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  • Adrenaluna, Anabel C. Huertas (Ed. Talón de Aquiles, 2021)

    Adrenaluna, Anabel C. Huertas (Ed. Talón de Aquiles, 2021)

    Cuando una se introduce en los poemas de Anabel sabe que está a punto de entrar en otro mundo; en el mundo oculto, mágico y soñador que existe, pero que no solemos percatarnos de que está.

    Este poemario desgrana las cuatro fases lunares a través de versos oníricos y plenos; un viaje hacia las partes más vistas y, sobretodo, las más ocultas de la luna, o de nosotras mismas.

    Todos mis cuerpos. Luna Nueva.

    no puedo ser tangible

    (ni real)

    sino certera

    La primera fase lunar, la que marca un comienzo, la que cierra una puerta y abre otra en la que ya empieza el mismo final. Anabel abre las compuertas del reino oculto en el alma y en el cuerpo, y muestra una verdad carnal y a su vez etérea de la persona:

    Que alguien nos muestre el rumbo de lo atávico

    allí donde un final nos da comienzo.

    Volver a los antiguos inicios es también una manera de recomenzar. Esta primera fase lunar se me antoja como cierta presentación, como mostrar esa cara oculta que, como decía Mark Twain, todos tenemos. Pero es una parte oculta onírica, distinta, mágica e inalcanzable. Más allá de la piel y los ojos hay un universo inmenso de luces y tactos que escapan a la realidad empírica. Se inicia un camino que no podemos ver, pero podemos sentir en nuestra propia carne y nuestra propia alma.

    Todo a través de un sentir acuoso que no se puede agarrar ni retener, pero que está, que nos llena y nos completa.

    Reinos de Saliva. Cuarto Creciente.

    Tú no lo sabes

    pero bajo los puentes

    de tus ojos rotos

    una gota de cielo

    remonta el río.

    Deseos y anhelos se dan cita en estos quince poemas que configuran el cuarto creciente. Los cuerpos celestes parecen conjugar para dar pie a una pasión y a una incertidumbre. Anhelos divinos que parten de la propia voz, de la saliva, y comulgan con una espera luminosa donde los cuerpos van más allá de cualquier roce, donde no dependemos de nuestra propia voluntad, sino de aquello divino que vive en nuestras entrañas.

    Querer domar lo indomable es un espíritu de rebeldía que se asocia, en estos poemas, con querer domar el aquello intangible que nos configura, que nos hace ser y, sobretodo, que nos hace elevarnos.

    Especial mención al último poema de esta fase creciente, donde se produce una unión, una comunión del anhelo intangible con el beso que todo lo desata. Y crece.

    Plenilunio. Luna Llena.

    Tenemos el don del mar,

    los de la plenitud del fuego

    los del querer de aire.

    El primer poema ya nos lleva a la plenitud: el don del mar, la plenitud del fuego…  Para mí, la parte más intensa del poemario, la más plena, donde los vuelos llegan más allá de la piel y de la carne, donde los deseos y las sombras se unen por un instante, y todo confluye en un lenguaje mucho mayor y que va mucho más allá de las palabras. Tiene un aire sagrado e íntimo que exalta el ánimo casi sin querer, y ahonda en nosotros mismos, en nuestros sentimientos, para lograr el amor más puro.

    Me parece una fase repleta de anhelos y deseos, de sueños vaporosos y de sombras que circundan las miradas, las almas, hasta dar con el centro más puro, el que late en la garganta, el que vibra en la mirada.

    Muy significativo el último poema de esta fase plena:

    El óxido me traba,

    me escupe, incertidumbre,

    en tu herrumbre

    y vomito tu epitafio,

    mi posdata de fuego

    blanqueando tu fragua.

    -Fragmento del Poema Hefesto.

    Malenconiria. Cuatro Menguante.

    La gota que hundió

    mi barco

    cayó de tus ojos.

    Última fase lunar, última parte del poemario. Poemas breves pero muy intensos, donde ausencias y vacíos se encuentran hiriendo los sueños, regreso al mar, regreso al lugar de origen de todas las emociones y todos los pálpitos.

    La estrella queda clavada en un costado, como el resto de un sueño que nunca olvidamos; la luna es la que lame las heridas, quizás por eso escribir es una manera de curarlas, de recordar ese sueño del que nunca hemos sido capaces de volver.

    La poesía de Anabel tiene un sello muy personal; entre elementos naturales y maleables, agua, estrellas, aire, cielo, barro… el poemario que casi se puede tocar; abre canales que no sabíamos ni que existían, ilumina la mirada y la embriaga. Un poemario que recomiendo para dejarse abrir a una misma, para dejar entrar todas las lunas en el pecho y hallar así la luz del sueño.

    Anabel C. Huertas es escritora y divulgadora. ha sido galardonada en diversos certámenes de poesía, participando a su vez en diferentes antologías de relato breve, relato erótico y poesía. Ha publicado e ilustrado el libro de poesía zen Semilla de Haiku para un tanka en flor, 2016. También es co-autora del precioso libro Hijo de la Luna Nueva, un cuento poético escrito para una serie fotográfica de la artista Irene Cruz, en una preciosa edición artesanal y limitada. Su último libro publicado ha sido la antología poética Ningún violín puede amarte, Editorial Balanceo, 2018.

  • Algo te queda, Abel Santos (Ed. Vitruvio, 2022)

    Algo te queda, Abel Santos (Ed. Vitruvio, 2022)

    Como suele pasar con los poemarios de Abel Santos, nos hallamos frente a una alta dosis de realidad, de humanidad y de vida. La primera bofetada de sinceridad arranca en el primer poema, donde nos habla claramente de un divorcio, de manera directa, como suele ser su estilo, sin dramas ni florituras, una verdad desnuda que se abre ante nuestros ojos para advertir que el poemario que tenemos entre manos se muestra como el contrario de su poemario anterior, El camino de Angi.

    La vida tiene giros que a veces nos pueden llegar a sorprender, y Abel ha sabido sacar partido de esta nueva sorpresa que la vida le tenía preparada sin saberlo. Una manera de canalizar y superar las trabas que se ponen en nuestro camino. Un poemario que es a su ver herida y cura, hasta quedar en cicatriz.

    El divorcio queda eclipsado por su hijo, por esa nueva luz que llena ahora su vida. Y nos lo presenta rápidamente, en su tercer poema, Un salto de fe. El autor ve la belleza de la vida en esos primeros gestos, en esas primeras expresiones que le colman a uno el corazón y disipan todas las penas.

    Es un poemario, como suele pasar con los libros de Abel, escrito abriéndose en canal. Recuerdos e ilusiones se enfrentan, como dando una de cal y una de arena, frente a los ojos y el alma del autor

    La lluvia,

    que nunca falla,

    que de nuevo

    cae.

    Así es

    tu recuerdo.

    -Fragmento del poema Tu nombre es canción.

    Abel Santos

    La lluvia nunca falla, porque siempre, en algún momento, acabamos diciendo adiós, y siempre duele.

    En ciertos poemas, probablemente el dolor, la sorpresa, hace que Abel cuestione directamente a la vida. La vida, muchas veces, aparece como ese personaje que todo lo mueve a su libre antojo, sin tener en cuenta quién o quiénes la están viviendo:

    que me pague al contado las ilusiones

    que se perdieron en el camino,

    toda esa bendita poesía amorosa

    que me ofreció, y que me debe.

    Pedírselo

    a la vida. Sí…

    A la vida…

    Menuda mafia.

