Categoría: Reseñas

  • “Umbra”, la prosa poética hecha novela

    “Umbra”, la prosa poética hecha novela

    Descubrí  a Silvia Terrón por un programa de televisión (“Página 2”,la 2 de tv española), cuando en 2018 publicó su primera novela “Umbra” Caballo de Troya 2018. Me enamoró el planteamiento de su libro:

    “Umbra transcurre en un futuro en que los humanos ya no pueden emitir sonidos y el planeta ha quedado dividido en una región de luz y otra -llamada Umbra– de sombra. Los ecos de las voces de nuestro presente se fosilizaron en un mineral llamado «ecoral», que es la principal fuente de energía”.

    Silvia Terrón (Madrid, 1980). Poeta, periodista y traductora. Dirige la revista literaria bilingüe Alba Paris, dedicada a la difusión de la literatura hispanoamericana en Francia, donde reside y trabaja como especialista en diplomacia pública desde 2009. Sus poemarios son:

    • La imposibilidad gravitatoria, poemas, Ediciones Torremozas, 2009.
    • Doblez, poemas, Ediciones Liliputienses, 2014.
    • Las veces, poemas, La Isla de Siltolá, 2015.

    Invito a leer este poema suyo, que me parece una maravilla, con un lenguaje cuidado y unas hermosas metáforas.

    CIUDAD JARDÍN

    Así, por cabeza

    aprendes a crecer en ángulo.

    Tú, que construías ventanas

    para ahorrar metáforas

    presientes el nido.

    Todo lo que piensas emigra

    y vuelve cada invierno.

    De tanto ir ampliando

    te has vuelto pasillo,

    cada vez más cinturón.

    Alrededor, en tus afueras

    vive tu yo más reciente,

    el que trastoca

    sin decir.

    Sólo melodías y olores

    llaman hacia el centro.

    Buscas

    tu propia ruina, el resto

    del momento pretérito.

    Fantaseas con la Historia,

    mezclando minutos

    y almidón.

    Sólo tú sabes

    que un juguete de plástico

    made in China

    guarda tu alma.

    El imán que recoge

    toda proyección

    para estos años sin tacto.

        

    Pero en esta ocasión de lo que quiero hablar es de su primera novela “Umbra”.

    Adentrarse en “Umbra” es traspasar una barrera donde lo cotidiano se escribe en verso. Un mundo un tanto angustioso y asfixiante de un supuesto futuro oscuro, muy anclado en un pasado perdido.  Es ciencia ficción contada desde el universo lingüístico de una poeta, y eso hace que la novela adquiera una dimensión distinta de lo que el lector de este género, está acostumbrado…estamos acostumbrados.  

    Una novela llena de un lirismo exquisito y  una prosa que te engancha y envuelve:

    Al morir volvemos a la materia para convertirnos en otra cosa. Lo único que escapa a esa metamorfosis es la voz, que se repite y desaparece sin dejar rastro, eludiendo la transformación.

    Umbra es un  libro que no tiene diálogos, es una sucesión de hechos relatados, en una exquisita prosa poética. Los personajes (muy bien expuestos) te llevan de la mano por los acontecimientos de un mundo superficial y vacío, entre situaciones e imágenes que no te dejan indiferente. Todo el libro es rico en matices, que invitan al lector a sumergirse de manera profunda e intensa.

    En los “Coros” despierta una conciencia, en muchas ocasiones dormida, que te lleva a leer y releer, pensar y repensar.

    Coros

    ¡Viva la próspera industria de la voz vaciada! Contemplaos desde lo alto, resultáis admirables. Insectos incansables a los que se les ha confiado una misión: robar, falsificar, transportar, esconder. Cada uno repitiendo incansable el mismo gesto: la mano prensil que se alarga hasta la esfera valiosa y se cierne sobre ella…

       

    Para mí, un gran descubrimiento que seguiré explorando.

    NOTA: Datos biográficos sacados de su novela “Umbra”

           

  • «Ninfomántica», de Ana Beck y Rogervan Rubattino

    «Ninfomántica», de Ana Beck y Rogervan Rubattino

    Nos hallamos ante un poemario cuyas líneas tienen la intención de sumergirnos en un cóctel de sabores y reacciones. Por un lado, líneas de cognac, tejidos de finos trazos, y por otro esa belleza de una flor con pétalos de fuertes colores.

    Somos una salvaje y libre marea

    que no sabe de sueños o promesas.

    Somos un solo dios que, cual eco, reverbera

    en cada llama,

    en cada fuego.

    Y se reinvente tras las cenizas.

    Tras el profundo azul de las marismas.

    Tras el ocre de las tristezas.

    Somos la campana de horizonte

    que se quiebra

    y todavía suena.

    Somos grito ahogado de necesidad mutua.

    Reinos de silencios que amanecen a raudales.

    Somos nosotros con ese querer hecho a distancia

    floreciendo deseos.

    Al ritmo de breves sorbos, los autores nos llevan a apreciar los paisajes de sus tierras, nos colocan en sus parajes preferidos y nos empujan al vacío de los cielos de cada quien, regalándonos pronunciadas curvas en los latidos y dejando muchas veces al paladar palpando el sabor exacto de sus versos.

    Yo escribo a la muerte sin mirar hacia el amor

    sin ver sus senderos de traición

    sin oír sus gritos de fábulas

    y las vértebras horadadas

    de cadas grisácea estación

    Y apunto cada motivo bañado de luna,

    cada latido opaco de lluvia

    sobre la senda errática del caracol.

    […]

    Escribo para que tus ojos vivos lean esto

    antes de que se me olvide respirar bajo la sombra del ciprés enhiesto

    que colinda el huerto del más allá

    donde no te aman las horas Macilentas de la madre eternal

    Sus frases nos conducen del remanso de una melodía nocturna a la efervescencia de las aves al romper el alba.

    Ninfomántica es una fusión que nos pasea por senderos obtusos y nos lleva al borde de las sensaciones para soltarnos, motivándonos a abrirles las alas a los sentidos.

    Yo no sé si estuvimos siempre

    o nos fuimos bajo la senda de las polvorientas promesas.

    No sé si somos invisibles dioses,

    sedientos de azahar y de pretender nuestros huesos,

    en arcadias y hogueras

    Y me gusta pensarme como un libro abierto en una página cualquiera. Un libro buscando ser leído, un libro escrito por todas las manos que han cuidado mis días.

    Me habita la persistente necesidad de atrapar palabras que sirvan como puente. La búsqueda de ser un libro al que solo otros ojos puedan darle sentido.

    Por eso me siento y escribo.

    Existe, en esta alquimia, el efecto de una balsa navegando sobre el río manso y de pronto aparece el vértigo arrastrando el sentir, haciendo correr la adrenalina, dando un golpe seco y frontal al lector de una página a otra, colocándonos entre dos tierras: del Edén a la crudeza de la selva, de la plasticidad de un vuelo a la rebeldía de la fiera.

    El sabor de cada escrito proviene del sentir de cada poeta, la forma en que mira el mundo nos es transmitida mediante el canal de la palabra, es su esencia lo que plasma; Alfonsina Storni nos deja ver en uno de sus textos lo que para el alma es plasmarse en letras, ese sentir poético inexorable que poseen los seres sensibles, con la virtud de plasmar emociones a través de la tinta:

    Soy un alma desnuda en estos versos,
    alma desnuda, que angustiada y sola,
    va dejando sus pétalos dispersos.
    Alma que puede ser una amapola,
    que puede ser un lirio, una violeta,
    un peñasco, una selva y una ola.
    Alma que como el viento vaga inquieta,
    y ruge cuando está sobre los mares,
    y duerme dulcemente en una grieta.

    Alma desnuda, Alfonsina Storni

    Pues bien, Ninfomántica logra el ensamble de dos almas, que fusionan su néctar poético y logran un sabor original que pasea nuestras emociones, involucrando imágenes sublimes y tintes cotidianos, manejados con intención de descolocarnos, quizá un poco, y así apreciar desde otro punto la prosa y el verso.

    Veo en los ojos de la soledad la inquietud del mar,
    el tacto ocre de la muerte
    la melodía de plenilunios y tormentas
    contar con tus labios los dedos de la suerte

    Te brindo lo agridulce de mi lengua y un corazón a medio latir. Te ofrezco lo que pocos se atreven a regalar, lo que soy; la honestidad y la frialdad de mis momentos bajos, la marea roja de una herida que no sabe ser cicatriz, que sólo sabe doler.

    Ambos autores buscan tocar sutilmente el sentimiento e intencionalmente dejan escapar lancetazos repentinos de realidad, consiguiendo clavar su aguijón.

    A los veintiuno me caí del mundo. Y en una edad en la que se supone que las cosas comienzan a asentarse, hurgue tras las verdades absolutas.


    Me perdí al menos setenta y cinco veces mientras quitaba capa a capa la imagen de un “yo” que otros habían modelado.

    Si bien el poeta refleja poco o mucho de sí mismo en un escrito, el lector puede encontrarse en una frase y hace un poema suyo en el mismo instante de la lectura.

    La poesía nos permite interiorizar y exteriorizar, es un portal hacia esas dos dimensiones, es el espejo, el túnel, un pasadizo donde uno puede ir y venir. Es la cuestión y la respuesta, la conexión, el puente.

    Pizarnik nos cuestiona acerca de ¿qué significa traducirse en palabras? y ¿para quién escribimos?

    Puertas del corazón, perro apaleado, veo un templo, tiemblo. ¿qué pasa? No pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores de órganos vivos, calor, corazón, reparación, todo musical y silencioso al mismo tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfección a largo plazo; medir cada día la probable elevación de mi espíritu, la desesperación de mis faltas gramaticales. Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar … ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado … Solamente tú sabes de este ritmo quebrantado.

