José Luis Regojo

  • 13 preguntas y una poeta, Ángela Pradelli: «La poesía está, y los poetas a veces pueden captarla, entenderla, trasladarla a la escritura»

    13 preguntas y una poeta, Ángela Pradelli: «La poesía está, y los poetas a veces pueden captarla, entenderla, trasladarla a la escritura»

    La poeta argentina Ángela Pradelli.

    Ángela Pradelli (Buenos Aires, Argentina, 1957) es escritora y poeta. Profesora de secundaria y coordinadora del Plan Nacional de Lectura en la Región de la Provincia de Buenos Aires, actualmente es también coordinadora de la Cátedra Latinoamericana y del Caribe de Lectura y Escritura.

    Ha dado conferencias y talleres para escritores en la Argentina y en varias ciudades de otros países: Cuba, Venezuela, Suiza, Alemania, Italia, los Estados Unidos de Norteamérica, China. Ha colaborado en diferentes medios periodísticos argentinos y para el periódico La Liberté, de Fribourg (Suiza) y la Jornada semanal, de México y también ha sido seleccionada como escritora residente en diversas partes del mundo: EUA, Suiza, Italia, China. De hecho Poémame ya ha publicado dos artículos suyos en los que Ángela Pradelli ha compartido sus impresiones poéticas durante su estancia en China:

    De su obra poética queremos destacar el poemario Un día entero (Ediciones del dock, 2008). Ha sido galardonada tanto en Argentina como en el extranjero y ha llegado a ser finalista del Premio Casa de las Américas en poesía en 1994 y obtenido el premio Concurso Nacional de Poesía Miguel Ángel Bustos, Roberto Santoro, Francisco Urondo (1996). Algunos de sus libros se han traducido al alemán y al inglés, y en parte, al italiano y al francés. Entre las diversas obras que ha escrito queremos destacar el libro de cuentos Las cosas ocultas, Amigas mías, Turdera y El lugar del padre. Fue galardonada con los premios Emecé de Novela en 2002 y Clarín de Novela en 2004.

    En febrero de 2018, la editorial Emecé publicará su próxima novela La respiración violenta del mundo, cuya historia se desarrolla en escenarios de la zona sur de Argentina (Adrogué, Burzaco, Longchamps, Lomas de Zamora).

    Pradelli es una escritora que siente la escritura como una necesidad y puede tardar horas en encontrar un par de palabras, pasar la tarde para cambiar un párrafo para que suene mejor, o acomodar las frases una y mil veces hasta alcanzar a oír la música que desprenden.

    Como pueden comprobar nuestros lectores, estamos ante una grande de las letras argentinas. Además, también coordina junto con Alejandra Correa un proyecto social y colectivo muy interesante que recoge testimonios de mujeres víctimas de violencia: ¿Por qué llora esa mujer?

    ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    Empecé escribiendo poesía y tardé un tiempo en escribir narrativa. Escribo también crónicas. Pero tengo que decir que, en cualquier género que leo o escribo, necesito encontrar poesía, no puedo leer un texto en el que no encuentre poesía.

    ¿Cúales fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

    Cuando era adolescente, descubrí a Neruda, fue una recomendación de un librero que tenía su local en una galería a la que concurría poca gente, tal vez porque estaba un poco escondida. La librería estaba en el fondo del pasillo, desde la puerta de entrada, se podía ver al librero, sentado en una silla en la puerta del local, leyendo. Tengo esa imagen muy grabada. Mientras esperaba que llegaran sus clientes, el librero leía. Yo no tenía plata para comprar pero mientras iba haciendo mis ahorros, me gustaba pararme frente a la vidriera a leer títulos y autores. Hasta que un día vi al librero leer con más concentración que otras veces y quise leer esa mismo libro. Eran los Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Unas semanas después volví con mi ahorros a comprar el libro. A los 18 años leí por primera vez a Chejov, y descubrí mucha poesía en sus cuentos. Hace algunos años, el escritor Raymond Carver publicó un libro de poemas, eran los subrayados que fue haciendo en los cuentos del escritor ruso y que, extraídos del relato, funcionan como poemas.

    ¿Cómo definiría a su poesía?

    Creo que podría decir que es la poesía que habita en las pequeñas cocinas de las casas, en los jardines sencillos, en el instante que se disgrega un mundo pero queda también para siempre.

    A veces, cuando se cierra el sol de los días, el sonido del agua llega
    desde una respiración de la infancia

    y nos salva;
    ¿es ahí donde quedaron las palabras?, ¿encerradas en la luz de los frutales?

    voy hacia ese sol que vive detrás del limonero.

    «El sol detrás del limonero» (voz de Ángela Pradelli)

    ¿Cree que una poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años? 

    La idea de evolución no me parece muy cercana a los cambios en la escritura. Creo que la poesía está, y que los poetas a veces pueden captarla, entenderla, trasladarla a la escritura. En esa línea, creo que leer y escribir desarrollan la sensibilidad a través de la cual podemos escribir la poesía del mundo.

    ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    Corrijo mucho, muchísimo, tratando siempre de que cuidar en ese proceso el corazón del texto, el lugar en el que se aloja el poema. A veces tardo en darme cuenta de que el poema está terminado.

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    La emoción.

    Mundos rotos rupturas roturas rompimientos

    las caídas
    los agujeros
    el fracaso
    la desintegración el derrumbe
    el hundimiento la destrucción ciertas ruinas una demolición

    no es nostalgia
    es dolor…

    «El dolor» (voz de Ángela Pradelli)

    ¿Qué lugar ocupa, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Me gusta mucho leer en voz alta, para otros. Di clases de literatura en la escuela secundaria durante muchos años. Siempre leíamos en voz alta, nos íbamos turnando. Mis alumnos y yo. La voz, su música, puede darle un cuerpo al texto, una atmósfera.

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc?

    Las celebro, me parecen espacios muy valiosos para difundir a los poetas, para que los que no están publicados aun puedan dar a conocer su poesía

    Algunos días llegan esos instantes
    en los que un fuego conocido me trae fragmentos de una poesía que me rodea desde la infancia. Son como soplos que me devuelven al pasado
    y a una felicidad sin condiciones, libre de todo.

    En esos recortes encuentro el sentido, en las limaduras,
    en la pizca de una voz,
    allí están las primeras palabras,

    en la fruta acidulada,
    en el vestigio de los olores;

    (mientras un fulgor leve se agita en mis manos) la lengua viene a mí para salvarme.

     «La lengua viene hasta mí para salvarme» (voz de Ángela Pradelli)

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro/a autor/a que le haya gustado mucho? 

    «La buena vida», de Mark Strand

    Estás parado junto a la ventana.
    Afuera hay una nube de vidrio que parece un corazón.
    Los suspiros del viento son como cuevas entre tus palabras.
    Sos el fantasma en ese árbol de afuera.

    La calle está en silencio.
    El tiempo, de la misma manera en que el mañana y que tu vida,
    parcialmente está acá, parcialmente en el aire.
    No podés hacer nada.

    La buena vida llega sin aviso:
    erosiona los climas de la desesperación
    y se presenta, a pie, de incógnito, sin ofrecerte nada,
    y vos estás ahí.

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Estoy leyendo Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich. Es una cronista maravillosa, que casi nunca se despega de la poesía.

    ¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/a que se inicia en este camino de la poesía?

    Leer, leer mucho, y tener un buen oído, sobre todo para distinguir la cadencia en la lengua.

    ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    La verdad es que no tengo herramientas para opinar sobre la industria

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    Muchas veces los lectores preguntan: ¿y usted, por qué escribe, cómo empezó, cuándo. La infancia, ese territorio tan poderoso, tiene respuestas a muchas preguntas que nos costaría responder de otro modo.

    Es que nosotros pasábamos los veranos en Río Negro, en la casa de mis abuelos, y los domingos íbamos al río con mi abuela. Mi abuelo nunca quería ir y solo algunos días, pero recién cuando la tarde estaba por terminar y el sol ya casi se había puesto detrás de las sierras, él bajaba a buscarnos. Ni bien llegaba, se sentaba sobre el tronco de algún árbol pero no aguantaba mucho ahí quieto y enseguida quería que volviéramos todos juntos a la casa. En cambio mi abuela siempre quería quedarse en el río un poco más. Le gustaba estar ahí y escuchar el rumor que el viento formaba en el agua o entre las ramas más altas de los álamos. Apenas llegábamos, mi abuela se descalzaba, anudaba el ruedo del vestido por encima de las rodillas y se metía en el río. Tenía la piel muy blanca y a mí me gustaba acariciarle la humedad de los brazos desnudos. Cada tanto, formando un cuenco con las manos, juntaba agua y se mojaba la cabeza. Las gotas de agua dulce se deslizaban por la piel blanca y lisa de la cara y se perdían en el cuello. Se quedaba casi toda la tarde metida en el río, con el agua por encima de la rodilla y no le importaba volverse a casa con el vestido tan mojado que se le pegaba a las piernas. Casi siempre por las noches, cuando ya todos dormían, yo cruzaba el pasillo ancho que llevaba a los cuartos y entraba a la habitación de mi abuela. El pasillo estaba oscuro pero yo caminaba segura, guiada por la luz que se filtraba por debajo de la puerta de su cuarto. Mi abuela dormía tan poco que a veces, cuando amanecía, ella estaba todavía despierta, pero nunca la oí quejarse por eso. En verano dejaba la ventana abierta toda la noche y a veces, cuando entraba a su cuarto, la encontraba con los brazos apoyados sobre el marco oscuro de madera barnizada.

    Usaba una enagua de breteles finitos que, en las noches calurosas, a causa de la transpiración, se le adhería a los pechos y al vientre.

    –¿Qué pasa? –me preguntaba cuando yo abría la puerta.

