Reseñas

  • Han cantado bingo de Lana Corujo

    Han cantado bingo de Lana Corujo

    Empecemos desentrañando de qué va Han cantado bingo de Lana Corujo. La historia se desarrolla en las Islas Canarias durante los noventa y pico años que vive la protagonista. Desde su niñez, hasta la vida adulta y madura nos va dando pinceladas de su vida, retazos de sus traumas y nos revela poco a poco un misterio que tiene en vilo a toda su familia. El telón de fondo es «el Ahorcado», un volcán que la observa y la persigue, del cual ella intenta huir, pese a sentirse observada en cada movimiento que hace.

    ¿Es esta una historia original y novedosa tal y como rezan muchísimas opiniones de bookstagram? No. Negativo. Ni siquiera se acerca a nada novedoso, a mi parecer. Empiezo mencionando que la autora es «escritora e ilustradora» según Google. Esto ya debió de ser un signo de alerta para mí. No es la primera ilustradora que leo que intenta escribir y, en mi opinión, no atina. Pero esto solo son prejuicios míos.

    Centrémonos en el porqué de mi pésima nota a esta novela de apenas 184 páginas. Voy a ir punto por punto desgranando mi más sincera opinión en cuanto a todo lo destacado en los comentarios positivos que he leído de ella.

    En primer lugar, quisiera destacar la poca profundidad en varios niveles: personajes que no evolucionan. Teniendo en cuenta que la historia tiene retazos desde los 2 años hasta los 90 de la protagonista, esta no evoluciona. No supera nada, no deja ir el trauma, simplemente sigue en sus trece durante todos sus 90 años de vida. Además, solamente conocemos la visión de la protagonista. No conocemos la de nadie de su familia más que por algunos diálogos sueltos, lo cual hace que los personajes se diluyan en toda la novela y solo quede la protagonista, dando vueltas (por cierto) al mismo tema una y otra vez.

    En segundo lugar, muchos lectores destacan su «lenguaje poético». No sé muy bien si es que la gente no ha leído mucha poesía o no distingue el lenguaje poético del simple uso de adjetivos, pero la falta de alguna figura retórica es muy patente. Incluyo aquí otro punto destacable en el uso del lenguaje que es la sencillez de este: frases cortas y simples a lo largo de páginas y páginas de la novela. Este tipo de lenguaje se utiliza para agilizar, dar velocidad al texto que, si lo juntamos con el poco desarrollo de los personajes, nos ofrece una novela fragmentada e inmediata. Parece hecha para el público de las redes sociales, que solo es capaz de prestar atención durante 10 segundos seguidos. Los capítulos son de máximo dos páginas. ¿No nos da esto una idea de la vertiginosa velocidad que requiere esta novela? No hace falta procesar nada, no pasa más que un evento durante toda la novela en torno al cual esta da vueltas y vueltas y divaga y sigue pensando a sus 30, a sus 40 y a sus 90 años la protagonista. ¿De verdad es esta novela el gran fenómeno del año? Permítanme dudarlo.

    Pasemos al siguiente punto: las «inspiraciones» o, según yo, plagios de otros libros. 

    ¡Aviso de spoiler!

    – Carcoma de Leyla Martínez: he establecido el paralelismo de la casa en Carcoma y el volcán en Han cantado bingo. En ambas, pretende crear un ambiente de terror psicológico y actúa como ente monstruoso que persigue, engulle y acecha a las protagonistas. Pero mientras en Carcoma se hace de manera magistral, Corujo no llega a crear el ambiente idóneo para que el elemento sobrenatural tenga suficiente fuerza para darnos mal rollo. Es un quiero y no puedo. Queda diluido entre diálogos absurdos que no aportan nada a la trama y cavilaciones de la protagonista. Alguien mencionaba el realismo mágico… Para que haya realismo, tiene que haber descripción y esta novela carece de una descripción elaborada para poder ofrecer al lector la sensación de no entender si es real o no lo que está leyendo. Todo un chasco.

    – La casa al final de Needless Street de Catriona Ward. De aquí se inspira en la discusión de ambas hermanas. En ambos libros, la mayor está harta de que le encasqueten siempre a la pequeña y discutan, le digan algo feo y la pequeña se vaya corriendo. Después de reflexionar, la mayor va a buscarla y se da cuenta de que ha pasado algo terrible, lo que hace que viva atormentada por la culpa toda su vida. Además, en  La casa al final de Needless Street la hermana hace algo con ese trauma, intenta buscar respuestas, investiga, toma las riendas de la situación, en cambio, en Han cantado bingo, pese a estar atormentada (supuestamente) la hermana mayor no hace absolutamente nada relativo para desentrañar el misterio. Simplemente lo recuerda a lo largo de sus 90 años, se lamenta y sigue con su vida. ¿Es esto creíble? Eso que lo responda cada uno.

    – En el lado salvaje de Tiffany McDaniel. Esta es la «inspiración» más descarada: padres negligentes adictos a alguna sustancia (unos al alcohol y los otros a las drogas), una abuela que intenta paliar el trauma de las dos hermanas, hacerles la vida más llevadera. Abuela como salvadora. Volvemos a las dos hermanas. A una le pasa algo terrible y la mayor se culpa toda su vida, traumatizada, sentimientos de inferioridad, búsqueda de algo, vacío. De hecho, En el lado salvaje está mucho más desarrollado y la historia tiene pies y cabeza. Aquí no. Aquí no desarrolla nada, rellena páginas de diálogos absurdos que no aportan absolutamente nada a la trama. Para una muestra de ejemplo: 

    Sí, esto es todo un capítulo que no dice absolutamente nada que no haya dicho tropecientas veces antes. Apreciamos aquí también otro de los puntos que la gente alaba: la forma de escribir. El hecho de que cada personaje tenga una tipografía (subrayado, negrita, paréntesis, cursiva…) distinta no es ninguna novedad en literatura, pues ya a principios del s.XX surgió la corriente futurista que precisamente hacía esto en poesía. 

    Cada capítulo está acompañado de un número que representa la edad de la protagonista cuando ocurre lo que se cuenta en él. Quizás esto sea algo más novedoso, pero tampoco le veo nada que aplaudir a esto, la verdad.

    ¡Fin del spoiler!

