Categoría: Poetas mujeres

  • 3 Poemas de Helenara Fernandes, poeta brasileña

    3 Poemas de Helenara Fernandes, poeta brasileña

    Helenara Fernandes es brasileña, nacida en Bagé, Rio Grande do Sul. Es Pedagoga, Psicopedagoga, especialista en Enseñanza en la Educación Superior, posgraduada en Inteligencia Socio-Emocional, escritora y poeta.  Busca a través de las artes y en cada pensamiento poético la capacidad de sintetizar y profundizar, con virtuosismo filosófico cada poema o frase que plantea y crea. Parte de su obra poética puede leerse la página de instagram, @arte.poesiaefrase. 

    Distancia

    Los cometas brillan cuando oigo el eco de su voz

    en cada pensamiento, en la belleza de la noche y en la luz de la luna

    tu mirada brilla y en la distancia del infinito te siento

    mi vida es un encanto, en cada sueño te encuentro

    el Olimpo está lleno de estrellas que brillan en el horizonte

    mi paraíso tiene tu nombre, tu ausencia me hace fuerte

    mi felicidad tiene el más dulce aroma

    suave como la lluvia que cae y moja mi rostro

    en cada gota de rocío renace mi deseo

    flota en mi corazón como nubes 

    la naturaleza abraza la hierba,

    la esperanza se encuentra en nuestra verdad

    el amor supera cualquier distancia.

    La fuerza del amor

    Aunque pudiera volar al cielo

    aunque pudiera descifrar todos los enigmas del universo

    lo cambiaría todo por tu amor

    eres el mayor de todos los dones

    Va más allá de la vida

    es tan hermoso como las olas que cruzan el océano

    es tan hermoso como la belleza de la luna

    que ilumina el mar y alegra los sueños.

    Tu amor me enseñó a ser fuerte

    tu sonrisa me trajo paz.

    tu alegría me inspira.

    tu mirada me hace capaz

    El amor vence al dolor,

    se necesita valor para sentir

    necesitas fe y convicción

    necesitas amar y ser digno de ser amado.

    *

    Todo es temporal

    Lo que realmente importa

    son los valores del alma.

    Que logremos encontrar la felicidad

    en las cosas sencillas, para ser más tolerantes

    respetar a los demás, tener empatía y compasión.

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 poemas de Jana Orlová, poeta checa

    3 poemas de Jana Orlová, poeta checa

    Jana Orlová (1986) es una poeta checa y artista de la performance. En el extranjero, publicó un libro de poesía en polaco, ucraniano y rumano, así como un libro electrónico en inglés en la India. Sus poemas se han traducido a varios idiomas, como el chino, el español, el árabe, el bielorruso, el hindi o el italiano. Obtuvo el «Breakthrough Act Award» en 2017 en el Festival Next Wave por «cruzar los límites de la literatura, las bellas artes y el teatro con naturalidad y facilidad». Obtuvo el Premio Dardanica en 2020. Su obra puede verse en www.janaorlova.cz.

    Regalando el cuerpo

    Temes a los objetos en silencio

    y el cuerpo está en el ruido que me rodea

    me guías, observando los dedos

    te sientas y regalas

    el cuerpo que va.

    ***

    Sueños claros como tumbas abandonadas

    la noche es tranquila, te araña la pantorrilla

    abres lo que quieres tener

    ***

    Caronte es un músculo ocioso

    que no me deja dormir

    Caronte es una carne atormentada

    un erótico giro del miedo

    Caronte, el esclavo alfa.

    Foto de Jana Orlová por Marek Novotný.

