Poemas

  • 3 poemas de Kamal Dhungana, poeta nepalí

    3 poemas de Kamal Dhungana, poeta nepalí

    Kamal Dhungana (Nepal), poeta nepalí nacido en la India. Escribe poemas desde hace cinco años. Además de poesía, también escribe cuentos. Algunos de sus poemas han sido publicados en Vietnam, Bangladesh, China, Serbia, España, India, Egipto, Roma, Palestina, Indonesia y Nepal. Actualmente prepara su primer libro de poesía.

    Última carta

     La última noche de invierno

     el frío me cortaba los dedos

     temblaba, con un bolígrafo de color rojo

     escribía la última carta

     

    Querida, esta es mi última carta

     tal vez esta carta te salvó de mí

     Las memorias perdurarán hasta el último instante

     y vivirán hasta tu último aliento

     hasta después de mi muerte

     Como un caserío después de una inundación

     todo mi mundo se ha vuelto desolado

     los sueños de hoy se desvanecen

     la tierra que piso está desierta

     hasta el cielo azul parece nublado

     contemplo un eclipse lunar cada noche.

     

    Sí querida, hoy serás testigo

     estoy escribiendo esta última carta,

     esta carta es mi última señal para ti

     pero, puede que no sea el último para ti

     sólo esta carta será la última.

     Fuego

    Érase una vez, nuestro amor

    era como un río.

    Ambos fluímos juntos;

    durante mucho tiempo,

    los dos fuimos como el agua.

    Pero hoy,

    quemaste nuestro amor.

    Ya no eres como el agua,

    ni como el fuego,

    has escapado intacta

    pero yo me he quemado

    no una vez, sino dos.

    Primero por el fuego del adiós

    y luego, al volcar el aceite de la lámpara

    El rojo

    Nunca te gustó el color rojo

    Supe luego,

    que nunca te habían gustado

    esas rosas rojas de San Valentín.

    Te escribí con mi sangre.

    No te gustaban esas cartas de amor rojas.

    Incluso te disgustaba el sindoor rojo,

    que traje para adornarte.

    Un día

    tras un accidente,

    necesitabas sangre.

    Pese a la negativa de tus parientes,

    ¿Cómo es que aceptaste mi sangre?

    ¿Cómo es que te gustó que tu colorida vida

    sobreviviera con mi sangre?

    ¡Después de todo,  también era de color rojo!

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 poemas de Marion de Vos-Hoekstra, poeta holandesa

    3 poemas de Marion de Vos-Hoekstra, poeta holandesa

    Marion de Vos-Hoekstra nació en Holanda y está casada con un diplomático de carrera. Ambos sirvieron en Yemen del Norte, Tanzania, Reino Unido, Malí, España, Sudáfrica y Estados Unidos, y ahora en Holanda. Se formó como profesora de francés y como traductora de francés, inglés y holandés. También domina el español y el alemán, toca el piano y la guitarra, es ornitóloga aficionada y realiza dibujos, acuarelas y pinturas al óleo. La naturaleza, la naturaleza humana y su vida nómada son su principal inspiración. Ha asistido a varios talleres de poesía en inglés, entre ellos una Masterclass en Nueva York en Poetshouse y un curso en el prestigioso Instituto 92Y. Es autora de cinco libros de poesía (en inglés y holandés), 4 con Demer Press, y su obra ha sido publicada en varias antologías y revistas internacionales. Ha hecho presentaciones en: Woordfees» de la Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica, Museo Literario de Bloemfontein, Sudáfrica, Literary Cafe, Cornelia street, Manhattan, Nueva York US, Dutch club, Nueva York US. Vlaanderen Huis, «De orde van de Prins «Nueva York US, sección holandesa Universidad de Columbia Nueva York, US, De Haagse Kunstkring, La Haya, y en las bibliotecas de Wassenaar y Nimega/Países Bajos.

    La otra primavera

    Ahí está de nuevo

    ese parpadeo de miedo

    cuando las ramas cargadas

    con abundante floración

    te envuelven

    en su insoportable aroma,

    exhibiendo

    su fertilidad descarada.

    Allí, entre los dientes de león,

    la cáscara rota de

    un huevo de gorrión eclosionado,

    el más fino azul pastel

    que jamás hayas visto.

    La primavera ya no encaja,

    en su interior, brotan las semillas de la pérdida.

    Te sientes inadecuadamente estéril.

    Entre continentes

    Esta vida nómada es

    una colisión de placas tectónicas,

    una erupción de la creación,

    fuego para renacer,

    la siembra y la cosecha,

    un fracturado valle entre continentes,

    lleno del magma de la memoria.