    Otras veces la encontraba sentada sobre la cama. Era una cama tan alta que las piernas le quedaban colgando y ella hacía un balanceo casi imperceptible con los pies. Mi abuelo dormía de espaldas, abrazado a la almohada, mientras ella revolvía una caja de zapatos llena de papeles, escritos casi todos en italiano. Cartas que ella desdoblaba y me leía en ese susurro espeso en el que hablábamos para no despertar a mi abuelo. Tarjetas. Fotos que tenían una dedicatoria al dorso. Estampitas de comunión de sus parientes en Italia. Ella me leía y hacía crecer un murmullo en ese calor pesado del cuarto. Después volvía a guardar todo en la caja y la escondía abajo del ropero.

    –El abuelo no sabe, eh –me decía.

    Y aunque nunca terminé de conocer del todo esos secretos, yo los guardé para siempre. Y a veces cuando escribo me parece que es eso lo que vuelve. El susurro de un idioma que entiendo a medias dentro de un cuarto caluroso; apenas un puñado de palabras para contar lo que está oculto. Voces de gente que no conozco, y que hablan ahí, encerrados en una caja de zapatos escondida debajo del ropero. Y una luz que algunas noches se filtra por debajo de la puerta y alcanza para alumbrar la oscuridad mientras camino.

    Gracias por habernos concedido esta entrevista y por la lectura de sus poemas.

    Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y gracias por haber llegado hasta aquí.

  • Poemareflexiona con… Ángel González

    Poemareflexiona con… Ángel González

    Cierto, pero por otro lado, el olvido está lleno de memoria. A los 10 años de la muerte de Ángel González, Poémame no te olvida.

  • Alves da Costa, Maiakovski, Brecht o Niemöller, ¿quién es el autor?

    Alves da Costa, Maiakovski, Brecht o Niemöller, ¿quién es el autor?

    Poema «No Caminho, com Maiakóvski» por Eduardo Alves da Costa

    La poesía, guste o no, es, como todo en la vida, política. Eso debieron pensar tanto Alves da Costa, Maiakovski, Brecht o Niemöller cuando se vieron envueltos en la turbulencia del poema o poemas que vamos a comentar a continuación.

    El tiempo ha hecho que un poema que se viene repitiendo a lo largo de los años tenga diversos títulos, autores y versiones. Investigas y cada vez la autoría se complica más, pero lo que aquí nos interesa es el mensaje que nos transmite el poema. Después, la elección de su autor y título es del lector.

    Empezamos por el que parece que es el original del poema polémico, un fragmento a su vez del poema “No caminho com Maiakovski”, de Eduardo Alves da Costa, (Niterói, Rio de Janeiro, 6 de marzo de 1936):

    […]

    Na primeira noite eles se aproximam

    e roubam uma flor

    do nosso jardim.

    E não dizemos nada.

    Na segunda noite, já não se escondem;

    pisam as flores,

    matam nosso cão,

    e não dizemos nada.

    Até que um dia,

    o mais frágil deles

    entra sozinho em nossa casa,

    rouba-nos a luz, e,

    conhecendo nosso medo,

    arranca-nos a voz da garganta.

    E já não podemos dizer nada.

    […]

    El hecho de que aparezca el nombre de Mayakovski en el título del poema anterior es un primer paso hacia la confusión y hace creer que el poema titulado Libertad de expresión, es de Vladímir Vladímirovich Mayakovski, (Baghdati, Georgia 1893, Moscú 1930), poeta y dramaturgo y una de las figuras más relevantes de la poesía rusa de comienzos del siglo XX:

    La primera noche,

    ellos se acercan

    y toman una flor de nuestro jardín.

    No decimos nada.

    La segunda noche

    ya no se esconden,

    pisan las flores,

    matan a nuestro perro

    y no decimos nada.

    Hasta que un día,

    el más frágil de ellos,

    entra solo a nuestra casa,

    nos roba la luna,

    y conociendo nuestro miedo,

    nos arranca la voz de la garganta.

    Y porque no dijimos nada,

    ya no podemos decir nada.

    A partir de esta versión original aparece el poema titulado “Ellos vinieron” cuya autoría se le asigna a Bertolt Brecht, (Augsburgo 1898 – Berlín 1956), dramaturgo y poeta alemán, uno de los más influyentes del siglo XX, creador del llamado teatro épico:

    Primero se llevaron a los negros

    Pero no me importó

    Porque yo no era negro

    En seguida se llevaron algunos obreros

    Pero no me importó

    Porque yo no era obrero.

    Después prendieron a los miserables

    Pero no me importó

    Porque yo no era miserable

    Después agarraron algunos desempleados

    Pero como yo tengo mi empleo

    Tampoco me importó

    Ahora me están llevando a mí

    Pero ya es tarde

    Como yo no me preocupé por nadie

    Nadie se preocupa por mí.

