Emily Jane Brontë es conocida principalmente por su extraordinaria y única novela Cumbres Borrascosas, que es considerada una de las obras maestras de la literatura victoriana. Pero hay mucho más detrás de esta novela; tenemos a la Emily poeta. La muchacha que sucumbió a la nostalgia, al silencio y a la soledad, que descubrió en la naturaleza lugares asombrosos, voces increíbles, correspondencias místicas que la ayudaron a descubrir y a desarrollar un mundo interior y un imaginario magistral.


Nacida en Thorton, en el año 1818, hija de un pastor anglicano, la muerte prematura de su madre, cuando ella tenía solamente tres años, hizo que los hijos quedaran a cargo del padre y una tía materna, y fueron enviados a un colegio interno. Fue precisamente ahí donde las dos hermanas mayores contrajeron la tuberculosis, de la que acabaron muriendo poco después.

La vida de Emily se desarrolló principalmente en Thorton, salvo por un viaje a Bruselas, donde estudió francés y piano. Pero la imaginación desbordante de Emily, y el resto de sus hermanos, hizo que su infancia transcurriera entre la realidad y los mundos e historias imaginarias. Compartía la pasión por la literatura con sus dos hermanas, Charlotte y Anne, y su hermano Branwell. En esa vida en parte aislada en los páramos de Yorkshire, crearon unos mundos imaginarios, Angria, Gondal, y Glass Town. Solían inventar e imaginar historias que ocurrían en sus reinos. Incluso escribieron crónicas y poemas sobre sus mundos.

Emily Brontë

Tras la muerte de su tía materna, Emily queda al cargo de la casa y de su hermano Branwell, enfermo por sus adicciones al alcohol y al opio. Sin embargo, las tres hermanas no dejaron de escribir sus relatos y versos hasta que, empujadas por una iniciativa de Charlotte, decidieron publicar, en el año 1846, una colección de poemas de las tres hermanas, bajo pseudónimo: Poems by Currer, Ellis and Acton Bell. Si bien es cierto que el libro en su momento no tuvo gran repercusión, los poemas de Emily (bajo el nombre de Ellis) destacaron hasta convertirla, con el tiempo y junto a la publicación de su novela Cumbres Borrascosas (1847), en un a de las voces indiscutibles de la literatura inglesa.

En la época en la que vivían, las mujeres tenían un papel secundario, y ni siquiera se veía con buenos ojos que se dedicaran a la literatura; de ahí que los poemas fueran publicados con pseudónimos, cada uno con la inicial de cada una de las autoras. Eso provocó, también, que los personajes femeninos de sus escritos fueran mujeres fuertes, inteligentes e independientes.

A pesar de la novela, la inclinación artística principal fue la poesía. Gran parte de su vida la dedicó a escribir versos

La poesía de Emily se caracteriza por una vitalidad enfocada al espíritu y al mundo interior; la infancia peculiar de Emily, la muerte prematura de su madre y sus hermanas, la austeridad marcada por la figura de su padre, la favorecieron la inclinación casi instintiva de Emily a la introversión, que remedió con la literatura. No pudiendo vivir hacia afuera, Emily optó por vivir hacia adentro, y escribirlo. En cierto modo, eso la hacía más libre a la hora de escribir, pues no se basaba en las ‘normas’ literarias de la época, sino que seguía sus propias normas y su propia inspiración.

Manuscrito de Emily Brontë – British Library Board

También destaca de su poesía el sentimiento desbordante; la intensidad, las emociones al extremo y la esencia romántica, marcando así, en cierto modo, lo que podría ser la base de la poesía victoriana posterior, combinando imaginación y sensibilidad, con tendencia al ensueño y la visión.

Por otro lado, destaca la intensidad de los personajes, -algunos son heredados por la novela, intuyéndose en sus versos y crónicas de Gondal, personajes como Catherine Earnshow o Edgar Linton-, y la fuerza de las pasiones desmedidas y/o mal dirigidas.

En cierto sentido, el páramo donde creció, la aridez del entorno, la soledad, la introversión, también marcaron sus versos, sabiendo transmitir tanto el dolor y el recuerdo por las pérdidas, así como encontrando el amor por la naturaleza. Emily, igual que sus hermanas, no encajaba en el mundo, en la sociedad, en su época. Se podría decir que vivía en un universo paralelo, pero ese mundo suyo no podría escapar del todo de su entorno real.

Emily falleció un 19 de Diciembre del año 1848, dejando un legado literario, en novela y en poesía, que a día de hoy se considera esencial en la literatura inglesa.

A continuación, os dejamos una pequeña selección de su poesía. ¡Que la disfrutéis!

SUAVE NEBLINA SOBRE LA COLINA

Suave neblina sobre la colina;

no habrá mañana tormenta.