    Inspiración

    Todavía es demasiado ligera

    mi alma impregnada de dolor

    no ha sufrido lo suficiente,

    el corte es profundo,

    un funeral ya visto.

    ¿Es el dolor la musa adecuada?

    La vida se derrama.

    Inténtalo de nuevo.

    Música, naturaleza,

    ¿una elección?

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • Pradoalto: “Edifiqué tan lenta biografía, con sólido cimiento de agua oscura…”

    Pradoalto: “Edifiqué tan lenta biografía, con sólido cimiento de agua oscura…”

    Casi finalizando el mes de enero, arribó a Poémame un poeta granadino de verso firme, grave y potente. Dotado de un lirismo claroscuro, hondo y bello, que se percibe madurado en su quehacer poético por años de lectura y escritura.

    “Ternura, lirio, azucena

    esculpiéndose en mi carne.

    Grito.”

    Un poeta prolífico que, en apenas dos meses, nos ha regalado más de cien poemas. Se trata de José Antonio Rodríguez Fernández, “Pradoalto” para todos los compañeros de nuestra comunidad poética. Él mismo se dibuja en su perfil con estas palabras:
    “Aprendiz de poeta desde joven y quizá demasiado hipercrítico conmigo
    mismo.”
    A lo que yo le añadiría (después de leer su hermosa obra compartida) “amante del verso clásico y la mitología griega”, que cultiva, dotando a sus versos de una gran belleza y profundidad.

    “Faunos”

    “Algo sembró de miedo

    el recuerdo insondable de la laguna,

    el esfuerzo por sostener la mirada,

    tibia, de aquellos faunos de ensueño.

    Catedral enigmática del cieno.”


    Admirador declarado de la obra machadiana, de “Don Antonio”, como él le llama. Y ello se refleja en algunos de sus poemas:

    “Las verdinegras alamedas

    como guardianes del sonido

    danzan al viento esbeltas copas

    hienden el tan altivo cielo

    con su aleve viento encendido”

    Así nos traza, en unos cuantos rasgos, su transitar por la vida atravesando el tiempo y el olvido…

    “Del que fui y sigo ocultándome

    apenas si queda una ebria ceremonia

    en la ceniza de todos los versos o quizá

    quede un promontorio de cristales

    y alientos y desmemorias

    y un oculto deseo de esconderme.”

    Sus poemas abarcan también, lo efímero y la fugacidad de la vida…

    “Un hombre arruinado cruza

    por las calles más estrechas

    de los años

    y piensa

    que nada de lo suyo

    fue hecho para durar

    tan sólo

    un instante

    más de lo necesario.”


    Su voz poética cuenta con muchos y muy diversos matices tanto en la forma, como en el contenido de sus letras.

    Practica tanto el verso libre como el clásico. Y lo dota de imágenes de un bello y contundente lirismo, a veces crudo o enigmático. La naturaleza, el ser y sus circunstancias, el paso del tiempo, el dolor, el amor, la muerte, la memoria, la soledad, lo mitológico o lo social…son algunos de los grandes temas recurrentes en sus poemas; imágenes o realidades que sugieren un significado profundo de las cosas.

    Aderezado todo ello con excelentes figuras literarias y una larga lista de recursos estilísticos.

    Como muestra en verso libre, estos tres poemas:

    “Ciprés”

    “Ciprés delgado como savia

    de piel encendiendo silencio

    Ciprés adormecido carne

    envenenada como tumba

    Como nieve ciñendo olvido.”


    “Versos de atardecida”

    “El olmedal tan bravo

    donde circundan

    las olas su quejido

    el cilicio de luz

    que desteje las tardes

    finales del otoño

    estas hojas quemadas

    que entre la niebla

    se pueblan de misterio.”


    “Un día de furia”

    “Como roto jeroglífico de la noche,

    como un jirón de misericordia y sueño

    te espero, vida mía, en el hueco podrido

    del espejo.

    Como cierto énfasis idiota

    que observo en la cintura de los armarios

    y en el grueso tapiz de las palabras,

    grasa derretida del tiempo

    y la fe que ahora he perdido, tal vez,

    para siempre.”

    Y ya, para finalizar, os dejo una pequeña selección de composiciones clásicas en las que reluce, con un brillo especial, el soneto. La verdad, es que no ha sido fácil para mí, hacer dicha selección de poemas, todos tienen algo y son dignos de aparecer en la reseña. Por ello, os invito a pasar por su rincón en Poémame para conocerlo un poco más a través de su poesía. Merece una visita por la gran calidad que se aprecia en sus textos.