    Por último, y esto es una sensación personal que pongo entre comillas, me pareció que el dibujo del volcán con ojos era una imitación burda del sombrero del Principito. Hay muchísimos estilos de dibujo y todos los lectores sabemos de este dibujo en particular. No pude evitar pensar en él cuando lo encontré en esta novelita.
    Ahora les toca a ustedes juzgar el libro. ¿Qué les ha parecido?

  • El verso hecho grito

    El verso hecho grito

    “La mala costumbre de morder el polvo” de Rosa Galdona.

    En 1873, Arthur Rimbaud escribió Una temporada en el infierno. Ahora, más de siglo y medio después, Rosa Galdona recoge en La mala costumbre de morder el polvo el testigo del joven poeta francés y transforma aquel tormento íntimo y personal en otro más amplio y colectivo, para advertirnos de que la temporada no ha terminado y de que ese infierno no es solo una metáfora, sino el paisaje cotidiano en el que habitamos, un lugar cada vez más duro, más asfixiante, más despiadado.

    Este poemario es, ante todo, un grito, un estallido de rabia que no busca consuelo sino despertar. Aquí no hay espacio para la pasividad ni para la cómoda distancia del espectador. “No me pidas que me calle”, nos dice la poeta, y cada verso es un golpe contra la indiferencia, una sacudida, un desafío que pretende empujarnos a dejar de mirar hacia otro lado, a abandonar la idea de que las miserias que nos rodean son tan solo una “mala costumbre” de aquellos que se empeñan en “morder el polvo”, como si fuera posible no hacerlo.

    La voz de la poeta despliega un “catálogo de desesperanza” sacando a la luz un conjunto de vidas silenciadas que, desde los márgenes, reclaman presencia, dignidad, justicia: desde los sintecho hasta los espaldas mojadas; desde los náufragos de las pateras hasta el jornalero que sobrevive en la pobreza más absoluta; desde la joven saharaui hasta el niño ecuatoriano que comparte con ella un futuro incierto y oscuro.

    Con una lucidez absoluta, Rosa nos recuerda que  “la barbarie se instala en la casa” porque el horror no es exclusivo de los que vienen de otras orillas y porque en esta “perfecta sociedad” donde “nos comemos nuestro propio cordón umbilical” se acumula la mugre de la prostitución, la indiferencia del viajero que prefiere no mirar detrás de las rutas más turísticas, la hipocresía ante la explotación y la trata de personas, el silencio de los telediarios o la falta de equidad entre el hombre y la mujer, entre otras inmundicias.  

    En este escenario donde “El mundo entero hiede/ a maldad”, donde incluso “los ateos se santiguan”, no hay cabida para el victimismo. La poeta se yergue desafiante (“¡Tócala otra vez, Satán, / que aquí sigo, de pie!”) y recurre al sarcasmo como una forma de enfrentarse al horror. Así, el poema de la patera se disfraza de anuncio de lujo (“agua natural con gas”), y la presencia de los sintecho se convierte en una imagen “violenta” que incomoda a quienes se refugian en la cobardía del confort.

    La crítica a la religión y a la justicia también está presente en estas páginas. La poeta le reprocha a la iustitia que aún haya “gente sin pan”, mientras un dios con minúscula, decepcionante, es interpelado con una mezcla de reproche y desdén. Pero esta crítica no nos exculpa ni como sociedad ni como individuos: la poeta nos recuerda que todos, incluida ella misma, hemos sucumbido a la docilidad y la cobardía.

    Sin embargo, ante el vértigo de la desesperanza —el miedo de verse caer y la tibieza de no haber actuado—, se levanta la certeza de que la palabra puede salvarnos: “El estallido del verso”, “Bendita tú, palabra”.  Es en esa fe última en el lenguaje donde el dolor puede, tal vez, encontrar alivio.

    En las últimas páginas del libro, la poeta baja la voz. El grito se transforma en súplica, en oración. Rosa Galdona busca la serenidad, pero no anula la rabia sino que la convierte en conciencia y vislumbra una esperanza: no en los poderosos ni en los dioses, sino en el diferente, en el que resiste. 

    En los tiempos que vivimos, donde la indiferencia parece la norma, Rosa Galdona nos recuerda que la poesía, como forma de rebelión, quizás sea lo único capaz de iluminar el infierno más oscuro.

  • Donde la sed: La escritura como territorio del duelo (Sarai Delgado)

    Donde la sed: La escritura como territorio del duelo (Sarai Delgado)

    Hay libros que se leen y libros que se atraviesan. Donde la sed, de Sarai Delgado Montoro, pertenece a esta segunda categoría. No es un poemario concebido para ofrecer respuestas ni para construir un discurso sobre la muerte. Es un viaje hacia uno de los territorios más difíciles de habitar: el de la ausencia. Un libro donde la palabra intenta acercarse a aquello que, por naturaleza, parece resistirse a ser nombrado.

    Desde las primeras páginas comprendemos que la escritura ocupa un lugar esencial para la autora. El prólogo funciona como una auténtica poética personal. Escribir no aparece como un ejercicio intelectual, sino como una forma de escucha. La incorporación de las reflexiones de Ada Salas resulta especialmente pertinente, pues ilumina el modo en que este libro ha sido concebido: la poesía nace primero como intuición y solo después encuentra las palabras capaces de sostenerla.

    La autora afirma que escribir es dialogar con uno mismo. Sin embargo, conforme avanzamos en la lectura descubrimos que ese diálogo termina convirtiéndose también en conversación con quienes han conocido la pérdida. El dolor individual se transforma en una experiencia compartida. Esa es una de las mayores virtudes del libro: nunca cae en la confesión sentimental. Lo autobiográfico se abre hasta convertirse en un espacio donde cualquier lector puede reconocerse.

    El propio título constituye una poderosa metáfora. Donde la sed no designa un lugar físico, sino un estado del alma. La sed representa el deseo de aquello que ya no puede recuperarse, la memoria que persiste y el vacío que acompaña al duelo. Toda la obra gira alrededor de esa imagen inicial, que va ampliando sus significados conforme avanzan los poemas.

    La estructura responde a un recorrido emocional muy coherente. La propia autora habla de tres momentos: la aparición del espacio, el final de la vida y el tránsito hacia la muerte. Esa organización apenas necesita explicarse, porque el lector la percibe de manera intuitiva. Cada poema constituye un paso más en un mismo itinerario interior.