    Si no había suficiente con esta versión, Martin Niemöller (1892-1984), pastor luterano alemán, parece ser que escribió otra diferente. Niemöller reaccionó contra el nazismo en 1933 cuándo Hitler impuso sobre las iglesias protestantes el párrafo ario que excluiría de la iglesia a todo creyente con antepasados judíos.

    Un día vinieron y se llevaron a mi vecino que era judío

    Como yo no soy judío, no me molestó

    El día siguiente vinieron y se llevaron a mi otro vecino que era comunista

    Como yo no soy comunista, no me molestó

    Al tercer día, vinieron y se llevaron a mi vecino que era católico

    Como yo no soy católico, no me molestó

    Al cuarto día vinieron y me llevaron

    Ya no quedaba nadie para protestar…

    A partir de aquí ya hay multitud de versiones, adaptaciones o traducciones, incluso Poémame publicó un Poemareflexiona con… Martin Niemöller hace unas semanas:

    Primero se llevaron a los comunistas,

    pero a mi no me importó porque yo no lo era;

    enseguida se llevaron a unos obreros,

    pero a mí no me importó porque yo tampoco lo era;

    después detuvieron a los sindicalistas,

    pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista;

    luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso,

    tampoco me importó.

    Ahora me llevan a mí, pero ya es demasiado tarde.

    Algunos dicen que la cita auténtica parte de un sermón de Martín Niemöller en la Semana Santa de 1946 en Kaiserslautern (Alemania) que dice así:

    Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,

    guardé silencio, porque yo no era comunista.

    Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

    guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

    Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

    no protesté, porque yo no era sindicalista.

    Cuando vinieron a buscar a los judíos,

    no protesté, porque yo no era judío.

    Cuando vinieron a buscarme,

    no había nadie más que pudiera protestar.

    Como curiosidad y para finalizar el relato de esta historia, hemos encontrado una noticia según la cual, en un espacio reservado a la memoria del horror, como es el Museo del Holocausto en Washington, la presentación del poema tiene una particularidad, se le ha eliminado/censurado nada menos que su primera frase, aquella con la que Niemöller invariablemente iniciaba su exposición:

    Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

    Sea como sea, la realidad se empeña en que este poema sea hoy más actual que nunca.

    El ‘no decir nada’ de la versión original, o el ‘no me importó’ de Brecht, o el ‘no me molestó’ o ‘no era’ de Niemöller son un espejo frente a nosotros que nos muestra lo que somos realmente y hace que la poesía, como arma cargada de futuro que es, nos haga cuestionarnos a nosotros mismos:

    ¿No será que buena parte de nosotros, de nuestra sociedad, ha cedido y continua cediendo su libertad por comodidad?

  • Poemareflexiona con… Luca Argel (II)

    Poemareflexiona con… Luca Argel (II)

    «Me olvidé de fijar el grafito», Luca Argel (Kriller71 ediciones, 2015)

    Estamos con un nuevo año por delante, lo miramos y, con lo rápido que pasa el tiempo, es como si ya empezásemos a despedirlo.

    La versión original en portugués de estos versos de Luca Argel (a quien ya dedicamos un poemareflexiona ) es:

    olhar

    já seria uma espécie de despedida

  • El poeta Ovidio y España dos mil años después

    El poeta Ovidio y España dos mil años después

    Roma ha revocado la condena al exilio del poeta Ovidio (Sulmona, 43 a.C.) dos mil años después. El Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo prometió en su programa electoral que uno de sus objetivos era corregir los errores de las administraciones pasadas… ¡y tan pasadas! Su revisión ha llegado hasta el emperador Augusto.

    Augusto mandó a Ovidio al exilio a Tomis, la ciudad romana que después se convertiría en Constanza (Rumanía). Se dice que uno de los motivos del exilio pudo ser porque Ovidio descubrió las relaciones ilícitas del emperador, aunque hay una segunda versión según la cual al emperador no le gustaba la notoriedad de Ovidio como cantor del amor por excelencia. Un poeta que ha marcado la historia de la literatura con sus «Metamorfosis», poema en quince libros que narra la historia del mundo desde su creación hasta la deificación de Julio César.

    En realidad, la rehabilitación de Ovidio se inició el año 2012 en su ciudad natal, Sulmona, cuando el ayuntamiento aprobó por unanimidad enviar a Roma la sentencia de absolución emitida por un tribunal de juristas, solicitando que se procediera a la rehabilitación de Ovidio. El texto aprobado el 15 de diciembre de 2017 especifica que «se debe rehabilitar al poeta restituyéndole la libertad, la dignidad cívica y el arte universal, además de involucrar a las nuevas generaciones en el conocimiento de su vida para favorecer la participación activa en la ceremonia de absolución».

    El asesor de Cultura y vicealcalde, Luca Bergamo, ha declarado que «la rehabilitación de Ovidio es un símbolo importante, ya que habla del derecho de los artistas a expresarse libremente en la sociedad».