    “Pinos Genil (soneto)

    “Son lentas las mañanas del estío,
    el sonoro tapiz de la armonía
    que teje la desnuda algarabía
    de las aves que endulzan este río.

    Despacio van danzando por umbrío
    barranco donde surca el agua fría
    caricias demoradas, profecía
    de hadas por remolino tan sombrío.

    Un ave suspendida en el paisaje
    contiene en su cadencia ese reverso,
    donde espacio y memoria dan encaje

    al susurro del sauce que está inmerso
    en ecos y sonidos, equipaje
    donde ejerce el verano su universo.”


    “Madrigal clásico”
    A M.M.R

    “Deliciosa quimera de tus ojos,
    donde demoro la tarde y sus rojos
    islotes donde llueve la armonía,
    tristeza y melodía,
    en tus labios rubís como cerezas,
    mientras la tarde gime su belleza;
    y un gesto de tu mano desordena
    el hondo suspiro, tierna condena
    entre la llovizna, fría, y la nada
    que desgarra mi alma atormentada.”


    “Biografía” (soneto)

    Edifiqué tan lenta biografía
    con sólido cimiento de agua oscura;
    de enturbiadas columnas, luz impura,
    en una misteriosa astrología.

    El oscuro arquitrabe sostenía
    la indigna letanía, la amargura
    del tiempo que, falaz, ya me asegura
    que el palacio a la muerte ya me guía.

    El tiempo que, por fin, se ha detenido,
    las estancias desiertas ya nos muestran
    esa ardiente ceniza del olvido

    donde algunos recuerdos me demuestran
    el único motivo con sentido:
    tus ojos que a la muerte defenestran.

  • 3 poemas de Janeta Iuga, poeta rumana

    3 poemas de Janeta Iuga, poeta rumana

    Janeta Iuga es una poeta rumana emergente, nacida el 27 de enero de 1988, en Timișoara, donde vive actualmente y realiza su investigación postdoctoral en la Universidad de Occidente. Su obra poética ha sido publicada en varias antologías y revistas, como: Poesía 2020 (Art Creativ), Sentimientos de verano (eCreator), Fila de máscaras (Editgraph), ParnasXXI -poemas bajo el paraguas, Un templo posmoderno para Geea, Pantalla de poesía, El impulso. Ella cree que se puede vencer al tiempo a través del arte, ya que el arte es Dios mismo.

    No sé quién soy

    Mamá

    nunca llegó a decirme esto.

    No sé quién soy

    pues el presente

    tiene polvo en la boca.

    Lo único que sé es que

    que el pasado tiene manos.

    Encima del ojo

    La presencia o ausencia

    caries

    te he besado. ¿Cuándo?

    miro más de cerca

    puedo ver a Dios corriendo

    tacones duros dentro de las heridas blandas.

    Dios duele.

    Más cerca o

    más lejos del suelo

    cada paso dado.

    ¿Qué huella quedará arriba?

    ¿Y cuál abajo?

    Confesión

    Hubo un día en que

    en que reconocí el hecho

    de ser  mortal,

    me arranqué los ojos con frenesí,

    les di la vuelta,

    extendí los orbitales con la mano

    y miré dentro del abismo todo envuelto en carne.

    Una lluvia de muertos se amplificaba alrededor.

    El alma se había podrido.

    Traducido al inglés por Nicoleta Crăete

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 poemas de Odalys Interián Guerra, poeta cubana

    3 poemas de Odalys Interián Guerra, poeta cubana

    Odalys Interián Guerra (La Habana, 1968), poeta, y narradora cubana residente en Miami, dirige la editorial Dos Islas. Entre sus publicaciones están los poemarios: Respiro invariable (La Habana, 2008), Este mar que me vence, Salmo y Blues (Miami, 2017), Sin que te brille Dios (Miami, 2017), Esta palabra mía que tú ordenas (Miami, 2017), Atráeme contigo, en colaboración con el poeta mexicano Germán Rizo (Oregón, 2017). Acercamiento a la poesía (Miami, 2018). Ha publicado, además:  Nos va a nombrar ahora la Nostalgia. Donde pondrá la muerte su mirada, Te mueres, se mueren, nos morimos. Esta es la oscuridad (Miami 2021). Su obra poética y narrativa ha aparecido en revistas y antologías de varios países.  Premiada en el prestigioso Concurso Internacional Facundo Cabral 2013 y en el certamen Hacer Arte con las Palabras 2017. Primera mención en el I Certamen Internacional de Poesía “Luis Alberto Ambroggio” 2017 y tercera mención en el mismo concurso en 2018. Fue merecedora del segundo premio de cuento de La Nota Latina 2016. Premio Internacional ‘Francisco de Aldana’ de Poesía en Lengua Castellana (Italia) 2018. Premio en el concurso Dulce María Loynaz, 2018, en la categoría Exilio. Finalista en los concursos: Pilar Fernández Labrador, y en el Premio Rey David de Poesía Bíblica Iberoamericana (2019).