    La piedra de la locura, Alejandra Pizarnik.

    La poesía es también una forma de situarnos en realidades o bien despegar los pies del suelo. Los autores juegan con esas cartas a lo largo de esta obra, regalando al lector ese ambiente de no saber el color ni el número de la próxima tirada.

    Nos regalan una obra donde el sabor del amor, de la vida y de la muerte se entrelazan y conforman un lienzo donde cualquier trazo puede iniciar ese viaje que sólo las letras nos pueden brindar. Sinfonías grises, rojas y azules que nos toman y nos conducen hacia senderos en donde, al final de cada uno, seguramente nos será revelado alguno de los tantos rostros de Ninfomántica.

  • «El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes)

    «El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes)

    «El viento está escrito», de Jorge Pascual (Ediciones Menguantes) es un poemario que definiría como profundidad en movimiento.

    Tanto camino que la voz,
    todo se ilumina y se oye 
    destapa soledades dormidas 
    busca su retrato la soledad del agua

    Al adentrarme en sus versos, siento una gran carga de introspección, que me invita a desnudarme, a despojarme de estereotipos y pensamientos banales para concederme el privilegio de ser.

    Tengo pensado a mi borde 
    todo lo que escucho y voy …
    nada tengo pensado sobre mi caminar 
    y mis lamentos,
    intento escribirme lo que dibuja 
    mi principio,
    intento cantarme solo mi miedo 
    y aclararme con esta nube gris,
    que me empapa los pies y se esconde detrás de unos talones,
    o una costilla, o un suspiro,
    que sin poder evitarlo se apropia de mis dedos…

    Me he permitido el atrevimiento de recitaros un fragmento.

    El alma despierta y amanece la vida, la naturaleza evoca su canto, el río fluye, el sonido bosteza, la tormenta de sensaciones alcanza al poeta, este se para, y es ahí donde nace la escucha íntima, la complicidad entre el origen y la causa, entre el concepto de lo que soy y lo que percibo.

     El autor convierte al paisaje que le rodea en un espejo, y por medio de la observación activa, estimula la imagen que una vez procesada, le devuelve el reflejo convertido en poema.


    En lo salvaje me encuentro entre las hojas,
    me mantengo, me reflejo en ellas, y me veo a mí

    Es un gran privilegio poder contemplar a un poeta en el que la naturaleza  había echado semillas desde muy joven y en el que la experiencia poética como vivencia, a través de la voz y la presencia han sido determinantes.  

    Su técnica no tiene más método que el de vivir lo que habla y viviéndolo lo pone vivo también en los que están con él. Todas las cosas hablan en su silencio y él les pone voz al vivirlas.

    Muchas noches hay en una noche sola desairada
    con viento de lo profundo de la tierra,
    demasiada agua nos cae en la frente de la noche…

    Como en todas las cosas que nos rozan sin tocarnos, como en todo aquello que habitamos  y sabemos no tangible, la poesía de Jorge Pascual se deja llevar por y en libertad, dejando florecer lo esencial en cada verso; comulga  el misterio, azota el viento por fuera y el suspiro por dentro.

    …Hace daño la vida 
    en cada marca del cuerpo

    Lamento los cielos pesados y rotundos,
    profundo su bosque misterioso y horizontal distancia.
    Tan lejano su agua y su incendio mortal 
    se desprenden los cielos de sus ciclos rocosos y tan sentimentales …

    También encuentro un guiño muy bonito del poeta hacia el lector y hacia su obra, una coherencia indiscutible, para mí, entre la obra materializada y la vivencia. De ahí, la sencillez y la falta de una estructura guiada, ni siquiera un título, anticipándose al poema. En él late el desorden emocional y salvaje, en un perfecto y maravilloso equilibrio. 

    Diría que la poesía de Jorge Pascual es amamantada con el mismo aliento con el que las ramas de un árbol son azotadas, o como fluye el cauce de un río desembocando en el mar…

    …Cuánta soledad de latido 
    que llega danzando por los caminos cual espíritu
    que encuentra un árbol y se arrodilla…

    Cabe destacar que este libro es el trabajo de todo un año en el que el poeta se introduce y convive en plena naturaleza .

    Con su poesía, Jorge Pascual en definitiva nos lleva cogidos de la mano hacia el paralelismo del ser interior y la naturaleza que nos rodea, hacia el nacimiento de los sentidos, hacia el  espertar de un mundo fecundo, que solo es posible cuando nos adentramos con motivación y sin corazas, descalzos de cargas y de prejuicios, y sobretodo escuchamos con detenimiento, lo que tenemos que decirnos.

    Desconoce el fin y el principio
    desconoces tu pie y tu cielo
    qué hay del camino en el cielo 
    qué esconde el cielo en su propio camino .
    Lejanía incesante
    solo pasos como cuerpos alejados de ti.
    En tu propio rostro se deslumbra el camino.

    El viento está escrito se compone de poemas, manuscritos, dibujos, fotografías y materiales sonoros vinculados a una serie de caminatas realizadas por Jorge Pascual y comisariados por Bruno Marcos. Todos los materiales han sido recogidos o creados por el autor. Podéis acceder a parte de estos archivos en la web de Ediciones Menguantes.

    … Hay ramas a veces que nos tragan el tiempo 
    y nos recorren la muerte a soplos del viento 
    y llueve…
    llueve todo en silencio

    Jorge Pascual (León, 1981) es poeta y actor. Ha publicado los poemarios “Morir de viento“ (Leteo, 2001), “Manual de ultramarinos” (2015) y “Caminan las nubes descalzas” (Eolas, 2016). Recibió un accésit en el Premio Nacional de Poesía “Eugenio de Nora”.

    Para finalizar, os dejo un breve poema que nos da una adorable pincelada de la esencia que sustenta esta obra.

    Se ha ido el olvido 
    me cabe el recuerdo de ver, 
    si olvido el infinito.

  • Versos al margen, de Marta Garrós. (Punto Rojo Libros, 2019)

    Versos al margen, de Marta Garrós. (Punto Rojo Libros, 2019)

    Cuando el lector se introduce en Versos al margen, lo que realmente queda al margen es la vida. Uno entra en un mundo brillante de emociones y sentimientos que, de algún modo, envuelven y atrapan el alma para no soltarla.

    El poemario, en su mayoría poemas breves y concisos que concentran en pocas líneas una esencia pura y emotiva, está estructurado en tres partes o capítulos que la propia autora nos presenta al inicio del libro, en una breve introducción:

    I. Más que amor, donde los poemas se centran en amor y desamor.

    II. Inspiración, donde la poesía parece fluir por sí misma.

    III. Mis versos al margen, donde encontramos una parte más oscura, más esencial y quizás más íntima, son esos poemas que parecen salir desde algún recóndito pliegue del alma.

    I. MÁS QUE AMOR

    «Y es cuando sus palabras tropiezan

    con su corazón,

    que todo se derrumba…»

    Marta deja unos pequeños versos al inicio de cada capítulo a medida de introducción, que ya nos ponen en pre-aviso de lo que vamos a encontrarnos: palabras, corazón y derrumbe. Tres vocablos que marcan la línea de este primer capítulo.

    Veintiocho poemas, algunos de una intensidad abrumadora, y otros delicados como un susurro al oído, que nos muestran en pequeños matices todas las emociones que podría englobar el enamoramiento: fascinación, entrega, sentimiento y casi devoción. Pero también nos habla de tristeza, ausencias, e incluso de puede llegar a vislumbrar una parte oscura de la relación:

    En el vaivén del tiempo
    Calidez su dentellada
    Y tu esposa me resuelvo
    Frágilmente subyugada.

    -Fragmento del poema Mi Contraluz

    …el consuelo
    De esta tristeza
    Abrigándome
    Con tus frías ausencias

    -Fragmento del poema Zona de confort

    A su vez, y casi ligado al tema menos plácido del amor, el que conlleva heridas, en el que hay batallas, entrevemos ese lado positivo que a veces suele rodear la poesía de Marta, y podemos ver esa parte femenina más fuerte, la de la mujer incansable que ama con todas sus fuerzas, a pesar de las heridas; la que siempre renace y se sobrepone. Veamos, por ejemplo el poema Guerrera, donde a pesar de perder, de arder y reducirse a cenizas, siempre vuelve, con más fuerza si cabe, dándole la vuelta a la situación y acabando convertida en su heroína:

    Resurjo de sus cenizas
    En cada batalla perdida
    Anudando en mi brazo
    Las heridas recibidas
    Y aun dándome él
    Por vencida
    Siempre seré su heroína…

    La sensación de plenitud sentimental también tiene su espacio, más grande que el dolor si cabe en este primer capítulo, y nos llega casi acompañada de música y estrellas, pues el lenguaje que usa Marta nos acerca inevitablemente a una magnífica atmósfera de destelles y sueños, todo envuelto en un fino velo de delicadeza y suavidad:

    BESOS DE SEDA

    Vuelan sus besos
    Que en mí se quedan
     
    Como caricias
    Envueltas en seda
     
    Y evoco sus labios
    Prendidos en ella
     
    Arrullo de amante
    Para que duerma.

    Un poema que casi parece que lo podemos tocar, y sentir su tacto sedoso entre nuestros dedos.

    La intensidad en los versos de Marta es algo innegable; hay versos que son prácticamente sentencias, firmes sentencias-promesas que son absoluta entrega, amores que ni la muerte puede romper:

    Si has de hacerlo
    Muere en mí
    Y vivirás
    En mis adentros.

    -Fragmento del poema Eternidad

    Yo me quedaré en ti
    Apartando tus espinas
    Para que me hieran a mí.

    -Fragmento del poema Para los restos
    La poeta Marta Garrós.

    II. INSPIRACIÓN

    «Buscaba inspiración en las estrellas

    sin saber que ya era polvo de estrellas.»

