Autor: María Prieto Sánchez

  • Vida palpitante y sonora en los versos de Ray Pérez

    Vida palpitante y sonora en los versos de Ray Pérez

    Hace poco se cumplió un año de mi aterrizaje poético en este hermoso lugar de versos que es Poémame. Casi desde el principio, quedé cautivada por la lectura de unos bellos poemas sonoros, vibrantes, pasionales, de rico lirismo y exótico lenguaje poético. Eran sus versos, los bellos versos de Ramón Pérez, Ray Pérez para todos los que formamos parte de esta bella comunidad de poetas. Poeta madurado, intenso, de raza… Un escritor prolífico, con más de cuatrocientos poemas en su perfil. Venezolano que presume de serlo; de Cabimas, a la orilla del Caribe que tanto ama.

    Más adelante, descubrí que no solo eran así sus versos, que así era también su propia persona, su talante: generoso, amigable, soñador, apasionado, desgarrado a veces…con un gran corazón.

    Sus poemas vibran y hablan por él a través de los sentimientos y las emociones que le van embargando en cada momento.

    Así se refiere a sí mismo en su propio perfil: 

    Un poeta nace en la clandestinidad como hierro fundido en el éter. En las vértebras de huesos indolentes clavados en el cuerpo del imaginativo, idealista, soñador e incomprendido nauta.”

    Se declara admirador y lector asiduo de Rubén Darío, de Neruda o Benedetti; seguidor también de algunos de los poetas simbolistas franceses más representativos, como Baudelaire y Rimbaud. 

    “En la hondura del terraplén azul
    me acosté a ver las estrellas.”

    Y su influencia se hace sentir en su poesía utilizando un lenguaje musical, sonoro, brillante, en el que abundan los símbolos, los adjetivos, los vocablos exóticos, numerosas metáforas y sinestesias; bellas imágenes poéticas que sugieren y evocan todo tipo de sensaciones.

     “Acércate…
    Más cerca de mis sentidos
    empápame con tus labios
    rayo dilatador.
    Colores…
    Prismas…
    Luz…
    Brillos…
    Destellos…
    Tengo esperanza y miedo.
    Luz…
    Sol…
    Luna…
    Sombras…
    Volverás a fundir
    el incandescente hierro
    en la manta blanca
    que cobija mis manos de labriego
    y caminaremos por el valle de fuego
    entre estatuas medievales,
    castillos y dragones azules en vuelo.

    Ella es el universo…
    Estrella brillante
    que gravita en la ensenada crepuscular
    por donde se funde cielo y trópico…
    Sirena de mar.”

    Pero no se queda solo en la forma, pues aborda, así mismo, su mundo interior, personal e íntimo; reflejando sus diferentes estados de ánimo con imágenes o realidades que sugieren un significado profundo de las cosas.

    “La vida es corta y con altibajos 
    tan corta como el suspiro
    del atardecer.
    Somos pequeñas ménsulas
    ondeando en el mar.

    Quiero volver a pisar el peligro
    que alborota mis miedos
    es un grito de ayuda
    es un salto al vacío
    donde se esconden…
    mis penas
    donde amanezco perdido
    en este cielo,
    en este infierno.”

    Y ambos mundos coexisten en su poesía formando un todo.

    “¿Dónde estás inspiración?
    Divino elixir
    que emana de lo invisible
    como manantial dulce
    ¿Alma por qué huyes?
    En esta hora no me abandones.
    Soy tu existir
    soy un fardo de músculos
    y huesos…
    Y tú… el radal misterioso
    que mueve los hilos.”

    El hermoso mar Caribe (que él personaliza refiriéndose a él en minúscula) está imbricado y enhebrado en su poesía como un elemento más de su vida.

     “EL MAR”

    El mar me trae un suave susurro
    lo pensé perdido en tierra firme
    Yo… un desacoplado soñador
    del bajo mundo oceánico
    aspirante a capitán en un navío
    cargado de sombras y sueños inconclusos.
    Oh, ninfa del mar desapareciste
    dejándome en medio de este mar bravío
    a merced de feroces peces y despiadados
    monstruos marinos.

    Mirando el atardecer en su plenitud
    una banda de gaviotas pasa
    aullando su tedio y las aguas agolpadas
    en este caribe mar
    se reúnen y le dicen adiós
    a ese tropel de aves
    que rayan el cielo azul celeste.
    Más siempre ese susurro
    ha estado ahí como aguijoneando mi carne
    sin proferir palabras solo permitiendo
    que el crepúsculo tueste
    mi rostro de quimeras y estíos pesares.

    Así como Rimbaud se embarcó
    en su barco ebrio.
    Así… lo hago yo en esta barcaza
    solo que mi navío permanece amarrado
    en esta orilla del terraplén.
    Solo la alquitrana luna,
    en vez en cuando se asoma
    y deja caer sobre mis pertrechos
    sus anclas de tornasol
    y sus hilos de plata.
    Sigo absorto a través de las batientes olas
    escuchando ese suave susurro
    esperando a que no se desvanezcan
    los sueños.

