Descubrí a Silvia Terrón por un programa de televisión (“Página 2”,la 2 de tv española), cuando en 2018 publicó su primera novela “Umbra” Caballo de Troya 2018. Me enamoró el planteamiento de su libro:
“Umbra transcurre en un futuro en que los humanos ya no pueden emitir sonidos y el planeta ha quedado dividido en una región de luz y otra -llamada Umbra– de sombra. Los ecos de las voces de nuestro presente se fosilizaron en un mineral llamado «ecoral», que es la principal fuente de energía”.
Silvia Terrón (Madrid, 1980). Poeta, periodista y
traductora. Dirige la revista literaria bilingüe Alba Paris, dedicada a la
difusión de la literatura hispanoamericana en Francia, donde reside y trabaja
como especialista en diplomacia pública desde 2009. Sus poemarios son:
La imposibilidad gravitatoria, poemas, Ediciones Torremozas, 2009.
Doblez, poemas, Ediciones Liliputienses, 2014.
Las veces, poemas, La Isla de Siltolá, 2015.
Invito a leer este poema suyo, que me parece una maravilla, con un lenguaje cuidado y unas hermosas metáforas.
CIUDAD JARDÍN
Así, por cabeza
aprendes a crecer en ángulo.
Tú, que construías ventanas
para ahorrar metáforas
presientes el nido.
Todo lo que piensas emigra
y vuelve cada invierno.
De tanto ir ampliando
te has vuelto pasillo,
cada vez más cinturón.
Alrededor, en tus afueras
vive tu yo más reciente,
el que trastoca
sin decir.
Sólo melodías y olores
llaman hacia el centro.
Buscas
tu propia ruina, el resto
del momento pretérito.
Fantaseas con la Historia,
mezclando minutos
y almidón.
Sólo tú sabes
que un juguete de plástico
made in China
guarda tu alma.
El imán que recoge
toda proyección
para estos años sin tacto.
Pero en esta ocasión de lo que quiero hablar es de su
primera novela “Umbra”.
Adentrarse en “Umbra”
es traspasar una barrera donde lo cotidiano se escribe en verso. Un mundo un
tanto angustioso y asfixiante de un supuesto futuro oscuro, muy anclado en un
pasado perdido. Es ciencia ficción
contada desde el universo lingüístico de una poeta, y eso hace que la novela
adquiera una dimensión distinta de lo que el lector de este género, está
acostumbrado…estamos acostumbrados.
Una novela llena de un lirismo exquisito y una prosa que te engancha y envuelve:
Al morir volvemos a la materia para convertirnos en otra cosa. Lo único que escapa a esa metamorfosis es la voz, que se repite y desaparece sin dejar rastro, eludiendo la transformación.
Umbra es un libro que no tiene diálogos, es una sucesión de hechos relatados, en una exquisita prosa poética. Los personajes (muy bien expuestos) te llevan de la mano por los acontecimientos de un mundo superficial y vacío, entre situaciones e imágenes que no te dejan indiferente. Todo el libro es rico en matices, que invitan al lector a sumergirse de manera profunda e intensa.
En los “Coros” despierta una conciencia, en muchas ocasiones dormida, que te lleva a leer y releer, pensar y repensar.
Coros
¡Viva la próspera industria de la voz vaciada! Contemplaos desde lo alto, resultáis admirables. Insectos incansables a los que se les ha confiado una misión: robar, falsificar, transportar, esconder. Cada uno repitiendo incansable el mismo gesto: la mano prensil que se alarga hasta la esfera valiosa y se cierne sobre ella…
Para mí, un gran descubrimiento que seguiré explorando.
NOTA: Datos
biográficos sacados de su novela “Umbra”
Nos hallamos ante un poemario cuyas líneas tienen la intención de sumergirnos en un cóctel de sabores y reacciones. Por un lado, líneas de cognac, tejidos de finos trazos, y por otro esa belleza de una flor con pétalos de fuertes colores.
Somos una salvaje y libre marea
que no sabe de sueños o promesas.
Somos un solo dios que, cual eco, reverbera
en cada llama,
en cada fuego.
Y se reinvente tras las cenizas.
Tras el profundo azul de las marismas.
Tras el ocre de las tristezas.
Somos la campana de horizonte
que se quiebra
y todavía suena.
Somos grito ahogado de necesidad mutua.
Reinos de silencios que amanecen a raudales.
Somos nosotros con ese querer hecho a distancia
floreciendo deseos.
Al ritmo de breves sorbos, los autores nos llevan a apreciar los paisajes de sus tierras, nos colocan en sus parajes preferidos y nos empujan al vacío de los cielos de cada quien, regalándonos pronunciadas curvas en los latidos y dejando muchas veces al paladar palpando el sabor exacto de sus versos.
Yo escribo a la muerte sin mirar hacia el amor
sin ver sus senderos de traición
sin oír sus gritos de fábulas
y las vértebras horadadas
de cadas grisácea estación
Y apunto cada motivo bañado de luna,
cada latido opaco de lluvia
sobre la senda errática del caracol.
[…]
Escribo para que tus ojos vivos lean esto
antes de que se me olvide respirar bajo la sombra del ciprés enhiesto
que colinda el huerto del más allá
donde no te aman las horas Macilentas de la madre eternal
Sus frases nos conducen del remanso de una melodía nocturna a la efervescencia de las aves al romper el alba.
Ninfomántica es una fusión que nos pasea por senderos obtusos y nos lleva al borde de las sensaciones para soltarnos, motivándonos a abrirles las alas a los sentidos.
Yo no sé si estuvimos siempre
o nos fuimos bajo la senda de las polvorientas promesas.
No sé si somos invisibles dioses,
sedientos de azahar y de pretender nuestros huesos,
en arcadias y hogueras
Y me gusta pensarme como un libro abierto en una página cualquiera. Un libro buscando ser leído, un libro escrito por todas las manos que han cuidado mis días.
Me habita la persistente necesidad de atrapar palabras que sirvan como puente. La búsqueda de ser un libro al que solo otros ojos puedan darle sentido.
Por eso me siento y escribo.
Existe, en esta alquimia, el efecto de una balsa navegando sobre el río manso y de pronto aparece el vértigo arrastrando el sentir, haciendo correr la adrenalina, dando un golpe seco y frontal al lector de una página a otra, colocándonos entre dos tierras: del Edén a la crudeza de la selva, de la plasticidad de un vuelo a la rebeldía de la fiera.
El sabor de cada escrito proviene del sentir de cada poeta, la forma en que mira el mundo nos es transmitida mediante el canal de la palabra, es su esencia lo que plasma; Alfonsina Storni nos deja ver en uno de sus textos lo que para el alma es plasmarse en letras, ese sentir poético inexorable que poseen los seres sensibles, con la virtud de plasmar emociones a través de la tinta:
Soy un alma desnuda en estos versos, alma desnuda, que angustiada y sola, va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, que puede ser un lirio, una violeta, un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta, y ruge cuando está sobre los mares, y duerme dulcemente en una grieta.
Alma desnuda, Alfonsina Storni
Pues bien, Ninfomántica logra el ensamble de dos almas, que fusionan su néctar poético y logran un sabor original que pasea nuestras emociones, involucrando imágenes sublimes y tintes cotidianos, manejados con intención de descolocarnos, quizá un poco, y así apreciar desde otro punto la prosa y el verso.
Veo en los ojos de la soledad la inquietud del mar, el tacto ocre de la muerte la melodía de plenilunios y tormentas contar con tus labios los dedos de la suerte
Te brindo lo agridulce de mi lengua y un corazón a medio latir. Te ofrezco lo que pocos se atreven a regalar, lo que soy; la honestidad y la frialdad de mis momentos bajos, la marea roja de una herida que no sabe ser cicatriz, que sólo sabe doler.
Ambos autores buscan tocar sutilmente el sentimiento e intencionalmente dejan escapar lancetazos repentinos de realidad, consiguiendo clavar su aguijón.
A los veintiuno me caí del mundo. Y en una edad en la que se supone que las cosas comienzan a asentarse, hurgue tras las verdades absolutas.
Me perdí al menos setenta y cinco veces mientras quitaba capa a capa la imagen de un “yo” que otros habían modelado.
Si bien el poeta refleja poco o mucho de sí mismo en un escrito, el lector puede encontrarse en una frase y hace un poema suyo en el mismo instante de la lectura.
La poesía nos permite interiorizar y exteriorizar, es un portal hacia esas dos dimensiones, es el espejo, el túnel, un pasadizo donde uno puede ir y venir. Es la cuestión y la respuesta, la conexión, el puente.
Pizarnik nos cuestiona acerca de ¿qué significa traducirse en palabras? y ¿para quién escribimos?
Puertas del corazón, perro apaleado, veo un templo, tiemblo. ¿qué pasa? No pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores de órganos vivos, calor, corazón, reparación, todo musical y silencioso al mismo tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfección a largo plazo; medir cada día la probable elevación de mi espíritu, la desesperación de mis faltas gramaticales. Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar … ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado … Solamente tú sabes de este ritmo quebrantado.
La piedra de la locura, Alejandra Pizarnik.
La poesía es también una forma de situarnos en realidades o bien despegar los pies del suelo. Los autores juegan con esas cartas a lo largo de esta obra, regalando al lector ese ambiente de no saber el color ni el número de la próxima tirada.
