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  • Redry (David Galán): «Escribir me libera, me deja hacer lo que yo quiero con mi realidad»

    Redry (David Galán): «Escribir me libera, me deja hacer lo que yo quiero con mi realidad»

    David Galán (Redry), es maestro en Educación Infantil y escritor de Valladolid, ciudad a la que adora y donde empezó a escribir casi por instinto. Ha llegado a los corazones de mucha gente con su poesía, participando en recitales con grupos como PerVersos y Susurros a Pleno Pulmón, con su blog Aviones de papel para sobrevolar clases de poesía,y en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram

    El pasado mes de abril presentó su primer libro «Abrázame los monstruos» de la mano de Editorial Espasa, en el que nos enseña su manera de ver y de sentir la vida con pequeñas historias que te dejan un dulce sabor en la boca, como el mejor de los abrazos.

    Vamos a empezar con la pregunta obligada, ¿qué es para ti la poesía?

    Creo que la poesía cada uno la puede definir desde sus sentimientos, poesía puede ser un cruce de miradas, un nudo en el estómago, un paseo por la playa o poesía eres tú, que diría aquel…

    ¿Por qué escribes? ¿Qué supone para ti?

    Empecé a escribir ya hace mucho, frases cortas en las mesas de clase, pequeñas notas que se perdían en los bolsillos de los pantalones, post-it que iba dejando en los autobuses, etc. Después llegó Internet a mi vida y aparecieron los primeros blogs, pasé por unos cuantos y ahora mismo todo ha derivado hacía las redes sociales que es donde me he dado a conocer de verdad. Escribir me libera, me deja hacer lo que yo quiero con mi realidad, las palabras transforman realidades y a veces me hace evadirme a la mía propia, otras muchas sirve de descarga, de desahogo de expresar cada uno de mis sentimientos.

    De la poesía clásica y contemporánea, ¿cuáles son tus favoritos?

    Si te soy sincero creo que poesía no leo mucho, me gusta más la novela, suele inspirarme mucho más. Puede que suene o tire de tópicos pero entre mis favoritos está, como no, Neruda, es de los pocos que con pocas palabras ha conseguido estremecerme.

    Dime, ¿crees que se nace poeta, o puedes aprender a serlo?

    No lo sé, yo desde luego no me lo considero, ni que sea poeta ni que escriba poesía, simplemente me dedico a hacer lo que me gusta, espero que a quien me lea le guste lo que hago.

    Eres maestro en educación infantil, ¿crees que es necesario inculcar el valor de la poesía desde pequeños?

    Por supuesto, pero en poesía o en cualquiera de los valores fundamentales para formarnos como personas. La poesía es una herramienta más con la que poder expresar nuestros sentimientos y aprovecharla a nuestro favor puede ser de gran valor en las edades más tempranas.

    La poesía actual está en pleno auge en estos momentos, ¿qué opinas sobre las plataformas, como Poémame, donde todo el mundo puede publicar sus poemas libremente?

    Un acierto, todo lo que sirva para difundir la poesía de una forma bonita y sana creo que siempre tiene que ser bien recibida. Todas las puertas que se abran para dar alas a la poesía y a nuevos autores es algo para agradecer, respetar y dar valor por ello.

    ¿Crees que es beneficioso o, por el contrario, piensas que resta valor a la poesía?

    Para nada le resta valor, al menos en mi opinión, como decía antes es una puerta a nuevos poetas o escritores con ganas de mostrar al mundo lo que llevan dentro.

    El 4 de abril ha salido publicado tu primer libro de poemas, «Abrázame los monstruos». Cuéntame cómo te sientes.

    Imagínate, es algo indescriptible, siempre había soñado con publicar un libro con todo aquello que había escrito, la idea ya rondaba en mi cabeza hace mucho tiempo, y fíjate, ha llegado. Respecto a ello me siento muy feliz, es una experiencia increíble y estoy intentando vivir cada detalle y cada momento al máximo. Está siendo muy emocionante.

    Y para terminar, ¿qué consejos darías a un escritor novel que quiere hacerse un hueco en la poesía y ver su trabajo publicado?

    Lo primero y fundamental, que disfrute con lo que hace, que sienta y escriba sin miedo a nada y que sea constante. Después de ese consejo solo puedo hablar desde mi experiencia, publicar en blogs y en cualquier red social y que llegue el momento de publicar, suena imposible, pero a mí me ha pasado…

    (Crédito de imagen de cabecera: Redry/Instagram)

  • El mundo editorial bajo la mirada del poeta

    El mundo editorial bajo la mirada del poeta

    «No coloquéis sobre la lengua viva de los niños, la palabra muerta», Gabriela Mistral.

    Partimos de la base en que a día de hoy no se nos educa en poesía. En las aulas se mantiene un sistema ya de por sí anacrónico y supervisado por ciertas entidades encargadas de que esto sea así. En la poesía se ve reflejado ampliamente por la concepción que nos transmiten los libros de texto, donde solo se informa en pocas hojas sobre unos autores determinados del pasado, y unas formas concretas. Esto se traslada popularmente a que las personas ignoren las nuevas formas poéticas, los poetas actuales, e incluso arrastremos una concepción muy romántica sobre la poesía y la figura del poeta.

    Todo esto influye a la hora de llevar a cabo la edición de un libro. Lo primero que les preocupa a casi todas las editoriales son las ventas, porque no deja de ser un negocio. Pero afortunadamente quedan editoriales que no sólo ponen su esperanza en las ventas. Un poeta puede ver el mundo editorial de muchas maneras. Las editoriales se arriesgan destinando poesía a un público generalizado con ideas preconcebidas y antagónicas por culpa de un problema educativo.

    Creo que son mínimos los casos donde un poeta busque lucrarse. En poesía se busca otra cosa, y en el ámbito editorial lo que más buscan los poetas es respeto y profesionalidad, o al menos en mi opinión.

    Tipos de editoriales para poesía

    Editoriales grandes

    Son editoriales que se dirigen al gran público, con grandes posibilidades. Financian el 100% del poemario. El poeta no ha de pagar ningún gasto y cobra un porcentaje adecuado a sus derechos de autor.

    Editan y publican más de 1.000 ejemplares. Estas grandes editoriales cuentan con un gran despliegue de medios y sobretodo presencia en redes sociales.

    Desde mi punto de vista, estas editoriales se nutren del fenómeno poesía en la red. Al querer asegurarse las ventas, este tipo de editoriales que no aceptan manuscritos y encuentran a sus poetas en las redes sociales los cuales ya poseen un amplio y suculento número de followers, seguidores y likes. Con lo cual no se busca tanto la calidad poética si no más bien una repercusión mediática a través de Internet y unas ventas aseguradas.

    También en grandes editoriales hay un término medio. No poseen una gran cantidad de ejemplares editados y publicados pero sí que cuentan con una amplia notoriedad en las redes sociales. Les interesa la calidad poética -aunque no aceptan manuscritos- y suelen destinarse a un público generalizado.

    Editoriales independientes

    Son editoriales que se dirigen a un público general,  aunque quizás sí que buscan un perfil de un lector más comprometido o no tienen tanta presencia en las redes sociales. Suelen financiar el 100%. El poeta no ha de pagar ningún gasto y cobra un porcentaje adecuado a sus derechos de autor.

    Editan y publican entre 300 y 500 ejemplares.

    En este tipo de editorial se busca la calidad poética, aceptan manuscritos, están abiertos a propuestas y buscan inspiración o expresión. Sobretodo quieren dar visibilidad a la poesía.  Para ellos la poesía se promociona también desde las redes sociales pero también desde recitales y la escucha del poeta.

    Atribuyen que la poesía está considerada como género menor debido a la falta de educación en las aulas. También desde una perspectiva de consideración cultural dado que el público puede tener muchos prejuicios o estereotipos acerca del género. En prensa ocupan poco espacio en las criticas literarias y de difusión.

    Editoriales pequeñas o alternativas

    Se dirigen a un público general, aunque quizás a un público más reducido del entorno del propio poeta. Suelen financiar el 100% de la edición y publicación. El poeta no ha de pagar ningún gasto y el poeta cobra un porcentaje adecuado a sus derechos de autor.

    Editan y publican entre 20 y 50 ejemplares.

    En este tipo de editorial se busca la calidad poética, aceptan manuscritos, están abiertos a propuestas y buscan llegar a manos de cualquier lector incluso al de no poesía. Sobretodo quieren dar visibilidad a la poesía. Incluso hay algunas que no buscan nada: encontrar algo ya es un logro.

    Para ellos la poesía se promociona también desde las redes sociales pero también desde recitales y eventos. Es el poeta quien más se promociona a sí mismo.

    Atribuyen que la poesía está considerada como género menor debido a la falta de educación en las aulas. La poesía es una superviviente dentro del género literario. No hablan de género menor si no minoritario. Es como el jazz.

    Autoedición

    • Vía Internet: Sitios web donde por un precio relativamente justo puedes autopublicar. Te llegarán a casa tus libros para que los puedas distribuir tu mismo.
    • Vía asociación cultural: Asociaciones que se encargan de todo el papeleo, registro, buscan imprenta, y tú solo cubres los gastos de impresión, formas parte una colección de poesía y es un precio muy económico con un resultado muy bueno y un formato diferente y sencillo.
    • Vía a pie: Implica consultar directamente a una imprenta precios, costes y riesgos, informarse y realizar el registro de la propiedad intelectual, etc.

    Editoriales «estafa»

    Son editoriales que aparecen por alguna red social, y suelen dirigirse a personas jóvenes e inexpertas pero ilusionadas.

    Piden una gran cantidad de dinero por 200 ejemplares de un libro (aproximadamente 1.500 euros). Realmente son de copago y al final sale muy caro publicar con ellos, no tienen la distribución que suelen prometer ni difusión. Y la calidad de la impresión no suele ser lo esperado.

    En cuanto a las cifras de ventas

    Un libro tiene su mayor pico de ventas durante los seis primeros meses de vida tras el lanzamiento y es durante ese periodo cuando la editorial o el autor deben volcarse en la promoción de la obra. Una vez terminado ese periodo, el volumen de ventas de una obra decae hasta llegar a menos de una cuarta parte.

    Vender por encima de los 10.000 ejemplares ya puede ser considerado éxito de ventas. Con el reciente boom de poesía en la red se han llegado a vender en algunos casos los 40.000 e incluso 60.000 ejemplares, de grandes editoriales.

    Las editoriales suelen pagar entre un 5 y el 7% del PVP en concepto de derechos de autor. Cuidado, que en algunos casos no son importes netos de IVA.

    Bajo la mirada del poeta

    “La poesía que vale es la que estás oyendo”, Jorge Vales (Editorial Lapsus Calami)

    Para dar mi visión más detallada y realista sobre cómo el poeta ve el mundo editorial redacté unos cuestionarios que contestaron más de 20 poetas. Algunos que están empezando por la autoedición, y otros que ya tienen en algún caso hasta 27 poemarios editados y publicados.

    Las opiniones han sido variadas y muy enriquecedoras para mí personalmente sobre este mundo editorial.

    He encontrado muchas buenas experiencias pero también malas. Los poetas entendemos que el mundo editorial es complicado y no deja de ser un negocio, pero más allá de ello queremos que la poesía toque calle, conecte con la gente, se acerque a las personas y rompa todos los mitos o prejuicios que pueda haber sobre ella.

    Muchos de nosotros pensamos que ciertas editoriales por su interés comercial deterioran la imagen y calidad del género poético. Esto me lleva a pensar en la crisis literaria pero también social. Vivimos en el mundo del consumo y la inmediatez. La poesía en muchos casos ha pasado a ser un bien de consumo. Y para mí, la poesía es de todo menos algo que se venda. La poesía NO ESTÁ EN VENTA, la poesía resiste.

    A veces los poetas tienen malas experiencias con este mundo editorial debido a que los acuerdos con las editoriales varían, no se respeta la obra del autor, o simplemente incluso hay casos de estafa. Todo esto lleva a un sector de poetas desilusionados con las editoriales. Existe una relación de conflicto.

    “Los poetas inmaduros imitan; los poetas maduros roban; los malos estropean lo que roban, y los buenos lo convierten en algo mejor», T. S. Eliot

    Muchos poetas comienzan con la autoedición porque es una manera sencilla y barata de darse a conocer, de empezar y de llegar a la gente. Ese fue mi caso. Y estoy contenta con el resultado.

    En general muchos poetas se quejan de la poca o nula promoción y difusión de su obra. Es el propio poeta el que debe hacerse cargo de la difusión de su propia creación en redes sociales, eventos, micros abiertos, y como me dijo David González (poeta): “El poeta es promotor. Un triste charlatán de feria”. Y aunque quizás yo no comparta una visión tan triste sobre esto, sí que es cierto que somos nosotros los encargados de difundir nuestra obra y darle visibilidad.

    Soy consciente como poeta que las editoriales no dejan de ser un negocio, pero incluso desde una perspectiva empresarial muchos buscamos respeto y profesionalidad.

    Al realizar estas encuestas o preguntar he notado en ciertos casos quizás un poco de miedo a decir la realidad por parte de algunos poetas. Parece que hay casos en los que no pueden opinar de manera abierta y sincera por miedo a que ciertas editoriales dejen de abrirle las puertas a festivales de poesía o actividades.

    El mundo de la élite poética también está presente. Tienen acuerdos con las editoriales que también les pagan dinero por acudir como invitados especiales a según qué eventos.

    Para mí y algunos poetas esta es la clasificación de las editoriales:

    1. Editoriales grandes: Explotan lo ya conocido.
    2. Editoriales independientes: Se mueven entre la innovación y la supervivencia, arriesgan.
    3. Editoriales pequeñas o alternativas, o vías de autoedición: Es una forma de empezar, una forma de crecer, una forma de comunicar, una forma de nacer o incluso una forma de vivir al margen.
    4. Editoriales estafa: Extorsionan, roban.

    “La poesía tiene que ser humana. Si no es humana, no es poesía», Vicente Aleixandre

    El mayor problema al que se enfrenta el poeta y las editoriales quizás sea el problema educativo que hay de fondo en este género, que arrastra consigo una serie de imposiciones estereotipadas por el cual el público general tiene una concepción errónea o transformada sobre la poesía.

    El poeta no es un ente elevado, ni un ser supremo, más bien lo contrario. Los poetas suelen ser personas normales y corrientes con sus virtudes y carencias, que expresan a través de un medio sus sentimientos y pensamientos, y que no sólo expresan si no que trabajan en sus textos: investigan, estudian, leen. Los poetas son lectores o, en mi opinión, deben de ser lectores en potencia. Porque es a través de la lectura, de nutrirse de otros, cómo se aprende, dónde se ven las luces y las sombras.

    Las editoriales y editores tienen también en consideración esta realidad, alejándose de prejuicios, el poeta es como un escritor más, aunque arrastre fama de ser iluminado.

    En general dentro del mundo editorial, los poetas no hemos de perder nuestra humanidad y al contrario las editoriales pese a ser negocio tampoco deben olvidar esta parte humana tan esencial.

    Me han sorprendido muchas respuestas de las editoriales: todos califican las relaciones con los poetas de buena, y al compararlo con las respuestas de los poetas me he percatado de que esto no es del todo así. Hubo una respuesta que me llamó la atención y que sin duda lo resume bastante bien o al menos eso pienso: “La relación entre el poeta y el mundo editorial es una lucha de egos”. Y puede que ciertamente lo sea, porque socialmente ya somos así, sin ser poetas o editores, a día de hoy como sociedad se vive una intensa batalla de egos. El ego sin embargo es nuestra cualidad más innecesaria y la que al mismo tiempo nos humaniza.

    Me ha parecido llamativo comprobar como existe una parte también muy políticamente correcta dentro de las editoriales. Y al mismo tiempo algunos poetas han guardado silencio por simple miedo a poner las cartas encima de la mesa.

    Es irónico comprobar como distintas piezas de un puzzle encajan tan perfectamente.

    Una cosa que sin duda busca la poesía en el mundo editorial es respeto, y llegar a la gente que quizás tiene una idea errónea sobre la poesía. En esta problemática quizás hay un punto en común, y es la falta de educación en el género poético.

    “Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos, que al corazón le llega poca sangre», Gloria Fuertes

  • Sobre el Poema XVIII, Trilce, de César Vallejo

    Sobre el Poema XVIII, Trilce, de César Vallejo

    Oh las cuatro paredes de la celda.
    Ah las cuatro paredes albicantes
    que sin remedio dan al mismo número.

    Criadero de nervios, mala brecha,
    por sus cuatro rincones cómo arranca
    las diarias aherrojadas extremidades.

    Amorosa llavera de innumerables llaves,
    si estuvieras aquí, si vieras hasta
    qué hora son cuatro estas paredes.
    Contra ellas seríamos contigo, los dos,
    más dos que nunca. Y ni lloraras,
    di, libertadora!

    Ah las paredes de la celda.
    De ellas me duele entretanto, más
    las dos largas que tienen esta noche
    algo de madres que ya muertas
    llevan por bromurados declives,
    a un niño de la mano cada una.

    Y sólo yo me voy quedando,
    con la diestra, que hace por ambas manos,
    en alto, en busca de terciario brazo
    que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
    esta mayoría inválida de hombre.

    El poema es de César Vallejo, poeta peruano, nacido en 1892, cuya poesía pertenece al movimiento vanguardista. Aunque mantenga distintas líneas poéticas, rechaza en mayor o menor grado el modernismo para reencontrarse con la poesía sencilla y la vida cotidiana.

    Conviene señalar de antemano que en el vanguardismo, aparte de dicha ruptura con el modernismo, destaca el rasgo fundamental del simbolismo hermético, lo que quiere decir que las imágenes tienen sentido para el entendimiento del autor, y es, por tanto, algo cerrado, personal, de ahí su difícil interpretación. Muchas veces ni siquiera es posible, al no tener significado alguno.

    Dentro de esta corriente vanguardista, el poema pertenece a la obra Trilce, publicada en 1922, cuatro años después de su primer libro, Heraldos Negros. En Trilce se manifestará una notable ruptura con los Heraldos, al distanciarse más de la influencia modernista, de la elitista “torre de marfil”. Entrará, pues, en una poesía más personal, que expresa la realidad segmentada pero armonizada con técnicas cubistas.

    En este poema, además, tienen gran importancia dos hechos relevantes de su biografía: 1) había sido encarcelado injustamente, durante tres meses, periodo durante el cual estuvo escribiendo Trilce, y 2) su madre había muerto unos pocos años antes.

    El tema sería la angustia del aprisionamiento y el desamparo, y la búsqueda de la liberación de las causas de tal angustia.

    Tiene la siguiente estructura:

    1. Parte I: vv. 1-6. Trata de las paredes entre las cuales se encuentra encerrado. Ellas son referidas y descritas por el poeta.
    2. Parte II: vv. 7-12. Se dirige ahora, echándola en falta, a la “amorosa llavera” que podría paliar esa situación.
    3. Parte III: vv. 13-18: Vuelve a las paredes, pero esta vez añade a su dolorosa visión de ellas la invocación a la protección de la madre, patéticamente, que ya no lleva de la mano a ese niño que fue él.
    4. Parte IV: vv. 19-23. Se hace patente la situación real, actual, de soledad y desamparo, donde ha de buscar otro apoyo sólo con su mano derecha (la que tiene la habilidad, la suya y propia, de la cual tiene que valerse, quizá escribiendo).

    En cuanto a la forma, es verso irregular, libre, cuya ruptura visual concuerda con los principios vanguardistas. Son todos versos de arte mayor, con una notable presencia de endecasílabos (vv. 1, 2, 3, 4, 5, 8, 15, 18, 20, 21, 23) y algunos alejandrinos (vv. 6, 7, 22). El único verso corto es el v. 12, que da mayor intensidad y divide en dos el poema, al ser único y emplazado en su centro de gravedad, en su punto central geométrico (hay exactamente once versos por encima y por debajo de él).
    El ritmo es irregular, con algunas roturas marcadas, como “pupilar” en el v. 22, o “aquí” en el v. 8.

