Poetas del mundo

  • 3 Poemas de Daniel Arella #PoesíaVenezolana

    3 Poemas de Daniel Arella #PoesíaVenezolana

    Daniel Arella (Caracas, 2 de julio de 1988). Licenciado en literatura hispanoamericana y venezolana; Magister en filosofía por la Universidad de Los Andes. Ha publicado los poemarios: Al fondo de la transparencia (Los caminos de Altair, Venezuela, 2009); El andrógino ebrio en el haitón. (Nuevos Clásicos, Bolivia, 2017); Anatomía del grito (LP5: Fox Island, 2020), libro por el que recibió en metálico el XIX Premio Latinoamericano de Poesía por Concurso Ciro Mendía (Caldas, Antioquia, Colombia) en el año 2015. Es Premio de Ensayo Goethe Institut, 2020, por la Pontificia Universidad Católica del Perú  Editor de la revista de géneros fantásticos IO de Cali, así como miembro del consejo editor de la revista POESÍA de la Universidad de Carabobo.

    Estás sombrío

    Poema

    Estás más muerto que santo

    Poema

    Estás aguantando las lágrimas

    Poema

    Estás tronado en los árboles

    Poema

    Estás mentando madre a los cuervos

    Poema

    Estás asfixiando la luz del lunes

    Poema

    Estás murmurando canciones de amor que nadie recuerda

    Poema

    Estás violentando la blancura del ángel

    Poema

    Estás volao partiéndote la crisma en el aire

    Poema

    Estás cristal estás diamante

                                                   Poema

    Estás embrujado caballo tormento del camino

     Poema

    Estás plagado de dioses falsos: Ormún, Oñul, Azesal Poema

    Estas mierato cándido del fuero

                               Poema

    Estás roncando la suerte del vendaval

                     Poema

    Estás olvido mariése calápida

              fugaz

        Poema

    Estás rotao laminio luminia delirio togonal

    Poema

    Estás sembrado  Estás pal perro

    Estás de Sal

    [Leonardo Lumen. “Coronación del Pico Bolívar en Yagé.

    4978, 4 versos de altura”; 1: 00 a.m., 04 de junio del 2015 /Mérida]

    Heroin

    a Diego Segovia y los vampiros que lograron volver.

    Esa canción de Lou Reed, “Heroin”

    es uno de los mejores poemas

    compuestos en lengua inglesa

    El Nazareno tuvo que haber muerto en paz con esa letra

    descansando en el mar de letra

    al fondo de su oscuridad metálica

    hasta ser aire del viento de piedra

    profunda piedra del misterio

    reventada como una cabeza

    Esa canción de Lou Reed

    es la Madre

    follando en el castillo de la sabiduría

    con un William Blake atónito

    reventado en semen

    dentro de un jardín oculto

    Tú eres la heroína

    Tu muerte me basta

    se incrusta en el costado

    calzando como un anillo

    Estremece la masa de nervios

    con los rayos de Dios

    Electrocuta el alma

    hasta matarla de insomnio de luz

    en la misma santa tarde

    en que Schreber iba

    a parir en las nubes

    su misterio endurecido

    Suleika, eres la Heroína

    Tu paciencia de sauce perfora mis amuletos

    con su silencio magnético

    Yo soy en cada una de esas hojas

    el amanecer

    Me duelen sus raíces hundiéndose

    en la tierra rapaz

    hacia el centro de mi corazón

    el lugar

    de todas las apariciones

    [Jamal Jstor Wallace. H Hembra (Traducido por Ricarda Rebol);

    6: 03 a.m., 14 de mayo del 2022 / New York]

    Rostro de nadie

    Escribir poemas es dar la cara

    pero un poema no es todavía un rostro

    Y si es verdad que al loco lo traiciona el rostro

    al poema lo traiciona la cara

    y al loco lo traiciona el poema

    y el poema los traiciona a todos

    El poema es cara o cara, no hay azar, eso es todo

    Cada arruga de ese rostro es un verso de ese poema

    Cada cicatriz de ese rostro en un verso de ese poema

    Cada marca de dolor de ese rostro es un verso de ese poema

    Cada cortada de ese rostro es un verso de este poema

    La nada no es la resignación perfecta

    La nada es la perfecta responsabilidad

    Nada de blanca ceniza

    nube de amor sin soledad

    perdida en la miel

    es luz anterior a la luz

    no es ausencia

    una colmena de relámpagos

    un cielo hecho de tierra

    es el espíritu que se hizo cuerpo y memoria para esperarte

      [Antón Zsü. Monstruosidad de cielo en las cosas tilas;

    6:27 a.m., 11 de abril del 2025 /Zúrich

    Estos poemas pertenecen al libro Anatomía del grito(LP5, Fox Island, 2021)]