    El amor fluye mágicamente en sus versos; a veces apasionado; calmado, sereno y maduro, otras…

    “TU MÁGICA SONRISA”

    Lucero argento
    que en delirante cascada
    rueda por tus cabellos negros
    y se impulsa como alerta centinela
    por un valle de azul sereno


    Tengo la fortuna y el aval
    de palpar tu cúspide planetaria.
    Cristal de cuarzo~~
    Jaspe rosado~~
    Roca amatista~~
    Petrificados en el ombligo
    del bosque eterno.
    Haz que esta noche no acabe
    y que el plenilunio de tus ojos
    no se cierre.
    Barbacoa del silencio
    este mar embravecido
    en tu boca de algas
    abre cauces y torrenteras.
    Mi barco acorazado
    rompe los helechos,
    tritura el granito del deseo
    y la alambrada gótica
    sostiene las paredes del olvido
    y explora
    tu mágica sonrisa.

    Sus versos se cubren con la pátina nostálgica y melancólica del paso implacable del tiempo, que hace estragos en el cuerpo y en el alma… Y en ellos, busca respuestas a sus dudas existenciales.

    “EL TIEMPO EN MIS PUPILAS
    SE AMONTONA”


    El tiempo en mis pupilas
    se amontona
    el viento desplomado
    atraviesa arando los surcos de mi piel;
    de mi rostro senil.
    las manecillas del reloj de arena
    el mar las borra…

    Ya no soy capaz
    de echar andar los veleros
    en esta tibieza soledad
    anclado
    en el muro lacustre
    de la lobreguez.

    Ya no soy capaz
    de doblegar el claroscuro
    de la embriaguez.  
    Navego
    por el sórdido océano azul,
    descalzo y sin vértebras.

    Los años caen
    humedeciendo el alba.
    Envejecemos
    tan de prisa
    que el viento
    en retorno nos trae pisando.

    Las nociones del tiempo
    nos muestran
    una paradoja existencial
    ¿El tiempo es lineal
    o da vuelta en círculos?

    De algo estoy seguro
    el tiempo es eternal.
    Los años pasan
    como suenan
    las guitarras del olvido
    y el aroma de sándalo
    diluido
    en la estancia se ha ido.

    Los años pasan
    lo supe esta mañana
    cuando te besé
    en la cama.
    Que importan los años
    si a esta edad
    todavía puedo endulzar
    de miel tus labios.

    No perdamos la calma,
    el tiempo corre de prisa.
    Mejor que sea la portátil lluvia
    que nos haga florecer;
    siempre juntos
    y así tomar el café
    mirando la puesta de sol
    más brillante desde la ventana.

    Descripción: https://www.notilogia.com/wp-content/uploads/2015/06/Simbolos-naturales.jpg

    Y para terminar, estos tres poemas que dibujan magníficamente la tristeza del destierro, la ausencia…el amor y el dolor de su hermosa tierra venezolana…

    “LEJOS”

    Lejos de mi país
    recojo el fruto del exilio
    solo el silencio
    me da abrigo.

    Alma taciturna no
    pierdas el arco iris
    que te alumbra…

    “LA CALLE ESTÁ VACÍA”

    La calle está vacía…
    Hace rato…
    No se ven las hojas del tardío otoño.
    Las hojas tardan en caer
    aturdiendo el silencio del mediodía.

    Los hijos se han ido a otras latitudes
    en busca de sus sueños…
    Se han desplazado
    de su terruño de algodón.
    La calle está vacía…
    De esperanza y una sordera de cigarras
    que taladran los tímpanos
    con su áspero cantar.

    Y la espada del sol
    como Damocles se encima como arma hiriente.
    Por la calzada la luna espera para brillar.
    Estelas brillantes
    se vierten en el posadero
    del colibrí rayado
    que no quiere despertar.

    “ALGÚN DÍA VOLVEREMOS A TI”

    Algún día volveremos a la tierra dulce
    donde el crepúsculo amontona los rayos de luz.
    Venezuela siempre Venezuela…
    Mi mariposa de colores.

    Navegas en un mar de brumas y en tu dulce aroma
    de mujer infinita quiero fundirme.

    Habitas en mis sueños, en mi almohada
    y en lo más hondo de mis entrañas;
    me acechas como el viento cuando
    cose las pestañas de los nevados picos perpetuos
    de la majestuosa montaña.

    Venezuela la de ojos tristes y lágrimas rotas
    cargadas de esperanza por un nuevo tiempo.

    Llenas mi alma de suavidad y frescura
    cada vez que el cóndor pasa
    rayando las paredes del monte andino.
    Aguanta y soporta estos vaivenes que
    el mar con sus olas nunca te abandona.

    Oh, mi país bajo tu suelo corren venas partidas
    y un alud de rocas sutiles refrescan tu choza
    levantada con barro pulido oculto entre
    alambradas de rocas por donde las bestias
    pasan descalzas a tumbarse en las puertas
    del caribe mar.

    Venezuela siempre Venezuela
    donde las montañas se abrazan
    con el frondoso Araguaney
    y los espinos secos vuelan hasta tocar
    la gravedad del firmamento.