Nos regalan una obra donde el sabor del amor, de la vida y de la muerte se entrelazan y conforman un lienzo donde cualquier trazo puede iniciar ese viaje que sólo las letras nos pueden brindar. Sinfonías grises, rojas y azules que nos toman y nos conducen hacia senderos en donde, al final de cada uno, seguramente nos será revelado alguno de los tantos rostros de Ninfomántica.
«El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes) es un poemario que definiría como profundidad en movimiento.
Tanto camino que la voz, todo se ilumina y se oye destapa soledades dormidas busca su retrato la soledad del agua
Al adentrarme en sus versos, siento una gran carga de introspección, que me invita a desnudarme, a despojarme de estereotipos y pensamientos banales para concederme el privilegio de ser.
Tengo pensado a mi borde todo lo que escucho y voy … nada tengo pensado sobre mi caminar y mis lamentos, intento escribirme lo que dibuja mi principio, intento cantarme solo mi miedo y aclararme con esta nube gris, que me empapa los pies y se esconde detrás de unos talones, o una costilla, o un suspiro, que sin poder evitarlo se apropia de mis dedos…
Me he permitido el atrevimiento de recitaros un fragmento.
El alma despierta y amanece la vida, la naturaleza evoca su canto, el río fluye, el sonido bosteza, la tormenta de sensaciones alcanza al poeta, este se para, y es ahí donde nace la escucha íntima, la complicidad entre el origen y la causa, entre el concepto de lo que soy y lo que percibo.
El autor convierte al paisaje que le rodea en un espejo, y por medio de la observación activa, estimula la imagen que una vez procesada, le devuelve el reflejo convertido en poema.
…En lo salvaje me encuentro entre las hojas, me mantengo, me reflejo en ellas, y me veo a mí
Es un gran privilegio poder contemplar a un poeta en el que la naturaleza había echado semillas desde muy joven y en el que la experiencia poética como vivencia, a través de la voz y la presencia han sido determinantes.
Su técnica no tiene más método que el de vivir lo que habla y viviéndolo lo pone vivo también en los que están con él. Todas las cosas hablan en su silencio y él les pone voz al vivirlas.
Muchas noches hay en una noche sola desairada con viento de lo profundo de la tierra, demasiada agua nos cae en la frente de la noche…
Como en todas las cosas que nos rozan sin tocarnos, como en todo aquello que habitamos y sabemos no tangible, la poesía de Jorge Pascual se deja llevar por y en libertad, dejando florecer lo esencial en cada verso; comulga el misterio, azota el viento por fuera y el suspiro por dentro.
…Hace daño la vida en cada marca del cuerpo
Lamento los cielos pesados y rotundos, profundo su bosque misterioso y horizontal distancia. Tan lejano su agua y su incendio mortal se desprenden los cielos de sus ciclos rocosos y tan sentimentales …
También encuentro un guiño muy bonito del poeta hacia el lector y hacia su obra, una coherencia indiscutible, para mí, entre la obra materializada y la vivencia. De ahí, la sencillez y la falta de una estructura guiada, ni siquiera un título, anticipándose al poema. En él late el desorden emocional y salvaje, en un perfecto y maravilloso equilibrio.
Diría que la poesía de Jorge Pascual es amamantada con el mismo aliento con el que las ramas de un árbol son azotadas, o como fluye el cauce de un río desembocando en el mar…
…Cuánta soledad de latido que llega danzando por los caminos cual espíritu que encuentra un árbol y se arrodilla…
Cabe destacar que este libro es el trabajo de todo un año en el que el poeta se introduce y convive en plena naturaleza .
Con su poesía, Jorge Pascual en definitiva nos lleva cogidos de la mano hacia el paralelismo del ser interior y la naturaleza que nos rodea, hacia el nacimiento de los sentidos, hacia el espertar de un mundo fecundo, que solo es posible cuando nos adentramos con motivación y sin corazas, descalzos de cargas y de prejuicios, y sobretodo escuchamos con detenimiento, lo que tenemos que decirnos.
Desconoce el fin y el principio desconoces tu pie y tu cielo qué hay del camino en el cielo qué esconde el cielo en su propio camino . Lejanía incesante solo pasos como cuerpos alejados de ti. En tu propio rostro se deslumbra el camino.
El viento está escrito se compone de poemas, manuscritos, dibujos, fotografías y materiales sonoros vinculados a una serie de caminatas realizadas por Jorge Pascual y comisariados por Bruno Marcos. Todos los materiales han sido recogidos o creados por el autor. Podéis acceder a parte de estos archivos en la web de Ediciones Menguantes.
… Hay ramas a veces que nos tragan el tiempo y nos recorren la muerte a soplos del viento y llueve… llueve todo en silencio
Jorge Pascual (León, 1981) es poeta y actor. Ha publicado los poemarios “Morir de viento“ (Leteo, 2001), “Manual de ultramarinos” (2015) y “Caminan las nubes descalzas” (Eolas, 2016). Recibió un accésit en el Premio Nacional de Poesía “Eugenio de Nora”.
Para finalizar, os dejo un breve poema que nos da una adorable pincelada de la esencia que sustenta esta obra.
Se ha ido el olvido me cabe el recuerdo de ver, si olvido el infinito.
Cuando el lector se introduce en Versos al margen, lo que realmente queda al margen es la vida. Uno entra en un mundo brillante de emociones y sentimientos que, de algún modo, envuelven y atrapan el alma para no soltarla.
El poemario, en su mayoría poemas breves y concisos que concentran en pocas líneas una esencia pura y emotiva, está estructurado en tres partes o capítulos que la propia autora nos presenta al inicio del libro, en una breve introducción:
I. Más que amor, donde los poemas se centran en amor y desamor.
II. Inspiración, donde la poesía parece fluir por sí misma.
III. Mis versos al margen, donde encontramos una parte más oscura, más esencial y quizás más íntima, son esos poemas que parecen salir desde algún recóndito pliegue del alma.
I. MÁS QUE AMOR
«Y es cuando sus palabras tropiezan
con su corazón,
que todo se derrumba…»
Marta deja unos pequeños versos al inicio de cada capítulo a medida de introducción, que ya nos ponen en pre-aviso de lo que vamos a encontrarnos: palabras, corazón y derrumbe. Tres vocablos que marcan la línea de este primer capítulo.
Veintiocho poemas, algunos de una intensidad abrumadora, y otros delicados como un susurro al oído, que nos muestran en pequeños matices todas las emociones que podría englobar el enamoramiento: fascinación, entrega, sentimiento y casi devoción. Pero también nos habla de tristeza, ausencias, e incluso de puede llegar a vislumbrar una parte oscura de la relación:
En el vaivén del tiempo Calidez su dentellada Y tu esposa me resuelvo Frágilmente subyugada.
-Fragmento del poema Mi Contraluz
…el consuelo De esta tristeza Abrigándome Con tus frías ausencias
-Fragmento del poema Zona de confort
A su vez, y casi ligado al tema menos plácido del amor, el que conlleva heridas, en el que hay batallas, entrevemos ese lado positivo que a veces suele rodear la poesía de Marta, y podemos ver esa parte femenina más fuerte, la de la mujer incansable que ama con todas sus fuerzas, a pesar de las heridas; la que siempre renace y se sobrepone. Veamos, por ejemplo el poema Guerrera, donde a pesar de perder, de arder y reducirse a cenizas, siempre vuelve, con más fuerza si cabe, dándole la vuelta a la situación y acabando convertida en su heroína:
Resurjo de sus cenizas En cada batalla perdida Anudando en mi brazo Las heridas recibidas Y aun dándome él Por vencida Siempre seré su heroína…
La sensación de plenitud sentimental también tiene su espacio, más grande que el dolor si cabe en este primer capítulo, y nos llega casi acompañada de música y estrellas, pues el lenguaje que usa Marta nos acerca inevitablemente a una magnífica atmósfera de destelles y sueños, todo envuelto en un fino velo de delicadeza y suavidad:
BESOS DE SEDA
Vuelan sus besos Que en mí se quedan
Como caricias Envueltas en seda
Y evoco sus labios Prendidos en ella
Arrullo de amante Para que duerma.
Un poema que casi parece que lo podemos tocar, y sentir su tacto sedoso entre nuestros dedos.
La intensidad en los versos de Marta es algo innegable; hay versos que son prácticamente sentencias, firmes sentencias-promesas que son absoluta entrega, amores que ni la muerte puede romper:
Si has de hacerlo Muere en mí Y vivirás En mis adentros.
-Fragmento del poema Eternidad
Yo me quedaré en ti Apartando tus espinas Para que me hieran a mí.
-Fragmento del poema Para los restos
La poeta Marta Garrós.
II. INSPIRACIÓN
«Buscaba inspiración en las estrellas
sin saber que ya era polvo de estrellas.»
Los siguientes diecisiete poemas nos llevan a otro ámbito, otro tipo de emociones como la timidez, la resignación, y sensaciones como el tacto o el aroma, se dan cita y se entrelazan con elementos mágicos y estelares, creando un universo o un único mundo que une la emocional con lo real y el imaginario.
