Violeta Savu. Poeta, dramaturga y performer nacida en Bacău, Rumania; licenciada en matemáticas, es miembro de la Unión de Escritores de Rumania y editora de Ateneu (la revista cultural más prestigiosa del país), donde colabora con crítica literaria y ensayos de bellas artes. Su obra poética comprende cinco libros: Refugii în lyric (Refugios en la lírica, 2004), Atocmiri (Forjando rimas, 2006), Din depărtare el mă vedea frumoasă (Desde lejos él me veía hermosa, 2011), Franjuri (Flecos, 2016) y su más reciente publicación, O bucată de zi în mijlocul nopţii (Un trozo de día en plena noche, 2025). En su faceta teatral, fue galardonada por la obra Clara și Robert. Hârtie cu portative, que reconstruye la historia de amor de los Schumann, y presentó su espectáculo unipersonal Je suis Frida (poema dramático) en el Simposio Internacional de Moinești en 2019; además, es autora del prefacio de la colección de arte internacional “Deliver-ME” de Mia Nazarie y Maja Engler.

Prefacio

Cómo me hubiera gustado al amanecer

lavarme las mejillas con agua de manantial

guardada en la botella que alguna vez perteneció a la abuela.

Por la mañana, el agua fluye con un sonido monótono

me pongo rímel en las pestañas frente al espejo

arcoíris esféricos se multiplican y luego fluyen

entre mis dedos.

No todo muere, los colores se adentran

en mi cabello oscuro y mi mente

regresa a la infancia,

a la casa de los abuelos,

de la que solo quedan fotos antiguas.

No quiero saber por qué, por las mañanas,

tras la muerte de mi abuela,

si miro más profundamente en el espejo,

veo el rostro del hombre que se marchó a pintar iglesias.

El áspero susurro

de la mochila

levantada sobre los hombros

un tren, un sueño de Rublev, un niño

y yo en un vapor

de otro mundo

te imagino.

Camisa

En la película L’Avventura, de Antonioni, una mujer le regala una camisa a su mejor amiga.

Lo entendí: las manos de la primera mujer tanteando el sedoso tejido, el olfateo de los aromas

que quedaban en la tela, la torpeza de la otra mujer

cuando finalmente aceptó el regalo… Todo ello era un ritual de renuncia.

Anoche me enviaste una foto de un aniversario.

durante toda la noche me atormentó el deseo

de desvestir a tu mujer.

Ahora es de mañana, volví a ver la foto

y la crueldad de la luz cambió mi estado de ánimo.

Imagino mis manos poniéndose la camisa,

dándole al ritual un significado inverso.

Portón cerrado

El portón estaba cerrado. Las barras de hierro forjado, los huestes, la campana, en el poste con capiteles blancos, defectuosos.

En el silencio de la noche, los ojos hipnóticos del perro negro me clavaban la mirada. Despertado de su sueño, el guardia se acercó y abrió el portón.

El hombre con el que estaba entró en el patio, mirándome continuamente, con intensidad.

Fuertes mecanismos de separación se fijaron a mis resortes internos.

Hasta que dentro de mí, sobre mí misma, en silencio, me cerré.

Amado mío, ahora tengo el valor de escribirte, de decirte:

entonces debiste recomponerme, en la dirección opuesta a como lo haces

con las mujeres que pules en los frisos de las iglesias.

Traducción al español por Mariela Cordero


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