  • 3 poemas de Eldar Akhadov, poeta azerbaiyano

    3 poemas de Eldar Akhadov, poeta azerbaiyano

    Eldar Akhadov. Nació en Bakú en 1960. Vive en Krasnoyarsk. Es miembro de la Unión de Escritores de Rusia y de otras organizaciones de escritores de Rusia, Ucrania y Azerbaiyán, miembro de la Sociedad Geográfica Rusa, copresidente del Consejo Literario de la Asamblea de los Pueblos de Eurasia, miembro del Club de Escritores del PEN Internacional. Es autor de 65 libros de poesía y prosa. Galardonado con el Premio Literario Estatal del Gobernador del distrito autónomo de Yamal-Nenets, galardonado con el Premio Nacional «Pluma de Plata de Rusia», «Por el bien del mundo», «El Norte es un país sin fronteras», medalla de plata del IV Festival Literario de Festivales de toda Rusia. Medalla de plata del IV Festival Literario de Festivales de Eurasia. Titular del título internacional «Caballero de la Poesía» (Serbia, 2020). Premio de la Asociación de Traductores Literarios de Montenegro por el libro «Sentido de la vida» en serbio (2020).Ganador de decenas de otros premios y concursos, entre ellos en Alemania (Premio de la editorial ZA-ZA Verlag, 2018), en Grecia (Premio Homero, 2018). en Italia (ganador del diploma del Premio Accademia Giulia Brignone, segundo puesto en el Premio Vincenzo Padula, ambos en 2020). Los libros de Akhadov han sido publicados en Rusia, Estados Unidos, Serbia e India en ruso, inglés y serbio.

    El filo de la navaja

    Este borde es peligroso,

    no camines sobre él, no juegues.

    Cualquier cosa

    podría hacerte caer.

    Tal vez crees que

    te cortará como al aceite,

    y no como a algo vivo.

    Buscas algo:

    Hermano, este no es tu problema,

    no hay nada en la línea de meta.

    Y nadie apreciará este movimiento.

    Y nadie saldrá a tu encuentro.

    Sin suerte, sin fama, sin dinero –

    solo problemas.

    Pero, por desgracia, sin ninguna maldición, sin ninguna oración

    No puedes evitarlo…

    Pisas la hoja de afeitar,

    y el camino resplandeciente sigue brillando.

    Latido del corazón

    El planeta en el que vivimos es muy pequeño.

    Si miras desde la Tierra

    puedes ver las estrellas en el cielo,

    al otro lado de la Tierra – también hay cielo.

    Creemos estar separados

    por enormes distancias,

    pero si queremos,

    los poetas podemos sentir los latidos del corazón de los demás.

    Te diré cómo hacerlo.

    Cuando escribo poemas,

    me tiendo en la tierra sintiendo su poder a mis espaldas.

    Tiéndete sobre la tierra y empieza a escribir poesía…

    Y oirás el latido de mi corazón desde

    el otro lado del planeta.

    Escribimos poemas y miramos el cielo.

    Porque entre nosotros no hay más que cielo.

    Piedra

    Cuando me haya ido, no te molestes en construir ninguna lápida

    encuentra una roca grande y pesada, y graba mi nombre en ella.

    Y no la pongas en el cementerio,

    ponla donde sientas que debe estar.

    Sólo una piedra con mi nombre.

    Fuerte, pesada, para que no se desmorone.

    Acércate de vez en cuando.

    Organiza a su alrededor cualquier reunión que consideres oportuna:

    Manifestaciones, conciertos, comidas, lo que sea.

    Acuérdate de mí.

    Eso me hará feliz.

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 poemas de Jerónimo Alayón #PoesíaVenezolana

    3 poemas de Jerónimo Alayón #PoesíaVenezolana

    Jerónimo Alayón (Caracas, 1966). Poeta y escritor venezolano. Columnista en el diario El Nacional (Caracas) y en ViceVersa Magazine (New York). Finalista del XXV Premio Internacional Juan Rulfo (París, 2008) con el relato El último tren. Profesor de español en la Universidad Central de Venezuela desde 1994.
    Licenciado en Letras (1993) por la Universidad Católica Andrés Bello. Cursó estudios en la maestría de Literatura Latinoamericana (Universidad Simón Bolívar). Se ha dedicado de manera autodidacta al estudio de la filosofía desde 1995.

