Desde la redacción de Poémame queremos desearos unas Felices Fiestas y un mejor Año Nuevo. En esta ocasión hemos encargado a un nuevo colaborador, Antonio Sánchez Solá, un texto y poema de felicitación que os transcribimos a continuación.
Amigos, amigas, seguimos entre letras.
El equipo de Poémame
Alda, Hortensia, Gemma, José Luis, María, Mariela y Óscar.
EL POEMA MÁS FEO
Un Cuento de Navidad
Nací en una hoja reciclada, sin márgenes perfectos ni tipografías elegantes. No traía palabras difíciles ni metáforas vestidas de gala. Era apenas eso: unos versos honestos, escritos con tinta azul, todavía tibia, todavía con olor a mañana. Como todos los poemas, nací con un sueño: ser leído. Vivir en los ojos de alguien. Acompañar una tarde fría. Consolar un cansancio. Hacer compañía, aunque fuera en silencio.
Pronto comprendí que no todos los caminos estaban hechos para un poema humilde como yo.
Mi primera visita fue a una revista literaria famosa. Entré temblando, con mis estrofas recién ordenadas, intentando parecer más importante de lo que era. Me miraron como se mira un objeto fuera de lugar, buscando en mí un brillo que nunca apareció. Hablaban de poesía esencial, de resonancias profundas, de un yo inabarcable que yo no sabía pronunciar. No me leyeron. No hizo falta. Yo no pertenecía a esa categoría invisible que solo algunos entienden. Salí con mis versos un poco más arrugados, como si la tristeza también dejara pliegues.
Probé después en una revista moderna, llena de colores y palabras nuevas. Allí la poesía debía ser breve, libre, radical, deconstruida. Cuando dije que era un poema de Navidad, el silencio pesó más que cualquier crítica. Me llamaron normalito. Demasiado sencillo. Demasiado claro. Al irme escuché por primera vez ese nombre que me acompañaría un tiempo: el poema más feo. No por mi forma, sino por no esconderme. Por no maquillar lo que quería decir.
Seguí viajando. Revistas distintas, rechazos parecidos. En todas me explicaron cómo debía ser la poesía, qué debía doler, qué debía ocultar, cuántas capas necesitaba para ser tomada en serio. Y yo, que solo llevaba conmigo una pequeña luz, una verdad sencilla, empecé a creer que no bastaba. Que mis palabras eran demasiado pequeñas para un mundo tan grande.
Llegué a Poémame casi sin fuerzas. La puerta estaba abierta, como si alguien me hubiera estado esperando sin saberlo. Dentro no había solemnidad, sino calor. Libros, pantallas encendidas, café recién hecho. Me acerqué despacio, con la voz cansada de tanto decir lo mismo, y conté mi historia. Conté que nadie me había querido publicar. Que tal vez tenían razón. Que quizá yo no valía.
Entonces ocurrió algo distinto. No me definieron. No me clasificaron. Me preguntaron qué quería yo. Y por primera vez me quedé en silencio, sorprendido. Yo solo quería decir mi mensaje. Regalar lo que llevaba dentro. Nada más.
Me escucharon.
Mis palabras encontraron un lugar donde quedarse, alguien se reconocía en ellas. Si. Incluso los poemas más feos guardan una chispa capaz de iluminar a otros.
POEMA DE NAVIDAD
Hoy no vengo con
palabras grandes,
traigo pan
recién horneado.
Vengo de unas tierras
donde las campanas
saben llorar y celebrar
con la misma voz,
la victoria y
la derrota,
y las ausencias
siguen ocupando
su lugar a la mesa.
Ojalá esta noche
nadie se sienta invisible,
aunque esté solo.
Ojalá alguien piense
en él, como se piensa
un deseo.
Que la Navidad
no sea una fecha
sino un acto sencillo:
una sopa humeante,
una llamada que
rompe el frío,
un perdón dicho
en voz baja
para que no duela.
Que el año nuevo
nos encuentre
menos piedra,
más abrazo.
Que sepamos
quedarnos
cuando huir
fue fácil.
Porque las derrotas,
cuando has luchado,
también embellecen.
Y porque todos —
personas y poemas—
solo buscamos lo mismo:
un lugar donde quedarnos
y alguien que nos
lea con el corazón abierto.
FELIZ NAVIDAD!
Antonio S. Sola


Your thoughts are always so well-organized and presented.
This is exactly the kind of content I’ve been searching for.
I’m definitely going to apply what I’ve learned here.