Poetas del mundo

  • El habla extremeña en la poesía: «El miajón de los castúos» de Luis Chamizo

    El habla extremeña en la poesía: «El miajón de los castúos» de Luis Chamizo

    “Porque semos asina, semos pardos,
    del coló de la tierra”

    Mi primer contacto con este hermoso libro, tuvo lugar en la clase de Lengua y Literatura Española en el instituto de Enseñanza Media de Badajoz, donde cursaba el bachillerato. Y fue el profesor que impartía esta asignatura, el que me enseñó a amarlo, a entenderlo, a descubrir la ternura, la belleza y el lirismo que encerraban sus poemas, escritos en ese habla o dialecto extremeño que a mí no me sonaba extraño, por haber nacido y transcurrrido mi infancia, en un pequeño pueblo del sur de la provincia. Desde entonces, lo conservo como si fuera un pequeño tesoro que releo de vez en cuando para no olvidarme de mis raíces castúas.

    Corrían los primeros años del siglo XX cuando este poeta extremeño, Luis Chamizo Trigueros, trasladó al papel las vivencias, costumbres y sentimientos de la gente de su tierra, reproduciendo en sus poemas el habla popular característica y propia de aquella época en un entorno campesino y humilde. Con ello inauguraba un nuevo estilo de belleza en las letras con el decir de la gente de Extremadura. Volcó en sus poemas todo un caudal de ideas, sueños, sentimientos… Y nos dejó escrito en verso, un patrimonio lingüístico que de otra manera hubiera quedado en el olvido.

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    Luis Chamizo nació en1894 en Guareña (Badajoz) en el seno de una familia humilde y trabajadora de Extremadura. Muy joven se trasladó a Madrid para cursar el bachillerato. Se licenció en Derecho en la Universidad Central de Madrid y en la de Murcia. En esos años de estudiante, asistió con asiduidad a las numerosas tertulias literarias de los cafés y dio sus primeros e importantes pasos en el mundo de la poesía.

    Contactó con el movimiento modernista a través de algunos poetas como Salvador Rueda, Francisco Villaespesa o Amado Nervo. Conoció a Federico García Lorca, probablemente a Rafael Alberti y a otros intelectuales y poetas de entonces. Coetáneo de la generación del 27 prefirió quedarse en el camino de la poesía regionalista, siguiendo los pasos del poeta José María Gabriel y Galán.

    En 1818, la muerte de su padre, tinajero en su pueblo natal, le obligó a volver a su tierra de origen para proseguir con el negocio familiar y ese contacto con la gente humilde de su tierra le hizo profundizar en el conocimiento de la idiosincrasia y la forma de hablar extremeña.

    En 1921 publica el libro de poesía por el que fue más conocido: “El Miajón de los Castúos”, en el que intentaba reflejar y transcribir el habla rural. Pronto, el libro se convirtió en un verdadero fenómeno literario y Chamizo en un poeta de referencia en el mundo literario de Extremadura.

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    El poeta llama al conjunto de sus versos “el miajón de los castúos”.

    Dos vocablos muy característicos de la tierra:

    “Miajón”: la esencia, la miga, el jugo…del pueblo extremeño.

    “Castúo”: voz derivada de “castizo”, lo genuino, lo más auténtico.

    A partir de su publicación, se generalizó la palabra “Castúo”. Y con el tiempo, dicha denominación, se hizo popular para denominar las hablas regionales extremeñas en general.

    (…) Vusotros qu’atendéis a las lerturas
    y séis tan sabijondos de las cencias
    que quizás nus larguéis de carrerilla
    y en romances jazañas extremeñas
    que los nuestros ejaron sin contaglas
    endispués de jaceglas.


    Y sus dirá tamién cómo palramos
    los hijos d’estas tierras,
    porqu’icimos asina: jierro, jumo
    y la jacha y el jigo y la jiguera.(…)

    En esta obra, supo trasladar al verso toda la fuerza expresiva del lenguaje autóctono, que transmite el saber popular de generación en generación. Y en sus versos, canta a la vida cotidiana del hombre extremeño, que habita un medio rural, que ama y a la vez le condiciona. Todo ello en medio de difíciles circunstancias, avatares políticos y sociales y unas duras y precarias condiciones de vida propias de los comienzos del siglo XX, con el campo extremeño en manos de las oligarquías terratenientes y caciquiles. Sin embargo en sus versos, no hay una denuncia social explícita como tal, seguramente por la censura de aquellos años, más bien llevan implícitos cierta resignación y fatalismo vital.

    (…)“Y tamién sus dirá que semos güenos,
    que nuestra vida es güena
    en la pas d’un viví lleno e trebajos
    y al doló d’un viví lleno e miserias:
    ¡el miajón que llevamos los castúos
    por bajo e la corteza!”(…)

    Los temas del libro son los propios del regionalismo: la nostalgia de un pasado mejor, la vida rural y campesina, los oficios tradicionales, las costumbres de los ancestros, la vivencia de la naturaleza y el paisaje sometido por la mano del hombre…Y dan lugar a descripciones de gran lirismo y fuerza expresiva.

    Las características de su poesía se corresponden con la Extremadura que él redescubre al volver: sencillez, austeridad, gravedad, reciedumbre, ternura y sentido dramático.

    Según el académico José Ortega Bonilla, que escribe el prólogo “Todo es grande, fuerte, potentísimo…El libro de Chamizo no es de los que se dejan dormir en la estantería de la biblioteca. Quien comience la lectura, la continuará y la dará fin y no se olvidará más de ella.”

    El libro está integrado por once extensos poemas y uno inicial que hace de introducción: “Compuerta”

    Dada su larga extensión, solo dejo de muestra este poema sobre el nacimiento de un hijo de un matrimonio de campesinos, en mitad del campo. Todo un bello canto lírico a la Vida, a la Madre Naturaleza, que aunque sea recia, hostil, dura…también es acogedora y muy hermosa.

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    Monumento a La Nacencia. Parque de la Legión. Badajoz.

    LA NACENCIA

    I
    Bruñó los recios nubarrones pardos
    la lus del sol que s’agachó en un cerro,
    y las artas cogollas de los árboles
    d’un coló de naranja se tiñeron.

    A bocanás el aire nos traía
    los ruíos d’allá lejos
    y el toque d’oración de las campanas
    de l’iglesia del pueblo.
    Íbamos dambos juntos, en la burra,
    por el camino nuevo;
    mi mujé, mu malita,
    suspirando y gimiendo.
    Bandás de gorrïatos montesinos
    volaban, chirrïando, por el cielo,
    y volaban pal sol, qu’en los canchales
    daba relumbres d’espejuelos.