    Ha publicado los poemarios El canto del Jokili (2000), El dios desolado (2011), Paralítica luz (2011), El arpa y la niebla (2011) y Evanescencia (2015); el libro de relatos Las alas del escorpión (2015), y el libro de no ficción Comunicándonos más allá de las palabras (2009). Algunos de sus poemas, relatos y ensayos están recogidos en antologías internacionales (digitales e impresas) y en revistas literarias. Es miembro de la Asociación Hispánica de Humanidades (Greensboro, Carolina del Norte, EE. UU.) y del Círculo de Escritores de Venezuela. Fue alumno del Taller de Poesía, de Leonardo Padrón, del Taller de Narrativa, de Bárbara Piano, y del Taller de Literatura Fantástica, de Luis Britto García. Desde 2012 se ha dedicado a crear un sistema filosófico-literario denominado idealismo simbólico.

    La abdicación del reloj

    Tengo miedo del reloj que abdicó

    del tiempo cuyo paso no se escucha

    de la hora vestida de días

    eternos

    Tengo miedo de saber

    que el tiempo y la hora son extraños entre sí

    de aceptar la máscara del momento

    Y ahora cuando digo momento

    y asumo esta perplejidad del tiempo

    podría decir también

    que mañana habrá un instante

    preciso

    en que seré entraña de cualquier reloj infartado

    Tengo miedo

    de ser tiempo y temporalidad al unísono

    de medirme en la paraplejia del reloj averiado

    de saber que el reloj soy yo,

    De mí parten las aves esta mañana

    Ya no apremio las aves

    esas que a mí llegaban cada alborada

    De mí parten las aves esta mañana

    Todo el miedo es paz

    ya no hay lucha

    de una parte de mí

    con el resto de lo que no soy

    por fin soy uno

    y abrazo mis tristezas

    sin reclamo

    ni solemnidad

    y por sobre su hombro

    veo partir de mí las aves esta mañana

    Las palabras también se van de mí

    como trenes que olvidaron sus rieles

    Estoy aquí

    ya no hay esclusas ni diques

    todo se marcha de mí

    sin adiós

    en paz

    sin mí

    en las aves que de mí parten esta mañana

    Ahora escucho el silencio.

    que se fuga por entre las letras de mi nombre

    Todo el límite que he negado cruzar está aquí

    La poesía es una despedida sin estridencias

    Mínima filosofía acostado sobre la tierra húmeda

    Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos.

    Quintus Curtius Rufus

    Hace algún tiempo decidí marcharme

    ya no estoy

    mis palabras dejaron de parecer lenguaje

    hartas del mundo que cabe en una postal

    Me bebí toda mi ausencia

    La niebla lo sabe

    escribo para convocar el silencio

    para no decirme

    para vivir atrás de las palabras mis otros silencios

    Y sin embargo

    aún me queda esta paz de embozar las ausencias

    Hoy he mirado la tierra húmeda

    más que otros días

    allí reposan las únicas palabras

    que merecen crecer con la hierba

    Tenía dieciséis cuando me llamaron idiota

    leía a Leibniz

    en tanto que otros miraban cuerpos de mujeres desnudas

    yo elegí el principio de la razón suficiente

    y entendí que las palabras también son mónadas

    (solo si existen por el silencio)

    A mis cincuenta y tantos sigo siendo un idiota

    Leibniz estaba en lo cierto

    «Natura non facit saltus»

    (la naturaleza no obra por saltos)

    y sigo aquí

    pensando que el mundo olvidó su primer silencio

    Lo sabe la polilla

    que devora el tiempo yacente en el reloj

    Lo decía Bukowski

    «El tiempo es la cruz de todos»

    él sabía que la locura cabe en una habitación

    yo creo que cabe toda en una palabra

    Volví de la noche

    con la levedad de quien se cayó del porvenir

    Si me fuese dado conocer la nada

    sabría que la poesía estuvo allí

    justo antes del fuego sagrado

    Entonces me iría de los calendarios

    Me acostaría sobre la tierra húmeda

    con los únicos silencios que merecen ser palabras

  • 3 poemas de Debasish Parashar, poeta indio

    3 poemas de Debasish Parashar, poeta indio

    Debasish Parashar es un poeta multilingüe, traductor, revisor de poesía, crítico literario, empresario creativo, cantante / músico y letrista con sede en Nueva Delhi, India. Es profesor asistente de literatura inglesa en la Universidad de Delhi. Parashar es el fundador y editor en jefe de la revista literaria Advaitam Speaks y está asociado con el Movimiento Mundial de Poesía. Con su canción debut ‘Pamaru Mana‘ (2018), Debasish se convirtió en uno de los primeros cantantes / compositores indios que se atrevió a experimentar con la idea de fusionar Borgeets de Assam de 500 años con el sentimiento orquestal occidental, desafiando las convenciones religiosas y rituales. de los Satras. Ha cantado para Raag, In Search of God, MUSOC XXV y otros lugares. Debasish ha leído en varios eventos / festivales literarios nacionales e internacionales en India, Medellín, Londres, Japón, Grecia, Italia, México, El Salvador y otros lugares. Debasish Parashar fue honrado con el premio «Festival Charter for Interpretation» en el Festival Literario Internacional Indija Pro Poet-2020. El Poetic Media Lab de la Universidad de Stanford ha comisariado la adaptación cinematográfica de su poema «El derecho fundamental a soñar» y algunas otras obras para el proyecto «La vida en cuarentena». Aparte de eso, sus poemas han sido comisariados bajo algunos proyectos globales notables, incluido el Primer Museo de Poesía en Piccolo Museo della Poesia Chiesa di San Cristoforo, Italia bajo Rucksack, a Global Poetry Patchwork y The Canoe (Piroga) por el renombrado escultor Italo Lanfredini . Sus poemas, reseñas, artículos y entrevistas han aparecido en cientos de antologías, periódicos, revistas, medios de difusión y revistas de todo el mundo. En general, sus poemas se han traducido a más de 30 idiomas del mundo.

