Cueva de Thánatos hace pensar inevitablemente en la muerte; Thátanos, dios griego de la muerte no violenta. Y a medida que me he ido adentrando en el poemario de Carmen, me he dado cuenta que, en cierto modo, podría ser un camino a la cueva de Thánatos.
Es un gran pequeño poemario que contiene poemas y pequeños retales de textos en prosa, que destacan por su profundidad. De hecho, me atrevería a decir que es un libro emocionalmente reflexivo.
En esas letras encuentro el análisis emocional del dolor, a través de la voz de una mujer profundamente herida, pero que ha aprendido a convivir con esas heridas. Con cierta inquietud desconcertada, (que vemos en las numerosas y acertadas preguntas sin respuesta que pueblan el poemario), con la aceptación del camino que le toca recorrer; podrían ser las limitaciones humanas ante la fuerza de los sentimientos y los recuerdos, y esas limitaciones nos llevan a aceptar ese dolor, pero casi por obligación, con cierta resistencia que se canaliza a través de estos textos y poemas.
La memoria es un notario implacable que recuerda fechas, sentimientos, aconteceres…
-Nos resistimos
Como reza este verso del poema Nos resistimos, no podemos huir de lo que nos configura, de lo que puebla nuestra casa, la memoria, los recuerdos… siempre aparecen en algún momento.
Cueva de Thántos, Carmen Pérez-Seoane Cullen
En el poemario de Carmen se nos hacen muy patentes el desamor, la ausencia, y los recuerdos o el olvido, y en cierta manera están asociados a la muerte; caer en el desamor es como ir lentamente hacia una muerte tranquila, aceptada, resignada:
desamorada me voy por el camino del morir
-Desamor
Me parece maravillosa la manera en que Carmen profundiza en el dolor y los sentimientos; como desgrana esas emociones para hacerlas llegar más allá de nuestros ojos; sentimos el dolor, sentimos el desconcierto, sentimos el miedo, sentimos la pena. La conexión que se crea entre los poemas y el lector es impresionante, gracias a la intensidad de los versos, a la austeridad de sus palabras, que lejos de sonar rimbombantes, son directas, claras, transparentes.
Esta idea la veo reflejada magistralmente en los versos finales de Hipótesis:
Cuando vuestros bisturíes
hayan diseccionado la vida
tendréis en vuestras manos el enigma
que nos hizo vivir
¿Con qué sustituiréis la vida?
Una lee estos versos e inevitablemente siente ese temblor frío mezcla de miedo y realidad, y se da cuenta que este poemario está lleno de sentimientos que son verdades, y quizás por ello es capaz de atravesarnos de esta manera.
Carmen, en este poemario, nos muestra la madurez y la profundidad de sus letras. El arte de saber plasmar y traspasar emociones, heridas; una manera de afrontar la vida.
El claro poder de los sentimientos, la firmeza humana que a menudo por ello se debilita, la vulnerabilidad para vencer las emociones y, a su vez, la fortaleza de enfrentarse a ellas con aceptación.
Quisiera terminar esta reseña con el poema Tristura. Quizás no sea el poema que resumiría toda la temática de todo el libro, pero creo que es una clara muestra de la intensidad, la profundidad y la belleza que sí son un resumen de Cueva de Thánatos.
Ya no me siento yo:
me sientes tú
¿por qué nacemos de dar muerte
a quién nos engendró?
Inexperto cirujano
que rajo al mundo
este hoy
en un doloroso parto
con el pasado:
sólo se hace el futuro
sobre el cadáver del presente:
no hay espejo
que no refleje
pasado o futuro
Presente inexistente
de recuerdos
configurado
de premoniciones
que buscan como intérpretes
al protagonista
que vivió la relación
que ahora autoriza
cuando el latido seco
entona la queumbre
de una tristura
de deshamor
hecha
voz
Carmen Pérez-Seoane Cullen es una gran pintora consagrada y amante de la cultura. Natural de Vitoria, estudió Bellas Artes en Madrid. Algunas de sus obras han sido la portada de sus libros. Cueva de Thánatos es el sexto libro que publica con la editorial Opera Prima.
Paula Casal nos enamora con su Lagartija poeta; un poemario distinto, alegre, sencillo pero que a su vez, esconde podríamos decir moralejas, o enseñanzas.
Con los animales como protagonistas, la autora teje una serie de historias o cuentos en verso, orientados a niños (y no tan niños); de ahí que la mayoría de los poemas estén escritos con versos breves, mayoritariamente en rima consonante, con una sonoridad estudiada y fluida, con una armónica distribución de los acentos y sonidos, que hace que la lectura sea agradable, sencilla y amena. También, en este sentido, destacar las ilustraciones de la propia autora que acompañan los poemas, ilustraciones elaboradas y sensibles, que ayudan a que la idea del poema ‘cale hondo’ en el lector.
El poemario va mucho más allá de los cuentos que relata; todos y cada uno de ellos esconde un mensaje tras las líneas que, gracias a esta estructura de rimas sencillas y poemas-cuentos, resulta muy sencillo de captar y comprender.
Portada de La lagartija Poeta
Es realmente fascinante como Paula Casal consigue captar la atención del lector, adulto o infantil, dejando huella con cada uno de los poemas, y arrancando a veces una sonrisa. Su poesía parece casi musical, y eso hace que se adentre con facilidad.
Creo que es un libro muy adecuado para leer con nuestros pequeños, puesto que los poemas cuentan una historia a medida de cuento, y eso capta la atención y permite que la idea de trasfondo quedé:
Tomemos por ejemplo el poema que abre el libro, el Ratón Pérez:
Por si alguien le tima
él deja muy poco
al niño que miente
o que se hace el loco.
Y al niño que grita,
que escupe y que muerde,
le deja una piedra
para que se acuerde.
Pérez deja claro
a quién dará más:
al niño que ayuda y
piensa en os demás.
Como podéis ver, el Ratón Pérez deja mejores regalos a los niños que son buenos. Y esto motiva a los niños a portarse bien.
Iba al matadero,
directa a la muerte,
cuando un aldeano
le cambió su suerte.
<<Deme aquella vaca,
para mi sobrina,
que tiene una granja,
con playa y piscina>>.
Allí va a su aire:
corre, sube y baja,
pasea tranquila,
duerme sobre paja.
-Fragmento del poema La vaca que ríe
Aparte del buen comportamiento, que es el que consigue los mejores regalos, Paula no enseña que los animales son más felices en su hábitat y libres. De hecho, la idea de que los animales son más felices libres, se puede ver en diversos de sus poemas como La vaca que ríe, El asno de Buridán o El circo sin personas:
¿Y qué clase de amo deja
morir así a un asno sano,
teniendo tanto alimento
al alcance de la mano?
