María Luisa Lázzaro Caracas (1950). Profesora Titular, Esc. Letras, ULA. Magíster, Licenciada Letras (1978) y Lic. Bioanálisis (1971). Profesora Cátedra Histología, Facultad de Medicina (1972-1978). Premio Alfonsina Storni, Buenos Aires,1978. Mención Concurso Cuentos El Nacional (1981). PremioEl cuento feminista latinoamericano” (Chile, 1988). Finalista Concurso novela Planeta Latinoamericana “Miguel Otero Silva” (Tantos Juanes o la venganza de la Sota) 1990. Premio Nacional Canción inédita con “Atrincherada” en XIII Festival Nacional de la Voz Universitaria (Valencia, 2000). Premio Poesía y Narrativa Seccional Profesores Jubilados APULA 2003 y 2005. Mención de Honor Resurrección del ángel, Premio “Reinaldo Arenas, Creatividad Internacional, Miami, 2017. Invitada a universidades: Complutense (Madrid), Puerto Rico (Mayagüez), El Salvador, Bucknell (Bloomsburg Pennsylvania) y Northridge (Los Ángeles, California. Publicaciones: Poemas de agua (1978), Fuego de tierra (1981), Árbol fuerte que silba y arrasa (1988), Nanas a mi hombre para que no se duerma (2004), Escarcha o centella, bebe conmigo (2004). Del agua al fuego (2012). Miniguerra tarea de los cuerpos (LectorCómplice, 2013). Novelas; Habitantes de tiempo subterráneo (Pomaire, 1990) y Tantos Juanes o la venganza de la Sota (Planeta, 1993). Crítica literaria: (Viaje inverso: sacralización de la sal (1985), La inquietud de la memoria en el caos familiar (1995), Dos lecturas, una novela Mis parientes, de Hernando Track (2016). Narrativa: ¿Cómo contarlo? (2006) y Junta de hijas y otras peri-especias (2008). Infanto-juvenil: Mamá cuéntame un cuento que no tenga lobo (1984), El niño, el pichón y el ciruelo (1990); Parece cuento de Navidad, Darlinda (1994), Para qué sirven los versos (1995), Una mazorca soñadora (1995), Un pajarito, una pajarita y la casualidad (1995), La almohada muñeca (1996), Cuentos para el sofá (2011). Autora de 5 “poemas musicalizados” (Atrincherada, Licor de amor, No duermas ahora, Llueve amor, Ixtlán).


Tiempo de Brote

La capuchina azulada está pudriendo sus hojas,

sólo tengo que darle tiempo

a que rebroten sus raíces y se enrame.

Es el temblor mismo que brota de las ventanas de la piel.

No son lancetas,

son restos tímidos de follaje aún verde… 

anhelando.

Reconstituida la palabra

La palabra también se enferma, y enferma.

Le da viruela y carcinoma, hace pústulas y costras.

Alguna emotividad le carcome las líneas expresivas,

sus nervios se alteran, y alteran.

Sus simientes se socavan,

su balaustre deja de movilizar las vértebras,

adelgaza, se va haciendo almagre,

se desploma, empalidece,

entra en agonía sin óleos mágicos que consuelen

amable su fin.

Velada, sollozada,

se acomoda en la caja de herramientas en desuso. 

Intenta resurgir de los silencios,

renacer simple, alma.

Tener un ángel es bueno.

Es bueno tener un ángel

que no tenga rostro ni boca, ni voz que retumbe

como la conciencia hecha de mármol y leyes.

Silencioso y crudo como el espejo

deja que transcurra el devenir equivocado o no,

pero creciendo.

Observa cómo se afinan o desafinan

las cuerdas de la vida o de la muerte cotidiana.

Y no interviene…

No juzga, no exige; acompaña, espera.

Sabe que en cualquier momento…

una ráfaga… lleva a perder ganando o viceversa.

Silencioso espejo de todos los días.

Los poemas pertenecen al libro inédito Resurrección del ángel