    Los grillos y las ranas
    cantaban a lo lejos,
    y cantaban tamién los colorines
    sobre las jaras y los brezos;
    y, roändo, roändo, de las sierras
    llegaba el dolondón de los cencerros.

    ¡Qué tarde más bonita!
    |Qu’anochecer más güeno!
    ¡Qué tarde más alegre
    si juéramos contentos!…


    —No pué ser más —me ijo—, vaite, vaite
    con la burra pal pueblo,
    y güérvete de prisa con l’agüela,
    la comadre o el méico.
    Y bajó de la burra poco a poco,
    s’arrellanó en el suelo,
    juntó las manos y miró p’arriba,
    pa los bruñíos nubarrones recios.


    ¡Dirme, dejagla sola,
    dejagla yo a ella sola com’un perro,
    en metá de la jesa,
    una legua del pueblo…
    eso no!   De la rama
    d’arriba d’un guapero,
    con sus ojos reondos
    me miraba un mochuelo;
    un mochuelo con ojos vedriaos
    como los ojos de los muertos…

    ¡No tengo juerzas pa dejagla sola;
    pero yo de qué sirvo si me queo!


    La burra, que roía los tomillos
    floridos del lindero,
    careaba las moscas con el rabo;
    y dejaba el careo,
    levantaba el jocico, me miraba
    y seguía royendo.
    ¡Qué pensará la burra
    si es que tienen las burras pensamientos!


    Me jui junt’a mi Juana,
    me jinqué de röillas en el suelo,
    jice po recordá las oraciones
    que m’enseñaron cuando nuevo.
    No tenía pacencia
    p’hacé memoria de los rezos…
    ¡Quién podrá socorregla si me voy!
    ¡Quién va po la comadre si me queo!


    Aturdío del tó gorví los ojos
    pa los ojos reondos del mochuelo;
    y aquellos ojos verdes,
    tan grandes, tan abiertos,
    qu’otras veces a mí me dieron risa,
    hora me daban mieo.
    ¡Qué mirarán tan fijos
    los ojos del mochuelo?


    No cantaban las ranas,
    los grillos no cantaban a lo lejos,
    las bocanás del aire s’aplacaron,
    s’asomaron la luna y el lucero,
    no llegaba, roando, de las sierras
    el dolondón de los cencerros…
    ¡Daba tanta quietú, mucha congoja!
    ¡Daba yo no sé qué tanto silencio…!

    M’arrimé más pa ella:
    l’abrasaba el aliento,
    le temblaban las manos,
    tiritaba su cuerpo…
    y a la lus de la luna eran sus ojos
    más grandes y más negros.
    Yo sentí que los míos chorreaban
    lagrimones de fuego.
    Uno cayó roando,
    y, prendió d’un pelo,
    en metá de su frente
    se queó reluciendo.
    ¡Qué bonita y qué güeña,
    quién pudiera ser méico!


    Señó: tú que lo sabes
    lo mucho que la quiero.
    Tú que sabes qu’estamos bien casaos,
    Señó, tú qu’eres güeno;
    tú que jaces que broten las simientes
    qu’echamos en el suelo;
    tú que jaces que granen las espigas,
    cuando llega su tiempo;
    tú que jaces que paran las ovejas,
    sin comadres ni méicos…
    ¿por qué, Señó, se va morí mi Juana,
    con lo que yo la quiero,
    siendo yo tan honrao
    y siendo tú tan güeno?…


    ¡Ay! qué noche más larga
    de tanto sufrimiento:
    ¡qué cosas pasarían
    que decilas no pueo!
    Jizo Dios un milagro;
    ¡no podía por menos!

    II

    Toíto lleno de tierra
    le levanté del suelo;
    le miré mu despacio, mu despacio,
    con una miaja de respeto.
    Era un hijo, ¡mi hijo!,
    hijo de dambos, hijo nuestro…
    Ella me le pedía
    con los brazos abiertos.
    ¡Qué bonita qu’estaba
    llorando y sonriendo!


    Venía clareando;
    s’oían a lo lejos
    las risotás de los pastores
    y el dolondón de los cencerros.
    Besé a la madre y le quité mi hijo;
    salí con él corriendo,
    y en un regacho d’agua clara
    le lavé tó su cuerpo.
    Me sentí más honrao,
    más cristiano, más güeno,
    bautizando a mi hijo como el cura
    bautiza los muchachos en el pueblo.


    Tié que ser campusino,
    tié que ser de los nuestros,
    que por algo nació baj’una encina
    del caminito nuevo.


    Icen que la nacencia es una cosa
    que miran los señores en el pueblo:
    pos pa mí que mi hijo
    la tié mejor que ellos,
    que Dios jizo en presona con mi Juana
    de comadre y de méico.


    Asina que nació besó la tierra,
    que, agraecía, se pegó a su cuerpo;
    y jue la mesma luna
    quien le pagó aquel beso…
    ¡Qué saben d’estas cosas
    los señores aquellos!


    Dos salimos del chozo;
    tres golvimos al pueblo.
    Jizo Dios un milagro en el camino:
    ¡no podía por menos!

    Aquí pueden ver y escuchar el poema, recitado en castúo por Fernando González:

    Espero que lo hayan disfrutado.

    REFERENCIAS:

  • 3 poemas inéditos de Néstor Mendoza #PoesíaVenezolana

    3 poemas inéditos de Néstor Mendoza #PoesíaVenezolana

    Néstor Mendoza (Mariara, Venezuela, 1985). Estudió la carrera de Educación en la Universidad de Carabobo, en Valencia, y cursó estudios de Literatura Latinoamericana en el Instituto Pedagógico de Maracay. Poemas suyos han aparecido en distintos medios de Latinoamérica y España. Ha publicado los poemarios Ombligo para esta noche (2007); Andamios (2012), merecedor del IV Premio Nacional Universitario de Literatura 2011; Pasajero (2015) y Ojiva (2019), libro que cuenta con una edición alemana: Sprengkopf (Hochroth Heidelberg, 2019), con traducción de Michael Ebmeyer. Algunos de sus poemas también han sido traducidos al italiano, inglés y francés. Forma parte de la antología Nubes. Poesía hispanoamericana, publicada en 2019 por la editorial Pre-Textos de España.

    SIMULACRO

    I

    Pasífae

    Dédalo, apresúrate. En ti confío. En ti reside mi seducción. Necesito cuero y ubres: hocico y orificio conveniente para su embestida. Madera y carne. No puede fallar el simulacro. Me urge, Dédalo; siento que mis piernas se endurecen y en mis pies resuena ese sonido áspero de cascos. Anatomía salvaje para él, olor de su familia para él. Mis dedos se acomodan a estos pares de pezuñas. Entro en la vestidura. Calzo. Nadie diría que no soy animal. Lo he engañado. Allí viene. Siento el trote en mi quietud inclinada. Me huele, Dédalo. El toro me huele. Sus cuadro patas, bajan; su testa erguida, sube. La unión sucede.