-Fragmento del poema El asno de Buridán
Una de las ilustraciones de Paula Casal
Uno de los poemas/cuento que más me han llamado la atención es Circo sin personas. En esta historia, escrita en diferentes partes breves, la historia radica en unos animales de un circo que deciden librarse de la mano humana que los esclaviza. Paula muestra los pensamientos de los animales, sus conversaciones, mostrándolos incluso más ‘humanos’ que los propios humanos. Me parece importante la idea que se desprende de este poema, y es que los animales no son objetos, los animales son seres vivos que sienten, y cuando son felices es cuando se les deja vivir la vida que merecen y que les pertenece, y necesitan de un trato de cariño, como cualquier ser vivo.
Los animales hablan, explican lo que sufren, conspiran y consiguen salirse con la suya sin hacer daño a nadie, mostrando así su nobleza:
<<¡El Circo de la Alegría!>>,
gritaba el payaso listo,
<<hagan cola que, esta tarde,
van a ver lo nunca visto>>.
<<Lo nunca visto sería
que nos dejasen en paz,
nos llevasen de paseo
o a merendar en un bar.>>
[…]
Y así fue como empezó
El Gran Circo Sin Personas,
cuya fama trascendió
más allá del Amazonas.
El circo se convirtió
en un modelo a seguir:
no hacen falta barrotes
sin nadie quiere salir.
Queda de manifiesto la crueldad, el uso y el abuso, que los humanos hacen de los animales, cosa que les hace sentir tristes y sin ánimo.
En este poema se ve muy claro algo que me gusta mucho del poemario, y es que nos muestra lo que piensan y sienten los animales; de este modo, es como si ellos mismos contaran lo que sienten, las cosas que les ocurren, y esto ayuda mucho a verlos como lo que son: seres vivos que también sienten igual que nosotros, y apela un poco a la sensibilidad.
Incluso tenemos un cuento que muestra que los animales son buenos, que si pueden nos ayuda, como le ocurre a Jonás en Jonás y la ballena, que es una ballena la que consigue que Jonás se libre de sus cadenas, lleve a cabo su mayor proeza y consiga ser feliz en libertad. Si ellos nos ayudan a conseguir eso, nosotros también podemos ayudarles a ellos.
Otra idea que me parece realmente interesante y querría destacar es la que se desprende del poema Un milmanos y un ciempiés. Estos dos animales se encuentran y hablan sobre lo complicado que debe ser tener cien pies y mil manos; pero con la particularidad que cada uno está feliz con lo que tiene, a pesar de que los dos podrían ser el mismo animal. Aceptarse y quererse como es uno y aceptar al que llaman diferente puesto que, en el fondo, somos iguales. Y me parece muy bonita esta enseñanza, más en estos mundos en los que vivimos, a veces tan cargados de prejuicios, que no aportan nada.
Bajaron primero al sueño,
para evitar los peligros,
y una vez en tierra firme,
se abrazaron como amigos.
Y ahora, siempre que un ciempiés,
se encuentra con un milmanos,
se dan un fuerte apretón,
como si fueran hermanos.
En definitiva, es un libro realmente interesante y totalmente aconsejable para niños (¡de todas las edades!); pues no sólo entretiene, sino que enseña y demuestra que hay otra manera de hacer las cosas, de tratar a los animales, de convivir en armonía haciendo el bien. Un libro muy trabajado, imaginativo y creativo, con unas rimas que hacen su lectura sencilla y agradable y cuyos poemas, apoyados en las ilustraciones de la propia Paula Casal, se convierten en pequeñas grandes enseñanzas que dejan huella.
Paula Casal es investigadora ICREA y profesora de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, habiendo trabajo con anterioridad en las universidades de Keele, Harvard, Oxford y Stanford, entre otras, obteniendo varios premisos de investigación, y está muy ligada a organizaciones y revistas por el buen trato y la ética animal.
Tal como nos indica el autor, este poemario recoge poemas que ha ido publicando en diferentes portales y redes sociales, sin seguir una línea temática de unión, sino que se encuentran ordenados de forma cronológica.
Así, los poemas no tienen un hilo conductor por lo que hace a la temática, sino que son poemas que se suceden tratando diversos temas e inquietudes del autor.
Son poemas cercanos que, al no estar ligados entre ellos, tienen la particularidad que puedes abrir el libro por cualquier página y deleitarte con unos sencillos versos que aportan la visión del autor.
Todo ello nos lleva a un poemario que puede hacernos reflexionar en algunas ocasiones, e incluso empatizar, o simplemente aportarnos un rato de distracción con bonitos versos.
Aun así, si es cierto que hay algunos temas que se repiten en el poemario, como el amor, los sentimientos, casi tema universal en poesía, la soledad, la ausencia, la muerte, la música… si bien lo que tienen prácticamente todos en común es la emoción; poemas surgidos en su mayoría de las emociones del autor.
El amor no se ha marchado,
a mi vera ha quedado,
aunque no estás a mi lado.
-Fragmento del poema Me faltas
O el poema Música, que describe el proceso de creación de un disco
Una nota tras otra.
Ahora un acorde, luego otro.
De fondo se oyen golpes,
unos altos, otros bajos.
A veces das con la tecla,
o soplas, y qué bien queda.
-Fragmento del poema Música
Todo aparece escrito desde una visión interior del autor; cada poema podría ser casi una pequeña reflexión y exposición sobre algo, sin dejar de lado la introspección.
La actualidad y la realidad del mundo en que vivimos no escapa de este poemario y nos aparece, de manera sutil, en algunas de las reflexiones que el autor comparte, alguna pequeña crítica a lo que somos hoy en día los humanos, crítica que se extiende, por ejemplo, en el poema La gente de enfrente
Cuando a ti nos acercamos
y de nosotros nos olvidamos,
nos vemos como hermanos
y de uno a uno hablamos
y todos nos respetamos.
Así somos más humanos.
-Fragmento del poema Hermanos Humanos
En otras ocasiones, nos encontramos con poemas cotidianos, pequeñas escenas hechas poema de instantes rutinarios en la vida
Salgo del coche.
Ya se ha hecho de noche.
¡Ya era hora, qué hambre!
Abro la puerta con la llave.
¡Ay, la discusión de ayer!
Ya mismo voy a ducharme.