    Grupo de rap «La insurgencia»

    Es curioso que mientras que en Italia se rehabilita a los poetas con 2000 años de retraso apelando a su derecho a expresarse libremente, el gobierno del Partido Popular en la España del 2017 y 2018 recién estrenado parece volver a la época de Augusto encarcelando a aquellos músicos, como a los integrantes del grupo de rap La insurgencia de Zaragoza, por el contenido de las letras de sus canciones. Estos son los versos (fuera de contexto) por los que son acusados.

    #LIBERTADLAINSURGENCIA

  • Leer y escribir en Shanghai, por Ángela Pradelli (II)

    Leer y escribir en Shanghai, por Ángela Pradelli (II)

    En una entrada anterior, os presentamos la primera parte del artículo escrito por la escritora y poeta argentina Ángela Pradelli en Shanghai para el diario argentino Clarín:  Leer y escribir en Shanghai: entre masajistas ciegos y cultores de la poesía efímera.

    En el artículo de hoy, un encuentro de escritores en Shanghai,  ciudad de más de 20 millones de habitantes, acerca a Ángela Pradelli a historias entrañables.

    “Yo quiero escribir la historia de mi abuela, dijo el alumno, pero no sé cómo hacer, y quería preguntarle a la escritora argentina cómo hizo ella para contar la historia de su abuelo italiano, por dónde empezó, y si puede que me diga que tengo que hacer para contar la historia de mi abuela.” Qué hubiese dicho mi nonno si hubiera sabido que, muchos años después de haber partido de esta tierra, en Shanghai, en un mundo que seguramente él no imaginó, un joven se interesaría en su pequeña vida en las montañas italianas; qué hubiese pensado si escuchara que este estudiante, en China, más de noventa años después, quería saber sobre su vida de inmigrante, y que la tomaría como guía para escribir el relato de su propia historia familiar…

    Sobre el cielo -que es también un límite- todos los sueños de la humanidad. Un campo de manzanillas, una ráfaga conocida, esas flores silvestres que rozan el borde de los días…

    Un día antes de regresar a la Argentina, fui al Fuxing Park a despedirme de Wenye Pu, el maestro de Di Shu….

  • Poemareflexiona con… Eduardo Galeano

    Poemareflexiona con… Eduardo Galeano

    ¿Acaso no es cierto que cuánto más tímida, callada o introvertida es la persona a nuestro lado, más la ninguneamos e ignoramos?

    Ese debe ser burro, decimos…

  • 13 preguntas y una poeta, Alicia Plante: «El oficio de escribir es como un músculo que se fortalece con el uso, con la exigencia»

    13 preguntas y una poeta, Alicia Plante: «El oficio de escribir es como un músculo que se fortalece con el uso, con la exigencia»

    Alicia Plante nació en Buenos Aires. En 1970 publicó su primer libro, Asumiendo mi alma (poesía; Ediciones LH). En 1973, invitada por la Universidad de Harvard, grabó poemas inéditos para la biblioteca de esa institución. Trabajó en numerosas traducciones literarias y científicas; entre 1976 y 1980 siguió la carrera de Psicología. En 1990 ganó el premio Azorín de Novela (Diputación de Alicante) con Un aire de familia, que publicó en España y en Argentina. En 2004 editó El círculo imperfecto (Sudamericana), en 2011 Una mancha más (Adriana Hidalgo editora) y en 2013 Fuera de temporada (Adriana Hidalgo editora).

    Actualmente es colaboradora del diario Página/12, donde publica notas, cuentos, reseñas y entrevistas. También colabora con Libros sobre Libros, de México. Desde 1990 dirige talleres de narrativa y poesía.

    ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    No hay nada excepcional en mi vida. No fui víctima de maltrato ni abuso ni abandono, no tuve padres especialmente talentosos, no fui una estudiante brillante ni ninguna de esas cosas que generan expectativa. La menor de tres hermanas que nacimos una cada cinco años en una casa en los suburbios que amé y fue mía, tuve que esperar a que la señorita María me enseñara a leer y escribir en primero inferior para dejar de perseguir a mis hermanas para que me leyeran de sus libros en voz alta. Lo primero que escribí fue un poema, tendría unos siete u ocho años, El niño muerto, algo de sus manitos blancas, ni fue guardado ni lo recuerdo, pero estaban todos vagamente asombrados.

    Crecí más bien a la deriva, sin mayores controles ni cuidados, lo cual fue bueno porque me hizo independiente, pero también siempre algo dispuesta a la tristeza. Aunque entonces no me diera cuenta. Usaba el cuerpo desorganizadamente para cualquier deporte, todos y ninguno. Aprendí a nadar en la pileta del club de nuestro barrio sin que nadie me enseñara, era natural y no esperaba otra cosa. Y a la vez me sentía amada. Lo cual no quiere decir “escuchada”.

    No, no se es la menor por varios años sin un precio, eso se paga con el sentimiento de haber llegado tarde, de haberse perdido lo mejor.

