría con el poema Un día:

    ¡Cuando la oscuridad eterna llegue a mis ojos!

    quiero estar tumbado, en una lastra del desierto

    mirando al cielo, ¡y que no me entierren!

    -Que el cielo me mire

    Llegará un momento

    en que todo será nada

    y dormiré y, en mis sueños

    seré polvo y seré mar.

    ¡Llegará un momento!, no querré despertar

    y abrazada a mi tierra solo querré soñar.

    -Un día

    En estos dos poemas la intensidad crece y se clava con tristeza y dolor, rompiendo un poco la serie de poemas más sosegados donde nos describen lugares y vidas cercanos de toda la zona de Vera del Mar.

    TIERRA DE ESPARTO

    Nos adentramos en la tercera parte del poemario, esta vez escrito en solitario por Águeda Molina. De entrada, las emociones que despierta esta tercera parte son algo distintas de las anteriores; siguen apareciendo pinceladas de su tierra, pero a nivel general, nos encontramos poemas más profundos, más íntimos, más del interior de la autora que del entorno.

    En tus ojos yo vi, la pureza sin mácula

    de tus labios oí, la franqueza sin fin;

    en tu mente intuí, la niñez sin renuncia.

    Contigo, mi amor, los momentos más tiernos apuré.

    Sin ti, mi amor, los días más aciagos, penado he de vivir.

    -Contigo, mi amor

    Sigue habiendo homenajes a su tierra y a su gente, pero los versos esta vez llevan un velo algo más oscuro, algo más triste. Deseos de renacer, de reencontrar, de algo mejor.

    si en el espacio, remontando,

    a las almas destrozadas

    con mi risa yo sanara…

    si en una estrella,

    convertirme yo pudira;

    desintegrarme en ella

    y volver a renacer.

    ¡Si yo pudiera!

    -Renacer

    En esta tercera parte del libro, encontramos cierto cambio en el vocabulario. Palabras que hablan de frío, erosiones, grietas, venganza, desierto, oscuridad e incluso ira… son las emociones quizás más frágiles de la autora, su tristeza, su añoranza, su dolor.

    No más dulces ademanes

    ni palabras delicadas,

    no más meras ilusiones

    es la flecha atravesada,

    en el desgarro incesante.

    ¿Qué vida?… si ya solo queda la nada.

    -Gemido del alma

    Águeda Molina

    TIERRA DE FUEGO

    Llegamos la cuarta parte de esta antología, Tierra de fuego, que recoge poemas de Águeda de entre los años 2012 y 2019. Después del dolor y el grito de la tercera parte, empezamos a ver un asomo de luz. Los recuerdos, antes dolorosos, se tornan poco a poco en una memoria amable. Sigue presente la añoranza y la pena por la ausencia, pero el tono es más calmado, la ternura gana terreno a la rabia.

    Ya no tengo a mi poeta

    desgarbado, desarraigado,

    desvergonzado, desganado.

    Ya no está mi poeta

    elocuente, enrevesado,

    educado, enamorado.

    Simplemente, ya no tengo poeta,

    pero yo… ¡sigo siendo su poetisa!

    -Mi poeta

    La autora, a pesar de la ausencia, lanza poemas de amor a nuevos personajes que aparecen, Clara, la niña de sus ojos, a sus gemelos, e incluso a Turca, su perrita. Se entrevé más madurez en los poemas, cierto acercamiento a las formas clásicas y una rima más cuidada. Y este paso nos acerca la última parte de la antología.

    CLÁSICA

    De entrada, cabe destacar las estructuras de los poemas; en esta parte encontramos sonetos, Zéjel, coplas, ovillejos e incluso poemas con rima Jotabé. Sin duda, Águeda trabaja con considerable dominio las formas clásicas.

    Los versos de esta quinta parte siguen la esencia de las anteriores, añoranza, sentimiento y emociones para con las personas y con la tierra natal de la autora se entremezclan en todos los poemas, con una intensidad quizás más remarcada, podríamos decir que hay poemas muy viscerales

    Las voces del tiempo provocan cortejos

    de luces, que al alba, producen reflejos

    y en cálidas noches me ofrecen consejos.

    Despacio, con calma, levanto mi vuelo

    ya siento tus ansias, tu miedo, tu anhelo.

    Te noto, te siento, te escucho, te huelo.

    -Te noto (Zéjel)

    En definitiva, esta antología contiene una amplia gama temática que llevará al lector a viajar por tierras andaluzas y conocer a su gente, en el corazón de la autora, sentirá el dolor de la ausencia, la añoranza y también su esplendor. Es un poemario cercano, sencillo, con toques costumbristas. Todo ello pasado por el filtro de las vivencias y las emociones de la autora.

  • Transfigurar es un país que amas, Mariela Cordero. (Ed. Dos Islas)

    Transfigurar es un país que amas, Mariela Cordero. (Ed. Dos Islas)

    Herida, belleza, derrumbe, resurgimiento, pureza, agua, fuego y/o luz. Si tuviera que definir en unas pocas palabras el poemario de Mariela, estas serían, sin duda, las elegidas. El poemario navega de la oscuridad a la luz, del frío al fuego, del derrumbe al resurgimiento.

    Después de leído, me quedo con la sensación que a veces, se debe aceptar el dolor y la herida, y debemos ser conscientes, además, que son necesarios para curar y ser cicatriz; para poder llegar a ese lugar luminoso, tan nuestro y tan puro (a nosotros mismos). Esta idea hace que, tras la lectura, me quede un sabor esperanzador.

    Se puede llegar incluso a amar la herida; la lanza vuela hasta partirnos en dos amados tajos. Sin posibilidad de huida, sin posibilidad de piedad. Aceptar la herida, transfigurarla, y acabar amando los restos. Como vemos en el poema Primera Pureza, por ejemplo, nos damos cuenta que el dolor, en cierto modo, nos puede llevar a renacer. Vaciarse, despojarse de todo lo anterior, y regresar de nuevo con la piel limpia, con absoluta pureza.

    Como si de un diálogo interior se tratara, con un lenguaje nítido y conciso, la autora nos muestra que la vida son cambios constantes; que la vida pesa, nos hace arrastrar los pasos, pero el tiempo tiene el poder de renovar y restaurar las cosas; hacer que muten.

    […]

    pese a los días que se repiten como ecos

    todo va mudando impasible

    el tiempo nos intercambia

    nos vuelve agua

    nos vuelve sed.

    -A veces soy agua, a veces soy sed

    Es un poemario altamente humano; las emociones más primarias y esenciales se dan cita en los versos, el amor, la vida, la pesadez, el dolor, la fuerza… para mostrarnos que, de algún modo, están conectados en un ciclo que se repite. Y entre ciclo y ciclo, persiste la búsqueda de la palabra definitiva, la palabra certera que precipita las mutaciones. La que nos lleva a poder amar/amarnos, para sentirnos en paz.

    La importancia del fuego y la luz se puede ver muy remarcada en el poema Reconquista. Las penas se llenan de luz y de sol, y esplenden tan puras que casi vuelven a ser las mismas henchidas dichas antiguas. Es como si la luz fuera el nexo para retornar a la vida. Y en este sentido, su importancia es básica; como dice Odalys Interián en el prólogo del pomario, la luz, como símbolo transfigurable por excelencia, aparece como lo único que posee el poeta en su indefensión.

    Mariela Cordero

    Es un poemario que se centra en las esencias básicas, las más puras. La naturaleza, el agua, la humedad de la tierra, me trae una vez más a la mente la esencia primitiva, la comunión de la persona con la tierra, el contacto con la pureza. Así, en el poemario encontramos alta presencia de fuentes, accidentes hídricos, el llegar a la humedad de la tierra, a la esencia. Y renacer hasta volver al fuego, a la vida.