-Fragmento del poema Por la noche
Porta de Un día cualquiera
A pesar de que podemos encontrar poemas que son simples explicaciones de un hecho, de un instante, también podemos hallar algunos poemas que cuentan con un ligero plus de profundidad, que van un poquito más allá de lo que cuentan las letras a primera vista. Así, por ejemplo, encontramos el poema Qué ha pasado, donde la reflexión va un poco más allá, y gira en torno al paso del tiempo, a los cambios que ese paso provoca en las personas y, por consiguiente, a veces también en las relaciones personales
Tengo sentimientos encontrados,
que me están haciendo daño,
y me pregunto en este estado
por qué intentamos negarlo.
-Fragmento del poema Qué ha pasado.
Y algo parecido nos ocurre con, pongamos como ejemplo, el poema Una historia más, donde la reflexión gira en torno a la vida y la muerte, al cambio y la trascendencia
y así vamos avanzando
por los altos y los bajos
sembrando y cosechando,
y en algún momento dado,
sin saber si hay otro lado,
dejamos todo y nos vamos.
-Fragmento del poema Una historia más
En este sentido, encontramos también poemas que profundizan en el interior del autor, en sus emociones quizás más privadas e íntimas, especialmente en la parte final de poemario, donde los poemas ganan un poquito en profundidad y reflexión:
Ahí mismo estaba la salida,
la propia entrada al abismo.
Así de cerca la tenía,
yo mismo la he elegido
al cerrar los ojos míos.
-Fragmento del poema Laberinto
En definitiva, se trata de un poemario con gran diversidad temática; poemas sencillos y cercanos, escritos en un lenguaje muy coloquial, que explican y exploran, en cierto modo, la realidad en todas sus vertientes, así como las emociones más características del ser humano: amor, soledad, vida y muerte, paso del tiempo, ausencias…
Óscar Antuñano es natural de Santurtzi, Bizkaia, y esta es la primera obra escrita que publica.
En una placa colocada en la sección de español de la Universidad de Rennes, se puede leer que Antonio «murió en 1970 de nostalgia y lejanía«. Y es que Antonio marchó exiliado a Francia, en 1947, nunca pudo regresar a España, y esa pena y nostalgia quedaron en su vida y su poesía como una marca imborrable.
Antonio nació en Cabeza de Buey, un pueblito de la provincia de Badajoz, el año 1905. Estudió Derecho y Filosofía en las universidades de Sevilla, Granada y Madrid. Desde muy joven, ya colaboró con diversas revistas y periódicos tales como El Correo extremeño, La libertad, Estampa o El Heraldo de Madrid entre otros. Asimismo, a los 25 años, ya había publicado cuatro novelas.
Cuando su familia familia se traslada de Extremadura a Madrid, muy a principios de los años 30, Antonio Otero se vincula activamente con la lucha por mantener la República. Una de sus vocaciones más destacadas, el periodismo, lo lleva a viajar como corresponsal por Europa y Marruecos. De esta época y estos viajes surgen los poemas recogidos en Viaje al Sur, que configuran la primera parte de esta antología.
Al estallar la Guerra Civil (1936-1939), Antonio sigue dedicándose al periodismo y publica, junto con un comandante de milicias, un texto defendiendo y alabando el trabajo de las Milicias (Gavroche en el parapeto).
Al terminar la guerra, es procesado y condenado a muerte; pena que fue conmutada por treinta años de cárcel, siendo puesto en libertad vigilada dos años después. A consecuencia de esto, Antonio no puede seguir ejerciendo el periodismo, pero se mantiene en contacto con la resistencia antifranquista, hecho que le suponen nuevas detenciones, hasta que finalmente logra llegar a París en el año 1947 y, aun desde París, sigue vinculado siendo secretario de Alianza Republicada, y del Comité Nacional de Resistencia, a la vez que colabora con Ibérica, revista neoyorquina dirigida por Victoria Kent. Su familia no consigue llegar a Francia hasta el año 1956.
Ejerce de profesor en la Universidad de Rennes, a la vez que hace de traductor para la ONU y la UNESCO, y publicando artículos en gran cantidad de revistas tanto de Europa como de América del Sur, y ejerció también crítico literario en Le Monde des Livres. Durante todo ese tiempo, fue un gran embajador de la literatura y la cultura española, nunca olvidando su tierra, y siempre con un asomo de nostalgia.
De ideología claramente republicana y masón, amigo de Miguel Hernández, fue el último periodista que entrevistó a Lorca en Madrid, antes que este fuera a Granada para no salir jamás.
Por primera vez se edita su poesía completa, Poemas de Ausencia y Lejanía, editada por Libros de la Herida, en su colección Poesía en Resistencia. Cuenta con un prólogo de Juan Manuel Bonet, y un emocionante epílogo escrito por Mariano Otero San José, hijo de Antonio.
Poemas de ausencia y lejanía agrupa sus poemas en diferentes apartados o secciones, recogiendo así toda su obra desde sus primeros poemas, pero son una clara prueba de quién fue Antonio, de sus sentimientos y sensaciones a lo largo de su vida, y de la profunda marca que dejó en él el hecho de tener que abandonar su país para no regresar jamás. A su vez, se va viendo, a medida que avanza el libro, la evolución de él como persona, así como los primeros poemas, por ejemplo, nos hablan de lugares, y se convierten en pequeñas instantáneas de lugares como Andalucía, Elche, e incluso Marruecos, fruto de sus viajes como corresponsal, hasta la nostalgia más profunda, palpable en numerosos versos.
Antonio Otero Seco, fotografiado por F. Buendía
Empezando con Viaje al Sur, se nos ofrecen una serie de poemas que nos hablan de lugares de manera muy concreta; pequeñas escenas o postales se abren frente a nosotros para descubrir lugares que conoció gracias a su faceta de periodista. Una poesía con ligeros toques que hacen recordar el ultraísmo, hay quien dice incluso a la greguería. Lo que sí se puede detectar en estos poemas es cierta influencia del estilo de Lorca, cierto aire de Romancero Gitano, de canción andaluza.
Raya de la lejanía
dormida en el horizonte.
Las casas son como espejos
que hacen más oscuro el ocre
de los corrales. La cal
alterna con el adobe,
ajedrez de plátano urbano
donde disputan dos torres.
(Fragmento de Andén de Marchena)
Vengo desde la plaza,
vengo desde la plaza
de San Francisco,
ay niña, de San Francisco,
vengo desde la plaza
para dormir contigo.