    En el contenido:

    Primera secuencia: presencia de una repetición, con paralelismo y anáfora, en los vv. 1 y 2, “oh las cuatro paredes” y “ah las cuatro paredes”, comenzando tales versos por líricas exclamaciones de sentimiento, como evocando esas paredes, sin decir nada más de ellas que son cuatro.

    Repetición del número cuatro y referencia a él en el v. 3: tienen que ser cuatro, siempre serán cuatro. En el v. 2 es llamativo el adjetivo especificativo “albicantes”, como participio de presente, derivado del verbo “albear”, blanquear, “que blanquean”: le dejan blanco a uno.

    Ligero hipérbaton en el v. 3: prefiere enfatizar “sin remedio”, al no decir, por ejemplo: “que al mismo número dan sin remedio”.

    Segunda secuencia: sigue entre esas paredes, que son, o producen, un desasosiego ya violento (“criadero de nervios”) y algo roto y de difícil curación (“mala brecha”). Es perceptible una aliteración que produce una sensación de rotura o desgajamiento, con vibrantes y velares, muy lograda al ir en orden o gradiente de intensidad:

    Criadero de nervios, mala brecha,
    por sus cuatro rincones cómo arranca
    las diarias aherrojadas extremidades.

    El clímax está en “aherrojadas”, la palabra de mayor sonoridad, casi estruendosa, muy superior a las vibrantes del v. 4.

    Esta secuencia es bastante visual, como la anterior: dibuja el cuadro, la estancia cuadrangular, que se define en la primera secuencia con las paredes, líneas rectas, los lados del cuadrado. Aquí, en esta secuencia, no menciona los lados sino los vértices del polígono, “sus cuatro rincones”. Tanto detalle da la sensación de énfasis en esa figura.

    El v. 5 llama la atención por su hipérbaton, al anteponer “por sus cuatro rincones”, dándole mayor importancia a esos rincones, cuando la frase tendría que empezar por “cómo arranca…”. Esto, y más patente aún en los vv. 11-12, es muestra del lenguaje radicalmente nuevo de la poesía vanguardista, para expresar la desolación y la angustia. El lenguaje se violenta, de desarticula la sintaxis, aumentando la sensación de caos y turbación de ánimo.

    El v. 6 tiene una doble interpretación : 1) de esos cuatro puntos, los rincones, se produce la tirantez que arranca los ya inmovilizados (aherrojados) miembros del poeta; 2) las extremidades son las paredes, los lados del cuadrado, en tensión, de los que se está tirando desasosegadamente desde los vértices. Al estar el cuadrado así, arrancando las paredes, es un “criadero de nervios”. Esta segunda interpretación tiene sentido de acuerdo con la secuencia IV, al dolerse el poeta “de ellas” [de las paredes], vv. 13-14.

    Tercera secuencia: anteposición del adjetivo en el v. 7, ante “llavera” y “llaves”. Uso del mismo lexema en sendos sustantivos (políptoton), conectándolos entre sí. Puede referirse, metafóricamente, a su madre, que era su protección y solución a todos los problemas. Este verso, además, es el único resto del modernismo: un perfecto alejandrino en hemistiquios de heptasílabos.

    Encabalgamiento feroz en el v. 8 con “hasta”, para crear suspense. Repetición de la partícula condicional “si…”, con la presencia de tiempos verbales en subjuntivo: estuvieras, vieras (v. 8), lloraras (v. 11).

    Hipérbaton en v. 9, “son cuatro estas paredes”, para enfatizar que son cuatro. Sigue con la repetición constante del número cuatro, que en este verso remarca lo limitado que es ese espacio. “Hasta/qué hora…”: hasta qué extremo, y cuánta duración.

    En el verso 10 sigue hablando a la “llavera”, probablemente su madre ausente, y pasa al número dos, para repetirlo (vv. 10, 11, 15) y enfatizarlo como con el cuatro. Existe, pues, un paralelismo entre ser dos/ser cuatro. Si estuvieran juntos, él y su madre , con sólo estar en su compañía se anularía esa angustia y ese apresamiento.

    Ligera aliteración de vocales a/e en estos tres primeros versos de la secuencia: llavera, llaves, estuvieras, vieras, estas, paredes. Parece dar una sensación de suavidad, armonía, creadas por la presencia de la madre.

    Desarticulación de la sintaxis en el v. 11 y en el 12: “Y ni lloraras,/di, libertadora!”. Es una frase que se entiende pero muy desgajada, expresando el mínimo comprensible, porque sería más lógico algo así como: “Y tú, que ni llorarías, ¡di, libertadora!”. Como se ha dicho más arriba, el en vanguardismo se moldea la sintaxis.

    El v. 12, el más corto, es el de mayor carga, porque el verso corto sirve para concentrar, mientras que los largos son para explayar. Esta invocación a la madre, en imperativo, la exhorta a hablar, en una ferviente expresión de necesidad de ella.

    Cuarta secuencia: el v. 13 parece volver al comienzo, enfocando de nuevo las paredes. Ya no está la madre. Y no hace falta decir que las paredes son cuatro, porque ya se ha dicho demasiado.

    Hipérbaton en el v. 14, al comenzar la frase con “De ellas…”, para darlas prioridad sobre lo demás. También hay otro abrupto encabalgamiento a final de verso: “más”, creando suspense, dejando en suspenso qué más hay de lo que se duela el poeta.

    El v. 15 mantiene el número dos presente desde la secuencia anterior. Añade otras dos paredes (diferentes, “largas”, adj, postpuesto), líneas tensas, arrancándose, que duelen igual que las otras que son arrancadas por los rincones. Probablemente, una metáfora de sus propias dos manos, al sólo hablar de manos, y no de paredes, de aquí en adelante.

    “Esta noche”, en el v. 15, recuerda al verso de Neruda “Quiero escribir los versos más tristes esta noche”. Esa exclusividad y localización temporal son recursos intensamente líricos: ¿qué noche? La mía, ésta. Tiene sólo sentido para el poeta, pero al hablarnos desde el “yo”, desde su intimidad, induce a que nos identifiquemos, porque también hemos tenido o tenemos “nuestra” noche .

    En los vv. 16, 17 y 18 describe las dos manos, figuradas metafóricamente como las desasosegadas paredes, que ya no pueden tomar las manos de su madre. Imagen múltiple de la madre: “algo de madres” (pl.)/”de la mano cada una”. Como si estirara los brazos ese niño, que sólo puede ser él mismo, con una madre a cada lado asiéndole.

    Respecto a los “bromurados declives” del v. 17, se sabe que el bromuro anula la actividad sexual, extingue el ánimo. Ese declive es anulador o inhibidor, como las manos ausentes o las paredes.

    Quinta secuencia: en el v.19, se enfatiza la primera persona a través de los pronombres, “yo”, “me”. Tiene que decir “yo”, porque esta solo, ya no hay madres, que están muertas, y sin embargo, la perífrasis verbal en gerundio, con aspecto durativo, indica que aún no se han ido del todo: “sólo yo me voy quedando”, no “me he quedado”.
    Entre esta secuencia y la anterior hay una oposición o cambio de número, porque ya no son ambas manos sino una, que además la especifica: la diestra. Obsérvese el gradiente numérico en disminución del transcurso del poema:

    4 – 2 – 1

    El v. 20 y ss. especifican qué mano es esa y qué función tiene. Ya sólo necesita sujetarse con la derecha, que alzada (v. 21), en busca de un nuevo asidero (“terciario brazo”, ninguno de los dos de las madres), que tiene que cuidar de él (“pupilar”, v. 22) en su edad adulta, inválida (v. 23). Pupilar (cuidar de un pupilo, menor o huérfano) a un adulto es, por tanto, oxímoron.

    Esta secuencia mantiene rima asonante en los cuatro primeros versos: quedando, manos, brazo, cuándo. Al no rimar el último verso, éste impacta más.

    Conclusiones

    Es sobre todo el último verso del poema el que recoge uno de los temas fundamentales de toda la poética de César Vallejo, que se manifestará, sobre todo, en su obra póstuma Poemas humanos: la solidaridad con el hombre. El poema comentado va más allá de su mera intimidad, por eso trasciende. No sólo trata de sí mismo, sino del hombre en general, que ha llegado a “adulto” y esta solo y desvalido, inválido. Hay que amar, atender a la situación del ser humano, para ayudarlo y reconciliarse con él, como en su poema “Considerando en frío…”. Aquí, en este poema de Trilce, escrito mucho antes que Poemas humanos, ya se dejaba entrever esa temática, tan propia y bella de Vallejo.

    Respecto a la forma, no hay ni una sola palabra puesta al azar, a pesar del aparente caos del verso libre. La medida, las rimas, los encabalgamientos e hipérbatos, han sido escogidos y emplazados para amplificar al máximo la angustia de la reclusión, la invalidez y la desesperación. Es perfecta la estructura, con el pico desgarrado del verso corto, y el cierre con el endecasílabo soberbio “esta mayoría inválida de hombre”.

    Esta poesía y otras de Vallejo son el culmen de la literatura hispanoamericana y de la lengua española.

    Bibliografía

    • OVIEDO, JOSÉ MIGUEL. Historia de la literatura hispanoamericana. 3. Postmodernismo, Vanguardia, Regionalismo. Alianza Editorial, S. A. Salamanca, 2006. ISBN: 978-84-206-4719-7.
    • VALLEJO, CÉSAR. Poemas humanos. Ed. Cátedra. Madrid, 2001.

     

    (Crédito de imagen de cabecera: Rafael Mendoza)

  • «Elecciones personales», de Rafael Pérez Estrada (Miguel Gómez Ediciones)

    «Elecciones personales», de Rafael Pérez Estrada (Miguel Gómez Ediciones)

    Hace pocos días fue La noche de los libros en Málaga, así que decidí darme un paseo por el lugar donde se celebraba para probar suerte y encontrar algo atractivo entre tantas estrofas vacías. Entonces, en un stand de la editorial Miguel Gómez Ediciones, me topé con las letras de Rafael Pérez Estrada. Los cinco euros que llevaba en la cartera fueron los justos y necesarios para poder llevármelo a casa.

    Rafael Pérez Estrada (1934-2000, Málaga), Elecciones personales, una antología de urgencia (1996), Miguel Gómez Ediciones

    Muchas obras hacen de algún modo referencia a la poesía. La metapoética es un tema que funciona como recurso; hablar de versos y estrofas, de palabras e incendios en el papel, se vuelve con cierta retórica a favor del yo poético. Esta, concretamente, empieza dando la mejor respuesta que he leído a la tan retorcida pregunta sobre, ¿qué es la poesía? Me gustaría compartir la página completa que Rafael utilizó de una forma tan certera: Conceptos para una poética.

    Conceptos para una poética

    Era de noche y me encontré al poeta: estaba tiritando de inédito.
    Le pregunté y me dijo: Me pesa mucho la realidad para no ser poeta.

    ⁂

    La poesía trasciende la condición del poeta.
    La poesía debe ser eléctrica e inesperada, inmediata y en vena.
    Un poema sólo debe oler a poema, nunca a limón.
    Ni tampoco deben oler los poemas a pan recién salido del horno.
    Ni a tierra mojada por la lluvia.
    Si olieran así, olerían a tópico, y el tópico es como un caracol haciendo eses con su baba de plata.

    ⁂

    El poeta: cómplice del silencio.

    ⁂

    Sólo sé que, si abro el poema, deberá sangrar.

    ⁂

    Me hablaron de un poema milagroso que, en su soledad, llovía abundantemente.
    Al final hubimos de convenir que no era un poema, sino una nube.

    Rafael fue dibujante, escritor y un gran poeta, aunque no solía escribir en verso. De hecho, esta primera página es lo más parecido a ello que encontraréis a lo largo del libro. Solía decir que el género literario, no es solo una clasificación, sino también una frontera. Su estilo es predominantemente prosaico, manteniéndose en la lírica, en la poesía. Puede sentirse el ritmo en las palabras, el cuidado en el relato y la intención de penetrar en el alma de quien tiene uno de estos párrafos entre sus manos.

    La obra en cuestión es una antología personal, una selección de prosa lírica bajo criterio del autor compuesta por poemas de algunas de sus obras, como Las horas crueles, Libro de Horas o El domador entre otras. Podemos encontrar también poemas inéditos que, hasta esta última edición, no habían visto antes la luz. Presentimiento es uno de ellos.

    Presentimiento

    De pronto se oyen gritos. Sombras de gente corren para evitar un suceso que parece terrible.
    No me opongo, lo que no acontezca en este sueño ocurrirá mañana.

    Es difícil saber cuál fue el criterio. ¿Por qué esos poemas? La temática constante recuerda un poco al discurso de Ángel González en su obra póstuma,  Nada grave.

    «El domador de lunas y de estrellas», una ilustración de Rafael Pérez Estrada

    Parece que el poeta sabe cuándo acecha la muerte, cuándo se aproxima el final, y le mira a los ojos sin inmutarse demasiado: sabe que ya lo ha escrito todo, solo queda decir adiós. Tal vez fuera esa la función de esta antología, hacer ver lo humano de la muerte, que la tragedia no lo es tanto si se aprende, así es como Rafael plasmó su futuro infranqueable.

    El poema que cierra el libro parece una suerte de desafío, abandera el coraje al mismo tiempo que teme el final de sus días, cuando deje de escribir, cuando ya no tenga destino. Se titula, Diario.

    Diario

    He leído en mi propio diario: Escribir es el destino del hombre (el silencio, su cómplice), y ahora tengo miedo a dejar de escribir. Es la pasión la que nos sostiene. Cada astro es una letra componiendo un verbo difícil. Cada luz, un signo del cosmos. Morir, quizá sea escribir la palabra muerte.

  • Poesía y derechos humanos

    Poesía y derechos humanos

    La Declaración Universal de los Derechos humanos, proclamada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, establece que la libertad, la justicia y la paz se sustentan en el reconocimiento de la dignidad intrínseca y los derechos iguales e inalienables de todos los seres humanos.

    Los derechos humanos deben estar protegidos puesto que son principios inherentes a nuestra naturaleza humana. La crisis humanitaria que estamos sufriendo en el mundo entero, no solo en Europa, con la llegada de personas refugiadas de manera masiva pone en entredicho los acuerdos firmados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

    Europa oscura

    La mañana refleja en el Mediterráneo
    momentos oscuros de vida,
    luminosos como el sol.

    Europa, ¿no temes la oscuridad?

    La luna escupe una mínima luz:
    ella se aferra al cuerpo del niño muerto; él llora.
    Iluminados.

    Los estados deben promover el progreso social y el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades al tiempo que deben velar por el mantenimiento de relaciones amistosas entre las naciones; así como asegurar, con medidas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación.

    El advenimiento de un mundo en el que las personas disfruten de la libertad de palabra y de creencias es una aspiración consagrada en esta declaración donde se proclama la libertad de expresión y de opinión.

    Las posibilidades de la poesía para concienciar y ayudar a respetar la Declaración Universal de los Derechos Humanos es mayor de lo que nos podamos imaginar. Ya sea de manera directa y lúdica o, sin olvidar esta parte lúdica, de manera más trabajada en el aula. Por ejemplo, a través de la contextualización de la obra, del análisis de la rima y la métrica, de la elaboración de nuevos poemas (realizados de forma libre o a partir de unas determinadas pautas), de la traducción de poemas en otros idiomas, etc.

    La poesía es otra herramienta a nuestro alcance para promover el conocimiento y la interiorización de los derechos humanos, y debemos aprovecharla. Con esta finalidad, os presentamos un proyecto poético de Amnistía Internacional de Menorca, Tots els éssers -Poetes de Menorca pels drets humans-, publicado en abril de 2007 y que dio como fruto un conjunto de poemas -en lengua catalana- a favor de los derechos humanos que podéis descargar en formato PDF. Esperamos que los disfrutéis.

  • Iris Almenara: «Concibo la poesía como un desahogo pero también como una lucha»

    Iris Almenara: «Concibo la poesía como un desahogo pero también como una lucha»

    Iris Almenara, (Castellón, 1989) es soprano y poeta. Ha ofrecido numerosos recitales de canto lírico y actualmente está acabando sus estudios en el Conservatorio Superior de Valencia. Su relación con la poesía comienza desde bien pequeña, nutriéndose como lectora. Con veinte años debuta como poeta con el colectivo Poetas sin sofá de Castellón con el cual ya publica algunos poemas. En Valencia comienza a recitar en varios centros culturales, participa en proyectos como Acercando orillas de la Cruz Roja y, desde 2014, participa en Slam Poetry Vlc. También ha colaborado en micros abiertos como Versonalidad y ha sido invitada especial de varios eventos poéticos como Vivir en Verso o Moviendopoesía.

    En diciembre de 2016 publica su poemario «Ombligo, mundo y raíz» -con prólogo de Javier Gm e ilustraciones de Soraya del Rey- en la colección Pliegos de la palabra de Ediciones Babilonia y que ha presentado en Castellón, Valencia, Sabadell y Madrid acompañada por el guitarrista Sergio Santes.

    Empezando por parafrasear a Bécquer, ¿qué es para ti la poesía?

    Poesía para mí son muchas cosas, muchas personas. Según mis alumnos de cinco años, a los que les enseño iniciación musical, poesía son una especie de canciones o pollo frito. Di por válidas todas las respuestas y además estoy de acuerdo con ellas. Es muy difícil definir lo que es la poesía. Pero quizás es muy fácil reconocer lo que no es. Las cosas malas como la guerra, los desahucios, las injusticias, el hambre, la desigualdad no son poesía pero es necesario denunciarlas a través de la poesía. De esta forma parece que cualquier cosa tiene cabida en poesía.

    La poesía, sin duda, es algo peligroso, como cualquier disciplina artística que abra la mente, que despierte conciencias, que haga ver más allá de una superficie plana. La poesía son horizontes no lineales, fronteras donde no existe un pasaporte, los edificios de la ciudad a lo lejos, cada hormiga en su madriguera de luz, el oxígeno en los ojos de mi madre, la palabra perdida a mitad de semana, el muro de hormigón lleno de graffitis…

    ¿Cómo y por qué empezaste a escribir poemas?

    Empecé a escribir casi igual que a cantar, digamos que fue una necesidad, una gran necesidad de decir algo. Todos tenemos algo que decir. Mi madre es una gran lectora y a veces escribe. Ella desde que yo era bien pequeña me dejaba libros, me hablaba de libros, me leía sus escritos. Una gran generación hemos mamado de Gloria Fuertes a través de nuestras madres. En cuanto al cómo he de decir que comencé a escribir de manera furtiva y casi clandestina. Diarios, diarios, poemas, reflexiones, incluso un par de novelas. A los 17 años en el instituto una profesora me sugirió que me abriese un blog en Internet. Así nació mi blog Luz y Penumbra. Así comencé desde el anonimato a publicar todos esos abismos que nacían y morían dentro de mí. De hecho hasta hace dos años seguía cómoda en el anonimato, porque me daba vergüenza publicarlo con mi nombre en las redes sociales.

    Es curioso el sentimiento de vergüenza que una puede tener. Al final no sé si era vergüenza, miedo o pudor. Quizás una mezcla. Pero de alguna forma me tiré a un barranco sin arnés, ni nada. Porque yo siempre he sido de arriesgar, lanzarme. Lo importante no es volar si no respirar.

    ¿Soprano y poeta? ¿Poeta y soprano? ¿Cómo se relacionan la música y la literatura en tu trabajo artístico?

    ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Es difícil contestar a esta pregunta. Comencé antes mis estudios de canto lírico. Digamos que la poesía vino después aunque siempre estuvo. En mi trabajo artístico la poesía está presente en las canciones que suelo interpretar. Los compositores europeos han basado siempre su musicalidad en textos poéticos de grandes autores como Victor Hugo, Goethe, Schiller, Verlaine…. Incluso Federico García Lorca, quien era aficionado a tocar el piano, con la ayuda de Manuel de Falla, compuso unas canciones.