    Los siguientes diecisiete poemas nos llevan a otro ámbito, otro tipo de emociones como la timidez, la resignación, y sensaciones como el tacto o el aroma, se dan cita y se entrelazan con elementos mágicos y estelares, creando un universo o un único mundo que une la emocional con lo real y el imaginario.

    En este sentido, llama la atención del poema Hada Verde. Muchas veces, la poesía de Marta transmite ese ambiente mágico y como de fantasía y, en este poema, por primera vez nos aparece un ser mágico que esparce traviesa su narcótico elixir, la musa de la absenta, la poesía. Ahí es donde el lector, sin darse cuenta, se ve por un instante en la Francia del siglo XIX, y trae a la mente la imagen de Verlaine con su vaso de absenta entre las manos. Entonces se comprende que a menudo, lo que la autora intenta hacer en y con su poesía, es unir ese imaginario literario tan precioso con la realidad, la vida.

    HADA VERDE

    Esparce traviesa
    Su narcótico elixir
     
    Saciando poetas
    Malditos de ella
     
    Susurra en sus labios
    Ebrios de absenta
     
    Batiendo sus alas
    Sin dejar de reír.

    Sucede en este segundo Capítulo que nos aparece, al fin, la poesía japonesa, de la que Marta es Haijin y Senpai, en un Sedoka quem siguiendo la estructura de seis líneas seguidas 5-7-7-5-7-7, nos presenta un instante, como un cuadro, un sonrojo escondido detrás de un abanico y dedos temblorosos, en seis versos de gran belleza:

    SONROJO

    Un abanico
    Como frágil guardián
    Cubre su timidez
    La suave de seda
    Es baile entre los dedos
    Palpitando el sonrojo.

    Y le sigue otro llamado Shouganai, donde encontramos otro guiño hacia esa cultura en esa expresión japonesa que expresa la sensación de saber que hay cosas que no se pueden cambiar, y que son porque han de ser, ni más ni menos.

    Poeta retoma esa atmósfera suave y delicada, casi lírica podríamos decir, en un poema que se nos presenta como aromático.

    Y atesoran mis ojos
    Quimeras preciosas
    Cual rosa en un libro
    Perfumando sus hojas

    -Fragmento del poma Poeta

    Y eso se repite en otro poema de este Segundo Capítulo. Si en el capítulo anterior teníamos un poema que casi se podía tocar, Besos de seda, ahora nos encontramos un poema que casi se puede oler, Préndeme Claveles, y nos percatamos que definitivamente, la poesía de Marta tiene tintes sensoriales, haciendo de un sentido, el eje del poema junto con los sentimientos:

    Róndame con flores

    Que de penas voy sobrada

    Róndame esta noche

    En mi reja perfumada

    -Fragmento del poema Préndeme claveles

    Y de esa sensación empírica, volvemos de nuevo, entrelazando realidad e imaginación, a la fantasía con Ondida, que nos evoca aquellas perversas ninfas del mar, que son capaces de embrujar con su risa. Así lo cuenta Marta, casi ahogada en la inspiración:

    ONDINA

    Canto un canto de sirenas
    Me arrastró hacia su mar
     
    Embriagada por su esencia
    Besaba espumas y sal
     
    Y aun sabiendo
    Que me ahogaba
    Me olvidé de respirar.

    III. MIS VERSOS AL MARGEN

    “Sólo el loco en su cordura,
                    logra ver brillar,
                    el lado oscuro de la luna”

    Veintiún poemas que de repente oscurecen las estrellas anteriores. Se abre con Réquiem, un poema oscuro, lúgubre, que supone un alto contraste con la luz del capítulo anterior, las ninfas parece que se van apagando. Sería como entrar, quizás, en la parte más profunda del alma:

    RÉQUIEM

    Lágrimas muerde
    Tras las cortinas
     
    El borroso murmullo
    Por despedida
     
    Letras doradas
    En comitiva
     
    Perfilan el trono
    Con letanías

    Abunda en este Tercer Capítulo, un vocabulario que transporta a la oscuridad y a la tristeza: velas, cenizas, letanías, rosas negras, sangre, sombra, pozo, jirones, lluvia, duelo, llantos, lluvias, silencios… todo aparece un poco más crudo, un poco más áspero, un poco más triste.  

    Desde un corazón que se va diluyendo, a llantos que rompen –Me quedo como una nube que enjaulada va rompiéndose hasta llorar-, de tormentas que rugen a dolorosas despedidas:

    DESPIDIÉNDOTE

    Nunca sabré
    Dejarte ir del todo
    Mi amor
     
    Por eso
    Me despido de ti
    Poco a poco
     
    Para que no duela
    Tanto el adiós
     
    Prefiero ir
    Soltándote a trozos

    Danza Inmortal llama la atención en este tercer capítulo porque, en medio de tanta oscuridad y dolor y tristeza, aporta un punto de luz, la línea general del capítulo hace un giro puntual, y de repente se llenan los ojos de luz y brillos:

    Bailaré entre tules
    Vaporoso incienso
    Ritual de altares
    Donde está tu cielo

    -Fragmento del poema Danza Inmortal

    Para cerrar el poemario, Marta nos deja un poema precioso que aparece como el cierre de un círculo, es lluvia por dentro y parece que el alma anegada sólo desea volver a ser tierra, a la pureza, al origen:

    SOY LLUVIA

    Lluevo por dentro
    Y por fuera
    Quiero llover
    Esta nube
    Que se aferra
     
    Quiero llorar
    Y confundirme
    Hacerme agua
    De la Madre Tierra

    Versos al margen es el primer poemario de Marta Garrós Badal (Barcelona, 1966), publicado por Punto Rojo Editorial (2019). Sentimientos y emociones se entremezclan con esos tintes modernistas del imaginario y la realidad en más de sesenta poemas que configuran un poemario emotivo, mágico y auténtico.

  • Animalicémonos, de David G. Lago (Boria Ediciones)

    Animalicémonos, de David G. Lago (Boria Ediciones)

    Sólo con el título del libro, David G. Lago ya nos despierta; un título que sugiere un regreso a nuestro ser más primitivo; un título que nos pide, casi nos ordena, que volvamos a recuperar aquello más auténtico y más esencial de nuestro ser.

    Al ir adentrándose en la lectura, el lector se encuentra frente a un poemario fuerte, valiente e intenso que, con cierta crudeza, nos acerca y nos muestra la realidad de la forma más clara y directa. Nos pone de bruces frente a nosotros mismos, nos abre una ventana a la vida actual, a la frialdad a la que estamos sometidos sin darnos apenas cuenta. Y es que la jaula, a veces, somos nosotros mismos y el mundo que hemos y estamos construyendo.

    El libro se nos abre con una primera puerta, Animal Analítico, con una invitación a meditar y revisar en qué nos hemos ido convirtiendo, este animal analítico que cada vez tiene más de analítico que de animal.

    […]

    Nuestras manos crearon el planeta,
    tallaron herramientas fraternales,
    dieron luz al progreso
                                                   y dieron lumbre al arte.
                   
    Pero también crearon jaulas
    y campos de exterminio.
    Tallaron herramientas fratricidas.
    Sometieron a sus hermanos.
    Aquellas manos primitivas
    olvidaron de dónde venían.

    -Fragmento del poema Analicémonos.

    Una descripción de lo que los humanos habían sido y lo que son, lo que han sido capaces de hacer. Un valiente aviso donde se nos abren los ojos ya de entrada. Una advertencia directa de que estamos perdiendo, si no hemos perdido ya, lo más esencial. Hay que alzarse y ser capaz de regresar al origen.

    Animalicémonos. David G. Lago. Boria Ediciones

    Pasado este primer golpe/aviso, nos adentramos de lleno en el cuerpo del libro, el llamado De vestigios y olvido. Encontramos el punto de vista crítico y afilado, la degradación humana y perdición de la humanidad, que sigue avanzando sin saber hacia dónde camina, pero arrasando con ella misma y con su entorno.

    Me parece totalmente simbólico el poema con el que arranca, Poco a poco hundiremos el arca de Noé. Se nos coloca delante la pérdida, conscientemente inconsciente, de los sentidos, destacando el olfato. El olor es uno de los sentidos que más agudizan los animales para sobrevivir, para conseguir alimento, para conocer su entorno. Quizás como para hacernos recuperar ese sentido ya casi olvidado, en el poemario se destacan los aromas con mucha intensidad:

    […]

    Un olor putrefacto
    emana del asfalto.
    Las horas punta
    se volvieron aún más
    malolientes, si cabe.
    Colapsos, atascos
    frenando a los vehículos
    pero no a lo frenético.
     
    […]
    Ya nadie huele.

    Fragmento del poema Poco a Poco hundiremos el arca de Noé.

    A lo largo del libro van apareciendo diferentes animales, cigüeñas, perros, golondrinas, elefantes… como muestras de conductas, aquello que la razón nos ha ido acotando hasta hacernos parecer casi autómatas que no sienten apenas ni tienes instinto. Se sirve de sus maneras de vivir para mostrar comportamientos humanos que nos alejan de nuestra parte más natural y primitiva, como animales vivos que somos; se va sucediendo en el libro como una reivindicación de nuestra parte más animal, aquella que debemos recuperar. No está del todo perdido, más bien está olvidado.

    […]

    Vivamos
    con plena intensidad,
    con calma y embeleso.
    Vivamos plenamente.
    Vivamos
    como copulan los cochinos.