    Esther

    Porque uno vive entendiendo

    el silencio

    las paredes huecas que tiene la luz

    esas líneas de tiempo incurable

    que nos cercan. 

    Siempre frente a la turba

    y la palabra inservible.

    Siempre frente a la rabia

    y la oscuridad del otro.

    Cállate el miedo

    que tu silueta vaya como un náufrago

    borrando el sol.

    No estrenes tu piedad con el incendiario

    con los que ponen un límite

    con los que se ocupan en mentir

    y disfrazar la vida.

    Que no te extrañe la cadencia sonámbula

    de los que van sin norte.

    Estrena tu infierno

    la sed con que serán sorbidas

    todas las realidades.

    La lluvia donde será quebrado

    el hueso de flexible oscuridad.

    Un triángulo del cielo que se abre

    para dejar pasar los pájaros de siempre.

    El ojo en su víspera Eunice

    el párpado tranquilo de la muerte

    posándose aquí.

    Esta es la hora en que besamos

    los crepúsculos 

    la imagen de la lluvia

    el salmo

    el sitio /un sitio

    desde donde saltamos

    para vernos

    la ilustre orfandad.

    El ojo peligroso que nos mira.

    La vena de Dios

    estallando

    sobre el hueso real de las oscuridades.

    Evitamos decir este es el miedo

    Este es el cortejo huérfano de la luz.

    Este el pájaro de Emily

    con su pata golpeando

    gritando

    danos razón /danos -vida-

    razón.

    Dónde poner el cuerpo

    el trazo de desnudez que arde.

    Alza y Alza la flor sobre la espuma

    quédate como un mirlo ondeando

    en la blancura de la noche.

    Alza y alza el pistilo del Reino mayor

    los pájaros del futuro

    acógelos en su marcha.

    Ven recoge el mástil rompiente

    de las mismas estrellas.

    Aquí se junta el latido

    todos los ojos del amor.

    Qué cielo batirá el cerco de polillas

    que inundarán lo vivo. 

    Quién andará encubriendo los adioses 

    el golpe

    la angostura que viene de esa chispa

    que escapa de la muerte.

    Sylvia

    Juguemos ajedrez con los huesos del mundo

    mientras componemos el cerco

    de catástrofe viva

    mientras no curan las siete muertes

    que cargamos como una cicatriz

    y nos extraen esos tramos de piel

    esos residuos de noches

    y airados letargos.

    La oscuridad ahora es una calle

    como fantasmas la cruzamos

    con los ojos vendados.

    Las palabras viven ahora

    en un hermoso zurrón

    no son perlas arrojadas a los cerdos

    son memoria

    aunque hablen estúpidamente

    de píldoras y oscuridades

    de flores de muertos.

    Juguemos Sylvia

    que avance la esperanza  

    corramos los peones de la asfixia

    Jaque mate a la muerte.

     Estos poemas pertenecen al libro Esta es la oscuridad.

  • Tres poemas de Adrienne Rich

    Tres poemas de Adrienne Rich

    Adrienne Rich nació el 16 de mayo de 1929 en Baltimore, Maryland. Poeta, intelectual, crítica, feminista y activista estadounidense, falleció a la edad de 82 años en San Francisco, California (EEUU) el 27 de marzo de 2012.

    “Una mujer que piensa duerme con monstruos”.

    Adrienne Rich

    I

    Viviendo en los depósitos de tierra de nuestra historia
    Hoy una retroexcavadora sacó a la luz del interior de una falda de tierra desmoronada
    una botella ámbar perfecta un remedio
    centenario para la fiebre o la melancolía un tónico
    para vivir en esta tierra en los inviernos de este clima
    Hoy he estado leyendo acerca de Marie Curie:
    tenía que saber que sufría la enfermedad de los rayos
    su cuerpo bombardeado durante años por el elemento
    que había depurado
    Parece que negó hasta el final
    la fuente de las cataratas en sus ojos
    la piel agrietada y supurante de las yemas de sus dedos
    hasta que no pudo sostener más ni un tubo de ensayo ni un lápiz
    Murió famosa negando
    sus heridas
    negando
    que sus heridas provenían de la misma fuente que su poder.