    Uno de los rasgos más destacados de Donde la sed es su apuesta por la condensación. Sarai Delgado escribe desde la depuración del lenguaje. Sus poemas son breves, contenidos y construidos sobre la sugerencia más que sobre la explicación. No pretende describir el dolor, sino rodearlo mediante imágenes capaces de hacerlo visible sin agotarlo.

    Las preguntas aparecen una y otra vez: «¿Cuándo se desaparece?», «¿Tiene olor el final?», «¿Quién lo elige?». No buscan una respuesta racional. Expresan la incertidumbre propia del duelo y recuerdan que la poesía no existe para resolver el misterio, sino para acompañarlo.

    El universo simbólico constituye otro de los grandes aciertos del libro. Agua, sed, río, lluvia, semillas, árboles, viento, tierra, oscuridad o golondrinas forman una red de imágenes de gran coherencia. La naturaleza nunca actúa como un simple escenario. Se convierte en el lenguaje con el que la autora expresa aquello que las palabras no alcanzan a decir de manera directa.

    Especialmente significativa es la presencia del agua. El río evoca el tránsito, la lluvia limpia sin borrar la memoria y la sed representa esa falta que permanece incluso cuando el tiempo parece haber cumplido su tarea. Son símbolos que dialogan entre sí y sostienen la unidad del poemario.

    Algunos versos alcanzan una notable intensidad mediante imágenes de gran fuerza evocadora. «Tengo un enjambre de abejas en los ojos» convierte el sufrimiento en una experiencia física. «Hay un coágulo en mi pecho y una semilla que no florecerá» resume en muy pocas palabras la fractura que deja la pérdida. Son imágenes que permanecen en la memoria del lector mucho después de cerrar el libro.

    También merece destacarse el papel del silencio. No aparece como una simple ausencia de sonido, sino como el lugar donde la palabra adquiere profundidad. El poema surge precisamente de esa tensión entre lo que puede decirse y aquello que siempre permanece fuera del lenguaje.

    En algunos momentos pueden percibirse afinidades con poetas como Ada Salas, Chantal Maillard o José Ángel Valente. No se trata de imitaciones, sino de una misma voluntad de acercarse al misterio desde la desnudez expresiva. Sin embargo, Sarai Delgado posee una voz propia, reconocible por la importancia de la naturaleza y por una sensibilidad capaz de transformar los elementos cotidianos en símbolos del duelo.

    Como toda primera obra, el libro deja entrever posibilidades de desarrollo. En ocasiones, la extrema condensación hace que algunos poemas concluyan cuando el lector desearía permanecer un poco más en ellos. Esa impresión no disminuye el valor del conjunto; al contrario, pone de manifiesto la existencia de una voz con un imaginario sólido y con un amplio margen de crecimiento.

    El cierre del poemario resulta especialmente significativo. Tras atravesar la oscuridad, la autora no propone una superación del dolor, sino una forma distinta de convivir con él. La ausencia permanece, pero también permanece el amor. Esa esperanza nunca aparece formulada de manera enfática; surge como una luz discreta que acompaña al lector hasta la última página.

    Donde la sed es un libro escrito desde la verdad emocional. No busca impresionar mediante artificios formales ni convertir el sufrimiento en espectáculo. Su fuerza reside en la honestidad, en la coherencia de su universo simbólico y en la capacidad de convertir la experiencia íntima en una emoción compartida.

    Con este primer poemario, Sarai Delgado Montoro demuestra poseer una voz auténtica y una notable intuición poética. Su escritura invita al silencio, a la contemplación y a la escucha. Y nos recuerda que, aunque la poesía no pueda vencer a la muerte, sí puede ofrecernos un lugar donde el dolor encuentre finalmente un nombre.

  • DON DE LA INVOCACIÓN, de Raúl Gimeno. Ed. Rilke, 2026

    DON DE LA INVOCACIÓN, de Raúl Gimeno. Ed. Rilke, 2026

    Cuando una se adentra en este primer poemario de Raúl Gimeno, no puede evitar sentirse
    agradecida por tener delante una voz poética tan madura y con un estilo tan depurado. Ofrece
    un rincón de paz y tranquilidad aparente, que luego se aviva removiendo sensaciones e
    invitando a la introspección. Se trata de una propuesta literaria sorprendentemente sólida,
    desprovista de artificios y con una quietud inquieta sobrecogedora. Y ahí se nota que Raúl ya
    habita en el territorio de la palabra desde hace tiempo, puesto que el poemario destila una
    seguridad impropia de las óperas primas de otros autores.

    El ojo el huracán de Don de la invocación, desde mi punto de vista, reside en la atmosfera
    introspectiva que viste todo el poemario. El libro se convierte en un espacio donde no hay
    ruido, donde una se puede recoger en el silencio y el propio pensamiento. Ahí se ve, en cierto
    modo, su formación, puesto que Raúl Gimeno es licenciado en Filosofía, y sus poemas no
    huyen de esta influencia, sino que la cogen, la transforman y la acercan a la mente del lector
    para invitarle a la reflexión; es como si los poemas fueran concebidos como una puerta para
    acceder a aquello invisible que sostiene el pensamiento y el viaje hasta el interior de una
    misma, donde la invocación se deviene un grito hacia el interior, usando una honestidad
    tremenda hacia el propio ser.

    Así, a medida que una va avanzando, se da cuenta que la poesía de Raúl es profundamente
    meditativa, que se acerca al vacío y al silencio, acercando la tradición mística con un tinte de
    contemporaneidad. Cada palabra parece absolutamente estudiada, no falta ni sobra nada, y no
    contiene adornos innecesarios que puedan confundir o distraer al lector; de ahí que la
    concentración ha de ser máxima, y se ha de estar dispuesto a dejar el mundo de lado para
    adentrarse en sus poemas, y hacer que resuenen en nuestro propio interior y en nuestra más
    profunda intimidad.

    Un dios no nacido del dolor no está capacitado

    para amar.

    Un dios que multiplica imágenes, ¿no será

    también el reflejo?

    En este viaje hacia uno mismo, el autor se acerca al sufrimiento como una condición
    indispensable para la empatía sagrada y la trascendencia; usa el dolor y lo muestra como
    aquella llave que nos permite conectar en la manera más pura, con los demás y madurar
    espiritualmente. La divinidad, en estos versos, se despojó de dogmas para fundirse con la
    experiencia humana más íntima, tal como el propio Gimeno plasma con lucidez.