(Fragmento de Marisma)
Después de Viaje al Sur, encontramos seis poemas agrupados bajo el nombre de Con los ojos abiertos, que se abren con una bellísima elegía a Federico García Lorca (recordemos que Antonio Otero fue quien le realizó la última entrevista a Lorca, antes de su último viaje a Granada), así como poemas dedicados a su padre, Miguel Hernández, e incluso a ‘Martín Manzano, alcalde de Móstoles, fusilado en la cárcel de Porlier, donde Antonio cumplió parte de su condena).
Estos poemas toman un cariz distinto, una tristeza y a su vez una fuerza de alzar la voz contra la aberrante injusticia de la guerra y sus consecuencias. Poemas intensos y dolientes, contienen, a mí parecer, una importante carga emocional:
No cantes, que ya nos deja
al costado una lanzada
la frente cuadriculada
por la sombra de la reja.
No cantes, no cantes, ¡no!
En Alicante murió.
(Fragmento de Miguel)
Aunque todos estos poemas tienen ese carácter dolido y de lamento propio de una elegía, el poema llamado Padre es quizás el que se muestra más crudo, más intenso, más herido. Es un poema de una intensidad abrumadora.
Es muy definitoria la frase que abre este grupo de poemas, que proviene de una leyenda indígena de Guatemala: “Hay muertos enterrados con los ojos abiertos. Y sólo los cerrarán el día en que se les haga justicia”.
Los tres poemas que nos encontramos justo a continuación, bajo el título de Ausencia y Mirada Interior, encontramos poemas bastante desgarradores, como María, uno de los poemas que más me ha impresionado, dedicado a su mujer, escrito durante los primeros meses de su exilio en París. Es un poema intenso y triste, de añoranza, donde palpamos el dolor que le supone este exilio, tan lejos de su tierra y, especialmente, de su gente:
María: cuando vuelva te encontraré esperando
en la puerta de casa mi mano que falta-
Me ofrecerás tu risa clara de luna herida
y tus ojos de niña más abiertos que nunca.
(Fragmento de María)
Tanto en Ausencia como en Mirada interior, encontramos poemas que ‘van hacia adentro’, las emociones del autor, su pena, su tristeza, su añoranza y, en cierto modo la incapacidad de comprender el porqué de tanto dolor.
Se contraponen, en cierto modo, con los poemas agrupados bajo el título de Paréntesis sonriente, poemas fechados entre los años 1950 y 1952, fruto de algunos de los viajes que realizó. Son poemas algo más ligeros, siempre bajo un sutil velo de tristeza, que nos hablan de lugares como Estocolmo, Copnehague o Nueva York. También hay que decir que se siente cierto gracejo en estos poemas.
Lejanía son una serie de poema que acusan al dolor y la pena por la ausencia de sus seres más queridos. Así, se abre con un precioso poema llamado Madre, o los poemas dedicados a sus hijos. Y sigue ese aire de añoranza en los poemas recogidos en Con los ojos abiertos II, donde vuelve a aparecernos su amigo Miguel Hernández, su hermana Jacinta o de nuevo su madre. Personas que se han ido yendo, y estos poemas quieren ser, quizás, parte del duelo y de la despedida que Antonio no les pudo dar. Son poemas conmovedores en extremo, donde la tristeza se palpa en cada verso, junto con el dolor que estar lejos supone:
Llegarás, pero yo
habré dejado el lecho de tantos años tristes.
Sólo un hueco, una sombra, un molde, una canción.
Yo antes;
tú después.
¡Qué tarde ya para soñar!
¡Qué pronto aún para dormir!
Antes, después, siempre…
(Fragmento de Vendrás)
La antología se cierra con poemas que recogen otras versiones o variaciones de algunos de sus poemas.
Es indudable que la poesía de Antonio Otero es casi un diario emocional, salvando las distancias, de alguien que ha sufrido en sus propias carnes la crueldad de las cárceles franquistas, la pérdida, a menudo de manera injusta de familiares y amigos, el dolor por la lejanía de su tierra y de sus seres queridos. Una poesía que Libros de la Herida ha decidido recuperar y agrupar por primera vez, dentro de su colección Poesía en Resistencia, en un solo volumen, que configura una pequeña parte de la historia de este país, en la vida de un poeta, en cierto modo, injustamente olvidado, pero que creo que merece, como muchos otros, un reconocimiento. No fue el único que sufrió de ausencia, exilio y lejanía, por supuesto, pero sus poemas nos ayudan a entender y, lo que es más importante, a sentir lo que muchas personas sufrieron. Emoción y dolor a partes iguales, Poemas de Ausencia y Lejanía nos dejan un testimonio fiel y emotivo de lo que fue la vida de muchos durante la Guerra Civil y las décadas posteriores. De todo el poemario, hay una frase que me parece muy característica e importante porque podría resumir, a grandes rasgos, la esencia de la poesía de Antonio; aparece en su poema A los españoles muertos en el exilio, y me parece un buen resumen para cerrar esta reseña:
Amigos: Habéis muerto en olor de hombres solos
con un mapa de España en la pupila.
La documentación y selección de poema que configuran esta antología ha sido llevada a cabo por Juan Manuel Bonet, autor también del prólogo, Edouard Pons y Marino Otero San José, hijo de Antonio, que también es el auto del epílogo, donde además nos regala algunas fotografías familiares para el recuerdo.
Las nubes tienen cicatrices es el primer poemario de Pablo Rodríguez González; una recopilación de novena y ocho poemas en los que encontramos desde la ilusión del amor, la entrega, los sueños, las ganas, hasta la soledad más fría, las ruinas de lo que fue, el dolor y la tristeza.
Es un poemario apasionado, sentido, intenso… pero sobre todo, amoroso y doloroso. La ausencia, el frío y la nostalgia se abren camino página a página, para mostrarnos lo que queda después de una intensa historia de amor.
Probablemente de este dolor nace la idea que se repite en algunos de los poemas, de la fragilidad y la necesidad de sentirse protegido. Especialmente, la fragilidad emocional. Esto lo vemos, por ejemplo, en el poema Lo que nos cubre nos hace más fuertes:
Tan fácil como despojarte
de todas esas capas
para ver un cuerpo frágil,
esquelético, vulnerable,
que tirita y se estremece
con los recuerdos de sus cicatrices.
-Fragmento Lo que nos cubre nos hace más fuertes
Nos cubrimos de cosas que nos tapan y protegen; el ser humano es frágil, necesita protegerse emocionalmente, necesita un refugio. A veces ese refugio puede ser la persona amada, pero cuando esta desaparece, cuando se va, el alma va a la desesperada buscando un refugio, algo que la haga sentir más protegida y menos vulnerable.