    Poema “Poder”, de su poemario El sueño de una lengua común.

    II

    Fue sencillo conocerte, sencillo tomar tus ojos
    en los míos, diciendo: éstos son ojos que he conocido
    desde el principio… Fue sencillo tocarte
    en contra del historial truncado, a contrapelo de lo que
    habíamos sido, las decisiones, los años… Fue hasta sencillo
    tomar la vida de la otra en nuestras manos, como cuerpos.
    Qué no es sencillo: despertar de ahogarse
    de donde el océano bate en nuestro interior como una placenta
    a esta cotidiana, aguda particularidad,
    estos dos seres que caminaron media vida sin tocarse;
    despertar a algo engañosamente sencillo: un cristal
    empañado por el rocío, un timbrazo del teléfono, un grito
    de alguien molido a golpes a lo lejos en la calle
    haciendo que cada una de nosotras escuche su propio grito interior,
    conocedoras de la mente del asaltante y el asaltado
    como debe serlo cualquier mujer alerta para sobrevivir a esta ciudad,
    este siglo, esta vida…,
    habiendo amado cada una de nosotras la carne en su tensa o laxa belleza
    más que los árboles o la música (aun amándolos también a ellos
    como si fueran carne –que lo son–, mas carne
    de seres aún insondables en nuestra vida burdamente literal).

    Fragmento II del poema “Orígenes e historia de la conciencia”, de su poemario El sueño de una lengua común.

    III

    Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar
    por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
    del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
    Caminé acaso yo por las calles en la madrugada, a los veinte
    con las piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
    Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad
    atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada?
    Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
    Son eternos tus ojos, verde destello
    de hierba salvaje refrescada por la vertiente
    Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
    A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
    Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
    y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
    y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

    De su poemario Veintiún Poemas de Amor.
  • Tres poemas de Judith Teixeira: poesía en llamas

    Tres poemas de Judith Teixeira: poesía en llamas

    Los poemas de Judith Teixeira llegaron a mis manos, no por casualidad, sí por curiosidad. Conocía muy poco de las letras de poetas portuguesas y en estos versos tenía la oportunidad de perderme en las preguntas que surgen tras leerla, porque de ella, de su vida, se ignora mucho. La escasa información biográfica que encontré, sirve tan solo para hacerse una pequeña idea sobre el repudio que atrajo su persona en una época en la que era muy fácil silenciar a las mujeres. Aún así, Judith escuchaba su corazón, amaba a quien quería y escribía con ardor y sin tapujos:

    “Ilusión”

    Vienes cada madrugada

    a prenderte en mis sueños

    —¡estatua de Bizancio

    esculpida en nieve!

    Y posas tu mano 

    suave y leve

    sobre mis párpados doloridos…

    ¡Vienes desnuda, llena de gracia,

    muy brillante, iluminada!

    ¡Te veo llegar

    como una alborada

    de sol!…

    ¡Y mi cuerpo se estremece, 

    y mi alma canta,

    como un enamorado ruiseñor!

    Sobre la desnudez joven de tu cuerpo,

    dos cisnes erectos

    quedan cavilando en blancos embelesos,

    y en la seda púrpura

    de mi lecho, 

    en rubros destellos,

    nacen, mortificadas,

    ¡las orquídeas rojas

    de mis sensaciones!…

    Quemaron sus libros por resultar indecorosos, inmorales. Pocos compañeros de letras salieron en su defensa. Incluso, mi querido Pessoa, la creía una escritora minúscula, como así explicaba al andaluz Adriano del Valle en una de sus cartas. Me entristece el desprecio que recibió, aunque me consuele la valentía de una mujer que no se acobardó y persistió en sus publicaciones, volviendo a editar los poemarios, escribiendo alguna obra más. Sin embargo, me preguntó por qué desapareció un día y no volvió a saberse de ella, dónde quedaron esas ganas de contar sus emociones, sus pasiones. No he encontrado una respuesta que me sirva y especulo, porque no creo que el coraje se disipara así como así y no le faltaba sustento económico para su deseo, tampoco contactos. ¿Sería un amor el que le arrebató la voluntad de seguir?

    “Cuándo, no sé”

    Ha de llegar el día

    en que mi tristeza acabará…

    Todo termina… renace y recomienza…

    ¡Y esta tristeza ha de tener fin!

    ¡Y entonces mi alegría 

    volverá!…

    Solo temo 

    que, cuando ella regrese

    yo esté tan cansada de vivir,

    que no pueda celebrar

    este ansia enorme de vencer…

    Sí, porque la tristeza siempre deja

    un poso desolado…

    ¡Pero no! ¡Yo debo ser alegre,

    y enajenar aquí dentro

    toda la amargura del pasado!