    La poesía siempre ha sido música, y la música siempre ha sido poesía. Son indivisibles, inseparables, totalmente unidas, enraizadas en un abrazo eterno. Como dicen unos versos míos:

    El 80 % de nuestro cuerpo

    es música,

    el resto oscuridad.

    ¿Cuáles son tus referentes poéticos, tanto clásicos como contemporáneos?

    He respirado y vibrado con: Lorca, Gloria Fuertes, Pablo Neruda, Juan Gelman, Rafael Alberti, Cortázar, César Vallejo, Octavio Paz, Joyce Mansour, Leopoldo María Panero, Alejandra Pizarnik.

    Algunos poetas actuales que me inspiran profundamente admiración: Ana Pérez Cañamares, Felipe Zapico, Begoña Abad, David González, Javier Gm, Isla Correyero, Manuel Moya…. Y una lista interminable de gente entrañable a la que voy descubriendo incluso en mi rutina, desde redes sociales hasta micros abiertos por la ciudad de Valencia.

    Últimamente se dice que la poesía está viviendo cierta «efervescencia»: redes sociales, slams, nuevos poetas y hasta poetas superventas… ¿Estás de acuerdo? ¿Es esto bueno o malo para la poesía?

    Sí que es cierto que ahora mismo la poesía está de moda. Si te pones un gorrito, te haces un selfie y lo acompañas de una frase de desamor, tienes la receta perfecta para intentar hacerte un hueco entre los miles de pseudopoetas que piensan que eso es triunfar, triunfar en mayúsculas y triunfar en Internet. Para ciertas personas, más bien jóvenes, Internet es Dios. Si triunfas con tu foto y frase ya tienes asegurado un éxito literario. El problema no es que ellos realmente piensen que triunfan y que lo que hacen es poesía, el problema desde mi punto de vista son ciertas editoriales.

    Hay un sector editorial que ha visto el tirón de estos chavales. Una cuenta de Instagram con más de 10.000 seguidores. Perfecta para sacar un poemario. No importa la calidad, la madurez poética, no importa lo que tenga que decir en el fondo esa persona que está detrás del selfie del gorrito. Lo importante es vender. Vender en masa. Llenar estanterías a cualquier precio. Aunque engañen al público y lo más importante: al poeta.

    Todos esos jóvenes que ahora publican gracias a su triunfo en Internet viven una gran estafa. Porque ellos piensan que molan y que siempre les va a seguir yendo bien. Pero llegará un momento en que choquen con la realidad, con esos más de 10.000, con esas cifras, con esa cortina de humo, con esa bomba atómica.

    ¿Cómo separamos entonces el grano de la paja?

    Hay cosas más importante que el mal de amores. Y hay que denunciarlas. Yo concibo la poesía como un desahogo pero también como una lucha. Hace tiempo que estamos en estado de guerra, una guerra de desigualdad social muy importante, y no solo eso. A las mujeres nos están asesinando, exterminando. Hemos de denunciar este tipo de cosas. El amor es importante pero no hemos de quedarnos en la superficie del amor, hemos de profundizar en el amor. Y el amor es denuncia del odio.

    Ahora bien, es mi opinión y, como yo, la gente opina de todo. Si al menos este tipo de poesía superficial hace que jóvenes se inicien en la poesía, lean y se interesen por este género, genial. El problema es cuando se quedan ahí atrapados, sin interesarse por la otra poesía que hay detrás de las estanterías, las que están al fondo, no las que son de colorines y casualmente están siempre a la vista cerca de la caja del mostrador. Hay que aprender a rebuscar en las estanterías de las librerías y no quedarse con lo primero que encontramos al lado del mostrador.

    Recientemente has publicado tu primer libro de poemas, «Ombligo, mundo y raíz» (Ediciones Babilonia, 2016). ¿Qué te lleva a querer reunir y publicar tus poemas en este volumen?

    Portada de «Ombligo, mundo y raíz», Iris Almenara. Ediciones Babilonia, 2016.

    Me lleva de la mano un amigo a publicar este poemario. Javier Gm me veía por los bares de Valencia recitando y un día me dijo: “Niña, esto lo tienes que publicar”. Así me presentó a mi editor Paco Pérez Belda de Ediciones Babilonia. Esto desembocó en una espiral de trabajo creativo en el que intervino mi familia, sobretodo mi novio Sergio Santes que me aconsejaba y apoyaba en todo momento, al igual que mi amiga Catalina Isis que cuando yo no podía más, ella tiraba para adelante.

    También fue curiosa la forma de encontrar una ilustración. Para ello recurrí a una amiga de toda la vida que había estudiado bellas artes. Nadie mejor que ella: Soraya del Rey Martínez. Ella no solo conocía mi blog desde que nos conocimos en el instituto si no que sabía perfectamente traducir mi poesía en imágenes. Y así fue como nació la portada.

    Se puede decir que este libro surge del amor entre las personas, del cariño, de la amistad, de la confianza y estoy agradecida de corazón a todos los que me han ayudado con este proyecto tan personal para mí.

    ¿Crees que sigue siendo imprescindible publicar un poemario para consagrarse como poeta?

    Ostras, no sé qué contestar. Publicar un poemario es como parir, eso sí que lo puedo decir. Sientes que algo tuyo ha visto la luz, ha visto al mundo y el mundo lo ve. Quizás no haya que publicar un poemario para consagrarse aunque siempre es bueno compartir con los demás lo que te hace sentir porque la gente llega a sentir a través de ti. La palabra sería compartir.

    Para concluir, ¿qué consejos darías a un poeta novel que quiera darse a conocer y, eventualmente, ver publicado su trabajo?

    Lo más importante que sea el mismo desde al principio hasta el final. Que se implique, que se moje, que ponga las cartas sobre la mesa, que entienda que para escribir primero hay que leer y leer mucho, y además que sea humilde. Porque la soberbia no conduce a ningún lugar.

    La poesía es un espejo, una ventana abierta a la vida y los poetas antes de ser poetas somos hijos e hijas, madres o padres, personas. Con lo cual que siga siempre a su instinto, y que comparta lo que desee con los demás, pero que también guarde. Es importante aprender a guardar para uno.

  • 7 poemas en edición bilingüe de Gary Snyder

    7 poemas en edición bilingüe de Gary Snyder

    Gary Snyder (San Francisco, 1930) es un poeta, traductor, ensayista, conferenciante y activista medioambiental estadounidense, perteneciente a la Generación Beat y al Renacimiento de San Francisco. Su obra ha sido traducida a más de 20 idiomas y reconocida por numerosos premios, entre los que destaca el Pulitzer de Poesía en 1975, concedido precisamente por «La isla de la tortuga». Publicamos una selección de poemas del Snyder en español e inglés, traducidos por José Luis Regojo e incluidos en su poemario «La isla de la tortuga» (kriller71 ediciones, 2017). 


    Aguacate

    ¡El Dharma es como un Aguacate!
    Algunas partes tan increíblemente maduras,
    Pero son buenas.
    Y otras, duras y verdes
    Sin mucho sabor,
    Como para quienes gustan de los huevos bien cocidos.
    Y la piel es fina,
    La enorme semilla redonda
    En el centro,
    Es tu propia Naturaleza Original—
    Pura y suave,
    Casi nadie la parte en dos
    O intenta ver
    Si crecerá.
    Dura y resbaladiza,
    Parece como
    Si tuvieras que plantarla — pero entonces
    Sale disparada de entre los
    dedos—
    se escapa.

    Avocado

    The Dharma is like an Avocado!
    Some parts so ripe you can’t believe it,
    But it’s good.
    And other parts hard and green
    Without much flavor,
    Pleasing those who like their eggs well-cooked.
    And the skin is thin,
    The great big round seed
    In the middle,
    Is your own Original Nature—
    Pure and smooth,
    Almost nobody ever splits it open
    Or ever tries to see
    If it will grow.
    Hard and slippery,
    It looks like
    You should plant it — but then
    It shoots out thru the
    fingers—
    gets away.


    En cuanto a los poetas

    (traducido conjuntamente con Nacho Fernández)

    En cuanto a los poetas
    Los Poetas Tierra
    Que escriben pequeños poemas,
    No necesitan ayuda de nadie.

    Los Poetas Aire
    Dominan los vendavales más veloces
    Y a veces se mecen en los torbellinos.
    Poema tras poema,
    Giran en el mismo impulso.

    A cincuenta bajo cero
    El gasóleo no fluye
    Y el propano se queda en el tanque.
    Los Poetas Fuego
    Arden a cero absoluto
    Amor fósil bombeado de nuevo.

    El primer
    Poeta Agua
    Se quedó abajo seis años;
    Estaba cubierto de algas.
    La vida en su poema
    Dejó millones de huellas
    Pequeñas y distintas
    Entrelazándose en el barro.

    Con el Sol y la Luna
    En el vientre,
    El Poeta Espacio
    Duerme.
    No hay final para el cielo—
    Pero sus poemas,
    Como gansos salvajes
    Vuelan desde el confín.

    Un Poeta Mente
    Se queda en casa.
    La casa está vacía
    Y no tiene paredes.
    El poema
    Se ve desde todos los lados,
    En todas partes,
    A la vez.

    As for poets

    The Earth Poets
    Who write small poems,
    Need help from no man.

    Play out the swiftest gales
    And sometimes loll in the eddies.
    Poem after poem,
    Curling back on the same thrust.

    Fuel oil won’t flow
    And propane stays in the tank.
    Fire Poets
    Burn at absolute zero
    Fossil love pumped back up.

    Water Poet
    Stayed down six years.
    He was covered with seaweed.
    The life in his poem
    Left millions of tiny
    Different tracks
    Criss-crossing through the mud.

    In his belly,
    The Space Poet
    Sleeps.
    No end to the sky—
    But his poems,
    Like wild geese,
    Fly off the edge.

    Stays in the house.
    The house is empty
    And it has no walls.
    The poem
    Is seen from all sides,
    Everywhere,
    At once.


    Copas de pino

    en la noche azul
    niebla helada, el cielo brilla
    con la luna
    copas de los pinos
    se inclinan azul-nieve, se difuminan
    en el cielo, escarcha, bajo la luz de las estrellas.
    el crujido de botas.
    rastro de conejo, rastro de ciervo,
    qué sabemos.

    Pine tree tops

    in the blue night
    frost haze, the sky glows
    with the moon
    pine tree tops
    bend snow-blue, fade
    into sky, frost, starlight.
    the creak of boots.
    rabbit tracks, deer tracks,
    what do we know.


    El baño

    Lavando a Kai en la sauna,
    La lámpara de queroseno sobre una caja
    afuera del ventanal a ras de suelo,
    Ilumina el borde de la estufa de hierro y la
    palangana sobre la losa
    Vapor y sonido de gotas de agua
    esparcidas en la pila de rocas de arriba
    Él está de pie en el agua tibia
    Jabón por entre toda la suavidad de sus muslos y estómago
    “¡Gary no me enjabones el pelo!”
    —miedo a que le escuezan los ojos—
    la mano enjabonada que siente
    a través y alrededor de los relieves y curvas de su cuerpo
    hasta la entrepierna,
    Y le lavo cosquilleando el escroto, su pequeño ano,
    su pene que se curva y endurece
    cuando retiro la piel e intento lavárselo
    Ríe y salta, revoleando los brazos
    me acuclillo desnudo también,
    ¿es este nuestro cuerpo?

    Sudando y jadeando en la piedra caliente al vapor de la caldera
    el balde de madera rocía agua en la tabla de cedro
    el titilar de la lámpara de queroseno afuera en el viento del pinar
    sierra bosque riscos noche—
    Masa entra, permite que el aire fresco
    se filtre desde la puerta
    una dulce y profunda inspiración
    Y ella lo inclina agarrándolo con cuidado, con una rodilla abajo
    su pelo cae y esconde toda una parte de su
    hombro, pecho y barriga,
    Lava con destreza el pelo de Kai
    que se enfada y chilla—
    El cuerpo de mi mujer, la sinuosa columna de su valle
    el espacio entre los muslos al que llego,
    forma el arco curvo de su vulva y lo sostengo desde atrás,
    un jabonoso cosquilleo una porción de grial
    El portal de lo Imponente
    Que se abre a un mundo cambiante de espejos dobles de
    úteros en úteros, en círculos,
    que comienzan con música,
    ¿es éste nuestro cuerpo?

    El lugar oculto de la semilla
    La red de venas que fluye a través de las costillas, que recoge
    leche y culmina en un pezón—se ajusta
    a nuestra boca—
    La leche mamada de éste nuestro cuerpo despide
    sacudidas de luz; el hijo, el padre,
    comparten el gozo de la madre
    Que brinda una suavidad a la flor de la asombrosa
    puerta abierta del rizado loto que cojo y beso
    Mientras Kai ríe en el pecho de su madre del que es destetado
    ahora, nosotros
    nos lavamos uno al otro,
    éste nuestro cuerpo

    El pequeño escroto de Kai junto a su ingle,
    la aún oculta semilla, que pasó de nosotros a él
    En flujos que auparon con las mismas alegrías fuerzas
    como su lactante Masa después,
    juega con su pecho,
    O yo en ella,
    O él emergiendo,
    éste es nuestro cuerpo:

    Limpios y aclarados, sudamos más, nos estiramos
    sobre los bancos de secoya los corazones laten
    Tranquilos al fuego lento de la estufa,
    el aroma de cedro
    Y luego nos damos la vuelta,
    murmuramos chismes de los pastos,
    charlamos de la leña,
    Nos asombramos de cómo dormita Gen, cómo lo traeremos
    pronto para bañarlo también—
    Estos chicos que aman a su madre
    que ama a los hombres, que pasa
    sus hijos a otras mujeres;

    La nube en el cielo. Los pinos cimbreantes.
    el gorgoteo del agua en el prado pantanoso

    éste es nuestro cuerpo.

    Fuego dentro, el agua hierve en la estufa
    Suspiramos y nos dejamos caer desde los bancos
    envolvemos a los bebés, salimos,

    noche oscura & todas las estrellas.

    Nos echamos agua fría en la espalda y muslos
    Entramos a la casa—despedimos vapor de pie junto al fuego del hogar
    Kai retoza en la piel de cordero
    Gen de pie se agarra y grita,

    «¡Bao! ¡bao! ¡bao! ¡bao! ¡bao!»

    Este es nuestro cuerpo. Sentados con las piernas cruzadas junto al fuego
    bebemos agua helada
    abrazamos a los bebés, besamos sus barrigas,

    Reímos sobre la Gran Tierra
    Recién salidos del baño.

    The bath

    Washing Kai in the sauna,
    The kerosene lantern set on a box
    outside the ground-level window,
    Lights up the edge of the iron stove and the
    washtub down on the slab
    Steaming air and crackle of waterdrops
    brushed by on the pile of rocks on top
    He stands in warm water
    Soap all over the smooth of his thigh and stomach
    “Gary don’t soap my hair!”
    —his eye-sting fear—
    the soapy hand feeling
    through and around the globes and curves of his body
    up in the crotch,
    And washing-tickling out the scrotum, little anus,
    his penis curving up and getting hard
    as I pull back skin and try to wash it
    Laughing and jumping, flinging arms around,
    I squat all naked too,
    is this our body?

    Sweating and panting in the stove-steam hot-stone
    cedar-planking wooden bucket water-splashing
    kerosene lantern-flicker wind-in-the-pines-out
    sierra forest ridges night—
    Masa comes in, letting fresh cool air
    sweep down from the door
    a deep sweet breath
    And she tips him over gripping neatly, one knee down
    her hair falling hiding one whole side of
    shoulder, breast, and belly,
    Washes deftly Kai’s head-hair
    as he gets mad and yells—
    The body of my lady, the winding valley spine,
    the space between the thighs I reach through,
    cup her curving vulva arch and hold it from behind,
    a soapy tickle a hand of grail
    The gates of Awe
    That open back a turning double-mirror world of
    wombs in wombs, in rings,
    that start in music,
    is this our body?

    The hidden place of seed
    The veins net flow across the ribs, that gathers
    milk and peaks up in a nipple—fits
    our mouth—
    The sucking milk from this our body sends through
    jolts of light; the son, the father,
    sharing mother’s joy
    That brings a softness to the flower of the awesome
    open curling lotus gate I cup and kiss
    As Kai laughs at his mother’s breast he now is weaned
    from, we
    wash each other,
    this our body

    Kai’s little scrotum up close to his groin,
    the seed still tucked away, that moved from us to him
    In flows that lifted with the same joys forces
    as his nursing Masa later,
    playing with her breast,
    Or me within her,
    Or him emerging,
    this is our body:

    Clean, and rinsed, and sweating more, we stretch
    out on the redwood benches hearts all beating
    Quiet to the simmer of the stove,
    the scent of cedar
    And then turn over,
    murmuring gossip of the grasses,
    talking firewood,
    Wondering how Gen’s napping, how to bring him in
    soon wash him too—
    These boys who love their mother
    who loves men, who passes on
    her sons to other women;

    The cloud across the sky. The windy pines.
    the trickle gurgle in the swampy meadow

    this is our body.

    Fire inside and boiling water on the stove
    We sigh and slide ourselves down from the benches
    wrap the babies, step outside,

    black night & all the stars.

    Pour cold water on the back and thighs
    Go in the house—stand steaming by the center fire
    Kai scampers on the sheepskin
    Gen standing hanging on and shouting,

    “Bao! bao! bao! bao! bao!”

    This is our body. Drawn up crosslegged by the flames
    drinking icy water
    hugging babies, kissing bellies,

    Laughing on the Great Earth

    Come out from the bath.


    El verdadero trabajo

    (Hoy con Zach y Dan remando por Alcatraz y alrededor de la isla del Ángel)

    leones marinos y pájaros,
    el sol entre la niebla
    se desliza y relaja,
    te mira directamente a los ojos.
    la calima del sol;
    un gran petrolero surca ligero y alto.

    mar picado ola brusca—
    conecta los flujos de marea—
    gaviotas sentadas en la reunión
    comen;
    nos deslizamos entre acantilados blanquecinos.

    el verdadero trabajo.
    lavar y suspirar,
    pasa inadvertido.

    The real work

    [Today with Zach & Dan rowing by Alcatraz and around Angel Island]

    sea-lions and birds,
    sun through fog
    flaps up and lolling,
    looks you dead in the eye.
    sun haze;
    a long tanker riding light and high.

    sharp wave choppy line—
    interface tide-flows—
    seagulls sit on the meeting
    eating;
    we slide by white-stained cliffs.

    the real work.
    washing and sighing,
    sliding by.


    Para los niños

    Las altas colinas, las cuestas,
    de estadísticas
    están ante nosotros.
    la subida escarpada
    de todo, sube,
    sube, mientras todos nosotros
    bajamos.

    El siglo que viene
    o el siguiente,
    dicen,
    habrá valles, pastos,
    nos podemos encontrar allí en paz
    si llegamos.

    Para subir estas cumbres venideras
    una palabra para ti, para
    ti y para tus hijos;

    estad juntos
    aprended las flores
    id ligeros

    For the children

    The rising hills, the slopes,
    of statistics
    lie before us.
    the steep climb
    of everything, going up,
    up, as we all
    go down.

    In the next century
    or the one beyond that,
    they say,
    are valleys, pastures,
    we can meet there in peace
    if we make it.

    To climb these coming crests
    one word to you, to
    you and your children:

    stay together
    learn the flowers
    go light.


    La Gran Madre

    No todos los que pasan
    Frente a la silla de la Gran Madre
    Pasan con solo una mirada.
    A algunos les mira las manos
    Para ver qué tipo de salvajes fueron.

    The Great Mother

    Not all those who pass
    In front of the Great Mother’s chair
    Get passt with only a stare.
    Some she looks at their hands
    To see what sort of savages they were.