    Esa madurez de la que hablaba al principio no sólo se percibe en el tono y estilo de los versos
    de Raúl, sino en la particular arquitectura que tiene el poemario. El autor casi propone un
    juego visual y conceptual muy potente cuando decide añadir una serie de textos al margen que
    flanquean los poemas. No se trata de notas explicativas ni aclaraciones académicas, sino una
    serie de pequeños textos que casi se convierten en una segunda voz de los poemas.

    A mí me da la sensación que ayuda a generar un diálogo íntimo dentro de cada poema, como
    si el autor conversará consigo mismo o nos diera libre acceso a una parte de sus pensamientos
    en voz baja, como un susurro, pero que aporta riqueza a la lectura y aportando, por qué no
    decirlo, una experiencia más intensa, más completa y más original.

    Me gustaría destacar también otro punto del poemario, y es que el libro transita entre
    opuestos que se acaban encontrando: ausencia y presencia, palabra y vacío, la finitud de la
    carne y la trascendencia. Para eso, Raúl Gimeno usa un vocabulario depurado y hermoso, con
    un remarcado simbolismo poético. Palabras como fuego, silencio, espejo, herida o luz se
    repiten pero no de manera azarosa, sino como luceros que guían al lector a través de su propia
    conciencia.

    Un lenguaje limpio, sin barroquismos, donde cada palabra nace casi de la necesidad real de
    comunicar aquello inefable.

    Resumiendo, Don de la invocación es una de esas pequeñas sorpresas literarias que no suelen
    encontrarse tratándose de primeros poemarios. Raúl ha huido de caminos fáciles y ha
    construido con las palabras más puras y desnudas un refugio de silencio y pensamiento, lejos
    del mundanal ruido. Es un libro que precisa atención y que el lector ponga de su parte para
    poder vivirlo al máximo. Un debut maduro, honesto y valiente que no solo promete una sólida
    trayectoria para su autor, sino que regala al lector un espejo indispensable donde mirar su
    propia intimidad.

  • Poesías de sangre, Lange Aguiar (Fuerte Letra Ed. 2025)

    Poesías de sangre, Lange Aguiar (Fuerte Letra Ed. 2025)

    Presidente de Acte Canarias desde enero de 2026. Asociación de la que fue el Tesorero desde febrero de 2024.

    Coordinador de la Tertulia Escribamos en La Laguna. Conductor del programa de Acte Canarias «Letras que hablan», en Onda Aguere-Radio Geneto.

    Miguel Ángel Díaz Hernández, nació en 1952, en Icod de los Vinos, Tenerife.

    Forjó su futuro simultaneando sus estudios con el trabajo, realizando su carrera universitaria como psicólogo en la Universidad de la Laguna.

    Lange es el nombre con el que comienza a escribir desde muy joven y que mantiene a lo largo de su vida literaria, sin embargo, en el mundo social y profesional es más conocido como Miguel Díaz.

    Muchos poemas sociales y de denuncia fueron escritos por él en los años difíciles de la dictadura, formando parte de periódicos clandestinos. También publicó en la desaparecida Tarde, periódico vespertino más importante de Tenerife durante décadas, vieron la luz algunos de sus versos. Otros poemas, más intimistas, filosóficos o religiosos, formaron parte de obras de teatro y montajes poéticos en su pueblo, o en las diferentes organizaciones en las que militó durante muchos años.

    Lange Aguiar, como escritor, evoluciona, dejando atrás su silencio de años y ahora nos ofrece unos poemas libres rompiendo toda norma y estructura. Sus últimos poemarios «Ser de luz, hijo de la tierra» y «Retazos del ser» son una expresión máxima de este sentir.

    En 2024 publica con la Editorial Fuerte letra, y dentro de la Colección Teide, su novela «Leugim».

    En 2024 le fue concedido el Premio Pablo Neruda del instituto panamericano de las letras, el premio Mundial Smart Lion Gold a la excelencia literaria de de Ecuador

    En 2025 publica dos libros dentro de la Colección Anaga, en su Biblioteca personal «Letreando»: Poesías de sangre y Susúrrame cuentos mágicos.

    CENTELLEANTES, PERSISTENTES 

    FURIOSAMENTE 

    MARTILLEAN 

    LOS GOLPES, 

    MALOLIENTES POR VIEJOS, 

    EN MI CEREBRO… 

    Así empieza, en 1972, el libro que presentamos hoy. Un poemario que recopila los poemas que Lange escribió en su adolescencia: Poesías de sangre (Poemas de antaño). 

    Tienen la rabia y la frescura de los años setenta. El autor ha querido mantener, sin cambios, el estilo que tenía en aquella época. Los retoques de hoy no representarían lo que el Lange adolescente quería transmitir con su poesía. 

    En el año 1973, su poesía pasó a ser algo más optimista ¡SIENTO LA VIDA CADA VEZ CON MÁS FUERZA! ¡SIENTO LA MUERTE CADA VEZ MÁS LEJOS! 

    Poesías de sangre es una colección de poemas escritos entre Icod de los Vinos, La Laguna y Madrid entre los años 1972 y 1976. Una época convulsa y comprometida. En el libro leemos poemas que reflejan emociones profundas, intentan averiguar el sentido de la vida, la espiritualidad perdida, … 

    En el año 1974, tiene necesidad de correr: MI VIDA CORRE DEPRISA BUSCANDO UN REFUGIO, BUSCANDO UN VENENO… VENENO DE AMOR, REFUGIO DE ENCUENTROS… 

    Poesía de un joven de 20 años que se está construyendo a sí mismo. Un viaje que nos hace retroceder 50 años en el tiempo y nos ubica en una realidad social, política, económica y religiosa durante el franquismo. 

    En el año 1975 tiene una crisis religiosa: LA FE ¿QUÉ ES? DIME:¿TENGO YO FE? 

    Quizás, no lo sé, fruto de ese esfuerzo por sobrevivir y entender la vida desde la pobreza y la dureza del trabajo y el estudio diarios. 

    El poemario acaba en 1976 con un poema que define al Lange de ahora y que, de paso, sirve para felicitarnos la Navidad: ORACIÓN DE AMOR. 

    La portada es una imagen del propio autor, pero modernizada por su hijo, Yrichen Bencomo. 