    II

    Dédalo

    Las piezas están dispuestas. He tallado cada hueso. Aquí la tienes: la superficie de vaca, casi de vaca. Se ve como vaca. Sacrifiqué a un animal para retirar su piel. Fino tallado, clavos. Un golpe de martillo te acerca al órgano del toro. Entrarás en esta ropa hecha para la confusión y el acople. Yo comprendo el secreto de la bestia. Tan perfecta es mi creación que casi trota y pasta en el paisaje. Tanto se asemeja a la vaca que un pastor la confundiría en su rebaño. Una vaca sin tripas ni estómagos. Tú serás las entrañas; tu desnudez blanca, disimulada en esa ropa, lo recibirá.

    CONTEMPLACIÓN

    I

    Narciso

    Desconozco mi perfección, la ignoro: solo algunas noches, en siestas entrecortadas, acaricio repetidamente la piel de mis manos y mi cara, en un vano intento de comprender la fascinación de los otros. Ellos me ven y desean tocarme como si tocaran la sábana nupcial de los dioses. Este es mi cuerpo, pretendido cuerpo que vaga entre estos campos y no logra impedir que muchos ojos se posen y traten de adueñarse de él. ¿Por qué tantos me observan? ¿Saben que no soy hombre sino un retrato de carne? Ha llegado la contemplación y el engaño de la fuente. Lo que busco no existe. Amo una ansiedad sin cuerpo, una nariz líquida, empozada, cabellos que se pierden con cada manotazo que doy. Lo que deseo está en mí.

    II

    Eco

    Cuerpo todavía soy, no voz. Lo que mi boca pronuncia se instala en los oídos de quienes me escuchan. Una acción mía me quitará este privilegio —el castigo es rutina entre los dioses—; de pronto, mi lengua pierde la fluidez del arroyo; llega la antorcha que interrumpe el discurso, se va mi canto diario de palabras. Ahora poseo la intermitencia de los finales pronunciados. Lo veo en el bosque, a Él, a la bella criatura que no puede verse a sí misma, que no conoce la elegancia de sus perfiles. Cumplo mi tarea fija de observación: desde este lado tapado del árbol sigo sus pasos. El amor se va abultando con el ojo; se infla, hinchado se eleva. Mis sonidos quieren entrar como carne y como besos. Mis ruidos aspiran a ser matriz tibia, dispuesta, para Narciso. Se avecina el rechazo, lo sé, el ocultamiento y mi inevitable transformación. El aire no me consuela y su fuerza me desliza por vías y montañas. Estoy en todos lados. Mi cuerpo adelgaza —se ha perdido ya— y gobierna el sonido. En el aire, los jugos del cuerpo, todos se pierden.

    LABERINTO

    I

    Minotauro

    Soy mitad hombre, mitad rebaño. Por ahí debe existir mi doble con pies de ganado y rostro de varón. Mi contrario y mi complemento. Soy hermoso de la garganta para abajo. La fealdad está en mi cabeza y en la violencia de mis cuernos. O solo es el encierro y su repetida soledad. Voy y me desplazo y creo en dioses o en la sangre de los sacrificados. Es lo mismo. Pienso en mí, en el hambre que no se termina o declina. Mato en cada embestida, pero en dos patas. Camino como hombre pero soy bestia y pienso como bestia. Ese es mi castigo.

    II

    Teseo

    Estiro el abismo hasta la ruptura de ambos extremos. No se debe romper, solo desplegar. No le exijo profundidad  pero sí extensión. Es una cuerda larguísima, que sube y que baja de mi mano a tu mano. Allí empieza la transformación: ahora es un mecate que frota la polea para extraer agua del pozo. Ya lo había visto antes: ladrillos enmohecidos que rodean el agua. Como no se ve la cara interna de los ladrillos nadie se entristece por ellos; no hay inmolación o sacrificio. La extensión, como las ideas, se ve al salir a flote. También es una cuerda de la infancia junto a los hermanos que no saben saltar. La cuerda de los juegos, el giro de dos manos. Los dos tenemos una punta tensa. Me enseñaron a temerle al abismo, a lo hondo, pero no a la extensión. He crecido y existe el miedo a los acantilados pero no al desierto. No puedo olvidar las cuerdas vocales que me permiten hablar despacio o rápido, según la ocasión; alto o bajo, según el lugar. Así voy atando objetos inútiles a este gran hilo para salir del laberinto y burlar al minotauro.

    Dípticos (inéditos, 2016)

    Fotografía: José Antonio Rosales

  • 3 poemas de Đặng Thân, poeta vietnamita

    3 poemas de Đặng Thân, poeta vietnamita

    Đặng Thân es un poeta bilingüe, escritor de ficción y ensayista de Vietnam. Como «la típica figura de la literatura Post-Doi Moi», es también «el mejor humorista de todos los tiempos». Lamentablemente, sus obras fueron consideradas «perjudiciales» por las organizaciones de publicación gubernamentales. Entre sus numerosas antologías de poesía, sólo se publicó una titulada No Sense (2014). La revista Poets & Writers, con sede en Nueva York, escribió: «Dang es alabado por su prosa idiosincrática y su estilo rebelde». Sus obras de varios géneros literarios, han creado el punto de inflexión importante en el estilo de escritura de la literatura vietnamita. Como representante de una forma completamente nueva de discurso con recursos léxicos alternativos. Es pionero en la poesía de aliteración vietnamita y en un nuevo estilo llamado «phac-nhien» que puede significar en parte lo verdaderamente natural.

    Madre

    ¡Madre! cómo fluyen mis lágrimas cuando  

    recorres mi mente

    distingo el sudor de toda una vida de trabajo

    que fluye al costado del tiempo

    día tras día, nada era nuevo para ti –

    una extenuante rutina… –

    ¡te marchaste antes de vivir lo mejor!

    ¿cómo puedo derramar suficientes lágrimas dulces

    para igualar el sudor del sacrificio de tus cincuenta años?