En este sentido, llama la atención del poema Hada Verde. Muchas veces, la poesía de Marta transmite ese ambiente mágico y como de fantasía y, en este poema, por primera vez nos aparece un ser mágico que esparce traviesa su narcótico elixir, la musa de la absenta, la poesía. Ahí es donde el lector, sin darse cuenta, se ve por un instante en la Francia del siglo XIX, y trae a la mente la imagen de Verlaine con su vaso de absenta entre las manos. Entonces se comprende que a menudo, lo que la autora intenta hacer en y con su poesía, es unir ese imaginario literario tan precioso con la realidad, la vida.
HADA VERDE
Esparce traviesa Su narcótico elixir
Saciando poetas Malditos de ella
Susurra en sus labios Ebrios de absenta
Batiendo sus alas Sin dejar de reír.
Sucede en este segundo Capítulo que nos aparece, al fin, la poesía japonesa, de la que Marta es Haijin y Senpai, en un Sedoka quem siguiendo la estructura de seis líneas seguidas 5-7-7-5-7-7, nos presenta un instante, como un cuadro, un sonrojo escondido detrás de un abanico y dedos temblorosos, en seis versos de gran belleza:
SONROJO
Un abanico Como frágil guardián Cubre su timidez La suave de seda Es baile entre los dedos Palpitando el sonrojo.
Y le sigue otro llamado Shouganai, donde encontramos otro guiño hacia esa cultura en esa expresión japonesa que expresa la sensación de saber que hay cosas que no se pueden cambiar, y que son porque han de ser, ni más ni menos.
Poeta retoma esa atmósfera suave y delicada, casi lírica podríamos decir, en un poema que se nos presenta como aromático.
Y atesoran mis ojos Quimeras preciosas Cual rosa en un libro Perfumando sus hojas
-Fragmento del poma Poeta
Y eso se repite en otro poema de este Segundo Capítulo. Si en el capítulo anterior teníamos un poema que casi se podía tocar, Besos de seda, ahora nos encontramos un poema que casi se puede oler, Préndeme Claveles, y nos percatamos que definitivamente, la poesía de Marta tiene tintes sensoriales, haciendo de un sentido, el eje del poema junto con los sentimientos:
Róndame con flores
Que de penas voy sobrada
Róndame esta noche
En mi reja perfumada
-Fragmento del poema Préndeme claveles
Y de esa sensación empírica, volvemos de nuevo, entrelazando realidad e imaginación, a la fantasía con Ondida, que nos evoca aquellas perversas ninfas del mar, que son capaces de embrujar con su risa. Así lo cuenta Marta, casi ahogada en la inspiración:
ONDINA
Canto un canto de sirenas Me arrastró hacia su mar
Embriagada por su esencia Besaba espumas y sal
Y aun sabiendo Que me ahogaba Me olvidé de respirar.
III. MIS VERSOS AL MARGEN
“Sólo el loco en su cordura, logra ver brillar, el lado oscuro de la luna”
Veintiún poemas que de repente oscurecen las estrellas anteriores. Se abre con Réquiem, un poema oscuro, lúgubre, que supone un alto contraste con la luz del capítulo anterior, las ninfas parece que se van apagando. Sería como entrar, quizás, en la parte más profunda del alma:
RÉQUIEM
Lágrimas muerde Tras las cortinas
El borroso murmullo Por despedida
Letras doradas En comitiva
Perfilan el trono Con letanías
Abunda en este Tercer Capítulo, un vocabulario que transporta a la oscuridad y a la tristeza: velas, cenizas, letanías, rosas negras, sangre, sombra, pozo, jirones, lluvia, duelo, llantos, lluvias, silencios… todo aparece un poco más crudo, un poco más áspero, un poco más triste.
Desde un corazón que se va diluyendo, a llantos que rompen –Me quedo como una nube que enjaulada va rompiéndose hasta llorar-, de tormentas que rugen a dolorosas despedidas:
DESPIDIÉNDOTE
Nunca sabré Dejarte ir del todo Mi amor
Por eso Me despido de ti Poco a poco
Para que no duela Tanto el adiós
Prefiero ir Soltándote a trozos
Danza Inmortal llama la atención en este tercer capítulo porque, en medio de tanta oscuridad y dolor y tristeza, aporta un punto de luz, la línea general del capítulo hace un giro puntual, y de repente se llenan los ojos de luz y brillos:
Bailaré entre tules Vaporoso incienso Ritual de altares Donde está tu cielo
-Fragmento del poema Danza Inmortal
Para cerrar el poemario, Marta nos deja un poema precioso que aparece como el cierre de un círculo, es lluvia por dentro y parece que el alma anegada sólo desea volver a ser tierra, a la pureza, al origen:
SOY LLUVIA
Lluevo por dentro Y por fuera Quiero llover Esta nube Que se aferra
Quiero llorar Y confundirme Hacerme agua De la Madre Tierra
Versos al margen es el primer
poemario de Marta Garrós Badal (Barcelona, 1966), publicado por Punto Rojo
Editorial (2019). Sentimientos y emociones se entremezclan con esos tintes
modernistas del imaginario y la realidad en más de sesenta poemas que
configuran un poemario emotivo, mágico y auténtico.
Sólo con el título del libro, David G. Lago ya nos despierta; un título que sugiere un regreso a nuestro ser más primitivo; un título que nos pide, casi nos ordena, que volvamos a recuperar aquello más auténtico y más esencial de nuestro ser.
Al ir adentrándose en la lectura, el lector se encuentra frente a un poemario fuerte, valiente e intenso que, con cierta crudeza, nos acerca y nos muestra la realidad de la forma más clara y directa. Nos pone de bruces frente a nosotros mismos, nos abre una ventana a la vida actual, a la frialdad a la que estamos sometidos sin darnos apenas cuenta. Y es que la jaula, a veces, somos nosotros mismos y el mundo que hemos y estamos construyendo.
El libro se nos abre con una primera puerta, Animal Analítico, con una invitación a meditar y revisar en qué nos hemos ido convirtiendo, este animal analítico que cada vez tiene más de analítico que de animal.
[…]
Nuestras manos crearon el planeta, tallaron herramientas fraternales, dieron luz al progreso y dieron lumbre al arte.
Pero también crearon jaulas y campos de exterminio. Tallaron herramientas fratricidas. Sometieron a sus hermanos. Aquellas manos primitivas olvidaron de dónde venían.
-Fragmento del poema Analicémonos.
Una descripción de lo que los humanos habían sido y lo que son, lo que han sido capaces de hacer. Un valiente aviso donde se nos abren los ojos ya de entrada. Una advertencia directa de que estamos perdiendo, si no hemos perdido ya, lo más esencial. Hay que alzarse y ser capaz de regresar al origen.
Animalicémonos. David G. Lago. Boria Ediciones
Pasado este primer golpe/aviso, nos adentramos de lleno en el cuerpo del libro, el llamado De vestigios y olvido. Encontramos el punto de vista crítico y afilado, la degradación humana y perdición de la humanidad, que sigue avanzando sin saber hacia dónde camina, pero arrasando con ella misma y con su entorno.
Me parece totalmente simbólico el poema con el que arranca, Poco a poco hundiremos el arca de Noé. Se nos coloca delante la pérdida, conscientemente inconsciente, de los sentidos, destacando el olfato. El olor es uno de los sentidos que más agudizan los animales para sobrevivir, para conseguir alimento, para conocer su entorno. Quizás como para hacernos recuperar ese sentido ya casi olvidado, en el poemario se destacan los aromas con mucha intensidad:
[…]
Un olor putrefacto emana del asfalto. Las horas punta se volvieron aún más malolientes, si cabe. Colapsos, atascos frenando a los vehículos pero no a lo frenético.
[…] Ya nadie huele.
Fragmento del poema Poco a Poco hundiremos el arca de Noé.
A lo largo del libro van apareciendo diferentes animales, cigüeñas, perros, golondrinas, elefantes… como muestras de conductas, aquello que la razón nos ha ido acotando hasta hacernos parecer casi autómatas que no sienten apenas ni tienes instinto. Se sirve de sus maneras de vivir para mostrar comportamientos humanos que nos alejan de nuestra parte más natural y primitiva, como animales vivos que somos; se va sucediendo en el libro como una reivindicación de nuestra parte más animal, aquella que debemos recuperar. No está del todo perdido, más bien está olvidado.
[…]
Vivamos con plena intensidad, con calma y embeleso. Vivamos plenamente. Vivamos como copulan los cochinos.
-Fragmento del Poema Vivimos como copulan los conejos
Incluso los cuervos, en un precioso guiño literario a Poe, aparecen para grabarnos a fuego su mensaje: <<Por favor: nunca más.>>
Otro de los puntos que David nos muestra y destaca, en contraposición con la vida animal, es la pérdida de libertad. Algo que el propio ser humano ha ido provocando si darse cuenta (se supone…) desde que la humanidad existe. De hecho, uno de los poemas más impactantes de este poemario es Tendremos microchips bajo la piel, donde se pone de manifiesto esta falta de libertad, el control al que estamos sometidos (por la propia humanidad), la pérdida de esa concepción del ser y el libre albedrío para pasar a ser lo que quieran que seamos. Hay algo tremendamente doloroso en este pomea, y quizás sea la sensación que esta vida futura que nos plantea no está desencaminad, que este futuro que se augura no es algo tan alejado de la realidad.