    En la molicie bóveda nocturnal

    un enjambre de estrellas socava
    el manto graficado de tu diamantino suelo.

    Algún día volveremos a ti…

    ………………………………………

    Fue difícil para mí hacer esta selección entre tanto poema hermoso. Espero que, como yo, disfrutaran de su bella poesía.

  • Voz de mujer: 5 poemas de Gioconda Belli

    Voz de mujer: 5 poemas de Gioconda Belli

    “Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía y te recorro entero, sendero tras sendero, descalzando mi amor, desnudando mi miedo.”

    “… ¿Te acordás de la última vez que creímos poder iluminar
    la noche?…”

    Poeta y novelista nicaragüense. Nacida en Managua en 1948.

    Nació y vivió en el seno de una familia acomodada; su padre, Humberto Belli, era empresario y su madre, Gloria Pereira, fue fundadora del Teatro Experimental de Managua.

    Dio a conocer sus primeros poemas en 1970. En ese mismo año ingresó en el Frente Sandinista de Liberación Nacional, organización entonces clandestina, que perseguía derrocar a la dictadura de Somoza y en la que luego militó hasta 1994. Fue una firme opositora a la dictadura. Perseguida por la policía se exilió en México y Costa Rica. Fue correo clandestino, transportó armas, viajó por Europa y América Latina obteniendo recursos y divulgando la lucha sandinista. Con el triunfo de la Revolución regresó a Nicaragua, desempeñó diversos cargos en el nuevo gobierno. Estuvo casada con Henry Ruiz, uno de los nueve comandantes de la dirección nacional.

    Abandonó la vida política para dedicarse a escribir su primera novela, ”La mujer habitada”, publicada en 1988. Fue un éxito clamoroso de amplia resonancia internacional, aunque no dejó nunca de lado la poesía.

    En 1972 publica su primer poemario, “Sobre la grama”. Estos primeros versos causaron gran impacto en la sociedad nicaragüense en su momento, porque eran revolucionarios tanto en el fondo como en la forma; se atrevían a tratar aspectos de la sexualidad femenina que hasta entonces habían quedado relegados, por pudor, al ámbito privado y rompieron muchos de los tabúes existentes sobre el placer y el deseo sexual de la mujer.

    “Mi literatura no es femenina, es una literatura donde la mujer es protagonista. Mi literatura es la visión del mundo desde la perspectiva de la mujer”.

    Su poesía es muy personal e intimista. En ella fluyen como temas candentes: la mujer, el erotismo, lo social o su propio compromiso político.

    Reivindica el cuerpo, la sexualidad, el amor, el deseo…Para ella es natural escribir de lo que vive, de su cuerpo, del de su amado, de la naturaleza de su Nicaragua natal, de las distintas experiencias y etapas de la vida por las que pasa una mujer…Y se agarra a la poesía para tratar de entender el mundo que la rodea.

    “A mí, la poesía me acerca más a la tierra, a lo palpable y cotidiano.”

    En sus poemas, la mujer deja de ser el objeto pasivo de la poesía, la musa, para convertirse en protagonista de todo lo que ama, vive y siente. En ellos comparte sus propias experiencias en sus diversas facetas, trata del bienestar pequeño-burgués y las limitaciones sociales y clasistas, de la convencional imagen de esposa y madre. Hasta lograr encontrarse ya libre de ataduras y de ideologías, como una mujer independiente, aunque con conflictos y contradicciones.

    «Amo a las mujeres desde su piel que es la mía. / A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas, / a la que se levanta de noche a ver a su hijo que llora, / a la que lucha enardecida en las montañas, / a la que trabaja -mal pagada- en la ciudad, / a la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas en la pancita caliente del comal. […] A todas las amo y me felicito por ser de su especie«.

    Habla también de feminismo, de libertades, de derechos, de igualdad de género y rescata al hombre como compañero en esa lucha por la igualdad.

    “El feminismo no es una doctrina o una religión; el feminismo es la reacción de la mujer cuando se percata del lugar que la han forzado a ocupar en el mundo. La rabia que produce la injusticia de la desigualdad, el dolor de ver a otras mujeres asesinadas, asaltadas, maltratadas, abusadas por ser mujeres, todo eso causa que las cuerdas poéticas internas vibren intensamente. La poesía también es empatía, también es solidaridad.”

    También refleja en sus versos los cambios físicos de su cuerpo: de la menstruación, de la maternidad (“va creciendo como un puño que se abre/ el hijo que sembraste”), o de la menopausia.

    En los últimos tiempos, sus poemas giran ya sobre su “avanzada juventud”, la madurez, sobre cómo nos cambia el tiempo y a veces lo sentimos como una amenaza…

     (“No sé cuándo dispuse rebelarme. / No aceptar que sólo se me concedieran como válidos/ los diez o veinte años con piel de manzana / sentirme orgullosa de las señales/ de mi madurez”…)

    Gioconda Belli escribe poesía, novela, memorias, cuentos… Entre sus libros de poesía más reconocidos destacan: Sobre la grama, Línea de fuego, Truenos y arcoíris, Amores insurrectos y De la costilla de Eva.