    -Fragmento del poema Se acostumbra uno a caminar

    El desencanto, el sentirse vapuleado, quizás incluso utilizado, hace que la vida aparezca como ruin y malévola, como decíamos anteriormente, ese boss que mueve los hilos impunemente. Que causa dolor y desamparo y desilusión.

    Un libro escrito desde el dolor y el estupor que un hecho así en su vida le supuso; la pérdida inesperada de un ser tan querido, el enfrentarse a la soledad fría y blanca de un cuarto nuevo y distinto, el darse cuenta que el llanto no aligera, pero no cura ni trae de vuelta. Asumir y aceptar, aunque duela, mientras el lector es absoluto testigo mucho de lo que el poeta está sintiendo y viviendo en esta etapa de su vida.

    En esta desnudez sentimental, Abel muestra claramente sus heridas a la vez que intenta aceptarlas y comprenderlas, enfrentándose a un recuerdo tenue que poco a poco va perdiendo terreno, mientras el frío acecha.

    Retazos de vida ordinaria se agolpan en el poemario como recuerdos, como imágenes soñadas o imaginadas, como una manera de retener la vida que tendría que haber sido y que finalmente no ha sido. La necesidad de comprender pasa por la necesidad de revivir.

    La realidad se muestra abierta y sin adornos en sus poemas como si nos estuviera contando todo lo que arde en su interior a través de su mirada más sincera y clara

    Ya no me muero

    por hacer tonterías.

    Casado.

    Y recién divorciado.

    Y padre de un hijo.

    Compartiendo ilusiones,

    pero sobrio

    desde hace una década.

    Loco perdido

    por mi exmujer y sus ojos

    de aguamarina.

    Peleando, a diario,

    para que no falten

    los garbanzos

    en la mesa.

    Vamos,

    el auténtico

    lado salvaje de la vida.

    -Las horas más duras.

    ¿Puede haber poesía más cierta y humana que esta? Ahí donde el autor muestra sus miedos, sus debilidades, su lucha y su dolor. Algo tan característico en la poesía de Abel, se muestra en su esplendor en este poema, donde resume casi sus dos últimos libros, los últimos años que ha vivido. Y eso, al lector, le llega. Porque está casi escrito como si nos lo contara, porque se muestra claro y transparente y, por encima de todo, humano. La valentía de explicar su interior más íntimo es el sello de este poemario.

    Pero en toda esa amalgama de dolor y lágrimas está la luz de una sonrisa, la sonrisa de su hijo, que le habla, que le da fuerzas y que lo lleva de la mano hasta un futuro prometedor. El tener a alguien a quien amar por encima de todas las cosas hace ver que el amor no ha muerto, sólo ha cambiado de traje, ha cambiado de destino, y la fuerza sigue viva en algún rincón de esa alma herida. Esa fuerza que llena todos los poemas de Algo te queda, por encima de un dolor insufrible y de una tristeza que abruma.

    Hasta que llega la resignación, el saber que las cosas son como son, y aceptarlas, a pesar de todo y por encima de todo, aceptarlas.

    Porque ya te prometiste

    que no necesitar

    ser feliz en la vida

    es tu forma

    de felicidad.

    -Fragmento del poema Jazz en el agridulce blues de la vida.

    Así, después del dolor y el estupor, viene esa aceptación, y el alzar la cabeza con lo que se es y  lo que se tiene, porque es todo lo que hay en nuestro haber que, de algún modo, vale todavía la pena.

    Y en dirección a la poesía,

    vuelvo

    a caminar.

    -Fragmento del poema Estoy de paso en Vozkal.

    Los momentos cotidianos cobran magnitud en los poemas de Abel, porque no es sólo el instante que se está viviendo, es la comunión del instante con las emociones y los sentimientos del autor, de manera que no es sólo un momento, es lo que este momento provoca en él; así, de un viaje en tren sale un mar que se ríe, o de una vídeollamada en una Nochebuena, a veces tan fría, sale la sonrisa de un niño que hace que vuelva a ser Navidad.

    Y los recuerdos se agolpan a la vez que se difuminan casi a la fuerza, porque ahora el círculo se ha roto y el regreso no es a un hogar, a unos brazos, sino a una soledad fría donde uno casi se ve fantasma de esos días. Una vez más, la sinceridad y la humanidad del autor se muestran desnudas y claras, dejando ver que sufrimos, que lloramos, pero que también tenemos el poder de salir de esos agujeros tan profundos que parece que se nos tragan sin ningún tipo de piedad.

    si estos últimos versos te dejan

    con la miel en la boca,

    si el poema ya no es un lugar seguro,

    si ya

    no quiero

    hacer

    juntos

    algo

    bonito.

    -Fragmento del poema Boca Chiusa.

    La presencia del tren, como a veces suele ocurrir en los poemas de Abel, cobra un significado especial; viajes en tren como etapas de la vida. Cada etapa un nuevo tren que a veces ni siquiera sabemos dónde parará.

    Y entre trenes y viajes nuevos e inesperados, transcurre esta nueva etapa de la vida de Abel Santos, que nos muestra, como siempre suele hacer, en lo que mejor se le da: en los poemas. Una vez más, Abel nos presenta un poemario magistralmente escrito, desnudo, directo y claro. La parte más humana de la poesía; en la poesía no todo es luz y estrellas; si la poesía relata las emociones y la vida, la poesía también es soledad y frío, y podredumbre y falta de todo.

    Estoy completamente seguro

    de que los dos

    algo tenemos que ver:

    yo

    escribo

    -te escribo-

    para

    salir

    de la nada

    sin

    llegar

    al

    vacío.

    Un muy buen poemario que abre al autor en canal, mostrando la cara oculta de amor, la desencajada, la inesperada.

    Algo te queda es el último libro publicado de un autor tan prolífico como es Abel Santos, y fue finalista del XXIV Premio de Poesía Ciudad de Salamanca.

  • Habitar el agujero, Carlos Huerga. (Ed. Amaragord, 2021)

    Habitar el agujero, Carlos Huerga. (Ed. Amaragord, 2021)

    Con un gran dominio del lenguaje, Carlos Huerga nos abre una puerta a la reflexión a través este poemario; poemas de cierta brevedad la mayoría, algunos incluso de un solo verso, que condensan en pocas líneas instante de observación, sentimiento y meditación.

    El poemario se encuentra salpicado de elementos naturales que nos lleva a un juego de luz y oscuridad, a un pasar de los años siempre en el mismo lugar. En cierto modo, me ha llevado como al origen y, a su vez, a darme cuenta de cuántos destrozos hay alrededor… ese agujero que habitamos, en el que nacemos y en el que morimos, tan seco, tan oscuro, tan dañado.

    La primera parte del poemario, Estar, aglutina una serie de poemas que plasman, en cierto modo, el caos, la frialdad e incluso me atrevería a decir que también la podredumbre del mundo en general. A mí, personalmente, su lectura me arrastra hacia aquella parta más oscura de la vida y del mundo: el hambre, el frío, el cemento que se contrapone a la naturaleza, la crueldad.

    Hay cierto vocabulario que se repite en esta primera parte que nos marca un poco el camino de lo que está contando: ceguera, frío, nieve, hueco, arder… palabras que crean una atmósfera casi en ruinas y seca, mostrando un entorno cruel y hostil que puede venir de nosotros mismos; ¿somos acaso nosotros la causa y el efecto de esta desolación?

    En esta primera parte se es, se habita. Uno se encuentra en este mundo y narra lo que es y lo que siente. Podría ser incluso un punto descriptivo muy sutil de un entorno, como ya hemos dicho, hostil y maltratado.

    En la segunda parte, Mirar, paradójicamente, se insiste en la ceguera, a pesar de estar viendo. Y es que una ceguera mucho mayor, una ceguera que no implica que no veamos, sino más bien que no miramos.

