Óscar Sotillos (Barcelona, 1973) se siente tanto de su ciudad como de Montejo de Tiermes, un pueblo al lado de la ciudad celtíbera de Termancia, en Soria. Quizá fue allí donde entró en contacto con la fuerza de la naturaleza, tanto vegetal como animal (aunque no haya osos) y donde algún recuerdo sobre las relaciones humanas le ha seguido en un contexto como ese. El caso es que en esta obra susurra al lector, con palabra certera, escenas sórdidas y situaciones límite. ¿Acaso no está para eso también la Literatura? No hay más que echar un vistazo a la historia. Para tal creación, ha construido, y publicado hace un par de meses, una novela con el orientador título de En los bosques de la rabia. Editada por Carpe Noctem, atrae visualmente nada más que a ella se dirige la mirada.

Pero no es la primera vez que escribe Óscar Sorillos. Tiene ya una obra plural, dilatada y consolidada, tanto en poesía como en narrativa, reconocida, justamente, con algunos premios. Por ejemplo, la novela La Fruta del tiempo (Tenerife, Baile del Sol, 2008) o el libro de relatos María Triste y el cuentacuentos (Tegueste, Baile del Sol, 1999). Para su placer creativo, esta ha sido traducida al italiano. Además, en abril de 2010, se hizo con el primer premio de novela “Encina de Plata”, con el añadido de que el presidente del jurado fue Luis Mateo Díez, que la calificó como “novela hermosa y muy bien escrita”. Por otra parte, ha tomado parte con el guitarrista Javier Molina en programas de narrativa oral, cual moderno juglar popular, en lugares diversos de España. Además, ha participado en diversos festivales poéticos, ha sido colaborador de revistas como Perfil del Aire y ha creado obras líricas, entre las que cabe destacar El púgil sin sombra o Efímero fósil. Y, por supuesto, también ha situado al pueblo soriano de sus antepasados como centro del mundo en un blog literario, con historias que solían llevar al otro lado del planeta que nos acoge.

En los bosques de la rabia, la obra que ahora nos centra la atención, incluso antes de empezar a leerla, nada más caer en las manos, lo que salta a la vista es su formato. Su formato geométrico (16×10), su color y la imagen de portada. Un libro perfecto para guardarlo en el bolsillo, antes y después de leerlo en el bus, en el metro, en el parque o en una terraza mientras te relajas con una cerveza tostada con dos ceros. Por decir algo, claro, pues cada uno es libre de llevarse al paladar lo que le pida. Es que se lee en tres cuartos de hora y a cualquiera le deja un sabor curioso y una mirada reflexiva al horizonte.
Seis capítulos de negro sobre blanco, sin título ni número ordinal pero identificados cada uno de ellos por una página de blanco sobre negro con una cita o leyenda relacionada con el oso cántabro. Al final del libro, se dice que «todas las citas son reales» y de dónde proceden. Relaciones humanas. Sí, relaciones humanas. Ahí, están Yago, Víctor y el oso, en medio de un escenario de brañas, teitos, piornos, empozaduras y canchales. Cada uno de tales personajes, con su propio pasado, que condiciona el presente, son redondos, como se denominen Crítica Literaria. La Naturaleza y la civilización. Pero también actúan otros, con importante significado, como Carla y Lisa o Bea… Un mundo humano, donde todo se traba, a veces con dificultad y otras con lo esperado. Pero la tensión, el enfrentamiento entre ellos dos (averígüenlo) y la violencia ascendente forma parte de la relación como fruto de un pasado ni asumido ni controlado. He ahí, cómo Yago y Víctor ajustan cuentas en una braña situada en algún punto del interior de la Cordillera Cantábrica. La rabia crece y con ella la violencia que acaba en una asfixiante persecución por la espesura montañosa pero cuyo final ha de reflexionar con prudencia, calma e inteligencia el lector.

Cuando se abre y se lee el primer capítulo, se deduce la técnica de in media res. Empezar in media res supone situar al lector de forma directa e inmediata en el centro del conflicto, en la acción más destacada, por trágica, amorosa o inverosímil sin más preámbulos. Así, el autor, por las razones que sean, busca atraer la atención de inmediato, mostrando algún personaje en acción o reflexión, lo que le obliga a explicar más tarde cómo se ha llegado a ese punto crucial. Primer capítulo y último capítulo, como dos escenas de la misma unidad y en medio, otros cuatro, breves también, que sitúan, informan, narran, desarrollan, la historia, el proceso de relación entre personajes, el porqué, el pasado, que esclaviza muchas veces el presente y el futuro. Obra compleja, a pesar de su brevedad, que presenta y soluciona lo que plantea con claridad y atracción del lector. En definitiva, una nouvelle, novela corta o relato, de ochenta y tantas páginas, que el lector saborea en los ratos propios de la agitada vida moderna. 

La violencia entre los dos, Yago y Víctor; el oso que convive en las brañas de Cantabria, es decir, la naturaleza aún no civilizada; los humanos que la visitan, como lúdicos caminantes del turismo moderno; las relaciones personales, los egos de cada uno y el campo frente a la urbe. En los bosques de la rabia o la rabia humana que se presenta embosquecida e incapaz de ser controlada por la racionalidad. Cuando la violencia está en su punto más trágico y doloroso ((del dolor físico de la fuerza sobre el otro), con dificultad de control, y el lobo se presenta a poner orden, los dos sapiens ya no saben qué hacer. 

     –  ¿Y, ahora, qué?

La pregunta queda suspendida en el aire durante unos segundos.

  • Habrá que volver, ¿no?”.

Se cierra el telón. En el bosque de la rabia. Editorial Carpe noctem. También puede gozarse de día. Óscar Sotillos sabe caminar por la esencia y ha logrado construir en ochenta y tantas páginas lo que la literatura de relaciones humanas busca: el quehacer de la emoción, sea esta la que sea, desde el amor al odio o la rabia.