    Es una de las más notables integrantes de la “Nueva Narrativa Nicaragüense”, que junto a Ernesto Cardenal y Claribel Alegría, iniciaron la renovación de la poesía en su país.

    Su obra ha obtenido importantes premios y reconocimientos y ha sido traducida a diversos idiomas. Hace unos años publicó “Escándalo de miel”, una antología poética que supone para ella una especie de biografía. En ella recoge sus mejores poemas.

    Ahora, viviendo entre Estados Unidos y Nicaragua y viajando por el mundo, dice que milita en la vida y que mientras se siga haciendo preguntas seguirá escribiendo poesía.

    “La experiencia de la vida es la pasión de beberla hasta la embriaguez profunda, cantar, bailar, decir versos hermosos y luego dormir.”

    (Arte: Mucha Kachidza)

    Y ahora nos toca disfrutar de su hermosa poesía…

    En esta selección de cinco poemas de sus distintos poemarios, la poeta se nos muestra por entero en su esencia de mujer, apasionada, independiente, vital ante todo, sin prejuicios ni ataduras. 

    Y DIOS ME HIZO MUJER

    Y Dios me hizo mujer,

    de pelo largo,

    ojos,

    nariz y boca de mujer.

    Con curvas

    y pliegues

    y suaves hondonadas

    y me cavó por dentro,

    me hizo un taller de seres humanos.

    Tejió delicadamente mis nervios

    y balanceó con cuidado

    el número de mis hormonas.

    Compuso mi sangre

    y me inyectó con ella

    para que irrigara

    todo mi cuerpo;

    nacieron así las ideas,

    los sueños,

    el instinto.

    Todo lo que creó suavemente

    a martillazos de soplidos

    y taladrazos de amor,

    las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días

    por las que me levanto orgullosa

    todas las mañanas

    y bendigo mi sexo.

    RECORRIÉNDOTE

    Quiero morder tu carne,

    salada y fuerte,

    empezar por tus brazos hermosos

    como ramas de ceibo,

    seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños

    ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza

    hurgando la ternura,

    ese pecho que suena a tambores y vida continuada.

    Quedarme allí un rato largo

    enredando mis manos

    en ese bosquecito de arbustos que te crece

    suave y negro bajo mi piel desnuda

    seguir después hacia tu ombligo

    hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,

    irte besando, mordiendo,

    hasta llegar allí

    a ese lugarcito

    -apretado y secreto-

    que se alegra ante mi presencia

    que se adelanta a recibirme

    y viene a mí

    en toda su dureza de macho enardecido.

    Bajar luego a tus piernas

    firmes como tus convicciones guerrilleras,

    esas piernas donde tu estatura se asienta

    con las que vienes a mí

    con las que me sostienes,

    las que enredas en la noche entre las mías

    blandas y femeninas.

    Besar tus pies, amor,

    que tanto tienen aun que recorrer sin mí

    y volver a escalarte

    hasta apretar tu boca con la mía,

    hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento

    hasta que entres en mí

    con la fuerza de la marea

    y me invadas con tu ir y venir

    de mar furioso

    y quedemos los dos tendidos y sudados

    en la arena de las sábanas

    HERMOSURA DE LA DIALÉCTICA

    (A Cosme, mi profesor de Filosofía)

    Estoy viva

    como fruta madura

    dueña ya de inviernos y veranos,

    abuela de los pájaros,

    tejedora del viento navegante.

    No se ha educado aún mi corazón

    y, niña, tiemblo en los atardeceres,

    me deslumbran el verde, las marimbas

    y el ruido de la lluvia

    hermanándose con mi húmedo vientre,

    cuando todo es más suave y luminoso.

    Crezco y no aprendo a crecer,

    no me desilusiono,

    ni me vuelvo mujer envuelta en velos,

    descreída de todo, lamentando su suerte.

    No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,

    de la tierra parida,

    el canto de los pueblos,

    los brazos del obrero construyendo,

    la mujer vendedora con su ramo de hijos,

    los chavalos alegres marchando hacia el colegio.

    Si.

    Es verdad que a ratos estoy triste

    y salgo a los caminos,

    suelta como mi pelo,

    y lloro por las cosas más dulces y más tiernas

    y atesoro recuerdos

    brotando entre mis huesos

    y soy una infinita espiral que se retuerce

    entre lunas y soles,

    avanzando en los días,

    desenrollando el tiempo

    con miedo o desparpajo,

    desenvainando estrellas

    para subir más alto, más arriba,

    dándole caza al aire,

    gozándome en el ser que me sustenta,

    en la eterna marea de flujos y reflujos

    que mueve el universo

    y que impulsa los giros redondos de la tierra.

    Soy la mujer que piensa.

    Algún día

    mis ojos

    encenderán luciérnagas.

    MUJERES DE LOS SIGLOS ME HABITAN

    Isadora bailando con la túnica

    Virginia Woolf, su cuarto propio

    Safo lanzándose desde la roca

    Medea Fedra Jane Eyre

    y mis amigas

    espantando lo viejo del tiempo

    escribiéndose a sí mismas

    sacudiendo las sombras para alumbrar perfiles

    y dejarse ver por fin

    desnudadas de toda convención.