    Nuestra única pulsión será hurgar en las faldas de la tierra

    y la besaremos hasta la coyuntura de la humedad.

    Esta estación florecerá como preludio del fuego.

    -Un sueño para el verano.

    Ligado a esto, me parece muy significativo el poema Cárcel. Aparece una vez más la mano en la sombra, que ya nos aparece en otro poema desprovista de clemencia. La misma mano que intenta insistente arrebatarnos justamente aquello que no puede, lo que más nos pertenece: nuestra resistencia, nuestro amor, nuestro fuego. El fuego deviene la esencia, la vida. Así lo vemos en Todas las miradas:

    Todos los cuerpos se vacían

    cenizas que giran con el viento.

    Sólo un cuerpo arde

    sin extinguirse.

    Igualmente significativo aparece el poema Nacimiento. Cuando una logra cambiar, superar el miedo, ser puro y esencial, es cuando una vuelve a nacer.

    Podríamos decir que Mariela nos revela que lo esencial es aquello que no te pueden arrebatar. Que el ciclo es duro, es herida, es dolor, pero poseemos esa fuerza inequívoca que es capaz de asumir ese dolor, acariciar esa herida, y hacer de la cicatriz, liberación y resurgimiento.

    Es un poemario intenso, maduro y transparente que invita a la reflexión. Muestra, en cierto modo, que la esencia más básica, el amor, la luz, la naturaleza, son parte de un ciclo cambiante, y que en cierto modo, podemos manejar en nuestro interior, para renacer siempre.

    Mariela Cordero, nacida en Venezuela, es abogada, poeta, traductora y artista visual. Ha recibido diversas distinciones en certámenes literarios. Su poesía ha aparecido publicada en diferentes revistas literarias y antologías. Es autora del poemario El cuerpo de la duda, Ediciones PublicArte, 2013, y en breve publicará otro poemario de la mano de la editorial de Poémame Poesía.

  • Cinco poemas de Emily Brontë

    Cinco poemas de Emily Brontë

    Emily Jane Brontë es conocida principalmente por su extraordinaria y única novela Cumbres Borrascosas, que es considerada una de las obras maestras de la literatura victoriana. Pero hay mucho más detrás de esta novela; tenemos a la Emily poeta. La muchacha que sucumbió a la nostalgia, al silencio y a la soledad, que descubrió en la naturaleza lugares asombrosos, voces increíbles, correspondencias místicas que la ayudaron a descubrir y a desarrollar un mundo interior y un imaginario magistral.

    Nacida en Thorton, en el año 1818, hija de un pastor anglicano, la muerte prematura de su madre, cuando ella tenía solamente tres años, hizo que los hijos quedaran a cargo del padre y una tía materna, y fueron enviados a un colegio interno. Fue precisamente ahí donde las dos hermanas mayores contrajeron la tuberculosis, de la que acabaron muriendo poco después.

    La vida de Emily se desarrolló principalmente en Thorton, salvo por un viaje a Bruselas, donde estudió francés y piano. Pero la imaginación desbordante de Emily, y el resto de sus hermanos, hizo que su infancia transcurriera entre la realidad y los mundos e historias imaginarias. Compartía la pasión por la literatura con sus dos hermanas, Charlotte y Anne, y su hermano Branwell. En esa vida en parte aislada en los páramos de Yorkshire, crearon unos mundos imaginarios, Angria, Gondal, y Glass Town. Solían inventar e imaginar historias que ocurrían en sus reinos. Incluso escribieron crónicas y poemas sobre sus mundos.

    Emily Brontë

    Tras la muerte de su tía materna, Emily queda al cargo de la casa y de su hermano Branwell, enfermo por sus adicciones al alcohol y al opio. Sin embargo, las tres hermanas no dejaron de escribir sus relatos y versos hasta que, empujadas por una iniciativa de Charlotte, decidieron publicar, en el año 1846, una colección de poemas de las tres hermanas, bajo pseudónimo: Poems by Currer, Ellis and Acton Bell. Si bien es cierto que el libro en su momento no tuvo gran repercusión, los poemas de Emily (bajo el nombre de Ellis) destacaron hasta convertirla, con el tiempo y junto a la publicación de su novela Cumbres Borrascosas (1847), en un a de las voces indiscutibles de la literatura inglesa.

    En la época en la que vivían, las mujeres tenían un papel secundario, y ni siquiera se veía con buenos ojos que se dedicaran a la literatura; de ahí que los poemas fueran publicados con pseudónimos, cada uno con la inicial de cada una de las autoras. Eso provocó, también, que los personajes femeninos de sus escritos fueran mujeres fuertes, inteligentes e independientes.

    A pesar de la novela, la inclinación artística principal fue la poesía. Gran parte de su vida la dedicó a escribir versos

    La poesía de Emily se caracteriza por una vitalidad enfocada al espíritu y al mundo interior; la infancia peculiar de Emily, la muerte prematura de su madre y sus hermanas, la austeridad marcada por la figura de su padre, la favorecieron la inclinación casi instintiva de Emily a la introversión, que remedió con la literatura. No pudiendo vivir hacia afuera, Emily optó por vivir hacia adentro, y escribirlo. En cierto modo, eso la hacía más libre a la hora de escribir, pues no se basaba en las ‘normas’ literarias de la época, sino que seguía sus propias normas y su propia inspiración.

    Manuscrito de Emily Brontë – British Library Board

    También destaca de su poesía el sentimiento desbordante; la intensidad, las emociones al extremo y la esencia romántica, marcando así, en cierto modo, lo que podría ser la base de la poesía victoriana posterior, combinando imaginación y sensibilidad, con tendencia al ensueño y la visión.

    Por otro lado, destaca la intensidad de los personajes, -algunos son heredados por la novela, intuyéndose en sus versos y crónicas de Gondal, personajes como Catherine Earnshow o Edgar Linton-, y la fuerza de las pasiones desmedidas y/o mal dirigidas.

    En cierto sentido, el páramo donde creció, la aridez del entorno, la soledad, la introversión, también marcaron sus versos, sabiendo transmitir tanto el dolor y el recuerdo por las pérdidas, así como encontrando el amor por la naturaleza. Emily, igual que sus hermanas, no encajaba en el mundo, en la sociedad, en su época. Se podría decir que vivía en un universo paralelo, pero ese mundo suyo no podría escapar del todo de su entorno real.

    Emily falleció un 19 de Diciembre del año 1848, dejando un legado literario, en novela y en poesía, que a día de hoy se considera esencial en la literatura inglesa.

    A continuación, os dejamos una pequeña selección de su poesía. ¡Que la disfrutéis!

    SUAVE NEBLINA SOBRE LA COLINA

    Suave neblina sobre la colina;

    no habrá mañana tormenta.

    No; el día se ha cansado de llorar,

    ya agotó su reserva de callada tristeza.

    Oh, he vuelto a los días de mi infancia,

    de nuevo soy una niña;

    y bajo el techo paterno que me abriga,

    junto a la vieja puerta de la entrada,

    miro caer esta tarde nubosa,

    tras un día de lluvia,

    Neblinas azules, dulces neblinas de verano

    empañan las montañas a lo lejos.

    La humedad impregna la alta hierba verde,

    espesa como lágrimas en la mañana;

    y pasan como en sueños vaharadas de fragancias

    que recuerdan otros tiempos.

    Traducción de Ángeles Caso.

    ESTROFAS

    No lloraré porque me vayas a dejar,

    no hay nada aquí que amar.

    Y doblemente el mundo oscuro me entristecerá

    mientras tu corazón sufra en él.

    No lloraré, porque la delicia del verano

    siempre debe terminar en amargura;

    y hasta la historia más feliz, cuando concluye,

    lo hace con una tumba.