    -Fragmento del Poema Vivimos como copulan los conejos

    Incluso los cuervos, en un precioso guiño literario a Poe, aparecen para grabarnos a fuego su mensaje: <<Por favor: nunca más.>>

    Otro de los puntos que David nos muestra y destaca, en contraposición con la vida animal, es la pérdida de libertad. Algo que el propio ser humano ha ido provocando si darse cuenta (se supone…) desde que la humanidad existe. De hecho, uno de los poemas más impactantes de este poemario es Tendremos microchips bajo la piel, donde se pone de manifiesto esta falta de libertad, el control al que estamos sometidos (por la propia humanidad), la pérdida de esa concepción del ser y el libre albedrío para pasar a ser lo que quieran que seamos. Hay algo tremendamente doloroso en este pomea, y quizás sea la sensación que esta vida futura que nos plantea no está desencaminad, que este futuro que se augura no es algo tan alejado de la realidad.

    […]
    cuando llegue el momento y nos desahucien
    de nuestros propios esqueletos
    y pasen el lector
    por lo que alguna vez
    fue nuestro cuello.

    El empobrecimiento de la vida se palpa verso a verso, de una manera fría y en parte, dolorosa; sobrevivir se ha convertido en un esfuerzo y eso, inevitablemente, acarrea cierta tristeza, pues en cierto modo se entrelaza, a través de precisas pinceladas poéticas en diversos poemas del libro, con la idea de un futuro arruinado y acabado por la evolución constante tan vacía a veces de emociones; se ha perdido lo esencial, el mundo está contaminado y el ser humano, cuanto más tiene, menos natural y más pobre es.

    […]

    Al margen de la lógica,
    fuera de lugar, como el látigo
    que azota al hipopótamo
    en el circo y su círculo cerrado.
     
    Pongamos cada cosa en su lugar:
    devolvemos al agua al hipopótamo;
    llevemos al destierro al que blande su látigo:
    dejemos al obrero libre como un animal.

    Fragmento del poema Cada cosa en su lugar.

    Vemos al final de este fragmento de poema que el libre no es el individuo, sino el animal.

    Sinceramente, creo que la mejor manera de aprender todo lo que este libro pretende enseñarnos es adentrándonos en él con todos nuestros sentidos despiertos, y preparados para aprender a vivir de nuevo. Pues página tras página, David y todo un grupo de animales que llegan de su mano nos dan pequeña lecciones que han de servir para que nuestra vida vuelva a ser vida y vuelva a ser nuestra; para que aprendamos a disfrutar y comprendamos que, tal como estamos viviendo y avanzando, nos estamos perdiendo las cosas más básicas y preciosas de la vida:

    […[
    El pájaro se ríe del avión
    pues sabe que es ilógico
    volar
    con la frente plagada
    de hojas de ruta.
     
    El vuelo nunca fue lo más valioso,
    sino poder girar el timón
    a voluntad.

    Fragmento del poema El pájaro no quema queroseno.

    Este poemario no es una caricia, es un puñetazo crítico sobre la mesa que, como mínimo a mí, ha conseguido agitarme la vida, las emociones y la conciencia.

    Altamente recomendable para no perdernos del todo.

    Analicemos las señales. Retomemos la cultura.
    Icémonos como animales.
    Animalicémonos.

    Animalicémonos es el cuarto poemario de David G. Lago (Córdoba, 1981), profesor de Geografía e Historia. Su primer poemario salió a la luz en el año 2016, 33 Reflexiones que Cristo haría en mi lugar (Esdrújula Ediciones). Luego llegó Corazón Inmueble (Lastura, 2017) y posteriormente Satán es un canalla despeinado (Canalla Ediciones, 2017).

  • La poesía de Juan Carlos Camarero: Pensamientos, deseos y promesas

    La poesía de Juan Carlos Camarero: Pensamientos, deseos y promesas

    El libro de Juan Carlos Camarero, Pensamientos, deseos y promesas (2019), es el fruto de un largo proceso del autor como lector y como escritor. Según expone en el prólogo redactado por él mismo, en su vida de corriente ciudadano -padre, trabajador y jubilado- consigue detenerse a escribir en los momentos en que se siente movido a ello. Pese a que alega escribir para sí mismo o para su círculo de amigos, ha decidido dar el salto para ser leído por desconocidos por medio de la publicación de su obra, este recopilatorio de poemas, en la editorial Edición Personal/Ópera Prima (Madrid).

    Pensamientos, deseos y promesas, de Juan Carlos Camarero

    En este paso del Juan Carlos Camarero-técnico de estadística al Juan Carlos Camarero-autor literario hay indudablemente algo de valor: lo principal es esa investidura, ese cambio o evolución de uno cuando consolida un logro en el que ha estado trabajando; pero, además, no se trata de uno de los muchos entusiastas jóvenes que se dan a conocer al mundo como poetas sin haber tenido tiempo de leer, ni de escribir ni de vivir, sino de un hombre en su madurez con una larga experiencia a sus espaldas. Aunque, como se dirá más adelante, sus poemas puedan considerarse demasiado sencillos, no hay que perder de vista este referente: siempre se dilucida la persona real tras la voz poética, la cual legitima lo que dice líricamente.

    El título es bastante acertado en cuanto a la temática: pensamientos, deseos y promesas. Abundan, más bien, las reflexiones, los recuerdos, los momentos inmortalizados en la lírica que se abstrae a la sucesión temporal, pero la expresión tripartita del título remite, junto con la tónica general de todo el libro, a un poeta principalmente: Antonio Machado, poniendo como ejemplo Soledades. Galerías. Otros poemas, si bien el autor prefiere imitar el verso corto de su modelo. No tiene reparo en ocultar esta fuente; de hecho, en el poema Sevilla, dice: “La del patio sevillano / que tanto amó don Antonio, / ¿por qué no traes tu sol / a mi pobre corazón?”

    En esta línea predominan los poemas de índole puramente machadiana, enmarcados en los ya consolidados tópicos del maestro de la generación del 98: el otoño (Otoño 94, 95 y 96; Canción a un otoño que no llegó, etc.); el recuerdo y la nostalgia (Recuerdos, Nostalgia); la tarde y el crepúsculo (Unidos, Saudades, Recuerdos…), el camino y la acción de caminar (Caminar, Caminante, Camino…), los sueños (Sueños, Sueño…) y la metapoesía (Poeta, Cantor, Canciones, Copla…), entre otros. No hay nada original, realmente, en nuestro autor, pero continuar la obra de un maestro de la literatura española no implica que esta nueva producción poética no tenga suficiente calidad. Hay que subirse a hombros de gigantes: siempre va a tener algo de bueno un poema que respire tradición; las raíces más profundas hacen la obra más alta.

    Esta será la tesis que sostendremos para legitimar la calidad de Camarero. Nuestro poeta segoviano ha leído hasta el punto de hacer suyos a los mejores poetas españoles, haciendo de ellos el armazón sobre el que construir su obra, o donde arraigarse para crecer. Como decía Salinas: “En historia natural se denomina hábitat, habitación, la zona donde se cría adecuadamente una cierta especie vegetal o animal. En historia espiritual la tradición es la habitación natural del poeta” (Jorge Manrique o tradición y originalidad, cap. IV). Así, nótese cómo Camarero brota de Machado incluso en el léxico:

    “Muchas veces he querido / […] / quemar mi vida, el destino, / […] / caminando tan tranquilo”.

    Caminar, J. C. Camarero.

    Caminé hacia la tarde de verano / para quemar, tras el azul del monte…”

    Crepúsculo, A. Machado.

    “[…] escucha el rumor del viento / […] / deja que caiga la tarde / […] / desde allí verás el mar […]”.

    Caminante, J. C. Camarero.

    “Y me detuve un momento, / en la tarde, a meditar… / ¿Qué es esa gota en el viento / que grita al mar: soy el mar?”

    XIII, Soledades, A. Machado

    La recurrencia al léxico machadiano es constante, manteniendo así un imaginario común y el mismo código de símbolos y metáforas. No es casual que tanto uno como otro utilicen la tarde y otros elementos de la naturaleza como símbolo como medio de expresión de sus percepciones y sentimientos, ya que este fenómeno natural remite al hecho cronológico de la última etapa de la vida, la madurez. Igual sucede con el verano y el otoño (la mañana y la primavera siempre han simbolizado la juventud en la lírica tradicional). Esto sucede, por tanto, porque ambos poetas escriben en su madurez, con plena consciencia de ella y con la inexorable lejanía de la juventud, con lo que consecuentemente aparece la nostalgia, los recuerdos, los caminos (lo vivido como proceso diacrónico, lo recorrido, lo aún por recorrer…) y los sueños (lo deseado, no vivido, o bien lo vivido idealizado). Recuérdese el famoso poema de Machado: “Yo voy soñando caminos / de la tarde […]”.

    La naturaleza siempre aparece como reflejo del estado anímico del poeta, a veces en sintonía, otras veces en contraste. La naturaleza en Machado era la de los Campos de Castilla: austera, sosegada, humilde, la de una España vieja y reducida a sí misma tras el desastre del 98, hundida en sus propias raíces, cuyo paisaje humilde parece remitir a los vestigios de lo que fue. Así se ve uno mismo en su madurez: tras la larga carrera de la vida se contempla lo esencial, lo que siempre queda, como los atardeceres y como el mar. La emoción está, porque no hay lírica sin emoción, pero está abrazada al sosiego de espíritu, representado por los paisajes amplios y apacibles: “como el viento susurrante / que va camino del mar” (Cantor); “como el agua rumorosa / que va camino del mar” (ídem), “con las olas susurrantes” (Sentir en la playa), “cuando el manto de la noche / se adorna con mil estrellas” (La playa), etc.