    Mujeres danzan a la luz de mi lámpara

    se suben a las mesas dicen discursos incendiarios

    me sitian con los sufrimientos

    las marcas del cuerpo, el alumbramiento de los hijos

    el silencio de las olorosas cocinas, los efímeros tensos dormitorios

    mujeres enormes monumentos me circundan

    dicen sus poemas cantan bailan recuperan la voz

    dice: No pude estudiar latín no pude escribir como Shakespeare

    Nadie se apiadó de mi gusto por la música

    George Sand: Tuve que disfrazarme de hombre, escribí oculta en el

    nombre masculino

    Y más allá Jane Austen acomodando las palabras de “Orgullo y Perjuicio”

    en un cuaderno en la sala común de la parroquia

    interrumpida innumerablemente por los visitantes.

    Mujeres de los siglos adustas envejecidas tiernas

    con los ojos brillantes descienden a mi entorno

    ellas perecederas inmortales

    parecieran gozar detrás de las pestañas

    viendo mi cuarto propio”(…)

    NUEVA TESIS FEMINISTA

    ¿Cómo decirte

    hombre

    que no te necesito?

    No puedo cantar a la liberación femenina

    si no te canto

    y te invito a descubrir liberaciones conmigo.

    No me gusta la gente que se engaña

    diciendo que el amor no es necesario

    -«témeles, yo le tiemblo»

    Hay tanto nuevo que aprender,

    hermosos cavernícolas que rescatar,

    nuevas maneras de amar que aún no hemos inventado.

    A nombre propio declaro

    que me gusta saberme mujer

    frente a un hombre que se sabe hombre,

    que sé de ciencia cierta

    que el amor

    es mejor que las multi-vitaminas,

    que la pareja humana

    es el principio inevitable de la vida,

    que por eso no quiero jamás liberarme del hombre;

    lo amo

    con todas sus debilidades

    y me gusta compartir su terquedad

    todo este ancho mundo

    donde ambos nos somos imprescindibles.

    No quiero que me acusen de mujer tradicional

    pero pueden acusarme

    tantas como cuantas veces quieran

    de mujer.

    REFERENCIAS:

    Datos de la biografía de la autora extraídos de:

     – Escritores.org

    Wikipedia

    Solo literatura. Literatura Hispanoamericana

    EcuRed

  • 5 poemas de Dulce María Loynaz

    5 poemas de Dulce María Loynaz

    ”En mi verso soy libre: él es mi mar. Mi mar ancho y desnudo de horizontes… Ando en mi verso; respiro, vivo, crezco en mi verso y en él tienen mis pies camino y mi camino rumbo y mis manos qué sujetar y mi esperanza qué esperar y mi vida su sentido».

    Dulce María Loynaz nacida y fallecida en La Habana (1902-1997) Poeta y novelista cubana.

    Escribió poesía desde muy joven con 16 años. En 1919 ya publicaba sus primeros poemas en varios periódicos de La Habana. Después de Doctorarse en Derecho, colaboró con las más importantes publicaciones de su país y viajó muchas veces por Europa, Asia y América, dedicándose paralelamente a la literatura. Recibió numerosos premios y reconocimientos, entre los que destacan el Premio Nacional de Literatura en Cuba (1987) y el Premio Cervantes en España (1992). También fue miembro de la Real Academia Española de la Lengua.

    En la década de los 30 su casa de La Habana, El Vedado, se convierte en centro de la vida cultural de la ciudad, acogiendo en las llamadas “juevinas” a diversos intelectuales y artistas como García Lorca, Juan R. Jiménez, Gabriela Mistral o Alejo Carpentier. Fue siempre lugar de acogida para los escritores españoles que llegaban a Cuba.

    En el estilo de sus primeros escritos fue fundamental la influencia de Juan Ramón Jiménez. En esos versos de sus inicios, se puede encontrar una ternura, melancolía y lirismo intimista, que recuerdan a la prosa poética de Platero y yo, obra del poeta onubense. 

    Su poesía, según algunos estudiosos de su obra, tiene ciertos tintes impresionistas. Fuerte, enérgica, intensa, nada retórica… pero al mismo tiempo, delicada, desnuda, con mucha sensibilidad, escrita con el alma… A veces, una mezcla de realidad y fantasía en la que resulta difícil establecer una línea divisoria.

    Su vida era el verso. Y es que ella era tan sencilla y clara como su propia poesía. Sin embargo fue muy crítica y exigente consigo misma y con su obra. (Su novela “Jardín” la escribió siete veces buscando la perfección…)

    Su consejo a los jóvenes poetas era: «No se apresuren a publicar antes de tiempo, dejen que la fruta madure en la rama, porque si esto se adelanta nunca sale bien, oigan esto, porque la juventud es muy impaciente y se cree que no le va a alcanzar el tiempo… dejen madurar la fruta en el árbol, que así tiene luego más sabor».

    En sus primeros libros la influencia del modernismo se hizo notar; más adelante, su poesía no dejó de evolucionar hacia la sencillez y el intimismo.