    Y tal vez fue desde esa marca que empecé a escribir tan tarde. Todo se demoró, no sólo eso, también los estudios (psicología) ya que primero hube de contravenir el mandato implícito para las tres hermanas de casarnos y dedicar toda nuestra creatividad a fabricar gente. Escribir no fue una incursión en el mundo de lo creativo que me fuera estimulada. De hecho recién a los treinta años se convirtió en una aventura más organizada. Presentar poesías a una convocatoria local…, ser seleccionada…, ver mis palabras impresas (1971), sí, una emoción indescriptible. Y fue poco más tarde (1973), que coincidiendo con mi presencia en los Estados Unidos la Biblioteca de la Universidad de Harvard me invitó a grabar poemas inéditos para su sección de poetas latinoamericanos.

    Seguí en esa vena varios años, aunque supiera que mi aspiración era la prosa, la novela, con la poesía como cimiento estético, como matriz de música, ritmo y lenguaje determinando idéntica búsqueda de belleza y verdad a través de otros anclajes. Las diversificaciones iniciales fueron por el lado del cuento corto, como si fuera más fácil, que no lo es, sólo es un esfuerzo más breve, pero tiene reglas, leyes y características propias que conviene conocer. Los encontré hace poco, los primeros. Eran malos. Un par los reescribí desde una intuición mejor acariciada y ahí están, pero mi pasión ya se agazapaba y sin darme cuenta preparaba los músculos para el salto. Mi primera novela, Un aire de familia, la inicié durante un brevísimo pero inteligente taller de narrativa con Dalmiro Sáenz. Cuando en el grupo leí la primera hojita manuscrita Dalmiro me dijo algo inolvidable: “tenés el personaje de una novela…”. Él venía siendo inflexible, de modo que apoyada en mi nueva espalda trabajé con la idea durante más de un año, escribiendo a mano, corrigiendo en espirales alrededor de la página, y una noche la di por terminada. A comienzos de 1970 la presenté a un concurso en España y me senté a esperar, largos meses esperé, ¡y mi novela, increíblemente, ganó! Un llamado teléfonico, Radio Nacional de España en cadena, quizá mi día más feliz… Se publicó allá, en la bella Alicante (1971) y un año más tarde, sin el puñado de comas que habían agregado al manuscrito, en Buenos Aires (1972).

    Todavía me da placer esa novela, pensar en los personajes, sus perfiles…, revivo en ella el proceso de escritura más que con cualquiera de las otras, que a la fecha son más de diez, cuatro de las cuales todavía están inéditas.

    Luego, en 2002, apareció Carmen Balcells en mi paisaje. Le habían gustado los cuatro manuscritos que le mandé por mail y decidió representarme. Gestionó la publicación de una de esas novelas con la Editorial Sudamericana (2004), pero sin ninguna promoción de la editorial se vendió muy poco y Carmen, habiéndome regalado mi primera computadora, lo interpretó de algún otro modo y dio un paso al costado.

    Años duros, ganar un concurso o lograr un contrato de edición eran una utopía, se rebotaba en las editoriales argentinas tanto como en las españolas. Venía escribiendo numerosas reseñas literarias para Radar, el suplemento cultural del diario argentino Página 12. También cuentos cortos, notas, varios ensayos, incluso alguna traducción. A la vez escribí cuentos y reseñas solicitadas por diarios y revistas de Buenos Aires y del interior, más alguna de México. Y fue desde ahí que el contacto con Adriana Hidalgo editora se convirtió en la deseada realidad de una editorial que decidiera publicarme sin la intermediación de nadie. A la fecha (noviembre 2017) son cuatro las novelas negras aparecidas en ese sello. La que abrió la Trilogía del Agua fue Una mancha más, 2011 (también traducida y publicada en italiano por La Nuova Frontiera, Senza macchia aparente, 2015, y en francés por Editions Métaillié, Les eaux troubles du Tigre, 2016). La segunda sería Fuera de temporada, en 2012, seguida de Verde oscuro, 2014, y La sombra del otro, 2016. Durante 2017 terminé de escribir la siguiente, El propio enigma, y en seis meses empecé y completé la última, Mala leche, ambas todavía inéditas.

    Foto de Fernando Sturla.

    ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

    Me resulta difícil contestar esta pregunta porque no recuerdo exactamente cuándo ni por dónde empecé. Al comienzo estuvieron muy presentes los clásicos, principalmente Rubén Darío, por supuesto, así como los grandes poetas españoles, sobre todo García Lorca, Machado, Alberti, y los franceses traducidos… Hasta que en algún momento remoto descubrí la poesía de Borges. Ese fue un hito importante porque se derrumbaban ante mí las reglas establecidas y la belleza se adueñaba de la palabra sin inhibiciones. Era lo que buscaba, el coraje para transgredir sin destruir, para explorar el adentro más que la buena letra, y que sin embargo la elección de cada palabra, su sentido, su gravidez exacta te dejaran muda. No sé si puedo hacer responsable a Borges de lo que escribí en aquella época lejana, los sesenta, digamos. No lo creo, porque también circulaban por los pliegues absorbentes de mi imaginario escritoras como Juana de Ibarborou, Alfonsina, el amor en las mujeres, el lenguaje de la soledad y la muerte. La forma de rozar lo indecible se venía transformando ya desde Silvina Ocampo y Gabriela Mistral pero la ocupación del primer plano, la implosión en cada uno que significaron Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño, Diana Bellessi, y perdón por la mezcolanza, pero el arte, su manera de permanecer vigente en cada uno es caótico, desordenado, no me parece importante enumerar respetando cronologías, tendencias ni supuestas escuelas, dentro de mí están todas vivas al mismo tiempo, junto a magnates como Girondo, Gelman, Benedetti, Lamborghini… Y tantos otros que no voy a enumerar o que no leí. Confieso haber coqueteado con todos, pero no reconozco en mí la nítida influencia de ninguno.

    ¿Cómo definiría su poesía?

    Mmm, digamos que ajena a las etiquetas, al menos intencionalmente, pero no sabría cómo definirla salvo como un ojo, una mano, un diente, todo hincado en la carne de lo hondo, lo que se esconde, lo que más quiero decir, quizá para confirmarlo antes de que escape. Honesta. Sí, diría que es honesta, siempre hice pocas concesiones, y lo mismo con la prosa.

    ¿Cree que una poeta evoluciona en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

    Una mismo evoluciona, todo evoluciona, nada se queda quieto. Y necesariamente aparecen cosas nuevas que decir, o tal vez más que cosas nuevas, decirlas de otro modo, desde angustias o felicidades que no estaban, desde algún logro, alguna satisfacción que abrió puertas insospechadas, desde decepciones, alegrías, hay cierta maduración del laboratorio donde se bruñe poco a poco la belleza del lenguaje. Que cambia. El mío, hoy, creo que es más económico, más seco, quizá más hondo. Y más sencillo.

    ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    En general corrijo la forma, reemplazo una palabra por otra, borro o acorto o alargo un verso. El contenido en cambio se define casi solo de entrada. Hay algo que quiero decir, aunque no tenga claro qué. Algunas veces termino de saberlo recién cuando está escrito, cuando acabó de armarse, con esa extraordinaria autonomía que tienen las palabras, como si respondieran a pulsiones inconscientes, secretas, a otro yo que sabe y dicta. Y no es metafísico ni parapsicológico, son los modos misteriosos de la poesía. Y lo doy por terminado cuando no necesito volver a leerlo.

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    Que lo que escribo haga sentir a otro que hablo por él, que encontré la forma de decir lo que no conseguía poner en palabras. O hacerlo descubrir dentro de sí mismo sentimientos o ideas de los que no sabía nada, que estaban sueltos dentro de él, desconectados, porque nunca había reconocido el diseño que formaban. Y que entonces le de placer leerme.

    ¿Qué lugar ocupan, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Francamente, me dan terror. Pocas veces las personas, aun los propios poetas, leen poesía sin distraerme con ese pánico a la vacilación, al error, al énfasis equivocado que me inunda. Recientemente asistí a una lectura conmovedora de sus poemas hecha por Liliana Lukin. Es raro. No sé si habrá ensayado mucho, si los sabía de memoria, pero parecían brotar de ella como si los estuviera escribiendo para nosotros en ese momento, tanto sentido, tanta emoción adecuada…, la vehemencia, la pausa, la introspección, la intención de tocarnos con cada palabra. Sí, fue una emoción fuerte y sabia, pero es raro.

    Poder escribir no es poder decir.

    No necesariamente. Y por emotivo que sea tener al poeta delante, creo que no compensa ese pudor de que lea mal.

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?

    Lo importante es llegar al otro, uno escribe para ser leído, se escribe para el otro, ese otro imaginario del que tanto hablaba Umberto Eco. Y como decía el querido y añorado Ricardo Piglia, es en el lector que lo escrito se concreta, se cierra, en el diálogo, que nunca es igual, que se da entre el que escribe y el que lee. Hoy es internet y los medios intangibles, ayer fue el libro, el papel, la tinta. Lo que importa, creo, es que sigamos escribiendo y leyendo. Que siga haciéndonos falta. Lo dramático, claro, es la situación económica de todos los que están detrás del libro, los escritores primero.

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro/a autor/a que le haya gustado mucho?

    Elegir es dejar de lado el resto, imagínate, el universo de los poemas leídos…, pero si he de achicar y achicar la mira, casi al azar, voy por uno de Idea Vilariño, tan simple, tan sentido, que me deja sin palabras: “Ya no será”.