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 Poemas de Márcia Batista Ramos, poeta brasileña

    3 Poemas de Márcia Batista Ramos, poeta brasileña

    Márcia Batista Ramos, Rio Grande do Sul, Brasil, 1964. Es licenciada en Filosofía por la Universidad Federal de Santa María (UFSM)- RS, Brasil. Radicada más de cuarto siglo en Bolivia, en la ciudad de Oruro. Es gestora cultural, escritora y crítica literaria. Ha publicado entre otras obras: Mi Ángel y Yo (Cuento, 2009); La Muñeca Dolly (Novela, 2010); Consideraciones sobre la vida y los cuernos (Ensayo, 2010); Patty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX (Esbozo Biográfico)–Latinas Editores (2011)

    El reverso del verso

    Todo podía transformarse en verso

    los secretos

    los mapas

    mi voz

    los amaneceres

    los relámpagos

    las dudas

    los sueños disformes

    y el silencio.

    pero después

    yo intentaba adivinar

    los lugares

    los domingos amarillos

    las palabras en la garganta

    las tempestades nocturnas

    la melancolía que se amontona

    y el silencio.

    Entonces el verso escapaba

    huía.

    La ciudad

    La ciudad es un espacio de la memoria

    donde los padres y abuelos moran en las casas de barrio

    los profesores y los taxistas (trabajan)

    mientras los otros (espían)

    la ciudad es un espacio profano

    tiene un centro antiguo

    donde las niñas (ahora) muertas

    caminaban como hienas en la jaula (sonriendo)

    la ciudad es un espacio sagrado

    tiene iglesias y catedrales

    ángeles en las plazas

    y niños (muertos)

    que ya no regresan

    la ciudad es un espacio de inmolación

    los automóviles

    los camiones

    las motocicletas

    los asaltantes

    y las drogas

    la ciudad es un espacio contradictorio

    bocinas y sirenas

    silencios aturdidos

    selva con lobos

    terreno de sacrificios

    intentos de adivinar la noche

    insectos venenosos

    bonitos edificios

    flores heridas

    montañas de saudades

    la ciudad es terreno de combate.

    Esquina

    Un millón de transeúntes por día

    para cada uno (una locura)

    para cada locura (una angustia)

    un millón de aromas

    para cada olor (un miedo)

    un millón de sonidos

    en su único poste (silencio)

    un millón de dolores

    procesiones de humanos

    (sin nombre)

    (sin sexo).

  • Jessica Brahin : /Entre sístole y diástole/

    Jessica Brahin : /Entre sístole y diástole/

    Jessica Brahin ( @jbrahin) es una poeta argentina (Córdoba), que llegó a Poémame, hace pocos meses.

    Su mensaje de presentación, ya deja claro lo fluido, hermoso y único que es su forma de sentir y expresar.

    .

    /Entre sístole y diástole/, escribo como si me fueran a amputar las agallas.

    .

    Desprovista de tópicos, su poesía tiene más de visceral que de simple fluir de palabras. Engrandece al verbo y al ojo que lee le regala un mundo rico en matices.

    Es que en todo ego engordado

    hay un “yo” desnutrido;

    y en el almacén de la sospecha,

    las reservas ya fueron hechas.

                    (fragmento de su poema : “ Terapia carnal”)

    .

    Títulos y textos contundentes que te hacen leer,  y releer, para ver más allá de las primeras imágenes que el lector de poesía ve al sumergirse por primera vez en un poema. Palabras con imágenes incrustadas que permiten ver un mundo (otros mundos).

    .

    Hijaputez

    Vinimos a ser felices

    y lo olvidamos en el camino.

    Eso de jugar con la erótica

    de las sombras

    para maridar benevolencia

    con hijaputez,

    derrocha nata.

    ¡Ay! La yesca indómita…

    Gracias

    /por arderme la vida/

    y no.

    Éramos felices y no lo sabíamos.

    Bebiendo agua para enjuagar la boca

    y vino para besar el alma

    con palabras tachadas de sonidos.

    En tanto exista una oveja esquilada

    que tiemble de frío,

    y un hombre que antes de derrumbarse -ya-

    viva entre escombros,

    la única muerte que envejecerá

    /sin cavar su propia tumba/

    será un puñado de migas.

    Desgrana sentimientos y regala sentido en cada verso. Es locuaz y aguda, algunas veces con aguijón incluido. Se regala, te atrapa y ya no puedes dejar de leer siempre que nos enseña un nuevo poema.