    Poeta del agua. Sus “Juegos de agua” (1951) fueron un reflejo de la fugacidad del tiempo, de la nostalgia que nos invade…

    En sus versos se funde con su isla, con su soledad; con sus otras islas, las Canarias, que fueron su referente en su libro “Un verano en Tenerife”.

    “Nadie escucha mi voz, si rezo o grito: soy isla asida al tallo de los vientos.”

    Una gran mujer que se autoexilió en su propia casa para no participar en el  proceso revolucionario de aquellos años en Cuba, revolución que no apoyaba, según ella, para no contribuir al deterioro, a la vulgarización de la cultura y la identidad nacional cubana que tanto defendía.

    Y tal vez, por ello, se quería recluir en el silencio callado del estanque: «Yo no quisiera ser más que un estanque / verdinegro, tranquilo, limpio y hondo. / Uno de esos estanques / que en un rincón obscuro / del silencioso bosque, / se duermen a la sombra tibia y buena / de los árboles».

    En resumen, una poeta humilde, sencilla y activa, que se dedicó por entero a la literatura hasta alcanzar los 95 años de edad y que llegó a convertirse en figura de referencia mundial, una de las representantes femeninas más ilustres de la poesía latinoamericana del siglo XX.

    “¿Quién toca el arpa de la lluvia?

    Mi corazón mojado se detiene a escuchar

    la música del agua.

    Mi corazón se ha puesto a escuchar

    sobre una rosa…”

    En estos 5 poemas que he seleccionado, creo que están representadas las principales características, ya citadas, de su bella poesía, de su lirismo sencillo y delicado, sin adornos innecesarios.

    JUEGOS DE AGUA

    Los juegos de agua brillan a la luz de la luna
    como si fueran largos collares de diamantes:
    Los juegos de agua ríen en la sombra…Y se enlazan
    y cruzan y cintilan dibujando radiantes
    garabatos de estrellas…
    Hay que apretar el agua
    para que suba fina y alta…Un temblor de espumas
    la deshace en el aire; la vuelve a unir…desciende
    luego, abriéndose en lentos abanicos de plumas…

    Pero no irá muy lejos…Esta es agua sonámbula
    que baila y que camina por el filo de un sueño,
    transida de horizontes en fuga, de paisajes
    que no existen…Soplada por un grifo pequeño.

    ¡Agua de siete velos desnudándote y nunca
    desnuda! ¡Cuándo un chorro tendrás que rompa el broche
    de mármol que te ciñe, y al fin por un instante
    alcance a traspasar como espada, la Noche!

    POEMA CXIV

    El mundo entero se me ha quedado vacío, dejado por los
    hombres que se olvidaron de llevarme.
    Sola estoy en esta vasta tierra, sin más compañía que los
    animales que tampoco los hombres necesitan, que los árboles
    que no creen necesitar.
    Y mañana, cuando les falte el canto de la alondra o el perfume
    de la rosa, se acordarán de que hubo una flor y que hubo un
    pájaro. Y pensarán acaso que era bueno tenerlos.
    Pero cuando les falte mi verso tímido, nadie sabrá que alguna
    vez yo anduve entre ellos.

    YO TE FUI DESNUDANDO…

    Yo te fui desnudando de ti mismo,
    de los «tús» superpuestos que la vida
    te había ceñido…

    Te arranqué la corteza —entera y dura—
    que se creía fruta, que tenía
    la forma de la fruta.

    Y ante el asombro vago de tus ojos
    surgiste con tus ojos aun velados
    de tinieblas y asombros…

    Surgiste de ti mismo; de tu misma
    sombra fecunda — intacto y desgarrado
    en alma viva…

    DIVAGACIÓN

    Si yo no hubiera sido…, ¿qué sería
    en mi lugar? ¿Más lirios o más rosas?
    O chorros de agua o gris de serranía
    o pedazos de niebla o mudas rocas.
    De alguna de esas cosas- la más fría…-
    me viene el corazón que las añora.
    Si yo no hubiera sido, el alma mía
    repartida pondría en cada cosa
    una chispa de amor…

    Nubes habría
    – las que por mí estuvieran – más que otras
    nubes, lentas… (¡La nube que podría
    haber sido!…)

    ¿En el sitio, en la hora
    de que árbol estoy, de qué armonía
    más asequible y útil? Esta sombra
    tan lejana parece que no es mía…
    Me siento extraña en mi ropaje; y rota
    en las aguas, en la monotonía
    del viento sobre el mar, en la paz honda
    del campo, en el sopor del mediodía…

    ¡Quién me volviera a la raíz remota
    sin luz, sin fin, sin término y sin vía!…

    ETERNIDAD

    En mi jardín hay rosas:
    Yo no te quiero dar
    las rosas que mañana…
    Mañana no tendrás.

    En mi jardín hay pájaros
    con cantos de cristal:
    No te los doy, que tienen
    alas para volar…

    En mi jardín abejas
    labran fino panal:
    ¡Dulzura de un minuto…
    no te la quiero dar!