En muchos de los poemas, los recuerdos de la historia de amor que terminó configuran un camino de momentos felices, de instantes y vivencias, que se intercalan con el dolor y la tristeza de haberlos perdido. Todo regado por una hermosa dosis de nostalgia que se destila de las heridas en proceso de curación. Es un duelo que hay que pasar para superar.
Ligado a esto, nos encontramos la idea del futuro desvanecido; los sueños de un futuro, los planes, se van con la persona amada:
En tus manos sostienes
todos mis futuros que creí
eran contigo,
juegas con ellos entre tus dedos
con la agilidad de un malabarista
y la torpeza de quien confía demasiado.
-Fragmento de El chasquido entre tus dedos de mis futuros contigo
Ese futuro ahora está desaparecido y en su lugar, encontramos sólo los restos de lo que se construyó, las ruinas y el vacío de lo que será la vida a partir de ahora.
Foto de Jesús J. Matías
No hay desamor sin soledad. No podía ser de otra manera. La soledad nos aparece, ligeramente oculta tras los recuerdos y las ruinas, pero se nota, se palpa, al igual que esa ausencia que lo llena todo de recuerdos.
Sueños:
la mayor sensación de mi soledad
es soñarte y despertar,
ver un futuro contigo
y no tener un presente a tu lado.
-Fragmento de Despertar en un escalofrío
Y ella se trocó en el tictac
que marca el tiempo
a la soledad para evocarla
cada segundo sin su compañía.
Y ella es ahora
esa mirada que busco
al final de mis cajones
en lo cotidiano
de mi rutina.
-Fragmento de Ella es
También tiene cabida en este poemario las ilusiones, pero siempre bajo un velo de tristeza y desengaño. El poema Sacudida a ciegas es un buen ejemplo de que, a menudo, nos equivocamos en una relación, a la hora de buscar o satisfacer las emociones:
No podrá encontrar las suyas
y tampoco encontrará las mías
por más que las busquemos.
¿Sabes qué?
No buscamos bien,
no son las suyas
no las mías;
son las
NUESTRAS
Una relación ha de ser un proyecto común, basado en las ilusiones de ambos. El pensar o buscar solamente las de uno, sólo puede llevar, con el tiempo, a una inevitable ruptura.
Aquí veo claramente la desolación del autor; el sentimiento de tener las ilusiones rotas, la apatía vital que en cierto modo nos atrapa cuando perdemos a la persona con la que querríamos compartir la vida. El dolor se hace presente junto con la tristeza y el desánimo.
Un poema que me ha llamado mucho la atención es Las canciones que grabaste; creo que en él se conjuga la nostalgia en mayúscula. Las canciones suelen ser un elemento principal de la vida, nos acompañan en muchísimos momentos, y escucharlas es casi como revivirlos. El autor desgrana ese dolor y esa pena a través de las canciones que le hacen recordar preciosos momentos vividos.
Ahora no consigo quitarme
esas canciones,
y no consigo que no evoquen
los recuerdos que grabaste
en ellas.
Los diferentes planos de una relación los vemos plasmados en el poemario, desde el enamoramiento hasta la pasión.
Nunca pensamos que caminaríamos
por este camino,
el sendero del deseo,
de la pasión y la ternura
y nos hicimos compatibles
en nuestros cuerpos
cuidando nuestros rincones.
-Fragmento de Las ganas de mis labios de salir corriendo
Eso le da un plus de intensidad al poemario, que no sólo se basa en el ámbito emocional, sino en la importancia de los cuerpos, del deseo, de la piel.
En definitiva, un poemario intenso, de claroscuros, de amor-desamor, de dolor y sueño, de tristeza y nostalgia. Un poemario que desnuda el alma humana cuando ha perdido la persona amada, destapa todo el dolor, la muestra desamparada. Un poemario con el que muchos nos sentiremos identificados. Escrito en verso libre, los poemas se suceden como el que va contando poco a poco lo que tuvo y ya no tiene, lo que siente ahora, después de haber vivido y sentido tanto. Poemas cercanos, sencillos, sin florituras que estén de más.
Un poemario para darse cuenta que, al fin y al cabo, no somos tan distintos y todos, de algún modo, sufrimos por igual en ciertos momentos.
Blanca Berjano (Madrid, 1987) trabajó como profesora en la isla de Mayotte, antigua colonia francesa situada al Norte del canal de Mozambique, en el archipiélago de las Comoras. Este poemario está inspirado en esta isla, fruto del tiempo que la autora pasó en ella, usando la hermosísima barrera de coral, de más de 190 kilómetros de largo, formando una de las lagunas más grandes del mundo, como título del libro siendo, en cierto modo, un símbolo de algo que queda encerrado tras un muro: lo que ocurre en Mayotte no sale de Mayotte. Así, Blanca quiebra esta barrera para dar a conocer la realidad de la isla.
Explotación, violencia, hambre, turismo sexual, racismo, migrantes muertos en el mar… todo se une en este poemario, donde la autora muestra de manera abierta y sin tapujos, la realidad de la isla a veces injustamente olvidada o ignorada.
Blanca Berjano
Tres líneas principales marcan el orden del libro: la explotación de los Mzungú (colonos y, por extensión en el tiempo, turistas de piel blanca), la explotación de la mujer, los migrantes que fallecen en el mar intentado llegar a tierra.
la rabia ruge
es ella la que me colorea las mejillas y
me refuerza
hoy soy capaz de portar sobre mis hombros una cohorte
de señores cejijuntos
este es mi grito de guerra por mis hermanas muertas
Se trata de un poemario duro, crudo, directo, donde se exponen todas aquellas cosas que hieren la isla, su vida y su gente. Si bien Mayotte podría ser considerada un paraíso, de puertas hacia afuera, con sus aguas turquesas, su arena clara, su verde intenso… Blanca nos muestra aquello que queda oculto tras la barrera:
Escrito con absoluta libertad de métrica y técnica poética, mezclando juegos visuales, versos largos, versos partidos, versos breves, estrofas rotas… la densidad de los poemas no dan tregua y nos hacen ir de la explotación por parte de los Mzungú, al uso y abuso de la mujer, pasando por la muerte de personas que intentan (sobre)vivir; lo que convierte el libro en un poemario feminista, justo y guerrero.
ponme la mano aquí, Macorina, pareces una mujer
pero hablas como un hombre, Lololololola,
y no puedo comprenderlo
y he pagado por una malgache
un poco más bilateral o inocua?
indeleble o marchita?