    Referencias a elementos naturales, alimentos naturales, madera, agua, sol… pero sin abandonar ese punto oscuro de los anteriores poemas.

    Sigue apareciendo la oscuridad, y la herida parece abrirse desde dentro y hacia adentro, a menudo causada por un grito que no se escucha, por una desesperación cansada; uno es consciente que el mal habita, que el mal está hecho, y no hay remedio.

    Finalmente tenemos una tercera parte, Ver. Una parte que podria resumir con un verso:

    los ojos son un corazón enfermo.

    Vemos, pero lo que vemos no está bien y, incluso, no existe. Los cambios se han sucedido para dar lugar a un agujero sombrío y húmedo, donde todo termina y empieza en sí mismo, sin dar opción al crecimiento.

    Las imperfecciones pueblan el mundo y la vida, los errores que conocemos, y debemos ser capaces de ver, de darnos cuenta que puede llegar un futuro, que quizás el agujero se puede salvar, aunque no alberga excesiva esperanza.

    Realmente, este libro de Carlos Huerga me parece a la par complejo como transparente. Creo que nace de cierta desolación, e intenta ser una vía para abrir ojos, a pesar de decir que no vemos. Intenta mostrar que lo oscuro puede tener un lado de luz, si se enciende la palabra en el instante y el lugar correcto.

    Es un libro que considero que se debe leer varias veces para llegar realmente a su fondo, y de hecho, termino esta pequeña reseña pensando que me quedan muchas cosas por descubrir de estos poemas, pero para eso os recomiendo que lo leáis y saquéis vuestras propias conclusiones.

    Os aseguro que no os dejará indiferentes; remueve algo por dentro, no sé muy bien el qué, pero remueve. Casi duele.

    Carlos Huerga es Doctor en Filología Hispánica por la UAM, licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la UCM. Trabaja como profesor, y da talleres de escritura y Clubs de Lectura. Escribe n blog de crítica literaria y cultura, y es autor de Un hombre en el umbral (2010, Amargord), Road Movie (2012, Amargord) y Habitar el aguejero, que es su tercer poemario.

  • Cero, de Miquel Fernández Rivero (Ed. Opera Prima, 2022)

    Cero, de Miquel Fernández Rivero (Ed. Opera Prima, 2022)

    Después de leer y releer el el poemario de Miguel, una se da cuenta que está ante una descripció abrumadora de la vida, escrito desde lo más hondo del ser. Partimos de un cero, de una nada, vivimos, batallamos, sufrimos, y volvemos a esa nada.


    El poemario nos describe el pasar de la vida en su lado más oscuro; la falta de logros, la resignación, el dolor, la oscuridad, son las pautas que rigen ese camino. El tiempo nos mata, la lucha constante acaba incluso con los recuerdos, con los sueños… incluso rompe los versos, que podrían ser, quizás, la única tabla de salvación en este larguísimo naufragio.

    Quiero vestir mis ojos

    con la luz de unos versos

    que azoten el rayo.

    Fragmento de Poema IV.

    Se entrevé cierto ardor de libertad, de claridad. De hecho, el poemario nos llega lleno de palabras que denotan ese oscuro camino que es la vida. Intentamos sobrevivir en un entorno hostil, donde las luces apenas iluminan, las palabras apenas dicen, el miedo reina, y las heridas están repartidas por doquier.

    Forma parte de esta lucha diaria el estar sometido, el haber venido a un mundo donde casi se tiene que pedir permiso para vivir, donde nos ceden una parcelita para habitar, a cambio siempre de un precio.

    Vagan por los andenes

    perdidos en el vértigo

    de la prisa, ahogados

    por el grito salvaje

    de estas ciudades. Títeres

    movidos por los hilos

    del poder de las élites

    de estos nuevos imperios.

    Poema XXXII

    Se ve en este poema la crítica feroz a unas élites, a un sistema que nos marca la vida y no nos deja opción.

    Es interesante la aparición de CERO a lo largo del poemario, como un recordatorio de que, al final, todo es CERO. Y aparece así, en mayúsculas, recordando que nunca nos abandona, porque CERO es CERO, nada es nada, CERO quizás somos nosotros; una nada que intenta ser algo en medio de esta descarnada lucha que son los días, y aunque gritamos, caminamos, luchamos, arañamos… siempre está CERO alrededor para hacernos saber que a él volveremos. Ese intento de salir a flote sin lograrlo, ese miedo del que a veces regresamos menos vivos que muertos.

    Que la vida nos mata poco a poco, que el tiempo es un arma sutil que nos transforma, nos hiere, nos elimina los sueños, es una idea que planea por todo el poemario: la vida rompe, hace que lo perdamos todo sin quizás haberlo tenido, y esa lucha por seguir adelante, inevitablemente, aja el cuerpo y muerde las ilusiones:

    Si bien es cierto que hay ciertas palabras que marcan la espina dorsal del poemario, palabras como oscuridad, espejo, roto… querría destacar el miedo. El miedo tiene una presencia constante, y me transmite la idea de que el ser se encuentra indefenso ante lo desconocido, ante la vida y el vivir sin saber qué ocurrirá, a sabiendas de que ocurrirá y, probablemente no será bueno. El verso como un alarido desesperado que busca aportar la luz entre tantas sombras, la belleza entre tanta atrocidad, la compañía ante tanta soledad.

    Es el agotamiento de vivir, cuando casi la vida apenas depende de nosotros.

    Sólo nombrar al viento

    nos libera y nos da alas.

    Esa necesidad de libertad, de la que hemos hablado al principio, reaparece en algunos versos, sutil, casi efímera, pero presente como contraste al agotamiento de vivir.

    Es un poemario que, en cierto modo, se me antoja como algo que se abre y se cierra, y en el camino, esta batalla infinita, e invencible, que es el pasar de los días, la propia vida, entre gritos y oscuridades.

    Es un poemario abrumador que atrapa y se clava. Describe el dolor, ya no de uno, sino de cualquier persona, de una manera magistral, con un vocabulario muy bien escogido, que se repite a lo largo del poema, dando todavía más énfasis al dolor y la lucha de la vida. Me ha parecido un poema muy maduro, muy afilado y muy doloroso, del cual recomiendo la lectura pausada, poco a poco, para darnos cuenta, para quizás espolearnos a abrir los ojos y ser capaces de tomar las riendas de la vida y hacerla un poco más amable. Aunque parezca prácticamente imposible.

    Miguel Fernández RIvero (Morón de la Frontera, 1958), comenzó a escribir poesía desde muy joven, adquiriendo una madurez importante en su poética a lo largo de los años. Tiene diversos libros publicados, el primero en el año 186 (Imágenes de un espejo), hasta llegar a 2022, donde Opera Prima nos ha concedido el regalo de disfrutar de este su último libro, CERO.

  • Los ojos desdibujados, de Jorge López Llorente (Ed. Cuadranta, 2021)

    Los ojos desdibujados, de Jorge López Llorente (Ed. Cuadranta, 2021)

    Cuando nos miramos en un espejo, ¿nos vemos realmente a nosotros? ¿Qué es en verdad lo que vemos? Este poemario se centra en diferentes “yo”, que a lo largo del libro fluctúan para dar distintas voces de una misma realidad.

    Partiendo ya del título, y a medida que avanzamos por los poemas nos damos cuenta de la importancia cabal que tienen en estos poemas los ojos, las miradas.

    Un poemario que empieza en el espejo y termina en el espejo, dejando por medio miradas, ojos que miran y ojos que ven, los ojos míos, los ojos tuyos, cierto desdoblamiento y a su vez, la identidad de una mirada.