  • El alma de la poesía en los versos de Miguel Adame

    El alma de la poesía en los versos de Miguel Adame

    Miguel Adame Vázquez es un poeta de la vieja escuela, un poeta con mayúsculas, un poeta de los que escasean.

    Una de las impresiones que percibe el lector de la poesía de Miguel es la fidelidad que muestra a sus voces. Desde el título nos indica que su voz será la suya, la que habla del dolor, la del poeta arrinconado, el aullido de las injusticias, el susurro del evidente amor con el que perfuma cada uno de sus poemas. En ocasiones uno tiene la sensación de que las poesías se quedaron incompletas o que las publicó con cierta premura aunque ignoro hasta qué punto puede ser cierto. Quizá este detalle es el que más le engrandece ya que escapa del adorno pretencioso, y es que Miguel es un poeta humilde.

    “Porque la justicia no es un burdel que se compra con la fuerza de las mentiras.”

    Siempre produjo en mí una emoción especial al ver su lógico sistema poético. Este verso, de su maravilloso poema «El color oscuro de la maldad» podría ser el emblema que Miguel Adame ha escogido para titular su poesía. Siempre reconociendo su sentimiento de abandono hasta que aparece ella, aquella mujer que corrige sus defectos y habita sus vacíos.

    “Extraño tu luz que ilumina mi universo del error y la desdicha.”

    En el poema “Yo he estado ahí” me sentí más cerca de él que nunca, quizá se trate de uno de los textos más valiosos de Poémame. En él podemos encontrarnos su pureza, sus ganas por sobrevivir a un pasado adverso, a un ayer de hirientes golpes que trata y sana gracias a sus sueños intactos.

    Miguel se toma muy en serio su trabajo y nos brinda con gran perspectiva una transparente radiografía del alma de la poesía, una poesía en la que, como en la vida, podemos encontrar esos ingredientes que solemos usar: versos inalterables y tristes, con un abandono pasado y versos dulcificados. Pero no seré yo quien descubra sus líneas.

    Revele el lector por sí mismo, sin prejuicio, a solas y en silencio, su voz legítima e íntima y se deleite con la lectura de quienes mejor valoran su poesía, lectores con intencionalidad poética.

     

    El color oscuro de la maldad

    Veo ante mí, el horizonte el color oscuro que luce la maldad.
    Es como un ropaje frío que se roba el aliento de los suspiros buenos del calor de la tibia mañana que va naciendo.

    No logro comprender sus pensamientos.
    Sus mentes testarudas no son claras como las almas de los que sí pueden decidir estar con la bondad.
    Sin ningún mínimo intento, no escuchan la gloria que te bendice por obrar siempre por lo que es bueno.
    Solo veo su sombra que se crece ante el intento de robar la esperanza de creer.

    Solo veo su corazón roto, que ha estado así por muchísimo tiempo.
    Viviendo en el laberinto de los años que se inclinan siempre por un alma fría que ataca sin ningún remordimiento.

    No logro comprender cómo van pisando los pétalos de las rosas, que tú pusiste en el camino para recordar tus pasos andados.
    Y no replicar el poco remordimiento de ellos por dañar a otros sin ninguna pizca de misericordia.

    Apagan sin ninguna vergüenza la flama tibia de la buenaventura.
    Son como un rostro hipócrita que se encima tras una máscara arrugada por las mentiras.

    Con un rezo falso de una bondad que nunca han ejercido, van sembrando la apariencia de que son más que justos.

    Pero no les bastarán las plegarias falsas para saciar la justicia de aquel a quien nada se le oculta.
    No les bastará ocultarse en el más recóndito sentimiento falso, porque no pueden engañar a aquel que todo lo ve.

    No les bastará con respirar el odio húmedo que se impregna en sus palabras.

    Palabras que resultan ser falsas como sus sueños malignos que no se cumplirán de nuevo.

    Porque la justicia no es un burdel que se compra con la fuerza de las mentiras.

    Por eso fracasaran de nuevo.
    Y podré ver el horizonte azul de la verdad.

     

    Yo he estado ahí

    Yo he estado ahí.
    Con la fuerza a tope por la lucha eterna que no se acaba por sobrevivir.

    Yo he estado ahí.
    En una existencia que se escurrir del lodazal de la apatía que solo enferma porque nunca intenta fugarse y salir.

    Yo he estado ahí.
    Como un espanta pájaros que huye de las cicatrices del pasado y que solo consigue nuevamente contemplar la noche que nunca termina.

    Yo he estado ahí.
    Con el corazón roto en mil pedazos por un rompecabezas que nunca se podrá unir de nuevo.

    Yo he estado ahí.
    Con las hojas del otoño en los suelos solo esperando que el viento las pueda alejar de mí.

    Yo he estado ahí.
    Huyendo con el frío de un invierno que nunca pasa del todo.

    Yo he estado ahí.
    Con el crujir del mar agitado que se azota con fuerza hasta deshacer todos tus sueños.

    Yo he estado ahí.
    Tratando de recordar el camino de vuelta a casa de ese laberinto que nunca tiene salida.

    Yo he estado ahí.
    Con las manos llameantes por un fuego que no solo quema lo que es de afuera.

    Yo he estado ahí.
    Caminando en la cuerda floja de la desdicha al regar con lágrimas las flores de mí pasado.

    Yo he estado ahí.
    Queriendo alcanzar la llave que abre los sueños que no son míos.

    Yo he estado ahí.
    En la punta del precipicio más alto sin saber que lo mejor es contemplar lo hermoso que se ve el horizonte desde esa perspectiva.

    Yo he estado ahí.

    Es por eso que entiendo cuando me hablas con la mirada y me dices que ya no puedes seguir adelante.

    De nada sirve el sentir lástima por uno mismo.
    Te lo digo porque ya no estoy más ahí.

     

    Érase una historia de un amor apasionado

    Érase una historia de un amor apasionado.
    Qué volcó su imaginación recordándote.

    No encuentro el sigilo guardado en la memoria.
    Para vivir y despertar del sueño eterno ante tu ausencia.

    Las caricias de tus palabras solo hacen eco en mis razones para subsistir siempre desesperado por tu calor ausente.

    Una fuente inagotable de amor emana de mi vida que sin ti ya no es una noche con estrellas.

    Extraño tu luz que ilumina mi universo del error y la desdicha.

    Mi amor por ti es más que un volcán poderoso que estalla con solo tu recuerdo.

    Aún prefiero tener tu amor al lado de mi cuerpo y no logro ocultar el miedo de perderte.

    Érase una historia de un amor apasionado que vivió por ti.

  • La isla de la tortuga o la vuelta a casa de Gary Snyder

    La isla de la tortuga o la vuelta a casa de Gary Snyder

    Por cortesía de kriller71 ediciones publicamos el prólogo a la traducción al castellano de Turtle Island, obra del poeta estadounidense Gary Snyder que obtuvo el premio Pulitzer de poesía en 1975, que se publica el próximo 25 de marzo.


    En El ABC de la lectura, Ezra Pound escribe que debe desconfiarse del profesor que dedica más tiempo a hablar del autor que de la obra; es probable que esa admonición valga también para los prologuistas y, sin embargo, es bien difícil sustraerse de la contundente biografía de un poeta como Gary Snyder a la hora de hablar de su vinculación con este libro. Con permiso entonces de il miglior fabbro comencemos por algunos detalles biográficos: en 1968, Snyder retorna a California después de un periodo de alrededor de diez años en Japón, entreverado con estancias más cortas en su país y una temporada trabajando en la sala de máquinas de un petrolero. Había viajado hasta allí para estudiar y practicar budismo, algo que por entonces hubiera sido imposible de hacer en China. Durante parte de su estancia, en Kioto, se integra enteramente en la vida monástica.

    Hasta ese momento, el autor había publicado dos poemarios previos al que nos ocupa: Riprap y Myths and Texts, que vieron la luz en ese orden, aunque la escritura de muchos poemas responde a una cronología inversa. El caudal experiencial y la materia del segundo tienen su fuente, en gran medida, en el mundo mítico nativo americano y los trabajos que Snyder realizaba como peón forestal en su propio país antes de partir hacia Japón. En Riprap, el autor continúa en la senda temática de la experiencia del trabajo manual como fuente de los textos –en el bosque enlosando caminos de herradura, en una garita de vigilancia de incendios, en un petrolero–, pero aparecen ya poemas relativos a su estancia en Asia, y el libro se completa con una selección de traducciones de un eremita chino del siglo XII –budista, solitario y salvaje–, Han Shan o “Montaña Fría”. Son dos primeros libros importantes, que desprenden una sensación de movimiento: si se leen trastocando su orden de publicación parecen seguir la peripecia vital del autor y de algunas de las intuiciones poéticas que lo han acompañado hasta la consecución de sus últimas obras: “la celebración del trabajo manual como modo de vida y conocimiento, confluyente con el quehacer físico y espiritual” 1, la influencia estética y temática de la poesía china y japonesa, la exploración del sustrato imaginativo de las culturas nativas norteamericanas, y una empatía sin ambages con la naturaleza salvaje. De vuelta a Estados Unidos, Snyder publica The Back Country (1968) y Regarding Wave (1970), que ahondan en las mismas temáticas e incorporan otras –como el nacimiento de sus hijos–. Si bien plenos de buenos poemas, no alcanzan el grado de compleción unitaria que, como libro, posee el que ahora celebramos en su versión en castellano.

    Gary Snyder en 2014. Foto: Larry Miller (CC BY-SA 2.0).

    En 1971, Snyder comienza, ayudado por una cuadrilla de amigos, la construcción de una casa de madera, que aúna características de la arquitectura japonesa y del entorno rural americano, en las faldas de la Sierra Nevada californiana. Con baño en el exterior, sauna caldeada con leña e inicialmente sin conexión a la red eléctrica, Kitkitdizze continúa siendo su hogar a día de hoy, con casi 87 años. El nombre de la propiedad responde al que una tribu nativa local, los miwok, utilizaban para llamar a una planta endémica de la zona que crece entre coníferas, cuya denominación científica es Chamaebatia foliolosa. Ese mismo año se muda allí con “familia, herramientas y libros”, como él mismo cuenta en su último libro de ensayos 2. La primera edición de Turtle Island se publica tres años más tarde.

    La isla de la tortuga –que ve la luz en traducción de José Luis Regojo en kriller71 ediciones– es probablemente la raíz primaria de un proyecto poético que convierte a Gary Snyder en uno de los grandes en lengua inglesa de los últimos sesenta años. Supone su “vuelta a casa” y su completa confirmación como un poeta americano, si atendemos a esa adjetivación en la más rica de sus acepciones: aquella que, consecuentemente, el propio autor ayuda a establecer y definir en el largo aliento de su obra. El libro propone, ya desde el título – que aparece inmediatamente glosado en una nota introductoria–, ensanchar la compresión común del continente por medio de la recuperación de un antiguo nombre, presente en los mitos de creación de varias culturas nativas americanas. En ellos, la tierra se sostiene sobre el caparazón de una tortuga. Snyder expande el alcance del relato instando a reelaborar una relación con el espacio físico del continente atenta a fronteras naturales como las cuencas fluviales, que determinan comunidades de plantas, animales y áreas culturales, en contraste con una división territorial y sus denominaciones que conforman “imposiciones arbitrarias e inexactas de lo que realmente hay aquí” 3.

    Son muchos los rastros que sigue el libro en su propósito de alcanzar una visión real y vinculante de ese “aquí”; desde la incorporación de la propia formación espiritual de Snyder en la cosmogonía budista –“El Darma es como un Aguacate”–, hasta la recuperación de un arquetipo de cordura vital y espiritual encarnado por la figura mítica del coyote para muchas tribus nativas; desde la afluencia al caudal de la poesía de conceptos de la ciencia ecológica, como el clímax, a las propuestas ideológicas contenidas en una sección final de ensayos, “Charla franca”, sobre límites demográficos, polución, abusos de la energía, biodiversidad o la relectura de los elementos esenciales clásicos. El sesgo más reivindicativo, la defensa sin concesiones de la naturaleza que tanto identifica a Snyder, es consustancial a La isla de la tortuga, a menudo incluso desde una asociación de metáforas e imágenes crudas y axiomáticas: “El 4×4 de la/ Inmobiliaria trae/ Buscadores de tierras, ojeadores, le dicen /A la tierra/ Ábrete de piernas”. Un imaginario que se funde en el libro con una tonalidad menos confrontante que también es propia del autor, en poemas como “Oración para la gran familia” o el que da titulo a la tercera sección, “Para los niños”, que termina con tres de los versos más apreciados de toda su poesía: “permaneced juntos/ aprended las flores /id ligeros”. De alguna manera, la reivindicación moral de la obra de Snyder a favor del mundo natural, e incluso parte de su expresión, quedará ya implantada con La isla de la tortuga, que contiene el germen sustancial de su obra posterior.

    El libro se inserta plenamente en la corriente ideológica que, desde la década de los sesenta del pasado siglo en adelante, toma partido y acción a favor de la naturaleza y la dignidad intrínseca de las culturas indígenas, y con cuyos mimbres temáticos establece un umbral de calidad difícilmente reconocible hasta entonces en la poesía contemporánea norteamericana (si bien existen algunos ejemplos previos en prosa, como la breve obra de Aldo Leopold). Con el inmediato reconocimiento e influencia que alcanza –recibe el premio Pulitzer en 1975, quizás el reconocimiento literario más prestigioso de Estados Unidos, y ha vendido más de 100.000 ejemplares a lo largo de su historia–, La isla de la tortuga participa de una perspectiva conservacionista inscrita en el pensamiento común de muchos de nosotros hoy. Sin embargo, la flecha que a mi entender se inserta en el centro del blanco y cuyo astil no ha dejado de vibrar desde su publicación es la reivindicación del aprendizaje y la experiencia del territorio local –el que se puede recorrer andando– como fuente de conocimiento y responsabilidad primera. Quizás porque esta lección, pese a su trasparencia, parece particularmente difícil de atrapar para una sociedad cuyos vínculos con la movilidad física y la acumulación material desdibujan cada vez más una relación plena con nuestro sentido del lugar. Escribiendo desde la conciencia del suyo, Snyder propone un ejercicio poético que aúna etimología, etnobotánica, espiritualidad, comunidad y cultura.

    “Manzanita”, el nombre de un arbusto del género Arctostaphylos abundante en la parte occidental de las colinas de la Sierra Nevada donde el autor tiene su casa, es el título de la primera sección del libro. “Anasazi”, su primer poema, imagina la vida de esta comunidad amerindia de poblados estables, antecesores de los indios pueblo, en un poema fundacional de serena vindicación de pasado, familia y existencia enraizada en un lugar: “Cesta de maíz / ojos abiertos / niño rojo /casa de labio de roca /Anasazi”. El extraordinario poema “Los muertos al lado de la carretera” llama a la hermandad con los animales que fallecen atropellados en las calzadas que hoy cruzan sus antiguas sendas –alas que servirán para abanicos de danza, carne de ciervo que no se echará a perder–, las carreteras que el propio poeta y sus vecinos transitan, las mismas por las que ruedan los camiones madereros cuyo combustible es la vegetación fosilizada.

    Decir que Gary Snyder es el poeta beat de la naturaleza es decir casi nada. Lo que a mi entender convierte su poesía en un hecho trascendente es la articulación de una visión que vincula tradición con propuestas de futuro, enraizada en una contundente argumentación intelectual plena de referencias cruzadas y una experiencia vital arrolladora. En sus versos se aúna la crítica anticapitalista a un modelo de sociedad sin conciencia de los límites ecológicos, una otredad inclusiva que incluye lo no humano – animales y otros seres vivos– como vecinos de pleno derecho y una nueva conciencia del lugar donde habitamos, llamada a recuperar su pasado cultural y la vivencia significativa de nuestro territorio –no tanto como irreflexivos ciudadanos del mundo, sino como moradores asentados en una biorregión concreta con características climáticas y vegetales particulares–. Conocer la flora local, tomar saunas en familia, caminar por nuestro bosque o ciudad, saber de dónde viene el agua que bebemos o la orientación que siguen las tormentas es todo, de acuerdo con Gary Snyder, parte de nuestro retorno a casa.

    Breve coda sobre la traducción de kriller71 ediciones

    Traducir poesía se asemeja a participar en una cordada de escaladores, donde el autor asciende abriendo la vía o asido a los salientes que encuentra, y el traductor le sigue, encordado con él, en una aventura que combina intuición, esfuerzo y un aprendizaje tutelado.

    Portada de «La isla de la tortuga», Gary Snyder (trad. José Luis Regojo). kriller71 ediciones, 2017.

    Turtle Island –y su traducción– ronda el corazón y los pasos de José Luis Regojo desde 1983, cuando este, con unas cuantas traducciones en la mochila, se marchó en busca de su autor a California. Visitó a Snyder en su casa de Kitkitdizze en febrero de ese mismo año, y tuvo la suerte de que cayó una copiosa nevada, así que el poeta y su familia lo acogieron varios días. Las traducciones de La isla de la tortuga se completaron a su vuelta; hubo una edición no venal y algunas se publicaron en La mente salvaje, poemas & ensayos, una antología de poesía y prosa de Gary Snyder (Ardora, 2000 y 2016), pero como libro al alcance de todos había permanecido inédito hasta ahora. Partiendo de su versión inicial hace 34 años, el aroma de estos versos se ha intensificado con el trabajo posterior de Regojo en la traducción de otras obras del autor: ensayos en colaboración en La práctica de lo salvaje (Varasek, 2016) el libro de ruta Viaje por la India (Varasek, 2015) o poemas vertidos al catalán con Jaume Subirana en Les muntanyes són la teva ment (Tushita, 2103). Una comprensión atinada del ritmo, la inflexión y el alcance significante de los versos de un buen poema puede llevar años. Se asciende “paso a paso, respiración a respiración, sin prisa, sin dolor” 4… Con sudor genuino, humildad y algo de suerte, un buen traductor conseguirá que el horizonte revelado del poema aparezca también en su lengua, entre jirones de bruma. Gracias a José Luis Regojo disfrutamos hoy de estas visiones; buena suerte para todos en el descenso.

    Madrid, febrero, 2017.

    Notas

    1. Snyder, Gary. La mente salvaje (poemas y ensayos) Nueva antología. Edición de Nacho Fernández Rocafort. Pág. 18, “Introducción a la primera edición”. Madrid, Árdora Ediciones, 2016.

    2. Snyder, Gary. The Great Clod. Notes and Memoirs on Nature and History in East Asia. Berkeley, Counterpoint, 2016. De próxima publicación en castellano en Varasek Ediciones.

    3. Snyder Gary. La isla de la tortuga. En esta edición, pág. 15

    4. Snyder, Gary. La práctica de lo salvaje. Op. cit. Pág. 312, en el ensayo “Los escritores y la guerra contra la naturaleza”.

  • Mitos clásicos en «Prosas profanas» de Rubén Darío

    Mitos clásicos en «Prosas profanas» de Rubén Darío

    Introducción

    El Modernismo[1] es el movimiento literario en el que se encuadra la obra de Rubén Darío. Este movimiento se caracterizó por la repulsa de las convenciones vigentes, incluso alcanzando las creencias religiosas, la estructura social y las ideologías filosóficas y políticas, y convirtiendo en virtud la negación de las doctrinas recibidas[2].

    La negación de los dogmas fue la primera y más importante característica del Modernismo y, en lo literario, la protesta se manifestó en dos direcciones. Por un lado, llevó a los escritores a una idealización y mitificación de lo pasado o indigenismo[3] (concepción rousseauniana[4]) y, por otro lado, los distanció de la realidad cercana, ya que pusieron su mirada en la descripción de lugares distantes y exóticos. Por asco de las realidades inmediatas, los modernistas se rodearon de altivez (el célebre tópico de la “torre de marfil”[5]). Para defenderse de una sociedad contagiada de materialismo, se proclamaron baluarte de espiritualidad y se alejaron de los temas predominantes hasta ese momento, buscando superar el prosaísmo poético, el retoricismo y las tendencias literarias de finales del siglo XIX.