    Renacimiento

    aguanta mi lengua

    hasta que contenga tu respiración

    y nos convirtamos en dos

    en esta metáfora

    llamada amor

    el aroma es lo que se adhiere a nuestros huesos

    por otra parte

    mi saliva es más tóxica que tu sudor

    disuelve todos los recuerdos

    lo que queda de tu cuerpo

    es amnesia

    a veces

    no te digo

    nombres dulces

    eso no es propio de mí

    a veces

    pero en tu carne

    naceré

    una y otra vez

    como un canto de supervivencia

    con un aroma sagrado.

    Peregrinación

    en el loco deseo

    de convertirme en peregrino

    me escapé

    a veces

    de todos los lugares de culto

    mandir, masjid, iglesia,

    oficina de impuestos, burdel o pub

    pero no pude convertirme en uno

    entonces

     cavé seis agujeros en un muro

    con lágrimas en las palmas de mis manos

     

    me convertí en uno.

    A una noche de Panjim junto al Mar de Arabia

    algunos han perdido mi paradero

    algunos me han encontrado también

                                 como el mar

    lenta y pausadamente

    tus ojos azules salados

    se expanden contra mis sublimes fantasías azules

    lenta y pausadamente

    podría haberte amado

    hasta el final de esa noche

    cuando eras toda tú

    y yo no era mío

    lenta y pausadamente

      podría haberme ahogado en

    tus olas

    para volver a nacer

    como una noche de Panjim

    marina, fresca y alta

    en lo profundo de tu piel estaba

    una canción que se desvanecía

    flotando a lo largo de una noche de Panjim

    lenta y pausadamente

    podría haber bailado

    con tus antiguas melodías

    enterradas en lo más profundo de tu piel

    raíces de un viejo baniano

    lenta y pausadamente

    podría haber sido yo

    como nunca antes

    y podría haber tarareado

    las canciones

    que en tu piel perduran

    podría haber bailado hasta la próxima marea

    esperanza

    son los dedos quemados por el sol de un pescador

    aferrados a sus redes de pesca

    esperanza

    es un mar

    que golpea los barcos de sus ojos

    por fuera, por dentro y por fuera.

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • Tres poemas de Roberto Bolaño

    Tres poemas de Roberto Bolaño

    Roberto Bolaño (1953-2003), nacido en Chile, narrador y poeta. Considerado como uno de los es­critores latinoamericanos imprescindibles de nues­tro tiempo.

    Con 15 años comenzó su carrera literaria, donde su primera etapa estuvo marcada por la poesía y aunque nunca abandonó este género por completo, sí que la narrativa ocupó un papel importante en su obra.

    Autor de varios poemarios, cuentos, ensayos y novelas donde su estilo literario, aunque difícil de encasillar, estuvo marcado por la libertad, originalidad y fuerte personalidad.

    Tras su muerte dejó inconclusa varias obras, entre ellas su novela “2666″, publicada el 2004 de forma póstuma. Falleció el 15 de Julio de 2003 en Barcelona.

    En 2018 se publicó toda su poesía en un solo volumen “Poesía reunida”.

    “Leer es aprender a morir, pero también es aprender a ser feliz, a ser valiente”.
    Roberto Bolaño

    I

    He soñado labios
    (¿Solitarios y abiertos? ¿Partidos por el viento?)
    Labios como corazón de ornitorrinco
    Se mueven entre las ramas        Nada se escucha
    (¿Han quitado el sonido? ¿El sonido bajo los árboles?)
    Labios húmedos que sonríen al final de mi sueño
    Sobre un fondo de hojas        El empapelado
    de esta pieza de hotel        Dibujo tenaz
    Rumor del medievo

    II

    Los floreros disimulan
    La puerta del Infierno
    Con cierta clase de luz
    Y a determinada hora
    De repente te das cuenta
    Ese objeto es el terror

    III

    Escribe el sexo rojo atravesado por palmeras grises.
    Similar es este eclipse a tus lentes que caen al abismo.
    En la sala de lecturas del Infierno.
    Con los hombres concretos y los hombres subjetivos
    y los buscados por la ley.