    Y estoy cansada de la angustia

    que hace los inviernos insoportables,

    cansada de ver languidecer el espíritu

    durante años de desesperación mortal.

    Así que, si una lágrima, cuando te estés muriendo,

    llegara a derramar,

    es solo que mi alma está suspirando

    por marcharse y descansar contigo.

    Extraído de Emily Brontë, Poesía Completa – Alba Poesía

    REMEMBRANZA

    ¡Frío bajo tierra… y la profunda nieve amontonada sobre ti,

    lejano, aislado, frío en la tumba sombría!

    ¿Me habré olvidado de amarte, mi único Amor,

    separados al fin por la ola del Tiempo que todo lo separa?

    Ahora, cuando esté sola, ¿dejarán mis pensamientos

    de sobrevolar las montañas hacia esa costa del norte,

    reposarán sus alas donde el brezo y el helecho

    cubren tu noble corazón para siempre, por siempre jamás?

    Frío bajo tierra… y quince diciembres desolados,

    desde aquellas colinas doradas, se han derretido en la primavera:

    ¡en verdad es leal el espíritu que recuerda

    después de tantos años de mudanza y sufrimiento!

    Dulce Amor de juventud, perdóname si te olvido

    mientras la marea del mundo me arrastra consigo;

    otros deseos y otras esperanzas me asedian,

    esperanzas que pueden ensombrecerte mas no hacerte daño.

    Ninguna nueva luz ha iluminado mi cielo,

    ninguna mañana ha vuelto a brillar para mí;

    toda la dicha de mi vida se entregó con tu vida,

    toda la dicha de mi vida está enterrada en la tumba contigo.

    Pero, cuando se fueron los días de los sueños dorados

    y la Desesperación no tenía ya poder para destruir,

    entonces aprendí cómo amar la existencia,

    fortalecerla y alimentarla sin ayuda de la alegría.

    Entonces refrené las lágrimas de la pasión inútil,

    desenganché mi joven alma del anhelo de la tuya,

    con firmeza rechacé su ardiente deseo de precipitarse

    a descender a esa tumba que ya era más que mía.

    Mas todavía no me atrevo a dejar que desfallezca,

    no me atrevo a complacerme en el extasiado dolor de la memoria

    tras haber apurado esta angustia divina,

    ¿cómo podría adentrarme en el vano mundo otra vez?

    Extraído de Emily Brontë, Poesía Completa – Alba Poesía

    EL VIEJO ESTOICO

    Las riquezas tengo en poca estima;

    y del amor me río con desprecio;

    y el deseo de la fama no fue más que un sueño

    que desapareció con la mañana.

    Y si rezo, la única oración

    que mueve mis labios es:

    “¡Deja que se vaya el corazón que ahora soporto

    y dame libertad!”.

    Sí, cuando mis días veloces se acercan a su meta,

    eso es todo lo que imploro:

    en la vida y en la muerte¡, un alma sin cadenas,

    con valor para resistir.

    Extraído de Emily Brontë, Poesía Completa – Alba Poesía

    ESPERANZA

    La Esperanza solo fue una amiga asustadiza;

    se sentaba al otro lado de la reja de mi celda

    a observar cómo se iba cumpliendo mi destino,

    igual que hacían los hombres de corazón egoísta.

    En su miedo, podía llegar a ser cruel:

    a través de los barrotes, un lúgubre día,

    miré hacia fuera para verla ahí,

    ¡y ella apartó su rostro!

    Como un falso guardián haciendo una guardia falsa,

    aun cuando había lucha, ella susurraba paz;

    cantaba mientras yo lloraba,

    pero, si yo escuchaba, se callaba.

    Era falsa e implacable:

    cuando mis últimas alegrías cubrían el suelo

    y hasta la Pena miraba con remordimientos

    aquellas tristes reliquias desperdigadas,

    la Esperanza, en cambio, cuyo rostro habría sido

    un bálsamo para mi convulso dolor,

    abrió sus alas y se remontó a los cielos,

    se marchó, ¡y jamás volvió!

    Extraído de Emily Brontë, Poesía Completa – Alba Poesía

  • Jagger, de Carol G. Jagger (Ed. Multiverso)

    Jagger, de Carol G. Jagger (Ed. Multiverso)

    He leído y releído varias veces el poemario de Carol, y con cada lectura he tenido la misma sensación: entrar en un universo de drogas, música y algún que otro delirio, en el que me cuesta situarme; el mundo parece ser el propio mundo de la escritora, y no hay nada más allá, porque todo fuera es podredumbre y oscuridad.

    El libro, según se nos indica en la contraportada, versa sobre un período de la vida de una mujer con sus adicciones y pensamientos propios. Unos meses en su vida con sus amores, sus ideas, sus enfermedades y sus peculiaridades, comunes. En cierto modo, eso puede ser cierto: quién no ha coqueteado con las drogas alguna vez, quién no ha sentido que no encaja en este mundo. Y quizás por eso, se busca el falso paraíso de las pastillas, la cocaína, las drogas en general, para vivir en otro mundo alejado de la realidad.

    tapada con una toalla

    escuchando a Mason

    solo la cocaína me ayuda

    estoy tan mal

    he dormido tanto

    la cabeza me va a estallar

    no sé cómo he aguantado tanto

    El libro, en cierto modo, recuerda el estilo de Bukowski o Houellebecq, como artistas a la hora de retratar el dolor o el sufrimiento de los más desesperados, de los perdedores, de los marginados, hablando abiertamente de y desde sus adicciones, rozando la provocación, con un lenguaje directo y a veces quizás hasta soez, rompiendo ciertos moldes de la poesía. Así, Carol intenta llegar a ese punto provocativo, sin caer en adornos de «belleza»; con crudeza y sin eufemismos, desnuda un interior maltratado y narcotizado, que hace sentir casi en la piel el desengaño por el mundo, la maldad y la fealdad de las personas y de la humanidad en general.

    Carol G. Jagger

    No sé de este miedo a la locura

    si los veis cerca

    si os asomáis un poco

    veréis tremenda locura vestida de traje de ideas y de paganismo

    todo falso

    todo mierda

    todo personas contra personas

    lobos que no saben aullar

    Fragmento poema 20

    Más allá de ciertas palabras que pueden llegar a desconcertar, hay un trasfondo triste en todo el poemario. Un trasfondo de soledad extrema, de desesperación y de no saber hallar la salida adecuada. Así, todo ese vestido de drogas, música y festivales no parece más que una cortina de humo para esconder la verdadera vulnerabilidad de la autora, si inmensa tristeza y desesperanza. Como el que busca en la una raya de cocaína, la sonrisa que no es capaz de dar por sí misma.

    El desengaño me parece el denominador común en todos los poemas, un desengaño que se convierte en una herida perenne que nunca encuentra su cura. De ahí que la música y las adicciones se transformen en una tirita, un parche, para tapar ese dolor. Pero no nos engañemos: el dolor seguirá ahí cuando la noche termine, cuando el concierto se acabe. Es tal el descontento y la frustración, que ni en el amor puede ya creer.

    A mí con las palabras me basta

    con las frases de aquellos que no quieren decir

    pero lo dicen

    y bajo el siguiente escalón

    y es más jodido

    Llegará el punto que te enamores

    y te mueras

    Ciertamente, detrás de estos poemas que de entrada pueden parecer fríos, duros, soeces o vulgares, hay sentimiento, y eso es valorable. Se ve tras los versos un pequeño corazón quebrado que cree necesitar ayuda química para poder resistir la vida. Sólo con el uso de drogas y música parece estar bien, pero se sigue sintiendo el sufrimiento, si cabe aún más intenso, a pesar de recurrir a ayudas externas para poder seguir dando latidos.