    El mismo autor nos explica en la nota introductoria que el poemario se encuentra dividido en dos partes, y marca esa separación Sombras, el poema más largo de todo el libro, un poema oscuro donde parece que se han perdido las miradas y todo es una oscuridad revuelta y caótica, casi apática y llena de olvidos. Incluso algunas sombras parecen cobrar vida, y ver, y hablar… para no reconocer. Es una pérdida de mirada, una pérdida de luz

    Una marea de siluetas ensombrecidas

    se bañan en mí y salen y vuelven,

    como en un río de fragmentos, cambiante.

    Me sale una medio sonrisa nerviosa. Me fundo en negro,

    me hago fondo de sombras chinas y oscuridades.

    Fragmento poema Sombras

    Los ojos desdibujados (Cuadranta, 2021)

    Los primeros trece poemas nos dan una visión algo genérica e indefinida, de algunas miradas, de instantes que esas miradas observan, o viven, o sienten. Podría ser cualquiera y, sin embargo, veo a alguien detrás, un yo que se dirige a un tú, aunque este yo y este tú podrían ser todos y nadie a la vez.

    Oscilando entre el verso blanco y el verso libre, estos poemas tienen un aire ligeramente oscuro, pero con asomos de claridad; las miradas pueden ser claras, pero esconden un rincón oscuro, que a veces va más allá de lo visto para adentrarse en uno mismo

    Eres tú, ¿verdad?

    No sé si esas imágenes de ti las imaginé,

    en otro tiempo, otro tú.

    ¿Dónde se esconde tu mirada?

    de la que se cayó con su destello, apenas sin rastro?

    ¿Dónde está esa luz que aletea y vuela

    en mi memoria pintándola de tu voz?

    Ahora son otras las pupilas huecas, sin parpadear

    Fragmento poema Virtualmente irreconocible

    Jorge López Llorente

    Los últimos trece poemas aparecen, en algunos poemas, personajes definidos, que poco a poco dejan de verse. Es como si en los primeros poemas los ojos estuvieran abiertos, y empiezan mirando en un espejo, introduciéndose en lo que se ve dentro de un espejo, y en esta segunda parte, los ojos se cerraran y todo terminara con la mirada del espejo hacia afuera: el poder del espejo es que tiene el dominio del reflejo, y es su venganza.

    A mi gusto

    te envanezco o te humillo, te reflejo y te empaño,

    dibujo y desdibujo tus rostros y cuerpos,,

    pero a ti te da miedo romperme, ja…

    Te muerdo. Te hundo, en frío, en mí,

    pues soy tu herida y tu cuchillo de cristal.

    (No es nada personal).

    Fragmento poema La venganza del espejo

    Los ojos desdibujados es un poemario muy bien escrito, con un gran dominio del lenguaje y mucha profundidad. Un libro que se abre y se cierra en sí mismo, como una mirada que se abre, ve, y acaba cerrada para ver más allá.

    Jorge López Llorente es graduado en Lengua y Literatura Inglesa por la Universidad de Oxford, donde recibió el premio Mason Lowance. Tiene diversas publicaciones en revistas en español e inglés y su relato “Igual que antes” fue merecedor del Premio Mordedores. Los ojos desdibujados es su primer poemario y es un libro que recomiendo leer con atención, para llegar a darse cuenta que todo en él está relacionado de algún modo, que las miradas esconden y ven mucho más de lo que creemos; este libro es una mordida que deja marca.

  • Ana Saavedra: La poesía ante todo es un arte que merece respeto.

    Ana Saavedra: La poesía ante todo es un arte que merece respeto.

    Para empezar, ¿podría usted contarnos un poquito de su vida y actividad literaria?

    Ante que otra cosa, estoy muy agradecida con esta entrevista. Yo tengo casi once años escribiendo con la intención de que otros me lean. Es un camino complicado, repleto de retos y cansancio que vencer. Comencé haciendo reseñas de mis lecturas, entrevistando escritores, mandando textos a concursos con la fortuna de ganar algunos de ellos. Participando en antologías, revistas, publicaciones a la vez que fomentando la lectura en la comunidad Anaquel Literario, de la que soy fundadora desde hace casi diez años.

    Hoy día colaboro en una estación de radio del estado de Querétaro, con una cápsula literaria semanal. También con el canal de EDUCAL, por YouTube, soy directora de Creación Literaria de una fundación cultural en mi estado, y formo parte de la mesa directiva del Consejo Literario del estado de Querétaro. Además de dar talleres de literatura de forma virtual y de dirigir clubs de lectura para niños de forma presencial. Ahora que lo veo escrito, entiendo porqué me queda poco tiempo para otra actividad!

    Usted se mueve en distintos géneros, poesía, cuento… ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas literarias y qué autores le influyeron?

    Uno de los primeros escritores que impactó mi vida sin duda fue Horacio Quiroga. Le quitó lo formal a la lectura y me permitió darme cuenta de todas las vertientes que tiene leer y las infinitas posibilidades que le da a un lector el poder viajar entre los amplios espectros del género humano.

    León Tolstói es mi autor favorito; lo he explorado y disfrutado como a ningún otro. Pero su influencia se detiene en que hicieron nacer en mí la necesidad de explorar mis propias letras, ideas, miedos, gustos y sentimientos.

    ¿Cómo definiría su poesía?

    La poesía para mí es un bálsamo. La utilizo poco. La reservo para esos sentimientos que no caben en una historia. Para esas instantáneas fugaces que anhelo atrapar en imágenes. No me considero profesional, pero encuentro en ella mucha satisfacción.

    ¿Cree que el poeta evoluciona en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

    Seguro que sí. Yo antes de escribir narrativa, escribí poesía. Esto siendo niña pequeña. Me gustaban la rimas y rimaba sin ton ni son, pero con profundo placer. Quiero creer que mis capacidades han cambiado a lo largo de los años, que las imágenes se han vuelto más maduras y su efecto mejor.

    Ha mencionado usted anteriormente que es fundadora de la comunidad llamada Anaquel Literario; ¿podría hablarnos un poquito de ello?

    Con el afán de ayudar a los escritores a concertarlos con sus lectores potenciales, fue que fundé esta comunidad que hoy día cuenta con más de ciento cincuenta mil seguidores y con presencia en casi todas las redes sociales. Siempre ha sido una labor altruista, he contado con grandes colaboradores que donan su tiempo y a mor por las letras. Un os han permanecido, otros han pasado dejando su magia. Allí es donde actualmente hago entrevistas en vivo, de forma mensual, a escritores de todo el mundo. Pueden seguirnos si buscan el nombre en las distintas redes sociales, siendo la más activa la de Facebook.

    También tenemos entendido, y usted ha confirmado anteriormente, que ha sido nombrada parte del equipo directivo del Consejo Literario Querétaro. ¿Podría explicarnos un poquito qué es y a qué se dedican?

    Es un proyecto ciudadano que busca crear un vínculo en el gremio de escritores queretanos, y los demás agentes involucrados en la publicación. Editores, ilustradores, correctores, etc. Además de tener presencia en la Secretaría de Cultura de Querétaro y funcionar como un canal entre ambas partes. Gestionando proyectos literarios y espacios físicos para presentaciones de libros y actividades afines.

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    Para mí es un gusto personal que disfruto de forma casi privada. No pretendo más que guardar para mis anhelos y sueños más preciados. Si en el camino encuentran eco en alguien más, será maravilloso. Por otro lado, mis textos de narrativa sí me gustaría que cuando yo ya no esté aquí, mis letras permanezcan.