    Guarda relación con este sosiego la presencia del tilo (La Fuente de los Tilos, Otoño 94). Los árboles son poderosos símbolos del inconsciente colectivo, presentes en la mitología y el arte de todas las culturas, representando cada especie un concepto. Como se sabe, este árbol, el tilo, es conocido por la infusión tranquilizante que se obtiene de sus flores. Sin embargo, hay algo más: es de los últimos en florecer, ya que lo hace prácticamente en julio (verano, ‘madurez’), en contraposición con el avellano o el almendro, que son los primeros (primavera, ‘juventud’). El tilo simboliza el ‘amor en la madurez’ y, como el símbolo en literatura nunca es monosémico, a ello se le suma el ‘sosiego, tranquilidad’. Que además el poeta mencione la fuente junto a este árbol refuerza aún más el componente amoroso, ya que la fuente, en lírica tradicional, al calmar la sed y refrescar, siempre ha simbolizado la ‘satisfacción amorosa’: “En la fuente del rosel / lavan la niña y el doncel…”, “Fontefrida, Fontefrida, / Fontefrida y con amor…”, etc.

    La identificación con la naturaleza a la manera machadiana -de emoción, de nostalgia y de calma- aparece a veces en forma de dialogismo con elementos de aquella. El poeta, en el pacto de ficción que sostiene toda obra literaria, y reconociéndose en el paisaje como espejo del alma, le habla atribuyéndole la posible animación de su propia alma, utilizando el recurso de la metagoge. Es curioso que los dos poetas utilicen el vocativo “viejo amigo”, Machado para la Sierra de Guadarrama (“¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo […]?”, en Campos de Castilla) y Camarero para el otoño (“Tú no cambias, viejo amigo, / siempre igual, tus hojas, / tus bosques, tu río, tu mar.”, Otoño 94).

    Pueden encontrarse en los poemas otros rastros de la tradición no directamente machadianos, por ejemplo:

    • La identificación del poeta-cantor con su instrumento musical, en una sinécdoque, presente en la Oda ad florem Gnidi de Garcilaso de la Vega: “Si de mi baja lira…” o en Bécquer, la Rima VII, “Del salón en el ángulo oscuro […] veíase el arpa”. Camarero repite este tópico en Canción nocturna (“Suena mi lira en la noche…”) y en Necesito (“Ya no sé si enterrar mi guitarra”).
    • La embarcación como símbolo de ‘esperanza en las pasiones amorosas’, las cuales se representan con el mar, por lo que, para navegarlo, necesitamos un vehículo, una barca. A veces una o más barcas que se divisan son esperanzas amorosas; otras veces, la barca representa la confianza en uno mismo para navegar por las pasiones (“Navega, velero mío, sin temor…”, Canción del Pirata, Espronceda). El referente claro y directo de Camarero en su poema Mi barquilla es Lope de Vega, con su célebre romancillo Pobre barquilla mía. Ambos comparten el estado de impotencia de la “barquilla” para navegar.
    • En Vida hay dos versos que combinan la escritura con el mar, señalando la imposibilidad de la tinta de marcar las vastas aguas: “porque mi pluma no sabe / abrir surcos en la mar”. Esto recuerda al poeta de cancionero Juan Rodríguez de Padrón, que ya decía en el siglo XV: “Bien amar, leal servir / […] / es sembrar en las arenas / o en las ondas escrevir”.
    • En Ven aparece el tópico de la lírica amorosa del apremio o la no tardanza del amado o la amada, muy presente en la Edad Media: “Ven pronto, amor, ven pronto”. En la poesía de cancionero, Juan del Encina dice así: “No te tardes, que me muero, carcelero…”, y Jorge Manrique, esto otro: “No tardes, Muerte, que muero” (con connotaciones eróticas). La lírica de tipo popular, anónima y todavía anterior, siempre apremiaba al encuentro amoroso: “Al alba venid, buen amigo…”. Cuanto más pronto, mejor. Y en el caso de los enamorados en la madurez, con más motivo.

    Otras veces Camarero retoma algún rasgo o vocablo de gran reminiscencia literaria en la lírica popular para alterar su significado, pero dejando entrever que se ampara en la tradición. Es el caso del uso de la palabra “amigo” o “amiga”. Desde los albores de la Edad Media el amigo era el amado, ya desde las jarchas (habib), con connotaciones amorosas y también eróticas. Sin embargo, los significados que Camarero atribuye a esta palabra oscilan entre ‘amada’ y ‘colega’: “Tendrás siempre mi cariño, / seré tu amigo leal” (Te esperaré), “Querida amiga, / cierra con fuerza tu mano, / cuando sientas la mía” (Amistad), “[…] teniendo siempre a tu lado / un amigo de verdad” (Mírame), y todo el poema Amiga. Siempre que el yo lírico se está dirigiendo a una mujer, el término “amistad” y la denominación de amigo o amiga conlleva matices amorosos.

    En relación con esto, en la lírica amorosa suele darse la llamada lírica del vocativo, la que se construye en torno al pronombre y todos los de segunda persona. Los mayores exponentes de esta lírica, por su intensidad y su belleza, son Garcilaso de la Vega y Pedro Salinas. En contraposición, la lírica también se define como la expresión del yo, de los sentimientos y emociones, partiendo de la primera persona (véase el Diccionario de términos literarios de Estébanez Calderón). Camarero se maneja con soltura en ambos polos: cabe la intensidad y el lirismo del yo lírico, y a la vez volcándose en el receptor, con el , en poemas como Recordar: “Te he buscado por los sitios / donde yo te conocí”, que coincide temáticamente con El amor difícil de Luis García Montero (“Si pudiera encontrarte…”), o en el poema Sentir (“Entre los arcos sonoros / te he sentido”), donde el amor corporal que parte del recuerdo vivido apunta a La voz a ti debida de Pedro Salinas.

    Sin embargo, el sujeto lírico, la voz que se filtra a través de la máscara del poeta, no es un ser insatisfecho. Recordemos lo dicho de emoción y sosiego en los versos de Machado. Los poemas amorosos de Camarero no claman a la desesperada (excepto Ven), sino que asumen la pérdida y meramente se dedican a pedir una tenue atención, invitando, quizá, pero no exhortando. Por eso se refiere a la amada como amiga, nada más, atenuando la aspiración amorosa y, quizá así, haciéndola más auténtica. Estos versos cargados de lirismo ilustran esta noble asunción de pérdida (Recuerdos):

    No quiero que mi canto

    llegue a tus oídos

    como un llanto,

    no es mi estilo.

    Prefiero hundir mi corazón

    en el olvido

    antes que llorar como la tarde,

    en estos versos que te escribo.

    A pesar de todo lo expuesto, podría decirse que los poemas de Camarero no son lo bastante complejos ni profundos. En cierto modo, así es. No ofrecen un desafío al lector, no se exige de él un gran esfuerzo de comprensión o de construcción de ideas, como pretende la poesía del silencio o de otras tendencias de los siglos XX o XXI. No hay metáforas difíciles ni el acostumbrado hermetismo de los poetas modernos, que en su discurso autológico sólo se comprenden a sí mismos. Pero un considerable sector de los lectores y de la crítica prefiere una poesía más impenetrable y más cargada de recursos, que ofrezca un reto al ingenio.

    Sin embargo, no hay que dejarse engañar por la poesía aparentemente tan sencilla como la de nuestro autor segoviano. Los temas que elige albergan suficiente riqueza, ya que algunos son eternos, como el amor. La forma otorga al contenido la adecuada disposición para que fluyan y suenen los versos en la mente del lector a través de una lectura íntima y silenciosa, que es precisamente lo que pretendía Machado (de acuerdo con Vicente Granados, profesor de la UNED). Camarero no abusa de la rima; deja numerosos versos sueltos. Cuando rima, lo hace sin regularidad, combinando asonante y consonante, lo que acerca la lengua poética a la lengua oral. Esta tendencia es muy común actualmente, a veces de manera intencionada y otras veces por desidia de los poetas, que prefieren no esforzarse en encajar las rimas (igual sucede con la métrica).

    Así que nuestro autor se centra en el ritmo y la musicalidad, bastante asequibles al utilizar el verso corto. Como decía Juan Victorio (UNED), en poemas polimétricos, los versos cortos sirven para concentrar y los versos largos para explayarse. La poesía de Camarero pretende ser lo más concisa e intensa posible, siguiendo quizá la estela de Bécquer; por eso los poemas nunca son largos y los versos suelen ser heptasílabos u octosílabos.

    La musicalidad la logra, a menudo, con constantes repeticiones: anáforas, paralelismos, estribillos, recurrencias léxicas… Consigue varios objetivos simultáneamente al hacer uso de distintas formas de repetición, que son: la musicalidad, la repetición de secuencias rítmicas utilizando las mismas palabras; la insistencia en los conceptos que se repiten, que quedan enfatizados al aparecer recurrentemente; y la referencia a la tradición, donde la lírica popular de las cantigas de amigo, de los villancicos y la poesía de cancionero repetían constantemente (también con función enfática y musical).

    Las preguntas retóricas también son un recurso muy sencillo que dinamiza enormemente el discurso, puesto que acoge en sí casi todas las funciones del lenguaje: expresiva, conativa, fática y poética. En poesía, a veces se afirma lo que se pregunta, otras veces se hacen preguntas sin respuesta: “¿Por qué lloras, mi barquilla, / teniendo al lado la mar?” (Mi barquilla).

    Estos recursos, junto a la claridad y a la sencillez, no estorban o incluso ayudan a la intensidad y fuerza ilocutiva de esta poesía. No hay nada desdeñable en poemas que se entienden a la primera como León Felipe, el ya citado Bécquer, el Neruda amoroso de sus inicios o de Los versos del capitán, o en el Miguel Hernández de El rayo que no cesa. Cuando Camarero dice “siento tu piel en mi piel, / en el corazón, mis penas”, queda todo dicho, con octosílabos, con repeticiones, elipsis, antítesis y el aroma de la tradición. Nada que reprochar, si lo que buscamos es compartir las emociones de una persona normal, madura, que vive y siente.