[…] cuando llegue el momento y nos desahucien de nuestros propios esqueletos y pasen el lector por lo que alguna vez fue nuestro cuello.
El empobrecimiento de la vida se palpa verso a verso, de una manera fría y en parte, dolorosa; sobrevivir se ha convertido en un esfuerzo y eso, inevitablemente, acarrea cierta tristeza, pues en cierto modo se entrelaza, a través de precisas pinceladas poéticas en diversos poemas del libro, con la idea de un futuro arruinado y acabado por la evolución constante tan vacía a veces de emociones; se ha perdido lo esencial, el mundo está contaminado y el ser humano, cuanto más tiene, menos natural y más pobre es.
[…]
Al margen de la lógica, fuera de lugar, como el látigo que azota al hipopótamo en el circo y su círculo cerrado.
Pongamos cada cosa en su lugar: devolvemos al agua al hipopótamo; llevemos al destierro al que blande su látigo: dejemos al obrero libre como un animal.
Fragmento del poema Cada cosa en su lugar.
Vemos al final de este fragmento de poema que el libre no es el individuo, sino el animal.
Sinceramente, creo que la mejor manera de aprender todo lo que este libro pretende enseñarnos es adentrándonos en él con todos nuestros sentidos despiertos, y preparados para aprender a vivir de nuevo. Pues página tras página, David y todo un grupo de animales que llegan de su mano nos dan pequeña lecciones que han de servir para que nuestra vida vuelva a ser vida y vuelva a ser nuestra; para que aprendamos a disfrutar y comprendamos que, tal como estamos viviendo y avanzando, nos estamos perdiendo las cosas más básicas y preciosas de la vida:
[…[ El pájaro se ríe del avión pues sabe que es ilógico volar con la frente plagada de hojas de ruta. El vuelo nunca fue lo más valioso, sino poder girar el timón a voluntad.
Fragmento del poema El pájaro no quema queroseno.
Este poemario no es una caricia, es un puñetazo crítico sobre la mesa que, como mínimo a mí, ha conseguido agitarme la vida, las emociones y la conciencia.
Altamente recomendable para no perdernos del todo.
Analicemos las señales. Retomemos la cultura. Icémonos como animales. Animalicémonos.
Animalicémonos es el cuarto poemario de David G. Lago (Córdoba, 1981), profesor de Geografía e Historia. Su primer poemario salió a la luz en el año 2016, 33 Reflexiones que Cristo haría en mi lugar (Esdrújula Ediciones). Luego llegó Corazón Inmueble (Lastura, 2017) y posteriormente Satán es un canalla despeinado (Canalla Ediciones, 2017).
El libro de Juan Carlos Camarero, Pensamientos, deseos y promesas (2019), es el fruto de un largo proceso del autor como lector y como escritor. Según expone en el prólogo redactado por él mismo, en su vida de corriente ciudadano -padre, trabajador y jubilado- consigue detenerse a escribir en los momentos en que se siente movido a ello. Pese a que alega escribir para sí mismo o para su círculo de amigos, ha decidido dar el salto para ser leído por desconocidos por medio de la publicación de su obra, este recopilatorio de poemas, en la editorial Edición Personal/Ópera Prima (Madrid).
Pensamientos, deseos y promesas, de Juan Carlos Camarero
En este paso del Juan Carlos Camarero-técnico de estadística al Juan Carlos Camarero-autor literario hay indudablemente algo de valor: lo principal es esa investidura, ese cambio o evolución de uno cuando consolida un logro en el que ha estado trabajando; pero, además, no se trata de uno de los muchos entusiastas jóvenes que se dan a conocer al mundo como poetas sin haber tenido tiempo de leer, ni de escribir ni de vivir, sino de un hombre en su madurez con una larga experiencia a sus espaldas. Aunque, como se dirá más adelante, sus poemas puedan considerarse demasiado sencillos, no hay que perder de vista este referente: siempre se dilucida la persona real tras la voz poética, la cual legitima lo que dice líricamente.
El título es bastante acertado en
cuanto a la temática: pensamientos, deseos y promesas. Abundan, más bien, las
reflexiones, los recuerdos, los momentos inmortalizados en la lírica que se
abstrae a la sucesión temporal, pero la expresión tripartita del título remite,
junto con la tónica general de todo el libro, a un poeta principalmente:
Antonio Machado, poniendo como ejemplo Soledades. Galerías. Otros poemas,
si bien el autor prefiere imitar el verso corto de su modelo. No tiene reparo
en ocultar esta fuente; de hecho, en el poema Sevilla, dice: “La del
patio sevillano / que tanto amó don Antonio, / ¿por qué no traes tu sol / a mi
pobre corazón?”
En esta línea predominan los
poemas de índole puramente machadiana, enmarcados en los ya consolidados
tópicos del maestro de la generación del 98: el otoño (Otoño 94, 95 y 96;
Canción a un otoño que no llegó, etc.); el recuerdo y la nostalgia (Recuerdos,
Nostalgia); la tarde y el crepúsculo (Unidos, Saudades, Recuerdos…),
el camino y la acción de caminar (Caminar, Caminante, Camino…), los
sueños (Sueños, Sueño…) y la metapoesía (Poeta, Cantor, Canciones,
Copla…), entre otros. No hay nada original, realmente, en nuestro autor,
pero continuar la obra de un maestro de la literatura española no implica que esta
nueva producción poética no tenga suficiente calidad. Hay que subirse a hombros
de gigantes: siempre va a tener algo de bueno un poema que respire tradición; las
raíces más profundas hacen la obra más alta.
Esta será la tesis que
sostendremos para legitimar la calidad de Camarero. Nuestro poeta segoviano ha
leído hasta el punto de hacer suyos a los mejores poetas españoles, haciendo de
ellos el armazón sobre el que construir su obra, o donde arraigarse para
crecer. Como decía Salinas: “En historia natural se denomina hábitat,
habitación, la zona donde se cría adecuadamente una cierta especie vegetal o
animal. En historia espiritual la tradición es la habitación natural del
poeta” (Jorge Manrique o tradición y originalidad, cap. IV). Así, nótese
cómo Camarero brota de Machado incluso en el léxico:
“Muchas veces he querido / […] / quemar mi vida, el destino, / […] / caminando tan tranquilo”.
Caminar, J. C. Camarero.
“Caminé hacia la tarde de verano / para quemar, tras el azul del monte…”
Crepúsculo, A. Machado.
“[…] escucha el rumor del viento / […] / deja que caiga la tarde / […] / desde allí verás el mar […]”.
Caminante, J. C. Camarero.
“Y me detuve un momento, / en la tarde, a meditar… / ¿Qué es esa gota en el viento / que grita al mar: soy el mar?”
XIII, Soledades, A. Machado
La recurrencia al léxico
machadiano es constante, manteniendo así un imaginario común y el mismo código
de símbolos y metáforas. No es casual que tanto uno como otro utilicen la tarde
y otros elementos de la naturaleza como símbolo como medio de expresión de sus
percepciones y sentimientos, ya que este fenómeno natural remite al hecho
cronológico de la última etapa de la vida, la madurez. Igual sucede con el verano
y el otoño (la mañana y la primavera siempre han
simbolizado la juventud en la lírica tradicional). Esto sucede, por tanto,
porque ambos poetas escriben en su madurez, con plena consciencia de ella y con
la inexorable lejanía de la juventud, con lo que consecuentemente aparece la nostalgia,
los recuerdos, los caminos (lo vivido como proceso diacrónico, lo
recorrido, lo aún por recorrer…) y los sueños (lo deseado, no vivido, o
bien lo vivido idealizado). Recuérdese el famoso poema de Machado: “Yo voy
soñando caminos / de la tarde […]”.
La naturaleza siempre aparece
como reflejo del estado anímico del poeta, a veces en sintonía, otras veces en
contraste. La naturaleza en Machado era la de los Campos de Castilla: austera,
sosegada, humilde, la de una España vieja y reducida a sí misma tras el desastre
del 98, hundida en sus propias raíces, cuyo paisaje humilde parece remitir a
los vestigios de lo que fue. Así se ve uno mismo en su madurez: tras la larga
carrera de la vida se contempla lo esencial, lo que siempre queda, como los
atardeceres y como el mar. La emoción está, porque no hay lírica sin emoción,
pero está abrazada al sosiego de espíritu, representado por los paisajes
amplios y apacibles: “como el viento susurrante / que va camino del mar” (Cantor);
“como el agua rumorosa / que va camino del mar” (ídem), “con las olas
susurrantes” (Sentir en la playa), “cuando el manto de la noche / se
adorna con mil estrellas” (La playa), etc.
Guarda relación con este sosiego
la presencia del tilo (La Fuente de los Tilos, Otoño 94). Los árboles
son poderosos símbolos del inconsciente colectivo, presentes en la mitología y
el arte de todas las culturas, representando cada especie un concepto. Como se
sabe, este árbol, el tilo, es conocido por la infusión tranquilizante que se
obtiene de sus flores. Sin embargo, hay algo más: es de los últimos en florecer,
ya que lo hace prácticamente en julio (verano, ‘madurez’), en contraposición
con el avellano o el almendro, que son los primeros (primavera, ‘juventud’). El
tilo simboliza el ‘amor en la madurez’ y, como el símbolo en literatura nunca
es monosémico, a ello se le suma el ‘sosiego, tranquilidad’. Que además el poeta
mencione la fuente junto a este árbol refuerza aún más el componente
amoroso, ya que la fuente, en lírica tradicional, al calmar la sed y refrescar,
siempre ha simbolizado la ‘satisfacción amorosa’: “En la fuente del rosel /
lavan la niña y el doncel…”, “Fontefrida, Fontefrida, / Fontefrida y con amor…”,
etc.
