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Salo Mochon, México 1985, es, según su propia definición un ‘aborto de rabino, coautor de Escardillo, psicoanalista’ cuya ‘incapacidad lo ha forzado al frugal lirismo de la cita (My previous incarnations: a melón, a lobster, a lémur, a bottle of wine, Epicurus).

En otras palabras, y siguiendo con el plagio poemático, nos encontramos ante un poemario que intenta ‘fortalecer el intelecto a través de nunca llegar a una conclusión’. ‘El lector se ve obligado a hacer un ejercicio de combinatoria; las diferentes tipografías lo guían y lo confunden al mismo tiempo’.

EL EMISOR Y EL RECEPTOR hablan
sobre algo importante.
Jack dice A
y Jill escucha X.
Jill responde Y
y Jack escucha B.
Es decir, se entienden.
Jack y Jill se intercambian, por turnos,
los lugares de emisor y receptor:
el ciclo se repite hasta que deciden
reconocer algo terrible
o salir a comer atún.



———————————
A = mensaje del emisor.
X = mensaje del emisor de acuerdo al receptor.
Y = respuesta del receptor consecuente con aquello que creyó escuchar.
B = respuesta del receptor de acuerdo al emisor y consecuente con lo que creyó decir en un principio.

Escardillo es un viaje alucinógeno/lisérgico en el que las palabras no saben qué hacer entre ellas. Escardillo es el primer libro de este joven poeta que con un poco de tiempo, puede acabar convirtiéndose en el Fernando Arrabal mexicano: autor inclasificable que se mueve como pez en el agua entre los avatares del surrealismo no surrealista, o sí.

¿Quién debe comprar este libro?

Todo aquel que no sepa responder a la pregunta que Salo Mochon nos hace:

¿Cuántos pelos blancos puede tener una vaca roja sin dejar de ser una vaca roja?

¿Por qué hay que comprar este libro?

Sencillamente por el valor demostrado por el poeta/escritor Salo Mochon y el editor/provocador cultural José María Cumbreño al editar un libro de estas características. Un poemario que ha conseguido obtener la mención honorífica en el VII Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz. Escardillo, Salo Mochon, Liliputienses.

Acabaremos esta reseña con un poema que sirve tanto para la reseña como para el poemario.

Si alguien se ha tomado el trabajo de leer con alguna atención lo precedente, tal vez le haya sobrevenido involuntariamente el pensamiento de que algo debía de andar mal en el propio Dios.


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