No; el día se ha cansado de llorar,

ya agotó su reserva de callada tristeza.

Oh, he vuelto a los días de mi infancia,

de nuevo soy una niña;

y bajo el techo paterno que me abriga,

junto a la vieja puerta de la entrada,

miro caer esta tarde nubosa,

tras un día de lluvia,

Neblinas azules, dulces neblinas de verano

empañan las montañas a lo lejos.

La humedad impregna la alta hierba verde,

espesa como lágrimas en la mañana;

y pasan como en sueños vaharadas de fragancias

que recuerdan otros tiempos.

Traducción de Ángeles Caso.

ESTROFAS

No lloraré porque me vayas a dejar,

no hay nada aquí que amar.

Y doblemente el mundo oscuro me entristecerá

mientras tu corazón sufra en él.

No lloraré, porque la delicia del verano

siempre debe terminar en amargura;

y hasta la historia más feliz, cuando concluye,

lo hace con una tumba.

Y estoy cansada de la angustia

que hace los inviernos insoportables,

cansada de ver languidecer el espíritu

durante años de desesperación mortal.

Así que, si una lágrima, cuando te estés muriendo,

llegara a derramar,

es solo que mi alma está suspirando

por marcharse y descansar contigo.

Extraído de Emily Brontë, Poesía Completa – Alba Poesía

REMEMBRANZA

¡Frío bajo tierra… y la profunda nieve amontonada sobre ti,

lejano, aislado, frío en la tumba sombría!

¿Me habré olvidado de amarte, mi único Amor,

separados al fin por la ola del Tiempo que todo lo separa?

Ahora, cuando esté sola, ¿dejarán mis pensamientos

de sobrevolar las montañas hacia esa costa del norte,

reposarán sus alas donde el brezo y el helecho

cubren tu noble corazón para siempre, por siempre jamás?

Frío bajo tierra… y quince diciembres desolados,

desde aquellas colinas doradas, se han derretido en la primavera:

¡en verdad es leal el espíritu que recuerda

después de tantos años de mudanza y sufrimiento!

Dulce Amor de juventud, perdóname si te olvido

mientras la marea del mundo me arrastra consigo;

otros deseos y otras esperanzas me asedian,

esperanzas que pueden ensombrecerte mas no hacerte daño.

Ninguna nueva luz ha iluminado mi cielo,

ninguna mañana ha vuelto a brillar para mí;

toda la dicha de mi vida se entregó con tu vida,

toda la dicha de mi vida está enterrada en la tumba contigo.

Pero, cuando se fueron los días de los sueños dorados

y la Desesperación no tenía ya poder para destruir,

entonces aprendí cómo amar la existencia,

fortalecerla y alimentarla sin ayuda de la alegría.

Entonces refrené las lágrimas de la pasión inútil,

desenganché mi joven alma del anhelo de la tuya,

con firmeza rechacé su ardiente deseo de precipitarse

a descender a esa tumba que ya era más que mía.

Mas todavía no me atrevo a dejar que desfallezca,

no me atrevo a complacerme en el extasiado dolor de la memoria

tras haber apurado esta angustia divina,

¿cómo podría adentrarme en el vano mundo otra vez?

Extraído de Emily Brontë, Poesía Completa – Alba Poesía

EL VIEJO ESTOICO

Las riquezas tengo en poca estima;

y del amor me río con desprecio;

y el deseo de la fama no fue más que un sueño

que desapareció con la mañana.

Y si rezo, la única oración

que mueve mis labios es:

“¡Deja que se vaya el corazón que ahora soporto

y dame libertad!”.

Sí, cuando mis días veloces se acercan a su meta,

eso es todo lo que imploro:

en la vida y en la muerte¡, un alma sin cadenas,

con valor para resistir.

Extraído de Emily Brontë, Poesía Completa – Alba Poesía

ESPERANZA

La Esperanza solo fue una amiga asustadiza;

se sentaba al otro lado de la reja de mi celda

a observar cómo se iba cumpliendo mi destino,

igual que hacían los hombres de corazón egoísta.

En su miedo, podía llegar a ser cruel:

a través de los barrotes, un lúgubre día,

miré hacia fuera para verla ahí,

¡y ella apartó su rostro!

Como un falso guardián haciendo una guardia falsa,

aun cuando había lucha, ella susurraba paz;

cantaba mientras yo lloraba,

pero, si yo escuchaba, se callaba.

Era falsa e implacable:

cuando mis últimas alegrías cubrían el suelo

y hasta la Pena miraba con remordimientos

aquellas tristes reliquias desperdigadas,

la Esperanza, en cambio, cuyo rostro habría sido

un bálsamo para mi convulso dolor,

abrió sus alas y se remontó a los cielos,

se marchó, ¡y jamás volvió!

Extraído de Emily Brontë, Poesía Completa – Alba Poesía