    1989

     

    Nueva Primavera

    La primavera llega, la primavera se va, y aquí llega la primavera otra vez

    muchas cosas han perecido, y otras permanecen

    en invierno el frío es tan afilado como un cuchillo

    tan silencioso, tan ensordecedor como el fluir de la vida

    hombres, ustedes queman lo que alguna vez adoraron

    rinden culto a lo que quemaron – nadie se los reveló

    así es como eligen – sin piedad

    adoradores sin creatividad

    deseaba ser un pintor colorido

    pero nací bajo revestimientos negros y fríos

    así que no pude hallar la alegría en mi arte

    lo que me dejó sin un lugar para comenzar

    busco verdes de armonioso timbre

    para llevar conmigo al espacio -tiempo púrpura

    nuestras vidas son tan profundas como los mares son fríos

    como los agujeros negros-  y la enorme materia que contienen

    1990

     

    El primero de los primeros.

    Veo el primer rocío

    en la hoja

    de tu ojo

    que llora por las víctimas de los tsunamis ordenados por el creador

    tal como lo prometió

    escucho la primera canción

    desde el corazón

    de tu lengua

    que disminuye el poder de la oscuridad antes del surgimiento de Eva

    en este día de año nuevo

    ahora siento el cambio

    en mis células

    a profundidad

    algo empuja el primer vuelo de mi elección por vivir con autenticidad

    el primero de los primeros.

    Traducción del inglés al español por Mariela Cordero.

  • 3 poemas de Alejandro Rodríguez Morales #PoesíaVenezolana

    3 poemas de Alejandro Rodríguez Morales #PoesíaVenezolana

    Alejandro Rodríguez Morales (Caracas, Venezuela) ha publicado los libros de poemas “Mapa de vuelo” (CreateSpace Publishing, 2016), “La suma de todos los elementos” (CreateSpace Publishing, 2015), “Te habías secado el pelo y empezó a llover” (Editorial Luhu, 2014) y “Oración errante” (Ediciones Publicarte, 2013), así como el chapbook “Las ventajas de ser un fantasma” (El sótano del cielo ediciones, 2012). Ganador del I Concurso de Aproximación al Haikú organizado por la Revista de Literatura Círculo de Poesía (2013). Sus poemas han aparecido en diferentes publicaciones y antologías, entre ellas la Revista Literaria “The Hoot and Hare Review” No. 2 (2013) y la antología “La Voz de la Ciudad” (Ediciones Publicarte, 2012). En Internet ha publicado poemas y traducciones en Cráneo de Pangea, Revista Letralia, Los Poetas del Cinco, QueLeer, Mala Digestión Fanzine, Por Qué Tiemblan Fanzine, Despolarizadas, Zoozobra Magazine, Guayoyo en Letras y Círculo de Poesía.

    Releer

    “Releo, lúcido, lentamente, trecho a trecho,

    todo cuanto he escrito. Y creo que todo es nulo

    y más valiera que no lo hubiese hecho”

    Bernardo Soares (heterónimo de Fernando Pessoa)

    Vuelvo una y otra vez

    al párrafo 94

    del libro de Bernardo Soares,

    sé que estas palabras

    y todas las palabras anteriores

    que me atreví a escribir

    son meras divagaciones;

    apenas dicen

    que no tuve el temple necesario

    para dejarlas intactas

    hermosas

    libres

    eternas,

    fuera de las páginas.

    Cuando todavía no se ha escrito

    Cuando todavía no se ha escrito

    el poema es canción

    que escuchamos dentro de nosotros

    y, a veces, durante tanto tiempo

    que no podemos evitar

    tocar su partitura

    de modo que otros

    también la escuchen;

    cuando todavía no se ha escrito

    el poema es la cabeza de un fósforo

    y el papel en que se escribirá, lija,

    quien lo lee lo enciende en el mismo acto

    y entonces sus palabras iluminan;

    cuando todavía no se ha escrito

    el poema vuela y canta

    y comparte con otros pájaros

    que también vuelan y cantan

    de manera rítmica,

    si llega a escribirse

    es sólo que ha decidido posarse,

    en un instante eterno,

    sobre la página;

    cuando todavía no se ha escrito

    el  poema es suspiro posible,

    abrazo futuro,

    hallazgo repentino;

    cuando todavía no se ha escrito

    el poema es el único vacío repleto

    capaz de llenar a quien lo lea

    luego de que otro lo escriba;

    cuando todavía no se ha escrito

    el poema es todos los poemas,

    todas las lenguas, todos los sonidos,

    todos los acentos,

    todas las herencias,

    todos los afectos,

    todas las nostalgias,

    todos los silencios,

    todos los estruendos,

    toda la poesía.

    Dolor alarma

    Luego de que mi hermana me contara sobre

    la importancia neurológica del dolor.

    Si lo que pasa es lo mejor

    por qué el dolor,

    por qué la nostalgia

    que se torna dolor,

    por qué las hipótesis

    que se tornan dolor,

    por qué los planes

    todavía no cumplidos

    que se tornan dolor,

    por qué los sueños

    que se tienen despierto

    y que se tornan dolor.

    Porque sólo el dolor es golpe,

    sólo el dolor, aullido,

    sólo el dolor, alarma.

    Si hay dolor, todavía se está vivo,

    de lo contrario

    quizá ni siquiera

    notaríamos la cortada,

    moriríamos inevitablemente

    desangrados.

    Estos poemas pertenecen al libro “Pájaros y drones” (de próxima publicación por Ediciones El Drago, España)

  • 3 poemas de Zachariah Rapola, poeta sudafricano

    3 poemas de Zachariah Rapola, poeta sudafricano

    Zachariah Rapola es un escritor y cineasta sudafricano. Sus cuentos cortos y poemas han sido publicados en Tribute Magazine, The Boston Review, Serendipity, Opbrud, Witness y Discovering Home. Sus críticas de películas y libros aparecieron en los principales periódicos como Mail & Guardian, Sowetan, City Press.  Ha publicado literatura para jóvenes adultos: Stanza on the Edge, Stanza and the Jive Mission y Stanza’s Soccer World Cup, Maskew Miller Long Man. Su drama televisivo ¡Hola Mpiniji! fue inspirado en su serie de novelas Stanza. Obtuvo el Premio Noma de Publicación en África en 2008. Actualmente es mentor de jóvenes escritores emergentes en zonas rurales de Sudáfrica. «The Passport that does not Cross Boarder» una antología de viajes africanos que coeditó con la profesora Isabel Balseiro será publicada en el verano de 2020 por Michigan State University Press.

    Diálogo con el sol

    las lágrimas que derramo vienen

    menos saturadas de trazas de cloruro

    entre mis poros escapan del sudor

    rinden homenaje a la vejez

    nacemos cuando queremos

    y barajamos las sombras circundantes

    para perfeccionar nuestro diálogo con el sol

    el ciclo de la vida es tedioso

     el amanecer y el atardecer

    son sílabas monótonas.