    Perfidia

    Hoy des-conocí-

    a la persona más increíble

    que jamás conoceré.

    Es un atleta

    de la perfidia y

    cotiza en bolsa.

    Financia su

    mugre vitalicia,

    se drena en el

    índice del valor barato

    y se acredita en un hiato.

    Si devalúan

    sus acciones,

    invierte en

    abrazos prosaicos.

    Mutante vertebrado

    de la poética

    de lo extraño.

    Sus falanges están

    en todas partes.

    La temperatura

    de la indiferencia

    también.

    Puede que lo descubras

    en el ritual del brote,

    cuando la deconstrucción

    se encuentre en los detalles.

    Mientras lustra

    su perfidia,

    corro

    con lobos y

    no formo parte

    del circo.

    Te recomiendo que pases, por su rincón, no te dejará indiferente.

  • Alda Merini, poeta italiana

    Alda Merini, poeta italiana

    Alda Merini (Milán, 21 de marzo de 1931 – Milán, 1 de noviembre de 2009)  fue una escritora y poeta italiana.

    Tras Tu sei Pietro comienza un periodo de silencio y aislamiento, debido a su internamiento en el Hospital Psiquiátrico Paolo Pini, que dura hasta 1972 (con periodos en los que volvía a la casa familiar, durante los cuales nacieron otros tres hijos, entre otros su predilecta hija Barbara).

    «Cuando sale el sol lamento amargamente no haber pecado»

    Hasta 1979 se alternaron los periodos de salud y enfermedad. En 1979 Merini vuelve a escribir: nacen en este momento sus textos más intensos, en los que narra sus experiencias en el hospital psiquiátrico. El libro se titulará La Terra Santa y será publicado en 1984 por Vanna Scheiwiller.

    «Se va a un manicomio para aprender a morir»

    En 1981 muere su marido y la poeta se queda sola. En este periodo entabla una relación telefónica con el poeta Michele Pierri que, en aquel momento difícil de su retorno a la literatura, había demostrado apreciar su poesía. Se casa con él en octubre de 1983 y se traslada a Tarento, donde vive durante tres años. En este periodo escribe los veinte poemas-retrato de La gazza ladra (La urraca ladrona, alusión a una famosa ópera homónima de Rossini); también escribió numerosos textos para Perri. También en Tarento terminó L’altra verità. Diario di una diversa (La otra verdad. Diario de una distinta). Siempre frágil, en Tarento también tuvo problemas psiquiátricos.

    «Dormí Soñé que no estaba en este mundo»

    En 2000 aparece Superba è la notte (Soberbia es la noche, Einaudi) con el conjunto de poemas escritos entre 1996 y 1999 que la autora envió al editor Einaudi y a Ambrogio Borsani. Al no ser posible ordenarlos cronológicamente (las obras no estaban fechadas), los editores decidieron publicarlos por afinidad temática y estilística.

    «Eres en verdad un manto poderoso una playa inmensa»

    La obra de Merini deriva a partir de estos años hacia una profunda religiosidad de carácter místico, alentada por su trato con Arnoldo Mosca Mondadori, quien editó los versos de la poeta en la editorial Frassinelli: a L’anima innamorata (2000) le siguen otros libros con este carácter, tres de los cuales tienen un prólogo de monseñor Gianfranco Ravasi: Corpo d’amore (2004), Poema della croce (2005) y Francesco, canto di una creatura (2007). Todos los textos de carácter religioso de Merini se publicaron en la editorial Frassinelli y estuvieron al cuidado de Arnoldo Mosca, estrecho colaborador de la poeta a partir de 2000.

    «Señor debes devolverme lo que te he dado mi dimensión de mujer mi desconfianza»

    El pájaro de fuego

    El pájaro de fuego

    de mi mente enferma,

    este gorrión gris

    que habita en lo profundo

    y con su pío

    siempre me hace temblar

    porque parece indefenso,

    necesitado de amor,

    a veces tiene una voz

    tan tierna y nueva

    que bajo su triunfo

    dicto el poema.