    Y es que, como decía Dámaso Alonso en Poesía española, “Las obras literarias han sido escritas para un ser tierno, inocentísimo y profundamente interesante: el lector”.

  • Un hotel de cinco estrellas sobre un cementerio, de Ale Oseguera

    Un hotel de cinco estrellas sobre un cementerio, de Ale Oseguera

    El pasado 15 de mayo, fuimos invitados a asistir a la entrega de premios de los XII Premios literarios de ediciones Oblicuas que tuvo lugar en El Rouge de Barcelona. Estos premios tienen dos categorías:

    NARRATIVAS OBLICUAS:
    (Novela, novela corta o conjunto de relatos)

    LA NUNCA POESÍA:
    (Poesía maldita y de la frontera: postromanticismo, decadentismo, simbolismo,vanguardias, deconstrucción, postestructuralismo, etc.)

    En la categoría de narrativa, el ganador fue el relato LA CIENCIA DEL VACÍO, de Javier Barraca. Relato escrito casi como un tratado en que se hubieran insertado, de forma calculada, unos puntos de fuga poéticos que dan sentido a toda la narración, tal como indicó el editor.

    En la categoría poética, UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO, de Ale Oseguera fue el poemario ganador. Según el presentador, «el poemario está escrito desde los aledaños del lenguaje, desde ese lugar limítrofe en que las palabras coquetean con el más allá de sí mismas para acabar devorando el propio espacio que habitan. Es un poemario escrito desde las entrañas con sorprendentes metáforas que buscan iluminar una certeza que se sabe perdida«.

    Ale Oseguera. Foto de Víctor Hondartzape.

    Somos inciertos.

    Los únicos infalibles

    son los muertos.

    La poeta Ale Oseguera ya fue entrevistada en estas páginas como integrante y cofundadora del grupo de poesía musicalizada Las Hermanas del Desorden y posteriormente cuando asistimos a una de sus actuaciones de Polipoesía & Rock’n’roll . Ale Oseguera nació en México y vive en Barcelona desde 2006, donde ha trabajado como periodista, locutora de radio y gestora cultural. Es autora de Tormenta de Tierra (Neopàtria, 2016, España), (La Zonámbula, 2017, México). Sus textos han sido publicados en diferentes antologías y ha colaborado como articulista en diferentes revistas como Quimera o Replicante.

    Javier Barraca, Ale Oseguera y Alberto Trinidad (Ed.Oblicuas)

    UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO es un poemario que explora emociones y sentimientos que no son disfrutables. Poemas que surgen del duelo por la muerte del padre de la poeta.

    Abrazo tus anchas camisas de cuadros

    colgadas una tras de otra en el armario,

    lloro sobre lo que sería tu hombro y dejo

    la marca pesada de mis lágrimas…

    Camisas

    Poemas que hablan solos y nos muestran de su dolor un lugar habitable del que saca belleza. Son metáforas en construcción y muchas de las imágenes que se pueden ver entre las líneas de sus versos tienen que ver con el hecho de que su padre se había dedicado al mundo de la construcción.

    He llorado sobre la cama

    hasta que las sábanas

    han podido apagar el incendio.

    La poeta ha hecho un esfuerzo de saber vivir en el sufrimiento puesto que a la muerte de su padre se añadió que un año antes había muerto el padre de su compañero. Dos muertes seguidas que le obligaron a descubrir cómo vivir con esas ausencias. Lo descubrió explorando su dolor a través de la poesía, de metáforas, de palabras, no con pastillas. La poesía como herramienta no como el resultado de una espera a la presunta visita de la ‘musa’.

    … Y nada se compara

    con el invierno eterno

    que arrastras tú pegado a los huesos.

    Este tobogán nevado que es la soledad

    Hay que reconocer que tenemos ante nosotros un buen poemario con unos textos que están muy trabajados y que no se han improvisado en una noche de dolor.

    ¡Y cuán hermosa es la esquina rota de mi tristeza!

    Tan salvaje, tan indómitamente hilvanada

    con las venas lianas de todos mis muertos.

    La belleza de un cementerio

    Ale Oseguera y José L. Regojo. El poeta Rafa Aranda al fondo. Foto de Víctor Hondartzape

    UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS SOBRE UN CEMENTERIO es fiel reflejo del empeño de Ediciones Oblicuas por estar a la vanguardia de lo que acontece literariamente hablando en la realidad que nos circunda, una editorial que tiene la vocación de estar en permanente contacto con sus lectores y con posibles autores noveles con dificultades para publicar. Por esta razón, la editorial pone a su disposición todos los medios de contacto posibles para mantener esa comunicación indispensable. Por cierto, si queréis participar en los XIII premios literarios de ediciones Oblicuas, tenéis tiempo hasta el 21 de octubre de 2019.


  • Huelga Decir, de Abel Santos (Boria Ediciones)

    Huelga Decir, de Abel Santos (Boria Ediciones)

    Abel Santos no es un poeta social, es un poeta humano y con los ojos bien abiertos. Como tal, le es imposible dejar de lado el entorno en que vive, la situación que se da en su país, en su sociedad, las injusticias que afectan al ser humano.

    Abel ha conocido la parte más oscura de la vida, pero también la más clara, la del valiente que supera los peores tramos de una existencia y sale vencedor de una verdadera lucha de gigantes. Desde esa conocedora y amplia visión del mundo a pie de calle, nos ofrece un poemario donde presenta (y denuncia) la situación de un país, de una sociedad, en la década que va desde 2008 hasta el 2018, pero no una visión global, sino una visión al detalle, mediante pequeñas y punzantes verdades.

    Esos han sido años convulsos, se han producido movimientos sociales, crisis económica de la mano de una crisis laboral, degradación de los derechos humanos, miseria… y qué tiene esto de poético, diréis; pues mucho si tenéis en cuenta que la poesía es la vida y que, como decía Gabriel Celaya, es también un arma cargada de futuro que Abel pone en sus manos y sabe muy bien cómo usar.

    Creador del llamado Realismo Bastardo, y autor de una buena colección de poemarios, de entre los que destacan Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas (2016, Chaman Ediciones), o Demasiado joven para el Blues, Antología poética 1998-2014 (2014, Eirenen Editorial), en este último poemario no deja de lado su esencia más pura, esa manera cruda y directa de mostrar, denunciar y exponer situaciones y emociones que se dan en la vida diaria. Eso sí, todo son un pequeño bálsamo que es el amor; el amor suaviza, el amor ayuda, el amor alivia y casi cura. Abel viene a decirnos que, de entre todas les miserias que componen la vida humana, siempre hay un pedacito de amor para hacerlo todo un poco más liviano; usando la famosa fase de Cohen, podríamos decir que la realidad está agrietada en la poesía de Abel, pero nos dice a su vez que por esas grietas quizás pueda entrar la luz.

    Huelga decir se nos presenta dividido en tres partes o secciones que, si bien tienen una base común, se ven bien diferenciadas: Calle Abajo, Nocturnos y Calle Arriba.

    Primera parte: Calle abajo


    […]
    A veces, en la noche de mi cuarto alquilado,
    yo me revuelvo y me incorporo
    y voy de trabajo en trabajo por días sueltos,
    porque 190 pulsaciones
    no son bastantes para las 200 que requería
    el puesto de grabador de datos.

    (Fragmento del poema Cuentas la suerte a pulso)

    Son una serie de poemas directos que muestran sin tapujos ni ornamentos innecesarios, la realidad de la vida, su parte más oscura, la frialdad, la soledad, la misera… todo quizás reducido a un cansancio y una apatía vital que arrastran los días. Abel convierte sus poemas en una denuncia del poco valor que se le da al componente humano, pero a su vez, es consciente y da la clave y la transmite para que eso no siga así: las cosas, con esfuerzo y con amor, pueden llegar a cambiar, pero hay que hacerlo.

    […]
    Uno se da cuenta
    tras empaquetar decenas de miles de relojes caros
    (junto con tus emociones más profundas),
    que el cliente no apreciará en el pedido
    nada más que el lenguaje
    de una estúpida y perfecta maquinaria.

    Hay que seguir trabajando.

    (Fragmento del poema El Encargado)

    Extrapolemos el poema; no es sólo la maquinaria de un reloj, sino el día a día. Que a veces se nos olvida que detrás de todo, hay personas, y eso hace que el mundo se convierta en algo frío y deshumanizado. La sensibilidad del poeta se ve afectada, su visión se ve herida, ser poeta, a veces cansa, y duele. Pero no pierde fuerza en ningún instante, puede llegar a estar vencido, puede sentirse desfallecer de dolor, y llora… pero luego, sigue.

    […]
    Ahora que ya saben mil maneras de morir,
    sólo hace falta que la esperanza diga
    que hay una forma de vivir.

    (Fragmento del poema Jinetes en la tormenta)

    En esta primera parte del libro nos rodea una sensación de desamparo y desaliento, mezclada con cierta esperanza que asoma escondida, con cierto espíritu de resistencia y lucha, con una pequeña voz que nos dice que no debemos dejarnos llevar ni vencer, por muy oscuro que sea todo al rededor.

    Segunda parte: Nocturnos

    […]
    Estás y no estas,
    como está mi corazón descorazonado;
    un corazón partido
    es un corazón corriente,
    una pieza clásica
    en la lírica del enamorado.

    El mío, a veces se abre y
    ama, como un puño, valiente,
    simulando entereza
    con los pedazos que me has dejado.

    (Fragmento del poema Blue en Brokenhearted)

    Si algo hemos de destacar de esta segunda parte, es el corazón; nos expone realidades desde dentro, desde una zona más emocional y más sentimental. Me atrevería a decir que quizás es la parte más privada del libro, donde Abel, a pesar de dejar siempre en sus poemas rasgos autobiográficos, deja también rasgos de su alma, de su interior más emocional.