    Sueños

    los soñadores han venido y se han ido

    mucho antes del alba del capital

    mucho antes de la marea de la servidumbre

    los soñadores han venido y se han ido

    campesinos soñadores de los sueños

     largos y fugitivos

    he compartido sus anhelos

    cuando las pesadillas sacudían sus pensamientos arrebatados

    campesinos soñadores de sueños largos y fugitivos

    los soñadores han venido y se han ido

    un compañero

    nutrido por el patriotismo

    he sido testigo de su

    viaje centenario   

    los soñadores han venido y se han ido

    yo también he llorado y anhelado

    cuando ellos soñaban con océanos y vientos

    porque yo también soy un soñador

    un soñador

    de sueños largos y fugitivos

    (Inspirado en el poema de Langston Hughes ‘El negro habla de los ríos’)

    El nacimiento es…

    los inicios de un sueño

    una postura meditativa sobre caballeros y  reinas

    esforzándose por interpretar el prodigio del hombre

    maravillas a través del laberinto del minotauro

    el nacimiento es

    una estrella fugaz que surca los cielos oscuros

    en una inmersión suicida para

    pronunciar el desenlace de una gran vida

    y luego ser suspendida en una amnesia perpetua

    el nacimiento es

    siluetas del tiempo que se extinguen

    con cada minuto que pasa

    cantando obituarios a ambiciones no alcanzadas

    y a corazones rotos por el amor no correspondido

    El nacimiento es

    una danza y fusión entre

    el esperma y el óvulo condenados a librar intensas

    batallas por el dominio

    para definir el género del feto.

    Traducción por Mariela Cordero.

  • Hambre sucia: la poesía salvaje de Guillem Gavaldà

    Hambre sucia: la poesía salvaje de Guillem Gavaldà

    Guillem Gavaldà (Cerdanyola del Vallès, 1997) es un joven escritor, autor de dos celebrados libros de poesía en catalán: Fam bruta (AdiA Edicions, LaBreu Edicions y Cafè Central, 2016) y Brànquies (AdiA Edicions, 2017). Graduado en Estudios Clásicos por la Universitat Autònoma de Barcelona, su poesía está muy influida por la lectura de autores universales como Homero, Safo o Hesíodo, además de clásicos catalanes como Mercè Rodoreda, Víctor Català o Blai Bonet.

    La calidad y originalidad de su poesía ha sido reconocida de forma unánime: ambos libros publicados por Gavaldà han sido premiados con dos relevantes galardones de la poesía catalana: el Premi Francesc Garriga, por Fam bruta, y el Miquel Bauçà, por Brànquies.

    Su poesía también ha aparecido en la antología de poesía LGTB+ catalana Amors sense casa (Angle Editorial, 2018), coordinada por Sebastià Portell, donde comparte espacio con poetas tan relevantes como Maria Mercé Marçal, Blai Bonet, Francesc Garriga, Mireia Calafell o Pau Vadell. Poemas suyos han sido traducidos al castellano, al inglés, al turco y al griego.

    Ofrecemos aquí la traducción al castellano* de varios poemas de su primer libro, Fam bruta (Hambre sucia):

    Se sacian las raíces
    sobre el bocado llenísimo de nuestros
    cuerpos               que han crecido
    cuando tú te doblegas. La hiedra trepa por la espalda
    escapando de la sequía.
    Dame sed a este apetito
    y déjame morir

    deshidratado.

    ***

    Vibro dentro de la cueva
    violenta de los
    cuerpos; las rocas,
    los fósiles,
                 el sexo:
                             el estómago.

    ***

    Vacíame la tierra
    umbría del tórax, las entrañas
    que han carcomido tus labios en mitad de la
    comida. Aquí en el invierno;

    mi piel, sangrándote
    polen.

    ***

    SÍSMICO

    Y estamos
    así, embistiéndonos,
    abiertos, de golpe; dos bestias
    vulnerables.
    Muriendo.

    ***

    DERIVA

    Aprietas
    las ortigas
    contra tus mejillas, te masticas las
    encías. Mi cuerpo
    son baldosas que en las manos
    se te agrietan.

    ***

    Que tu vientre
    lleno de insectos
    sea perforado por las langostas. Que
    te habiten todo el hígado, como
    quien habita una cueva.

    * Traducción de Carlos Asensio.

  • La lata de gusanos llamada cultura y otras anarquías (Dambudzo Marechera) parte II

    La lata de gusanos llamada cultura y otras anarquías (Dambudzo Marechera) parte II

    Tras su expulsión, Marechera malvivió en Oxford durante unos años en casas de amigos, tiendas de campaña y comunas, rodeado de otros artistas, drogadictos y anarquistas. Es durante este período cuando escribe su primera y más aclamada obra, The House of Hunger, donde habla del contexto de pobreza, suciedad y hambre de su niñez. En esta obra habla sobre las brutales relaciones humanas llenas de soledad y de cómo los libros y el mundo de los sueños y la creatividad – el arte en definitiva – fueron su escapatoria. The House of Hunger ganó el Guardian First Book en 1979 convirtiendo a Marechera en el primer y único escritor africano en haber obtenido este prestigioso premio. Durante la ceremonia de recogida del premio y en un estado de embriaguez evidente, Marechera protagonizó una de sus más controvertidas apariciones públicas lanzando la vajilla contra las enormes lámparas de araña que decoraban el salón durante la recepción del premio. Marechera consideraba que toda la ceremonia era una farsa en la que el poder literario establecido esperaba de él que escribiera en calidad de escritor africano, mientras que él renegaba de cualquier poder establecido y no creía en el condicionamiento de su arte. A su vez veía muy hipócrita aclamar en semejante ceremonia una obra que hablaba de la hambruna social y real de su país Zimbawe mientras su gente seguía muriéndose de hambre allí.