    En esa espiral de conciertos, enfermedades y adicción, hay algunos poemas que dejan entrever cierta sensatez, abatimiento y fragilidad.

    en mi pelo cano no veo madurez

    sólo años

    no veo aliento ya de ninguna clase

    me deprimo cada vez con menos fuerza

    y nunca lloro

    yo soy el cartón que hace la casa

    soy aquel momento que tu salud se quebró

    y no le puedes pedir a alguien como yo

    que se cuide

    es incapaz

    en eso sé

    que estoy enferma

    Basándome en mis lecturas del poemario, me quedaría con la idea que hay madera para hacer un buen libro de poesía; pero a este poemario le falta cierto recorrido. Y es que a pesar de algunos poemas que parecen aportar más bien poco, hay otros que destacan por su profundidad, por su sentimiento puro; e incluso me atrevería a decir que es en esos poemas donde encontramos a la verdadera Carol, sin artificios, sin substancias que adulteran su visión de sus propios sentimientos.

    Él ha sido la frontera entre tu [sic] y yo

    y rezaré por todo el mundo

    menos por ti

    se acabó

    y no es porque tu pelo ya este [sic] trenzado de blanco

    y tos ojos discutan con el papel

    es porque ya no te quiero

    y tuvieron que pasar cientos y cientas

    miles de días a solas

    y el hundimiento

    porque lo siento

    En definitiva, el que se adentre en Jagger encontrará una serie de poemas envueltos en una neblina de drogas, descontrol, delirios y música que quizás pueden dejar un poco fríos, despertar cierto rechazo por el lenguaje tan crudo y directo que se usa, puede que porque no estamos del todo acostumbrados. Si bien algunos versos pueden llegar a emocionar, el sabor general que me queda en los labios después de leerlo y profundizar en él, es el de una soledad extrema, un desengaño cruel, y ganas de sobrevivir, pero sin saber muy bien cómo, cosa que puede llevar a la resignación, a aceptar las cosas como son y tomar el camino fácil de la evasión artificial para no ser consciente de los males reales del mundo y de la humanidad.

    Hay que tener ganas de superar la indiferencia inicial que el poemario puede despertar, para llegar a ver que, escondidas entre esas líneas a priori carentes de sentido y que poco tienen que aportar, algo más que poemas depresivos e intoxicados; emociones que también puede doler y eso, en un poemario al que parece faltarle cierta madurez y camino, es de agradecer.

    Jagguer se publicó en el año 2017, en versión Kindle. Multiversos se ha hecho cargo se la edición del poemario en papel, este mismo año 2020. Carol G. Jagger (Valencia, 1982) ha publicado recientemente su segundo poemario Catarsis.

  • Sombra con dos cuerpos, de Rafa mellado (Ed. Multiverso, 2020)

    Sombra con dos cuerpos, de Rafa mellado (Ed. Multiverso, 2020)

    Sombra con dos cuerpos es un poemario de desamor primero, de amor después. De desamor herido que parte en dos, y de amor a uno mismo después de ese desamor.

    De hecho, el primer poema, casi colocado a medida de introducción, nos proporciona una sutil pista: Léucade. Inevitablemente, viene a la mente el mito del Salto de Léucade. Afrodita, rota de dolor por la muerte de Adonis, su amado, fue a pedir consejo a la Pitia de Delfos. Esta le aconsejó que llevara a cabo el salto de Lécuade: lanzarse al mar desde uno de sus blancos acantilados. Así lo hizo Afrodita, saltó y poco después reapareció sobre el mar, curada del mal de amor. No fue Afrodita la única que curó su mal de amor en los acantilados de Léucade, pero muchos de los que lo intentaron, no sobrevivieron. Sobrevivir significaba olvidar a la persona cuya falta causa tanto dolor. Quizás también significaba empezar a aprender a amarse uno mismo.

    El poemario aparece dividido en cuatro secciones o partes: Serie B, Aquel juego, No quiero verte, y Los que fuimos.

    Para empezar, nos encontramos con Serie B; un conjunto de nueve poemas breves en los que se nos habla de un amor tóxico, de bajos deseos, de uso, de cierta perversión. En el amor no todo es bonito, hay esa parte oscura, esa parte de usar a la persona hasta, casi, llegar a absorberla y anularla

    De las cosas nimias que le oculto

    se ha formado la certeza

    de un amor voluble.

    Fragmento de Ha llegado.

    El amor no siempre es estable ni trae siempre cosas buenas. El autor nos muestra, en esos nueve poemas, de la parte más oscura del amor, su cara b, su lado oscuro.  Atracción, deseo sexual, decepción, dolor. Incluso podemos entrever cierta crueldad.

    que sus orgasmos son fingidos, y

    que le revienta el aire

    que respira.

    Fragmento de No la toco.

    Cobra protagonismo el físico, la piel, el cuerpo, el tacto. Esta segunda parte, igual que la anterior, conserva un tono como de reproche y herida hacia el amor. De hecho, se entrevé cierto halo de insatisfacción, de decepción. Esto hace pensar en alguna herida que no ha terminado de curar, y esos digamos recuerdos, esas experiencias primeras no dejan más que un mal sabor en la memoria; son el inicio de todo, el inicio del dolor y de la frustración. Es aquel juego en el que al final siempre suele haber un perdedor.

    Campamento de primeros besos

    Éramos jóvenes y etéreos. Dos semanas

    de campamento

    de primeros besos. Con la lima

    del cortaúñas acuñamos tus iniciales y las mías

    en su acorazonada corteza. La sombra del árbol

    no volverá a echar raíces. Los pájaros

    no tendrán casa.

    De algún modo, es como si el amor, las relaciones, fueran algo inestable que han aportado dosis de ira, de frustración y de desengaño. Hay que librarse de todo ello para sanarse. Hay que saltar por el acantilado para renacer siendo de nuevo uno mismo.

    Rafa Mellado

    Siguen diez poemas que, en cierto modo, siguen la línea de los anteriores con una sutil diferencia, que en cierto modo se desvela en el título de esta sección del libro No quiero verte. Aparece una voluntad del individuo; como si empezara a tomar conciencia que necesita estar consigo mismo, reencontrarse y empezar a cicatrizar de algún modo. Empezar a olvidar la otra persona para poder empezar a recordarse a sí mismo.

    Se acaricia

    El valor no es algo

    aleatorio,

    entrenable en el cuadrilátero de la esquina.

    El valor es algo

    que se acaricia como arma de filo

    que se acaricia.

    Cae luz sobre su imagen como una cacería:

    virgen negra tallada por un ciego, encarnado

    abismo.

    Las costillas de adán, la bilis

    vetean su piel. Surge

    su zarpazo.

    Es quizás la parte más humana del libro, la parte en la que el autor se desnuda y muestra lo que realmente siente y lleva por dentro, en cierto modo, como una penitencia.

    Finalmente llegamos al instante en que todo eso ya es pasado: Lo que fuimos. Cuarta y última parte del poemario. Doce poemas que aportan una sutil calma después de las batallas anteriores.

    Yacemos junto al mar. De fondo,

    lo oímos como un silencio

    en esta habitación amarga

    después de ti y de nosotros.

    -Fragmento de Compararnos con los que fuimos.

    Vemos en estos diez poemas que empieza a haber una cura, una despedida, un romper con lo anterior para volver a ser uno mismo, libre de ataduras y de cuerpos ajenos ensuciando nuestra propia sombra.

    Pienso en finales

    apocalípticos y en la tiranía de tu sujetador, que te

    cae del hombro. Te has puesto bocabajo: una

    plaga de langostas saliendo de tu nuca. Imagino

    como será sobrevivirte y caminar por los campos

    de cosechas arrasadas.