La identificación con la naturaleza a la manera machadiana -de emoción, de nostalgia y de calma- aparece a veces en forma de dialogismo con elementos de aquella. El poeta, en el pacto de ficción que sostiene toda obra literaria, y reconociéndose en el paisaje como espejo del alma, le habla atribuyéndole la posible animación de su propia alma, utilizando el recurso de la metagoge. Es curioso que los dos poetas utilicen el vocativo “viejo amigo”, Machado para la Sierra de Guadarrama (“¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo […]?”, en Campos de Castilla) y Camarero para el otoño (“Tú no cambias, viejo amigo, / siempre igual, tus hojas, / tus bosques, tu río, tu mar.”, Otoño 94).
Pueden encontrarse en los poemas
otros rastros de la tradición no directamente machadianos, por ejemplo:
La identificación del poeta-cantor con su
instrumento musical, en una sinécdoque, presente en la Oda ad florem Gnidi
de Garcilaso de la Vega: “Si de mi baja lira…” o en Bécquer, la Rima VII,
“Del salón en el ángulo oscuro […] veíase el arpa”. Camarero repite este tópico
en Canción nocturna (“Suena mi lira en la noche…”) y en Necesito
(“Ya no sé si enterrar mi guitarra”).
La embarcación como símbolo de ‘esperanza en las
pasiones amorosas’, las cuales se representan con el mar, por lo que,
para navegarlo, necesitamos un vehículo, una barca. A veces una o más
barcas que se divisan son esperanzas amorosas; otras veces, la barca representa
la confianza en uno mismo para navegar por las pasiones (“Navega, velero mío,
sin temor…”, Canción del Pirata, Espronceda). El referente claro y
directo de Camarero en su poema Mi barquilla es Lope de Vega, con su célebre
romancillo Pobre barquilla mía. Ambos comparten el estado de impotencia
de la “barquilla” para navegar.
En Vida hay dos versos que combinan la
escritura con el mar, señalando la imposibilidad de la tinta de marcar las
vastas aguas: “porque mi pluma no sabe / abrir surcos en la mar”. Esto recuerda
al poeta de cancionero Juan Rodríguez de Padrón, que ya decía en el siglo XV: “Bien
amar, leal servir / […] / es sembrar en las arenas / o en las ondas escrevir”.
En Ven aparece el tópico de la lírica
amorosa del apremio o la no tardanza del amado o la amada, muy
presente en la Edad Media: “Ven pronto, amor, ven pronto”. En la poesía de
cancionero, Juan del Encina dice así: “No te tardes, que me muero, carcelero…”,
y Jorge Manrique, esto otro: “No tardes, Muerte, que muero” (con connotaciones
eróticas). La lírica de tipo popular, anónima y todavía anterior, siempre
apremiaba al encuentro amoroso: “Al alba venid, buen amigo…”. Cuanto más
pronto, mejor. Y en el caso de los enamorados en la madurez, con más motivo.
Otras veces Camarero retoma algún
rasgo o vocablo de gran reminiscencia literaria en la lírica popular para
alterar su significado, pero dejando entrever que se ampara en la tradición. Es
el caso del uso de la palabra “amigo” o “amiga”. Desde los albores de la Edad
Media el amigo era el amado, ya desde las jarchas (habib), con
connotaciones amorosas y también eróticas. Sin embargo, los significados que
Camarero atribuye a esta palabra oscilan entre ‘amada’ y ‘colega’: “Tendrás
siempre mi cariño, / seré tu amigo leal” (Te esperaré), “Querida amiga, /
cierra con fuerza tu mano, / cuando sientas la mía” (Amistad), “[…]
teniendo siempre a tu lado / un amigo de verdad” (Mírame), y todo el
poema Amiga. Siempre que el yo lírico se está dirigiendo a una mujer, el
término “amistad” y la denominación de amigo o amiga conlleva matices amorosos.
En relación con esto, en la lírica amorosa suele darse la llamada lírica del vocativo, la que se construye en torno al pronombre tú y todos los de segunda persona. Los mayores exponentes de esta lírica, por su intensidad y su belleza, son Garcilaso de la Vega y Pedro Salinas. En contraposición, la lírica también se define como la expresión del yo, de los sentimientos y emociones, partiendo de la primera persona (véase el Diccionario de términos literarios de Estébanez Calderón). Camarero se maneja con soltura en ambos polos: cabe la intensidad y el lirismo del yo lírico, y a la vez volcándose en el receptor, con el tú, en poemas como Recordar: “Te he buscado por los sitios / donde yo te conocí”, que coincide temáticamente con El amor difícil de Luis García Montero (“Si pudiera encontrarte…”), o en el poema Sentir (“Entre los arcos sonoros / te he sentido”), donde el amor corporal que parte del recuerdo vivido apunta a La voz a ti debida de Pedro Salinas.
Sin embargo, el sujeto lírico, la voz que se filtra a través de la máscara del poeta, no es un ser insatisfecho. Recordemos lo dicho de emoción y sosiego en los versos de Machado. Los poemas amorosos de Camarero no claman a la desesperada (excepto Ven), sino que asumen la pérdida y meramente se dedican a pedir una tenue atención, invitando, quizá, pero no exhortando. Por eso se refiere a la amada como amiga, nada más, atenuando la aspiración amorosa y, quizá así, haciéndola más auténtica. Estos versos cargados de lirismo ilustran esta noble asunción de pérdida (Recuerdos):
No quiero que mi canto
llegue a tus oídos
como un llanto,
no es mi estilo.
Prefiero hundir mi corazón
en el olvido
antes que llorar como la tarde,
en estos versos que te escribo.
A pesar de todo lo expuesto, podría
decirse que los poemas de Camarero no son lo bastante complejos ni profundos.
En cierto modo, así es. No ofrecen un desafío al lector, no se exige de él un
gran esfuerzo de comprensión o de construcción de ideas, como pretende la
poesía del silencio o de otras tendencias de los siglos XX o XXI. No hay
metáforas difíciles ni el acostumbrado hermetismo de los poetas modernos, que
en su discurso autológico sólo se comprenden a sí mismos. Pero un considerable
sector de los lectores y de la crítica prefiere una poesía más impenetrable y
más cargada de recursos, que ofrezca un reto al ingenio.
Sin embargo, no hay que dejarse
engañar por la poesía aparentemente tan sencilla como la de nuestro autor
segoviano. Los temas que elige albergan suficiente riqueza, ya que algunos son
eternos, como el amor. La forma otorga al contenido la adecuada disposición
para que fluyan y suenen los versos en la mente del lector a través de una
lectura íntima y silenciosa, que es precisamente lo que pretendía Machado (de
acuerdo con Vicente Granados, profesor de la UNED). Camarero no abusa de la
rima; deja numerosos versos sueltos. Cuando rima, lo hace sin regularidad,
combinando asonante y consonante, lo que acerca la lengua poética a la lengua
oral. Esta tendencia es muy común actualmente, a veces de manera intencionada y
otras veces por desidia de los poetas, que prefieren no esforzarse en encajar
las rimas (igual sucede con la métrica).
Así que nuestro autor se centra
en el ritmo y la musicalidad, bastante asequibles al utilizar el verso corto.
Como decía Juan Victorio (UNED), en poemas polimétricos, los versos cortos
sirven para concentrar y los versos largos para explayarse. La poesía de
Camarero pretende ser lo más concisa e intensa posible, siguiendo quizá la
estela de Bécquer; por eso los poemas nunca son largos y los versos suelen ser
heptasílabos u octosílabos.
La musicalidad la logra, a
menudo, con constantes repeticiones: anáforas, paralelismos, estribillos,
recurrencias léxicas… Consigue varios objetivos simultáneamente al hacer uso de
distintas formas de repetición, que son: la musicalidad, la repetición de
secuencias rítmicas utilizando las mismas palabras; la insistencia en los
conceptos que se repiten, que quedan enfatizados al aparecer recurrentemente; y
la referencia a la tradición, donde la lírica popular de las cantigas de amigo,
de los villancicos y la poesía de cancionero repetían constantemente (también
con función enfática y musical).
Las preguntas retóricas también son un recurso muy sencillo que dinamiza enormemente el discurso, puesto que acoge en sí casi todas las funciones del lenguaje: expresiva, conativa, fática y poética. En poesía, a veces se afirma lo que se pregunta, otras veces se hacen preguntas sin respuesta: “¿Por qué lloras, mi barquilla, / teniendo al lado la mar?” (Mi barquilla).
Estos recursos, junto a la claridad y a la sencillez, no estorban o incluso ayudan a la intensidad y fuerza ilocutiva de esta poesía. No hay nada desdeñable en poemas que se entienden a la primera como León Felipe, el ya citado Bécquer, el Neruda amoroso de sus inicios o de Los versos del capitán, o en el Miguel Hernández de El rayo que no cesa. Cuando Camarero dice “siento tu piel en mi piel, / en el corazón, mis penas”, queda todo dicho, con octosílabos, con repeticiones, elipsis, antítesis y el aroma de la tradición. Nada que reprochar, si lo que buscamos es compartir las emociones de una persona normal, madura, que vive y siente.