Todo el poemario es como un grito agudo y rabioso que sale de las entrañas, un rugido de denuncia y de queja, un grito que expone y muestra una realidad muy lejana de lo que podría ser ese Paraíso y, sin embargo, una realidad bien poco conocida.
En este sentido, La barrera más bonita del mundo, se convierte en un libro que debería leerse y releerse con las manos abiertas y el corazón abierto: la verdad no es lo comercial, la verdad se esconde tras cada uno de los versos de Blanca, que nos obligan a abrir los ojos, que os golpean directos en la conciencia.
Ruge, también, desde el feminismo hasta la libertad, de la muerte a su lucha. Un poemario que denuncia, que da un puñetazo sobre la mesa, abriendo en canal la situación real de la isla, lo que se vive, lo que se siente, lo que se ve.
me pregunto qué sentiste, turista de flores grises, al conocer el destino de otra
migrante ahogada en el paraíso.
quizá, por un instante, dejaste de lado las gambas flambeadas en aceite de coco y
cebolla caramelizada, y aprehensiva, le hablaste al horizonte:
por qué han venido otra vez a morir a estas aguas,
a teñir de rojo la barrera más bonita del mundo,
a empañarme las gafas
mientras buceas, ya no puedes ver más que muertos en el fondo de este mar
La crudeza de estos versos es tremendamente dolorosa y, a su vez, es un reflejo de lo que ocurre.
Las dos realidades se dan cita y se contrastan, especialmente en la tercera parte del poemario:
¿por qué vinieron a morir a estas cosas,
a enrojecer con su sangre la arena más beige del mundo?
Es un libro cruel, porque la realidad de la isla es cruel, es un libro transparente que muestra el agua turquesa manchada de sangre, la inocencia de las muchachas truncadas, el hambre de los niños, la pena.
La barrera más bonita del mundo es un libro que recomendaría abiertamente. No en vano resultó galardonado con el I Premio de Poesía Joven de la Fundación Caja Navarra. Deja en los labios un sabor a sal y una pequeña lágrima de conciencia en la mirada y, quizás, habría que darle las gracias a Blanca por mostrar y/o descubrir algo de lo que muchos no somos y/o no queremos ser consientes. Para un total entendimiento del poemario, al final, se nos ofrece un pequeño glosario de palabras en Shimaore, que se habla en la mayoría de la isla de Mayotte.
Blanca Berjano es filóloga clásica, con master en Enseñanza del Español como lengua extranjera en la Universidad de Sevilla. Es autora del poemario Ratas en el alféizar (Ménades, 2019). Ha colaborado como editora y coautora en la antología Relatos nada sexis (Ménades, 2020) y realiza artículos para diversas revistas culturares.
A primera vista, el arte y, por ende, el proceso creativo, parece el absoluto protagonista de este nuevo libro de David González Lago, sin embargo, a medida que vamos adentrándonos en los textos que lo configuran, nos encontramos un trasfondo inmenso: desde un paseo por la historia del arte, un museo de pintores, la creación artística, el exterior y el interior del artista/autor que narra la historia, la soledad del artista, la incomprensión, la introspección, la visión general del mundo del arte, incluso a veces, su poca o nula comprensión, desde la explosión de la creación hasta la exposición.
El libro nos viene dividido en cinco partes que exponen escenas que el lector contempla a través de los textos o monólogos del artista autor; escenas que configuran el proceso creativo, con una alta dosis de reflexión interior, un punto crítico, la intensidad del arte frente al terror del artista. De hecho, el libro en sí es una muestra de ese proceso creativo, visceral, intenso, y da la sensación de que, al terminarlo, es palpable el agotamiento y el instante pequeño de agotamiento y, aunque suene paradójico, de vacío y plenitud, que el autor percibe después de haber plasmado todo lo que lleva dentro.
I
La primera parte toma como entorno el proceso creativo; un proceso visceral que supone un esfuerzo casi titánico por parte del artista/autor (técnica mixta: acrílico y sudor, óleo y sudor, desazón y sudor). A menudo, una batalla contra uno mismo.
Por un lado, nos llega la percepción de que el arte es intenso y libre, no debe tener barreras, no debe frenarse, igual que la pasión es intensa, debería ser libre o no tener barreras. Pues el arte es, antes que nada, pasión. Quizás en cierto modo, en esta idea radica una parte de la batalla contra uno mismo que supone hacer arte, uno no tiene el control absoluto de su creación, de la realidad, de lo que le rodea. Y es muy posible que en esta batalla, el artista/autor siempre salga herido: trabajar a pecho descubierto implica dar todo lo que uno tiene, su máxima esencia, sin artificios ni decoraciones innecesarias: de la naturaleza del ser, a la máxima pureza.
Unas veces me entrego con delirio y otras muestro la frialdad de un apático reptil, pero siempre al terminar me siento vivo y renacido. Digamos que es motivo suficiente para seguir amando el arte, aunque me mate.
Llama la atención la referencia al tiempo de Planck: lo vital, que dura menos que un tiempo de Planck; la importancia del instante pequeño en que la inspiración, que es lo vital en el arte, brilla y nos deslumbra. Ahí es donde se produce el milagro, y uno ha de ser capaz de detectar ese mínimo instante en que todo florece, y captarlo, y hacerlo suyo para después plasmarlo.
De esta primera parte, me gusta la idea de la batalla interior que supone enfrentarse al arte, que a veces uno puede llegar a ser esclavo de una pasión y, aunque hiera, es imposible huir de ella. Extraigo esta idea de la fuerza del artista/autor, el ser capaz de enfrentarse a un lienzo/página en blanco, sabiendo que probablemente, ese proceso va a doler.
El artista/autor, su proceso de creación con su interior reflexivo, junto con el propio arte, aparecen como protagonistas de esta primera parte; la realidad se filtra por sus ojos y sale de sus manos, dando como resultado el artefacto que debe mover y conmover al espectador/lector.
II
En esta segunda parte, nos encontramos con diferentes ‘fases’ que configuran el arte y el proceso creativo: el trabajo, la crisis creativa… el proceso de creación.
El autor relaciona el proceso creativo con la propia vida, como si en él crear arte fuera algo inherente a su vida, yo nací artista, y no puede librarse:
Mano en la que siempre veré, aun lavándola a conciencia, ese mapa emborronado y colorido inherente al proceso de vivir.
Así como los colores y los lienzos toman protagonismo en esta segunda parte, cabe destacar también la inspiración, que aparece como una explosión, que llega y es imposible salir bien librado de ella. Relacionado con el pequeño instante que aparece en la primera parte (lo vital, que dura menos que un tiempo de Planck): el pequeño instante en que el artista/autor tiene la oportunidad de agarrar los restos de metralla que quedan suspendidos en el aire después de la explosión inspiradora.