    En esta misma línea de descontaminación de influencias tales como la experiencia colonial y en constante búsqueda de una verdad que, en definitiva, era la búsqueda de una identidad propia, Marechera publica su segunda obra, Black Sunlight. Esta novela pone en evidencia su creciente depresión y adicción al alcohol y su progresiva introspección literaria y filosófica.Tras ocho años en Inglaterra regresa a Zimbawe en 1982, de la que ya no saldría hasta su muerte en agosto de 1987. Vuelve con la excusa del rodaje para la BBC 4 de The House of Hunger, pero pronto se pelea con el productor y es expulsado del rodaje y del hotel en el que se aloja. Pasó sus últimos cinco años de vida viviendo en la calle, escribiendo de manera obsesiva y ganándose más y más enemigos en el poder debido a su escritura contestataria e inconformista. Cuando Marechera dejó su país todavía estaba en el poder el gobierno blanco racista de Ian Smith y al volver se encontró con un Zimbawe que, a pesar de haber obtenido la independencia, tenía un gobierno negro que seguía siendo corrupto y que continuaba una política de segregación social que favorecía las clases medias. Fue muy crítico con la clase dirigente en sus escritos, lo que le ganó antipatías desde sectores que consideraban que atacaba la imagen de Zimbawe como país africano independiente. Su visión cosmopolita y anarquista no encajaba en esta nueva identidad africana, pero él siguió fiel a su idea de libertad y rompió con las fronteras y limitaciones de una literatura africana que tenía la voluntad de ensalzar una identidad idealizada africana basada en mitos ancestrales y que huía de planteamientos psicoanalíticos e individualistas. Publicó en 1985 Mindblasts con la que, literalmente, quería reventar las mentes de los africanos desde una perspectiva diferente a la predominante, eso le ocasionó alguna paliza y seguir viviendo en condiciones pésimas. También son de esta época todos los poemas que aparecen en el libro Cemetery of Mind, muchos escritos en los bancos de un parque en Harare y en portales. Mientras tanto su alcoholismo y problemas de salud siguieron aumentando hasta su muerte por SIDA en 1987. La mayor parte de la producción de sus últimos años ha sido publicada póstumamente y recopilada en su mayoría por la fundación The Dambudzo Marechera Trust y su biógrafa Flora Veit-Wild.

    En la literatura postcolonial a partir de los años cuarenta y cincuenta, la mayoría de escritores escriben desde una perspectiva anticolonial de protesta y algo más tarde, a partir de los setenta, también desde una crisis identitaria en la diáspora europea y norteamericana. Si a pesar de todo quisiéramos clasificar a Dambudzo Marechera, lo haríamos en aquella generación perdida de escritores de Zimbawe que fueron oprimidos por un régimen colonial y que se alienaron de su propia cultura o estuvieron sujetos a una cultura ajena en el exilio. En la obra de Marechera no hay vestigios de la tradición africana y la lengua que utiliza es siempre el inglés, la lengua del colonizador, aunque su dominio de la misma, al igual que de la literatura inglesa, es muy superior a la de la mayoría de sus compañeros universitarios en Oxford. Para él el Shona, su lengua materna, representa su familia, ese doloroso pasado y los orígenes africanos que rechaza y odia y, por tanto, subyuga la lengua inglesa excolonial para que le sirva en sus propósitos. Marechera se emplaza en ese lugar incómodo del artista politizado que se educa en Europa. Influenciado por los años posteriores a la revolución intelectual europea del mayo del 68, una vez vuelve a África, pocos lo entienden o lo aceptan. Para la crítica africana Marechera es indiscutiblemente un talento único y posiblemente uno de los escritores más importantes del s. XX. Sin embargo, durante toda su vida, se consideró que su estilo era burgués, europeizado y que no correspondía ni encajaba con el proceso de independencia que Zimbawe estaba viviendo. El reconocimiento le ha llegado tras su muerte y mucho se ha escrito sobre su vida errática y su controvertida personalidad.

    Este novelista, narrador de historias, poeta y dramaturgo «vivió como escribió y escribió como vivió» tal y como afirma Musa Zimunya y, probablemente, su función como escritor sea la de perturbar, molestar y destruir a través de una poesía que crea imágenes inesperadas, sorprendentes y de una gran intensidad. Influenciado especialmente por T.S. Eliot, las palabras son escogidas minuciosamente y juega con el lenguaje buscando contrarios y giros en el registro que no dejan nunca indiferente al lector. Marechera afirmaba que uno no puede escapar de las palabras y que la lengua es como el agua, esencial e intrínseca al ser humano: para conocer al género humano, no hay que estudiar la evolución de las especies, sino su lengua. Marechera poeta escribe su poesía a partir del primer verso y domina esta lengua inglesa impuesta retorciendo sus significados y perpetrando imágenes imposibles. El amor aparece con una intensidad absolutista en su poesía, pero en vez de ensalzarlo e idealizarlo, lo dibuja siempre lleno de altibajos y contradicciones y con imágenes fuertemente erotizadas. También en su poesía Marechera es anárquico y raramente escribe con rima y siguiendo una composición poética prefijada. Sus sonetos no son tales y sus palabras van de lo más exquisito y formal a lo más soez y coloquial. Utiliza las palabras como un arma contra el poder. La literatura representa su supervivencia en un entorno que le era hostil tanto en Europa como en Zimbawe y, como artista,  permaneció íntegro y aferrado a su idea de libertad de espíritu, a su arte, y a su acción política hasta el final.

  • 3 poemas inéditos de Luis Gerardo Mármol Bosch #PoesíaVenezolana

    3 poemas inéditos de Luis Gerardo Mármol Bosch #PoesíaVenezolana

     Luis Gerardo Mármol Bosch. Poeta venezolano (Caracas, 1966). PhD en matemáticas por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Es profesor de pregrado y postgrado en el Departamento de Matemáticas Puras y Aplicadas de la Universidad Simón Bolívar (USB), y fue así mismo miembro del Consejo Editorial de Equinoccio, casa editora de esta universidad. Es Director Asociado de la Editorial Eclepsidra, acompañando a su esposa, la también poeta Carmen Verde Arocha.  Ha publicado los poemarios Sueño de un día (Editorial Eclepsidra, 1997) y Purgatorio (Editorial Eclepsidra, 2012). Su tercer poemario, Entusiasmos, apareció en el segundo semestre del 2016, bajo el sello editorial Kalathos.  Tiene además dos libros inéditos de poesía cuyos títulos tentativos son La Venus del Espejo y otros poemas y Tercer libro de los Entusiasmos. Textos suyos han sido incluidos en Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI, El turno y la transición (compilación de Julio Ortega, Siglo XXI Editores, México, 1997) y en El salmo fugitivo: antología de la poesía religiosa latinoamericana (Leopoldo Cervantes-Ortiz, editor; Editorial Clie, México, 2009), así como en algunas revistas impresas y en medios electrónicos dentro y fuera de su país.


    *

    Alguna vez te dije

    que el alba parece no ser tuya;

    pero un poeta olvidado ha dicho

    que todo el río de la noche corre al este

    y desemboca en el alba, como en algún mar.

    Tú, vorágine,

    pareces a veces Simonetta Vespucci.

    Bajo tus pies hay nácar

    o ellos mismos lo son.

    Y una mujer desnuda, frente a nosotros,

    nos parece siempre más grande que nosotros.

    ¿Tuvo o no tuvo Venus, al nacer,

    mirada compasiva?

    La acedía del amor

    te criba desde siempre,

    enjambre de higos.