    Hay noches que no ocurren nunca

    Hay noches

    que no ocurren nunca

    y tú las buscas

    moviendo la boca.

    Después te imaginas sentada

    en el lugar de los dioses.

    Y no sabes decir

    dónde está el sacrilegio:

    si en el repudio

    de la edad adulta

    —que nada perdona—

    o en el afán

    de ser inmortal

    para vivir infinitas

    esperanzas de noches

    que no ocurren nunca.

    Huida de loba

    A quien me pregunta

    cuántos amores he tenido

    le respondo que mire

    en los bosques para ver

    en cuántas trampas ha quedado

    mi pelo.

  • 3 Poemas de Bozena Helena Mazur-Nowak, poeta polaca

    3 Poemas de Bozena Helena Mazur-Nowak, poeta polaca

    Bozena Helena Mazur-Nowak nació en Polonia, en Opole, y desde 2004 vive en el Reino Unido. Ha publicado once volúmenes de poesía: cuatro en polaco y cuatro en inglés, y uno en telugu, griego e hindú. También escribe en prosa y ha publicado dos novelas y algunas colecciones de cuentos. Su obra puede encontrarse en más de 100 antologías y revistas de todo el mundo. Ha ganado numerosos concursos de poesía y ha recibido diversas distinciones entre ellas el de Doctora Honoris Causa por una Mujer de Paz del Foro Internacional de la Creatividad y la Humanidad establecido en el Reino de Marruecos y la Asociación Mil Mentes por México. También es traductora y su poesía ha sido traducida a más de 20 idiomas.

    después de la puesta de sol, llega otro amanecer

    en el advenimiento de la mañana las manos temblorosas

    pasan con delicadeza las páginas de un breviario

    en silencio, las letras dispersas forman palabras

    que se convertirán en polvo al caer la noche

    el sol poniente envía sus saludos a las estrellas

    no hay rastro de la lluvia de ayer

    lo que haya pasado ya no importa

    y las lágrimas de hoy se secarán antes de que llegue otro amanecer

    hacia el sol

    Desaparezco chocando contra las rocas de la vejez

    en jirones de páginas arrancadas de libros

    busco los sueños de ayer

    días tristes y noches llenas de espera

    amor, dolor, credo, una cama vacía,

    puerta abierta por la que nadie entró

    y no rompió el corazón virgen

    el tren de los pensamientos no dichos llegó

    iré sin boleto en mi último viaje

    gotas de rocío

    el viento rasgó las vestiduras del río

    las gotas de lluvia brillan como perlas

    en los rizos oscuros de tu anhelo

    tus susurros revolotean en las pestañas

    el viento te envolverá suavemente en mis brazos

    y te despertará con gotas de rocío en los párpados.

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 Poemas de Sara Montaño Escobar, poeta ecuatoriana

    3 Poemas de Sara Montaño Escobar, poeta ecuatoriana

    Sara Montaño Escobar Licenciada en psicología general. Coordinadora de Editorial Unicornias. Obtuvo el premio de poesía organizado por Casa Editorial del Municipio de Cuenca (Ecuador, 2021), el segundo premio en poesía en el concurso literario internacional Carlos Giménez (España, 2021) y dos menciones de honor en el concurso de poesía Ileana Espinel Cedeño (Ecuador, 2019-2021). Su taller “Clínica de poesía: Píldoras de poesía en la arena del cuerpo” fue seleccionado como uno de los proyectos ganadores de la Escuela del Festival Internacional de Artes Vivas (Instituto Ecuatoriano del Fomento y la Creatividad, Ecuador, 2021) y fue seleccionada en la residencia Virtual Atelier Poético (Organización de Estados Iberoamericanos, 2022). Ha publicado los poemarios Enseñanzas (Liberoamérica, Argentina, 2019), conversaciones nocturnas con la sombra de mi madre (Editorial Perniciosa, Argentina, 2019) y la Impúdica Humanidad de lo Sagrado (Casa de la Cultura de Loja, 2021). Redactora de la organización internacional la Ninfa Eco. Coordinadora del performance “Historia de mujeres: poesía, danza y música” (Loja, teatro Bolívar, 2021), coautora de la obra teatral “Mujeres lunares” (Colectiva Juntas somos resistencia, 2021). Forma parte de antologías nacionales e internacionales. Publicada en varias revistas nacionales e internacionales como New York Poetry Review y Círculo de poesía, Digo Palabra, Le mia noir, entre otras.