Y es que, como decía Dámaso
Alonso en Poesía española, “Las obras literarias han sido escritas para
un ser tierno, inocentísimo y profundamente interesante: el lector”.
El pasado 15 de mayo, fuimos invitados a asistir a la entrega de premios de los XII Premios literarios de ediciones Oblicuas que tuvo lugar en El Rouge de Barcelona. Estos premios tienen dos categorías:
NARRATIVAS OBLICUAS: (Novela, novela corta o conjunto de relatos)
LA NUNCA POESÍA: (Poesía maldita y de la frontera: postromanticismo, decadentismo, simbolismo,vanguardias, deconstrucción, postestructuralismo, etc.)
En la categoría de narrativa, el ganador fue el relato LA CIENCIA DEL VACÍO, de Javier Barraca. Relato escrito casi como un tratado en que se hubieran insertado, de forma calculada, unos puntos de fuga poéticos que dan sentido a toda la narración, tal como indicó el editor.
En la categoría poética, UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO, de Ale Oseguera fue el poemario ganador. Según el presentador, «el poemario está escrito desde los aledaños del lenguaje, desde ese lugar limítrofe en que las palabras coquetean con el más allá de sí mismas para acabar devorando el propio espacio que habitan. Es un poemario escrito desde las entrañas con sorprendentes metáforas que buscan iluminar una certeza que se sabe perdida«.
Ale Oseguera. Foto de Víctor Hondartzape.
Somos inciertos.
Los únicos infalibles
son los muertos.
La poeta Ale Oseguera ya fue entrevistada en estas páginas como integrante y cofundadora del grupo de poesía musicalizada Las Hermanas del Desorden y posteriormente cuando asistimos a una de sus actuaciones de Polipoesía & Rock’n’roll . Ale Oseguera nació en México y vive en Barcelona desde 2006, donde ha trabajado como periodista, locutora de radio y gestora cultural. Es autora de Tormenta de Tierra (Neopàtria, 2016, España), (La Zonámbula, 2017, México). Sus textos han sido publicados en diferentes antologías y ha colaborado como articulista en diferentes revistas como Quimera o Replicante.
Javier Barraca, Ale Oseguera y Alberto Trinidad (Ed.Oblicuas)
UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO es un poemario que explora emociones y sentimientos que no son disfrutables. Poemas que surgen del duelo por la muerte del padre de la poeta.
Abrazo tus anchas camisas de cuadros
colgadas una tras de otra en el armario,
lloro sobre lo que sería tu hombro y dejo
la marca pesada de mis lágrimas…
Camisas
Poemas que hablan solos y nos muestran de su dolor un lugar habitable del que saca belleza. Son metáforas en construcción y muchas de las imágenes que se pueden ver entre las líneas de sus versos tienen que ver con el hecho de que su padre se había dedicado al mundo de la construcción.
He llorado sobre la cama
hasta que las sábanas
han podido apagar el incendio.
La poeta ha hecho un esfuerzo de saber vivir en el sufrimiento puesto que a la muerte de su padre se añadió que un año antes había muerto el padre de su compañero. Dos muertes seguidas que le obligaron a descubrir cómo vivir con esas ausencias. Lo descubrió explorando su dolor a través de la poesía, de metáforas, de palabras, no con pastillas. La poesía como herramienta no como el resultado de una espera a la presunta visita de la ‘musa’.
… Y nada se compara
con el invierno eterno
que arrastras tú pegado a los huesos.
Este tobogán nevado que es la soledad
Hay que reconocer que tenemos ante nosotros un buen poemario con unos textos que están muy trabajados y que no se han improvisado en una noche de dolor.
¡Y cuán hermosa es la esquina rota de mi tristeza!
Tan salvaje, tan indómitamente hilvanada
con las venas lianas de todos mis muertos.
La belleza de un cementerio
Ale Oseguera y José L. Regojo. El poeta Rafa Aranda al fondo.
Foto de Víctor Hondartzape
UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO es fiel reflejo del empeño de Ediciones Oblicuaspor estar a la vanguardia de lo que acontece literariamente hablando en la realidad que nos circunda, una editorial que tiene la vocación de estar en permanente contacto con sus lectores y con posibles autores noveles con dificultades para publicar. Por esta razón, la editorial pone a su disposición todos los medios de contacto posibles para mantener esa comunicación indispensable. Por cierto, si queréis participar en los XIII premios literarios de ediciones Oblicuas, tenéis tiempo hasta el 21 de octubre de 2019.
Abel Santos no es un poeta social, es un poeta humano y con los ojos bien abiertos. Como tal, le es imposible dejar de lado el entorno en que vive, la situación que se da en su país, en su sociedad, las injusticias que afectan al ser humano.
Abel ha conocido la parte más oscura de la vida, pero también la más clara, la del valiente que supera los peores tramos de una existencia y sale vencedor de una verdadera lucha de gigantes. Desde esa conocedora y amplia visión del mundo a pie de calle, nos ofrece un poemario donde presenta (y denuncia) la situación de un país, de una sociedad, en la década que va desde 2008 hasta el 2018, pero no una visión global, sino una visión al detalle, mediante pequeñas y punzantes verdades.
Esos han sido años convulsos, se han producido movimientos sociales, crisis económica de la mano de una crisis laboral, degradación de los derechos humanos, miseria… y qué tiene esto de poético, diréis; pues mucho si tenéis en cuenta que la poesía es la vida y que, como decía Gabriel Celaya, es también un arma cargada de futuro que Abel pone en sus manos y sabe muy bien cómo usar.
Creador del llamado Realismo Bastardo, y autor de una buena colección de poemarios, de entre los que destacan Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas (2016, Chaman Ediciones), o Demasiado joven para el Blues, Antología poética 1998-2014 (2014, Eirenen Editorial), en este último poemario no deja de lado su esencia más pura, esa manera cruda y directa de mostrar, denunciar y exponer situaciones y emociones que se dan en la vida diaria. Eso sí, todo son un pequeño bálsamo que es el amor; el amor suaviza, el amor ayuda, el amor alivia y casi cura. Abel viene a decirnos que, de entre todas les miserias que componen la vida humana, siempre hay un pedacito de amor para hacerlo todo un poco más liviano; usando la famosa fase de Cohen, podríamos decir que la realidad está agrietada en la poesía de Abel, pero nos dice a su vez que por esas grietas quizás pueda entrar la luz.
Huelga decir se nos presenta dividido en tres partes o secciones que, si bien tienen una base común, se ven bien diferenciadas: Calle Abajo, Nocturnos y Calle Arriba.
Primera parte: Calle abajo
[…] A veces, en la noche de mi cuarto alquilado, yo me revuelvo y me incorporo y voy de trabajo en trabajo por días sueltos, porque 190 pulsaciones no son bastantes para las 200 que requería el puesto de grabador de datos.
(Fragmento del poema Cuentas la suerte a pulso)
Son una serie de poemas directos que muestran sin tapujos ni ornamentos innecesarios, la realidad de la vida, su parte más oscura, la frialdad, la soledad, la misera… todo quizás reducido a un cansancio y una apatía vital que arrastran los días. Abel convierte sus poemas en una denuncia del poco valor que se le da al componente humano, pero a su vez, es consciente y da la clave y la transmite para que eso no siga así: las cosas, con esfuerzo y con amor, pueden llegar a cambiar, pero hay que hacerlo.
[…] Uno se da cuenta tras empaquetar decenas de miles de relojes caros (junto con tus emociones más profundas), que el cliente no apreciará en el pedido nada más que el lenguaje de una estúpida y perfecta maquinaria.
Hay que seguir trabajando.
(Fragmento del poema El Encargado)
Extrapolemos el poema; no es sólo la maquinaria de un reloj, sino el día a día. Que a veces se nos olvida que detrás de todo, hay personas, y eso hace que el mundo se convierta en algo frío y deshumanizado. La sensibilidad del poeta se ve afectada, su visión se ve herida, ser poeta, a veces cansa, y duele. Pero no pierde fuerza en ningún instante, puede llegar a estar vencido, puede sentirse desfallecer de dolor, y llora… pero luego, sigue.
[…] Ahora que ya saben mil maneras de morir, sólo hace falta que la esperanza diga que hay una forma de vivir.
(Fragmento del poema Jinetes en la tormenta)
En esta primera parte del libro nos rodea una sensación de desamparo y desaliento, mezclada con cierta esperanza que asoma escondida, con cierto espíritu de resistencia y lucha, con una pequeña voz que nos dice que no debemos dejarnos llevar ni vencer, por muy oscuro que sea todo al rededor.
Segunda parte: Nocturnos
[…] Estás y no estas, como está mi corazón descorazonado; un corazón partido es un corazón corriente, una pieza clásica en la lírica del enamorado.
El mío, a veces se abre y ama, como un puño, valiente, simulando entereza con los pedazos que me has dejado.
(Fragmento del poema Blue en Brokenhearted)
Si algo hemos de destacar de esta segunda parte, es el corazón; nos expone realidades desde dentro, desde una zona más emocional y más sentimental. Me atrevería a decir que quizás es la parte más privada del libro, donde Abel, a pesar de dejar siempre en sus poemas rasgos autobiográficos, deja también rasgos de su alma, de su interior más emocional.