    Ya no será

    Ya no será
    ya no
    no viviré contigo
    no criaré a tu hijo
    no coseré tu ropa
    no te tendré de noche
    no te besaré al irme
    nunca sabrás quién fui
    por qué me amaron otros.
    No llegaré a saber por qué ni cómo nunca
    ni si era de verdad
    lo que dijiste que era
    ni quién fuiste
    ni qué fui para ti
    ni cómo hubiera sido
    vivir juntos
    querernos
    esperarnos
    estar.
    Ya no soy más que yo
    para siempre y tú
    ya
    no serás para mí
    más que tú. Ya no estás
    en un día futuro
    no sabré dónde vives
    con quién
    ni si te acuerdas.
    No me abrazarás nunca
    como esa noche
    nunca.
    No volveré a tocarte.
    No te veré morir.

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Ayer terminé de leer una breve joya, de Stefan Zweig, Una partida de ajedrez. Es un relato perfecto.

    ¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/a que se iniciara en este camino de la poesía?

    Si la pregunta apuntara a la prosa, a la narración de una historia, tendría varios consejos claros y, creo, útiles, resultado de la experiencia y de lo que otros escritores con los que concuerdo han aconsejado. Pero en el terreno de la poesía…, si bien he tenido algunos jóvenes poetas en mis pequeños talleres con los que hemos trabajado sus textos para elaborar lo más valioso y dejar de lado lo ornamental o lo prescindible, no tengo consejos en este terreno que me atrevería a generalizar. Creo que lo único válido es que hay que escribir mucho, revisar, pulir… y seguir escribiendo. El oficio de escribir es como un músculo que se fortalece con el uso, con la exigencia.

    ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    Creo que está en una profunda crisis. Eso es precisamente de lo que hablaba en el punto 8. La falta de pausa en los ritmos que impone la vida moderna, el vértigo y la velocidad que parece diferenciar lo nuevo, lo joven, de lo viejo –de los viejos–, impone una preferencia por todas las puertas que abre la cibernética. La industria editorial es una de las víctimas evidentes de este fenómeno.

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no le hice?

    Por ejemplo qué pienso de las preguntas que sí me hiciste. Porque me habría permitido decirte que me parecieron inteligentes, bien formuladas, abarcativas de una manera digna, y que estimulan la imaginación. Es decir, que al irlas leyendo me daban ganas de responder.

    Alicia Plante se unió a la iniciativa por la libertad de la palabra ¡PEN protesta! y ya publicamos el poema que allí recitó.

    Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y gracias por haber llegado hasta aquí.

  • Leer y escribir en Shanghai, por Ángela Pradelli (I)

    Leer y escribir en Shanghai, por Ángela Pradelli (I)

    Nuestra «corresponsal» en Los Angeles (EUA), Andrea Labinger, traductora al inglés de la obra de Ángela Pradelli,  me puso en contacto con la escritora y poeta argentina para que la pudiese entrevistar para la revista Poémame.

    Mientras trabajamos la entrevista, Pradelli supo de mi afición por la caligrafía y la poesía china, por eso me envió dos de sus artículos publicados el 22 y 27 de octubre en el diario argentino Clarín en el que nos habla de vida, poesía y arte para que los lectores de Poémame los podamos disfrutar.

    Hoy os presentamos el primero de ellos. Por si dudáis, aquí tenéis unas breves perlas:

    En el hall del edificio, me hablaron de los masajistas ciegos. Me dijeron que son artistas de leer con las manos el cuerpo…

    Los maestros de Di Shu son calígrafos que escriben poemas sobre el piso de los espacios públicos. Usan pinceles de mango largo y cerdas abundantes que embeben en agua…

    El Di Shu es, también, una búsqueda individual, subjetiva y exige una gran concentración. Es una escritura efímera, fugaz, se evanece en pocos minutos…

    Hablamos también sobre la poesía china. Le dije que me gustaba mucho Li Po y me sorprendió que no lo conociera. Dijo que para él, Li Bai era el poeta más importante y anotó el nombre en mi libreta…

    El di shu nos recuerda el grado más precario de la escritura. Vi cómo el poema se esfumaba…

  • Poemareflexiona con… Raquel Lanseros

    Poemareflexiona con… Raquel Lanseros

    La palabra tradición del título de este poema, me lleva a pensar que ésta no es más que una mentira compartida como si fuera verdad y transmitida con modales religiosos. A pesar de ello, la necesitamos para sobrevivir.

    La tradición no es más que la respuesta a un mundo huérfano y desnortado al que nos ha llevado una modernidad y globalización exclusivamente economicista y sin contenido humanista. Necesitamos que nuestro entorno más cercano no sea una franquicia.

    La tradición es una reacción a la globalización como sinónimo de homogeneización en la que vivimos: fugaz y caduca. Esta sociedad líquida se ha quedado sin religión (solo fanatismo), sin conciencia de clase (solo lo políticamente correcto) y sin familia (solo redes sociales).

    Unos supervivientes de esta sociedad franquiciada, los y las poetas, son los exploradores en busca de una tradición que nos pueda salvar, como Raquel Lanseros con su tradición oral.