    El silencio de las cosas simples

    Dije héroe para reconocerme forastera

    de la salvación de mi carne

    dije ídolo y seguí hundiendo

    mis manos en la tierra

    dije tantas cosas para amortiguar

    la deidad de la nada

    en mis actos.
    Ahora callo

    para que el silencio haga justicia

    a lo oculto

    detrás del lenguaje.

    Callo la sed y el hambre

    para no morir por palabra

    sino por la verdad de su carencia.

    Santos humanos

    Mi madre es un santo

    que escucha de mi miedo

    y reza

    para seguir fingiendo

    que no piensa en su dolor

    cuando le hablo de los míos.

    Mi madre de ojos cerrados

    cuando oye caer mi llanto

    como un río

    que intenta acercarme a ella.

    Un santo que me mira

    y sueña ser humano
    en mi naufragio.

    Perseverancia poética

    Las flores se marchitan.

    Los árboles se rompen.

    El paisaje en invierno

    es una marcha fúnebre

    de vida.

    Yo sigo intacta

    inamovible.

    Hago el duelo eterno

    para que el poema
    exista.

    Estos poemas pertenecen al poemario «La impúdica humanidad de lo sagrado».

  • Adrienne Cecile Rich

    Adrienne Cecile Rich

    Adrienne Cecile Rich (16 de mayo de 1929, Baltimore, Maryland-27 de marzo de 2012, Santa Mónica, California), más conocida como Adrienne Rich, fue una poeta, intelectual, crítica y feminista estadounidense. Recibió numerosas distinciones desde el principio y a lo largo de su carrera. W. H. Auden elogió y prologó su primer libro de poemas en 1951.

    Algunos de estos premios fueron incluso rechazados por ella: en 1974 cuando le otorgaron el Premio Nacional del Libro, Rich rehusó recibirlo de forma individual y se unió a otras dos poetas feministas nominadas, Alice Walker y Audre Lorde, para aceptarlo en nombre de las mujeres “cuyas voces aún no se han escuchado en un mundo patriarcal”. En 1997 lo mismo, rechazó la Medalla Nacional de las Artes como protesta contra el gobierno de Bill Clinton, porque la poesía y la lucha fueron, para ella, una misma cosa.

    A lo largo de seis décadas de producción incesante, Rich atravesó un camino de exploración poética y autorreflexión, cuestionando el modo en que la tradición literaria masculina y el patriarcado habían dejado a las mujeres.

    «Puesto que no somos jóvenes, las semanas tienen que contar

    por los años que perdimos. Así y todo, solamente esta peculiar distorsión

    del tiempo me dice que no somos jóvenes.

    ¿Acaso a los veinte alguna vez caminé por la calle a la mañana

    con los miembros flameando de la más pura alegría?

    ¿O me incliné desde una ventana sobre la ciudad

    a escuchar el futuro

    con los nervios afinados, como escucho tu llamada ?

    Y tú, tú te acercas a mí con la misma cadencia.

    Tus ojos son inmortales, la chispa verde

    del lirio a principios del verano,

    el berro verdeazul que lavó la primavera.

    A los veinte, sí: pensábamos que íbamos a vivir para siempre.

    A los cuarenta y cinco, quiero conocer incluso nuestros límites.

    Te toco sabiendo que no nacimos ayer,

    y de algún modo, cada una va ayudar a la otra a vivir,

    y en algún lugar, cada una va a ayudar a la otra a morir.»