EL VERDADERO CLIENTE
Tener siempre la razón
no nos convierte en seres racionales,
dice el que todo lo paga
-lluvias, canciones, amantes-
el verdadero cliente, el corazón.
Esta parte central parece que suaviza ligeramente la crudeza habitual con un pequeño toque de lirismo, pero eso no significa que los poemas pierdan fuerza, más bien al contrario: si los poemas que constituyen Calle Abajo se clavan directos sin previo aviso, estos entran más a base de roces y sentimiento.
[…] te busco por esta larga mundial ciudad que nada sabe de ti
bajo este espacio que no siente tu respiración y sí mi desaliento
tú más sueño para este sueño de incansable delirio yo sólo ausencia por perseguirte en tu difícil lejanía.
(Fragmento del poema Manrique 2005)
Tercera parte: Calle Arriba
CIRCO EDITORIAL
-La novatada la pagamos todos. En cambio, ha pasado mucho tiempo; yo no pago dinero por mis poemas. Ya me conozco bien este mundo.
-Somos una editorial de prestigio, pero son tiempos de crisis para la lírica.
-Bien, dame entonces un pequeño adelanto y quince ejemplares de cortesía en calidad de autor.
-Vaya, me monto un circo y me crecen los enanos.
-Bueno, es lo que tiene montarse un circo con vistas al futuro. ¿O no?
No es igual la poesía continúa que el espectáculo debe continuar.
Con este poema se nos abre la puerta a la tercera parte del libro, Calle Abajo. Recuperamos los poemas de denuncia y afilados y críticos, salimos un poco de dentro y nos centramos de nuevo en el mundo exterior, aunque este no deja de ser nuestro mundo.
Toma protagonismo la poesía en su vertiente más ‘comercial’ o ‘simple’, poniendo en evidencia el negocio de las editoriales con la poesía que ayuda y colabora, en parte, a su degradación como disciplina literaria. Llama la atención el poema el Misionero, una especie de diálogo entre la poesía y el poeta (casi sería un monólogo de la poesía que el poeta nos cuenta); un poema que se ve como una dura crítica hacia cierto tipo de ‘poesía’.
[…] Estoy cansada de tu estilo, de tus predecibles duros poemas en postura del misionero, de tu monocorde solo de bebop para saxo que no se ríe de las normas, de esta partida de cartas románticas sobre la cama, de tanta sota, caballo y rey. Quiero que seas brutalmente sincero conmigo, y contigo, delante de todo el pueblo y para el pueblo…”
(Fragmento del poema El Misionero)
Es una tercera parte que parece preguntarse dónde está lo auténtico, parece querer ahondar mucho más allá de la mera superficialidad en la que parece que vivimos, y adentrarse en la realidad del mundo y de la vida, buscar lo esencial y primordial que tanto parece estar dejándose de lado, ignorándose.
[…] Quería volver a esa época en la que había algunas señales entre nosotros,
ser un librepensador, un niño, un vitalista;
formar parte de las criaturas del azar, del conjunto que da sentido a todas las cosas solitarias, y en la calle, toparme con el rostro del amor o el saludo de algún viejo amigo.
(Fragmento del poema La máquina del tiempo)
Nos hemos detenido un poco en cada una de las tres secciones que configuran el poemario, pero hay algunos rasgos que son la esencia de la poesía de Abel Santos, y que encontramos a lo largo de todo el libro. Estos rasgos son los que, a mi parecer, le otorgan la fuerza y marcan la personalidad de sus versos, y nos dicen que no podrían haber sido escritos por otra mano que no fuera la suya: la ternura, el amor y la supervivencia se juntan y se enfrentan a la más áspera realidad, con toda su crudeza y sus miserias, y todo aderezado con un trasfondo autobiográfico dándonos así, una vez más, el inconfundible sello de su poesía.
El libro se cierra con una sentencia clara y firme, que se convierte en los últimos versos del último poema de libro Selfie:
[…] Mi enfermedad: la esperanza; por droga la rima, por arrogancia la búsqueda de un destino con amor y la buena conciencia como síntoma de autoestima.
Casi podríamos reducir a estos seis versos la esencia básica del todo el poemario: esperanza, poesía, búsqueda, amor y buenos actos, para que el mundo cambie, la vida mejore y la humanidad acierte el camino. Y aunque se ponga poco en práctica, es cierto que esto es algo que Huelga decir, puesto que todos lo sabemos. Pero a veces es necesario que alguien nos lo recuerde.
No quisiera terminar esta reseña sin hacer especial mención a todos los invitados ilustres que en algún momento asoman la cabeza por entre los versos de Abel, descubriéndonos, así, algúnos de los autores o músicos que más han marcado su vida y han colaborado en hacer de Abel el poeta que es: Plath, Bukowski, Whitman, Baudelaire, Poe, Pessoa, Antonio Machado, Cernuda, Benedetti, Celaya, Carmen Jodra Davó, Alberto Tesán, Jim Morrison, Carver, Pedro Salinas, Chopin, Picasso, Roman Polanski, Scott Fitzgerald, Balzac, Hemingway, Neruda, Benjamín Prado, Wolfe, Will Bill Davison, Enrique Urquijo, Manolo Tena, Sílvia Pérez Cruz, Miles Davis, Javier Colina Tío, José Agustín Goytisolo, la poesía, la música… y cómo no, la vida y el ser humano.
Todos tenemos lugares, ambientes donde nos sentimos seguros, ese lugar donde nos quedamos y desde el que establecemos lazos hacia otros espacios. Nuestro hábitat conecta con los hábitats de nuestros semejantes para configurar lo que podríamos llamar nuestro mundo. Estos lugares, instantes, sentimientos y emociones se dan cita en Hábitats (Belén Olavarría, Editorial CatorceBis, 2018) para ofrecernos una visión más profunda de todos los pequeños mundos que configuran el mundo, desde uno mismo en su propio hábitat, hasta diferentes y diversos habitantes, con sus emociones y sus suertes.
El poemario se nos presenta dividido en tres partes, Nuestro Hábitat, Habitantes de un lugar llamado Tierra y Un habitáculo para el romanticismo.
PRIMERA PARTE: ESTE ES NUESTRO HÁBITAT
[…]
Y la niebla,
que anega el paisaje con su tupido manto,
sólo recula ante la insistencia
de la luz,
el brillo,
el sol,
esa alegría inesperada
que te sobrecogió por un instante.
(Fragmento del poema Niebla en el Camino)
Esta primera parte parece querer acercarnos al hábitat personal, donde quizás se encuentra la esencia de la persona. Es como si fuera nuestro primer período, nuestra introducción a la vida y las emociones que ello conlleva. Se nos presenta un lugar lleno de brillos, sonidos y cierto asomo de alegría mezclado con tintes nostálgicos de recuerdos. La brisa suave del verano parece abrir la cortina de flecos que nos da acceso a ese hábitat íntimo y personal:
CORTINAS DE PLÁSTICO
¿Te acuerdas de cuando las puertas eran de flecos de
plástico?, ¿y el aire caliente tocaba la escala completa
de notas musicales sobre ellas? Esa era la brisa de la
siesta.
Luego estaba el viento del atardecer, nada que ver
tenía con el anterior,
cuando las cortinas eran atravesadas por una
corriente melancólica y reconfortante
que anunciaba el final del verano.
Una brisa descarada, que penetraba por unas ventanas
de cielo violáceo
y jugaba a abombar solamente los flecos del centro,
como si una señora encinta
fuera a entrar de improviso.
No puedo evitar leer este poema y pensar en el origen, la llegada al mundo, la naturaleza de nuestro nacimiento. Como si a partir de ese momento, entráramos en lo que será nuestro propio e íntimo hábitat y, día a día, empecemos a construir, mediante experiencias, instantes, emociones, el que será nuestro lugar en el mundo.
Paralelamente, nos encontramos con cierta calma, con la pereza propia de las tardes calurosas, donde el aire caliente mece con calmada quietud los flecos de cualquier cortina de cualquier hogar, de nuestro hogar, para quebrarse de improviso por la entrada de una mujer encinta; quizás nuestro propio nacimiento.
A lo largo de los poemas de esta primera parte, nos encontramos con variedad de emociones, de sentimientos, pero la gran mayoría aparecen arropados por el calor y la luz del sol, de destellos; eso la convierte en brillante, le da luminosidad y fuerza, pero de manera magistral, Belén de repente nos adentra en cierta tristeza, la melancolía de un ocaso en el que una se convierte, de nuevo, en charco en la arena.
FUI CASTILLO DE ARENA
Fui castillo de arena.
En un corolario naviero
una mañana de junio
tuve forma de agujero.
Una zanja anti-invasores
de crecidas que uno no espera,
mejor preverse ante cambios en los corazones.
Y piscina instantánea,
poza,
o enterradora de los que se dejan.
Pero al caer la tarde
volví a ser charco de arena.
Este poema, uno de los más preciosos del libro, creo que engloba emoción, sentimientos, imaginación, tristeza, recuerdos… es casi como una vida condensada en unas pocas líneas.