    ¿Qué lugar ocupa, para un poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Me gusta mucho estar detrás del micrófono. Me gusta leer en voz alta aunque no tengo especial entrenamiento actoral que considero fundamental para leer poesía. Puedo leerla con disfrute. Pero prefiero hacer lecturas de mis cuentos o relatos.

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?

    Son una oportunidad para cualquier escritor. Es un trabajo duro y cansado autogestionarse, pero ahora al menos se tiene ese recurso a la mano y sin duda ha sido la diferencia en muchos casos. El mío propio. Así fue como comencé y me animé a entrar a este mundo tan complicado.

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor que le haya gustado especialmente?

    POESÍA NO ERES TÚ

    Porque si tú existieras,

    tendría que existir yo también. Y eso es mentira.

    Nada hay más que nosotros: la pareja,

    los sexos conciliados en un hijo,

    las dos cabezas juntas, pero no contemplándose

    (para no convertir a nadie en un espejo)

    sino mirando frente a sí, hacia el otro.

    El otro: mediador, juez, equilibrio

    entre opuestos, testigo,

    nudo en el que se anuda lo que se había roto.

    El otro, la mudez que pide voz

    al que tiene y reclama el oído del que escucha.

    El otro. Con el otro

    la humanidad, el diálogo, la poesía, comienzan.

    De la escritora mexicana Rosario Castellanos.

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Estoy terminando uno llamado «Detrás del muro», de Sabine Shütze, que habla sobre sus vivencias al ser una niña y atestiguar la caída del muro de Berlín desde la RDA. El siguiente jueves me toca acompañar a la autora a presentar su libro en la Secretaría de Cultura del Estado.

    ¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    Que lea mucho, poetas del pasado y de la actualidad. Que estudie sobre poesía, teoría, métricas, puntos de vista. Actualmente es muy fácil para algunos calificar como poema casi cualquiera pensamiento. Y la poesía ante todo es un arte que merece respeto.

    ¿Cómo ve actualmente la industria editorial?

    Los escritores noveles o independientes deben tener muy claro adónde quieren llegar con sus letras. Eso va a determinar mucho su camino a seguir. La industria editorial tiene la finalidad de vender. Es comercial, un negocio. Y cada quien debe dedicar mucho tiempo a pensar si quiere irse por ese camino o no.

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    Me gustaría decirle que me sigan en mi página de escritora y así pueden conocer un poco más sobre lo que hago y con suerte estar en su interés literario, así que les dejo mi link aquí y agradezco a quienes entren y se pongan en contacto conmigo.

    https://www.facebook.com/escritoraqueretana/

    Muchas gracias por estas preguntas. Lo pasé muy bien platicando con ustedes.

  • Primer Concurso de Poesía Estatal Arturo Mariño (Nuevo León, México)

    Primer Concurso de Poesía Estatal Arturo Mariño (Nuevo León, México)

    Este año ha tenido lugar la primera edición del Concurso de Poesía Estatal Arturo Mariño, en México. El concurso fue organizado por el poeta y maestro Eligio Coronado, y se llevó a cabo en la Ciudad de Monterrey, Nuevo León, México.

    Los participantes debían ser poetas mexicanos residentes en Nuevo León y se participaba con el envío de tres poemas de tema libre. El jurado estuvo formado por tres escritores reconocidos, entre ellos don Arturo Mariño, y el fallo tuvo lugar el pasado 11 de Junio en el Café Bar Monstera (Morelos).

    El ganador de esta primera edición resultó ser David Granados (Monterrey, Nuevo León, 1974), un escritor emergente que ha sido publicado en dos ocasiones por la Editorial Canto del Libro, y tiene una librería online llamada Funámbulo.

    David Granados, ganador del Primer Concurso de Poesía Arturo Mariño, 2022.

    Aquí os reproducimos los tres poemas con los que David se proclamó ganador del Concurso, así como uno adicional que serán parte de su próximo poemario. Así mismo, al final encontraréis la traducción de los poemas ganadores al catalán; David Granados tiene previsto un viaje próximamente a Andorra, y por ese motivo, sus poemas empiezan a traducirse al catalán.

    Que los disfrutéis!

    47

    Pareciera una obviedad

    plantar un pie después del otro,

    sentarme en la orilla de la cama y extender

    los brazos simulando una victoria.

    Pero no estoy subiendo sudoroso una escalera en Filadelfia.

    No se oye la guitarra sucia de Eye of tiger,

    no tengo frente a mí la pelea del siglo.

    Lo que sí tengo es un lavabo y un espejo.

    Un cepillo y la pasta de dientes,

    el café previo al desayuno.

    Una lista de reuniones por cancelar.

    Quisiera tener la memoria del poema.

    Su arrojo al saber que duele más lo que se olvida.

    Pero el día transcurre y se despoja

    de todo intento de escritura.

    Quizás ya llegué a la cima de mi ruta,

    y sólo queda plantar un pie después del otro,

    sentarme a la orilla de la cama.

    Extender los brazos y simular cada día una victoria

    como aquel que encuentra tan sólo

    el monumento gastado de su nombre

    al final de una escalera.

    ESTRABISMO

    Tengo estrabismo como mi padre.

    Me esfuerzo en disimularlo pero las fotografías no mienten.

    Tendré que probar con cirugía

    o algún día dejaré de conducir.

    Igual que él, no le he dado la importancia que se requiere.

    He postergado la compra de nuevos lentes.

    Fallo en reconocer los rostros a cierta distancia.

    Me he acostumbrado a bajar las escaleras con cuidado,

    a no conducir a más de 60 o 70 kilómetros por hora.

    Los subtítulos se difuminan,

    me es difícil enfocarlos en la sala de cine.

    No así mis lecturas.

    Contrario a su naturaleza, el poema se muestra nítido,

    se presenta claro como una advertencia,

    igual que un semáforo en rojo en medio de la noche.

    Mi padre murió a los 55 años.

    Su estrabismo no fue un impedimento para ejercer su trabajo.

    Manejaba con una habilidad indiscutible

    el torno, la fresa, las pinzas, las herramientas de precisión.

    Nunca dejó de conducir, y salió bien librado de algunos accidentes.

    Tenía el hábito del corto alcance.

    De no pensar más allá de pasado mañana.

    Quizás tengo más cosas en común con él.

    Hoy saqué del librero la antología de Sabines que le pertenecía.

    En dos meses cumpliré 48 años

    y todavía no he sacado cita para mis lentes.

    EVOCACIÓN AL SALIR DEL RESTAURANTE

    Digamos que he aprendido a contemplarte a la distancia.

    Mientras caminamos rumbo al auto

    y dejamos atrás el mismo restaurante de los martes,

    adivino tus gestos,

    tu movimiento de cejas y esa forma de tocarte el rostro

    cuando tienes sueño.

    Quizá sea mi oficio, la imperfección de mis nostalgias

    o mi colección de despedidas,

    pero he desarrollado la destreza de evocarte

    como un sueño interrumpido

    o una derrota anticipada,

    de ir un paso atrás cuando caminamos rumbo al auto

    y dejamos atrás el mismo restaurante de los martes,

    con su reciente remodelación y su aumento significativo

    de clientes y de precios,

    con sus nuevos murales y variedad de tragos.

    ¿Será que ya no es el mismo restaurante?

    —Lo pienso mientras enciendo el auto—

    Tal vez ahí puede haber un poema,

    encerrado en el mismo sitio que ahora luce diferente,

    en esta ciudad de grandes edificios,

    con su geografía de hastíos y arrebatos.

    O quizá se encuentra aquí, en el vacío que dejarás

    en el asiento del copiloto cuando llegues a casa

    y yo me quede en el coche

                                                                           descifrando

    la impaciencia de este instante.