  • Versos contra el silencio: una lectura desde dentro

    Versos contra el silencio: una lectura desde dentro

    Antes de comenzar estas líneas, considero necesario aclarar desde qué lugar están escritas. He coordinado y editado esta antología y también participo en ella como autor. Soy consciente de que esta circunstancia impide la distancia crítica que podría aportar un lector completamente ajeno al proyecto. Probablemente no sea la persona más indicada para emitir un juicio definitivo sobre el valor literario del libro. Sin embargo, sí puedo ofrecer una mirada cercana a su proceso de gestación, a las voces que lo integran y a las intenciones que le dieron forma.

    Por ello, estas páginas no pretenden ser una crítica académica ni una valoración objetiva en sentido estricto. Son la reflexión de alguien que ha acompañado esta obra desde su nacimiento y que ha tenido la oportunidad de leerla y releerla durante meses, observando cómo se iba construyendo un espacio común entre autores muy distintos.

    Versos contra el silencio reúne a treinta y cinco escritores procedentes de diferentes lugares, generaciones y trayectorias vitales. Algunos cuentan con una amplia obra publicada y una presencia consolidada en el ámbito literario; otros se acercan a la escritura desde espacios más personales o comunitarios. Esta diversidad constituye una de las características esenciales del volumen.

    La antología no responde a una escuela poética determinada ni pretende ofrecer una muestra representativa de las tendencias actuales de la poesía en lengua española y catalana. Su propósito es más sencillo y, al mismo tiempo, más ambicioso: reunir voces distintas en torno a la palabra poética como forma de expresión, comunicación y compromiso humano.

    Uno de los aspectos que llaman la atención al recorrer sus páginas es la amplitud temática. El amor ocupa un lugar destacado, como ha sucedido tradicionalmente en la poesía de todos los tiempos. Aparece bajo múltiples formas: amor apasionado, amor ausente, amor maduro, amor recordado o amor convertido en refugio frente a la fragilidad de la existencia.

    Junto a él encontramos otros temas recurrentes: la memoria, la identidad, el paso del tiempo, la naturaleza, la amistad, la pérdida, la enfermedad, la esperanza o la búsqueda espiritual. Muchos poemas nacen de experiencias íntimas, pero logran trascender lo individual para dialogar con preocupaciones compartidas por cualquier lector.

    Especialmente significativa resulta la presencia de textos que miran más allá de la experiencia personal para abordar cuestiones sociales y humanas. La guerra, la migración, la exclusión, la soledad o la necesidad de convivencia aparecen en diversos momentos del libro, recordando que la poesía puede ser también una forma de atención hacia aquello que sucede fuera de nosotros.

    Otro elemento relevante es la convivencia natural entre castellano y catalán. Ambas lenguas comparten espacio sin jerarquías ni divisiones, reflejando una realidad cultural que forma parte de la vida cotidiana de muchos de los participantes. Esta pluralidad lingüística aporta matices distintos y enriquece el conjunto sin romper su unidad.

    La heterogeneidad es, probablemente, una de las principales fortalezas y también uno de los desafíos de la obra. El lector encontrará estilos muy diversos: desde poemas de corte más tradicional hasta propuestas más simbólicas o experimentales; desde voces que privilegian la emoción directa hasta otras que buscan una elaboración formal más compleja.

    Como ocurre en toda antología colectiva amplia, no todos los textos responden a una misma concepción de la poesía ni persiguen idénticos objetivos estéticos. Algunos lectores podrían considerar esta diversidad una limitación. Otros encontrarán precisamente en ella uno de los mayores atractivos del libro. En cualquier caso, constituye una de sus señas de identidad más evidentes.

    Una de las particularidades de Versos contra el silencio es la inclusión de una segunda parte titulada Una mirada que acompaña. En ella se ofrece una breve aproximación a cada uno de los poemas incluidos en la antología. No se trata de establecer interpretaciones definitivas ni de explicar los textos, sino de proponer posibles puertas de entrada para el lector.

    La intención de este apartado ha sido acompañar, no dirigir; sugerir, no imponer. Cada poema conserva su autonomía y su capacidad para generar lecturas diferentes. Los comentarios aspiran únicamente a señalar algunas imágenes, emociones o temas que pueden ayudar a profundizar en la experiencia de lectura.

    La tercera sección, dedicada a las biografías de los autores, completa el carácter coral del proyecto. Más allá de los poemas, permite descubrir las trayectorias humanas que los sostienen. Profesores, filólogos, abogados, cocineros, gestores culturales, empresarios, investigadores, jubilados o profesionales de ámbitos muy diversos encuentran en estas páginas un lugar común desde el que compartir su mirada del mundo.

    Quizá uno de los aspectos más valiosos de esta experiencia haya sido comprobar que la poesía sigue siendo capaz de crear comunidad. En un tiempo marcado por la fragmentación y la velocidad, la escritura continúa ofreciendo espacios donde escuchar y ser escuchado. Este libro nació precisamente de esa voluntad de encuentro.

    Pero esta comunidad no termina en quienes escriben ni en quienes leen. Versos contra el silencio incorpora desde su origen una dimensión solidaria que forma parte de su identidad. Todos los beneficios obtenidos con la venta de la antología se destinan a Fundació Arrels, entidad que acompaña a personas que viven o han vivido en situación de sinhogarismo, ofreciéndoles apoyo, atención y oportunidades para reconstruir su proyecto de vida.

    Esta finalidad convierte el libro en algo más que una publicación literaria. Cada ejemplar adquirido representa también una forma de colaboración con quienes afrontan situaciones de especial vulnerabilidad. La poesía, que tantas veces ha dado voz al dolor, encuentra aquí una manera concreta de aliviarlo.

    No corresponde al coordinador determinar la relevancia literaria de la obra ni establecer el lugar que pueda ocupar dentro del panorama poético actual. Esa tarea pertenece a los lectores y, si llega el caso, a la crítica especializada. Lo que sí puede afirmarse es que Versos contra el silencio constituye el resultado de un esfuerzo colectivo realizado desde la generosidad, el respeto mutuo y el deseo compartido de convertir la palabra en un puente entre personas.

    El título de la antología resume bien su propósito. Frente a los distintos silencios que atraviesan nuestra sociedad —la indiferencia, la soledad, la injusticia o la incomunicación—, los autores reunidos en este volumen han optado por responder con aquello que mejor conocen: la palabra poética.