    «Si has creído que este escombro es mi pasado

    hurgando en él para vender fragmentos

    entérate de que ya hace tiempo me mudé

    más hondo al centro de la cuestión

    Si crees que puedes agarrarme, piensa otra vez:

    mi historia fluye en más de una dirección

    un delta que surge del cauce

    con sus cinco dedos extendidos»

    «El grito

    de una voz ilegítima

    Ha dejado de escucharse, por ende

    se pregunta a sí mismo

    ¿Cómo es que existo?

    Éste era el silencio que quería romper en vos

    Tenía preguntas pero no ibas a responder

    Tenía respuestas pero no podías usarlas

    Esto es inútil para vos y quizás para los otros.»

    «Mientras en esta ciudad parpadean las pantallas

    con pornografía, vampiros de ciencia ficción

    y asalariados doblándose bajo el látigo,

    también hay que caminar… nada más, caminar

    entre la basura mojada, con las crueldades

    de nuestros barrios en primer plano.

    Tenemos que entender que nuestras vidas son inseparables

    de esos sueños rancios, del borboteo del metal, de esas desgracias

    y de la begoña roja que destella peligrosamente

    en la cornisa de un edificio de seis pisos

    o de las chicas de piernas largas que juegan a la pelota

    en el patio de la escuela.

    Nadie nos imaginó. Queremos vivir como árboles,

    sicomoros llameantes en el aire sulfúrico,

    moteados de cicatrices, pero floreciendo con exuberancia,

    con nuestra pasión animal enraizada en la ciudad.»

    «Me despierto en tu cama. Sé que estuve soñando.

    Mucho antes nos separó la alarma, y estás

    desde hace horas en tu escritorio. Sé lo que soñé:

    nuestra amiga, la poeta, entra en mi cuarto

    donde llevo días escribiendo, hay borradores,

    carbónicos y poemas desparramados por todas partes,

    y quiero mostrarle un poema

    que es el poema de mi vida. Pero dudo,

    y me despierto. Me besaste el pelo

    para despertarme. Soñé que eras un poema,

    te digo, un poema que le quería mostrar a alguien…

    me río y vuelvo a soñar otra vez

    con el deseo de mostrarte a todos los que amo,

    de andar juntas sin reservas

    con el impulso de la gravedad, que no es simple,

    que arrastra un largo trecho al plumerillo en el aire exhalado.

    «Este departamento lleno de libros podría partirse en dos

    bajo las mandíbulas gruesas y los ojos saltones

    de los monstruos: una vez que abres un libro, te tienes que enfrentar

    al lado oscuro de todo lo que amaste–

    el estante y las pinzas listos, la mordaza

    con la que hasta las mejores voces tuvieron que mascullar,

    el silencio que entierra en la arena del desierto

    a los niños no deseados —mujeres, desviados, testigos.

    Kenneth me cuenta que ordenó los libros de modo

    que mientras escribe puede ver a Blake y a Kafka;

    sí, y todavía hay que ajustar cuentas con Swift,

    que aborrece la carne de las mujeres pero les alaba la mente,

    con el terror de Goethe por las madres, con Claudel vilipendiando a Gide

    y con los fantasmas —sus manos entrelazadas por siglos—

    de las artistas que murieron en el parto, de las sabias calcinadas en la hoguera,

    siglos de libros sin escribir, apilándose detrás de estos estantes;

    y todavía nos tenemos que quedar mirando la ausencia

    de los hombres que no debieron, y de las mujeres que no pudieron, hablarle

    a nuestra vida— este hoyo aún sin excavar

    llamado civilización, este acto de traducción, este medio-mundo.»

  • Meira Delmar: poeta colombiana

    Meira Delmar: poeta colombiana

    Nacida en Barranquilla, Colombia, como Olga Isabel Chams Eljach, es mundialmente conocida por su nom de plume Meira Delmar. Hija de una familia de origen libanés.

    La poesía formó parte de su vida desde edad temprana.