    ¡Mas no demores

    la realidad

    de mi sueño!…

    ¡Porque hay quien muere de nostalgia

    y dolor!

    Y no sé si viviré 

    lo suficiente

    si demoras

    mucho más, ¡amor mío!

    Lo que tengo claro es que cada día es menos olvidada, como quien renace otra vez. Por fin, comienza a reconocerse su obra e incluso, tiene ya un premio de poesía con su nombre. Acallaron su voz en vida, pero ya no pueden impedir que llegue a todas partes y donde quiera que esté, estará amando fogosa y soberanamente.

    ¡Déjalo gritar!

    ¡¿Qué importa su clamor,

    si me abrasa tu mirada 

    vivísima?!…

    Atiza, amor mío, el fuego en que me exalto…

    —Envuélveme más…

    todavía más… en tu caricia;

    qu esta alegría de nuestro amor

    suavísimo,

    ¡será más fuerte y gritará más alto!

    Lecturas consultadas:

    – Judite Teixeira. Wikipedia, La enciclopedia libre. Última actualización 14/12/2020. Fecha de consulta: 8/02/2021. https://es.wikipedia.org/wiki/Judite_Teixeira

    – TEIXEIRA, JUDITH (Antología, edición bilingüe de Carlos Sanrune, 2018). Desnuda. Amistades particulares.

  • 3 poemas de Relu Cazacu, poeta rumano

    3 poemas de Relu Cazacu, poeta rumano

    Relu Cazacu es un poeta rumano nacido el 29 de noviembre de 1983 en Bucarest. Sus poemas se han publicado en varias revistas y antologías. Es miembro de Cenaclul 9 desde octubre de 2016. Su libro de poemas debut, Poemas de uso, fue publicado como ganador del Premio Nacional de Poesía Traian T. Coșovei (edición 2020), ofrecido por la editorial Tracus Arte, en colaboración con la Asociación Cultural Direcția 9 y la Agenția de Carte.

    El tango de Lázaro

    Hoy no he empujado la cerradura ni el pestillo

    para guiarme entre las tumbas

    he puesto mi cabeza entre los senos de una mujer

    para escuchar la boca hambrienta del mundo

    alimentándose

    para olvidar la pesadilla en la que los niños

    están demasiado delgados y llenos de piojos

    la misericordia practica sus malévolos pasos de baile

    a mi alrededor

    convirtiendo mi corazón

    en un gueto argentino

    Hoy soy Lázaro

    deja de gritar

    no me levantaré

    * * *

    He querido mantenerme alejado de la lluvia

    recogiendo todas las nubes en mi bolsillo

    pero he fallado

    de la misma manera que mi trasero ha fallado

    en cruzar la infancia

    sin conocer las tradicionales nalgadas paternas

    sólo soy un niño entrometido

    estripo mis forúnculos

    y los de los demás

    y luego me limpio

    en la camisa

    en la blancura dominical

    tengo los pies congelados

    como una rana tras la disección

    * * *

    He estado durmiendo en todos y cada uno de los pasillos

    que tú no has cruzado

    He estado bebiendo hasta que mi vida

    se ha reducido a vodka

    y el mundo se volvió demasiado grande para mí

    He escrito un poema a tu alrededor

    por no poder tocarte

    cuando estoy demasiado triste

    un vagabundo

    comparte el pan que le diste

    conmigo

    Traducido al inglés por Nicoleta Crăete

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 poemas de Adalber Salas Hernández #PoesíaVenezolana

    3 poemas de Adalber Salas Hernández #PoesíaVenezolana

    Adalber Salas Hernández Caracas, 1987. Poeta, ensayista, traductor. Entre otros, autor de los libros Salvoconducto (XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita; Valencia, Pre-Textos, 2015), mínimos (Madrid, Amargord Ediciones, 2016) y La ciencia de las despedidas (Valencia, Pre-Textos, 2018), así como los volúmenes de prosa Clarice Lispector: el lugar de la poesía (Santiago de Chile, Ril Editores, 2019), Isolario (Bayamón, Ediciones Aguadulce, 2019) y Palabras sin dueño. Variaciones sobre la traducción literaria (Ciudad de México, Dirección de Literatura UNAM / Periódico de Poesía, 2019). Entre otras, ha publicado traducciones de Marguerite Duras, Antonin Artaud, Charles Wright, Mário de Andrade, Hart Crane, Pascal Quignard, Mark Strand, Lorna Goodison, Louise Glück, Yusef Komunyakaa y Patrick Chamoiseau. Dirige la colección Diablos danzantes en Amargord Ediciones. Cursa estudios doctorales en la New York University. Su trabajo poético ha sido reunido en las antologías Ai margini di un mondo sconosciuto (Roma, Edizioni Fili d’Aquilone, 2018; traducción de Alessio Brandolini) y De ningún viaje se vuelve (Gualajara, Mantis Editores, 2019).