    -Fragmento de Sobrevivirte

    Al fin y al cabo, después de la intensidad de todo el poemario, de las luchas, de las heridas, el objetivo es sobrevivirte, salir vivo y continuar la vida siendo uno mismo, individual.

    En este sentido, quiero destacar uno de los poemas que corona todo el ciclo amoroso, de desamor, y de recuperación que nos narra el poemario:

    El beso

    Recordando el beso

    por una mujer aquí, antes

    de abrir los ojos.

    Abrir los ojos y verse, ver la realidad, ver lo que uno es. Último recuerdo, aparcar el dolor, dejarlo atrás, antes de revivir.

    Tomando un plano genérico del poemario, observamos que todo él es una herida que se hace, se le echa sal, se le clava el puñal hasta que sangra incluso la propia cordura y voluntad. Pero al final esa herida reconoce la cura: el olvido, el abrir los ojos. El abrazarse a uno mismo y recuperarse.

    Es un poemario intenso repleto de metáforas que nos muestran la parte más oscura del amor, las espinas que esconde bajo los pétalos rojos (rojo sangre). Un poemario que cura; cualquier persona que haya amado podría sentirse identificada con muchos de los poemas y, gracias a eso, al proseguir con la lectura, se podría llegar a la sanación de la herida.

    Una lectura que se clava en las entrañas, en parte quizás por el lenguaje visceral que se utiliza en muchos de los poemas, la fuerza de las palabras que parecen salir del fondo de la misma herida; un poemario que abre los ojos, y que puede incluso lograr arrancar la venda que a menudo nos cubre los ojos cuando se trata de amor.

    Rafa Mellado está vinculado al mundo audiovisual, trabajando como camarógrafo en diferentes programas, ocupándose de la fotografía en diversas producciones, e incluso ha impartido cursos de iniciación cinematográfica. Sombra con dos cuerpos es su primer poemario.

  • Pánico a las esferas invisibles, David Jiménez

    Pánico a las esferas invisibles, David Jiménez

    Cuando una se halla ante este libro, no sabe muy bien qué se encontrará; poemas, relatos, cuentos. Y efectivamente, en este libro hay relatos, hay poemas… e historias. La idea que queda por encima de todo el libro, es que es un libro hecho de historias donde encontramos personajes más bien miserables, fracasados, algún triunfador asoma la cabeza, pero con un trasfondo translúcido y sospechoso.

    De hecho, lo primero que encontramos al abrir el libro es una cita de Moby Dick, de Hermann Melville: “Y si bien en muchos de sus aspectos este mundo visible parece hecho en el amor, las esferas invisibles fueron creadas en el terror.” Esta frase ya nos deja cierta inquietud y, a su vez, cierta tristeza. Así, nos adentramos en el libro con las emociones despiertas y los sentimientos atentos.

    Lo primero que llama la atención de este libro, una vez terminada su lectura, es la cantidad de referencias al mundo del cine y de la música. No en vano David es guionista de la Escuela de Cine Gonzalo Mejía, en Colombia, y un gran melómano. Personas como Leonard Cohen, Nick Drake, Bob Dylan, Nacho Vegas, Nick Cave, Davi Bowie, Nacho García, Joaquín Sabina, Jeanette, Christina Rosenvinge, Amy Winehouse, Jackson C. Frank y su Marlene o Gene Kelly, Jack Kevorkian, Jean Pierre Jeunet, películas como El Llanero Solitario, o El planeta de los Simios… todos se encuentran en algún momento del libro, ya sea a a través de sus canciones, sus discos, imágenes, frases… De hecho, muchos de estos personajes se dan cita en el relato Un Sueño. Donde muchos de ellos aparecen, desde el mismo Dios con un grupo de Jazz, hasta Sinatra o Cohen con su Lorca y su Suzanne.

    Aparte de estas referencias directas, encontramos guiños sutiles a autores y músicos: encontramos un claro recuerdo de los poemas de Raymond Carver en el poema titulado Miedo:

    Miedo al consumismo.

    Miedo a la revolución.

    Miedo al odio disfrazado de empoderamiento.

    Miedo a perder los sentidos.

    La vista:

    Cuando se contempla una injusticia.

    El oído:

    Negándose a oír una petición de ayuda ante un abuso.

    La voz:

    Si se deja morir en el silencio la verdad.

    Miedo a perder el miedo.

    David Jiménez

    Este podría ser quizás uno de los relatos más críticos de todo el libro, con una profundidad arrolladora que invita al lector a reflexionar casi de manera inconsciente; un poema de esos que quedan clavados por dentro, y van mordiendo poquito a poquito el corazón y la conciencia. Si perdemos el miedo, perdemos la consciencia, la realidad. Dejamos de ser sensibles a lo que nos aterra para pasar a ser indiferentes y, por ende, no darnos cuenta de lo que se debe cambiar.

    A lo largo de todo el libro, encontramos una mezcolanza de emociones intensas, desde el amor y la ternura,

    Y te quiero con una magnitud tan profunda

    como la del abismo del que me ayudaste a salir.

    -Fragmento de Marcela

    hasta el asco más profundo:

    Pienso en todo lo que escuché o vi durante el día y me invade un asco parecido al del hombre que limpiaba el vómito.

    Un alivio que el sueño venció al asco.»

    -Fragmento de Criaturas despreciables.

    Algo que llama la atención es que me ha parecido intuir un trasfondo crítico con la humanidad, con la manera de vivir. En el relato Sala X, por ejemplo, al autor nos viene a mostrar que los humanos, muy a menudo, no ponemos interés en las cosas que no nos afectan a nuestra vida o a nuestra persona de manera directa. Aunque sangre, no nos afecta. Simplemente lo tiramos, o miramos hacia otro lado, y seguimos con nuestra vida como si nada hubiera pasado.

    En general, son poemas y relatos que ponen de manifiesto la sordidez humana, la parte más oscura de las personas. Suelen aparecer personajes fracasados, con vidas duras y arrastradas, que intentan seguir con su vida casi sin ser conscientes del todo de la miseria que llevan consigo.

    Me llama mucho la atención en este sentido, el relato Anestésico. De entrada nos presenta una descripción magnífica de un parque, el Parque Berrio, con las personas que configuran el paisaje del parque y, entre ellos, un vagabundo que ha resultado herido. El hombre parece desangrarse en el centro de un grupo de curiosos, y lo que hace es sacar un bote de pegamento del bolsillo, esnifar, y ponerse a reír. Cuando uno pierde consciencia de lo que hay alrededor, es cuando sonríe; cuando se aleja de la realidad, es cuando sonríe.

    Esta visión, podríamos decir pesimista, de falta de esperanza, se extiende por muchos de los relatos y personajes que configuran el libro. En sentido amplio, desde la completa humanidad, hasta un sentido más concreto, su propia ciudad, Medellín, que casi nos sirve de escenario para los relatos del libro.

    De hecho, cobran mucha importancia las personas en toda la obra: las personas y sus vidas son la columna vertebral del libro, a partir de las que se nos muestran diferentes situaciones y emociones. En este sentido, es bastante fácil empatizar con ellos, y eso hace que el libro llegue a conmovernos realmente en varios fragmentos.

    Cada relato, cada poema, es una pequeña ventana desde donde podemos ver quizás la parte más oscura, más sórdida, más triste, de las personas y del mundo.

    El egoísmo se nos aparece en Gafas de sol, la decepción en 25, la demagogia toma forma en el poema Puedes decir, la fragilidad humana se asoma en el relato Espejo.  El asumir que muchas veces no nos damos cuenta de las cosas que realmente podrían hacernos felices, esa felicidad pequeña que a veces buscamos y no sabemos ver, aunque la tengamos delante, es una pequeña lección que aprendemos en el relato Una chica lleva un pastel.