    Para ti lo infinito
    o nada; lo inmortal
    o esta muda tristeza
    que no comprenderás…

    La tristeza sin nombre
    de no tener que dar
    a quien lleva en la frente
    algo de eternidad…

    Deja, deja el jardín…
    no toques el rosal:
    Las cosas que se mueren
    no se deben tocar.

    SU BIBLIOGRAFÍA POÉTICA:

    Versos (1950) Juegos de agua (1951) Poemas sin nombre (1953) Últimos días de una casa (1958) Poemas escogidos (1985) Poemas náufragos (1991)
    Bestiarium (1991) Finas redes (1993) La novia de Lázaro (1993) Poesía completa (1993) Melancolía de otoño (1997) La voz del silencio (2000) El áspero sendero (2001)

    REFERENCIAS:

    Datos extraídos de la biografía de la autora:

    Revista Digital Isla Bahía.

    Monografías.com. Lengua y Literatura.

    Instituto Cervantes. Cervantes.es. Bibliotecas y documentación.

    Escritores.org.

    Autora: María Prieto

    Maestra de Primaria de profesión y poeta aficionada desde la adolescencia. Ello, se reflejó también en mi actividad docente desarrollando y trabajando la creación poética con mis alumnos. Aficionada a la literatura (poesía y narrativa), al arte, a los viajes y a la naturaleza, muy presente en mis poemas. Publico mis escritos en mi blog: https://lamardeversosazules.blogspot.com/

  • 5 poemas de Ángela Figuera Aymerich, poeta española

    5 poemas de Ángela Figuera Aymerich, poeta española

    Poeta española nacida en Bilbao en 1902, Ángela Figuera Aymerich estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, siendo Catedrática de Lengua y Literatura en los Institutos de Huelva, Alcoy y Murcia, trabajando también en la Biblioteca Nacional. donde realiza una importante labor en los denominados “bibliobuses”, servicio que trataba de llevar la literatura y los hábitos de lectura a los barrios marginales y periféricos de Madrid.

    Fue una mujer comprometida con su país y con su tiempo: antifranquista, escritora en un mundo dominado por hombres y defensora del papel social de la mujer. Se le considera parte de la generación de la posguerra. Amiga de poetas como Blas de Otero y Gabriel Celaya, no le gustaba que la encasillaran en un grupo poético. Nunca quiso definir su poesía, aunque se la etiquetó como poeta social. Afirmaba que en su obra se reflejaban todas sus lecturas, pasadas y presentes.

    Con sus poemas pretendía, según escribió, “crear belleza con la palabra […] acompañar, consolar, denunciar, protestar, gritar, dar fe de amor a las cosas grandes y pequeñas”. En ellos se interroga sobre su lugar en el mundo como mujer y como poeta, diciendo verdades, pegada a la gente y a la tierra. Y precisamente esa condición de mujer, unida a la circunstancia de encontrarse en el bando perdedor de la guerra civil, fue la causa de que no tuviera el reconocimiento público que se merecía por su obra.

    Sus poemas se caracterizan por su lirismo y su intensidad, con un lenguaje sencillo y llano, nada rebuscado.

    Publicó Mujer de barro (1948), Soria pura (1949), El grito inútil (1952), Los días duros (1953) y Víspera de la vida (1953), Belleza cruel (1958, Premio de Poesía Nueva España) y Toco la tierra (1962). Así como los poemarios dedicados al mundo infantil Cuentos tontos para niños listos (1980) y la póstuma Canciones para todo el año (1984).

    Murió en Madrid en 1984.

    He realizado esta selección de cinco de los poemas representativos de su pensamiento y su compromiso social, según mi criterio. Se desprende de ellos una gran honestidad y humildad consigo misma y con la vida que le tocó vivir.

    Como ella dijo: “Mi reino es de este mundo. Mi poesía / toca la tierra y tierra será un día”.

    NADIE SABE

    Abre tus ojos anchos al asombro
    cada mañana nueva y acompasa
    en místico silencio tu latido
    porque un día comienza su voluta
    y nadie sabe nada de los días
    que se nos van y luego se deshacen
    en polvo y sombra. Nadie sabe nada.

    Pisa la tierra, vierte la simiente,
    coge la flor y el fruto: sin palabras,
    pues nadie sabe nada de la tierra
    muda y fecunda que, en silencio, brota,
    y nadie sabe nada de las flores
    ni de los frutos ebrios de dulzura.

    Mira la llamarada de los árboles,
    bebiéndose lo azul: contempla, toca

    la piedra inmóvil de alma intraducible
    y el agua sin contornos que camina
    por sus trazados cauces, ignorándolos.
    Sueña sobre ellos. Sueña. Sin decirlo.
    Pues nadie sabe nada de los árboles
    ni de la piedra ni del agua en fuga.

    Mira las aves altas, desprendidas,
    limando el sol al golpe de sus alas;
    toma del aire el trino y el gorjeo,
    pero no quieras traducir su ritmo,
    pues nadie sabe nada de los pájaros.

    Mira la estrella, vuela hacia su altura,
    toma su luz y enciéndete la frente,
    pero no inquieras su remoto arcano
    pues nadie sabe nada de la estrella.