    XVI

    El ruido de los aviones al pasar golpea

    la frente del edificio. Estoy sentado viendo

    a Bugs Bunny convencer a un cazador de que

    no es un conejo. El aire es pálido a las nueve

    de la mañana, fino como una hostia. Mis cuatro

    años caben con todo su peso en el mueble

    que está frente a la TV. Cuando los aviones

    atraviesan el cielo, rayándolo, todo se sacude

    contagiado por el mismo temblor, como si

    de pronto las cosas hubieran decidido exponer

    sus entrañas. La geografía de lo cotidiano había 

    sido sumisa, sin aparecidos ni prodigios;

    nadie nos prestaba sus milagros y no teníamos lo

    suficiente para pagar uno. Pero esa mañana unos

    aviones demolieron la barrera del sonido justo

    sobre mi cabeza, sobre mi pelo enmarañado

    y somnoliento. La mandíbula del cielo se

    dislocaba y dejaba caer un llamado áspero, una

    sola palabra toda hecha de piedras. Ya no había

    nada en la pantalla, sólo unas barras de colores

    y un pitido insistente que parecía querer perforarme

    el oído. Corrí a la ventana para ver qué pasaba y mi

    padre me hizo agacharme bajo el marco. Entonces

    escuché los tiros: uno, dos, tres, precisos. No estoy

    seguro de la bala que nos partió aquella ventana

    del apartamento en Quinta Crespo: puede que

    la haya inventado. Pero ese vidrio roto fue

    la capa inaugural de lo que algún día sería mi piel.

    Apenas tengo esta escena; el relato vendría

    más tarde. Es el mal fotomontaje de la infancia, arritmia

    de imágenes deslucidas por el uso, borrosas porque

    en la memoria llueve todo el tiempo. El agua

    rasca la superficie de las fotos como si

    quisiera filtrarse en ellas. Encharcarlas. Inundarlas.

    (Perteneciente al volumen La ciencia de las despedidas)

    XXV

    (Historia natural del escombro: Auschwitz-Birkenau)

    Cuando no quede ni una persona que recuerde, cuando no

    reste en pie un solo tallo de nuestra memoria y nuestra voz

    no valga su peso en sal, especias o ceniza, ¿cómo se verán

    estos edificios? ¿Como los hallaron los pilotos aliados

    con sus cámaras: lentas hileras de rectángulos abrazados a la

    nieve? ¿costillas brotando en el aire hambriento?

    ¿O como los veo a través de Google Earth, barracas

    relucientes como cráneos, rejas y alambres de púas limpios

    y hasta corteses, todos más o menos somnolientos,

    fingiendo la inocencia de los objetos abandonados

    bajo la membrana reseca de mi pantalla? Vista desde el cielo,

    la tierra es impermeable, lisa, bulímica. No tiene edad o acaso

    tiene la edad de los mitos que se olvidan porque ya no sirven

    a nadie. Alguien observará todo esto sin curiosidad o terror,

    pupilas cubiertas por la resina de la distancia, como si el pasado

    no pudiera ser el futuro y el tiempo apenas

    fuera el país de lo ya visto. Cuando estemos masticando las

    entrañas del suelo y no tengamos la tela de un nombre

    para cubrir nuestra desnudez, no podremos advertirles

    que la historia es un largo toque de queda donde

    realmente nada concilia el sueño por completo.

    (Perteneciente al volumen La ciencia de las despedidas)

    VI

    Mientras escribo el poema, me digo que en él

    la palabra muerte no dice nada, no tiene densidad,

    no hace más honda la boca. El poema no sabe

    de la muerte, como tampoco sabe de la música

    que llenará mi cráneo cuando quede vacío.