    Así, la idea de que el Modernismo es un movimiento de alcance general, y no sólo poético, sino temporalmente, pues es ya muy antigua. Federico de Onís, en su introducción a una Antología de la poesía española e hispanoamericana, publicada en 1934, definía el Modernismo como “la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu que inicia hacia 1885 la disolución del siglo XIX y que se había de manifestar en el arte, la ciencia, la religión, la política y gradualmente en los demás aspectos de la vida entera”. Lo mismo vendría a decir, en un artículo de 1935, Juan Ramón Jiménez: “El Modernismo no fue solamente una tendencia literaria: el Modernismo fue una tendencia general”.

    La influencia más importante viene de Francia a través de dos movimientos que habían roto con las normas establecidas. Se trataba del Parnasianismo y del Simbolismo. El Parnasianismo, cuyo principal representante fue Thèophile Gautier, tiende a la idea del “arte por el arte”; de ahí que busque en el poema la perfección formal y la belleza. Los seguidores de este movimiento se esforzaron por lograr lo impecable: una tersura sin mácula y “escultórica”.

    Por otro lado, los simbolistas estaban empeñados en expresar lo negado al lenguaje, más deseosos de sugerir que de decir. El Simbolismo, representado por escritores como Rimbaud, Verlaine y Mallarmé, pretendía superar la mera realidad percibida por los sentidos y llegar a sus significados más profundos y ocultos, para lo que, entre otras cosas, utilizaba los símbolos.

    Como figura principal de este movimiento aparece Rubén Darío, poeta con una enorme conciencia de que la renovación exigía conocer a fondo la materia sobre la cual había de producirse: la palabra cargada de significaciones, de reminiscencias y de una tradición literaria que él aspiraba a renovar, no a destruir. Su aptitud para la imitación no le hubiera favorecido de no acompañarla un instrumento verbal extraordinariamente imaginativo.

    Nota biográfica

    Rubén Darío nace en Nicaragua en 1867 y muere en 1916. Es el mayor poeta modernista, y además es el primer poeta plenamente moderno de nuestra literatura, con una profunda conciencia de su tiempo y del arte. Se puede decir que Rubén Darío protagonizó una auténtica revolución en la creación literaria.

    Tres características son clave en su obra; en primer lugar, el deseo de vencer el provincianismo que imperaba en las costumbres literarias de América, y que lo llevarán a la búsqueda de ambientes cada vez más cosmopolitas. Viajó por Santiago de Chile, Buenos Aires, Madrid, París… y se impregnó de las corrientes literarias más actuales entonces, imperantes en aquel momento.

    En segundo lugar, concilia lo mejor de la tradición con las formas nuevas y las devuelve transformadas en algo distinto. Se interesa principalmente por lo concerniente al exotismo y el orientalismo; la música, la pintura y la decoración más refinada, la sensualidad pagana y el medievalismo cristiano, y por ambientes que evocan culturas imperecederas como la Francia versallesca y la Grecia clásica.

    Podemos destacar, además, que poseía una alta conciencia crítica de la vida moderna y de la función que cumplía el arte en ella. Vivió la agonía del artista insatisfecho y del intelectual que presiente la crisis de la cultura a la que pertenece.

    Su obra comienza muy pronto, ya que es un escritor precoz que publica su primer poema con catorce años e impresiona desde sus comienzos por su capacidad de versificación. Sus primeros libros tienen rasgos románticos, pero en 1888 publica Azul… y con él comienza el Modernismo en todo el continente.

    Este libro contiene algunos versos y relatos o cuentecillos en prosa. Y es llamativa la forma en que Darío trataba las formas en prosa y en verso con un impulso hacia la fusión. La prosa tiene la musicalidad y las imágenes de la poesía, y la poesía alberga fantasías narrativas o historias con moralejas[6]. Darío nos propone un mundo en el que priman el amor y el placer, la imaginación y la pasión.

    El Modernismo

    El Modernismo para Rubén Darío es “La libertad y el vuelo, y el triunfo de lo bello sobre lo preceptivo, en la prosa; y la novedad en la poesía: dar color y vida y aire y flexibilidad al antiguo verso que sufría anquilosis.”[7] Así caracteriza nuestro poeta este período de interés por el ocultismo, el pitagorismo, el espiritismo y otras formas de pensamiento esotérico. El mundo de los sueños, de lo sobrenatural, de lo anormal e inexplicable era una inclinación natural de Darío, hombre supersticioso y dado al fantaseo morboso (y a sufrir frecuentes pesadillas, agravadas por el hábito del alcohol), pero era también un signo de la época: hacia fines del siglo hubo un renovado espiritualismo que tendía a buscar en el ocultismo y en otras formas exóticas de religiosidad[8]. El espíritu moderno trataba de subsanar el vacío que la crisis del positivismo había dejado y el Modernismo se convierte en una respuesta a la carencia de sentido trascendente en el ejercicio estético.

    Un hecho a destacar relacionado con nuestra literatura, ya consumado Darío como poeta innovador, fue su encuentro en 1893 con el novelista Alejandro Sawa (1862-1909), encuadrado generalmente en el Naturalismo radical. Como se puede ver en primera instancia, el escapismo de la poesía estética modernista convive perfectamente con el realismo feroz de las novelas de Sawa y López Bago. No obstante, Sawa también había conocido a Verlaine y era un enamorado de las tendencias estéticas, lo que le sirvió también para alentar su amistad con Rubén Darío. El nicaragüense escribió el prólogo de Iluminaciones en la sombra, su obra póstuma, y mantuvo correspondencia con él hasta casi el final de su vida[9].

    Prosas profanas

    En 1896 Darío publica Prosas Profanas, libro de indudable madurez[10]. Pero, ¿por qué llama Prosas Profanas a un libro donde no hay un solo poema en prosa? Rubén Darío usa la palabra “prosas” en su acepción arcaica, tal como la emplea Berceo, de composición de carácter religioso para ser cantada en la misa, pero contradicha por “profanas”. Así, el sustantivo equivaldría a “liturgia” o “ceremonia” y el adjetivo apuntaría al aspecto sensual, erótico y carnal que domina en la obra. En las “Palabras liminares” de Prosas Profanas, Rubén Darío explica:

    Yo he dicho, en la rosa de mi juventud, mis antífonas, mis secuencias, mis prosas profanas. Tiempo y menos fatigas del alma y corazón han hecho falta para, como un buen monje artífice, hacer mis mayúsculas dignas de cada página del breviario… Tocad, campanas de oro, campanas de plata, tocad todos los días, llamándome a la fiesta en la que brillan los ojos de fuego, y las rosas de las bocas sangran delicias únicas.[11]

    El propósito de este libro es el placer, la divinización del impulso erótico, la gozosa profanación de la carne como vía hacia una nueva experiencia ascética que contradice la de la doctrina cristiana[12]. En Prosas Profanas se oficia una misa carnal, un misterio revelado por los sentidos exaltados en una experiencia casi mística. El placer se convierte en una forma suprema del arte. Las mujeres son diosas, estatuas de mármol, figuras mitológicas o literarias. Hay roces y carnes presentidas, siempre un poco más lejanas de lo deseable, buscando aumentar el ardor sensual. Darío utiliza imágenes impecables, versos que sorprenden por su naturalidad en un refinado trabajo artístico. Estamos ante algo absolutamente nuevo, pero que no supone una ruptura radical con las formas hasta entonces vigentes[13] debido a que Rubén Darío fue un genial reformador: desempolvó estructuras olvidadas o arcaicas y las adaptó creando un producto auténticamente suyo, inigualable[14]. Sus fuentes principales son los clásicos castellanos (Cervantes, Lope, Garcilaso, Quevedo), los clásicos extranjeros (Shakespeare y Dante) y los poetas franceses modernos Hugo y Verlaine.

    Darío rompía así con muchos hábitos de la lírica hispanoamericana: la poesía patriótica, la civil, la descriptiva o la religiosa. Su arte –cosmopolita, aristocrático, fantasioso, epicúreo y paganizante-, se presentaba como una vía hacia el reencuentro con el sentido profundo de la naturaleza. La mitología le brinda figuras con las que se identifica Pan, Apolo, el Centauro, el Fauno, el Sátiro. Elaboró todo un vocabulario del placer: ambientes opulentos, objetos preciosos, selvas, jardines, palacios, lujosos salones donde fluyen el vino y los manjares exquisitos, figuras de la “commedia dell` arte”, cuentos de hadas…

    En la declaración inicial de Prosas Profanas, Darío se justifica así: “mas he aquí que veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles; ¿qué queréis? yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer”.[15]

    Hay en todo esto una nota que sonaba a escándalo o desafío a la moral de la época: el amor al lujo y al exceso que la doctrina cristiana asociaba a la vanidad y a los pecados[16]. Por otro lado, también era un signo de rebeldía frente al utilitarismo positivista. Ser vano era una respuesta a las sociedades ricas pero espiritualmente pobres[17].

    En 1899 Darío llega a España enviado por La Nación para echar un vistazo a la realidad peninsular. Había una razón: la derrota hispana en la guerra contra Estados Unidos y la pérdida de Cuba. Éste es un asunto que él contempla con grave preocupación y que tendrá profundas repercusiones en su estilo vital, sus creencias y su arte. El fin del imperio español y el creciente peligro que encarnaba el imperialismo norteamericano plantean para él cuestiones muy importantes sobre el destino del continente. Va a ser, pues, en Cantos de vida y esperanza, donde Rubén Darío se pregunte sobre el futuro de la cultura española y pretenda con sus versos recuperar las raíces y la esencia de la cultura hispana.

     

    La América española como la España entera

    fija está en el Oriente de su fatal destino;

    yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera

    con la interrogación de tu cuello divino.

     

    ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?

    ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?

    ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?

    ¿Callaremos ahora para llorar después?[18]

     

    Cantos de vida y esperanza

    Cantos de vida y esperanza es una obra distinta de las otras, porque el hombre que lo escribe es distinto: ha cumplido ya 38 años, disfruta de su propia gloria pero también sufre sus fatigas, sus desengaños, el hastío de la fama, la insatisfacción profunda y la inestabilidad emocional. Ahora la novedad es el dolor, el drama de existir… un sentimiento agónico domina esta obra, y además realiza una magnífica autocrítica del poeta que fue.

    A este respecto, dice Octavio Paz en Sexo y muerte en la poética rubeniana:

    Aunque a Darío le repugnaba el ateísmo racionalista y su temperamento era religioso, y aun supersticioso, no puede decirse que sea un poeta cristiano, ni siquiera en el sentido polémico en que lo fue Unamuno. El terror de la muerte, el horror de ser, el asco de sí mismo, expresiones que aparecen una y otra vez a partir de Cantos de vida y esperanza, son ideas y sentimientos de raíz cristiana; pero falta la otra mitad, la escatología del cristianismo. Nacido en un mundo cristiano, Darío perdió la fe y se quedó, como la mayoría de nosotros, con la herencia de la culpa, ya sin referencia a una esfera sobrenatural[19].

    Cantos de vida y esperanza termina con el impresionante soneto Lo fatal que es el más grave resumen de todo el drama que vivió Darío. Tras la vaga ilusión hemos llegado al deseo de anestesia de todo signo vital, como el árbol “que es apenas sensitivo/ y más la piedra dura porque ésa ya no siente”. El ideal es ya no sentir dolor, aunque tampoco sintamos placer: “Ser, y no saber nada”.

    Mitos clásicos en Prosas profanas

    Tras este breve repaso de la obra de Rubén Darío en general, queremos centrar nuestro trabajo en el análisis de los personajes de la mitología clásica que aparecen en Prosas profanas, obra en la que Darío elaboró todo un vocabulario del placer basado, en gran medida, en la mitología clásica.

    Nos centraremos especialmente en señalar el contraste u oposición constante entre los personajes relacionados con la pureza y la virginidad y los personajes con un fuerte impulso sexual. En esta obra de Rubén Darío, los personajes puros se convierten en báquicos: no se trata de personajes “normales”, sino de los que tienen la virtud de la pureza, por eso la transmutación a lo báquico ofrece un fuerte y sorprendente contraste, potenciando así su impulso sexual. Esto va precisamente de acuerdo con el título de la obra: prosas # profanas.

    1. Palabras liminares

    Las Palabras liminares fueron carta de presentación de esta obra en España, junto con Sinfonía en gris mayor[20].

    Se trata de una reflexión sobre su obra, aunque el autor considera innecesario un manifiesto, puesto que su poesía es suya y no tiene que ser imitada, anima a los creadores a crear.

    A través de estas palabras centra y define sus intereses:

    Proclamando, como proclamo, una estética acrática, la imposición de un modelo o de un código implicaría una contradicción.

    Mi literatura es mía en mí.

    Mi órgano es un viejo clavicordio pompadour, al son del cual danzaron sus gavotas[21] alegres abuelos; y el perfume de tu pecho es mi perfume, eterno incensario de carne, Varona inmortal, flor de mi costilla.

    Hombre soy.

    Pueden interpretarse estas ideas o rasgos de la siguiente manera: en primer lugar habla de la poesía como instrumento en el que se basa para tocar su música. Se trata de una poesía tradicional, la misma que utilizaron sus predecesores, pero el perfume, es decir, la esencia es amorosa, erótica, va a hablar de la mujer.

    A continuación, seleccionamos citas relacionadas con la estética como forma de evasión o respuesta a la crisis de valores de la sociedad contemporánea; la posición que adopta y justifica claramente:

     Veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles: ¡qué queréis!, yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer.

    El abuelo español de barba blanca me señala una serie de retratos ilustres […]. Abuelo, preciso es decíroslo: mi esposa es de mi tierra, mi querida, de Paris.

    Como cada palabra tiene un alma, hay en cada verso, además de la armonía verbal, una melodía ideal.

    Y, la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco; cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho encinta.

    Las Palabras liminares no dejan de ser el manifiesto poético modernista más sintético que ha podido lanzar al mundo Rubén Darío.

    2. Era un aire suave…

    Tras las “palabras liminares”, comienza Prosas profanas con un poema titulado Era un aire suave… Se trata de un poema que describe una fiesta en un tiempo indefinido, donde los placeres están al alcance de la mano. La marquesa Eulalia disfruta de la fiesta en la que es pretendida por dos amantes: “el vizconde rubio de los desafíos/ y el abate joven de los madrigales”. Sin embargo, a medianoche se encontrará con un paje en medio del bosque. El paje será su poeta, su amante preferido.

    El nombre de la protagonista no es casual, ya que proviene del griego y significa ‘la de la buena charla‘, ‘la de la noble conversación‘. La joven es una mujer frívola que coquetea con todos en la fiesta y ríe continuamente conocedora de los juegos amorosos.

    El ambiente que se describe en el poema posee gran cantidad de referencias clásicas para crear un escenario intemporal. Suenan liras eolias en el ambiente, y la decoración del palacio donde se celebra la fiesta posee multitud de objetos y esculturas de origen grecolatino. Así, se citan el hada Harmonía[22] (v. 2), una máscara de Término[23] (v. 14), el dios barbudo que establecía los límites de los campos privados y del Estado[24], y también se describe una escultura de mármol de Diana y un zócalo jonio.

    La joven Eulalia posee los atributos del amor: las flechas de Eros (v. 27), el cinto de Cipria (v. 28) que hace alusión al que recibió Afrodita de manos de Hera en la Ilíada de Homero para hacerla más irresistible a los hombres. La joven conoce su poder y aprovecha sus encantos para ser el centro de las atenciones de los jóvenes amantes. Pero en mitad de la noche, arranca sus notas el ruiseñor, ave cantora de la noche que representa los amores, y que en este poema se menciona a través de su no menos ilustre nombre griego, Filomela (v. 50). Ésta era hija de Pandión, rey de Atenas, y fue violada por su cuñado Tereo, quien le arrancó la lengua. Bordó, pues, lo ocurrido para conocimiento de su hermana, y por obra de los dioses fue transformada en ruiseñor[25].

    Se cita también a Onfalia[26] (v. 28), en relación con su rueca. Probablemente se inspira Darío en representaciones pictóricas[27], más que en textos (en las Metamorfosis de Ovidio no consta este capítulo en el mito de Hércules). En cualquier caso, a lo que se refiere Darío es al papel de dominio de la mujer sobre los hombres. Ya lo había utilizado en Azul… en el poema A un poeta: “Hércules loco que a los pies de Onfalia / la clava deja y el luchar rehúsa…”

    Con “divinas Tirsis” (v. 71) se refiere, como indica la estrofa, al ámbito pastoril. El pastor Thyrsis procede de la Égloga VII de Virgilio. Uno de los primeros renacentistas en reutilizar el nombre para nuevas églogas fue Baltasar de Castiglione en 1506. Miguel de Cervantes también creó un personaje con tal nombre en La Galatea, pero lo curioso en Darío es que lo utilice para personajes femeninos.

    3. Divagación

    En Divagación, el poeta describe distintos ambientes donde se da el amor: Grecia, Francia, Italia, Alemania, España, China, Japón, India, África.

    Ámame así, fatal, cosmopolita,

    universal, inmensa, única, sola

    y todas; misteriosa y erudita:

    ámame mar y nube, espuma y ola.

    (vv. 129-132)

    Es amplio el vocabulario clásico al que hace referencia. El poeta cita al dios de piedra (v. 8): “el dios de piedra es Dioniso”[28], inspirado en la ilustración de la Mythologie dans l’art ancien et moderne[29] de René Menard[30]. También hace referencia al tirso del dios Baco, a Diana y a la Hetaira[31] diosa, Afrodita. Y respecto a Afrodita, el autor hace alusión al mito de Adonis para caracterizar a la diosa. Adonis era un bellísimo pastorcillo al que criaron las Náyades[32]; en su juventud fascinó a Afrodita con su belleza, la diosa abandonó el Olimpo para vivir con él en los bosques. Cazador temerario, fue muerto joven por un jabalí durante una cacería; después, por decreto de Zeus, su destino fue pasar la mitad del año en el mundo de los vivos con Afrodita, y la mitad entre los muertos, con Perséfone[33]. Divinizado por los griegos, se le rindió culto en las fiestas Adonías y en varios templos a él dedicados. El mito, de origen oriental, probablemente sirio, simboliza la naturaleza floreciente, apagada por el invierno (jabalí) que eclosiona nuevamente en primavera.

    Darío también confiesa “amo más que la Grecia de los griegos la Grecia de la Francia” (vv. 41-42), porque el autor utiliza un mundo helenizante como marco de su poesía. Son los autores simbolistas franceses como Verlaine los que realmente le interesan.

    Verlaine es más que Sócrates; y Arsenio

    Houssaye[34] supera al viejo Anacreonte.

    (vv. 49-50)

    4. Sonatina

    En el poema Sonatina encontramos una referencia clásica a hipsipila con significado de ‘larva’ o ‘ninfa’, pero se trata de una interpretación posiblemente errónea, según Ricardo Llopesa[35].

    ¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!

    (v. 37)

    Hipsipila era la hija del rey de Lemnos que rehusó matar a su padre cuando las mujeres exterminaron a la población masculina. Madre de los hijos de Jasón, a la que seduce y abandona. La versión más cercana a la de Darío (Sonatina) es la de Ovidio (Heroidas IV, Hipsipila a Jasón), donde se lee en boca de Hipsipila que se lamenta del abandono de que ha sido objeto: “Hay aquí una torre que domina una vasta extensión, y desde donde puede verse lo inmenso de los mares; subo a ella, con mi rostro y mi pecho empapados en llanto; miro a través de mis lágrimas, y mis ojos, compadecidos del ardor de mis deseos, alcanzan a percibir distancias insospechadas.”

    5. Blasón

    En Blasón, dedicado a la condesa de Peralta, el poeta se centra en describir al cisne como figura que caracteriza su poesía, el ideal.