    Genes (is)

    A David Granados, El Ruso

    He de reconocer que te aprendí algunas cosas.

    Por ejemplo:

    que no se puede huir

    sin descuidar alguno de nuestros órganos.

    Que la noche no se cansa de buscar nuestros defectos.

    Te aprendí algunos trucos

    hasta convertirme en un mal trazo de tu mano.

    Que siempre hay algo por reparar en casa,

    una tubería

    un enchufe

    alguna llave

    una grieta que incomode a la vista.

    Que el poema surge en el polvo de los retratos

    Y al contemplar

    aquella grieta que delinea tu nombre,

    Las tuberías

    los enchufes

    las goteras de la casa

    me incomodan estas horas,

    así como incomoda mi rostro sumergido

    frente al espejo ennegrecido del recuerdo.

    Traducción al catalán por Gemma Rabaneda (Ze Pequeño)

    47

    Podria semblar una obvietat,

    plantar un peu rere l’altre,

    asseure’m a la vora del llit i estendre

    els braços simulant una victoria.

    Però no estic pujant, suat, una escala de Filadelfia.

    No se sent la guitarra bruta d’Eye of Tiger,

    no tinc al meu davant la baralla del segle.

    El que sí tinc és un lavabo i un mirall.

    Un raspall i pasta de dents,

    el café previ a l’esmorzar.

    Una llista de reunions per cancelar.

    Voldria tenir la memoria del poema.

    La seva gosadia en saber que dol més el que s’oblida.

    Però el dia passa i es despulla

    de qualsevol intent d’escriptura.

    ESTRABISME

    Tinc estrabisme com el meu pare.

    M’esforço en dissimilar-ho, però les fotografies no menteixen.

    Hauré de provar amb cirurgia

    o, tal volta, algun dia hauré de deixar de conduir.

    Igual que ell, no li he donat la importància que requereix.

    He postergat la compra d’unes ulleres noves.

    Fallo a l’hora de reconèixer els rostres a certa distància.

    M’he acostumat a tenir cura quan baixo les escales,

    a no conduir a més de 60 o 70 kilòmetres per hora.

    Els subtítols es difuminen,

    m’és difícil enfocar-los a la sala del cinema.

    Però no així les meves lectures.

    Contrari a la seva naturalesa, el poema es mostra nítid,

    es presenta clar com una advertència,

    igual que un semàfor en vermell enmig de la nit.

    El meu pare va morir als 55 anys.

    El seu estrabisme no va ser un impediment per fer la seva feina.

    Feia anar el torn, la fresa, les pinces, les eines de precisió.

    Mai no va deixar de conduir, i va sortir ben parat d’alguns accidents.

    Tenia l’hàbit del curt abast.

    De no pensar més enllà del demà passat.

    Potser tinc més coses en comú amb ell.

    Avui he tret de la llibreria la seva antologia de Sabines.

    En dos mesos compliré 48 anys

    i encara no tinc cita per les meves ulleres.

    EVOCACIÓ EN SORTIR D’UN RESTAURANT

    Podríem dir que he après a contemplar-te en la distància.

    Mentre caminen cap al cotxe

    i deixem enrere el mateix restaurant dels dimarts,

    esbrino els teus gestos,

    el teu moviment de celles i aquella forma de tocar-te la cara

    quan tens son.

    Potser sigui el meu ofici, la imperfecció de les meves nostàlgies

    o la meva col·lecció de comiats,

    però he desenvolupat la destresa d’evocar-te

    com un somni interromput

    o una derrota anticipada,

    d’anar un pas enrere quan caminem cap el cotxe

    i deixem enrere el mateix restaurant dels dimarts,

    amb la seva recent remodelació i el seu augment significatiu

    de preus i clients,

    amb els seus nous murals i la varietat de begudes.

    Serà que ja no és el mateix restaurant?

    -ho penso mentre encenc el cotxe-

    Potser allà pot haver un poema,

    tancat en el mateix lloc que ara llueix diferent,

    en aquesta ciutat de grans edificis.

    amb la seva geografia de tedis i rampells.

    O potser es troba aquí, en el buit que deixaràs

    en el seient del copilot quan arribis a casa

    i jo em quedi al cotxe

                                                   desxifrant

    la impaciència de l’instant.

    GENES (IS)

                                                                   A David Granados

    He de reconèixer que t’he après algunes coses.

    Per exemple:

    que no es pot fugir

    sense descuidar alguns dels nostres òrgans.

    Que la nit no es cansa de cercar els nostres defectes.

    T’he après alguns trucs

    fins a esdevenir un mal traç de la teva mà.

    Que sempre hi ha quelcom a casa per reparar,

    una canonada,

    un endoll,

    alguna clau,

    una esquerda que incomodi la vista.

    Que el poema sorgeix en la pols dels retrats.

    I en contemplar

    aquella esquerda que delinea el teu nom,

    les canonades,

    els endolls,

    les goteres de la casa

    m’incomoden el meu rostre submergit

    davant del mirall ennegrit del record.

  • Trifulca en la azotea, de Irene Zalba Cabanillas (Ed. Autografía)

    Trifulca en la azotea, de Irene Zalba Cabanillas (Ed. Autografía)

    Tras esa portada colorida y viva nos encontramos una serie de poemas, textos en rima, algún relato e incluso ilustraciones realizadas por la propia autora, en los que se nos desgranan diversas emociones, sensaciones y sentimientos.

    Desde un punto de vista interior y subjetivo, Irene deja pequeños textos en los que se cuentan vivencias y sentimientos de una manera clara y cercana. Algo curioso es que el libro no tiene índice, los escritos, salvo alguna pequeña excepción, no llevan título, y no hay un orden marcado o establecido de lectura. Eso nos lleva a que el lector pueda encontrar una emoción, una sensación, y que pueda leer los textos de manera independiente.

    Tanto la ilustración de la portada como el título Trifulca, ya nos lleva a pensar en una mezcla de cosas en cierto desorden; vendría a ser un reflejo de libro: ideas expuestas de manera consecutiva, pero independientes entre ellas, dejando pequeñas perlas de sentimiento en cada página.

    Así, nos encontramos con poemas de amor y ausencia

    Entre pared y pared dejé mi sonrisa

    para que, al pasar, mirarla consigas.

    Déjate ver con el alma rota,

    trozos enlazados, besos en tu boca.

    Poemas que nos hablan de pasión:

    lo que hemos vivido, nadie lo va a tener,

    como ese doble golpe que das a mi corazón

    cuando aprietas mi piel con tanto furor.

    Nostalgia, soledad y tristeza

    Aun dejándolo marchar, mi corazón sangra cada vez más.

    Respiro, recuerdo, intento contener mi más triste aliento.

    Huellas secas en mi piel,

    labios hartos de esperar

    lágrimas dibujadas con pincel,

    es un recuerdo, nada más.

    En el fondo, es un poemario vital, en el que se reivindica el amor, el buen hacer, la luz… las cosas positivas, a pesar de exponer en muchos de sus textos, emociones cercanas al dolor, la soledad, el vacío, el olvido o la pena, siempre siempre ofrecen ese contrapunto que reclama más dedicación y más sentimiento en todas las cosas que se hacen y viven:

    Demos más abrazos sinceros, más besos mojados,

    cuidemos de los nuestros, y amemos lo que hacemos.

    Sintamos ese primer café de la mañana, esa brisa lejana

    miremos a la luna, como si de una extraña se tratara

    rompamos barreras impuestas al amor

    sellándolas con nuestro más puro valor.