    EL VERDADERO CLIENTE


    Tener
    siempre la razón

    no nos convierte
    en seres
    racionales,

    dice el que todo lo paga

    -lluvias,
    canciones,
    amantes-

    el verdadero cliente,
    el corazón.

    Esta parte central parece que suaviza ligeramente la crudeza habitual con un pequeño toque de lirismo, pero eso no significa que los poemas pierdan fuerza, más bien al contrario: si los poemas que constituyen Calle Abajo se clavan directos sin previo aviso, estos entran más a base de roces y sentimiento.

    […]
    te busco por esta larga
    mundial ciudad
    que nada sabe de ti

    bajo este espacio que no siente
    tu respiración y sí mi desaliento

    tú más sueño para este sueño
    de incansable delirio
    yo sólo ausencia por perseguirte
    en tu difícil lejanía.

    (Fragmento del poema Manrique 2005)

    Tercera parte: Calle Arriba

    CIRCO EDITORIAL


    -La novatada la pagamos todos.
    En cambio, ha pasado mucho tiempo;

    yo no pago dinero
    por mis poemas. Ya me conozco
    bien este mundo.

    -Somos una editorial de prestigio,
    pero son tiempos de crisis para la lírica.

    -Bien, dame entonces
    un pequeño adelanto
    y quince ejemplares de cortesía
    en calidad de autor.

    -Vaya, me monto un circo
    y me crecen los enanos.

    -Bueno, es lo que tiene montarse un circo
    con vistas al futuro. ¿O no?

    No es igual
    la poesía continúa
    que el espectáculo
    debe continuar.

    Con este poema se nos abre la puerta a la tercera parte del libro, Calle Abajo. Recuperamos los poemas de denuncia y afilados y críticos, salimos un poco de dentro y nos centramos de nuevo en el mundo exterior, aunque este no deja de ser nuestro mundo.

    Toma protagonismo la poesía en su vertiente más ‘comercial’ o ‘simple’, poniendo en evidencia el negocio de las editoriales con la poesía que ayuda y colabora, en parte, a su degradación como disciplina literaria. Llama la atención el poema el Misionero, una especie de diálogo entre la poesía y el poeta (casi sería un monólogo de la poesía que el poeta nos cuenta); un poema que se ve como una dura crítica hacia cierto tipo de ‘poesía’.

    […]
    Estoy cansada de tu estilo,
    de tus predecibles duros poemas en postura del misionero,
    de tu monocorde solo de bebop para saxo
    que no se ríe de las normas,
    de esta partida de cartas románticas sobre la cama,
    de tanta sota, caballo y rey.
    Quiero que seas brutalmente sincero conmigo, y contigo,
    delante de todo el pueblo y para el pueblo…”

    (Fragmento del poema El Misionero)

    Es una tercera parte que parece preguntarse dónde está lo auténtico, parece querer ahondar mucho más allá de la mera superficialidad en la que parece que vivimos, y adentrarse en la realidad del mundo y de la vida, buscar lo esencial y primordial que tanto parece estar dejándose de lado, ignorándose.

    […]
    Quería volver a esa época en la que había
    algunas señales entre nosotros,

    ser
    un librepensador,
    un niño,
    un vitalista;

    formar parte de las criaturas del azar,
    del conjunto que da sentido
    a todas las cosas solitarias,
    y en la calle, toparme con el rostro del amor
    o el saludo de algún viejo amigo.

    (Fragmento del poema La máquina del tiempo)

    Nos hemos detenido un poco en cada una de las tres secciones que configuran el poemario, pero hay algunos rasgos que son la esencia de la poesía de Abel Santos, y que encontramos a lo largo de todo el libro. Estos rasgos son los que, a mi parecer, le otorgan la fuerza y marcan la personalidad de sus versos, y nos dicen que no podrían haber sido escritos por otra mano que no fuera la suya: la ternura, el amor y la supervivencia se juntan y se enfrentan a la más áspera realidad, con toda su crudeza y sus miserias, y todo aderezado con un trasfondo autobiográfico dándonos así, una vez más, el inconfundible sello de su poesía.

    El libro se cierra con una sentencia clara y firme, que se convierte en los últimos versos del último poema de libro Selfie:

    […]
    Mi enfermedad: la esperanza;
    por droga la rima,
    por arrogancia la búsqueda
    de un destino con amor
    y la buena conciencia
    como síntoma de autoestima.

    Casi podríamos reducir a estos seis versos la esencia básica del todo el poemario: esperanza, poesía, búsqueda, amor y buenos actos, para que el mundo cambie, la vida mejore y la humanidad acierte el camino. Y aunque se ponga poco en práctica, es cierto que esto es algo que Huelga decir, puesto que todos lo sabemos. Pero a veces es necesario que alguien nos lo recuerde.

    No quisiera terminar esta reseña sin hacer especial mención a todos los invitados ilustres que en algún momento asoman la cabeza por entre los versos de Abel, descubriéndonos, así, algúnos de los autores o músicos que más han marcado su vida y han colaborado en hacer de Abel el poeta que es: Plath, Bukowski, Whitman, Baudelaire, Poe, Pessoa, Antonio Machado,  Cernuda, Benedetti, Celaya, Carmen Jodra Davó, Alberto Tesán, Jim Morrison, Carver, Pedro Salinas, Chopin, Picasso,  Roman Polanski, Scott Fitzgerald, Balzac, Hemingway, Neruda, Benjamín Prado, Wolfe, Will Bill Davison, Enrique Urquijo, Manolo Tena, Sílvia Pérez Cruz, Miles Davis, Javier Colina Tío, José Agustín Goytisolo, la poesía, la música… y cómo no, la vida y el ser humano.

  • «Hábitats», de Belén Olavarría (Ed. CatorceBis)

    «Hábitats», de Belén Olavarría (Ed. CatorceBis)

    Todos tenemos lugares, ambientes donde nos sentimos seguros, ese lugar donde nos quedamos y desde el que establecemos lazos hacia otros espacios. Nuestro hábitat conecta con los hábitats de nuestros semejantes para configurar lo que podríamos llamar nuestro mundo. Estos lugares, instantes, sentimientos y emociones se dan cita en Hábitats (Belén Olavarría, Editorial CatorceBis, 2018) para ofrecernos una visión más profunda de todos los pequeños mundos que configuran el mundo, desde uno mismo en su propio hábitat, hasta diferentes y diversos habitantes, con sus emociones y sus suertes.

    El poemario se nos presenta dividido en tres partes, Nuestro Hábitat, Habitantes de un lugar llamado Tierra y Un habitáculo para el romanticismo.

    PRIMERA PARTE: ESTE ES NUESTRO HÁBITAT

    […]

    Y la niebla,

    que anega el paisaje con su tupido manto,

    sólo recula ante la insistencia

    de la luz,

    el brillo,

    el sol,

    esa alegría inesperada

    que te sobrecogió por un instante.

    (Fragmento del poema Niebla en el Camino)

    Esta primera parte parece querer acercarnos al hábitat personal, donde quizás se encuentra la esencia de la persona. Es como si fuera nuestro primer período, nuestra introducción a la vida y las emociones que ello conlleva. Se nos presenta un lugar lleno de brillos, sonidos y cierto asomo de alegría mezclado con tintes nostálgicos de recuerdos. La brisa suave del verano parece abrir la cortina de flecos que nos da acceso a ese hábitat íntimo y personal:

    CORTINAS DE PLÁSTICO

    ¿Te acuerdas de cuando las puertas eran de flecos de

    plástico?, ¿y el aire caliente tocaba la escala completa

    de notas musicales sobre ellas? Esa era la brisa de la

    siesta.

    Luego estaba el viento del atardecer, nada que ver

    tenía con el anterior,

    cuando las cortinas eran atravesadas por una

    corriente melancólica y reconfortante

    que anunciaba el final del verano.

    Una brisa descarada, que penetraba por unas ventanas

    de cielo violáceo

    y jugaba a abombar solamente los flecos del centro,

    como si una señora encinta

    fuera a entrar de improviso.

    No puedo evitar leer este poema y pensar en el origen, la llegada al mundo, la naturaleza de nuestro nacimiento. Como si a partir de ese momento, entráramos en lo que será nuestro propio e íntimo hábitat y, día a día, empecemos a construir, mediante experiencias, instantes, emociones, el que será nuestro lugar en el mundo.

    Paralelamente, nos encontramos con cierta calma, con la pereza propia de las tardes calurosas, donde el aire caliente mece con calmada quietud los flecos de cualquier cortina de cualquier hogar, de nuestro hogar, para quebrarse de improviso por la entrada de una mujer encinta; quizás nuestro propio nacimiento.

    A lo largo de los poemas de esta primera parte, nos encontramos con variedad de emociones, de sentimientos, pero la gran mayoría aparecen arropados por el calor y la luz del sol, de destellos; eso la convierte en brillante, le da luminosidad y fuerza, pero de manera magistral, Belén de repente nos adentra en cierta tristeza, la melancolía de un ocaso en el que una se convierte, de nuevo, en charco en la arena.

    FUI CASTILLO DE ARENA

    Fui castillo de arena.

    En un corolario naviero

    una mañana de junio

    tuve forma de agujero.

    Una zanja anti-invasores

    de crecidas que uno no espera,

    mejor preverse ante cambios en los corazones.

    Y piscina instantánea,

    poza,

    o enterradora de los que se dejan.

    Pero al caer la tarde

    volví a ser charco de arena.

    Este poema, uno de los más preciosos del libro, creo que engloba emoción, sentimientos, imaginación, tristeza, recuerdos… es casi como una vida condensada en unas pocas líneas.

    SEGUNDA PARTE: HABITANTES DE UN LUGAR LLAMADO TIERRA

    […]

    Ahora que lo pienso

    creo haberte visto antes, allá por mi adolescencia.