SEGUNDA PARTE: HABITANTES DE UN LUGAR LLAMADO TIERRA
[…]
Ahora que lo pienso
creo haberte visto antes, allá por mi adolescencia.
Puede que fuéramos grandes amigas
de esas que comparten confesiones.
Salimos a la luz del día,
pero tú te has marchado ya.
(Fragmento del poema El Reflejo.)
En esa segunda parte, quizás la más intensa del libro, salimos de nuestro hábitat particular para adentrarnos en el mundo. Perdemos nuestro ‘yo’ más puro y avanzamos hacia adelante. Quizás es esa la manera de adentrarnos en la madurez, pero inevitablemente, combatiendo a veces ese deseo de mirar hacia atrás para ver si logramos vernos de nuevo.
Es en esta parte central del libro donde encontramos poemas que presentan una mayor profundidad. Se adentra en diferentes universos o pequeños hábitats que configuran el mundo, regalándonos pequeñas ventanas desde las que podemos observar -y sentir- otros hábitats, otras emociones diferentes, más adultas, más maduras, más intensas, más fuertes.
Vemos, por ejemplo, el poema Hábitats, que precisamente da nombre el libro; un poema intenso, con una profundidad densa que, a su vez, mezcla fuerza y ternura, y que Belén nos presenta Dedicado a todos aquellos que tienen Síndrome de Asperger, a los que tienen cualquier discapacidad y, en especial, a Laura.
HÁBITATS
Habitas en la luz de personas dormidas, ciudadanos de un hogar, llamado Tierra, que siempre sujetan una mano amiga.
Habitas en los dientes de león propulsados por el aire, en las lanas tejidas por insectos que resplandecen al sol, en el agua de lluvia que recogen las aceras y que no es más que un espejo, en las fórmulas complejas que recoge tu libro y que tan poco te cuestan recordar.
Habitas en tu armario y en tu ropa, la que odias elegir cada día, en el cepillo que peina tu pelo y al que tampoco gustas visitar. Habitas en tus virtudes y flaquezas, en la fragilidad de tus evidencias, en la posibilidad de que yo también tenga debilidades, en el ocultismo de mi realidad.
Compañero incansable que devora mis días, soy habitante de tu reino.
Habitas en la luz de personas dormidas.
Diferentes hábitats nos son expuestos, enseñándonos que hay muchos mundos que confluyen en ese lugar llamado Tierra. Sin embargo, son poemas que no escapan del realismo y de la actualidad, tocando temas tan en auge hoy como la inmigración; en el poema ¿Dónde está mi hogar?, un poema desgarrador, sutil e intenso, expone la soledad, el dolor, la valentía y a menudo el desconcierto que supone el verse sin hogar, en lugares extraños y con gente extraña:
[…]
Sin embargo, el tiempo pasó
y en las pieles de otros observé la soledad.
Crecía como una ortiga en un arriate de petunias,
y me pregunté cómo ellos sobrevivían a aquello,
dónde estaría su hogar;
si ya no les quedaba nada en este mundo,
si no había un espacio,
un momento, persona o rutina
que el tiempo no les hubiera arrebatado.
<<Sólo se tienen a sí mismos>>, pensé.
Y ese es su verdadero hogar.
(Fragmento del poema ¿Dónde está mi hogar?)
TERCERA PARTE: UN HABITÁCULO PARA EL ROMANTICISMO
LA CUEVA
Debajo de tus hombros hay una cueva.
Justo entre tu nuca y tu columna,
donde sólo a media tarde accede el sol
y el color de una toalla turquesa bajo tu piel
imita los reflejos que el agua cubierta proyecta sobre
la piedra,
y la piedra eras tú.
Esta tercera parte se nos presenta más suave y más, quizás, emocional que las otras dos. Sentimientos como la identidad, la memoria, la nostalgia más tierna, se encuentran en estos poemas para, como dice el título, constituir un habitáculo para el romanticismo. Y es que sentimientos los hay casi en todas partes, en todas las emociones, y a veces quizás sólo debemos querer sentirlos:
[…]
A veces la felicidad se encuentra en los momentos, en las circunstancias que les dieron paso: una ilusión, un pensamiento, un deseo.
(Fragmento del poema Veinticuatro de Diciembre)
Encontramos recuerdos, encontramos princesas, encontramos poesía, encontramos fecha navideñas, encontramos alma, aromas, sentimientos… ganas de sentir, de vivir, de amor:
HABLÁBAMOS DE AMOR
Algún día hablábamos de amor y fue primavera, que abandonó la estación más lúgubre del año.
Estábamos en plena era del milenio, veríamos los vientos por ser diferentes y peculiares, adorábamos perdernos entre la gente desconocida y ser “otros”, beber del cielo que nació fundente en la mañana con carne de juerga, desplomarse en la piel del sofá, y robar momentos a la vida perenne por llegar.
Hablábamos de amor y el futuro era presente. Lo único que amé en la vida eras tú, la única razón de existencia que encontré para quedarme.
Dijimos que brindaríamos por nuestra permanencia al momento, por no sucumbir al instante, al miedo fugaz que a veces nos amenaza.
Tuve que amar antes la idea de mi vida para encontrar en ti la paz, y fue tan cierto como bello que cuando más me quise a mí misma más difícil me supo amar.
Este pequeño habitáculo para el romanticismo esconde aquellas cosas que, aun sin poderse ver ni tocar, casi sostienen el mundo. Es un final emotivo, sentido y bonito para un libro que nos pasea por multitud de emociones, de personas, de lugares, de hábitats que, al final, configuran el mundo.
«Hábitats» (Editorial CatorceBis, 2018), es el segundo poemario de la sevillana Belén Olavarría. Y lo recomiendo.
Juan Antonio Gallardo, poeta y también escritor de relatos, artículos y canciones, nos muestra en su libro “Correspondencias” una selección de poemas donde lo común se despliega y se exhibe. Poemas de palabras y versos sencillos, que te acercan a la cotidianidad del poeta. La cafetería de la esquina, el autobús de las 8, el bullicio de la vida y del día a día. Habla del mundo más próximo, del mundo inmediato y de los recuerdos que los momentos especiales van marcando en su rumbo y en su futuro.
«Correspondencias», de Juan Antonio Gallardo
Como indica el título, es como una correspondencia mantenida
entre el autor, como poeta y el autor,
como hombre del día a día. Visión clara y transparente, sin florituras, de las
inquietudes y vicisitudes de la vida.
Buen contador de pequeños momentos reales, más relatados que
versados, es fácil ver las escenas que nos muestra en cada poema.
VISITA
«A veces miro las fotografías,
a mi hijo le encanta mirarla.
A mí no me gusta nada,
sólo lo hago porque cuando él viene
las deja desordenadas
y a mí me toca ordenarlas”.
Así se lo dijiste
y era casi una canción
involuntaria
y triste.
Se recrea en las pequeñas escenas del barrio, de los
conocidos y vecinos que transitan y van a sus destinos diarios, o de esas caras
anónimas con las que nos encontramos cada día.
POESÍA (fragmento)
Creo que ya he tenido
la oportunidad de escuchar,
tan temprano, el poema
más hermoso de la jornada.
Ha venido este regalo de parte de un niño,
seis o siete años,
que iba de la mano de su padre,
cargado con la mochila
y rumbo al colegio
con esa cara de confusión
y de sueño que llevan los niños
a esas horas de la mañana.
Pasea por el tiempo y por los retratos de momentos vividos,
desde la naturalidad y la prosa poética, haciendo bonitos guiños a la infancia
y los recuerdos.
LA SILLA
Mi hermano dibuja un hombre
que trata de sentarse en una silla.
Ha convertido mi hermano
la delicada geometría de los cuerpos
(Uno inerte, el otro vivo;
los dos muertos sobre el folio dibujado)
en un estupor del espacio.
Mi hermano tiene ocho años y yo nueve,
ninguno de los dos ha sabido
dibujar a un hombre vivo.
Sin embargo, la silla
se retuerce sobre sí misma
y danza sobre sus cuatro patas.
En las sillas de aquella casa
jugábamos mi hermano y yo
a mirarnos fijamente el tiempo justo
hasta que la risa nos hechizaba
y el que antes se reía era
el paradójico perdedor.
No quiero pensar que hoy,
repitiéramos el reto de mirarnos
seriamente.
No sea que al final nadie gane.
No sea que al final nadie juegue.
No sea que al final nadie ría.
En otras ocasiones engalana un instante sencillo con versos
dulces y suaves, dejándonos ver una poesía ligeramente adornada, que acaricia y
motiva a seguir leyendo.
MADRE DEL AGUA (fragmento)
No romper este frágil equilibrio
que nos mantienen en pie y alertas
como los ejércitos en la tregua,
dormitando en el vivac
con un ojo abierto y otro cerrado.
La higuera del campo al que vamos
estaba hace unos meses
cargada de frutos y de hojas,
engalanada y fértil y reservaba
de los rigores del sol de septiembre.
Es un libro especialmente recomendable para aquellas personas que aún no conocen demasiado la poesía, pues es una buena forma de acercarse a ella y encontrarán en él una bonita prosa poética y una poesía de matices suaves. También para los amantes de los relatos cortos de estilo realista y costumbrista, o aquellas personas a las que no les gusta la poesía demasiado cargada de metáfora o lirismo. En definitiva, un libro de agradable lectura.