
Antonio Machado llegó a Soria en 1907, trasladado por Real Orden, que se publicó el 16 de abril de ese mismo año, para ocupar una plaza de catedrático de Lengua Francesa en el instituto que hoy lleva su nombre y que entonces se llamaba Instituto General y Técnico. “Soria, ciudad castellana, ¡tan bella bajo la luna!”, marcaría su vida y su obra. Ese mismo año coincidía con la publicación de sus Soledades, galerías. Otros poemas, dentro de la corriente modernista. Y ese año, esa obra y su llegada a Soria marcaron muchas cosas y cambiaron otras tantas, en su producción literaria y en su vida. No hay más que nombrar algunas realidades: Leonor, viaje a París, el Duero, el paisaje soriano, el hombre de labranza, Campos de Castilla… Aquí se enmarca una obra que tiene entidad propia pero que forma parte de sus (repito el título) Campos de Castilla: “La Tierra de Alvergonzález”.
De esta ha aparecido en 2026 una nueva, rigurosa y bella edición, con el título de “La Tierra de Alvargonzález. Cuento-leyenda y romance”, publicada por Millan y Las Heras Ediciones, sita, con su hermosa y centenaria librería, en el centro de Soria, calle de El Collado, 38. Lleva un breve y claro Prólogo de César Millán, quien regenta hoy esta librería (con nuevos bríos) y creó la editorial, que lleva ambos nombres. La obra se completa con una extensa, clarividente y didáctica Introducción de la catedrática de Literatura, Esther Vallejo de Miguel, que ocupa las primeras 57 páginas. Los dos textos siguientes son los ambos formatos que Antonio Machado dio a la obra: la primera en prosa y la segunda, en verso, como parte de Campos de Castilla. “La Tierra de Alvargonzález (Cuento-leyenda)”, en prosa, apareció publicada en enero de 1912, en el número 9 de la revista Mundial Magazine. Una publicación que resistió tres intensos años y estuvo dirigida por Rubén Darío. La variante en verso apareció en Campos de Castilla, en abril del mismo año, con el título conocido y estaba dedicada “al poeta Juan Ramón Jiménez”.
Mucho se ha escrito sobre La Tierra de Alvargonzález y se puede llegar a pensar que poco más hay que añadir a esta trágica historia campesina (crimen, maldición, castigo) en dos formatos. Pero esta edición que hoy comentamos redondea todo. La sola publicación de ella, tanto en su formato en prosa como en verso, con sus diferencias de contenido y forma, merece la pena conocerla y tenerla en la mano. Esther Vallejo traza, en su Introducción, todos los elementos necesarios para conocer la vida de Machado en Soria, las esencias etnográficas y antropológicas que tanto le interesaban y para ver cómo el Modernismo fue superado por nuestro poeta. He ahí los datos de la génesis de la obra y ahí está el recurso utilizado de la primera persona para dar verosimilitud al relato: un viaje real y un paisaje real, el de la Soria de la Laguna Negra más el Urbión.
Así comienza, con datos esenciales, (y disculpe el lector el extenso párrafo), del autor y del escenario para situarnos, en humanidad, geografía e historia, en lo que desarrollará narrativamente:
Una mañana de los primeros días de octubre decidí visitar la fuente del Duero y tomé en Soria el coche de Burgos que había de llevarme hasta Cidones. Me acomodé en la delantera del mayoral y entre dos viajeros: un indiano que tornaba de Méjico a su aldea natal, escondida en tierra de pinares, y un viajero campesino que venía de Barcelona donde embarcara a dos de sus hijos para el Plata… Tomamos la ancha carretera de Burgos, dejando a nuestra izquierda el camino de Osma, bordeado de chopos que el otoño comenzaba a dorar. Soria quedaba a nuestra espalda entre grises colinas y cerros pelados… El indiano me hablaba de Veracruz, mas yo escuchaba al campesino que discutía con el mayoral sobre un crimen reciente. En los pinares de Duruelo, una joven vaquera había aparecido cosida a puñaladas y violada después de muerta. El campesino acusaba a un rico ganadero de Valdeavellano, preso por indicios en la cárcel de Soria, como autor indudable de tan bárbara fechoría, y desconfiaba de la justicia porque la víctima era pobre. En las pequeñas ciudades, las gentes se apasionan del juego y de la política, como en las grandes, del arte y de la pornografía -ocios de mercaderes-, pero en los campos sólo interesan las labores que reclaman la tierra y los crímenes de los hombres.
-¿Va usted muy lejos? -pregunté al campesino.
-A Covaleda, señor -me respondió-. ¿Y usted?
-El mismo camino llevo, porque pienso subir a Urbión y tomaré el valle del Duero. A la vuelta bajaré a Vinuesa por el puerto de Santa Inés.
Vallejo de Miguel arma su análisis sin dejar cabo suelto. Examina con rigor y datos desde “La Tierra de Alvargonzález”, como mito, a las diferencias entre la versión en prosa y la versión en verso (no olvide el lector que el verso es el octosílabo y todo es un romance), los valores literarios de la naturaleza (desde el paisaje, la tierra, el agua y el aire), los valores literarios del tiempo y del sueño, el crimen, los campesinos, o a cómo se justifica la versión en romance, para acabar con una breve valoración de la obra. En su Introducción, encontrará el lector todo lo necesario para enfrentarse a la lectura de las dos versiones, su intelección ajustada, los objetivos de Machado y la importancia de una obra que sigue siendo central en la literatura machadiana de sus años en Soria.
Se acercaban a la fuente.
El agua clara corría,
sonando cual si contara
una vieja historia, dicha
mil veces y que tuviera
mil veces que repetirla.
Agua que corre en el campo
dice en su monotonía:
Yo sé el crimen, ¿no es un crimen,
cerca del agua, la vida?
Al pasar los dos hermanos
relataba el agua limpia:
«A la vera de la fuente
Alvargonzález dormía».
La Tierra del Alvargonzález. Cuento-leyenda y Romance. Antonio Machado, con estudio introductorio de Esther Vallejo de Miguel, publicada por Millán y Las Heras Ediciones.
Un hermoso, medido y conveniente librito, casi de bolsillo, que no decepcionará a nadie. Prólogo, Introducción, versión en prosa y versión en verso de la obra, dos formatos de una tragedia campesina, llevada a la Literatura por don Antonio Machado.
En los sembrados crecieron
las amapolas sangrientas;
pudrió el tizón las espigas
de trigales y de avenas;
hielos tardíos mataron
en flor la fruta en la huerta,
y una mala hechicería
hizo enfermar las ovejas.
A los dos Alvargonzález
maldijo Dios en sus tierras,
y al año pobre siguieron
largos años de miseria.

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