    Poemas seleccionados de su poemario Poesía reunida.
  • 3 poemas de Igor Krajchev, poeta macedonio

    3 poemas de Igor Krajchev, poeta macedonio

    Igor Krajchev es un escritor, poeta, crítico literario e investigador macedonio.  Es Licenciado en literatura macedonia y en literaturas eslavas del sur.  Ha publicado tres libros de poesía «Realidades»(2005), Círculo – Medio Círculo (2015), «21» (2019), y dos novelas «Guerreros y Héroes»(2007, 2013) y «Tres Segundos» (2009). De 2009 a 2015, fue miembro del Comité de Organización de la Manifestación Internacional de Poesía «Encuentros de Racin». La obra de Krajchev ha sido traducida al inglés, alemán, checo, ruso, rumano, ucraniano, croata, esloveno y otros idiomas. Ha sido galardonado con numerosos premios: «Premio 9 de noviembre»(2007), el prestigioso premio «Maestros de la prosa» al mejor libro en prosa (2013), el «Premio especial Karamanov 2014» por su libro «El círculo-medio círculo», el premio «Círculo Literario» del Círculo Literario de Bitola (2015), el premio «Festival Lindens» al mejor poema, otorgado por la Asociación de Escritores de Macedonia (2015), el prestigioso premio «Enhalon» al mejor poema en las Veladas Poéticas de Struga (2016), el premio «Placa conmemorativa – 9 de noviembre» otorgado por el Ayuntamiento de Veles (2018), el prestigioso premio «Jovan Koteski» en los Encuentros Literarios de Struga al mejor libro de poesía «21» (2019) y también con el Premio Internacional del Presidente de AIWB (Asociación de Escritores Independientes de Bulgaria). Es el fundador y organizador del festival de poesía online UNITED WORLD OF POETRY, en el que participaron nombres poéticos de fama mundial. Krajchev es miembro de pleno derecho de la Asociación de Escritores de Macedonia , y desde marzo de 2018 es miembro de su Presidencia, también es miembro de la Asociación de Escritores de Croacia, del Gremio de Escritores de Europa y de la Asociación de Escritores Ostwestfalen Lippe, Alemania.

    Mis círculos

    Dibujo mis círculos en las imágenes

    de mi tiempo…

    todo es calidez

    y despreocupación dentro de ellos…

    mis círculos son mis nidos

    donde puedo desplegar mis alas.

    El tiempo

    romperá

    mis círculos

    como los pájaros

    rompen los huevos de sus crías

    entonces sabré volar…

    La vida es un juego de ajedrez

    Estoy jugando la única

    y la más importante partida de ajedrez

    como un duelo contra un oponente desconocido

    siento que pierdo

    que estoy escarificando mis mejores figuras

    para ganar tiempo…

    sólo lamento

    no haberme dado cuenta

    antes

    que el punto no es ganar –

    eso es imposible,

    lo importante es posponer

    la derrota…

    es una pena

    que no podamos volar

    la vista del tablero de ajedrez

    es mejor

    desde arriba…

    Canción de medianoche

    Dejo que la vela

    arda,

    me consuela

    mientras hablo

    con mi sombra en la pared…

    Aprendo a escuchar

    mientras

    hablo con ella…

    La luz,

    a través de mí,

    proyecta a otra persona…

    Me pregunto

    cuántas sombras viven

    dentro de mí y

    cuánta luz hace falta

    para pintarlas

    en la pared…

    No hablo,

    estoy escuchando,

    sólo entonces

    podré oír eso

    que no sé…

    Voy a buscar

    en las formas

    hasta verme

    a mí mismo…

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 poemas de Kamal Dhungana, poeta nepalí

    3 poemas de Kamal Dhungana, poeta nepalí

    Kamal Dhungana (Nepal), poeta nepalí nacido en la India. Escribe poemas desde hace cinco años. Además de poesía, también escribe cuentos. Algunos de sus poemas han sido publicados en Vietnam, Bangladesh, China, Serbia, España, India, Egipto, Roma, Palestina, Indonesia y Nepal. Actualmente prepara su primer libro de poesía.

    Última carta

     La última noche de invierno

     el frío me cortaba los dedos

     temblaba, con un bolígrafo de color rojo

     escribía la última carta

     

    Querida, esta es mi última carta

     tal vez esta carta te salvó de mí

     Las memorias perdurarán hasta el último instante

     y vivirán hasta tu último aliento

     hasta después de mi muerte

     Como un caserío después de una inundación

     todo mi mundo se ha vuelto desolado

     los sueños de hoy se desvanecen

     la tierra que piso está desierta

     hasta el cielo azul parece nublado

     contemplo un eclipse lunar cada noche.