    Cada poema lo hace a su manera. Cada voz aporta su propio tono, su propia experiencia y su propia forma de mirar. Juntas conforman un mosaico necesariamente diverso, imperfecto y plural, pero precisamente por ello profundamente humano.

    Si, además, esos versos contribuyen a mejorar la vida de quienes más lo necesitan, la poesía demuestra que puede trascender el papel y convertirse también en un acto de solidaridad. Quizá esa sea, en última instancia, la mejor forma de romper el silencio.

    • Este libro se puede adquirir aquí. Los beneficios obtenidos se destinarán íntegramente a la ONG que trabaja con las personas que viven en la calle: Arrels
  • El mar que no cesa de Alba Raquel Maldonado: una poeta puertorriqueña en la diáspora

    El mar que no cesa de Alba Raquel Maldonado: una poeta puertorriqueña en la diáspora

    Alba Raquel Maldonado (n. 5 de diciembre de 1985) da a la luz pública sus poemas en la forma de un libro después de haber publicado sus versos en revistas digitales y físicas. A pesar de su corta edad, es una milenial, Alba ostenta una licenciatura en psicología forense, una maestría en estudios puertorriqueños, y termina otro máster en educación. Ha viajado por las Américas y Europa y esto la ha provisto de un aval cultural que potencia su voz poética auténtica. Lectora de grandes poetas puertorriqueñas como Julia de Burgos, Clara Lair, Anjelamaria Dávila, Alba ofrece una poesía directa—no exenta de figuras retóricas, ironía y símbolos, intimista— donde su “yo poético” se expresa con gran naturalidad. 

    Este “yo” que nunca es estático, que es contradictorio, avallasante,  como el mar que le sirve como símbolo polisémico en este libro. Ese yo que es “un mar que no cesa”. Un mar que también es amor, poesía, estabilidad y no estabilidad.

    El bello poemario abre con un texto  que delata el miedo al anclaje (el ancla otro símbolo bien usado) aquí. La poeta teme “anclar” en el amor, en la familia, en una identidad estática porque lucha por su libertad. Escribe en “El mar en el espejo”: 

                Me acostumbro tan fácil a las cosas, 

                a los espacios, 

                Que el tiempo se vuelve nada. 

                El miedo al anclaje 

                me hace huir

                de las tierras que se convierten en morada

                por breves momentos 

                de mi corta existencia. 

    Como milenial, y como psicóloga, esta escritora sabe que nada es eterno, permanente (ni casa, ni familia, ni amores). Entonces, para qué “anclar”. Otro poema que apunta en esa dirección es “Esa loca manía de extrañarte”. Sin embargo, afirma en su poema “A veces quisiera echar raíces”, sentimientos contrarios, el deseo de “anclar” , “de echar raíces”, para conformar normas sociales que la “desvanecen”. 

    Alba Raquel Maldonado no teme a su voz femenina que se “desbarata-“, se “rompe”, “duele”

    tal cual expresa en este libro. Exclama en “Qué te duele menos?:

                      Yo no sé 

                      si las palabras 

                      duelen más que un golpe

                      solo sé que pesan

                      las secuelas, 

                      los recuerdos, 

                      los olores que despiertan

                      las imágenes 

                      que jurabas haber olvidado. 

    El amor con sus diferentes calas es tema central en este poemario. La poeta ama y quiere ser amada conociendo los límites del amor, sus ambigüedades, sus rostros. Busca el amor de pareja, expresa su amor por su padre en una bella elegía, a sus abuelos, a sus familiares muertos. Destaco, no obstante,  en estas páginas el breve texto “Sinopsis del amor”, porque deja ver la fina ironía y el ingenio de la autora: 

                      Coleccionar letras del abecedario 

                                códigos de áreas 

                                y unas cuantas banderas

                                     el amor 

                                  es un resumen 

                         Una colección de memorias…

    Algo que me gustó mucho de este libro es que Alba no teme incorporar frases en inglés en sus poemas y escribir poemas breves en inglés. Ha vivido más de una década en Nueva Jersey y sabe que Puerto Rico es un archipiélago con un brazo enorme que se extiende a Estados Unidos donde excelentes escritores como Pedro Pietro, Tato Laviera, Martín Espada y hasta la misma Julia de Burgos, usaron el inglés con gran  fuerza expresiva. Maldonado escribe de nuevo con fina ironía sobre los clichés que usa la cultura estadounidense: 

                    You need to be strong.

                    Please stay strong

                    Are the most cliché Words 

                    For a heart

                    That carries so much pain 

                    I just want to be broken 

                    And rebuild myself 

                    With the pieces 

                     That one day 

                     Were part of my soul. 

    Maldonado que a lo largo de su libro va mostrando ese mar que no cesa, ese “yo” poético que se desborda en miedos y sentimientos, en afirmaciones y negaciones, termina con unas líneas que reflejan a pesar de su edad una voz poética en un mundo que es duro y fuerte y donde quizás, la palabra, esa misma que “duele”, “desbarata”, y “rompe” es la única salvación:

                        El mundo colapsa

                        y yo aquí en llamas

                        escribo poesía 

                        o eso intento 

                        para no arder en la llama 

                        que yo misma encendí. 

    Hoy saludo con El mar que no cesa, a la joven autora puertorriqueña que supo hacer del mar un símbolo polisémico donde expresar sus sentimientos. El mar o el río devienen “en un amor, en un poema, en espejo” en este pequeño, pero sensible texto. ¿Acaso la poeta leyó, a parte de Julia de Burgos, al eminente poeta venezolano, Luis Gilberto Caraballo??? El mar  que no cesa ha sido pulcramente editado  por De Sur a Sur Ediciones,  que dirige el poeta Alonso De Molina y se puede conseguir en Amazon.com. Libro de agradable lectura para los “millennials”, pero que es definitivamente un poemario para cualquier edad. 

  •  A LAS PUERTAS DEL HUESO, de Natalia Darias

     A LAS PUERTAS DEL HUESO, de Natalia Darias

    Adentrarse en A las puertas del hueso no invita a una lectura pasiva; se trata más bien de un ejercicio de exposición. Natalia se sacude todas las capas para mostrarse sin defensas y eso, a los ojos del lector, lleva aun efecto espejo. Los versos, tan directos, crean en el alma del lector una sacudida emocional, de manera que se encuentra frente a frente con sus propias heridas. Desde la primera página una se da cuenta que no estamos frente a algo puramente retórico, sino ante una voz de autenticidad radical que no tiene miedo de mostrarse vulnerable y hace que, a su vez, el lector se sienta del mismo modo. 

