Hace unos meses, ya hablamos en estas páginas de la dilatada obra, poética, narrativa y ensayística de César Ibáñez París.

Ahora, sorpresivamente para mí, aparece una obra de otro formato, contenidos y no sé si también intenciones y objetivos. Pero igualmente interesante. Aforismos, máximas, reflexiones… o ripostas, como anota el prologuista, en un texto orientador e interesante. ¡Qué más da! Lo que importa es que toda ella es un edificio de palabra bien labrada que lleva a la duda y a que hasta casi caigamos en la postura del pensador de Rodin. Palabra e imagen pues el autor verbal también lo es de las ilustraciones, geométricas, directas y simples de complejidad, que acompañan al texto, hasta el autorretrato del final.
Casi hay más texto en el título que en cada página. Título metafórico y expresivo donde lo haya. ¿Un título o dos? El alba pule espadas. Casi nada. Sacada está de la primera máxima de la página 33: “La noche quieta, mansa, es una tregua mentirosa. El alba pule espadas”. O… La esgrima de lo escueto. La conjunción coordinante disyuntiva también forma parte del título. Busquen sinónimos para cada término. La espada, la palabra, la capacidad de pulir, lo sucinto, en cien, más o menos, constructos lingüísticos que cautivan, hacen pensar y llevan a la sonrisa. Cada aforismo (o riposta) nos sitúa en circunstancias algunas de nuestra vida o nos las abre para descubrirlas y hacernos sentir lo vivido. «Yo no lo conseguí expresar verbalmente», dirá más de un lector, «pero César me lo ha descubierto». Pues como ya lo hicieran Georg Christoph Lichtenberg, Friedrich Nietzsche, La Rochefoucauld y Baltasar Gracián, entre los clásicos o Carlos Marzal, entre los de ahora. Por solo citar a algunos. “Cada “risposta” nos enfrente a una pequeña parcela de nuestra realidad”, leemos en el Prólogo. Algunas son inesperadas y literalmente irónicas y ciertas: “ARTE. F. 1. Lo que se necesita para crear artefactos. 2. El país de los egos infinitos”. Otras, en el camino de un dogma católico: “CUENTAN que San José no salía de su asombro: “Este niño tiene mi nariz”.
“El libro propone un recorrido íntimo por las emociones, los recuerdos y las inquietudes humanas. Cada fragmento despierta preguntas… Su estilo es preciso, poético y sugerente”. Y no lo digo yo, pero lo secundo. Un libro peculiar ya visualmente. Por el tamaño (geométricamente, casi como una petaca), atrae ya nada más verlo. Me lo he leído unas cuantas veces y el tiempo de cada lectura (siempre distinta a la anterior) no es más de cinco estaciones de metro. “ESTOY en todo lo que escribo, sobre todo en la lista de la compra”. Por eso, César Ibáñez París sabe que “SER cansa. No ser, aún más”. Y prefiero no seguir transcribiendo. Pues serán ustedes, amables lectores, quienes buscarán y encontrarán El alba pule espadas o La esgrima de lo escueto. Amanecer, pulir, lo escueto… trabajar la vida de una manera y dar forma a los sueños. Aforismos, máximas, reflexiones… Brevedad, ironía y mirada lúcida. César Ibáñez, en la editorial Lastura.

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