     

    Sí querida, hoy serás testigo

     estoy escribiendo esta última carta,

     esta carta es mi última señal para ti

     pero, puede que no sea el último para ti

     sólo esta carta será la última.

     Fuego

    Érase una vez, nuestro amor

    era como un río.

    Ambos fluímos juntos;

    durante mucho tiempo,

    los dos fuimos como el agua.

    Pero hoy,

    quemaste nuestro amor.

    Ya no eres como el agua,

    ni como el fuego,

    has escapado intacta

    pero yo me he quemado

    no una vez, sino dos.

    Primero por el fuego del adiós

    y luego, al volcar el aceite de la lámpara

    El rojo

    Nunca te gustó el color rojo

    Supe luego,

    que nunca te habían gustado

    esas rosas rojas de San Valentín.

    Te escribí con mi sangre.

    No te gustaban esas cartas de amor rojas.

    Incluso te disgustaba el sindoor rojo,

    que traje para adornarte.

    Un día

    tras un accidente,

    necesitabas sangre.

    Pese a la negativa de tus parientes,

    ¿Cómo es que aceptaste mi sangre?

    ¿Cómo es que te gustó que tu colorida vida

    sobreviviera con mi sangre?

    ¡Después de todo,  también era de color rojo!

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 poemas de Relu Cazacu, poeta rumano

    3 poemas de Relu Cazacu, poeta rumano

    Relu Cazacu es un poeta rumano nacido el 29 de noviembre de 1983 en Bucarest. Sus poemas se han publicado en varias revistas y antologías. Es miembro de Cenaclul 9 desde octubre de 2016. Su libro de poemas debut, Poemas de uso, fue publicado como ganador del Premio Nacional de Poesía Traian T. Coșovei (edición 2020), ofrecido por la editorial Tracus Arte, en colaboración con la Asociación Cultural Direcția 9 y la Agenția de Carte.

    El tango de Lázaro

    Hoy no he empujado la cerradura ni el pestillo

    para guiarme entre las tumbas

    he puesto mi cabeza entre los senos de una mujer

    para escuchar la boca hambrienta del mundo

    alimentándose

    para olvidar la pesadilla en la que los niños

    están demasiado delgados y llenos de piojos

    la misericordia practica sus malévolos pasos de baile

    a mi alrededor

    convirtiendo mi corazón

    en un gueto argentino

    Hoy soy Lázaro

    deja de gritar

    no me levantaré

    * * *

    He querido mantenerme alejado de la lluvia

    recogiendo todas las nubes en mi bolsillo

    pero he fallado

    de la misma manera que mi trasero ha fallado

    en cruzar la infancia

    sin conocer las tradicionales nalgadas paternas

    sólo soy un niño entrometido

    estripo mis forúnculos

    y los de los demás

    y luego me limpio

    en la camisa

    en la blancura dominical

    tengo los pies congelados

    como una rana tras la disección

    * * *

    He estado durmiendo en todos y cada uno de los pasillos

    que tú no has cruzado

    He estado bebiendo hasta que mi vida

    se ha reducido a vodka

    y el mundo se volvió demasiado grande para mí

    He escrito un poema a tu alrededor

    por no poder tocarte

    cuando estoy demasiado triste

    un vagabundo

    comparte el pan que le diste

    conmigo

    Traducido al inglés por Nicoleta Crăete

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 poemas de Adalber Salas Hernández #PoesíaVenezolana

    3 poemas de Adalber Salas Hernández #PoesíaVenezolana

    Adalber Salas Hernández Caracas, 1987. Poeta, ensayista, traductor. Entre otros, autor de los libros Salvoconducto (XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita; Valencia, Pre-Textos, 2015), mínimos (Madrid, Amargord Ediciones, 2016) y La ciencia de las despedidas (Valencia, Pre-Textos, 2018), así como los volúmenes de prosa Clarice Lispector: el lugar de la poesía (Santiago de Chile, Ril Editores, 2019), Isolario (Bayamón, Ediciones Aguadulce, 2019) y Palabras sin dueño. Variaciones sobre la traducción literaria (Ciudad de México, Dirección de Literatura UNAM / Periódico de Poesía, 2019). Entre otras, ha publicado traducciones de Marguerite Duras, Antonin Artaud, Charles Wright, Mário de Andrade, Hart Crane, Pascal Quignard, Mark Strand, Lorna Goodison, Louise Glück, Yusef Komunyakaa y Patrick Chamoiseau. Dirige la colección Diablos danzantes en Amargord Ediciones. Cursa estudios doctorales en la New York University. Su trabajo poético ha sido reunido en las antologías Ai margini di un mondo sconosciuto (Roma, Edizioni Fili d’Aquilone, 2018; traducción de Alessio Brandolini) y De ningún viaje se vuelve (Gualajara, Mantis Editores, 2019).