    A rasgos generales, podríamos decir que el poemario destaca por su madurez en la gestión del dolor y la identidad, huyendo de artificios y ornamentación innecesaria, centrándose en lo que es más esencial. De aquí que el título no sea algo banal, sino que puede considerarse una muestra de lo que vendrá a continuación: el hueso representa aquello que queda cuando sacas todo lo demás: la piel, las apariencias, la carne… Natalia ya nos avisa que estamos frente a un poemario crudo y desnudo.

    Nos damos cuenta, a medida que avanzamos por el poemario, que el cuerpo no es solamente un “envase” para los huesos, sino que es un lugar donde ocurren cosas. Sufre dolor, sufre deseo, sufre ausencias y se hiere. Ahondando, a su vez, en una fragilidad que nace, en cierto modo, de la constante dualidad entre lo que hace daño y el querer o intentar mantenerse en pie. 

    Es un poemario muy intenso, pues a pesar de ser breve, tiene una inmensa carga emocional, todo verso se convierte en esencial. Ese estilo tan particular dota la poesía de Natalia de una autenticidad única, su voz suena desnuda y pura, sin filtros, sin pretensiones. Esto es lo que soy, esto es lo que siento.

    Vacía, ausente.

    Un conato,

    un ensayo de vida estéril.

    Me pierdo entre lo inexistente.

    Abandono la verticalidad

    y muto a la forma difusa

    de mi no consciencia.

    Un espacio vacío

    donde ni mi saliva me reclama.

    -Fragmento del poema Lista de Espera 

    A menudo ocurre que la poesía quiere fascinar con belleza y hermosas palabras, pero Natalia lo que hace es huir de florituras, mostrar su espacio más privado, “sus huesos”, y muestra sin tapujos lo que siente. Nos abre su cuerpo hasta llegar a lo más hondo, y muestra ahí la tristeza, el dolor o incluso la resistencia en su lado más crudo. Podríamos decir que Natalia no escribe desde una comodidad contemplativa, sino que se implica con todo su ser, hace un ejercicio de despojarse de todo lo innecesario y nos muestra su esqueleto emocional. Muestra aquellas emociones que, por norma general, solemos guardamos para nosotros mismos y nuestra propia intimidad, tales como el dolor, o la fragilidad, o la lucha con la ausencia.

    De esta forma, el poemario se convierte en una experiencia compartida con el lector: la autora nos invita, a través de sus emociones y sentimientos, a dejar de lado todas las apariencias, nos arrastra a descubrir la parte más íntima, humana y elemental de nosotros mismos.

    En mi opinión, el poemario de Natalia se me aparece como un canto a la resistencia y la supervivencia emocional. A pesar de todo el dolor, de las pérdidas, de los desengaños, de algún modo, el ser sigue en pie, y eso convierte la fragilidad en una suerte de fortaleza, los huesos se mantienen, porque ya no tienen el miedo a romperse, porque se han roto y han resurgido.  

    Es un poemario que pide que se lea poco a poco, que cada poema se mastique, y que nos obliga a respirar después de cada poema. 

    Resumiendo, podríamos decir que, con una poesía afilada y cortante, en la que nos hace ver que sólo llegando al hueso logramos hablar el lenguaje de la verdad emocional más pura y cruda, pero con una factura poética impecable, Natalia se confirma, con este su primer poemario, como una sólida voz, capaz de transformar la experiencia íntima de leer el poemario en una verdad pura que sacude la esencia del lector. 

  • Susúrrame Cuentos Mágicos, Lange Aguiar (Fuerte Letra Ed. 2025)

    Susúrrame Cuentos Mágicos, Lange Aguiar (Fuerte Letra Ed. 2025)

    Tras los cuentos de esta colección de Lange, desde el castaño centenario hasta el delfín celeste, queda claro que «Susúrrame Cuentos Mágicos» no es un simple libro de relatos, sino un universo literario personal, una visión del mundo íntima y universal. 

    Los 5 Pilares de esta colección de cuentos: 

    1. La Magia como lenguaje: Aquí, la magia es un tipo de lenguaje. Es la fuerza que anima el tronco del castaño, que susurra en las hojas del bosque de poesía, que late en Tindaya y que convierte a un pescador en héroe cósmico. La magia es el puente entre lo visible y lo invisible, entre el individuo y la comunidad. 

    2. El Amor como eje central de todo. Un amor que genera esperanza., que juega a reencarnar (Rey Duende y Reina Hada), un amor trágico que funda leyendas (Jonay y Gara, Yukiama y Amenoy), un amor filial y sacrificial (Bentor por su pueblo), un amor creativo y comunitario (Ico y su taller), e incluso un amor por la propia sombra (Cifer). 

    3. La mitología canaria. Lange y sus colaboradores han conseguido que las islas dejen de ser geografía para convertirse en personajes cósmicos: la Maxorata (Fuerteventura) custodia la Esfera de Luz; Tenerife es el reino de Guayota, las Harimaguadas y los menceyes heroicos; La Gomera es el altar del amor eterno de Garajonay; La Laguna es el refugio bohemio de Ico. 

    4. La Dualidad y la Búsqueda de la Unidad: Ella (Navidad) y Él (Año Nuevo) reinan en hemisferios opuestos; las almas gemelas se buscan a través de vidas; Cifer se divide para conocerse. 

    5. El Arte y la Palabra como Actos Mágicos: Frente a la pérdida, el olvido o la opresión, la respuesta es siempre crear. Escribir el poema que ilumina el bosque (Dulcinea y Morfeo), pintar el cuadro que reúne a una comunidad (Ico), o reparar la muñeca que sutura la memoria (Clara). La palabra escrita y el arte son los hechizos definitivos. 

    «Susúrrame Cuentos Mágicos» es un acto de fe literaria. Fe en que los lugares tienen memoria, que los árboles tienen voz, que el amor trasciende la muerte, que las historias pueden sanar y que una comunidad —la canaria, la humana— se define también por los mitos que es capaz de soñar y compartir. 