Me gusta especialmente el asomo de críticas a las etiquetas: partiendo de la base que el arte es algo libre y abstracto, las etiquetas limitan y acotan la creación:
No producen alimento ni riqueza porque carecen de imaginación. Porque no tienen alma. Porque no odian a muerte cualquier tipo de etiqueta.
Del mismo modo, nos aparece la importancia de la pasión en el juego del arte, algo que ya se deja ver en la primera parte:
Quizá la posteridad no diga de mí que fui un genio, pero nadie pondrá en duda mi pasión.
El arte va más allá de lo que tenemos ante nuestros ojos: se ha de ser capaz de dejar caer la venda, abrir el alma y sentir por dentro aquello sublime que destila el arte.
Ilustración de la portada por Marlem Cantón.
III
Avanzamos en todo el proceso artístico y llegamos a la fase en que se dan las exposiciones, el éxito, el fracaso, las preguntas…
Si el arte va dentro del artista/autor, lo que hace es perfeccionarlo, pero cabe tener en cuenta que el arte es algo abstracto que va mucho más allá del lienzo y, como nos recuerda el autor con la cita de da Vinci, el arte está siempre inacabado. En Horizonte a perseguir se ve muy claro que el artista puede sentir que su arte es el camino hacia ese horizonte, para jamás alcanzarlo y, quizás, ahí está lo sublime del arte, siempre avanzando, jamás llegando a una conclusión y dándose por terminado.
Hay una vez más cierta crítica hacia el mundo del arte como negocio: pintar los sueños de otro resta libertad a la creación, y al arte ha de ser libre. Las subastas tienen también su dosis de crítica, puesto que en estos eventos se pone una medida al arte, y el arte es invalorable; el arte es algo subjetivo cuyo valor es imposible de medir. No es viable medir la inspiración, las cosas abstractas. El arte debe estar por encima de todo eso.
IV
En esta parte, casi final del libro, llega el turno de las Ferias de Arte: el mercadeo del arte, de los artistas y de las obras como meros productos.
Es muy interesante el punto irónico que David pone en algunos textos de esta cuarta parte, los monólogos interiores del comprador de una galería, del soñador… que enlaza con la idea del valor que se le da al arte: justamente los que adquieren ese arte en cierto modo son los que menos capaces son de darle al arte la verdadera importancia y el verdadero valor (intangible) que tiene).
V
Un futuro epitafio: la búsqueda a través del arte no tiene final, pero por el camino se pueden llegar a encontrar algunas cosas…
Terminado el libro, una se da cuenta del paralelismo de las artes plásticas con la literatura:
El artista siempre crea usando sus órganos vitales.
En estas distintas disciplinas, el artista/autor toma la forma, como David nos indica al principio del poemario, de una alambique mediante el cual la realidad se transforma, pasando por sus ojos y su filtro, y deja la visión interior de aquello exterior reflejado en las obras.
Es un libro tremendamente interesante de leer, donde análisis, crítica, exposición, trabajo y pasión se ven plasmados, conjurando en un mismo proceso creativo la pintura, las artes plásticas, y la literatura, puesto que el proceso de hacer arte es el mismo.
Artefactum es el quinto libro de David González Lago, y su lectura es altamente recomendable para cualquier persona, y casi obligatoria para cualquier artista.
El nou poemari de Carles Moya, una plaquette anomenada Riberenques, ja des del títol ens situa de manera magnífica en la seva zona: Riberenca és un Cant d’Estil valencià sense mètrica. Alhora, la Riberenca ens situa a la zona de la Ribera del Xúquer.
Així doncs, Riberenques bé podria ser un recull de poemes escrits en prosa, vestits de cants nascuts en els paisatges de la Ribera del Xúquer, però en el cos trobem vivències personals de l’autor, descobriments, desitjos, anhels, amor.
Elements quotidians es donen cita en aquests poemes per a crear una atmosfera de vida i records. La descoberta de la vida se’ns dibuixa amb pinzellades nostàlgiques. Cada text una petita imatge descrita a través de diferents elements, records i sensacions vitals que, poc a poc, han anat configurant una memòria nítida i nostàlgica.
En certa manera, aquestes escenes o imatges han marcat les emociones i la personalitat de l’autor en la mesura que són les experiències més primerenques, en molts aspectes, que acostumem a marcar la manera de sentir i veure la vida.
No falten elements tant habituals com l’amor o l’enyorança, el buit, la pèrdua… que apareixen de manera magistral a través de petites instantànies:
Els xiquets no hi són, el xativí subtil. Engegàrem la ràdio, pujàrem la veu. El rati dels teus besos, els estampats a mida. Esmicolàvem la nit, una tendra matança, gesmil i candor. Cada teula, cada xiuxiueig. La vedriola a punt, les sabates netes. El bollit que no faltava, els afalacs edulcorats. El carrer Sant Roc, el carrer de les Portelles. Tenia fam la nit, s’engolia cada singlot, cada esclat d’auteritat. Les llambordes, aquella pissarra vella.
L’autor recorda lentament, imatge rere imatge, poema rere poema, la descoberta que la vida, les experiències, els sentiments inicials, juntament amb la innocència i la puresa de qui comença a obrir els braços a la vida, amb ànsia, amb ganes. Aquesta seria potser la part més intensa del poemari:
T’acostares a mi, la fusta ardent, les ditades. Se’t veia el melic, se’t veien el melic, se’t veien les cuixes. Aquell home que no cabia en mi, la intermitència del teu tacte. La joia que floria a la boca, els botons perduts, l’embriagues. Com ho guadírem, com fruïm tot allò que deixem enrere.
M’agrada, però, el vel de nostàlgia amable que acompanya els poemes, aquell somriure trist que es dibuixa, pel gaudi de tot el viscut, i la pena d’haver-ho deixat enrere.
Alguns dels poemes, seguint l’estil de tots els textos, engloben una enumeració d’elements, sensacions o coses que dibuixen una època, un instant, un moment, acaben amb una reflexió intensa que aporta el toc de nostàlgia trista que fa que el lector se senti identificat. Si bé els elements citats en el poema són externs al lector, la reflexió final és comú a la majoria de les persones. Això fa que el text commogui realment l’ànim del lector:
Tot allò que vàrem estimar, tot allò que fou nostre.
Tot allò que retrobàrem, allò que pertangué.
No hi ha hores que no us trobe a faltar, que no gronxen el vostre nom, que no us anomene.