    Como opinión personal, decir que me ha parecido un libro luminoso y esperanzador. Expone instantes o emociones tristes, ciertamente, pero en líneas generales, me parece que siempre hay un pequeño rescoldo de luz que aporta esa esperanza tan necesaria. Es un libro que, además, se puede abrir por cualquier página y encontrar un escrito con el que, seguramente, el lector se sentirá identificado, porque si algo prima en este libro de Irene es, sin duda, que los escritos tocan prácticamente todas las emociones humanas.

    Trifulca en la azotea es un libro diverso, cercano y escrito con una sencillez que hace que su lectura sea tranquila agradable y plácida.

  • Sodio, de Rebeca Tejedor (Ed. Platero, 2022)

    Sodio, de Rebeca Tejedor (Ed. Platero, 2022)

    Después de haber leído y releído Sodio, he llegado a la conclusión que voy a hablar poco de Sodio, porque creo que no le haría justicia, y lo mejor que podría deciros es que leáis este libro, porque de él se aprende, con él se siente, se llora, se teme, se vive, se explota, se cede.

    Crudeza, belleza, vida y dolor. Sodio nos abre las puertas a una intimidad herida pero valiente, a una fuerza innata que se coloca frente al espejo y se atreve a seguir e insistir, aunque se sienta en pedazos, porque, aunque sea en pedazos, sigue siendo. Y sabe que ha de ser.

    Carente de género literario, casi me atrevería a decir que Sodio es un género en sí mismo, este libro es un camino vital con todas sus vertientes, desde el ámbito emocional. Sodio duele; despierta un llanto amargo que se oculta en la garganta, porque el sol brilla fuera, más allá de esta sala fría, y los días se siguen sucediendo sin pausa, y quizás no es el momento para que salga, pero ahí está, clavado como la flor que se deshoja antes de tiempo, pero que nunca llega a perder el último pétalo.

    Sodio, de Rebeca Tejedor. (Ed. Platero)

    Desesperanza y esperanza se dan mano de una manera muy sutil, mostrando debilidades y a su vez coraje, aunque todo con un fino velo de desconcierto, que hace que una busque en las profundidades de su propio seno, la propia identidad antes de que se desvanezca.

    Trato de recomponer el fuego con las astillas dispersas, pretendo hacer que sobreviva la llama sobre un manto de agua dormida.

    A lo largo del libro a veces aparece una ventana a un pasado, a un tiempo lejano; como si revivir esos tiempos fuera una manera de, o bien aferrarse a la vida, o bien recordar y revivir lo que una ha sido o vivido, antes que se olvide del todo. Es una manera, en cierto modo, de saber que esa vida sigue en algún lugar, aunque haya cambiado el paisaje y el aspecto. Esa vida sigue ahí, aunque quizás esté algo dormida y sujeta por otras manos.

    Sodio es una palabra que no se nombra, pero que se clava; y una vez el lector ha descubierto esa cabeza de hormiga, el libro se convierte en un mar, en un oleaje de subidas y bajadas, en un ir y venir entre sillas naranjas y líquidos que se cuelan en el ánimo hasta empaparlo.

    Vuelvo a casa con el cuerpo lleno de líquido y un encuentro de almas que me hace pensar que hay algo más que carne en esta vida. Aprovecho para llenar el estómago antes que la propia boca me lo prohíba. /Tengo la cara cuarteada, las manos cruzadas y el pecho abierto/.

    La dicotomía negro-blanco se abre paso como emociones transitorias que no dejan de repetirse, como la vida misma. Todo es un vaivén sensitivo y emocional, que empieza siempre en el impulso de decir sin decir, pero diciendo todo con palabras veladas, preciosas metáforas, hirientes espadas que a veces se tornan de seda y en lugar de herir, acarician el alma, porque a veces la fuerza decae, y es entonces cuando es más necesario acariciarla, aunque sean las propias yemas las que lo hagan, o una mirada tras una bata blanca.

    El viaje me está resultando más intenso de lo que pensaba desde que empezó el trayecto tengo las profundidades del mar Egeo sobre las córneas y todo su absoluto velado en negro se me desborda. Mi absoluto es la cabeza de la hormiga, lo relativo es que ella vive y yo no estoy muerta.

    Rebeca Tejedor

    A veces, Sodio se intuye como una necesidad, para que pueda al fin vaciarse y dejar de ser sólo huesos; para soltar aquel peso negro que que cuando rueda siento su cosquilleo, pero nunca me río.

    /Camino en círculos sobre mi pecho, veo a Octubre deshecho entre mis pulmones, tengo un grito en los labios, pero ya no hay aire…/

    Son momentos concretos que responden a instantes que despiertan impulsos que han de soltarse, y lo hacen con una extrema sensibilidad y con hermosas imágenes que dejan un sabor a sal en la garganta; cosas tan propias del estilo de Rebeca que la hacen absolutamente inconfundible.

    Sodio es beso en la herida y sal en la cicatriz. Amarse a una misma a pesar de no sentirse (entera), como un amanecer que no encuentra el sol, aunque el calor empieza a hacer mella en la piel y la mirada.

    La fragilidad se muestra sobre el manantial de las venas que fluyen apartadas del riego para ser agua: tus ramas enredadas, mis hebras sueltas: tus nidos espesos, mis cantos vacíos. El mundo ha sido retenido en un suspiro…

    Sodio es la crudeza y la belleza; belleza que nos llega por ese lirismo delicado y mágico que escapa de la pluma de Rebeca sin apenas haber sido pensado o retocado; una vivencia que nos lleva al ámbito más íntimo de Rebeca, con su particular oleaje emocional y esa esencia de salitre.

    Exhalo, escribo y huyo. No quiero el aliento que bajo sus párpados trae dos ojos muertos.

    Sodio es uno de los libros más especiales que ha caído en mis manos. Aunque no lo parezca, la autora se abre en canal para mostrar su heridas más profundas, las que gritan a pleno pulmón con una voz que susurra, de manera casi imperceptible, pequeñas esperanzas en las que no se tiene demasiada fe, pero se quiere creer.

    Es un libro que se tiene que leer, despacio, con el pecho abierto, sintiendo en la piel cada aguja, cada destello de luz brillante y cada anochecer silente. Sodio es un libro magistral que marca un antes y un después en la trayectoria de Rebeca Tejedor; sin duda alguna, la autora ha cedido a sus impulsos más personales para regalarnos un libro que no deja indiferente a nadie, que atrapa para no soltar.

    Rebeca Tejedor vive en Madrid y es Sensei de poesía japonesa, poeta y redactora y editora de la Revista Abierta de Poesía Poémame. Con una escritura sensitiva e impulsiva, publicó su primer poemario en el año 2017, La esencia está en el aire. Cinco años después, nos sorprende y nos gana con Sodio; un libro que tardó años en tener la forma definitiva y, sin duda alguna, un libro que recomiendo indiscutiblemente.

    ¡IMPORTANTE SI VIVES EN MADRID O ALREDEDORES!

  • Si em preguessin els àtoms, de Marc Freixas (El Petit Editor, 2020)

    Si em preguessin els àtoms, de Marc Freixas (El Petit Editor, 2020)

    Aquest poemari, que va veure la llum el passat Juliol de 2020, es mostra dividit en tres parts amb títols molt clars, que marquen el camí cap on ens duran els poemes. Només amb un cop d’ull, ens podem fer una petita idea que aquí trobarem foscor, però també llum i, com no, una cosa força habitual en la poesia d’en Marc Freixas, amor per la llengua i la terra. Però anem a pams.