    Es el cisne, de estirpe sagrada,

    cuyo beso, por campos de seda,

    ascendió hasta la cima rosada

    de las dulces colinas de Leda.

    Blanco rey de la fuente Castalia[36],

    […]

    (vv. 9-13)

    El cisne es la representación del ideal de belleza a través de la poesía. En múltiples ocasiones cuenta Darío la relación del cisne (Júpiter) con Leda. Ésta era hija de Testio y de Euritemides; esposa de Tíndaro del que tuvo tres hijas: Timandra, Clitemnestra y Filónoe. Zeus, prendado de su belleza, en otra de sus mutaciones para gozar mujeres, se transformó en cisne para poseerla. Después de aquella unión, Leda quedó encinta de dos huevos; en uno estaban Polux y Helena[37], en el otro Cástor y Clitemnestra.

    El símbolo del cisne ha sido profundamente estudiado por I. Zavala en su trabajo Rubén Darío bajo el signo del cisne, Universidad de Puerto Rico, 1989.

    6. Alaba los ojos negros de Julia

    El poema Alaba los ojos negros de Julia es una alabanza a los ojos negros de Julia comparándolos con los de Eva (vv. 1-4), con los de Eros, hijo de Venus (vv. 5-8), con los de Pentesilea[38] (reina de las Amazonas), y con los de Judith y Cleopatra (vv. 9-16).

    Variadas son las referencias clásicas en este poema. En primer lugar, Eros es la divinidad del amor, hijo de Afrodita. Pentesilea es la reina de las amazonas, una raza de mujeres guerreras de Capadocia donde no eran admitidos los hombres. También aparece Pan, dios de los rebaños y los pastores. Tenía cuernos y cabra, y el cuerpo cubierto de vello. Inventó el caramillo que tocan los pastores. Se trata de un personaje citado frecuentemente por Darío que representa el impulso sexual masculino, y que al mismo tiempo alude a lo festivo, lo lúdico, lo musical.

    7. Canción de Carnaval

    En Canción de Carnaval el poeta realiza una invocación a la Musa para que le inspire en la fiesta de luz y color que es el carnaval y nombra a los personajes de la Comedia de’ll arte.

    Musa, la máscara apresta,

    ensaya un aire jovial

    y goza y ríe en la fiesta

    del Carnaval.

    (vv. 1-4)

     Siempre aparece algún motivo griego o clásico en igualdad de atractivo y exotismo:

    con la cítara sé griega

    (v. 38)

    8. Para una cubana

    Para una cubana es un poema escrito en alabanza de la belleza de una mujer cubana que podría dar celos a la propia Diana:

    Misteriosa y cabalística[39],

    puede dar celos a Diana.

    (vv. 5-6)

    Diana es una divinidad itálica, pero tempranamente identificada con Ártemis, y de igual modo relacionada con la naturaleza y los bosques en sus manifestaciones más indómitas y feroces. Asociada con Selene o con la luna, de ahí vienen los celos a los que alude Darío, al ser la cubana candorosa como el blanco astro de la noche.

    Y al sonreírse vi en ella

    el resplandor de una estrella

    que fuese alma de una esfinge.

    (vv. 12-14)

    En la mitología griega, la Esfinge[40] era un demonio de destrucción y mala suerte, que se representaba con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave. No obstante, no parece que sea por estos rasgos la relación con la cubana, sino con el misterio, el acertijo, en la historia de Edipo[41]. El “enigma de esfinge”[42] suele exponer al candidato a una situación límite: “adivina o muere”, así, una mujer enigmática es un reto mortal.

    9. El faisán

    En El faisán el poeta galantea con una joven hermosa. En el ambiente reina una gran artificialidad. El poeta se siente triste, pues su “amada de un día” le hace observar que su amada fiel (la luna) ha muerto.

    Y cuando el champaña me cantó su canto,

    por una ventana vi que un negro manto

    de nube, de Febo cubría el encanto.

    (vv. 34-36)

    Febo[43] es en este caso el sol, uno de los atributos que caracterizan al dios Apolo, que lleva su carro de fuego por el cielo cada día.

    10. Garçonnière

    Es Garçonnière la descripción de una fiesta inspirada por las musas y por Venus, como se puede ver en la siguiente estrofa:

    E iban con manchadas pieles de pantera,

    con tirsos de flores y copas paganas

    las almas de aquellos jóvenes que viera

    Venus en su templo con palmas hermanas.

    (vv. 21-24)

    Aparece en este poema la referencia a Idea (v. 31), sobrenombre que los griegos dieron a Cibeles a partir del monte Ida en Frigia, en el que la diosa tenía un templo famoso.

    11. Heraldos

    En Heraldos el poeta escucha nombrar la llegada de diversas mujeres fabulosas; son los heraldos los que las anuncian.

    ¡Helena[44]!

    ¡Makheda![45]

    ¡Ifigenia, Electra, Catalina[46]!

    El poema tiene un final sorprendente. El poeta busca y no encuentra, porque la que él espera no llega, su espera no tiene fin.

    ¿Ella?

    (No la anuncian. No llega aún.)

    12. Ite, missa est

    Pero es quizá el siguiente poema donde Darío define claramente la idea central de Prosas profanas, que puede ponerse en relación con las Palabras liminares y con la idea del poeta de oficiar una misa carnal en este libro.

     

    Ite, missa est[47]

    (A Reynaldo de Rafael)

    Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloísa[48]

    virgen como la nieve y honda como la mar;

    su espíritu es la hostia de mi amorosa misa

    y alzo al son de una dulce lira crepuscular.

     

    Ojos de evocadora, gesto de profetisa,

    en ella hay la sagrada frecuencia del altar;

    su risa es la sonrisa suave de monna lisa,

    sus labios son los únicos labios para besar.

     

    Y he de besarla un día con rojo beso ardiente;

    apoyada en mi brazo como convaleciente

    me mirará asombrada con íntimo pavor;

     

    La enamorada esfinge quedará estupefacta,

    apagaré la llama de la vestal intacta

    ¡y la faunesa antigua me rugirá de amor!

     

    El tema del poema es la posesión carnal de la Pureza.  El poeta desea poseer a una vestal (v. 13), mujer virgen consagrada al culto de la diosa Vesta, diosa romana del hogar, del fuego y del arte de guisar, para convertirla en una faunesa (neologismo creado por Rubén Darío basado en el personaje mitológico del fauno que encarna la imagen de la mujer poseída por un gran impulso sexual).

    La falta de resistencia de la virgen ante la pasión del poeta y el deseo estimulado por un beso ardiente multiplican la sensualidad del poema.

    13. Coloquio de los Centauros

    El siguiente poema, el Coloquio de los Centauros, es de los más nutridos de alusiones a mitos clásicos. Publicado en 1896 durante su estancia en Argentina, como Darío recuerda en la Historia de mis libros, forma parte de Prosas Profanas, conjunto de poesías del que él mismo advierte en su Autobiografía que “exigirá bastantes exégesis y largas explicaciones”. Si atendemos a este poema en concreto, según la opinión de A. Echevarría, la glosa puede hacerse realmente necesaria con vistas al lector menos advertido por sus numerosas referencias a la mitología clásica y porque el diálogo de estos centauros se configura como una serie de reflexiones, inconexas al menos en apariencia, acerca del mundo, la mujer y la muerte. De hecho el mismo autor lo califica de “mito que exalta las fuerzas naturales, el misterio de la vida universal, la ascensión perpetua de Psique, y luego plantea el arcano fatal y pavoroso de nuestra ineludible finalidad”.[49]

    El centauro[50] es un personaje de fuerte carácter sexual. Representa la mezcla de hombre y animal. Rubén Darío mantiene su tesis en este poema que le lleva a defender la idea de que la energía sexual trasciende al hombre y lo enraíza a la vez con la naturaleza y con la tierra.

    Como se sabe, son fabulosos monstruos mitad hombres y mitad caballos, hijos de Ixión y de Néfele; para otros de Centauro y de las yeguas de Magnesia. Homero y Hesíodo hablaron de ellos como de bárbaros violentos y sensuales que habitaban en las montañas de la Grecia septentrional. Etimológicamente, son ‘quienes matan a los toros’.

    Pasaron a la leyenda por su enemistad con los lapitas[51], que se originó durante las bodas de Hipodamía con Pirítoo, rey de los éstos, como venganza de Ares y de Eris no invitados al banquete nupcial. La feroz batalla que se produjo fue provocada por el borracho Euritión, que quería raptar a la novia. La masacre concluyó con la derrota de los centauros que, presa del furor, se refugiaron en las montañas de Pindo en Tesalia.

    Posteriormente, los centauros también lucharon contra Heracles y, definitivamente vencidos, se vieron expulsados de sus montes y de la totalidad de Tesalia.

    Entre los centauros los más conocidos se encuentran Quirón, Folo y Sesso, que, a diferencia de los demás, se distinguieron por su sabiduría, bondad y sagacidad[52].

    Tras este acercamiento, pasamos a una enumeración de referencias clásicas:

    V. 1: argonauta. Lo primero que sorprende es el uso en singular, cuando siempre se habla de Jasón y los argonautas, los célebres y más audaces navegantes de la mitología griega, quienes viajaron a la Cólquide en busca del vellocino de oro[53]. Con el nombre en singular se está refiriendo al poeta, cuya osadía es incluso superior a la de Jasón y su tripulación.

    V. 3: Isla de Oro. Según ciertos estudios, equivale a las Islas de los Bienaventurados, donde eran trasladados los héroes después de su muerte y que, en último caso, se pueden identificar con los Campos Elíseos.

    V. 4: tritón. Semidiós marino con figura de hombre hasta la cintura y de pez de larga cola en la parte inferior. Hijo de Poseidón y de Anfítrite. Participa Tritón en distintas leyendas, ayudando sobre todo a los Argonautas a salir de Libia cuando estaban inmovilizados. Tritón es también tema favorito de los artistas, que lo representan acompañando a Poseidón, cuyas llegadas anunciaba haciendo sonar una caracola marina[54]. De ahí que Darío escriba “el tritón elige su caracol sonoro”.

    V. 16: para portar las ninfas rosadas en los raptos. Después de la descripción de los centauros, señalando las diferencias entre unos y otros, queda como nota común su robustez y musculatura para su salvaje afición de raptar ninfas.

    V. 18: Océano. Etimológicamente, ‘que rodea la tierra’. En la primitiva concepción helénica del mundo, que imaginaba la tierra como un disco plano, el Océano era un gran río que la circundaba. Según Hesíodo, lo habían engrendrado Gea (la tierra) y Urano (el cielo) en su primera unión amorosa. Océano se unió a Tetis, la más joven de sus hermanas, la Titánide símbolo de la fecundidad del mar, y engendró con ella a las Oceánides[55].

    V. 23: aquí hace su primera intervención Quirón, el más célebre de los centauros, nacido del dios Crono (v. 44) y de una de las yeguas de Magnesia, llamada Filira. Se distingue de los restantes centauros, groseros y violentos, por su astucia e inteligencia.

    Vivió en una gruta en las faldas del monte Pelión, en Tesalia, en donde creó una escuela que obtuvo renombre en toda Grecia, pues por ella pasaron muchos personajes ilustres como Asclepio, Néstor, Macoón, Eneas, Heracles, Cástor y Pólux, Ánfiarao, Ulises, Hipólito y Aquiles.

    Enseñó astronomía, música y medicina a muchos de ellos. Su amigo Heracles (v. 42) lo hirió accidentalmente con una flecha envenenada con sangre de la Hidra de Lerna.

    Si bien era inmortal (v. 31), le pidió a Zeus que lo hiciese morir; el dios consintió en ello y lo puso entre las constelaciones con el nombre de Sagitario, según unas versiones. Según otras, fue herido incurablemente por una de las flechas que Heracles había empapado en el veneno de la Hidra de Lerna (vv. 35-36); y falleció dejando el don de la inmortalidad a Prometeo.

    V. 25: Éolo. Señor o divinidad de los vientos, en este caso. Pero también la Odisea lo presenta como hijo de Hípotes, un mortal favorito de los dioses.

    V. 33: aparece otro centauro, Reto. En las bodas de Pirítoo, tras matar este centauro a Caraxo, Cometes y a Evagro, fue muerto o gravemente herido por Driante (Metamorfosis, XII, 271-301).

    V. 39: Esculapio. Nombre romano de Asclepio, dios de la medicina griega, hijo de Apolo y la ninfa Coronis, y discípulo del centauro Quirón.

    V. 40: Aquiles también fue educado por Quirón.

    V. 41: con el manjar salvaje que le ofreciste un día. “[Quirón] le inspiró un enorme valor y le hizo adquirir una portentosa fuerza, obligándole a no comer otra cosa que entrañas de animales salvajes”[56].

    V. 45: aparición de Abantes. Abante, según R. Llopesa, es el caudillo de los centauros. En Metamorfosis, XII, 306: Abante, cazador de jabalíes.

    V. 50: Numen. Cualquier dios pagano; inspiración del poeta o artista.

    V. 63: aparición del centauro Folo, hijo de Sileno y de una de las ninfas de los fresnos. Acogió espléndidamente a Heracles, que pasó una noche en su cueva de Fóloe cuando iba hacia Erimanto. Le dio de comer y, ante la insistencia del héroe, también le dio el vino guardado en una vasija que pertenecía a los centauros. Éstos, al oler su vino, acudieron indignados, entablándose una lucha entre Heracles y los centauros en la que ellos llevaron la peor parte. Cuando acabó la lucha, Folo, admirado de los terribles efectos que producían las pequeñas flechas de Heracles, que, con sólo rozar a un hombre, lo mataban, retiró de un cadáver una de ellas, con tan mala suerte que le cayó en un pie y se hirió de muerte. Heracles, en su honor, celebró grandiosos funerales[57].

    El biforme ixionida es lo mismo que decir “centauro”, ya que, según la leyenda, estas criaturas proceden de Ixión. Éste era rey de los Lapitas; había asesinado a su suegro Deyoneo para librarse de pagarle lo que le había prometido por su hija Día (de la unión de Ixión y Día nacería Pirítoo). Como nadie le purificaba del crimen, Zeus se apiadó de él y le libró de la persecución de las Erinias. Pero después Ixión quiso seducir a Hera, y Zeus formó una nube con su misma apariencia y con la que se unió el héroe. Esta falsa Hera –llamada Néfele, Nube– engendró a los centauros (v. 83). Enterado Zeus de la conducta de Ixión, lo azotó bárbaramente y lo ató a una rueda en llamas que giraba sin cesar, y lo precipitó en el Tártaro, donde cumple eternamente su castigo[58].

    V. 85: aparición de Orneo, otro centauro herido en las bodas de Pirítoo. Citado en Metamorfosis, XII, v. 302.

    V. 91: aparición de Astilo o Ástilo, centauro también herido en las bodas. En Metamorfosis se le califica de augur (XII, v. 308), el que en vano había tratado de disuadir a los suyos de la guerra.

    El verso de su intervención es tremendamente profundo y lírico:

    El Enigma es el soplo que hace cantar la lira.

    V. 92: intervención de Neso, centauro que robó a Deyanira, esposa de Heracles. El héroe lo mató con otra de sus flechas mojadas en sangre de la Hidra de Lerna, pero la túnica envenenada de Neso a su vez causó la muerte de Heracles.

    Deyanira es hija de Eneo, rey de los etolos; desposó a Heracles y fue la causa involuntaria de su fin cuando le hizo ponerse los vestidos teñidos con la sangre venenosa del centauro Neso. Cuando conoció el engaño, y desesperada por la muerte de su esposo, Deyanira se ahorcó.

    V. 99: Anadiomena. “Hecha de rosa y nieve nació la Anadiomena”: sobrenombre de Afrodita, cuando se la evoca naciendo de las aguas. Amor-Afrodita es la más importante de las diosas en la obra dariana. Simboliza el poder iniciático del sexo. Representa en la obra de Darío el carácter sexual originario de la diosa.

    Vv. 101-102: Los curvos hipocampos sobre las verdes ondas / levaron los hocicos. Hipocampos son caballitos de mar.

    V. 103: Tritónicas melenas: de Tritón.

    V. 108-109: Jove. […] fue para el hombre / más alto que el de Jove. Iovis, Jove, son nombres de Júpiter en la mitología latina.

    Vv. 111-118: tiene lugar el manifiesto más claro y rotundo de la preponderancia del amor sexual en la vida, sobre todo al ser el sabio Quirón quien lo dice:

    […] ¡Venus impera!

    Ella es entre las reinas celestes la primera,

    pues es quien tiene el fuerte poder de la Hermosura.

    ¡Vaso de miel y mirra brotó de la amargura!

    Ella es la más gallarda de las emperatrices,

    princesa de los gérmenes, reina de las matrices,

    señora de las savias y de las atracciones,

    señora de los besos y de los corazones.

    V. 119: incorporación al coloquio de Éurito, el centauro que provocó la lucha en la boda de Pirítoo[59]. Dice Ovidio en Metamorfosis, XII, 219-224: Porque a ti, el más bestial de los bestiales centauros, Éurito, / te ardía el corazón tanto por el vino como por la visión / de la novia, y reinaba una embriaguez que duplicaba la lujuria. / De repente las mesas son volcadas y siembran la confusión / en el banquete, y la recién casada es raptada por la fuerza, / agarrada por los cabellos. Éurito coge a Hipódame […].

    Hipodamia o Hipódame es la esposa de Pirítoo, príncipe de los Lapitas. Como se ha visto, su boda fue escenario de la guerra de los centauros. Es interesante en el Coloquio cómo los centauros suspiran de amor o pasión sexual, y no se arrepienten de la batalla: su predilección por Venus justifica sus actos. Neso suspira por Deyanira, y Éurito por Hipodamia.

    V. 120: Hipea. Hija de Quirón, que fue transformada en yegua. Con Éolo, el hijo de Helén, fue madre de Melanipa.

    V. 130: Minerva. Nombre latino de Atenea, también Palas, que personificaba la astucia y la sabiduría en todos los campos. Hipea atribuye a la mujer la sabiduría de Minerva.

    V. 131: Aqueronte. El Aqueronte, también río del dolor, es el más grande de los cuatro ríos del Infierno, lugar al que daba acceso; las almas de los muertos que habían tenido sepultura debían atravesarlo en la barca de Caronte (v. 132); por su parte las sombras de los muertos insepultos debían errar por las orillas del río durante cien años.

    Así, en la estrofa, se dice de la mujer que es bella como un ánfora, ponzoñosa como algunas bestias, astuta como Minerva, y causante del dolor y de la muerte (hecho concretado en v. 144).

    V. 133: Odites. Centauro muerto por Mopso en las bodas de Pirítoo. Alaba la belleza femenina, en especial la de Hipodamia, superior a la de las Gracias (v. 139), y capaz de sorprender a las Musas y a las Horas (v. 140).

    Las Gracias, en Grecia las Cárites, son hijas de Eurínome y Zeus, tres jóvenes hermosas que se suelen respresentar desnudas y cogidas por el hombro. Antiguas diosas de la vegetación, asociadas a la belleza, el arte y actividades del espíritu en general.

    Las Horas son hijas de Zeus y Temis, que personifican tres estaciones del año. Luego pasaron a simbolizar las horas del día. Su función se relaciona con la fertilidad o fecundidad. El arte representa a las Horas como tres hermosas doncellas con largas túnicas recogidas en una mano, ejecutando a veces una especie de danza, lo cual hace que se confundan con las Cárites.

    V. 146: Cinis será Ceneo. Cinis: Lapita, amada de Poseidón, quien la hizo invulnerable a las persecuciones transformándole el sexo; será así Ceneo. Morirá en la guerra contra los centauros.