    Ese mismo cráneo que nadie tomará entre sus manos

    para anunciar que data del Siglo XXI, qué período

    remoto, qué tiempo bárbaro, qué época de luto. Ese

    mismo al que nadie hablará, llamándolo Yorick, ser

    o no ser, pudiera estar atascado en una cáscara

    de nuez y tenerme por rey de espacios infinitos,

    y creer que la palabra muerte sirve de algo. Ese mismo

    que nadie hallará por azar en una fosa común en

    Sudán o en Serbia, en Vietnam o en Catia. Ese cráneo, digo,

    ese cráneo mío, que sabrá que el poema es sólo un relato

    que se hace la muerte, que se vale de nuestras manos

    para decirse, para verse. Esto lo sabrá mi cráneo,

    será lo único que sepa, cuando permanezca quieto,

    sonriéndole al barro desde su vientre.

    Gusanos breves colgarán de sus cuencas,

    velarán sus sueños sin palabras.

    (Perteneciente al volumen Salvoconducto)

    Crédito de la Foto: Susanna Bozzetto

  • Tres poemas de Sophia de Mello: la conocida de las desconocidas.

    Tres poemas de Sophia de Mello: la conocida de las desconocidas.

    Leí una vez que Saramago decía, acerca de la relación entre nosotros y los portugueses, que España y Portugal son como dos hermanos siameses que nacieron unidos por la espalda y que jamás se han visto las caras. Tan ignorantes de la riqueza que tenemos cerca, a nivel poético, sin ir más lejos. Por eso he titulado así este artículo, porque la poesía de las mujeres sigue siendo poco conocida, más si son de un país del que poco sabemos, pero Sophia era conocida, pese a todo. Ganadora del Premio de la Crítica en 1983, del Premio Camões en 1999, del PremioReina Sofía en 2003, así como de otros tantos. Con 37 obras a sus espaldas. Activista contra la dictadura de Salazar. Amante del mar y de la cultura clásica. 

    Comprendió su realidad a través de los versos que escribía como forma de entenderse o de expresarse, porque era su manera, su herramienta para contar las cosas:

    “La forma justa”

    Sé que sería posible construir un mundo justo

    Las ciudades podrían ser claras y bañadas

    Por el canto de los espacios y de las fuentes

    El cielo el mar y la tierra están dispuestos

    A saciar nuestra hambre de lo terrestre

    La tierra donde estamos —si nadie la traiciona— ofrece-

        sería

    Cada día a cada uno la libertad y el reino:

    En la concha en la flor en el hombre y en el fruto

    Si nada adolece la propia forma es justa

    Y en todo se integra como palabra en verso

    Sé que sería posible construir la forma justa

    De una ciudad humana que fuese

    Fiel a la perfección del universo

    Por eso vuelvo a empezar sin tregua a partir de la pági-

       na en blanco

    Este es mi oficio de poeta para la reconstrucción del

       mundo

    Tampoco es que Sophia tuviera en las letras un desahogo, exteriorización de las heridas. Parece que prefería, no tanto un refugio, como un medio para continuar navegando por los días:

    “La casa de planta baja”

    Que el arte no se vuelva para ti la compensación de lo 

       que no supiste ser

    Que no sea permuta ni refugio

    Ni dejes que el poema te aplace o divida: sino que sea 

    La verdad de tu entero estar terrestre

    Entonces construirás en tu casa en la llanura costera

    A media distancia entre la montaña y el mar

    Construirás —como se dice— la casa de planta baja:

    Construirás a partir del fundamento

    Sophia creía en un mundo nuevo, otro régimen que no fuera dictadura, la esperanza que inició la Revolución de los claveles en 1974. Quizá, por eso, levantaba su poesía en busca de esa oportunidad que brindan los finales de las cosas, aunque para empezar bien, hay que hacerlo de verdad:

    “En esta hora”

    En esta hora limpia de la verdad hay que decir toda la 

       verdad

    Incluso la que es impopular en este día en que se invoca 

       al pueblo 

    Pues es necesario que el pueblo vuelva de su largo exi-

       lio 

    Y le sea propuesta una verdad completa y no una ver-

       dad a medias 

    Una verdad a medias es como habitar medio cuarto

    Ganar  medio salario

    Como tener sólo derecho

    A la mitad de la vida

    El demagogo dice de la verdad la mitad

    Y el resto juega con habilidad

    Porque piensa que el pueblo sólo piensa a medias

    Porque piensa que el pueblo ni entiende ni sabe

    La verdad no es una especialidad

    Para especializados clérigos letrados

    No basta gritar pueblo es necesario exponer

    Partir de la mirada de la mano y de la razón

    Partir de la limpidez de lo elemental

    Como quien parte del sol del mar del aire

    Como quien parte de la tierra donde están los hombres

    Para construir el canto de lo terrestre 

    —Bajo la ausente mirada silente de atención—

    Para construir la tierra de lo terrestre

    En la desnuda alegría que nos viste

    Lecturas consultadas:

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