Ícaro Carrillo nació en Cieza (Murcia) en 1984. En 2017 publicó su primer poemario, titulado Musas, blasfemias y trincheras con Zerkalo Ediciones, Un espejo para Medusa (Ediciones En Huida, 2018) y ha colaborado en antologías, revistas y fanzines poéticos de entre los que destacan: Versos de acogida (Barcelona Actúa/Poemame.com), Manifiesto Azul (Colectivo Iletrados), Poetry News, Bohemia revista de poesía crítica y La última resistencia fanzine.

La sed y el brindis marca, con línea dura y una voz poética muy potente, la división entre un pesimismo predominante y la esperanza «impuesta» por el nacimiento de las hijas del autor.

Al lector o lectora de este poemario le recomendaría que hiciera el ejercicio de leerlo al mismo tiempo que el poemario Lengua madre de Alicia Párraga. Ambos libros tienen una complicidad, un nexo en común que no voy a desvelar, pero que al leerlos en paralelo transmiten una imagen diferente a la lectura individual de cada uno por separado. Un ejemplo: ‘1ª cita’ (de Lengua madre) y ‘Candela’ (de La sed y el brindis). No digo más.

LA ARISTOCRACIA DEL BARRO


El latido de una mentira

suele caducar antes que su estruendo

así que huimos del mármol

moldeando ídolos de tierra y sol.

Somos la aristocracia del barro

y blindamos nuestras paredes con estas palabras:

tras un disparo injusto

primero cae el pájaro,

después el cielo entero.

DESPUÉS DEL INCENDIO


Los mapas que alquilamos coquetean con el fuego

prendiendo caminos -uno tras otro-

hasta desembocar en un callejón sin salida.


Aprendemos sobre la marcha

que avanzar al margen de la senda

es la herencia del lobo.


Este poema es de tinta y papel

porque el mordisco de la ceniza

siempre viene después del incendio.

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