    Besa los labios y los ojos; goza
    la carne del amante sazonada
    secretamente para ti; acomete
    con decisión humilde la tarea
    del imperioso instinto: crece en ramas
    mas nada digas del tremendo rito
    pues nadie sabe nada de los besos,
    ni del amor ni del placer, ni entiende
    la ruda sacudida que nos pone
    al hijo concluido entre los brazos.

    Clama sin grito, llora sin estruendo
    pues nadie sabe nada de las lágrimas.

    Vete a hurtadillas. Con discreto paso.
    Traspasa quedamente la frontera.
    Pues nadie sabe nada de la muerte.

    DURAR

    Yo pasaré y apenas habré sido,
    -frágil destino de mi pobre arcilla-.

    Hijo, cuando yo no exista,
    tú serás mi carne, viva.
    Verso, cuando yo no hable,
    tú, mi palabra inextinta.

    EL GRITO INÚTIL

    ¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve
    una mujer viviendo en puro grito?
    ¿Qué puede una mujer en la riada
    donde naufragan tantos superhombres
    y van desmoronándose las frentes
    alzadas como diques orgullosos
    cuando las aguas discurrían lentas?

    ¿Qué puedo yo con estos pies de arcilla
    rodando las provincias del pecado,
    trepando por las dunas, resbalándome
    por todos los problemas sin remedio?

    ¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula,
    con sólo esta canción, esta porfía
    limando y escociéndome la boca?

    ¿Qué puedo yo perdida en el silencio
    de Dios, desconectada de los hombres,
    preñada ya tan sólo de mi muerte,
    en una espera lánguida y difícil,
    edificando, terca, mis poemas
    con argamasa de salitre y llanto?

    Volvedme a aquel descuido, a aquel sosiego
    en que era dable andar por los caminos
    pastoreando ensueños como ovejas.
    Volvedme al ruiseñor de aquel boscaje,
    al vuelo de aquel cisne por el lago
    bajo la planta azul de aquella luna.

    Volvedme a la andadura mesurada
    al trópico dulcísimo y sedante
    de un verso con timón y cortesía
    donde cantar cómo los bucles de oro
    son cómplices del pájaro y la rosa,
    porque eso, al fin, a nada compromete
    y siempre suena bien y hace bonito.

    Pero es vano, amigos, nos cortaron
    la retirada hacia seguras bases.
    Están rotos los puentes,
    los caminos confusos,
    los túneles cegados. No sabemos
    de cierto si avanzamos o si huimos
    dejando por detrás tierra quemada.

    Y yo pregunto, vadeando a solas
    un río de aguas turbias y crueles,
    ¿qué puede una mujer, para qué sirve
    una mujer gritando entre los muertos?

    MUJER DE BARRO

    Mujer de barro soy, mujer de barro:
    pero el amor me floreció el regazo.

    Mujer
    ¡Cuán vanamente, cuán ligeramente
    me llamaron poetas, flor; perfume!

    Flor; no: florezco. Exhalo sin mudarme.
    Me entregan la simiente: doy el fruto.
    El agua corre en mí: no soy el agua.
    Árboles de la orilla, dulcemente
    los acojo y reflejo: no soy árbol.
    Ave que vuela, no: seguro nido.

    Cauce propicio, cálido camino
    para el fluir eterno de la especie.

    NO QUIERO

    No quiero
    que los besos se paguen
    ni la sangre se venda
    ni se compre la brisa
    ni se alquile el aliento.
    No quiero
    que el trigo se queme y el pan se escatime.

    No quiero
    que haya frío en las casas,
    que haya miedo en las calles,
    que haya rabia en los ojos.

    No quiero
    que en los labios se encierren mentiras,
    que en las arcas se encierren millones,
    que en la cárcel se encierre a los buenos.

    No quiero
    que el labriego trabaje sin agua
    que el marino navegue sin brújula,
    que en la fábrica no haya azucenas,
    que en la mina no vean la aurora,
    que en la escuela no ría el maestro.

    No quiero
    que las madres no tengan perfumes,
    que las mozas no tengan amores,
    que los padres no tengan tabaco,
    que a los niños les pongan los Reyes
    camisetas de punto y cuadernos.

    No quiero
    que la tierra se parta en porciones,
    que en el mar se establezcan dominios,
    que en el aire se agiten banderas
    que en los trajes se pongan señales.

    No quiero
    que mi hijo desfile,
    que los hijos de madre desfilen
    con fusil y con muerte en el hombro;
    que jamás se disparen fusiles
    que jamás se fabriquen fusiles.

    No quiero
    que me manden Fulano y Mengano,
    que me fisgue el vecino de enfrente,
    que me pongan carteles y sellos
    que decreten lo que es poesía.

    No quiero amar en secreto,
    llorar en secreto
    cantar en secreto.

    No quiero
    que me tapen la boca
    cuando digo NO QUIERO…

    Referencias

    Datos biográficos extraídos del libro “Ser palabra desnuda” de Ángela Figuera Aymerich (Sabina editorial) y de la biografía “Ángela Figuera Aymerich” escrita por Francisco Arias Solís en la Revista Digital IslaBahía.com.