    XVI

    El ruido de los aviones al pasar golpea

    la frente del edificio. Estoy sentado viendo

    a Bugs Bunny convencer a un cazador de que

    no es un conejo. El aire es pálido a las nueve

    de la mañana, fino como una hostia. Mis cuatro

    años caben con todo su peso en el mueble

    que está frente a la TV. Cuando los aviones

    atraviesan el cielo, rayándolo, todo se sacude

    contagiado por el mismo temblor, como si

    de pronto las cosas hubieran decidido exponer

    sus entrañas. La geografía de lo cotidiano había 

    sido sumisa, sin aparecidos ni prodigios;

    nadie nos prestaba sus milagros y no teníamos lo

    suficiente para pagar uno. Pero esa mañana unos

    aviones demolieron la barrera del sonido justo

    sobre mi cabeza, sobre mi pelo enmarañado

    y somnoliento. La mandíbula del cielo se

    dislocaba y dejaba caer un llamado áspero, una

    sola palabra toda hecha de piedras. Ya no había

    nada en la pantalla, sólo unas barras de colores

    y un pitido insistente que parecía querer perforarme

    el oído. Corrí a la ventana para ver qué pasaba y mi

    padre me hizo agacharme bajo el marco. Entonces

    escuché los tiros: uno, dos, tres, precisos. No estoy

    seguro de la bala que nos partió aquella ventana

    del apartamento en Quinta Crespo: puede que

    la haya inventado. Pero ese vidrio roto fue

    la capa inaugural de lo que algún día sería mi piel.

    Apenas tengo esta escena; el relato vendría

    más tarde. Es el mal fotomontaje de la infancia, arritmia

    de imágenes deslucidas por el uso, borrosas porque

    en la memoria llueve todo el tiempo. El agua

    rasca la superficie de las fotos como si

    quisiera filtrarse en ellas. Encharcarlas. Inundarlas.

    (Perteneciente al volumen La ciencia de las despedidas)

    XXV

    (Historia natural del escombro: Auschwitz-Birkenau)

    Cuando no quede ni una persona que recuerde, cuando no

    reste en pie un solo tallo de nuestra memoria y nuestra voz

    no valga su peso en sal, especias o ceniza, ¿cómo se verán

    estos edificios? ¿Como los hallaron los pilotos aliados

    con sus cámaras: lentas hileras de rectángulos abrazados a la

    nieve? ¿costillas brotando en el aire hambriento?

    ¿O como los veo a través de Google Earth, barracas

    relucientes como cráneos, rejas y alambres de púas limpios

    y hasta corteses, todos más o menos somnolientos,

    fingiendo la inocencia de los objetos abandonados

    bajo la membrana reseca de mi pantalla? Vista desde el cielo,

    la tierra es impermeable, lisa, bulímica. No tiene edad o acaso

    tiene la edad de los mitos que se olvidan porque ya no sirven

    a nadie. Alguien observará todo esto sin curiosidad o terror,

    pupilas cubiertas por la resina de la distancia, como si el pasado

    no pudiera ser el futuro y el tiempo apenas

    fuera el país de lo ya visto. Cuando estemos masticando las

    entrañas del suelo y no tengamos la tela de un nombre

    para cubrir nuestra desnudez, no podremos advertirles

    que la historia es un largo toque de queda donde

    realmente nada concilia el sueño por completo.

    (Perteneciente al volumen La ciencia de las despedidas)

    VI

    Mientras escribo el poema, me digo que en él

    la palabra muerte no dice nada, no tiene densidad,

    no hace más honda la boca. El poema no sabe

    de la muerte, como tampoco sabe de la música

    que llenará mi cráneo cuando quede vacío.

    Ese mismo cráneo que nadie tomará entre sus manos

    para anunciar que data del Siglo XXI, qué período

    remoto, qué tiempo bárbaro, qué época de luto. Ese

    mismo al que nadie hablará, llamándolo Yorick, ser

    o no ser, pudiera estar atascado en una cáscara

    de nuez y tenerme por rey de espacios infinitos,

    y creer que la palabra muerte sirve de algo. Ese mismo

    que nadie hallará por azar en una fosa común en

    Sudán o en Serbia, en Vietnam o en Catia. Ese cráneo, digo,

    ese cráneo mío, que sabrá que el poema es sólo un relato

    que se hace la muerte, que se vale de nuestras manos

    para decirse, para verse. Esto lo sabrá mi cráneo,

    será lo único que sepa, cuando permanezca quieto,

    sonriéndole al barro desde su vientre.