    Pero no todo se queda ahí. En el libro, David encuentra la manera de mostrarnos que todavía hay amor, que todavía hay ternura, y que realmente, somos criaturas frágiles que necesitamos amar y ser amados, comprender y ser comprendidos y, por supuesto, no desfallecer en la lucha por la supervivencia, como podría ser el caso de Criaturas Apreciadas, poema que nos muestra la importancia cabal de superar los miedos, la incomprensión, el abandono, y ser capaz de reponerse y seguir luchando, con los recursos que nuestra propia persona nos proporciona.

    Poemas de una ternura infinita como es el caso del poema Kira:

    Kira descansa sobre mis muslos

    y respira de manera casi imperceptible,

    con el cabello negro disperso

    como una copa de oscuridad volcada sobre el cielo.

    Yo la contemplo desde mi palco.

    Le susurro un te quiero

    casi tan bajo como su respiración.

    O la declaración de amor en el poema que ya hemos mencionado con anterioridad, Marcela.

    El alma del autor se deja ver en varios de sus poemas y relatos. Hay fragmentos en los que su interior asoma de una manera clara, perlas de una intimidad e intensidad emocional que no dejan indiferente al lector. En este sentido, quiero destacar uno de los, poemas, El Desencanto, que podría ser de los más íntimos, de los más dolidos y desgarrados, donde el autor muestra su caída frente a los recuerdos, al son de las canciones de Nacho García. Y es que, como buen melómano que David es, no puede evitar que mostrar que las canciones a menudo sean puertas hacia uno mismo.

    En definitiva, se trata de un libro tremendamente variopinto por lo que respecta a los personajes que protagonizan la mayoría de sus relatos, pero a su vez, hay una unión entre todos los textos, un hilo conductor que nos lleva desde el pesimismo por el mundo, por la humanidad y por su propia ciudad, Medellín, hasta un pequeño asomo de esperanza como sería Renacer; un texto donde una mujer con un pasado no muy afortunado, ha logrado ser feliz. La lección es importantísima: el pasado no tiene que marcar el presente y mucho menos el futuro. Estamos todavía a tiempo de hacer un pequeño cambio. Quizás es que realmente existe un pequeño rayo de luz que pueda colarse entre las grietas de la vida.

    Un conjunto de relatos y poemas, editado por Fredy Chaverra y Raúl García (2018, con una segunda edición de 2019)). Escrito en un lenguaje coloquial y cercano, nos lleva a sentir, a abrir los ojos, a darnos cuenta, a despertar, a creer, a pesar del áurea de pesimismo que en cierto modo rodea sus textos. Un libro recomendable para, a través de la desesperación, darnos cuenta que quizás no hay que desesperar todavía…

    David Jiménez (Medellín, 1993) es guionista de la Escuela de Cine Gonzalo Mejía, de Colombia. A su vez, es comunicador en Macondito, una organización para ayudar a los niños campesino hijos de excombatientes. Pánico a las esferas invisibles es su primer libro, pero me consta que ya está trabajando en un segundo que bien pronto verá la luz.

  • La luz y la tinta, de Angi Expósito (Ediciones Vitruvio)

    La luz y la tinta, de Angi Expósito (Ediciones Vitruvio)

    Después de leer el poemario de Angi, especialmente la parte que concierne a la tinta, me ha venido a la mente una frase de Gustavo Adolfo Bécquer, que aparece en la Carta II, de las cartas literarias a una mujer, que reza lo siguiente: «Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria de lo que han sentido. Yo creo que estos son los poetas.» Y Angi, es poeta.

    La luz y la tinta es un poemario emocional y sentimental. Escrito con un lenguaje sencillo y cercano, las emociones, los recuerdos y los sentimientos se abren paso ante nuestros ojos, en forma de poema; los pasados y los presentes, lo que ya es sólo tinta de poema, esas emociones internas que configuran en cierto modo nuestra esencia, y lo que es la luz, ese precioso resplandor que da brillo a los ojos; lo que se vive, lo que se quiere, lo que se siente.

    Así, el poemario se nos presenta dividido en dos partes: la tinta, y la luz.

    Aquellas cosas que se han sentido a lo largo de la vida dejan su huella, de manera irremediable, en los poemas. En esta primera parte, encontramos heridas, reproches, rencor, fríos infiernos… pero también un asomo de verdad presente, una fuerza, una valentía, cierta autoestima. Como el que mira sus subidas y bajadas emocionales desde fuera, desde la seguridad relativa que da el darse cuenta que hay que pasar por las sombras para hallar la luz.

    […]

    Me pides con dulzura

    que recuerde

    los buenos momentos

    -todos únicos,

    todos nuestros-.

    Lo cierto

    es que no sé si prefiero

    llorar de pena

    o morir de nostalgia.

    Fragmento El Llanto

    Al fin y al cabo, todas las emociones forman parte del camino.

    La cercanía del libro hace que muchos de nosotros nos sintamos identificados con lo que Angi explica en sus poemas; el sentir y el desengaño, la soledad, el amar, la decepción.

    Pero eso no significa que se tenga que renunciar a todo eso, que se tenga que repudiar esas emociones, pues son, a veces, la tinta de nuestra vida. Ya decimos que todo forma parte del camino y, en cierto modo, la autora no se arrepiente de haber sentido, de haber querido; es más:

    […]

    No me arrepiento,

    volvería a escribirte

    si viajara al pasado…

    y cometería los mismos aciertos también.

    Fragmento Solicitud de amistad

    A veces incluso parece que esta primera parte es cerrar algunas puertas, es demostrar que ha sido suficientemente fuerte como para no reprochar el dolor, y sacar lo mejor que todo eso puede aportarle; los poemas. Es cierto, como muchas otras personas, Angi se ha roto en ocasiones, pero ha sabido recomponerse y alzar la cabeza.

    Angi Expósito con La luz y la tinta.

    Los recuerdos, como es natural, tienen cabal presencia en estos poemas; la añoranza se nos hace presente en ciertos poemas, de una manera afilada y desolada, esa añoranza que duele y que nunca acaba por irse del todo, porque será que de ella, en parte, se alimenta la tinta y nacen los más preciosos poemas:

    […]

    Caminando por la bahía

    te esperé todos los días.

    Caminando por la bahía

    te esperé cada día de mi vida.

    Fragmento Caminando por la bahía

    Me parece, en este sentido, especialmente intenso un breve poema, quizás el más breve del todo el poemario pero que, sin embargo, condensa esa sensación de cierto aturdimiento provocada por el dolor, la pena, la nostalgia.

    Creí verte a lo lejos,

    luego recordé que no eras tan bajo

    ni tan delgado

    ni tenías tres perros

    ni vivías aquí.

    Confusión.

    Al principio de esta reseña, hemos comentado que La luz y la tinta es un poemario emocional y sentimental. Cabría añadir, aunque casi se dé por hecho, que es un poemario también sensible. La sensibilidad aparece a flor de piel en muchos de los poemas, en ciertos pasajes, incluso frágil.

    […]

    Me siento como si cayera

    por un precipicio sin final,

    como si fuera una ficha de parchís

    en un tablero de ajedrez,

    como si esto que estoy viviendo

    fuera el último capítulo

    de una novela aún sin terminar.

    Lloverán respuestas cuando tenga paraguas

    y me desleiré en mi vaso de agua.

    Fagmento Agua

    Hay mucha sensibilidad hecha palabra en todo el poemario.

    Después de esta mezcolanza de emociones y cicatrices, nos llega la luz. El brillo en la mirada.

    Eres

    la eterna luz

    que ilumina mi camino.

    […]

    Fragmento Eres así.