    Su admiración por grandes poetas de Suramérica, como Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y Delmira Agustini, se dio a conocer a temprana edad. Ellas la inspiraron a seguir los pasos de la poesía, sin embargo, ella misma reconoció que no fueron una influencia precisa en su obra, en su forma de comunicarse.

    Su obra poética estuvo cargada de nostalgia y melancolía. Describió temas intensos, viscerales e íntimos, como la muerte, el amor, el dolor y la ausencia. En su poesía se lee ese eterno dolor de lo que se anhela y no se consigue, de lo que nunca podrá ser.

    Recibió varios reconocimientos por su poesía, como la Medalla Gran Orden del Ministerio de Cultura de Colombia y el Premio Nacional de Poesía. En su honor se creó Premio nacional de Poesía Meira Delmar, cuya primera entrega se efectuó en 2008.

    Falleció el 18 de marzo de 2009.

    Dejo este amor aquí…

    Dejo este amor aquí

    para que el viento

    lo deshaga y lo lleve

    a caminar la tierra.

    No quiero

    su daga sobre mi pecho,

    ni su lenta

    ceñidura de espinas en la frente

    de mis sueños.

    Que lo mire mis ojos

    vuelto nube,

    aire de abril,

    sombra de golondrina

    en los espejos frágiles

    del mar…

    Trémula lluvia

    repetida sin fin sobre los árboles.

    Tal vez un día, tú

    que no supiste

    retener en las manos

    su júbilo perfecto,

    conocerás su rostro en un perfume,

    o en la súbita muerte de una rosa.

  • María Zambrano Alarcón

    María Zambrano Alarcón

    María Zambrano Alarcón (Vélez-Málaga, Málaga, 22 de abril de 1904 – Madrid, 6 de febrero de 1991) fue una intelectual, filósofa y ensayista española Su extensa obra, entre el compromiso cívico y el pensamiento poético, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX, tras un largo exilio. Ya anciana, recibió los dos máximos galardones literarios concedidos en España: el Premio Príncipe de Asturias en 1981, y el Premio Cervantes en 1988.

    «(…)Yo no sabía

    que una persona pudiera ser así,

    al modo de la música,

    que posee porque penetra

    mientras se desprende de su fuente,

    también en una herida.

    Se abre la música sólo en algunos lugares

    inesperadamente, cuando errante el alma sola,

    se siente desfallecer sin dueño.

    En esta soledad nadie aparece,

    nadie aparecía cuando me asenté en mi soledad última;

    el amado sin nombre siquiera.

    Alguien me había enamorado allá en la noche,

    en una noche sola, en una única noche hasta el alba.

    Nunca más apareció. Ya nadie más pudo encontrarme.»

    DELIRIO INCRÉDULO

    «Bajo la flor, la rama;

    sobre la flor, la estrella;

    bajo la estrella, el viento.

    ¿Y más allá?

    Más allá, ¿no recuerdas?, sólo la nada.

    La nada, óyelo bien, mi alma:

    duérmete, aduérmete en la nada.

    Si pudiera, pero hundirme…

    Ceniza de aquel fuego, oquedad,

    agua espesa y amarga:

    el llanto hecho sudor;

    la sangre que, en su huida, se lleva la palabra.

    Y la carga vacía de un corazón sin marcha.

    ¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.

    Y que no lo recuerdes. Era tu gloria.

    Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha

    en el soplo de tu aliento.

    Mira en tu pupila misma dentro,

    en ese fuego que te abrasa, luz y agua.

    Mas no puedo.

    Ojos y oídos son ventanas.

    Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;

    no llego hasta la Nada.»

    EL AGUA ENSIMISMADA

    «El agua ensimismada,

    ¿piensa o sueña?

    El árbol que se inclina buscando sus raíces,

    el horizonte,

    ese fuego intocado,

    ¿se piensan o se sueñan?

    El mármol fue ave alguna vez;

    el oro llama;

    el cristal, aire o lágrima.

    ¿Lloran su perdido aliento?

    ¿Acaso son memoria de sí mismos

    y detenidos se contemplan ya para siempre?

    Si tú me miras, ¿qué queda?”