    V. 149: Clito es otro centauro, hijo de Mantio y nieto del adivino Melampo, también tomó parte en la lucha.

    V. 152: Deifobe: nombre que recibe la Sibila de Cumas en Virgilio, sacerdotisa de Apolo.

    V. 157: Pan. Dios de los pastores y rebaños, perteneciente al cortejo de Dioniso. Con un cuerpo mitad de hombre, mitad de macho cabrío, recorre los montes con prodigiosa agilidad, descansando sólo para dormir siestas a la sombra, junto a las fuentes. Sus símbolos son la siringa, la corona de pino y el cayado de pastor. Símbolo de lo erótico, festivo, también musical.

    V. 159: Sirenusa: isla de las Sirenas.

    V. 161: Pasifae: reina de Creta, hija de Helios y esposa de Minos, que concibió con un toro al Minotauro.

    V. 165: incorporación del centauro Grineo, que murió a manos de Exadio en las bodas de Pirítoo.

    V. 175: Deucalión y Pirra. Deucalión equivale a Noé en la mitología griega. Después del diluvio arrojaban piedras (v. 176) que se convertían en personas y que correspondían al sexo de quien las arrojaba.

    V. 177: Lícidas, otro centauro muerto en la batalla, junto con Eurinomo, Areo e Imbreo (Metamorfosis, XII).

    Lemures: en la religión romana son los espíritus de los muertos, en tanto que considerados como malévolos que pueden volver del más allá para atormentar a los vivos. Funciones opuestas a las de los manes, que purifican las almas de los muertos.

    V. 179: el loco Atis. Pastor de gran belleza, que se enamoró de Cibeles. Atis faltó a su promesa de castidad casándose con la hija del rey Sangaro, y Cibeles lo castigó provocándole un arranque de locura, en el cual se castró, causándose la muerte.

    V. 180: Filomela. Ruiseñor, mujer que acaba siendo transformada en esta ave. Metamorfosis, VI. Ver nota 25.

    V. 187: aparece Medón, centauro que participó en la batalla pero que logró huir con vida. De ahí que diga “¡La Muerte! Yo la he visto.”

    V. 195: Amico, centauro muerto por Celedón en las bodas.

    V. 197: Prometeo. Aliado de los humanos, hurtó a los dioses el fuego y obtuvo otros logros para beneficio de la Humanidad.

    Conviene señalar, en este poema, un par de rasgos importantes en el pensamiento dariano. En primer lugar, la idea de la muerte, que no es terrible sino comparable a Diana, según el centauro Medón. Ofrece su blancura la paz de la que gozan los que traspasaron su umbral; libra al hombre de sufrimientos.

    El otro rasgo es la visión de los propios centauros, que no se revisten de una especial violencia. Todos sucumben ante la visión de la hermosura femenina, lo cual los hace más humanos, más sublimes. Dentro de su bestialidad, también son divinos, al ser sensibles a la belleza. Por eso lanzan un mensaje universal, humano.

    14. El poeta pregunta por Stella

    El poeta pregunta por Stella es un poema escrito en memoria de Rafaela Contreras (1869-1893), primera esposa de Darío y autora de nueve cuentos escritos bajo la influencia de Azul…, lo que la convierte en la primera escritora modernista. En El poeta pregunta por Stella, el poeta rememora a un angélico ser desaparecido, a una hermana de las liliales mujeres de Poe que ha ascendido al cielo cristiano[60].

    El empíreo es, según la teología católica medieval, el más alto de los cielos, el sitio de la presencia física de Dios, donde residen los ángeles y las almas acogidas en el Paraíso, y donde el poeta busca el alma de Stella.

    Darío utiliza en este caso vocabulario de origen clásico como «ícor»[61], que en Homero es la sangre de los dioses que se cuajaba en las flores; y hace referencia a Ligeia, que en la mitología griega, es el nombre de una sirena. En Poe es el nombre del personaje del relato Ligeia, la esposa muerta del protagonista de la narración[62].

    15. Pórtico

    Pórtico es un poema que figura como prólogo del libro de Salvador Rueda, poeta y periodista español, considerado precursor del Modernismo. Rubén Darío dice de él: “Luego leeréis un prólogo lírico, que se me antojó llamar “pórtico”, escrito hace largos años en alabanza de muy buen poeta, del vibrante, sonoro y copioso Salvador Rueda, gloria y decoro de las Andalucías”.

    La descripción de la musa Harmonía es una excusa para hacer una rica descripción sobre el origen de la poesía en Grecia y en Roma hasta llegar a Andalucía, región de donde era originario el poeta Salvador de Rueda.

    Las referencias a los personajes grecolatinos son continuas a lo largo del texto. Desde Píndaro y Anacreonte, poetas griegos, pasando por la descripción de la cadena montañosa más importante de Grecia o la cita del famoso vino de la antigua Roma, el falerno.

    El final del poema concluye con una descripción de las cualidades del poeta alabado que fue aborrecido de Zoilo, gramático del siglo IV a.C., detractor de Homero y de Platón, símbolo de la injusticia en la crítica literaria, al que Darío llama “el verdugo”.

    16. Elogio de la seguidilla

    En el Elogio de la seguidilla, el poeta hace un homenaje a este tipo de composición contagiado como estaba del ritmo y la musicalidad característico de este tipo de composición, que el poeta califica en los últimos versos como la flor del sonoro Pindo de España.

    17. El cisne

    El cisne, para Darío, es la encarnación del Ideal en relación con la poesía. Pero es también Zeus metamorfoseado en ave que fecunda a Leda, de la que nace la hermosa Helena. Así, igual que en el mito, la nueva Poesía, la poesía pura, nace de la unión del cisne y de Leda.

    ¡Oh Cisne! ¡Oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena

    del huevo azul de Leda brotó de gracia llena,

    siendo de la Hermosura la princesa inmortal,

    bajo tus blancas alas la nueva Poesía

    concibe en una gloria de luz y de harmonía

    la Helena eterna y pura que encarna el ideal.

    (vv. 9-14)

    18. La Dea

    De nuevo, en La Dea, los personajes que aparecen son los habituales en la obra de Darío. En el pórtico de columnas de un templo clásico, antesala de la poesía, escenario de la fiesta de la pradera, cruzan una náyade y una ninfa buscando a Sylvano, divinidad protectora de los bosques y el campo, y se levantan estatuas de Término y de Dea (Dea quiere decir simplemente ‘Diosa’).

    19. Epitalamio bárbaro

    En Epitalamio bárbaro, Darío dedica este poema al poeta argentino Leopoldo Lugones, destacado modernista y amigo suyo. El epitalamio es una composición poética en que se celebra una boda. Existe una contraposición en el título de dos conceptos que resumen la composición: el rapto de una mujer.

    En el lecho, Venus pregunta a Apolo por el momento en el que se oye un caballero pasar como un relámpago. Apolo ha reconocido en el trote veloz el rapto de “una estrella”.

    20. Responso

    Responso es un poema dedicado a Verlaine por la admiración y fervor que le debía al poeta. Darío llama al poema liróforo, neologismo que significa “portador de la lira” y crea una representación frente a la tumba del poeta en la que Primavera, Filomela y púberes canéforas (doncellas consagradas a Minerva que portaban las cestas que contenían las ofrendas o los instrumentos para los sacrificios) honran e iluminan el sepulcro del fabuloso poeta.

    21. Friso

    En Friso, encontramos la descripción de un friso griego que contempla el poeta junto a su amada Eunice, nombre de la hija de Nereo y de Doris, una de las tres ninfas que raptaron a Hilas.

    Muy interesante es la reflexión que hace el poeta sobre este texto: “Recreaciones arqueológicas indica por su título el contenido. Son ecos y manera de épocas pasadas, y una demostración, para los desconcertados y engañados contrarios, de que para realizar la obra de reforma y de modernidad que emprendiera he necesitado anteriores estudios clásicos y primitivos”[63]. Este reconocimiento del trabajo del poeta basado en el estudio profundo del mundo clásico es de vital importancia, pues nos lleva a sostener que el poeta se había impregnado, ya desde su juventud, en los estudios clásicos. Se alimentó de esta enseñanza, implantada en Centroamérica por los jesuitas y gracias a ella llegó a conocer muy bien las Metamorfosis de Ovidio, fuente de toda su mitología grecolatina.

    Pasamos revista a unos cuantos nombres relacionados con mitología:

    Friso: parte del cornisamento, generalmente decorada que está entre el arquitrabe y la cornisa.

    Pentélico: mármol del monte Pentélico, yacimiento de Grecia.

    Venusinas: de Venus.

    Eunice: ninfa marina, hija de Nereo y de Dóride. Fue una de las nereidas que raptaron a Hilas.

    Canéfora: nombre aplicado a las jóvenes que, en algunas fiestas griegas y romanas, llevaban a la cabeza un canastillo con flores u ofrendas.

    Sminteo/Esminteo: sobrenombre de Apolo (gentilicio de Esmintea).

    Cipris: sobrenombre de Afrodita (en la Ilíada), perteneciente a Chipre.

    Evohé: grito de las bacantes.

    Ménades: nombre aplicado a las sacerdotisas de Baco, dios romano que representa el vino y la embriaguez; de ahí las bacantes.

    Hircania: lugar de Asia célebre por sus tigres y la rudeza de sus gentes.

    Eco: ninfa convertida en roca por Juno (esposa de Júpiter y madre de Marte), que la obligó a repetir la última palabra de quienes la interrogaban.

    22. Palimpsesto

    II. Palimpsesto: el otro de los dos poemas recogidos en el apartado “Recreaciones arqueológicas. También está bien nutrido de mitos y términos clásicos relacionados con éstos. Se recrean varios mitos en el poema: 1) el de Acteón que muere por sorprender desnuda a Diana; 2) el de los centauros; 3) la muerte de la ninfa Kalisto por parte de Diana.

    Un palimpsesto es una tablilla usada antiguamente para escribir, o simplemente un manuscrito antiguo; pero su uso más habitual hoy en día es el del pergamino que ha sido raspado y reutilizado, y cuyo texto borrado es muy difícil de descubrir (sólo visible mediante rayos X).

    Hiperión: Titán, hijo de Urano y Gea, padre del sol (Helios), de la luna (Selene) y de la aurora (Eos).

    Himeto: cadena montañosa al sur de Atenas, recordada por sus plantas aromáticas, su miel, su mármol de color azulado y sus santuarios.

    Scopas: escultor griego del siglo IV a.C., nacido en Paros.

    Acteón: héroe y cazador troyano, educado por el centauro Quirón. Sorprendió a Artemis en el momento del baño y ésta, en castigo, lo transformó en ciervo y fue despedazado por sus propios perros.

    Kalisto: ninfa de Arcadia, hija de Licaón, rey de Arcadia, y madre de Arcos o Arcas, al ayuntarse con Zeus. Artemisa la mató en una cacería cuando fue transformada en osa por Hera, por haber faltado a la castidad impuesta por la diosa. Luego Zeus la catasterizó en la Osa Mayor.

    Europa: hija de Agenor, rey de Tiro. Europa jugaba con sus compañeras a la orilla del mar cuando vio un toro blanco. El animal era el propio Zeus, que, enamorado de la muchacha, había tomado esta apariencia para poder raptarla. Europa, sorprendida por la mansedumbre de aquel toro, se sentó sobre su lomo y el animal salió huyendo, llevándosela a Creta. Allí se unió a ella y tuvieron tres hijos: Minos, Radamantis y Sarpedón[64]. A esta historia se refiere el verso 75: tal iba el toro raptor de Europa.

    23. Canción

    Canción: descripción de una mujer desnuda, como una Venus.

    24. Las ánforas de Epicuro

    IX. Las ánforas de Epicuro. Se refiere a Epicuro (341-270 a. C.) el famoso filósofo griego. Su casa de Atenas, donde instaló su escuela, tenía el célebre jardín evocado por Anatole France[65] (Le jardín d’Epicure, 1895). Darío evoca a Epicuro varias veces: Los colores del estandarte (1896), Toisón (1910).

    “Las ánforas de Epicuro” es una metáfora que indica el carácter de los poemas principales que se acogen bajo ese título: desarrollan una filosofía y una moral artísticas.

    25. Palabras de la satiresa

    Palabras de la satiresa: lo primero que llama la atención es el femenino de sátiro: según René Ménard, “hay sátiros y satiresas”[66]. El soneto en alejandrinos cuenta que un día se le presentó al poeta una satiresa (la poesía amorosa) y lo nombró argonauta. La poesía une pasión y metros clásicos (habla de la renovación de la poesía, de la que él se considera artífice). El “secreto de todo ritmo y pauta” está en unir “carne y alma”, representados uno y otro con Pan (pasión, carne) y Apolo (métrica, alma).

    Ser en la flauta Pan, como Apolo en la lira.

    (v. 14)

    Con el nombre de argonautas (véase §13.) se conoce a los héroes que acompañaron a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro. Sus avatares fueron contados en varios poemas épicos de la Antigüedad.

    El nombre de Argonautas procede del latín argonauta y éste del griego αργοναύτης, de αργος / argos (nombre de la nave) y ναύτης / nauta (marinero). Argo era el nombre de la nave, bautizada en honor a su constructor Argos.

    La historia de los argonautas es una de las leyendas griegas más antiguas, la cual incorpora numerosos elementos comunes en las historias populares: el viaje peligroso de un héroe al que se le envía para desembarazarse de él, imponiéndole una tarea imposible de llevar a cabo, pero de la que sale victorioso gracias a la ayuda de aliados inesperados.

    26. A los poetas risueños

    A los poetas risueños: el poeta reconoce la deuda con otros poetas en su poesía: Anacreonte, Ovidio, Quevedo, Banville. A esto añade que su poesía huye de lo trágico y grandioso y prefiere el exotismo y la sencillez.

    Anacreonte: poeta lírico griego, creador del género anacreóntico o bucólico.

    Himetos: cadena montañosa al sur de Atenas, recordada por sus plantas aromáticas, su miel, su mármol de color azulado y sus santuarios.

    Y ante la fiera máscara de la fatal Medusa,

    medrosa huye mi alondra de canto cristalino.

    Con estos dos últimos versos del poema indica que se aparta rápidamente de todo lo que no sea poesía risueña, perfumada de vino.

    27. La hoja de oro

    La hoja de oro: poema de reminiscencias conceptistas, reflexivo y artificioso. Entre las hojas de laurel verde, destaca una hoja de oro rojo, pues evoca “el triunfo del otoño y la sangre del día”. Hace referencia a la Cólquida (v. 7), región de Asia, escenario de la leyenda del vellocino de oro, y también a Jasón (v. 8).

    Jasón era el bellísimo hijo de Esón, rey de Yolcos, educado por Quirón. Su tío Pelias quiso desembarazarse de él y lo envió a la Cólquide a la conquista del Vellocino de Oro, en la expedición de los argonautas.

    Después de numerosas empresas y peligros de todo tipo, Jasón decidió regresar a su hogar llevando consigo a la maga Medea. Llegado a Yolcos, su perseguidor, Pelias, murió (tal vez por un maleficio de Medea) y Jasón se apoderó del trono del hijo de Pelias, Acasto. Obligados a huir, Jasón y Medea se refugiaron junto a Creonte, rey de Corinto, en donde Jasón se unió a Creusa, hija del rey (también llamada Glauce), y repudió a Medea; ésta, como venganza, mató a su rival y a sus propios hijos tenidos con Jasón.

    A la muerte de Creonte, el héroe asumió el poder en el reino de Corinto; después, viejo y cansado, vivió en paz hasta que, al caer el toldo de la vieja nave Argo, murió golpeado por una traviesa caída de la arboladura de la nave.

    28. Marina

    Marina. El poeta se aleja en una barca de las costas donde habita una vieja ilusión y se encamina a “una tierra de rosas y de niñas”, “donde más de una musa me ofrecerá una rosa”.

    Pone, en un principio, rumbo a Citeres, isla griega en cuyas aguas nació Afrodita. Hay una confusión de mitos al mencionar a Aquiles tapándose los oídos, cuando en realidad fue Ulises quien así se protegió de las sirenas en la Odisea.

    Y en la playa quedaba desolada y perdida

    una ilusión que aullaba como un perro a la Muerte.

    (vv. 31-32)

    29. Syrinx

    En este poema Darío formula la intención de cantar al amor, como Pan y como Orfeo.

    Syrinx / Siringa era una ninfa de Arcadia perseguida por Pan, que se transforma en caña e inspira al dios para la invención del instrumento de ese nombre (flauta o zampoña). Dafne, discípula de Pan, está vinculada a la siringa, razón de la confusión de Darío al titular el poema 50.

    Orfeo es otra figura legendaria, príncipe tracio, hijo de una musa (Calíope o Polímnia), fundador de la poesía y con cuyo canto hechizaba a los seres vivos. Profeta de la religión dionisíaca (orfismo), es elegido como tal por la secta formada después del siglo VI a. C.

    30. Alma mía

    Anima a su alma a seguir adelante, hacia la Esfinge (quien plantea acertijos mortales).

    Triptólemo: héroe griego introductor del arado y del cultivo de los cereales, por inspiración y enseñanza de Deméter.

    31. Yo persigo una forma

    El poeta persigue la perfección a través de la Poesía, pero tan sólo consigue llegar a la iniciación. No deja de ser un elegante recurso poético para encubrir la falsa modestia, porque el poema, como todos los de Darío, es perfecto.

    Se vuelve a mencionar el cisne blanco, la belleza divina.

    Peristilo: galería de columnas que rodea un edificio o parte de él.

    Conclusiones

    El gran tema dariano es el amor. Ese erotismo no es sólo deseo, sino anhelo de trascendencia en el éxtasis. El placer puede implicar pérdida de conciencia, sumersión en abismos donde el alma enajenada, perdida, encuentre algo oscuramente buscado. La sensualidad deja de parecer inocente para sentirse perversa y, en esa perversidad, metafísica.

    Describe las prácticas eróticas como ritos (no sólo metafóricamente), como ceremonias encaminadas a transformar (y a deleitar) a los participantes en ellas. Las bacanales pueden servir como ceremonias de iniciación. (Ite, missa est).

    El erotismo suscitador de tanta sombra y tanta ansiedad se convirtió en fuente de energía creadora, precisamente porque le mantuvo en vilo, como inquietud inagotable, contribuyendo a llevarle de una poesía recamada y resplandeciente a una poesía de intimidad y secreto.

    La originalidad de Darío no consistía en “americanizar” la poesía. Su originalidad fue aspirar a la universalidad y se volvió de espaldas a la retórica de los postrománticos hispanoamericanos.

    Afirmó el Romanticismo trascendiéndolo, yendo más lejos y negando aquello que detestaba “la vida y el tiempo en que tocó nacer”. Por eso fue exotista e indigenista; llevó a su poesía princesas de ensueño y héroes de antaño.

    Quiso ser diferente y renovador en el lenguaje y en su uso. Para él, la palabra no es herramienta neutra. Decidió apropiársela mediante deliberadas infracciones de la norma, escribiendo de otra manera, rehuyendo la carga de significados que la historia le ha dado y esforzándose en crear un lenguaje dentro del lenguaje, un lenguaje personal, tejido con las palabras de todos, pero obediente a un ritmo propio, a una ley interior.

    La invención de un lenguaje es un acto revolucionario y no erraron quienes pensaron que la musicalidad del Modernismo encubría una amenaza potencial a la sociedad. El cambio en el lenguaje fue cambio en las palabras mismas; gustaba Rubén de utilizarlas brillantes y suntuosas. Con la poesía de Rubén entran en la corriente del idioma palabras nuevas, inventadas o florecidas por el puro deleite de utilizarlas y de hacerlas sonar en un contexto resplandeciente[67].

    Los parnasianos franceses le empapan de ideología “bella”. Su intención era crear objetos de belleza pura. Los simbolistas le incitarán a constituir en el poema una red de sugerencias en que se superarán las imposibilidades lógicas.