    Con estos versos nos adentramos en la segunda parte del poemario, la luz. Todo toma un cariz ligeramente distinto. Pequeñas perlas de vida y sentimientos puros se dan cita en estos poemas que parecen quizás un poco más profundos que los que configuran la tinta.

    Aparecen dibujadas aquellas cosas, aquellas personas, que aportan luz a su vida. Así, por ejemplo, nos encontramos con un poema precioso, y sencillo como Palabras, dedicado a Abel Santos, poeta y compañero de vida de Angi, que colabora en este poemario con el prólogo.

    […]

    Palabras.

    Son palabras, tan solo palabras.

    Se dicen,

    se escriben,

    se interpretan…

    aunque -realmente-

    nada expresan.

    Dime: ¿qué hago con cien palabras?

    Si todas me sobran,

    si ninguna me basta.

    Así como un poema que desborda ternura y un ligerísimo toque de humor, dedicado a su perro Chet.

    Para ir terminando, me parece interesante destacar algo de esta segunda parte, y es que muchos de los poemas que la forman, tienen un título que nos trae, de algún modo, la luz de la vida: Volar, Imaginarte, Palabras, La luna, Soñarte, La luz, Alma, Estrellas… todos ellos evocan de algún modo algo brillante, algo elevado, algo que hace que la vida resplandezca entre la oscuridad.

    En definitiva, La luz y la tinta es un poemario de luces y sombras, de pasados y presentes, de heridas y cicatrices, y de mucho amor. Y, aunque pueda sonar algo extraño, a mí me ha dejado con la idea que la oscuridad es necesaria para que brille la luz, pero la luz siempre acaba triunfando.

    Angi Expósito (Barcelona, 1990), lleva vinculada al mundo literario desde bien joven. Empezó escribiendo relatos y poemas, siendo en repetidas ocasiones ganadora y finalista de diversos certámenes literarios, y ha sido maestra de ceremonias de los festivales literarios organizados por la asociación de artistas «Retazos de arte». En el año 2015 se publicó su primer poemario, Que el quererte no sea en vano, de la mano de Círculo Rojo (cuya reseña podéis encontrar aquí ) La luz y la tinta es su segundo poemario.

  • Cinc Poemes de la Felícia Fuster

    Cinc Poemes de la Felícia Fuster

    Si pensem en una persona creativa, inquieta i amb fam d’art, aquesta és, sense cap dubte, la Felícia Fuster; una de les figures més destacades de la poesia catalana, tot i que, insòlitament,es va introduir en el món de la poesia a una edat tardana.

    Nascuda l’any 1921, al pintoresc barri barceloní de La Barceloneta, els seus pares tenien una ferreteria; això va ser que la seva infantesa estigués rodejada d’eines i el món ferreter. Això és inevitable entreveure-ho en els seus versos, on sovint, de manera subtil, es veu la presència de mots relacionats amb aquest món.

    De ben petita, ja va mostrar una tremenda inclinació cap a les habilitats artístiques, especialment la pintura, el gravat del vidre i el dibuix. A banda d’aquest talent per les arts, en els seus anys d’estudiant, va ser destacada pel seu enginy i les seves excel·lents qualificacions, que li van ser passaport per entrar a l’Institut de Cultura de la Dona, passant després a estudiar pintura, entre altres matèries, a l’Escola Massana. Alhora, cursava el Batxillerat i estudaiva piano a l’Acadèmia Marshall. De fet, l’any 1947, obté el títol oficial de professora de dibuix.

    Felícia Fuster. Imatge: Fundació Felícia Fuster.

    Després d’un viatge a París, l’any 1950, decideix quedar-s’hi a viure, exercint de professora d’espanyol. Paral·lelament, participa a diferents exposicions i fa treballs artístics, especialment relacionats amb el gravat del vidre, arribant fins i tot a ser part d’una exposició col·lectiva, organitzada pel Corning Museum of Glass (situat a Corning, a New York), a la qual va presentar un gerro titulat Vase, que va se adquirit pel propi museu.

    Després de combinar diverses feines i estudis, l’any 1981, passa a dedicar-se de manera definitiva a la creació artística i literària.

    No és fins que no té 63 anys que es fa coneguda en el món literari. Havia escrit des de sempre, però no va donar a conèixer els seus escrits fins que un amic de la infantesa, l’arqueòleg Miquel Tarradell, li recomanà que presentés alguns dels seus poemes al Carles Riba; tot i els dubtes, finalment Felícia Fuster s’hi va presentar, quedant finalista amb l’obra Una cançó per a ningú i trenta diàlegs inútils.

    Imatge: Fundació Felícia Fuster

    És justament arrel d’aquest concurs que s’estableix una amistat que durarà anys, entre la Felícia i la també escriptora Maria-Mercè Marçal.

    La seva literatura fa un gir interessant quan un viatge al Japó li desperta un terrible interès per la poesia japonesa, i marcà per sempre la seva poesia. Comença a endinsar-se en el món dels Haikus, traduint i escrivint. Això s’uneix a la seva veu tan personal dels deus poemes, i li proporciona una riquesa afegida.

    Després de patir problemes de salut arrel d’un contagi amb un virus maligne, que li va provocar diverses estades a l’hospital, la Felícia va morir l’any 2012, un 13 de Març, en una residència de París, la seva segona llar.

    A grans trets, la poesia de la Felícia és una poesia amb una veu forta rere una sensibilitat extrema i la delicadesa dels seus versos; tanmateix, la veu és forta, i denota seguretat, fermesa, malgrat mostrar certa fragilitat humana, especialment pels horrors de la Guerra Civil Espanyola.

    La seva obra té dues vessants destacades; aquells poemes en vers lliure, però en el fons, guardant una forma i un estil personal, i les traduccions de poesia japonesa, així com la seva pròpia poesia inspirada en aquest país i la seva cultura, Haikus i Tankes.

    Per tal d’entrar una mica en la seva obra poètica, us deixem aquí una petita selecció de poemes seus. Que els gaudiu!

    Cada paraula dita és un oblit.

    Cada llengua que es mou, una passera

    damunt d’un riu perdut. Només bromera.

    Asseguts a la sorra de la nit,

    no podem escoltar res més que el crit

    del martell que es fa mall i la primera

    nota del gall que galleja darrera

    l’estranya visió del món ferit.

    Si ens fem lleons, ens estiren la pell.

    Noces de sal ens despullen l’anell.

    A dins la pedra ens cremen per la calç.

    Si pugem -blat- ens fan caure amb la falç.

    ¿I si eixalats de cor i de cervell

    un dia aconseguim fer-nos ocell?

    SEMPRE TORNAR

    Anar

    Sempre tornar

    Ferro amb el vent Rosa

    forjada

    Sílex

    Quietud de la veu i no cendra

    Mel

    esculpida

    Flor Rosa d’enllà

    d’enllà de

    rosa

    EL PENYA-SEGAT

    A la fi de la guerra

    a l’illa de Saipan

    les dones es llançaven des d’un penya-segat,

    l’una darrere l’altra.

    Per virtut, per deure, per respecte.

    Què sé jo…

    Empeses pel foc i pels homes.

    Perquè els calia santar

    cap enlloc, fora del seu destí.

    (El penya-segat capgira sempre la dona.)

    Pero, sabeu,

    al mar, encara no n’hi ha arribat ni una.

    Tot iq ue fa quinze anys,

    què se n’ha fet?

    Aquesta

    dona.

    Cantem

    com els paletes xiulen

    mentre de la galleda estant

    se’ls mira l’aigua.

    Modulem-nos els sons

    per creure que travessen,

    com la claror,

    les portes que mai no tanquen.

    Mirem com es podreixen sols,

    sota els peus nostres, els camins

    fets de palla.

    I continuem dansant

    amb el peu boig

    i el pes del món -drogat no pesa gaire-

    fins que ens enfonsin i ja no ens aixequem.