    ¿Podrá tanto río de noche, tú misma tal vez,

    no ser tu mayor desagravio?

    Todo el estro, tu aroma mismo y el don de cantar,

    (y también el recuerdo de tu pelo y tus ojos,

    que dan, todos, inicio a la noche, o a su desembocadura)

    se abisman con el presentimiento,

    con la ciruela de extrañar:

    son el sentido más alto, y el más bajo

    como la luna y las estrellas fijas,

    una sola esfera.

    Para lo que se oye, música o sonido,

    no hay traducción.

    ¿Y para lo que se toca o apenas se roza,

    por Dios?

    (Inédito)

     Íconos: habiendo contemplado tu resurrección

    La matutina contemplación ahoga en oros

    la niebla y la aspersión, el sueño del índigo;

    la blanca Fe, inmersa en la dorada bruma, ¿qué se hace?

    La Esperanza y el Amor rondan el plexo del sol,

    olas y olas, la dicha de los niños.

    ¿El vino es amargo por ser nuestra vida?

    Grana y verde miran los niños,

    y blanco que se esconde.

    Olas y olas en el plexo del sol.

    El mar es el gran mediador,

    dice mi amigo, muchos años después.

    Todos los ríos son el Tíber o su boca

    frente al gran mediador.

    ¿Cómo se comienza a soñar

    o recordar así? 

    La niebla, viola vieja,                

    ¿cuán lejos nos deja, o cuán cerca

    de los ríos,

    que tal vez son como el Tíber, tal vez son otros,

    como el caño desértico

    del solsticio estival?

    A este último sí que se entra desnudo.

    ¿Esta agua nace o no de nosotros mismos?

    ¿Y cuándo se hace música el aliento?

    Es honda, muy honda, nuestra entrada en la carne.

    ¡Cómo nos duele el pecho cuando de súbito sentimos que nos vamos!

    El pecho, no la consolación

    del pinar en mitad de los ojos;

    los campos, sí, del elíxir inferior.

    ¿No se estremecen el vientre, y el plexo del sol,

    cuando por caso contemplas

    figuras del Más Allá?

    Dicen que las exhalaciones son el otoño,

    pero aquí no lo eran.

    ¿No es siempre una mujer

    la que está en el último umbral?

    Un suspiro lo limpia todo.

    Niebla es música del Más Allá.

    Blanco que se esconde, templo blanco,

    pero un árbol escarlata y un monte verdeoro miran los niños.

    Los ángeles del sepulcro vacío inclinan la cabeza,

    monte y encina roja procuran el Debir

    con nostalgia contemplativa.

    (Del  libro El árbol del confín, inédito)

    *

    Si miro en torno a mí veo la hierba
    del paraíso, el río de Kucer,
    la llanura infernal se ha hecho celeste,
    descansa con beldades celestiales.
    Omar Khayyam

    El árbol del confín, ¿son unos pezones?

    ¿Difícil de pensar? Después de allí,

    es preciso andar solo.

    Los herejes somos los verdaderos ortodoxos.

    Como cientos de luces sobre los cerros,

    almas o lámparas o pinos, se acercan,

    y el aire suavísimo hace con nosotros el amor,

    no sabemos, dichosos,

    si contemplamos la fiesta o somos ya parte de ella.

    ¿Cuáles fiestas recordamos más?

    Cada estrella se agarra con las manos.

    La noche, un racimo de uvas o azufaifas.

    Nos hablan de un río confidente:

    ¿hay uno en especial?

    ¿Hay uno que no lo sea?

    Si hay uno en especial,

    ¿cómo haría para no recorrer todos los mundos?

    También, aquí, las llanuras infernales

    parecen páramos de ámbar

    donde crecen azufaifas.

    Las llanuras anticipan la inocencia o la nada

    que se hallan, según dicen,

    después de atravesar los ojos del demonio.

    Pero los juncos que, tras el retorno a la tierra, limpian nuestro rostro

    se cambian, aquí,

    por toda la piel de la ribera;

    y la feliz cabellera de los montes

    es ya la luz que se respira.

    La llaga es el presentimiento,

    pero cuando en medio de la presencia, y aún de la consumación, presentimos,

    esto es verdaderamente la llaga.

    ¿Son estas las palabras

    de un pobre hombre ignorante?

    Decir estas cosas sin conocer las entrañas de la tierra

    conduce sólo hasta los ojos tristes.

    Y aún entonces

    la nostalgia y la soledad salvan a los mejores,

    dice quien danza girando sobre sí mismo, sin morir.

    La hierba del Paraíso

    deja y no deja ver a las huríes:

    ¿qué luz o antorcha llega a ser?

    Y ellas preguntan: “el éxtasis, ¿es flor o fruto? Y tú, ¿qué eres?”

    La piel de la ribera, sonriente,

    ¿es columpio tal vez?

    Estos rastrojos cabrillean.

    ¿Por qué es tan melancólico el color del cielo

    cuando una flor lo tiene?

    La vía seca no es para todos, no es seca nuestra vía;

    pero todos, sin excepción, mirando las chamizas,

    respirando un vino que sólo puede respirarse,

    aprendemos cómo se respira.

    Una pastoral del espíritu.

    El agua es carruaje, el fuego es un velo.

    Un desfiladero con ecos, como las huríes.

    Gracias a ellas

    ya no se respira melancólicamente.

    ¿Cómo las alas del silencio podrán amparar el entusiasmo?

    Las almenas son árboles o estrellas, que tal vez llueven.

    Quietud y golondrina son lo mismo, no hay que olvidarlo.

    Sólo un río de esmeralda, claro hasta el fondo,

    conozco sobre la tierra.

    ¿De un río, de un mar claros hasta su fondo,

    de una pera, de una naranja,

    viene nuestro amor?

    Más allá de la humana ciencia está eso,

    y sin embargo es sólo escarcha,

    súbitamente nada

    ante la suprema cercanía.

    Sólo un río de esmeralda conozco,

    y una aldea visionaria

    sobre un desfiladero siempre.

    ¿Es flor o fruto?

    Mi amor, tal vez pera, río de esmeralda,

    tal vez  naranja, mar.

    Y sin embargo, todo es escarcha,

    súbitamente nada.

    Tú le ves, y no sabes que le ves.

    (Del  libro El árbol del confín, inédito)

  • La lata de gusanos llamada cultura y otras anarquías (Dambudzo Marechera) parte I

    La lata de gusanos llamada cultura y otras anarquías (Dambudzo Marechera) parte I

    Cogí mis cosas y me marché.