    En línies generals, la poesia d’en Marc és una poesia viva, extremadament lligada als sentiments, a les emocions, al món interior. Sovint, els seus versos són finestres cap a un mateix, i això la converteix en una poesia profunda i intensa, que sap tocar precisament aquella tecla tan íntima i fer florir, així, les emocions més privades.

    En la primera part, Si em troba la foscor, l’autor ens acosta a la part més fosca, tan necessària a vegades per tal de trobar la llum:

    De vegades és necessari penetrar la pròpia llum que ve de dins per arribar a descobrir on s’amaga la foscor.

    Ens convida a fer un viatge interior, a través de les ombres que sovint ens poblen, però ens estén la mà de la tendresa; ens exposa, de manera directa, els temors i la tristesa que la foscor sol portar implícits. L’amor a les paraules, tan present en els versos del Marc, és el que ens pot ajudar a trobar el camí cap a la llum, la poesia, perquè el Marc creu en la poesia com allò que pot canviar-ho tot:

    Però també llegeixo sovint,

    i llavors la meva ànima

    s’eixampla i se’n va del cos,

    i després quan torna,

    ho fa tot per fer-me saber

    que és una mica més eterna.

    És una foscor dolorosa i intensa, que pren tot allò que deixem que ens prengui. El dolor, des d’aquesta foscor interna, és més intens, és més afilat, i així ens ho mostren els poemes que configuren aquesta primera part del poemari: poemes que traspuen tristesa, poemes que deixen ferida.

    Tanmateix, la foscor és part de la vida, i això l’autor ho sap, com sap que conviure amb ella és, de vegades, l’única manera d’arribar a convertir-la, mitjançant les paraules, l’amor o la tendresa, en aquella llum que s’amaga i que només cal saber trobar, en certa manera, en soledat; en un mateix. Perquè moltes vegades, si no la majoria, la foscor esdevé un viatge que cal fer en soledat, acceptant, sentint, i descobrint que al final, un serà capaç de trobar aquella tendresa, aquella claror, que ens han de ser amor i vida.

    Si no t’esperes,

    la llum fosca

    voldrà tenir-te.

    Només vull rebre’t

    amb la mà estesa…,

    amb la mà oberta, preparada,

    fins obrir la llum clara.

    Arribar al paradís

    després de tot.

    Una primera part consumida per la tristesa i el dolor. Tanmateix, el poeta sap, malgrat que potser ara no les pugui trobar, que hi ha aquella llum brillant que ens porta l’amor i la poesia, i sap que per arribar a aferrar-la amb tota l’ànima, s’ha de caminar per la foscor, per fer-la nostra, saber que és dins i anar a cercar-la. Encara que la derrota sembli eterna, la lluita no és acabada encara. Dins de les paraules, dins d’una mirada, en la bellesa intrínseca de les coses, en una mà estesa, també es pot trobar aquella llum que tanta falta ens fa per trencar el malefici de la tristesa i la soledat.

    La segona part, Si em ve la llum, inicia amb la idea que a través de la creació es pot arribar a sortir de la foscor; i qui diu creació, per extensió, també diu també poesia..

    Un to més esperançador se’ns obre en aquests poemes. Canviem la soledat per la companyia, la foscor per la lluentor. Ens adonem que veient, sentint i valorant les coses petites, també podem trobar aquell raig de llum que sovint creiem que ja no existeix. Són dues cares de la mateixa moneda, la foscor i la claror, la nit i el dia, el plor i el somriure. Dos antagonistes, i ambdós, tan protagonistes de la vida.

    M’agrada que siguis

    la casa, la bellesa, l’amor

    de la paraula per tots els poemes

    que busca, tossudament, la llibertat.

    Portada de Si em preguessin els àtoms, de Marc Freixas, il·lustrada per Grifoll.

    Saber-nos vius és, en certa manera, la raó per la qual no hem d’abandonar la lluita; saber-nos vius en el poema és la raó de fer-nos seguir en vida per aquest camí tortuós. Retrobar la màgia de la poesia, l’amor més pur, el ser conscients que som sabedors del secret dit a crits i vers a vers: que hi ha llum en la poesia, que hi ha llum a la vida, però que per arribar-hi, sovint hem de travessar els camins emocionals i vitals més foscos.

    Però retrobar

    també és tornar de l’amor,

    no només amb les paraules.

    En contrapunt a la part anterior, a la foscor, aquí trobem vers més lluminosos; si bé hi ha un cert vel gris, els poemes que configuren Si em ve la llum, deixen una petita marca d’esperança a l’ànim. L’amor (l’amor a la mare, la matriu d’aquest poema -un dels poemes més preciosos del llibre-, al pare, als fills, a l’art, a la vida) se’ns mostra com un origen, un camí, un recolzament a l’hora d’anar passant els dies. L’amor i la tendresa (i la poesia), pilars tan fonamentals per a nosaltres, se’ns mostren de manera subtil i delicada, i ens omplen l’esperit i la fe.

    La tercera part, Si em pren la meva llengua i la meva terra, em porta inevitablement, a la part més humana de l’autor, les seves arrels, la seva identitat, representada per una llengua, la seva llengua i la seva cultura

    He de parlar-te de viure.

    He de parlar de tu,

    llengua meva.

    Estima tota la poesia

    i abraça-ho tot.

    i la seva terra

    Però estimo aprendre cada dia a parlar

    amb la gent de prop de casa,

    que és la gent del meu poble,

    la gent de les arrels.

    És una tercera part intensa on, d’alguna manera, s’uneixen la foscor i la llum per retrobar la veritable essència del que som. El que ens fa ser és la identitat, i això ens ve donat, en part, per la cultura d’una terra i d’una llengua que és la nostra; en Marc ens parla de la seva essència, les seves arrels, el seu origen. El vol cuidar, preservar, protegir i estimar. Tanmateix, l’estima i la passió que l’autor desplega en aquests poemes duu un subtil vel de tristesa i de rebel·lia que es contagia i encén l’ànima del lector: tots tenim una terra i una llengua, i tots som part d’una cultura que ens fa ser com a poble.

    Però si hi ha un sentiment que a mi m’omple en aquesta tercera part de Si em preguessin els àtoms, és l’amor; és cert que l’amor és molt present en la poesia d’en Marc, però la força amb què l’autor ens parla d’aquesta identitat és la força d’un amor incondicional amb un bri de preocupació i desesperança.

    Som batec i som amor.

    Som la casas plena

    i la metàfora per dir.

    […]

    Qui vetllarà per salvar-nos

    de la mort de la cultura?

    Qui estimarà la poesia?

    però ai, que tampoc no hi manca cert esperit de lluita, sa i valent, per la salvació d’un poble i tot el que un poble com a tal significa:

    Salvar la llengua.

    No només per parlar-la,

    no no´mes per escriure-la.

    Salvar la llengua,

    com d’un futur que ens ve

    per alliberar-nos.

    En Marc Freixas és un poeta que estima les paraules, que creu en la poesia i el poder de les lletres per fer una vida millor, tant a nivell individual com a nivell col·lectiu. D’aquí que, en els seus poemes, el respecte cap els mots i la poesia és absolutament innegable; i això, en aquests temps que corren dins del món de la poesia, és totalment preciós i d’agrair.

    La senzillesa i la tendresa, l’amor i la poesia, són aquelles coses que poden arribar a salvar-nos d’una caiguda irremeiable; potser és dins nostre la sortida… La poesia d’en Marc és una branca on aferrar-se quan la vida ens tanca els ulls de tanta obscuritat al voltant.

    Si em prenguessin els àtoms és el seu cinquè poemari, i té la fortuna de comptar amb el pròleg de la Laia Llobera, l’epíleg d’en Jordi valls i una meravellosa coberta de Grifoll.