    Es un libro que convierte a sus lectores en cómplices. Nos invita a abrazar nuestros castaños, a buscar la esfera luminosa en nuestra montaña, a escribir nuestro poema a dúo bajo la luna de San Juan y, sobre todo, a recordarnos que la magia, al fin y al cabo, es solo la realidad vista con los ojos del corazón bien abierto.

  • En los bosques de la rabia

    En los bosques de la rabia

    Óscar Sotillos (Barcelona, 1973) se siente tanto de su ciudad como de Montejo de Tiermes, un pueblo al lado de la ciudad celtíbera de Termancia, en Soria. Quizá fue allí donde entró en contacto con la fuerza de la naturaleza, tanto vegetal como animal (aunque no haya osos) y donde algún recuerdo sobre las relaciones humanas le ha seguido en un contexto como ese. El caso es que en esta obra susurra al lector, con palabra certera, escenas sórdidas y situaciones límite. ¿Acaso no está para eso también la Literatura? No hay más que echar un vistazo a la historia. Para tal creación, ha construido, y publicado hace un par de meses, una novela con el orientador título de En los bosques de la rabia. Editada por Carpe Noctem, atrae visualmente nada más que a ella se dirige la mirada.

    Pero no es la primera vez que escribe Óscar Sorillos. Tiene ya una obra plural, dilatada y consolidada, tanto en poesía como en narrativa, reconocida, justamente, con algunos premios. Por ejemplo, la novela La Fruta del tiempo (Tenerife, Baile del Sol, 2008) o el libro de relatos María Triste y el cuentacuentos (Tegueste, Baile del Sol, 1999). Para su placer creativo, esta ha sido traducida al italiano. Además, en abril de 2010, se hizo con el primer premio de novela “Encina de Plata”, con el añadido de que el presidente del jurado fue Luis Mateo Díez, que la calificó como “novela hermosa y muy bien escrita”. Por otra parte, ha tomado parte con el guitarrista Javier Molina en programas de narrativa oral, cual moderno juglar popular, en lugares diversos de España. Además, ha participado en diversos festivales poéticos, ha sido colaborador de revistas como Perfil del Aire y ha creado obras líricas, entre las que cabe destacar El púgil sin sombra o Efímero fósil. Y, por supuesto, también ha situado al pueblo soriano de sus antepasados como centro del mundo en un blog literario, con historias que solían llevar al otro lado del planeta que nos acoge.

    En los bosques de la rabia, la obra que ahora nos centra la atención, incluso antes de empezar a leerla, nada más caer en las manos, lo que salta a la vista es su formato. Su formato geométrico (16×10), su color y la imagen de portada. Un libro perfecto para guardarlo en el bolsillo, antes y después de leerlo en el bus, en el metro, en el parque o en una terraza mientras te relajas con una cerveza tostada con dos ceros. Por decir algo, claro, pues cada uno es libre de llevarse al paladar lo que le pida. Es que se lee en tres cuartos de hora y a cualquiera le deja un sabor curioso y una mirada reflexiva al horizonte.
    Seis capítulos de negro sobre blanco, sin título ni número ordinal pero identificados cada uno de ellos por una página de blanco sobre negro con una cita o leyenda relacionada con el oso cántabro. Al final del libro, se dice que «todas las citas son reales» y de dónde proceden. Relaciones humanas. Sí, relaciones humanas. Ahí, están Yago, Víctor y el oso, en medio de un escenario de brañas, teitos, piornos, empozaduras y canchales. Cada uno de tales personajes, con su propio pasado, que condiciona el presente, son redondos, como se denominen Crítica Literaria. La Naturaleza y la civilización. Pero también actúan otros, con importante significado, como Carla y Lisa o Bea… Un mundo humano, donde todo se traba, a veces con dificultad y otras con lo esperado. Pero la tensión, el enfrentamiento entre ellos dos (averígüenlo) y la violencia ascendente forma parte de la relación como fruto de un pasado ni asumido ni controlado. He ahí, cómo Yago y Víctor ajustan cuentas en una braña situada en algún punto del interior de la Cordillera Cantábrica. La rabia crece y con ella la violencia que acaba en una asfixiante persecución por la espesura montañosa pero cuyo final ha de reflexionar con prudencia, calma e inteligencia el lector.

    Cuando se abre y se lee el primer capítulo, se deduce la técnica de in media res. Empezar in media res supone situar al lector de forma directa e inmediata en el centro del conflicto, en la acción más destacada, por trágica, amorosa o inverosímil sin más preámbulos. Así, el autor, por las razones que sean, busca atraer la atención de inmediato, mostrando algún personaje en acción o reflexión, lo que le obliga a explicar más tarde cómo se ha llegado a ese punto crucial. Primer capítulo y último capítulo, como dos escenas de la misma unidad y en medio, otros cuatro, breves también, que sitúan, informan, narran, desarrollan, la historia, el proceso de relación entre personajes, el porqué, el pasado, que esclaviza muchas veces el presente y el futuro. Obra compleja, a pesar de su brevedad, que presenta y soluciona lo que plantea con claridad y atracción del lector. En definitiva, una nouvelle, novela corta o relato, de ochenta y tantas páginas, que el lector saborea en los ratos propios de la agitada vida moderna. 

    La violencia entre los dos, Yago y Víctor; el oso que convive en las brañas de Cantabria, es decir, la naturaleza aún no civilizada; los humanos que la visitan, como lúdicos caminantes del turismo moderno; las relaciones personales, los egos de cada uno y el campo frente a la urbe. En los bosques de la rabia o la rabia humana que se presenta embosquecida e incapaz de ser controlada por la racionalidad. Cuando la violencia está en su punto más trágico y doloroso ((del dolor físico de la fuerza sobre el otro), con dificultad de control, y el lobo se presenta a poner orden, los dos sapiens ya no saben qué hacer. 

         –  ¿Y, ahora, qué?

    La pregunta queda suspendida en el aire durante unos segundos.

    • Habrá que volver, ¿no?”.

    Se cierra el telón. En el bosque de la rabia. Editorial Carpe noctem. También puede gozarse de día. Óscar Sotillos sabe caminar por la esencia y ha logrado construir en ochenta y tantas páginas lo que la literatura de relaciones humanas busca: el quehacer de la emoción, sea esta la que sea, desde el amor al odio o la rabia.