    Así empieza la obra más significativa de Dambudzo Marechera, The House of Hunger, y así podría también resumirse su vida. En Marechera, su vida y su escritura son una misma cosa, breves pero intensas. En su viaje vital, Marechera pocas cosas tenía que coger y su camino siempre fue una huída hacia adelante intentando escapar de su estado de alienación y soledad. El autor zimbawés, considerado un genio o un profeta por escritoras como Doris Lessing o Angela Carter, revolucionó la literatura africana al escribir en un estilo que difería completamente de la escritura realista y social de autores como Chinua Achebe o Ayi Kwei Armah, centrados en la creación de una literatura africana nacionalista y anticolonial. La escritura de Marechera, influenciado por el modernismo europeo, es más reflexiva y utiliza técnicas como el discurso interior. Es un outsider, un pensador anarquista e individualista que no se puede encuadrar en ninguna categoría de la literatura africana moderna. Para él lo más importante no es identificarse con una raza o una nación sino la libertad del individuo y del escritor para crear su arte. Su biografía causa tanta impresión como su propia obra y a los 27 años ya era toda una estrella tanto literaria como mediática. Marechera simboliza la idea romántica del escritor vagabundo, siempre pobre, desposeído y solo. Un escritor que no se dejó influenciar por las corrientes literarias que pretendían rescatar a África del colonialismo, ni tampoco dejarse manipular por el canon o el establishment europeo y eurocéntrico del momento.

    Nacido en Vengere el 4 de junio de 1952 fue el tercer hijo de nueve hermanos y ya desde bien pequeño destacó como un niño especialmente talentoso que siempre estaba leyendo. Muy unido a su familia, ésta sufrió un duro revés cuando su padre fue atropellado por un camión y murió. Marechera describe la muerte de su padre en su primera novela diciendo que no quedó nada de él, «sólo manchas de sangre y trocitos de carne», lo mismo que su generación en Zimbawe, atropellada por el s.XX. La familia quedó así expuesta a una situación de pobreza y desamparo que les hizo mudarse a un barrio mucho más pobre y asolado por la delincuencia. Marechera, con trece años, empezó aquí su escapada de la pobreza, el caos y el dolor. Lo hizo a través de la educación y los libros. En 1966 fue aceptado en un prestigioso instituto católico (Saint Augustine), el primero en admitir alumnos negros en el país. Más tarde llegó a la entonces Universidad de Rhodesia* donde, a diferencia del instituto St. Augustine, el racismo era algo evidente. En los años que estudió en la universidad, Rhodesia y Sudáfrica eran los únicos países formalmente independientes que seguían gobernados por una minoría blanca racista. En aquel ambiente universitario Marechera se relacionó con movimientos nacionalistas africanistas impregnados por ideas marxistas y socialistas. Su aventura universitaria en Rhodesia acabó cuando Marechera y otros estudiantes negros fueron expulsados en 1973 por participar en una protesta contra las políticas racistas del sistema educativo. A partir de este momento, en Marechera comienza su creciente desconfianza del poder político, derivando hacia un pensamiento anarquista e incluso simpatizando con grupos armados como la Baader–Meinhoff.

    Gracias a recomendaciones de sus profesores universitarios consiguió una beca para estudiar en el New College en Oxford en 1974. Al marchar de Rhodesia, y con esa cierta sensación de estar abandonando su hogar, tampoco tenía claro que se llevara con él nada más que su educación, y escribió, relacionado con eso, que «en su cabeza no tenía nada más que libros». Poco imaginaba el choque cultural que sufriría: Marechera había crecido en una sociedad postcolonial donde la educación formal era la única escapatoria de la pobreza y al llegar a Oxford se encontró con una actitud muy diferente en los estudiantes, mayoritariamente blancos, en New College. Marechera, que era un gran conocedor de la literatura europea, se encontró a sí mismo en un lugar que no correspondía con sus expectativas y con una sociedad donde la clase alta ociosa eran los estudiantes y la mayoría de la población constituía la clase trabajadora a su servicio. En cuanto a su integración como estudiante negro en Oxford, podría decirse que no encontró un racismo tan evidente como en Rhodesia, pero no dejó de ser considerado algo exótico por los otros estudiantes blancos y ricos. Sus años en Oxford fueron protagonizados por su disconformidad con el currículum académico y por su adicción al alcohol.
    Marechera leía lo que él consideraba oportuno y, a pesar de su genialidad y talento, acabó siendo expulsado también de New College debido a sus múltiples peleas y episodios alcohólicos. Era demasiado sensible y libre como para encajar en la sociedad británica del momento y con unas ideas demasiado arraigadas y anárquicas como para agachar la cabeza, acabar sus estudios y volver a su país tal y como muchos africanos hacían.

    • En este artículo me refiero al país natal de Marechera como Rhodesia hasta el momento de su independencia en 1980, en el que pasó a llamarse Zimbawe.
  • 3 poemas de Navil Naime #PoesíaVenezolana

    3 poemas de Navil Naime #PoesíaVenezolana

    Navil José Naime, Venezuela, 1961, médico pediatra, ganador de la mención honorífica “Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt” 2012 con “Viejos Sonetos y otros poemas”; mención poesía en el IX Concurso Literario Internacional Bonaventuriano 2013, Colombia, con “Mil Palabras para la Tristeza” ; segundo lugar poesía mención ‘DÉCIMAS” la I Bienal de Literatura Lydda Franco Farías 2014 con “Décimas de un Caminante”; segundo lugar poesía IV Concurso “Por una Venezuela Literaria “ 2014, con “ESCARCHA Y CENIZAS”; ganador de la IV Bienal “Julián Padrón”, 2015 con “LA MISMA SED”; ganador de la II Bienal “Manuel Felipe Rugeles”, 2016 con “REGRESOS”; finalista V Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”, España 2018 con “Retratos del Silencio”.

    .

    Olvido

    Elijo este lugar para olvidarte.

    No hay desechos de adiós

    sobre el pasto vacío.

    Cruje una hoguera

    de pequeñas cosas

    y en su loma de cenizas

    algo de ti

    se ríe de mi olvido.

    Mudez

    La voz que intenta

    lo que digo,

    trabada en el camino

    de mi sangre

    atrapada en el dolor que ostento.

    No fue posible urdirla

    con palabras.

    Esto que callo

    es todo lo que tengo.

    Nostalgia

    La memoria no encuentra su lugar.

    Herimos la casa

    persiguiendo un recuerdo.

    Alguien perdió la llave

    del último momento,

    el tiempo va horadando

    nostalgias movedizas.

    Madre zurce el abismo

    de sus sueños.

    Padre vuelve otra vez

    de su sonrisa.

    Estos poemas pertenecen al poemario La Misma Sed, NSB EDITORES, 2018