    Gusanos breves colgarán de sus cuencas,

    velarán sus sueños sin palabras.

    (Perteneciente al volumen Salvoconducto)

    Crédito de la Foto: Susanna Bozzetto

  • no lograrás medir el amor: dos poemas de Galo Luvèce

    no lograrás medir el amor: dos poemas de Galo Luvèce

    No sé nada sobre Galo Luvèce.


    Sólo sé que, por esas vueltas del destino, en octubre de 1992 yo estaba en una tierra extranjera que empezaba a guiñarme los ojos, y Galo estaba ahí, con el corazón roto, al frente de un taller de haiku en Santa María de Palautordera, a 50 kilómetros de Barcelona.


    No mucho más podré agregar con precisión. Sólo tengo esos datos de fecha y de lugar en mis reencontrados apuntes de esas clases, apuntes que dormían el sueño de los justos en el cajón de criar gnomos del fondo más fondo de un armario. Los papeles incluían, para desgracia mía, algunos haiku cometidos por mí en ese taller (“Ah, gatito, gatito / el agua está envenenada. / Último sol.” y otros aún peores) y, para mi alegría, los dos poemas de Galo que suponía perdidos y que asomarán líneas abajo.


    Galo era, como yo, latinoamericano, pero no puedo siquiera precisar si argentino o chileno. Era simpático, tierno, vivía en París, lo había dejado su mujer y se había refugiado en la poesía con uñas y dientes para que el huracán de la tristeza no lo despedazara. Había una búsqueda del equilibrio zen en él; que el taller girara alrededor de los haikus no era casual. Además usaba una especie de sotana (uno de los alumnos le decía “monseñor”) y lo envolvía un aire de misticismo que se adivinaba terapéutico y tal vez insuficiente para desanudar su desengaño.


    Después vino mi propia etapa negra, al menos en cuanto a la literatura: el huracán me agarró a mí, me llevó lejos de la poesía y de sus círculos. Nunca más supe de Galo, y hasta olvidé su nombre, pero -y esto es lo que importa- habían quedado en mi memoria algunos versos de la hermosa Balada del amor perdido, que leyó con voz acongojada en la reunión final.


    Hoy, que hojeo de nuevo la carpetita verde con sus poemas escritos a máquina y firmados de su poético puño y temblorosa letra, tecleé su recobrado nombre en el oráculo para saber más de él. Sorpresa: nada, o casi nada. Google sólo recuerda a un tal Galo Luvecce (con dos ces) que estuvo con Juan Gelman en un acto en París en el ’82. Lo demás, hojarasca.


    Si en todo ese infinito Aleph que es el ciberespacio no queda ya memoria de Galo ni se encuentran sus poemas me parece muy justo dedicarle este texto que no es sino la alfombra roja que le pongo a los suyos. Yo sí guardo su imagen de poeta bonachón, su sonrisa sabia salpicada de pena.


    Gracias, Galo Luvèce por tu fecunda melancolía y por aquel taller, aunque mi carrera como autor de haiku haya sido fugaz y poco esplendorosa, y por tus poemas. Espero que, donde quiera que estés, el viento sea propicio y el dolor ya no sepa morder.

    Señales para los estados del alma

    si su pena
    se transformara
    en un bastoncito
    blanco
    muchos lo ayudarían
    a cruzar la vida


    en un lazarillo
    que caminara a su vera
    protegiendo
    su sensibilidad
    -a flor de piel-
    corriendo siempre adelante
    (como sombra dislocada)


    sonámbulo
    de madrugada
    palpa las paredes
    da vueltas en su cuarto
    desconoce la puerta


    no logra salir
    de su propia hoguera
    para colocar
    alguna señal

    Balada del amor perdido

    si te atreves
    a medir su dolor


    diseña
    la geografía de las manchas
    de su camisa


    adivina
    el color de sus zapatos
    de sus raídos pantalones


    suma las semanas
    que luce el mismo atuendo


    asómbrate
    de cuántas veces
    se puede tirar en su cama
    sin cambiar las sábanas


    cuenta las latas
    de cerveza vacías


    mide los centímetros
    en su cintura examina
    su barba crecida
    su pálido rostro


    síguelo durante horas
    (sin que se dé cuenta)
    mientras camina y le habla
    a ella como si fuera a su lado
    (y sólo va en sus ojos)


    escucha impasible
    el trémolo de su voz
    cuando responde:
    “estoy mejor, gracias”


    por tus manos sobre las cejas
    y trata de mesurar
    la profundidad de sus ojos trasnochados


    aún así
    no lograrás
    medir el amor

    Galo Luvèce, circa 1992