    Mai més

    no es podrà caure, ens sentirem contents.

    Com festí,

    a taula, ens serviran mordasses.

    En despertar del convit foll,

    ja sense veu,

    ens naixeran ben mudes les paraules.

    Ningú mai més no coneixerà el so

    de la mirada.

    No serem més que cossos destrossats,

    no ens quedarà permís ni per les llàgrimes.

    CANÇÓ

    Arc de paper!

    Tornada sense lletra!

    Camí descalç!

    Lladre de bossa buida!

    No em cridis més, que em trenco.

  • Brodats de seda, de Júlia Badal (Comte d’Aure)

    Brodats de seda, de Júlia Badal (Comte d’Aure)

    Què intensos els instants

    de tants migdies en deixar inscrit

    que res no s’ha perdut ni ha estat en va.

    Mercè Amat

    Aquests versos de la poeta Mercè Amat, i una petita i quasi íntima dedicatòria, ens obren la porta de Brodats de Seda. Un poemari intens que ens agafa la mà i ens mostra la part més dura, la part més sensual, la part més tendre i la part més íntima d’un sentiment tan pur com és l’amor i, alhora, la pèrdua. En paraules de la pròpia Júlia, «escriure és desabillar l’anima», i això és el que fa en aquest poemari: ens mostra l’ànima nua en tota la seva essència, mostrant la ferida i la cicatriu.

    Cal dir que Brodats de seda és un poemari dedicat a algú especial, el que fou company de viatge de la Júlia. Però contràriament al que es pugui pensar, aquest poemari no és un plany, ni una elegia, és més aviat un homenatge a la vida, a l’amor, al record. És un passar el dol d’una manera més viva, remembrant instants concrets d’amor, de passió i de complicitat. Un homenatge, en part, amarat de tristor, però d’una tristor amable, assumida, com quan hom s’adona que quedar-se amb les coses bones de la memòria i dels sentits és una manera de mantenir la mirada viva. Sí, és un homenatge i, en certa manera, un comiat. És tancar el dol.

    Perviuran a la memòria,

    els bells records.

    La veu trencada de l’Steven Tyler,

    acaronant aquella balada d’Aerosmith.

    T’enrecordes?

    tu i jo,

    respirant silencis,

    ballant pell amb pell…

    Fragment Acords

    Trobem en el poemari tres parts que s’entrelliguen: Crespó, Fil i Setí. Crespó ens porta a la part més emocional del sentiment, de la memòria, del recod. El dol se’ns monstra punyent, però poc a poc assumit, malgrat que no apareix mancat de certa ira per la injústicia que la mort d’algú estimat ens suposa. Fil és el que sosté les coses unides, i en aquests poemes, el fil és un amor tan immens, que ni la mort no pot trencar. Setí em trasllada al tacte, a la suavitat, i aquí trobem aquella part de la Júlia en la que es desfà en versos d’un erotisme elegant i juganer:

    Sospirs

    Desabilla’m,

    xopa’m,

    aboca’m el teu nèctar,

    melós, lúbric.

    Xopem-nos,

    vagit, delectança.

    A cada vers del poemari trobem un retall del que fou el seu company, un retall de la Júlia, un retall dels dos que eren un. Des de la passió més feréstega

    Deambulàvem, temps ençà,

    ens abraçàvem ferotjament

    allà l’arenal.

    Tu em vesties de nuesa,

    poc a poc, amb cadència.

    Fragment Lassitud

    fins a la delicadesa i la complicitat més absoluta

    Són le mans enllaçades,

    el nostra alfabet.

    Fragment Cambra

    Brodats de Seda (Ed. Comte d’Aure)

    La passió, la pell, el tacte (sempre tan presents en la poesia de la Júlia) apareixen al llarg del poemari d’una manera elegant i intensa, a la vegada que la suavitat d’una carícia, la tendresa d’un petó al front, ens embolcallen l’ànima, causant una profunda empatia amb l’autora.

    Però tanmateix, malgrat haver parlat d’una tristesa amable, també cal admetre que Brodats de seda és un poemari ferit, però que intenta llepar-se la ferida, perquè sap que no hi ha cura, però sí pot suavitzar el dolor fins a convertir-lo en un preuat record; i la poesia ajuda.

    Si una cosa té la poesia de la Júlia, és que és increïblement sensible, i té el do de saber transmetre, a vegades amb una sola paraula, amb molt poquets versos, una immensa emoció que arriba a eriçar l’ànima. Em crida molt l’atenció, en aquest sentit, el poema …Acotxa’m; especialment els tres darrers versos:

    Som un sol alè

    més enllà del temps.

    Acotxa’m!

    En aquests tres versos, trobo la idea de tot el poemari: la unió, l’eternitat d’un sentiment que va més enllà de la vida, la necessitat de l’abraçada. El signe d’exclamació al final em transmet aquell moment íntim de fragilitat vulnerable, de la necessitat de la persona que ens falta.

    La Júlia Badal

    La delicadesa és una altra de les virtuts de la poesia de la Júlia. Teixeix amb fil de seda unes imatges que acaronen i omplen la mirada amb una sensibilitat aclaparadora:

    Teixeixo un àmbit

    amb sedes i domassos,

    rics en saviesa.

    Fragment Penèlope

    Això converteix el poemari en un llibre agredolç, que et treu un somriure nostàlgic a la vegada que t’arrenca una llàgrima trista.

    La Júlia eternitza el record en poemes, dies viscuts, la passió, les hores fredes i pàl·lides d’hospital…

    Sempre deies: Carpe diem, viu l’isntant,

    i el vivíem,

    quan em besaves dolçament

    aquella tarda d’estiu,

    la del darrer petó als llavis,

    sabent que ja

    et fugia la vida.

    Fragment Cambra.

    En definitiva, Brodats de seda se’ns presenta com un poemari suau, una carícia a la memòria. El pas del dolor a l’assumpció i, per fi, el ser capaç d’abraçar records sense sagnar. Un poemari intens que aporta caliu i vida, perquè recordar també és viure, i també és no deixar que tot acabi morint. Ens explica la història, l’obre, la tanca, i la guarda al cor. I la vida continua.

    Menció especial al Jaume Piquet i al Vicenç Llorca, que col·laboren en el llibre amb el pròleg i l’epíleg respectivament.

    No voldira acabar aquest petit article sense deixar-vos un dels poemes que a mi, a nivell personal, més m’ha marcat, pel sentiment, per la força, perquè és una mica el que tots pensem quan perdem algú que és un bastió de la nostra vida:

    Si ho hagués sabut

    Si ho hagués sabut,

    t’hauria recitat

    el nostre poema, a cau d’orella.

    Hauria vinclat el cos

    al teu pit,

    per capturar-te.

    Si ho hagués sabut…

    La Júlia Badal (Barcelona, 1964) ha estat sempre una amant de la literatura i els llibres, de les lletres en general. Com a comunicadora, va començar col·laborant a la revista de barri Trenc d’Alba. Sempre voltada de llibres i amb un bolígraf a la mà, l’any 2013 es va iniciar en el fet de recitar en públic i, desde llavors, ha estat sempre una imparable organitzadora i participant de recitals i festivals de poesia. Ha participat en reculls i antologies solidaris com podrien ser 50 Poetes de la Terra (2018, en benefici d’Open Arms) o Lletres blaves per l’autisme (Stonberg Editorial, 2019), així com participant en diversos certàmens literaris, d’entre el que destaca el Concurs de Poesia eròtica d’Olot, del quan ha estat finalista en les dues ocasions. L’any 2016 va publicar el seu primer llibre, Laberints de pell (Editorial Trirremis). Brodats de Seda es el seu segon poemari en solitari.