Uns records i un passat que s’enyora, deixant espai als somnis del que va ser, del que podria ser, del que és.
En definitiva, és Riberenques és un llibre nostàlgic, un passeig per una memòria mostrada a través d’imatges, escenes i elements que omplen els ulls de records i nostàlgies.
Carles Moya, professor, poeta i traductor, ja és autor d’un poemari, Bacs de vidre. En podeu trobar la ressenya aquí: Bacs de Vidre.
El Senryu es un tipo de poema japonés con una métrica 5-7-5, igual que el Haiku, pero con una temática distinta. Si bien el Haiku cuenta con la naturaleza como elemento principal, en este caso, se refiere a las relaciones humanas, la mayoría de las veces con humor negro y mucho juego de palabras. se centra en la existencia humana, sus miserias y su decadencia. Aunque la mayoría de los Senryu tienen un toque de cinismo, también se presentan serios y reflexivos, analizando las emociones humanas hacia la vida.
La modesta voz de las palabras es un poemario escrito únicamente con Senryu, pero con algunas variaciones de métrica: no todos los poemas tienen la forma métrica 5-7-5, como corresponde al Senryu puro, sino que algunos varían en el número de sílabas, cambiando la estructura, con combinaciones 5-8-5, 6-7-5 ó 4-7-5. Esto puede ser debido a que, al escribirse las palabras en japonés de manera distinta, el conteo de sílabas no siempre se corresponde. Sin embargo, por otro lado, también es posible que el autor haya optado por una métrica más algo más libre pero, en este caso, los poemas estarían alejados de la métrica tradicional.
Gestos fingidos
se mercadea con la piel
de seres vivos.
Si bien la temática podría encajar, encontramos variación métrica en el verso central.
Por lo general, el poemario, más que centrarse en un cinismo o humor sátiro, recurre más al desánimo; así, nos encontramos poemas que describen la percepción humana de la vida, del trabajo, del día a día, tintado de cierto desencanto. Esto nos lleva a la reflexión de la precaria situación del ser humano en muchos lugares, y las condiciones de vida.
Pablo Mata
Turno de noche
una ventana ilumina
negra fachada.
Este tipo de poesía japonesa se solía usar mucho para el tema laboral; las condiciones precarias y a veces abusivas del trabajo, especialmente en un lugar como Japón, se ven reflejadas en los poemas, transmitiendo soledad, infelicidad, tristeza y oscuridad.
Muchos de estos poemas llevan implícita una crítica hacia la sociedad y, en cierto modo, el progreso.
Llegan los robots
¿Qué será de los humanos
robotizados?
El poemario, en su mayoría, se convierte en una reflexión de la condición humana, pasando por el ámbito laboral, vital, emocional. Muestra la parte más fría del mundo y la vida, que contraste con la parte, podríamos decir, más cálida y humana de las personas.
También cabe destacar que hay algunos que difieren ligeramente de la temática tradicional del senryu pero, sin embargo, son poemas de gran belleza.
En el poeta
florece la palabra
en soledad.
Asomado a ti
el horizonte se volcó
en precipicio.
Pablo Mata nos muestra las miserias humanas, critica la situación actual en muchos ámbitos, injusticias, soledad… y nos hace ver que la reflexión es muy necesaria para poder cambiar las condiciones del juego.
Qué mala vida
con brasa incandescente
nos va forjando.
Me gustaría acabar esta reseña dando las gracias a la compañera y editora de esta revista, Hortensia Márquez, por su asesoramiento.
Julia María del Solar Bardelli, más conocida como Julia Ferrer, es una de las voces peruanas menos conocidas y, sin embargo, una de las más potentes.
Nacida en Lima, un 25 de Febrero de 1925, en el seno de una familia acomodada, mostró desde bien joven un carácter rebelde, contestatario e independiente. Esta manera de ser se ve reflejada en muchos de sus poemas, que poseen la misma fuerza que ella poesía. No en vano, el escritor peruano Sandro Chiri afirmó, refiriéndose a Julia: «Ella era como sus poemas: carne y fuego.» Y de hecho, es una frase que define muy bien a la mujer y a su poesía.
Durante su etapa de estudiante, empezó a interesarse por la poesía, leyendo a diversos autores como Virginia Wolf, Baudelaire (cuya influencia se siente en los poemas de Julia) o Omar Khayyam, uno de los autores que más la marcó. Este interés por la literatura la llevó a frecuentar tertulias que se daban en algunos selectos cafés de Lima; tertulias que versaban alrededor de la literatura y el arte en general. Julia, de hecho, era amante del arte en casi todas sus vertientes. Así, realizó estudios en la Escuela Nacional de Arte Dramático (ejerciendo posteriormente también de profesora de teatro), y cursos de pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Conocedora de varios idiomas (francés, italiano, portugués e incluso un poco de alemán), realizó diversas traducciones y acabó trabajando, en los últimos años de su vida, en la Biblioteca Nacional de Lima, donde llevó a cabo, como mujer inquieta que era, diversas actividades culturales.
Mujer de fuerte carácter y ansias de saber, vivió durante unos años en Sâo Paulo con uno de sus maridos y, posteriormente, cuando ese matrimonio se acabó, inició una relación con el actor Octavio Ramírez, con el que realizó diversos viajes por el mundo, visitando lugares como México, España, Italia o Francia.
Se dice, pero, que su amor más intenso fue con el pintor Carlos Ostolaza, con quien mantuvo una relación de veinticinco años, hasta que Julia falleció el 16 de Febrero de 1995.
Su obra poética rompe con los cánones tradicionales; Julia, como bien nos marca su carácter libre y autosuficiente, seguía sus propias normas y sus propias modas. Así, nos encontramos con una poesía personal, transgresora, adelantada y única. Rompió los moldes tradicionales para dejarse llevar enteramente por su inspiriación.
De ahí surge una poesía distinta, una poesía que sorprendía por su forma y, en cierto modo, su crudeza. La poesía de Julia, de hecho, muestra su manera de ser, su independencia y su rebeldía. Navega entre lo real y lo onírico, entre el amor y el deseo. Son un reflejo de su personalidad fuerte, su libertad y su autosuficiencia.
En vida publicó dos libros de poesía: Imágenes porque sí (1958) y La olvidada lección de las cosas olvidadas (1966), aparte de poemas aparecidos en diversas publicaciones y revistas. En el año 2004 se empezó a recuperar su voz poética a raíz de la publicación de Gesto, una antología que recoge sus poemas y ha ayudado a reconocer a la Julia poeta y a darle el renombre que probablemente merecía.