Soy de las que disfruta paseando de puntillas por los versos de los recién aterrizados en Poémame, dar la bienvenida (a todo el que puedo) y como a todo el mundo le pasa seguro, unos me llegan, otros no alcanzo y algunos me dan un mazazo en el estómago del alma y me erizan la piel… entonces ahí me paro, me deleito y disfruto del viaje.
Esto es lo que me pasó con la poesía de @raffadurand:
Mira cómo cae hoy día la lluvia.
Cae como nuestra saliva ácida y oscura.Es negra y bruta.
Fragmento de su poema Blanco y negro.
Aterrizó en nuestro bar de poesía el mes pasado (Septiembre) y con sólo veinticinco poemas publicados, ha creado un universo personal y único.
No te deja indiferente, es intensa, profunda, oscuramente bella… una ráfaga de vendaval más que viento.
En otras ocasiones es suave y sutil, dejando un regusto amable y dulce en el paladar de la mente, pero con un mensaje contundente y profundo.
Hoy palpé los sueños de la luz en una ventana, dorado amanecer en un cuadro rodeado de la incandescencia de una pared tan antigua como mi asombro, polen extasiado en su viaje, encierro de musa, cartas diminutas que se escriben a sí mismas hasta alcanzar, quizás, a un lector sin anteojos, sin manos, traficante de ensoñaciones…
Fragmento de Luz de la Tarde.
Algunos poemas son todo un viaje de sensaciones, sentidos, mundos reales mezclados con mundos oníricos. Un tobogán de emociones que deleita los sentidos:
AMARTE DE DÍA
Amanecí en Nepal,
con gafas tornasoladas
para encontrarme
escuchando la cascada solar
de tu cabellera…
Hace muchos años,
creyéndome muerto,
hilvanando mis pasos
por el tuerto relieve
de ciertas calles… caí de bruces.
«Me encontrarás
siguiendo la ruta del Inca,
siempre hacia el Sol.»
Amarte quise
con el glóbulo infinito
de una mañana abrasadora,
líquenes al viento,
en el desnudo palpitar
de un sueño
que permanece
lo que permanece
un profundo suspiro.
Y los peces meando burbujas
hablaron con la lengua exótica
de las aguas de oro,
múltiple cáliz en el pecho,
azorado encanto,
sinfonía celeste
que abarcaba
todo el espectro cromático.
Mágicos y distantes panoramas
daban cauce a nuestro encuentro,
locas las almas untándose
una a la otra sin medida,
piedra de toque de los dioses,
sin Olimpo,
viajando en barcas de silicio
sobre un mar verde,
húmero licor de mansas frutas.
Se me hacía realidad
lo que desde niño vislumbraba,
atónito y poseído
por una especie
de exaltada serenidad,
en aquella colina que veía
mientras me alejaba
de los juegos y los ruidos,
escondido en un embudo de mallas
sin pesar en nada,
sólo «viendo».
Decidí amarte ante la luz,
aún masticando los colmilloos
de las infaustas noches…
Volverme perfume,
ansioso recolector de semillas
en esa tierra que no ha sido
regada todavía.
Así.
Os invito a conocer un poco más a este poeta de mirada en verso profundo y penetrante en su rinconcito de Poémame.


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