    Puede que fuéramos grandes amigas

    de esas que comparten confesiones.

    Salimos a la luz del día,

    pero tú te has marchado ya.

    (Fragmento del poema El Reflejo.)

    En esa segunda parte, quizás la más intensa del libro, salimos de nuestro hábitat particular para adentrarnos en el mundo. Perdemos nuestro ‘yo’ más puro y avanzamos hacia adelante. Quizás es esa la manera de adentrarnos en la madurez, pero inevitablemente, combatiendo a veces ese deseo de mirar hacia atrás para ver si logramos vernos de nuevo.

    Es en esta parte central del libro donde encontramos poemas que presentan una mayor profundidad. Se adentra en diferentes universos o pequeños hábitats que configuran el mundo, regalándonos pequeñas ventanas desde las que podemos observar -y sentir- otros hábitats, otras emociones diferentes, más adultas, más maduras, más intensas, más fuertes.

    Vemos, por ejemplo, el poema Hábitats, que precisamente da nombre el libro; un poema intenso, con una profundidad densa que, a su vez, mezcla fuerza y ternura, y que Belén nos presenta Dedicado a todos aquellos que tienen Síndrome de Asperger, a los que tienen cualquier discapacidad y, en especial, a Laura.

    HÁBITATS

    Habitas en la luz de personas dormidas,
    ciudadanos de un hogar, llamado Tierra,
    que siempre sujetan una mano amiga.

    Habitas en los dientes de león propulsados por el aire,
    en las lanas tejidas por insectos
    que resplandecen al sol,
    en el agua de lluvia que recogen las aceras
    y que no es más que un espejo,
    en las fórmulas complejas que recoge tu libro
    y que tan poco te cuestan recordar.

    Habitas en tu armario y en tu ropa,
    la que odias elegir cada día,
    en el cepillo que peina tu pelo y al que tampoco
    gustas visitar.
    Habitas en tus virtudes y flaquezas,
    en la fragilidad de tus evidencias,
    en la posibilidad de que yo también tenga debilidades,
    en el ocultismo de mi realidad.

    Compañero incansable que devora mis días,
    soy habitante de tu reino.

    Habitas en la luz de personas dormidas.

    Diferentes hábitats nos son expuestos, enseñándonos que hay muchos mundos que confluyen en ese lugar llamado Tierra. Sin embargo, son poemas que no escapan del realismo y de la actualidad, tocando temas tan en auge hoy como la inmigración; en el poema ¿Dónde está mi hogar?, un poema desgarrador, sutil e intenso, expone la soledad, el dolor, la valentía y a menudo el desconcierto que supone el verse sin hogar, en lugares extraños y con gente extraña:

    […]

    Sin embargo, el tiempo pasó

    y en las pieles de otros observé la soledad.

    Crecía como una ortiga en un arriate de petunias,

    y me pregunté cómo ellos sobrevivían a aquello,

    dónde estaría su hogar;

    si ya no les quedaba nada en este mundo,

    si no había un espacio,

    un momento, persona o rutina

    que el tiempo no les hubiera arrebatado.

    <<Sólo se tienen a sí mismos>>, pensé.

    Y ese es su verdadero hogar.

    (Fragmento del poema ¿Dónde está mi hogar?)

    TERCERA PARTE: UN HABITÁCULO PARA EL ROMANTICISMO

    LA CUEVA

    Debajo de tus hombros hay una cueva.

    Justo entre tu nuca y tu columna,

    donde sólo a media tarde accede el sol

    y el color de una toalla turquesa bajo tu piel

    imita los reflejos que el agua cubierta proyecta sobre

    la piedra,

    y la piedra eras tú.

    Esta tercera parte se nos presenta más suave y más, quizás, emocional que las otras dos. Sentimientos como la identidad, la memoria, la nostalgia más tierna, se encuentran en estos poemas para, como dice el título, constituir un habitáculo para el romanticismo. Y es que sentimientos los hay casi en todas partes, en todas las emociones, y a veces quizás sólo debemos querer sentirlos:

    […]

    A veces la felicidad se encuentra en los momentos,
    en las circunstancias que les dieron paso:
    una ilusión,
    un pensamiento,
    un deseo.

    (Fragmento del poema Veinticuatro de Diciembre)

    Encontramos recuerdos, encontramos princesas, encontramos poesía, encontramos fecha navideñas, encontramos alma, aromas, sentimientos… ganas de sentir, de vivir, de amor:

    HABLÁBAMOS DE AMOR

    Algún día hablábamos de amor
    y fue primavera,
    que abandonó la estación
    más lúgubre del año.

    Estábamos en plena era del milenio,
    veríamos los vientos por ser diferentes y peculiares,
    adorábamos perdernos entre la gente desconocida
    y ser “otros”,
    beber del cielo
    que nació fundente en la mañana con carne de juerga,
    desplomarse en la piel del sofá,
    y robar momentos a la vida
    perenne por llegar.

    Hablábamos de amor
    y el futuro era presente.
    Lo único que amé en la vida eras tú,
    la única razón de existencia
    que encontré para quedarme.

    Dijimos que brindaríamos
    por nuestra permanencia al momento,
    por no sucumbir al instante,
    al miedo fugaz que a veces nos amenaza.

    Tuve que amar antes la idea de mi vida
    para encontrar en ti la paz,
    y fue tan cierto como bello
    que cuando más me quise a mí misma
    más difícil me supo amar.

    Este pequeño habitáculo para el romanticismo esconde aquellas cosas que, aun sin poderse ver ni tocar, casi sostienen el mundo. Es un final emotivo, sentido y bonito para un libro que nos pasea por multitud de emociones, de personas, de lugares, de hábitats que, al final, configuran el mundo.

    «Hábitats» (Editorial CatorceBis, 2018), es el segundo poemario de la sevillana Belén Olavarría. Y lo recomiendo.

  • «Correspondencias», de Juan Antonio Gallardo

    «Correspondencias», de Juan Antonio Gallardo

    Juan Antonio Gallardo, poeta y también escritor de relatos, artículos y canciones, nos muestra en su libro “Correspondencias” una selección de poemas donde lo común se despliega y se exhibe. Poemas de palabras y versos sencillos, que te acercan a la cotidianidad del poeta. La cafetería de la esquina, el autobús de las 8, el bullicio de la vida y del día a día. Habla del mundo más próximo, del mundo inmediato y de los recuerdos que los momentos especiales van marcando en su rumbo y en su futuro.

    «Correspondencias», de Juan Antonio Gallardo

    Como indica el título, es como una correspondencia mantenida entre el autor, como poeta y el  autor, como hombre del día a día. Visión clara y transparente, sin florituras, de las inquietudes y vicisitudes de la vida.

    Buen contador de pequeños momentos reales, más relatados que versados, es fácil ver las escenas que nos muestra en cada poema.

    VISITA

    «A veces miro las fotografías,

    a mi hijo le encanta mirarla.

    A mí no me gusta nada,

    sólo lo hago porque cuando él viene

    las deja desordenadas

    y a mí me toca ordenarlas”.

    Así se lo dijiste

    y era casi una canción

    involuntaria

    y triste.

    Se recrea en las pequeñas escenas del barrio, de los conocidos y vecinos que transitan y van a sus destinos diarios, o de esas caras anónimas con las que nos encontramos cada día.

    POESÍA (fragmento)

    Creo que ya he tenido

    la oportunidad de escuchar,

    tan temprano, el  poema

    más hermoso de la jornada.

    Ha venido este regalo de parte de un niño,

    seis o siete años,

    que iba de la mano de su padre,

    cargado con la mochila

    y rumbo al colegio

    con esa cara de confusión

    y de sueño que llevan los niños

    a esas horas de la mañana.

    Pasea por el tiempo y por los retratos de momentos vividos, desde la naturalidad y la prosa poética, haciendo bonitos guiños a la infancia y los recuerdos.

    LA SILLA

    Mi hermano dibuja un hombre

    que trata de sentarse en una silla.

    Ha convertido mi hermano

    la delicada geometría de los cuerpos

    (Uno inerte, el otro vivo;

    los dos muertos sobre el folio dibujado)

    en un estupor del espacio.

    Mi hermano tiene ocho años y yo nueve,

    ninguno de los dos ha sabido

    dibujar a un hombre vivo.

    Sin embargo, la silla

    se retuerce sobre sí misma

    y danza sobre sus cuatro patas.

    En las sillas de aquella casa

    jugábamos mi hermano y yo

    a mirarnos fijamente el tiempo justo

    hasta que la risa nos hechizaba

    y el que antes se reía era

    el paradójico perdedor.

    No quiero pensar que hoy,

    repitiéramos el reto de mirarnos

    seriamente.

    No sea que al final nadie gane.

    No sea que al final nadie juegue.

    No sea que al final nadie ría.

    En otras ocasiones engalana un instante sencillo con versos dulces y suaves, dejándonos ver una poesía ligeramente adornada, que acaricia y motiva a seguir leyendo.

    MADRE DEL AGUA (fragmento)

    No romper este frágil equilibrio

    que nos mantienen en pie y alertas

    como los ejércitos en la tregua,

     dormitando en el vivac

    con un ojo abierto y otro cerrado.

    La higuera del campo al que vamos

    estaba hace unos meses

    cargada de frutos y de hojas,

    engalanada y fértil y reservaba

    de los rigores del sol de septiembre.

    Es un libro especialmente recomendable para aquellas personas que aún no conocen demasiado la poesía, pues es una buena forma de acercarse a ella y encontrarán en él una bonita prosa poética y una poesía de matices suaves. También para los amantes de los relatos cortos de estilo realista y costumbrista, o aquellas personas a las que no les gusta la poesía demasiado cargada de metáfora o lirismo. En definitiva, un libro de agradable lectura.