    Por otra parte, otro de los aspectos destacados es el paso hacia la integración de lo que comienza siendo formal para convertirse en una interpretación del mundo y de la realidad que rodea al poeta. En este sentido, decía Octavio Paz: «El modernismo se inicia con una estética del ritmo y desemboca en una visión rítmica del universo». Lo que comenzó siendo estética, sin dejar de serlo, pasó a ser ética. Rubén no tardó en utilizar el ritmo del verso en método para profundizar en los enigmas del ser. Curiosa paradoja.

    Y es también en corrientes filosóficas clásicas como el pitagorismo en las que el poeta pone su mirada. Los pitagóricos consideraban el número como principio primero del universo y fundamento de la armonía, que consiste en concordar lo discordante, integrándolo en una unidad superior; ella ha de ser total y referirse a lo que no vemos tanto como a lo visible: al imponer su regla al universo, el ritmo crea la armonía, y cuando hombre y poeta se ajustan a su acción regulada y reiterada, el destino individual se sincroniza con el del cosmos.

    Leyendo en orden cronológico la poesía de Rubén Darío se advierte su progresiva tendencia interiorizante y cómo, para él y para los demás, identifica pasión creadora con vocación por la armonía, y al poeta con el alma capaz de descifrar las voces de la sombra: “¿Te sientes con la sangre de la celeste raza /que vida con los números pitagóricos crea?”

    El ocultismo y las doctrinas esotéricas le permitían familiarizarse con lo desconocido, con las temerosas tinieblas del más allá. La inclinación a interrogarse sobre los misterios del ser y los enigmas de la eternidad fue fomentada por influencia de los románticos y simbolistas, que desde Víctor Hugo en adelante, se complacieron en experimentar y divagar sobre los secretos de la vida y de la muerte y en torno al misterio del universo.

    En Rubén Darío se siente una fuerza que le empuja tanto a la luz como a la sombra. Quisiera sumergirse simultáneamente en la belleza y en la verdad; quisiera saciar su sed en la fuente Castalia, que da juventud a quienes la beben, y se le impone la verdad de que al fin habrá de ingerir la copa llena de sombra. Entre el amor y la muerte vivió y creó, y de sus obsesiones se nutrió su poesía.

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    http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/prosas-profanas-y-otros-poemas–0/html/

    Notas

    [1] Se sigue el criterio de la profesora Ana María Freire López (UNED) para nombrar con mayúscula los movimientos literarios.

    [2] “En 1938 Salinas […] observa que las denominaciones “Modernismo” y “Generación del 98” suelen emplearse para designar el movimiento de renovación literaria acaecido en América y España en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX, dando por supuesto que son la misma cosa con leves diferencias de matiz. […] Ambos movimientos nacen de la misma actitud: insatisfacción con el estado de la literatura de aquella época, tendencia a rebelarse contra las normas estéticas imperantes, y deseo de un cambio que no se sabía muy bien en qué había de consistir. […] Si el Modernismo, ejemplificado en Rubén Darío, se presenta, ante todo, como transformación del lenguaje poético, con un propósito esencialmente estético, los noventayochistas […] aspirarían a conmover la conciencia nacional.”  GUTIÉRREZ CARBAJO, FRANCISCO. Movimientos y épocas literarias. Ed. UNED. Navarra, 2011. P. 168.

    [3] Un ejemplo ilustrativo de esta tendencia es la novela ecuatoriana Cumandá, de Juan León Mera (1879), inscrita en la óptica rousseauniana de lo salvaje, lo indígena, como natural y “bueno”, lo que sigue siendo una manera de evasión de la realidad social. Más obras de índole indigenista podrían ser Martín Fierro, de José Hernández (1872), y Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos (1929), entre otras.

    [4] En síntesis, defensa de la vida salvaje, inmersa en la naturaleza, frente a la vida en la sociedad civilizada: “el salvaje vive para sí mismo; el hombre social, siempre fuera de sí, no sabe vivir más que en la opinión de los demás”, Origen de la desigualdad entre los hombres, Jean-Jacques Rousseau (1755).

    [5] La expresión “torre de marfil” (tour d’ivoire) como símbolo del aislamiento del artista soñador que se aparta de la realidad de la vida diaria para dedicarse al arte “puro”, fue empleada por primera vez (1837) por el crítico literario y escritor francés Charles Augustin Sainte-Beuve (1804-1869). Después de que utilizase la expresión Darío en Cantos de vida y esperanza, la retomó J. Ramón Jiménez (“yo me mantengo fiel al arte puro”), lo que le valió reproches de otros poetas comprometidos por su evasión de la realidad social.

    [6] Estamos, pues, ya ante una innovación en la historia de los géneros literarios: prosa poética y poesía con rasgos narrativos. Véase SPANG, KURT, Géneros literarios, ed. Síntesis.

    [7] La cita procede de un artículo que Darío escribió en 1890 sobre Ricardo Palma (1833-1919), bibliotecario peruano, notable figura en las letras hispanoamericanas. Véase http://www.ensayistas.org/identidad/verano99/4120/.

    [8] En el Modernismo ejerce gran influencia el pensamiento filosófico idealista alemán. Según Schopenhauer, el individuo está determinado por impulsos vitales que nunca llega a saciar, por eso está condenado a una actividad continua, llena de derrotas y humillaciones. El ser humano vive acompañado del miedo y de la conciencia de la muerte; persigue la felicidad sin alcanzarla nunca. La religión y la filosofía no consuelan ni otorgan sentido a la vida. Las vías de escape que Schopenhauer propone son dos: 1) renuncia a necesidades y aspiraciones, la aceptación de la nada. De aquí la presencia de la filosofía oriental y el tema del Nirvana en la lírica; y 2) la contemplación estética, ya que el arte es lo único que puede salvar al hombre y liberarlo del sufrimiento. Hay notables ejemplos del tema del Nirvana en la poesía polaca modernista o de fin de siècle: Kazimierz Przerwa-Tetmajer lo menciona en “No creo en nada” y “Himno al Nirvana”. PRESA GONZÁLEZ, FERNANDO. Antología de la poesía polaca. Editorial Gredos, S.A. Madrid, 2006.

    [9] Véase SAWA, ALEJANDRO, Declaración de un vencido. Ed. de Francisco Gutiérrez Carbajo. Ed. Cátedra. Madrid, 2009.

    [10] Pertenece, no obstante, a una primera etapa: es su tendencia más lúdica, erótica, estética, y por tanto evasiva; la más criticada. La siguiente etapa será la simbolizada por Cantos de vida y esperanza, de tonalidad más preocupada por la existencia humana (apuntes de César Moya Casas, UNED, 2011).

    [11] DARÍO, RUBÉN. Prosas profanas y otros poemas. Colección Clásica. Ed. Austral. Barcelona, 2013. P. 52.

    [12] Las ideas de Nietzsche dejaron una huella evidente en el Modernismo; en sus reflexiones sobre el arte, estableció la oposición entre una postura dionisíaca y otra apolínea. La dicotomía le condujo a que al final de su vida introdujese la oposición entre Dioniso, símbolo de la vida como valor superior, y Cristo, símbolo del sacrificio por los demás. Se mostró a favor del primero. Rubén Darío, sin renunciar nunca a su condición de cristiano, también siguió en gran medida la estela dionisíaca.

    [13] “Pero modernizar no implicaba enterrar el pasado, sino actualizarlo de modo original, individual y creador”. MARTÍ, JOSÉ, Ismaelillo / Versos libres / Versos sencillos. Ed. de Iván A. Schulman. Ed. Cátedra. Madrid, 2010. P. 17.

    [14] Véanse pp. 27-33 en DARÍO, RUBÉN. Prosas profanas y otros poemas. Colección Clásica. Ed. Austral. Barcelona, 2013.

    [15] Ibídem, p. 52.

    [16] Recuérdese que la primera fase artística de Darío, la correspondiente a Prosas profanas, fue la más severamente criticada, frente a la más reflexiva representada por Cantos de vida y esperanza. Fuente: apuntes de clase de César Moya Casas, Literatura hispanoamericana I, Filología hispánica. UNED.

    [17] Hay que insistir en la presunta paradoja de la estética como forma de protesta. Hay un sentido mucho más profundo en esta poesía que lo que generalmente se cree: “Los que equivocadamente han visto en el arte modernista una modalidad preciosista, escapista, exótica, afrancesada y frívola, han identificado el Modernismo con Darío y su Azul… o Prosas profanas, pasando por alto, sin embargo, los profundos valores filosóficos de estas obras”. MARTÍ, JOSÉ, Ismaelillo / Versos libres / Versos sencillos. Ed. de Iván A. Schulman. Ed. Cátedra. Madrid, 2010. Pp. 23-24.

    [18] Los cisnes, poema dedicado a Juan Ramón Jiménez (vv. 27-34). DARÍO, RUBÉN, Azul… / Cantos de vida y esperanza. Ed. de Álvaro Salvador. Colección Clásica. Ed. Austral. Barcelona, 2010.

    [19] RICO, FRANCISCO (coord.), Historia y crítica de la literatura española. Vol. VI, tomo I, Modernismo y 98 (coord. por MAINER, JOSÉ CARLOS). Ed. Crítica, S. A. Barcelona, 1991. Pp. 168-171.

    [20] DARÍO, RUBÉN. Prosas profanas y otros poemas. Ed. de Ricardo Llopesa. Colección Clásica. Ed. Austral. Barcelona, 2013. P. 121.

    [22] Introduce la música en Grecia. DARÍO, RUBÉN. Prosas profanas y otros poemas. Ed. de Ricardo Llopesa. Colección Clásica. Ed. Austral. Barcelona, 2013. Nota a pie p. 55.

    [23] Hay confusión en la crítica actual en cuanto al significado del dios “Término”. Aunque hay interpretaciones justificables y acertadas, no se ha llegado a una clara y definitiva. Nadie sabe realmente qué simbolizaba “Término” para Rubén Darío (apuntes de César Moya Casas, Literatura hispanoamericana I, Filología hispánica, UNED).

    [24] “Término. Antigua divinidad agraria encargada de velar por toda clase de lindes, tanto privadas como estatales. Se le representa simplemente por medio de una piedra piramidal o un tronco de árbol […]. Para explicar el hecho de que el santuario de Término, lo mismo que el de Juventa, estuviese enclavado dentro del templo que Júpiter Óptimo Máximo tenía en el Capitolio, se decía que ellas habían sido las únicas divinidades con culto allí que se habían negado a ceder su sitio al nuevo dios.”  FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. P. 565.

    [25] Vv. 411-670 en el Libro VI de OVIDIO, Metamorfosis. Trad. de Antonio Martínez de Verger y Fernando Navarro Antolín. Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2009. Según los traductores, el ave en que Filomela queda metamorfoseada es una abubilla. P. 214.

    [26] Después de sus doce trabajos, Heracles tuvo que servir como esclavo durante tres años. “[…] El héroe fue vendido por Hermes a Ónfale, reina de Lidia. Se decía que Heracles pasaba los días vestido de mujer, con pulseras y collares, cardando lana o hilando, y todo ello para complacer a su señora, que se había puesto, en cambio, la piel de león y llevaba consigo la clava y el arco. […] Ónfale quedó tan satisfecha de los servicios prestados por su esclavo que le concedió la libertad, devolviéndolo a su patria completamente curado y lleno de regalos”. FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. P. 298.

    [27] Podría tratarse de los cuadros de Lucas y Hans Cranach (s. XVI). Véase artículo de RUIZ DE ELVIRA, ANTONIO.  Cuadernos de Filología Clásica. Estudios latinos, nº 14. UCM. Madrid, 1998.

    [28] DARÍO, RUBÉN. Prosas profanas y otros poemas. Ed. de Ricardo Llopesa. Colección Clásica. Ed. Austral. Barcelona, 2013. Nota a pie p. 59.

    [29] “…de cuyas ilustraciones pudo tomar formas y figuras, habida cuenta de que los poetas parnasianos vivían inmersos en un mundo de pintura, de música, de tipografía…” ARRIBAS, Mª LUISA, Vigencia de la mitología clásica en la poesía de Rubén Darío, de LÓPEZ FÉREZ, JOSÉ ANTONIO, Mitos clásicos en la literatura española e hispanoamericana del siglo XX. Ediciones Clásicas Madrid, 2009. P. 11.

    [30] Émile-René Ménard, pintor simbolista francés (1861-1930).

    [31] Hetaíra: Cortesana griega de elevada condición, prostituta.

    [32] “Son diosas menores bajo cuya advocación estaban todo tipo de fuentes, ríos y lagos. […] Todas ellas, hermosas y jóvenes, amantes de la música y la danza, dotadas de facultades proféticas y virtudes curativas, se nos muestran con frecuencia unidas a dioses y sátiros.” FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. Pp. 430-431.

    [33] “Simboliza Adonis el espíritu de la vegetación anual. El mito que le relaciona con Perséfone y Afrodita representa la semilla que permanece oculta en la tierra durante un tercio del año”. Ibídem, p. 15.

    [34] Arsène Houssaye, crítico simbolista francés (1815-1890), autor de Galerie de portrait du XVIIIe siècle (1847).

    [35] DARÍO, RUBÉN. Prosas profanas y otros poemas. Ed. de Ricardo Llopesa. Colección Clásica. Ed. Austral. Barcelona, 2013. Nota a pie p. 67.

    [36] Castalia: fuente consagrada a las musas. “Fuente de Delfos que lleva el nombre de una muchacha hija de Aqueloo que, perseguida por Apolo cerca de su templo, prefirió arrojarse a la fuente donde murió ahogada”. FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. P. 127.

    [37] “De la relación de lo divino y lo humano nace la belleza perfecta: Helena”. Apuntes de César Moya Casas, UNED.

    [38] Reina de las Amazonas, hija de Ares y de Otrere, al igual que Hipólita. Muerta por Aquiles en la guerra de Troya. Véase FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. P. 485.

    [39] Cabalística: aquí significa ‘misterioso o enigmático’. Cábala es la conocida disciplina o escuela de pensamiento esotérico relacionada con el judaísmo.

    [40] “Hija de Equidna y Tifón u Ortro, es la Esfinge un monstruo con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave rapaz. Su leyenda está íntimamente ligada al ciclo tebano y, concretamente, a la figura de Edipo.” FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. P 219.

    [41] Ibídem, pp. 187-189.

    [42] SPANG, KURT. Géneros literarios. Ed. Síntesis. Madrid, 2011. P. 54.

    [43] Epíteto del dios Apolo, de etimología desconocida por más que se haya querido rastrear en él el significado de brillante, resplandeciente. FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. P. 241.

    [44] Helena: hija de Zeus y de Leda; de belleza extraordinaria. No es extraño que sea la primera en el poema.

    [45] Nombre que recibía la reina de Saba.

    [46] Ifigenia, Electra, Catalina: se trata de Ifigenia (hija de Agamenón, a la que quiso sacrificar Diana), Electra (hermana de Ifigenia, que vengó la muerte de su padre) y la mártir santa Catalina de Alejandría.

    [47] Ite Missa Est, significa ‘es la despedida’, literalmente Id en misión evangelizadora, que es la fórmula final con la que se despide a la asamblea después del culto de la misa católica en latín.

    [48] Eloísa (1101-1164), dama francesa, famosa por su amor por Abelardo (o Abailard, Pedro, 1079-1142), filósofo y teólogo, que fue su maestro y se casó secretamente con ella, tras lo cual huyeron a Bretaña. Su epistolario con Eloísa sirvió de base a la leyenda romántica sobre su vida, que él mismo relata en Historia calamitatum. PÉREZ, ALICIA (Coord.), La Enciclopedia. Ed. Salvat Editores, S. A., Madrid, 2003. P. 18.

    [49] ARRIBAS, Mª LUISA, Vigencia de la mitología clásica en la poesía de Rubén Darío, en LÓPEZ FÉREZ, JOSÉ ANTONIO, Mitos clásicos en la literatura española e hispanoamericana del siglo XX. Ediciones Clásicas Madrid, 2009. P. 10.

    [50] “Si atendemos a Marasso […] el poeta tuvo en cuenta, en primer lugar, la obra ovidiana, de la que extrajo directamente, entre otros datos, los nombres de los centauros, y después, la Mythologie dans l’art ancien et moderne de René Ménard”, ibídem, p. 11.

    [51] Ver libro XII de las Metamorfosis.

    [52] Quirón y Folo, a diferencia de los demás centauros, no son hijos de Ixión y Néfele. FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. P. 436.

    [53] Véase §25.

    [54] FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. Pp. 590-591.

    [55] Ibídem, p. 444.

    [56] Ibídem, p. 69.

    [57] Ibídem, p. 252.

    [58] Ibídem, p. 351.

    [59] Se equivoca Ricardo Llopesa en la nota a pie de Prosas profanas (p. 97) al confundir al centauro Éurito con el Éurito rey de Ecalia y padre de Iola o Yole, relacionado con la leyenda de Heracles.

    [60] Nota a pie en la ed. de R. Llopesa, p. 106.

    [61] En la mitología griega, el ícor (en griego ἰχώρ ikhốr) era el mineral presente en la sangre de los dioses, o la propia sangre. Esta sustancia mítica, de la que se decía a veces que también estaba presente en la ambrosía o el néctar que los dioses comían en sus banquetes, era lo que los hacía inmortales. En apariencia dorado, cuando un dios era herido y sangraba, el ícor era venenoso para los mortales, matando inmediatamente a todos los que entraban en contacto con la sangre de un inmortal. Homero describe en la Ilíada (vv. 339–342) de la siguiente manera el momento en el que Afrodita fue herida por Diomedes: “Brotó la sangre divina, o por mejor decir, /el icor; que tal es lo que tienen los bienaventurados dioses, / pues no comen pan ni beben vino negro, / y por esto carecen de sangre y son llamados inmortales”.

    Definición actual del DRAE: –. (Del gr. ἰχώρ). 1. m. Med. En la antigua cirugía, líquido seroso que rezuman ciertas úlceras malignas, sin hallarse en él los elementos del pus y principalmente sus glóbulos.

    [62] POE, EDGAR ALLAN, Cuentos. Ed. de Julio Cortázar. Alianza Editorial. Madrid, 2001. Ligeia, pp. 161-171.

    [63] Nota a pie en la ed. de R. Llopesa, p. 131.

    [64] FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL. Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1999. Pp. 233-234.

    [65] Seud. de Anatole-François Thibault (1844-1924). Escritor francés. Sus inicios literarios parten del Parnasianismo (Poèmes dorés, 1873), aunque el éxito lo alcanzó con la novela Le crime de Sylvestre Bonnard (1881) […]. Crítico literario del periódico Le Temps […]. En 1896 ingresó en la Académie Française. […] En 1921 fue galardonado con el premio Nobel de Literatura. Sus principales características fueron la sujeción del relato a los símbolos ideológicos, el cuidado formal y la ironía y sutileza intelectuales. PÉREZ, ALICIA (Coord.), La Enciclopedia. Ed. Salvat Editores, S. A., Madrid, 2003. P. 6365.

    [66] Nota al pie de la edición de R. Llopesa, p. 165.

    [67] En la teoría literaria, aquí tendría sentido un análisis relacionado con la recepción. Jauss proponía la existencia de un “horizonte de expectativas” en el lector, por su conocimiento de la tradición del género, y una “distancia estética” a ese horizonte, que es realmente la originalidad y la medida de lo artístico de la obra. El impacto de las formas y metros clásicos de Darío con toda esa carga original modernista le otorgaría un enorme carácter artístico.

    Otro crítico relacionado con la recepción es W. Iser, que dice que en la obra literaria hay dos polos: el artístico, referido al texto creado por el autor; y el estético, que tiene que ver con la concretización llevada a cabo por el lector. La obra se sitúa a medio camino de ambos: lector y autor participan en un juego de la imaginación. Darío, con todas las imágenes mitológicas, exóticas, lanza al lector a la acción. DOMÍNGUEZ CAPARRÓS, JOSÉ. Teoría de la literatura. Ed. Centro de estudios Ramón Areces. Madrid, 2009. Pp. 384-391.